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  • #ElCineDesdeJardín (III) La actriz eterna de cine colombiano: entrevista

    “Los festivales promueven y desarrollan sentido de pertenencia en las poblaciones, les genera la necesidad de sentirse vistos, parte del mundo y presentes en la época actual”, sostuvo la actriz Vicky Hernández, durante el 4to. Festival de cine de Jardín.

     

    Esta protagonista de la historia del cine en nuestro país dio testimonio de su entereza y de su notable trayectoria actoral, que incluye casi todas las películas, novelas y series de mayor envergadura que se han realizado en Colombia: desde La Estrategia del Caracol (1993), Confesión a Laura (1991), Azúcar (1989), La casa de las dos palmas (1990) hasta la reciente producción en la que participó, Ciénaga, entre el mar y la tierra (2016).

     

    Vicky Hernández tiene un lugar histórico en el cine y la televisión colombiana no solo por su talento sino por ser una voz con alto sentido crítico sobre los retos y logros de la industria audiovisual colombiana. Foto: Santiago Gallego. Semillero Óptico Audiovisual.

     

    Los 73 años de Vicky Hernández no han pasado en vano, en ellos se encuentran un sinfín de historias, experiencias y relatos de vida. Ha hecho parte de películas que conforman parte del patrimonio fílmico de Colombia, y además ha hecho parte de la búsqueda por conseguir una industria fílmica nacional más justa, asequible y desarrollada.

     

    ¿Qué permanece como una constante en el cine colombiano y que ha cambiado a través de los años?

     

    Algo que permanece como una constante en el cine del país es la intención de encontrar un lenguaje que nos represente y que nos muestre, a pesar de que a veces las temáticas se repitan o intenten imitar a las grandes producciones de otros países de una manera mecánica y automática; creo que sigue existiendo una búsqueda por encontrar nuestras propias historias, nuestra propia voz; relatos que den cuenta de nuestra presencia en el mundo.

     

    Por otro lado, ha habido un gran desarrollo en lo técnico. Ya hay una serie de personas formadas, cualificadas y calificadas en los distintos rubros de la producción cinematográfica: en producción ejecutiva y de campo, en manejo de decoración, escenarios, vestuario etc., pero la falencia más grande sigue estando en los guiones, la puesta en escena y la actuación.

     

    Hablando de industria, ¿le parece qué podríamos decir que en Colombia hay una industria cinematográfica?

     

    No hay una industria cinematográfica desarrollada, apenas es incipiente, está desarrollándose. Para que se pueda llamar industria tiene que haber un desarrollo coherente y consecuente con todos los niveles de trabajo cinematográfico: la construcción de infraestructura, de estudios, el personal capacitado, actores, directores y guionistas; es necesario que haya más dinámica en la resolución, distribución y exhibición.

     

    Debe haber una conexión y una consecuencialidad en el desarrollo y educación del público; se debe facilitar el acceso del público a las películas colombianas, ya sea porque la publicidad, los costos y la difusión ayuden a que ese público acuda a las salas. Tiene que venir casi que desde las escuelas primarias una educación que integre a la gente, que sea vinculante, no excluyente sino incluyente, que presente los fenómenos artísticos como parte del desarrollo de la sociedad, como una necesidad de espiritual, intelectual y material.

     

    Tiene que existir oferta y demanda. La gente está mal educada, acostumbrada solo a ver cine de acción y películas extranjeras y no sabemos lo que es nuestro, apenas ahora estamos empezando a oír el español, los modismos y los giros idiomáticos que existen.

     

    Todo es un proceso, pero ahora no podemos hablar de industria. Se están produciendo actualmente muchas más películas, pero no hay un nivel parejo, no se pueden producir 30 o 40 películas y realmente muy pocas tienen una gran difusión. La mayoría no son consumidas por el público.

     

    Desde hace un tiempo se ha intentado descentralizar los festivales de cine, llevándolos a pueblos, ¿cómo ve usted este intento por llevar el cine a zonas rurales y apartadas?

     

    Es importantísimo, los festivales promueven y desarrollan sentido de pertenencia en las poblaciones, les genera la necesidad de sentirse vistos, parte del mundo y presentes en la época actual.

    Los festivales son buenos porque hay intercambio, conocimiento de distintos sectores y dan a conocer producciones de ahora o del pasado que no han tenido buena difusión; en ellos se tratan temas pedagógicos, académicos, además de distintitas temáticas en charlas y conferencias. Son una maravilla y aunque sean descentralizados y pequeños tienen la participación de los jóvenes, los adultos, los viejos y los niños.

     

    ¿Cuál fue la película del siglo pasado que más la marcó?

     

    Son muchas las películas que me han impactado de diferentes géneros, con el tiempo se vuelven a ver y se encuentran otros aspectos importantes, como en El acorazado (1925), La bella y la bestia (1946), Abbott y Costello, Buster Keaton, material de esa época en que se encuentra gran riqueza, pero van cambiando los puntos de vista con el desarrollo que se tiene como persona y posiblemente como artista.

     

    ¿Cuál ha sido el personaje que ha representado que más la ha marcado?

     

    No podría decir. Cada personaje es un reto, es un mundo y tiene unas necesidades, unas carencias y unas posibilidades distintas. Depende si es cinematográfico, televisivo o teatral, todos esos medios hacen que el contexto sea distinto.

     

    Hay personajes que se hacen de una manera entrañable, uno los quisiera repetir para mejorarlos; hay películas que me encantaría volver a hacer ahora que estoy más vieja y que sé cómo es la vida.

     

    ¿Qué películas, Vicky?

    Confesión a Laura, por ejemplo, quisiera volver a hacerla, o todas yo creo en el fondo, porque ya sé qué sería lo mejor para hacer y lo que no.

     

    ¿En Confesión a Laura que cambio le daría?

    Muchas cosas, en el enfoque y el espíritu; si hiciera el mismo guion, si sucediera, podría establecer parámetros, quizá hacer ese mismo personaje, pero ya viejo, con más años de los que tenía en ese momento. Ese podría ser un juego bonito.

     

    Usted como actriz se ha formado de múltiples formas, pero además de la parte académica y práctica, ¿cómo se nutre para seguir desarrollándose en este mundo de la actuación?

     

    A pesar de que no comprendo muchas cosas por momentos y me desilusiono, lo que me ha mantenido donde estoy es que amo este trabajo, me encanta, no sé hacer otra cosa y nunca he hecho otra cosa; siempre se puede aprender de los personajes, de las historias, de la vida, de los pueblos, siempre es nuevo.

     

    ¿Qué aconsejaría a los jóvenes universitarios que tienen deseo de comunicar de distintas formas?

    Que la vida siempre alcanza para hacer lo que hay que hacer, que no tengan prisa y que dejen el culiprontismo, que trabajen fuerte, que luchen por las cosas, no crean que todo es “mamey” y, sobre todo, que no piensen que saben todo; las personas cuando somos jóvenes creemos que sabemos todo, pero cuando llegamos a ser mayores nos damos cuenta que nunca aprendemos del todo lo que hay que aprender y que en el fondo no sabemos nada. Yo por lo menos sé eso.

     

    Para finalizar, ¿cómo ve el futuro que se viene para el cine en el país?

     

     

    Hay entusiasmo, hay facultades e intercambio intelectual para generar un ambiente propicio para el desarrollo cinematográfico. Lo veo esperanzador. Hay que tener esperanza.

     

     

  • Rodrigo D, al presente

    “Dedicada a la memoria de John Galvis, Jackson Gallego, Leonardo Sánchez y Francisco Marín, actores que sucumbieron sin cumplir los 20 años, a la absurda violencia de Medellín, para que sus imágenes vivan por lo menos el término normal de una persona”.

    Estos son los créditos finales de la primera película colombiana escogida para la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine, Cannes – Francia para 1990: Rodrigo D. No futuro. Es un largometraje filmado en 1986 y estrenado en 1991 que, dirigido por el cineasta antioqueño Víctor Gaviria y realizado con actores naturales, es una de las representaciones más importantes de las situaciones que vivían los jóvenes en la ciudad de Medellín en la década de los 90, en la que cualquiera podía ser Rodrigo, un muchacho que padeció el dolor que se propagaba en las calles de la ciudad, pero que decidió buscar en el arte una salida.

     

     

    Esta película narra el contexto de la ciudad a partir del color frío de la violencia, de los gritos del punk, del paisaje de los adobes y de la jerga paisa; una Medellín que excluye, pero que así mismo integra. Es por ello que esta película, reconocida nacional e internacionalmente, es una ficha clave para la reconstrucción de memoria histórica. Una memoria, la nuestra, que es fundamental para entender y afrontar los problemas internos que se han vivido por décadas; y que permite ver la realidad de los jóvenes con otros ojos… los de ellos.

     

    Después de 31 años de filmación y 28 años de su estreno, Rodrigo D. No futuro fue coloreada y remasterizada para realizar una itinerancia y proyectarse en 9 universidades de la ciudad de Medellín, con el objetivo de, como dijo su director, Víctor Gaviria, “preservar y restaurar para volver a resignificar” la cultura antioqueña.

     

    Entre las anfitrionas de la proyección se encuentra la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), posterior a la misma hubo un diálogo entre el director Gaviria con el exalcalde, escritor y periodista, Alonso Salazar, junto al coordinador del doctorado en Ciencias Sociales de la UPB, José Roberto Álvarez. Como tema central de la charla estuvo la realidad social y política, todavía presente en diferentes entornos de la ciudad y alrededor de la película, una obra que nace bajo el interrogante de ¿qué está ocurriendo en Medellín que la mayoría de los asesinos o sicarios son jóvenes?, según contó Víctor Gaviria.

     

    Esta es una pregunta que dialoga con el público desde las diferentes maneras de narrar la realidad. En este caso, el cine y la literatur, cuestionan a espectadores y lectores por las peripecias históricas que han marcado, principalmente, a la juventud.

     

    Víctor Gaviria y Alonso Salazar, autor de No nacimos pa’ semilla, concuerdan en que la geografía y la arquitectura de la ciudad son elementos que han trastocado esferas sociales, que, por esa misma distribución de una ciudad montañosa, han quedado excluidos algunos sectores y con ellos su población. El deseo de evitar la propagación de la exclusión como mal social, es el motor de sus creaciones, buscando así, con cada plano o cada conjugación de palabras, la descripción de una realidad social que debe ser conocida para no ser repetida.

     

    Los personajes de las dos obras, separadas por tan solo un año de diferencia en salir a la luz pública -primero Rodrigo D. No futuro y luego No nacimos pa’ semilla– cuentan con elementos en común. El parlache es el más notorio y, a la vez, el lugar que ocupan en la sociedad los jóvenes protagonistas tanto de la película como del libro; están desterritorializados, en un limbo cultural, “los NN culturales”, como Gaviria los nombra. Juegan a describir quienes son, haciendo una implosión, bajo el dilema de no tener un lugar en la ciudad, y como el mismo director lo manifiesta, la sociedad antioqueña, en su momento, les había dado únicamente un presente, sin discursos sobre el pasado, por vacíos históricos de sus antecedentes y con un futuro no muy prometedor para ciudadanos que no seguían los paradigmas convencionales.

     

    Ellos con su espontaneidad al actuar, siendo los protagonistas de la producción ficcionada que está reescrita con sus historias personales, brindan lecciones de vida y de humanidad, una humanidad que es cruel, pero también sensible ante la crueldad. Se encargan de contar cuál es el papel que les ha designado la sociedad de manera arbitraria, en la que tienen tres posibilidades, la ilegalidad, la informalidad y el arte, esta última se convierte en la posibilidad para tomar distancia de los fenómenos violentos, escapar, pero también conversar con esa realidad.

     

    Para José Roberto Álvarez, coordinador del doctorado, Rodrigo D. No futuro es un documento histórico que da cuenta de una realidad social que quiso ser ocultada en su época y que ahora sirve para conocer cómo la misma sociedad se encargó de hacerle frente al conflicto desde la cultura, en este caso, desde la música. Ramiro Meneses, actor que da vida a Rodrigo, ayudó a construir el personaje, él junto con un amigo formaron la agrupación Mutantex, una respuesta musical para la agresividad de las autoridades y la ausencia del Estado.

     

    Más que hablar de la pobreza y delincuencia, Rodrigo D. No futuro se encarga de hablar de una realidad existencial, un deseo de soberanía y libertad a través de la estética popular de los 90. Y una vez más pone en evidencia que el problema no es la violencia descrita en No nacimos pa’ semilla, ni las muertes de la película de Gaviria; este radica en ver las producciones que sirven como espejo de lo que está pasando y no hacer nada para cambiar esa realidad y el futuro. Es un problema profundamente cultural, que se ha convertido en paisaje y que permea cada espacio de la ciudad y de la sociedad. Es por esto que los tres invitados al conversatorio finalizaron con el llamado a que la juventud utilice el arte para describir esa ciudad que nos atrapa por sus hermosos, y al mismo tiempo, salvajes paisajes.

     

     

     

     

     

     

  • Una vida del arte emberá

     

     

     

    Ana Alicia Arias Tequia vende las manillas, collares y aretes que junto a su esposo Libardo Rivera Murillo, tejen durante la semana. Ana es una indígena emberá katío del resguardo Alto Andágueda del municipio Bagadó, Chocó, que llega a Medellín en el año 2011 buscando mejores condiciones de vida, tras ser desplazada de su resguardo por el conflicto armado interno en Colombia y vivir aproximadamente 3 años en Pereira. Esta multimedia ilustra la historia de vida de esta heredera de artes ancestrales en una ciudad tan indomable como la selva más exuberante que para ella es el hogar.

     

     

     

     

     

     

     

  • Talento con 15 años de resistencia

    La Comuna 13 se hizo célebre por la operación militar más grande que se haya visto

    en un territorio urbano, en la historia del país. Con el tiempo, los líderes, organizaciones comunitarias y grupos culturales de la zona aprovecharon las notables transformaciones urbanísticas del territorio, para proyectar una nueva vocación, en la que el arte y la cultura transmiten al mundo, el espíritu de estos barrios; la verdadera vocación, podría decirse, porque tres lustros después de la peor violencia armada, permanece vigente y activa, a pesar de que hay amenazas y dolores latentes.

     

    Este reportaje gráfico hace parte del cubrimiento especial de los medios universitarios de Medellín, a propósito de los 15 años de la Operación Orión, ofrecemos un recorrido por las facetas de la cultura, que mueve la vida y la memoria de estos barrios.

     

    Lea más del cubrimiento especial

    15 años después de la Operación Orión

     

     

    – “El talento de la gente en la Comuna 13. 15 AÑOS RESISTIENDO A LA VIOLENCIA”.

    Reportaje en la edición 62 de Contexto (UPB)

    – “Dar clase. El arma de los profesores en la batalla por la 13”.

    Crónica en la edición 88 de De la Urbe (U de A)

     

    -“El encuentro por la verdad”

    Crónica en Sextante digital (U. Católica Luis Amigó)

    -“El renacer de la 13, una historia de contrastes”.

    Reportaje sonoro en Bitácora (EAFIT)

     

  • El conflicto de una plaza para el arte en El Prado

    La lucha jurídica que reta el desarrollo cultural del barrio El Prado.

     

    La Corporación Centro Plazarte se encuentra ubicado en la Carrera 50 59-32; ante la notificación de aplazamiento, Plazarte ha mantenido en pie sus programaciones culturales. Foto: Manuela Rendón Uribe.

     

    Una noche antes del desalojo, y ansiosos por recibir justicia, los defensores de Plazarte decoraron sus paredes con afiches y carteles; la venta de la casa que ocupan los ha acorralado contra la posibilidad de ser desalojados.

     

    La Corporación Centro Plazarte se defiende con lo mejor que tiene: arte y cultura; ante la noticia de que su desalojo se llevaría a cabo, los colectivos dentro de la casa han afrontado la situación con obras de teatro, conciertos y otras actividades como medio de protesta. Sin embargo, nada detuvo la decisión de la Fundación Obra de Jesús Pobre -los demandantes- de convertir la casa en un albergue para personas en situación de calle. Según Daniel Alejandro Miranda, miembro del Colectivo TallerSitio, “cuando la Corporación se creó legalmente, los socios aportaron a su constitución: TallerSitio aportó la labor hecha durante esos cuatro años y los dueños de la casa, aportaron la casa; lo que pasó después es que uno de los socios vendió la casa sin consentimiento del resto de socios de la Corporación, lo que lo hace una venta ilegal. El que la compró (la casa) demandó a la dueña y nunca tuvo en cuenta a Plazarte como persona jurídica”.

     

    Al considerarse a la Corporación Centro Plazarte como habitantes indeterminados y no como poseedores de buena fe, no solo se están vulnerando sus derechos de la persona jurídica, también se atropellan sus derechos colectivos y a continuar en la casa, ubicada en el barrio patrimonial El Prado. Ante la situación, el grupo de artistas ha emitido varios comunicados, uno de los cuales explica: “Actualmente estamos en espera de la respuesta de la Tutela en la que pedimos, como poseedores de buena fe, el derecho a oponernos, que no se nos violen nuestros derechos fundamentales al debido proceso y a la propiedad, puesto que hasta la fecha se nos ha negado el acceso a la justicia y la igualdad de las partes, al no habernos admitido como litisconsorte o como opositores en procesos donde la entidad no ha estado nunca demandada”.

     

    Y aunque ellos se declaren como poseedores de buena fe, para abogados expertos en el tema como Felipe Vélez, es difícil saber si la Corporación es poseedora de buena fe sin algunos documentos y facturas que lo corroboren, “para esto se sigue un método científico que puede arrojar un resultado según algunos documentos que pide la ley para nombrarlos como poseedores de buena fe”.

     

    La obra de la Fundación Obra de Jesús Pobre

    A solo unas casas de diferencia, se encuentra la sede de la Fundación Obra de Jesús Pobre, según Hugo Sánchez, defensor de Plazarte, “es una entidad que se dedica a la atención de indigentes de una manera, para nosotros, y creo que para el Gobierno Municipal de Medellín, indebida, porque a ellos no los escuchan sino que los mantienen; les dan una comida, creo que también pueden entrar a bañarse, pero no les dan una pauta de vida como la que hoy, la alcaldía de Federico Gutiérrez está ejecutando”.

     

    Miranda asegura que la llegada de los habitantes en situación de calle cada tarde en busca de su alimento no solo no permite que la zona se desarrolle en seguridad y medio ambiente, también incomoda a los vecinos que se ven directamente afectados por su presencia. Es el caso de César Augusto Valderrama Gómez, residente de la cuadra que afirma que: “la Fundación Jesús Pobre tiene una casa justo en la carrera 50 con 70, en la esquina, y cualquier persona puede ver el descuido que tiene esa casa. Sus actividades sociales son para darle alimento a habitantes de la calle, esto genera que todos los días al mediodía esta calle está llena de habitantes de la calle. Especialmente, la casa donde habito, tengo que limpiarla una vez a la semana de heces y vómito de personas que se hacen ahí esperando el alimento. Ellos no se encargan de realizar la limpieza de todo esta gente que se moviliza a esta casa en particular, y quieren volver Plazarte una extensión de este lugar”.

     

    Como compradora del inmueble, la Fundación Obra de Jesús Pobre considera que los múltiples aplazamientos por parte de Plazarte no permiten que la decisión del juez se lleve a cabo, lo que los pone, en su opinión, en desacato de la orden judicial. La abogada de la parte demandante, Mónica López Arango, comenta que “el objeto social de la Fundación se ha visto perjudicado. No hemos querido demandar por el principio de la buena fe y por darles tiempo”, afirma que la institución se ha mostrado abierta a concederle opciones a la Corporación frente a la movilización de los bienes muebles dentro de la casa, pues han propuesto dejar en secuestre las obras de arte y bienes hasta darse a conocer el fallo del Tribunal Superior.

     

    Un posible final

    Son numerosos los episodios de esta historia, en uno de los más recientes, a finales del mes de noviembre de 2017, artistas, amigos y vecinos fueron convocados para que entre las paredes dibujadas, las antiguas puertas y los afiches que decoraban con protesta los muros, expresaran sus inconformidades en la sala donde se planeaba llevar a cabo la diligencia de desalojo. Entonces, la Policía llegó bajo órdenes de la inspectora, mientras un grupo de personas prepara sus instrumentos para un concierto – protesta.

     

    Bernardo Ángel Saldarriaga, actor del grupo de teatro “La barca de los locos” presenta una obra de teatro en medio de la diligencia en Plazarte como medio de protesta. Foto: Manuela Rendón Uribe.

     

    Mientras en una sala se discutía el futuro de la diligencia para Plazarte, Miranda observaba desde lo alto de las escaleras, “lo que nosotros hemos estado alegando todo este tiempo es que nos han vulnerado el derecho al reconocimiento de nuestra persona jurídica, que es un derecho fundamental. En este momento, un juez está diciendo que por una orden tenemos que desalojar la casa porque Obra de Jesús Pobre la compró, pero otro juez dice que nosotros somos poseedores de buena fe. Entre los jueces se están contradiciendo y se tendrá que pasar a una instancia superior”, comenta.

     

    Defensores de la Corporación como Hugo Sánchez afirmaban ante las cámaras de medios presentes que “no pueden vender la casa, una entidad sin ánimo de lucro no puede vender sus bienes y no puede sacar utilidades, no hay accionistas ni dueños, solo se componen por miembros…”, para él, ese hecho demostraría vez más la ilegalidad en la venta del inmueble y la inconformidad del colectivo.

     

    Aquella diligencia se aplazó hasta que se conocieran los resultados del fallo. Según María Clara Fonnegra, Representante Legal de la Corporación, “la diligencia se aplazó gracias a la oposición de la ciudadanía, en defensa del interés colectivo y de los espacios de la ciudad. La Policía se retiró y esto ayudó a que la inspectora se retirara aplazando la diligencia”.

     

    Y aunque existen más entidades culturales en la zona, muchos reconocen la labor que durante nueve años ha hecho Plazarte en pro de Medellín y que miembros de la comunidad como César Valderrama reconocen, para él, “Plazarte es una actividad cultural abierta a todos los ciudadanos, y se va a volver un lugar para un grupo especial de personas, privando a la ciudadanía de estos espacios culturales… si tuviera que poner en balance el aporte social de las dos instituciones, Plazarte está más en armonía con la idea del barrio El Prado como un barrio patrimonial, porque aporta actividades culturales; otro tipo de actividades como las que propone Jesús Pobre, acabarían con el barrio”.

     

    Una nueva diligencia de desalojo programada para el 11 de diciembre también se aplazó. De nuevo, los artistas de Plazarte convocaron colegas y vecinos a oponerse al desalojo con una programación artística que continuará mientras el conflicto judicial se resuelve y se define lo que puede considerarse un precedente para el rumbo del tradicional barrio El Prado.

     

     

  • Memoria visual de Antioquia TRAS LA PISTA DE UNA HUELLA LUMINOSA

    El 28 de febrero del año 2017 se cumplieron 75 años sin ese hombre que entregó su vida a la tarea de capturar la historia, ese de ascendencia liberal y de descendencia artística; ese de mirada acuciosa y aguda: Melitón Rodríguez. Fotografías que complementan el reportaje publicado en la edición 58 de Contexto que puede leerse AQUÍ.

     

     

     

  • Los librepensadores se entierran mirando al cielo

    Este espacio es un retrato de época, aquella en que las luchas intestinas y los radicalismos políticos llevaban las distinciones etiquetas más allá de la vida. Así como los rezagos de exclusión persisten, este cementerio, ubicado en un pequeño y tranquilo municipio del departamento del Quindío, pervive como un monumento a la libre expresión, al respeto por el otro y sus diferencias. Lejos de cualquier rimbombancia que podría pensarse por su distancia con cualquier confesión religiosa, aquí hay algunas facetas del Cementerio Libre de Circasia. Ampliamos aquí el reportaje gráfico publicado en la edición 55 de Contexto.

     

    Según Diego Bernal, , secretario permanente de la Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales, “el 22 de agosto de 1932 don Braulio Botero Londoño, fundador del cementerio, tomó la vocería del grupo promotor del Cementerio Libre y le escribió al reconocido abogado e ideólogo liberal Antonio José Restrepo, más conocido como ‘Ñito’Restrepo, solicitándole componer un himno que exaltara la obra recién inaugurada y que tantos sacrificios les había significado” y es así como nace el himno de los muertos, el cual quedó inmortalizado en una placa ubicada en la actualidad en la puerta de acceso principal.

     

    Himno de los muertos

     

    A ti vengo a buscar el reposo

    Que a los libres ¡oh tumba! Les das,

    Cual esposa que abraza al esposo,

    Tú me abrazas por siempre jamás.

     

    Campos verdes, risueño paisaje,

    Blancas piedras, do yazga mi sien;

    Y ¡a dormir¡ al rumor del oleaje

    Que alza el tiempo en su eterno vaivén

     

    No me espantan mentidos terrores;

    Sin doblar la rodilla viví;

    Del hermano calmé los dolores;

    De la patria el honor defendí.

     

    Quedé inerte en el surco el arado,

    Que del agro en la entraña rompió.

    ¡Alto y frente!… este viejo soldado,

    ¡Solo muerto las armas rindió!

     

    ¡Cómo asoma el opuesto horizonte,

    Una tenue, suavísima luz,

    Que colorea la cumbre del monte!

    ¿Será el sol o el nocturno capuz?

     

     

     

     

  • LA PASCASIA: UN NUEVO ESPACIO, UN VIEJO AIRE

    Causa nostalgia ver una retroexcavadora sepultando casas antiguas, esas de paredes con bahareque, que dieron calor a numerosas familias antioqueñas, aquellas que hoy son reducidas a edificios con pequeños apartamentos que lucran a pocos y hacen de la memoria de muchos el olvido. Entonces caminas por los barrios más antiguos de Medellín, por las calles tradicionales de los pueblos antioqueños, especialmente los más cercanos a la ciudad, y encuentras, sino es el edificio con letreros “SE VENDE” o “SE ARREINDA”, el olor a tierra que dejan los escombros de la casa ya derruida.

     

    Pero La Pascasia se resiste, sigue en lo que fue el barrio “Guanteros, leyenda de arrabal” –como Alejandra Montes titula la historia de esta zona en la edición número 74 de Universo Centro-, en la carrera 42, también llamada Pascasio Uribe, entre Bomboná y Maturín. Caminando hacia el sur, a mano izquierda encuentras cuatro casas de estilo colonial, la segunda de ellas, la de dos ventanas y una puerta de dos alas color madera, la de zócalo y garaje azul aguamarina, es La Pascasia.

     

    Como en toda casa debes tocar el timbre, luego piensas que no hay nadie casa por sus ventanas abiertas carentes de movimiento y la ausencia de sonidos al interior. En poco tiempo, un par de ojos se asoman por una ventanita de la puerta -te sientes en otra época-, en esta ocasión es David Robledo, quien con sus manos da vida a la percusión de diferentes grupos musicales.

     

    Música Corriente, que al igual que Grupo Hangar y Universo Centro, se unieron a este proyecto. Es por eso que durante el tiempo que permaneces en la casa te encuentras con personajes brillantes, que seguro escogieron una casa de techos altos para que pudiesen caber sus ideas.

     

    Al fondo, la cocina, una cocina más reciente que el resto de la casa. Dice María Cecilia Mantilla, la Mona, productora ejecutiva de Música Corriente, que este espacio les quedó pequeño, pero no deja de ser especial, en Facebook se lee que allí se “podrá ver una cortina de chorizos variados, picantes los unos, curados los otros, recién embutidos los demás”. Es real. Además, por casualidad puedes ser atendido por José Villa, integrante de bandas locales como Parlantes, Gordos Project, Metropolizón y Goli, o por el músico Camilo Orozco, que camina de aquí para allá con hielos, calienta arepitas redondas para los chorizos, destapa cervezas… Bueno, en realidad todos actúan al unísono, como una familia, eso es lo que se siente en La Pascasia, como dice José Villa “es que estamos es en la casa”.

     

    Y aunque abrió sus puertas al público desde el jueves 14 de abril, a la fecha, ha sido visitada por más personas que durante sus 150 años de existencia. ¿Quiénes llegan? Las dos ventanas siempre están abiertas, dejan entrever una parte de la exposición de turno, la primera fue “El Camellón de Guanteros”, una exposición que carga de significado histórico a la casa y al barrio, revindica al artista y rememora personajes importantes de la ciudad que vivieron en los alrededores e hicieron parte del primer barrio popular de Medellín. Curiosos entran y dan una miradita, quedando antojados, horas o días después llegan con el resto de su familia.

     

    Para niños y jóvenes es un espacio agradable; para madres y abuelas es un lugar nostálgico, para amantes de las letras, la música, el teatro y las artes es todo un manjar con un espectro amplio de posibilidades para recordar, estar, dejar de estar, ser con el otro, escuchar, encontrarse con una mirada amiga, crear y habitar.

     

    En La Pascasia has de recorrer la galería como en un museo. Has de comer un choripán o tomar una cerveza como en casa de un amigo. Has de ir a un concierto como en un bar. Has de ir a conversar como en una tertulia en casa de abuela, junto al árbol de totumo que con luces de navidad, brilla en la noche en medio del patio central. Escuchar un tango, un son, un bambuco, un bolero…Al volumen familiar, que anima pero no aturde. Habrás de encontrarte con socios, colegas y amigos si te mueves en el mundo cultural. Te sentirás donde quieres estar. La Pascasia es un suspiro. Es un respiro en la ciudad.