Etiqueta: Memoria

  • Historias sin límites – Visor, revista audiovisual-

    No hay límites para contar historias. Este es un recorrido audiovisual por varias temáticas como la explotación sexual, la depresión, la condición de mujer y la importancia del cuidado con el autoexamen.

     

    Tres perfiles también se incluyen en esta selección: Patricia Vélez, artista y publicista; Maria Antonia Flores, modelo; y Misael Belt, fotógrafo de moda. Esta pluralidad de asuntos tiene un elemento común: todos fueron contados antes del aislamiento.

     

    Con el confinamiento cambia la propuesta audiovisual, la forma, pero se mantiene la intención narrativa y expresiva, permanece la posibilidad de abordar los temas profundos como la amistad, soledad, monotonía, el cuidado y la autoestima. Un contexto adverso no ha sido impedimento para contar buenas historias.

     

    Haga click en la imagen para ver la lista de videos:

     

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    Realizaciones de: Tatiana Martínez, David Mesa, Camila Restrepo, Lorena Villa, Natalia Gonzáles, Susana Patiño, Emilia Peláez, Juanita Robledo, Manuela Suárez, Alejandro Estrada, Manuela Betancur, Sebastián Martínez, Karol Pastrana, Manuela Sossa, Andrés Buitrago, Valentina García, Maria Antonia Villa, Isabela Flórez, Jaime Hernández, Paulina López, Sofía Vanegas, Johanna Osorio, Isabel Cristina Trujillo, Maria Camila Aguirre, María Alejandra Álvarez, Andrea Patiño, Daniela Castro, Mariana Arcila, Mariana González, Valentina Penagos y Valentina Yepes.

     

    Trabajos producidos en el curso Imagen IV, orientado por el profesor Luis Jorge Orcasitas.

     

     

     

     

     

  • Esperanza

    Existe esperanza de que algún día las cosas mejoren. Está claro que no podemos seguir el mismo camino. Debemos evolucionar. Hay esperanza, entonces, de que el cambio empiece por cada uno de nosotros. Aprender a disfrutar lo mínimo, la música incómoda de los vecinos, el ruido de los carros que pasan y otras cosas de la cotidianidad.

     

     

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    Trabajo realizado en el curso Camarografía e iluminación, orientado por el profesor Carlos Sánchez Pizarro.

     

     

  • Rutina, esperanza y amor

     

    Dentro de cada rutina afloran sentimientos. En estas imágenes hay un reflejo de la esperanza y el amor que nacen con los días y las horas. Siempre habrá un pronto, un te extraño y un te amo.

    Video

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    Trabajo realizado en el curso Camarografía e iluminación, orientado por el profesor Carlos Sánchez Pizarro.

     

     

     

     

  • Encuentro

    La mayoría de nuestros días evadimos las situaciones que nos incomodan. Postergamos los deberes, las salidas que nos dan pereza y sobre todo nos abstraemos de nosotros mismos. No me gusta la oscuridad ni el silencio por que son momentos que me permiten estar conmigo. La falta de rutina me ha llevado a preguntarme cuáles son los motivos por los que me levanto de la cama. La ausencia de una agenda y el ruido que la acompaña me han obligado a escuchar todos los pensamientos que quiero callar. Ya no puedo distraerme con el cronograma que era mi día a día, ahora tengo que encararme. El confinamiento me ha llevado a descubrirme, ha puesto a prueba la fragilidad que tiene mi alegría y me ha comprobado que sigo siendo un cuerpo y una mente en guerra.

     

    Video

     

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    Trabajo realizado para el curso Camarografía e iluminación, orientado por el profesor Carlos Sánchez.

     

     

     

  • Diario de un miedo

    Miércoles 25 de marzo 2020

    Hoy fue un día extraño. Es como si el tiempo no pasara, pero a la vez las horas pasan como eternidades y yo no dejo de pensar en si realmente es posible volver a la “normalidad” o si esta es la nueva “normalidad” de mi vida.

     

    Intento respirar, mantenerme en paz, tolerar, pero cada vez el encierro imaginario nos pone a prueba a mi familia y a mí. Hay gritos, peleas, quiero salir corriendo.

     

    Me siento agotada, pero al mismo tiempo no siento el cansancio. Me siento perdida en un laberinto cuya salida conozco, pero es como si no quisiera salir.

     

    Ni siquiera sé cómo me siento, pues todos a mi alrededor anhelan que todo vuelva a ser como antes, pero yo me niego a desperdiciar los días en un anhelar algo cada vez es más lejano.

     

    Todo pasó de repente. No entiendo cómo, ni cuando, ni por qué. Es como una película. Un virus invisible ha sido el único en lograr que las personas dejen descansar a la tierra, por primera vez.

     

    Es la única vez que no haciendo nada se puede salvar a la humanidad. Y yo que pensaba que para salvar al mundo debía tener grandes acciones que dejaran huella. Todo está al revés. Al parecer enloqueciéndome hallaré la razón.

     

     

    Viernes 3 de abril 2020

    Hace días no escribo, me sentía agobiada, como sin fuerzas para enfrentarme a mis pensamientos.

     

    Dejé de anhelar “mi vida de antes” pues esta es mi vida ahora, y no sé hasta cuando vaya a ser mi realidad.

     

    Puede que las cosas nunca cambien… pero sé que no puedo salir de esto siendo igual. Aprovecho el tiempo para analizar que quiero cambiar de mi vida, de mi entorno y me he dado cuenta de que la que debe cambiar soy yo.

     

    Agradezco que mi mayor preocupación del día es estudiar y preguntar “¿qué hay para comer hoy?”, ansiando que no se repitan las recetas. Mientras que otros deben preguntar “¿hoy hay para comer?”.

     

    No es justo que no todos estemos en las mismas circunstancias en esta época tan difícil. No es justo. He ayudado a más de 150 familias a que tengan alimentos en sus casas en estas semanas, pero eso no es nada frente a toda la gente que sufre y la cantidad de pobreza que veo a mi alrededor. Tengo mucha impotencia, mucha, y me niego a quedarme quieta, a callarme. Las palabras se han quedado atascadas en mi garganta.

     

    El planeta descansa y los hombres mueren, sufren y lloran. ¿Todos merecen este castigo?

     

    Sábado 4 de abril 2020

    Hoy recuerdo cuando me ponía el corazón en la nariz para ir al hospital y ya no puedo. Siento impotencia de saber que no puedo visitar a tantos niños que están luchando con sus enfermedades, enjaulados por sus enfermedades. Han vivido el encierro desde hace mucho tiempo. Para ellos no es nueva la monotonía de los días, mientras se agradece la existencia, pues la muerte ronda por los pasillos.

     

    Ahora es mi turno de sentir el encierro de mi alma para fortalecer la esperanza en mi interior, y aprender de los nuevos días. Ahora es mi turno de perderme en mi interior para encontrarme y de permitir que esa nariz de “payaso” continúe salvándome en los momentos en que más lo necesito.

     

    Domingo 12 de abril 2020

    Hace días que no escribo, pues la constancia de los diarios me recuerda el tener que enfrentar la realidad de mis actos, la monotonía de los días, la impotencia del encierro. Ahora mi mente está nublada, cansada, pero al mismo tiempo, libre. Siento como si ahora viviera una nueva vida y los meses pasados se alejan de mí con una rapidez absoluta. Me siento vacía del mundo, pero llena de mí.

     

    Es como si me estuviera conociendo y ya no tengo miedo de pasar el tiempo conmigo, mientras aprendo nuevas cosas no solo del mundo, de mi familia, de la realidad, sino también de mí. Me sorprenden mis actos, por lo bondadosos o llenos de odio que son, dependiendo de la situación. Me sorprenden mis palabras que logran ser tanto sanadoras como rencorosas. Me sorprende la vida que sigue siendo complicada aun dentro de mi habitación de 10 metros cuadrados, donde estoy protegida. Pero sobre todo me sorprende el ser humano, que continúa siendo egoísta a pesar de que ve padecer a los demás a su alrededor.

     

    Martes 14 de abril 2020

    Hoy fue un día tranquilo, como si me hubiera acostumbrado a la monotonía del encierro. Los días pasan, a pesar de todo lo que logro hacer, es como si estuviera en una burbuja deseando conocer lo que hay al otro lado del mundo.

     

    Es como si las plantas crecieran con dificultad, las horas se alargaran y las canciones estuvieran cansadas de tanto ser reproducidas. El ser humano necesita del mundo, pues se ahoga en el silencio de la soledad.

     

    Jueves 16 de abril 2020

    Me siento cansada, abrumada por la vida. Pensé que ya me había acostumbrado al encierro. De nuevo mi debilidad humana me demostró la impotencia que se siente al no manejar la vida, sino esperar a que ésta te de una sorpresa.

     

    Siento que la libertad está detrás de mi ventana, pero me debo limitar a desearla. No solo libertad de salir, sino de la mente, ella se empieza a nublar.

     

    Viernes 17 de abril 2020

    Nunca pensé que podría desconfiar tanto de las personas que me rodean. Siempre intento ver algo bueno en ellas, aunque no las conozca, y trato de que los prejuicios no nublen mi razón.

     

    Pero en esta época es difícil confiar. Y más cuando cualquiera que se acerque puede ser un arma, nuestro enemigo llega sin avisar, es invisible y toma a las personas que más queremos como rehenes.

     

    Ya ni me acuerdo de la última vez que hablé con Óscar, el portero que es como mi tío. En mi casa nos hemos encerrado a convivir entre los que nunca hemos salido. Y como Óscar es el único puente con el mundo, con los domicilios, con las visitas… Mis papás temen cada día que se contagie y tras él todos nosotros. Por lo que no me permiten verlo, ni visitarlo.

     

    He vuelto a crear mi mundo dentro de mi casa, donde las únicas personas que existen son mis papás, mis hermanos y Nubia, que no alcanzó a volver a su pueblo. No sé cuánto tiempo tengamos que vivir esto, solo sé que el ser humano es capaz de acostumbrarse a todo, por bueno o malo que sea.

     

    Sábado 18 de abril 2020

    Creo que estoy aprendiendo a vivir con lo que soy y con lo que son las personas que me rodean. En lo último que pensamos es en arreglarnos, en salir, en comprar… Si salimos iguales después de esta experiencia creo que desaprovechamos una gran enseñanza. No nos define lo que tenemos sino lo que somos, lo que hacemos por los demás, lo que reflejamos. Quiero ser diferente. Tengo que cambiar, tenemos que cambiar, el mundo tiene que cambiar.

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y Literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Los platos de mamá

    El lunes es parecido al miércoles. El martes al jueves y el viernes a cada uno de los cuatro días anteriores. ¿Sábado y domingo?, sigo pensando que en esos días brilla un poquito más el sol. De resto un poco de lo mismo.

     

    Me levanto a las 7:50 de la mañana, aunque, si me da pereza, apago el despertador y dejo que el azar ponga límite a mi sueño. No todos los días me baño, lo acepto. Voy por un vaso a la cocina, lo lleno de agua y me lo tomo en el balcón. La luz aún me molesta en los ojos y el sonido de unos pocos carros pasando me recuerda que es otro día. Me tomo el agua despacio, como si fuera un vino o un costoso cóctel. En ese rato pienso: ¿qué fue lo que soñé?, ¿por qué soy así?, ¿la tarea es para hoy o es para mañana?, ¿sí le respondí el mensaje a Gabriel?, ¿qué clases tengo hoy? Todo va pasando como un tren de no sé cuántos vagones que no se detiene a saludar. Pero hay una pregunta diferente, hay una que puedo palpar…

     

    Me siento en el escritorio y empiezo a estudiar. Cada tanto mi papá me llama para que lo ayude con “esas cosas tecnológicas”, claro, yo le ayudo. Dos horas, tres horas, cuatro horas, seis, ocho, diez. ¡Carajo! ¿Podrías por favor detenerte por un momento y dejarme ser?, me cuestiono mientras envío ese trabajo que me arrebató todo el día para solo dejarme con algunos fragmentos del día que verdaderamente me pertenecieron. Le envió un mensaje a mi novia diciéndole que estoy bien, que acabé el trabajo, que la extraño -de verdad la extraño-. Me levanto del escritorio, voy a la habitación de mis papás y me tiro en la cama, tratando de dejar el estrés en la mesa del escritorio, pero el muy desgraciado se me pega de la espalda. Luego me siento en el balcón a tomar el aire (ahora que se puede) y pienso, aunque no quiera, pienso… pero no lo que quiero, más bien lo que me toca. Me despido de mis padres y me acuesto en un terremoto de pensamientos que luego se reflejarán en los sueños. Me persigno, pido ayuda y me duermo.

     

    Mi día no se escaparía mucho del dibujo en blanco y negro de un artista que ilustra la portada de un cuento aburrido.

     

    ¿Qué hará hoy mi mamá de almuerzo?

    Esa es la pregunta que faltaba y la que le da color al dibujo, la que permite que el lunes sea lunes y domingo, domingo.

     

    Desde eso de las 10 se empieza a escuchar el ruido de las ollas. ¿Qué hacemos hoy?, a veces me pregunta y con mi silencio, ya sabe que quiero dejarme sorprender porque me gustan sus sorpresas. Hay concentración hasta que el olor llega, ese mismo que anuncia un festín, descanso y reunión.

     

    Un poco pasadas las doce mi mamá empieza desde la cocina a pedir que ponga la mesa y yo corro a hacerlo porque sé que esa es mi humilde ofrenda para hacerme digno de aquello que mis papilas anhelan.

     

    Lunes de frijolitos, martes de lentejas rancheras, miércoles de pasta, jueves de mondongo, viernes de sudado y domingo de… descanso, ese día pedimos domicilio. Cada día hace algo diferente y cada día me gusta.

     

    Nos sentamos los tres en el comedor: papá, mamá e hijo; una copia no tan sagrada de la sagrada familia. Damos gracias por eso que a tantos les falta y me llevo el primer bocado a la boca.

     

    No sé cuál sea la cura del COVID-19, pero al menos la de mi cuarentena me la da mi mamá cuando me sonríe mientras pregunta… ¿Está bueno el almuercito?

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

     

     

     

  • Correspondencia en pandemia

    La libertad desde mi punto de vista no es simplemente el hecho de salir a la calle. La libertad desde el encierro la he experimentado de diferentes maneras, lo que me ha permitido reflexionar y tener el control de mis emociones sin reprimirlas. Ser libre implica vivir y sentir, por eso narraré desde la luz, desde lo positivo y bello que tiene mi día a día en esta cuarentena: dibujar, crear, pintar, meditar, disfrutar de la “soledad”. Esas son formas de libertad.

     

    Click en la imagen para ver el video:

     

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    Trabajo realizado en el curso Camarografía e iluminación, orientado por el profesora Carlos Sánchez Pizarro.

     

     

     

     

     

     

  • Diario de un encierro a prueba de olvidos

    A la mama patria

     

    Te hemos visto gloriosa, manchada y con la guerra besándote las entrañas. Te hemos querido a pesar de tus balas. Perdonamos verte desangrada y violentada. Los perdonaste tú, nos perdonaste tú.

     

    Recuerdo cuando te limpiaste la sangre de los hijos que no diste a luz, cuando con machetazos te partían el alma, cuando los de corbata te robaban en la cara. También te recuerdo hermosa, dibujada en el cielo, en aquellos tiempos cuando te creían santa y tu gente te respetaba.

     

    Tengo miedo de ver por tu ventana y dormir en tu cama porque desde hace años los ladrones te violan en tu propia casa. Todo lo incendian y se lo llevan y tú te quedaste mama-ndo en el país en que nunca pasa nada.

     

    Ilustración de la autora.

     

     

    Banquete

     

    “… Más allá de cualquier zona prohibida

    hay un espejo para nuestra triste transparencia”

    A. Pizarnik

     

     

    La muerte ha entrado en nuestra casa. Llegó despacito, como un viejo amante que ha venido a dejar promesas y regalos. Ha venido con los ojos vendados, porque en esta velada no le ha de importar si eres joven o poeta, prostituta o anciano. Mucho menos se interesa en si vistes fino o llevas los pies descalzos.

     

    La muerte ha entrado en nuestra casa. No le importa si aún hay unos ojos a los que no le hayas dicho te amo. Pasó de largo y se muestra indiferente frente a si la vida no nos ha bastado. Da zancadas cada vez más largas y llega bailando al compás del arrepentimiento de las caricias que nunca jamás quisimos no haber dado.

     

    La muerte ha entrado en nuestra casa. Esta vez ha llegado hasta la sala, y aunque las ropas le importen poco, esta noche ha venido elegante, solo para recordarte que nunca es demasiado tarde cuando es ella quien aplaude.

    Ilustración de la autora.

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y literatura,

    orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

     

     

     

  • Un trago con el jefe

     

    Imagen de la película Los viajes del viento, dirigida por Ciro Guerra.

     

    Cuando caiga a la tumba por fin seré libre. Te llamaré para hacer una parranda con vallenatos debajo de un palo de mango. Hablaremos tranquilos, sin afanes y sin preocuparnos por usar el celular. Me contarás de tus andanzas con los otros cuerpos, los últimos cinco segundos de sus agonías. Me dirás en quién pensaron, qué sintieron y cómo trascendieron al otro lado. Reflexionaremos sobre lo que hicimos mal y lo que nos faltó por hacer. Compraremos una botella de ron y negociaremos unos minutos más de tiempo. Ese tiempo que solo tú vendes a un precio muy alto, se paga con gotas de sangre. Debatiremos sobre tu sed por el sufrimiento y la desgracia de aquel mundo. Te haré una entrevista sobre cómo seleccionas los virus que utilizaste para matarnos. Me dirás que esa es tu naturaleza, que tienes que regular el mundo; te entenderé. Ya cuando estemos borrachos me reiré en tu cara y seré recordado como aquel que se tomó un trago con la muerte.

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y literatura,

    orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

     

     

     

  • Un recogimiento diario

     

     

    La tarde oscurece.

    Las aves se guardan,

    los grillos cantan.

     

    Por estos días en los que el tiempo se ha estirado y la sensibilidad ha llenado de colores mis ojos e intensificado mis sentidos, veo la vida pasar un poco más lento y todo comienza a tener sentido. Aquella ceiba pentandra, que tiene cuatro veces mi edad y adorna mi vista cada que miro por la ventana, es la majestuosa culpable de que cada año por esta época de abril sufra de severas crisis de alergias y estornudos constantes. Por las lluvias del mes, este inmenso árbol suelta unas lanitas a través de sus frutos llamadas capok. Según me contó un tío, eran utilizadas hace muchos años como rellenos de almohadas. Seguramente si hubiese nacido en aquella época habría muerto ahogada mientras dormía.

     

    Capok de la ceiba pentandra.

    Foto: Melisa Gómez Vanegas >>

     

     

     

     

     

    Los días pasan,

    la cuarentena aumenta.

    La mente no descansa.

     

    El miércoles 08 de abril fue reportado el primer caso de COVID-19 en el municipio de Copacabana, donde vivo. Las calles comenzaron a verse más solas al pasar de los días, el silencio que siempre había anhelado escuchar al fin ocurrió, pero en unas circunstancias que jamás hubiera deseado.

     

    El corazón se rompe

    Su fachada muere

    Vuelve a sentir

     

    Las bases de la cultura oriental nos enseñan una vez más que es tiempo de sentir, de fluir, de excavar en los adentros de nuestra mente y ser, conocernos a nosotros mismos y dejar de mecanizar de una vez por todas nuestra vida, a nosotros mismos, lo que sentimos y nos rodea. No estamos acostumbrados a sentir, queremos controlarlo todo y tal vez esta es la oportunidad que necesitábamos para volver a nacer, para vivir de verdad. No para sobrevivir como estábamos acostumbrados.

     

     

    Los besos no lo entienden,

    los abrazos se entristecen.

    El virus espera.

     

    Este período enclaustrada en casa me ha invitado de una manera sutil a conocer más a fondo a mi familia. Por ejemplo, descubrí que mi madre tiene una paciencia infinita y súper poderes, pues además de ser profesora universitaria de economía internacional, es madre cabeza de familia: se acuesta a la 1 de la mañana y se levanta cinco horas después, de lunes a viernes. A las 7, ya tiene listo el desayuno, el almuerzo y media casa organizada.

     

     

    Además de todo esto, se baña con agua fría, por no decir helada, sin hacer ruidos de congelamiento ni quejarse, esto sí que es un súper poder. Corrige torres y torres de exámenes repletos de gráficas y números que se ven terriblemente tediosos de hacer -imagino que es peor revisarlos- mientras lo hace prepara sus siguientes clases y las próximas actividades evaluativas. Atiende las inquietudes de sus alumnos por correo y grupos de WhatsApp mientras recibe llamadas de sus hermanas por el teléfono fijo de la casa, lava los trastes en cuestión de segundos y por donde quiera que pasa todo reluce. Le queda tiempo para regañarnos a mi hermano y a mí por no hacer determinada labor a la velocidad de la luz como lo hace ella. También se maquilla y organiza para entrar en la virtualidad a dictar sus clases. Lo sé, es increíble que se bañe con agua fría a esas horas de la mañana y lo disfrute.

     

    << Una oportunidad para reconocernos. Foto: Melisa Gómez Vanegas.

     

     

    Descubrí también que mi hermano no es un robot (sus extraordinarias habilidades matemáticas, agilidad en video juegos, responder solo lo preciso, moverse mecánicamente y ejercitarse como si fuera una máquina) sino que tiene sentido del humor, una novia y de vez en cuando me abraza. La verdad me alegró saber que tenía sentimientos y que, por lo menos, uno de los dos puede triunfar en el amor.

     

    Este aislamiento ha sido un recogimiento para mí, además de observar mi alrededor con detenimiento, he tenido la posibilidad de adentrarme en lo más profundo de mi ser y descubrir quién soy en realidad. Hay que tener tiempo y agallas para querer escuchar lo que tiene por decir el crítico más despiadado de todos: la conciencia, pero también mucho amor para abrazar esa oscuridad y recordarle que no es tan mala como uno cree. Solo espero que, cuando esto pase, nada vuelva a ser igual y que todo lo que está ocurriendo valga la pena para replantear nuestro estilo de vida y empezar de nuevo, con más humildad, con más respeto, con solidaridad, amor y sobre todo, conciencia.

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.