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  • En Jardín, un festival ¿de cine?

     Andrea Montoya Posada – Juan José Ríos Arbeláez / periódico.contexto@upb.edu.co

     

    Hace ocho años que la Corporación Antioquia Audiovisual celebra el Festival de Cine en Jardín, al suroeste del departamento. El evento se ha posicionado como  una ventana para reflexionar sobre los temas más coyunturales del país y ha desarrollado programas curatoriales y seminarios académicos acerca del posconflicto, el patrimonio, el campesinado. Este 2023, en su octava versión, el certamen abordó como tema el narcotráfico.

     

    Víctor Gaviria, director del evento, argumentó que la idea con esta temática era centrarse en una reflexión que vinculara la visión de la comunidad en las conferencias, talleres y proyecciones que se hicieron del 18 de septiembre al 1 de octubre. 

     

    Para Gaviria, la selección del tema está profundamente asociada al reconocimiento en el fracaso de la guerra contra las drogas: “Vamos a construir entre todos un nuevo paradigma para ver este problema, escapando a cualquier actitud moralizante que nos lleva al camino sin salida del prohibicionismo”, señaló el cineasta antioqueño en el anuncio del evento.

     

    El actor Andrés Parra conversa con Luis Alirio Calle en el parque principal de Jardín. Foto: Festicine Jardín.

     

    Sábado, un poco de cine

    Según caía el sol de la tarde del sábado, Andrés Parra, famoso por encarnar a Pablo Escobar en televisión, estaba en una banca del parque principal ante la mirada de unos cientos que lo escuchaban hablar sobre la salud mental. Decía que: “Es un asunto muy serio, weon”, con su específica capacidad para entonar cada palabra de diferentes maneras. “La gente cree o estima que solo hay problemas grandes y que, si a uno le va bien en la vida y todo funciona, pues que no tiene derecho a sentirse mal, pero eso no es así”, terminó diciendo cuando ya era de noche y el tumulto lo aplaudía.

     

    En 2012 Caracol TV estrenó Escobar: el patrón del mal, la serie se grabó en ocho meses, costó cerca de 6 millones de dólares y llegó a tener un índice de audiencia de 16.0 en Colombia, como una de las más vistas en la historia. La serie se mantiene con vigencia en las listas mundiales de la plataforma Netflix.

     

    Hace tiempo que Parra abandonó el papel de Escobar para no encasillarse en la piel del capo colombiano. Por los años en los que era furor el dramatizado, ahora retransmitido por Caracol, el debate social se dividía entre la necesidad de rescatar la memoria histórica del país y  la amenaza de vender morbo con narrativas de miseria que terminaran por debilitar la imagen del país y de Medellín.

     

    Parra aseguró que había personas que, cuando se lo encontraban en la calle, le agradecían los favores de Escobar, por anchetas, por una casa, por hacer un barrio. “El malo hace todo lo que el sistema no lo deja, lo que todos queremos hacer. Entonces yo creo que por eso esa fascinación que tenemos con el malo”, dice el actor sobre los antagonistas amados por el público.

     

    A eso de las siete empezó El rey (2004), de Antonio Dorado, quien fue discípulo de Carlos Mayolo, en el Coliseo Municipal. Ninguno de los estudiantes de cine que merodeaba el parque parecía tener idea de dónde quedaba la instalación; comentaban que tal vez verían las películas el domingo; a la noche del sábado, el  aire de fiesta ya se había colado por todo el pueblo.

     

    Seis cuadras más arriba del parque, subiendo la falda que compone el pueblo, queda la placa deportiva que corresponde al nombre de Coliseo Municipal. Algunos jóvenes estaban sentados alrededor de las rejas, pero no porque la cancha estuviera repleta, sino porque adentro no se podía fumar. 

     

    Ya en la charla, Dorado contó cuánto se había embargado para producir la historia de uno de los primeros capos caleños de la mafia, Pedro Rey. Apuntó que de cine en Colombia no se vivía, que era una pasión: “Yo vivo es de las clases, porque soy docente desde el noventa”, aseguró el director de otros tres largometrajes a una audiencia que no alcanzaba a llenar las sillas Rimax de la cancha y que en su mayoría se componía por adultos de Jardín.

     

    Cuando le preguntaron por los referentes y la cuestión del género en el cine Colombiano, Dorado se remitió a Jesús Martin Barbero y la necesidad de respetar la cultura popular y no pensar en la “cultura culta”.

    -La alta cultura que llaman, lo ayudó el presentador.

     

    Sobre ese reflejo del narcotráfico se tomó la palabra un hombre del público, enfocándose en la necesidad de no repetir un fenómeno que, según él, se sabía que no ha cesado por completo. La intervención fue más una declaración que una pregunta para el director, que en algún momento había dicho que: “A Al Capone lo mataron saliendo de una sala de teatro”, dando razón al vínculo entre la mafia y las viejas costumbres dramáticas.

     

    “Así como la función de los artistas es dar cuenta de lo que hemos vivido, si queremos acabar con el cine de narcotráfico, tenemos que acabar es el narcotráfico. Siempre que este tipo de historias sigan impactando nuestra memoria, estaremos obligados a decirlo”, reflexionó después el director caleño.

     

    Mientras corrían El rey, pasaba el conversatorio y la cena de La coca: de la sombra al plato, para el que había que hacer reserva. En la Placa Deportiva Simón Bolívar proyectaban la película del chileno  Dunav Kuzmanic, Ajuste de cuentas, de 1984, que tampoco tuvo mucha audiencia porque a las siete y media empezó Caleidoscopio, la competencia nacional de cortometrajes que llenó por completo la placa deportiva del Colegio Moisés Rojas Peláez.

    En la cancha no quedaban sillas y la gente se acumulaba en el piso o se montaba entre los muros de atrás, mientras que otros entraban y salían de la proyección. Dieciocho cortos de entre cuatro y veintitrés minutos fueron presentados durante tres horas y media.

     

    En la categoría de ficción ganó Sara Jurado con Sempiterno. Tiene que llover, de Diego Pérez, fue reconocido con el segundo lugar. Montaña azul, de Sofía Salinas y Juan Bohórquez, se hizo con el primer lugar de documental, al que acompañó Acuatenientes de Andrés Gil. En la categoría experimental, los ganadores fueron Juan Pablo Adames con En laberinto y Las máquinas tristes de Paola Michaels.

     

    Mientras tanto, las películas colombianas, Anhell69 y La bonga, eran vistas por una baja audiencia, compuesta por adultos de Jardín que aprovechaban el evento para ver lo que estaba en las salas de cine de las ciudades. Anhell69 estuvo durante septiembre en las salas de Medellín. La bonga, estaba en un pre-estreno y esta era la segunda vez que la mostraban en el Festival.

     

    A la misma hora pasaron en el Teatro Municipal de Jardín, The Thing, un drama gringo de ciencia ficción de 1982 que, de alguna forma, la organización puso en la programación, que hasta entonces se había concentrado en la visualización de un cine social.

     

    La sala que administra Comfenalco se llenó con los jóvenes y estudiantes de cine que habían abandonado el Caleidoscopio tras ver dos horas de cortos y no se habían ido todavía a rumbear.

     

    Hernán Arango, concursó en Caleidoscopio con Esto era/es Colombia. Hace diecisiete años es realizador audiovisual y además es docente.

    -¿Cuáles cree que son las líneas bajo las que se plantea el cine colombiano en la actualidad?

    -El cine colombiano atraviesa un momento muy sano. Muy heterogéneo. Esta desde la comedia guarra, que hereda cierto porcentaje de su humor de la televisión, están las películas profundas, películas de referentes… entonces creo que hay mucha heterogeneidad en la actualidad.

     

    Arango es consciente de que, en materia de producción, cada vez se hacen más películas en el país. La posibilidad de becas o el acceso a las convocatorias es cada vez mayor tras la entrada en vigor de la ley de cine (Ley 814 de 2003), que tiene como propósito hacer del cine una industria sostenible.

     

    En 2022 se estrenaron 57 largometrajes colombianos a lo largo de todo el año, pero apenas un 3,4 % del público fue nacional. El año con mayor número de producciones locales fue 2019, con 62 largometrajes estrenados, de los que el público nacional representó un 3,4%.

    -¿Qué tan accesible es ese cine heterogéneo para el público general del país y no el especializado?

    -Hay cine para todo el mundo. Está Dago García, que ha hecho desde cine de autor hasta lo más comercial. Aquí no hay industria como sí en otros países, entonces la mayoría de proyectos se realizan con becas que suelen ser del Ministerio de Cultura. Y la cultura aspira a una mirada reflexiva y esa mirada no busca un eco comercial ni masivo.

     

    Sin embargo, el cine que algunos llaman “de comedia guarra” suele componer la tradición por excelencia del cine colombiano, en vísperas de Navidad. El paseo 4 es la película colombiana más taquillera de la historia y tuvo 1’693.873  espectadores, según cifras de Proimagenes. Otras nueve películas de comedia acompañan la lista. Esos estrenos decembrinos componen la mayor apuesta de las grandes salas del país como Cine Colombia, Procinal, CineMark o Royal Films, que a la larga reciben la mayor cantidad de público por su enfoque comercial.

     

    A propósito de la distribución en las salas, el problema no es que los cines no quieran proyectar las películas, sino la respuesta del mercado a la oferta de Hollywood. “Muchos directores colombianos no van a querer estrenar en Cine Colombia. Porque vos estás con tu película hecha con las uñas, ellos estrenan La Monja 4 y te tiran a la última función de la noche”, señala Adriana Mora, integrante del comité de Caleidoscopio desde la primera edición en 2016 y docente universitaria.

     

    Existen plataformas gratuitas como Retina Latina y RTVC play, que cuentan con catálogos de cine latinoamericano y local. Sin embargo, Netflix y las otras plataformas de streaming, que acaparan la mayoría de usuarios, mantienen catálogos con dos líneas temáticas demarcadas en el cine local: humor “guarro” y cine social.

     

    El de Valentina Colorado esun caso que lo ilustra. Esta residente de Jardín todas las noches ve películas y las que le gustan son las de narcos. “Las mexicanas y las colombianas. Las veo en Netflix. Si hubiera sabido que esas películas eran de eso, hubiera sacado el rato para ir a ver”, asegura.

     

    Haz clic en la imagen para conocer algunas voces de los espectadores y talleristas del Festival de cine de Jardín sobre el cine colombiano.

    Día 2, un poco menos de cine y talleres

    El domingo, que era el día de cierre, comenzó a las diez de la mañana con dos conversatorios: La planta sagrada que el narcotráfico degrada y Conversación sobre lo narco. La mañana fue cálida y el parque estaba poblado de visitantes, aunque para Colorado, comerciante del parque, durante el Festival había menos gente en el parque que la que habitualmente ocupa el espacio en los fines de semana.

     

    No había mucho agite ni afán por las proyecciones pendientes. A las once y media pasaron La tía rica (2017) de German Ramírez, en un pequeño salón de Centro Vida, que no se llenó. Víctor Gaviria se movía fluyendo entre las calles, desapercibido unas veces y otras no. Iba afable, incluso cuando llegó tarde a Narco cultura (2013), de Shaul Shwarz y no le dejaron entrar al teatro .  

     

    En simultáneo, se proyectaba Manto de Gemas (2022), de la cineasta mexicana Natalia López. Su largometraje explora el secuestro asociado al narcotráfico en las zonas rurales de México. López rompe con esquemas de continuidad y de planos, acercándose al sentido emocional de la historia. La sala se fue vaciando lentamente mientras transcurrió su proyección. 

     

    Mora, directora del corto Soneto de las 7 noches (2020), se disculpa por el fatalismo al sentenciar que “la gente en Colombia no va al cine. Ellos no van. Aquí pega es el tanque, las películas infantiles y las películas de superhéroes”.

    A las cuatro de la tarde se proyectó la última película del festival, Gomorra (2008). Un desesperanzador filme narco del italiano Matteo Garrone. Apareció bajo unos lentes oscuros el mismo presentador que había estado en la proyección de El rey y repitió la sentencia que había hecho Dorado: “A Al Capone lo mataron saliendo de una sala de teatro. ¿A cuál Al Capone se referirán?, ¿al que murió por un infarto tras un derrame cerebral?”. El Teatro Municipal de Jardín, que al principio parecía lleno, quedó casi vacío mientras transcurría la película.   

     

    Para Mora, el problema de la audiencia en el cine colombiano no viene desde las temáticas, porque encuentra diversidad en la oferta; tampoco viene de las producciones, porque cada vez son más. Entre 2003 y el 2020 se hicieron 485 largometrajes y 977 cortometrajes, muchos más que en toda la historia de Colombia, desde  la primera película hecha en el país María (1922).

     

    El informe de Proimágenes también revela que, de los 57 largometrajes estrenados el año pasado,  “25 son documentales (46% del total), 20 son dramas (37% del total), seis son de comedia (11% del total), dos de misterio (4% del total) y uno de terror (2% del total)”.

     

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    “En Colombia se ha hecho todo menos apuntar al público. No hemos educado al público. Tendríamos que dar a conocer el cine desde la primaria. Aquí solo un puñado van a ver cine a los festivales, ese puñado específico que ve las películas nacionales”, sostiene Mora, la directora y docente. Pero el grupo específico de estudiantes y entusiastas del séptimo arte ya ha abandonado la sala, mientras que en la pantalla se repite la crudeza de Gomorra

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    A la misma hora, en Centro Vida, se hicieron la entrega de resultados del taller de escritura creativa y el taller audiovisual que se realizaron de jueves a domingo. La mayoría de participantes eran estudiantes de Jardín o de las veredas cercanas, que habían sido motivados por sus maestros a hacer parte del Festival.

     

    Alexandra Franco es de la comunidad indígena de Karmatama Rúa, en Jardín. De cine ha visto poco porque no prende mucho el televisor y hace muy poco instalaron el internet en su zona, en el Festival solo vio un cortometraje, pero le gustó porque en el taller audiovisual aprendió a tomar fotos y videos. “Las películas, normales, pero volvería porque quisiera aprender más cosas”, responde sobre la posibilidad de participar en el Festival el próximo año. 

     

    Katherine Marulanda y Ana María Guerrero tienen menos de trece años y ya habían participado en un corto que hicieron en la vereda Morro amarillo, en la edición anterior del Festival. Sin embargo, esta era la primera vez que hacían parte de los talleres.

     

    “Aprendimos que un cuento no siempre tiene que ser feliz, que puede ser duro o abierto. También nos enseñaron a entrevistar, a responder y cómo editar”, enumeraban juntas al responder. Ninguna de las dos ha podido ver mucho cine colombiano. Todas las películas que han visto son las que pasan por televisión, pero han quedado curiosas y anotaron el nombre de un par de plataformas gratuitas para ver películas nacionales. Eso mientras pasa el año y el Festival de entusiastas vuelve a llenar las calles de Jardín.

     

  • Los cementerios de Medellín, espacios de muerte y vida

     

    La historia de la ciudad ha estado condensada en las necrópolis, lugares que eran reflejo de la estratificación social y hoy se han convertido en espacios de inclusión.

     

    Por: Estefanía Hernández Ruiz / estefania.hernandezr@upb.edu.co

     

    Los cementerios de Medellín le han dado un nuevo significado a la muerte, un elemento que ha ido transformando su sentido paralelamente con la sociedad. Ellos son los responsables de albergar a las personas que ya pasaron por el mundo, que contribuyeron a la ciudad y hospedan a aquellos que dejaron huella en los que aún viven. Estos lugares han sobrevivido a cargar con el peso de la muerte, a ser el mayor miedo de algunas personas, los protagonistas de relatos terroríficos, pero, esencialmente, han sido los testigos de la historia paisa. Ahora, los estigmas están desapareciendo. Por esto, hoy día las necrópolis impulsan diferentes proyectos para hacer ver a la sociedad que, al contrario de lo que se ha pensado, son espacios culturales, patrimoniales y de vida.

     

    Alguna persona que camine por las calles del barrio La América puede pasar por el lado de un cementerio sin darse cuenta, pues su colorida fachada con murales es algo inusual en estos espacios. Tampoco es de extrañar que alguien se encuentre en internet con una invitación del Parque Cementerio Campos de Paz para realizar un recorrido guiado, donde se reconoce el legado de quienes descansan allí. Mucho menos se espera que un camposanto, como el San Pedro, sea un museo y dé a conocer los grandes mausoleos de figuras públicas que propulsaron el desarrollo urbano de Medellín. Así mismo se encuentra el Jardín Cementerio Universal, que surgió como un espacio de inclusión y que trabaja constantemente por reivindicar la memoria, reparar víctimas y no repetir la violencia que ha vivido la capital de Antioquia. Incluso, estas zonas de descanso eterno han dirigido charlas para discutir sobre la muerte y el duelo, ¿cuándo habían surgido conversaciones abiertas acerca de estos temas? La concepción del fin de la vida ha cambiado.

     

    “Los cementerios, esencialmente, han sido los testigos de la historia paisa”. Foto: Estefanía Hernández.

     

    La religión católica estaba profundamente arraigada en diferentes esferas y ámbitos de la vida pública de la ciudad. Medellín heredó de la colonia europea su devoción hacia el credo y sus costumbres funerarias. Así mismo, las clases sociales se diferenciaban entre alta, media y baja, la brecha entre políticos y artesanos era notoria y permanecía en el descanso eterno. La estratificación social en vez de desaparecer, prevalecía.

     

    Antes de que el rey español Carlos III ordenara por razones de salubridad, en 1787, construir los cementerios extramuros, es decir, a las afueras de la ciudad, los enterramientos tenían lugar dentro de las iglesias. Eran cementerios intramuros. Allí, las personas trataban de sentarse más cerca al altar durante las eucaristías porque luego, a quienes pudieran pagar “el derecho de asiento y sepultura”, los enterraban debajo del puesto que ocuparon en vida. Casi siempre las personas adineradas eran quienes tenían la capacidad de pagarlo y creían que les llegaba la bendición primero que al resto de asistentes. Según esa idea, rápidamente, recibirían la salvación y el perdón de sus pecados. Diego Bernal Botero es profesor de Historia en la Universidad Pontificia Bolivariana y secretario permanente de la Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales. Él explica que cuando ya no cabían más los difuntos en el templo, se realizaba “la monda”, que consistía en quitar las baldosas, cavar una fosa común más profunda y arrastrar todos los cuerpos allí.

     

    Medellín atiende a esa orden de construir cementerios extramuros 22 años después, cuando en 1809 se bendice la primera necrópolis ubicada por fuera de un templo, llamada San Benito. Así lo registra Gloria Mercedes Arango, socióloga y magister en Historia de Colombia, en su texto “Los cementerios en Medellín 1786- 1940”. Las personas tardaron en comprender que la descomposición de los cuerpos en el templo se volvía nociva para la salud y Bernal comenta que mostraron un poco de resistencia a ser inhumados fuera del lugar. La renuencia a abandonar la costumbre se evidenció en las capillas de San Juan de Dios, el Carmen y San Benito, que en 1824 continuaban enterrando difuntos. Así pues, en 1826 el congreso formuló una ley para prohibir entierros en las iglesias, pero Santander la vetó y en 1846 fue aprobada otra que ordenaba que todos los fallecidos fueran sepultados en camposantos.

    Un mito popular cuenta que estas tres imágenes del artista Vieco, ubicadas en el Cementerio Museo San Pedro salen a caminar todas las noches para dar la bienvenida a los nuevos difuntos. Foto: Estefanía Hernández.

     

    El primer cementerio privado de Medellín fue fundado en 1842 por el médico Pedro Uribe Restrepo y miembros de la élite, porque el San Lorenzo, un camposanto abierto desde 1828, no cumplía con normas sanitarias. El panteón nació bajo el nombre de San Vicente de Paúl. En 1871, fue bautizado nuevamente como San Pedro porque así se llamaba la única galería que existía en ese momento y así era distinguido por los habitantes. La guía cultural Daniela Córdoba cuenta que los fundadores lo construyeron “ornamentado, bonito y simétrico”. Aunque no era su intención inicial, el lugar pronto se posicionó entre la sociedad como “el cementerio de los ricos”. La cercanía, ya no al altar, sino a la capilla, seguía siendo esencial para los devotos. En este punto, liberales y conservadores discutían sobre quién debía llevar el mando de los sitios sagrados públicos. Los primeros, un poco más laicos, preferían a las autoridades locales y los segundos, a la iglesia. La ley de separación de relaciones iglesia-Estado de 1853 confirió a las autoridades la administración de las necrópolis. Según Arango, la iglesia recuperó el control en 1855, bajo el gobierno de Manuel María Mallarino.

    Extracción del acta de fundación donde se menciona la importancia de la salubridad para el bien general de la población.

    Foto: Estefanía Hernández.

     

    ¿Y los no católicos?

    La presencia de extranjeros que no profesaban el culto católico comenzó a ser recurrente en la ciudad. Como lo plasma el acta de fundación del San Pedro, se debía determinar un área para su sepultura pues, al morir, no tenían dónde ser inhumados con igual honra que los fieles religiosos, afirma Bernal.

     

    Arango registra que, desde 1835, el gobierno republicano autorizó la entrega de un terreno para la construcción de una necrópolis y una capilla para que los extranjeros no católicos celebraran sus propias ceremonias. Por el contrario, la diócesis determinó en 1871 que las personas de cultos distintos fueran enterradas en un espacio cercano pero diferente al camposanto, en el muladar. Era un sitio anexo al cementerio católico, ni bendito ni sagrado, destinado a los pecadores, los suicidas, los no bautizados, los herejes y todo aquel que era indigno de ser inhumado en el lugar santo. La figura del muladar era tan fuerte que, en el San Pedro, las puertas de ingreso eran separadas, una para el católico y otra para el laico, al igual que las estaciones del tranvía.

     

    En 1891, el general estadounidense Edward A. Wild muere en Medellín por una enfermedad, luego de ser convencido por su compañero de guerra, Anthony Jones, de viajar a Colombia para construir el ferrocarril de Antioquia. Como no era católico, pero sí célebre, la iglesia no lo podía enterrar en el muladar ni le podía hacer misa, entonces el San Pedro empezó a promover un sector laico para inhumar dignamente, manifiesta Bernal. El cementerio respondió a una necesidad, configuró un asunto que se venía discutiendo hacía décadas y les brindó acogida a los extranjeros que, aunque no practicaban el catolicismo, tenían derecho a ser sepultados decentemente al morir.

    Mausoleo ubicado en el Cementerio Museo San Pedro, perteneciente a la Familia Saldarriaga Duque, dueños de Pintuco.

    Foto: Estefanía Hernández.

     

    En este sentido, las clases altas podían construir un mausoleo en el San Pedro para que reposara toda su familia. De esta manera, sus apellidos relucían en la entrada del recinto y eran reconocidos por la comunidad. Al contrario, las clases bajas esperaban ser enterradas, a duras penas, en el “cementerio de los pobres”. El San Lorenzo fue apodado así por estar en “El Camellón de la Asomadera”, donde habitaban los artesanos. Por otro lado, las personas “indignas” no podían ser despedidas en ningún camposanto porque no cumplían con la doctrina religiosa. Para ellos estaban destinados los muladares, y así quedaban discriminados incluso luego de su muerte.

     

    De esta forma, los cementerios separaban ricos, pobres e indignos: después de morirse no se libraban de las clases sociales. Estas se hacían más fuertes puesto que determinaban dónde y cómo pasarían la eternidad. Por lo tanto, la muerte era concebida como un asunto de riquezas, que distinguía si las acciones en vida del difunto lo hacían digno o no y la manera de percibirla era influenciada por la religión católica.

     

    Un destello de unificación

    La construcción del cementerio parroquial de La América fue aprobada en 1898, después de que Rafael Velásquez, uno de los primeros pobladores de La Granja, como se conocía la zona en ese entonces, realizara la petición. De hecho, La Granja no era un barrio sino un corregimiento de Medellín, con fincas y jardines. Lo mismo sucedía con los terrenos donde se encuentra hoy ubicado el cementerio Universal, eran campestres y solían llamarse Rancho Largo. La finca Rancho Largo fue adquirida en 1927 por la municipalidad, cuando decidió que debía crear una necrópolis en la que todos los ciudadanos tuvieran lugar, independientemente de sus creencias o clase social.

     

    Han pasado 125 años desde que fue aprobada la construcción del cementerio parroquial de La América. Foto: Estefanía Hernández.

     

    Para estos años se empezaba a notar un cambio en el concepto de muerte. Bernal dice que, en 1930, Enrique Olaya Herrera, presidente de Colombia que perteneció al Partido Liberal, propuso dos opciones para garantizar digna sepultura a todos los ciudadanos. La primera era que los municipios construyeran su propio panteón y, la segunda, que cada municipio se pusiera de acuerdo con la iglesia para admitir a personas no católicas y eliminar el concepto de muladar. Es así como el 20 de julio de 1933, el municipio puso la primera piedra del cementerio Universal de Medellín y su diseño quedó a cargo de Pedro Nel Gómez por medio de un concurso público. Andrés Arredondo, antropólogo y encargado del tema de la memoria en el Universal, expone que este lugar se constituyó como un punto de inclusión, que recibió a todo el mundo sin distinción.

     

    Agroarte Colombia, un colectivo integrado por vecinos del barrio San Javier, registra que aún en 1939 el cementerio parroquial de La América estaba llevando a cabo sus inhumaciones en la tierra. Más tarde, en 1953, el arquitecto Gustavo Moreno Llano fue el encargado de reformar totalmente el sitio debido a que no contaba con el edificio que vemos actualmente. Así, en 1955 el camposanto fortaleció el alquiler de lotes en la comunidad.

     

    Murales del cementerio parroquial de La América. Foto:Estefanía Hernández.

     

    Hasta entonces, la iglesia católica no permitía la cremación puesto que concebía el fuego como un componente del infierno y el purgatorio, pero en el concilio vaticano II de 1962 a 1965, se flexibilizó. A propósito de la estratificación, Bernal señala que la cremación comprende, de alguna manera, un mismo ritual para ricos y pobres, por lo que es un factor unificador. Lo que difiere es lo que se hace con las cenizas. Posteriormente, el cementerio Campos de Paz fue fundado en 1969 y la Arquidiócesis lo bendijo el 31 de agosto de 1970.

     

    “Capilla La Asunción” y “El Hombre en Busca de Paz”, obras artísticas del Parque Cementerio Campos de Paz.

    Foto propia.

     

    En 1979, el cementerio Universal cayó en crisis tras un profundo deterioro debido al mal manejo administrativo y conforme estaba siendo distinguido como “el cementerio de los pobres”, el Concejo municipal decide llamarlo “Jardín Cementerio”. El Concejo tenía la finalidad de volverlo más “competitivo” y de este modo comienza a cambiar la imagen del recinto, incursionó en servicios exequiales y ratificó su posición incluyente para la ciudadanía. Pese a la nueva narrativa que adquirió el Universal, Arredondo expresa que Medellín mantuvo la concepción de que es la necrópolis de los pobres. La verdadera intención del Universal ha sido reivindicar la inclusión.

     

    “Mausoleo Ausencias que se Nombran” construido en honor a las víctimas de desaparición forzada. Foto: Estefanía Hernández.

     

    Luego, la violencia procedente del narcotráfico que invadió Medellín impuso, de alguna manera, distintas prácticas rituales que produjeron un nuevo estigma para los cementerios, que se volvían lugares peligrosos en medio del crimen. A partir de esta época, fue más necesario que antes replantear cómo se estaba concibiendo la muerte, teniendo en cuenta los procesos habituales de duelo que pasaban los habitantes de la ciudad. Por dicha criminalidad, numerosos paisas tuvieron que enterrar a sus familiares en el Universal, que registró una ola de inhumaciones en 1985 según Memorias y Patrimonio de Medellín, un programa de la Alcaldía. Pronto, el Instituto de Medicina Legal determinó que el panteón alojaría a Personas no Identificadas (PNI), por lo que se invierte en 1995 para reparar su infraestructura y se convierte en un espacio crucial en medio de la violencia.

     

    Dice Arredondo que durante esta época se crearon prejuicios y mitos acerca de prácticas clandestinas o satánicas dentro del Universal. Por lo tanto, el estigma sobre este recinto laico posiblemente aumentó y la perspectiva cambió.

     

    Entre tanto, las películas también han abierto las puertas a historias de fantasmas que espantan a medianoche, animas que cuidan el lugar y zombis que vuelven a la vida. Ellas introdujeron una tendencia hacia lo tenebroso, haciendo a los cementerios focos de terror y, posteriormente, han sido apoyadas por el turismo dark o turismo oscuro que se enfoca en sucesos de tragedia y dolor.

     

    El Jardín Cementerio Universal aloja tumbas esperando a ser nombradas, almas por ser reconocidas. Foto: Estefanía Hernández.

     

    Diferentes proyectos, mismo objetivo

    En 1998 el San Pedro se estableció como museo de sitio, un espacio para conservar el patrimonio cultural. El lugar no solo transformó su nombre a Cementerio Museo San Pedro, sino también su modo de acercarse a la gente, dándoles valor a las historias de los difuntos que aloja. Catalina Velásquez, fundadora y presidenta de la Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales, fue la gestora de la declaración del camposanto. Ella señala que empezó a construir narrativas desde diferentes saberes, para dar a conocer los múltiples relatos que tiene el recinto por contar y no ser reconocido solamente como un espacio de llanto y dolor.

     

    Asimismo, cuenta que el camposanto estaba localizado en una comuna protagonista de la guerra urbana y que sería difícil cambiarle la mirada a una ciudad en la que hubo tantas víctimas de dicha guerra. Velásquez necesitaba buscar alternativas para interpretar nuevamente los espacios de muerte. Ella se encontró con que, aparte de protegerlo, les aportó a los habitantes otras miradas sobre el dolor y la tragedia en una de las ciudades más violentas del mundo, como estaba catalogada Medellín. Desde ahí empieza el proyecto del Cementerio Museo San Pedro, que se ha destacado por las visitas guiadas, la Noche de Luna Llena y Floristeros del más allá. Estas actividades buscan transmitir a los visitantes sentido de pertenencia y el legado de antiguos habitantes. En 1999 es declarado por el Ministerio de Cultura como bien de interés cultural, y se ha constituido en un lugar que trabaja tanto para los muertos como para los vivos, al ser patrimonial, ritual y artístico.

     

    Cada mausoleo va conformando la historia del cementerio y de Medellín. Foto: Estefanía Hernández.

     

    El Centro Nacional de Memoria Histórica documenta bque la Operación Orión se llevó a cabo en el 2002, cuando fuerzas gubernamentales entraron a la Comuna 13 para capturar a supuestos colaboradores de la guerrilla. Sin embargo, hubo irregularidades y víctimas habitantes del sector. Este suceso, cercano al cementerio parroquial de La América, dejó profundas heridas en la comunidad, al igual que otras operaciones que tuvieron lugar allí. Por un aumento en la cantidad de fallecidos, el panteón requirió una ampliación en el 2005. De esta manera, Agroarte Colombia vio la necesidad de transformarlo en un sitio de memoria y esclarecimiento para las víctimas por medio de actividades que formen sentido de pertenencia, dando paso a Galería Viva.

     

    Esta iniciativa “ha logrado cambiar el paradigma del terror, el rencor, y el miedo como principal factor de desarticulación comunitaria”. Así lo exponen las placas ubicadas en el cementerio que resumen el propósito de Galería Viva. La Red Territorial de Memorias de la Comuna 13 también ha participado junto a Agroarte en esta labor de reconocer vivencias pasadas para empoderar a la comunidad y buscar la verdad para curar las heridas. Luis Fernando Álvarez, “AKA”, líder en el proceso de Galería Viva, apunta que no quieren que el lugar sea revictimizante, sino que junte a la gente del territorio y refleje lo que pasa en la ciudad. El colectivo ha llevado a cabo actividades en el recinto centradas en la gestión del dolor por medio de las plantas y el arte, por lo que el camposanto está rodeado de naturaleza y murales. El “AKA” explica que todo fue un proceso, empezaron sembrando 200 botellas en la fachada con algunos rostros de víctimas y cada actividad la han relacionado con lo religioso debido a que el cementerio es parroquial. En una ocasión, los vecinos les pidieron pintar a un sepulturero que se accidentó y falleció, lo cual les permitió empezar a realizar representaciones artísticas dentro del sitio y ganarse el cariño de la comunidad. A partir de eso, la organización ha usado el arte y la agricultura para contribuir, desde el camposanto, al acompañamiento del duelo, la memoria y la reconstrucción de la verdad.

     

    “Esta es una pintura frente al tema de los duelos compartidos, sobre una colcha de retazos” -AKA. Colectivo AgroArte. Foto:Estefanía Hernández.

     

    Por su lado, el Jardín Cementerio Universal cumplió 90 años en julio de 2023. Desde que nació, empezó a transformar el significado de la muerte, tratando de erradicar las discriminaciones por raza, credo o clase social. Tal como lo afirma Andrés Arredondo, el Universal se ha convertido en un lugar significativo para la lucha contra la desaparición forzada y el olvido. En este sentido, la Unidad Municipal de Atención y Reparación a Víctimas del Conflicto Armado planteó en 2010, la construcción de un espacio de reparación simbólica para las víctimas sin identificar y desaparecidas. En el 2016, la Fiscalía General de la Nación y el Instituto de Medicina Legal empezaron a buscar personas no identificadas (PNI) que podrían estar inhumadas allí y en el 2017 fue fundado el mausoleo “Ausencias que se nombran”. El panteón fue concebido gracias a la lucha de las víctimas y, según Arredondo, fue destinado para inhumar las personas víctimas de desaparición forzada que fueron plenamente identificadas, reivindicando su nombre, su memoria y su identidad. El Jardín Cementerio Universal, ideal para avistar aves, ha acogido a difuntos que no les permitieron el ingreso a otras necrópolis por alguna condición y ha sido un colaborador clave en la reconstrucción de la memoria paisa.

     

    Cartel en pro de la verdad ubicado en el Jardín Cementerio Universal. Foto: Estefanía Hernández.

     

    El Parque Cementerio Campos de Paz no se quedó atrás, pues desde el 2022 está llevando a cabo el proyecto In Memoriam, liderado por Diego Bernal y el grupo de investigación “Ni ángeles, ni perros”. Dicho proyecto consiste en una constante investigación histórica donde revisan la colección funeraria, hacen perfiles históricos de las personas inhumadas allí y realizan recorridos abiertos y gratuitos. La idea es que los ciudadanos se acerquen al camposanto y se quiten los estigmas de la muerte. Los coordinadores de esta iniciativa realizan cada mes un trayecto con diferentes temáticas. Por ejemplo, en marzo tuvo lugar “Entre sueños y pasiones: mujeres, un recorrido por sus vidas y legados”. En abril, el recorrido fue sobre “Glorias del deporte: disciplina, sacrificios y logros que nos inspiran”. De esta forma, han empezado a activar el patrimonio y a darle espacio a las historias que han pasado por la ciudad, que yacen en el Parque Cementerio y que dejaron legado en sus seres queridos. Además, realizan talleres, grupos de apoyo, conversatorios, e incluso, cine foros, centrados en acompañamiento al duelo, donde cada actividad es guiada por psicólogos y especialistas que orientan a la comunidad.

     

    “Entre sueños y pasiones: mujeres, un recorrido por sus vidas y legados” en el Parque Cementerio Campos de Paz. Foto: cortesía.

     

    Así tuvo paso el renacimiento de la muerte en los cementerios, que empezaron a trabajar por reactivar el patrimonio, construir la memoria, acompañar el duelo, y mostrar la vida que puede dejar la muerte. Dichos sitios han ido más allá de lo que se ha entendido como el fin de la vida y aunque empezaron siendo la ciudad de los difuntos, hoy en día son un espacio también para los vivos. Son un recinto para quienes quedan afrontando el duelo, los que quieren aprender más de su territorio y honrar a los que han sido víctimas de la violencia que ha vivido Medellín. Además, son lugares que cada día esperan a ser visitados para mostrar la historia de la ciudad, sus errores y el pasado que no se debe repetir. También evocan el presente, dan cuenta de qué está sucediendo en la ciudad, cómo se están reparando actualmente a los habitantes y qué se está haciendo para sanar las heridas que han estado abiertas por algunos años. El futuro está instaurado en el trabajo que realizan estos sitios persistentemente para no olvidar la historia y para que cada generación se proyecte con base en las que reposan en los panteones de la ciudad. Son el pasado, el presente y el futuro. Hoy en día, los cementerios de Medellín son lugares llenos de vida.

     

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    Investigación periodística realizada desde el Semillero de Periodismo Urbano, bajo la orientación del profesor Juan Esteban Mejía Upegui.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • El arte de mover las fichas

     

    Vivir y financiar las apuestas creativas en Medellín es, como en los juegos de mesa, una actividad donde no importan las cartas con la que se comienza, sino cómo se juegan. Las diferentes propuestas que se pueden encontrar en la ciudad no se sostienen por sí solas y es cuestión de cada jugador encontrar su propio recorrido a la meta.

     

    Por Manuela Rendón Uribe / manuela.rendonu@upb.edu.co

     

    Sección de la exhibición colectiva ‘La belleza será convulsa o no será’ del MAMM. Foto por Manuela Rendón

    Sacar pares para empezar a jugar

    No existen dos jugadores que empiecen la partida desde el mismo punto de salida. Algunos cuentan con estudios técnicos o profesionales que les otorgaron herramientas, conexiones o aprendizajes que han hecho más llevadero el viaje, otros por su parte, llegaron al arte por vías más empíricas y experimentales.

     

    Dentro del circuito del arte en la ciudad podemos encontrar publicistas, ilustradores, tatuadores, artistas plásticos, fotógrafos, artistas visuales, diseñadores gráficos, comunicadores sociales e inclusive profesores o ingenieros, todos viendo el concepto del arte desde sus propias perspectivas que les permiten llegar a una conclusión general sobre este: ya sea desde la técnica, el mensaje o el talento, el arte es algo de lo que se puede vivir si se sabe jugar la mano que le toca. Otras cartas importantísimas en la baraja deben ser la dedicación, el conocimiento de la industria, la presencia, la exposición, y, sobre todo, entender que detrás del arte hay un negocio que se mueve y tiene sus propios trucos y atajos.

     

    Las fichas y las casillas

    Pero no todos los jugadores observan el tablero de la misma forma. Carlos Daniel Álvarez (también conocido como @carlosdaniel.jpg en redes sociales) es un artista visual que ha expuesto en espacios como el Museo de Antropología y Artes de Jericó (MAJA), el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) y el Salón Nacional de Artistas y que, como trabajo oficial, se dedica a pasear perros, hacer domicilios y trabajar en plataformas de transporte como Picap.

     

    La gente se extraña cuando escucha esta mezcla: un artista visual con exposiciones en grandes centros culturales que por amor y placer vive de pasear perros y llevar gente en su moto. “El arte es algo que me pasa mientras hago mi vida”, dice.

     

    Nos hemos encontrado cerca de Unicentro después de un largo día de trabajo. Con los años ha adquirido la disciplina de sacar a caminar a sus clientes por dos horas tres días a la semana. Lunes, miércoles y viernes. Esta costumbre le ha permitido ampliar su conocimiento de la ciudad y tomar las fotografías por las que es reconocido.

     

    Sus dos exposiciones en el MAMM ocurrieron tiempo después de presentarles su portafolio, no fue una oportunidad instantánea, sino algo que se presentó por su persistencia en redes y la calidad de su trabajo, detalles que llamaron la atención de los museos para sus grandes exposiciones temporales.

     

    No todas sus muestras han sido financiadas por centros culturales, menciona Daniel. Cuando los museos cuentan con bolsas de financiación para los montajes y la producción es más fácil para los artistas obtener una ganancia del pago; cuando no, la producción corre a expensas de los artistas que deben hacer uso de créditos, ahorros o recaudaciones para lograr su exposición.

     

    ¿Cuáles son las cartas que Daniel adicionaría a la baraja de cualquier artista en la ciudad? Tener un excelente portafolio, una rutina, un objetivo, y ser persistente con la exposición en redes sociales.

     

     

    << Obtenido de @carlosdaniel.jpg en Instagram.

    Aunque el portafolio es esencial para cualquier artista, la búsqueda de nuevas oportunidades y el trabajo colectivo son, para Nube, artista plástica de la Universidad de Antioquia, la base del arte en la ciudad.

     

    Nube se llama Laura Henao, y durante ocho años hizo parte del colectivo de la Editorial Zarigüeya y la Librería Mutante, espacios que a través de la venta de obras autopublicadas, ahorros y becas internacionales logró sostener durante años su espacio en el pasaje La Bastilla y su casa para artistas en el centro de la ciudad.

     

    Para Nube es importantísimo aprovechar los recursos que ofrece la institucionalidad sin caer completamente en ella. “Nosotros sostuvimos la librería durante un año con nuestro propio trabajo. Nos parecía importante tener un espacio físico que fuera coherente con lo que buscábamos, que era permitir que los artistas obtuvieran el cien por ciento de comisiones sobre su trabajo”.

     

    La idea de Mutante obtuvo más fuerza cuando, después de meses viviendo de impartir talleres y una ardua investigación a través de conocidos e Internet, encontraron la beca internacional Prince Claus Seed Awards la cual les otorgó un beneficio aproximado a los $80.000.000, con los cuales sostuvieron y gestionaron la casa Mutante por más de un año y a todos los artistas residentes que aprovecharon su proyecto.

     

    Sin embargo, y como sucede en Medellín, muchos proyectos se vuelven insostenibles con el tiempo y tras la separación del equipo, Nube se dedicó a la ilustración de manera independiente gracias a todos los contactos en proyectos que generó durante los años de trabajo y gestión en Mutante. Al día de hoy Laura es profesora de arte en una empresa de carácter social en la ciudad. “Me cansé del rebusque, de la precariedad que hay en ciertos proyectos y de lo indigno que puede ser a veces el arte. Ahora soy profesora, lo que había sido siempre mi sueño y estoy muy feliz”.

     

     

    Obtenido de @_nube en Instagram>>

     

    En sus tiempos libres, Nube se dedica a tatuar sus diseños en una de las habitaciones de Un Nuevo Error, un espacio para artistas y no artistas en Belén, que en el transcurso de esta reportería cumplió cinco años de funcionamiento. “Preferimos llamarnos ingenuos”, dice Alejandro Metaute, cofundador de la Casa Error donde la principal característica es la autogestión y el autosustento. “La idea es que la casa se sustente sola con los proyectos y los eventos que se hacen dentro de ella, sin poner de nuestro bolsillo; si alguien hace un taller, recibir una comisión, prestarles el espacio a colectivos o hacer un evento y cobrar las polas,” afirma Metaute, dando así una respuesta o solución a uno de los grandes problemas del arte en Medellín como lo es la precarización en la financiación de espacios creativos de la ciudad.

    Los espacios de Un nuevo error están abiertos para charlas, talleres y exposiciones.
    Imagen tomada de @unnuevoerror en Instagram.

     

    ¿Cuáles son las cartas que Nube adicionaría a la baraja? Pagos justos. Pagarse y reconocer el arte como un trabajo que debe ser cobrado y pagado de manera digna. Saber manejar los tiempos, el dinero y los ritmos de trabajo.

     

    No pausar partida ni salirse sin guardar

    Varios artistas coinciden en la importancia de tener presencia en redes sociales, saber de marketing, administración de empresas, finanzas básicas e inclusive legislación sobre derechos de autor. Pero en lo que más han coincidido es sobre la importancia de presencia en el circuito.

     

    María Paulina Restrepo se hace llamar ‘La señora que dibuja’ en redes sociales. Es ilustradora desde hace más de quince años y su fuerte es la ilustración infantil. “Claro que se puede vivir del arte”, dice. Lo más importante es darse a conocer y no desaparecer de la industria. “Yo no empecé viviendo de esto, me tomó más de cinco años poder vivir del arte, pero sé que ha sido porque me he desaparecido y no he sido constante con mi trabajo”.

     

    En medio de la entrevista, María Paulina cuenta lo difícil que ha sido lidiar con su salud mental en medio de una industria que no siempre maneja pagos a tiempo y donde la demanda de trabajos es incierta. “Ya tengo clientes fijos, pero me tomó tiempo establecerme, antes tenía otros trabajos al mismo tiempo e ilustraba lo que los demás necesitaban y no lo que yo quería. Sé de colegas que les tomó menos tiempo, pero considero que todos manejamos tiempos y procesos distintos y esto no está mal”.

    Entre las obras de las que más orgullosa se siente está El Gato Mambrú, un cuento infantil financiado gracias al Estímulo para la Creación de Obra Literaria para Público Infantil del Museo de la Casa de la Memoria, el cual le otorgó un premio económico por su obra con el que debía de sacar el proyecto Mambrú adelante y subsistir por un par de meses.

     

    El Gato Mambrú narra la historia de un gato pequeño que es obligado a irse para la guerra a combatir.

    Imagen tomada de @lasenoraquedibuja en Instagram. >>

     

    ¿Cuáles son las cartas que María Paulina agregaría la baraja? Siempre estar presente (ya sea en la web o en eventos del gremio), movilizar y buscar nuevos espacios para sus obras y no desestimar el poder que el voz a voz tiene en el circuito.

     

    Rifas, juegos y espectáculos

    No a todos los jugadores se les entregan los mismos billetes al iniciar la partida, o se les paga cada vez que pasan por la salida de nuevo. Aunque el arquetipo del artista que proviene de un entorno económico estable aún ronda por ahí, la verdad es que cada día son más los artistas que buscan diferentes oportunidades, espacios y convocatorias que les permitan financiar su arte a largo plazo.

     

    Algunas de las convocatorias más conocidas son la Convocatoria de Fomento y Estímulos para el Arte y la Cultura en la ciudad de Medellín; las convocatorias de Circulación Artística, Encuentros y Festivales Artísticos y Culturales, y el Portafolio Departamental de Estímulos para el departamento de Antioquia y el Programa Nacional de Estímulos para el resto de Colombia, todas disponibles en la red pero no accesibles para todos los artistas de la ciudad y el país.

     

    Aunque las convocatorias son muy claras con sus requisitos, inscripciones, documentación, fechas de desembolso y cronogramas, son los recursos a distribuir los que hacen el trámite complejo o poco rentable para muchos artistas. En muchos de los procesos el desembolso solo se hace a un proyecto ganador por categoría o inclusive región, generando así un desbalance entre la cantidad de proyectos presentados y la cantidad financiada, y aunque las cuantías a desembolsar siempre van por encima del salario mínimo legal vigente, a la hora de repartirla entre los diferentes costos, inversiones y participantes, la ganancia puede bajar considerablemente de modo que el artista debe buscar una nueva oportunidad o convocatoria en otro sector para financiar su próxima idea.

    Tabla tomada del Manual para la Convocatoria del Programa Nacional de Estímulos 2023.

     

    Para artistas como Gelatina, una ingeniera industrial por diploma pero fanzinera por vocación, las convocatorias pueden ayudar por un par de meses pero no pueden ser la única fuente de sustento: “Eso rinde dos o tres meses, y uno también trata de invertirlo en otros proyectos, pero vivir de incentivos es imposible, es una ayuda”, afirma, pues siendo ganadora en dos ocasiones diferentes de estímulos de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín, ha tenido que invertir la mitad del desembolso en la elaboración, edición, producción, distribución y exhibición de la obra terminada. “Se puede [vivir del arte] pero no es la regla, hay personas que deciden tener vidas muy complicadas por dedicarse al arte y hay otros que logran tener suerte, talento y contactos que le permiten poder vivir del cuento”. Afirma la fanzinera, pues, entre rifas, trabajos freelance y creación de contenido para redes se encuentra financiando su próximo gran proyecto.

     

    ¿Qué incluiría Gelatina a la baraja? Saber de mercadeo, entender tendencias, expandir la oferta y ahorrar.

     

     

    << Aunque la creación de fanzines es un proceso relativamente barato, los gastos no permiten financiar un proyecto más allá de un par de meses. Imagen tomada de @gelatinacomicstar en Instagram.

     

    Con el panorama de estímulos públicos trazado de esta forma, son muchos los artistas que prefieren la ruta de las convocatorias de índole privado como lo son la Convocatoria Nuevos Talentos en el Arte de la Cámara de Comercio (la cual ofrece formación y aprendizaje sobre la industria del arte en la ciudad con estrategias como las Maletas Culturales) o la Bienal de Arte Joven de Comfenalco (que ofrece premios a más de un proyecto a la vez) o pasan directamente a recurrir de la autofinanciación por medio de rifas, sorteos, crowdfunding, o donaciones para sacar sus obras adelantes.

     

    Pese a que son cada vez más escasos, la lámina de los mecenas aún es vigente en el mercado de los artistas. Difíciles de encontrar, existen mecenas dispuestos a apoyar financieramente a sus artistas consentidos en diferentes proyectos, residencias o exhibiciones. Para los no afortunados de encontrar esta rareza, aún estarían disponibles mecenazgos más actuales como lo son plataformas como Ko-fi y Patreon, donde un grupo de personas puede apoyarlos económicamente a cambio de contenido exclusivo.

     

    ¡Tapo!

    A Alejandro Montoya Fuentes lo reconocen más fácil como Alejo Fuentes porque así aparece en sus redes sociales. Fue ilustrador sin pago, luego director creativo de SADOI Toys y actualmente se encuentra incursionando en el arte plástico.

     

    —Nada Manu, ando buscando trabajo ahora mismo.

    — ¿Qué estás buscando?

    —Algo corporativo, muy rutinario, que me permita sacarle tiempo y energía a mis obras.

     

    Desde que lo conozco, Alejandro ha sido estudiante, ha trabajado en las comunicaciones de universidades públicas y dirigido estrategias en empresas prestadoras de servicios de Internet en la ciudad. Aunque aún puede considerarse como un artista emergente, no se ha decantado por vivir del arte completamente.

     

    —Yo me lo he pensado, pero todavía no me lo puedo permitir del todo. Por eso ando buscando algo que me permita tener un ingreso fijo mientras hago mis cosas.

     

    El artista participó con tres de sus obras en la Bienal de Arte Jóven de Comfenalco. Imagen tomada de @alejomfuentes en Instagram. >>

     

    Montoya ha trabajado con entidades privadas que necesitan ilustraciones y arte para sus propias campañas, artistas del género urbano que buscan portadas para sus nuevos lanzamientos y revistas culturales que requieren la portada de su próxima edición. Aunque son comisiones que hace por decisión y gusto, todos estos ingresos representan una manera de financiar las obras que requieren un mayor músculo financiero para su producción y elaboración; con trabajos como estos ha financiado obras plásticas como El Rey David donde la elaboración de varias piezas sin financiación hubiese sido casi imposible.

     

    —De veinte que hice, un comprador de arte se llevó nueve.

    —Imagino que las revenderá.

    —Obvio, y más caras.

     

    El verdadero interés de este artista es poder financiar, a través de un arte más asequible para sus seguidores, proyectos más grandes como esculturas u obras que requieren más materiales y tiempo de elaboración, uno de estos, para el momento en que el reportaje fue escrito, se encuentra en exhibición y venta en Bunker Galería, espacio que se quedaría con un porcentaje de la venta, si esta se realiza.

     

    Espacios como La Bruja Riso y Bombón Oficina de Cosas le han permitido a los artistas de la ciudad mostrar su trabajo en exposiciones colectivas o individuales. Imagen tomada de @alejomfuentes en Instagram. >>

     

    La zona segura que ofrece el ingreso fijo no es algo fácil de encontrar dentro del circuito del arte, siendo los primeros meses del año más lentos debido a que la mayoría de desembolsos de convocatorias se generan en los siguientes trimestres del año.

     

    ¿Qué cartas le ofrece Alejandro a la baraja de los artistas? Conocer y separar los nichos. Buscar oportunidades que, si no ofrecen un pago, por lo menos otorguen una exposición significativa del trabajo. Y, sobre todo, aprender a cobrar.

     

    Cóbrales $10.000 cada vez que caigan aquí

    ¿Qué pasa entonces con los espacios y actividades que no les generan ganancias económicas a los artistas? Según Juli Zapata Rincón, curadora en el Museo de Antioquia, aunque los museos casi siempre logran garantizar el pago de regalías a los artistas, su papel en el mercado va más allá. “Son validadores de obras y artistas” puesto que, entre más conocido y expuesto sean, más relevante resulta su obra para los ojos de los espectadores. Algunas de las propuestas que el Museo de Antioquia ofrece para los artistas son residencias, exposiciones temporales o convocatorias abiertas para alguna de sus escuelas y cursos.

     

    Juli también es docente de cátedra de Variables Económicas en el Mercado del Arte en el ITM (Instituto Tecnológico Metropolitano) y se enfrenta semestre a semestre a nuevas generaciones de artistas a los que explica cómo, dónde y de qué manera se pueden financiar y gestionar propuestas artísticas en la ciudad. “Una de las ventajas en el arte es que es un campo muy abierto y brinda muchos espacios más allá de la creación”, está consciente de que dentro de la carrera se encuentran estudiantes interesados en ser artistas, gestores, curadores y muchos otros papeles necesarios en la cadena del arte y debe enseñarles cómo funciona el negocio.

     

    ¿Qué cartas aconsejaría Juli adicionar a la baraja? Un excelente portafolio, aprovechar los espacios y dinámicas alrededor de la creación artística en la ciudad y consumir arte para educar el ojo.

     

    Terna, terna, cuarta

    El último jueves de cada mes, el Palacio Nacional abre sus puertas desde las 7:00 de la noche para dar inicio a la Noche de Galerías, un espacio donde las galerías del tercer, cuarto y quinto piso del Palacio se abren al público en horario nocturno para atraer curiosos, fanáticos del arte y posibles compradores. Hay música en vivo, se ofrece vino y otros licores y los artistas exhiben sus mejores obras al público sin costo extra alguno.

     

    En una de las esquinas del cuarto piso, hay una galería con música en vivo y una mesa con aperitivos y vinos. Es la noche es la más importante para muchos artistas en la ciudad, entre ellos el asistente de iluminación H. Carvajal, que en el evento de hoy inaugura su obra en la galería Duke Pimienta como fotógrafo. “El asunto es dividir la carrera de uno en dos aspectos. El primero es el laboral y el otro netamente artístico. Ya cuando llega el punto en que coinciden y el artístico empieza a financiar es una belleza. Pero el punto para llegar ahí es difícil, es muy complejo porque a veces uno duda, uno quiere dejar el proceso, decantarse por cosas más seguras, pero no, en el fondo algo lo sigue llamando a uno. Uno es terco.”

     

    La obra de Carvajal se caracteriza por hablar de su intimidad. Foto por Juan José Cadavid.

     

    Aunque la venta de las obras no está asegurada, tener un espacio físico de referencia, codearse con más artistas de la ciudad y contar con el respaldo de organizaciones como Amor y Arte Fundación son algunas de las atracciones que posee el hacer parte de este conglomerado de galerías y artistas de la ciudad.

     

    Pero no cualquiera puede exponer aquí. Los artistas deben de pasar por un proceso de calidad y exhibir sus obras con parámetros museográficos definidos. Para artistas jóvenes como Mara Botero, el espacio en el Palacio Nacional le permitiría darse a conocer y validar su obra como artista visual. Por ahora, su pago por el espacio serán dos obras mensuales, la cuales entrarían al mercado del arte en la ciudad para ser vendidas o revendidas por expertos en el rubro.

     

    Sin embargo, el pago con obras no puede ser su única fuente de financiación para sus proyectos artísticos. Además de estos, Botero es maestra de arte y planea crear merchandising con sus obras: pequeños productos como botones, camisas, posters, postales y artesanías donde pueda plasmar su mensaje. “Vivir del arte es lo que he intentado, pero ese arte toca transformarlo a la enseñanza para poder tener más ingresos y ya para vivir de obras es un proceso que apenas estoy intentando, pero creo que si es posible si se le mete todo el amor, inversión y tiempo para poder ver resultados con el tiempo”.

     

     

    Obra de Mara Botero. La Noche de Galerías del mes de mayo sería su primera exposición en el Palacio Nacional. Imagen tomada de @mara_botero en Instagram. >>

     

    ¿Qué le adicionaría Rubén Agudelo, subdirector ejecutivo de Amor y Arte Fundación a la baraja de los artistas paisas? Trabajo en equipo, verse a sí mismos como una empresa y mejorar la técnica artística.

     

    La meta del dónde, por qué y con quién

    Aunque el juego es el mismo para todos los jugadores, la manera en que artistas y colectivos buscan y encuentran fondos en la ciudad, varía según el nicho al que pertenezcan. Para artistas plásticos como Hebert Rodríguez, el hecho de que un artista decida crear productos asequibles para el público no lo separa de su proceso artístico: “Lo importante es que el artista tenga claro qué es lo que quiere decir y saber dónde, por qué y con quién decirlo”.

    Exposición temporal del MAMM ‘Temporada de eclipses’ por Luisebastián Sanabria. Para incentivar el aforo y la exhibición de las exposiciones, el día inaugural la entrada es libre con aporte voluntario. Foto por Manuela Rendón

     

    Unos le llaman ‘estar atento a las convocatorias’, otros lo mencionan como ‘no quedarse quietos’, otros como ‘darse a conocer’ y otro grupo lo llama ‘rebusque’, sea como sea, todos los artistas llegan a la misma celda del juego: es imposible financiar proyectos en Medellín de una sola forma, lo que en muchos casos genera deterioro en la calidad de vida de los artistas, la necesidad de contar con más de un ingreso o proyecto a la vez y la precarización de su profesión. Aunque el futuro del juego se vea incierto siempre hay un par de jugadores listos para darle otra vuelta al tablero.

     

     

     

  • Reír para pensar: un recorrido a las distintas posturas del humor

     

    Actualmente, al humor se le han exigido unas transformaciones debido a las dinámicas actuales de consumo de información. Una comedia ahora se personifica en el artista, su público y un contexto social que mide el sentido de la risa.

     

    Por: Karen Vanesa Bueno Estrada – Susana Katich Restrepo / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Definir el humor es un trabajo casi limitante. No se puede precisar porque no es solo una cosa y hay casi una infinidad de relatos diversos y complejos dentro de esta palabra. Es algo que no tiene forma y, aunque tenga sus bases, se ha transformado con el tiempo y espacio. No obstante, sí hay una característica que ha perdurado en todos los formatos, relatos y formas de hacer humor: el objetivo de alivianar la cotidianidad.

     

    A pesar de mencionar que el humor es abstracto, incompleto y somero, muchos autores se han dado a la tarea de definirlo en algún punto. Rúben Dario Ruiz Vega, menciona en su ensayo Los límites del humor…¿Existen?, que el humor es “la capacidad para percibir algo como gracioso, lo cual activa la emoción de la hilaridad que se expresa a través de la sonrisa o risa”.

     

    Es un ritual que comienza a través de una emoción placentera que da como finalidad una expresión de sonrisa y una carcajada intensificada que, hasta en los momentos más arriesgados para el humano, es una necesidad irremplazable. Como lo menciona Freud en su libro El chiste y su relación con lo inconsciente (1905), el humor es “la más elevada operación defensiva frente a la posibilidad de sufrimiento. Se caracteriza por ser liberador, grandioso y patético”.

     

    En sus diferentes tratados, el filósofo Henri Bergson, relata que la risa es una reacción intrascendente, tan humana que no puede hacerse con base en juicios morales, es decir, una palabra que no transita entre el bien y el mal. Por otro lado, Andreu Buenafuente, uno de los referentes de humor español, expresó en una entrevista para el proyecto Mejor conectados de Movistar, que “la comedia es una forma de contar la vida sin tanta impostura, adquiriendo una capacidad de sacar de túneles, pozos o cuevas a las personas a través de una risa”.

     

    Por tanto, el humor es un eje liberador para el hombre desde la cotidianidad hacia los diferentes contextos sociales y culturales en que nos desenvolvemos. Sin embargo, ¿hasta qué punto se debe llegar para hacer reír a alguien?, ¿el humor es controlable? o, por el contrario, ¿no se debe limitar?

     

     

    Humor en el ámbito digital y las redes sociales

     

    Actualmente el humor digital se ha convertido en la principal herramienta de comunicación. Los diferentes universos en las redes sociales han permeado el humor como un arma poderosa en los relatos que hoy conceden a la tecnología y que van más allá del mero entretenimiento. Temas controversiales como la política, la religión, la sexualidad, entre otras más, han sido acogidas en sus líneas y tipos de producciones que otorgan, generando no solo un impacto en la sociedad, sino también una conexión y fidelización con los públicos.

     

    A través de él, hemos transformado nuestras visiones y narrativas del mundo en toda la saturación de memes, sátiras, parodias y personajes que hacen de su arte un símbolo de expresión fresca y genuina en los ámbitos socioculturales. Pese a ello, romper el hielo, aliviar el estrés y compartir experiencias, se ha vuelto una odisea completa en una cultura del internet que hoy por hoy invita a reírse de manera informada y respetuosa en dichas plataformas, donde la libertad de expresión no parece tener límites.

     

    Por eso, ahora la sociedad le pide a los ‘influencers’ contenidos de valor basado en conocimiento, que por el contrario muchas veces lo light o lo efímero sobresale por encima de la realidad y lo divertido por medio de las plataformas. En este caso, muchas de estas personas salen a decir cualquier cosa, sin conectar con el público y generando choques.

     

    El humor en las redes sociales ha apostado por compartir con sinceridad y honestidad la figura de diversas personas que se dedican a esto, directamente mostrándose como ejemplo de lo que ellos quieren sentir y disfrutar. Hay muchas formas de hacer reír por medio de diferentes productos y canales, como los videos y las fotografías, los podcast o las canciones, los memes y las caricaturas, hasta los shows en vivo y el stand up comedy, que al fin de cuentas, se han trasladado todos al entorno digital.

     

    James Alzate, trovador ,y Juandy, creadora de contenido digital, comparten sus ideas y experiencias sobre lo que es el humor.

     

     

     

    El humor se ha transformado desde diferentes perspectivas en un producto expresado con unas características particulares. Actualmente, uno de los más grandes cambios en el humor es lo digital y cómo el público lo está consumiendo a través de las redes sociales. En general existen muchos tipos de humor, que en definitiva se identifican y se diferencian por medio del canal qué se quiere transmitir la información.

     

    La censura en la era digital del humor

     

    “El mejor termómetro para una sociedad es el sentido del humor”, expresa James Alzate, Rey nacional la trova de la Feria de Manizales 2023, mientras reflexiona acerca del poder en el humor y sus limitantes en la sociedad.

     

    Desde pequeño se interesó por el arte y la cultura, empezando por el teatro hasta llegar a la trova gracias a Germán Carvajal, quien era su profesor. Durante 2005 y 2006 participó del proyecto “La familia Flores”, una iniciativa para promocionar la feria, que terminó en más de una década representando al personaje Cartucho. Desde ese momento, James comenzó a trovar y nunca se alejó de esta composición.

     

    Composición: Karen Bueno – Susana Katich

     

    Para James, lo digital en el humor es un simple apellido que acompaña algo que ya existía, un humor que ha evolucionado en la masificación de las redes y sus particularidades. Sin embargo, el trovador destaca el lado riesgoso de este panorama: “Cuando hay tantos espacios y canales de comunicación cualquier persona sale y dice cualquier cosa”. Es decir que, los humoristas tienen una responsabilidad ante sus comentarios por estos medios, “es más un llamado a la ética de lo que hacen y cómo lo hacen”, expresa Alzate.

     

    Un acto humorístico fácilmente llega a lo digital desde el mismo instante en que que se graba cualquier evento de comedia dentro de un bar, teatro, café, entre otros espacios que sin estas herramientas no tendrían la misma proyección. Ejemplos de ellos son espectáculos como Perros criollos o Del Humor y Otros Demonios, el contraste es que hay un público que paga por una boleta, firmando un tipo de contrato, como lo explica James, quién destaca que al comprar esa entrada, las personas están pagando por algo que ya deben saber a lo que van. Por su parte, en las redes sociales el panorama está abierto a cualquier interpretación sin ese preámbulo.

     

    Estos rasgos describen los riesgos del entorno digital, tanto para el humorista como para la sociedad. Dentro de una puesta en escena, el humorista y el público hacen un pacto de complicidad humorista positiva, en cambio dentro de las redes existe el riesgo de “la vulneración de unos derechos sobre una población que tiene unas luchas reivindicativas”, menciona James.

     

    Desde su perspectiva como creador humorista, Alzate sostiene que no solo existe ese riesgo de la diversificación del humor a lo digital, también entra en discusión lo peligrosas que pueden llegar a ser la censura y la cancelación. Recientemente, este concepto ha tomado protagonismo en lo digital por el efecto que puede llegar a producir la audiencia al consumir cualquier tipo de contenido. En consecuencia, la amenaza está realmente en la segmentación de los públicos, quiénes al exigir lo contrario a la reflexión, le dan paso al humorista para que radicalice más su discurso.

     

    Por eso, James Alzate insiste en que “hay que exigirle a los humoristas una mayor ética y no viceversa, no socialmente censurar a los humoristas o sea que cada uno sea dueño de sus límites y reconozca hasta dónde puede llegar”. En efecto, cada quién acomoda su narrativa según lo que le conviene, pero finalmente, en vez de generar una unión en la conversación, el público se pone en la posición de oprimir y quitar la libertad de expresión del otro. El joven rey de la trova cita como ejemplo el portal Actualidad Panamericana, quienes han llegado a “un humor mucho más consensuado” por la cancelación que han tenido en las redes sociales, concluye Alzate, e interpreta como desalentadores los cambios que le han restado un poco el chiste en este tipo de humor.

     

    Una revolución a través de los trazos

     

    Malbuena desde pequeño siempre se ha interesado por el arte. Su lugar preferido en el descanso siempre fue el salón, un espacio solo para él y sus garabatos. Actualmente, a sus 26 años, se encuentra estudiando Diseño Gráfico, sin dejar de largo su trayectoria como un joven revolucionario e interesado en las dinámicas políticas y sociales.

     

    Composición: Susana Katich – Karen Bueno.

     

    Desde 2015 comenzó en el mundo del activismo político, pero no de la manera convencional, sino a través de la caricatura, un formato donde la sátira y crítica se expresan sin miedo a nada. Fue así como en el Paro Nacional de 2021, Valbuena tomó fuerza entre aquellas voces que no desean ser silenciadas. Por medio de sus redes pudo desarrollar con fuerza los reclamos de todo un pueblo colombiano que estaba siendo censurado.

     

    Es un propósito que hoy en día mantiene en un vínculo amoroso por sus creaciones que brindan de una manera más digerible el contexto violento e injusto del país. “Siempre he pensado que este tipo de trabajos de humor gráfico no van a tener gran relevancia para hacer una revolución o transformar la conciencia colectiva de todo un país, pero sirven para un modo de reflexión, es un escape triste de la realidad que uno vive. Creo que te permite dar un respiro de todo lo agobiante que vives de distintas maneras”, menciona.

     

    Sin embargo, no todo ha sido color de rosa, porque a pesar de hacerse popular por la dura crítica hacia el Gobierno de Iván Duque, los comentarios de odio en las redes sobresalieron al manifestar desacuerdos con el Gobierno actual de Gustavo Petro. Fue un golpe que lo afectó pero que, pese a todo, le permitió dar un nuevo inicio a lo que hoy se ha convertido en su público: un espacio para confrontar y dialogar de temáticas incómodas.

     

     

    Los esfuerzos de Malbuena apuntan a un humor cero facilista y que va mucho más allá de ofender con estereotipos o problemas personales que solo nacen de la vulnerabilidad, como él lo menciona: “Hay humor para todo…Por ejemplo a mí me gusta el humor negro, es un tipo de humor que consumo por mi cuenta y nunca lo hago público pero lo disfruto. El humor no debe tener ningún limitante pero en mi caso siempre hay líneas rojas”.

     

    Por ello, manifiesta la importancia de abrir espacios en las dinámicas que envuelve el humor, en una actualidad que vive y se comunica a través de él de distintas maneras. “Cuando se toman posiciones muy radicales o extremas, se debe ir al debate, porque son temas que se deben hablar y cuestionar. Yo creo que no se debe cancelar a nadie por su opinión porque estamos en una democracia”, expresa el bogotano, con un timbre de voz elocuente y tranquilo.

     

    Tragedia, realidad y dolor: la esencia del stand up comedy

     

    Le apasiona la radio, la comedia, el cine y el teatro. Ella es Estefanía Useche, una comediante que actualmente se dedica al stand up comedy desde su cotidianidad en Medellín. “Está la forma en la que desde tu tragedia puedes aterrizar la información a la gente y cómo logras contarla”, explica la habitante de Bello, quien desde su humor sutil y picante se pone de ejemplo ante diferentes asuntos que la rodean en su día a día.

     

    Ser de Bello, haber tenido un Twingo, montar en taxi y pertenecer a la comunidad LGTBIQ+, son algunas de las temáticas que utiliza Estefanía como decisión personal, basado en lo que ella quiere sentir y finalmente disfrutar. El humor se ha transformado en un instrumento para llevar la información desde una crítica social acompañada de una postura individual. Esta fue la forma de empezar a contar las historias de una manera más entretenida y estructurada, dando origen a la creación de los monólogos humorísticos.

     

    Composición: Karen Bueno – Susana Katich

     

    “A mí no me gusta hacer comedia a costillas del dolor del otro”, menciona la comediante mientras enfatiza cómo la postura de ella, al igual que la de todos los comediantes, se puede convertir en un instrumento de información con la posibilidad y el permiso de ponerse como ejemplo ante muchos temas difíciles desde sus propias vidas y tragedias. La esencia del stand up comedy, al igual que la de cualquier persona, se resume en la realidad y el dolor.

     

    Además de la comedia, Estefanía es comunicadora social y periodista de Uniminuto, premiada como la mejor egresada de su facultad. Desde su profesión, sin limitar las cinco principales formas de ejercer la carrera, ella también desempeña la tarea de observar. Desde un parque o cualquier otro lugar o situación, esto se convierte en fuente de información al ver qué pasa en frente de sus ojos para transformarlo en material de comedia.

     

    Sin embargo, entre más íntimo se haga el humor, más funciona para el público que también vive cualquier situación similar. Ser de Bello se convirtió en un puente para “matar esos prejuicios”, aunque en un comienzo la gente se ofendió pero terminó siendo un forma de comparación donde las personas se divertían, expresa ella. Incluso, el humor es la posibildad de ser sinceros y honestos, sin caer en un bucle o burbuja de esconderse detrás del papel del comediante.

     

    A fin de cuentas, para Estefanía es innecesario entrar en la discusión de explicar su comedia ante quienes no entienden el humor y suelen ofenderse. Esto se reduce a sacar la realidad a un contexto divertido, algo que la inteligencia artificial todavía no podría reemplazar por la cuota de humanidad que utiliza el humor, la esencia del stand up comedy.

     

    Finalmente, ponerse como ejemplo logra empatizar con el público, quien se puede sentir identificado. La comedia es la forma de hacer reflexión y voltear el panorama ante esas situaciones de la cotidianidad. Useche afirma que la dificultad más grande es que “no nos enseñaron a reír de lo cotidiano, constantemente había una castración ante la comedia”, concluye, con la idea de que cada día se aprende a desbloquear nuevas formas de hacer reír desde la tragedia o lo inesperado.

     

    Una muestra genuina de los 2000

     

    No hay día en que Juandy no se muestre como ella es. A través de sus relatos de desamor, su vida con el centro de Medellín, sus reinados de moda y su encanto por las telenovelas viejas la han posicionado como una digna tía que hoy en día reina en las redes sociales, como una mujer auténtica que da inspiración a su comunidad de cibernautas.

     

    Composición: Susana Katich – Karen Bueno

     

    Juandy comunica por medio de sus contenidos un humor negro, pero más encaminado a mostrar lo gracioso y lo honesto de su propia tragedia, que termina siendo una conexión transparente y liviana con un público que se siente identificado y cercano con lo que comparte en su día a día.

     

    Su humor sarcástico ha logrado conectar con una audiencia que justamente se siente representada en esa imagen que muestra. Desde la personificación y lo divertido de su humor, Juandy ha identificado situaciones donde “la gente no encuentra la manera de unir las palabras o exponer algo”, menciona con un sentimiento de orgullo ante lo que ha logrado sus contenidos. De hecho, para ese tipo de público que no sabe cómo expresar lo que siente, la risa se convierte en un medio para alcanzar esa representación de sí mismo, siendo “la sátira un buena herramienta comunicativa en el humor para lograr llegar un poco más a la gente”, agrega.

     

    Reírse de la complejidad siempre ha sido algo característico en los años que lleva compartiendo sus narrativas de vida. Desde los once se ha construido a través de los recuerdos de infancia de muchos de nosotros. Artistas, series, accesorios y ropa se visten en aquella personalidad espontánea que ríe en la trágica ciudad de las montañas, sin necesidad de atacar y sacar de los dolores ajenos unas risas pasajeras. “Yo creo que hay que saber cuándo sí y cuándo no. Antes de dar una información hay que corroborar, porque uno no opina de lo que no sabe”, expresa con un tono paciente.

     

    Para Juandy la moda y sus referentes han sido un acercamiento a crear esa identidad que le apasiona y la representa. “Siempre he sido muy fiel a mí misma, siempre he sido muy yo”, enfatiza al conversar sobre su autenticidad y originalidad dentro de una red saturada de personajes y contenidos. Para ella, la moda y las tendencias “dosmileras” fueron una canal para crear, tomar y hacer de esos gustos, una persona auténtica que disfruta cuando le llega a otras personas que se inspiran de ella. Esto la hace entender que su audiencia está disfrutando y le está gustando lo que les llega finalmente.

     

    Referentes como Britney Spears, Paris Hilton, Anahí y Mia Colucci, han sido el camino que Juandy ha tomado para mostrarse como realmente se siente y disfruta, pero Britney Spears será un referente que siempre estará en el primer lugar como su favorita. Con estas referencias, ella consigue retratar el humor desde un ámbito íntimo, dinámico y cercano que inspira a los demás a alzar su voz de una manera auténtica, como siempre lo han querido.

     

    Los retos del humor en las plataformas digitales

     

    La comedia y el mercadeo se han convertido actualmente en una compañía de negocios para muchas empresas que quieren prosperar. Es un eje central que genera emoción, recuerdo y ayuda a la estrategia de muchas marcas, las cuales han buscado un campo de éxito a través de la temática humorística.

     

    Paola Hincapié, docente de la Universidad Pontificia Bolivariana y directora de contenidos de El Grifo, se ha interesado en investigar las comunicaciones a través de la tecnología y sus tendencias; las cuales permean constantemente nuestras relaciones no solo como audiencias sino también como personas de la cotidianidad.

     

    Composición: Susana Katich – Karen Bueno.

     

    Las herramientas que las marcas pueden utilizar no son las más efectivas en algunas ocasiones en las que no hay conexión con el tipo de público en las redes. Hincapié señala que: “El humor puede hacer parte de la estrategia pero a veces, teniendo en cuenta la coherencia de la marca, no puede estar en gran porcentaje”.

     

    Un ejemplo claro es Billie, una cuenta dedicada a la promoción de rasuradoras, que, con base en las contratendencias, convierte la experiencia del vello como un espacio para reír a través del empoderamiento y el feminismo. Es una forma diferente de expresar la belleza, a través de un trato divertido pero respetuoso que incluye a todas las usuarias en temáticas que a veces son incómodas y caóticas. “Me encanta poner de ejemplo esta marca porque es coherente con los tiempos de hoy y comprende las tendencias que hay. No señala a la nena que no se quiere motilar sino que la reconoce; generan conversación y un juego lindo y divertido”, resalta Paola.

     

    A partir de este ejemplo, Paola menciona la importancia de entender el humor y su complejidad como una perspectiva que no se puede tomar a la ligera. “El humor termina siendo una herramienta que ayuda a la conexión de las audiencias pero el humor no es fácil, digamos que hacer una conexión en ese sentido implica un talento y una habilidad, que se empieza a perfilar desde la comunicación”.

     

    La cultura de la cancelación, ha sido el miedo latente de muchas empresas, las cuales, a pesar de su deseo de ganar corazones, han hecho todo lo contrario al no conocer las macrotendencias, como un elemento clave que hace entender el entorno y los límites que este expone en los universos digitales.

     

    “El tema de la cancelación siempre ha existido y es una consecuencia de las tendencias que estamos teniendo ahora. Por eso es importante que la marca tenga claro su valor diferenciador, sus audiencias y que siempre esté comunicando su valor para que puedan ser audiencias coherentes. Tú nunca te puedes fijar en la competencia y es uno de los cambios que ha tenido el marketing”. expresa Paola, sobre la importancia de investigar el comportamiento del consumidor en un mundo cada vez más acelerado y de cambios repentinos.

     

    De remate

     

    Desde internet y las redes sociales, los límites del humor se cruzan con el algortimo, que arroja todo tipo de contenido, aunque no sea de agrado para el usuario. En realidad, el humor desde el entorno digital está generando pequeños nichos de consumo en las audiencias, imposibilitando crear conversaciones incómodas o reflexivas que son necesarias para la construcción y sentido del humor dentro de estas plataformas.

     

    Para el trovador James Alzate, el humor finalmente termina siendo a la larga un producto, con su línea gráfica, su público objetivo, su mensaje, sus estrategias digitales, entre otros factores que se dedican a llevar el mensaje a su usuario o cliente final. Esto, en definitiva, termina siendo limitante ante una diversificación y masificación de contenidos en la red que solamente le están hablando a su nicho específico, como en su momento lo fue Juanpis González.

     

    Los límites del humor terminan siendo un paradigma ético que no debe censurar, sino, por el contrario, abrir nuevos espacios que permitan exponer la voz y posición del otro, como propósito de aprendizaje y entendimiento en espirales violentos y caprichosos que hoy tenemos el derecho de manejar como usuarios en nuestros diferentes contextos.

     

     

     

  • Los rebeldes. Relato de dos alfares

     

    Dos historias que nacen y crecen en el barro,

    dos formas de convertir la vida en un acto de resistencia.

     

    Por: Federico Hoyos Gutiérrez y Maria José Ánjel Cantero

     

    En un edificio de apartamentos en el sector de El Poblado hay una habitación que dejó de serlo; ahora es un taller de cerámica. Tarde fresca. La ventana está abierta. El viento balancea las cortinas de lino, cuya delgadez permite adivinar el paisaje urbano y el declinar de los colores que llevan el día hacia la noche. El piso es de madera, embellecido por las vetas.

     

    Hay dos máquinas de torno y dos estanterías; una repleta de utensilios de barro, otra con esmaltes, pinceles, paletas de colores, moldes, rodillos, espátulas, estecas, desvastadores, hilos de nailon y hasta una pistola de calor.

     

    También hay una tabla de yeso, la misma donde Mariana Carreño Uribe amasa un pedazo de arcilla como si fuera un pan. Lo rueda hacia adelante y hacia atrás. Lo comprime y lo alarga con la palma de las manos, lo golpea, lo estruja, lo aplasta y vuelve a empezar. El proceso ha de repetirse una y otra vez hasta asegurarse de que no hayan burbujas de aire que podrían hacer estallar en pedazos a la futura pieza durante la cocción en el horno.

     

    Mariana se sienta frente a la máquina de torno, coloca la masa de arcilla en el centro, pisa el pedal y el torno comienza a girar. “El torno se mueve en espiral. Las hojas nacen en forma de espiral, los huracanes y las galaxias son en forma de espiral… Entonces tú estás creando con el movimiento del universo”, dice la ceramista.

     

    Es una mujer de veinticinco años. Viste de overol y anda descalza. Su piel es de un blanco rosáceo. Su rostro pálido se colorea apenas le preguntan sobre su oficio como ceramista. Sus brazos están tatuados con figuras de volutas florales. El iris de sus ojos es gris como la arcilla que acarician sus manos. Un piercing cuelga de su nariz. Los rizos de su cabello castaño son tan movedizos como su espíritu.

     

    El primer paso para dar forma a cualquier pieza de barro es el centrado. Mariana utiliza la base de la palma de las manos haciendo presión uniforme hacia abajo hasta generar una forma completamente simétrica. Su cerebro pregunta y ordena, sus manos responden y hacen.

     

    “Cualquier cosa que uses en la vida tiene profundidad, diámetro y altura. Eso es lo que vamos a hacer en este momento”, dice Mariana con la paciencia de un maestro.

     

    Primero, la profundidad. Usa los dedos pulgares para ahuecar la arcilla. Luego, el diámetro. Toma una esponja, la remoja y esparce un poco de agua por la pieza que gira incesantemente en el torno. Al humedecerla, la hace más maleable, el barro se vuelve más obediente. “El barro es como las personas, necesita que lo traten bien”, escribió Saramago en La caverna.

     

    Coloca la palma de la mano por fuera de la pieza y el dedo pulgar dentro del hueco de la misma. Empuja lenta y consistentemente el pulgar, como si quisiera juntarlo con la palma de las manos. Y así, con movimientos y caricias tan ligeros como una seda, el hueco que hace segundos era diminuto, se ha hecho grande. Hecho el diámetro, Mariana procede a pulir el fondo de la pieza con la espuma.

     

    Finalmente viene la altura. Con el movimiento delicado de los nudillos hacia arriba, comenzando por la base, va levantando las paredes de la pieza, estirándola hasta alcanzar la altura deseada.

     

    Con las puntas de los dedos índice y corazón ejerce una presión firme pero suave hasta modelar y definir los bordes de lo que será un jarrón. “No es solo una pieza, es un contenedor de emociones”, insiste Carreño.

     

    Es momento del arte, llega la impronta del artista. Aquí es cuando las manos de Mariana juegan con el jarrón, haciéndole una especie de cinturas y barrigas a la pieza.

     

    “Cuando estoy ahí (en el torno) estoy siendo mi yo más auténtica. No tengo nada que esconder, soy completamente sincera conmigo. Es como entrar en una meditación. Es una comunicación, un baile”.

     

    Mariana suelta el pedal, el huracanado torno deja de girar. El jarrón queda tan perfecto que dan ganas de ponerle flores. Pero el barro aún está crudo. Hay que rociar la pieza con una pistola de calor, esperar un tiempo prudente a que se seque para luego cocerla en un horno eléctrico a 1200 ºC.

     

    Ama Estudio Cerámico, así se llama el taller de Mariana Carreño, en donde esta ceramista “hace el amor” con el barro, según explica.

    Fotos: Federico Hoyos – María José Ánjel.

     

    Punto de inflexión

     

    Para Mariana, el barro significa el antes y el después de su existencia. De chiquita le encantaba jugar con plastilina, sin embargo sus padres trataron de alejarla de su lado artístico y llevarla por las sendas de una profesión más intelectual.

     

    Mariana era una chica sin norte claro. Cargada de miedos e inseguridades, cursó estudios de Negocios Internacionales, Psicología y Comunicación Social, dejándolos inconclusos todos. “Yo no sabía qué hacer con mi vida, era una persona muy oscurita, un poco deprimida… Yo no daba ni un peso por mí”, confiesa.

     

    Decidió cambiar de aires. Se fue de intercambio para Canadá, hizo cursos de maquillaje y se metió a clases de escultura, arte del que se enamoró perdidamente. Cuando regresó a Colombia, se inscribió a un taller de cerámica. La primera vez “Me fue pésimo. No di pie con bola en el el torno, pero yo dije: ‘este es mi lugar’ ”.

     

    En tiempos pandémicos compró una máquina de torno, luego otra y se pasó los meses del confinamiento practicando, dialogando con la arcilla. Con la complicidad silenciosa del tiempo y la paciencia, sus destrezas mejoraron hasta que se independizó de su maestra y fundó su propio taller de cerámica.

     

    Las vivencias moldean los pensamientos como las manos al barro. Mariana nunca se imaginó que se convertiría en profesora. Actualmente cuenta con 13 alumnos. Da clases de lunes a sábado. Su interés no es formar ceramistas, sino ayudar a sus pupilos a canalizar sentimientos y emociones mediante la elaboración de piezas que les sobrevivan a ellos. El taller se llama Ama Estudio Cerámico. ¿La razón? “Uno viene acá a hacer el amor con el barro”, dice Mariana.

     

    Frente a la pregunta inevitable de cómo se siente al ejercer un oficio que cada vez es menos popular, la ceramista contesta: “Nosotros, los rebeldes, no dejamos que la cerámica muera”.

     

    Rebeldía rima con maestría

     

    En medio de la reserva natural La Providencia, ubicada en el municipio de Guatapé, vive otro rebelde de la cerámica: José Ignacio Vélez Puerta. Tiene rostro de barba plateada que dibuja una sonrisa de hombre feliz. “Lo que yo hago siempre está muy ligado a lo que yo amo”, afirma. Viste suéter de rayas horizontales, bluyines, tenis de cuero y un delantal gris. Lleva puesto un sombrero de paja, parecido al de Tom Sawyer.

     

    Su casa y su taller, de paredes de tapia y arquitectura campesina, están rodeados por árboles que él y su esposa han sembrado durante veinticinco años: saucos, guamos, chaparros, guayacanes, chagualos, guacamayos, aguacateros, ojos de pava y árboles siete cueros.

     

    Antes de abrir las puertas del taller, José Ignacio se quita el sombrero, con el respeto de un feligrés que entra en el templo. Se pone las gafas. Conversa mientras restaura el asa de un jarrón, actividad que realiza con la precisión de un cirujano. A los 63 años cada una de las falanges de sus dedos está cargada de enseñanzas y recuerdos.

     

    “En cerámica no hay basura”. José explica que una pieza de cerámica puede triturarse, convertirse en arena, mezclarse y reciclarse con la arcilla cruda, lo cual da como resultado el chamote, un compuesto que permite construir piezas con mayor resistencia y durabilidad.

     

    Desde los doce años tomó la decisión irrevocable de ser artista. Primero incursionó en el dibujo, luego en la pintura, después en el grabado, en la escultura y, finalmente, en la cerámica. A los diecisiete se enamoró del torno gracias a Pablo Jaramillo, profesor suyo en la Universidad Pontificia Bolivariana.

     

    Fueron tres experiencias que orientaron su trayectoria como artista de la cerámica: su formación en la escuela de Porta Romana en Florencia (Italia) y en la Escuela de Artes de Segovia (España). En Sargadelos, Galicia, conoció a Arcadio Blasco, quién se convertiría en su maestro. Bajo la guía de Blasco comprendió que la cerámica podía sacarse de los espacios cotidianos del hogar y trasladarlos a espacios urbanos.

     

    Coherente con su rebeldía, se graduó como diseñador industrial con una tesis en contra de esa profesión: Utensilios inmuebles de zonas rurales colombianas. El trabajo, realizado con su esposa, consistió en rescatar los objetos que los campesinos colombianos hacían en su casa por la necesidad que obliga, en muchos casos, las condiciones de pobreza y olvido estatal.

     

    Un artista amante del oficio

     

    José Ignacio se autodefine como un artista cerámico. Para él no hay distinción entre el artesano, el artista y el diseñador; son tres actividades que se funden en una sola. Según Vélez “el oficio es necesario para realizar cualquier trabajo artístico”. Él mismo saca la tierra, la mezcla con agua, la bate, amasa la pasta, tornea las piezas, las seca y las pone a cocer en el horno. Al entrar en contacto con el calor, las moléculas de barro se vitrifican e impermeabilizan, y algunas se inmortalizan.

     

    Su obra es tan amplia que podría hacerse un museo con ella. Los cortes de tierra, las montañas, las texturas, las raíces y las nubes han sido la fuente de inspiración de sus creaciones, entre las que se encuentran desde tazones diminutos hasta esculturas de mastodónticas proporciones. Todas las ideas tienen el mismo punto de partida: una libreta y un lápiz para dibujar bocetos cuyos trazos reciben inspiración de las Musas.

     

    A finales de los 80 llegó a El Carmen de Viboral, lugar que lo transformó a él y que él también transformó. Contrario a lo que se ha pensado, este municipio no tenía una vocación alfarera, sino industrial. Fue José Ignacio quién le enseñó a los carmelitanos los secretos del barro: a tornearlo, a modelarlo, a decorarlo y, sobre todo, a diseñarlo. Una de las satisfacciones más grandes de Vélez es el hecho de haber contribuido a conceptualizar el arte cerámico en este municipio del oriente antioqueño.

     

    En El Carmen está la impronta de José Ignacio. Fue él quien diseñó la Calle de las Arcillas, la de la Cerámica y el parque principal. Sin embargo, un gobernante miope, carente de cultura (y quizá también de inteligencia) no permitió que apareciera el nombre de José Ignacio en esos lugares. Pese a ello, la posteridad no es una prioridad para este artista cerámico. Vélez deja claro que: “Mi proyecto fundamental no es El Carmen, es mi vida”.

     

    Un recorrido por los espacios y herramientas del arte de José Ignacio Vélez, quien no solo es artista cerámico, sino también pintor. La maestría se hala en los detalles del proceso de sus obras, desde el horno de leña, pasando por las herramientas y esmaltes, hasta los primeros acabados de cada pieza y los distintos resultados finales. Fotos: María José Ánjel – Federico Hoyos.

     

    El camino se hace al andar

     

    Vive tranquilo porque se levanta todos los días a trabajar. No es religioso, pero sí espiritual. “Amo a Buda, adoro a Lao Tsé y adoro a Jesús”. No le tiene miedo a la muerte. Se refiere a ella con la serenidad de un estoico.

     

    Maria Patricia se llama su esposa, compañera de sus días. José le llama por su apodo: Tati. Ella tiene la piel bronceada. Algunas canas se le asoman sobre el cabello, negro como el azabache. También es diseñadora industrial, también es manual y también es artista. A diferencia de José, no se dedica a la cerámica, sino al tejido. Quizá ella misma haya bordado las figuras florales que adornan su camisa azul celeste que lleva puesta. Maria Patricia también tiene su taller en medio de la reserva natural. Allí hay un telar. Lo quiere tanto como su marido al horno.

     

    José sale del taller y se dirige al lugar sagrado de todo alfarero: el horno. A diferencia del de Mariana, este no es eléctrico, sino de leña. Está vacío pero, al cerrar los ojos, es posible imaginarlo con las puertas cerradas y las piezas arcillosas adentro recibiendo la primera llama de leña, las primeras vaharadas de calor rodeándolas como una caricia, el aire arremolinándose, el centelleo titilante de la brasa, el deslumbramiento y las llamaradas del fuego, el humo saliendo a borbotones por la chimenea. Para un alfarero en general, y para un artista cerámico en particular, alejarse del horno es como alejarse de la vida. Lo más bello de este oficio no es solamente sopesar lo acontecido, sino también lo que ha de acontecer.

     

    Frente a la pregunta de por qué prefiere el fuego al momento de cocer las piezas, responde: “Las cosas salen más lindas. Es como si uno tuviera un diálogo con la pieza”. Cuenta José que este horno fue construido con materiales de otro horno: el de Samuel Pareja, ceramista carmelitano. Por eso Vélez lo cuida con un cariño casi humano. Un homenaje a esos hornos que estuvieron y dejaron de estar, porque los derribaron sin piedad. Hay que volver a Saramago: el Nobel portugués decía que destruir una creación ajena sería borrar de la faz de la tierra a su creador.

     

    El material plástico de la naturaleza

     

    La arcilla es el resultado de la descomposición de ciertas rocas que se encuentran en las montañas. Las lluvias provocan la erosión de éstas y las partículas arcillosas son arrastradas por los ríos. Este material, crudo y maleable, capaz de adoptar una infinidad de formas que sólo la imaginación puede limitar, está compuesto de alúmina, sílice potasio, sodio, hierro, calcio, feldespato, y muchos otros componentes que no alcanzaría el espacio para nombrarlos todos.

     

    “La cerámica es el término empleado para referirse a toda pieza de arcilla que ha pasado por un proceso de cocción y que, al perder el agua, se transforma químicamente en un material pétreo, incapaz de volver al estado arcilloso original”, afirma Claudia Lam Onuma en el libro Cerámica a mano.

     

    Existen innumerables tipos de cerámica, pero hay tres muy comunes: la terracota: opaca y porosa, su estructura química se compone de óxido ferroso, que le proporciona el color rojizo. La temperatura de cocción está entre los 700 y 900 ºC. El gres: de color grisáceo, opaco y pétreo. Su temperatura de cochura llega hasta los 1250 ºC. Y la porcelana, cerámica translúcida que se cuece hasta los 1300 ºC.

     

    José Saramago escribió que las palabras no son cosas pero las designan lo mejor que pueden. El término cerámica proviene del griego keramikos, que significa ‘alfarería’. Sin embargo, “la práctica de elaborar figuras, vasijas y otros objetos de arcilla es mucho más antigua que la palabra”, cuentan Liz Wilhide y Susie Hodge en el libro Cerámica, un recorrido por la historia, las técnicas y los ceramistas más destacados.

     

    El nexo entre el hombre y el pasado

     

    La cerámica ha sido fiel compañera de la humanidad durante siglos en la vida doméstica: platos, tazas, vasijas, cuencos, jarrones, teteras, botijos, cántaros, macetas… Muchas de estas piezas no las vimos nacer y tampoco las veremos morir.

     

    “Donde hay humanos, hay cerámica”, explica la historiadora Maria Alejandra González. Todas las civilizaciones han tenido contacto con la arcilla debido a que se trata de la exploración de un material procedente de la tierra, de la cual proviene la vida.

     

    Se ha dicho que en tiempos antiquísimos, de los que no queda ni registro ni memoria, Dios modeló al hombre con el barro de la tierra que él mismo había creado. Y después, con un soplo en la nariz, le otorgó la respiración y la vida. “Nada sale de la nada”, afirma el filósofo y escritor Memo Ánjel, citando a Aristóteles.

     

    No hay certeza sobre cuál fue la primera civilización en descubrir el arte cerámico. Cada hallazgo ofrece nuevas pistas y reescribe la historia. Las objetos más antiguos encontrados hasta el momento son las llamadas Venus, unas estatuillas oscuras, hechas de barro y polvo de huesos que datan entre los años 29000 y 25000 A.C., cuyo hallazgo aconteció en la República Checa en 1925. Hasta hoy, su significado ritual continúa siendo un enigma. Aproximadamente entre los años 6000 – 2400 antes de nuestra era, se produjo la invención del torno en Mesopotamia.

     

    González explica que la cerámica comenzó a tener un uso cotidiano en el Neolítico, especialmente para la cocción de alimentos y la fermentación de los licores, acontecimientos que favorecieron el sedentarismo, las congregaciones sociales y los ritos religiosos en las comunidades humanas.

     

    Los chinos jugaron un papel preponderante en la evolución del arte cerámico. Durante la Dinastía Tang (618 – 907 d. C.) se popularizó el té, y en consecuencia, aumentó la demanda de juegos de porcelana para servir esta bebida. La Ruta de la Seda fomentó el comercio con Occidente. Así fue como la porcelana llegó al Viejo Continente y conquistó la mirada de los europeos, quienes inicialmente no sabían cómo fabricar este material.

     

    Pasaron muchos años hasta que en 1709, un alquimista alemán de nombre Johann Friedrich Bötger, en medio de alambiques inciertos y con el propósito de hacer oro, descubrió por accidente la fórmula de la porcelana auténtica.

     

    Hace 15 siglos muchas civilizaciones precolombinas cocían el barro en hornos abiertos, hechos de piedra. Un ejemplo de ello son los mochicas, pueblos indígenas que habitaron en la costa septentrional del Perú. Ellos construyeron con barro fascinantes inventarios de la flora y la fauna, pero también de su mundo real e imaginario.

     

    “El alfarero mochica moldeaba en su materia plástica todo lo que veían sus ojos de artista creador: los hombres y los animales, los pájaros y las frutas, las legumbres y los objetos más comunes de la vida diaria”, escribió el periodista ecuatoriano Jorge Carrera Andrade en un reportaje para la revista El correo de la UNESCO, en 1955. La civilización mochica supo vivir en paz con sus vecinos y dedicar tiempo a la agricultura, la construcción de acueductos y el cultivo de las artes plásticas.

     

    A su manera, los mochicas eran cronistas de la cerámica. “Cada objeto de arcilla es un documento fidedigno”, apuntó Jorge Carrera. Arqueólogos han descubierto vasijas antropomórficas donde se reflejan los conocimientos de anatomía que poseían los artistas mochicas, además de la gran “penetración psicológica” y diversidad humana: figuras de magnates ataviados con cetro y corona, agricultores negroides con labios prominentes y nariz aguileña, hasta la figura de un mendigo tatuado y tuerto atacado en el cuello por un puma. También elaboraban cálices y sonajeros para las festividades religiosas.

     

    El regreso de los rebeldes

     

    El escritor Memo Ánjel ha dicho que las cosas existen cuando se tocan porque el tacto es el más honesto de los sentidos. La dirección e intensidad de la luz afectan la percepción visual de los objetos, la ira y el enamoramiento distorsionan las palabras que se escuchan, el hambre confunde el olfato y exalta el gusto. En otras palabras, el tacto no sucumbe ante los caprichos del espíritu.

     

    Para los rebeldes de la cerámica, como José Ignacio Vélez y Mariana Carreño, el ser humano siempre tendrá que volver a sus principios para recordar de dónde viene, reconectarse con su ser interior, y así, renacer.

     

    Según Vélez, “En el mundo cerámico están los otros tres elementos que conocemos en el mundo occidental: el agua, es quien hace fluir esa tierra; el aire, es quien la hace permanecer y el fuego, que convierte esos cuatro elementos en algo eterno dispuesto a habitar el planeta por siempre. Eso que es la materia, convierte los sueños en realidad”.

     

    Dicen por ahí que del trabajo del hombre dan razón sus manos.

     

     

     

     

  • Un aniversario al murmullo del río

     

    Por Camilo Pérez Montoya / camilo.perezm@upb.edu.co

     

    En el marco de la celebración de sus 40 años, la Filarmónica de Medellín inició una serie de Serenatas por los lugares más emblemáticos de la ciudad en búsqueda de compartir con la ciudadanía la alegría por su trayectoria. La segunda de sus serenatas fue una carta de amor al río.

     

    El día empezó con los trompetazos de la 20th Century Fox. El quinteto de metales y la batería de la Filarmónica de Medellín anunciaba a la ciudad su cuadragésimo aniversario y se disponía a cantarle a su villa y a la espina dorsal que le dio vida a esta: era una Serenata al Río porque “al río también hay que agradecerle”, diría más tarde Gonzalo Ospina, concertino de la agrupación. Desde el puente peatonal de la estación Ayurá, inició la serie de tres conciertos con las bandas sonoras más reconocidas del cine con las que la Filarmónica quiso celebrar su cumpleaños.

     

    Frente a la planta de tratamiento de aguas de Ayurá, la Filarmónica inició su recorrido por el río. Foto: Camilo Pérez.

     

    Mientras la trompeta de Frank Londoño marcaba las primeras notas del tema de La pantera rosa, la gente se empezaba a reunir curiosa y con sonrisas entre la nostalgia y el asombro alrededor de los seis músicos que tocaban bajo la imagen de La niña María, del artista Humberto Pérez, que se pintó en los años 90 buscando proteger al metro de los atentados con bombas que acechaban la ciudad.

     

    En esa sonata para balas y esquirlas que fue Medellín desde principios de los 80, en un garaje del barrio Belén, nació la Filarmónica con 42 músicos bajo la batuta de Alberto Correa, médico de la Universidad de Antioquia y fundador de la orquesta. Desde entonces, entre Beethoven y Wagner, John Williams y Ennio Morricone; los metales, maderas y cuerdas han resonado entre los recovecos de las montañas de la ciudad. “Es muy importante mantener estas orquestas y estos eventos culturales porque son los que le dan conciencia a la sociedad. Lo vivimos en los confinamientos cuando estuvimos encerrados y la gente se aferró al arte. Son espacios vitales para las sociedades”, diría Londoño luego de que las dos trompetas, el corno, el trombón, la tuba y la batería terminaran el primer concierto con las notas de la Star Wars de George Lucas.

     

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    Serenatas es un espacio que la Filarmónica pensó para celebrar en puntos específicos de la ciudad el acontecer de sus 40 años en los que los ha acompañado la ciudadanía. Sacar los conciertos de los teatros y acercarlos a la gente es uno de los propósitos principales de la orquesta con estos espacios. “Uno de los espacios esenciales para ser transformación en nuestra ciudad, es llegar al Centro, a las iglesias, al Museo de Antioquia, a cada una de las calles que son puntos de partida de Medellín, este año cumplimos 40 años y le llevaremos serenatas a los lugares que nos han abrazado y han sido hogar”, reza su página web.

     

    El puente de Guayaquil fue el segundo en ser construido en la ciudad, fue uno de los espacios de celebración de la Sinfónica. Foto Camilo Pérez.

     

    El puente de Guayaquil fue el segundo en ser construido en la ciudad. Siguiendo la búsqueda del río hacia el Norte, la siguiente parada fue el puente de Guayaquil. En 1876, cuando solo había dos puentes en la ciudad, Guayaquil se erigió símbolo del esfuerzo de la población por llegar al oriente del Valle, la Otrabanda, y hacer prosperar la que sería la capital industrial del país. Sobre esas mismas piedras, el ensamble de cuerdas de la Filarmónica preparaba otras tres piezas para convocar a los deportistas que pasaban por la ciclorruta, fanáticos de la música clásica y curiosos que se acercaban al lugar.

     

    Rodolfo Ríos, guía turístico profesional y miembro de Asoguían, fue el encargado del preámbulo del concierto. En su discurso como en el de Ospina, el concertino que interpretaría el solo de la primera pieza, se denota la nostalgia por lo que fue el río, por la vida que le robaron las dos avenidas que lo flanquean y la contaminación que le imprime el brillo café sobre el que se reflejaba el sol del Valle de Aburrá. La lista de Schindler de Williams, Il Postino de Bacalov y Cinema Paradiso de Morricone fueron las bandas sonoras escogidas que sonaban por encima del suave murmullo del río, la fluidez eléctrica del metro y el estruendo metálico de los carros en la avenida Regional.

     

    “Qué más importante en Medellín que el río. Es la conexión y la desconexión de la ciudad”, decía Vania Abello, subdirectora de Programación de la Filarmónica. Resalta que, en estos 40 años, la Filarmónica le ha dejado a la ciudad “mucha cultura, música y transformación. La orquesta no solo toca música, sino que tiene otros proyectos que le apuntan a lo social y eso ha ayudado a construir una ciudad donde podamos todos ser un poquito mejores desde nuestro compartir en el arte”. Y en sentido contrario, Abello afirma que la Filarmónica le debe todo a la ciudad, y concluye que: “Es increíble que, en una ciudad como Medellín, con las problemáticas que tuvo en el momento en que la orquesta se fundó, haya permitido que esta siga viva y construyendo a través de la cultura”.

     

    Como el pequeño teatro de la película Cinema Paradiso, que sobrevivió a los vaivenes de la Segunda Guerra Mundial en Italia, la orquesta se siente a sí misma como un obelisco vivo a la resistencia de la ciudad y a los procesos artísticos transformadores que hicieron de esta una Medellín más en paz.

     

    Escucha una experiencia inmersiva de la Serenata al Río de la Filarmónica de Medellín

     

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    En Parques del Río se reunió toda la orquesta para el acto final de su conmemoración al río Medellín. Todos los instrumentos afinaron al son de las primeras notas de El preso de Fruko y sus Tesos y Ospina se plantó en el atrio a dirigir. El ensamble, que desde 2022 es dirigido por el israelí David Greilsammer, rápidamente se rodeó de gente de todas las edades. Entre el público, la gente exclamaba la emoción por escuchar la música de las películas de su infancia y el entusiasmo porque la ciudad siguiera proponiendo espacios de ese tipo. “Tenemos la ventaja de la fortuna de ser una orquesta que puede adaptarse a muchos y diferentes tipos de repertorios”, anotaba Ospina mientras preparaba al público para el concierto. La versatilidad de la orquesta, que en su último concierto de temporada interpretó obras de Tchaikovsky y Wagner, quedaría demostrada en la amplitud de las piezas que empezaron con la apertura de 2001: Odisea en el espacio, pasando por los instrumentales de Tom y Jerry, Bugs Bunny, Jurassic Park y King Kong hasta Avengers y James Bond.

     

    Ospina levanta las manos mientras dirige un medley de bandas sonoras de caricaturas. Foto: Camilo Pérez.

     

    Sebastián Gutiérrez, quien seguía los conciertos fielmente desde Ayurá, filmaba con emoción los movimientos finales de la orquesta. “Son espacios para conectarse con lo espiritual, porque la música para mí viene del alma”, dijo al final del concierto cuando entre aplausos ovacionaban a los músicos de la Filarmónica. El 15 de abril, durante su concierto oficial de aniversario, el maestro Alberto Correa dirigió el conjunto como lo hizo por primera vez hace 40 años. La Filarmónica se siente viva y se siente de la gente. Desde los arcos que hacen sonar las cuerdas y los pulmones detrás de los metales le dice a la ciudad que aún quedan nuevas melodías por escuchar.

  • Una decisión llamada Arte 13

     

    Sara Rodríguez Lopera / sara.rodriguezlo@upb.edu.co

    En algún tiempo se pensó que los grupos al margen de la ley eran la única figura de poder y admiración para los jóvenes de la comuna 13. Ahora, son numerosas las iniciativas comunitarias que surgen como oportunidades para romper con este estereotipo. Una de ellas es el circo Arte 13, un espacio donde se despliegan, para la juventud, experiencias físicas, cognitivas y laborales que antes no existían, mediante la tarea de despertar la pasión por el arte circense.

     

    Estos artistas han logrado expresarse y despertar el interés de los más pequeños en un nuevo proyecto de vida.

    Foto: María Camila Acevedo Tangarife.

     

    La comuna San Javier, mejor conocida como la comuna 13, está ubicada en el occidente de la ciudad de Medellín; limita con las comunas Robledo y La América, y con los corregimientos de Alta Vista y San Cristóbal. Además, cuenta con 19 barrios, entre ellos, El Salado. Este limita con algunos otros barrios como 20 de Julio, Las Independencias y Nuevo Conquistadores.

     

    Esta zona del occidente de Medellín se hizo tristemente reconocida por su pasado violento tras la las operaciones militares del año 2002, pero hoy se le conoce más como un territorio que ha tomado el arte como herramienta de memoria y resiliencia, que convirtió el lugar en uno de los sitios turísticos más reconocidos en la ciudad, gracias a ofertas culturales como sus recorridos temáticos por la zona, entre los que se destaca el llamado Graffitour.

    La vida en El Salado, uno de estos barrios se hace en la calle, la casa solo es para dormir: los vendedores de “raspao” y platanitos fritos esperan a que los niños terminen su jornada escolar, en las panaderías se cierran negocios y las escaleras de la cancha de fútbol se vuelven el lugar donde los enamorados se encuentran para conversar. Mientras más se sube por las calles de este barrio, se ven más casitas que, por sus materiales, parecen recién llegadas, más mototaxis pitan y más estrecha se vuelve la acera, que llega incluso a desaparecer.

     

    A unas tres cuadras de El Salado comienza el Graffitour, un paseo entre lo turístico y la vida que llevan los habitantes de la comuna 13, pues se podría decir que algunas de sus paradas como la que se hace en la Unidad de Vida Articulada (UVA) Huellas de Vida de San Javier, la Casa de la Justicia 20 de Julio, la cancha San Javier Salado Arenilla, la Biblioteca Pública Comfenalco Centro Occidental y la Institución Educativa La Independencia – Sede amor al niño, no son especialmente atractivos para los turistas con ánimos de tomar fotos, beber cerveza y gastar en artesanías locales.

     

    Aun así, esto no significa que El Salado sea ajeno a la vida que cuenta el Graffitour, pues allí, de hecho, habitan personas que trabajan en el turismo y dependen de la sed, hambre y necesidad de distraerse de los visitantes. Una de las maneras más recurrentes que usan los habitantes de la comuna 13 para entretener y dar a conocer su historia es mediante el baile, junto al canto, el muralismo y, más recientemente, el circo. Ahí es donde Arte 13 ocupa un importante lugar.

    Vendedores de “raspao”, “mecato” y BonIce ubicados a la salida de la I. E. Educativa – Sede amor al niño, esperando a que los niños terminen su jornada escolar. Foto: Sara Rodríguez Lopera

     

    La UVA Huellas de Vida de San Javier y la Casa de la Justicia 20 de Julio son de los lugares más significativos e importantes dentro de la comuna de San Javier. Foto: Sara Rodríguez Lopera.

     

    Arte 13

    Autodefinida como “una organización artística dedicada a la formación de niños, niñas y juventudes en situación de vulnerabilidad”, Arte 13 es una organización juvenil que “se enfoca en las artes circenses como estrategia pedagógica para la transformación social (…) en donde se sostienen semilleros de circo social, que reflexionan en torno a diferentes problemáticas sociales”, según uno de sus líderes, Julián Salazar.

     

    Todo comenzó en lo que ahora es la UVA Huellas de Vida de San Javier, cuando la corporación Combos se encontraba realizando talleres para un proyecto de pedagogía vivencial. Entre estos talleres había uno para aprender a montar zancos. Para ese entonces, Julián Salazar, Sebastián Salazar y Alexis Cano cursaban noveno grado en la Institución Educativa La Independencia sede bachillerato y cuando vieron los zancos, se interesaron por cursar el taller.

     

    Una vez dominados los zancos y terminado el curso, un profesor les regaló seis pares de estos artefactos para que continuaran practicando y de esta manera se convirtieron en los fundadores de lo que después sería toda una organización promotora del arte. A ellos se sumó su amigo Harold Arbeláez, quien recuerda que: “Cuando apenas estaba empezando Arte 13, bajábamos a practicar zancos en la sede de una corporación llamada ACJ (Asociación Cristiana de Jóvenes)”. Fue allí donde se regó la voz de que se estaba iniciando un circo. Poco a poco las personas se motivaron y el grupo comenzó a crecer, la comuna los reconocía como artistas y de allí salió su nombre. Más tarde, se gestionó con la I.E. La Independencia el préstamo de sus instalaciones para la práctica, pues además de que su ubicación era cerca y central, ya había colaborado para guardar materiales en iniciativas anteriores de sus egresados que participaban en el nuevo circo, por lo que mantenían intacto su vínculo con la institución.

    Chicos y chicas desde los 14 hasta 28 años llegaron a Arte 13 por dos razones: gracias a su descubrimiento en las múltiples presentaciones en el Graffitour y por medio de la invitación de un amigo o integrante del grupo. Hoy en día el grupo cuenta con alrededor de 33 integrantes; sin embargo, a los entrenamientos asisten unas 15 personas. Según los artistas, esta asistencia está alimentada por tres intereses: porque quieren aprender circo, porque el entrenamiento les permite entretenerse y divertirse, y porque los chicos pueden despejar su mente. Dicen que cuando se entrena no importa nada más que lo que se está haciendo; cada uno es libre de elegir qué quiere aprender, practicar o mejorar. A veces entrenan individualmente, otras veces se unen en pareja y cuando se van a hacer trucos en el aire, casi todo el grupo está presente para atajar a quien esté en la cima.

     

    De izquierda a derecha:

    Institución Educativa La Independencia – Sede amor al niño; donde se realizan los entrenamientos de Arte 13. Foto: Sara Rodríguez Lopera

    Harold Arbeláez en el papel de Clown y Sebastián Salazar como zanquista en la celebración del día del niño en la I. E. La Independencia – Sede amor al niño, primaria. Foto: Maria Camila Acevedo Tangarife.

    Julián Salazar durante una actividad en el Parque de El Poblado. Foto: Cortesía.

     

    Su hogar

    Antes de la pandemia, Arte 13 tenía una pequeña casa al lado de una de las famosas escaleras eléctricas; allí los turistas e interesados iban a aprender y apoyar el arte circense. De ese modo había una forma de sustento económico y de entretención para los chicos, esa era además la sede para planear los futuros proyectos. Sin embargo, durante el confinamiento no había quién riera con los clowns, se asombrara con los zanqueros, ni se entretuviera con los malabares; no había manera de pagar el arriendo y tuvieron que abandonar aquella casa que se había convertido en su segundo hogar. El lugar, que era el segundo piso de una construcción de tres, ahora pertenece al Museo de Café, que ocupa los tres niveles de la construcción.

     

    La I. E. La Independencia – Sede amor al niño, nunca dejó de ser el lugar de entrenamiento, pero ahora, los zancos, los disfraces y los monociclos debían guardarse en una pequeña bodega al lado del salón de música. La bodega, divida en tres secciones (una donde alojan los zancos, otra el vestuario y la última para las clavas, diábolos, cintas y demás), se convirtió entonces el reemplazo de la anterior casa.

     

    Antes de comenzar el entrenamiento, todo el grupo se reúne en un círculo para calentar y activar el cuerpo mediante juegos. Luego, cada quién decide qué hacer y con quién hacerlo. Foto: Sara Rodríguez Lopera.
    El Museo de café, antigua sede de Arte 13, es un espacio en el que los turistas conocen el proceso de esta bebida. Foto: Sara Rodríguez Lopera

    Aunque aparente ser pequeña, la bodega que sirve como nueva sede posee el suficiente espacio para alojar zancos de hasta tres metros de altura, más de 25 vestuarios y alrededor de 40 clavas. Foto: Sara Rodríguez Lopera.

     

    El día a día

    Cada miércoles y viernes a las seis y diez de la tarde, los chicos suben las escaleras que finalizan en la entrada del colegio. Dentro de él, un portero sentado en el lado derecho los espera y les da un apretón de manos después de abrir una corroída y ruidosa puerta metálica que deja ver el interior de la institución. Lo primero que se ve adelante es la cancha donde generalmente entrenan (cuando llueve lo hacen en el auditorio), a la derecha continúa un corredor que da a unas escaleras las cuales llevan, después de otro corredor, a la bodega donde almacenan sus pertenencias. A medida que van llegando los integrantes, se bajan los elementos con los que se desea practicar ese día y cuando el reloj comienza a pasar de las 6:15 de la tarde, el calentamiento inicia. Poco a poco van llegando los demás practicantes, provenientes del trabajo, estudio o de algún compromiso. Se quitan los jeans, se ponen pantaloneta o leggins, algunos se recogen el cabello y se unen al calentamiento. A las 7:40, 8:00 u 8:10 de la noche se termina el entrenamiento, a veces con más, otras veces con menos personas de las que llegaron al inicio.

     

    No es una fortaleza la puntualidad en Arte 13, ni a la llegada ni a la salida, pues la gran mayoría de los artistas trabaja, estudia o ayuda en la casa. Harold cuenta que cuando terminó bachillerato tuvo que retirarse por unos seis meses porque comenzó a trabajar para poder suplir sus necesidades. Hay integrantes del grupo que se van por días, meses, e incluso años y luego regresan. Harold cuenta que, al unirse de nuevo a Arte 13, reconoció sus habilidades y entendió que se le puede ayudar a las personas sin tener un título: “Comencé a desarrollarme como persona y a buscar mejores empleos”, asegura. “Hable con Tumix que él es un teso en el diábolo”, “Dígale a Ema que le explique cómo hacer una vuelta estrella”, “Juli te enseña malabares, aprendés de una con él”, mejor dicho, pregunte por lo que no vea, que en Arte 13 sobra talento y ganas de enseñar.

     

     

     

    << A “Tumix” el apodo le viene del colegio; sabe hacer malabares, trucos con el diábolo, maquillar y hacer equilibrio en la rola bola. ¿No sabe hacer ninguno de ellos? No se preocupe porque entre sus actividades favoritas está enseñar.

    Foto: María Camila Acevedo Tangarife

     

    Más allá del arte

    Además del talento y las ganas de enseñar, la salud mental en Arte 13 se trabaja a la par de lo físico. De hecho, durante el calentamiento se hacen ejercicios de respiración, control de las emociones y concientización de la práctica. En ellos se cierran los ojos, se grita y llora; también, al final, se discute sobre cómo se sintieron los artistas durante el entrenamiento. Emanuel, líder y Clown encargado de abrir los espectáculos, afirma que Arte 13 “también enseña a convivir en comunidad con valores como la confianza y la solidaridad. Se les enseña disciplina, que todo es trabajo y constancia”. En la misma línea, Julián, complementa que: “Los malabares, los zancos, las acrobacias y la práctica circense en general permite no solo tolerar la diferencia, sino ponerse en el lugar de los otros”. Incluso la mayoría de chicos del grupo están de acuerdo en que con el circo se han convertido en personas más empáticas, comprensivas y serviciales.

     

    De la misma manera, la salud mental en Arte 13 ha tenido repercusiones por fuera del grupo. Los chicos afirman que han experimentado un cambio y una transformación no solo en sí mismos, sino también en la relación con sus familiares y amigos, en la percepción de su realidad y en su manera de hablar. Desde que se pasa por la puerta de la institución, todos los problemas quedan afuera y las palabras de aliento inundan el lugar: “Téngase confianza”, es la más recurrente. Se saludan como si no se hubiesen visto en mucho tiempo y se abrazan como si no se fueran a volver a ver. Los líderes se encargan de recordarles a los chicos que lo más importante es el corazón y las ganas que se le pongan a este arte, que a pesar de que no tengan clavas para hacer malabares, las bombas llenas de arroz o arena sirven para comenzar, como les tocó hacer al principio.

     

    Harold cuenta que alguna vez trabajó en un laboratorio con jornadas de hasta 12 horas para poder suplir sus necesidades, pero ahora porta con orgullo una camisa con el logo del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), trabajo en el que ya lleva seis meses y que consiguió gracias a la experiencia que le aportó Arte 13. Porque sí, el arte circense surge como una alternativa, pues gracias a los compromisos que adquieren en el entrenamiento y los talleres, diplomados y cursos que propicia Arte 13, es que los chicos tienen la oportunidad de obtener y aplicar a trabajos con ingresos económicos estables. Los integrantes del grupo están de acuerdo en que, con lo que han aprendido en Arte 13, podrían trabajar y generar ingresos económicos.

     

    El show

    Los espectáculos del grupo se cobran de acuerdo con el tipo de cliente que requiera de sus servicios. Por ejemplo, en el caso de una entidad constituida, se le cobra el transporte, maquillaje y vestuario; mientras que a la I. E. La Independencia – Sede amor al niño, no se les cobra, pues además de que la institución les brinda el lugar para entrenar, lo que les interesa es contribuir al cambio y trasformación de los chicos, no solo no solo en lo personal sino también social, pues los espectadores, en su gran mayoría niños de primaria, ven en ellos una figura de poder y admiración que pueden alcanzar; los respetan por lo que hacen y no por lo que tienen.

     

    Llegado el día de alguna demostración, los jóvenes artistas se visten con sus coloridos y brillantes trajes, luego Harold saca una cosmetiquera negra a la que ya no le funciona el cierre y se enfoca en ponerles la cara blanca y los ojos coloridos a sus compañeros; otros pocos, como Emanuel, se maquillan por su cuenta. Este último es Clown y encargado de abrir los espectáculos; antes de salir, mientras suena la canción Alegría del Circo del Sol, realiza un pequeño ritual para conectar con su personaje. El Clown sale y anima al público, hace trucos con el diábolo y algo de mímica; luego, salen los zanquistas, altos e imponentes, la chica de gimnasia rítmica también entra en escena con sus cintas, aparece además un segundo Clown, y así cada integrante interviene en el espectáculo haciendo lo que mejor sabe hacer. Al final de la presentación se toman de la mano y hacen la venia; los espectadores se emocionan y rompen las filas para ir a saludarlos, abrazarlos y tomarse fotos con ellos. Sus ojos brillan, desean tocarlos, que los vean: quieren ser ellos. Después de cinco minutos las profesoras intervienen para volver a las filas y al orden.

     

    En celebraciones como el día del niño, aquí con los estudiantes de la I. E. La Independencia – Sede amor al niño, los artistas proyectan todo su talento y reciben la admiración de los espectadores. Foto: María Camila Acevedo Tangarife.

     

     

     

    << Harold suele maquillar a todos los artistas en tiempo récord. Solo necesita un par de sombras de colores, un pincel y un pinta caritas blanco. Emanuel, en cambio, se aparta del grupo y pronuncia sus cejas con un lápiz negro. Foto: Sara Rodríguez Lopera

     

    Una elección

    Arte 13, más allá de los espectáculos y los entrenamientos, ha generado un espacio en el cual se ha posibilitado el surgimiento de oportunidades a nivel físico (manejo de zancos, habilidad en los malabares), cognitivo (nuevos lenguajes y percepción de la realidad) y laboral (talleres, cursos y diplomados). Líderes como Julián Salazar, Sebastián Salazar, Harold Arbeláez, Deisy Flórez y Emanuel Rivera se han convertido en nuevas figuras de admiración que incentivan, además de la autosuperación y sentido de pertenencia hacia el grupo, la reflexión en torno a su contexto y la posibilidad de un cambio, de una elección, tal y como dice Harold: “Arte 13 me dio la autonomía de decidir lo que quiero hacer”, pues ahora sus alternativas no se limitan a ser parte de lo que dejó el conflicto armado sino que converge en un mundo de posibilidades que tienen como alternativa la transformación tanto de sí mismos como de la comunidad. Gregorio Enríquez, antropólogo y profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana, asegura que: “Cada joven que decida irse por el arte deja a un lado la violencia”, y los chicos de Arte 13 ya tomaron su decisión.

     

  • Narrativas de la memoria, ¡un festival de teatro!

     

    La memoria como punto de partida para reflexionar sobre el esclarecimiento de la verdad en Colombia, es el eje del encuentro artístico que proponen los estudiantes de Comunicación Social – Periodismo de la UPB en Medellín, con el teatro como escenario narrativo para el diálogo y la transformación.

     

    En desarrollo del Núcleo II de Narrativas, los estudiantes de segundo semestre de Comunicación Social – Periodismo presentarán el Festival de Teatro Narrativas de la Memoria, evento que tendrá lugar en noviembre próximo y que integra tres obras inspiradas en igual número de libros de la colección Futuro en tránsito, editada por la Comisión de la Verdad.

     

    Los títulos elegidos fueron Perdón, Incertidumbre y Resiliencia. Ejes temáticos de cada montaje, realizado por tres grupos de estudiantes, quienes adelantaron todo el proceso creativo: desde la escritura del guion de cada obra hasta su montaje, actuación y divulgación, bajo la orientación del equipo docente de los cursos del Núcleo II y los laboratorios de Texto largo y Creación audiovisual.

     

    Ya se adelantan los ensayos, con mira a los estrenos, previstos para la semana del 8 al 11 de noviembre, en funciones con entradas que ya están disponibles. Todos los detalles de las obras y la programación del festival pueden conocerse mediante la plataforma Instagranm, en el perfil @festivaldeteatro_upb

     

    Los ensayos comenzaron desde septiembre, como una aplicación de lo aprendido durante el semestre sobre narrativas. Fotos: cortesía.

     

    Segundo encuentro en torno al teatro

    Las obras en curso corresponden a proyectos académicos que se adelantan durante todo el semestre y en torno a las cuales se articula el trabajo de varios cursos. Esta iniciativa considera el potencial del teatro como experiencia de unión, arte y crecimiento humano. Los temas puestos en escena responden a la propuesta metodológica del nuevo plan curricular de la carrera de Comunicación Social – Periodismo, que cada semestre invita a la articulación del trabajo académico bajo un tema de interés público y actual, que en este caso surgió en el contexto de la publicación del Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad en Colombia.

     

    Cautivada por las posibilidades de este género como laboratorio creativo, la comunidad de estudiantes presentó en 2021 la obra Día Cero: voces de la zona prohibida, inspirada en el libro Voces de Chernóbil de Svetlana Aléxievich, con una acogida favorable por parte de la comunidad académica. Por eso, según el equipo promotor del encuentro, este año se repite y multiplica la experiencia.

  • La cerámica: el eje de la vida de los carmelitanos

     

    El municipio de Carmen de Viboral es reconocido por su cerámica, las vajillas y la pintas a mano en esmalte; creaciones reconocidas como un patrimonio cultural inmaterial, pero ¿Qué es lo que lo hace tan especial? Y ¿por qué es un patrimonio cultural?

     

    Manuela Betancur Arenas / manuela.betancurare@upb.edu.co

     

     

    No se trata solo de una artesanía, la cerámica de el Carmen de Viboral es motor del crecimiento local.

    Foto: alcaldía de El Carmen de Viboral.

     

    Hay mucha cerámica en el Carmen de Viboral. Las variedades son muchas: está la cerámica roja y sobre esmalte; sin embargo, la cerámica decorada a mano bajo esmalte es la más representativa. Es una tradición que lleva más de 123 años, ha pasado por altos y bajos, momentos de transformación y puntos de inflexión. No obstante, más allá de lo económico, esta ha transformado al Carmen en temas de educación, urbanismo, servicios públicos, tecnologías, conformación o composición familiar. Es gran parte de la identidad local y tiene un lugar dentro del imaginario social carmelitano, para que se le dé el valor que se merece.

     

    En su procedimiento reluce lo valioso y llamativo de este patrimonio cuyo esplendor no es repentino. Desde un principio y más o menos hasta la mitad del siglo XX, la cerámica era vista como algo industrial, más que artesanal. Las personas encargadas de hacerlo no eran artistas, sino obreros que tenían unos conceptos como moldear y el barro líquido. Es ahí donde en 1987 llega un personaje muy importante para la sociedad carmelitana: José Ignacio Vélez, un diseñador de la Universidad Pontificia Bolivariana, que siempre tuvo una inclinación por lo rural, el campo, las artes y la alfarería.

     

    En este año lo llamaron a trabajar en las artesanías de Carmen de Viboral, pero cuando llega se encuentra con la realidad, como lo menciona él: “Cuando llegué, me di cuenta de que los artesanos no eran muy artesanos, sino que eran más obreros, no sabían el torno alfarero, no dibujaban bien, no eran ni artistas ni artesanos, pero habían aprendido unos procesos industriales”.

     

    Es ahí donde empieza a trabajar en educar a los obreros en temas artísticos y nuevas técnicas. En 1994, lo llaman de Continental, la empresa de cerámica más reconocida y grande del momento, con 350 trabajadores y más de 2000 personas involucradas en el proceso de la empresa. Tres años después, la empresa cerró y se desencadenó una crisis social y cultural.

     

    Según Yeison Castro, director del Instituto de Cultura de Carmen de Viboral, hay muchas causas por las que se dio la crisis, algunas son hipótesis y otras son realidades conocidas. Entre las principales está, la inconformidad con los ejercicios industriales que eran rudimentarios y la necesidad de condiciones laborales más dignas para un grupo de obreros, lo cual género protestas por injusticias como que los niños trabajaran y que las mujeres, que eran las encargadas de decorar, fueran vistas como unos recursos y ganaran menos que los hombres.

     

    Además, hubo muchas empresas que no fueron capaces de adecuarse a las demandas del mercado y el territorio, como el cambio de hornos de leña a carbón, la consecución de los materiales, puesto que con la tecnología se transformó todo el ejercicio, entre otras. También está la hipótesis de que la cerámica del Carmen no era homogénea, ya que las personas que salían de los grandes talleres montaban sus propios espacios, cada uno con sus métodos, que muchas veces no eran los mejores, puesto que algunos eran craquelados, otros amarillos y tenían unas inconsistencias que cuestionaban la procedencia del Carmen de Viboral.

     

    Así mismo, se empezó a hablar de que sus piezas tenían residuos de mercurio en su creación, lo cual era nocivo para el consumidor. Finalmente, la llegada del plástico y la porcelana china transformaron el tema del consumo alrededor de quién compra la loza carmelitana.

     

    Algunos exempleados de la empresa Continental como José Ignacio Vélez y Olga Ligia Betancur, se pusieron en la función de reinventar y replantear no solo la cerámica en cuanto a las vajillas y la producción, sino también la estética urbana del municipio. Querían que este elemento tan emblemático resurgiera desde todos los aspectos posibles y se cambiara la visión con la que se venía.

     

    Empezaron una búsqueda de soluciones para sacar adelante al Carmen de Viboral y lo encontraron en la estética urbana, con proyectos como la Calle de la Cerámica en el 2006, 2007 y 2008, la Calle de las Arcillas en 2013-2014 y el Parque Principal Simón Bolívar, con la Torre Bicentenaria en el 2015-2016, que hace alusión a las chimeneas y los 200 años del municipio.

     

    En cuanto a los talleres de cerámica, se empezaron a replantear nuevos diseños a partir de unos códigos establecidos, siempre respetando la tradición y así como en 1999 llega el taller Cerámicas Renacer, gracias a José Ignacio y Nelson, un compañero que había trabajado con él en Continental. En un principio, arrancan con un equipo de siete personas a hacer un taller de decoración, en el que se desarrollaron todos los diseños tradicionales y otros que expandieron la manera de generar la pincelada en lo visual.

     

    En la actualidad, Renacer tiene más de 100 personas trabajando y su nombre le recuerda a los carmelitanos la posibilidad de volver a empezar y cambiar. Este taller y Viboral Cerámicas son los talleres más grandes del momento, este último con estilos más innovadores y modernos, pero ambos trabajan de la mano.

     

    El cierre de una gran fábrica de cerámica condujo a los carmelitanos a a abrir camino con su propio talento, que superó la calidad de la vieja factoría. foto: Alcaldía de El Carmen de Viboral.

     

    Lo valioso del proceso

    Actualmente, hay entre 30 y 35 talleres, en su mayoría artesanales, laborales y domésticos. La empresa Corona provee la pasta cerámica y las materias primas, ya no se hace como antes que la materia prima se sacaba en el lugar como parte del proceso productivo, ahora lo que se hace es el proceso artesanal para decorar, esmaltar y vender.

     

    Una vez se tienen los materiales, se hace lo que los carmelitanos llaman como “colado”, el cual tiene dos técnicas, una para pasta sólida y otra para pasta liquida con las que se hacen piezas diferentes y se utilizan herramientas distintas.

     

    En cuanto a la pasta sólida, esta se utiliza para formas más regulares y su proceso comienza con un molde de yeso para darle forma a las piezas. Este proceso puede durar minutos y ya después se dejan secando una hora y media, aunque muchas veces puede variar la duración según el clima.

     

    Una vez las piezas se secan, pasan a ser pulidas y lavadas. Para este procedimiento, según la pasta, se varían las herramientas con las que se hace. Las orejitas que acompañan las tazas son hechas y moldeadas aparte, pero cuando una pieza termina de ser pulida y secada, se le añaden las orejas.

     

    Cuando hablamos de pasta líquida, esta se utiliza para piezas y formas más irregulares, sus moldes son diferentes, tienen dos lados y varían según lo que se vaya a hacer, pero primero se rellena con la pasta líquida, una vez esté más firme y seca, se hace la profundidad o el hueco que tenga la parte de la vajilla por uno de los lados del molde y después se saca de este una vez esté seco. Luego se pulen y se limpian para darles un acabado diferente. Una vez las piezas estén pulidas, pasan a su primera parada dentro del horno. Este se pone a 1200 grados por 10 horas, una vez salen listos para pintar se les llama bizcochos.

     

    Por solo una pieza pueden pasar entre seis a ocho manos y es que tanto el detalle, como el acabado son muy importantes y emblemáticos para los carmelitanos. Finalmente, se llega a la etapa donde sucede la magia y es cuando se hace la decoración a mano bajo esmalte. Todas las decoraciones del Carmen de Viboral están inspiradas en flores, sin embargo, cada taller utiliza estilos diferentes para representarlas, no solo con figuras, sino también con colores; algunos son más tradicionales como las que se encuentran en Renacer que utilizan el color azul y el blanco y otros talleres más diversos con colores pasteles y diferentes tipos de flora.

     

    Las pinturas que utilizan son pigmentos minerales en polvo que resisten al calor y sus colores varían según la colección. Dependiendo de las figuras que toque hacer y la pieza de la vajilla, varia el tiempo. En un solo piso, sobre 14 mesas largas, hombres y mujeres se dedican a darle vida a la cerámica y formar lo que hoy en día es reconocido como patrimonio cultural inmaterial.

     

    Después de ser pintadas, las piezas pasan a ser esmaltadas y la pinta queda completamente blanca, lista para volver al horno otras 10 a 15 horas y salir con los pigmentos de color mucho más potentes, listos para ser empacados y expuestos al público.

     

    Entonces, vuelve la pregunta de por qué es valioso este proceso y es que la cerámica y su pinta han hecho que la sociedad carmelitana se identifique y crezca alrededor de estas. Es una tradición que ha pasado por generaciones, cambió las dinámicas de las familias, puesto que permitió que las mujeres fueran incluidas en los trabajos, muchos caminos, edificios públicos, escuelas, la llegada de la energía y temas de acueducto se dieron gracias a la cerámica que terminó siendo un motor de desarrollo, un actor principal de la transformación.

     

    El ejercicio de habilitar un patrimonio cultural abrió paso para generar espacios alrededor de la cerámica como procesos de investigación, creación, formación, promoción, circulación y apropiación no solo con los artesanos, sino también con la ciudadanía para que se entienda el proceso y su valor.

     

    Así mismo, como lo dijo Yeison Castro: “Carmen de Viboral siempre ha sido un lugar de llegada, no de paso. Abrió la posibilidad de que muchos pobladores no tuvieran que migrar hacia otros territorios para encontrar condiciones laborales”.

     

    La pinta como patrimonio cultural inmaterial

    La técnica y el uso de pigmentos minerales hacen único el color de la cerámica carmelitana. Foto: Alcaldía de el Carmen de Viboral.

     

    Para llegar a ser un patrimonio cultural hay que hacer un proceso para sustentarle a la nación la razón de serlo. Primero, hay que hacer una solicitud con el Consejo Nacional de la Cultura y Patrimonio, estos autorizan, sobre una argumentación valida, la posibilidad de formular un plan especial de salvaguarda. Cuando ese plan esté aprobado y tenga todas las condiciones para ser reconocida a nivel nacional, ya puede estar en el Ministerio de Cultura de Colombia.

     

    Sin embargo, los carmelitanos ya reconocen que la cerámica hace parte de su identidad dentro del territorio y más allá de una declaratoria, en términos sociales ya lo reconocen, son capaces y están de acuerdo que es una herencia en común que todos comparten.

     

    En el 2019, se logró el reconocimiento como patrimonio cultural inmaterial por iniciativa de Aproloza, investigadores independientes y el apoyo de la Universidad Católica de Oriente. Sin embargo, se está buscando con el Plan Especial de Salvaguardia (PES) para que quede en la Lista Representativa de la Nación para ser reconocido tanto nacional como internacionalmente y ser llevado finalmente a la UNESCO.

     

    Según Olimpia Pabón Cardona, representante legal de Aproloza, la asociación se fundó en el 2013, en un principio eran un grupo de artesanos que no tenían un enfoque como tal, sino que estaban mezclados ente diferentes artesanías de madera, loza, bisutería, yeso, dulces y tejidos en donde cada uno buscaba su objetivo y no lograban algo en concreto. Por lo que en el 2013 se separan y se funda Aproloza, enfocada, como lo dice su nombre, en la loza.

     

    Con el mismo detalle de sus creaciones, los ceramistas carmelitanos se empeñan en planes de salvaguardia para este patrimonio.

    Foto: Alcaldía de El Carmen de Viboral.

     

    Dentro de las actividades que se tiene en la asociación está impulsar la producción de loza, participar en la integración de comunidades en el respeto y cuidado del patrimonio cultural, desarrollar actividades culturales y de promoción social que permitan elevar el nivel cultural de los asociados.

     

    La cerámica carmelitana no solo demuestra, sino que cuenta la historia del municipio, sus tradiciones, la familia, la gente y su cultura. Gracias a ella, el Carmen de Viboral ha podido progresar, aprender, caer y volver a empezar para posicionar con fuerza el valor de de la pinta a mano bajo esmalte. Como menciona Olimpia Pabón, esta ha llegado a exposiciones mundiales como la de Dubái y es una inspiración en la película Encanto de Disney. Representa nuestra cultura, es única en el país y es un referente mundial, en unas piezas se pueden encontrar la historia del municipio y sus carmelitanos.

     

  • El plan de leer en Medellín

     

     

    Paola Cañas Tamayo / Daniela Uribe Naranjo

     

    En la oferta cultural de Medellín numerosos proyectos promocionan la lectura y la escritura en la población joven. Se destacan el Sistema de Bibliotecas Públicas, los Eventos del Libro y, por supuesto, su respectiva política pública: el Plan Ciudadano de Lectura, Escritura y Oralidad (Plan LEO).

     

    Las palabras fueron el tema de la Fiesta del Libro en 2021. Fotografía: Paola Cañas.

     

    Los colores de los libros resaltan entre los tonos neutros de la madera de las repisas, las luces cálidas acompañan el ambiente sugiriendo una lectura creativa y experiencial con todos los sentidos. Entre la diversidad de propuestas por vivir aventuras lectoras se asoman las invitaciones para relatar lo que se siente pues, usualmente, después de leer se busca escribir desde una perspectiva propia del mundo, ejercitando la capacidad para transmitir ideas en el papel y en voz alta.

     

    La aventura más visible suele ser la Fiesta del Libro, que este año realiza su edición número 16. La fiesta, un concepto dado para enfatizar en la promoción de la lectura más que en la venta de libros, se ve reflejado en el ambiente que ya es famoso entre los visitantes al Jardín Botánico y a los demás Eventos del libro, reconocidos por incluir talleres, carpas (una de ellas el bibliocirco de Comfenalco), el cuentódromo y lecturas en voz alta; así como una gran variedad de conferencias, charlas, conversatorios y lanzamientos de libros.

     

    Desde 2019 el principal de los Eventos del libro ocupa 184 000 m², que incluyen los espacios de Carabobo, Parque Explora, Parque de los Deseos o de la Resistencia y el Centro Cultural de Moravia, así lo explicó Sebastián Trujillo, subsecretario de Bibliotecas, Lectura y Patrimonio, quien comenta que en ese mismo año asistieron 500 mil personas. En 2020, el evento se realizó de forma virtual, debido a la pandemia del Covid-19, y aún así alrededor de 303 mil personas se conectaron e interactuaron en las transmisiones. En 2021, las actividades se limitaron solo al Jardín Botánico por la crisis económica que todavía golpea al país y a las finanzas de los eventos públicos.

     

    Según Trujillo, la apuesta de Medellín por convertirse en una ciudad lectora empezó con el establecimiento del proyecto Parques Biblioteca hace más de 15 años. Los Eventos del Libro también hicieron parte de este interés, pues desde el 2007 la Alcaldía decidió realizar un espacio similar a una feria del libro.

     

    Los otros dos eventos son la Feria Popular Días del Libro en el barrio Carlos E. Restrepo y la Parada Juvenil de la Lectura. Los Eventos del Libro son liderados actualmente por Ana Piedad Jaramillo, con un equipo de trabajo que durante todo el año estructura estrategias para acercar a la ciudadanía con la lectura y la escritura.

     

    Otra de las grandes apuestas, que es constante durante todo el año, es el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín. A pesar de que el sistema como tal fue constituido hace relativamente poco, con el Acuerdo 048 del 2006, desde el siglo XIX, exactamente en el año 1870 se creó la Biblioteca Pública del Estado, según la cronología presentada por la página web de LEO.

     

    Salón La Piloto durante la Fiesta del Libro y la Cultura en 2021. Fotografía: Paola Cañas.

     

    En total, el Sistema de Bibliotecas Públicas cuenta con 36 unidades de información, de las cuales 22 son consideradas bibliotecas y, con la consolidación del Acuerdo 048, son administradas por la Biblioteca Pública Piloto, una entidad descentralizada del orden municipal, fundada en el año 1952 por la Unesco y el Gobierno colombiano. La Piloto cuenta con otras cuatro filiales en San Javier – La Loma, Campo Valdés, San Antonio de Prado y Castilla.

     

    Todas cuentan con diferentes servicios, incluso actividades itinerantes, la más reconocida en este sentido ha sido la Biblioteca España, pues al no contar con una infraestructura, su equipo de trabajo se ha puesto en la tarea de llevar la lectura a diferentes lugares.

     

    Por su parte, el Plan Ciudadano de Lectura, Escritura y Oralidad (Plan LEO), es una política pública que acompaña los proyectos que pretenden relacionar a la ciudadanía con actividades lectoras. Así mismo, de este ecosistema LEO hacen parte todas las organizaciones orientadas al tema, todo emprendimiento, fundación, biblioteca, editorial y evento.

     

    También desarrolla proyectos como el Fondo Editorial, que publica libros ganadores de becas, el Seminario Abierto del Observatorio de Lectura y los estímulos de literatura que se otorgan para novelas, cuentos, poesías, textos periodísticos, ensayos y novelas gráficas, y hasta para las bibliotecas comunitarias. Según el subsecretario, este año los estímulos para las organizaciones son de 480 millones de pesos.

     

    El órgano que asesora a esta política pública es el Comité Interinstitucional del Plan Ciudadano de Lectura, Escritura y Oralidad, compuesto por 24 aliados, algunos de ellos son: la Escuela Interamericana de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia, la Biblioteca Pública Piloto, la Universidad Pontificia Bolivariana, las cajas de compensación Comfama y Comfenalco, Fundación Ratón de Biblioteca, Prensa Escuela, el Sistema de Bibliotecas Públicas y los Eventos del Libro.

     

    Natalia Duque, profesora de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia y miembro del Comité Interinstitucional del Plan LEO, resalta que el interés de la ciudad por la promoción de la lectura y escritura no es reciente. Duque explica que el fomento de la lectura viene desde los años 70 e incluso menciona a las lecturas en voz alta que realizaba María Cano (1887-1967) a quienes no sabían leer, un ejercicio que cuenta como promoción de lectura.

     

    Carpa de la Escuela Interamericana de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia, unidad académica que desde 1956 se encarga de fortalecer el desarrollo de las bibliotecas, la lectura, los archivos y la cultura de la información en la ciudad. Foto: Daniela Uribe Naranjo.

     

    Por otro lado, Didier Álvarez, profesor asociado de la Universidad de Antioquia y exmiembro del Comité Interinstitucional del Plan LEO, quien evidenció el desarrollo de las bibliotecas por 40 años, afirma que el ámbito bibliotecario ha tenido un papel importante en el impulso de iniciativas de lectura, escritura y, de forma reciente, la oralidad. El profesor ha sido bibliotecario desde 1979 y comentó un poco del desarrollo que ha visto en la ciudad.

     

    Para la década del 70 se crearon las bibliotecas de las cajas de compensación, primero Comfama y luego Comfenalco, quienes iniciaron el movimiento bibliotecario público. Sobre todo Comfenalco, que instaló un modelo moderno y exitoso que puso a la ciudad en una sintonía cosmopolita respecto a lo que se estaba haciendo internacionalmente. Después, a mediados de los 80, se desarrollaron las bibliotecas escolares y se creó la primera red de bibliotecas público – escolares del municipio, que después pasaron a formar parte del sistema actual.

     

    Resalta que el Comité es una instancia política de discusión, no un espacio en el que se deben evidenciar los juegos de poderes y en ese argumento se apoya para sostener que una de sus falencias es centrar todo el apoyo a los Eventos del Libro, pues sostiene que las organizaciones que establecen acuerdos de cooperación con la municipalidad deberían ser las encargadas, mientras el Comité se centra en su tarea política de asesoramiento.

     

    Así mismo, comenta que el Plan LEO necesita discutirse constantemente, desde perspectivas políticas, pedagógicas, estéticas y éticas. Destacó que la pandemia supuso numerosos retos como el de continuar con los proyectos que se han establecido para acercar a los jóvenes con el lenguaje. «Las bibliotecas públicas y escolares deben renovar las relaciones con los jóvenes. Es hora de poner en discusión lo que hacen las bibliotecas con este público», sostuvo.

     

    Talleristas de Prensa Escuela liderando actividades de conversación con jóvenes en la Fiesta del Libro y la Cultura. Foto: Paola Cañas.

     

    Técnicas de seducción

    Prensa Escuela, un proyecto que hace parte del Comité Interinstitucional, es liderado por El Colombiano como uno de sus programas de responsabilidad social, cuyo objetivo es formar a la ciudadanía de forma responsable, por medio del uso adecuado de la información de actualidad; así lo expone Clara Tamayo, una de las coordinadoras, quien resalta que es fundamental que un maestro pueda contextualizar los procesos de aprendizaje de sus estudiantes por medio de contenidos periodísticos.

     

    Este programa surgió en Colombia en el año 1993 como una iniciativa de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación y la Cultura (OEI) apoyado por el Ministerio de Educación y de lo que en ese momento era la Asociación Nacional de Diarios de Colombia, que hoy es la Asociación de Medios Informativos.

     

    Actualmente, la realización de talleres con la comunidad estudiantil, es una de las principales estrategias desarrolladas gracias al apoyo de la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad de San Buenaventura.

     

    Tamayo también comenta que el reto más grande que tienen es brindar elementos a los jóvenes para que construyan sus propios criterios, resaltando la importancia de hacerse responsable de lo que se opina. «La información juega un papel fundamental en el proceso de formación política de una persona, el reto es cómo hacerlos conscientes de eso».

     

    La empatía también juega un papel fundamental en este proceso de formación, debido a que por medio del conocimiento de historias diferentes, que se comparten en los medios de comunicación, se pueden comprender las situaciones diversas a las que se enfrenta una persona, lo que genera una mayor conciencia de las dificultades y problemáticas evidenciadas en la ciudad.

     

    Complementando con la lectura crítica que propone Prensa Escuela, Tatiana Sierra, promotora de lectura de Comfama, expresó con entusiasmo la necesidad de no solo leer libros, sino leer el entorno y el mundo en general. Desde Comfama y, de hecho, desde las bibliotecas del sistema proponen una lectura del cine, de las personas, del ambiente e, incluso, de parar un momento para mirar las formas de las nubes, también como una forma de leer.

     

    Así mismo, comentó sobre su experiencia dando talleres en los colegios: «A mucha gente no le gusta leer y les da pena confesarlo (…), les pregunto a los chicos y chicas a quién le gusta leer y el 80 % levanta la mano, yo les digo: “No, relajados, de verdad”, y quedan tres con la mano levantada. Se debe desestigmatizar eso, porque yo siento que leer es como una cosa que se ve muy alta para los intelectuales», planteó Sierra.

     

    Una de las tácticas es acompañar a las personas, si a la gente no le gusta leer, le preguntan las razones y piensan en qué hacer para que lea y no solo libros, sino desde otras maneras, comprendiendo que cada quien tiene su ritmo y sus propios gustos.

     

    Por ello, cuentan con diferentes actividades que pretenden aproximar a los jóvenes con el mundo de la lectura, como los clubes de cine, tertulias, clubes de poesías, costureros, la Biblioteca Móvil que se desplaza por varios municipios, las bibliotecas humanas, que permiten el espacio de conversación con personas conocedoras de los libros y clubes de lectura crítica de la prensa.

     

    Por otro lado, explicó que una de las estrategias que más les ha funcionado han sido los bonos de lectura, los cuales permiten a los beneficiarios de la caja de compensación comprar libros con descuentos, el valor que se brinda es de acuerdo con la categoría a la que se pertenezca y pueden reclamarlo en Eventos del Libro, donde Comfama hace presencia.

     

    Una mirada similar ofrecen Ana Carolina Montoya y Elizabeth Matallana, promotoras de lectura de la Biblioteca Pública Piloto. Elizabeth, quien ha trabajado con niños y adolescentes, comentó: «Hemos pensado que la lectura no puede ser un asunto reservado para unos pocos de una manera quieta, inmóvil, aburrida, sino que siempre hemos pensado que la lectura debe ser un asunto de experiencia».

     

    A su vez, Ana Carolina Montoya narra una de las dinámicas que hasta ahora les ha funcionado mejor: «Lo que hacemos en los clubes de lectura es que cuando vamos a abordar, por ejemplo, una crónica, hacemos que esa crónica que los chicos leen trascienda a experiencias de exploraciones vitales. Si leímos algo sobre los mercados que hay debajo la estación Prado del metro, además de leerla, ir a visitar ese lugar, para que este atraviese los órganos de nuestros sentidos, lo visual, lo olfativo, el tacto, lo auditivo y conversar sobre lo que les llamó la atención».

     

    Explica que también invitan al escritor de la crónica, que es algo que impacta mucho a los jóvenes, pues el texto deja de ser algo abstracto y hace que piensen: «Yo viví un montón de cosas con este texto y me proporcionó un montón de cosas, de exploraciones que no se me van a olvidar y que pude conocer más de mi ciudad, de su idiosincrasia a partir de esa crónica».

     

    Por supuesto, cada público tiene sus características y retos. En cuanto a las dificultades de trabajar con el público joven, Tatiana Sierra manifiesta que es complejo captar su atención, pero argumenta que se debe a la transición de edad. Elizabeth Matallana resalta el aspecto de la constancia, pues un club de lectura puede comenzar con quince adolescentes, pero a las sesiones solo asisten de a cuatro, cinco o seis y no siempre son los mismos.

     

    Sobre el tema, la psicóloga Lina Medina, quien trabaja con adolescentes en la Institución Educativa Presbítero Juan J. Escobar, explica esta transición que se vive en la juventud. En un primer momento, hace alusión a los cambios hormonales y físicos, además de que en la adolescencia se crean nuevas estructuras neuronales, por lo que psicológicamente comienzan a tener un pensamiento más crítico, porque captan más información de su entorno y la procesan mejor.

     

    Es una etapa compleja porque están aprendiendo todo el tiempo y sus cambios los lleva a tener emociones muy variadas en un solo día. Adicionalmente, se debe mencionar que la adolescencia no es igual para todos, para algunos puede ser temprana o tardía, así que ni los mismos chicos crecen al mismo tiempo.

     

    Igualmente, Medina identifica a las actividades de lectura y escritura como componentes importantes a la hora de realizar terapia psicológica. Por un lado, la lectura desarrolla la inteligencia, ayuda a adquirir vocabulario y, por lo tanto, será más fácil para la persona expresar una emoción o un deseo. Con la escritura se tiene un esfuerzo mayor, pues es más complejo y refuerza el desarrollo neuropsicológico. Así mismo, Lina le recomienda a sus pacientes lecturas que pueden ir de acuerdo con su situación para que reflexionen sobre su propia vida y, a veces, cuando es difícil expresar en voz alta lo que quieren decir, acudan a la escritura.

     

    Si bien alentar a los jóvenes a participar de las actividades puede ser complejo, no significa que no se interesen por las mismas. De hecho, Ana Carolina Montoya y Elizabeth Matallana mencionaron algunas de las estrategias que les han funcionado para que los adolescentes se sientan más atraídos.

     

    En primer lugar, es importante conversar sobre sus intereses para identificar qué temáticas les gustaría explorar o profundizar. «Hemos encontrado que les gusta mucho el manga y establecen así su estilo de vida, desde su estética, su apariencia y algunas formas de comunicarse», describe.

     

    Además del manga se sienten atraídos por el terror, la ciencia ficción y la novela policíaca, aunque no son los únicos temas y cada quien tiene sus particularidades. En concordancia con lo anterior, en la Piloto abrieron el Club de Lectura Medianoche, precisamente para tratar las temáticas. El club se reúne los jueves a las 7:00 p. m. con sesiones virtuales y presenciales.

    La virtualidad se volvió un nuevo escenario de los Eventos del Libro. Captura de pantalla durante una conversación sobre la literatura de Carolina Andújar, el 16 de septiembre de 2021. Foto: captura por Daniela Uribe.

     

    Durante la sesión del Club de Lectura Medianoche, liderada por Cristian Jaramillo de Fantasmagoría, se discutió sobre bandas de rock, metal y punk, hasta teorías de conspiración, como por ejemplo, que Kubrick grabó el aterrizaje falso a la Luna. Esto último animó a los jóvenes a participar de la conversación. Una de las reflexiones que realizó Jaramillo es que el terror es más que saltar en el asiento, sino también hacer sentir incomodidad, así como también existen diferentes experiencias con el horror: «¿Cómo nos va a dar terror lo anglosajón, un Michael Myers, cuando se escucha que aquí en el Éxito estaban picando gente?», planteó.

     

    Como se ha podido evidenciar, existe una gran diversidad de metodologías y propuestas para promocionar la lectura y la escritura en todas las edades, desde la sala infantil hasta proyectos como los Abuelos Cuenta Cuentos del Sistema de Bibliotecas. En la misma medida funciona para los jóvenes, que, de acuerdo con varios de los entrevistados, son actividades de mucho valor para estos, aunque ninguno tenga una herramienta de medición o cifras en las cuales sustentarse. Incluso, el subsecretario comenta que especialmente en los Eventos del Libro es imposible desagregar el público de tal forma, pero que sí perciben un gran interés por parte de los adolescentes.

     

    La Fiesta del Libro y la Cultura también promueve espacios de relacionamiento entre los actores del sector de editorial. Foto: Paola Cañas.

     

    Finalmente, Ana Carolina Montoya habla de uno de sus más grandes objetivos: buscan que los jóvenes tengan otra fuente de información y comiencen a construir su propia conciencia crítica. Señala que: «Un joven que lee sabe cómo están manejando sus comunidades, entonces empieza a conocer su historia, causas y efectos. Lo más bonito es que empieza a verse en un espejo muy particular, como a conocerse a sí mismo en unas proporciones que no le ofrecerían otros medios».

     

    ¿Cuál es el movimiento independiente

    que hay en Medellín en torno a los libros?