Cada vez son más las mujeres transexuales que cada día luchan por un futuro en el que su voz sea escuchada, sus acciones reconocidas y su valor admirado; y aunque han logrado grandes cosas gracias a su lucha y valentía, todavía falta mucho por conseguir en ámbitos sociales como la educación, el trabajo, la educación y la salud.
Este especial multimedia permite conocer historias, varias perspectivas e información sobre esta población en Medellín.
Click en la imagen para navegarlo:
——
Trabajo realizado en el curso Periodismo V, bajo la orientación del profesor Gabriel Jaime Lotero.
Solo en febrero de este año, al menos 20 mujeres fueron asesinadas en Colombia y durante la cuarentena, la violencia contra las mujeres ha sido noticia recurrente. Todo empieza desde que se pierde el respeto por las mujeres; cuando ya no hay diferencia entre uno piropo o diez, cuando para él son costumbres tanto cogerte “durito” como el momento en el que el jefe hace esos chistes fuera de lugar. Es precisamente el hecho de que la violencia, de cualquier tipo, hacia la mujer, sea tan recurrente, lo que nos hace vulnerables.
Para cambiar un hecho debemos conocer su causa y es precisamente eso lo que como ciudadanos no entendemos. ¿Acaso la responsabilidad del maltrato hacia las mujeres recae sólo en un género? Si no existen el respeto ni la tolerancia es porque en nuestra sociedad no hay reconocimiento del papel que las mujeres desarrollamos en esta.
Como mujeres el primer paso para adoptar, esencial e imprescindible, es el de apoyarnos las unas a las otras, sin demeritar nuestros trabajos o nuestra capacidad, para además de ser tomadas en cuenta, poder llegar cada vez más lejos y más alto en la sociedad. Sin embargo, aunque todas quisiéramos este reconocimiento, los hombres también tienen un trabajo puntual. Con respecto al papel de los hombres frente a este tema, es común que se normalicen ciertas acciones o pensamientos que en definitiva fomentan un maltrato hacia nosotras y no está bien, para esto se necesita una reflexión por parte de ellos. Hay que entender que los códigos de comportamiento de los hombres de antes no pueden ser los mismos de ahora, que la responsabilidad es conjunta y el cambio también lo hacen ellos, y que al igual que los hombres cuando sufren violencia, nosotras sufrimos el doble por ser mujeres.
Vemos en la cotidianidad que la mujer puede, por eso, hablemos de ella, cuestionémonos de lo que pasa, de lo que podemos hacer como familias, ciudadanos o simplemente como personas que queremos un mejor estilo de vida, para potencializar a las mujeres de nuestro alrededor, como un tesoro no descubierto, porque nosotras podemos cultivar y cosechar un fruto en la sociedad, podemos pensar y ser críticas, pero sobre todo, podemos ser un apoyo entre nosotras.
——
Trabajo realizado en el curso Introducción a la Comunicación, bajo la orientación del profesor Luis Fernando Gómez, publicado en el periódico El Colombiano.
Justicia menstrual y educación sexual son dos cuestiones prioritarias en la agenda para una sociedad que tiene la urgencia de garantizar el ejercicio pleno de todos sus derechos a las mujeres. Estos asuntos son visibles gracias a la movilización en torno a ellos que ha cobrado fuerza recientemente y este especial multimedia ahonda en las explicaciones sobre la relación de estos asuntos y de los activismos que reivindican su importancia, con fenómenos estructurales que la sociedad toda debe afrontar.
Click en la imagen para navegar el especial:
—–
Trabajo realizado para el curso Periodismo V, orientado por el profesor Gabriel Jaime Lotero.
En medio de la pandemia por Covid-19, el aislamiento obligatorio ha llevado a las trabajadoras sexuales del centro de Medellín, muchas de las cuales son madres cabeza de familia, a tomar medidas que ponen en riesgo su salud y tranquilidad.
<<Para las que optan por mantenerse en las calles el reto es doble: subsistir y protegerse.
Foto: Joaquín Sarmiento.
El aislamiento obligatorio que restringe la circulación en las calles ha disminuido casi a cero el número de clientes que buscan servicios sexuales desde el 19 de marzo, cuando se dictaron las primeras medidas de confinamiento. La limitación y las alertas en relación con el contacto físico llenan de incertidumbres las proyecciones de recuperación para las mujeres que ejercen la prostitución.
Falta de registro
Según Mary Luz López, autora del libro Alzo mi voz, a muchas de estas mujeres les ha tocado salir a las calles a exponerse a contagios y multas porque los gastos y las necesidades no dan espera. Otras se encuentran trabajando en negocios abiertos clandestinamente, incluso hay quienes han optado por el microtráfico de estupefacientes. Y es que, aun con las campañas de colectivos como Putamente Poderosas o programas de entidades gubernamentales como la Secretaría de Inclusión Social y Familia, las ayudas humanitarias no han sido suficientes para toda esta comunidad.
“La mayoría de las mujeres están en crisis. Al inicio de la cuarentena se entregaron unos mercados que consistían en una libra de arroz, un kilo de fríjol, azúcar, más o menos con un valor entre $30.000 y $35.000. No es suficiente para calmar el hambre en una familia de dos a tres personas”, indicó Luz Mery Giraldo, representante legal de la corporación Guerreras del Centro. La realidad es que muchas de estas mujeres tienen de tres a cinco hijos y un compañero que también se encuentra sin empleo, pues usualmente son trabajadores con oficios informales igualmente afectado por el encierro. Por tanto, son urgentes para ellas las ayudas que posibiliten el sustento de sus hogares, por lo menos en estos días de inactividad.
El problema no es nuevo
La cotidianidad de estas mujeres siempre se ha visto tocada por la discriminación, las precariedades, los abusos por parte de la fuerza pública, entre otros factores que dificultan la normalización de dicha labor. “Cuando deciden que tienen que salir, porque no hay de otra, como han hecho algunas, lo único que reciben es ser llevadas al CAI, maltrato y abuso por parte de la Policía, comparendos, a lo que ellas responden: ‘que me pongan todos los que quieran, igual no tengo ni para comer’”, indicó Tatiana Cano, integrante del colectivo Putamente Poderosas.
Varias de estas mujeres afirman que lo peor que puede pasar es que se enfermen. Así dijeron entre gritos y algarabía en la segunda entrega de mercados que realizó Putamente Poderosas: “Si no nos mata el COVID, nos mata el hambre”.
Es importante destacar que, para muchas madres trabajadoras sexuales, la angustia por sus hijos, el riesgo de contraer enfermedades, el maltrato por parte de sus familiares y allegados no es algo nuevo. “De uno se aprovecha el de los mandados, el de los tintos, la familia, la iglesia, la sociedad”, contó López. Destacó que, aunque es más difícil conseguir sustento en esta época, las mujeres no cambian el ejercicio de prostitución.
Los matices de un ideal de madre
Muchas de estas madres se sostienen en el ideal de “sacar adelante a los hijos”, que puedan tener, en pocas palabras, “tener lo que ellas nunca tuvieron”. En efecto, hay quienes tienen hijos profesionales que nunca supieron el oficio de sus madres.
Otras alternativas
Para la mayoría de estas mujeres, la única fuente de ingresos es el trabajo sexual y es por esto que algunas están buscando cambiar de oficio para sostenerse, dado su futuro laboral incierto. Algunas de ellas se están reconectando con actividades como la costura, la venta de productos. Otras están buscando opciones como ser modelos webcam, vender fotos, videos, entre otros productos digitales, pero carecen de recursos tecnológicos o no tienen cuentas bancarias para hacer estos oficios.
Las Guerreras del Centro, por otro lado, están buscando sobrellevar la angustia y la ansiedad de esta situación por medio de trabajos manuales, escritura, poesía, interacción en redes sociales con videos y fotos, entre otras cosas. Buscan donaciones de equipos tecnológicos para su progreso, a la vez que aprenden progresivamente el manejo adecuado de las TIC.
Falta también conciencia. Algunas de estas trabajadoras no están tomando las medidas de prevención necesarias. “De alguna cosa nos tendremos que morir, pero el hambre no nos la aguantamos”, expresaron algunas de ellas. Muchas incluso se incomodan ante la idea de evitar el contacto físico. Están buscando trabajo en otros sitios, huyendo de la Policía, evitando que las aborden, tratando de conseguir clientes.
El trabajo sexual afronta retos derivados de la necesidad de evitar el contacto físico. Probablemente disminuya la oferta, algunas voces hablan de formalización y parte importante de quienes ejercen el oficio están buscando alternativas. Pero, según Acevedo, lo que llaman “la gran oportunidad del coronavirus”, no aplica para esta población, porque sería volver a configurar un sistema de vida que viene de hace muchos años.
¿Qué sigue ahora?
“Yo siento que el país está en una situación económica muy complicada, lo cual hace que el panorama sea muy crítico. Sería muy optimista y muy poco realista decir que van a poder vivir de otros oficios en estos momentos”, señaló Cano.
——
Informe realizado en el curso Periodismo II, orientado por la profesora Claudia Sánchez Aguiar.
De acuerdo con las cifras sobre hechos de violencia intrafamiliar en seis países del mundo, Colombia tiene un lamentable registro de casos de agresión, generalmente contra las mujeres. Encuentre los detalles en la siguiente infografía.
Haga click en ella para ampliar la imagen.
Trabajo elaborado por María Alejandra Espitia Martínez y Alfonsina Botero León en el curso: Infografía Periodística, orientado por la profesora Beatriz Elena Marín.
Publicado en el periódico El Mundo el 25 de mayo de 2020.
La moda no es tan arbitraria y caprichosa como se la juzgan con frecuencia y, paradójicamente, con frivolidad. La idea es de Tomás Carrasquilla, un hombre de letras de la antigua Medellín, que comprendía el papel de un concepto, muchas veces menospreciado entonces e incluso ahora, que se habla de una industria local en torno a él.
Doña Graciela Giraldo nunca fue escritora como el gran Carrasquilla, pero de letras sí sabe al menos un poco. Nació en Anserma, Caldas; lugar que la vio crecer por la década de 1940 y donde años más tarde conocería la modistería que la sedujo y que pasaría a ser parte de su esencia como mujer.
Cuando llegué a su casa, ubicada en el tradicional barrio de San Marcos en Envigado, esta modista de 80 años me recibió con cuatro volúmenes que describían grandes páginas diferentes aspectos de la moda; un par de ellos eran resúmenes anuales, otros revisaban el tema en el último siglo y uno, más grande, proponía una historia de la moda en los últimos dos milenios.
En uno de estos libros se mencionaba la legendaria diseñadora, Coco Chanel. Ella, que a principios de los noventa afirmó en una conversación con Paul Morand que la moda no se encuentra solo en los vestidos, sino en las ideas, costumbres y acontecimientos de un momento en especial.
Ana María Restrepo no estuvo presente en medio de la conversación anterior. Pero sus palabras resonaron en un café de moda del barrio El Poblado, repasando las mismas ideas que Chanel dijo décadas atrás. Nació en Medellín, en la última década del siglo pasado, aunque vivió parte de su infancia en el exterior y recuerda cómo la cercanía con su abuela la llevo a apasionarse por el mundo del arte. Para ella, diseñadora de vestuario de 23 años, la moda no se basa solo en el vestir, “es más bien – se explica- como una bola de nieve que en su camino va incorporando diferentes situaciones o estilos de vida”.
Hace ya varios días me surgió la curiosidad acerca de qué pensaría una feminista de la moda y me encontré con Virginia Woolf, ella se refirió a la moda como algo capaz de cambiar nuestra visión del mundo y con esto, cambiar la visión que tiene el mundo de nosotros mismos. Y con esta afirmación me surgió una duda ¿Cómo estas dos mujeres se ven reflejadas desde su propia idea de la moda?
Medellín, entre tules, plumas y brillantes. Collage: María Antonia González Vallejo.
Luego de hablar con ambas, mujeres que han dedicado su vida por completo a la moda, pero que al mismo tiempo tienen historias tan diferentes y distantes, me di cuenta que, así como une generaciones, épocas y espacios, la moda también puede ser objeto de estudio en los paralelismos en la vida de mujer.
En el pueblo donde vivía doña Graciela había tres o cuatro modistas para ese tiempo. Una de ellas era su prima mayor, quien después de verla creando los vestidos de sus muñecas le propuso enseñarle a usar una máquina de coser y allí comenzó a comprender la importancia de saber vestir y tendría sus primeras ideas para afirmar años más tarde: “la ropa es la segunda piel de la persona”.
Por su parte, Ana María, al interesarse en un inicio por el arte, creó dentro de sí un sentido amplio de la estética que, con el paso del tiempo, la llevaría a su vocación por el diseño de vestuario, para lo cual finalmente usaría el cuerpo de la mujer como inspiración: “la mujer en la moda ha sido mi musa, alrededor de ella suceden acontecimientos, polémicas e historias”.
Ambas mujeres, separadas por la abismal diferencia de sus estilos de vida, tienen claro que la mujer y la moda se envuelven entre sí de tal manera que dan un soporte no solo a la sociedad en la que vivió doña Graciela, sino también en la que hoy Ana María sigue creando. La moda como la segunda piel de la mujer o la mujer como la infinita musa de la moda. Ambas respuestas nos llevan a reflexionar sobre la relación íntima de los dos conceptos.
El siglo XX jugó un papel fundamental en la importación y creación de la moda en Medellín. No solo por el hecho de que existía más facilidad para importar telas y moldes, sino porque, como lo afirma doña Graciela, en “toda casa donde hubiera mujer tenía que haber una máquina de coser”.
Esta situación claramente ha cambiado, las mujeres ya no van a la universidad a estudiar como ella lo hizo “Economía del Hogar”, una carrera traída por los norteamericanos que pretendía enseñar a las mujeres a cocinar, coser y atender los niños de la manera más eficaz. Por el contrario, las mujeres ahora buscan sus horizontes mucho más lejos de ese lugar clásico y es desde aquí que se aprecia más el contraste en cómo las dos mujeres en cuestión hacen de la moda un arte.
Algodón, lana y nylon eran las telas más pedidas en el almacén donde doña Graciela era vendedora cuando tenía quince años, en su natal Anserma. Las personas iban a comprar los “cortes” para luego ir donde la matrona de la casa a que ella, con algunos moldes que se prestaban entre las mujeres del pueblo, hiciera la ropa que la familia debía usar diariamente. El vestuario prêt-à-porter o listo para usar, se quedaba en algunas pocas tiendas de mucho renombre en aquella época y solo podían ser comprado (o en su mayoría alquilado) para situaciones de suma importancia.
De lana y algodón se ve muy poco en el vestuario que Ana María hace para sus clientas; en su gran mayoría, prendas totalmente personalizadas. Para ella, antes de empezar a crear, es importante recorrer toda la variedad de telas que se puedan encontrar en la ciudad. Ahora aquella que se vea diferente es la que más resalta durante la fiesta. Entre tules, transparencias y brillos, la joven diseñadora crea un estilo, como ella lo define, “para una mujer femenina y libre”.
Es así como las últimas dos décadas comenzaron de la mano del vestuario prêt-à-porter, la gran producción en masa de la moda se ha tomado el mercado del vestir diario. Pero las horas de trabajo en una máquina de coser, los detalles realizados a mano y la compra de telas específicas, se han guardado especialmente para las ocasiones importantes.
En medio de nuestra conversación, doña Graciela recordó que, a pesar de que para ella la máquina de coser había brindado “autonomía y poder de decisión”. A la mujer de su tiempo muchas veces no se le permitía elegir la tela o los diseños que iba a usar. Al almacén de telas de Anserma entraban ensombrerados los hombres dispuestos a elegir cómo debían vestir sus familias, lo que incluía claramente a su esposa e hijas. El ejercicio de la creación del vestir propio de la mujer quedaba relegado al hombre, ellas solo se disponían para hacer la producción.
En la actualidad ello resulta impensable, como lo constata la reacción de Ana María a esta referencia durante una conversación en la que ella resaltó la gran diferencia con el estilo de vida que llevan las mujeres que viste. En un mercado donde la gran mayoría de personas se ven igual, estas mujeres se apropian de su irreverencia para resaltar por medio de su vestuario, siendo el mismo un retrato de las dinámicas feministas que se dan en la actualidad: buscan los detalles, buscan aquello que represente una conexión con sus creencias más arriesgadas. La opinión del hombre queda, en la mayoría de los casos, olvidada en este ámbito de sus vidas.
Pero no todo entre ambas mujeres es tan diferente, tal vez porque simplemente su género y su pasión las unió. Ana María procura en cada creación resaltar el cuerpo de la mujer, la sensualidad y la feminidad son parte de su sello. Aunque doña Graciela no tuvo estos aspectos como eje en sus creaciones, sí tenía claro que a la mujer siempre le ha gustado vestirse bien y, como ella lo dijo, “verse limpia y ponerse al menos algún detallito”.
Doña Graciela recordó que, a pesar de que para ella la máquina de coser había brindado “autonomía y poder de decisión”. A la mujer de su tiempo muchas veces no se le permitía elegir la tela o los diseños que iba a usar.
Es entre estos paralelismos, coincidencias y curiosidades, que recuerdo y encuentro particularmente fascinante la afirmación de Lipovetsky al comentar que, aunque las ideas de belleza cambien y las mujeres hoy tengan grandes cargos en sus manos, mantienen con gran prioridad la dimensión estética. Tal vez porque, sin importar qué tan diferentes seamos unas de otras, en la moda hay algo que nos atrae, el arte que nos une en nuestras fibras más sensibles y femeninas, que nos permite con sutilidad crear la imagen que deseamos con todas nuestras pasiones que vean de nosotras.
A las 8 de la mañana empiezan a llegar los concejales: algunos, sonrientes y con palabras de buenos días para todo aquel con el que se atraviesen; otros, silenciosos y ocupados, con la simple intención de escurrirse hasta su oficina. Hoy Luz María Múnera Medina ha sido de los de esa segunda clase; hace menos de 12 horas se encontraba en un vuelo de regreso de Bogotá y ahora, lejos de sentirse aletargada o distraída, ella sacude su cara redonda con energía mientras organiza su agenda del día.
Luz María Múnera hace política desde los 13 años, cuando ingresó al movimiento estudiantil de izquierda.
Con casi 40 años haciendo política —a los 14 decidió participar en el movimiento estudiantil de izquierda—, a la concejal le gusta admitir que tiene la maldición del paraíso: ser de izquierda y ser mujer. Después de dos lanzamientos de campaña, que inició con la intención de hacer las cosas mejor y para dejar de ser encasillada como la secretaria del Polo Democrático Alternativo, Luz María se posicionó como una de las pocas mujeres dentro del Concejo de Medellín y una de las voces actuales más críticas de la administración municipal.
—Hacer política no es fácil, yo creo que ni siquiera la izquierda tiene muy claro el tema de la participación de las mujeres en término de que no saben para qué servimos. Entonces nos tocan hacer mayores esfuerzos, siempre me ha tocado; un hombre da un discurso con tres palabras y nadie le dice nada, mientras que a nosotras se nos exige conocimiento, capacidad y formación si queremos tener un lugar decente.
Los primeros cargos que ocupó Luz María Múnera en su partido se limitaron a temas financieros y de papeleo; siendo secretaria administrativa y gerente de campañas, ella direccionó los fondos para las operaciones electorales de distintos candidatos del Polo y, más tarde, planeó las de Rodrigo Saldarriaga para la Cámara de Representantes. Por esta última experiencia, la concejal confiesa que se consolidó su decisión de iniciar su propia campaña política; una en la que solo sacaría 1700 votos y por la que fue agredida.
—Fue algo muy duro, especialmente por el dinero de campaña; recuerdo mucho que un compañero nos dijo a dos mujeres: “Es que a ustedes no se les puede dar plata porque la gastan en arepas”. Después de eso, empecé a buscar mis propias finanzas y a estudiar Administración Pública. Yo dije: “Contra viento y marea de izquierda y derecha, que si esa vieja es loca, esa hijueputa como jode, ella no es capaz… no importa, yo voy a ser concejal”.
La concejal del Polo Democrático abre los ojos y gestualiza mientras habla; a diferencia de lo que sucede en las sesiones plenarias, su fuerte carácter parece amortiguarse con su voz serena y el paisaje celeste que se entrevé en las ventanas de su oficina. De cuando en cuando, David, uno de los jóvenes que integran su equipo de trabajo, la observa y asiente.
—Pero esto no ha sido un trabajo sola; yo logré conformar un equipo académicamente muy bueno y políticamente muy claro, y lo empoderé. Aquí lo primero es prepararse y aprender a tomar decisiones colectivas; si no, te perdés y, como mujer, con mayor razón.
Durante esos primeros meses en el Concejo, Luz María estuvo a punto de abandonar el cargo; por lo que más tarde denominaría una crisis moral, ella confiesa que terminaba el día con lágrimas en los ojos y con vergüenza por esa sensación que tenía de estar participando en algo repulsivo: ¿yo por qué me tengo que sentar con esta manada de ratas?
—Yo me lo imaginaba y pensaba que al interior esto iba a ser malo, pero me equivoqué: era peor. Por eso, debes decidir si te dejás o no te dejás: uno de los machos te pega un grito y te ponés a llorar o te parás firme con toda la propiedad que te da el conocimiento. Eso se ha ido superando no porque ellos aprendieron, sino porque no me dejo -Ella reposa las manos sobre la mesa y su mirada se suaviza—. Hemos tenido momentos muy duros. Yo este año me separé y eso aquí ha armado un revuelo porque soy mujer… que si tengo o no tengo mozo, que si me acosté con David o con tales, que por qué estoy tan flaca y me puse bonita. Esas cosas me afectan, pero ante lo público siempre sigo firme.
Como parte de la oposición a la alcaldía actual y por la misma naturaleza de su carácter, Luz María Múnera ha tenido numerosos enfrentamientos con sus compañeros concejales; desde el desafío a una pelea a puño limpio con Bernardo Guerra Hoyos —el rey de los machos— hasta la lucha contra la disminución de los presupuestos para las mujeres. Aún con un dejo de contrariedad en su voz, la concejal se queja de que, para este cuatrienio, los fondos para la población femenina bajaron más del 70%.
En la actualidad, la Secretaría de la Mujer en Medellín está contando con 40 mil millones de pesos para esta administración, es decir, 20 mil millones de pesos menos que bajo otros mandos. Respecto al área de participación política de la misma entidad, las cifras se reducen: según Luz Constanza Jiménez, profesional universitaria de la misma Secretaría, en este año solo se disponen de 350 millones de pesos para la realización de actividades promotoras del empoderamiento político de mujeres.
—Hay que mirar nada más los programas de la primera dama, son programas para que cumplas tu función histórica como mujer: criar hijos, casarte, ser juiciosa. No hay una concepción de avanzada frente a nosotras, por eso tenemos que seguir trabajando y no dejarnos; no debemos llorar por esas cosas, sino imponernos por nuestras capacidades, tampoco se trata de ser feministas radicales, sino de caminar con los hombres… y, sobre todo, se trata de amarnos a nosotras mismas.
A las seis de la tarde del viernes, el sexto piso de la Gobernación de Antioquia parece la sala de un hospital abandonado. El largo pasillo se abre desde las puertas de vidrio hasta un punto inalcanzable para la vista, las sillas empotradas en la pared de la derecha permanecen vacías y los recepcionistas —una mujer joven y distraída por la Secretaría de las Mujeres y un hombre de chaleco por la de Productividad y Competitividad— lucen como zombies mal remunerados.
—Hasta mañana… hasta la vista… hasta mañana —canta una mujercita gruesa mientras sacude la coleta de cabello rojizo que cuelga de su cabeza y desaparece en los ascensores a la salida de la oficina.
A pesar de todo, el letargo del fin del día aún no se ha extendido por todo el recinto; acompañada por un cuadro de pinturas de colores y unas letras recortadas en la pared que forman la palabra “Triunfo” —con una carita feliz encima de la “i”—, la secretaria de las Mujeres de Antioquia no ha dejado de mover cosas, recibir llamadas y atender citas. Sin importar la jornada, los grandes ojos de Luz Imelda Ochoa Bohórquez, la cirujana que llegó a ser concejal de Bello en el 2008, siguen rebozando energía.
En el 2008, Luz Imelda Ochoa empezó a incursionar en los espacios de poder como presidenta del Concejo de Bello.
Foto: Gobernación de Antioquia.
—Yo no soy practicante ni religiosa, pero yo creo en el ser humano y en su capacidad de trascender de su biología.
La voz de Luz Imelda hace ecos entre las paredes mientras ella se explica; para la secretaria de las mujeres, cada tipo de división social, cultural y política se sustenta en el concepto de la evolución. Sin creer en juicios de valor, ella argumenta que todo suceso humano tiene una causa natural y un efecto progresivo. Y la participación política de las mujeres, como la brecha más grande en el mundo, no hace la excepción.
—Por la evolución, llegamos hasta donde estamos; en un esquema que se heredó transgeneracionalmente, que está incorporado en los programas neurológicos de comportamiento y que inclusive tiene marcas genéticas en los humanos. Esa es la polaridad, la teoría de que todo tiene su opuesto: hombres y mujeres, blancos y negros, pobres y ricos. Aun así, en comparación con todos los siglos de discriminación y desigualdad, hemos avanzado en los últimos 120 años, y mucho. Empezando con los hombres, estábamos en un concejo de solo hombres, ¿acaso no fueron ellos los que empezaron a votar para que hubiera mujeres?
De esta forma, se pueden rescatar las palabras de Aura López: todo ha sido cuestionado por el feminismo: lo familiar, lo doméstico, lo cultural, lo laboral, lo religioso, lo sexual, lo histórico y, es casualmente a esa tarea de lucidez y de lucha, a lo que se deben los espacios que hemos venido conquistando a través de la historia. Luz Imelda asegura: —Es que estamos construyendo juntos una sociedad más evolucionada; despacio, pero vamos por una sociedad de iguales.
Haciendo un recorrido por la historia de la ciudad, la tardanza se convierte en uno de los aspectos más llamativos en la implementación de acciones por la equidad de género. De acuerdo con un análisis de la Alcaldía de Medellín, las problemáticas femeninas solo adquieren legitimidad pública en 1990 y, pasados diez años, la administración municipal materializa soluciones para ellas con la creación de la Subsecretaría Metromujer (2002) y el ascenso de esta al rango administrativo de Secretaría (2007) —siete años después de haber sido fundada la Secretaría de Mujeres de la Gobernación de Antioquia—.
Luz Imelda exhala con fuerza, hace un gesto hacia sí misma y continúa: —Para estar donde estoy, he recibido ayuda de toneladas de hombres: mi papá, mi abuelo, mi hijo, mi exesposo, mis amantes, mis amigos, mis funcionarios, mis profesores… ¿cómo negar que estamos llenos de hombres y ellos están llenos de mujeres? Todos nos acompañamos en el proceso de evolución. Solo hay que acostumbrarnos a la idea de que somos diferentes, pero iguales. Claro que, en la política, por ser la instancia del poder, es más difícil.
—Hemos podido incursionar en todas las cosas en las que no somos tan amenazantes; derecho en la salud, educación, adquisición de bienes… en todo. Siempre se podrá montar otra empresa de hombres y mujeres y siempre se podrá acceder a una universidad, pero los cargos públicos son más limitados numéricamente y si los hombres pierden esos cupos… ¿quiénes los ganan? Mujeres. Ahí es donde ellos se han negado, entonces nosotras nos encontramos con violencia política, techos de cristal, pisos pegajosos…
En los últimos meses la Gobernación de Antioquia ha formado en participación política y electoral alrededor de 470 mujeres en la denominada Escuela Política Pa’ Mujeres; de estas, 420 se perfilan como candidatas para el 2019. Luz Imelda Ochoa, quien es líder del programa, explica que, más allá de la competencia masculina, el verdadero reto para las mujeres es luchar contra la culpa de salir de sus casas y el miedo de ser señaladas. Pero eso no es todo: estas dificultades son constantes, nunca se superan del todo; una vez que ellas alcanzan un cargo decisorio, el siguiente paso es conservarlo.
—Los hijos solos, el trabajo político, el marido que se siente en una condición de inferioridad; normalmente hay muchas separaciones de matrimonios para las mujeres que avanzan en la política. Todo esto tiene un costo y hay muchas que, frente a lo que están “perdiendo” y lo que están viviendo al interior de sus hogares, se preguntan: “¿Esto sí vale la pena?”. Para nosotras, ese es el momento crucial de soltar todo. Muchas se han ido. Por eso, este año hemos diseñado un mecanismo para estar ahí con ellas y decirles: “Sí, sí vale la pena”.
Luz Imelda Ochoa Bohórquez sonríe, hace una seña para pedir silencio a su hijo, quien acaba de llegar a la oficina, y concluye: —El tema se llama poder y hay que ponerlo en boca de hombres y mujeres, que tengan la posibilidad de decir: “Está bien tener poder para liderar”. Muchos humanos somos líderes, pero hay unos que debemos tomar decisiones. Y así somos los políticos: imprescindibles, necesarios, divinos… pero putiados, mal vistos, corruptos. El poder es una belleza y, por eso, los políticos deberíamos ser lo mejor de lo mejor.
A unos pasos de la Fundación Universitaria de Bellas Artes, cerca de la estación del tranvía Pabellón de las Aguas, se alza un letrero verde de letras amarillas encima de lo que pareciera el enrejado de una casa vieja. En él se lee una de las leyendas femeninas más simbólicas en el siglo XX: Unión de ciudadanas de Colombia. Luchar por el derecho al voto y lograr la conformación de organizaciones y entes del Estado que trabajaran el enfoque del género fueron las consignas de la UCC en 1957, que, para entonces, se constituyó en una de las organizaciones pioneras en promover los derechos humanos de las mujeres en Medellín.
Sonia Vásquez inició en la política sin un partido, con la intención de darle voz a los comerciantes de Barrio Triste.
Foto: cortesía.
Como sucede con la mayoría de las edificaciones de La Candelaria, los muros de la central no son más que ladrillos pesados que exhalan una fuerte presencia con olor a polvo y madera antigua. Después de una larga pausa del timbre eléctrico, se escuchan los pesados pasos de lo que termina siendo una sombra pequeña y abultada al otro lado del oscuro pasillo. A pesar de la expresión cansada en sus ojos oscuros, la vicepresidenta de la Unión de Ciudadanas de Colombia y actual consejera de Participación Ciudadana por Antioquia y Medellín muestra una amplia sonrisa y se acerca a la reja.
Sonia Vásquez Mejía recuerda su incursión en la política desde sus años en la Fundación de Comerciantes del Corazón de Jesús “CORAJE” en Barrio Triste; entonces ella era la directora ejecutiva de la organización y debía hacerle frente, junto a los habitantes del sector, a la incertidumbre provocada por el entonces vigente acuerdo municipal que permitía el desalojo de los comerciantes para la construcción de zonas de edificios. Tan solo después de un paro cívico en 1993 y el lanzamiento de Sonia a la JAL por la comuna 10 y, posteriormente, al Concejo de Medellín, la problemática encontró una solución temporal.
Así se dio el ascenso político de la comunicadora social; desde gerente del Centro y secretaria de las mujeres hasta concejala por la Alianza Social Independiente y candidata para la Cámara de Representantes por el Partido Verde, Sonia Vásquez ha logrado ser una de las mujeres líderes en los espacios de poder y de conciencia femenina.
—En mis inicios, cuando estaba en la JAL, yo prácticamente hacía lo que me daba la gana. Por mucho tiempo participé en la política sin un partido, sin patrones que me dijeran esto o aquello, a mí lo que me interesaba era que, como JAL, trabajáramos intensamente por ellos. —Incitada por los mismos habitantes de su sector y bajo la creencia de que la política debe ser el arte del bien común, su alma de mujer y de revolucionaria no podía permanecer insensible como la de tantos seres egoístas ante el espectáculo doloroso de una humanidad mil veces subyugada y mil veces sacrificada por un capitalismo absorbente y explotador; palabras dirigidas en otro tiempo a María Cano.
Sonia Vásquez ojea una cartilla informativa de la organización mientras sus gruesas manos reposan sobre una mesa de madera oscura. Ya dentro del edificio y después de haber hecho un corto recorrido por las oscuras instalaciones —entre ellas, la biblioteca más completa en el país de investigaciones sobre equidad de género—, la vicepresidenta de la UCC se ha mostrado un poco dispersa y, a pesar de que la hora indica el fin de un día ajetreado, las llamadas, mensajes y visitas ocasionales no han dejado de interrumpirla.
Con recortes de periódico y fotografías antiguas, la UCC recuerda su historia como una de las organizaciones femeninas pioneras de la región. Foto: Cortesía.
—Empezar desde un partido siempre va a ser más cómodo porque ellos son los que dan el aval en el sistema electoral, pero también trae más problemas; la política siempre la han hecho los hombres, entonces a las mujeres siempre nos va a tocar hacer más fila y demostrar más acciones. —Suspira y sus dedos empiezan a jugar con los bordes de las páginas.
—Eso se llama violencia política y siempre nos la han hecho. Tenemos grandes obstáculos por los estereotipos de género; también por los partidos, en los que no hay recomendación, ni plata ni estímulos; y por las pocas acciones afirmativas para la participación ciudadana de las mujeres. Ahora venimos luchando por la Ley de Paridad; para que, a través de los partidos, haya unos sistemas democráticos más fuertes, como la lista cerrada y de cremallera, y en los que realmente haya capacitación y participación de las mujeres. Si no, solo nos usarían para rellenar.
A pesar del funcionamiento de la Ley de Cuotas en el 2000 y de la posterior Ley 1475 de 2011 con la que se pretendía reforzarla, no se ha experimentado, en los últimos años, una notable variación en las brechas de los cargos de dirección entre hombres y mujeres. De acuerdo con un análisis de la Secretaría de las Mujeres de Antioquia, la brecha de género en los cargos decisorios de la Gobernación de Antioquia fue de 27,7% en el 2018, es decir, 2.5 puntos porcentuales más que en el 2001.
El panorama en el resto de los espacios de poder públicos es similar: solo se cuenta con cinco concejalas en Medellín de un total de 21 integrantes y dos diputadas en una Asamblea Departamental de 26. Cifras que, contradictoriamente, van de la mano con el aumento de participación de la población femenina; según la Encuesta de Percepción Ciudadana de Medellín Cómo Vamos, los porcentajes de participación política en el 2019 fueron de 42% por las mujeres y 37% por los hombres.
Nada de ello desalienta a Sonia Vásquez; con sus mechones de cabello rubio y corto desordenados y su conjunto azul, la mujer sigue afirmando que la política lo es todo. La vicepresidenta de la UCC mueve páginas, se levanta, busca cosas y cita los nombres que conforman su propia lista: los de las mujeres que la inspiran. Josefina Valencia, Betsabé Espinal, Piedad Córdoba, Riane Eisler y muchas otras, para quienes ni siquiera existe una placa en el pueblo que las vio nacer o en el sitio en el que se les vio morir.
—Pero también he visto otras que todavía tienen investidura patriarcal, creen que la mejor forma es imponer sus criterios y no entienden el término de equidad de género. Sobre todo, no entienden que el feminismo exige la igualdad en los derechos y que quien piense así automáticamente es feminista. —Recogiendo el postulado de la escritora Aura López, la lucha feminista es, por lo tanto, además de una lucha de orden cultural, una lucha política.
Sonia Vásquez Mejía cierra la cartilla de la organización a la que representa, sonríe cansinamente y dice: —Ahora también hay un movimiento creativo en la ciudad, Estamos Listas, pero es parcialmente democrático; simplemente por hacer parte de un partido político, no me invitaron y me cerraron las puertas. Así nos pasó a mujeres como Rocío Pineda y Teresa Muñoz. Pero les deseo mucha suerte. A ellas y a todas las que quieran meterse en esto. Mucha firmeza.
El poder de decisión, todo lo que nos define, la capacidad de acción, un frente del desarrollo… hay quienes les gusta definirla así y, a pesar de todo, las palabras quedan cortas para ella. Relegada, prohibida y culpabilizada; para nosotras, las mujeres, la política siempre ha sido como una casa de esquina.
Ningún hombre retrocede
Sentada detrás de una mesa blanca en la oficina de maestros de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma Latinoamericana, Dora Cecilia Saldarriaga Grisales, excoordinadora del Observatorio de Género de la institución y candidata al Concejo de Medellín por el movimiento Estamos Listas, dibuja movimientos con las manos para reforzar sus palabras:
—Muchos partidos vinculan a las mujeres para cumplir con la cuota de género, pero ¿dónde las ubican en términos de la lista?
La adscripción de mujeres en los partidos políticos como rellenos es una discusión que lleva años gestándose en la población femenina; si bien la Ley de cuotas garantiza la participación de ambos géneros, no asegura nada respecto a la capacidad de poder de los nuevos cargos asumidos. Por esta razón, se conformó Estamos Listas: una agrupación de 2.039 mujeres que desean llegar al Concejo de Medellín para poner su propia mirada y voz en los asuntos de ciudad.
—Por lo general, nosotras ubicamos a la vida en el centro y eso nos permite poner la lupa en asuntos que no están en la agenda política: el trabajo de cuidado, el desarrollo sostenible y la educación no sexista —Ella hace una pausa reflexiva, mira sus manos y sus jóvenes ojos marrones sonríen—. Es que lo personal es político, eso es lo que nosotras hacemos; llevar lo político a lo cotidiano y, así mismo, intervenir para que, desde lo cotidiano, las mujeres lleguen a la política.
Lo personal es político es una de las más significativas proclamaciones del feminismo radical de la década de los setenta. De esta forma, para personas como Dora Cecilia Saldarriaga, hablar de mujeres es hablar de autonomía, por lo que se deben garantizar condiciones que les permita actuar y desarrollarse de forma equitativa a los hombres. Así mismo, de acuerdo con Aura López, en la medida en que tomemos conciencia de nuestra propia libertad para decidir, las mujeres estaremos cambiando el mundo. Y cuando el mundo cambia, las leyes, naturalmente, cambian también.
—Qué bueno sería que una mujer diga: “Ay, qué bueno votar por ella”, pero no sucede; aún no somos conscientes de que cuando una gana, ganamos todas… y de que, si una mujer avanza, ningún hombre retrocede. (Lea la entrevista completa con Dora Cecilia Saldarriaga)
Escultura de Olga Inés Arango por los 50 años del voto femenino en Colombia (2007). Foto: Santiago López.
Con mucha firmeza
Como es usual en las edificaciones de La Candelaria, los muros de la central de la Unión de Ciudadanas de Colombia no son más que ladrillos pesados que exhalan una fuerte presencia con olor a polvo. Mientras el timbre eléctrico parece descansar para retomar el aire, se dibuja de la oscuridad el semblante fatigado de la vicepresidenta de la UCC y actual consejera departamental de Participación Ciudadana.
Sonia Vásquez Mejía interviene en la política desde 1990, cuando se lanza a la JAL de la Comuna 10 sin el apoyo de un partido, pero con el respaldo de los comerciantes de la fundación que entonces dirigía. Ella afirma que, al ser este un entorno que siempre ha sido masculino, las mujeres encuentran más obstáculos y desafíos para participar.
—Eso se llama violencia política, siempre nos la han hecho -niega con la cabeza y continúa-: Ahora venimos luchando por la Ley de Paridad; para que, a través de los partidos, haya unos sistemas democráticos más fuertes como la lista cerrada, con la que se votan por partidos y no por candidatos en específico, y de cremallera, que asegura la alternancia de hombres y mujeres. Si no, solo nos usarían para rellenar.
El panorama en los espacios de poder es desalentador: en Medellín, solo se cuenta con cinco mujeres de 21 concejales que son mientras que, en Antioquia, hay dos diputadas en una Asamblea de 26. Contradictoriamente, estas cifras van de la mano con el aumento de participación femenina; según la Encuesta de Percepción Ciudadana de Medellín, la participación política en el 2019 fue de 42% por las mujeres y 37% por los hombres.
Nada de ello desalienta a Sonia Vásquez Mejía; con su cabello rubio y corto desordenado y su conjunto azul, ella cita los nombres que conforman su propia lista: los de las mujeres que la inspiran. Betsabé Espinal, Piedad Córdoba, Riane Eisler y muchas otras, para quienes ni siquiera existe una placa en el pueblo que las vio nacer o en el sitio en el que se les vio morir —palabras tomadas de Mujeres, historias y sociedades: Latinoamérica, siglos XVI al XXI—.
—Ahora tenemos a Estamos Listas, un movimiento creativo, pero parcialmente democrático; por hacer parte de un partido político, no me invitaron y me cerraron las puertas. Así nos pasó a mujeres como Rocío Pineda y Teresa Muñoz. Pero les deseo mucha suerte. A ellas y a todas las que quieran meterse en esto. Mucha firmeza. (Lea la entrevista completa con Sonia Vásquez)
Lentas, pero seguras
Camuflada entre las casitas de las calles residenciales de Prado Centro, se erige la sede en Medellín de la Corporación para la vida Mujeres que crean; si usted no ha llegado a estos lares con el propósito claro de encontrarla, quizá nunca se percataría de ella. Detrás del portón de madera que guarda la entrada, trabaja una organización que, desde hace 29 años, lucha por el reconocimiento de los derechos de las de su género.
—Las mujeres hemos sido construidas en una cultura patriarcal a la que no le interesa que participemos. —Debido a una fuerte gripe que la azota, la voz de Patricia Uribe Neira, directora general de la Corporación, es lejana y débil.
Según un informe de la Secretaría de las Mujeres de Antioquia, el porcentaje de mujeres electas en el 2017 era del 17,6% en Colombia mientras que en países como Bolivia se alcanzaban los 51,1 puntos porcentuales; el promedio en toda América Latina llegaba al 29,2%. Y eso no es todo, de acuerdo con las proyecciones del Foro Económico Mundial, la brecha de género solo cerrará dentro de 61 años en América Latina; una cifra más alentadora que los 356 pronosticados para el Gran Medio Oriente.
—Trabajamos desde unas escuelas de formación ciudadana con 200 mujeres y desde la creación de agendas con otras 300 de las subregiones de Antioquia. Hasta ahora, hemos estado con mujeres que han llegado a las JAL con un partido político, que es algo indispensable —hace una pausa y explica—: Este es un trabajo muy lento y solo se ven los frutos hasta mucho después. Al menos ya tenemos una mayor conciencia de género.
¿Vale la pena?
A las seis de la tarde del viernes, el sexto piso de la Gobernación de Antioquia parece la sala de un hospital abandonado. El pasillo principal es interminable y los recepcionistas —una mujer distraída por la Secretaría de las Mujeres y un hombre de chaleco por la de Productividad y Competitividad— lucen como zombies mal remunerados.
A pesar de todo, el letargo del fin del día no se ha extendido a todo el recinto; sin importar la jornada, los grandes ojos de Luz Imelda Ochoa Bohórquez, secretaria de las Mujeres de Antioquia, rebozan energía.
—Hemos podido incursionar en todas las cosas en las que no somos tan amenazantes: derecho en la salud, educación, adquisición de bienes… Pero es diferente en la política; los cargos públicos son más limitados numéricamente y si los hombres pierden esos cupos… ¿quiénes los ganan? Mujeres. Ahí es donde ellos se han negado, entonces nosotras nos encontramos con violencia política, techos de cristal, pisos pegajosos…
Como líder del programa de participación Escuela Política Pa’ Mujeres, Luz Imelda explica que, además de la competencia masculina, las mujeres deben luchar contra la culpa de salir de sus casas y el miedo a ser señaladas; barreras internas que no se superan del todo. Después de que una de ellas alcanza un cargo, lo siguiente es conservarlo.
—Los hijos solos, el trabajo político, el marido que se siente en una condición de inferioridad… Todo esto tiene un costo y hay muchas que, frente a lo que están “perdiendo” y lo que están viviendo al interior de sus hogares, se preguntan: “¿Esto sí vale la pena?”. Para nosotras, ese es el momento crucial de soltar todo. Por eso, este año hemos diseñado un mecanismo para estar ahí con ellas y decirles: “Sí, sí vale la pena”.
A pesar de que en la actualidad se cuenten con distintas actividades de capacitación política femenina, la realidad es que las administraciones municipales y gubernamentales siempre han estado rezagadas en el tema. De acuerdo con un análisis de la Alcaldía de Medellín, las problemáticas femeninas logran legitimarse públicamente en 1990 —50 años después de constituido el movimiento sufragista— y debe pasar una década para que se establezca la Secretaría de las Mujeres de la Gobernación de Antioquia (2000) y la Secretaría de la Mujer en Medellín (2007).
Para Luz Imelda Ochoa Bohórquez, la igualdad social es un resultado de la evolución de hombre y mujeres. Por eso, ella concluye: —Para estar donde estoy, he recibido ayuda de toneladas de hombres… ¿Cómo negar que estamos llenos de hombres y que ellos están llenos de mujeres? Solo hay que acostumbrarnos a la idea de que somos diferentes, pero iguales.
Con casi 40 años haciendo política, a Luz María Múnera Medina le gusta admitir que tiene la maldición del paraíso: ser de izquierda y ser mujer. Para posicionarse como una de las pocas mujeres dentro del Concejo de Medellín, ella lanzó una campaña electoral de 4 años con sus propias finanzas porque no quería cometer el mismo error que en su primer intento de llegar al poder: depender económicamente de un partido.
La concejal aún recuerda la justificación de sus compañeros del Polo Democrático Alternativo para no entregarle su dinero de campaña: Es que a ustedes (las mujeres) no se les puede dar plata porque la gastan en arepas.
—Eso ardió, y mucho. Pero entonces yo dije: “Contra viento y marea, de izquierda y derecha, que si esa vieja es loca, que si esa hijueputa jode mucho, que si ella no es capaz… no importa, seré concejal”.
Debido a su condición femenina y a su fuerte carácter, ha tenido numerosos enfrentamientos con sus compañeros concejales: desde el desafío a una pelea a puño limpio que le hizo a Bernardo Guerra Hoyos —el rey de los machos— hasta su lucha en contra de la disminución de los presupuestos para las mujeres.
Actualmente, la Secretaría de la Mujer en Medellín está contando con 40 mil millones de pesos para esta administración, es decir, 20 mil millones de pesos menos que bajo otros mandos. Respecto al área de participación política de la misma entidad, las cifras se reducen: según Luz Constanza Jiménez, profesional universitaria de la misma Secretaría, para este año solo se disponen de 350 millones de pesos.
—Es que no hay una concepción de avanzada frente a nosotras, por eso tenemos que seguir trabajando y no dejarnos, no se trata de ser feministas radicales, sino de caminar junto a los hombres… y, sobre todo, se trata de amarnos a nosotras mismas.
Las esculturas de la Esquina de las mujeres, homenaje construido por Acuerdo Municipal de 2004, serán trasladadas a la Avenida La Playa, Foto: Laura Wagner.
La esquina de nadie
La esquina es el punto de encuentro de dos superficies. La esquina es el ángulo saliente de un objeto. Hasta hace unas semanas, la Esquina de las Mujeres era una plazoleta en el barrio Miranda de Aranjuez, ocasionalmente se veían algunos hombres buscando descanso en las bancas de cemento y, hasta hace poco, seis mujeres de piedra que se recubrieron con plásticos y cintas amarillas para preparar su mudanza.
Ubicado en la parte trasera del Jardín Botánico, el espacio fue construido en el 2006 por la Administración Municipal, en un intento de resaltar la obra de trece mujeres líderes de Antioquia —solo en el 2011 se talló la decimocuarta estatua—. Los monumentos de artistas, indígenas y mujeres coloniales convivieron en una esquina, bajo la vecindad de una gasolinería y de cuantos moteles se quieran contar.
A pesar de la intención del Concejo municipal de establecer un punto de reunión de mujeres artistas de la región, la Esquina de las Mujeres la mayoría del tiempo se vio como una explanada con olor a heces; una plazoleta con pisos y postes deteriorados. El traslado de las esculturas a la avenida La Playa, anunciado en junio de 2019 alimenta una nueva expectativa: que tener un espacio público, un espacio de poder, no sea para las mujeres como comprar y vivir en una casa de esquina.