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  • Nuestros Nobel de la Paz

     

    El premio Nobel de la Paz para el Presidente Juan Manuel Santos Calderón es, según la Academia Sueca, un reconocimiento a “sus decididos esfuerzos” por llevar la paz a un país que ha estado sumergido en un conflicto armado desde hace 52 años. Es por eso que son muchas las personas que han trabajado en busca de la paz para Colombia y también muchas las que han sido reconocidas por ello, con la idea de que su trabajo sirva como referencia de ese deseo que la sociedad colombiana ha anhelado por décadas.

     

    Desde hace 17 años se entrega en Colombia el Premio Nacional de Paz. El galardón, que es entregado por la Fescol (Friedrich-Ebert-Stiftung) y apoyado por medios de comunicación como El Espectador y la Revista Semana, se entrega cada año para reconocer los esfuerzos de esos personajes que han optado por el perdón y la reconciliación.

     

    Son diversos los ámbitos del trabajo de quienes han sido reconocidos con el Premio Nacional de Paz. Una de ellas, por ejemplo es Liliana Isaza, directora de la fundación Tiempo de Paz, dice que las Farc generan solo el 17% de la violencia del país. La fundación que dirige se empeña en prestar ayuda social a niños de entre cuatro y doce años, habitantes de las comunas 13 y 8 de Medellín. “Nosotros nos enfocamos en los niños para que sean generadores de paz. Ser una persona de paz es desarrollar valores al servicio de la comunidad. Está en la capacidad del perdón y la reconciliación. Creemos que con todo esto ayudamos los niños para una nueva cultura de paz”. Contexto presenta un recuento de algunos de los ganadores del Premio Nacional de Paz, un esfuerzo que busca hacer visibles las acciones por crear un nuevo país y que merece tener un lugar destacado, hoy que los ojos del mundo acompañan la búsqueda de la paz en Colombia.

     

    Para más información sobre los ganadores del Premio y sus historia, visita la página de la Fescol.

     

     

    Infografía: Miguel Osorio Montoya

     

     

     

     

     

     

  • ¿Qué hay después del VIH?

    Ante situaciones que cambian su vida, una persona pasa por diferentes etapas. Con el VIH, la lucha comienza cuando se recibe la noticia y continúa para vivir no tanto con el virus en contra, sino con los estigmas y la discriminación.

     

    La negación es el primer mecanismo de defensa que una persona crea ante situaciones de duelo. Así es como empieza el proceso de un paciente con VIH, mientras pasan por su mente el futuro, la familia, las relaciones personales… la vida.

     

    Existen otras reacciones emocionales ante la noticia de que se es “VIH positivo”, como la negociación, la ira y la aceptación, pero este no es el único frente en el que la persona debe batallar: el virus de inmunodeficiencia humana también carga con varios estigmas que los pacientes deben afrontar.

     

    “El primero es la señalización de la población. Si es un hombre, que es gay; y si es una mujer, que es trabajadora sexual. Y no es así. Que son una población en riesgo, sí; pero todos en el mundo se pueden contagiar”, afirma Verónica Rodríguez Domínguez, enfermera profesional y coordinadora nacional del Programa de VIH en Vihonco, organización con nueve años de experiencia en la enfermedad.

     

    La discriminación, menciona José Fernando Calle, médico internista experto en el virus, “nace del terror de contagiarse de forma casual. La gente piensa que se les va a transmitir por saludarse, darse la mano, un abrazo o compartir algo de comida” y a esto se le añade la creencia de que “es una enfermedad terminal y siempre mortal”. La verdad es que un paciente que esté contagiado puede tener una expectativa de vida igual que la de una persona que no lo esté, dependiendo de la rigurosidad que tenga con el tratamiento.

     

    Foto: Cristian Cifuentes.

     

    ¿Resultado? El aislamiento, de diferentes tipos, según el mismo Calle recopiló. El primero es el social, que lleva a un desplazamiento; el segundo es laboral, negándoles el ingreso a organizaciones, temiendo a ser despedidos o solicitándoles pruebas de ingreso, acciones que están prohibidas por el Artículo 21 del Decreto 1543 de 1997.

     

    El tercero es de tipo sexual, que es más común en mujeres, y que consiste en un alejamiento físico por parte de la pareja casual o estable. El siguiente tipo es racial o de etnia, debido a que algunas comunidades y grupos consideran el virus como consecuencia de un estilo de vida contrario a lo aceptado. En relación con el último está el religioso, que se genera tanto por acciones y comentarios de otros, “como por el sentimiento de culpa y el maniqueísmo” que se genera tras el contagio.

     

    Luego, Calle menciona la discriminación familiar, que se da por “rechazo de los integrantes. En África -por ejemplo- morían con los ojos y la boca abierta porque nadie quería acercarse a ellos”. También se cuentan casos de discriminación en el entorno médico, por falta de información que se expresa cuando las personas son atendidas de últimas o que se encuentran con algunas excusas para no prestarles servicios de salud.

     

    Luz Helena Jaramillo, odontóloga que durante 25 años ha trabajado con personas con VIH, cuenta que dentro de las razones por las cuales otros colegas no los han recibido son: “no tengo el instrumental especializado”, “no poseo el horario especial”, “el odontólogo no dispone del entrenamiento particular”, lo cual se debe a un desconocimiento por parte del profesional y del personal auxiliar, por eso es que complementa diciendo: “las medidas de seguridad deben ser sagradas para todos los pacientes”.

     

    Sobre el VIH

    Desde 1981, la cifra de infectados ha subido exponencialmente. En la actualidad, hay en el mundo 35 millones de personas con VIH. En Colombia, cuenta Calle, entró por Santa Marta en 1986, y ahora se registran 94 mil contagiados.

     

    Inicialmente se le llamó la “peste rosa” en San Francisco, California, debido a que se creía que era una enfermedad propia de los gais. Luego, la nombraron la enfermedad de las “cuatro H”: homosexuales, haitianos, hemofílicos y heroinómanos –adictos a la heroína–.

     

    Pero en el presente se conoce que “esta enfermedad no tiene ni género, ni edad, ni estrato social, pero es más frecuente entre los 15 y 45 años, teniendo mayor riesgo los desplazados, hombres que tienen relaciones íntimas con hombres, personas privadas de la libertad y trabajadoras sexuales”, comenta el médico experto, quien también aclara que solo se transmite por relaciones sexuales no protegidas; accidente biológico, es decir, al entrar en contacto físico con sangre o agujas infectadas; y por transmisión vertical (de la madre al feto).

     

    Como tratamiento se aplica la terapia HAART: “golpear temprano, fuerte y con un cóctel de medicamentos”, que se crea con una combinación de antirretrovirales recetados dependiendo de factores como la carga viral del paciente, el conteo de linfocitos CD4+ y síntomas clínicos, con el objetivo de no permitir que el virus baje las defensas y se dé paso a las enfermedades oportunistas que complican la salud de los infectados.

     

    “Algo positivo es que es la única enfermedad por virus que tiene 21 medicamentos diferentes”, señala Calle. Sin embargo, según la odontóloga Jaramillo, quien ejerció como tanatóloga en el Centro de Investigación de Enfermedades Infecciosas (CIENI) en México, la marginalidad es el principal problema porque “cuando el paciente recibe el diagnóstico en alguna situación de vulnerabilidad social, educativa o económica, la enfermedad tiene mal pronóstico. La persona no tendrá buena posibilidad de adherencia ni de duelo”.

     

    Sus relaciones: otro pero en el proceso

    Las relaciones personales de quienes viven con el VIH se convierten en un escenario que cambia la percepción que tienen sobre sí mismos.

     

    Uno de los ámbitos en lo que ello ocurre es el de la sexualidad, puesto que se pierde la confianza ante el temor de infectar al otro, aun cuando son conscientes de su constancia con el tratamiento y saben que pueden usar elementos de protección.

     

    Los tratos familiares y las amistades también pueden sufrir una transfiguración que llevan al paciente a cohibirse de contarle a los más cercanos sobre su situación actual, para eso, opina Katherine Jaramillo, psicóloga de pacientes con VIH, “lo primero que deben hacer es aceptarse a ellos mismos y luego pensar en pasar al siguiente paso: contarle a los demás”.

     

    “Ellos sufren más por los estigmas, la discriminación y demás acciones de señalamiento y exclusión que por la enfermedad misma”, a pesar de que “si es adherente (persona que sigue y responde favorablemente al tratamiento), debe cuidarse más de las personas, que nosotros de él”, afirma convencida la enfermera profesional, Rodríguez, y después explica que se debe a que están más expuestos a contraer alguna otra infección por parte de quienes no tienen el virus.

     

    ¿Y la solución?

    La cura para el VIH aún no ha sido descubierta, pero los avances médicos han permitido que la vida de las personas infectadas transcurra con normalidad. Existió un caso que reavivó la esperanza: el del “paciente de Berlín”, quien además sufría de leucemia mieloide aguda. Debido a un tratamiento intensivo y a un trasplante de médula de un donante, con una mutación que impidió que el virus entrara en sus células, se sanó.

     

    Es claro que son pocas las posibilidades de que hechos tan aislados converjan para eliminar el virus. Pero en el caso de los estigmas y la discriminación, las soluciones son más universales, según el médico, la psicóloga y la odontóloga. Citan entre ellas la capacidad de las personas con VIH para enfrentar con “buen humor la realidad”, trazar un proyecto de vida, educarse y acompañar a los demás para que se eduquen sobre el virus, las diferencias con el SIDA y las formas de transmisión. Los especialistas coinciden especialmente en una premisa que debe ser fundamental: “aceptar al otro como es. Con sus circunstancias”, según indicaron.

     

     

  • En Medellín hay espacio para el “corrinche”

    Desde Chocó Chiquito, un barrio en proceso de desaparecer, algunas postales de la vida de los afrodescendientes de Medellín, más del 10% de la población total de la ciudad.

     

    Foto: Manuela Zapata Roldán

     

    Por las calles de Moravia es fácil encontrarse escenas que bien pueden pertenecer a la vida diaria en un rincón de Quibdó o de Tumaco, mujeres que trenzan sus cabellos a la usanza afro, niños que juegan con la lluvia apenas llegan del colegio, música del pacífico que ambienta sin timidez a toda la cuadra desde una sola casa, todos en el barrio se conocen, se saludan, son como una gran familia que se preocupan por lo que le hace falta al otro.

     

    Es Chocó Chiquito y está desapareciendo. No obstante, el punto de encuentro es El Hueco, allí se aprecia mejor el cambio del paisaje un viernes cualquiera, cuando todos se preparan para el fin de semana, tiempo de fiesta y comida, muestra de las enseñanzas de cuna que dictan celebrar, a pesar de las adversidades. El sector fue declarado como zona de alto riesgo de desastre y muchas de las familias que lo habitaban debieron ser trasladas para apartamentos en otros sectores de la ciudad.

     

    Doña Hermencia Ramírez ha vivido por más de 36 años en Chocó Chiquito, un barrio nacido a partir del desalojo del puesto militar que estaba ubicado en lo alto del morro de Moravia. Los chocoanos que llegaban a Medellín sabían que allí podían encontrar dónde hacer su rancho y vivir porque tenían conocidos, gente de su tierra. Doña Hermencia dijo que se trasladó para la ciudad de Medellín “por cambiar de vida. Cuando era niña vivía en Medellín, pero me devolví para Baudó en el Chocó, allá me casé, tuve mis hijos y después me devolví para acá porque hay más oportunidades”.

     

    Pero no solo los recién llegados habitaban a Chocó Chiquito. Cada fin de semana, al barrio no le cabía una persona más. Toda la colonia llegaba a la amplia zona de discotecas y restaurantes que servían de espacio para los usos y costumbres de esta parte de la comunidad afrocolombiana.

     

    Los desalojos a las familias que habitaban Chocó Chiquito comenzaron en 2004 cuando el Ministerio de Medio Ambiente catalogó todo el sector de Moravia como zona de alto riesgo por su pasado como botadero de desechos. A partir de ese hecho, la Alcaldía de Medellín emprendió el proyecto de intervención integral en Moravia y las zonas cercanas, que incluía el reasentamiento de muchos de sus habitantes. A medida que las personas iban abandonando el barrio, con ellos se fue desvaneciendo la cultura. Actualmente solo quedan alrededor de doce familias que se han ido desintegrando y separando, para ellos abandonar su hogar ha afectado su tradición.

     

    Según el informe Afrocolombianos, población con huellas de africanía, del Ministerio de Cultura, el 10,59 % de la población en Antioquia es negra. El mayor motivo del desplazamiento de esta comunidad hacia Medellín es en busca de mejores oportunidades o por problemas de violencia en sus pueblos nativos.

     

    Postales negras

    En la ciudad hay otros puntos de encuentro para los afrodescendientes. El más reconocido, el Parque de San Antonio, lugar de varios eventos como el “San Pachito”. También está la cancha de Enciso, en la que cada ocho días hay chirimías y las mujeres cocinan platos típicos del Pacífico como banano con queso o tortas de arroz.

     

    Para Yulianny Córdoba Castro, cantante de la Chirimía Citará, los afrocolombianos han creado una nueva costumbre en la ciudad para no sentirse tan alejados de sus raíces. Esta consiste en que varias personas se reúnen en una casa cada fin de semana a bailar, cantar y tocar instrumentos pertenecientes a una chirimía, en un espacio en el que se sienten como si estuvieran en su pueblo.

     

    También hay proyección de cine, películas seleccionadas para que los afrodescendientes nacidos en Medellín conozcan su cultura, las costumbres y la gastronomía. En Moravia se han presentado una serie de películas como El vuelco del cangrejo, dirigida por Óscar Ruiz Navia.

     

    Incluso la discusión sobre la diversidad sexual es asumida con un espíritu festivo. Como una forma de promover la tolerancia, cada año se hace también en Moravia el llamado “partido de las locas”, un juego de fútbol protagonizado por hombres vestidos como mujeres, mientras los asistentes disfrutan de grupos musicales y bazares.

     

    Festiafro, Festival Afrourbano y La Noche Afro, hacen parte de la oferta de otros eventos que Medellín organiza para la comunidad negra. El Festival Afrourbano, por ejemplo, se realiza desde el 2009 con el fin de crear un espacio hecho y dirigido solo para la comunidad afro. Allí las personas pueden demostrar los talentos que preservan su cultura.

     

    Marino Rentería, director de la Corporación Malcolm X y organizador del Festival Afrourbano, resaltó la importancia de que se hagan eventos como este en la ciudad: “como la cultura afro está acrecentada en Medellín, a través de todos estos eventos nos encontramos y hacemos esa relación y ese inicio de recordar a nuestros ancestros a través del baile, del canto, entonces esos espacios se dan para eso, para que nos encontremos tradicionalmente”. Este evento se realiza con la ayuda de la comunidad y con el Centro Cultural de Moravia.

     

    Asistentes a la Noche Afro 2016. Foto: Manuela Zapata.

    Asistentes a la Noche Afro 2016. Foto: Manuela Zapata.

     

    El tamaño de la comunidad afro en la ciudad y su dinamismo hacen que siempre resulten pocos los espacios y recursos para la promoción de su cultura. Pero la Feria de las Flores tiene la Noche Afro, un espacio que reconoce los aportes de esta población a las tradiciones de la ciudad. En la versión de 2016, los sonidos del Pacífico y ritmos africanos sedujeron a los extranjeros y a los “paisas”, como todavía son llamados los blancos con quienes los afro de Medellín son coterráneos.

     

    Gabriel Palacios viajó desde el Chocó a Medellín solo para disfrutar aquella noche y sobre él expresó: “creo que es un espacio donde hay precisamente la mixtura, la cultura, hay integración, hay fusión, me parece que espacios y eventos como estos deben de conservarse”.

    Lindy Vera reside en Medellín desde hace ocho años y también asistió a La Noche Afro. “Me siento identificada con este tipo de eventos, me encanta que lo celebren, nos encanta sentirnos parte de Medellín”, afirmó.

     

    Los espacios festivos y para el encuentro de la comunidad Afro, son también una lucha entre ellos mismos, según reconocen algunos líderes. Dos personas que se dicen “nos vemos en San Pachito”, realmente se desafían a pelear. En varias ocasiones, en estas festividades se han presentado percances con personas que llevan machetes para pelear y resolver problemas pendientes, en lo que corresponde al lado menos amable de la tradición.

     

    Feliciano Córdoba Mosquera, vendedor de chuzos y líder comunitario de El Oasis en Moravia, opinó que quienes protagonizan estas peleas no tienen idea del daño que le hacen a sus paisanos. En alguna ocasión estuvieron a punto de cancelarse por problemas de convivencia de este tipo, según contó Yulianny Córdoba Castro, cantante de la chirimía Citará. Afirmó que el reto de los líderes comunitarios está en “buscar los medios efectivos para que los afros nos acojamos y le pongamos sentido de pertenencia a estas actividades”. Puede pensarse que todo hace parte de la adaptación, lo cierto es que ya la huella afro en Medellín es indeleble y tiene historia, a pesar de que Chocó Chiquito se reduzca al punto de desaparecer.

     

    Lindy Vera y sus acompañantes en la Noche Afro 2016. Foto: Manuela Zapata.

    Lindy Vera y sus acompañanates en la Noche Afro 2016. Foto: Manuela Zapata.

     

     

     

  • Leer con todos los sentidos

    El poder de las historias hace que haya muchas formas de leer, incluso para quienes no ven con sus ojos o no escuchan con sus oídos. Relatos que ilustran algunas formas de lo que se conoce como lectura accesible y que tuvieron espacio en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

     

     

    Medellín, 14 de septiembre de 2016. 8:00 de la noche.

    Concierto experimental Paisajes sonoros

     

    Comienza la función: “Advertimos que vamos a estar a oscuras totalmente, por lo tanto, las personas que por limitaciones físicas o psicológicas no puedan permanecer 40 minutos a oscuras, tal vez no podrán estar en la actividad”, dice el maestro de ceremonias antes de apagar las luces.

     

    Se apagan las luces y de pronto la única utilidad de nuestros ojos es percibir un pequeño bombillo rojo, tal vez de una alarma o sensor, y un destello azul, un poco más grande, que permite ver la silueta de los objetos después de unos minutos en la oscuridad.

     

    Alguien nota aquella pequeña luz que nos permite ver y la apaga. Ahora somos presos de nuestro cerebro. No podemos ver, escribir o hablar. Solo estamos ahí, quietos, en medio de las imágenes que nuestra mente va creando con cada uno de los sonidos que se escuchan en la sala.

     

    Imposible no reconocer el metro, los chorros de agua, la gente hablando, la selva tropical, la motosierra o la lluvia. El cerebro viaja por el mundo mientras el cuerpo sigue inmóvil, en la misma silla del auditorio Aurita López.

     

    De pronto, la mente se pierde, empieza a divagar entre pensamientos sueltos. Como cuando pasamos los ojos sobre las palabras sin leer, los oídos percibían los sonidos sin interpretarlos. Luego, un ruido fuerte capta nuestra atención y retornamos al viaje de los audios que nos llevan a nuevos mundos.

     

    Una gotera de agua cae, tal vez en un charco; vuelve a caer, una y otra vez. Ahora hay un gran lodazal, algo se mueve dentro de él. Como una figura mitológica, algo emerge desde el fondo, un extraterrestre, un anfibio, un reptil, no se sabe. Tal vez otros vean algo diferente mientras escuchan.

     

    La luz se enciende, la función ha terminado. El contenido Éter se prepara para la segunda función de la noche y el público sale rápidamente de la sala luego de que los ojos se adaptaran nuevamente a la luz.

     

    Medellín, 14 de septiembre de 2016. 3:00 de la tarde.

    Obras breves para gente brava

     

    Bibliocirco de Comfenalco. Las personas ingresan por el costado izquierdo de la carpa, se acomodan en las graderías de aluminio y se sientan a esperar la siguiente actividad.

    Muchos jóvenes y niños entran ayudados por sus guías o padres, que sirven de ojos para los que no ven.

     

    Kevin se sienta en una esquina derecha de la primera fila y comienza a mover las manos para ubicarse en el espacio. Su madre, Sor, las toma y comienza a comunicarse en lenguaje de señas. Su piel es ahora su único contacto con el mundo exterior. Nació sordo y luego quedó ciego, así que necesita de un intérprete constante que le hable a través de la piel para no perderse en un mundo diseñado para los ojos y los oídos.

     

    Hoy están aquí para hacer parte de la presentación de “Obras breves para gente brava”, una serie de 7 obras de teatro corto traducidas al braille, que serán interpretadas por personas con discapacidad visual mientras el público aparta los ojos de la escena tras un antifaz para dormir.

     

    El espacio se llena con niños, jóvenes y ancianos que vinieron a conocer la literatura de manera divertida. La actividad es para todos. Como parte del día de la lectura accesible, hay intérpretes permanentes para las personas sordas y traducciones en braille para las invidentes.

     

    Ya van 10 años en los que se reúnen niños, adultos y ancianos bajo la carpa roja con amarillo para disfrutar de cuentos, obras de teatro, shows circenses y horas de lectura.

    Y tres años desde que Comfenalco se unió con la Alcaldía para dedicar un día entero a la población con diferentes discapacidades.

     

    La luz se torna rojiza bajo la carpa mientras desde las 12 del día trascurren las actividades del Bibliocirco. Un baile del Comité de Rehabilitación, cuyas canciones son traducidas al lenguaje de señas para quien no las pueda escuchar; una obra del Colectivo Clown, para que los niños aprendan a reciclar; una serie de obras leídas en braille y Alicia buscando a su amigo Conejo, hicieron parte de las actividades del día, de las cuales se beneficiaron más de 500 personas con discapacidades sensoriales.

     

    Al final del día, bajo las nubes de la noche, el proyector lanza un rayo de luz para proyectar Los colores de la montaña en la tarima SURA. Es una película en formato accesible, que no solo cuenta con subtítulos y un intérprete de señas en la pantalla, sino también con una voz que cuenta los hechos que se desarrollan en la pantalla.

     

    Quienes no pueden ver con sus ojos, quienes no pueden escuchar con sus oídos, quienes tienen capacidades diversas, encontraron en la Fiesta del Libro y la Cultura un espacio para sentarse a leer con todos.

     

    Video

     

     

  • Del papel al pixel: nuevas lecturas, nuevos retos para el sector del libro

    Ni los libros ni los lectores están desapareciendo, se están transformando, y la Internet es su gran escenario. Los retos son muchos y hay que responder a ellos. Estas fueron unas de las conclusiones que surgieron a partir del pasado seminario de Nuevas Lecturas, organizado por Fiesta del Libro, el 4 de agosto en la SIU de la Universidad de Antioquia, donde se reflexionó sobre el libro y sus lectores a partir de diferentes charlas y experiencias de editoriales digitales, académicos y promotores de lectura.

     

    La lectura desde la no lectura

     

    Germán Rey abrió el seminario proponiendo esta forma de comprender la lectura en Colombia, desde la no lectura, que implica, según él, mirar cómo desde la experiencia digital se ha transformado en múltiples soportes y múltiples ofertas, que rompen el ciclo tradicional de la producción y adquisición de los libros.

     

    Rey destaca, además, que es importante comprender las dinámicas sociales, para poder responder a las necesidades emergentes de forma más acertada, con políticas públicas que vinculen la lectura con los contenidos digitales, por ello advierte que las cifras de los estudios de lectura en el país no son suficientes y hace un llamado a que se vinculen otras profesiones, como la antropología y la etnografía, para responder a las cuestiones sobre cómo leen, qué leen y cuándo leen los colombianos hoy, desde sus contextos.

    Las herramientas y el acceso directo que proporcionan las plataformas digitales han hecho que las dinámicas tradicionales de lectura cambien. Foto por: Yorley Ruiz

     

    ¿Una nueva profesión?

     

    Los avances tecnológicos y las nuevas formas de la comunicación traen consigo nuevas profesiones, como lo define Catalina Holguín, “soy editora digital, es una profesión dudosa, incierta y quienes la hacemos no sabemos aún cómo hacerla”. Experiencias editoriales como Manuvo , donde ella es directora, demuestran cómo muchas de sus creaciones son experimentos, como lo llama ella, en los cuales el libro adquiere otra forma y el producto no es un libro tradicional, ni un videojuego, a pesar de que algunos permitan jugar en él.

     

    Catalina insistió en la importancia de la lectura para los editores “no solo del texto que estamos editando, sino del texto que es Internet. Si uno aprende a editar ese texto seguro no se aburre”. Advierte que el reto desde la academia es mirar la Internet “como un objeto de estudio serio, como un objeto estético, como un objeto literario, que puedes leer, analizar, criticar o lo que sea” y que los futuros profesionales deben saber trabajar en equipo porque, citando el caso de NY Times, donde los equipos son multidisciplinarios, “Si uno no sabe trabajar en equipo, no puede hacer nada en digital”.

     

    Sin editoriales no hay lectura

     

    Es una necesidad casi urgente que los editores y editoriales se transformen, para dar respuesta a nuevas formas de consumo, mediadas por lo digital, donde la suscripción y el desarrollo de plataformas antimonopolio pueden ser una respuesta contundente, según explicó Jaime Iván Hurtado, consultor experto en nuevas tecnologías, destacando la importancia de las editoriales y editores para la lectura y el desarrollo de los libros.

     

    “Es muy afortunado la cantidad de caminos que hoy se pueden tomar y que garanticen que las operaciones funcionen”, dijo Hurtado frente a los recursos y conexiones que ofrecen las plataformas digitales donde siempre habrá la necesidad de “un corrector de estilo, un diseñador, alguien que se ponga a tono con las necesidades”.

     

    Estudiantes de diseño gráfico de la UPB desarrollando un libro digital basado en los cuentos de Edgar Allan Poe, con audios e ilustraciones creados por ellos. Foto por: Yorley Ruiz

     

    Las bibliotecas: más que un café internet

     

    “Tenemos 19 bibliotecas y uno de los problemas más graves es que hay un uso instrumental o cooptado por las redes sociales” dijo José Ignacio, durante el conversatorio con Ruth Helena Vallejo de Bibliored y Claudia Giraldo de Comfenalco, refiriéndose a los retos que se están enfrentando hoy las bibliotecas, donde el 80% de los usuarios están en redes sociales o en YouTube y muy pocos consultando el material que ofrece las bibliotecas.

     

    El derecho a la información y la promoción de la creación de contenidos propios en las bibliotecas, fue un llamado que hizo Ignacio, porque, según él, no deben atenerse solo a los intereses del mercado editorial. Por otro lado, Claudia recordó que la función que tienen es “fundamental y es el acceso a la información. La promoción a la lectura tiene que llevar a algo y es que seamos una sociedad más informada”, porque, según ella, uno de los problemas más graves es que “somos una sociedad que no sabemos para qué sirve la información”, por eso destaca que los procesos de aprendizajes y de alfabetización digital deben comenzar por las comunidades, los barrios y los contextos de los usuarios.

     

    Las bibliotecas tienen el reto de atraer nuevos lectores que aprovechen el material que estas ofrecen a partir de nuevas estrategias de intercambio y apropiación de la información. Foto por: Yorley Ruiz

     

    En tiempos de ciencia ficción

     

    “Estamos tan acostumbrados a la maravilla que se nos olvida que estamos en tiempos de ciencia ficción”, dijo el profesor Pablo Francisco Arrieta, quien desde libros digitales interactivos, que contienen vídeos, audios, hipertextos, traducciones del idioma original con solo tocar las palabra en la pantalla, y otras opciones que ofrecen estos tipos de plataformas, hizo caer en cuenta a los asistentes que más allá del soporte, lo que importa es que la gente lea.

     

    Los audiolibros, la personalización de la visualización de las publicaciones, la experiencia que ofrecen los periódicos hoy es completamente diferente, lo cual da cuenta de que la gente lee diferente y que los hábitos en torno a ella crean posibilidades sorprendentes, explicó Arrienta.

     

    No hay que ir muy lejos para ver lo que traen estas nuevas tecnologías. La Biblioteca Nacional de Colombia hace una entrega mensual de un capítulo del libro escrito e ilustrado por Antonio Caballero: Historia de Colombia y sus oligarquías. Imagen: bibliotecanacional.gov.co

     

    Mirar hacia el futuro

     

    Son muchos los retos a los cuales se enfrentan no solo las editoriales, sino también las bibliotecas, los promotores de lectura, los docentes, padres de familia, los lectores tradicionales y los nuevos lectores, donde las políticas públicas y las encuestas están llamadas a responder y a retratar esta realidad cambiante y renaciente del libro.

     

    Ana Carolina Montoya, promotora de lectura y asistente al seminario, celebra que en la ciudad se abran este tipo de espacios para la reflexión que le permitan a editoriales, bibliotecas, librerías y el lector del común, quitar el miedo y abrirse, a lo que ella llama, todo un universo por ser explorado.

     

    Aún hay preguntas por resolver, fenómenos de lectura por ser estudiados y procesos de promoción y nuevos grupos de trabajo por ser creados, que muestran que el sector del libro tiene un camino largo y esperanzador por construir.

     

    Del 9 al 18 de septiembre se llevará a cabo, en Medellín, la Fiesta del Libro y la Cultura que cumple 10 años. Un espacio para seguir reflexionando alrededor del libro y las lecturas. Foto por: Yorley Ruiz (Fiesta del Libro 2015).

     

     

     

  • UNA TRADICIÓN CON MUCHAS VIDAS DE HISTORIA

    La tradición silletera se preserva gracias a la unión en que conviven y trabajan familias campesinas del corregimiento de Santa Elena, al oriente de Medellín, que con curiosidad e ingenio inagotables llevan con orgullo la responsabilidad de ser el centro de la principal expresión cultural en las fiestas tradicionales de la capital de Antioquia. Manuela Gómez Walteros recoge en estas imágenes el testimonio gráfico de una familia que lleva consigo una historia que ha durado muchas vidas.

     

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  • PROYECTOS DE VIDA EN MARCHA

    Conozca en qué consiste el programa Ser Pilo Paga mediante el testimonio de sus beneficiarios y sus historias de vida.

     

    ¿Qué es Ser Pilo Paga?

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    El testimonio de Andy Isaza

    Este estudiante de la Universidad de Medellín habla de cómo recibió su familia su admisión al programa de becas condonables, opina sobre el auxilio económico que reciben los beneficiarios y cuenta qué imagen tienen de él sus compañeros.

     

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    Un estudiante que viene de otra ciudad

    Carlos Andrés Valencia cuenta su proceso de preparación y aspectos de su rutina como beneficiario de Serr Pilo Paga. Relata su proyecto profesional para llegar a ser astronauta.

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    Descubriendo otros mundos

    Leidy García vivía en Rionegro, al oriente de Medellín. Ahora que vive en la capital del departamento, tiene nuevas rutinas y está conociendo una ciudad que siempre tuvo cerca, pero que no había conocido a fondo. Habla de los retos y dificultades que los cambios han significado.

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    REGRESE AL ESPECIAL SER PILO PAGA, ¿CUÁLES SON LOS RÉDITOS?

     

     

     

     

     

  • VOCES DE LA VIDA UNIVERSITARIA

    Una profesora que construye una red de apoyo para los ‘pilos’, un estudiante de derecho que tuvo en el ajedrez su oportunidad de obtener un crédito – beca condonable, testimonios que hablan de cómo Ser Pilo Paga ha cambiado vidas, proyectos profesionales y visiones del mundo.

     

    Escuche los testimonios con la siguiente galería de sonidos. Haga click en los enlaces para escuchar:

     

    El ajedrecista pilo

    La historia de este estudiante habla de los entornos que favorecen el desarrollo de talentos académicos, un testimonio con altas dosis de análisis sin prevenciones de la vida universitaria desde la óptica de un pilo.

     

    Estudiar Derecho, bien derecho

    No se trata solo de alcanzar un cupo, la matrícula se vuelve un reto pequeño comparado con los que hacen parte de la vida universitaria, según cuenta este estudiante de Derecho, beneficiario del programa Ser Pilo Paga.

     

    La niña “diferente”

    La mayoría de estudiantes sustentan las motivaciones para su trabajo académico en sus proyectos profesionales a futuro. Esta beneficiaria del programa Ser Pilo Paga, cuenta cómo hasta la satisfacción de sus parientes es un motivo para dar lo mejor de sí en las clases.

     

    La profe pila

    Una docente universitaria se ha dedicado a construir redes de apoyo para los estudiantes beneficiarios del programa ser Pilo Paga, su testimonio describe cómo la actividad académica de estos jóvenes ha cambiado la dinámica del centro de estudios en el que trabaja.

     

    Doctora a fin de cuentas

    Una beneficiaria del programa Ser Pilo Paga cuenta cómo su proyecto de estudiar Medicina se cambió por la escuela de Leyes y cuenta los retos de su vida cotidiana como estudiante de Derecho.

     

    REGRESE AL ESPECIAL SER PILO PAGA, ¿CUÁLES SON LOS RÉDITOS?

     

     

     

     

     

     

  • Ser Pilo Paga: del presupuesto nacional al presupuesto personal

    Sara Ceballos vive “al bordito de la montaña, por allá, muy arriba”, en la vereda El Llano del corregimiento de San Cristóbal, del municipio de Medellín. Ella, con una sonrisa que enmarca su rostro ovalado y con su voz aguda, parece no sucumbir ante el cansancio diario que le produce el viaje desde su casa hasta la Universidad de Medellín, donde cursa primer semestre de Derecho.

    Cada mañana, Sara ve despertar a Medellín desde las ventanas del bus, cuando el alumbrado público se va apagando y la luz natural del cielo, a veces brumoso, invade las esquinas.

     

    – Si la clase empieza a las 6 de la mañana y me baja mi papá, salgo de mi casa a las 5:00. Si no, me toca salir de mi casa faltando un cuarto para las 5 y tomar tres buses hasta acá- y tras decir esto sonríe y añade-, a mí me gusta vivir allá, pero siempre es que me queda lejos.

     

    Al lado de Sara, está Steven Posada, su amigo y compañero de clases, quien también sabe de distancias y largos recorridos: en enero de 2016, Steven dejó su casa en el municipio de Venecia, Antioquia, a su mamá, su abuela y sus dos hermanos menores, para vivir con su abuelo paterno, en el barrio Santa Cruz, al nororiente de Medellín.

     

    “Siempre había vivido en Venecia, nunca me había ido a vivir a otra parte y mi mamá ha estado siempre conmigo”, dice, y en su voz hay un dejo de nostalgia, de añoranza por su pueblo pequeño, con árboles en el parque, y por la compañía de su madre y su abuela, “los dos pilares” de su vida.

    Steven y Sara comparten, además de la carrera y del sutil encanto que tiene la tierra del campo después de la lluvia, un título que el Estado les otorgó y que les permitió continuar con sus estudios superiores: ambos son “los más tesos”, hacen parte de los 21.000 “pilos” del programa Ser Pilo Paga (en adelante SPP), que durante sus dos primeros años de implementación (2015 y 2016), lleva una inversión total de $529.000 millones del presupuesto nacional. Si ambos escucharan esa cifra, dirían que es mucho dinero, más del que han visto en su vida y del que les gira el Icetex para su sostenimiento semestral.

     

    Lo mismo diría Alejandra Medina, una estudiante de tercer semestre de Publicidad de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), oriunda de Armenia, Quindío, y quien residió, durante tres años, en Coria del Río, una ciudad de casas blancas y parques arbolados ubicada en Sevilla, España.

     

    En 2013, la crisis económica hizo que ella, su madre y sus hermanos, retornaran a la casa de sus abuelos maternos en Calarcá, Quindío. “Yo tenía ganas de seguir estudiando, por eso validé el bachillerato y presenté las pruebas Icfes, pero no me imaginé que iba a estar dentro del programa”, cuenta, mientras recuerda los abrazos de su madre y de su familia, esa tarde de octubre de 2014, en la que recibió los resultados y la noticia de que era beneficiaria del crédito beca condonable de Ser Pilo Paga.

     

    Hoy, un día cualquiera a las 6:00 p.m, Alejandra estudia a media luz en el Bulevar del estudiante de su universidad, mientras las lámparas se encienden despacio, como sin ganas de robarle la oscuridad a la tarde. Cuando sea hora de volver a casa, ella lo hará a pie pues vive cerca de la UPB, en tanto Sara y Steven, tardarán una hora en llegar, una hora a la que hay que sumarle el dinero de los pasajes, dinero que sale de lo que, semestre a semestre, les consigna el Icetex.

     

    Sara, recibe un salario mínimo legal vigente por vivir dentro de Área Metropolitana, mientras que Steven y Alejandra, cuatro, por venir de afuera. ¿Les alcanzará? Esa es la pregunta que flota en sus cabezas cada semestre, cuando las maromas para hacer rendir la plata se agotan.

     

    Los contrastes presupuestales

     

    En octubre de 2014, el presidente Juan Manuel Santos y la ministra de Educación, Gina Parody, anunciaron que el gobierno otorgaría 10.000 becas, “con el fin de garantizar el acceso a la educación superior”, para el 2015. Los requisitos para ser beneficiarios del programa- bautizado con el nombre de Ser Pilo Paga- serían, según datos del Ministerio de Educación, haber obtenido 310 puntos o más en las pruebas Saber 11, tener un puntaje del Sisbén inferior a 57.21, y presentarse y ser admitido a una de las 33 universidades acreditadas de Alta Calidad.

     

    Para el 2015, el gobierno nacional dispuso de $155.000 millones destinados a cubrir las matrículas de estos estudiantes, así como para entregar los subsidios de sostenimiento, que van desde un salario mínimo a cuatro, dependiendo de si el beneficiario debe desplazarse de su cuidad de origen.

     

    En octubre del 2015, fue anunciada la segunda versión del proyecto, que ampliaría los cupos a 11.000 estudiantes para el 2016. No obstante, esta versión tendría otras dos variaciones importantes: la primera, es que Gina Parody ya no se referiría a SPP como un programa de becas, sino como “un crédito beca condonable, una vez que el estudiante termine satisfactoriamente sus estudios”, lo que significa que el “Pilo” debe hacerse cargo de la deuda que contraiga con el Icetex, en caso de que no termine sus estudios; y la segunda, que el presupuesto se ampliaría a $374.000 millones de pesos.

     

    La cotidianidad de Sara dice que no le alcanzan los $689.454 que le giran al semestre. No le alcanzan por los 3 buses que debe tomar diariamente, por las jornadas largas, que le piden al cuerpo alimentarse bien y por las fotocopias y libros que debe comprar.

     

    -Lo que me giran no alcanza, es que hagamos cuentas- dice, mientras entorna los ojos y cuenta con sus dedos una cantidad invisible-, yo le doy $150.000 a mi mamá, porque de todas formas me gusta ayudar. De ahí me quedan $540.000, más o menos y me gasto en pasajes, que tengo que coger 3 buses ida y vuelta a la casa, $12.000. Si mucho, eso me alcanza para un mes.

     

    Mes a mes, Sara necesita $240.000 para los pasajes, lo que suma, durante los cuatro meses que dura el semestre, $960.000. “Yo guardo pero me quedo corta de fotocopias y libros, no más este semestre me tocó comprar dos libros de segunda, se me fueron $70.000”, comenta.

     

    Por su parte, Steven dice que le alcanza lo justo y que es un presupuesto apretado. “A mí me giran cuatro salarios, más o menos 2’600.000, y me lo dividen en dos pagos al semestre. Eso es lo que hace más difícil el poderse sostener, que los pagos están espaciados y a uno le toca mantenerse de a mitades”, dice, sopesando cada palabra y poniendo las manos sobre la mesa.

     

    Eso quiere decir que, los primeros dos meses del semestre, a Steven le giran $1’300.000, de los que aporta $200.000 en casa de su abuelo: “no me obligan a dar plata, pero si estoy viviendo ahí, es mejor aportar algo”, dice. Del 1’100.000 restante, destina $150.000 pesos para sus pasajes mensuales: dos viajes diarios en Metro. Lo le queda, dice, es para los libros “que a pesar de que son fotocopiados, son muy costosas”.

     

    -Yo empiezo a pensar en si de pronto me va a alcanzar, porque intento ayudar lo que más puedo donde mi abuelo cuando hay problemas económico que puedo suplir- comenta Steven, quien esboza una sonrisa evocadora-. Cuando no quedo cortico, mi mamá hace el esfuerzo de ayudarme con lo que puede, porque ella trabaja por días en un restaurante en Venecia, o sea que no es estable.

     

    En la UPB, mientras se hace de noche y Alejandra sigue trabajando en una campaña publicitaria, dice que, a pesar de vivir cerca de la Universidad, el dinero no es suficiente: “pago $600.000 mensuales en la casa en la que vivo y a mí me giran 2’600.000”. Esto quiere decir que le quedan $200.000 para hacer sus actividades diarias, para estudiar y hacer los trabajos “que a veces salen caros en Publicidad”.

     

    Según el Ministerio de Educación, a estos tres estudiantes, expertos en hacer rendir lo poco y a los demás estudiantes beneficiarios, se les garantiza el acceso a ayuda psicológica, asesoría académica y tutor becario, ayudas que brindadas, en gran medida, por la universidad que los acogen. Pero, ¿cómo impactan las Universidades para garantizar la permanencia de los estudiantes?

     

    Universidades y Estado: un papel decisivo

     

    Lina María Velásquez Restrepo, docente de primer semestre de la Facultad de Derecho de la Universidad de Medellín- la tercera universidad con más estudiantes pertenecientes al programa, estando en primer lugar la UPB y Eafit en segundo,- supo reconocer a los estudiantes de Ser Pilo Paga que llegaron a su curso. Había algo en sus voces, en la forma en la que se disponían en el aula y en la atención que ponían, que los hacía resaltar.

     

    “Ellos se destacan, son más atentos, más estudiosos y no les da pena hablar, representar a sus compañeros”, comenta, diciendo que cuando los vio llegar no pudo quedarse quieta, “indolente ante las necesidades de ellos”. Empezó a gestionar, por su cuenta- puesto que a Universidad de Medellín no tiene, a la fecha un programa oficial de apoyo alimentario o de fotocopias- ayudas para sus estudiantes.

     

    -Empecé a buscar patrocinio, con mis amigos, para que me ayudaran a subsidiar, en alguna medida, las fotocopias y la alimentación de algunos. Yo les digo ‘no me mande plata, consígnesela a la cuenta del restaurante, de la fotocopiadora o de la librería’, para que ellos lleguen con un saldo a favor y vayan haciendo uso del servicio- comenta, con la claridad de los docentes acostumbrados a explicar con paciencia.

     

    “Cada estudiante maneja su tiquetera: si tiene un saldo de $50.000 en la fotocopiadora, él verá cómo va sacando lo que necesita”, y añade que la idea es extender el programa al resto de la Universidad y demostrar que “si se quiere cambiar el mundo, hay que empezar por el entorno”.

    -La profe nos ha ayudado mucho, uno a veces no tienen la capacidad económica para sacar las copias que necesita y ella siempre nos escucha, está atenta de nosotros- comenta Steven, mientras Sara sonríe, en señal de aprobación silenciosa-.

     

    En la Universidad Pontificia Bolivariana, en cambio, es el área de Bienestar Universitario la encargada de los apoyos alimentario, de fotocopias y transporte que acoge, en gran medida, a los estudiantes de SPP. Según Kelly Marín, funcionaria del área de Mercadeo, estos no son las únicas ayudas a los que pueden acceder los 1326 estudiantes del programa: “por ejemplo desde el Centro de Lenguas, donde se les da, de manera gratuita, los niveles de inglés que los estudiantes requieran. Así como Bienestar y el área de Permanencia, ofrecen charlas y recorridos por la ciudad, que buscan que ellos permanezcan en la Universidad”.

     

    -Los programas funcionan, yo estuve en el apoyo alimentario y de transporte. Pero desde que vivo cerca de la Universidad, ¿para qué le voy a quitar la oportunidad a otra persona?- pregunta, y en su rostro hay calma, paciencia, para terminar la tarea que se reúsa a abandonarla-, yo para eso me voy a pie y cocina en mi casa.

     

    La profesora Lina María Velásquez Restrepo, es enfática en señalar en programas como ser Pilo Paga, “no se le puede endosar toda una función social al Estado, sino que hay que involucrar a otros actores como empresarios, las mismas universidades, o inclusive las religiones”, para que funcione e impacte, realmente, en la vida de los jóvenes colombianos.

     

    En el bulevar del estudiante de la UPB, las luces ya están encendidas, brillando plenas. Alejandra estira el cuello y la espalda antes continuar con su labor: “la plata me alcanza justa, pero alcanza. Yo intento ahorrar, por eso casi ni salgo, porque yo no quiero que mis gastos recaigan en mi familia”, comenta recordando a su mamá, que cuando puede le ayuda con dinero. Son las 6:30 p.m. y Alejandra ya no repara más alrededor y se enfoca en diseñar.

     

    Mientras tanto, en la Universidad de Medellín, el viento frío que golpea las ventanas y se cuela en el recinto donde están Sara y Steven. Ambos, sintiendo el frío en sus pieles, se cubren con su saco, se ajustan la chaqueta. “Yo creo que para que me alcance la plata, me va a tocar empezar a vender gomitas al escondido, porque acá no dejan vender”, comenta Sara, entre carcajadas sonoras que contagian al silencioso Steven, que solo atina a sonreír.

     

     

    REGRESE AL ESPECIAL SER PILO PAGA, ¿CUÁLES SON LOS RÉDITOS?

     

  • Son pilos con necesidades

    Después de dos años, a pesar de haber previsto ciertas medidas para el bienestar de los “pilos”, las universidades aún se apuntan a nuevas modificaciones.

     

    El programa “Ser Pilo Paga” (SPP), nació en el 2014 como una política pública que beneficia a jóvenes por su desempeño académico, es una opción que ofrece el Estado colombiano para que jóvenes del país estudien una carrera en universidades acreditadas. Según cifras del Ministerio de Educación Nacional (MEN), el SPP registró en su segunda versión, 1446 beneficiarios en el Departamento de Antioquia, es decir, el 12% del total de los 12.505 pilos del país. Es la entidad territorial con mayor número de beneficiarios después del Distrito capital.

     

    Estos jóvenes que comienzan su formación profesional provienen de diferentes regiones y cuentan con situaciones socioeconómicas particulares que deben ser atendidas por las instituciones de educación superior que los acogen.

     

    A pesar de ser buenos estudiantes, que demuestran un desarrollo especial en aspectos como la memoria1, cuentan con algunas necesidades, no solo académicas sino también sociales, que los obligan a enfrentar nuevos desafíos y a superarse para aprovechar la oportunidad que ofrece el Gobierno Nacional. Estas particularidades llevan a las universidades acreditadas a ofrecer programas de bienestar que ayuden a solventar las carencias que tiene la población del programa y que potencie las fortalezas con las que se destacaron durante la educación media.

     

    Según el MEN las tres universidades que más recibieron beneficiarios del programa Ser Pilo Paga 2 en Medellín fueron: la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) con 687, la Universidad Eafit con 513 y la Universidad de Medellín (UdeM) con 492. En el ranking nacional de estudiantes pilos, estas tres instituciones ocupan el cuatro, el octavo y el onceavo puesto respectivamente.

     

    Cada universidad desarrolló sus propios programas para recibir a los beneficiarios por quienes obtienen un dinero por parte del gobierno nacional. Foto: Comunicaciones y Relaciones Públicas UPB.

     

    En la UPB se hace acompañamiento socioeconómico, académico y familiar mediante talleres de fortalecimiento de hábitos de estudio, tolerancia a la frustración, manejo de estrés y ansiedad, terapias individuales, subsidios, no cobro de derechos de admisión para el programa profesional, becas para cursos de segunda lengua, cursos para el desarrollo de competencias, asesorías en el proceso ante el Icetex, cursos nivelatorios y acompañamiento desde programas del Departamento de Permanencia.

     

    Los talleres de fortalecimiento son programas de bienestar que no son exclusivos para los estudiantes de SPP, toda la comunidad académica puede acceder a ellos de acuerdo a sus necesidades. Ahora bien, se estima que el 60% y 70% de los que asisten son beneficiarios del SPP porque en varios casos los estudiantes no continúan con los resultados que obtenían en su colegio.

     

    En cuanto a la Universidad de Medellín, desde el Departamento de Permanencia con Calidad se les ofrece a los “pilos” asesorías y monitorias académicas; además, del programa llamado Piloto que ayuda a los estudiantes que necesitan explicaciones personalizadas, asegura Carlos Augusto Yepes, Psicólogo de la Universidad. Este apoyo psicopedagógico incluye: mejoramiento del desempeño académico, razonamiento lógico, manejo de ansiedad y habilidades sociales.

     

    Dado que no fue posible conseguir la información de la Universidad EAFIT, aunque se solicitó una entrevista al Departamento de Beneficios y compensación, se consultó su portal web sobre las ayudas para los estudiantes del SPP, allí los “pilos” pueden cursar el idioma inglés y acceder a libros para que adelanten sus estudios en un segundo idioma.

     

    En cuanto a la preparación de las universidades para recibir a los “pilos” Alberto Uribe, ex rector de la Universidad de Antioquia, afirma que “al comienzo había mucha angustia, especialmente de las universidades privadas, respecto a las medidas que se tendrían que tomar para recibir a la población de Ser Pilo Paga, cosa que no sucede en la universidad pública. La preocupación central radicaba en las medidas y programas de bienestar que se debían implementar para esta población”.

     

    Por otra parte, Moisés Wasserman, ex rector de la Universidad Nacional, sostiene que “el hecho de que estén acreditadas y que se de en ellas el fenómeno de las ‘sillas vacías’ ya son condiciones suficientes para responder. Tal vez, tienen que adoptar sistemas de acompañamiento más cuidadosos para asegurar permanencia y éxito”.

     

    Las necesidades de los “pilos”

     

    Según Margarita Gómez, asesora de Icetex en la Universidad de Medellín, hasta el momento cuatro jóvenes desertaron o no acudieron a los beneficios del programa por motivos personales, y once cambiaron de carrera. Sin embargo, de las demás no se pudo obtener cifras, a pesar de que fueron solicitadas.

     

    UPB ha identificado que los pilos toman la elección de su carrera de manera apresurada por los plazos de la beca y, al no tener tiempo para asimilar lo que está pasando, eligen de manera pronta su profesión, lo que los lleva a una “reorientación vocacional”, según comenta personal de Bienestar Universitario. Asimismo, uno de los problemas es la adaptación a la vida universitaria que implica: la lejanía con la familia, la exigencia académica — se tienen identificadas las materias con las que tienen más dificultades, entre ellas, las relacionadas con ciencias básica —, el aumento de los niveles de frustración, porque “son estudiantes que vienen acostumbrados a buen desempeño académico y al llegar a la Universidad, baja”, asegura integrante de Bienestar Universitario.

     

    La profesora Lina María Velásquez, jefe del Centro de Resolución de conflictos de la Universidad de Medellín, enuncia que frente a la orientación vocacional “los pilos tienen muy claro lo que quieren”, sin embargo, como ella misma lo atestigua estos estudiantes tienen necesidades económicas para lograr su objetivo académico, pero no tienen falencias en su rendimiento académico.

     

    Por su parte, la Vicerrectora Académica de la UdeM, Luz Doris Bolívar, explica que las necesidades particulares son en temas de acompañamiento en su proceso académico para mejorar sus técnicas de estudio y adaptación sociocultural debido a que muchos provienen de otras regiones.

     

    El impacto para las universidades

     

    En la UPB, personal de Bienestar Universitario sostiene que es necesario aumentar la capacidad de respuesta debido a la demanda de los servicios con miras a “responder las necesidades de estos jóvenes” que en muchas ocasiones provienen de otras regiones con realidades que exigen una adaptación especial a la vida universitaria.

     

    Para Carlos Augusto Yepes de la UdeM, “la institución no se puede poner a mover toda la maquinaria de la Universidad únicamente a favor de los pilos. Los tiene que incorporar dentro del normal funcionamiento de la misma”.

     

    El impacto social para la institución, de acuerdo a la Vicerrectora Académica, es que les mejora la calidad académica del estudiante que ingresa, mereciendo un acompañamiento integral; además, “un examen que demuestra un nivel académico, no necesariamente nos dice que se tiene todo resuelto para ser un profesional”, afirma la Vicerrectora.

     

    “Estamos procurando dar todo el bienestar, porque a veces rebasa el nivel para dar una asistencia personalizada. Estamos con este tipo de Plan Integral de Acompañamiento tratando que los muchachos se beneficien por los programas que se tienen desde Bienestar Universitario, por Permanencia con Calidad, por los auspicios económicos… estos auspicios no están porque nuestras becas sociales están concebidas para estudiantes, para ingresos y todo el asunto; pero, si ya llegaron becados, miraremos en ese sondeo de necesidades otro tipo de acompañamiento”, enuncia la Vicerrectora Académica.

     

    Juan Luis Mejía, Rector de la Universidad EAFIT, afirma que el impacto social para la institución es que “enriquecen la universidad enormemente”, pues, el hecho de convivir con otras culturas trae más diversidad a la Universidad. En cuanto al impacto económico, él mismo asegura que “por un lado se obtienen recursos por los pilos, y por otro también se les invierte”. Se ha tenido que aumentar los presupuestos en 100 millones de pesos especialmente para la alimentación, transporte, material educativo e inglés.

     

    La magnitud del programa y las condiciones específicas de esta población tomó por sorpresa a los beneficiarios y a las instituciones, algunas no tuvieron tiempo suficiente para prepararse para recibir a la primera cohorte de este programa del Gobierno; no obstante, gracias a las opciones de Bienestar Universitario o Permanencia, los estudiantes del programa encontraron actividades que les sirvieron para su adaptación social y académica.

     

    Las universidades en Colombia no son ajenas a las problemáticas sociales que afronta el país, por ello, a pesar del rendimiento académico con el que son recibidos los pilos, están expuestos a nuevas situaciones complejas que pueden comprometer su rendimiento académico y, por ello, acarrear todas las consecuencias que de allí se derivan.

     

    REGRESE AL ESPECIAL SER PILO PAGA, ¿CUÁLES SON LOS RÉDITOS?