Etiqueta: Turismo

  • 40 años del pueblito de nuestras cuitas

     

     

    “Tenemos contemplado hacer una exposición en el marco de los 40 años para que los visitantes entiendan el contexto de un pueblito paisa, que si bien muchos tenemos la posibilidad de ir a otros pueblos de Antioquia, de pronto un turista que solo tiene unas horas o unos momentos para recorrer la ciudad pueda conocer y tener este referente’’, señaló Juliana Cardona Quirós, Subsecretaria de Turismo de Medellín.

     

    En el suroccidente de Medellín, en medio de todo el cemento, hay un pequeño pulmón verde que además de naturaleza tiene cultura e historia paisa, lo que lo hace sitio obligado de visita en la ciudad.

     

    En la cima del Cerro Nutibara se encuentra el Pueblito Paisa, un espacio que por tradición es referente de la ciudad de Medellín y que ha funcionado desde 1978 como un abrebocas de lo que es un pueblo tradicional antioqueño. Lleno de colores, artesanías, comida típica, exposiciones antiguas y una vista panorámica de la ciudad ha impulsado año tras año a que extranjeros y nacionales quieran conocer más de esta región colombiana.

     

    ¿Cómo surgió?

    Todo comenzó en 1976 con un restaurante mirador que tuvo tanta acogida, que se decidió construir un pueblo antioqueño para atraer más turistas. Julián Sierra Mejía, arquitecto, se encargó de todo el diseño y tuvo las obras a su cargo.

     

    Con la ayuda de empresas antioqueñas como Coltejer, Compañía Colombiana de Tabaco, Noel, Compañía Nacional de Chocolates y Suramericana se inició toda la construcción del lugar. Queriendo darle más realismo, Sierra rescató muchos de los restos del viejo Peñol, que estaba siendo demolido para construir la represa, y de la antigua Casa de Ejercicios Espirituales San Vicente para empezar con la obra. Puertas, marcos, ventanas y hasta la que hoy es la puerta de la iglesia del Pueblito Paisa fueron utilizadas para darle más similitud a un pueblo de verdad. Años después Empresas Públicas de Medellín iluminó los senderos y se instaló la señalización del lugar.

     

    Espacios

    Al llegar a lo más alto del Cerro Nutibara, lo primero que se aprecia es una plaza en piedra con una fuente en todo el centro, una característica capilla blanca con sus sillas antiguas de madera, rodeada por casitas de colores naranjas, rojas, azules y amarillas. Algunas de estas casas con dos pisos y desde abajo se pueden ver los restaurantes repletos de turistas disfrutando de la comida típica antioqueña y de la hermosa vista de la ciudad, al igual que las flores que durante todo el año adornan los balcones. Varios puestos y tiendas de artesanías ofrecen la imagen del silletero en llaveros y muñecos. Bancas de madera rodean el parque y son el espacio en el que muchos visitantes se sientan a a conversar o disfrutar de una oblea.

     

    La capilla, la botica, la escuela, la casa cural, la alcaldía y la barbería fueron los sitios que dan fidelidad al pueblito y despiertan comentarios nostálgicos de los visitantes, algunos de los cuales desde 2012 se empezaron a llevar de a poco pedazos del lugar que hoy ya no tiene los pupitres de madera del siglo XIX, sin la silla roja de la barbería, sin muebles antiguos, y sin botica.

     

    El principal objetivo de la Alcaldía de Medellín desde la Subsecretaría de Turismo es que la gente entienda cómo es un pueblo paisa y que conozca nuestra historia y cultura. En contraste, Jenny Sandoval, turista de Bucaramanga, lamentó en medio de su visita lo limitada que es la zona de comidas y la falta de señalización.

     

    Transformaciones

    Dentro del plan de desarrollo ‘’Medellín cuenta con vos’’, la Alcaldía de Medellín tiene un proyecto para convertir a los cerros Nutibara y El Volador en atractivos turísticos. La Empresa de Desarrollo Urbano (EDU) está a cargo del proceso de diseño.

     

    El manejo del Cerro Nutibara está a cargo de la Secretaría de Medio Ambiente, pero también de la Secretaría de Desarrollo Económico, específicamente la Subsecretaría de Turismo y la Secretaría de Cultura.

     

    De acuerdo con Juliana Cardona Quirós, subsecretaria de Turismo de Medellín, se espera que en noviembre de 2018 se puedan comenzar a ver algunas de las intervenciones, principalmente en senderos y caminos para los visitantes, con soluciones para personas con movilidad reducida y coches de niños, ciclo rutas y seguridad. ‘’Queremos que sea un cerro para todos’’, expresó la subsecretaria de Turismo. En concordancia con la función ambiental del cerro, entre los planes está la restricción de vehículos.

     

    Por su parte, la Secretaría de Desarrollo Económico realiza capacitaciones a los comerciantes del Pueblito Paisa, manteniéndolos actualizados en el mejoramiento de sus artesanías y en el servicio al cliente, pensando en la cantidad de visitantes que está recibiendo Medellín y particularmente este lugar.

     

    Promoción del lugar

    En las dos terminales de transporte de Medellín, en los aeropuertos Enrique Olaya Herrera y José María Córdova, Plaza Mayor, Parque Arví, Parque de las Luces y en el Pueblito Paisa hay Puntos de Información Turística (PITS), que orientan a los visitantes dándoles recomendaciones de los principales sitios para visitar. De acuerdo con Juan David Giraldo, encargado del PIT del Pueblito Paisa, los turistas llegan al lugar con gran expectativa por ser un sitio tan recomendado por los recorridos que ofrecen las agencias turísticas de la ciudad.

     

    Los Puntos de Información Turística facilitan mapas, horarios de actividades, rutas de transporte y recomiendan museos, parques y bibliotecas, como parte del reto de mejorar constantemente la calidad de los espacios, entre otros aspectos, la seguridad y el acompañamiento.

     

    Feria de Flores

    Durante la Feria de las Flores, el Pueblito Paisa es uno de los lugares más visitados. Incluso en medio de remodelaciones y otras obras, los visitantes tienen la oportunidad de apreciar la elaboración de silletas y una exposición a propósito de las cuatro décadas de historia de este lugar que protagoniza numerosas postales de Medellín.

     

     

     

     

     

     

     

  • EL JUNÍN DE LOS FLORISTAS

     

    – Estoy triste.

    – Parece que estamos tristes.

    – De verdad.

    – ¿Cómo cuánto?

    – Mucho.

    – Veinte centavos por tu tristeza.

    – Vale más.

    – ¿Podría vivir en ella?

    – Y hacer una gran urbanización.

    – Veinte, ni un centavo más.

    – Es tuya.

    – ¿Ves cómo todo puede conseguirse con dinero?

    – ¿Tienes mucho dinero?

    – Puedo conseguir grandes extensiones de tristeza.

     

    Las muertes ajenas, Manuel Mejía Vallejo

     

     

     

    Las abejas y avispas rondan las casetas como guardianas de las flores y esos aromas se mezclan con el olor de la fruta de carreta, el sudor de quienes pasan y los locales que emanan el aroma del pollo y el pan. Ante el fuerte sol algunas flores que empezaron la mañana no sobreviven la jornada. En la tarde huele a flores muertas.

     

    Ni la Alicia de Lewis Carroll vio en el jardín de las maravillas las bellezas de Junín: Astromelias, Rosas, Girasoles, Margaritas, Lirios, Claveles, Aves del paraíso, follaje, Heliconias, Pinochos, Cartuchos y Agapantos. Este pasaje recibió su nombre en honor a la batalla del 6 de agosto de 1824 donde Perú consiguió su libertad ante los españoles. La carrera 49 reviste de flores su centro, desde La Playa hasta Caracas se ubican pequeños locales dedicados a la venta de ramilletes y ramos.

     

    Los floristas parecen suspendidos en el tiempo; sus movimientos son lentos y discretos, así debe ser el trato para las delicadas damas que reposan en grandes contenedores de agua. Cuatro de los hombres que consagran sus días a esperar compradores llevan en el oficio varias décadas y otros heredaron la labor de unos padres dedicados a la fugaz belleza de las flores. Estos personajes son quienes han forjado la imagen de la ciudad florecida de otros tiempos, de una Medellín ahora lejana.

     

    Alrededor de los años 60 la Secretaría de Comercio y Turismo trajo a campesinos de los corregimientos de Santa Elena y San Cristóbal para ubicarlos en pequeños quioscos situados en Junín; al inicio estaban desde La Playa a Maracaibo y luego se extendió hasta Caracas. Como el caso de los esposos Maria Clementina Grajales, florista, y Juan Francisco Osorio, transportador de flores; tenían su finca en Santa Elena y decidieron tomar la oportunidad para mejorar sus ingresos.

     

    Ambos criaron a cinco hijos a punta de flores; enseñaron el cuidado y la delicadeza de estas plantas. Ahora es su hijo, Gabriel Jaime Osorio Grajales, un hombre de voz resonante y rostro pulido, quien releva a su madre. Tras algunos quebrantos de salud Maria Clementina falleció en el año 2000 y en 2016 Juan Francisco, ahora con 91 años, dejó de conducir el camión.

     

    De esa migración también participó Jesús Alberto Monsalve Ortiz proveniente de San Cristóbal, un hombre de voz grave, ojos pequeños y piel morena. Hace 46 años está ahí, en el mismo sitio. Su local es el primero en sentido sur-norte, está a un costado del edificio Coltejer. Su día comienza muy temprano: a las 4 a.m. está en la Placita de Flores para surtir. Ese centro de acopio lo vio crecer, pues desde niño iba a ver cómo las cortaban, qué le echaban al agua para conservarlas… así, entre ensayo y error comprendió la técnica que le daría el sustento de su familia por 46 años y contando.

     

    Durante la segunda mitad del siglo XX los sitios más exclusivos de la zona eran el Teatro Junín, el Hotel Europa y el Club Unión, así que la clase alta de Medellín se paseaba entre las tiendas, tomaban café o se sentaban para encontrarse con los amigos, en fin, venían a juniniar. Los jóvenes obsequiaban flores a la joven pretendida, el hombre halagaba a la esposa amada o a la dulce hermana y todos hacían el gasto por la madre adorada; era un presente de gran valor sentimental.

     

    En 1967 se demolió del Teatro Junín para dar paso al edificio Coltejer. Ese fue el inicio de un cataclismo cultural para el centro de la ciudad. Gabriel Jaime rodeado de bullicio, de apariencia impecable y con el más puro indignamiento dice: “el teatro Junín lo cambiaron por un mamotreto, era un emblema cultural, artístico y arquitectónico, ¿cómo cambian una joya por un mamotreto?”. Con nostalgia recuerda lo distinto que fue Junín, sus ojos revelan los recuerdos de un joven que veía el mundo cambiar de manera estrepitosa. Él culpa a los grandes poderes de la época y la corrupción de las administraciones pasadas.

     

    A pesar de las peripecias los floristas han seguido de pie. Rodrigo de Jesús Hernández, de 77 años, también ha hecho un relevo generacional ya que trabaja con su hija, se rotan los turnos para que la jornada no le quede muy pesada a Rodrigo; él insiste en trabajar: “toda mi vida ha sido con flores y no me cambio por nada; con esto crie mi familia, los trece hijos, y no solo cuando las cultivaba en Santa Elena sino vendiéndolas aquí”, dice con orgullo.

     

    Tras la construcción de San Diego, el primer centro comercial de Medellín, en 1972, algunas de las tiendas del pasaje se trasladaron y, desde luego, muchos clientes fueron tras ellas. Ese mismo auge del comercio aumentó la ambición de los mandatarios y de los intereses privados, ante ello Junín y el centro no volvieron a ser los mismos; el dinero avasalló la cultura.

     

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    A las 10:00 a.m. el sol es tibio y generoso, se aspira un bouquet exquisito, parece transcurrir con la ligereza del inicio de la semana, además, va al ritmo del tango, Gardel suena en el equipo de un vendedor de CDS (…) Por una cabeza, todas las locuras, su boca que besa, borra la tristeza, calma la amargura…

     

    Heriberto de Jesús Grajales Grisales lleva 27 años en su puesto, estuvo rodeado de flores desde su nacimiento debido a que sus padres las cultivaban en Santa Elena y las vendían en la antigua Plaza Cisneros, luego de cerrar llegaron a la Placita de Flores. El hombre cree que la peatonalización de Junín no ha sido muy efectiva: “se pasan carros, motos, bicicletas y por eso se dañan las losas del piso, por eso lo van a volver a intervenir y eso sí lo afecta a uno, afecta las ventas”, afirma.

     

    Este era un sitio de acogida y encuentro, ahora solo es un lugar de paso. Las voces de estos hombres coinciden; el dinero ya no alcanza para los gastos y día tras día es más complicado llegar al mínimo de ventas. Gabriel Jaime, con el sol en su blanca cabellera dice con resignación y esperanza: “es lo que sabemos hacer y tenemos que persistir a pesar de las circunstancias”.

     

    El calor de la tarde sofoca y cambia el ánimo de los transeúntes, se pisan los talones en buscan de sombra congestionándose a los costados y así, en esa rutina, va terminado un día más en Junín. La ciudad, aquella Medellín innovadora no creció al ritmo paciente y natural de las flores.

     

     

     

     

     

  • Prado descubre a qué saben 90 años de historia

    La receta para que un barrio dure 90 años es: que haya vivido el pintor más reconocido de Colombia, que en épocas secas se adorne de flores amarillas caídas de los guayacanes, que haya sido declarado patrimonio arquitectónico, que su fundador se llame Ricardo Olano y haya venido de Yolombó, que esté en el centro de su ciudad y por último, sazonarlo a 25 grados, la temperatura promedio de Medellín.

     

    Para descubrir estos ingredientes, fue necesario nacer en 1927 y estar repleto de familias gigantes, empresarios adinerados, personas de otras regiones del país o que viajaran al exterior. Que aún viva gente que llegó en los años 30 o 40 y, lo más importante, que haya allí curiosos por descubrir la historia, no solo arquitectónica sino gastronómica de este lugar.

     

    ¿A qué sabe prado en 90 años?, se preguntó la Fundación patrimonio para el desarrollo que ganó con su propuesta el estímulo “celebrando el mes del patrimonio” para el arte y la cultura 2017 de la secretaría ciudadana de Medellín. Mónica Pabón, arquitecta y directora de la fundación junto con su esposo Hernán Tobón, cocinero experto en cocina colombiana y coordinador del proyecto se preguntaron con tanta intriga a qué sabe este barrio, que después de dos meses de exploración el 29 de septiembre Medellín se enteró y probó a qué sabe Prado en 90 años.

     

    Talleristas de a qué sabe prado en 90 años, después de finalizar con las actividades propuestas por el proyecto.

    Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.

     

    Fueron 20 personas, residentes de este barrio junto con el cocinero experto, quienes se dieron a la tarea de investigar a qué sabe Prado, para esto realizaron 100 encuestas sobre qué se comía, cuatro talleres teóricos y cuatro prácticos, cada uno en una casa diferente, con el fin también de conocer cómo eran las cocinas anteriormente y la relación que tenía la arquitectura con el tiempo y el tipo de familia. “Para decidir el plato, a parte de las encuestas entre nosotros hablábamos de los ingredientes que usábamos en la casa y los que más se repetían esos usamos,” cuenta María Eugenia Ramírez, que lleva 35 años en el barrio.

     

    Los ingredientes para descubrir el sabor fueron aportados los habitantes del barrio, cada uno decía qué comida, sabor u olor le recordaba los tiempos pasados que donde vivió con su madre, abuela, hermanos y primos. Sin embargo para armar su plato y reconocer en realidad cuál era el sabor necesitaban un cocinero, por eso Hernán Tobón experto en cocina colombiana los acompañó en este trabajo para aportar sus saberes y al respecto comenta que “el objetivo de este proyecto es recuperar la memoria gastronómica y estandarizar una receta a partir de la restauración gastronómica y tradicional de las cocinas de Prado”. Y por esto preguntó entre la comunidad por varios meses ¿a qué sabe Prado?

     

    ¿A qué sabe Prado en 90 años?, a infancia, dice Inés. A mi abuela cometa Maria Eugenia. A finca dice en voz baja Rocio y a mi mamá grita Socorro, con la espontaneidad que la caracteriza. Todo esto se escuchaba en el salón de la Acción comunal mientras entre talleristas y coordinadores del proyecto a modo de conversación mostraban el resultado del trabajo realizado. Después de escuchar varios puntos de vista se evidencia que para ellos lo más importante de descubrir la receta era poder viajar en el tiempo mientras disfrutaban el plato, tener sensaciones y emociones, que aunque no fueras de este barrio te recordara algo o a alguien.

     

    Rocio Correa y Alba García, talleristas, que vestidas de los años 30´s 40´s celebraron la entrega oficial de la receta que les inspiró su barrio. Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.

     

    Para probar el sabor de Prado el salón estuvo acorde con la época en que nació el barrio, estaba acompañado de mujeres, hombres y niños vestidos de los años 30´s y 40´s para evocar la época en que sus antepasados llegaron al barrio para llenarlo de vida, familias elegantes, historias por contar y patrimonio arquitectónico que cuidar. Mientras servían el plato, habían personas preparándolo y el olor de esta comida acompañó a los asistentes durante toda la recepción, por último y para antojarlos más de probar dicha receta, dijeron sus ingredientes.

     

    Mario Pabón, Luz Marina Carvajal y su nieto, vestidos de fiesta para probar en la entrega de este proyecto a qué sabe este barrio del que solo han conocido historias. Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.

     

    Crema de frijoles con zanahoria, plátano pintón, arroz blanco, chicharrón frito con harina -para que sea más crocante,- hogao y nada de sustancia animal, es a lo que sabe Prado. Pero y qué tomaban, quiénes y cómo lo comían fueron preguntas que surgieron después de descubrir el plato, por eso Hernán empezó a indagar más a fondo con los participantes del taller sobre historias en la mesa. “De sobremesa, el guandolo, o aguapanela fría con limón, era lo que se tomaba en las mesas de 12 o más puestos que a las 7 pm hora de la comida siempre estaba llena, decían mientras cocinaban los talleristas”, añade además que para terminar la cena y de paso las conversaciones con todos los integrantes de la familia, sobre sus trabajos, tareas, novios o problemas, estaba como acompañante la torta de pan viejo, receta hecha también en casa, por la servidumbre en unos casos o por las abuelas.

     

    Después de escuchar las anécdotas y el resumen de la metodología que utilizaron los talleristas para elegir los ingredientes, decidieron retar a dos chefs profesionales, Juan Diego Gómez Mesa y Juan Esteban Herrera para que cocinaran en frente de todos la receta que identifica su barrio, para luego evaluarlos. Durante 40 minutos los cocineros dialogaron con la gente, y explicaron cómo se preparaban los alimentos que componían el plato elegido.

     

    El objetivo del reto no era solo hacer la receta, sino que tuviera la sazón del barrio, que su sabor les recordara las historias y emociones, por eso esto, los dos profesionales de la cocina escucharon durante la toda la noche los relatos del barrio y aportaron a este plato su conocimiento y las técnicas explicadas por los talleristas.

     

    Juan Esteban Herrera y Juan Diego Gómez, chefs retados hacer la receta que identifica el barrio Prado de Medellín.

    Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.

     

    Al final todos los invitados a la reunión disfrutaron de la crema de frijoles, con hogao, chicharrón, arroz blanco, tajada de plátano, guandolo y torta de pan viejo. En el cual después de cada cucharada o degustación del plato había que calificar, no solo el sabor si no las sensaciones y recuerdos que había traído ese plato cuando tuvo contacto con sus papilas gustativas.

    Para Maria Victoria Echavarría, quien vive hace más de 20 años en el barrio fue invitada por sus amigas, dice que fue espectacular la experiencia, que lo que más le gustó fue la integración debido a que antes todos eran en sus casas y gracias a estas actividades hay más comunicación y conocimiento entre la comunidad.

     

    Socorro Londoño, 30 años viviendo en el barrio, y Alba García, 40 años viviendo en Prado, prueban de nuevo la receta que trajo a sus memorias su historia en este lugar. Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.

     

    Los talleristas, invitados y expertos en concina en esta noche del 29 de septiembre descubrieron el sabor del barrio que vio crecer a Fernando Botero, aquel declarado único sitio de conservación patrimonial en esta ciudad, ese que por darle vida a la avenida oriental perdió la suya, pero que hoy 90 años después de que se fundó quiere renacer para Medellín y demostrar que su importancia no solo está en los muros sino también en sus gentes.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Talento con 15 años de resistencia

    La Comuna 13 se hizo célebre por la operación militar más grande que se haya visto

    en un territorio urbano, en la historia del país. Con el tiempo, los líderes, organizaciones comunitarias y grupos culturales de la zona aprovecharon las notables transformaciones urbanísticas del territorio, para proyectar una nueva vocación, en la que el arte y la cultura transmiten al mundo, el espíritu de estos barrios; la verdadera vocación, podría decirse, porque tres lustros después de la peor violencia armada, permanece vigente y activa, a pesar de que hay amenazas y dolores latentes.

     

    Este reportaje gráfico hace parte del cubrimiento especial de los medios universitarios de Medellín, a propósito de los 15 años de la Operación Orión, ofrecemos un recorrido por las facetas de la cultura, que mueve la vida y la memoria de estos barrios.

     

    Lea más del cubrimiento especial

    15 años después de la Operación Orión

     

     

    – “El talento de la gente en la Comuna 13. 15 AÑOS RESISTIENDO A LA VIOLENCIA”.

    Reportaje en la edición 62 de Contexto (UPB)

    – “Dar clase. El arma de los profesores en la batalla por la 13”.

    Crónica en la edición 88 de De la Urbe (U de A)

     

    -“El encuentro por la verdad”

    Crónica en Sextante digital (U. Católica Luis Amigó)

    -“El renacer de la 13, una historia de contrastes”.

    Reportaje sonoro en Bitácora (EAFIT)

     

  • Calidad de vida metro a metro

    Desde que se inició su construcción, el Metro de Medellín se convirtió en un referente de la ciudad. Con el mensaje”Metro, calidad de vida”, como slogan, ha hecho de esta causa un propósito permanente en el que busca vincular a toda la población del Valle de Aburrá.

     

    Este reportaje multimedia comparte los pilares de la propuesta de la empresa Metro a la ciudad y recoge facetas cotidianas de la misma en las estaciones y trenes. Navegue el reportaje AQUÍ.

     

     

     

     

  • Caño Cristales: LAS AGUAS DEL REALISMO MÁGICO

    El arcoíris se mudó al río. Se aburrió de la quietud de las nubes y se fue a nadar con los peces, a danzar entre las estrechas cascadas y acariciar las rocas que fluyen con el agua. Decidió atravesar como un lienzo todo un pedazo de Colombia, ese país que tiene cara de realismo mágico y que, desde entonces, en su corazón brota un río de cinco colores. Reportaje gráfico que usted puede complementar con el reportaje incluido en la edición 57 de Contexto y que puede leer AQUÍ.

     

     

     

  • Recuerdos olvidados. Ruta de museos por descubrir en Medellín

     

    En congregaciones religiosas, en universidades, en edificios patrimoniales de la ciudad o del país, en calles alejadas de las avenidas principales y hasta en internet se pueden encontrar museos dedicados a diferentes temas. El recorrido que propone la siguiente infografía es otra manera de conocer Medellín.