Etiqueta: Ecología

  • En la UPB hay un patrimonio alado, de todos

     

    “La naturaleza es sabia. Las aves se saben cuidar solas. Más bien, cuidemos nosotros el entorno en el que vivimos”. Carlos Iván Restrepo, ornitólogo. 

     

     

    Por Ana Sofía Araque y Valeria Hernández / periodico.contexto@upb.edu.co

     

     

    Con los años crece el valor ambiental que tiene para la ciudad el Eco Campus de la UPB en Medellín. Foto: Ana Sofía Araque.

     

    Desde su fundación en el año 1936, la Universidad Pontificia Bolivariana ha pasado por una serie de transformaciones físicas y espaciales en su infraestructura, que no solo han influido en la urbanización del campus universitario, sino que se han combinado con el cuidado de la flora y fauna del lugar, acercando estas últimas a quienes visitan y conviven en el que es considerado un pulmón del occidente de Medellín. El espacio físico ha evolucionado desde sus edificaciones hasta sus alrededores y zonas verdes que contribuirían en el uso sostenible del territorio. 

     

    Las primeras décadas de la Universidad estuvieron inmersas dentro de la planeación y construcción de nuevos bloques y espacios de estudio, así como la búsqueda de características que diferenciaran a la institución desde la configuración de su espacio. Más tarde, durante los años 2001 y 2009, el campus buscó formas de estructurarse de manera integral: ya no solo se trataba de la ocupación, edificación y movilidad, sino, de tener presente el cuidado del medio ambiente. 

     

    La sostenibilidad del territorio se ha vuelto parte de la relación humana y urbana de la Universidad. Así es como el término “Eco Campus” surge, como señal de que este espacio cumple funciones ecológicas gracias a sus árboles y zonas verdes y los aportes de los mismos a la diversidad en fauna y flora que habitan esta zona de la ciudad.  

     

    Esa condiciones permiten la acogida de 77 especies de aves: 59 habitan el campus y 18 migran desde distintos lugares del continente americano. Quienes convivimos en el Eco Campus de la UPB en Laureles hemos sentido la fortuna de apreciar de cerca especies que en otros espacios de la ciudad paenas podemos divisar a lo lejos. Cada avistamiento trae esa sensación de estar en un lugar propicio para estos encuentros, de vivir un privilegio.

     

     

    El recorrido a través del campus 

     

    En una mañana de abril, la Universidad Pontifcia Bolivariana le abrió las puertas a Carlos Iván Restrepo, uno de sus egresados y director ejecutivo de la Sociedad Antioqueña de Ornitología, quien con 40 años de experiencia en el estudio de las aves, lideraría un recorrido para observar las especies que habitan el Eco Campus.

     

    Eran las 8:00 a. m. y todos los que seríamos testigos de la experiencia estábamos en disposición de recibir lo que sería para la mayoría el primer curso sobre aves. Era fundamental tener en cuenta características propias de las especies para saberlas identificar en el recorrido que se haría más tarde.  

     

    El grupo, a pesar de ser pequeño, mostraba gran interés por el tema, tan pronto se comenzó a hablar sobre detalles como el pico, el color, el tamaño, el sonido y la forma, para distinguir los individos que iban apareciendo mientras el guía hacía su exposición. 

     

    Carlos Iván Restrepo explicaba que al ser Colombia el país con mayor diversidad de aves en el mundo, no es para nada extraño avistar diversas especies en lugares con amplios espacios verdes, como lo es el campus bolivariano. Si bien, muchas veces estas suelen pasar desapercibidas al incorporarse al entorno natural de la universidad y en las rutinas de los seres humanos, es importante detenerse a pensar en los roles que cumplen en los ecosistemas como los que puede haber en cada zona verde de la ciudad.  

     

    Tras una hora de charla introductoria, comenzó su recorrido por las zonas verdes ubicadas entre el bloque 10 y el bloque 11, con el objetivo de identificar las aves utilizando, no solo la vista, sino también la escucha, puesto que también se enseñó al grupo sobre los tipos de sonidos emitidos por las aves: vocales, aquellos que son emitidos por la tráquea y mecánicos, producidos cuando el animal hace contacto con un elemento externo, como golpear troncos con el pico o sacudirse en el agua. Estos ruidos ayudarían a localizar dónde se encontraban las distintas especies. 

     

     

     

     

    El célebre Petirrojo, ave insignia de la UPB, resalta por su colorido entre las zonas verdes del Eco Campus Laureles y es tan vistoso como esquivo para las instantáneas. Fotos: Ana Sofía Araque.

     

    El día, totalmente despejado, iluminó el paisaje y todos los expedicionarios estaban atentos, en total silencio y calma, tratando de que la emoción no jugara en su contra. Un minuto después, un primer sonido atrapó la atención del grupo.  

     

    Las miradas se posaron completamente en un color rojo intenso que volaba de una rama a otra con gran velocidad. Así es como la primera especie del recorrido se dejaba ver: el individuo, conocido como Petirrojo, era un macho, pues su color vivo es aquel que le sirve para atraer a las hembras. Su plumaje carmesí llamó inmediatamente la atención de los presentes, quienes no contruvieron exclamaciones de asombro, mientras el pajarito iba de un sitio a otro en cortos periodos de tiempo, saltaba entre las ramas, pero cantaba poco, lo que sorprendió a los observadores, quienes esperaban oír al ave emblemática de la Universidad; pero se dieron cuenta de que era tarde, pues el guía explicó que suelen cantar en horas tempranas del alba y es considerada como un ave mañanera. 

     

    Mientras aves como canarios, tórtolas y sirirís se posaban en las zonas verdes del campus, el ornitólogo Restrepo comentaba acerca de sus características: los patrones en su plumaje, el tamaño de sus picos y los diversos sonidos que emitían. Al mismo tiempo, el grupo se quedaba observando de arriba hacia abajo y esperaba que cualquier ave se posara para capturar una imagen de la misma. 

     

     Después de alrededor de diez minutos, el grupo siguió su recorrido hacia el bulevar de comidas; lugar que, por su ubicación y tamaño, se encontraba lleno de personas. Ese detalle complicó en cierto grado el captar los sonidos de las aves; aun así, se podían escuchar a aquellas cuyos cantos eran más fuertes, como los sirirís, al igual que el movimiento de las ramas donde algunas especies se posaban. 

     

    Mientras caminaban, Carlos Iván Restrepo explicó que el mes de abril representa el final de la época de anidación para las aves, al igual que uno de los meses en los que se puede ver la mayor cantidad de aves migratorias en el año. Termina el invierno y llega la primavera, sin duda, un clima favorable para que las aves migren hacia los cálidos países del sur para procrear y encontrar mayor cantidad de recursos. Por esta razón, se concentra un mayor número de especies en el país. 

     

    Al pasar por la biblioteca y las zonas verdes del bloque 12, la siguiente parada fue al frente del bloque rectoral y el Aula Magna. Allí se escucharon distintos sonidos vocales como cantos y llamados, pero también sonidos mecánicos como el picoteo de los pájaros carpinteros, difíciles de registrar en imágenes por la altura a la que permanecen y su habilidad para esconderse entre los árboles grandes del campus, pero su rastro sí pudo verse en el que había construido usando un tronco en mal estado, que es más fácil de perforar y en el que se alojancon más frecuencia los insectos que sirven de alimento.  

     

    En este punto, el sol y el calor cada vez se sentían más entre los caminantes que, al acercarse a los parqueaderos cerca de la entrada al colegio UPB, pudo tener una vista más general de los lugares recorridos y reconocer cómo la diversidad de árboles distribuidos por todo el campus permitía ver aves diferentes en los distintos momentos del recorrido y otras que habitan varios puntos del campus, el célebre petirrojo, por ejemplo, se vio tanto en el bloque 10 como en la parte trasera del bloque 7.  

     

     

    Esta especie, conocida como Canarios costeños, también es otro ingrediente vistoso en el paisaje del Eco Campus de la UPB.

    Foto: Ana Sofía Araque.

     

    Al terminar el recorrido y regresar al bloque 10, casi tres hors después de haber comenzado el encuentro, ya era claro el papel de las aves en el ecosistema del campus de la UPB, entre otros, que dispersan semillas y regulan las poblaciones de insectos, así como también polinizan y fertilizan gran parte de la vegetación. Más allá de plumajes llamativos y coloridos o melodiosos cantos, las aves son increíblemente diferentes entre sí y fundamentales para la vida en la ciudad y la cotidianidad en el Eco Campus UPB.  

     

     

    Los visitantes al Eco Campus también están familiarizados con los territoriales Alcaravanes, conocidos como Teros en el sur de América, En la parte superior de untrocno podado se observa el orificio abierto por un caprinetaro, al que se escucha trabajar en las tardes apacibles del Eco Campus UPB. Fotos: Ana Sofía Araque Panesso.

     

     

     

  • El silencioso drama del ruido

    Por: Karen Bueno Estrada y Susana Katich Restrepo

     

    Paradójicamente, la contaminación acústica es un problema del que poco se habla. sus efectos son múltiples y a quienes más los padecen, poco se les escucha.

     

    En el Área Metropolitana del Valle de Aburrá los ciudadanos son testigos de los relatos que día a día gritan en los callejones paisas. La música del vecino, la nueva discoteca o el trabajo de los constructores en las calles cercanas al barrio; suelen ser el pan de cada día en cada esquina de la región, que, sin más, habita con una sobreestimulación sensorial normalizada.

     

    Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se entiende por ruido cualquier sonido o vibración molesta que no permite el desarrollo de las actividades rutinarias. Sus múltiples fuentes comienzan desde el tráfico automovilístico y aéreo, las obras en construcción, el ocio nocturno y el sonido excesivo de los animales que, hoy por hoy, sobrepasan los 65dB (decibelio) establecidos como parámetros saludables.

     

    Daniel Carvalho,congresista y magíster en gobierno y políticas públicas de EAFIT y en urbanismo del IFU de París; menciona que “estamos sometidos a unos ruidos muy altos, hay una especie de cultura del ruido que viene de establecimientos o de personas que hacen para el ciudadano un tema casi que imposible de solucionar”. Prueba de esto es el Análisis de ruido ambiental para los barrios de los municipios del Valle de Aburrá (2020), un informe que buscó comparar los niveles de ruido de los diferentes espacios y cuyo resultado fue negativo por sus altas emisiones acústicas en sectores como Medellín, Sabaneta e Itagüí.

     

    Mapa de contaminacIón acústica del Valle de Aburrá. Con información del Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Véalo también AQUÍ. Diseño: Karen Bueno, Susana Katich.

     

    ¿Y quién se preocupa por el ruido?

     

    El brrrum, brrrum de las motos por Manrique la 45, la intensidad del taladro en la Avenida Oriental, el pitido de los buses en la Avenida 33 y la lista de reproducciones de salsa, reggaeton y bachata de El Lleras y la 70, son muchos de los sonidos que retumban en los oídos de los antioqueños.

     

    Sin embargo, pese a esta problemática latente, las estrategias del control de ruido y contaminación auditiva han sido casi nulas e ignoradas por las instituciones gubernamentales. El representante a la Cámara Carvalho, habla sobre la importancia de una ley que promueva a nivel nacional un control permanente en una tragedia que tiene voz propia desde hace mucho tiempo.

     

    Temas como la intolerancia y violencia, factores de salud a corto y largo plazo y el desplazamiento por saturación de sonido, son las principales alarmas que tienen en el ojo del huracán a la política pública, cuya falencia siempre ha radicado en reglamentos inexistentes, confusos y pocos acertados.

     

    Los residuos que deja el ruido son un efecto que no se siente inmediatamente y solo se percibe cuando es acumulativo en los espacios que habitamos, los cuales tienen movimiento a través de las diferentes actividades económicas. Camilo Quintero, abogado y líder de temas ambientales menciona que, “es necesario fortalecer y aumentar los temas presupuestales, los programas técnicos y reconocer las múltiples causas del ruido en temas laborales, residenciales, de ocio, etc”.

     

    Alternativas como la protección de determinadas zonas, reglas que contemplen medidas preventivas y correctivas y la distancia obligatoria de zonas con altos focos de ruido son acciones que todavía en Colombia no se han aplicado lo suficiente. “Lo que se busca es que haya una actuación integral para lograr prevenir, logrando un ruido moderado y soportable que no sobrepasen los niveles permitidos por la norma de la OMS”, enuncia Quintero.

     

    Avenida Oriental, uno del os sitios donde se manifiestan las fuentes y hábitos de ruido más frecuentes en Medellín. Foto realizada por: Susana Katich Restrepo

     

     

    Seguridades ausentes y vacíos pedagógicos

     

    El ruido se puede calcular de dos formas, la primera se hace por medio de un sonómetro, un instrumento que sirve para medir y comparar sonidos del ambiente. En la segunda se utiliza la misma herramienta, pero enfocada en cómo es el ruido que percibe la persona. Hasta la misma voz pueden interferir en el ruido, sumado a la música, las conversaciones, en lugar, el televisor, entre otros elementos que todos juntos conllevan a la contaminación acústica.

    De acuerdo con la aplicación Decibel X, una app de medición de ruido y sonidos, se establecen los siguientes niveles de pérdida auditiva:

     

    Ilustración: Karen Bueno, Susana Katich.

     

    Cuando el ruido pasa de los 80 decibeles ya está haciendo daño. Cuando después de los 80 decibeles con 15 minutos que lo tengamos en el oído, ya está mal. Entonces se debe tener presente los niveles de ruido que pueden producir los aeropuertos, los conciertos, las discotecas, los centros comerciales, hasta donde nos ubicamos y cómo empezamos a hablar con las demás personas casi a gritos. Por ejemplo, un avión llega más o menos a los 120 decibeles, al igual que un celular puede alcanzar altas unidades si el volumen es muy alto. Se recomienda graduar el volumen y no estar expuesto al ruido por más de 15 minutos.

     

    Como resultado de esa falta de control, existe la posibilidad de trabajar e intervenir la fuente para disminuir o atenuar el ruido que produce, por medio de barreras u otros mecanismos. Desde la infraestructura se pueden lograr acciones posibles de intevención sobre los corredores de alta mixtura, haciendo referencia a los lugares donde suele haber más ruido. Hay soluciones que son de alta dificultad para la infraestructura, Carvalho concluyó que,“la única que yo creo letalmente es hacer obligatoria la insonorización de los lugares que producen ruido”.

     

    Además, el abogado Quintero menciona que en su mayoría de veces el Estado sólo tiene como herramienta de acción a la Policía, la cual todavía no tiene la capacidad de tratar integralmente las temáticas de contaminación por ruido como asunto público. “Digamos en mi experiencia, ellos no sienten que se les dé una instrucción; entonces pasa la moto ruidosa y no la para, el vecino ruidoso o la discoteca ruidosa y tampoco hacen caso porque están acostumbrados al delincuente, al ladrón y a otros tipos de delitos, pero no tiene como tal esa interiorización sobre ruido”, comparte el abogado.

     

    En este caso, las autoridades se han acercado a algunos establecimientos para medir el ruido con un sonómetro y regular la bulla del lugar. Pero, cuando suena una canción buena, ahí mismo suben el volumen y el control se pierde totalmente, afectando no solo a las personas presentes sino que también a los vecinos del sector. En definitiva, se puede concluir que los mismos ciudadanos son los desordenados, la ley existe pero por este tipo de escenarios ahí mismo se quebranta.

     

    Por salud: es quererse y ser consciente

     

     

    Cada día llega un paciente al consultorio de Lina Isabel Osorio y Clara Mónica García, fonoaudiólogas y especialistas en audiología de Envigado. Desde un inicio y con la historia clínica, ya se logra identificar una pérdida auditiva por exposición al ruido. Fábricas, maquinarias, hasta claves morse, son algunos de los antecedentes que encajan, especialmente en los adultos mayores, en los pacientes de Medellín. Empresas de textiles y metalmecánica que otrora hicieron grande la economía de la región, fueron el lugar de trabajo por varios años de muchos pacientes que buscan una revisión por el deterioro en su audición.

     

    Osorio resalta que, todos los días llegan consultas asociadas a la contaminación acústica: “Yo trabajo con ruido, en una fábrica o en un taller, con un taladro, […], me dicen”. Esto se comprende en un abanico extenso de posibilidades sobre pacientes expuestos a constantes sonidos, que en su momento no tuvieron la posibilidad ni el conocimiento de cuidar sus oídos.

     

    “La pérdida auditiva es una enfermedad silenciosa”, afirmó la fonoaudióloga García, mientras seguía contando que las personas llegan al consultorio con la queja de, “yo escucho pero no entiendo”. Esto se debe a la pérdida en las frecuencias agudas (más cercano al oído externo), traducidas en las primeras frecuencias que se deterioran por el ruido. Esto quiere decir, que en las personas, de un día para otro pueden presentar indicios de esa pérdida, porque cuando les hablan no entienden algunas palabras y es algo que los ciudadanos no le prestan la atención adecuada a su cuidado auditivo.

     

    Los principales efectos a corto y largo plazo de la pérdida auditiva por la contaminación acústica son la disminución de la audición, el estrés, los dolores de cabeza, la irritación y el mal genio, los problemas gástricos, la pérdidas de memoria y el tinnitus (pitido o zumbido en el oído). Además de los síntomas, las fonoaudiólogas también se soportan en un examen llamado, audiometría, el cual evalúa la audición y arroja unos datos que determinan si hay un bajón en una frecuencia y cual tipo de pérdida está presentando el paciente.

     

    Asimismo, el deterioro de los procesos cognitivos también hace parte de estos efectos. Los procesos de atención y concentración se ven afectados porque la persona ya no logra entender muchas cosas, hasta el punto de aislarse y perjudicar su desarrollo mental. Por esta razón, la pérdida auditiva es reconocida como una enfermedad silenciosa. Esto se da porque la persona de un día a otro no se da cuenta de la pérdida hasta que no le digan, “oiga, usted no está oyendo”. Esto significa que el estado de su audición logró reservarse hasta el punto de no prestarle la atención adecuada y el cuidado auditivo a los oídos.

     

    Adicionalmente, las profesionales en audiología, enfatizaron que para la pérdida auditiva por ruido, ya no existe ningún tratamiento. Es quererse y ser consciente, es por su salud que la sociedad debe cuidarse personalmente de esta problemática que afecta día a día a los medellinenses. El cuidado personal se resume en la limpieza de los oídos, su aseo y la implementación de protectores auditivos que atenúan el ruido cuando se está expuesto a este o hay un gran riesgo de pérdida auditiva por el trabajo o alguna actividad extracurricular.

     

    Por otra parte, se debe mencionar que el ruido es una sensación subjetiva. García explicó que, “la sensibilidad auditiva en todas las personas es diferente”, por la forma en que cada uno percibe los sonidos de una manera diferente. Es complicado determinar que mientras más exposición, más años y más tiempo haya estado expuesto al ruido, es más propenso a que tenga pérdidas auditivas. Todo está en las individualidades de los casos, su afectación y sus mismas habilidades que se pueden ver diferenciadas en una persona mayor y un jóven que tiene nuevas capacidades o adaptaciones.

     

    La educación es un factor crucial en el cuidado y la prevención de esta enfermdad. Falta enfatizar sobre este problema de salud pública desde la casa, la cultura, el colegio, las universidades y las mismas empresas que deben velar por la calidad de vida de sus trabajadores. Actualmente, la sociedad está expuesta a seguir con más ruido de máquinas, tráfico, ocio,vendedores ambulantes, entre otros factores.

     

    Finalmente, la pérdida auditiva también afecta generalmente el círculo familiar y social, el volumen del televisor está muy alto o no logran entender las conversaciones en una reunión hasta aislarse y llegar hasta un estado de depresión o ansiedad, especialmente en los adultos mayores. Además, hay que empezar a inculcar la educación y prevención en cada profesión, desde los músicos, los deportistas, a los pilotos o los odontólogos.

     

    Iniciativas para medir el ruido

     

    La descontaminación ambiental por ruido ha sido para el municipio de Envigado uno de los principales asuntos considerados como problemáticas directas para los habitantes. Iniciativas como La Vida y el Ruido con el apoyo del programa Ciudad Sana y Segura, han permitido abrir espacios para la creación de propuestas que ayuden a aliviar la carga auditiva en entornos urbanos.

     

    Maria Clara Rivera, estudiante de Historia y habitante del sector, expresa que el mayor objetivo es concientizar a las personas sobre la contaminación auditiva. “La solución la vemos en la calle, en las basuras, pero nos cuesta mucho entender como ciudadanos la contaminación auditiva como un fenómeno que nos impacta”.

     

    Recientemente desde este proyecto se realizó una encuesta sobre la percepción del ruido con el propósito de recopilar información sobre la afectación de la calidad de vida entre habitantes de 18 y 80 años. El resultado arrojó que el 82% desconoce las políticas municipales para mitigar la contaminación acústica, mientras que, el 92% manifestó que se sentía afectado por el fenómeno.

     

    Talleres, espacios de reunión y realización de encuestas han sido las principales herramientas que les ha permitido ser un tema de interés público en el municipio. “Nosotros esperamos seguir en la segunda fase del proyecto. Estamos atentos a oficializar un evento que sea el Día de la Escucha con la cual se busca crear una metodología de intervención poblacional para trabajar el impacto”, culmina Rivera, con el ánimo de seguir avanzando en este camino que ha construido, junto a toda las redes de apoyo que le han dicho sí.

  • El problema de las ratas

     

    Muchas zonas de Medellín enfrentan el reto de controlar el flujo de roedores. Los riesgos van, desde encontrarlos por el camino, hasta una enfermedad de la cual hubo varios casos en los últimos años. Este es un alcance de los problemas con la basura en la que era llamada “Tacita de plata”.

     

    Juan José Yath Granados / juan.granadosg@upb.edu.co*

     

    El problema está hecho de ciclos que se repiten en cada rincón de Medellín, mala disposición de residuos genera presencia de vectores, como las ratas, que agravan la presencia de residuos, los cuales siguen llegando porque se considera que, por la presencia de los animales, estos sitios están en abandono. Dibujo: Juan José Yath

     

    Encontrarse una rata al caminar por algún anden de Medellín se ha vuelto tan usual como las historias de personas afectadas por esta situación. Aparecen así casos como el de Lina Rodríguez, quien atiende en un pequeño quiosco de surtidos al lado de la estación Exposiciones. Ella contó que una vez un grupo de estos animales llegó hasta su negocio: “No más en estos días que fue festivo me dañaron todo el surtido. Yo no sé por dónde se metió una rata y se dio la gran vida en mi chuzo”, dijo la mujer. Cerca de donde estaba parada hay un hueco en medio de las baldosas y ahí se pueden ver estos roedores por la noche.

     

    Otro ejemplo es en el Parque de El Poblado, donde los roedores también esperan a que oscurezca para salir de sus madrigueras. No hace falta tener una vista aguda para notar sus cuerpos pasar de una jardinera a otra. Cualquier persona sentada en un banquillo estaría tranquila sin saber que una rata pudo estar a solo centímetros de su lugar.

     

    Tener el disgusto de ver una rata mientras uno disfruta del paisaje o come algo acaba siendo el menor de los problemas. Estos animalitos son potenciales propagadores de un mal llamado leptospirosis, que causa infecciones letales en el hígado, los riñones o el corazón, según la organización Centros para el Control y la Prevención de enfermedades (CDC). Lo que provoca esta enfermedad es una bacteria que se llama Leptospira, que no es muy conocida por la gente en general, en parte, porque los síntomas son parecidos a los del dengue y ciertos tipos de fiebres. En Medellín se han reportado varios casos en los últimos años. Durante la pandemia tuvo una disminución en afectados para luego repuntar en 2021, y llegó al pico en 2022. Si bien los datos de enero y febrero de 2023 parecen prometer una disminución de registros, como se puede ver en la siguiente tabla, el riesgo continúa.

     

    Las cifras preliminares de la Alcaldía de Medellín muestran un incremento en los casos de leptospirosis en la ciudad.

     

    Es inevitable hablar de la denominación de “Tacita de plata” que todavía permanece en las añoranzas de muchas personas en Medellín. Sin embargo, ¿hubo realmente una época en que le quedara bien esa denominación? Iván López, profesor de Historia en la Universidad Pontificia Bolivariana, considera que se trata más de un mito debido a que la ciudad siempre ha lidiado con problemas de salubridad más allá de los roedores.

     

    Los textos que cuentan el pasado de esta región destacan los aportes del movimiento higienista al abogar por un territorio con buenas condiciones de aseo para sus habitantes. Además, la Sociedad de Mejoras Públicas impulsó la cultura del civismo desde inicios del siglo pasado. Este aspecto se volvió característico de Medellín y ayudó a inculcarle a la población el cuidado de las zonas públicas, pero las contribuciones no fueron iguales en cada barrio. Los libros también registran lo que pasó en Moravia, que fue un basurero hasta la creación del relleno sanitario en los 80. Algunos lugares donde todavía se acumula basura recuerdan los antecedentes de este barrio.

     

    Así se ven las madrigueras en las que viven las ratas. En uno de los sitios visitados pos Contexto, se estimó 47 de estas en solo 35 metros cuadrados de área. Foto: Juan José Yath.

     

    Tras la cola de la rata

    En la actualidad la Secretaría de Salud implementa una campaña para controlar la cantidad de roedores en las calles. Cualquier persona que use una zona pública con presencia de ratas puede solicitar que una brigada revise el lugar. En una de estas jornadas, uno de estos grupos se dirigió a Manrique para atender una llamada. El sitio era un pequeño punto verde en medio de un cruce de carriles. El personal llegó y revisó las posibles partes donde estos animales podían hacer su refugio. Jorge Alberto Vélez, un veterinario que trabaja para la Alcaldía, echó un vistazo a la zona y concluyó que en los 35 metros cuadrados que más o menos conformaban el espacio había 47 madrigueras.

     

    En las jornadas de inspección, las brigadas ubican veneno en los agujeros que pueden servir de resguardo para las ratas. Para ello, usan una sustancia llamada Ratunet. Un solo gramo de este químico podría matar a un roedor grande que lo consuma, según Vélez. Los cadáveres de animales que quedan a la intemperie son recogidos luego por trabajadores de Emvarias y los que permanecen en las madrigueras se deben dejar descomponiéndose ahí mismo por el riesgo de infección que puede haber en quien los retire, explicó Cindy Castañeda, otra integrante de la brigada.

     

    Los operativos para examinar y poner veneno en las zonas afectadas buscan exterminar la mayor parte de roedores para mantener a raya la población. En casos como los del Parque Belén, la gente que pasa mucho tiempo ahí reconoce las mejoras en el control de la plaga. Ovidio Cano tiene un pequeño puesto de dulces cerca del parque y resalta el logro: “Aquí pasaban las ratas como un verraco. Ya no, ya las ratas no se volvieron a ver aquí. Ya en la quebrada, es otro negocio muy distinto”.

     

    En efecto, uno puede llegar al parque de noche y a duras penas ver una rata por las jardineras, pero el panorama cambia al avanzar. La razón se debe de hecho a uno de los más importantes factores ligados al problema de los roedores en Medellín: la basura. Castañeda afirma que esta relación se da porque los desechos, sobre todo orgánicos, significan una buena fuente de alimentos para que las ratas prosperen y se proliferen. Es por eso que, llegando hasta una canalización cercana al parque, la plaga emerge de la oscuridad cuando algún vecino tira una bolsa de residuos. El cúmulo de desperdicios está justo al lado de la matera de madera donde hicieron sus hoyos de refugio junto a las matas. Es cuestión de solo desplazarse unos pasos para observar el grupo de al menos cuatro que revisa las cosas nuevas que alguien arrojó.

     

    Este ciclo se repite en miles de rincones en Medellín, incluso en zonas donde se pensaría que el concreto hace más difícil que se construyan madrigueras, como se pudo ver en una zona de Prado Centro, donde a simple vista se pudo reconocer seis madrigueras, en un pequeño espacio. Cerca de los sitios revisados siempre se hallaban además bolsas de residuos acumuladas. La situación empeora cuando pasan personas que abren y hurgan los bultos de basura para luego dejar los desechos tirados en el suelo.

     

    La acumulación de desperdicios se debe en parte a quienes los sacan a horas en que no pasan los carros recolectores, explicó el contralor auxiliar ambiental de Medellín, Carlos Enrique Henao. Esto hace que las sobras pasen más tiempo expuestas a que los roedores las rebusquen. En un recorrido por La 70 y Suramericana se puede ver que algunos establecimientos de comida los que más incurren en la mala disposición de residuos, paradójicamente los más vulnerables a los efectos de la proliferación de ratas y otros vectores. Es por eso que las brigadas también hacen charlas de educación sobre el manejo adecuado de los residuos en los barrios.

     

    Cindy Castañeda reveló que en aquellos lugares donde tiene éxito la pedagogía, el número de solicitudes para poner veneno disminuye, comentó Castañeda. Así las cosas, la solución al problema de las ratas está primero en el comportamiento de los humanos.

     

    Desafortunadamente, paisajes como estos son comunes en las calles de la ciudad. Especialmente en ellos se ven las intervenciones de las brigadas que con venenos como el de los cubos azules de la imagen, intervienen para diezmar la población de ratas. Fotos: Juan José Yath.

     

    *Estudiante del programa de Estudios Literarios. Este trabajo es resultado del Semillero de Periodismo Urbano, orientado por el profesor Juan Esteban Mejía Upegui.

  • El invierno deja huellas cada vez más profundas en Antioquia

    Duvian Arleison Castrillón, quien murió sepultado por un alud cuando transitaba por la vía que comunica los municipios de remedios y Segovia, en el Nordeste Antioqueño, es el caso número 61 de personas fallecidas en situaciones asociadas al incremento de las lluvias durante el año 2022 en este departamento.

     

    Crecientes súbitas, avenidas torrenciales, vendavales y caída de estructuras, son el tipo de situaciones en las que se han presentado la mayoría de estas muertes, la parte más sensible de una situación que también incluye daños en viviendas y vías; estos últimos, que afectan especialmente zonas como el Suroeste, donde se prepara la cosecha cafetera, en medio de la incertidumbre sobre cómo sacar millones de sacos a los pueblos y a los puertos.

     

    En Medellín, la transformación del paisaje por el aumento desmedido de la construcción en zonas de laderas es el rasgo más visible del contexto en el que impactan los fenómenos climáticos que llevaron al aumento de las lluvias durante el presente año. Los habitantes de la capital de la montaña se han acostumbrado a los fuertes aguaceros a media tarde y a los trancones que les siguen, en los cuales son parte del paisaje los vehículos de emergencia que corren a atender caídas de árboles, inundaciones, deslizamientos y daños en viviendas de todo tipo y estrato, porque los efectos se han sentido desde la comuna 2, Santa Cruz, hasta la 14, El Poblado.

     

    Pérdidas humanas y daños materiales están entre los efectos inmediatos, pero las lluvias están dejando huellas más profundas en las vidas de los antioqueños, al punto que están incidiendo en movimientos migratorios al interior de la ciudad.

     

    Video

     

    Ante los acontecimientos de los últimos días, queremos compartir con ustedes el relato detallado de la situación, recogido en ese reportaje realizado con el apoyo de Mutante.org. Haga clic en la imagen para leerlo.

     

     

    En la siguientes imágenes, acérquese a los lugares y los rostros que tienen estas vidas que se viven entre la zozobra y los escombros, en medio de las lluvias.

     

    1. Tarcisio Agudelo señalando la quebrada La Iguaná desde el segundo piso de su casa la cual quedó destrozada desde el pasado 17 de mayo.

    2. Las grietas, al interior de la casa de Tarcisio Agudelo, cubrían la mayoría de la vivienda que permanecía con orden de desalojo desde 2018 por parte del Dagrd.

    3. Fachadas de las casas, en estado de evacuación, al costado sur de la quebrada La Iguaná, comuna 13 (San Javier).

    4. Muchas de las casas del sector (El Pesebre) quedan al costado de la quebrada, permitiendo que al subir el caudal haga estragos en las casas.

    5. Al interior de la vivienda de Luz Daza, en medio de escombros y barro, la única esperanza y signo de fe es la virgen.

    6. Varias de las viviendas del sector El Pesebre colindando con la quebrada La Iguaná que arrastra escombros y piedras generando tensión en los habitantes cuando llueve.

    7. Vista del río Aburrá desde la casa de Martín Berrío, ubicada en el sector de La Primavera, municipio de Barbosa.

    8. Martín Emilio Berrío mira a la cámara frente a una de las casas que está al borde del río entre tierra y arena.

    9. Una de las viviendas abandonadas al costado del río Aburrá en el sector de La Primavera, Barbosa.

    10. Varias casas de cuatro pisos con los cimientos en una de las piedras que ayuda a contener el caudal de la quebrada La Iguaná, sector Los Búcaros, barrio El Pesebre.

    11. Bienvenida de la casa de Luz Daza tras una de las constantes inundaciones de su casa, barrio El Pesebre.

    12. Vivienda de Luz Daza con marcas de humedad. Al costado los escombros que usa para subir el nivel del piso de su casa.

    Fotografías: Alejandro Zapata Peña.

     

     

     

     

  • Exportación de ganado, ¿seguirá en pie?

     

     

    Salome Conde / salome.conde@upb.edu.co , Samuel Portela / samuel.portela@upb.edu.co

     

    A pesar de que la exportación de ganado en pie es una actividad legal en el país, en los últimos meses se ha cuestionado su viabilidad como método responsable con el bienestar animal. Ganaderos, empresarios frigoríficos y animalistas debaten el futuro de este mercado millonario, en lo que desde un bando denominan “Barcos de la muerte” y el otro contrarresta con “Barcos de bienestar animal” .

     

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    El proyecto de ley 103 “Barcos de la muerte” busca reducir paulatinamente la exportación de ganado en pie hasta eliminarla. El proyecto contempla que en el primer año, luego de radicada la ley, las exportaciones se limitarán a 200.000 animales en pie por vía marítima con fines de consumo, hasta llegar a cero en cinco años.

     

    Andrea Padilla, senadora del Partido Verde y creadora del proyecto, afirma que se busca erradicar el maltrato animal que sufren los bovinos al ser transportados vivos. Sufren por el hacinamiento al que son expuestos y las graves enfermedades que pueden contraer en altamar, sin mayor atención médica, informa Fany Rojas, médico veterinario y zootecnista.

     

    Desde Fedegan se defienden diciendo que: “Francisco Javier Osorio Martínez, director técnico de cuarentena del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), asegura que el Instituto hace acompañamiento del proceso de transporte en todas sus etapas, verificando que, previo al zarpe, se cumplan todos los requisitos establecidos por la Resolución No 097977 de 2021 que regula la exportación de ganado en pie”. Sin embargo, Padilla denuncia que esta normatividad solo existe hasta que los animales salen del puerto, una vez zarpado el barco no hay quien regule su transporte.

     

    El 30 de agosto la Comisión V del Senado convocó a una audiencia pública para debatir sobre este proyecto. La ministra de agricultura, Cecilia López, participó del debate, mostrando iniciativa por buscar consenso entre las partes. Y admitió que nunca se había discutido este tema en el país.

     

    Por qué el proyecto: Bienestar animal

     

    El proyecto de ley expone los argumentos para frenar la exportación de ganado en pie, entre ellos está la protección del bienestar animal. Algunos factores afectan al bovino por el mismo hecho de ser transportados en alta mar, explicó una de las ponentes por parte de Padilla en la Comisión V, Fany Rojas, médica veterinaria y zootecnista. Según plateó, la adaptabilidad de los animales es uno de los elementos que incide en el bienestar durante su exportación: “Una de las alteraciones comunes que se presenta al momento del transporte de los bovinos es el desequilibrio metabólico, electrolítico, entre otros. Contusiones, si tenemos animales con cuernos habrá una mayor disposición a presentar enfermedades y lesiones”. Otra de las problemáticas más comunes es la pasteurelosis, conocida como la fiebre de embarque, “es una bacteria que está en el tracto respiratorio de los animales, es un habitante normal, pero en condiciones que desencadenan estrés generan inmunosupresión y activa el cuadro clínico”, apunóa Fany Rojas.

     

    Un factor que incide igualmente en la salud del bovino es el mal de altura, una hipertensión pulmonar que predispone a los animales a presentar diferentes patologías respiratorias y digestivas principalmente, según recalcó la médica veterinaria.

     

    Desventajas del proceso de exportación de carne congelada

     

    Por otra parte, el proyecto de ley contempla una sustitución de la exportación de ganado en pie por la carne congelada, lo que evitaría el malestar de los animales durante el transporte marítimo. No obstante, Alberto Botero, docente en las áreas de control de alimentos y zoonosis de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UdeA, afirma que, a pesar de que se podría exportar hasta 2,5 veces más carne congelada en el mismo espacio en el que se exporta el ganado en pie, “desde el punto de vista nutricional la carne congelada pierde mucho de su valor”. Botero explica que cuando se descongela la carne se libera un jugo por donde se escapa gran cantidad de sus nutrientes, y pierde mucha de su terneza, que le da la calidad al morder.

     

    Además, el profesor de la UdeA manifiesta que Colombia tiene un déficit en la red de frío: “No hay infraestructura adecuada en el país para exportar grandes cantidades de carne congelada”. Por esto expone: “La solución no es prohibir las exportaciones (de ganado en pie), sino trabajar por mejorar las condiciones en bienestar animal”, algo en lo que están de acuerdo los representantes de Fedegan. Pero la gran incógnita que se mantiene es, ¿Quién se encargaría de la supervisión de estas regulaciones? El ICA ha declarado en varias ocasiones que su legislación llega hasta los puertos colombianos.

     

    Cómo afecta al pequeño y mediano ganadero

     

    Fedegan, en representación de los gremios ganaderos, expone como uno de sus argumentos en contraposición al proyecto de ley, que la reducción de la exportación del ganado en pie afectaría principalmente a las familias de los pequeños y medianos ganaderos. Según Humberto Lora, presidente ejecutivo de Ganacor, la ganadería genera más de un millón de empleos en el país: “La cría genera 267 mil empleos, el doble propósito 530 mil empleos y la leche especializada, 138 mil empleos”. Respecto a las exportaciones, indica que gracias a estas, el nicho de mercado no solo se reduce a los frigoríficos, sino que existen diez nichos de mercados distintos, porque hay más de diez países destino añadiendo el mercado local, por lo tanto, al haber más opciones, se duplica el valor de los inventarios de todos los ganaderos y a su vez contribuye a la oferta y demanda.

     

    “Cabe resaltar que el 85% de los ganaderos del país son pequeños y medianos productores, es decir, un ganadero con menos de 50 vacas. Los grandes ganaderos de Colombia son el 2.6 %, por lo que si el gobierno toma decisiones en contra de las exportaciones se van a ver afectados el 85 o 90 % de los ganaderos del país”, explica Lora.

     

    Andrea Padilla, en cambio, expresa que las cifras que desde Fedegan se exponen de las familias ganaderas afectadas no tienen un respaldo, expresa que: “Estas cifras que da Fedegán de 350 mil familias ganaderas que luego dijo que eran 520 mil y después más de 700 mil, son cifras que no tienen asidero en ninguna fuente oficial”.

     

    Aunque Padilla señala que según el ICA existen 350 mil familias ganaderas, estas viven de una actividad independiente a las exportaciones, debido a que gran parte de las ventas de sus animales son para el consumo interno, y quienes realmente viven de las exportaciones en pie son los ganaderos consolidados.

     

    Al tiempo, indica que, según el Ministerio de Agricultura, solamente hay 54 predios autorizados para la movilización de los animales, ubicados en los departamentos de Bolívar, en el que se concentran 48, y en Cesar y Córdoba, en los que se distribuyen los demás. Por lo que al haber una gran concentración de los predios en un solo departamento, sería ilógico hablar de que en cada predio son propietarias miles de familias, manifiesta la senadora.

     

    “Sí es cierto que hay 350 mil familias ganaderas, pero son el total de las familias que viven de la actividad ganadera del país, incluida la crianza para doble propósito, y el hecho de que se comercialicen para consumo interno y exportación es algo que se va a mantener independiente de la exportación de animales en pie”, enfatiza Padilla.

     

    ¿Qué pasará con el precio de la carne?

     

    Otro de los temas que preocupan al gremio ganadero es el aumento del precio de la carne si se detienen las exportaciones, pues según Eduardo Kerguelén, director de Subastar y exponente en la Comisión V, Colombia puede atravesar la misma situación de Argentina, en la que el país desde el 2006 pasó de un mercado libre a una suspensión temporal de las exportaciones, que actualmente operan con restricciones.

     

    Kerguelén indica que aunque la intención de Argentina con esta medida era aumentar el consumo per cápita, desde el 2007 al 2021 hubo un descenso del 33.19 %, por lo que la estrategia del 2006 no funcionó, por el contrario, señaló que como consecuencias políticas del cierre de las exportaciones, disminuyeron empleos formales de la cadena de ganados y carne, productores ganaderos y cabezas de inventario bovino.

     

    Pese a esto, Alvaro Urrea, presidente de la Asociación de Frigoríficos de Colombia, señala que no se puede hacer dicha comparación, puesto que en Argentina se consume 88 kilos de carne por habitante al año, mientras que Colombia consume menos de 17 kilos. Sostiene además que el incremento del precio de la carne en el país viene en parte por el aumento del precio del animal en pie, exponiendo el caso del departamento de Magdalena, en el que en 2021 estaba a 4.400 pesos y para junio del 2022 subió a 8.600 pesos, aumentando un 95.45 %.

     

    Por otro lado, hace énfasis en que en Colombia no hay una política de igualdad respecto al pago tributario, por lo que, según Urrea, los animales que se exportan no representan riqueza para el país, puesto que solo en impuestos Colombia destina alrededor de 15 mil millones de pesos. Añade también que exportar el ganado vivo hace que se pierdan subproductos como vísceras, huesos y cueros, los cuales pueden generar empleos y sirven además para otros sectores de la industria alimentaria.

     

    Joana Fernández, gerente de Cencogan y presidenta de la Junta Directiva de Asosubastas, señala que la mayoría de demandantes que intervienen con sus ganados en las subastas son los pequeños y medianos ganaderos. Estos espacios, además de servir como punto de acopio de los animales para su comercialización, contribuyen a disminuir la especulación en materia de precios, debido a que el productor y comprador en un espacio público debaten el precio del ganado en relación a la oferta y demanda.

     

    También explica que las negociaciones de la exportación de ganado en pie se realizan entre los compradores y las empresas nacionales que adquieren el ganado en el mercado local; es decir, que el ganado para este tipo de comercio no es obtenido directamente de las empresas extranjeras, pues estas no realizan transacciones de compra de ganado interno, según argumenta Cencogan. Sin embargo, resalta que esta actividad dinamiza la cadena de precios del mercado nacional, porque, a mayor cantidad de competidores, más posibilidades hay para conformar un precio más justo y dinámico.

     

    En este sentido, la exportación de ganado en pie, aunque solo es un porcentaje residual del inventario nacional, interviene en la conformación de precios del mercado y además depende en gran medida de las negociaciones que realicen los pequeños y medianos ganaderos. Por tanto, reducir la exportación a solo la carne congelada afectaría el dinamismo que se da en las subastas en relación a la oferta y demanda, teniendo en cuenta que en el país las empresas de frigoríficos son minoría con respecto a la cantidad de ganaderos, recalca Fernández.

     

    No obstante, la senadora Andrea Padilla, expresa que, según lo que indican otros sectores, el precio de la carne se ha disparado por el incremento de las exportaciones en pie, debido a que entre más animales salen del país, quedan menos para el consumo Interno, enfatiza que hasta el mes de mayo ya habían sido trasladados aproximadamente 250 mil bovinos, lo que produce un encarecimiento del producto, puesto que reduce la oferta.

     

    A su vez, indica que la mayor cantidad de animales que están siendo exportados son para ceba, por lo que son animales flacos que compran a muy bajo precio, así que el pequeño ganadero no tiene una alta ganancia. “El negocio está en comprar animales flacos y mandarlos vivos sin pagar impuestos. A diferencia de los que se matan para el consumo interno, estos animales no pagan la tarifa de exportación, el impuesto del Fondo Nacional de Ganado ni el impuesto de degüello”.

     

    Monopolio de frigoríficos

     

    Un punto importante a tratar y que hace parte de la discusión que se desarrolló en la Comisión V, es que, según Subastar, el 93 % de las exportaciones de carne congelada son realizadas por una sola empresa. Una cantidad desequilibrada en comparación a los gremios ganaderos existentes que se benefician de las exportaciones de pie. A juzgar por los ganaderos, restringir estas exportaciones crearía un monopolio en las empresas de frigoríficos, pues no existirían dinamizadores para este mercado.

     

    Frente a esta problemática, la senadora del Partido Verde señala que la falta de plantas de sacrificio es un tema que no ha sido trabajado ni por el Congreso ni por el Ministerio de Agricultura, y que resulta importante idear una estrategia de creación de plantas de sacrificio en Colombia, que permita, según la senadora, resolver dos asuntos: que los animales sean sacrificados en el mismo departamento en que fueron criados para reducir el sufrimiento y que la demanda de carne congelada permita de a poco ir reduciendo el número de animales exportados. Informó también, que es un tema que se planea mediar en una mesa de trabajo con el ICA.

     

    Certificación Halal

    Como otro de sus argumentos en contra del proyecto de ley, el gremio ganadero plantea que la exportación de bovinos en pie hace parte de las exigencias del mercado respecto a las solicitudes de los países importadores que por razones culturales, solicitan el animal vivo para ser sacrificado bajo ritos especiales como el Halal, que consiste en un corte profundo en el cuello dejando intacta la espina dorsal, diferente al realizado en Colombia, que por ley requiere que el animal sea insensibilizado antes.

     

    Como respuesta a este argumento, la senadora Padilla, recalca que el problema radica en que en Colombia no existe una certificación Halal que genere confianza en los países importadores, por lo que indica que si el país tuviera la certificación correspondiente, podría reducirse la demanda de animales vivos y se incrementaría la demanda de carne congelada con esta certificación.

     

    Qué piensa el Ministerio de Agricultura

     

    En la Comisión V del Senado la ministra Cecilia López señaló la relevancia de pasar de una ganadería extensiva a una ganadería intensiva, que involucre todos los requerimientos de sostenibilidad y productividad, por lo que propuso diferentes compromisos en relación al sector ganadero:

     

    Por un lado, realizar una reunión conformada por líderes ganaderos citados por el Ministerio de Agricultura en la que expondrán sus propuestas, las cuales serán evaluadas por su equipo para empezar a construir la estrategia ganadera. Expresó además que el bienestar animal no ha sido una temática tratada adecuadamente, así que propuso hacer visitas y analizar en qué se está fallando para hacer una divulgación de una estrategia en donde este tema se vuelva importante para hacer parte de debates y explorar mecanismos para promover la certificación Halal.

     

    La ministra enfatizó también que el Congreso no tiene la facultad de prohibir exportaciones, sólo restringir temporalmente en relación a temas de seguridad alimentaria. Señaló que la iniciativa de apoyar la propuesta no debe ser desde el Congreso, sino desde el gobierno, el cual posee la potestad de prohibir exportaciones bajo lo que indican los acuerdos del GATT, Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio.

     

    Andrea Padilla desacreditó lo dicho por la ministra, señalando que el Congreso tiene la posibilidad de no sólo regular, sino también de prohibir actividades comerciales internacionales. “El GATT dictamina que no se puede establecer prohibiciones sobre el comercio internacional, salvo que la actividad comercial vulnere la moralidad del país, o por temas que sean importantes en materia ambiental o de otra naturaleza que toque consensos morales de la nación”.

     

    De esta manera, Padilla afirma que en el caso del proyecto Barcos de la Muerte se abarca la protección de los animales y el impacto ambiental. Así que Colombia podría establecer restricciones, e incluso medidas prohibicionistas, como en el caso de Luxemburgo, que ya denunció las exportaciones en pie, siendo también un país firmante del GATT.

     

    ¿Qué pasará entonces con el proyecto de ley?

     

    Después de que ganaderos y partidarios del proyecto expusieran sus argumentos en la audiencia pública, y finalmente en la comisión los votos no apuntaran a una prohibición, se programó un próximo debate coordinado por Andrea Padilla. Planean redactar un texto de regulación para reducir el sufrimiento animal en la actividad comercial y elevar los estándares de bienestar animal.

     

    Padilla aseguró además que la idea es que sean realmente unas medidas garantistas, que pasen incluso por la reducción de animales enviados en cada embarcación. Y que por medio de consultas con expertos en bienestar animal se decida cuántos veterinarios asignar por número de animales transportados, además que se establezca un espacio adecuado para evitar el hacinamiento en el trayecto y se empiece a gestionar la certificación Halal.

     

  • En Medellín la comida no basta. Y sobra

     

    Por: Samuel Muñoz González / samuel.munoz@upb.edu.co

     

    El hombre de vestimenta rasgada y cuyo aspecto revela las huellas de la calle, hacía ansioso el recorrido de unos pasos hasta el lugar en donde sacia el hambre todos los días. Terrícola, como le dicen en la Central Mayorista, es un hombre de unos 50 años, con una barba amarillenta que le enmarca un rostro lleno de las huellas de andar por la ciudad sin un lugar ideal para dormir. Persiguiendo la única comida que tiene “segura” en el día, se aproxima al galpón 15, de donde extrae una zanahoria, unas tres papas con varias manchas negras y una mezcla de vegetales entre los que se distingue un cilantro, lechuga y repollo.

     

    Cerca de las 4:30 de la mañana de un martes, La Mayorista se encuentra atiborrada por compradores que se dirigen hacia donde están los grandes distribuidores para surtir sus propios negocios. Estas personas compran en cantidad, pero hay muchas otras que buscan al menos un bocado.

     

    Muchas familias buscan una oportunidad entre los excedentes del comercio de frutas y verduras, ya sea en la Central Mayorista o aquí, en la Plaza Minorista de Medellín. Foto: Esneyder Gutiérrez – Sextante.

     

    El galpón 15, un gran bloque de ladrillos y altos techos de color amarillo, es como una gran despensa de frutas y verduras. En sus corredores externos, siempre ocupados la carga y descarga de productos, se ven en lo alto letreros con los números de cada uno de los locales y el nombre de cada negocio. Dentro de cada local, miles de víveres esperan diariamente para ser comercializados a los grandes almacenes de cadena y a todas las tiendas de barrio de la ciudad.

     

    Humberto, ubicado en el muelle de embarque, apresuraba su paso para lograr descargar el camión antes de que el flujo incesante de clientes terminara por desabastecer su negocio a las seis de la mañana. La Distribuidora de Legumbres Humberto Osorio, ubicada en el local 15 del décimo quinto galpón de La Mayorista recibe diariamente alrededor de 7 toneladas de alimentos, los cuales son rápidamente adquiridos por personas que buscan abastecer sus propios negocios todos los días.

     

    “¡Muévale hombre!”, grita Humberto a sus cuatro trabajadores mientras el camión se aproxima a la zona de descarga. Arracacha, yuca, papa, zanahorias y de todo tipo de verduras provenientes de distintos lugares del departamento son descargadas alrededor de las 2 de la mañana de todos los días para suplir la demanda de alimentos de una gran parte de la ciudad.

     

    Oscar, un hombre robusto y bajito, sorprende con la habilidad que va y viene por ese galpón 15 al que llega al menos una vez por semana para surtir su tienda a dos cuadras del parque de Cristo Rey. Llena su Citroën verde del año 94 con las compras, con la adrenalina de comprar barato par vender barato en algunos minutos cuando lleguen sus compradores. Es entonces alrededor de las 7 de la mañana cuando aparecen los primeros signos de que muchos de los alimentos del local quedarán sin ser comprados y probablemente desechados, mostrando uno de los escenarios más cuestionados del modelo económico capitalista: el desperdicio y el hambre en un mismo lugar. ¿Qué pasará entonces con las toneladas de alimentos que no se venden en este y los demás galpones de la central de abastos?

     

    Una pila de restos de restos que ya empiezan a descomponerse, dan una idea de lo que pasa, pero otra respuesta la dan muchas personas que usualmente desapercibidas entre los cientos compradores y que van por una oportunidad, una que está en otro punto de la central, pintada del color de una pila de alimentos que aún se pueden consumir, pero que no entraron en las compras de los grandes y medianos compradores.

     

    Pero esos víveres sí están en los planes de la Fundación Central Mayorista, una entidad que lleva 29 años en funcionamiento y busca hacer que personas cómo Terrícola no tengan que buscar alimentos sobrantes de una manera ilegal o deshonrosa. Esta organización recupera cada año aproximadamente 6.500 toneladas de alimentos desechados por los grandes distribuidores.

     

    Los “saldos” de frutas y verduras solucionan los problemas de alimentación en una ciudad en la que crece el número de hogares en los que n puede haber tres comidas diarias. Foto: Esneyder Gutiérrez- Sextante-

     

    El desperdicio de alimentos en las grandes centrales de abasto no es algo nuevo. El Departamento de Gestión Ambiental de la central mayorista estima que, solo en este centro de acopio, se desperdician alrededor de 75 toneladas de alimentos diariamente, una cifra que alcanzaría para alimentar una comunidad entera de personas. Según la FAO, a nivel global, ha alcanzado casi el 22% de todos los alimentos producidos.

     

    La Encuesta de Calidad de Vida, adelantada por Medellín Cómo Vamos en 2021, reveló que el 22% de las familias consultadas en ese sondeo señaló que no puede comer tres veces al día. Las cifras del DANE estiman que en Colombia hay casi 6 millones de personas que viven en la indigencia y que, como Terrícola, carecen de condiciones mínimas para gozar de seguridad alimentaria y alejar los problemas de salud pública como la desnutrición.

     

    Así como la Fundación Mayorista, existen otras entidades públicas y privadas que hacen frente a este problema. A nivel nacional, ABACO (Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia) se encarga de reunir a 24 bancos de alimentos en todo el país y “trabaja conjuntamente en pro de la seguridad alimentaria y nutricional de la población en situación de vulnerabilidad, a través de alianzas con entidades públicas, empresas privadas y organizaciones civiles”.

     

    Según datos de ABACO, esta asociación entregó unos 63.590.000 kilos de alimentos en el país, durante 2020, mientras que en el país se desecharon aproximadamente 10 millones de toneladas de alimentos. Así mismo, según la estadística nacional, el 16% de esos alimentos son desechados en los hogares.

     

    Igualmente, en Medellín existen más entidades como la fundación SACIAR, o la Fundación Banco Arquidiocesano de Alimentos de Medellín, ambos con una cobertura “en más de 30 barrios de la ciudad, en más de 10 comunas y en los corregimientos”, además, atienden instituciones ubicadas en un promedio de 20 municipios de Antioquia.

     

    Pero si existen tantas organizaciones que recuperan los alimentos en buen estado, ¿por qué Medellín sigue teniendo cifras tan altas de indefensión alimentaria? Las Hermanitas de los Pobres son una comunidad cuyo hogar ubicado en el centro de Medellín cuida y protege unos 67 ancianos en estado de vulnerabilidad y abandono. Este hogar ha sido beneficiado por años de las donaciones generosas de los grandes distribuidores de las centrales de abastos y de las fundaciones como SACIAR y el Banco de Alimentos.

     

    “De todas las comidas que regalan en ese sitio, muy poquitas salen buenas. La mayoría de las frutas salen podridas y casi todo lo otro siempre está vinagre”, dice Terrícola refiriéndose a los alimentos entregados a personas vulnerables en el Banco de Alimentos.

     

    De todas las opciones que hay para alimentar a los 67 ancianos que tienen a su cargo, las Hermanitas de los Pobres también prefieren la de las donaciones que puedan surgir en las dos grandes centrales de abasto de Medellín (La Mayorista y La Minorista):

     

    Una integrante de la comunidad religiosa, que pidió o ser identificada, señaló que el convento estaba afiliado al banco de alimentos. “Antes era gratis y los alimentos los regalaban a distintas organizaciones y a los particulares que lo solicitaran. Ahora se necesita afiliarse con 100.000 pesos mensuales para que le den a uno alimentos de cualquier tipo, pero últimamente la comida que repartían estaba saliendo muy mala entonces las Hermanitas de los Pobres nos retiramos del convenio”, señaló.

     

    ¿Qué pasa con quienes no están al amparo de organizaciones como estas? Javier Humberto Ramírez, director de la Fundación Arquidiocesana Banco de Alimentos de Medellín, confirmó que las instituciones beneficiarias de dicha fundación pagan un aporte mensual llamado aporte solidario, que equivale aproximadamente al 10% del valor de los alimentos entregados. Así mismo, el Banco de Alimentos confirmó que la calidad de los productos está supeditada a las donaciones que reciben por parte de distribuidores donantes.

     

    “Hay productos, como los frutos y hortalizas, que se hacen recoger, y se les hace una selección, con el criterio de que sólo se les entrega a las instituciones, lo que una persona que seleccionó se comería. Por eso habilitamos un comedor dentro del banco, el cual utiliza productos de donación para determinar si tenían consumo o no. En el banco se han podido obtener excelentes comentarios del tema, las instituciones que han tenido problemas, pueden manifestar su inconformidad por medio de nuestro correo electrónico. Si la inconformidad de la institución es el aporte solidario, es complejo; sin embargo, si se refiere a la calidad de los productos, se entra a revisar cada caso de manera particular”, dice el director de la fundación Banco de Alimentos.

     

    El desaprovechamiento de los recursos alimenticios es entonces una problemática recurrente, y que va en aumento. Según el Banco de Alimentos, durante la pandemia generada por la Covid-19, la cantidad de personas consideradas en estado de indefensión alimentaria en la ciudad creció casi en un 50%, una cifra alarmante que habla de un problema que no es nuevo, pero que no ha hecho más que empeorar, así como las paradojas de ver personas pidiendo para un pan, en una ciudad en la que otros se quejan del aumento de basuras que, a primera vista, son en su mayoría envolturas y empaques de alimentos.

  • “Ya no cabemos”: el reto de la movilidad en Medellín

    Contingencias con el Metro, los eventos climáticos y otras situaciones ya cotidianas, nos han mostrado la importancia y los problemas del sistema de transporte en la ciudad. La pandemia dejó sus huellas y su utilidad depende de los hábitos de la ciudadanía. ¿Cómo se mueve Medellín?

     

    Juan Manuel Cano Londoño – periodico.contexto@upb.edu.co

     

    La congestión vehicular que vive Medellín en la actualidad no es un tema nuevo. La movilidad es una de las temáticas que más preocupa, desde hace varios años, a quienes habitan y transitan por la ciudad. Pero sí es un escenario extraño, tras varios meses en los que las calles y avenidas de la capital antioqueña disminuyeron considerablemente su flujo debido a la pandemia por COVID-19.

     

    Hernán Arias, que se desplaza diariamente a su lugar de trabajo en automóvil, cree “que la movilidad está pésima, no hay por donde transitar”. Cuenta que últimamente se ha demorado alrededor de cuarenta minutos en un trayecto que, incluso antes de la pandemia, lo hacía en menos de media hora.

     

    “El comercio se reactivó en general, entonces hay más vehículos, motos y personas circulando. Ver las calles de esta manera hace pensar que ya todo está en la ‘normalidad’, como hace dos años”, dice.

     

    Doris Londoño utiliza transporte público colectivo desde el occidente hacia el sur de la ciudad y siente que el tiempo de viaje de su trayecto ha aumentado: “ahora me toca salir más temprano si quiero llegar a tiempo. Muchas veces me ha pasado también que me va mejor bajándome del bus, varias cuadras antes de mi destino, para irme caminando porque el ‘taco’ no se mueve”.

     

    Como ellos, miles de ciudadanos se enfrentan diariamente al caos vehicular de la ciudad, ya sea desde el transporte particular (carros y motos) o desde el transporte público.

     

    La Secretaría de Movilidad de Medellín tiene identificados algunos puntos neurálgicos en la ciudad, en los cuales ha implementado una estrategia de regulación y control con guardas de tránsito. La autopista norte y sur, la avenida 33 y la avenida Oriental son los corredores viales donde se presenta la mayor congestión.

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    Puntos neurálgicos la movilidad en Medellín. Con datos de la Secretaría de Movilidad de Medellín.

     

    La reactivación económica y el consecuente incremento en el número de viajes y de vehículos circulando, además del insistente llamado de la ciudadanía a las autoridades, generaron que el Área Metropolitana del Valle de Aburrá – AMVA anunciara a finales de agosto de 2021 la instauración de un nuevo pico y placa.

     

    La medida empezó a regir el pasado 6 de septiembre con algunas modificaciones, como la prohibición de circulación para vehículos solo dos veces al mes, la inclusión de las motos de cuatro tiempos y el cobro por congestión. Tras casi un mes de haber sido implementada la determinación, solo entre el 5 y el 10% de los vehículos salieron de circulación diariamente y la reducción del tiempo de los viajes no fue significativa (12%).

     

    En medio de varios ajustes y lo que para muchos se interpretó como indecisiones del gobierno local, Carlos Mario Mejía, secretario de Movilidad de Medellín, sostuvo que esta medida “no es la solución, no es la panacea. No va a acabar con los problemas grabes de movilidad que tenemos”. La entidad argumenta que han implementado otras acciones para mitigar el caos, como la sincronización semafórica y la instalación de una mesa de crisis, que permita tomar mejores decisiones.

     

    Han influido también otras situaciones como los problemas de funcionamiento con varios semáforos, algunos, víctimas de vandalismo durante el Paro Nacional y robos continuados, el mal estado de la malla vial en algunos puntos clave y la escasa presencia de agentes de tránsito en los horarios de mayor tráfico.

    La autopista sur es uno de los corredores viales donde se presenta mayor congestión en horas pico. Foto: Juan Manuel Cano.

     

    En un foro realizado por Camacol el secretario Mejía consideró que es necesario crear una “gran mesa de la movilidad”, que reúna a los gremios y sectores sociales para que haya un aporte de cada uno y se busquen soluciones, pues “somos un valle rodeado de montañas: ya no cabemos. Entonces hay que buscar alternativas”.

     

    Y es que el parque automotor ha tenido un incremento exponencial en los últimos 25 años en el Valle de Aburrá, pasando de 201.505 vehículos (entre autos y motos) en 1995 a 1.788.927 vehículos en 2020, lo que significa un aumento de 788%. Una flota numerosa que, aunque solo representa alrededor del 30% de los viajes, genera un atasco cada vez mayor.

     

    Entonces, ¿cuál es la alternativa? La respuesta radica, según el Plan Maestro de Movilidad y los expertos consultados, en el fortalecimiento del Sistema Integrado de Transporte del Valle de Aburrá –el cual agrupa el sistema masivo y el colectivo–para que se convierta en la espina dorsal de la movilidad en la ciudad – región.

    Un objetivo que la contingencia sanitaria impactó directamente. Este sector, a pesar de nunca haber parado por completo, fue uno de los más afectados debido a las restricciones sanitarias impuestas por la pandemia, dejándolo en una crisis que amenaza hoy su operación.

     

    Crisis y transformación

    El 20 de marzo de 2020 inició la “cuarentena por la vida” en Antioquia, una medida que pretendía preparar a la ciudadanía para los posibles futuros confinamientos debido a la llegada de la COVID-19 al país. Las personas se resguardaron en sus casas y la gran metrópoli que encierra el Valle de Aburrá, de cuatro millones de habitantes, pasó a ser un pueblo fantasma.

     

    La medida, que parecía temporal, se fue extendiendo a la par que la enfermedad avanzaba. Las calles se despojaron del peso de los vehículos y, con ellos, la ciudad descansó de su ruido y contaminación por varias semanas.

     

    Para John Jairo Posada Henao –quien es especialista en Vías y Transporte, doctor en Ingeniería y profesor de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional– el confinamiento “provocó dos grandes impactos en la movilidad: uno para los usuarios y otro para los prestadores del servicio”.

     

    El experto considera que el aislamiento, en cuanto a los prestadores, “tuvo un efecto económico muy duro, pues bajó el ingreso, pero muchos de los gastos propios de la operación del servicio se mantuvieron”. El AMVA, por su parte, estima que “entre los meses de febrero y abril de 2020 se tuvo una reducción hasta del 85% en la movilización típica de pasajeros”, tanto en el transporte público colectivo como en el masivo.

     

    En junio de ese año se dio una mayor flexibilización del aislamiento de las personas y se comenzó una paulatina apertura de la economía. A pesar de esto, “nuestro sector creció muy lentamente y casi todo ese año fue de incertidumbre”, comenta Jaime Sánchez, presidente de la Corporación de Transportadores Urbanos – CUT, que cuenta con 19 empresas afiliadas.

    El 28% de los ciudadanos se movilizan principalmente a pie, siendo este el modo de viaje con mayor porcentaje en el Valle de Aburrá.

    Foto: Juan Manuel Cano.

     

    Los meses del confinamiento estricto de la población, la tímida apertura económica y los picos de la pandemia, que obligaban a restringir de nuevo la movilidad, durante 2020 generaron que estas empresas públicas y privadas sufrieran una crisis de la que incluso hoy no se han podido recuperar.

     

    El Metro de Medellín, por ejemplo, indicó en un comunicado que actualmente moviliza 760.000 pasajeros, una “afluencia cercana al 63% de los que se movilizaban antes de la pandemia”. Esta disminución de los usuarios ha generado que el sistema presente pérdidas de hasta 500 millones de pesos al día.

     

    El transporte colectivo de buses, por su parte, cuenta con una cifra similar de ocupación del 65%, que Sánchez ve con preocupación pues estima que “para el 2022 haya una recuperación cercana al 80%, pero sabemos que el 100% [en relación a la afluencia de 2019] ya nunca lo vamos a lograr”.

     

    El profesor Posada es más optimista: “En principio, la misma demanda que se tenía en 2019 no se va a volver a tener. Pero digo en principio porque la ciudad sigue creciendo y las personas que llegan son las que van a empezar a suplir los que se están quedando en casa. ¿Cuánto se va a demorar esto? No sé, pero se puede conseguir con la evolución de la ciudad en el tiempo”.

     

    Ambas posturas obedecen a la evidencia de nuevas dinámicas sociales en la ciudad: “Hoy la movilidad está muy compleja, y para mí la explicación inmediata es que hay más vehículos o hay un comportamiento diferente en los ciudadanos”, explica Posada en referencia al impacto en los usuarios.

     

    En su cuenta de Twitter, quien fuera secretario de Movilidad de Medellín en diciembre de 2020, Carlos Cadena Gaitán, estimaba que nuevas dinámicas como el “teletrabajo, el estudio virtual y los cambios en la vida cotidiana (con estrategias como la telemedicina, el comercio electrónico y los eventos en línea)” impactaban directamente en la movilidad.

     

    Aunque podría pensarse que esta transformación generaría una disminución en los viajes, para Posada las nuevas dinámicas –que “no solo se van a mantener, sino que se van a potenciar”– pueden estar causando lo contrario: “La libertad horaria de los ciudadanos ha permitido que las personas salgan por motivos diferentes a los laborales, ya sea por ocio, descanso, suministros o por cumplir sus necesidades. Esto lo hacen a cualquier hora, generando que haya mayor tráfico durante el día”.

     

    El reto que se mantiene

    El periodista, escritor y urbanista antioqueño, Darío Ruiz Gómez, en su libro Mirada de ciudad (2016), comenta que “las vías urbanas se planifican para distribuir el tráfico y para lograr un único objetivo: la rapidez del desplazamiento”. El apartado, titulado El caos vehicular, describe cómo los carros y las motos se han tomado rápidamente las ciudades hasta haber logrado ser ellos los protagonistas, antes que los mismos ciudadanos.

     

    “El desplazamiento no puede ser una tortura desquiciadora del ánimo cívico, sino una positiva experiencia que incorpora aquellos territorios que desconocíamos”, apunta el urbanista. Para que esto no ocurra, el Valle de Aburrá cuenta con El Plan Maestro de Movilidad, el cual se enfoca en una sostenibilidad ambiental y que pretende una conexión estratégica entre los diez municipios del valle.

     

    El documento, además, realiza un diagnóstico de la movilidad y muestra cómo se desplazan los ciudadanos metropolitanos.

     

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    Cifras clave de la movilidad en Medellín.

     

    El objetivo de este instrumento de planeación es establecer directrices y lineamientos a corto, mediano y largo plazo, teniendo como horizonte al año 2030. El Plan, publicado en enero de 2020, plasma la visión de movilidad que se quiere tener en la ciudad – región, la cual pone al servicio de transporte público en el centro de la discusión.

     

    Teniendo en cuenta que no fue diseñado antes de la contingencia sanitaria y, por lo tanto, no se incluyeron en el estudio las nuevas dinámicas sociales, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, entidad encargada de su formulación, está “adelantando el proceso de contratación para realizar encuestas longitudinales, cuyo objetivo principal es evaluar el impacto en los patrones de movilidad”, y a partir de los hallazgos arrojados decidir qué cambio se deben realizar.

     

    Ante la nueva realidad, la entidad cree que la clave es fortalecer “proyectos que busquen la sostenibilidad de nuestro territorio y que vayan de la mano de la reactivación económica y la emergencia sanitaria”, tales como “la construcción del Metro de la 80, la estructuración final del tren multipropósito, la viabilidad técnica del metro subterráneo, el diseño y construcción de cicloinfraestructura con el continuo mejoramiento del sistema EnCicla y la evaluación de las medidas de gestión de la demanda (pico y placa)”.

     

    Aspectos que coinciden con el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 11, proyectado por Naciones Unidas, el cual busca “lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”. Una iniciativa que incluye el acceso y la calidad del transporte, “en particular mediante la ampliación del transporte público”, como uno de los caminos para que este objetivo se pueda realizar.

     

    Aunque el profesor Posada considera que “en temas de movilidad y transporte nunca tendremos la solución mágica que arregle todos los problemas”, la apuesta por una ciudad menos motorizada es la correcta, además de que está en sintonía con las nuevas dinámicas: “tenemos que aprender a usar más el transporte público. No se trata de dejar de utilizar el vehículo particular, lo que se pretende es que todos comencemos a disminuir su uso y que seamos unos ciudadanos más conscientes de cómo nos movemos”.

     

    Según el experto, el principal reto radica, entonces, en generar esa consciencia en la ciudadanía: “es fundamental que seamos más educados como sociedad, tanto los transportadores como los usuarios. Ambos tenemos que ‘dar el brazo a torcer’ en algunas cosas para que podamos mejorar”.

     

    Los esfuerzos de las autoridades y los ciudadanos, de igual forma, deben estar dirigidos a fortalecer los modos activos (como caminar o hacer uso de la bicicleta), gestionar la demanda del transporte privado, pensar en la conectividad del territorio y priorizar la visión de cero (la estrategia de reducción de accidentes viales).

     

    De lo contrario, en sintonía con Ruiz Gómez, movilizarse en la ciudad será una “tortura desquiciadora” y el “ánimo cívico” de los medellinenses continuará en decadencia.

    A pesar de no superar el 70% de ocupación, el Metro opera con toda su flota disponible en las horas pico y realiza monitoreo de la afluencia en tiempo real para tomar medidas que optimicen la prestación del servicio. Foto: Juan Manuel Cano

  • Algunos pendientes del cobro por congestión

    Por: Carolina Escobar Orrego / carolina.escobaro@upb.edu.co

     

    Foto: Alcaldía de Medellín.

     

    Durante marzo de 2022, en Medellín se implementó un cobro a los propietarios de los vehículos que necesitaran usarse durante los días de restricción por pico y placa. Poco menos de un mes duró lo que el gobierno local llamó una “prueba piloto”, pero, en opinión de la audio columnista, quedan muchas preguntas para que la ciudad logre establecer la solución más adecuada a los problemas de tráfico urbano.

     

     

     

  • Subiendas que angustian a Bolombolo

    Desde 2010, los habitantes de Bolombolo, corregimiento de Venecia en el Suoreste de Antioquia, han visto cómo las crecientes de su vecino, el río Cauca, se han hecho más frecuentes. El “reloj biológico” se ha descompuesto y las personas que viven en las riberas de una de las corrientes de agua más importantes de Colombia ya no saben a qué atenerse.

     

    Las lluvias de las primera semana de abril en zonas aguas arriba, ocasionaron inundaciones que obligaron a 12 familias a buscar refugio donde amigos y parientes, en este corregimiento de clima cálido; mientras muchas otras personas de se han acostumbrado a vivir con sus enseres al hombro.

     

    La suerte de los habitantes de Bolombolo es también la de otras poblaciones por donde pasa el Cauca hacia el gran Magdalena: Caucasia, una de las ciudades más importantes de Antioquia o algunas zonas rurales de Fredonia, por ejemplo.

     

    Bolombolo – cuando el cambio climático de obliga a emigrar, es un documental que relata en la voz de los habitantes del corregimiento, cómo ha cambiado la vida con los comportamientos inesperados del río Cauca; historias que parecen hacerse cada vez más recurrentes. Una realización de Marlon Gutiérrez Arévalo, Ana Daniela Villalba Acosta y Miguel Chavarriaga Vanegas.

     

     

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  • Cada diciembre la pólvora se vuelve más fuerte

     

    Mariana Zapata García- Karol Dayanna Pastrana Collazos / Contexto, Universidad Pontificia Bolivariana – Medellín. Con la colaboración de Silvia Natalia Rojas, Mariana Arango y Juliana Heredia / Nexos, Universidad Eafit.

     

    Desde antes del 30 de noviembre Medellín vive una “tradición” que, sin importar las campañas de concientización, ilumina el cielo nocturno con millones de luces artificiales. Mientras los ecos de la pólvora recorren el Valle de Aburrá, se debate el origen de la costumbre de festejar con ella, sus efectos negativos aumentan y quienes tienen a cargo la atención de las emergencias que ocasiona, dan cuenta de que realmente el estruendo y el riesgo son cada vez mayores.

     

    El cielo se alumbraba ya desde tiempos atrás. Ramón Maya, historiador y docente de la Universidad Pontificia Bolivariana, cuenta que “… por allá en el siglo XVII cuando la ciudad era una Villa, la Villa de Nuestra Señora de la Candelaria, el cabildo siempre señalaba a una familia muy rica de la Villa para que se encargara de invertir mucho dinero en la pólvora, y la fiesta de La Candelaria era para quemar muchísima pólvora… En épocas de crisis económicas ellos se quejaban que era muy costoso, pero nunca dejó de hacerse esa fiesta”.

     

    En relación a ello, Claudia Avendaño, historiadora y docente de la Universidad Pontificia Bolivariana, comenta que: “La idea es invertir en pólvora que haga ruido, que se extienda, que rebote como eco entre las montañas de la ciudad”, en una idea de notoriedad que antes arropaba a los potentados y a la que rápidamente quisieron llegar personas de extracción más humilde, en medio de muchos esfuerzos y, consecuentemente, los potentados en ascenso durante el auge del narcotráfico, quienes, especialmente en los años 90, con pirotecnia festejaban el haber “coronado” con un cargamento de droga.

     

    En relación con ello, desde 2003 la llamada alborada (el nombre realmente corresponde al momento de las primeras luces del día) tomó fuerza cuando el Bloque Cacique Nutibara se comenzó a desmovilizar para hacer entrega de sus armas. Por tal motivo, Diego Murillo Bejarano alias “Don Berna”, quien encabezaba este grupo en cuyas filas había muchas personas con esa herencia no solo cultural sino delictiva de los años 80 y 90, quiso celebrarlo con cantidades ingentes de pólvora para que, en la noche del 30 de noviembre, la Ciudad de la Eterna Primavera se alumbrara con fuegos artificiales. En aquellos años también eran reconocidos los espectáculos con estos dispositivos que eran financiados por la Alcaldía de Medellín en fechas como el 7 de diciembre. El uso de recursos oficiales para la financiación de espectáculos de pirotecnia fue prohibido por los concejos de Medellín y otros municipios del Valle de Aburrá en 2015 y luego fue reglamentado por el Código Nacional de Policía y el Decreto Departamental 6216 del 5 de diciembre de 2016.

     

    Andrés Manrique, conocedor en temas de gestión del riesgo, que estuvo al frente de las comunicaciones del Departamento de Gestión de Riesgos de Desastres (Dagrd), considera que hay mucha gente que sigue tirando pólvora, pero no con ese mismo motivo. Ahora la razón es solo tirar pólvora: “Hay un solo mensaje con la pólvora y los globos: donde usted lo tira, de donde se lanza hay alegría y euforia… pero donde cae, puede que haya caos, que haya desastre, que haya tragedia, que no haya vida… Tiras un volador y no sabes dónde va a caer”.

     

    No obstante, las prohibiciones y los debates, para muchos la alborada sigue siendo sinónimo de celebración de que llegó diciembre con toda su “alegría”. Aun así, todo deja de ser bueno cuando se mira la otra cara de la moneda.

    Las autoridades han encontrado cada vez más artefactos importados dentro de la pólvora incautada. Foto: Alcaldía de Medellín.

     

    La ley se incumple y las consecuencias aumentan

     

    El uso inapropiado de pólvora está prohibido por el Decreto 0902 de noviembre 3 de 2021, y la restricción total en la ciudad va hasta el 31 de enero de 2022. Aun así, los casos de quemados con pólvora siguen: en el año 2021 se acumularon 21 casos de personas quemadas en Colombia, entre el 1 y 3 de diciembre. También se tiene el registro de 9 quemados con pólvora, solamente en Antioquia, después del Día de las Velitas. Asimismo, de acuerdo con información de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá, la noche víspera del 1 de diciembre de este año, se decomisaron alrededor de 130 kilos de pólvora.

     

    Pero en cuanto a las presentaciones y otras características de la pólvora, parece haber una peligrosa inventiva. Luis Bernardo Morales, comandante de Bomberos Voluntarios de Envigado, cuenta que: “el pueblo y la tradición paisa se limitó (sic) durante muchos años a unos elementos que eran muy básicos, eran los tradicionales voladores de luces y los tradicionales voladores de tacos que hacían detonación”. Detalla Morales que, con la apertura de la economía, al país llega una gran variedad de referencias distintas de fuegos artificiales como los crisantemos y las tortas que, aunque sean lindas a los ojos de las personas, no dejan de ser peligrosas.

     

    Las fechas en que hay mayores casos de quemados siguen siendo el 30 de noviembre, 7, 24 y 31 de diciembre, además del 6 de enero. Pero las personas no son las únicas afectadas, pues los animales también sufren las consecuencias. Por ejemplo, el Parque Explora compartió una imagen en la que comunicaba lo que les sucede a las aves cuando escuchan los estruendos de la pólvora: abandonos de sus crías, desorientación, largos vuelos y muertes. En las redes sociales es frecuente ver publicaciones sobre pájaros y otros animales muertos en zonas verdes de la ciudad y la periferia, supuestamente por efectos de la pólvora.

     

    Los animales domésticos, como perros y gatos, sufren cuadros de estrés, ansiedad y conductas nerviosas. Por ello, desde el Departamento de Gestión de Riesgos de Desastres y la Secretaría de Salud se recomienda aumentar la actividad física para que se casen y en la noche puedan dormir, o distraerlos con juegos mientras los estallidos decoran el cielo.

     

    Un informe de Caracol Noticias recogió reportes de funerarias de animales que registraron un aumento de hasta 300 % en decesos de perros, aves, conejos y gatos, por causas asociadas a la pólvora. Según los encargados, en el año se recibían entre 5 y 6 casos al día, pero desde diciembre incrementaron a 18 y 20 los casos atendidos.

     

    Restos del globo cargado con pólvora que cayó sobre un hogar geriátrico en San Cristóbal el1 de diciembre de 2021. Los riesgos de estos artefactos aumentan con el tiempo seco. Foto: DAGRD.

     

    Los riesgos y dificultades de quienes prestan socorro

     

    En las noticias vemos diferentes casos que se presentan por el uso de pólvora, pero quizás nunca nos hemos preguntado por quienes los atienden, los riesgos que corren y las situaciones a las que se enfrentan.

     

    El Cuerpo de Bomberos de Medellín es una organización que hace parte de la Alcaldía de la ciudad, mediante el Departamento Administrativo de Gestión de Riesgos de Desastres, a cargo de su administración. Es el único cuerpo bomberil profesional, pues en el resto del departamento, los cuerpos de bomberos son voluntarios.

     

    Toda persona que atiende las emergencias por pólvora, de alguna u otra forma, arriesga su vida en esta época que es cuando más se duplican los esfuerzos. Pero, para el comandante Morales hay nuevos factores de riesgo: “Llegan artículos con mayor poder… el volador tradicional, si le explotaba a alguien que lo estuviera lanzando, pues de pronto le amputaba una parte del dedo… pero ahora hemos encontrado que con ciertos artefactos, si le explotan en la mano del usuario, le amputa cuatro dedos, la mitad de la mano. Entonces la atención de las emergencias también cambia y también nos obliga a incluir en nuestros botiquines cada vez más elementos para hacer frente a esta situación”.

     

    Aun así, los bomberos se encuentran sin recursos para poder cumplir con su labor, y lo más alarmante de todo es que sólo cuentan con “212 bomberos para todo el Valle de Aburrá, aproximadamente 70 bomberos por turno y esto dificulta la atención ante un llamado”, cuenta el bombero Jorge Saldarriaga, presidente de la Asociación Sindical Unibom.

     

    La clave está en que hay más pólvora negra, la cual hace que los fuegos pirotécnicos se eleven y exploten en el cielo. Está hecha de una mezcla de azufre, carbón y nitrato de potasio; mientras que la pólvora blanca tiene componentes gaseosos para los efectos de iluminación, junto a los colorantes químicos. Según información oficial de IQAir, organización mundial que monitorea la calidad del aire, los fuegos artificiales liberan partículas de combustión y gases, debido a todos sus componentes, que afectan el aire.

     

    El Área Metropolitana del Valle de Aburrá aseguró que en el año 2020 hubo menos contaminación en el aire, ya que por las condiciones húmedas durante la alborada decembrina fue posible mitigar el impacto de la pólvora. Aun así, las mayores concentraciones de partículas PM2.5 “… se presentaron en el corregimiento de Altavista, en las comunas de Villa Hermosa, Santa Cruz y La Candelaria, en Medellín”, afirmó la entidad.

     

    Tripulación y miembros de la Policía que atendieron el primer incidente con globo de diciembre de 2021 en San Cristóbal. Los bomberos deben lidiar con los gases producto de la combustión de los químicos de la pólvora y, ahora, con el mayor poder explosivo de los artefactos que se usan actualmente. Foto: DAGRD.

     

    De igual forma, otros de los aspectos que afectan la calidad del aire son los incendios. Hemos visto casos de globos con pólvora que han causado este tipo de incidentes, el más reciente fue en San Cristóbal, cuando uno de estos cayó sobre un hogar geriátrico y originó un fuego que se logró controlar gracias a la rápida acción del cuerpo de Bomberos de Medellín, indicó el Dagrd. Sobre este tema, Andrés Manrique añade que: “De cuenta de los globos se han quemado industrias enteras, hemos tenido históricamente incendios… El año pasado, en la pista del Olaya Herrera, un globo cayó en el ala de un avioneta, se estaba incendiando”.

     

    Cabe mencionar que los bomberos no solo están expuestos al humo tóxico de los incendios, sino que se exponen a otros riesgos que trae consigo la alborada. Morales contó que las personas cierran las calles y esto impide el desplazamiento de los vehículos de emergencia, poniendo en riesgo la atención de los casos. Además, “con el uso desmedido y exagerado de elementos de pirotecnia… hemos tenido casos, incluso, de compañeros que han estado atendiendo emergencias y son víctimas de la caída de voladores y de algunos objetos detonantes. Entonces, indiscutiblemente, para los bomberos de cualquier parte, la época de diciembre incrementa el riesgo para su seguridad”.

     

    Finalmente, Morales considera que las campañas de concientización “deberían mostrar la realidad de lo que pasa con el uso de los elementos pirotécnicos detonantes; las amputaciones de los dedos de las manos, la muerte y la pérdida de mascotas, la afectación a la fauna… creo que deberían ser más crudas para que generen mayor impacto”. Esta podría ser la “carta final” para que cada diciembre, la pólvora no se vuelva más fuerte.

     

    Este informe es parte del especial #LasHuellasDeLaPolvora , una colaboración de la Red Colombiana de Periodismo Universitario en Antioquia: Contexto, Universidad Pontificia Bolivariana – Medellín; Nexos, Universidad EAFIT; Norte Urbano, Uniminuto – Bello; Conexión Lasallista, Corporación Universitaria Lasallista; Sextante, Universidad Católica Luis Amigó.