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  • Una ruta de la música electrónica

     

    Fiesta rave en la Terraza Club. Tomada por: Julián Fernando Caro Orozco

     

    En medio de luces neón, ubicadas en el tapiz negro que cubre la discoteca, el ambiente se vuelve sicodélico para la vista. Las luces y las ondas sonoras emitidas por los bafles sugieren a todos en el sitio a moverse al compás de esta música pegajosa. Mientras más oscura sea la canción, el ambiente es más pesado y hay más tensión; mientras más clara sea la pieza sonora el ambiente es más fresco y relajado. Eso sentí con la música electrónica.

     

    Las personas que comparten este gusto musical bailan acorde al subgénero que suena. Cada golpe de sonido (beat) en la producción sonora, junto con las puestas en escena, conforman estos espectáculos que mueven fibras al escuchar.

     

    Con el sintetizador de sonidos, los discos preseleccionados, la consola y algunos programas de ordenadores, los Dj (del inglés disc jockey, es decir, el que pone los discos) se encargan de aumentar la euforia, incrementar el ritmo cardiaco y poner a bailar al público.

     

    Lo que para algunos es una música pesada y hasta profana, para otros “es un movimiento que va más allá de la fiesta”, como lo afirma Verraco, Dj paisa de techno, un estilo de electrónica creado en Detroit.

     

    Auge de la electrónica

    Desde hace dos décadas, el alcance masivo de los medios de comunicación, logrado en su mayoría por la internet, la televisión o la radio, permitió que muchos guardaran en su recuerdo canciones clásicas electrónicas (escuche esta lista) como: ‘In My Mind’, del italiano Gigi D’Agostino o el hit ‘Satisfaction’ de Benny Benassi, canciones del subgénero euro dance; como también el exitoso house ‘Love Generation’ del francés Bob Sinclar.

     

    Gracias a los seguidores y a los activistas de la electrónica (artistas, productores, organizadores, sellos) se creó una gran conexión entre Europa y América para el apogeo de un género musical que defiende la tolerancia y protege las libertades. Aunque es muy precoz decir que en Colombia existe cultura electrónica, sí hay colectivos en pro de ella y con el paso de los años se ha ido moldeando hasta lo que es hoy: una moda musical que atrae masas.

     

    Marcas colombianas en el género

    Existen diferentes variaciones de la electrónica y todas con gran acogida alrededor del mundo. El house, creado en Chicago, surge como subgénero principal de la electrónica hacia los 80, actualmente cuenta con el talento ofrecido de Erick Morillo, quien creció en Cartagena y ha pegado fuerte en los Estados Unidos. Asimismo el joven caleño Dj Moska 6, quien, apadrinado por el veterano Tiësto logró ser el primer colombiano en actuar en el festival más grande de la electrónica Tomorrowland.

     

    El tribal house, creado en Norteamérica hacia los 90 y característico por al usar sonidos tribales africanos y sudamericanos sería reinventado por Dani Masi en su llegada a Colombia. Seguido a esto, el subgénero ganó mucha fama en nuestro territorio donde coloquialmente se le bautizó guaracha y se internacionalizó debido al crecimiento del Dj paisa Daniel Quintero Posada, más conocido como Fumaratto Ferroso.

     

    No solo el tribal house se ganó un lugar en la música local, otros subgéneros electrónicos que se caracterizan por tener una intención más profunda en cuanto a su composición sonora como son el techno, industrial, minimal y trance también llegarían para quedarse a la escena musical nacional con representantes icónicos como Adriana López, Magdalena, Julio Victoria o Khomha.

     

    Así llegó la electrónica

    Antes que se pudiera disfrutar de esta música y de la imagen precisa o distorsionada en torno a esta, hay un punto de origen. La primera sesión en la que se pudieron escuchar melodías hechas con artefactos electrónicos en Colombia fue el “Ensayo Electrónico” y se realizó en 1965 en el Conservatorio de Música de la Universidad Nacional. El portal Señal Memoria recogió el testimonio de Guillermo Díaz, quien fuera el técnico de sonido de la sesión que, según contó, fue posible tras grabar siete mil pies de cinta en carrete abierta.

     

    Con el tiempo, hacia el resto del país se empezaron a proponer nuevas melodías a partir de sintetizadores, guitarras eléctricas, teclados, y nuevos instrumentos que al fusionarse empezaban a ser parte del montaje de muchas producciones locales.

     

    La electrónica se juntó con el rock

    Para la época de violencia que se vivió en Colombia, los jóvenes encontraron en la música un ejercicio catártico. El rock y el metal, cantado en inglés y en español, era la herramienta usada por multitudes optando por un camino diferente al de las armas.

     

    A partir de los 80 y 90 grupos como Kraken, Ekhymosis o Bajo Tierra innovaron y produjeron sonidos que no se habían realizado en nuestro territorio incluyendo instrumentos electrónicos. La banda Estados Alterados fue también pionera en materia electrónica cuando en 1991 al producir el videoclip de El Velo en Miami dieron un primer paso en la propagación del rock electrónico hecho en Latinoamérica, logrando la transmisión de la pieza en la reconocida cadena norteamericana de televisión MTV.

     

    De las cumbias y el porro al techno y el tribal

    La llegada de programas de sonido como Ableton Live (uno de muchos), que permite mezclar, componer sonidos y producir canciones, se prestó para poner el toque moderno a músicas tradicionales que nos han identificado a través del tiempo.

     

    Algunas de las primeras fusiones entre géneros dieron paso a una mutación del folclor que se dio a conocer con canciones populares como ‘Che Cumbia’ de Checo Acosta en 1995 o incluso ‘Diomedes Díaz Dance Mix’ en 1996.

     

     

    En el Valle de Aburrá también surgieron fusiones que hasta hoy tienen gran acogida. “Escuchar la electrónica con saxofones y trompetas ya no es raro, es algo gustoso y la gente lo relaciona con algo latino, esas fusiones son las que le han hecho que la música evolucione”, señala Ivan Soul, artista y profesor de la Escuela de Audio y Sonido de Envigado (EAS), para referirse a la evolución del tribal house, que hoy tiene un alcance masivo en plataformas como YouTube con videoclips como: Baila Conmigo (141 Millones de reproducciones) o Me Provocas (84 millones de reproducciones) y en SoundCloud con incontables ‘sets’(mezcla musical de una hora o más) promocionales de sus exponentes.

     

    El techno y house nacional también tuvieron un proceso de recreación con su llegada. Artistas como Dani Boom con canciones como ‘Champeta La Voladora’16 o ‘Los Sabanales Refix’ innovarían en la escena electrónica local. Además, el alcance de las producciones locales de estos géneros ha tenido una gran acogida a nivel internacional, artistas como Julianna Set J., Julio Garcés Set J. G., Memek Set M. o Merino Set M., han dejado en alto el nombre de nuestro país en innumerables festivales locales y globales como los registrados por la plataforma de transmisión de música Boiler Room.

     

    Dos subgéneros que se mueven entre el amor y el odio

    Si uno va a una fiesta de tribal house no suena techno y viceversa, ambos son hijos de un mismo género musical, pero no se admiten mezclas entre ellos a la hora de la fiesta; sí en las experiencias de las personas que eligen moverse de un género al otro para lograr admirar la amplia gama de sonidos. Para esta dualidad musical que en momentos se convierte en rivalidad hay una explicación sonora que aclara el choque entre ambos subgéneros.

     

    La crítica más común al tribal por parte de sus detractores se relaciona con una imagen de libertinaje y abusos en las fiestas , que, para los detractores, banaliza el trabajo creativo detrás de la música electrónica, al punto de que una célebre pista surgió de nota de voz viralizada donde se habla de las sustancias alucinógenas más comunes en este tipo de fiestas.

     

    Por su parte el profesor Ivan Soul aclara que: “…no es que el techno sea más selecto para los oídos que el tribal, sino que a nivel musical el tribal es básico de hacer, asimismo como se critica al reguetón por parte de géneros musicales como el vallenato o la salsa que deben tener armonías bacanas y estar bien elaboradas elementalmente”.

     

    Pese a la complejidad a la hora de la realización del techno respecto al tribal, la gente en Colombia favorece al segundo por el toque latino y sus vocales que hacen más digerible esta música para el oído que desconoce la demás electrónica. Para el artista empírico de tribal house formado en Castilla, Tata Dj, es claro que “en Medellín preferimos la guaracha porque es un movimiento muy activo, esa música pone alegre y a bailar a cualquiera”. Acorde con lo anterior, David Ruiz, organizador de eventos de tribal, más conocido como Dr. Sin Límites, asegura que en su discoteca se reunían cada sábado entre 250 y 300 personas alrededor de este subgénero.

     

    Del otro lado está la escena techno, reconocida por su estilo fundamentalmente instrumental que usa sonidos más elaborados y tiene escasa presencia de sonidos vocales. Esta música concentra eventualmente a bastantes personas en festivales como el Baum Fest, el más grande en Colombia, realizado en Bogotá, y el Freedom realizado desde el año 2008, donde anualmente los paisas y fanáticos de todo el mundo se citan entorno al techno en la capital antioqueña.

     

    Sin embargo, para el artista local Verraco, explorador de varios subgéneros como techno, drum and bass, down tempo, break o dubstep, “todavía falta entender que el movimiento y la cultura van más allá de la fiesta y pasarla bien, que también es muy válido, pero hay un trasfondo mucho más grande”. Afirma que a la audiencia aún carece de conocimiento para poder disfrutar al máximo de la electrónica.

     

    A su turno, Ivan Soul afirma que: “depende del gusto personal individual y del gusto personal influenciado por la sociedad, que las personas elijan a un escenario sobre el otro”, dando a entender que lo que más se escucha es lo que más suena y hasta termina agradando. De ahí que exista mayor profusión a lo popular y sencillo para dejar de lado el contenido intrínseco de la cultura electrónica plasmado en piezas mejor logradas debido a un arduo proceso creativo.

     

    El producto local

    Este género musical cada vez tiene más aceptación y en efecto más público, eso ha significado el surgimiento de muchos nuevos artistas con ganas de exponer su talento. Para Ivan Soul, “hay muchos Dj en la ciudad y uno esperaría que eso mejorara la calidad pero hay muchos que no avanzan, se estancan y cagan el mercado”, esto se debe a la resistencia a la formación académica.

     

    El profesor de la EAS asegura que la mitad de los Dj que trabajan en el país son empíricos. Para cualquiera con pasión por la música y sed de fama es prácticamente sencillo surgir en este medio. El costo de una consola para principiante oscila entre los 400.000 y 600.000 pesos, los audífonos pueden costar entre 200.000 y 300.000 pesos, la música se puede conseguir gratis en la web gracias a la piratería online y solo necesitará memorias de almacenamiento que pueden costar 150.000 pesos, donde guardará pistas ajenas que usará en su producto. Con un millón de pesos se puede empezar a ser DJ empírico, con poco conocimiento pero con las ganas de hacerlo también se puede escalar al éxito.

     

    Pero allí radica el problema que se plantea el profesor Iván: lo que para él hace a un verdadero artista es su formación académica completa y continuada durante su carrera para así lograr que haya un mejor producto y una mejor industria, lo que da calidad de exportación a nuestros sonidos. Al no recibir la formación adecuada ni profesionalizar el servicio, el empírico tiende a subvalorar las presentaciones en el mercado, desmeritando el trabajo de los que dedican mucho más para ser artistas de electrónica.

     

    Según Dr. Sin Límites, “en el mercado actual de Colombia las presentaciones de un DJ pueden costar entre los 100 mil y los 7 millones de pesos”, todo depende de la acogida que tenga el artista y, por supuesto, del proceso ascendente que lleve su carrera.

     

    La brecha de valoración es grande, sin embargo el progreso de la electrónica en general es notable: cada vez más DJs colombianos hacen giras por distintas partes del mundo como el Ultra (en Estados Unidos) o Tomorrowland (en Bélgica).

     

    Dos pasos para adelante y uno para atrás

    El pasar de los años ha sido fundamental en la creación, la difusión y la aceptación de la electrónica en Colombia. “A medida que avanza la tecnología se van encontrando recursos digitales que hacen todo más fácil y potente, haciendo que la música evolucione”, afirma Ivan Soul.

     

    Ese auge se fue dando principalmente en ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Pereira o Barranquilla; paralelamente al apogeo del género se creó el estigma que asocia a los sonidos electrónicos con fiestas de mafiosos, prostíbulos y lugares donde el consumo de drogas es más que habitual. Para el profesor de la EAS, en un 80% de los escenarios electrónicos están presentes las sustancias alucinógenas.

     

     

    Los espacios de la electrónica paisa

     

    <<Primer escenario 360° en el Freedom Medellín 2020.

    Fotografía por: Juan José Mosquera.

     

    A pesar de la preferencia por la guaracha, son pocos los eventos masivos de este subgénero en Medellín, entre esos resalta el Summer Bestival, organizado por Dr. Sin Límites, quien asegura que en 2019 más de cinco mil personas asistieron al Orquideorama del Jardín Botánico de Medellín para danzar tribal por doce horas.

     

    Las principales discotecas para este subgénero en el Área Metropolitana son Zenith, Ícono, Fahrenheit, Eleven o La KSA, además, esta música también se ha hecho popular gracias a la creación de eventos privados en fincas de municipios aledaños a Medellín como Copacabana, Santa Fe de Antioquia o Guatapé, dónde los seguidores del tribal eligen pagar un ‘cover’ entre 20 mil y 150 mil pesos para disfrutar de un concierto exclusivo. Estos privados son el lugar ideal para rematar o seguir las fiestas, tras largas horas de rumba en la ciudad.

     

    Con el techno y house la fiesta es diferente. Los clubes donde se reúnen los seguidores son lugares de menor aforo y para públicos más cerrados como es el caso de Terraza Club, Salón Amador, Baren, Eccentric o Top Secret, donde los artistas locales e internacionales preparan a las audiencias para los grandes festivales que se celebran en la ciudad y que han sido reconocidos mundialmente como el ya mencionado Freedom, Orígenes o Rituales Festival, donde se viven experiencias que hacen que “uno no vuelva a ser el mismo cuando sale de ahí”, según relata Juan José Mosquera, fiel seguidor del techno.

     

     

  • Un adulto distinto, con el teatro o sin él

     

    La vida de John Fredy Bedoya Castaño, director y profesor de teatro por más de 25 años, es un viaje por el cosmos de las artes escénicas y la experiencia de vida de muchos jóvenes en los barrios populares de Medellín.

     

     

     

    Desde sus 13 años Fredy Bedoya se ha encontrado con la destreza de hacer teatro en los diferentes barrios populares de la ciudad. No le importa si es en las afueras de un colegio, una cancha de fútbol o una manga, con tal de hallar un grupo de jóvenes entusiasmados, no dudará de estar ahí para transmitirles el encanto de articular gestos, emociones y sensaciones ante un público.

     

    Criado en el barrio Loreto —comuna 9 de Medellín—, Bedoya aprendió a distinguir que otro tipo de actividades, distintas a estar en las esquinas delinquiendo, le llamaban más la atención. Junto con él, muchos amigos empezaron a apostarle al arte que nace y se configura en los jóvenes; que son aquellos chicos y chicas fervorosos de estudiar y compaginar a sus hábitos cotidianos la producción escénica. Corporación Nuestra Gente, ubicada en la comuna 2 ­—Santa Cruz— es uno de esos lugares en el cual Fredy expresa y comparte con todo su hervor la magia de proponer espacios distintos; rebosantes de aprendizaje y emociones.

     

    Teatro, comunidad y juventud. Elementos que se conjugan en la apuesta de Nuestra Gente y que han dejado huella en la Comuna 2 y en la ciudad. Foto: Nuestra Gente.

     

    ¿Qué siente al estar dirigiendo adolescentes en el ámbito teatral?

     

    Yo me emociono. Para mí, hacer teatro es de emoción. Tengo dificultades con el tema de ser profesor, porque realmente no quiero asumir esa responsabilidad de serlo, pero cuando estoy con los grupos, lo que trato es que entiendan que esto lo tiene que atravesar a uno por el corazón, entonces si yo quiero que ellos entiendan que esto es emoción, que esto es deseo, que esto es ganas, eso me tiene que pasar a mí. Si yo les digo con un libro, vean: “el teatro es el deseo… según fulanito de tal es una emoción…” No, no, no, según fulanito no; según como lo vivamos, y lo tenemos que vivir desde la experiencia emotiva y apasionada, para mí el teatro es eso y estar con los jóvenes es eso. Yo me siento Drácula porque yo no los pongo a hacer nada que no sepa hacer, en unos años voy a estar sentado. Pero ahora que tengo el ánimo y que el cuerpo todavía me responde, hago con ellos todos los ejercicios.

     

    Si no me emociono haciendo teatro, enseñando teatro, explicando teatro, investigando cómo hacer una escena, si no me emociono en esa acción, ¿cómo le voy a pedir a ellos que se emocionen? Disfruto, me río, gozo y paso muy bueno. Disfruto mucho porque me siento Drácula. Drácula necesitaba beber sangre para estar siempre inmortal y joven, siento que compartir con ellos —no me hace inmortal—, pero sí me hace sentir joven, joven en cuanto al ánimo, joven en cuanto al deseo, a las ganas, una cosa será el cuerpo en unos años, pero otra cosa va a ser ese espíritu que ellos me regalan en cada ensayo, trabajar con jóvenes es eso; es que a veces nos puteamos, pero nos abrazamos también. La energía de ellos es poderosa.

     

    Teniendo en cuenta estos sentimientos, ¿qué opina de que los jóvenes practiquen teatro?

     

    Para mí ha sido muy natural que los jóvenes lo practiquen. Cuando yo empiezo a hacer teatro lo hago con jóvenes de barrio en una apuesta muy social­ —digamos que era para nosotros en el barrio­—. Nos presentábamos en una esquina, en una cancha, no teníamos un teatro, ni nos presentábamos dentro de los colegios. El teatro que hacíamos era callejero, era presentar en cualquier parte. Siempre con ese sentido de lo social. Es una posibilidad de que un niño juegue de otra manera, no siempre a la guerra y con carritos, sino que haga unos juegos donde él a partir del juego se reconozca a él y reconozca a otros, eso empieza a ser muy importante. A los jóvenes les empieza a pasar lo mismo, solo cuando estás ahí y ves los cambios de un joven que está en un grupo en el cual se manejan valores distintos, intereses distintos a los del dinero, el vicio, la corrupción, hace jóvenes distintos, el teatro te propone otros mundos posibles.

     

    Siendo los jóvenes protagonistas, ¿cuáles son los principales retos con los chicos y chicas que empiezan en este arte?

     

    Ser joven hoy en día es más difícil porque tienes muchas cosas que te distraen, el mundo ha inventado un montón de cosas que te distraen, y recuerdo cuando era joven. Me distraje jugando fútbol; no tenía Play, Xbox, no tenía internet. El mundo va cambiando y los retos también. Cuando llegué a esta casa ­ [Corporación Nuestra Gente] los jóvenes tenían una carencia económica enorme, teníamos a niños que se iban a la escuela sin desayunar, muchas veces venían y aquí almorzábamos, lo cual era su primer alimento del día, había esa carencia.

     

    Por otra parte, hacíamos ejercicios en los cuales les preguntaba qué se veían haciendo en 5 años, y decían que querían trabajar, pero ¿quién dictaba eso?, La necesidad. El 90% de ellos no veía la posibilidad de seguir estudiando, se proyectaban terminando el colegio y saliendo a trabajar. El teatro sirvió para ir cambiando el chip. De pronto, pasado ese tiempo, todos se fueron a estudiar, esa fue de las alegrías más grandes que he sentido en mi vida a partir de un proceso.

     

    Para mí es un logro, una maravilla, siempre lo he recalcado cuando vienen a visitarme, el logro más grande que hemos tenido desde el 2008 es que hoy los jóvenes que vienen a Nuestra Gente, todos desean estudiar, todos ven la universidad como una opción, eso ha cambiado las condiciones de vida de muchos de ellos.

     

    A su vez hablamos de dificultades, ¿cuáles cree que acechan a los chicos en esta ciudad?

     

    La violencia. Te pongo el ejemplo de cinco compañeros. Ellos eran de la calle, de la esquina, sardinitos, como si no tuvieran papá y mamá, hacían lo que les daba la gana, les encantaba el fútbol, mantenían esta casa azotada a piedra, quebraban los vidrios, porque no eran parte de la casa. Un día una compañera los vio arrojando piedras y en ese instante los convenció de unirse a un grupo que estaba yo empezando a desarrollar. Desde eso empezaron a asistir, eso sí, todo el día jugaban fútbol, estaban en las calles y yo decía: “Están tan cerca del espacio de la violencia”, tan cerca al espacio de la banda, del crimen, del bandido, ellos van a terminar allá. Pero los empezamos a “robar” de esos espacios, —de esos cinco tres muy encarretados—, de ellos, solo uno cayó en las redes de la violencia.

     

    Siendo tan evidente la violencia como un problema, ¿cómo afrontar este inconveniente?

     

    El teatro no salva, lo que te posibilita es encontrarte con otra gente. Es el encuentro con los otros. Esos pelaos que no veían la posibilidad de estudiar, terminaron estudiando, ellos que estuvieron tan cerquita de ese otro mundo, lograron aquí encontrar otra posibilidad gracias al encuentro con el otro. Vos venís aquí y encuentras un grupo, empiezas a encontrar por ejemplo identidad con Sara, a Sara le gusta leer, Sara te presta el libro y empiezas a leer, ella te invita a eventos culturales, te dice: “¿Vamos a la universidad que hay un concierto?”. Es decir, empieza a ver un contagio bacano, que hace que entre ella y vos se transformen, solo que el teatro te da, te empuja, te invita.

     

     

     

     

     

     

    << La casa amarilla, sede de Nuestra Gente, es punto de referencia barrial y de toda la ciudad. Foto: Nuestra Gente.

     

     

     

     

     

     

    Hablando de la parte económica, según el subsecretario de Cultura y Ciudadanía, Álvaro Narváez Díaz, hay 2 200 millones para el programa de Salas Abiertas este año, ¿es suficiente este presupuesto entre 20 a 30 espacios teatrales de la ciudad?

     

    Cada vez es más poquito, mermó el presupuesto. Pero hay cada vez más salas. Eso está bien que haya salas. Hace un rato decías que las salas están cerradas, pareciera que a nadie le importara que las salas de teatro estén cerradas, pero ¡qué miseria el pueblo que no tenga una sala de teatro abierta! Sería muy triste. Uno celebra que cada vez haya más salas de teatro, sabe lo duro que se le viene al que arma una sala de teatro, es muy duro mantener una sala abierta, una cosa muy compleja, pero necesaria. Juntar al menos 10 personas es muy duro.

     

    Cuando hablamos del tema del dinero uno piensa que todos tenemos derechos a tener el sueño de una sala, pero el sueño de una sala tiene que ser el sueño de una ciudad. Un niño de aquí de Nuestra Gente decía hace días: “si Medellín tuviera en todos los barrios una casa amarilla o una casa como Nuestra Gente, de verdad que Medellín sería una ciudad de progreso, una ciudad diferente”. Yo le creo a él, pero eso tendría que tener una voluntad política de parte de los gobiernos, diferente a la que tienen, porque ahora lo que tienen es un presupuesto que funciona como una gran bolsa de la que todos tienen que comer de ahí, lo peor es que no todos alcanzan a comer. No se puede negar, Salas Abiertas es una ayuda muy tremenda, si nosotros nos quedamos sin Salas Abiertas un año sería un golpe muy bajo.

     

    ¿Cómo incentivar a los jóvenes a estudiar este arte?

     

    Aquí llegó un chico. Lo aprendí a querer mucho, él llegó y no se hacía querer, llegó porque su novia estaba aquí, entonces él quería hacer teatro con su novia, fue buen estudiante, empezó a encarretarse con el teatro, el teatro lo empezó a absorber, empezó a sentir responsabilidad con el grupo, a veces peleaba con el grupo, comentaba: “Solo quiero estudiar para mandar, para que me hagan caso”.

     

    El chico se gradúa y se regresa para su pueblo, tiempo después me llama y me dice que le ayude, y yo: “¿Con qué?” y él dice que quiere desde el arte hacer un proyecto para contrarrestar el tema de los suicidios en el pueblo. Él, que solo estaba preocupado por trabajar y mandar, pasó por un espacio que lo sensibilizó de una manera, se le abrió el mundo. Es un adulto distinto, como él hay muchos.

     

    Yo fui joven y siempre entendí que ser joven es un pasito, que hay un momento en el que voy a dejar de ser joven, siento que, si un joven se acerca al arte y logra construir desde ahí identidades, símbolos, amigos, si logra hacer eso —ese paso de la juventud— es de una firmeza enorme. Eso te va a ser un adulto distinto, te dediques o no al teatro.

     

     

     

  • Las poderosas que socorren a los trabajadores informales por la pandemia

    En el marco de la emergencia del COVID-19, el colectivo Putamente Poderosas adelantaron una colecta para que las trabajadoras sexuales y trabajadores informales del Centro de Medellín puedan confinarse en casa. ¿Qué es lo que busca esta agrupación de mujeres?

     

    El trabajo sexual en Colombia está amparado por la Sentencia T-736/15. Sin embargo, no existe ninguna ley o decreto que regule la actividad de las trabajadoras sexuales, lo que les impide acceder a beneficios como seguridad social, salud o subsidios. En este limbo jurídico, Putamente Poderosas se levanta como un colectivo que está dedicado al trabajo social y acompañamiento a trabajadoras sexuales, que busca la dignificación de la vida de estas mujeres y del término “puta” que tradicionalmente se les ha atribuido. Melissa Toro es una de sus líderes y fundadoras que desde su gestión busca engrandecer la vida de estas mujeres dedicadas al llamado oficio más viejo del mundo y que por ello han sufrido discriminación.

     

    ¿Cómo se formó el colectivo?

     

    Somos cinco fundadoras de Putamente Poderosas. Adquirimos experiencia en dos años y medio con las Guerreras del Centro y nosotras éramos el equipo detrás. El año pasado, a finales de noviembre, decidimos que las Guerreras podían caminar solas, hacer sus trabajos solas. Nuestros intereses eran muy diferentes y no queríamos quedarnos solo en ocho u once mujeres, sino poder impactar a un público más allá de ellas.

     

    Putamente Poderosas surge a partir del proceso de apoyo a otro colectivo conocido como Las Guerreras del Centro.

    Foto: Cristhian Agudelo.

     

    En sus redes sociales, dicen que buscan resignificar la palabra puta y la vida de las trabajadoras sexuales en Medellín. ¿Qué resignificación desean darle a esa palabra?

     

    La palabra puta siempre ha estado alineada a un tabú muy grande y a barreras superfuertes socialmente hablando. Nosotros lo que queremos es mostrar la otra cara y entender que las putas son seres comunes y silvestres como nosotras; son mujeres creadoras, mujeres con ideas maravillosas, son mujeres que sus contextos y sus realidades las han puestos en donde están, porque la mayoría de trabajadoras sexuales están en contexto de prostitución porque la vida que les ha tocado las ha llevado ahí: por falta de educación, de oportunidades o porque han sido violentadas, violadas o desplazadas. Nos quisimos llamar Putamente Poderosas porque “putamente” significa “muy, mucho, bastante. Algo expansivo” y es lo que nosotros queremos mostrar con esa palabra y desde lo que nosotras como gestoras podemos ser.

     

    ¿Qué estrategias o actividades implementan para lograr esa resignificación?

     

    Tenemos talleres como una actividad muy linda que tenemos en Comfama todos los miércoles a las 5:30 de la tarde que se llama Puta, cadeneta y chisme, donde enseñamos diferentes dinámicas manuales. En el primer bimestre, vamos a hacer la técnica del collage, ya que por medio de él estamos resignificando la palabra puta, donde hablamos de putas, hablamos con putas y hablamos para mostrarle a la sociedad lo que no se ha permitido. Lo que nosotros intentamos ser esa plataforma y ese enlace entre las prostitutas, el Estado y la misma ciudadanía.

     

    También estamos planeando un espacio literario donde vamos a trabajar la escritura y la literatura. Estamos también diseñando una marca de joyería donde tres de las diseñadoras son prostitutas.

     

    ¿Cómo se pueden medir los resultados de esas estrategias?

     

    Más que medir resultados, es ver las transformaciones de vida que están sucediendo en ellas y ver también la respuesta de la gente, la ciudadanía, el público que nos ve, la respuesta a las redes sociales. Esos pueden ser los medidores de las estrategias.

     

    ¿Con cuántas mujeres trabajan?

     

    En este momento, estamos trabajando con ocho mujeres fijas con las que estamos teniendo estos procesos y acompañamientos. Pero por la campaña que lanzamos por el COVID-19 hemos impactado a demasiadas mujeres que están en contexto de prostitución.

     

    ¿Qué tipo de mujeres son, en qué condiciones sociales viven?

     

    Son mujeres que no han tenido acceso a educación, que viven en inquilinatos o algunas viven en casas arrendadas, viven en barrios lejos del sector del centro; son mujeres cabezas de familia: la que menos hijos tiene, tiene tres hijos. Toda su vida la han destinado a estar paradas en una esquina a que las compren, para ellas no ha existido una realidad más allá que vender su cuerpo.

     

    ¿Cuáles son los mayores retos o complicaciones que implica ser trabajadora sexual en Medellín?

     

    El mayor reto es que no hay leyes que cobijen a las trabajadoras sexuales, ellas no tienen ninguna garantía para ejercer este oficio aquí, es algo que es legal pero no está regularizado. Ellas no tienen subsidios ni ayudas ni tarjetas alimenticias ni subsidios de vivienda, no tienen acceso a una salud o a una pensión. Más que todo es esa seguridad de hacer lo que ellas hacen. Los feminicidios que más suceden en Medellín pasan en el centro, porque es eso: la mataron por puta y no pasa nada. Por eso creo que lo más complejo es la seguridad de ejercer ese oficio.

     

    En el Código de Policía hay artículos que exigen que las trabajadoras sexuales tengan un carné de sanidad expedido por una autoridad de salud y que solo pueden operar en ciertas zonas señaladas en el Plan de Ordenamiento Territorial. Según la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe, estos dos artículos son un impedimento para el ejercicio libre de las trabajadoras sexuales y contribuyen a la violencia institucional hacia las trabajadoras sexuales, ¿es así?

     

    Muchas veces ya no tienen ese carné. La carnetización sucedía años atrás e inclusive les tocaba hacer filas gigantes, hacerse las pruebas de que estuvieran sanas y les regalaban las pruebas de VIH. Y sí, yo pienso que una de las cosas que se deben hacer principalmente es educar a estas personas —Espacio Público, Policía Nacional— sobre el trato de ellas, no solo de las trabajadoras sexuales sino de los trabajadores informales, y que no es un trato cualquiera sino que debería ser un trato especial.

     

    Las integrantes de Putamente Poderosas lideraron una campaña de recolección de ayudas para trabajadoras sexuales y trabajadores informales del Centro con ocasión de las medidas adoptadas ante la pandemia por Coronavirus.

    Foto: Sergio González.

     

    La campaña que adelantan en este momento es un ejemplo de las actividades que ustedes emprenden para lograr su propósito. ¿Cómo ha avanzado la campaña, qué resultados han tenido, cómo ha respondido la gente?

     

    La campaña ha sido magnífica y se ha visto reflejada la solidaridad de las personas, y siento que hemos tenido una operación muy efectiva y que la gente está muy contenta con los resultados que estamos teniendo. Hasta el momento hemos recaudado más de 30 millones, se han hecho dos entregas oficiales, todos los dineros y mercados han sido destinado, hemos entregado sobres con 100 mil pesos a más de 100 personas, otros de 60 mil pesos a más de 140 personas y hemos entregado en total 300 mercados (lea AQUÍ el informe publicado por el colectivo al 8 de abril de 2020). La capacidad de impacto ha sido muchísima y hemos estado sorprendidas por todo esto, ha sido muy bonito porque hemos tenido un acompañamiento muy fuerte de la Secretaría de Inclusión, la Secretaría de Espacio Público, de la Policía Nacional que nos han apoyado en esta idea de poder llegar, sensibilizar y entregar un subsidio — porque no basta con solo el mercado, debe ser un complemento entre subsidio y alimento—. Estamos en la tercera etapa y vamos a continuar, porque esto apenas acaba de empezar.

     

    ¿Cómo se ve Putamente Poderosas de aquí a tres, cinco años; cuál es esa visión?

     

    La visión es que tenemos que ser políticamente poderosas, creo que es una parte a donde tenemos que apuntar juntamente. Yo cierro los ojos y sueño que de este colectivo tiene que salir la secretaria de las Prostitutas, un sindicato donde cada año haya una marcha por los derechos de estas mujeres; que empecemos a tener una sensibilización y concientización tan fuertes que ellas entiendan que están en sus derechos de reclamar lo que les corresponde y de hacerle un llamado, un grito al Estado de que por fin las escuche y las haga parte de la sociedad.

     

    Para la entrega de ayudas durante la pandemia Putamente Poderosas recibió apoyo de dependencias municipales y la ciudadanía. Foto: Sergio González.

     

     

  • LA MELODÍA DE ARBOLEDA

    “Cuando cae la noche ella cubre el mundo, una oscuridad impenetrable…un frío se eleva del suelo y contamina el aire, de repente, la vida tiene un nuevo significado…”

    Traducción al español de la canción Dunkhelheit de Burzum.

     

     

    16 de septiembre de 2018, 6:00 am, Juan Camilo Arboleda se preparaba para la vigesimocuarta versión de la Media Maratón de Medellín. A 50 metros de la línea de meta habría sufrido un paro cardiorrespiratorio y varios corredores le ayudaron a finalizar la carrera, pero no pudieron evitar su fallecimiento.

     

    Después de escuchar y leer sobre él, comprendí que un buen disco de Black metal es la metáfora adecuada para la vida de Juan Camilo Arboleda: mística, crítica y compleja por metódica, en medio del caos aparente del Metal. En la academia y la música estuvieron las principales facetas del profesor fallecido en aquella carrera (las circunstancias las detalla una investigación de sus colegas de De la Urbe), y allí se encuentran sus principales legados.

     

     

     

    ¿Quién era Juan Camilo Arboleda?

    Docente e integrante del Comité de Carrera de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Antioquia, y a su vez coordinador del área digital del medio universitario De la urbe, orientaba cursos como Reportería y Redacción IV, fue uno de los principales líderes del proceso de autoevaluación y reacreditación del pregrado de periodismo en alta calidad. Como parte de su labor fue uno de los impulsores del proyecto Periodismo de Hoy, una plataforma para la capacitación de periodistas, que posterior a su puesta en marcha fue financiada por el Ministerio de las TIC.

     

    Junto con su colega y amigo Juan David Alzate, docente de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia y magister en Historia del Arte, Juan Camilo emprendió en 2005 un proyecto tan grande como apasionante para un amante del rock más pesado: contarle a la ciudad por medio de cifras y datos exactos, la historia del metal en Medellín. El interés mutuo por un periodismo musical verídico y auténtico dio como resultado un programa radial llamado Melodías en acero, transmitido por la emisora de la Universidad Nacional.

     

    Con la idea de hacer algo diferente a la que consideraba como una promoción y difusión frecuentemente vanagloriosa del rock, los dos realizadores plantearon con su trabajo que la música debe no solo difundirse sino también analizarse y mirarse con sentido crítico. Así, a finales de 2006 recibieron el reconocimiento a su trabajo con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

     

    Juan David Alzate narra que su relación con Camilo era única y sincera: “Era una relación de corrección constante; para algunos odiosa, pero para mí no, y es que en el fondo ¿uno para qué necesita un amigo? No para que te de la palmadita en la espalda sino para que te muestre el vacío, era una relación de lealtad, soy leal a decirte la verdad”.

     

    Para Juan David, Camilo era un hombre que simple y sencillamente emanaba misterio, un metalero crítico y arraigado a la escuela del Black Metal, una persona seria, enfocada y analítica. El término a utilizar para describir su forma de ser quizá no sería la simpatía; la empatía encajaba a la perfección.

     

    La crítica que Camilo hacía al periodismo cultural y musical era la misma que tenia del periodismo en general: la falta de datos, la adjetivación por ausencia de los mismos. Arboleda planteaba la importancia de la correcta verificación para poder hacer un análisis pertinente de la música. Igualmente comprendía que dentro de este tipo de periodismo había momentos de promoción, pero señalaba que hay muchos mitos sobre el rock en Medellín, relatos que oscurecen el panorama del rock.

     

    Tanto Arboleda como Alzate tuvieron una conexión diferente: “se vuelve tan normal trabajar con él que, por ejemplo, en estos últimos días pensaba ‘yo como hago para trabajar sin este man’, entonces ha sido un volver a nacer y ha sido interesante también porque, aunque parezca una contradicción, había una relación de dependencia, pero también del reconocimiento de las capacidades de cada uno; éramos una maquinita, se fue una de las bielas del motor, pero el motor sigue funcionando”.

     

    Un apartado la tesis de maestría en Estudios Humanísticos que Arboleda presentó en 2013, planteó:

    “El metal trabaja con aspectos transgresores, en ocasiones provocadores, frente a los valores convencionales que prevalecen en la sociedad. Pero tal y como lo vivió el rock, el metal trasciende el campo sonoro, expresa también una forma de conocimiento y una historia de apropiación y de disenso. Alrededor de él se ha generado una identidad que bien vale la pena entrar a concebir como una práctica, toda vez que nos permitirá ganar en comprensión al considerar las diversas dimensiones que la componen.”

     

    Al filo del metal

    La música siempre fue determinante para la vida de Camilo, como una brújula que lo guiaba por el mundo y sus senderos. En 2007 se creó un proyecto que pretendía unificar el circuito del metal y sus distintas variaciones: Metal Medallo. Jaime Ocampo, líder de la agrupación Athanator fue el gestor y tanto Juan Camilo como Juan David, colaboraron desde Melodías en acero para fomentar estas iniciativas musicales.

     

    Sus preferencias musicales lo llevaron siempre a los rincones más oscuros del metal, un espacio donde se movía a la perfección y su amor por este género llevó a Juan Camilo a experimentar con su propia interpretación de este, como tecladista y posteriormente vocalista de Exordium, una banda de Black Metal formada en el año 2002, inspirada en las diferentes sonoridades nórdicas, que reflejaban sus ideales místicos, oscurantistas y poéticos.

     

    Una reseña del único disco publicado de la banda que se lee en el portal web Rockombia describe: “Mística musical con que se crea y deconstruye el mundo. Poética insana que suprime el valor de toda imagen y palabra para enaltecernos en la tierra de los corderos de dios… lugar de fuego y destrucción”. Por otra parte, el website Metal Archives, repositorio que compila datos y reseñas de bandas de todas las vertientes del Metal en el mundo, enuncia que Juan Camilo Arboleda, dentro de su agrupación, se identificaba con el nombre de Mortizum, alter ego que creó por su afición a los solistas Mortiis y Burzum.

     

    Arboleda era un gran apasionado de la música y de saber cuestionarla, mirar el otro lado de las cosas y confrontarlo era algo que, como académico y como persona, bien se le daba según sus amigos. No expresaba afinidades por algún partido político, pero se oponía a ideales hegemónicos en lo religioso y sociales. Juan David Alzate narra que Camilo se consideraba abiertamente satanista, pero su postura nunca fue religiosa, sino filosófica, aquella que plantea que el hombre es lo suficientemente fuerte para ser sí mismo, y que al fin y al cabo lo más importante siempre será tomar una posición en pro del humanismo.

     

    El profe “Satanás”

    Por otra parte, como docente, Juan Camilo era visto por sus alumnos como una figura de respeto, temido en ocasiones por su rigurosidad al calificar, pero respetado por cumplir correctamente con la labor de enseñarle al estudiante con claridad, donde tenía su error y cómo podía mejorar.

     

    Así mismo lo describe Raul Osorio Vargas, comunicador social y profesor de la Universidad de Antioquia, colega y amigo, quien dice de Arboleda que era un hombre disciplinado, sistemático, riguroso y comprometido con sus trabajos: “Era un devorador de textos, al tiempo que era un hombre práctico que reflexionaba profundamente en las teorías del conocimiento en el área de comunicación…era muy crítico con respecto a las narrativas que se hacen frente al periodismo”.

     

    Narra Osorio con nostalgia que Camilo era un hombre muy sensible, y que no era fácil romper esa barrera de la confianza con él, mas no por engreído, sino por centrado, asegura el profesor; pero cuando dicha barrera se rompía, Arboleda solía ser una persona muy afectuosa, con un humor extraordinario, único y ácido.

     

    “Yo nunca percibí que fuera radical frente a algo, o tal vez porque él era muy respetuoso sobre las ideologías de los otros, nunca hablamos explícitamente de política, nunca percibí eso de él, era un hombre crítico, nunca le oí un comentario sobre algún candidato o nunca percibí que fuera de izquierda o de derecha. Eso sí, era radical con respecto a la música o al metal; sí sentía que cierto tipo de música le podría parecer absurda, pero no era un hombre odioso en la crítica, era un conocedor”, relata Osorio.

     

    Sobre la pérdida de Camilo, el profesor Raúl Osorio señala: “Es un vacío muy grande y creo que será muy difícil de llenar ese vacío desde el punto de vista intelectual”. Señala que los aportes de Arboleda al estudio de las narrativas periodísticas y al periodismo musical fueron bastante relevantes.

     

    Otras metas

    Después de su maestría, Arboleda se encaminó al doctorado en Humanidades en la Universidad EAFIT en 2015. Jorge Iván Bonilla, profesor del Departamento de Comunicaciones de la institución, magister en Comunicación y doctor en Ciencias Humanas y Sociales, había sido profesor de Arboleda mientras realizaba su maestría y se convirtió en el director de su tesis doctoral.

     

    La propuesta se refiere a las narrativas del mal en el periodismo colombiano, una mirada a través de ciertos cronistas reconocidos, en perspectiva de la no ficción y de una manera bastante crítica: la hipótesis de Arboleda es que había más una celebración del escritor netamente por las firmas, que conduce a la deshumanización de las historias.

     

    Como candidato a doctor, Arboleda trabajaba en el asunto desde diciembre de 2017 y, antes de la fecha pactada había entregado el segundo capítulo de sus tesis, con el objetivo de poder adelantar con más tiempo un próximo capítulo y mantenerse un paso adelante de su propio trabajo. El profesor Bonilla había expresado desde un principio a su dirigido lo valioso que sería publicar ese trabajo.

     

    Jorge Iván Bonilla revela que Juan Camilo siempre estaba muy pendiente de las observaciones que se le realizaban en materia de cambios, cada vez que en esa labor recibía referencias de un autor o un referente, no solo lo analizaba, sino que lo reseñaba y lo adaptaba críticamente en su trabajo. “No había que empujarlo, Camilo caminaba solo”, comenta Bonilla sobre lo que considera un disfrute, que le permitió forjar más una relación de colegaje con su dirigido.

     

    “Él era un hombre tranquilo. Cuando lo conocí, lo conocí con su figura de metalero más acentuada. El Camilo que yo conocí en la maestría era un Camilo bastante metalero, el Camilo de hoy era una que, sin dejar de lado ese estilo del metal, estaba más en un tránsito hacia un Camilo académico”, explica Bonilla.

     

    El 16 de septiembre pasado terminó abruptamente un trabajo de aportes a la academia, al crecimiento de la música en Medellín y a la formación de futuros periodistas. Quienes reconocen esa herencia coinciden en que casi todas sus tareas estaban terminadas. Dejar un norte claro para la transformación de un laboratorio de periodismo en su universidad y su propia tesis doctoral, dan fe de ello.

     

    Una figura con el misticismo que rodea a la del profesor Arboleda, la del músico, la del estudioso, le da credibilidad a los que algunos de sus allegados interpretan como mensajes más allá de su existencia, de la pasión y el método que profesaba en las marcas de su cuerpo: hay que saber culminar las cosas, hasta para morir, hay que dejarlo todo preparado. Incluso aquella mañana de septiembre tuvo que atravesar la línea de llegada antes de marcharse tranquilamente, no sin antes verificar el tiempo de carrera en su cronómetro.

     

     

  • Prohibir celulares en las aulas, una propuesta legislativa que causa discusión

    Desde la Cámara de Representantes se ha propuesto la prohibición del uso de teléfonos celulares en centros educativos. Docentes y otros profesionales involucrados, estudiantes y padres de familia ponen el asunto en Contexto, hablan desde su experiencia, conocimiento y opiniones sobre el tema.

     

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    Contexto es un proyecto periodístico que tiene como objetivo la búsqueda, interpretación y el análisis de temas transcendentales. Abrimos camino ahora en el periodismo audiovisual con nuestro grupo de trabajo conformado por estudiantes de Comunicación Social- Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana; quienes buscan brindar información que contribuya a la formación de un criterio propio para cada uno de nuestros usuarios, y promueva el diálogo entre posturas diversas sobre los temas de interés público.

  • Rodrigo D, al presente

    “Dedicada a la memoria de John Galvis, Jackson Gallego, Leonardo Sánchez y Francisco Marín, actores que sucumbieron sin cumplir los 20 años, a la absurda violencia de Medellín, para que sus imágenes vivan por lo menos el término normal de una persona”.

    Estos son los créditos finales de la primera película colombiana escogida para la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine, Cannes – Francia para 1990: Rodrigo D. No futuro. Es un largometraje filmado en 1986 y estrenado en 1991 que, dirigido por el cineasta antioqueño Víctor Gaviria y realizado con actores naturales, es una de las representaciones más importantes de las situaciones que vivían los jóvenes en la ciudad de Medellín en la década de los 90, en la que cualquiera podía ser Rodrigo, un muchacho que padeció el dolor que se propagaba en las calles de la ciudad, pero que decidió buscar en el arte una salida.

     

     

    Esta película narra el contexto de la ciudad a partir del color frío de la violencia, de los gritos del punk, del paisaje de los adobes y de la jerga paisa; una Medellín que excluye, pero que así mismo integra. Es por ello que esta película, reconocida nacional e internacionalmente, es una ficha clave para la reconstrucción de memoria histórica. Una memoria, la nuestra, que es fundamental para entender y afrontar los problemas internos que se han vivido por décadas; y que permite ver la realidad de los jóvenes con otros ojos… los de ellos.

     

    Después de 31 años de filmación y 28 años de su estreno, Rodrigo D. No futuro fue coloreada y remasterizada para realizar una itinerancia y proyectarse en 9 universidades de la ciudad de Medellín, con el objetivo de, como dijo su director, Víctor Gaviria, “preservar y restaurar para volver a resignificar” la cultura antioqueña.

     

    Entre las anfitrionas de la proyección se encuentra la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), posterior a la misma hubo un diálogo entre el director Gaviria con el exalcalde, escritor y periodista, Alonso Salazar, junto al coordinador del doctorado en Ciencias Sociales de la UPB, José Roberto Álvarez. Como tema central de la charla estuvo la realidad social y política, todavía presente en diferentes entornos de la ciudad y alrededor de la película, una obra que nace bajo el interrogante de ¿qué está ocurriendo en Medellín que la mayoría de los asesinos o sicarios son jóvenes?, según contó Víctor Gaviria.

     

    Esta es una pregunta que dialoga con el público desde las diferentes maneras de narrar la realidad. En este caso, el cine y la literatur, cuestionan a espectadores y lectores por las peripecias históricas que han marcado, principalmente, a la juventud.

     

    Víctor Gaviria y Alonso Salazar, autor de No nacimos pa’ semilla, concuerdan en que la geografía y la arquitectura de la ciudad son elementos que han trastocado esferas sociales, que, por esa misma distribución de una ciudad montañosa, han quedado excluidos algunos sectores y con ellos su población. El deseo de evitar la propagación de la exclusión como mal social, es el motor de sus creaciones, buscando así, con cada plano o cada conjugación de palabras, la descripción de una realidad social que debe ser conocida para no ser repetida.

     

    Los personajes de las dos obras, separadas por tan solo un año de diferencia en salir a la luz pública -primero Rodrigo D. No futuro y luego No nacimos pa’ semilla– cuentan con elementos en común. El parlache es el más notorio y, a la vez, el lugar que ocupan en la sociedad los jóvenes protagonistas tanto de la película como del libro; están desterritorializados, en un limbo cultural, “los NN culturales”, como Gaviria los nombra. Juegan a describir quienes son, haciendo una implosión, bajo el dilema de no tener un lugar en la ciudad, y como el mismo director lo manifiesta, la sociedad antioqueña, en su momento, les había dado únicamente un presente, sin discursos sobre el pasado, por vacíos históricos de sus antecedentes y con un futuro no muy prometedor para ciudadanos que no seguían los paradigmas convencionales.

     

    Ellos con su espontaneidad al actuar, siendo los protagonistas de la producción ficcionada que está reescrita con sus historias personales, brindan lecciones de vida y de humanidad, una humanidad que es cruel, pero también sensible ante la crueldad. Se encargan de contar cuál es el papel que les ha designado la sociedad de manera arbitraria, en la que tienen tres posibilidades, la ilegalidad, la informalidad y el arte, esta última se convierte en la posibilidad para tomar distancia de los fenómenos violentos, escapar, pero también conversar con esa realidad.

     

    Para José Roberto Álvarez, coordinador del doctorado, Rodrigo D. No futuro es un documento histórico que da cuenta de una realidad social que quiso ser ocultada en su época y que ahora sirve para conocer cómo la misma sociedad se encargó de hacerle frente al conflicto desde la cultura, en este caso, desde la música. Ramiro Meneses, actor que da vida a Rodrigo, ayudó a construir el personaje, él junto con un amigo formaron la agrupación Mutantex, una respuesta musical para la agresividad de las autoridades y la ausencia del Estado.

     

    Más que hablar de la pobreza y delincuencia, Rodrigo D. No futuro se encarga de hablar de una realidad existencial, un deseo de soberanía y libertad a través de la estética popular de los 90. Y una vez más pone en evidencia que el problema no es la violencia descrita en No nacimos pa’ semilla, ni las muertes de la película de Gaviria; este radica en ver las producciones que sirven como espejo de lo que está pasando y no hacer nada para cambiar esa realidad y el futuro. Es un problema profundamente cultural, que se ha convertido en paisaje y que permea cada espacio de la ciudad y de la sociedad. Es por esto que los tres invitados al conversatorio finalizaron con el llamado a que la juventud utilice el arte para describir esa ciudad que nos atrapa por sus hermosos, y al mismo tiempo, salvajes paisajes.

     

     

     

     

     

     

  • ES LA HORA DEL VOTO JOVEN

    No solo por el notorio crecimiento de este grupo de la población, sino por las lecciones que aprendió recientemente, es que expertos y analistas afirman que el voto de los jóvenes será decisivo en la elección de un nuevo presidente. Análisis del cubrimiento conjunto con la Red Colombiana de Periodismo Universitario.

     

    Según cifras reveladas por el Director para la Democracia, la Participación Ciudadana y la Acción Comunal del Ministerio del Interior, José David Riveros, el 70% de los jóvenes colombianos habilitados para votar se abstiene de hacerlo. En el lanzamiento de la campaña Votar Sí es Contigo, el funcionario reveló que en Bogotá, por ejemplo, solo el 20% de la población joven que puede votar, se acerca a las urnas.

     

    El equipo de RedAcción Paz, en uno de los Parches Democráticos. Foto: Manuela Rendón Uribe.

     

    Son múltiples las razones que evitan que los “primíparos de la democracia” se expresen con el voto, entre ellas, las más comunes son la apatía y la desconfianza que tienen hacia las instituciones; desinterés que tienen muchachos como Jhoan Alexander Restrepo de 20 años, quien asegura que no saldrá a votar este domingo porque está convencido de que su voto no logrará hacer las transformaciones que necesita el país: “no es que no me interese la sociedad, es que no quiero perder el tiempo cuando sé que todo va a seguir igual o peor”. El mensaje para Jhoan sería, que de los 36´227 267 colombianos que se encuentran en el censo electoral, 12 millones son jóvenes entre 18 y 28 años y, por más que suene a frase de cajón, este 27 de mayo, el futuro de nuestro país lo podría definir el voto joven [Escuche aquí sus opiniones].

     

    A pesar de que los jóvenes han sido grandes aportantes para que el nivel de abstencionismo en el país se mantenga por arriba del 50%, se espera que estas elecciones tengan un toque diferente, pues no se veía tanto activismo juvenil desde los comicios del 2010 cuando la conocida Ola Verde del profesor Antanas Mockus era apoyada por miles de personas en redes sociales, cosa que no se vio reflejada en las urnas cuando los 3,5 millones de votos del profesor no le fueron suficientes para alcanzar los más de 9 millones de Juan Manuel Santos.

     

    Luego de que el Gobierno Nacional firmara el Acuerdo de Paz con las FARC, empezaron a surgir nuevos temas sobre la agenda pública, de los cuales los jóvenes se han venido apropiando: movimientos como los ambientalistas, los anti taurinos, las comunidades LGBTI y los feministas. Todos estos asuntos de interés para la mayoría de la juventud, que han obligado a los candidatos a incluir en sus planes de gobierno propuestas que puedan agradar y seducir a este sector tan amplio de la población electoral.

     

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    Para Saldair Romero, tallerista del Parche Democrático, programa que busca incentivar a los jóvenes para que participen en política, “el domingo será un día histórico para Colombia y a la cita están invitados todos los jóvenes de nuestro país. Es hora de dar solución a los problemas que nos aquejan”. Este Parche que ya ha alcanzado a 5 125 jóvenes de todas las regiones, decidió construir la agenda política juvenil Más Voz, Menos Ruido, cuyas principales propuestas son: educación de calidad, transformación del sector rural y empleo digno.

     

    “El voto joven para estas elecciones se encuentra dividido. Hay sectores muy amplios que acompañan la candidatura de Sergio Fajardo y la de Gustavo Petro, otros tantos están con Iván Duque. No podemos homogenizar los intereses de la juventud, hay sectores progresistas y otros que apoyan la idea de volver a un Estado como el de antes del proceso de paz. Este 27 de mayo el aporte que puede hacer la juventud es el de reducir los niveles de abstencionismo que lo tenemos en más del 50%, en caso de tener una segunda vuelta presidencial la juventud sería definitiva a la hora de escoger presidente”, expresó, Juan Carlos Escobar, docente del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia.

     

    Daniel Botero, docente investigador en temas de opinión pública, señaló que “en las últimas elecciones, la incidencia del voto joven no ha sido significativa. Pero las del domingo representarán una continuidad o un retroceso con respecto a temas de agenda pública que son muy importantes para el futuro del país”. Agregó que “uno esperaría que los jóvenes le apostaran a un país que supere el conflicto armado y que se encamine por temas de educación, salud y empleabilidad”, sostuvo.

     

    Participantes de uno de los Parches Democráticos en la UPB. Foto: Manuela Rendón Uribe.

     

    Aunque las cifras muestran indicios serios, la calidad del debate previo a esta nueva elección presidencial, con rasgos visibles como la pugnacidad en redes sociales, es un llamado a que el optimismo juvenil no se desborde y siga el cauce a las urnas.

     

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