En formatos, estructuras, soportes para las nuevas historias y métodos de investigación, el periodismo hoy se transforma. Medellín tiene la fortuna de contar desde hace cinco años con el certamen sobre periodismo más importante en Iberoamérica, que ofrece la posibilidad de escuchar las experiencias de quienes gestan historias que han revelado facetas desconocidas del presente y han influido en el rumbo de los acontecimientos en la actualidad. Aquí compartimos algunas de las lecciones del Festival Gabriel García Márquez de Periodismo en 2017.
El lobo estepario al periodismo colaborativo y de impacto global fue uno de los talleres que ofreció la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) entorno a la cuarta versión del Festival de Periodismo celebrada consecutivamente en Medellín.
Germán Andino es un dibujante mexicano que, a través del cómic, contó la historia de un joven involucrado con las pandillas en Honduras, acudiendo al formato de cómic no ficción. Su trabajo fue el ganador del Premio Gabriel García Márquez en la categoría de Innovación. Durante el Festival Gabo 2017 compartió el testimonio sobre su trabajo.
El periodista español Alberto Arce fue finalista en la categoría Texto del Premio Gabriel García Márquez por su trabajo “Los piratas del chavismo: así es la nueva guerra del Caribe” en el cual, junto con el reportero gráfico Rodrigo Abd, recorrieron el estado de Sucre en Venezuela para retratar el estado de una actividad económica como la pesca en un momento de crisis económica y política de dicho país. Aquí el testimonio recogido durante el Festival Gabo 2017.
Desde hace cinco años, el Festival Gabo, reúne lo mejor del periodismo iberoamericano en torno a talleres, conversatorios y conferencias que buscan acercar el público a las nuevas tendencias y trabajos innovadores que puedan inspirar a nuevos talentos a guiarse por un mejor camino. En la última versión del certamen, periodistas de medios y proyectos como En Malos Pasos, Efecto Cocuyo, La Pulla y Pacifista contaron cómo es cubrir Latinoamérica, una región violenta, y cómo lograr sortear la censura, conseguir fondos, y otras realidades que enfrentan los periodistas del continente. Camilo Jiménez, director editorial de Vice Colombia y Pacifista, un proyecto propio de la plataforma, contó cómo lograr una propuesta diferente para públicos jóvenes que parecen tan apáticos a temas más profundos.
Desde hace cinco años, el Festival Gabo, reúne lo mejor del periodismo iberoamericano en torno a talleres, conversatorios y conferencias que buscan acercar el público a las nuevas tendencias y trabajos innovadores que puedan inspirar a nuevos talentos a guiarse por un mejor camino. En la última versión del certamen, periodistas de medios y proyectos como En Malos Pasos, Efecto Cocuyo, La Pulla y Pacifista contaron cómo es cubrir Latinoamérica, una región violenta, y cómo lograr sortear la censura, conseguir fondos, y otras realidades que enfrentan los periodistas del continente. Camilo Jiménez, director editorial de Vice Colombia y Pacifista, un proyecto propio de la plataforma, contó cómo lograr una propuesta diferente para públicos jóvenes que parecen tan apáticos a temas más profundos.
¿Cómo nace la iniciativa?
Nace como un proyecto propio de Vice Colombia, en 2014, cuando estábamos buscando ideas de un proyecto que pudiera ser la oferta de Vice Colombia para la paz. Pacifista nació en la redacción. Lo que ocurrió es que al momento de buscar fondos, los primeros que encontramos fueron unos que estaba ofreciendo de manera abierta la oficina del Alto comisionado para la Paz. De ahí surgió una alianza de financiación que nos permitió trabajar de una manera independiente, autónoma y crítica al proceso. Esa financiación se acabó hace dos años y medio y desde eso Pacifista no recibe dinero del gobierno.
Suena romántico, e inocente, pero, ¿ustedes desde su iniciativa han pensado en querer cambiar el mundo?
No creo que sea algo inocente o alejado de la realidad. Finalmente, si te fijas, una muy buena parte de la humanidad está intentando hacer eso; el problema es que mucha gente trata de hacerlo para su propio beneficio, o con intenciones no tan benévolas, pero finalmente vemos organizaciones en el mundo entero que están tratando de cambiar la realidad por una buena causa. El periodismo, casi que por definición, en sí mismo es un oficio que busca eso: cambiar las cosas. El problema es que no tiene tanto poder como sí podrían tener otras áreas del conocimiento. Por lo tanto, Pacifista al considerarse un medio periodístico independiente y crítico, sí está intentando cambiar las cosas. ¿Qué puede cambiar el periodismo? Yo creo que siendo muy modestos, nosotros podemos cambiar la forma en como las personas ven el mundo. Con esto no estoy diciendo que nosotros queramos lavar cerebros, sino que queremos formar opinión, es decir, ayudarle a la gente a entender qué sucede en su entorno y qué puede hacer para que las cosas mejoren.
¿Qué es fundamental para un medio que quiera propiciar una cultura más crítica en las personas?
Básicamente dos cosas: por un lado, los medios periodísticos deben saber que no pueden perder sus raíces, y eso es algo que se aprende en la universidad o en la práctica. Las raíces del periodismo son cosas muy básicas, el compromiso hacia la ciudadanía, hacia la verdad, o al menos hacia la verificación y un compromiso a la justicia, no en el sentido de querer reemplazar a la justicia, porque no es ni debería ser nuestra tarea, sino en el sentido de darles siempre una oportunidad de hablar a las personas, de contrastar, de escuchar al denunciado, buscar los grises en los asuntos. Debemos ser fieles a la verdad y recordar que nuestro compromiso directo e inicial es con las personas, no con las empresas.
¿Cómo darle voz a todos en países, como los latinoamericanos, que son tan violentos y en los que suele haber autocensura?
Uno como periodista necesita hacer tres cosas: ser justo, ser veraz y estar comprometido con el ciudadano. Estas tres cosas empiezan a tambalear cuando uno no puede ejercer su oficio como debería hacerlo.
Yo siento que las circunstancias que están definiendo la realidad de los medios en Colombia están haciendo que seamos menos veraces, menos comprometidos con los ciudadanos, y lamentablemente estamos dejando de ser justos.
En medio de estas circunstancias uno puede seguir siendo un buen periodista si uno, así como los
católicos no olvidan el padre nuestro, se toma el tiempo de reflexionar todos los días reflexionar sobre sus principios. Si todos hacemos eso, los medios van a mejorar a pesar de las circunstancias. Como dijo Daniel Coronell, el país tiende a tener mejores periodistas que medios, yo creo que eso debería ser una base para seguir fortaleciendo los excelentes profesionales que hay en el país.
¿Hay espacio para libertad de expresión?
Es una pregunta cuya respuesta debe ser cuidadosa, porque uno no puede generalizar. Tú comparas la situación nuestra con Alemania, y está difícil, no solo por las presiones de seguridad, sino también las presiones financieras han afectado el nivel de libertad que tenemos para trabajar, pero si tu comparas la situación de Colombia con Venezuela, Cuba o lugares donde casi que ni existe el periodismo, como Corea del Norte, obviamente Colombia no está tan mal.
Depende del punto desde el que uno esté mirando las cosas, y yo creo que eso siempre es saludable para no perder la claridad y la capacidad para ver que las cosas no están tan mal; pero que no estén tan mal, no quiere decir que estén súper bien.
En Colombia tenemos problemas de libertad de expresión y eso no es una opinión, hay investigaciones que lo demuestras, estudios realizados por organizaciones como la FLIP. La libertad de expresión sigue siendo muy afectada en este país, especialmente en poblaciones rurales donde ha habido un abandono por parte del estado y poco interés por parte de los medios grandes por apoyar iniciativas. Tenemos zonas silenciadas, donde no hay medios de comunicación o donde los únicos medios de comunicación del ejército o las fuerzas armadas.
Sin embargo, por un lado tenemos medios que no pueden ejercer la libertad como quisieran, y por el otro tenemos una situación novedosa y es la capacidad de participar de manera más libre plataformas digitales. Todas son cosas que contribuyen a equilibrar la balanza en la libertad de expresión.
Como conclusión todavía hay mucho que hacer, y no es solo responsabilidad del estado sino también de los medios de comunicación.
¿Cuál es la clave para impactar cuando se quiere ser menos sensacionalista?
La clave está se encuentra justamente resolviendo el problema que plantea la pregunta. El impulso de impactar muchas veces está afectando la necesidad y el deber de ser serios, ecuánimes y periodísticos, entonces la solución está en buscar una formula que nos permita impactar sin afectar la calidad. Ahí no hay todavía una respuesta a esa pregunta, nadie ha encontrado la fórmula mágica.
Por experiencia, como editor de Vice Colombia y Pacifista, es que parte de la respuesta puede encontrarse en algo muy básico: en el oficio del periodismo, en las premisas fundamentales de la profesión: contar la verdad, ser justos, ser independientes y pensar siempre en los derechos de los ciudadanos. Es algo que no nos va a quitar nadie.
Por otro lado, hay que saber llegar y para eso, uno tiene que tener estrategia y conocimientos. La fórmula trae por un lado, el periodismo, que sean raíces muy fuertes y muy vivas, en las redacciones, pero por otro lado requiere que estemos muy actualizados, preparados por todos los medios que puedan tenerse y sobre todo con los conocimientos más actuales para actuar con estrategia, para saber exactamente como tener una estrategia digital, crear una comunidad.
“El periodismo, casi que por definición, en sí mismo es un oficio que busca eso: cambiar las cosas”.
Hace más de quince años que Carlos Ossa abrió una oficina en el edificio Coltejer. El poeta llega hasta allí todos los días para pensar y escribir.
Entonces, se armó de valor y le preguntó, dejando todo prejuicio a un lado, lo que se había cuestionado desde que se sentó a su lado. No entendía cómo alguien podía vivir de la literatura sin ser un escritor famoso.
—¿Y vos de qué es lo que vivís? —Preguntó el joven periodista sin pudor alguno.
El poeta lo miró y calló por unos segundos, el ruido de los carros que pasaban por la avenida La Playa desapareció. Todo fue silencio, silencio que fue interrumpido por la risa del poeta, que se echó a reír y miró al periodista, que tenía cara de ingenuo, y sostenía firmemente una pequeña libreta azul, que perfectamente podía cargar en su bolsillo, y un lapicero Bic, a la espera de la respuesta para escribir rápidamente, con una letra que solo él entendería.
—¿Que de qué vivo?, pues de milagro —respondió, y los dos comenzaron a reír sin importar nada
de lo que pasaba a su alrededor.
Primera escena
Al periodista le contaron sobre un hombre que era poeta, que tenía una oficina en el edificio Coltejer y abría todos los días de diez de la mañana a cinco de la tarde. Llegó a él, luego de que le mostraran una carta que había escrito sobre el cierre de la librería Nueva, en julio de 2015, que titulaba: “Cerrar librerías, ¡qué vergüenza social!” y estaba firmada por un tal Carlos Ossa. Se la había dado un viejo librero de La Bastilla, don Augusto, quien le dijo que ese hombre se la pasaba
todos los días ahí, pensando, escribiendo, conversando, viendo pasar la ciudad, que esa era su oficina y ahí lo podía encontrar. “El hombre tiene una prosa muy interesante, vale la pena conocerlo y, por supuesto, vale la pena leerlo”, aseguró don Augusto.
Le pareció una historia llamativa, un poco loca, pero que valía la pena conocer al poeta. Además, ¿cómo dudar de la palabra de don Augusto?, si este se la pasaba leyendo todos los días y había recorrido las líneas de las obras más importantes de la literatura universal.
Segunda escena
Pasaron los días y fue a conocer a Carlos Ossa. Era casi mediodía y hacía calor, las calles estaban llenas de transeúntes, que no tenían tiempo de mirar lo que pasaba a su alrededor, todos tenían afán.
Llegó al edificio y comenzó a mirar las caras, pero ninguno tenía cara de poeta. “¿Cómo es una cara de poeta? ¿Acaso todos eran como Gonzalo Arango o León de Greiff?”, se preguntó, pero no tenía ni idea, siguió mirando las escalas del Coltejer, las que dan con Junín, al frente de la difunta Nueva, pero no había ningún hombre con cara de poeta.
Decidió ir a las que dan con la avenida La Playa y tampoco vio alguna cara de poeta. En ese momento dijo, que si Carlos Ossa existía, seguramente debería de estar escribiendo o leyendo, eso quería decir que no estaba.
Caminó hasta La Bastilla, pasando por la calle del Tuvo (le dicen así, porque todo el que está ahí alguna vez tuvo mujer, tuvo casa y tuvo plata), para ir a hablar con don Augusto, solo él le podía dar razón del poeta. Nada pasó, el librero no estaba, quedó en las mismas.
Dio una vuelta por Junín, para matar el tiempo, pero no encontró nada para hacer. Volvió a las escalas, las que dan con La Playa y vio a un hombre que no estaba la primera vez. Estaba sentado de carrizo y miraba atentamente todo lo que pasaba a su alrededor, se notaba que no se le escapaba ningún detalle. “Ese debe ser”, exclamó.
Tenía que estar seguro, no quería hablar con la persona equivocada. Se acercó a un vendedor de lotería y habló con él.
—Buenas señor, le pregunto, estoy buscando a un tal Carlos Ossa, él es poeta y me dicen que se hace aquí todo el día.
—Ese es que está allá sentado —dijo el lotero, mientras señalaba al mismo hombre que el periodista había observado.
Se dirigió lentamente hacia el poeta y mientras subía las escalas, preparó la presentación.
—Buenos días, ¿Carlos?
—Mucho gusto, Carlos Ossa.
—Mucho gusto, soy periodista y don Augusto, de La Bastilla, me habló de usted, me dijo que usted
era poeta.
—Eso dice la gente, dicen que yo soy el poeta de las escalinatas —respondió el poeta mientras se reía.
—Es para ver si me da una entrevista, me contaron sobre usted y quiero escribir su historia.
El poeta volvió a reírse, miró a su alrededor, miró los carros que pasaban, los vendedores ambulantes y exclamó: “Pues bienvenido, sentate”. De inmediato el periodista tomó asiento, se puso cómodo en la oficina y sacó de su bolsillo una libreta y un lapicero.
Una postal que para muchos desaparece en la rutina del Centro: Carlos Ossa en su escenario de trabajo.
Foto: Mateo García Agudelo.
Tercera escena
Era 1960 y seguramente, en Puerto Berrío hacía calor. Carlos Ossa, que nació en Remedios hace 73 años, llevaba algunos años viviendo en este lugar y la relación con la literatura se hacía cada vez más estrecha. Carlos vio la necesidad de escribir inspirado por las lecturas que venía haciendo. El reposo del guerrero, de Christiane Rochefort, fue una de estas. “Cuando uno se integra con la lectura, aparece el deseo de escribir lo propio”, comentó Ossa.
Y así fue, el deseo se convirtió en realidad y comenzó a escribir, sin dejar a un lado la lectura. Por
esa época fue que se conformó el Grupo Puerto, unos amigos medio bohemios y medio intelectuales, que deseaban ser escritores.
Cuarta escena
Puerto Berrío, Antioquia, enero de 1964. Al caluroso Puerto llegó el fundador del Nadaísmo, Gonzalo Arango. Estaba de paso, pero se quedó cuando le contaron que existía un grupo de muchachos afiebrados por la literatura.
Para entonces, el Grupo Puerto, lo único que había hecho era un manifiesto en rechazo a los que comentaban que eran los loquitos del Puerto. Eso llamó la atención de Gonzalo.
Carlos recuerda que era un hombre muy generoso en todo sentido, además, “no hacía alarde
de nada, parecía como uno más de nosotros, nos hacía sentir bien”. Hablaron de poesía y literatura, ellos estuvieron muy emocionados, pues, “nosotros los leíamos mucho a ellos —a los nadaístas—, comprábamos todos los suplementos, para saber qué estaban haciendo”. Gonzalo Arango los leyó y les dijo que iban por buen camino, los animó a escribir.
El poeta nadaísta “fue un azar maravilloso, de esos regalos que da la vida, porque con eso no contaba nadie, ni él ni nosotros. Nos estimuló mucho, que siguiéramos escribiendo, que veía talento en todo el grupo”.
Finalizaba la década del 70 y Carlos Ossa, a sus 35 años, llegó a Medellín. Las posibilidades económicas en el Puerto estaban ahogadas y en la capital paisa podía encontrar algo mejor, además de mejores posibilidades en cuanto sus aspiraciones literarias. Si había vivido por
la literatura, ahora quería vivir de la literatura.
Quinta escena
Encontró trabajo como revistero, pero no aguantó tanta presión. Para lo único que ha servido toda
la vida es para escribir, por eso declamó alguna vez: “Soy un fracaso en los aspectos prácticos de la vida”. Fue heladero, revistero, bibliotecario y otros oficios relacionados con el arte de escribir. Él es un trashumante de los oficios.
Ha publicado más de 23 títulos, siete de poesía, siete de narrativa y otros que no tienen un género definido. Su primera publicación fue Poemas del Grupo Puerto, en 1980, desde ahí no dejó de hacerlo, todos los hace por su cuenta, los vende él mismo y unos amigos libreros le ayudan.
Sexta escena
La llegada a la ciudad le permitió hacerse un espacio como escritor. Comenzó a colaborar con algunos medios, como el suplemento de El Colombiano y la Revista Universidad de Antioquia, pero la cosa no terminó muy bien.
Séptima escena
Conoció una Medellín bohemia, la ciudad de la noche que lo fue arrastrando lentamente, trago tras trago. Tal vez ahí terminaron todas sus posibilidades, porque desapareció del mapa literario de la ciudad. Llegó a raspar hielo, para pagar un cuarto en el que vivía.
Octava escena
Dejó la bohemia, esa vida quedó atrás y volvió al arte de escribir. Tal vez era demasiado tarde. Casualmente por esos mismos años, terminando el siglo, llegó por azar al edificio Coltejer. Y ahí estaba él, más de 15 años después, hablando con un periodista sobre literatura y poesía.
—Entonces, ¿vos cómo definís la poesía? —Preguntó el periodista.
— Siempre he dicho que definir ha sido de dioses y si hay algo difícil de definir es la magia.
Cualquier atrevimiento que uno intente con la definición se quedará corto, y no solamente corto, sino que no da la idea exacta de lo que es esa realidad poética —dijo el poeta de una manera muy romántica.
Novena escena
Una mañana cualquiera, el periodista lo fue a buscar. El poeta no estaba, pero sabía exactamente en qué lugar se encontraba. Fue al viejo Club Unión y lo encontró en la cafetería escribiendo. No lo quiso saludar, no podía interrumpir su trabajo, mejor se fue a andar por ahí, para luego ir a visitarlo a la oficina.
Y es que Carlos escribe en el Centro Comercial Unión, aproximadamente dos horas diarias. A las ocho en punto está ahí, es un lugar tranquilo, silencioso. “Porque todo sueño, el más desatinado, el más fantasioso, el más inverosímil, es siempre una realidad que espera su turno”, escribió alguna vez.
Décima escena
Más de un año había pasado desde su primer encuentro; los dos, por azar de la vida, se siguieron viendo cada vez que el periodista iba al centro, las escalas del Coltejer se volvieron una parada obligada para él.
Era una tarde de noviembre de 2016 y hacía calor. El periodista llegó a buscar al poeta, pero no lo
encontró. No sabía qué hacer, se sentó a esperarlo, la oficina todavía no cerraba sus puertas y había posibilidades de tener un encuentro con el poeta. Al frente de esta se gritaba a todo pulmón: “Siete maduros por dos mil, traídos desde Armenia”. Esos gritos se combinaban con la voz de Rodolfo Aicardi, que sonaba a lo lejos, anunciando que diciembre estaba a punto de llegar.
Pasó media hora, el sol se vio amenazado por una leve llovizna, que obligó a los transeúntes a sacar sus paraguas y justo cuando se iba a marchar, apareció el poeta.
—Mi querido periodista —exclamó alegremente.
—Carlos, ¿cómo va todo?
Hablaron unos momentos de la vida, de la ciudad, del periodismo, de literatura, de Roberto Bolaño.
El periodista debía romper el hielo, para poderle decir cuál era el verdadero motivo de su visita.
—¿Cómo te parece que voy a volver a escribir sobre vos?
—No jodás hombre, ¿otra vez?, ¿qué más vas a decir? —dijo el poeta con una voz burlesca.
—Algo me inventaré.
Epílogo (o continuación de la introducción)
Las risas terminaron, los dos se pusieron serios. Otra vez imperó el silencio, los carros dejaron de pasar. El poeta miró al periodista y exclamó, o declamó: “aunque parezca irreal, vivo de la literatura, gracias a algunas colaboraciones que me generan un salario… pero, un salario de poeta”.
Las risas volvieron y ahí comenzó la historia. El periodista se marchó y el poeta se quedó, porque
apenas era mediodía y la oficina no se cierra hasta las cinco de la tarde.
Cerramos un año de retos y logros que nos animan a seguir siendo escuela de nuevos periodistas. Dejamos todo listo para que durante estas vacaciones tengan a la mano buenas historias para entender lo que ha sido este 2016. Las buenas historias están garantizadas con cualquiera de estas opciones:
*En nuestra edición impresa
*Dese una pasadita por el último año en nuestro canal en ISSUU donde están las ediciones 52, 53, 54, 55 y 56.
En 2017 seguiremos buscando y ofreciendo historias para comprender nuestra realidad. Seguimos en contacto, seguimos en Contexto. #PeriodismoUniversitario
El Festival Gabriel García Márquez de periodismo es desde hace varios años, tres particularmente desde que se lleva a cabo en Medellín, el principal escenario en el que se hacen visibles las más historias, temas y, en general las prácticas periodísticas que más se destacan en el ámbito iberoamericano.
El premio que se entrega como parte de este certamen sirve como barómetro de la actividad periodística iberoamericana. En ese sentido, si algo se puede destacar de la más reciente entrega del conocido como #PremioGabo es la cantidad de periodistas y medios que de manera independiente o bajo formas de organización fuera de los esquemas convencionales de las empresas informativas, se destacaron con trabajos de largo aliento, profundos, que dejaron ver el apoyo de organizaciones no gubernamentales, gestión de proyectos, colectas, entre otros mecanismos de financiación que ponen sobre la mesa preguntas sobre la viabilidad de la actividad periodística, sobre el periodismo como negocio, como un modo de vida, como una actividad lucrativa, en un contexto mundial en el que se señala el peso de las enormes estructuras macroempresariales que incluyen medios de comunicación y nexos con otros negocios (alimentos, infraestructura, transportes, agroindustria, por mencionar algunos ejemplos).
Es por eso que, bajo lo que en la mayoría de veces se presenta como la disyuntiva (para algunos como una utopía, como lo señalan estos estudiantes, entre hacer periodismo con calidad y bajo esquemas sostenibles (como negocio o como modo de vida, una preocupación usual entre los estudiantes de periodismo, como lo plantea esta historieta, en el marco del Festival Gabriel García Márquez de Periodismo realizado en Medellín, el 30 de septiembre se llevó a cabo el conversatorio Periodismo sin ánimo de lucro, en el que participaron los periodistas Joseph Poliszuk, gestor y editor del portal venezolano Armando.info; Mónica González, directora del Centro de Investigación Periodística de Chile; y María Teresa Ronderos, periodista con una amplia trayectoria como editora de medios impresos, fundadora del portal Verdad Abierta y escritora de varios libros entre los que se destaca Guerras Recicladas, una historia del paramilitarismo en Colombia.
Los tres invitados conversaron sobre los modos de llevar a cabo trabajos periodísticos en profundidad bajo criterios de viabilidad desde el punto de vista de la financiación. Sobre la conversación, los estudiantes de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana recogieron algunos puntos de vista, compartieron sus inquietudes y los que para ellos fueron los aspectos más destacados de la charla y de las preguntas que dejó.
Los aportes de los estudiantes se hicieron mediante varios soportes. Este blog del curso Periodismo II incluye reflexiones sobre la importancia de que un ejercicio sin ánimo de lucro también tenga un sustento organizativo sólido. A partir de esa idea, otros estudiantes plantean diferencias entre el periodismo sin ánimo de lucro y el periodismo independiente:
En este otro blog hay contenidos que plantean cómo el hecho de que un medio se organice sin fines lucrativos cambia aspectos como su agenda.
La completa relatoría del curso Periodismo III, orientado por la profesora Adriana López Vela plantea que frente a la idea de hacer un periodismo independiente y a la vez sostenible hay todavía muchos elementos por consolidar, sus planteamientos estuvieron sustentados en los aportes de varios periodistas antiqueños y de otras regiones que fueron consultados por los estudiantes, con lo cual también queda planteada otra inquietud que surgió en el conversatorio de septiembre 30: las brechas existentes entre el periodismo de las capitales y de las regiones para avanzar hacia esquemas sostenibles e independientes de trabajo.
Estas posibilidades de avance tienen que ver con la preparación de los periodistas, reflejada entre otros aspectos en la apropiación de herramientas como, por ejemplo, todas aquellas que hacen parte del mundo digital, escenario de las más significativas transformaciones del periodismo en la actualidad (este ensayo plantea una relación entre esas competencias y la independencia del ejercicio periodístico).
El reto, según los invitados al conversatorio y las reflexiones de los estudiantes, toca los perfiles de los periodistas, las agendas de los medios, sus estructuras y esquemas de funcionamiento. Aludiendo a la preparación de los periodistas, otra vertiente de la discusión sobre el periodismo sin ánimo de lucro llama a un retorno a los aspectos fundamentales, a su razón de ser; entre otros, que el periodismo siempre está llamado a ser un ejercicio sin ánimo de lucro.
En complemento a los aportes de los estudiantes, el conversatorio completo puede verse AQUÍ.
Durante la 10a. Fiesta del Libro y la Cultura, la Red de Medios Universitarios de Medellín, convocó a jóvenes periodistas que hicieron sus inicios en los medios de sus Facultades para que compartieran reflexiones e historias sobre la importancia que tuvo esta experiencia en el curso de su vida profesional.
El conversatorio se llevó a cabo en el auditorio del Planetario de Medellín. Foto: @alejocalleCS
Juan David Ortiz, periodista del portal ¡Pacifista! de Vice; Juan Fernando Rojas, periodista de El Colombiano; Alejandro Calle, gestor de Ciudad Sur, conversaron con Carlos Mario Correa, periodista y profesor de la Universidad EAFIT, estuvieron en la cita que puso sobre la mesa la historia, los retos y el futuro del periodismo universitario.
Desde la plataforma Twitter, Contexto ofrece el siguiente resumen de la conversación, una memoria útil para los estudiantes, docentes e interesados en la mirada fresca y reflexiva del periodismo universitario.
En la conmemoración de los 80 años de la Universidad Pontificia Bolivariana y en la coyuntura del debate nacional en torno al acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC, esta edición de Contexto presenta historias y temas que ilustran el modo en que las decisiones individuales proyectan los rumbos que constituyen la realidad común; desde las personas que conviven con una salud frágil, hasta los excombatientes que deciden poner fin a la guerra por su cuenta.
Desda la Escuela de Ciencias sociales, las principales conclusiones del más reciente Simposio de Ciencias Sociales, espacio que proyectó reflexiones sobre el lugar de los individuos en el contexto del debate en torno a la paz, con la universidad como escenario. En el editorial, una reflexión sobre las huellas que ha dejado la guerra y las que ahora deja la búsqueda de la paz.
En esta edición de Contexto, conozca las rutas que hoy recorre el ciclista Marlon Pérez, a propósito de los recientes triunfos deportivos olímpicos, paralímpicos y en la Vuelta a España; recorra la historia del Centro Comercial del Libro en el tradicional sector de La Bastilla, conozca la lógica que guía la labor de los testigos de Jehová y vea algunas de las postales del Cementerio Libre de Circasia.
Encuentre su ejemplar de Contexto en bibliotecas públicas, universitarias y centros culturales de Medellín o léalo ahora mismo haciendo click aquí.
Ser Pilo Paga es un programa de gobierno que ha dado a miles de estudiantes, la mayoría de escasos recursos, la oportunidad de hacer sus estudios universitarios, incluso, en instituciones privadas de alta calidad. Aunque el verdadero impacto de esta iniciativa podrá verse con los nuevos profesionales en ejercicio, sus alcances tocan profundamente la vida de estos jóvenes enfrentados, en muchos casos, a la adaptación a entornos sociales diversos y, en ocasiones, adversos. En esta edición de Contexto, un especial que pone sobre la mesa preguntas sobre la educación como derecho.
Una serie periodística cuya primera entrega compartimos en esta edición, nos muestra a China como uno de los rumbos que nos hablan de las búsquedas de los jóvenes de hoy, buscamos también qué instrumentos tienen a disposición las víctimas de ataques con ácido en la ciudad, damos miradas detalladas al oficio y a las historias de sastres, barberos y una documentalista de origen emberá, que busca devolverle la voz a su pueblo mediante las imágenes.
En su más reciente libro sobre el asesinato del ministro Rodrigo Lara Bonilla, uno de los pioneros del periodismo investigativo en Colombia vuelve a cuestionar la versión oficial de los hechos, señala vacíos significativos en la investigación tras los cuales se esconde la posibilidad de un crimen de oficial. En conversación con los estudiantes de periodismo de la UPB, se refirió a los detalles de su investigación.
El 30 de abril de 1984, un sicario contratado por Pablo Escobar disparó contra el vehículo en que viajaba el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla. Los tiros se hicieron contra el lado derecho del vehículo, en el que viajaba el funcionario, intensamente amenazado por sus denuncias sobre el crecimiento del narcotráfico y la actividad criminal del jefe del cartel de Medellín. El vehículo y la moto del sicario se movían a 80 kilómetros por hora, esa fue la versión que quedó en la investigación penal.
Pero nunca se supo que cadáver de Lara tenía un orificio de entrada en su lado izquierdo, en el pecho y que el chofer del vehículo no sufrió ni un rasguño. El escolta sentado delante del ministro apenas sufrió una herida leve, a pesar de las ráfagas de ametralladora del sicario. A pesar del fuerte tiroteo descrito por los agentes del DAS, la ventanilla de la puerta del chofer no se rompió. Estos detalles, consignados en un dictamen del doctor Máximo Duque Piedrahita, ex director del Instituto de Medicina Legal y revelados en la investigación de Donadio, plantean un giro grueso de la historia.
En su libro explica que Domingo, el conductor de Lara Bonilla no fue llamado oportunamente a indagatoria.
Porque apenas ahora se va a reabrir la investigación y muy previsiblemente van a ser llamados él y todos los escoltas; el caso va a cambiar de rumbo a raíz del dictamen de Máximo Duque. Pero eso todavía no se refleja en las acusaciones de la Fiscalía, se espera que eso se refleje próximamente. El paso más importante es que ese escolta y los otros sean llamados y se les confronte con las dudas que hay y con las hipótesis que un experto señala que indican que ellos tuvieron que haber facilitado el crimen. Si no fue así, que den una explicación satisfactoria para el proceso y para todo el país.
Mire le explico cómo la contradicción no es contradicción: no creo que lo puedan hacer. ¿Cómo ellos van a explicar que solo hubo ataque por el lado derecho y no hubo sicario por el lado izquierdo? En este momento no veo cómo puedan explicarlo. ¿O por qué seis de ellos dicen que el carro continuó su marcha y uno dice que está detenido? Entre ellos mismos, a los dos días del crimen, se están contradiciendo. ¿Por qué se contradicen? ¡Porque no se prepararon bien para contar la historia que iban a contar!
Luego otro misterio: había tres, dos escoltas, atrás, que no estaban en el lugar del atentado. Ellos también declaran que el carro siguió su marcha. Entonces, ¿por qué todas esas cosas no se aclararon en su momento?
Según cuenta en su libro, esos detalles se supieron al día siguiente, pero cuando se les preguntó en el hospital, los escoltas no hablaron ¿preestablecieron un orden para decir las cosas al siguiente día?
Correcto. Pasa algo muy sospechoso y es que la primera declaración de ellos es colectiva. Mandan una carta en la cual la firman todos, y a su jefe en el DAS, que es el director de orden público, no es cada uno, aunque cada uno estaba en un punto y en un momento distinto, tenían una visión distinta, eran testigos de hechos distintos.
Teniendo en cuenta que eran los mejor preparados del momento, ¿Por qué no reaccionaron los escoltas y ninguno le alcanza a disparar o a herir a los atacantes?
Con un agravante: no se investigó cuanta munición tenían ellos. Ellos dicen que dispararon ahí y luego que dispararon en la persecución. ¿Cuánta munición gastaron en eso? Habría que averiguar si era cierto el testimonio. En el revolver o en el arma, ellos tenían munición para estar disparando pasando la Avenida Niza con Avenida Boyacá, que son bastantes cuadras. Además, la versión de ellos es la verdad revelada y nadie analizó detalladamente qué armas tenían, eso no se sabe.
¿El Mercedes Benz Blanco en que viajaba el ministro tenía algún blindaje?
No, el automóvil no tenía blindaje.
¿Cree que las investigaciones que se han realizado o que se están realizando han ayudado a esclarecer los casos represados en los juzgados? En episodios como el de Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro Leongómez o Luis Carlos Galán, las investigaciones periodísticas han ayudado a esclarecer alguno de estos casos.
Sí, pero ayudan más cuando la investigación periodística se hace a partir del expediente. Yo no sé si en el caso de Bernardo Jaramillo o en los otros casos los periodistas están trabajando con el expediente que ellos tienen o con fuentes que lo conocen. Cosa muy distinta es recibir información de oídas sobre lo que dice el expediente a tener uno y saber qué dicen los testimonios, que muestran las fotos. Yo no sé si en esos casos las familias tienen el expediente.
En el caso de Rodrigo Lara, no tenían el expediente, tenían el interés de llegar al expediente pero no lo han leído completamente; no tienen el dominio absoluto de la investigación, lo tienen la fiscal y el auxiliar de la fiscal. Todo depende del nivel de información que cada cual este manejando.
Con lo que se sabe de otros magnicidios de la época de Lara Bonilla, hay patrones y actores implicados que son coincidentes. En muchos de estos casos se acusa a Pablo Escobar como autor, pero hay también personajes de la política y funcionarios del Estado a quienes no se ha investigado: Santofimio, Maza Márquez…
Bueno, en el caso de Santofimio sí se ha investigado, condenado y llegado a una caución y a una condena. La condena de él por la muerte de Galán, del concejal y el escolta está basada en la declaración de Popeye, pero yo no podría decir que es un testimonio pues no hay las pruebas, pero sí hay una cantidad de otras pruebas secundarias que muestran que él estaba al servicio de Pablo Escobar, eso es un hecho. Además hay que tener en cuenta una cosa fundamental: cuál es la trayectoria, cuáles son los antecedentes del personaje, porque acusar a una persona que tiene una trayectoria limpia toda su vida porque un sicario de Escobar dice que participo en un crimen, es gravísimo; pero acusar a alguien como Santofimio que tiene prontuario criminal, que ha hecho cosas en otros ámbitos, no de sangre, pero sí de otros delitos y se sabe todo lo que hizo, es cosa distinta.
Al testimonio de Popeye se le da más credibilidad cuando dice que es Santofimio el que le dice a Escobar que hay que matar a Galán, porque si no lo mata, cuando llegue a la presidencia va a extraditar a Escobar para cobrar el crimen de Lara Bonilla. Con todo lo que se sabe públicamente desde los años 70 de las falsificaciones de Santofimio, esta condena de la Corte Suprema tiene muchísima credibilidad.
Pero hay personas como el narcotraficante Carlos Lehder, que ha testificado varias veces en contra de personas de la política que afirma haber conocido, pero pareciera que tal vez por los acuerdos que él tiene con los Estados Unidos se hicieran inválidas sus colaboraciones ante el Gobierno colombiano.
No. Si eso es cierto, pueden ser veraces unas versiones de otros asesinos narcos que no han sido atendidos.
Planteo esto porque Lehder ha sido uno de los procesados por narcotráfico a quienes el gobierno colombiano no ha ayudado para nada…
Eso requeriría una voluntad de análisis frio de todas las cosas, independientemente de otras consideraciones, y eso no es así. Ningún Gobierno quiere abrir más frentes de los que ya están.
“La Kika”, que está condenado en Estados Unidos a tres cadenas perpetuas en New York, seguramente algo de lo que él dice, pues se la pasa mandando cartas, puede ser cierto y merecería ser investigado y ser tenido en cuenta, pero a un tipo que se bajó de un avión, la justicia también pierde interés en escucharlo. Pero es muy difícil tener toda la información. Además, muchas de esas cosas no son comprobables ¿por qué? No sé; y se decían de palabra. Entonces quienes participaban en Tranquilandia (N del E: complejo cocalero del cartel de Medellín, ubicado entre Caquetá y Meta), aparte de los que cogieron: los Ochoa, el Mexicano y Escobar, mucha otra gente de Antioquia seguramente tendría negocios allá pero de eso no hay documentos, pasan de agache.
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¿Qué reflexiones hace Alberto Donadio sobre el periodismo investigativo de hoy?
¿Cómo ha cambiado el periodismo investigativo en los últimos años?
Pasó de un periodismo en que se denunciaban cosas, por decirlo así, de cuello blanco, a cosas que son de sangre o sea masacres, asesinatos. Todo lo que hace María Teresa Ronderos con Verdad Abierta es eso, pero es concentrándose ya en un tipo de violaciones a la ley que implica derramamiento de sangre, o sea armas.
Eso no era así en Colombia. En el año setenta, Colombia era un país muy pacífico y la guerrilla hacía golpes pero muy lejos. Los ochenta empiezan de una manera muy distinta por el narcotráfico, entonces eso cambia y luego toda la corrupción de antes tiene el fuego de la plata que se consigue con el narcotráfico, todo el paramilitarismo tiene el auxilio económico de la plata del narcotráfico, la guerrilla también, entonces cambió totalmente la estructura de lo que está pasando.
En estos momentos las investigaciones periodísticas más notables se hacen de manera individual y no desde ninguna gran empresa periodística.
O por ONG… La verdad ya no hay mucho interés. El interés se limita a reproducir lo que otros dicen, pero no a asumir internamente la investigación para hacer una revisión porque eso implica riesgos e implica inversión de plata, tiempo y es más fácil no hacerla.
¿Cree usted que existe entre la prensa y el Gobierno un acuerdo para presentar o no presentar la información?
Sí, pero no porque haya una conspiración, sino porque es la vía fácil para el Gobierno, para los medios. (…) Casi todas las tragedias de todo tipo tienen una cara humana que normalmente no se muestra. Ahora que hizo este trabajo en Semana Silvia Camargo, sobre el impacto de la violencia en la salud mental de la gente, gracias a una beca del Carter Center de Atlanta, uno se pregunta: ‘a ver, esta señora de Córdoba con una cantidad de niños… llegan los paramilitares y les toca irse de la finca con la ropa que tienen puesta y llegan a Montería.’ Ella (Silvia) está contando todas esas historias ahora años después porque la televisión, en ese momento no fue a Montería, que no era peligroso. No estamos hablando de ir a denunciar a Mancuso, comprobar si esa masacre es de Mancuso o de Castaño, no, se trata de hablar con esas víctimas. ¿Por qué tenemos que esperar tantos años para que la gente cuente eso? Había muchísimas familias en cada masacre que se iban a la capital y que allá se podían entrevistar, no había que ir hasta la vereda donde era peligroso, ¿por qué no lo hicieron? (…)
Lo mismo está pasando ahora con Reficar: usted no puede decir que la prensa le está tapando el escándalo al Gobierno., pero está presentándolo con una cantidad de información técnica que es muy difícil de penetrar. El primer comunicado de la Contraloría dijo que ellos tenían información de que a una secretaria bilingüe de Reficar le pagaban treinta millones en el mes y ningún medio en Colombia ha ido a buscar a esa señora, que es la cara del escándalo. De contratos y la modalidad que se pagaba sobre el trabajo ejecutado, eso no lo entiende nadie (…). Entonces le dan todo el despliegue: Uribe ataca a Santos y le dice ‘fue usted el que lo ejecutó. Yo lo firmé pero usted lo ejecutó’. Eso se va lejos, pero aterrice la noticia como ahí está…
O sea que como consecuencia de eso, ¿cree usted que la inmediatez hace que en estos momentos no se confronten las fuentes?
No, la inmediatez no. Es más bien el hecho de uno periodista y como medio, naufragar en el mar de noticias y en la confusión que cada escándalo tiene, en lugar de concentrarse en lo que es, en lo que le dice al lector todo: una foto, una historia, algo que el lector entienda, porque de lo contrario la gente dice: ‘ah, ya. Yo ya ví lo de Reficar’… Pero uno se cansa de seguir eso, a menos que uno sea periodista y esté pendiente de cada detalle. La gente lo lee una vez o dos veces y ya, a otro robo.
Podríamos decir que se trabaja con más con pasión que razón…
Y terminan los medios de plataforma y se la prestan a todo el mundo para que opinen del tema. Entonces el Contralor que hace la denuncia tal vez habrá hecho una investigación buena, pero también quiere sacar dividendos políticos y entonces no sabemos si está contando todo, si hay cosas que él sabe y no las quiere contar porque no le conviene… Luego el Gobierno que se defiende, se atacan entre dos presidentes, después sale Semana diciendo: ‘la Contralora Sandra Moreli le puso el visto bueno a todas esas cuentas’, entonces le prestan la plataforma, pero el medio no es el que decide, eso exige más trabajo.
En cambio, muy fácil, los involucrados en estos asuntos dicen: ‘yo tengo El Colombiano, tengo Semana, tengo El Tiempo, y entonces mis periodistas ¿qué van a hacer?’. ‘Ah, que este dijo tal cosa sobre Reficar, sáqueselo; ‘que el otro le reviró, sáqueselo’. El periódico se vuelve pasivo, el piloto de la información no es el director, ni el editor, ni el redactor, sino otros. Es como si vos ponés una cartelera y todos los estudiantes de la Bolivariana publican: ‘busco perro’, ‘vendo perro’… Entonces la cartelera todo el mundo la usa. A eso se han reducido los medios.
Con Daniel Samper, con quien usted trabajó en El Tuiempo, uno ve el juego de la información con el humor, la sátira para poder sacar así la información.
Es que la calidad de los medios ha bajado muchísimo. Ha subido mucho la capacidad tecnológica, las fotos y todas esas cosas, pero el contenido se ha deteriorado en los últimos cuarenta años.
Vladdo fue el que denunció lo de Interbolsa de primero, un tipo que es un caricaturista. ¿Por qué él? ¿Y no hay dizque un periódico económico que es Portafolio? ¿Y Dinero? Ellos nada, es que el periodismo de escritorio no sirve.
En esa investigación, por ejemplo, también juegan los diferentes saberes. Es necesario tener abogados, economistas…
Y si los hay, hablan con una terminología muy técnica que la gente no sigue (…). El periodismo debe ser una cosa ágil, amena, rápida, que la gente lo vea ya, no que le toque pensar, trabajar, porque no tiene tiempo. A lo que están hablando de Reficar yo le puedo dedicar dos minutos al día, pero estoy trabajando, estoy recogiendo a mi señora, debo recoger a los niños, pagar la mensualidad de los colegios, yo no puedo seguir ese escándalo, pero sí quiero estar informado.
Además, se usan en todos los medios las mismas fuentes, la gente que habla siempre es la misma y no se están buscando otros puntos de vista.
Exacto, repiten y repiten. Además, hay otra falla: hombre, cualquier organización sea un periódico, sea una universidad, sea una empresa de aviación, es obvio que debe tener una pirámide, en la base hay una gente y, a medida que se va achicando, hay menos gente aquí arriba (dibuja una pirámide imaginaria en el aire y señala la parte más alta). (…)
Aquí, los periódicos y los medios los hacen solamente los de aquí (señala la base de la pirámide) y no tienen ningún estímulo para quedarse, saben que se van y que vienen otros muchachos a reemplazarlos, entonces esto no puede funcionar. Hay arriba un director, pero él no busca las noticias. Si no hay un estímulo económico además laboral y estabilidad, uno no puede contratar muchachos jóvenes recién egresados con la idea de dejarlos ir, uno los va a contratar porque son los mejores y los va a tener. (…) Aquí es: gente trabajando por un millón de pesos, por dos millones de pesos, tratando temas muy delicados, y, tan pronto ven la oportunidad de un mejor trabajo en cualquier parte, vuelan.
Muchos estudiantes tampoco se inclinan por el periodismo porque les parece que no es rentable…
No hay estímulos, no hay un reto y tampoco hay sueldos. O sea, la gente aspira legítimamente, en cualquier profesión, a comprar un apartamento, un carro y a vivir más o menos con un sueldo. Si eso lo puede conseguir en cualquier otra actividad, se va para allá. En cambio, aquí (en el periodismo) no pueden conseguir algo porque es uno quedarse diez años en un periódico en donde siempre le van a pagar lo mismo y ni siquiera puede pagar la cuota de un apartamento.
En la columna de María Jimena Duzán sobre el caso de Vicky Dávila, comenta que cada vez es más mala la percepción que hay sobre el papel de los periodistas y los medios, señala que se nos acusa de promover odios ¿qué labor como periodistas estamos cumpliendo si ya no nos quieren leer?
El periodismo es de cabeza fría. Usted puede ser lo más político, radical, lo que sea, pero ya cuando usted va a presentar su trabajo, es con términos neutrales, que convenzan aún a sus enemigos, no con política ni con frases apasionadas, esas usted se las guarda para otra ocasión. Esto requiere más trabajo. El problema es también del trabajo.
¿Entonces ya no se quiere pensar?
No solamente pensar. Trabajar y hacer el trabajo de reportería, verificar los datos… eso es muy verraco, eso exige tiempo, paciencia, dedicación. Los medios deben entender eso para tener gente que pueda trabajar, no viviendo en ese ambiente, a la carrera, entregando cosas. A la carrera usted puede cubrir un choque aquí en la Avenida Nutibara, pero no una noticia.
¿Qué consejo usted les daría a aquellos jóvenes que desean hacer periodismo investigativo?
Que se cambien de profesión (sonríe).
La primera parte de esta entrevista fue publicada en la edición número 53 de Contexto. Encuéntrela AQUÍ.