Etiqueta: Colombia

  • Las claves de la Ley de Financiamiento en Colombia

    Desde que Iván Duque asumió su cargo como presidente, insistió en la necesidad de una ley de financiamiento, mecanismo al que recurre el Gobierno cuando el presupuesto de la nación está desfinanciado; es decir, falta plata para desarrollar todos los proyectos estatales.

     

    Después de algunos debates en el Congreso, el 19 de diciembre del 2018 fue aprobada esta Ley que pretende recaudar 7,5 billones de pesos, de los 14 que hacen falta en las cuentas gubernamentales. En el siguiente vídeo Contexto le explica algunos de los puntos más importantes de esta normativa.

     

    Video

     

    Este es un adelanto de la edición 70 del periódico Contexto. Encuéntrela AQUÍ.

     

     

     

     

  • ES LA HORA DEL VOTO JOVEN

    No solo por el notorio crecimiento de este grupo de la población, sino por las lecciones que aprendió recientemente, es que expertos y analistas afirman que el voto de los jóvenes será decisivo en la elección de un nuevo presidente. Análisis del cubrimiento conjunto con la Red Colombiana de Periodismo Universitario.

     

    Según cifras reveladas por el Director para la Democracia, la Participación Ciudadana y la Acción Comunal del Ministerio del Interior, José David Riveros, el 70% de los jóvenes colombianos habilitados para votar se abstiene de hacerlo. En el lanzamiento de la campaña Votar Sí es Contigo, el funcionario reveló que en Bogotá, por ejemplo, solo el 20% de la población joven que puede votar, se acerca a las urnas.

     

    El equipo de RedAcción Paz, en uno de los Parches Democráticos. Foto: Manuela Rendón Uribe.

     

    Son múltiples las razones que evitan que los “primíparos de la democracia” se expresen con el voto, entre ellas, las más comunes son la apatía y la desconfianza que tienen hacia las instituciones; desinterés que tienen muchachos como Jhoan Alexander Restrepo de 20 años, quien asegura que no saldrá a votar este domingo porque está convencido de que su voto no logrará hacer las transformaciones que necesita el país: “no es que no me interese la sociedad, es que no quiero perder el tiempo cuando sé que todo va a seguir igual o peor”. El mensaje para Jhoan sería, que de los 36´227 267 colombianos que se encuentran en el censo electoral, 12 millones son jóvenes entre 18 y 28 años y, por más que suene a frase de cajón, este 27 de mayo, el futuro de nuestro país lo podría definir el voto joven [Escuche aquí sus opiniones].

     

    A pesar de que los jóvenes han sido grandes aportantes para que el nivel de abstencionismo en el país se mantenga por arriba del 50%, se espera que estas elecciones tengan un toque diferente, pues no se veía tanto activismo juvenil desde los comicios del 2010 cuando la conocida Ola Verde del profesor Antanas Mockus era apoyada por miles de personas en redes sociales, cosa que no se vio reflejada en las urnas cuando los 3,5 millones de votos del profesor no le fueron suficientes para alcanzar los más de 9 millones de Juan Manuel Santos.

     

    Luego de que el Gobierno Nacional firmara el Acuerdo de Paz con las FARC, empezaron a surgir nuevos temas sobre la agenda pública, de los cuales los jóvenes se han venido apropiando: movimientos como los ambientalistas, los anti taurinos, las comunidades LGBTI y los feministas. Todos estos asuntos de interés para la mayoría de la juventud, que han obligado a los candidatos a incluir en sus planes de gobierno propuestas que puedan agradar y seducir a este sector tan amplio de la población electoral.

     

    Video

     

     

    Para Saldair Romero, tallerista del Parche Democrático, programa que busca incentivar a los jóvenes para que participen en política, “el domingo será un día histórico para Colombia y a la cita están invitados todos los jóvenes de nuestro país. Es hora de dar solución a los problemas que nos aquejan”. Este Parche que ya ha alcanzado a 5 125 jóvenes de todas las regiones, decidió construir la agenda política juvenil Más Voz, Menos Ruido, cuyas principales propuestas son: educación de calidad, transformación del sector rural y empleo digno.

     

    “El voto joven para estas elecciones se encuentra dividido. Hay sectores muy amplios que acompañan la candidatura de Sergio Fajardo y la de Gustavo Petro, otros tantos están con Iván Duque. No podemos homogenizar los intereses de la juventud, hay sectores progresistas y otros que apoyan la idea de volver a un Estado como el de antes del proceso de paz. Este 27 de mayo el aporte que puede hacer la juventud es el de reducir los niveles de abstencionismo que lo tenemos en más del 50%, en caso de tener una segunda vuelta presidencial la juventud sería definitiva a la hora de escoger presidente”, expresó, Juan Carlos Escobar, docente del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia.

     

    Daniel Botero, docente investigador en temas de opinión pública, señaló que “en las últimas elecciones, la incidencia del voto joven no ha sido significativa. Pero las del domingo representarán una continuidad o un retroceso con respecto a temas de agenda pública que son muy importantes para el futuro del país”. Agregó que “uno esperaría que los jóvenes le apostaran a un país que supere el conflicto armado y que se encamine por temas de educación, salud y empleabilidad”, sostuvo.

     

    Participantes de uno de los Parches Democráticos en la UPB. Foto: Manuela Rendón Uribe.

     

    Aunque las cifras muestran indicios serios, la calidad del debate previo a esta nueva elección presidencial, con rasgos visibles como la pugnacidad en redes sociales, es un llamado a que el optimismo juvenil no se desborde y siga el cauce a las urnas.

     

    Más información sobre las elecciones presidenciales 2018 con la etiqueta #EligePeriodismoJoven en todas las redes sociales.

     

     

     

  • La avalancha se llevó mi casa, mi sueño

    Uno de los más recientes desastres naturales en Colombia es el de Mocoa-Putumayo, ocurrido el 31 de marzo de 2017, que dejó 332 muertos y centenares de damnificados. Entre las versiones e historias que hacen memoria de los acontecimientos, está el testimonio de Carlos Alfonso Jácome, un hombre de 38 años que sobrevivió con su familia y que relató así los acontecimientos:

     

    Yo llegué a Mocoa hace 15 años, salí de Buenaventura sin nada, solo con mi esposa y mi hijo mayor, que en ese entonces tenía pocos meses de nacido. Me puse a trabajar en construcción, pero pagaban muy poquito, entonces me conseguí una carreta y me puse a vender verduras ahí en el barrio. Yo siempre viví en San Miguel, eso al principio era una invasión, poco a poco fue mejorando, aunque seguíamos con las calles destapadas, las casas de madera y zinc, matorrales entre una y otra, lámparas que no servían y ríos por todos lados. Pero al menos teníamos eso y estábamos contentos, dígame ahora…

     

    Con el tiempo, comencé a vender en otros barrios, hasta que me recorrí casi todo el pueblo con mi mercancía, así fue como levanté a mis hijos. La gente me distinguía, ya sabían que, Mi So, era el negro de la carreta que vendía las verduras frescas y baratas. Quién sabe dónde habrá quedado mi carretica.

     

    Vea le cuento: yo ese día estaba jugando fútbol con mis so (amigos) en la cancha del barrio y se largó un lapo de agua durísimo, entonces dejamos el partido así y nos fuimos para la tienda. Eran como las 10:30 de la noche y yo pegué (se fue) pa’ mi casa, cuando iba llegando vi el río muy crecido y sucio, eso lo sabe uno que ha vivido siempre al lado de él, si está sucio y baja ramas, es porque arriba se desbordó. Entonces entré a la casa y le dije a mi mujer que nos fuéramos porque ese río se iba a salir y nos inundaba la casita, ella levantó a los niños, yo empaqué lo importante y salimos. Cuando abrimos la puerta, ya el agua estaba en la calle, el puente ya no se veía, entonces pegamos pa’l puente de Villa Rosa, pero tampoco había paso, La Taruca también estaba crecida y no dejaba cruzar.

     

    En ese momento me empezó a entrar miedo, más porque la gente era llorando y gritando que venía una avalancha. Lo primero que hice fue subirme con mi familia a una casa de 3 pisos. De un momento a otro, se fue la luz, eso indicaba que alguna cosa le había pasado a la subestación, que quedaba mucho más arriba del barrio. En esa casa había muchas personas, todas desesperadas porque afuera nos esperaba lo peor. Yo entré al cuarto donde estaban mis hijos y mi esposa, los abracé fuerte y les dije que los amaba mucho, porque sentía que iba a perder a alguno. Mis hijos se aferraban a mi persona, como si yo fuera su salvación, y me gritaban que no los dejara morir, entonces le dije a mi esposa que si ella quedaba viva enterrara a mis hijos, y le prometí que, si el vivo era yo, los enterraría a ellos. La besé y salí al corredor.

     

     

    “Así quedó parte del vecindario de Mi So después de la avalancha”, Carlos Alfonso Jácome. Foto: Maria Camila Tamayo

     

    [endif]–

    Vi cómo bajaban árboles enteros, piedras gigantes, carros con ocupantes, motos, bebés, niños y adultos. También vi cómo las casas de enfrente se derrumbaron con todas las personas adentro, ellos gritaban y pedían auxilio. Por un momento pensé en tirarme a rescatar a esos vecinos de toda la vida, a los bebés que apenas llegaban al mundo, a los niños que jugaban con mis hijos, a los que me compraban mis verduras a diario. Pero no podía, tenía que cuidar a mis 3 pelaos y a mi esposa. Vi las estructuras derrumbándose como si fueran fichas de dominó. Aunque a pedazos, solo quedaron dos viviendas en pie; la de la tienda del barrio y en la que estábamos nosotros.

     

    La avalancha fue disminuyendo y pudimos rescatar a 5 personas que quedaron atrapadas contra la casa; 2 niñas, un niño, un hombre y una mujer. A la señora la conocía, me compraba verduras en el barrio Los Pinos. Los 5 estaban demasiado aporreados, llenos de lodo y de sangre.

     

    Cuando creíamos estar a salvo, ¡taque!, llegó otra avalancha que, aunque menos fuerte, arrasó con lo poquito que quedaba, ustedes no se alcanzan a imaginar el tamaño de las piedras que bajaban, yo no sé de dónde salió tanta piedra, mis so. Cuando yo llegue al cielo, porque allá quiero llegar, lo primero que voy a hacer es agradecerle a mi Dios y a María Santísima por habernos salvado ese día. Lo segundo, va a ser preguntarle de dónde salió tanta piedra, porque se los juro que no me explico eso. Tuvimos pánico toda la noche, llorábamos como unos niños, mucho más, al ver el terror en los ojos de nuestros hijos.

     

    A eso de las 4:00 de la mañana, que estaba medio aclarando, empezó a llegar la Cruz Roja, el Ejército, los Bomberos y la Policía. Ahí fue que pudimos sacar a los heridos y a nuestras familias. Con la luz del día llegó el dolor; yo vi todo mi barrio arrasado, vi muertos por donde caminaba y gente que salía milagrosamente del lodo. Esas imágenes se quedarán el resto de vida conmigo, lo grabé todo en mi memoria, aunque también grabé que Dios me dio otra oportunidad y la tengo que aprovechar.

     

    Después de unos días llegamos a un albergue del gobierno y permanecimos allá un tiempo, me tuve que ir porque por esos días llovía mucho y mis hijos pensaban que se iba a venir otra avalancha. Un amigo nos prestó una pieza para los 5 y allá sobrevivimos hasta que decidí regresar a Buenaventura. Llevaba 13 años sin ver a mi mamá y sentía la necesidad de abrazarla, porque estuve a punto de no poderlo hacer más nunca. Mi So no es el mismo de antes, ahora entiendo que como tengo a mi familia, así mismo los puedo perder en un abrir y cerrar de ojos, en una ida a jugar fútbol.

     

    Esa avalancha se nos vino con fuerza, con rabia, no hizo caso a ninguna condición; allí murieron niños y grandes, negros y blancos, pobres y ricos, buenos y malos. A Mocoa llegué por un sueño –tener casa propia–, yo me vine de allá sin él, porque un año después de cumplirlo, la naturaleza me lo arrebató. Perdí amigos, conocidos y clientes, perdí mi casa, ahora no sé ni siquiera dónde está mi carreta… Y como llegué hace 15 años, así me devuelvo, sin nada, solo con mi familia.

     

     

     

    ![endif]–

  • “Ayahuasca: liana que lleva a visitar a los muertos”

    “La ayahuasca es una mixtura líquida, con efectos psicoactivos, considerada sagrada por millones de personas indígenas de Sudamérica. Su uso actual se ha extendido por el mundo occidental gracias al interés por las medicinas alternativas, los valores étnicos y el chamanismo, ámbitos donde se usa para provocar estados de carácter curativo, místico y visionario”

    Josep Maria Ferigcla. Antropólogo y escritor.

     

     

    El término ayahuasca proviene de la lengua quechua y significa “liana que lleva a visitar a los muertos”, pues según el antropólogo Josep Maria Ferigcla, los quechuas creían que “cuando se estaba bajo el efecto psicoactivo de la ayahuasca se tenían visiones del mundo habitado por los espíritus de los antepasados”. Actualmente, las ceremonias con Ayahuasca se han expandido desde la selva amazónica hasta las grandes ciudades de Colombia, más recientemente; sin embargo, para el antropólogo Roberto Restrepo, estas ceremonias han perdido el valor espiritual que tenían en un principio, y se les deben llamar experiencias de chamanismo urbano o neo chamanismo.

     

    Para Restrepo, el chamán urbano –mercachifle como él lo llama-, juega con la piscología de las personas que deciden comprar una toma de yagé, pues estas ceremonias en las ciudades reúnen una cantidad de cosas que nada tienen que ver con una ceremonia tan sagrada como la de la ayahuasca. “La experiencia real de yagé tiene una palabra clave: es sagrada, y el plano de lo sagrado es un plano que se respeta”, asegura Restrepo, quien compara una venta de yagé a instalar una venta de ostias en la casa de un feligrés, “es una falta de respeto pedir o comprar yagé, a uno se lo ofrecen”.

     

    “El pensamiento que hay alrededor del yagé es el que le permite al individuo, cualquiera que sea, tener una experiencia extática, de éxtasis; sin embargo, los únicos que pueden contar experiencias del yagé son los indígenas, nosotros simplemente las inducimos. Ahí termina uno aplicando ese dicho popular que ‘uno termina viendo lo que quiere ver, y escuchando lo que quiere escuchar’”, asegura Roberto.

     

    Hay básicamente cuatro razones por las cuales las personas de las ciudades quieren tomar yagé: sanación, pues muchas personas relacionan la ayahuasca con el poder curativo; la espiritualidad, porque hay un acercamiento a una fuerza divina y a la madre tierra; el interés académico, y la curiosidad.

     

    “El yagé es un bejuco rastrero, oscuro, amargo, muy amargo. Los chamanes lo recogen en la noche, lo maceran a media noche y lo revuelven con agua. Ese líquido espeso luego se deposita en la vasija, una que nunca en la vida se lava y que permanece afuera colgada en la parte derecha de la maloca. El chamán la baja a media noche, deposita el líquido, y de allí con pequeñas totumitas -la más pequeña de todas- se saca la pócima y se la van entregando a cada uno”.

    Roberto Restrepo. Foto: Manuela Gómez Walteros.

     

     

    Para Valeria Harbour, estudiante de Ingeniería Aeronáutica, la experiencia de yagé no debe nacer de la curiosidad, o de las ganas de “drogarse”, es algo que debe contemplarse como sagrado. Ella llegó al yagé porque quería conocer más sobre ella, porque tenía dudas e inseguridades y la ayahuasca fue la respuesta. “Ella te abre las puertas, te dice todo lo que tú necesites, tú simplemente llegas con una pregunta y ella te lo va a responder; yo digo ella porque en realidad eso es una conversación con uno mismo, pero es una conversación sin pelos en la lengua. Ella te muestra lo que tú le pidas”, explica Valeria.

     

    La primera vez que tuvo una experiencia de ayahuasca pasó por varias etapas, le tocó competir entre su instinto de supervivencia y su moral, se sintió como un faraón y vio como dos ejércitos luchaban por ella, se sintió como animales, incluso se miró al espejo y apreció cómo le salían los bigotes de leopardo por un lado de la cara, vomitó, soñó, sintió las estrellas más cerca y respondió sus dudas.

     

    La segunda vez Valeria tomó yagé se fue hasta el Putumayo. Sin embargo, no tenía claro lo que le quería pedir, entonces le pidió que la llevara a conocer el universo. “Yo sentía que iba para arriba, subía y subía, y de un momento a otro sentí que algo me haló del ombligo. Miré hacia abajo y vi que lo que me unía con mi cuerpo en la tierra era un hijo color plata. Ella me preguntó que si me iba a soltar y yo le respondí que no, hasta ahí me llegó ese viaje, volví a mi ser y no pinté más”, cuenta Valeria, aclarando que después de esa experiencia no volvió a tomar yagé por un par de años, pues finalmente nadie se quiere quedar por ahí “volando en el espacio”.

     

    “El chamán se sienta en el banquito chamánico y alrededor están los demás, entonces, empiezan a cantar la historia. El mito se cuenta en el lenguaje original, así lo contó su papá, así lo contó su abuelo, el tatarabuelo… no ha cambiado nunca. Mientras el chamán lo cuenta los demás asienten, queriendo decir “claro que sí, así fue, esa es la historia, así me lo contaron…”

    Roberto Restrepo. Foto: Manuela Gómez Walteros.

     

     

    Para Valeria, igual que para Roberto Restrepo, el yagé es una experiencia que no se puede comparar con nada, el yagé es una medicina que ayuda a las personas y que los acerca a la naturaleza y a la madre tierra. Es una experiencia guiada por un chamán que con sus cantos y tambores no deja que las personas que están realizando la toma de yagé se pierdan en el viaje. “El chamán es el mediador entre las fuerzas de la naturaleza, lo espiritual y la comunidad, es el jefe natural”, explica Roberto, quien además vivió ocho años con los indígenas del Vaupés, y ahora siente tristeza al conocer los altos índices de suicidio en las comunidades que conoció, pues según él las causas son los conflictos interchamánicos. “La última vez que fui al Vaupés, ninguno de los niños quería ser chamán, preferían creerle a la tecnología que a sus propias tradiciones. El chamán pasó de ser el jefe a un segundo plano, incluso para muchos dentro de la comunidad es un charlatán”, asegura.

     

    Y es que la crisis chamánica también ha sido consecuencia de los “chamanes” que han degradado su tradición en las grandes ciudades del país, pues con las ventas de yagé se pasó del plano sagrado al comercial. Para Roberto Restrepo, hasta el lugar donde se concibe el yagé es importante. Las malocas son “una universidad para aprender, son un lugar perfecto, allí se escucha, nadie se enferma, la maloca siempre está en movimiento, siempre se está aprendiendo allí”, pero hoy las ceremonias de yagé en las ciudades no tienen en cuenta esto, “nuestra sociedad nunca las entendió y ahora les proponen a los indígenas cambiar las malocas por casas de cemento. Cuando desaparezcan va a dar lo mismo hacer las ceremonias en cualquier lugar y van a terminar sin hacer nada”, sin tradición, sin yagé, sin chamán, sin nada.

     

    Todo debe de girar alrededor de lo sagrado y el yagé es lo más sagrado para los indígenas, es la conexión del líder chamán con el mundo espiritual, no es un juego de curiosidad, por eso para Restrepo “cuando uno tiene esta experiencia real del yagé difícilmente uno va a tener una vida que nada tenga que ver con la espiritualidad”.

     

    “En este momento yo repetiría la experiencia de yagé, y lo recomiendo solo si se tiene una intención, no ir por ir. El yagé es una muy buena opción para personas que sufren de drogadicción, para la gente que no se tiene confianza, para muchas cosas, porque el yagé es una medicina”.

    Valeria Harbour

    Foto ilustrada por: Daniel Rincón Ramírez

     

     

     

     

     

  • Las luces del 7 octubre

    Estampas del recorrido en Medellín, como parte de las manifestaciones que piden a la dirigencia política nacional llegar a acuerdos en favor de la paz en Colombia, luego del triunfo del No en el plebiscito del 2 de octubre.

     

    Así como el resplandor de una vela, que va y viene sin ritmo aparente, pareciendo respirar en un movimiento disperso e irregular, así parece el clamor de Colombia por la paz. El pasado 7 de octubre, en el Parque de las Luces, la esperanza por dejar de ver al país del Sagrado Corazón en guerra, motivó la asistencia masiva al plantón organizado por estudiantes de diferentes universidades, para salir a marchar hacia el Teatro Pablo Tobón Uribe con un mismo anhelo, una misma voz y a la vez un mismo silencio.

     

     

    Sin importar las diferencias de estrato económico, realidad social o posición política, con niños, jóvenes, adultos, ancianos e incluso extranjeros, el blanco y los colores de la bandera se fueron apoderando de las calles del centro de Medellín, comenzando con una gran reunión para colmar de luz la antigua plaza Cisneros como respuesta a los resultados del plebiscito del 2 de octubre y a la polarización tan dolorosa que ha vivido el país.

     

    La cita para ocupar el parque estaba fijada desde las 3 de la tarde. A las 3:30 ya había una gran cantidad de asistentes que creaban entre sus risas y conversaciones amenas un entorno familiar, ambientado por las campanas de carros de helados y los diversos cantos a la paz, con historias diferentes en cada tono, armonía y acorde.

     

    Una carpa se instaló al frente de la biblioteca EPM, cumpliendo el papel de escenario para los cantantes y las voces que invitaban a participar de las actividades. Desde allí se mandaron mensajes de apoyo a todas las víctimas antes de que llegara la hora de salir, haciendo manifiesta la firme intención de ejercer presión para que el cese al fuego perdure y para que haya una solución pronta y dialogada del conflicto.

     

    Como preparación para salir a las calles, se cosieron banderas blancas y sobre ellas se escribieron mensajes de reconciliación, de presión pacífica al Gobierno y a la oposición para concretar un consenso en el Acuerdo. Había también mensajes escritos sobre las banderas de la paz y de Colombia; además, carteles que los asistentes traían listos con pasajes de La Biblia, consignas pidiendo renegociar lo pactado en La Habana, fragmentos de canciones, peticiones en nombre de indígenas, secuestrados, desaparecidos y la memoria de aquellos cuyas vidas y presencias se perdieron en la guerra. Con la actividad de Las Tejedoras que elaboraban pañuelos para las víctimas, el ambiente se decoraba y construía alrededor del recuerdo de quienes fueron arrancados de su tierra desde la raíz, como las flores que adornaron diferentes espacios y que también cargaban los asistentes.

     

    En la medida que avanzaban los minutos, el cielo se iba poniendo sorprendentemente gris. Ya casi era hora de salir; habían llegado las otras marchas que venían de las universidades, aunque en realidad, los nuevos asistentes se camuflaban en la multitud ya concentrada, que entre risas y ritmos, se llenaban de signos compartidos. Una gran cantidad de personas bajo el espíritu de colectividad se pintaron la cara con los colores de la bandera; se repartieron botones pidiendo “más paz y más amor”, calcomanías con la consigna “Acordemos ya”, se recogieron las flores para que no fueran aplastadas por la lluvia que comenzó fuerte y poco a poco se volvió intermitente; así, hombres y mujeres las llevaron en el cabello cuando la gran aglomeración de personas emprendió su camino a las 6 de la tarde hacia el Teatro Pablo Tobón Uribe.

     

    En el centro del Parque, una gigantesca bandera de Colombia, que se posicionó junto al mapa del territorio nacional lleno de mensajes para recibir la paz, presidió el camino que salió por la calle San Juan. Las campanas de los helados cesaron y se comenzaron a promocionar las “carpas y sombrillas de la paz”, pues la lluvia hace rato había cubierto el panorama, dejando su evidente rastro e inconfundible aroma.

     

    En la marcha no reinó completamente el silencio. Entre paso y paso de la gran multitud, entre cada fotografía que intentaba capturar de la mejor manera los momentos de la gran movilización, las voces se elevaban, entonando “ni un hombre, ni una mujer, ni un peso para la guerra”, “el acuerdo permanece porque el pueblo lo merece”; e incluso, mostrando resistencia a la imagen que se ha formado del departamento ligada con un apoyo incondicional a Álvaro Uribe, se gritó en repetidas ocasiones “Antioquia no es Uribe” y “Uribe, en serio, quítate del medio”.

     

    Dejando en el camino los charcos que llenaban huecos en la vía, pétalos de flores en las calles, luces de velas que se encendían y apagaban por la lluvia esporádica, el rebusque de trabajo característico de los colombianos con los gritos que ofrecían carpas y sombrillas de la paz, la movilización llegó al Teatro Pablo Tobón Uribe. Ahí, entre sonrisas y llanto, de ese que es para sanar más que para provocar dolor, Sergio Restrepo, director del Teatro hizo un recibimiento. Esperó con las víctimas la llegada de los colombianos, que a pesar de la lluvia y el largo camino se unieron para demostrarle al país que la paz es de todos, y que en realidad son los ciudadanos los que pueden y deben luchar por ella. Estando todos juntos, se entonó el himno de la República de Colombia, con orgullo y a modo de súplica por la paz estable y duradera que pueden construir todos con pequeños aportes cotidianos.

     

     

  • Los librepensadores se entierran mirando al cielo

    Este espacio es un retrato de época, aquella en que las luchas intestinas y los radicalismos políticos llevaban las distinciones etiquetas más allá de la vida. Así como los rezagos de exclusión persisten, este cementerio, ubicado en un pequeño y tranquilo municipio del departamento del Quindío, pervive como un monumento a la libre expresión, al respeto por el otro y sus diferencias. Lejos de cualquier rimbombancia que podría pensarse por su distancia con cualquier confesión religiosa, aquí hay algunas facetas del Cementerio Libre de Circasia. Ampliamos aquí el reportaje gráfico publicado en la edición 55 de Contexto.

     

    Según Diego Bernal, , secretario permanente de la Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales, “el 22 de agosto de 1932 don Braulio Botero Londoño, fundador del cementerio, tomó la vocería del grupo promotor del Cementerio Libre y le escribió al reconocido abogado e ideólogo liberal Antonio José Restrepo, más conocido como ‘Ñito’Restrepo, solicitándole componer un himno que exaltara la obra recién inaugurada y que tantos sacrificios les había significado” y es así como nace el himno de los muertos, el cual quedó inmortalizado en una placa ubicada en la actualidad en la puerta de acceso principal.

     

    Himno de los muertos

     

    A ti vengo a buscar el reposo

    Que a los libres ¡oh tumba! Les das,

    Cual esposa que abraza al esposo,

    Tú me abrazas por siempre jamás.

     

    Campos verdes, risueño paisaje,

    Blancas piedras, do yazga mi sien;

    Y ¡a dormir¡ al rumor del oleaje

    Que alza el tiempo en su eterno vaivén

     

    No me espantan mentidos terrores;

    Sin doblar la rodilla viví;

    Del hermano calmé los dolores;

    De la patria el honor defendí.

     

    Quedé inerte en el surco el arado,

    Que del agro en la entraña rompió.

    ¡Alto y frente!… este viejo soldado,

    ¡Solo muerto las armas rindió!

     

    ¡Cómo asoma el opuesto horizonte,

    Una tenue, suavísima luz,

    Que colorea la cumbre del monte!

    ¿Será el sol o el nocturno capuz?

     

     

     

     

  • EN LA LUPA DEL INVESTIGADOR

    En su más reciente libro sobre el asesinato del ministro Rodrigo Lara Bonilla, uno de los pioneros del periodismo investigativo en Colombia vuelve a cuestionar la versión oficial de los hechos, señala vacíos significativos en la investigación tras los cuales se esconde la posibilidad de un crimen de oficial. En conversación con los estudiantes de periodismo de la UPB, se refirió a los detalles de su investigación.

     

     

    El 30 de abril de 1984, un sicario contratado por Pablo Escobar disparó contra el vehículo en que viajaba el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla. Los tiros se hicieron contra el lado derecho del vehículo, en el que viajaba el funcionario, intensamente amenazado por sus denuncias sobre el crecimiento del narcotráfico y la actividad criminal del jefe del cartel de Medellín. El vehículo y la moto del sicario se movían a 80 kilómetros por hora, esa fue la versión que quedó en la investigación penal.

     

    Pero nunca se supo que cadáver de Lara tenía un orificio de entrada en su lado izquierdo, en el pecho y que el chofer del vehículo no sufrió ni un rasguño. El escolta sentado delante del ministro apenas sufrió una herida leve, a pesar de las ráfagas de ametralladora del sicario. A pesar del fuerte tiroteo descrito por los agentes del DAS, la ventanilla de la puerta del chofer no se rompió. Estos detalles, consignados en un dictamen del doctor Máximo Duque Piedrahita, ex director del Instituto de Medicina Legal y revelados en la investigación de Donadio, plantean un giro grueso de la historia.

     

    En su libro explica que Domingo, el conductor de Lara Bonilla no fue llamado oportunamente a indagatoria.

    Porque apenas ahora se va a reabrir la investigación y muy previsiblemente van a ser llamados él y todos los escoltas; el caso va a cambiar de rumbo a raíz del dictamen de Máximo Duque. Pero eso todavía no se refleja en las acusaciones de la Fiscalía, se espera que eso se refleje próximamente. El paso más importante es que ese escolta y los otros sean llamados y se les confronte con las dudas que hay y con las hipótesis que un experto señala que indican que ellos tuvieron que haber facilitado el crimen. Si no fue así, que den una explicación satisfactoria para el proceso y para todo el país.

     

    Mire le explico cómo la contradicción no es contradicción: no creo que lo puedan hacer. ¿Cómo ellos van a explicar que solo hubo ataque por el lado derecho y no hubo sicario por el lado izquierdo? En este momento no veo cómo puedan explicarlo. ¿O por qué seis de ellos dicen que el carro continuó su marcha y uno dice que está detenido? Entre ellos mismos, a los dos días del crimen, se están contradiciendo. ¿Por qué se contradicen? ¡Porque no se prepararon bien para contar la historia que iban a contar!

     

    Luego otro misterio: había tres, dos escoltas, atrás, que no estaban en el lugar del atentado. Ellos también declaran que el carro siguió su marcha. Entonces, ¿por qué todas esas cosas no se aclararon en su momento?

     

    Según cuenta en su libro, esos detalles se supieron al día siguiente, pero cuando se les preguntó en el hospital, los escoltas no hablaron ¿preestablecieron un orden para decir las cosas al siguiente día?

    Correcto. Pasa algo muy sospechoso y es que la primera declaración de ellos es colectiva. Mandan una carta en la cual la firman todos, y a su jefe en el DAS, que es el director de orden público, no es cada uno, aunque cada uno estaba en un punto y en un momento distinto, tenían una visión distinta, eran testigos de hechos distintos.

     

    Teniendo en cuenta que eran los mejor preparados del momento, ¿Por qué no reaccionaron los escoltas y ninguno le alcanza a disparar o a herir a los atacantes?

    Con un agravante: no se investigó cuanta munición tenían ellos. Ellos dicen que dispararon ahí y luego que dispararon en la persecución. ¿Cuánta munición gastaron en eso? Habría que averiguar si era cierto el testimonio. En el revolver o en el arma, ellos tenían munición para estar disparando pasando la Avenida Niza con Avenida Boyacá, que son bastantes cuadras. Además, la versión de ellos es la verdad revelada y nadie analizó detalladamente qué armas tenían, eso no se sabe.

     

    ¿El Mercedes Benz Blanco en que viajaba el ministro tenía algún blindaje?

    No, el automóvil no tenía blindaje.

     

    ¿Cree que las investigaciones que se han realizado o que se están realizando han ayudado a esclarecer los casos represados en los juzgados? En episodios como el de Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro Leongómez o Luis Carlos Galán, las investigaciones periodísticas han ayudado a esclarecer alguno de estos casos.

    Sí, pero ayudan más cuando la investigación periodística se hace a partir del expediente. Yo no sé si en el caso de Bernardo Jaramillo o en los otros casos los periodistas están trabajando con el expediente que ellos tienen o con fuentes que lo conocen. Cosa muy distinta es recibir información de oídas sobre lo que dice el expediente a tener uno y saber qué dicen los testimonios, que muestran las fotos. Yo no sé si en esos casos las familias tienen el expediente.

     

    En el caso de Rodrigo Lara, no tenían el expediente, tenían el interés de llegar al expediente pero no lo han leído completamente; no tienen el dominio absoluto de la investigación, lo tienen la fiscal y el auxiliar de la fiscal. Todo depende del nivel de información que cada cual este manejando.

     

    Con lo que se sabe de otros magnicidios de la época de Lara Bonilla, hay patrones y actores implicados que son coincidentes. En muchos de estos casos se acusa a Pablo Escobar como autor, pero hay también personajes de la política y funcionarios del Estado a quienes no se ha investigado: Santofimio, Maza Márquez…

     

    Bueno, en el caso de Santofimio sí se ha investigado, condenado y llegado a una caución y a una condena. La condena de él por la muerte de Galán, del concejal y el escolta está basada en la declaración de Popeye, pero yo no podría decir que es un testimonio pues no hay las pruebas, pero sí hay una cantidad de otras pruebas secundarias que muestran que él estaba al servicio de Pablo Escobar, eso es un hecho. Además hay que tener en cuenta una cosa fundamental: cuál es la trayectoria, cuáles son los antecedentes del personaje, porque acusar a una persona que tiene una trayectoria limpia toda su vida porque un sicario de Escobar dice que participo en un crimen, es gravísimo; pero acusar a alguien como Santofimio que tiene prontuario criminal, que ha hecho cosas en otros ámbitos, no de sangre, pero sí de otros delitos y se sabe todo lo que hizo, es cosa distinta.

     

    Al testimonio de Popeye se le da más credibilidad cuando dice que es Santofimio el que le dice a Escobar que hay que matar a Galán, porque si no lo mata, cuando llegue a la presidencia va a extraditar a Escobar para cobrar el crimen de Lara Bonilla. Con todo lo que se sabe públicamente desde los años 70 de las falsificaciones de Santofimio, esta condena de la Corte Suprema tiene muchísima credibilidad.

     

    Pero hay personas como el narcotraficante Carlos Lehder, que ha testificado varias veces en contra de personas de la política que afirma haber conocido, pero pareciera que tal vez por los acuerdos que él tiene con los Estados Unidos se hicieran inválidas sus colaboraciones ante el Gobierno colombiano.

    Alberto Donadio en conversación con los estudiantes de la UPB. Foto: Contexto.

    No. Si eso es cierto, pueden ser veraces unas versiones de otros asesinos narcos que no han sido atendidos.

     

    Planteo esto porque Lehder ha sido uno de los procesados por narcotráfico a quienes el gobierno colombiano no ha ayudado para nada…

     

    Eso requeriría una voluntad de análisis frio de todas las cosas, independientemente de otras consideraciones, y eso no es así. Ningún Gobierno quiere abrir más frentes de los que ya están.

     

    “La Kika”, que está condenado en Estados Unidos a tres cadenas perpetuas en New York, seguramente algo de lo que él dice, pues se la pasa mandando cartas, puede ser cierto y merecería ser investigado y ser tenido en cuenta, pero a un tipo que se bajó de un avión, la justicia también pierde interés en escucharlo. Pero es muy difícil tener toda la información. Además, muchas de esas cosas no son comprobables ¿por qué? No sé; y se decían de palabra. Entonces quienes participaban en Tranquilandia (N del E: complejo cocalero del cartel de Medellín, ubicado entre Caquetá y Meta), aparte de los que cogieron: los Ochoa, el Mexicano y Escobar, mucha otra gente de Antioquia seguramente tendría negocios allá pero de eso no hay documentos, pasan de agache.


    Lea más:

     

    ¿Qué reflexiones hace Alberto Donadio sobre el periodismo investigativo de hoy?


    ¿Cómo ha cambiado el periodismo investigativo en los últimos años?

    Pasó de un periodismo en que se denunciaban cosas, por decirlo así, de cuello blanco, a cosas que son de sangre o sea masacres, asesinatos. Todo lo que hace María Teresa Ronderos con Verdad Abierta es eso, pero es concentrándose ya en un tipo de violaciones a la ley que implica derramamiento de sangre, o sea armas.

     

    Eso no era así en Colombia. En el año setenta, Colombia era un país muy pacífico y la guerrilla hacía golpes pero muy lejos. Los ochenta empiezan de una manera muy distinta por el narcotráfico, entonces eso cambia y luego toda la corrupción de antes tiene el fuego de la plata que se consigue con el narcotráfico, todo el paramilitarismo tiene el auxilio económico de la plata del narcotráfico, la guerrilla también, entonces cambió totalmente la estructura de lo que está pasando.

     

    En estos momentos las investigaciones periodísticas más notables se hacen de manera individual y no desde ninguna gran empresa periodística.

    O por ONG… La verdad ya no hay mucho interés. El interés se limita a reproducir lo que otros dicen, pero no a asumir internamente la investigación para hacer una revisión porque eso implica riesgos e implica inversión de plata, tiempo y es más fácil no hacerla.

     

    ¿Cree usted que existe entre la prensa y el Gobierno un acuerdo para presentar o no presentar la información?

    Sí, pero no porque haya una conspiración, sino porque es la vía fácil para el Gobierno, para los medios. (…) Casi todas las tragedias de todo tipo tienen una cara humana que normalmente no se muestra. Ahora que hizo este trabajo en Semana Silvia Camargo, sobre el impacto de la violencia en la salud mental de la gente, gracias a una beca del Carter Center de Atlanta, uno se pregunta: ‘a ver, esta señora de Córdoba con una cantidad de niños… llegan los paramilitares y les toca irse de la finca con la ropa que tienen puesta y llegan a Montería.’ Ella (Silvia) está contando todas esas historias ahora años después porque la televisión, en ese momento no fue a Montería, que no era peligroso. No estamos hablando de ir a denunciar a Mancuso, comprobar si esa masacre es de Mancuso o de Castaño, no, se trata de hablar con esas víctimas. ¿Por qué tenemos que esperar tantos años para que la gente cuente eso? Había muchísimas familias en cada masacre que se iban a la capital y que allá se podían entrevistar, no había que ir hasta la vereda donde era peligroso, ¿por qué no lo hicieron? (…)

     

    Lo mismo está pasando ahora con Reficar: usted no puede decir que la prensa le está tapando el escándalo al Gobierno., pero está presentándolo con una cantidad de información técnica que es muy difícil de penetrar. El primer comunicado de la Contraloría dijo que ellos tenían información de que a una secretaria bilingüe de Reficar le pagaban treinta millones en el mes y ningún medio en Colombia ha ido a buscar a esa señora, que es la cara del escándalo. De contratos y la modalidad que se pagaba sobre el trabajo ejecutado, eso no lo entiende nadie (…). Entonces le dan todo el despliegue: Uribe ataca a Santos y le dice ‘fue usted el que lo ejecutó. Yo lo firmé pero usted lo ejecutó’. Eso se va lejos, pero aterrice la noticia como ahí está…

     

    O sea que como consecuencia de eso, ¿cree usted que la inmediatez hace que en estos momentos no se confronten las fuentes?

    No, la inmediatez no. Es más bien el hecho de uno periodista y como medio, naufragar en el mar de noticias y en la confusión que cada escándalo tiene, en lugar de concentrarse en lo que es, en lo que le dice al lector todo: una foto, una historia, algo que el lector entienda, porque de lo contrario la gente dice: ‘ah, ya. Yo ya ví lo de Reficar’… Pero uno se cansa de seguir eso, a menos que uno sea periodista y esté pendiente de cada detalle. La gente lo lee una vez o dos veces y ya, a otro robo.

     

    Podríamos decir que se trabaja con más con pasión que razón…

    Y terminan los medios de plataforma y se la prestan a todo el mundo para que opinen del tema. Entonces el Contralor que hace la denuncia tal vez habrá hecho una investigación buena, pero también quiere sacar dividendos políticos y entonces no sabemos si está contando todo, si hay cosas que él sabe y no las quiere contar porque no le conviene… Luego el Gobierno que se defiende, se atacan entre dos presidentes, después sale Semana diciendo: ‘la Contralora Sandra Moreli le puso el visto bueno a todas esas cuentas’, entonces le prestan la plataforma, pero el medio no es el que decide, eso exige más trabajo.

     

    En cambio, muy fácil, los involucrados en estos asuntos dicen: ‘yo tengo El Colombiano, tengo Semana, tengo El Tiempo, y entonces mis periodistas ¿qué van a hacer?’. ‘Ah, que este dijo tal cosa sobre Reficar, sáqueselo; ‘que el otro le reviró, sáqueselo’. El periódico se vuelve pasivo, el piloto de la información no es el director, ni el editor, ni el redactor, sino otros. Es como si vos ponés una cartelera y todos los estudiantes de la Bolivariana publican: ‘busco perro’, ‘vendo perro’… Entonces la cartelera todo el mundo la usa. A eso se han reducido los medios.

     

    Con Daniel Samper, con quien usted trabajó en El Tuiempo, uno ve el juego de la información con el humor, la sátira para poder sacar así la información.

    Es que la calidad de los medios ha bajado muchísimo. Ha subido mucho la capacidad tecnológica, las fotos y todas esas cosas, pero el contenido se ha deteriorado en los últimos cuarenta años.

     

    Vladdo fue el que denunció lo de Interbolsa de primero, un tipo que es un caricaturista. ¿Por qué él? ¿Y no hay dizque un periódico económico que es Portafolio? ¿Y Dinero? Ellos nada, es que el periodismo de escritorio no sirve.

     

    En esa investigación, por ejemplo, también juegan los diferentes saberes. Es necesario tener abogados, economistas…

    Y si los hay, hablan con una terminología muy técnica que la gente no sigue (…). El periodismo debe ser una cosa ágil, amena, rápida, que la gente lo vea ya, no que le toque pensar, trabajar, porque no tiene tiempo. A lo que están hablando de Reficar yo le puedo dedicar dos minutos al día, pero estoy trabajando, estoy recogiendo a mi señora, debo recoger a los niños, pagar la mensualidad de los colegios, yo no puedo seguir ese escándalo, pero sí quiero estar informado.

     

    Además, se usan en todos los medios las mismas fuentes, la gente que habla siempre es la misma y no se están buscando otros puntos de vista.

    Exacto, repiten y repiten. Además, hay otra falla: hombre, cualquier organización sea un periódico, sea una universidad, sea una empresa de aviación, es obvio que debe tener una pirámide, en la base hay una gente y, a medida que se va achicando, hay menos gente aquí arriba (dibuja una pirámide imaginaria en el aire y señala la parte más alta). (…)

     

    Aquí, los periódicos y los medios los hacen solamente los de aquí (señala la base de la pirámide) y no tienen ningún estímulo para quedarse, saben que se van y que vienen otros muchachos a reemplazarlos, entonces esto no puede funcionar. Hay arriba un director, pero él no busca las noticias. Si no hay un estímulo económico además laboral y estabilidad, uno no puede contratar muchachos jóvenes recién egresados con la idea de dejarlos ir, uno los va a contratar porque son los mejores y los va a tener. (…) Aquí es: gente trabajando por un millón de pesos, por dos millones de pesos, tratando temas muy delicados, y, tan pronto ven la oportunidad de un mejor trabajo en cualquier parte, vuelan.

     

    Muchos estudiantes tampoco se inclinan por el periodismo porque les parece que no es rentable…

    No hay estímulos, no hay un reto y tampoco hay sueldos. O sea, la gente aspira legítimamente, en cualquier profesión, a comprar un apartamento, un carro y a vivir más o menos con un sueldo. Si eso lo puede conseguir en cualquier otra actividad, se va para allá. En cambio, aquí (en el periodismo) no pueden conseguir algo porque es uno quedarse diez años en un periódico en donde siempre le van a pagar lo mismo y ni siquiera puede pagar la cuota de un apartamento.

     

    En la columna de María Jimena Duzán sobre el caso de Vicky Dávila, comenta que cada vez es más mala la percepción que hay sobre el papel de los periodistas y los medios, señala que se nos acusa de promover odios ¿qué labor como periodistas estamos cumpliendo si ya no nos quieren leer?

    El periodismo es de cabeza fría. Usted puede ser lo más político, radical, lo que sea, pero ya cuando usted va a presentar su trabajo, es con términos neutrales, que convenzan aún a sus enemigos, no con política ni con frases apasionadas, esas usted se las guarda para otra ocasión. Esto requiere más trabajo. El problema es también del trabajo.

     

    ¿Entonces ya no se quiere pensar?

    No solamente pensar. Trabajar y hacer el trabajo de reportería, verificar los datos… eso es muy verraco, eso exige tiempo, paciencia, dedicación. Los medios deben entender eso para tener gente que pueda trabajar, no viviendo en ese ambiente, a la carrera, entregando cosas. A la carrera usted puede cubrir un choque aquí en la Avenida Nutibara, pero no una noticia.

     

    ¿Qué consejo usted les daría a aquellos jóvenes que desean hacer periodismo investigativo?

    Que se cambien de profesión (sonríe).

     


    La primera parte de esta entrevista fue publicada en la edición número 53 de Contexto. Encuéntrela AQUÍ.