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  • Hablemos de racismo estructural

    Por: Angie Acosta y Paola Castro

     

    Esta investigación ofrece un panorama general histórico-cultural del racismo estructural en la población Afro. La mirada se sitúa en Medellín a raíz de la contingencia de salud pública (por la COVID-19) que condiciona de forma diferente a las personas negras.

     

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    Trabajo para el curso Periodismo V, orientado por el profesor Gabriel Lotero.

     

     

  • Suena una alarma desde el confinamiento

    Por: Ana María Gaviria Ramírez/ana.gaviria@upb.edu.co

     

    El aislamiento ha empeorado el estado de la salud mental, especialmente en los jóvenes. Armando es un ejemplo de hasta dónde pueden llegar estos síntomas.

     

    Ese sábado, 3 de septiembre del 2020, a las 10:30 p.m., Armando Díaz se dirigía a guardar el taxi que acompañó sus luchas y desdichas. El pequeño carro amarillo que escuchaba los continuos reproches, pero que ahora atesoraba para sus amigos la personalidad máscara que ocultaba la ansiedad.

     

    Las 10:30 p.m. era la hora de irse a descansar. El trabajo del día, las horas esperando en una calle concurrida del parque de Copacabana alguna carrera habían hecho estragos en su cuerpo y mente. En su casa, en el barrio Fátima del mismo municipio, lo esperaban Daniela, su cuñada; José, su hermano y, Carmen, su mamá; personas que, aunque acostumbradas a su personalidad callada y misteriosa, estaban contentas con su llegada.

     

    << Los problemas de salud mental se viven en silencio, en medio de la rutina.

    Foto: Daniela Gómez Isaza.

     

    La noche de ese sábado, Armandito —como le decía Daniela de cariño— entró a la casa, probó algún bocado de comida y, como era costumbre, decidió quedarse un par de horas jugando en su celular un popular juego llamado Free Fire. Este pasatiempo, tanto para él como para la mayoría de los jóvenes de su edad, 20 años, se había convertido en un espacio de conectividad y dispersión con amigos durante la pandemia causada por el SARS-CoV-2.

     

    El miércoles 25 de marzo de ese mismo año, día en que comenzó la cuarentena obligatoria en Colombia. El encierro, las clases virtuales, la falta de interacción física y emocional dejaron estragos en la población y, tal como lo indica la Personería de Medellín, desde el 14 de mayo aumentaron las llamadas al 123 por temas relacionados con el suicidio. Pasaron de un promedio de 650 mensuales a recibir 5.850, esto corresponde a un aumento del 300%.

     

    Una llamada pudo ser la solución. Armando es un ejemplo de lo difícil que es tener una cifra exacta, pues algunos de los potenciales casos se abstienen de pedir ayuda. Sin embargo, Natalia López Delgado, subsecretaria de Salud Pública de Medellín, advirtió, a través de la oficina de prensa de la Alcaldía, que la Línea Amiga para la salud mental se encontraba disponible las 24 horas, los siete días de la semana.

     

    La noche siguió corriendo para Armando. Luego de terminar lo que él llamaba una “partida” en el tan mencionado juego se acostó a dormir. No sin antes dejar un breve mensaje de buenas noches para su novia Natalia, joven con la que llevaba aproximadamente cuatro años de noviazgo.

     

    Ella estuvo presente durante varios intentos de suicidio que experimentó el joven; uno de ellos en el 2013, cuando él tenía 17 años. Su familia lo encontró convulsionando en la sala de la casa. Inmediatamente fue llevado a la Clínica Bolivariana de Medellín donde estuvo en coma durante cinco días. Al despertar, Natalia decidió terminar la relación, pues se encontraba expuesta a múltiples dudas. La noticia fue abrumadora para Armando y, entendiendo los antecedentes junto con el mal manejo de las emociones, apareció aquel impulso que lo llevó a intentar lanzarse del quinto piso de la clínica. A lo mejor para él era menos doloroso el duro pavimento que amortigua la caída que una ruptura amorosa de quien consideraba la mujer perfecta. La pronta respuesta de las enfermeras que cuidaban de él impidió el acto.

     

    Las decisiones de los jóvenes en momentos de presión son precipitadas. Al final la pareja solucionó las diferencias. Para ese sábado de septiembre la relación seguía, pero ese mensaje de buenas noches contenía las últimas palabras que Natalia leería de quien ella consideraba el amor de su vida.

     

    A la mañana siguiente la normalidad se interrumpió en la casa de los Díaz. Una pequeña frase, de aquellas que muy poco se atienden pero que retumban para siempre en la madre de Armandito.

    —Mamá, estoy aburrido.

     

    Así, la casa se quedó en silencio. Sin embargo, basados en la personalidad de Armando y su continua inconformidad con lo que lo rodeaba, su familia ignoró la queja.

    —Está listo el desayuno, gritó Daniela.

     

    No hubo respuesta. El ambiente era tenso. Esa mañana no hubo huevos calientes sobre el comedor, más bien, por el afán de salir a realizar las comprar rutinarias, Carmenza, José y Daniela se apuraron en comer un pequeño pan con algo de café tibio. Armando no estaba interesado en recibir bocado de comida, ni mucho menos en ser partícipe de las compras.

     

    Sobre las 10:30 a.m. su mamá, hermano y cuñada se aproximaron a la puerta con la intención de salir un par de horas a comprar un tarro de pintura, necesario para poner un poco más bonita la casa.

    —No quiero ir, me quedaré jugando Free Fire, dijo Armando.

     

    Fueron las últimas palabras que oyeron de él. Un par de minutos después se aproximan hacia la salida. Revisaron que nada les faltara: las llaves, el dinero, entre muchas otras cosas.

     

    No pasó más de hora y media. Daniela, Carmenza y José volvieron a la casa. Daniela se dirigió abrir la puerta. La abrió y vio a Armando. Colgado. Él había utilizado una fuerte cuerda que encontró para quitarse la vida en el marco de la puerta de su habitación. Ya no importó la pintura. Ahora, entre gritos, llantos, llamadas y desespero, corrieron a bajar el cuerpo amoratado. Tenían la esperanza de salvarlo.

     

    Se dirigieron inmediatamente al Hospital Santa Margarita del Municipio de Copacabana, en aquel taxi amarillo. Al llegar al hospital la mirada de los médicos decía que la vida de Armando se había ido. Lo reanimaron sin tener resultado. Por razones de bioseguridad, la familia tuvo que esperar afuera. Carmenza, aferrada a la gran reja blanca que enmarcaba la entrada al lugar, se daba golpes continuos repitiendo la dolorosa frase: “Es mi culpa, yo no lo escuché”.

     

    Después de ahí, llegó la parte más difícil: afrontar la perdida. Entre música y pitos de sus colegas taxistas fue despedido a las afueras de su casa. Daniela, su cuñada, no soportó la presión que significaba volver a aquel lugar y recordar una y otra vez la imagen que presenciaron hacía solo un par de horas. Decidió irse a vivir nuevamente con su mamá, aunque aún, entre llantos, recuerda al ausente joven.

     

    Carmenza y José siguen sin asimilar el suceso. Están abrumados por el vacío que ha quedado en sus vidas. Además, cuando las puertas se cierran les recuerda una y otra vez aquel suceso que marcará sus recuerdos para siempre.

     

    La cuarentena ha afectado a los jóvenes. El Ministerio de Salud afirmó que, en la población entre 12 y 23 años, el 52,9 % tiene uno o más síntomas de ansiedad y el 19,7 % manifiesta cuatro o más síntomas de depresión. Manuela Molina, psicóloga de la Universidad de Antioquia, dijo que los intentos de suicidio han aumentado en Colombia, sobre todo en el periodo de cuarentena, por la ruptura de la cotidianidad. Además de haber sido imprevista para todos.

     

    Son pocos los esfuerzos en Colombia para prevenir y tratar los casos de suicidio. La salud mental nunca ha sido prioritaria en los sistemas sociales y educativos. La pandemia ha fomentado los síntomas de dichas enfermedades. Armando es un ejemplo de esta problemática, que viven muchos jóvenes.

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    Trabajo preparado para el curso Periodismo I, orientado por la profesora Diana Milena Ramírez H.

     

  • Un camuflaje en la historia

    Por: Karen Vanesa Bueno Estrada / karen.bueno@upb.edu.co

     

    Conocemos la historia de los hitos más relevantes, gracias a los relatos e imágenes que han quedado de ellos. Pocas veces se explora la posibilidad de pensar cómo hubiese sido estar en esa época, en ese lugar. Este montaje fotográfico es una aproximación a esa posibilidad, que camufla el presente en el pasado.

     

    “Después de todo esto, te confieso que buena parte de esta carta un poco loca es algo así como un tierno camuflaje para disimular una sola verdad: te extraño”.

    Mario Benedetti.

    La vida de Karen Bueno y los campesinos antes de la masacre de las bananeras en 1928. Fotomontaje.

     

    Escuchando a Jorge Eliécer Gaitán en uno de sus discursos en 1946. Fotomontaje.

     

    En El Bogotazo, 9 de abril de 1948. Fotomontaje.

     

    En uno de los recorridos del dictador Kim Il Sung por Corea del Norte en 1948. Fotomontaje.

     

    Huyendo de la toma del Palacio de justicia en noviembre de 1985. Fotomontaje.

     

    En uno de los actos de campaña de Luis Carlos Galán en 1989. Días antes de su asesinato. Fotomontaje.

     

    En la celebración de la caída del Muro de Berlín. Fotomontaje.

     

    En uno de los actos de campaña política del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria. Medellín, 1989. Fotomontaje.

    En el Día del Sol, homenaje al líder Kim Il Sung, el 15 de abril de 2019. Fotomontaje.

    Trabajo del curso Imagen II, orientado por el profesor Hebert Rodríguez.

     

  • Acoso y abuso sexual: realidades y retos en todas las escuelas

     

    La escuela es un espacio en el que se desarrollan los niños y jóvenes, no solo académicamente sino también en lo personal. De allí la importancia de que sean ambientes seguros, libres de violencia, especialmente de violencia sexual. ¿Las instituciones educativas de Medellín cumplen este requisito?

     

    Por: María Paula Mejía y Paola Cañas

     

    El lunes, 15 de mayo de 2017, a las dos de la tarde, un grupo de estudiantes de grado once, pertenecientes a una Institución Educativa pública de la Comuna 8 de Medellín, comienzan su jornada escolar. El profesor de matemáticas acostumbra saludarlas de beso en la mejilla y en algunas ocasiones les acaricia el rostro, mientras que les recuerda lo lindas que han ido hoy al colegio ¿Es esto acoso sexual?

     

    En la hora del descanso presencian cómo otro docente y su novia, que es una estudiante del grado once, se acarician en el patio. Al mismo tiempo, el profesor de matemáticas invita a una de las estudiantes que saludó esta mañana a tomar un café y a tener una conversación en la que la estudiante se siente incómoda, pero que acepta porque cree que eso la ayudará a ganar la materia ¿Es esto acoso sexual?

     

    Pero, ¿qué es el acoso sexual?

    Según el Código Penal Colombiano, el acoso sexual está clasificado dentro de las violencias sexuales en el artículo 210 y se define como: “El que en beneficio suyo o un tercero y valiéndose de su superioridad manifiesta –como la relación maestro alumna– acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente con fines sexuales no consentidos incurrirá a prisión de uno a tres años”.

     

    Según Medicina Legal, en Colombia, en el año 2017, se realizaron 20.072 exámenes medicolegales por presuntos delitos sexuales hacia mujeres. En Medellín se realizaron 1365 exámenes. En 2020 de enero a mayo ya se han realizado 6400 exámenes de este tipo en mujeres a nivel nacional, en Medellín se han realizado 224.

     

    ¿Entonces quién protege a las y los menores de edad cuando sufren acoso sexual en sus colegios?

    La protección de los menores de edad en las instituciones educativas se regula por medio de la Ley 1620 de 2013, con la cual el Gobierno Nacional “reconoce que uno de los retos que tiene el país, está en la formación para el ejercicio activo de la ciudadanía y de los Derechos Humanos, a través de una política que promueva y fortalezca la convivencia escolar”.

     

    En esta ley se estructura la Ruta de Atención Integral para la Convivencia Escolar, mediante la cual se garantiza la protección integral a los menores de edad por medio del establecimiento de un comité que debe “coordinar la armonización y articulación de políticas e implementación de planes, programas y acciones relacionadas con la promoción, ejercicio y garantía de los derechos sexuales y reproductivos”. Además, en las acciones que establece la Ley, se precisa la importancia de realizar las medidas de prevención para evitar la afectación de los derechos humanos, sexuales y reproductivos en el contexto escolar.

     

    Una de estas acciones dirigidas a la protección de las y los menores es la creación de protocolos para las situaciones en las que se vulneren los derechos mencionados. El diseño de estos, en especial los que van dirigidos a la atención y prevención de las violencias sexuales, se regulan bajo lo establecido en la Ley 1146 de 2007, mediante la cual se expiden normas para la prevención de la violencia sexual y la atención integral de las niñas, niños y adolescentes abusados sexualmente.

    Ilustración: María Paula Mejía Vélez.

     

    Ahora bien, ¿cómo funciona esta ley en nuestra ciudad?

    En Medellín, se creó el Programa Escuela Entorno Protector (PEEP) en el año 2007. Su objetivo era acompañar a las instituciones de la ciudad mediante un proceso que permita el mejoramiento de las prácticas enfocadas a la convivencia escolar, el ejercicio de derechos humanos, sexuales y reproductivos, la construcción de ciudadanía y la protección integral de niñas, niños y adolescentes.

     

    El Programa instauró tres líneas de acción: en el campo de la convivencia, promoviendo procesos de mediación y liderazgo, prevención de la violencia sexual y la intervención con las familias.

     

    Jorge Iván Ríos, quien fue el subsecretario de Educación de Medellín desde 2016 hasta 2019, afirmó que desde la Ley 1620 se reconoce en la ciudad la necesidad de la creación de un programa porque “es bastante notoria la afectación de la vida en las escuelas como reflejo de la sociedad en la que estamos participando”.

    El PEEP, que antes se conocía como Escuelas para la Vida, se replanteó con base en lo establecido en la Ley y se enfocó en educar a las niñas, niños, madres, padres, y a las y los maestros en lo que implica resolver los conflictos y tratar las emociones.

     

    Ríos también expuso que entre los criterios de contratación de los psicólogos que hacen parte del PEEP se exige una sensibilidad hacia el territorio, lo cual se relaciona con el enfoque de género. Además, comentó que el funcionamiento del Programa es designar un psicólogo por institución educativa. Sin embargo, algunas de las instituciones de la ciudad se dividen en sedes, es decir, cuentan con varios establecimientos físicos y un solo psicólogo o psicóloga.

     

    Cuando hablamos de una Institución Educativa con varias sedes, es importante precisar la cantidad de estudiantes que hacen parte de estas. Un ejemplo de esto es que en el barrio Belén San Bernardo de la Comuna 16, hay una I.E. que cuenta con cuatro sedes. Al agrupar los estudiantes de todas estas, resulta un aproximado de 4.000 estudiantes y solo un psicólogo que estaría encargado de acompañar a las y los estudiantes, personal de apoyo, docentes y acudientes o padres de familia.

     

    El Programa buscaba profesionales sensibles a las problemáticas de la humanidad, quienes tuvieran conocimiento sobre la construcción de competencias ciudadanas, “porque el género hace parte de estas competencias y porque la mayor violencia es una violencia de género: una violencia de la cotidianidad y eso había que enseñarlo”, apuntó Ríos.

     

    Por otra parte, precisó también que las comunas 1, 2, 3, 6, 8, 13, presentaron en 2019 las tasas más altas en los indicadores rojos. Uno de ellos es el abuso sexual, por este motivo, desde el Programa, se logró integrar a un psicólogo o psicóloga en cada sede de las instituciones educativas de estas comunas, es decir, ya no sería un profesional por institución, sino uno por cada sede.

     

    Para los casos de violencias sexuales y basadas en género el PEEP permite que cada Institución diseñe protocolos mediante los cuales se intervienen y se activan las rutas necesarias para la atención.

     

    Clara Inés Casas García, quien fue líder territorial del Programa, dijo que la primera ruta de atención es el colegio, pues allí es donde se brinda apoyo psicológico y orientación por parte del profesional de apoyo. Si el caso es de abuso sexual, de inmediato se activa la atención desde el sector salud y judicial, haciendo la conexión con la Policía de Infancia y Adolescencia.

     

    Casas afirma también que en algunas I.E. existen “esquemas muy arcaicos, porque la capacidad de profesionales no es suficiente para la demanda de los estudiantes”.

     

     

    ¿Y qué pasa con la población rural y campesina de Medellín?

    Aura Leonor Morales, quien trabaja en el Programa hace siete años como psicóloga asignada al Centro Educativo rural Las Playas y sus sedes ubicadas en el corregimiento de San Cristóbal, aclaró que la violencia más común en los territorios rurales es la intrafamiliar. Esta se caracteriza por ser poco visible, debido a que las denuncias no se realizan a tiempo.

     

    Además, puntualizó que para la atención de estos casos “deberíamos acudir a la Comisaría de Familia, pero lamentablemente, la atención en los corregimientos es bastante mala. Entonces lo hacemos con la línea 123 Mujer”.

     

    También explicó que, cada año, en el Centro Educativo se realiza un diagnóstico de convivencia para determinar las problemáticas que necesitan más atención por parte del PEEP. Asimismo, reconoció que el Programa ha contribuido a la transformación de los manuales de convivencia escolar. Uno de los más grandes aportes de este es “que ahora no se hable de castigo, sino de correctivo; actualmente, es importante tener en cuenta el protocolo que se debe seguir, evaluando las situaciones y por qué el chico actuó de tal manera. Ahora se trata más de ayudar al estudiante”, resaltó Morales.

    ¿Qué sucede dentro de las Instituciones Educativas?

    Nadie mejor que los miembros de la comunidad educativa para responder a esta pregunta.

    Las relaciones de poder que se van generando como dinámica propia de los diferentes entornos de aprendizaje, sean escuelas, colegios, universidades u otros espacios, han llevado a miles de estudiantes, mujeres y hombres, a sentir intimidaciones, abusos del poder y sometimientos que se convierten en asuntos normalizados dentro de estos espacios que, generalmente, no han sido oportunamente intervenidos.

     

    Una de las situaciones que se encuentra más normalizada dentro de los ambientes educativos se refleja en las relaciones entre los y las estudiantes con el personal docente. La mayoría de ocasiones las personas adultas se aprovechan de la autoridad que pueden ejercer dentro de las aulas para someter a una o un estudiante bajo sus intereses personales; muchas veces estas situaciones terminan convertidas en casos de acoso o incluso abuso sexual.

     

    La historia de Sofía Aguirre*, una joven que se graduó en 2017 de un colegio público de la Comuna 9 de la ciudad, da cuenta de ello. Durante los últimos tres años de su permanencia en la Institución fue víctima de una relación de poder que ejerció un docente de matemáticas sobre ella y que, según su testimonio, califica como un acto de acoso.

     

    La llegada de Sofía a su nuevo colegio fue muy difícil pues venía de una ciudad pequeña y, por algún motivo ‒dice ella‒ la mentalidad de las niñas de una ciudad grande es muy diferente, son muy abiertas para hablar de ciertas cosas, hasta el punto de utilizar expresiones morbosas para referirse a temas de sexualidad. La adaptación a este nuevo ambiente no le fue fácil, ella contó que considera que para lograrlo terminó volviéndose partícipe de estas dinámicas con sus compañeras.

     

    Por otra parte, Sofía recuerda que la relación de poder de los docentes de la institución era totalmente dominante, según ella, “podían hacer lo que les diera la gana en sus clases”. Además, resulta extraño que nunca alguna estudiante hubiese alzado su voz al sentirse acosada por un profesor, sin embargo, nunca presenció que amonestaran o despidieran a alguno por esta situación.

     

    Desde cualquier perspectiva era fácil percibir cómo los docentes humillaban a las estudiantes por la relación jerárquica o por sus conocimientos, situación que, además de incómoda, era normalizada.

     

    Dentro de las instituciones educativas, además del personal docente, existen otras funciones que deben ser cumplidas por otras personas, como el acompañamiento psicológico a las y los estudiantes, a cargo de un profesional graduado en psicología. El colegio de Sofía no era la excepción, nos cuenta que la psicóloga era “una buena mujer”, amable y querida con sus compañeras, pero casi siempre estaba ausente.

     

    “Existían de a tres a cinco cursos por grado, cada uno con 35 niñas en cada curso, una cantidad impresionante de niñas, que tal vez tenían muchos problemas, pero que no se atendían porque la psicóloga debía estar en otras sedes. Es muy preocupante porque un colegio que tiene tanto personal debería tener a más personas que brinden atención psicológica, más en una época en que las estudiantes pasan por muchos problemas hormonales, de su desarrollo o familiares”, dijo.

     

    Una de las problemáticas más grandes de la institución era las relaciones entre las estudiantes y los docentes, había un exceso de confianza entre ambas partes, era común presenciar prácticas inusuales, tales como abrazos, caricias y tocamientos incómodos. Ahora Sofía las ve desde afuera y las considera extrañas, pero que en su momento las percibió normales.

     

    Ella vivió una situación que no se alejaba mucho de la realidad narrada anteriormente, se vio involucrada en un abuso de poder por parte de su profesor de matemáticas, tal vez esta era la asignatura más compleja para ella, en la que le costaba mucho esfuerzo sacar buenas calificaciones.

     

    En cuanto a la relación que tuvo con el maestro de 47 años, ella, con tan solo 16, recuerda que al principio sentía que era muy romántico y respetuoso. No le parecía que fuera una situación muy grave porque se sentía atraída por él, así que creía que los acercamientos que tenían eran normales. “Él me invitaba a comer, hablábamos muy de cerca, nos abrazábamos. Ahora esas cosas no me parecen bien”.

     

    Sofía confiesa que le parece normal que una estudiante idealice a un docente, porque le parece inteligente o bonito físicamente, pero esto no debería trascender del simple hecho de la idealización de las niñas, ni mucho menos cuando estas acciones las impulsa el docente.

     

    Cuando se graduó del colegio e ingresó a la universidad, Sofía decidió terminar la situación, rompió ese vínculo al darse cuenta que no estaba bien. Cuenta que en algunas ocasiones su profesor intentó contactarla por redes sociales.

     

    Sofía es consciente de que esta situación aún sucede en su colegio y que no solo es el profesor de matemáticas quien acostumbra realizar este tipo de acciones abusivas y de acoso, además de que las y los otros docentes saben qué pasa, se callan, otros intimidan a las estudiantes y perpetúan un comportamiento sistemático y normalizado.

     

    “Mi percepción sobre el acoso se ha transformado ahora que soy una persona adulta porque antes yo no entendía mucho este tema de cómo eran las relaciones de poder y cómo estas pueden afectar de manera inconsciente las percepciones que uno tenga sobre un acercamiento del docente”, explicó Sofía.

    Su historia hace parte de los tantos casos de abuso de poder dentro de las I.E. y que no son denunciados, ya sea por desconocimiento, miedo, amenaza o, incluso, por falta de apoyo institucional y de orientación en el tema.

     

    Este tipo de historias suceden a diario en los colegios públicos de la ciudad, solo para hacerse a una idea de lo delicada de la situación, se presentan algunas cifras: en el último año, el Programa Escuela Entorno Protector, de la Alcaldía de Medellín, atendió un total de 405 casos relacionados con presuntas violencias sexuales, solo en los colegios públicos de la ciudad, y el 75.55 % de las personas acompañadas por los profesionales de apoyo institucional (psicólogos y psicólogas) fueron niñas, adolescentes y mujeres jóvenes, población vulnerable sobre la que se ejercen más comportamientos de presuntas violencias sexuales.

     

    Relatos cortos

    Antonia Orozco* se graduó de un colegio público de Medellín en el 2017, afirma que nunca conoció el PEEP y tampoco identificó quién era el psicólogo o la psicóloga de su institución. “Supe de un caso de acoso en el que se tomaron acciones correctivas con un docente, pero él alegó que por ser costeño y de piel negra, cualquiera de sus comentarios los tomaba como acoso, cosa que no ocurría cuando sus compañeros docentes hacían comentarios subidos de tono. Las directivas sabían, pero no se iban a poner en el proceso de sacar a los docentes, supuestamente encontrar un reemplazo rápido era imposible, entonces las cosas se quedaban en un regaño verbal. Esto era repetitivo con cada generación, los mismos tres profes y siempre lo hacían con las niñas: las que no eran buenas en esas materias y eran demasiado fácil de persuadir con comentarios y regalos”, contó.

     

    Johanna Osorio, quien fue docente de la Institución Educativa Perpetuo Socorro en la Comuna 13 hasta el 2019, cuenta según su experiencia en el PEEP que la formación a los docentes por parte del Programa era insuficiente, al punto de que estos solicitaban que la formación fuera real para estar preparados y poder acompañar a los estudiantes.

     

    Afirmó que una de las razones por las cuales los procesos en cuanto a educación sexual tenían poca visibilidad era porque las directivas de la institución pertenecían a una comunidad religiosa y argumentaban que hacer énfasis en esta formación solo generaba “que los estudiantes exploraran”. Entonces, dentro del proceso pedagógico de educación sexual, temas como el acoso se abordaban, pero solo de forma muy general.

     

    Otra de las situaciones en las que Osorio hizo un énfasis especial fue sobre las dinámicas socio-culturales del entorno, dentro de las cuales estaban normalizadas acciones de violencia tanto verbal, psicológica y física, tales como piropos, nalgadas… Lo que se convertía en un asunto polémico a la hora de realizar jornadas formativas en cuanto a violencias sexuales y de género.

     

    Finalmente, Johanna aseguró que “el Programa es bueno, pero se debe repensar cómo se implementa y cómo se lleva a las instituciones, sobre todo qué nivel de importancia se le da en la aplicación con los estudiantes”.

    Andrea Salazar* fue personera y se graduó de un colegio público femenino de la Comuna 9 de Medellín en el 2017. “En el colegio siempre había un psicólogo o psicóloga de Entorno Protector enviada por la Alcaldía. La verdad, que yo me acuerde, no hacía énfasis en temas de acoso y abuso. Cuando hablaban de educación sexual se referían solo a los embarazos y al uso de los condones. Yo era la personera y sabía que no había afectaciones de tal tipo en la institución. Me dijeron que el portero les decía cosas a las niñas”, contó.

     

    La voz de una experta

    ¿Cómo se debe atender un caso de acoso o abuso sexual? y ¿qué instituciones del Estado deben acompañar estas situaciones?

     

    Mariana Ochoa Monterrosa, quien ha trabajado como analista de violencia sexual, dijo que cuando se conoce un hecho relacionado con estos delitos se debe activar la ruta, lo primero es recurrir a la pirámide o triada, que se compone de tres sectores articulados: salud, justifica y protección. Por su parte, el sector salud es muy importante, independiente del tiempo que haya sucedido el hecho. Por ejemplo, si una persona fue víctima de violencia sexual y esta ocurrió en menos de 72 horas puede acudir a un servicio de urgencias, un servicio que es gratuito y al que no debe tener una barrera para acceder a él.

     

    Todos los hospitales deben activar el código fucsia, definido como el triage uno que es el que cobija las violencias ocurridas en un periodo inferior a las 72 horas. El triage dos se activa si ha pasado más del tiempo establecido. En cuanto a la parte de justicia, las personas pueden acercarse a los CAIVAS, Centros de Atención Integral a Víctimas de Abuso Sexual y las Unidades de Reacción Inmediata-Uri.

     

    Por último, se activa el sector de Protección, que tiene dos entidades importantes: Comisaría de Familia, en la que se puede denunciar casos de violencia intrafamiliar, y el ICBF, en el que se reportan hechos que ocurren de forma externa.

     

    En cuanto a las activaciones de la ruta, se pretende no revictimizar a la persona, de esta forma, lo ideal es que no tenga que contar lo que pasó en todas las instituciones a las que acuda.

     

    “Es algo real que este proceso se vuelva tedioso por los tiempos de espera, por los trámites, se puede volver pesado. Depende del caso, muchas veces poder finalizar un proceso permite la sanación de una persona que fue víctima de violencia sexual”, precisó Ochoa.

     

    Dentro de las instituciones educativas es el rector el encargado de realizar la activación de ruta y de estar al tanto de todo el proceso, así como de acompañar a la víctima en cada una de las instituciones donde se le atienda.

    Además, señaló que muchas veces la violencia sexual se da por medio de la intimidación, de la coacción o de la amenaza, así que puede suceder que el psicólogo o el docente sientan miedo de activar la ruta por posibles retaliaciones de algún grupo armado. Por ende, es importante la forma en la que la institución los acompaña. También hay que tener en cuenta que hay activaciones que se pueden hacer de manera anónima, realizando una lectura del contexto.

     

    ¿Cómo se vive la educación sexual en las instituciones educativas?

    En Colombia, para los proyectos de educación sexual en los colegios públicos y privados existen unos lineamientos establecidos a nivel nacional, donde se subraya que estos deben ser de cumplimiento obligatorio. Dentro de la normativa que rige estos proyectos, se otorga a los rectores de cada institución la responsabilidad de construir, delegar un maestro encargado y poner en práctica toda acción que vaya enfocada a su adecuado cumplimiento.

     

    El Programa Escuela Entorno Protector cumple la función de fortalecer y acompañar las actividades en el marco del proyecto de educación sexual de cada institución. Sin embargo, debe ser creado desde la junta directiva con el apoyo de algunos docentes, quienes lo direccionan según el contexto sociocultural de la institución.

     

    Alex Jaramillo, profesional de apoyo institucional del PEEP, recalcó que en algunas instituciones el proyecto de educación sexual no recibe el valor y la importancia que tiene, además, a veces se lo entregan como en una rifa al profesor que sobra. Entonces, como es algo que le impusieron, el proyecto no va a tener mucho alcance y lo que se va a encontrar es algo solamente escrito con una o dos acciones en el año en las que se trabaja todo de forma general.

     

    Por otra parte, al mencionar las violencias basadas en género, Jaramillo indicó que se trata de “un proyecto que requiere formación en todo ese tema de género donde en el aula hay vulneraciones y agresiones. Donde a veces el docente las minimiza, incluso algunas de las acciones que hace el docente y que a veces tratan de pasarlo como que es algo normal (SIC)”.

     

    Esta realidad no es la misma en todas las instituciones, también hay algunas donde se generan procesos interesantes a partir de campañas y formaciones a todo el plantel educativo: madres y padres de familia, estudiantes, docentes y personal de apoyo. Con base en estos procesos han podido evidenciar que se tiene un efecto positivo en lo académico.

     

    Las instituciones que han realizado estos proyectos se han dado cuenta de que enfatizar en temas de género, en relación con las violencias y su prevención, ha permitido generar un ambiente de paz y de sana convivencia dentro y fuera del aula.

     

    Delitos sexuales: una realidad que también hace parte de los entornos digitales

    Con el surgimiento de las nuevas tecnologías de la información y el uso cotidiano de aplicaciones digitales y de internet podemos encontrar nuevos riesgos relacionados con el ciberacoso, estos afectan la integridad física y/o mental de las personas, algunos de ellos pueden ser incluso delitos que atenten los derechos sexuales de los y las usuarias de internet. Así lo expuso Edwin Alexander Amaya, magíster en comunicación digital, quien resaltó que hay públicos más vulnerables frente a estas situaciones y estos, por lo general, son personas que no tienen una alfabetización digital o no cuentan con información sobre las plataformas virtuales con el fin de prevenir estos eventos.

     

    Si bien hay personas que son más propensas, ninguno está exento del asunto porque todos estamos metidos en el ciberespacio y eso nos denota cierta exposición al tema”, afirmó Amaya. También resaltó que es necesario que se implementen unos protocolos que permitan mejorar la situación lo mejor posible para velar por la integridad de las y los estudiantes.

     

    La Ley 1620 aclara que es importante promover el desarrollo de las competencias ciudadanas, el ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos, el fomento de estilos de vida saludable y la prevención del acoso escolar y el ciberbullying. De esta forma, las instituciones educativas deben atender este tipo de situaciones bajo lo establecido en el manual de convivencia, no solo desde una parte correctiva, sino de una forma integral, involucrando en este proceso a los diferentes actores de la comunidad educativa, es decir, a las y los maestros, padres y madres de familia y los y las estudiantes, incluso a los cuidadores: las trabajadoras domésticas y la familia extendida.

     

    “Se deben involucrar a los papás para que identifiquen estas situaciones y a los docentes porque estos a partir de la observación identifican cambios en los comportamientos de los estudiantes. El simple uso de un computador nos da múltiples ventajas, pero también nos deja expuestos a muchos riesgos”, dijo Amaya.

     

    Según el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de Colombia hay diferentes tipos de delitos en entornos digitales, uno de ellos es el grooming, definido como una nueva forma de acoso y abuso que se ha venido popularizando con el auge de las TIC. Surge desde los chats en redes sociales, sucede cuando una persona adulta se hace pasar por otra, generalmente menores de edad con el objetivo de obtener una satisfacción sexual, mediante imágenes comprometedoras del menor o incluso como preparación para un encuentro sexual.

     

    Por otro lado, está la práctica conocida como el sexting, muy normalizada entre adolescentes, se da cuando alguien toma una foto de sí mismo (sugestiva o sexualmente explícita), y la envía a alguien vía teléfono celular o Internet. El archivo con fotos o videos de corte sexual se conoce como pack y hoy se ha viralizado su intercambio entre los menores de edad.

     

    El Programa Escuela Entorno Protector expone que durante el 2020 se han presentado 42 casos de ciberacoso, de los cuales 15 han requerido activación de protocolo de intervención. Además, informa que 33 de estas denuncias han sido realizadas por mujeres, lo que representaría el 78,5% de los casos.

    Amaya asegura que estos temas se merecen incluso políticas públicas por parte del Estado que permitan la formación, porque nada hace un colegio si ni la secretaría de educación ni el Ministerio de educación empiezan a promoverlo.

    Gráfico tomado de: Estudio Uso y apropiación de las TIC en Colombia 2016, MinTic

     

    Posibles soluciones

    En consecuencia, es relevante que las instituciones educativas faciliten espacios de encuentro en los que se cuestionen los estereotipos de género, se hagan visibles conceptos relacionados con las violencias sexuales y basadas en género, se divulguen y compartan los diferentes protocolos de atención para los casos de presuntas vulneraciones y crear espacios educativos que complementen el proceso de formación integral de toda la institución. Más allá de pensar en los mecanismos de denuncia o activaciones de ruta, se pueda hacer énfasis en la prevención de estas situaciones o si ya sucedieron en el acompañamiento de las víctimas y sus cercanos, y en la no revictimización.

     

    Es importante incluir dentro de estas estrategias diferentes métodos de comunicación, desde carteleras en los colegios, redes sociales oficiales, conferencias con expertos o expertas, espacios de diálogo con las madres, padres de familia, cuidadores y el resto de personal que haga parte de la comunidad educativa.

     

    *Algunas de nuestras fuentes han pedido que sus nombres no sean mencionados. Todos estos testimonios que hemos recibido bajo esta condición están señalados con un asterisco.

     

    Trabajo realizado para el curso Periodismo V, orientado por la profesora Jazmín Santa.

     

     

  • Una bendita enfermedad que quita mucha tranquilidad

    Por: Laura Restrepo Rodríguez / laura.restreporo@upb.edu.co

     

    Un amor, que nació de un encuentro fortuito ha tenido que superar los retos que impone el olvido. Jairo Muñoz cuenta cómo ha vivido el alzhéimer que padece su esposa Mabel.

     

    Ya van cuatro años, fue un siete de marzo del 2016, día en que la vida de Mabel mi esposa cambió y con ella la mía también. El diagnóstico fue alzhéimer temprano, la forma más común de demencia que deteriora progresivamente la parte funcional del cerebro.

     

    Nos conocimos en un bus del barrio Cristóbal, una mañana de 1975. Vi entrar a la que hoy es mi esposa en la segunda parada del día en el barrio La América. Estaba sentado y ella esperaba ubicar un puesto, sin pensarlo le dije: “Sentate” y guardé silencio, al llegar el bus a su destino me fijé muy bien para esperarla en la misma parada en la que se bajó y efectivamente funcionó. Al final del día decidí comprar el pasaje y hacer la fila hasta verla llegar, cuando vi que se acercaba, la invité a tomar mi lugar, le pregunté si quería ir a cine esa noche conmigo y su respuesta fue un inmediato sí. Desde eso nunca jamás volvimos a separarnos, ya son 39 años de casados.

    Jairo y Mabel, en los inicios de la familia que hoy los sigue amparando. Foto: Marta Cecilia Rodríguez.

     

    Diez años de esas tres largas décadas han traído muchas transformaciones. En febrero de 2010 cuando salimos de la casa de mis suegros, ella siempre era la que manejaba y lo hacía bastante bien. Noté que había tomado otro camino fuera del habitual y le dije — ¿por qué vas por aquí?- a lo que ella me respondió: – no, no, es que por cualquier lado se llega—. Decidí no ponerle mucha atención y pensar que fue un simple olvido. Poco tiempo después íbamos a salir de la casa de sus padres nuevamente, al llegar a nuestro destino, ella notó que dejó su bolso, desde ese momento supe que íbamos a tener problemas con el alzhéimer. Por esos mismos sucesos decidí buscar ayuda profesional para confirmar mis sospechas. Encontré al neurólogo Francisco Lopera, quien diagnosticó de forma inmediata, como si no hubiese tenido que analizar mucho la situación, solo tras hacerle algunas preguntas. Alzhéimer temprano.

     

    Cuando llegamos de esa cita, comprendí que la Mabel que conocía desde hace un tiempo había dejado de ser ella en varios aspectos y eso se reflejaba en que le debía recalcar y repetir varias veces las cosas. Ella respondía siempre un poco molesta, comenzó a negarse a cocinar, ya no le gustaba leer, dejó de hacer las sopas de letras que tanto disfrutaba.

     

    Desde ese entonces no elige su ropa, mis hijas deben hacerlo o incluso yo. A veces también decide irse sin avisar, como una mañana en la que me levanté y no la encontré. Inmediatamente salí del apartamento y bajé las escaleras rápidamente. La alcancé y le dije — ¿pa´ dónde vas y por qué vas de piyama? — y ella, con su actitud gozadora, me respondió — ¿y es que está muy fea la piyama? Y vos como estás ahí de piyama, la mía está más bonita —. Parecía una niña. Tal vez por eso cuando se mira al espejo me dice que hay alguien más, reconoce en su reflejo a otro ser, uno que la imita en todo. Lo describe como alguien pequeño, a veces la mira como si quisiera entablar una conversación. Lo que hago es acercarme a su lado y le digo — ve, somos los mismos, tú eres ella, yo soy él— (todavía me río de eso).

     

    Tal vez su memoria no sea la misma y nunca lo será. A veces lucho, no sé si contra la enfermedad o contra el recuerdo que tengo de mi esposa. Mis días consisten en estar siempre con ella para que no se pierda, ayudarla a coger los cubiertos, hacer ejercicio, reír y conversarle a esa niña que ve en sus reflejos, a la que también le pone un plato en la mesa como si fuese otro integrante de la familia y esperar el día en que deba respaldarla hasta en lo más mínimo como ir al baño e incluso comer.

     

    Para este punto de la vida mi esposa Mabel, a sus 64 años, ya ha perdido el 70 % de la memoria. Lo noto en sus largos silencios y su mirada a veces perdida. Pero con sus risas, recuerdo esa gran mujer que siempre ha estado a mi lado, pendiente de que saliera contento de la casa, esa amante, ese ser humano aferrado a vivir la existencia de la forma más genuina posible.

     

    Lo que siempre estará en mi memoria es que mi esposa me ha dado dos hijas hermosas. Creo que el recuerdo más grande que tendrá ella de mí es que la acompaño. Me lo ha dicho: “Uy, qué bueno que usted me acompaña”. Ahí es cuando comprendo que, aunque el camino sea fácil de olvidar, aunque ella no pueda recorrerlo sola, yo siempre estaré ahí para recordarle cómo regresar a casa, a su hogar.

    Trabajo para el curso Periodismo III, orientado por la profesora Claudia Sánchez Aguiar.

     

     

     

     

  • Las ruinas del colegio

     

    Por: Santiago Úsuga Bustamante / santiago.usuga@upb.edu.co

     

    Las instalaciones de nueve instituciones educativas públicas en Itagüí fueron demolidas hace más de dos años y las nuevas construcciones no han sido terminadas. Esta investigación repasa las causas y consecuencias de la parálisis en las obras. Los testimonios en texto e imagen además exponen los problemas que padecen las comunidades educativas a raíz de los incumplimientos.

     

    Clic en la imagen para navegar el reportaje:

    Foto: Santiago Úsuga Bustamante.

     

    Reportaje realizado para el curso Periodismo I, orientado por la profesora Diana Milena Ramírez.

     

     

  • Posfotografía

     

     

    Por: Camilo Pérez Montoya / camilo.perezm@upb.edu.co

     

    El ejercicio posfotográfico busca resignificar el material visual ya dispuesto a través de la edición y conjugación con otros elementos. En este caso, el objeto encontrado son monedas provenientes de naciones diferentes y acuñadas en diferentes momentos históricos. Mediante el entrecruzamiento con imágenes de dichos momentos históricos, se busca resignificar el hecho y contar la historia desde el poder económico y político. La ilusión del dinero respaldada por la ilusión del oro. Una historia consensuada construida sobre un poder mayor. Monedas. De mano en mano, de vida en vida. Marcadas, holladas, abolladas, cuidadas. Testigos silentes del poder y supervisoras del correcto cauce de las cosas. Patronas de la polis y la vida de los seres modernos.

     

     

    1. 5 centavos de dólar de Hong Kong, acuñados en 1977.
    2. 1 Heller (céntimo) de corona checoslovaca (1962) en la Revolución de Terciopelo.
    3. 20 céntimos de Euro de 2006 con un soldado del IRA.
    4. 1 peso chileno de 1997 en la transición de la dictadura de Augusto Pinochet al gobierno de Patricio Aylwin.

     

    Trabajo realizado para el curso Imagen II, orientado por Herbert Rodríguez.

     

  • Monólogos de lo que suele doler

    Alma Flórez / alma.florez@upb.edu.co

     

    “A veces me gustaría no estar tan sola en esta casa, estar con alguien que pueda poner las ollas para las goteras del techo cuando el cielo se rompe, alguien más que cocine, que limpie el cenicero, que haga café…”. Una mirada íntima a eso que es habitarse y sentirse deshabitado; mirarse en el espejo, mirarse por dentro, mirarse estos días. Tres monólogos inspirados en la lectura del libro Voces de Chernóbil de Svetlana Alexiévich.

     

    I

    MONÓLOGO ACERCA DE CÓMO LA SOLEDAD SABE DOLERME
    A veces me gustaría no estar tan sola en esta casa, estar con alguien que pueda poner las ollas para las goteras del techo cuando el cielo se rompe, alguien más que cocine, que limpie el cenicero, que haga café… Y pienso en esto no porque no me guste hacer estas cosas, solo no entiendo, ¿por qué tanta soledad, tanta ausencia? ¿Por qué esto suele dolerme?

    Otras veces suelo ausentarme de mí, despierto, 7:00 a.m., me miro al espejo, no estoy, pregunto, ¿Alma, Alma, Alma…? Me busco, no respondo, solo está ante mi esta figura, pesada, piel morena, cabello crespo, ojos grandes y marrones, pero dónde estoy realmente, a dónde he ido. Llaman a lista en clase, ¿Alma? y yo debo responder, “presente”, porque aparentemente soy yo, soy esa a quien llaman, sin poder decirle al maestro que ella no está, que hoy no quiso despertar, que se quedó en el sueño.

    Que no está, no está… -No estoy-
    Hasta yo misma me ausento.

    Me ausento de la idea de la soledad abrumadora, esa que espanta, que te hace doler los huesos; la piel arde, yo me dopo para no llorar por compañía, me paro de la cama sin despertar, porque a veces en medio de doler, de dolerme, eso que llaman vida, eso que te padezco, vida, debo continuar.

     

    II

    MONÓLOGO ACERCA DE USTED, QUE ME DUELE
    Quiero expresar aquello que me duele con respecto a usted, a usted que me dejó, a usted que está lejos, a usted que no me lee. Me digo que yo no soy escritora, que no sé expresar aquello que quiero, que solo sé dolerme, sé tumbarme en el suelo de esta casa que le espera, donde las paredes le reclaman, aquí hasta las cucharas le echan de menos y me ponen quejas.

    Expresaría si pudiera hacerlo que le odio, que odio sobretodo sus brazos, los odio en las noches que hace tanto frío que quema, odio además sus labios que ahora en medio de la distancia dejan que mi boca se reseque, se agriete.

    Expresar que detesto el día que salió a trabajar y yo pensé que volvería a la hora de la cena, como de costumbre, pero no pasó… No sé dónde dormiste aquella vez, dónde estuviste, me lo pregunté una semana, luego de esa semana supe que era un fin, que esa despedida cuando partías hacia el trabajo no era más que una despedida para siempre, que debía aceptarlo.

    ¡Me confunde esto del amor hacia el otro! Eso de acostumbrarse al tacto, de entenderse con gestos, nunca he comprendido los tipos de apegos.
    ¿Dónde estarás?, ¿con quién?
    Sobretodo con quién…

    Me perjudica, me quejo, me duele, me dueles, le reclamo a usted, a su ausencia. A usted, que me duele.

     

    III

    MONÓLOGO ACERCA DE CÓMO LA DISTANCIA ES PERJUDICIAL PARA EL ALMA

    La distancia es dolorosa sobretodo, cuando en medio de esa distancia está aquello que se extraña. No podemos salir porque estamos en cuarentena, estoy a 304km de distancia en ruta del lugar que suele ser mi hogar.

    Todo se ha transformado, se ha vuelto virtual, mi padre me manda fotos pixeladas de la casa, hacemos videollamadas y todo se ve en mala calidad por la pésima señal de internet, porque el mundo entero está conectado y todo esto por un virus que nos encerró, no encerró de manera virtual.
    -Hay virus afuera y virus informático adentro-

    Siento mucho más la distancia cuando los buenos días están en el chat y en la cocina hay ausencia, nunca había pensado en la distancia como algo malo, siempre fue y estuvo como algo natural, la distancia del cuarto a la sala, la distancia de la casa al trabajo, era normal, natural. Ahora, me pregunto más acerca de la distancia porque está impuesta, porque nos la exigen, no podemos estar a menos de 2 metros de distancia de alguien en el supermercado, en las filas de los cajeros, en todas las filas.

    Entonces el alma siente dolor, siente la ausencia, es algo perjudicial, porque no tiene compañía, ni tacto, todo se ha vuelto impersonal, individual, en solitario, solos, solos… nos dicen que es por nuestra salud y entonces uno se aleja, toma distancia, hace la fila donde debe, saluda con el codo y no con un abrazo o un beso, no sale de la casa, no viaja a su pueblo, olvida a su hogar, permanece en aquella distancia obligatoria, la asume y procura cumplir las normas para no pagar multas, procura no llorar, no volverse loco, no dolerse tanto, además de mantener la distancia.

    Trabajo realizado para el curso Periodismo y literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

  • Kalashnikov, historias del campo atravesado por el conflicto

    Por: Mateo Alexander Salazar Correa / mateo.salazar@upb.edu.co

     

    Esta videocolumna analiza un cortometraje sobre los avatares del conflicto colombiano. Los personajes, los planos, las escenas, la iluminación y muchos otros aspectos toca este análisis que busca interpretar e ir un poco más allá de lo que se ve a la ligera. ¡Alerta spoiler!

     

     

    Realización para el curso Imagen VI, orientado por el profesor Daniel Cortés.

     

     

  • Inmerso en la pandemia

    Verónica Peñaranda Isaza

     

    Nicolás Jaramillo Gómez, cardiólogo, es uno de tantos médicos que ha se ha expuesto, constantemente, al contagio de Covid-19. En este testimonio cuenta sus razones para hacerlo y reflexiona en torno a lo que ha significado la pandemia para él y cómo ha ido cambiando con el pasar de los meses. “Esto me gusta y sé que lo tengo que hacer. Es cuestión de lo que yo siento, no me cuesta mucho”, dice.

     

    El 6 de marzo de 2020 se registró el primer caso de COVID-19 en la capital de Colombia. A partir de la fecha, el país se encuentra en una incansable batalla por combatir el virus. Somos el personal de salud quienes diariamente arriesgamos nuestra vida por salvar la de los demás, trabajamos horas extra bajo condiciones adversas y exponiéndonos al contagio.

     

    Es una experiencia muy compleja. Comenzamos con un momento crítico en que la gente se llenó de pánico y nosotros también. Yo pensaba: ‘bueno, ¿qué me puede pasar a mí?’ Y no tanto a mí, sino que podría estar contaminando a mi familia. La decisión de trabajar con el virus la fui tomando en el camino y poco a poco me iba adaptando a una rutina diferente.

     

    En el hospital

    Al llegar, hay que hacer un cambio absoluto de ropa, para ponernos unos uniformes con ciertas características y usar permanentemente las mascarillas; en un principio las N95[1], que, por la misma pandemia y el susto, empezaron a escasear y a volverse costosas, por lo que continuamos usando las generales, que dan una protección más o menos del ochenta por ciento, bien usadas. Fuera de eso, se nos proporcionaron los protectores de plástico o acetato que cubren toda la cara.

     

    En la sala de hemodinamia[2] usamos petos de protección porque trabajamos con radiación, por lo que el calor es infernal. También las gafas plomadas y las de protección general, más los lentes recetados que se empañan todo el tiempo, son desesperantes. Nos sentimos asfixiados con los protectores de nariz y de boca, sentimos que no nos llega la respiración y perdemos la capacidad de hablar. Nadie entiende lo que estoy diciendo y tampoco le entiendo al enfermo; me la paso gritando, es horrible. A todo esto, se le suma la tensión que genera el paciente, que es bien complicado.

     

    Poco a poco íbamos perdiendo el miedo y el respeto a ciertas medidas de seguridad que en un comienzo eran demasiado estrictas. Me sangraban las manos de tantas lavadas que me hacía. La cara también se me volvió nada, porque las mascarillas maltratan mucho cuando las estamos usando de doce a veinticuatro horas continuas. Pero al principio nadie se atrevía a quitárselas, es decir, era un acabose. Contaminarse con COVID-19 realmente asustaba.

     

    Cuando tomamos la decisión de atender a un paciente positivo para el virus, se hace una parafernalia impresionante; se bloquean todas las salidas para que nadie se cruce con esa persona, quien viene en una urna de aislamiento. Mientras sucede toda esta procesión, los médicos debemos esperar. Para atender a estas personas, solo se pueden dejar los elementos estrictamente necesarios y sacar el resto. Si hay que intubar al paciente, nos tenemos que salir todos, porque es el momento más crítico para la aspersión del virus; tenemos que esperar quince minutos, como mínimo, a que caiga y se asiente. Todo este proceso demanda tiempo. Sin embargo, nos hemos ido acostumbrando y empezamos a estar más tranquilos, incluso pensamos: “Si me va a dar, pues que me dé”.

     

    Las relaciones humanas

    Mi relación con los pacientes ha cambiado. Por un lado, la siento más estrecha que antes, incluso siempre trato de empezar conversando con ellos, por lo que he extendido los horarios de atención un cuarto de hora más. La gente va mucho en la búsqueda del conversar, del charlar, que se le escuche, que se le tenga en cuenta, que se le oigan las quejas, precisamente por la soledad en la que están. Me he vuelto un compañero fundamental para ellos. Por el otro lado, me da tristeza la lejanía, ahora son codazos los que me doy con los pacientes. Anteriormente era la palma, el cariño, el amor, que se ve que se necesita. Eso golpea.

     

    El vínculo con mis compañeros de trabajo también es muy distinto. Ahora somos cinco los que estamos en la modalidad presencial, frente a dieciocho o veinte que están desde la virtualidad. No es lo mismo la discusión, la cercanía, el compartir. Fuera de eso, el espacio en el que almorzábamos todos juntos, donde hablábamos y jodíamos, se ha reducido a máximo tres personas por comedor. Tristemente todo se vuelve más frío.

     

    El paciente no tiene la culpa de tener coronavirus o estar bien enfermo. Después de todo, estoy inmerso en la pandemia gracias al apoyo de mi familia, en especial el de Gloria, mi esposa. Ella me acompaña en la decisión porque disfruto mucho lo que hago y sé que es lo tengo que hacer. Se trata de lo que yo siento, no me cuesta mucho.

     

    [1] Las mascarillas N95 son nombradas así, debido a que filtran el (95%) de las partículas del ambiente, por lo que son las más adecuadas para el uso del personal de salud cuando hay contacto directo con el COVID-19.
    [2] Subespecialidad de la cardiología que se basa en el tratamiento y diagnóstico de afecciones cardiovasculares, a través de técnicas guiadas por rayos X.

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    Trabajo realizado para el curso Periodismo III, orientado por Claudia Sánchez Aguiar.