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  • INCERTIDUMBRES MARCAN LA RUTA DE LOS PRÓXIMOS CUATRO AÑOS EN ANTIOQUIA

    Analizamos el plan de desarrollo departamental “Unidos por la vida 2020-2023”, aprobado en mayo pasado por la Asamblea de Antioquia, desde que en junio pasado y en medio de la pandemia Luis Fernando Suárez asumiera el encargo como gobernador, tras la medida de aseguramiento contra el electo Aníbal Gaviria. En medio de estas situaciones, ¿cuál es el plan que se mantiene para el departamento? ¿Cómo se financiará?

     

    Por: Sebastián Carvajal y Andrea Cano

     

    Este año se aprobó un plan de desarrollo departamental atípico. Su construcción pasó de ser descentralizada en las subregiones a virtual, en medio de la emergencia sanitaria por COVID-19 y, antes de ser presentando ante la Asamblea Departamental, tuvo que ajustarse a los retos que conllevaba la crisis de salud y la reactivación económica. Luego, el ente legislativo lo discutió mediante sesiones no presenciales y lo aprobó con 25 votos a favor y uno en contra.

     

    Ahora el Plan guiará al gobierno departamental durante los próximos cuatro años, bajo el objetivo de “trabajar unidos por una nueva visión departamental, cuyo centro sea el ser humano y su desarrollo integral y sostenible”.

     

    “Tenemos dos propósitos superiores en el plan que son la vida y la equidad y por eso muchas de las estrategias y programas van a ir al cierre de brechas”, explicó Claudia García, directora de Planeación departamental y quien coordinó la construcción y aprobación del documento.

     

    El Plan de Desarrollo contempla cinco enfoques estratégicos que son transversales: Arriba Antioquia -un programa para la reactivación pospandemia-, Emergencia Climática, Transformación Digital de Antioquia, Antioquia Resiliente y los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET).

     

    Por su parte, Nuestra Gente, Nuestra Economía, Nuestro Planeta, Nuestra Vida y Nuestra Gobernanza, son las cinco líneas estratégicas que hacen parte del plan y que se desglosan en 32 componentes y 166 programas.

     

    Además, estipula un plan de inversiones por cerca de 18,9 billones de pesos en el cual se relaciona el plan cuatrienal, que son recursos propios del departamento y que alcanzan los $10,63 billones, más $8,3 billones que provienen de fuentes alternativas. Se llaman así porque no hacen parte de las rentas tradicionales y resultan claves ante la disminución de ingresos corrientes de libre destinación, a causa de la emergencia sanitaria.

     

    “Tenemos varias fuentes alternativas: uno es el Sistema General de Regalías, que es una apuesta muy ambiciosa por presentar buenos proyectos; los recursos de crédito, que durante la discusión en la Asamblea tuvimos las disposiciones que nos permitían mayor espacio fiscal para apostar por ellos. Otra fuente es el capital de la solidaridad, la pandemia ha sido un ejemplo de cómo se puede movilizar recursos en especie y hay otros mecanismos como las obras por impuestos y la cooperación internacional”, aseveró García.

     

    Con respecto a los recursos de crédito, la directora de Planeación departamental agregó que la Gobernación está trabajando en dos frentes: uno es el reperfilamiento de la deuda; es decir, obtener mejores periodos de gracia o mejores tasas de interés, y el segundo es buscar las opciones más competitivas para el endeudamiento, ya sea con la banca local o multilateral. “Lo que se está haciendo es explorar las mejores condiciones del mercado”, explicó la servidora.

     

    Aunque por ahora el panorama financiero no está del todo claro para la Gobernación. “Todavía no sabemos los impactos en términos fiscales del COVID-19 y eso tiene dos elementos: uno es el recaudo propio y sus negocios, cómo se ven afectados. Creo que habrá mucha más evasión y también quisiera saber qué impacto tendrá sobre la FLA el cierre de locales comerciales. Lo segundo es lo que la Nación va a dejar de girarle al departamento. Eso es una cosa todavía incierta”, señaló Juan Esteban Lopera, profesor del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia.

     

    Gobernación mediadora, ese es el plan

     

    Para entender el plan de desarrollo de Antioquia es importante tener claro que el Departamento tiene dos funciones claves: ejecutar recursos y servir de intermediador entre lo local y lo nacional.

    Es decir, además de diseñar e implementar programas con capital propio, “se encarga de coordinar las acciones con las entidades de orden nacional o con los municipios, de tramitar las exigencias y demandas de unos y otros y de apoyar, acompañar y prestar asistencia técnica a las localidades”, explicó Lopera.

     

    Por esta razón se explica que las fuentes alternativas correspondan al 44% del total de las inversiones de Plan de Desarrollo, lo que además pone a prueba su capacidad de articularse con otras agendas, como lo explica Juan Sebastián Aristizábal, director del Centro de Análisis Político de la Universidad Eafit: “Uno lo que evidencia es un esfuerzo por articular distintas agendas, agendas globales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, con agendas nacionales como los Conpes y con unos enfoques muy definidos que me parecen interesantes”, dijo.

     

    La financiación de los programas y proyectos, la gran pregunta sobre el plan departamental.

    Infografía: Sebastián Carvajal y Andrea Cano Gaviria.

     

    Relevo al timón en medio de la tormenta

     

    Al indagar sobre las apuestas y lo que se puede esperar del Plan de Desarrollo, Aristizábal señaló que: “es lo suficientemente ambicioso para tratar de recoger las discusiones que están sobre la mesa. No creo que le falte, el reto ahí es poder materializar todo lo que se está proponiendo en ese plan de desarrollo que fue aprobado”.

     

    De igual forma, destacó que hay un esfuerzo importante por articular dinámicas políticas, económicas y sociales para tratar de atender de forma oportuna cada una de las subregiones del departamento y aseguró que con la finalización de los corredores viales habrá una mejor conexión para desarrollar el Nordeste, Occidente y Urabá antioqueños.

     

    Sobre el impacto de la pandemia en las subregiones indicó que sus efectos se verían a lo largo del segundo semestre, especialmente en lo económico y social y valoró el esfuerzo del programa Arriba Antioquia por reconocer esas dificultades y proponer soluciones desde la articulación institucional.

     

    Para Lopera la aprobación es apenas el inicio, “el partidor” de una serie de dinámicas políticas para ejecutar su implementación. “Ningún plan de desarrollo se cumple al 100 % y esas son dinámicas políticas, porque lo técnico ya se resolvió. Es muy difícil gestionar la burocracia de la Gobernación, son elementos muy complejos. El plan define una cantidad impresionante de equipos de trabajo que existen en la medida en que existen programas para ejecutarse y se les asigna un recurso”, apuntó el académico.

     

    Acerca de los retos políticos que tiene la gestión del plan, Lopera indicó que son varios, entre ellos, la detención de Aníbal Gaviria, las alcaldías y sus propias apuestas; la paz, los PDET (Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, estrategia asociada al cumplimiento de los acuerdos de paz) y el respaldo que estos tengan por parte de la Nación; además de las dinámicas territoriales marcadas por los grupos de incidencia, legales e ilegales.

     

    Los lugares de la oposición

     

    Sobre la discusión y aprobación del plan de desarrollo, Andrés Guerra, excandidato a la Gobernación de Antioquia y quien llegó a la Asamblea gracias al estatuto de la oposición, decidió acompañar a Aníbal Gaviria porque cree que “hoy no es el momento para hacerse el importante, es el momento para ser útiles y eso modifica absolutamente todo el concepto político”. Considera que el plan aborda el 95% de las necesidades de los antioqueños y espera que dé la hoja de ruta para salir de la crisis.

     

    Además, destaca que la Gobernación tuvo en cuenta algunas de sus propuestas de campaña, entre ellas: la conectividad a internet de las escuelas rurales, un programa de bilingüismo gratuito para niños y jóvenes, la creación de la Secretaría de Turismo, los puertos marítimos en el Urabá y los circuitos productivos y rurales para conectar las subregiones.

     

    Por su parte, el diputado Luis Peláez, quien votó en contra de la aprobación del Plan y se declaró en oposición al gobierno, asegura que en él “vamos a encontrar programas muy bonitos, muy bien llamados, con indicadores y presupuestos flojos”.

     

    Para Peláez se debió “Invertir en lo prioritario”, por lo que propuso en la discusión del plan de desarrollo cinco temas que, según él, el Departamento no ha solucionado ni les dio la importancia necesaria en la discusión. Estos fueron la alimentación, la salud, los servicios públicos, el empleo en las subregiones y la educación. Para su abordaje sugirió una mejor redistribución de los recursos, pero la Gobernación decidió mantenerlos en los proyectos que, en su concepto, propiciarán la reactivación económica.

     

    Algunos de los programas que el diputado señala por la falta de recursos suficientes son: Maná Plus, la apuesta frente a los habitantes de calle, Vive la cultura en Antioquia, el enfoque étnico —“Está transversal, entonces lo difuminan y no lo ponen claro”, dijo Peláez—, entre otros.

     

    Sin embargo, celebra la apuesta por las ciclorrutas, el bienestar animal, la construcción de dos nuevas cárceles y 75.000 viviendas para el departamento. Además de la inclusión de CALMA, una propuesta suya para la comercialización y distribución de cannabis medicinal, como una línea de dentro de la Fábrica de Licores de Antioquia, que durante los próximos cuatro años estará bajo estudios de prefactibilidad, factibilidad y desarrollo.

     

    Qué pueden esperar los antioqueños del plan de desarrollo

     

    Los expertos concuerdan en que ahora sigue la implementación del Plan “Unidos por la vida 2020-2023” y la priorización de programas y recursos. Eso dependerá de las apuestas para reactivar la economía tras las crisis por la pandemia —una de ellas son las obras de infraestructura— y de las dinámicas políticas propias del departamento.

     

    Asimismo, concuerdan en que lo aprobado refleja el tema de la vida como una de las obsesiones de Aníbal Gaviria en sus diferentes mandatos y que desarrolla de manera integral los elementos para fortalecer la equidad social. El profesor Juan Esteban Lopera resalta que, aunque ha sido recurrente en sus administraciones, el enfoque es “distinto a los que han tenido en otros y este se basa en la ejecución”, porque se centra en la sostenibilidad y el manejo de la pandemia, según explicó.

     

    El diputado Peláez, por su parte, enfatizó en que hará seguimiento a los principales proyectos de infraestructura de la Gobernación como el túnel del Toyo, el Tren del Río y los puertos de Urabá. Sobre los programas y las inversiones estipuladas, dijo que “en unos años vamos a ver los aciertos y desaciertos que tuvo esa apuesta”.

     

    García, en nombre de la administración departamental, subrayó que esperan potenciar el desarrollo de las regiones, para que se traduzca en más oportunidades para los Antioqueños. “Esperamos que el Departamento avance en la construcción de un territorio saludable, donde sus habitantes se sientan seguros, y la paz pueda llegar a cada rincón de Antioquia. Nuestro compromiso es realizar un trabajo constante que integre a todos los equipos de este gobierno, con el objetivo de construir un territorio más incluyente, equitativo y próspero”, finalizó.

     

    Aspectos clave del Plan de Desarrollo, que incluye ideas del programa de gobierno del candidato que obtuvo el segundo lugar en las votaciones. Infografía: Sebastián Carvajal y Andrea Cano.

     

     

  • Resumen de la semana #DiarioDelParo

    Entre el 2 y el 8 de diciembre numerosos acontecimientos pusieron el tono a las movilizaciones de la ciudadanía como expresión de sus descontentos frente a la gestión del Gobierno. Aquí, un recuento de los hechos más destacados y los que marcarán la pauta durante la semana que viene, con la perspectiva puesta en Medellín.

     

    #DiarioDelParo es una alianza por el derecho a la información de la ciudadanía junto a De la Urbe, Revista Generación Paz, Le Cuento la U, Lluvia de Orión, Hacemos Memoria y La Oreja Roja.

     

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  • “Contra viento y marea”: Luz María Múnera Medina

    A las 8 de la mañana empiezan a llegar los concejales: algunos, sonrientes y con palabras de buenos días para todo aquel con el que se atraviesen; otros, silenciosos y ocupados, con la simple intención de escurrirse hasta su oficina. Hoy Luz María Múnera Medina ha sido de los de esa segunda clase; hace menos de 12 horas se encontraba en un vuelo de regreso de Bogotá y ahora, lejos de sentirse aletargada o distraída, ella sacude su cara redonda con energía mientras organiza su agenda del día.

     

    Luz María Múnera hace política desde los 13 años, cuando ingresó al movimiento estudiantil de izquierda.

    Foto: Twitter de Luz María Múnera.

     

    Con casi 40 años haciendo política —a los 14 decidió participar en el movimiento estudiantil de izquierda—, a la concejal le gusta admitir que tiene la maldición del paraíso: ser de izquierda y ser mujer. Después de dos lanzamientos de campaña, que inició con la intención de hacer las cosas mejor y para dejar de ser encasillada como la secretaria del Polo Democrático Alternativo, Luz María se posicionó como una de las pocas mujeres dentro del Concejo de Medellín y una de las voces actuales más críticas de la administración municipal.

     

    —Hacer política no es fácil, yo creo que ni siquiera la izquierda tiene muy claro el tema de la participación de las mujeres en término de que no saben para qué servimos. Entonces nos tocan hacer mayores esfuerzos, siempre me ha tocado; un hombre da un discurso con tres palabras y nadie le dice nada, mientras que a nosotras se nos exige conocimiento, capacidad y formación si queremos tener un lugar decente.

     

    Los primeros cargos que ocupó Luz María Múnera en su partido se limitaron a temas financieros y de papeleo; siendo secretaria administrativa y gerente de campañas, ella direccionó los fondos para las operaciones electorales de distintos candidatos del Polo y, más tarde, planeó las de Rodrigo Saldarriaga para la Cámara de Representantes. Por esta última experiencia, la concejal confiesa que se consolidó su decisión de iniciar su propia campaña política; una en la que solo sacaría 1700 votos y por la que fue agredida.

     

    —Fue algo muy duro, especialmente por el dinero de campaña; recuerdo mucho que un compañero nos dijo a dos mujeres: “Es que a ustedes no se les puede dar plata porque la gastan en arepas”. Después de eso, empecé a buscar mis propias finanzas y a estudiar Administración Pública. Yo dije: “Contra viento y marea de izquierda y derecha, que si esa vieja es loca, esa hijueputa como jode, ella no es capaz… no importa, yo voy a ser concejal”.

     

    La concejal del Polo Democrático abre los ojos y gestualiza mientras habla; a diferencia de lo que sucede en las sesiones plenarias, su fuerte carácter parece amortiguarse con su voz serena y el paisaje celeste que se entrevé en las ventanas de su oficina. De cuando en cuando, David, uno de los jóvenes que integran su equipo de trabajo, la observa y asiente.

     

    —Pero esto no ha sido un trabajo sola; yo logré conformar un equipo académicamente muy bueno y políticamente muy claro, y lo empoderé. Aquí lo primero es prepararse y aprender a tomar decisiones colectivas; si no, te perdés y, como mujer, con mayor razón.

     

    Durante esos primeros meses en el Concejo, Luz María estuvo a punto de abandonar el cargo; por lo que más tarde denominaría una crisis moral, ella confiesa que terminaba el día con lágrimas en los ojos y con vergüenza por esa sensación que tenía de estar participando en algo repulsivo: ¿yo por qué me tengo que sentar con esta manada de ratas?

     

    —Yo me lo imaginaba y pensaba que al interior esto iba a ser malo, pero me equivoqué: era peor. Por eso, debes decidir si te dejás o no te dejás: uno de los machos te pega un grito y te ponés a llorar o te parás firme con toda la propiedad que te da el conocimiento. Eso se ha ido superando no porque ellos aprendieron, sino porque no me dejo -Ella reposa las manos sobre la mesa y su mirada se suaviza—. Hemos tenido momentos muy duros. Yo este año me separé y eso aquí ha armado un revuelo porque soy mujer… que si tengo o no tengo mozo, que si me acosté con David o con tales, que por qué estoy tan flaca y me puse bonita. Esas cosas me afectan, pero ante lo público siempre sigo firme.

     

    Como parte de la oposición a la alcaldía actual y por la misma naturaleza de su carácter, Luz María Múnera ha tenido numerosos enfrentamientos con sus compañeros concejales; desde el desafío a una pelea a puño limpio con Bernardo Guerra Hoyos —el rey de los machos— hasta la lucha contra la disminución de los presupuestos para las mujeres. Aún con un dejo de contrariedad en su voz, la concejal se queja de que, para este cuatrienio, los fondos para la población femenina bajaron más del 70%.

     

    En la actualidad, la Secretaría de la Mujer en Medellín está contando con 40 mil millones de pesos para esta administración, es decir, 20 mil millones de pesos menos que bajo otros mandos. Respecto al área de participación política de la misma entidad, las cifras se reducen: según Luz Constanza Jiménez, profesional universitaria de la misma Secretaría, en este año solo se disponen de 350 millones de pesos para la realización de actividades promotoras del empoderamiento político de mujeres.

     

    —Hay que mirar nada más los programas de la primera dama, son programas para que cumplas tu función histórica como mujer: criar hijos, casarte, ser juiciosa. No hay una concepción de avanzada frente a nosotras, por eso tenemos que seguir trabajando y no dejarnos; no debemos llorar por esas cosas, sino imponernos por nuestras capacidades, tampoco se trata de ser feministas radicales, sino de caminar con los hombres… y, sobre todo, se trata de amarnos a nosotras mismas.

     

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  • “¿Cómo negar que estamos llenos de hombres y que ellos están llenos de mujeres?”: Luz Imelda Ochoa

    A las seis de la tarde del viernes, el sexto piso de la Gobernación de Antioquia parece la sala de un hospital abandonado. El largo pasillo se abre desde las puertas de vidrio hasta un punto inalcanzable para la vista, las sillas empotradas en la pared de la derecha permanecen vacías y los recepcionistas —una mujer joven y distraída por la Secretaría de las Mujeres y un hombre de chaleco por la de Productividad y Competitividad— lucen como zombies mal remunerados.

     

    —Hasta mañana… hasta la vista… hasta mañana —canta una mujercita gruesa mientras sacude la coleta de cabello rojizo que cuelga de su cabeza y desaparece en los ascensores a la salida de la oficina.

     

    A pesar de todo, el letargo del fin del día aún no se ha extendido por todo el recinto; acompañada por un cuadro de pinturas de colores y unas letras recortadas en la pared que forman la palabra “Triunfo” —con una carita feliz encima de la “i”—, la secretaria de las Mujeres de Antioquia no ha dejado de mover cosas, recibir llamadas y atender citas. Sin importar la jornada, los grandes ojos de Luz Imelda Ochoa Bohórquez, la cirujana que llegó a ser concejal de Bello en el 2008, siguen rebozando energía.

     

    En el 2008, Luz Imelda Ochoa empezó a incursionar en los espacios de poder como presidenta del Concejo de Bello.

    Foto: Gobernación de Antioquia.

     

    —Yo no soy practicante ni religiosa, pero yo creo en el ser humano y en su capacidad de trascender de su biología.

     

    La voz de Luz Imelda hace ecos entre las paredes mientras ella se explica; para la secretaria de las mujeres, cada tipo de división social, cultural y política se sustenta en el concepto de la evolución. Sin creer en juicios de valor, ella argumenta que todo suceso humano tiene una causa natural y un efecto progresivo. Y la participación política de las mujeres, como la brecha más grande en el mundo, no hace la excepción.

     

    —Por la evolución, llegamos hasta donde estamos; en un esquema que se heredó transgeneracionalmente, que está incorporado en los programas neurológicos de comportamiento y que inclusive tiene marcas genéticas en los humanos. Esa es la polaridad, la teoría de que todo tiene su opuesto: hombres y mujeres, blancos y negros, pobres y ricos. Aun así, en comparación con todos los siglos de discriminación y desigualdad, hemos avanzado en los últimos 120 años, y mucho. Empezando con los hombres, estábamos en un concejo de solo hombres, ¿acaso no fueron ellos los que empezaron a votar para que hubiera mujeres?

     

    De esta forma, se pueden rescatar las palabras de Aura López: todo ha sido cuestionado por el feminismo: lo familiar, lo doméstico, lo cultural, lo laboral, lo religioso, lo sexual, lo histórico y, es casualmente a esa tarea de lucidez y de lucha, a lo que se deben los espacios que hemos venido conquistando a través de la historia. Luz Imelda asegura: —Es que estamos construyendo juntos una sociedad más evolucionada; despacio, pero vamos por una sociedad de iguales.

     

    Haciendo un recorrido por la historia de la ciudad, la tardanza se convierte en uno de los aspectos más llamativos en la implementación de acciones por la equidad de género. De acuerdo con un análisis de la Alcaldía de Medellín, las problemáticas femeninas solo adquieren legitimidad pública en 1990 y, pasados diez años, la administración municipal materializa soluciones para ellas con la creación de la Subsecretaría Metromujer (2002) y el ascenso de esta al rango administrativo de Secretaría (2007) —siete años después de haber sido fundada la Secretaría de Mujeres de la Gobernación de Antioquia—.

     

    Luz Imelda exhala con fuerza, hace un gesto hacia sí misma y continúa: —Para estar donde estoy, he recibido ayuda de toneladas de hombres: mi papá, mi abuelo, mi hijo, mi exesposo, mis amantes, mis amigos, mis funcionarios, mis profesores… ¿cómo negar que estamos llenos de hombres y ellos están llenos de mujeres? Todos nos acompañamos en el proceso de evolución. Solo hay que acostumbrarnos a la idea de que somos diferentes, pero iguales. Claro que, en la política, por ser la instancia del poder, es más difícil.

     

    —Hemos podido incursionar en todas las cosas en las que no somos tan amenazantes; derecho en la salud, educación, adquisición de bienes… en todo. Siempre se podrá montar otra empresa de hombres y mujeres y siempre se podrá acceder a una universidad, pero los cargos públicos son más limitados numéricamente y si los hombres pierden esos cupos… ¿quiénes los ganan? Mujeres. Ahí es donde ellos se han negado, entonces nosotras nos encontramos con violencia política, techos de cristal, pisos pegajosos…

     

    En los últimos meses la Gobernación de Antioquia ha formado en participación política y electoral alrededor de 470 mujeres en la denominada Escuela Política Pa’ Mujeres; de estas, 420 se perfilan como candidatas para el 2019. Luz Imelda Ochoa, quien es líder del programa, explica que, más allá de la competencia masculina, el verdadero reto para las mujeres es luchar contra la culpa de salir de sus casas y el miedo de ser señaladas. Pero eso no es todo: estas dificultades son constantes, nunca se superan del todo; una vez que ellas alcanzan un cargo decisorio, el siguiente paso es conservarlo.

     

    —Los hijos solos, el trabajo político, el marido que se siente en una condición de inferioridad; normalmente hay muchas separaciones de matrimonios para las mujeres que avanzan en la política. Todo esto tiene un costo y hay muchas que, frente a lo que están “perdiendo” y lo que están viviendo al interior de sus hogares, se preguntan: “¿Esto sí vale la pena?”. Para nosotras, ese es el momento crucial de soltar todo. Muchas se han ido. Por eso, este año hemos diseñado un mecanismo para estar ahí con ellas y decirles: “Sí, sí vale la pena”.

     

    Luz Imelda Ochoa Bohórquez sonríe, hace una seña para pedir silencio a su hijo, quien acaba de llegar a la oficina, y concluye: —El tema se llama poder y hay que ponerlo en boca de hombres y mujeres, que tengan la posibilidad de decir: “Está bien tener poder para liderar”. Muchos humanos somos líderes, pero hay unos que debemos tomar decisiones. Y así somos los políticos: imprescindibles, necesarios, divinos… pero putiados, mal vistos, corruptos. El poder es una belleza y, por eso, los políticos deberíamos ser lo mejor de lo mejor.

     

     

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  • “Empezar desde un partido siempre va a ser más cómodo”: Sonia Vásquez

    A unos pasos de la Fundación Universitaria de Bellas Artes, cerca de la estación del tranvía Pabellón de las Aguas, se alza un letrero verde de letras amarillas encima de lo que pareciera el enrejado de una casa vieja. En él se lee una de las leyendas femeninas más simbólicas en el siglo XX: Unión de ciudadanas de Colombia. Luchar por el derecho al voto y lograr la conformación de organizaciones y entes del Estado que trabajaran el enfoque del género fueron las consignas de la UCC en 1957, que, para entonces, se constituyó en una de las organizaciones pioneras en promover los derechos humanos de las mujeres en Medellín.

     

    Sonia Vásquez inició en la política sin un partido, con la intención de darle voz a los comerciantes de Barrio Triste.

    Foto: cortesía.

     

    Como sucede con la mayoría de las edificaciones de La Candelaria, los muros de la central no son más que ladrillos pesados que exhalan una fuerte presencia con olor a polvo y madera antigua. Después de una larga pausa del timbre eléctrico, se escuchan los pesados pasos de lo que termina siendo una sombra pequeña y abultada al otro lado del oscuro pasillo. A pesar de la expresión cansada en sus ojos oscuros, la vicepresidenta de la Unión de Ciudadanas de Colombia y actual consejera de Participación Ciudadana por Antioquia y Medellín muestra una amplia sonrisa y se acerca a la reja.

     

    Sonia Vásquez Mejía recuerda su incursión en la política desde sus años en la Fundación de Comerciantes del Corazón de Jesús “CORAJE” en Barrio Triste; entonces ella era la directora ejecutiva de la organización y debía hacerle frente, junto a los habitantes del sector, a la incertidumbre provocada por el entonces vigente acuerdo municipal que permitía el desalojo de los comerciantes para la construcción de zonas de edificios. Tan solo después de un paro cívico en 1993 y el lanzamiento de Sonia a la JAL por la comuna 10 y, posteriormente, al Concejo de Medellín, la problemática encontró una solución temporal.

     

    Así se dio el ascenso político de la comunicadora social; desde gerente del Centro y secretaria de las mujeres hasta concejala por la Alianza Social Independiente y candidata para la Cámara de Representantes por el Partido Verde, Sonia Vásquez ha logrado ser una de las mujeres líderes en los espacios de poder y de conciencia femenina.

     

    —En mis inicios, cuando estaba en la JAL, yo prácticamente hacía lo que me daba la gana. Por mucho tiempo participé en la política sin un partido, sin patrones que me dijeran esto o aquello, a mí lo que me interesaba era que, como JAL, trabajáramos intensamente por ellos. —Incitada por los mismos habitantes de su sector y bajo la creencia de que la política debe ser el arte del bien común, su alma de mujer y de revolucionaria no podía permanecer insensible como la de tantos seres egoístas ante el espectáculo doloroso de una humanidad mil veces subyugada y mil veces sacrificada por un capitalismo absorbente y explotador; palabras dirigidas en otro tiempo a María Cano.

     

    Sonia Vásquez ojea una cartilla informativa de la organización mientras sus gruesas manos reposan sobre una mesa de madera oscura. Ya dentro del edificio y después de haber hecho un corto recorrido por las oscuras instalaciones —entre ellas, la biblioteca más completa en el país de investigaciones sobre equidad de género—, la vicepresidenta de la UCC se ha mostrado un poco dispersa y, a pesar de que la hora indica el fin de un día ajetreado, las llamadas, mensajes y visitas ocasionales no han dejado de interrumpirla.

     

    Con recortes de periódico y fotografías antiguas, la UCC recuerda su historia como una de las organizaciones femeninas pioneras de la región. Foto: Cortesía.

     

    —Empezar desde un partido siempre va a ser más cómodo porque ellos son los que dan el aval en el sistema electoral, pero también trae más problemas; la política siempre la han hecho los hombres, entonces a las mujeres siempre nos va a tocar hacer más fila y demostrar más acciones. —Suspira y sus dedos empiezan a jugar con los bordes de las páginas.

     

    —Eso se llama violencia política y siempre nos la han hecho. Tenemos grandes obstáculos por los estereotipos de género; también por los partidos, en los que no hay recomendación, ni plata ni estímulos; y por las pocas acciones afirmativas para la participación ciudadana de las mujeres. Ahora venimos luchando por la Ley de Paridad; para que, a través de los partidos, haya unos sistemas democráticos más fuertes, como la lista cerrada y de cremallera, y en los que realmente haya capacitación y participación de las mujeres. Si no, solo nos usarían para rellenar.

     

    A pesar del funcionamiento de la Ley de Cuotas en el 2000 y de la posterior Ley 1475 de 2011 con la que se pretendía reforzarla, no se ha experimentado, en los últimos años, una notable variación en las brechas de los cargos de dirección entre hombres y mujeres. De acuerdo con un análisis de la Secretaría de las Mujeres de Antioquia, la brecha de género en los cargos decisorios de la Gobernación de Antioquia fue de 27,7% en el 2018, es decir, 2.5 puntos porcentuales más que en el 2001.

     

    El panorama en el resto de los espacios de poder públicos es similar: solo se cuenta con cinco concejalas en Medellín de un total de 21 integrantes y dos diputadas en una Asamblea Departamental de 26. Cifras que, contradictoriamente, van de la mano con el aumento de participación de la población femenina; según la Encuesta de Percepción Ciudadana de Medellín Cómo Vamos, los porcentajes de participación política en el 2019 fueron de 42% por las mujeres y 37% por los hombres.

     

    Nada de ello desalienta a Sonia Vásquez; con sus mechones de cabello rubio y corto desordenados y su conjunto azul, la mujer sigue afirmando que la política lo es todo. La vicepresidenta de la UCC mueve páginas, se levanta, busca cosas y cita los nombres que conforman su propia lista: los de las mujeres que la inspiran. Josefina Valencia, Betsabé Espinal, Piedad Córdoba, Riane Eisler y muchas otras, para quienes ni siquiera existe una placa en el pueblo que las vio nacer o en el sitio en el que se les vio morir.

     

    —Pero también he visto otras que todavía tienen investidura patriarcal, creen que la mejor forma es imponer sus criterios y no entienden el término de equidad de género. Sobre todo, no entienden que el feminismo exige la igualdad en los derechos y que quien piense así automáticamente es feminista. —Recogiendo el postulado de la escritora Aura López, la lucha feminista es, por lo tanto, además de una lucha de orden cultural, una lucha política.

     

    Sonia Vásquez Mejía cierra la cartilla de la organización a la que representa, sonríe cansinamente y dice: —Ahora también hay un movimiento creativo en la ciudad, Estamos Listas, pero es parcialmente democrático; simplemente por hacer parte de un partido político, no me invitaron y me cerraron las puertas. Así nos pasó a mujeres como Rocío Pineda y Teresa Muñoz. Pero les deseo mucha suerte. A ellas y a todas las que quieran meterse en esto. Mucha firmeza.

     

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  • La política para las mujeres CASA DE ESQUINA: NI LA COMPRES, NI LA VIVAS

    El poder de decisión, todo lo que nos define, la capacidad de acción, un frente del desarrollo… hay quienes les gusta definirla así y, a pesar de todo, las palabras quedan cortas para ella. Relegada, prohibida y culpabilizada; para nosotras, las mujeres, la política siempre ha sido como una casa de esquina.

     

    Ningún hombre retrocede

    Sentada detrás de una mesa blanca en la oficina de maestros de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma Latinoamericana, Dora Cecilia Saldarriaga Grisales, excoordinadora del Observatorio de Género de la institución y candidata al Concejo de Medellín por el movimiento Estamos Listas, dibuja movimientos con las manos para reforzar sus palabras:

     

    —Muchos partidos vinculan a las mujeres para cumplir con la cuota de género, pero ¿dónde las ubican en términos de la lista?

     

    La adscripción de mujeres en los partidos políticos como rellenos es una discusión que lleva años gestándose en la población femenina; si bien la Ley de cuotas garantiza la participación de ambos géneros, no asegura nada respecto a la capacidad de poder de los nuevos cargos asumidos. Por esta razón, se conformó Estamos Listas: una agrupación de 2.039 mujeres que desean llegar al Concejo de Medellín para poner su propia mirada y voz en los asuntos de ciudad.

     

    —Por lo general, nosotras ubicamos a la vida en el centro y eso nos permite poner la lupa en asuntos que no están en la agenda política: el trabajo de cuidado, el desarrollo sostenible y la educación no sexista —Ella hace una pausa reflexiva, mira sus manos y sus jóvenes ojos marrones sonríen—. Es que lo personal es político, eso es lo que nosotras hacemos; llevar lo político a lo cotidiano y, así mismo, intervenir para que, desde lo cotidiano, las mujeres lleguen a la política.

     

    Lo personal es político es una de las más significativas proclamaciones del feminismo radical de la década de los setenta. De esta forma, para personas como Dora Cecilia Saldarriaga, hablar de mujeres es hablar de autonomía, por lo que se deben garantizar condiciones que les permita actuar y desarrollarse de forma equitativa a los hombres. Así mismo, de acuerdo con Aura López, en la medida en que tomemos conciencia de nuestra propia libertad para decidir, las mujeres estaremos cambiando el mundo. Y cuando el mundo cambia, las leyes, naturalmente, cambian también.

     

    —Qué bueno sería que una mujer diga: “Ay, qué bueno votar por ella”, pero no sucede; aún no somos conscientes de que cuando una gana, ganamos todas… y de que, si una mujer avanza, ningún hombre retrocede. (Lea la entrevista completa con Dora Cecilia Saldarriaga)

     

    Escultura de Olga Inés Arango por los 50 años del voto femenino en Colombia (2007). Foto: Santiago López.

     

    Con mucha firmeza

    Como es usual en las edificaciones de La Candelaria, los muros de la central de la Unión de Ciudadanas de Colombia no son más que ladrillos pesados que exhalan una fuerte presencia con olor a polvo. Mientras el timbre eléctrico parece descansar para retomar el aire, se dibuja de la oscuridad el semblante fatigado de la vicepresidenta de la UCC y actual consejera departamental de Participación Ciudadana.

     

    Sonia Vásquez Mejía interviene en la política desde 1990, cuando se lanza a la JAL de la Comuna 10 sin el apoyo de un partido, pero con el respaldo de los comerciantes de la fundación que entonces dirigía. Ella afirma que, al ser este un entorno que siempre ha sido masculino, las mujeres encuentran más obstáculos y desafíos para participar.

     

    —Eso se llama violencia política, siempre nos la han hecho -niega con la cabeza y continúa-: Ahora venimos luchando por la Ley de Paridad; para que, a través de los partidos, haya unos sistemas democráticos más fuertes como la lista cerrada, con la que se votan por partidos y no por candidatos en específico, y de cremallera, que asegura la alternancia de hombres y mujeres. Si no, solo nos usarían para rellenar.

     

    El panorama en los espacios de poder es desalentador: en Medellín, solo se cuenta con cinco mujeres de 21 concejales que son mientras que, en Antioquia, hay dos diputadas en una Asamblea de 26. Contradictoriamente, estas cifras van de la mano con el aumento de participación femenina; según la Encuesta de Percepción Ciudadana de Medellín, la participación política en el 2019 fue de 42% por las mujeres y 37% por los hombres.

     

    Nada de ello desalienta a Sonia Vásquez Mejía; con su cabello rubio y corto desordenado y su conjunto azul, ella cita los nombres que conforman su propia lista: los de las mujeres que la inspiran. Betsabé Espinal, Piedad Córdoba, Riane Eisler y muchas otras, para quienes ni siquiera existe una placa en el pueblo que las vio nacer o en el sitio en el que se les vio morir —palabras tomadas de Mujeres, historias y sociedades: Latinoamérica, siglos XVI al XXI—.

     

    —Ahora tenemos a Estamos Listas, un movimiento creativo, pero parcialmente democrático; por hacer parte de un partido político, no me invitaron y me cerraron las puertas. Así nos pasó a mujeres como Rocío Pineda y Teresa Muñoz. Pero les deseo mucha suerte. A ellas y a todas las que quieran meterse en esto. Mucha firmeza. (Lea la entrevista completa con Sonia Vásquez)

     

    Lentas, pero seguras

    Camuflada entre las casitas de las calles residenciales de Prado Centro, se erige la sede en Medellín de la Corporación para la vida Mujeres que crean; si usted no ha llegado a estos lares con el propósito claro de encontrarla, quizá nunca se percataría de ella. Detrás del portón de madera que guarda la entrada, trabaja una organización que, desde hace 29 años, lucha por el reconocimiento de los derechos de las de su género.

     

    —Las mujeres hemos sido construidas en una cultura patriarcal a la que no le interesa que participemos. —Debido a una fuerte gripe que la azota, la voz de Patricia Uribe Neira, directora general de la Corporación, es lejana y débil.

     

    Según un informe de la Secretaría de las Mujeres de Antioquia, el porcentaje de mujeres electas en el 2017 era del 17,6% en Colombia mientras que en países como Bolivia se alcanzaban los 51,1 puntos porcentuales; el promedio en toda América Latina llegaba al 29,2%. Y eso no es todo, de acuerdo con las proyecciones del Foro Económico Mundial, la brecha de género solo cerrará dentro de 61 años en América Latina; una cifra más alentadora que los 356 pronosticados para el Gran Medio Oriente.

     

    —Trabajamos desde unas escuelas de formación ciudadana con 200 mujeres y desde la creación de agendas con otras 300 de las subregiones de Antioquia. Hasta ahora, hemos estado con mujeres que han llegado a las JAL con un partido político, que es algo indispensable —hace una pausa y explica—: Este es un trabajo muy lento y solo se ven los frutos hasta mucho después. Al menos ya tenemos una mayor conciencia de género.

     

    ¿Vale la pena?

    A las seis de la tarde del viernes, el sexto piso de la Gobernación de Antioquia parece la sala de un hospital abandonado. El pasillo principal es interminable y los recepcionistas —una mujer distraída por la Secretaría de las Mujeres y un hombre de chaleco por la de Productividad y Competitividad— lucen como zombies mal remunerados.

     

    A pesar de todo, el letargo del fin del día no se ha extendido a todo el recinto; sin importar la jornada, los grandes ojos de Luz Imelda Ochoa Bohórquez, secretaria de las Mujeres de Antioquia, rebozan energía.

     

    —Hemos podido incursionar en todas las cosas en las que no somos tan amenazantes: derecho en la salud, educación, adquisición de bienes… Pero es diferente en la política; los cargos públicos son más limitados numéricamente y si los hombres pierden esos cupos… ¿quiénes los ganan? Mujeres. Ahí es donde ellos se han negado, entonces nosotras nos encontramos con violencia política, techos de cristal, pisos pegajosos…

     

    Como líder del programa de participación Escuela Política Pa’ Mujeres, Luz Imelda explica que, además de la competencia masculina, las mujeres deben luchar contra la culpa de salir de sus casas y el miedo a ser señaladas; barreras internas que no se superan del todo. Después de que una de ellas alcanza un cargo, lo siguiente es conservarlo.

     

    —Los hijos solos, el trabajo político, el marido que se siente en una condición de inferioridad… Todo esto tiene un costo y hay muchas que, frente a lo que están “perdiendo” y lo que están viviendo al interior de sus hogares, se preguntan: “¿Esto sí vale la pena?”. Para nosotras, ese es el momento crucial de soltar todo. Por eso, este año hemos diseñado un mecanismo para estar ahí con ellas y decirles: “Sí, sí vale la pena”.

     

    A pesar de que en la actualidad se cuenten con distintas actividades de capacitación política femenina, la realidad es que las administraciones municipales y gubernamentales siempre han estado rezagadas en el tema. De acuerdo con un análisis de la Alcaldía de Medellín, las problemáticas femeninas logran legitimarse públicamente en 1990 —50 años después de constituido el movimiento sufragista— y debe pasar una década para que se establezca la Secretaría de las Mujeres de la Gobernación de Antioquia (2000) y la Secretaría de la Mujer en Medellín (2007).

     

    Para Luz Imelda Ochoa Bohórquez, la igualdad social es un resultado de la evolución de hombre y mujeres. Por eso, ella concluye: —Para estar donde estoy, he recibido ayuda de toneladas de hombres… ¿Cómo negar que estamos llenos de hombres y que ellos están llenos de mujeres? Solo hay que acostumbrarnos a la idea de que somos diferentes, pero iguales.

    (Lea la entrevista completa con Luz Imelda Ochoa)

     

    Contra viento y marea

    Con casi 40 años haciendo política, a Luz María Múnera Medina le gusta admitir que tiene la maldición del paraíso: ser de izquierda y ser mujer. Para posicionarse como una de las pocas mujeres dentro del Concejo de Medellín, ella lanzó una campaña electoral de 4 años con sus propias finanzas porque no quería cometer el mismo error que en su primer intento de llegar al poder: depender económicamente de un partido.

     

    La concejal aún recuerda la justificación de sus compañeros del Polo Democrático Alternativo para no entregarle su dinero de campaña: Es que a ustedes (las mujeres) no se les puede dar plata porque la gastan en arepas.

     

    —Eso ardió, y mucho. Pero entonces yo dije: “Contra viento y marea, de izquierda y derecha, que si esa vieja es loca, que si esa hijueputa jode mucho, que si ella no es capaz… no importa, seré concejal”.

     

    Debido a su condición femenina y a su fuerte carácter, ha tenido numerosos enfrentamientos con sus compañeros concejales: desde el desafío a una pelea a puño limpio que le hizo a Bernardo Guerra Hoyos —el rey de los machos— hasta su lucha en contra de la disminución de los presupuestos para las mujeres.

     

    Actualmente, la Secretaría de la Mujer en Medellín está contando con 40 mil millones de pesos para esta administración, es decir, 20 mil millones de pesos menos que bajo otros mandos. Respecto al área de participación política de la misma entidad, las cifras se reducen: según Luz Constanza Jiménez, profesional universitaria de la misma Secretaría, para este año solo se disponen de 350 millones de pesos.

     

    —Es que no hay una concepción de avanzada frente a nosotras, por eso tenemos que seguir trabajando y no dejarnos, no se trata de ser feministas radicales, sino de caminar junto a los hombres… y, sobre todo, se trata de amarnos a nosotras mismas.

    (Lea la entrevista completa con Luz María Múnera)

     

    Las esculturas de la Esquina de las mujeres, homenaje construido por Acuerdo Municipal de 2004, serán trasladadas a la Avenida La Playa, Foto: Laura Wagner.

     

    La esquina de nadie

    La esquina es el punto de encuentro de dos superficies. La esquina es el ángulo saliente de un objeto. Hasta hace unas semanas, la Esquina de las Mujeres era una plazoleta en el barrio Miranda de Aranjuez, ocasionalmente se veían algunos hombres buscando descanso en las bancas de cemento y, hasta hace poco, seis mujeres de piedra que se recubrieron con plásticos y cintas amarillas para preparar su mudanza.

     

    Ubicado en la parte trasera del Jardín Botánico, el espacio fue construido en el 2006 por la Administración Municipal, en un intento de resaltar la obra de trece mujeres líderes de Antioquia —solo en el 2011 se talló la decimocuarta estatua—. Los monumentos de artistas, indígenas y mujeres coloniales convivieron en una esquina, bajo la vecindad de una gasolinería y de cuantos moteles se quieran contar.

     

    A pesar de la intención del Concejo municipal de establecer un punto de reunión de mujeres artistas de la región, la Esquina de las Mujeres la mayoría del tiempo se vio como una explanada con olor a heces; una plazoleta con pisos y postes deteriorados. El traslado de las esculturas a la avenida La Playa, anunciado en junio de 2019 alimenta una nueva expectativa: que tener un espacio público, un espacio de poder, no sea para las mujeres como comprar y vivir en una casa de esquina.

     

     

  • “Si una mujer avanza, ningún hombre retrocede”: Dora Cecilia Saldarriaga

    Bordeada por montoncitos de personas que se arriman a las sombrillas de puestos de venta ambulante y al techo del centro de atención de Sabia Salud EPS, se abre la fachada de la Élite de la Moda. Sin embargo, esta no es forma de entrar al edificio amarillo; si está usted perdido, uno de los hombres detrás del escaparate de empanadas y pasteles de pollo fritos bien podría indicarle con un movimiento de manos que se dirija a la solitaria rampa en dirección a la Avenida Colombia hasta rodear las vitrinas repletas de maniquíes y arrumes de ropa que decoran los laterales y el frente del centro comercial.

     

    Entre locales de textiles y calzado, que en su mayoría todavía duermen por el letargo matutino de las 10 a. m., se llega a una cafetería vacía guardada por un vigilante despistado con legañas en los ojos y en el fondo, a la derecha, a un corto pasillo que termina en unas escalas y dos ascensores. Más allá de la ropita para el bebé, de los artículos para el hogar o de la cancha sintética de la que se gloria tener el centro comercial, espera silenciosa tres pisos más arriba la oficina de maestros de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma Latinoamericana.

     

    Abogados, sociólogos, licenciados y filósofos se reúnen detrás de una puerta de cristal; la excoordinadora y aún integrante del Observatorio de Género de la universidad es una de esas personas. Antecedida por una mujer de contextura bajita y rechoncha, Dora Cecilia Saldarriaga Grisales atraviesa el portal entre el mundo exterior y tantos saberes normativos y jurídicos acumulados; ambas se despiden entre risas y frases sin terminar como lo harían un par de viejas amigas que no han terminado de ponerse al tanto de sus vidas en los últimos años.

     

    La quinta mujer de derecha a izquierda es Dora Cecilia Saldarriaga, la primera candidata en la lista de Estamos Listas. Foto: Instagram Estamos Listas.

     

    —Estamos hablando, Martica. —Alcanza a decir antes de regresar a la oficina y recibir a cambio una sonrisa de los labios morenos de su compañera.

     

    La mujer de la que se acaba de despedir Dora Cecilia es Marta Restrepo López, una de las cinco voceras del movimiento político Estamos Listas, del que, a propósito, la abogada también hace parte. Dentro de una lista de catorce nombres, la mayoría de ellos femeninos, el de ella es el primero que figura como candidata al Concejo de Medellín.

     

    —Muchos partidos vinculan a las mujeres para cumplir con la cuota de género, pero ¿dónde las ubican en términos de la lista? —ya sentada detrás de una mesa blanca al fondo de la oficina, Dora Cecilia dibuja movimientos con sus manos como queriendo reforzar sus palabras—. En estos momentos tenemos el movimiento Estamos Listas, que es un tema de innovación política y que, de alguna manera, va a incidir en que otras mujeres puedan participar ya que estos son espacios muy masculinizados en términos de tiempo, de disposición y de expresión.

     

    Marta Restrepo López, Gloria Elena Castaño, Piedad Toro, Gloria Amparo Henao y Gloria María Bustamante son las mujeres líderes de esa novedosa iniciativa que ha dado tanto de qué hablar en la prensa local; partiendo de un largo recorrido en organizaciones sociales, en el 2018 ellas concluyeron que, a pesar de estar trabajando en entornos políticos, quienes realmente tomaban las decisiones eran aquellos que participaban en el ámbito electoral.

     

    Así, decidieron llamarse a sí mismas mujeres y agruparse en círculos de confianza que se extendieran en la ciudad; en menos de un año, pasaron de ser cinco para constituir 2.039 búhas —nombre con el que se identifican por el símbolo de la organización— que buscan hacerse con los escaños del Concejo de Medellín. Ese espacio que, según un informe de la Secretaría de Mujeres de Antioquia, solo ha sido ocupado durante los años de 2016 al 2019 por un 14,6% de mujeres en todo el Valle de Aburrá.

     

    La excoordinadora del Observatorio de Género destaca la necesidad de la participación femenina en los cargos de mando político: — Por lo general, nosotras ubicamos a la vida en el centro y eso nos permite poner la lupa en asuntos que no están en la agenda política: el trabajo de cuidado, el desarrollo sostenible y la educación no sexista —Entonces hace una pequeña pausa reflexiva, mira sus manos y se ríe, una expresión gestual que es acompañada graciosamente por sus jóvenes ojos marrones—. Es que lo personal es político, eso es lo que nosotras hacemos; llevar lo político a lo cotidiano y, así mismo, intervenir para que, desde lo cotidiano, las mujeres lleguen a la política.

     

    Para personas como Dora Cecilia Saldarriaga, hablar de mujeres es hablar de autonomía y, por ello, sin importar la decisión que se tome —si quedarse en casa, al cuidado de los niños, o participar en espacios públicos al tiempo que se tiene una familia—, se deben garantizar unas condiciones que le permita a la mujer actuar y desarrollarse de forma equitativa al hombre. De esta forma, de acuerdo con Aura López, en la medida en que tomemos conciencia de nuestra propia libertad para decidir, las mujeres estaremos cambiando el mundo. Y cuando el mundo cambia, las leyes, naturalmente, cambian también.

     

    Desde las figuras de Betsabé Espinal —quien lideró huelgas en 1920 desde los 24 años de edad— y de María Cano hasta la creación de organizaciones como la Unión de Ciudadanas de Colombia (1957) y la Corporación Mujeres que crean (1990), el Movimiento social de mujeres en Medellín impulsó la formulación de políticas públicas para, entre otras cosas, promover la participación, el empoderamiento y la incidencia de las mujeres en los espacios e instancias de toma de decisión y control de los recursos.

     

    De esta forma, aunque la población femenina ha alcanzado garantías legales además de las normas constitucionales (pactos internacionales de derechos, convenciones, leyes y sentencias), aún parece ser largo el camino que tiene por delante.

     

    —Qué bueno sería que una mujer diga: “ay, qué bueno votar por ella”, pero no sucede; aún no somos conscientes de que cuando una gana, ganamos todas. Nosotras somos el 52% de la población y no significa que el machismo solo esté concentrado en los hombres, también hay mujeres que, por efectos del patriarcado, pueden irse en contra de sí mismas.

     

    Estamos Listas comenzó con la iniciativa de cinco mujeres que, después de trabajar mucho tiempo en organizaciones sociales, decidieron tener su propio rostro e imagen en la política electoral. Foto: Instagram de Estamos Listas.

     

    La candidata por Estamos Listas se acomoda el corto cabello rubio hacia el lado derecho de su rostro y observa disimuladamente su reloj de mano antes de continuar: —Por eso nuestro mayor reto es llegar a los espacios de poder y, una vez lleguemos, estoy convencida de que haremos un gran trabajo. No va a ser la voz de una, dos, tres o cuatro mujeres; seremos un gran grupo de trabajo en el Concejo, y eso inclusive rompe con el sistema tradicional de la política. Aquí hay amas de casa, afros, indígenas —Dora Cecilia golpea la mesa al ritmo de cada nueva palabra—, lesbianas, trans, mujeres rurales, académicas; somos las mujeres de la ciudad y cuando miran las mujeres, no se excluyen a los otros.

     

    Los pendientes rojos de Dora Cecilia Saldarriaga Grisales danzan mientras extiende sus brazos para tomar la planilla de firmas que siempre lleva consigo —como es de esperar, al contrario de cualquier partido político, Estamos Listas participará en el certamen electoral por la Ley 130 de 1994— y ella concluye: —Si una mujer avanza, ningún hombre retrocede.

     

     

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