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  • El francés, un idioma que deja huella en Medellín

    El francés es un idioma que ha tocado la vida de muchos colombianos que alguna vez lo estudiaron en el colegio o para viajar al exterior, también de algunos que nacieron con él. En Medellín, sus promotores lo han hecho una herramienta que contribuye a la construcción de ciudadanía a través del arte, el cine y la música en diferentes barrios, pero también con la inclusión de la comunidad francesa. Es la tarea que ha emprendido la Alianza Francesa en la capital de Antioquia.

     

    Thomas Arango López / thomas.arango@upb.edu.co

     

    “Bonjour, comment ça va ?, Qu’est que vous avez faitez le weekend?”, es lo que se oye cuando empieza la clase al entrar a uno de los salones que tienen el mapa de Francia y fotografías de alguna de sus ciudades. Se enciende el monitor que proyecta en la pared el libro de texto con el cual se trabaja y, luego de haber escuchado la canción algún artista francófono, visualizado el tráiler de una película que tuvo eco en el cine francés o leído el fragmento de un texto que puede ser icono en la voz de Víctor Hugo, se empiezan a socializar los ejercicios pendientes y se abre con la nueva temática que bien puede ser una base gramatical o un sujeto que nos puede hablar de la gastronomía en Lyon.

    Fachada exterior de la alianza francesa sede San Antonio. Por: Alianza Francesa

     

    El francés no solo es uno de los idiomas más populares globalmente, de los más hablados, de los oficiales de la ONU o el que necesitas para trabajar, estudiar o vivir en un país francófono. Es también aquel que tiene. un particular un impacto cultural, desde la literatura, la música, la pintura, la gastronomía y más. Bajo estos principios se orienta la Alianza Francesa, un instituto que impulsa la lengua y la cultura de ese país en el extranjero desde su fundación en París en 1883. En la actualidad tiene más de 1072 sedes, en al menos 135 países, las cuales funcionan bajo un enfoque cultural y lingüístico para los interesados en el idioma francés, involucrando un contexto histórico y académico. En Colombia está presente en al menos 13 ciudades diferentes: Armenia, Bogotá, Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Cartagena, Cúcuta, Santa Marta, Manizales, Pereira, Popayán y Medellín. En la capital antioqueña hace vínculo con centros culturales y realiza proyectos en conjunto con otras organizaciones e instituciones para llevar dicho idioma a muchos más curiosos.

     

    La Institución propone continuamente múltiples eventos de interés social ligados al ámbito cultural y aunque no son la única red extranjera en la ciudad, su objetivo es el trabajo en equipo con las otras alianzas francesas del país, la Embajada de Francia en Colombia, institutos de lengua francesa, colegios y universidades que ofrecen el francés o empresas de origen francés cuyos empleados requieren conocimiento de este idioma.

     

    El toque francés

    Invitaciones de la programación cultural. Por: Alianza Francesa

     

    La pandemia que llegó a Colombia en 2020 fue un evento que afectó gravemente los planes de trabajo a nivel cultural y educativo de la Alianza, pero desde los últimos meses de 2021 y el inicio de 2022, los eventos y actividades al interior y exterior de la institución han vuelto para abrir el pensamiento a una nueva cultura.

     

    En Medellín han trabajado con la participación de las personas locales desde el arte y sus diferentes expresiones como muestras de danza y teatro, la proyección de películas de cine francés, mercados gastronómicos para experimentar desde el gusto y otras actividades para promover el idioma como conferencias y clubes de conversación. En especial, dos actividades anuales hacen reconocida a la institución, La Fête de la musique, como celebración internacional que la Alianza acoge con enfoque en la lengua francesa y promueve con diferentes concursos y presentaciones. Y el festival de cine francés, como un evento que promueve las producciones que han tenido eco en escenarios como Cannes o expresan la cultura europea o de la ciudad canadiense de Quebec.

     

    La gestión cultural y artística impacta de manera positiva las zonas y barrios donde la Alianza tiene sus sedes. Un caso puntual, es la de San Antonio, al centro de la ciudad, un entorno marcado por la inseguridad, la violencia, la soledad y demás situaciones negativas. Allí han intervenido con la belleza y los colores de murales artísticos. La institución realiza una programación que estimula la sensibilidad al arte y la cultura, con presencia en eventos como la Fiesta del Libro y la Cultura, festivales escolares y universitarios, en colaboración con espacios como la Cámara de Comercio de Medellín, diferentes sedes de Comfama, el Teatro Metropolitano y parque cultural Otraparte,.

     

    Además, la Alianza cuenta con dos galerías, una de ellas es Oliver Debre, dedicada al arte contemporáneo que existe hace más de 20 años; la segunda es La Otra, con exposiciones más alternativas que desde 2022 han estado dirigidas por Diego Cano, pintor colombiano, y Duván Valderrama, encargado de la parte de difusión. Las fachadas externas del edificio sede de la Alianza han sido intervenidas por artistas extranjeros, francófonos y colombianos, como otra manera de permear el espacio con nuevas ideas. En su última propuesta, tres mujeres son las autoras de la obra sobre las fachadas de la sede en San Antonio.

     

    El francés como lengua deja un impacto, pero la cultura de Francia, su historia y hábitos lo hacen de forma más visible. Entre los estudiantes, un interés importante es la emigración a Francia y Canadá con motivos académicos, laborales o de vivienda. Los libros de texto para enseñanza suelen abrir el espectro a la cultura francófona con sus roles en Europa y el mundo, del mismo modo que su participación en el campo de la investigación y la innovación. Pero es la experiencia de los docentes lo que suma al aprendizaje; los testimonios de profesores locales que vivieron, estudiaron o viajaron a Francia, en compañía de la realidad autentica de los franceses nativos y su vida en los países francófonos, son puntos que animan a perseverar en la lengua.

     

    “Je pense que savoir parler français est un atout dans le monde professionnel. Il y a des millions de personnes francophones dans le monde dans des dizaines de pays. Si votre profession vous amène à voyager ou travailler à l’international, vous serez probablement amené à discuter avec des personnes francophones”.

    “Yo creo que saber hablar francés es una ventaja en el mundo profesional. Hay millones de francófonos en el mundo, en decenas de países. Si su profesión lo lleva a viajar o trabajar internacionalmente, probablemente tendrá que hablar con personas de habla francesa”.

     

    Así lo destaca uno de los docentes, nativo de la ciudad de Toulouse. El aprendizaje de una nueva lengua, sea el francés o alguna otra, permite conocer una nueva cultura, una nueva manera de pensar y promover el sentido crítico.

     

    La comunidad francesa

    Para sorpresa de muchos, la francesa es una comunidad que poco a poco ha crecido y aunque no se ubica en un barrio específico, ni se conocen entre todos ellos, tras la salida de muchos por la pandemia del 2020, han vuelto a ser numerosos y su presencia en entornos turísticos, recreativos y culturales es evidente. Muchos de los nativos franceses han creado sus propios emprendimientos, otros se han empleado en empresas locales y los demás hacen parte de industrias internacionales o trabajan de manera remota. Los franceses se consideran a sí mismos fuertes trabajadores y complementan las dinámicas de trabajo en la ciudad y en el país en general. Ellos mismos destacan cómo cuando un extranjero llega a un nuevo territorio, aporta desde su cultura, su lengua, sus costumbres económicas y tradiciones habituales, mejorando el movimiento local; después de todo, como afirma Margaux Cannamela, gestora cultural de la Alianza Francesa y nativa de la ciudad de París, “No debo imponer algo en el país que no es el mío, el objetivo es trabajar juntos y cooperar para aportar a los valores locales”.

     

    El orgullo de la Alianza Francesa

    Sesión de lectura sinfónica. Por: Alianza francesa

     

    A criterio de los docentes, la Alianza Francesa en Medellín es una de las sedes con mejor calidad académica en el país. La motivación de los aspirantes por el aprendizaje de la lengua francesa es un gran apoyo y la relación previa entre el español y francés al ser ambas lenguas romances, da una mayor facilidad que ayuda a que el instituto no deje de crecer.

     

    Estos testimonios muestran cómo el francés sigue en pie, pero evidentemente hay un cuadro comparativo con la lengua inglesa. El inglés tiene un mayor número de hablantes y, desde una mirada pedagógica, presenta más facilidad en el aprendizaje, hablando de sus condiciones sintácticas y gramaticales, los francoparlantes no lo ven como un verdadero reto. Desde que el francés dejó de ser una lengua enseñada en el sistema educativo colombiano de manera obligatoria, bajó su cantidad de hablantes y adicionalmente, en el contexto global, al inglés ser prioridad, el francés se volvió menos útil. En la actualidad, el inglés tiene un público más general y vale como conocimiento necesario a nivel laboral y académico. Pero, para sorpresa de muchos y orgullo de la Alianza Francesa, en Colombia y Medellín ya se ha convertido en una lengua para un público específico, que no la aprende por obligación; se trata de personas con motivaciones de emigrar, trabajar o hacer estudios superiores en el exterior, ser asistentes de lengua o ser del grupo de apasionados por la cultura francesa a quienes esta les parece interesante, cuentan con tiempo libre para divertirse aprendiéndola y son quienes mantienen vivo el idioma.

     

    “Cette anné l’Alliance Française c’est une alliance vivant”. / “Este año la Alianza Francesa es una alianza viva”, así lo define Margaux Cannamela, al decir que la institución trabajará en temas científicos, culturales e históricos, abriendo puertas en el exterior. Adicionalmente, se ha vinculado al distrito San Ignacio, una alianza de espacios culturales en el Centro de la ciudad y desde febrero de 2022 abrió a más personas la mirada intelectual del francés.

    Se cierran los libros de texto, pregunta el profe de nuevo si hay dudas, se dejan los deberes para las siguientes clases y se muestra la programación cultural de la Alianza y otros eventos próximos. Algunos se paran a hablar con el profe, otros toman sus bolsos y se van. El monitor se apaga. Las luces se hacen tenues. Todo lo que se habla dentro de los cuartos es en francés y al salir de los edificios, los estudiantes no saben si seguir aparentando que son francófonos o volver al español. “A demain” o “Bonne soirée”, terminan diciendo al partir.

  • En la Villa, el freestyle proclama su rey cada semana

    Sara Rodríguez Lopera / sara.rodriguezlo@upb.edu.co

     

    Al occidente de Medellín, los raperos se reúnen para probar su habilidad y miden su fuerza verso a verso.

     

    El hip hop nació el 11 de agosto de 1973, durante una fiesta ubicada en el Bronx de Nueva York. Una crónica de Alberto López en el diario El País relata que a partir de la creación del sonido break (romper, en español) iniciado por el DJ jamaiquino Kool Herc y las rimas de su amigo y maestro de ceremonia Coke La Rock, fue que el rap comenzó a nacer. La llegada del freestyle sería tiempo después. El hip hop es una cultura urbana, una parte de la cual es el rap, el arte de rimar mientras se improvisa.

     

    El freestyle es un tipo de rap de modo libre, en el que no hay una composición previa y las letras son improvisadas. Para Elepz, creador del evento El Rey de la Villa, el freestyle “es liberarse, es soltar lo que sientes sin filtros”, es la puerta que le dio vida, su lugar favorito.

     

    Las batallas de freestyle son “un debate de ideas, una guerra de argumentos”, afirma Elepz, en las que dos o más MC´s (maestros de ceremonia) se enfrentan a base de rimas con un tiempo estipulado, atacando a su contrincante hasta que su tiempo termina. Cabe aclarar que los MC´s hacen rap e improvisan, mientras que los freestylers solo improvisan. La Redbull Batalla de los Gallos, fue el primer evento en hacer una batalla con formato profesional y tuvo lugar en el 2005, en Puerto Rico. El año pasado este evento se celebró el 11 de diciembre en Viña del Mar, Chile.

     

    Medellín tiene un encuentro similar, aunque pocos son los freestylers que realmente saben cómo fue que comenzó el evento conocido como El Rey de la Villa. Algunas suposiciones hablan de “una iniciativa de fomentar el freestyle en la comuna 16” o que “Elepz fue alguien que impulsó a que creciera más el parche de rapear hasta que se volviera una plaza”. Sin embargo, y aunque la segunda hipótesis se acerca a la realidad, la verdad es que fue Bryan Alexander Córdoba López, aka (also known as, que en español significa: mejor conocido como) Elepz, quien le dio vida a la mejor liga callejera de

    Medellín.

     

    Elepz, el gestor de este enuentro de hip – hopers. Foto: Sara Rodríguez

     

    Córdoba tiene 25 años y nació en Medellín, en el sector de Alta Vista. Se dedica a ser freestyler, a componer y a organizar eventos. Actualmente quiere hacer profesionales sus trabajos musicales, intentar avanzar el freestyle en el ámbito regional y continuar estudiando actuación y dirección para cine. Su logro más reciente es haber sido el papel protagónico de la película La ciudad de las Fieras; filme dirigido por Henry Rincón, coproducido por RTVC y premiado en el Miami Film Festival, que se dará a conocer en marzo de este año.

    Elepz comenzó a competir en batallas de freestyle en agosto de 2018 y a finales de 2019 dio comienzo a lo que hoy es El Rey de la Villa. Todo comenzó con La Villa freestyler, un pequeño evento donde varios participantes improvisaban y rapeaban, entre ellos, el mismo Elepz. Sin embargo, este evento se terminó porque “dejaron morir todo, pues, se fueron y ya no había nada ahí”, narra Córdoba, quien a partir de entonces comenzó su propia liga.

     

    El grupo de entusiastas hace todo por sus medios y las redes sociales son claves en ello. Foto Sara Rodríguez.

     

    Freestylers como Emmanuel David Doncel Narro, aka Duhbai, y Luis Miguel Osorio, Aka Osorio, llegaron a El Rey de la Villa gracias a Cuatro Barras, la mejor liga de eventos nacionales en Medellín. En su momento, Cuatro Barras quedaba en el Parque del Amor, al lado de la estación Floresta y un día, cuenta Duhbai, “todos empezaron como ‘ve, que el Rey de la Villa, que el Rey de la Villa’ y me dio mucha curiosidad” y al notar que le quedaba a 20 minutos de su casa, no dejó de ir cada viernes. Osorio, por su parte, asistió a Cuatro Barras en el 2019 y “mucha gente se animó a venir y me dieron moral para venir también y vine”, cuenta.

     

    Las batallas

    Cada viernes, antes de ir al Rey de la Villa, los freestylers se reúnen en torno a un bafle a practicar y entrenar para las batallas ya sea en la Nueva Villa de Aburrá, en el caso de Duhbai, o en Barbosa, en el caso de Osorio.

     

    El encuentro comienza entre las 8:00 y 8:30 de la noche en predios de la Nueva Villa de Aburrá, cerca de la escultura “Los Obreros”, en la cima de una colina llena de árboles. Más o menos una hora antes, los participantes se acercan al Fosfa para inscribirse y pagar 5 mil pesos que cuesta la inscripción, salvo cuando se acerca una fecha importante, como una competencia regional, que el derecho cuesta 6 mil pesos o para una batalla en duplas, en la que el valor es de 14 mil. Muchos freestylers van a las batallas con el dinero justo para los pasajes y mientras van llegando más participantes y el público, piden colaboraciones para recolectar el dinero justo de la inscripción.

     

    “El Fosfa” en sus tareas de registro de participantes y documentación de los encuentros, animados por un “host”. Fotos: Sara Rodríguez.

     

    Con el dinero que se recauda se pagan los premios que, generalmente, son de 100 mil pesos al primer lugar y 50 mil pesos al segundo; además, se paga a los jueces, al host o presentador de las batallas, a los de logística y a los de cámaras. La que recoge el dinero o contadora, se llama Daniela; ni ella ni Elepz se quedan con el dinero de la inscripción. Elepz, por su parte, vende “Merch” con el logo del Rey de la Villa: gorras, hoodies, camisetas, stickers.

     

    Los freestylers se inscriben al evento con su aka, no con su nombre real. El significado de este apodo varía mucho. Por ejemplo, en el caso de Córdoba, su akaElepz, lo creó a partir de las letras L, P y Z que viene del apellido de su madre: López y le colocó las dos “e” para que se viera bonito y sonara mejor. Por su parte, Doncel cree en la ley de la atracción y desea irse a vivir a Dubái en la vejez, por eso su aka es Duhbai. Finalmente, Luis Miguel Osorio, decidió que su sobrenombre sería Osorio porque desde pequeño lo conocen así por

    su padre, en Barbosa.

     

    Hay tres jurados que califican a los participantes para luego elegir al ganador, estos se encuentran sentados en la única banca de cemento que hay en el lugar. Mr. Monkey es el único juez fijo, y se encarga de que los otros dos jurados sigan el cronograma y respeten el método en que se califica. Los otros dos jueces los elige Elepz, con el criterio de que tengan antecedentes de buenos resultados y si se desenvuelven en otras ligas.

     

    Para la calificación hay un sistema de puntaje que va del 1 al 4: 1 punto es una rima estándar, 2 puntos es una rima buena, 3 puntos es una rima demasiado buena y 4 puntos es una rima “brutal”, como lo describe Duhbai. Los puntos, además, tienen en cuenta si se habla de la temática, por cómo se ataque y la respuesta que se dé.

     

    Elepz vs Ney en octavos. Batalla 4×4 con cuatro entradas (temática: libre)

    Video

    Las batallas inician mínimo con 8 personas. Algunas veces, en fases de octavos y cuartos de final el tema es libre, mientras que en semifinales y finales puede que pongan alguna temática como personajes contrapuestos, objetos o elementos. Para rapear, generalmente se usa el formato 4×4, es decir, cada freestyler tiene 4 líneas para atacar o defender (10 segundos por las 4 líneas) y, algunas veces, se usa el formato 2×2, que además de que es más rápido, cada freestyler tiene dos líneas para atacar o defender (5 segundos por las 2 líneas). Otros formatos que existen son:

    8X8: cada freestyler tiene 8 líneas para atacar o defender.

    Kick Back: es cuando el oponente tiene una línea para preguntar y el otro tiene tres líneas para responder.

    Boom Bap: configurado a 90 rpm (revoluciones por minuto) en cada uno de los 10 segundos.

    Double Tempo: configurado a 120 rpm (revoluciones por minuto) en cada uno de los 10 segundos, parecido al trap.

    A capela: rapean sin música.

    Duplas: rapean en pareja.

    Easy Mode: rapean sobre una palabra por 10 segundos.

    Hard Mode: rapean sobre una palabra por 5 segundos.

    Los beats, el instrumental o la pista son sinónimos de lo mismo: un ritmo sobre el cual un freestyler se adapta para improvisar. En el freestyle se trabaja la musicalidad, es decir que no solo se trata de atacar y rapear, sino de que auditivamente sea agradable escucharlo.

     

    Batalla 8×8 con tres entradas. Temática: personajes contrapuestos, luz y oscuridad). Chang mc vs Gafas en octavos

    Video

    Las reglas dentro de las batallas de freestyle son rapear en el tiempo estipulado y no tener contacto físico. “Si se tocan o hablan de manera violenta al punto de que se van a pelear, ambos quedan descalificados”, cuenta Duhbai. Una manera de demostrar que las cosas están bien entre ambos competidores después de una batalla es darse la mano o abrazarse. A pesar de que se toquen temas sensibles durante las batallas, el ambiente de estas es respetuoso y acogedor, pues es abierto tanto a los freestylers novatos, como a los que ya tienen un reconocimiento amplio; además, el respeto a la diferencia y admiración por la misma es algo que se evidencia con Aka Urko, un chico reconocido por su silla de ruedas y por su constante participación en El Rey de la Villa.

     

    El año pasado, el evento fue tan masivo que la Policía lo canceló por no tener los debidos permisos, así que Elepz hizo los trámites ante la Alcaldía para evitar que esto volviera a suceder y además pidió permiso para el uso de micrófonos, pues los freestylers debían forzar bastante su voz para que el público de los alrededores lograra escucharlos.

    El consumo de sustancias psicoactivas ha hecho que la Policía cancele el evento, pues el olor de la marihuana se percibe a metros de distancia y es común que tanto el público como los freestylers tengan un bareto en una mano y una lata de cerveza en la otra; y, aunque el bullicio que emana el evento ha generado malestar en los vecinos, esto nunca ha sido un impedimento para que continúen reuniéndose de nuevo cada viernes.

     

    Entre batalla y batalla, el host grita varias veces: “Este es el rey de la…” y el público responde “¡Villa!”. Cada viernes se proclama un nuevo Rey. Para los novatos hay un evento llamado Herederos al Trono y cada quince días, en el mismo lugar, pero más temprano, se proclama un nuevo heredero.

     

    Pocas son las mujeres que participan rapeando, pues por alguna razón prefieren ser espectadoras. Sin embargo, mujeres freestylers como Pandora, Enigma y Melissa mc han llegado a participar en El Rey de la Villa. Cuenta Elepz que cuando esto ocurre se les agradece mucho y es por ello que le gustaría que el “freestyle se haga más masivo, y así, más gente pueda conocer esto, [ya que] esto lo hacemos con mucho amor, y por el amor que le tenemos, esperamos compartirlo”.

    Los detalles de logísticos, la camaradería, el simple hecho de encontrarse en un gusto común hacen que El Rey de la Villa sea, especialmente, una comunidad. Fotos: Sara Rodríguez.

     

    – *** populismo ya deja de gritar

    Que porque grites el voto no va a cambiar igual

    Yo te vengo a enseñar lo que es rap de verdad

    Pa´que la gente así lo pueda escuchar

     

    -Esto se trata de un buen sonido

    Se trata de dar a la gente un buen contenido

    Sacar a los pollos del nido

    Y mostrar que este medicamento hace rato se pasó y está vencido

     

    – ¡Tieeempo!

     

    Batalla 8×8. Temática: dar o recibir. Melissa mc vs Crackize en octavos

    Video

     

     

  • Contar una comuna, narrar una ciudad. Vivir en El Poblado

     

    Si se define en una palabra el primer periódico barrial y gratuito de Colombia, sin duda sería: ‘Comunidad’. En sus 30 años Vivir en El Poblado sigue divulgando cultura, arte y sociedad.

    Su archivo histórico reposa hoy en la biblioteca de la Universidad Pontificia Bolivariana.

     

    Por Alejandro Zapata Peña / alejandro.zapatap@upb.edu.co

     

    Después de dejar listos a los niños para ir al colegio, Verónica Arbeláez levanta junto al borde de su puerta un periódico que en su portada lleva el óleo en marfil de Don Juan del Corral. Por más de 30 años Vivir en El Poblado ha pasado por debajo de las puertas de condominios, unidades residenciales, edificios y casas de la comuna 14 de Medellín.

     

    Verónica es ama de casa, pero antes de hacer los oficios del hogar no puede soltar las páginas de la última edición del periódico. Lo lleva leyendo desde que salió a circular por las calles del barrio. Conocer la vida de otras personas de su comuna, que quizá pueden ser vecinos, es lo que más le place ver de las páginas. Recuerda con una apacible sonrisa el emprendimiento de Matías Londoño, un joven discapacitado que con la invención de un triciclo para personas con movilidad reducida aboga por la calidad de vida de esta población.

     

    Para ella, el hecho de que un medio de comunicación se enfoque en los personajes y actores que no son reconocidos en su barrio pero que impactan considerablemente con su emprendimiento, arte y vocación, es darse un respiro frente al sinfín de contenidos noticiosos del día a día.

    Vivir en El Poblado: el relato de un barrio que se proyecta sobre la ciudad. Foto: Alejandro Zapata.

     

    Siempre hay un principio

    Vivir en El Poblado, desde su surgimiento en noviembre 8 de 1990, ahonda en el sentido barrial y los compromisos que circundan sobre la idea de apropiarse del territorio. Secciones como protagonistas del barrio, nuevas obras públicas, recetarios, perfiles, opinión, eventos culturales que abarcan desde bazares en un parque hasta eventos de piano y rock son las piezas que unen el sentido de comunidad y comunicación en una de las 16 comunas de la ciudad.

     

    Nace como el revés de la moneda, como el articulador de contenidos que no tiene enfoque regional o nacional pero que muestran las dinámicas de un sector como lo es El Poblado. Surgió como el primer periódico barrial que se edita en Colombia y desde sus inicios procura y sigue consolidando su principal objetivo: el enriquecimiento cultural de la comunidad.

     

    Todos estos pensamientos empezaron a florecer en la familia Posada Aristizábal, en especial con Julio César (Fundador del periódico), el quinto hermano entre cuatro hombres y dos mujeres de los cuales muchos fueron ingenieros menos él. Julio empezó a preguntarse por sus cercanías y el lugar donde habitaba, incógnitas como: ¿por qué estamos más enterados de lo que pasa en otros países y no de lo que ocurre afuera de mi casa o de mi edificio?, ¿qué pasa en la cuadra del lado? Empezaron a meterse en la cabeza de Julio César. Culminó su carrera de Comunicación Social-Periodismo en la Universidad Pontificia Bolivariana y junto a su hermano Manuel José que terminaba Administración emprendieron un camino que hasta el momento ha demarcado la agenda informativa de toda una comuna.

     

    Entre sacrificios y carcajadas, su hermana, María Eugenia Posada, lo recuerda: “Julio al principio hacía de todo en la primera sede, en una casa de un amigo. Hacía los papeles, ilustraba, hacía pautas, redactaba, diagramaba. Junto con mi hermano menor (Manuel José) se decía ‘Soyla’… soy la que barre, soy la que trapea… que quién trabaja allá: pues ‘Soyla’”.

     

    Frente al miedo, reposemos con poesía

    Entre los años 80 y 90 El Poblado inicia su etapa de expansión urbanística. Edificios, conjuntos residenciales, carreteras y transversales se empiezan a apropiar de las mil cuatrocientas hectáreas equivalentes al 38 % de la ciudad. “De golpe esto se empezó a poblar y no había elementos de comunidad de fondo. No había la posibilidad de conversar y dialogar lo que se percibía dentro del barrio”, recalca María Eugenia.

     

    Para Julio César esos interrogantes se volvieron señales que atisbaban el principio de un nuevo medio de comunicación. Claro está, sin esquivar las inclemencias que respiraba Medellín por aquellos tiempos: violencia en su estado más auténtico.

     

    Mientas que en el aroma de la ciudad y del barrio se respiraba miedo y se preguntaba por quién es el otro y que no me haga daño, Julio pensaba en traer las ideas norteamericanas de periódicos sectoriales que desviaran, aunque fuera por un momento del día la concepción del narcotráfico y sicariato en la ciudad.

     

    ¿Cómo? A través de la cultura, como lo ha defendido María Eugenia, que estuvo de la mano con Julio. “¿Con qué elemento ser aglutinantes para una comunidad? El arte se convirtió en esa pieza clave. El acceso a la cultura no como un lujo sino como una representación clara de lo que vemos. No era simplemente un periódico cultural; era una construcción, buscar puntos de unión, de encuentro”.

     

    Julio César después del almuerzo reposaba con poesía. Junto a su mamá y su hermano proclamaban versos de autores colombianos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Entre literatura, poesía y comics Julio aprendió a verle el costado amable a una ciudad que lo necesitaba.

     

    Empezó el auge de Vivir en El Poblado, con gran a cogida y momentos en los que más de 43.000 ejemplares circulaban por las calles de la comuna 14. Sus grandes aliados como el Museo de Arte Moderno de Medellín, Museo de Antioquia distribuían el periódico con una amplia variedad de temáticas: Cultura, gastronomía, tráfico, opinión, personajes del barrio, obras de arte y un poquito más…

     

    El periódico ha rotado sus periodistas y maquinaria por más de 4 sedes dentro de El Poblado: entre Vizcaya, la 37, el antiguo edificio Niágara (por el parque Lleras) y actualmente al costado de Ciudad del Río. Merecedor de múltiples premios, el periódico fue tomando renombre no solo en la comuna sino en la ciudad y el país.

     

    Hablemos de otras cosas, volteemos la moneda

     

    << Las primeras portadas de Vivir en El Poblado, con rasgos gráficos de la tradición de publicaciones periódicas que tiene Medellín. Foto: Alejandro Zapata

     

    Seleccionando algunas ediciones históricas del periódico estaba Berta Lucía Gutiérrez, directora de Vivir en El Poblado, junto a ella, periodistas, diseñadores y fotógrafos compartían la mesa en la que preparan la edición 818 y el especial Portadas 30 años de Vivir en El Poblado. No perdía tiempo. Las miradas se quedaban en los computadores; unos buscando información sobre los principales artistas antioqueños y otros, las fotografías de las portadas. Desde hace 15 años los museos, obras y exposiciones aparecen como el moño de regalo de las portadas del periódico. Artistas como Débora Arango, Fernando Botero y Pedro Nel Gómez abrazan el estilo artístico y cultural del medio.

     

    Hoy la sede del periódico se encuentra a unos pasos de Ciudad del Río. No trabajan más de 10 personas, tienen que manejar la diagramación, las notas periodísticas, redes sociales y página web, aunque pareciera que detrás de Vivir en El Poblado hubiera un centenar de personas. El espacio es corto, pero para captar la atención de una comuna a veces solo se necesita una mesa redonda, varios computadores y el empeño de escribir sobre la cultura, las necesidades y las soluciones de un territorio.

     

    “Estar con la gente. Eso es lo que más he explorado de mi carrera, es el origen del periodismo”. Con una voz exaltada y sus ojos abiertos de punta en punta, Tatiana Rojas, periodista de Vivir en El Poblado desde hace un año cree en los contenidos que rescatan y revitalizan el día a día de un barrio.

     

    Rojas apuesta por el otro lado de la moneda, cree que los temas de un país o de un departamento deben nutrirse de la colectividad. “Empezar a identificar otras necesidades que tienen las personas y que uno las va olvidando del radar. No solo se trata de informar de economía, salud sino de cómo vive la salud un territorio en específico. Las necesidades que viven en Ciudad del Río no son las mismas de las que viven en la Loma del Tesoro”.

     

    La misma comunidad le suscitó a Tatiana interesarse por una de las ramas más distintivas del medio: lo ambiental. Se encuentra estudiando un diplomado en Periodismo Ambiental y recuerda con una sonrisa lo controversial que le parece haberse interesado por narrativas medioambientales. A Tatiana le llegó una fotografía de un avistamiento de una guagua cerca de la Universidad Eafit, quedó atónita a pesar de que sabía que el roedor había sido previamente registrado por el Área Metropolitana (Entidad reguladora ambiental), pero la imagen le despertó dudas y después de hablar con expertos de fauna constató que era falsa. “Con la comunidad uno también aprende a forjar su carácter para enfrentarse a las noticias del día a día”, cuenta.

     

    A lo ambiental se le suma la multiplicidad de contenido gastronómico que nació como una idea de motivar el encuentro. “En los 90, en medio de una ciudad que estaba encerrada, la gente no salía de las casas. El objetivo con el periódico fue y siempre ha sido decirle a la gente que en El Poblado hay restaurantes, obras de teatro, galerías a las cuales hay que volver y motivar el diálogo”, anota Berta Gutiérrez, quien resalta la creación de la revista Vivir con sazón que empezó a principios de 2021 de la mano con la reactivación económica. Lleva tres ediciones en las que abordan tópicos como los restaurantes con huerta, carne sostenible y cocina de campo.

     

    ¿Mejor, por qué no solucionamos?

    Lo que no mata engorda y la pandemia sirvió para que la página web de Vivir en El Poblado recibiera más de 4 millones de visitas. El encierro por la Covid-19 se asemeja a los toques de queda de finales del siglo pasado, pero la pandemia y los toques de queda no comparan con un bajón del periódico en 2017.

     

    Después de luchar por varios años contra el cáncer, Julio César Posada muere en marzo de 2010. Sus hermanos quedaron a cargo, sin embargo, para el 2016 Manuel y Marta desisten del proyecto y María Eugenia tomó las riendas del periódico. Sin embargo, el trabajo se hace difícil y en 2017 María Eugenia piensa cerrar el periódico, pero Fernando Ojalvo, exdirectivo de Sura, propone nuevos miembros y el medio vuelve a alzar sus ideas.

     

    Entre dificultades y el periodismo de soluciones han estado bandeándose las opciones de Vivir en El Poblado. “También hacemos un periodismo que no solo se queda en la denuncia, sino que es un periodismo que, cuando hay que hacer las denuncias las hace, pero no se queda solamente ahí, sino que investiga todo el contexto y además propone soluciones”, recalca Berta Gutiérrez que profundiza en la igualdad de importancia de contenidos.

     

    Como si fuera la capitana de un velero que navega por mareas difusas, Berta destaca la diversidad de temas como pilar del medio: “Todos los temas son válidos y hay que saberlos abordar. Algunos periodistas piensan que hay temas duros y temas blandos… para nosotros ni la cultura, ni la gastronomía, ni las comunidades, ni las fundaciones, que hacen su trabajo calladito, son temas blandos o menos importantes. Eso enmarca a Vivir en El Poblado”.

     

    Y esa misma filosofía ha llevado a que el periódico mantenga su gratuidad por más de 30 años. En la actualidad Nicolás Muñoz, gerente general del periódico, puntualiza en que el medio impacta alrededor de 180 000 personas en la comuna y siete es la cantidad de lectores que alcanza a tener un ejemplar del medio impreso.

     

    El fondo documental de Vivir en El Poblado fue donado para custodia a la biblioteca central de la UPB en Medellín. Foto: Alejandro Zapata.

     

    Cultivo y recuerdos en la biblioteca

    Desde la idea de Alberto Posada (padre de Julio César) de conservar cada edición del periódico se pensó en guardar la memoria del primer periódico barrial en un lugar significativo para la familia. Por eso la Universidad Pontificia Bolivariana, que es el alma máter de la familia Posada Aristizábal, fue la institución a la que María Eugenia donó el 22 de septiembre el archivo que contiene las primeras ediciones y varias de los tomos más recientes del medio de comunicación.

     

    Nueve cajas con las primeras ediciones del periódico, que circularon a partir de noviembre de 1990 con 11 000 ejemplares, y otros 38 tomos componen el archivo histórico que donó la familia entre las que se hallan varios ‘hijitos’ del medio como Vivir en Medellín, Vivir en Envigado y Centrópolis.

     

    Este material estará dispuesto para toda la comunidad educativa y también para consultas externas ya sea de manera física o presencial. A Cristina Ocampo, mediadora social de la comuna le han sido vitales varias de estas ediciones del periódico porque “la mejor forma de ejercer mi rol es comenzando por el reconocimiento del territorio y encontrar un periódico en el que puedo conocer los barrios de la comuna, sus historias y un poco más, me permite aterrizar, empaparme y poder hacer un mejor relacionamiento con la memoria”.

     

    “Desde la Universidad es muy importante y estamos muy contentos de hacer parte de la conservación de Vivir en El Poblado, un periódico que sabemos que le va a servir, va a ser útil y necesario a alguien dentro del campus, sobre todo porque viene de la familia”, resaltó Paola Vélez, Coordinadora de Colecciones Patrimoniales de la Biblioteca Central de la UPB.

     

    Así es como Vivir en El Poblado contagia su público; a partir de recetas, de aceras, de vías e infraestructura, de las historias y aromas de sus personajes, esas que los medios tradicionales olvidan. El valor de apropiarse de la palabra y levantar aquellas voces borradas por la cotidianidad son el reto y el día a día de un periódico que no solo habita y respira la ciudad, sino que nació para quedarse y Vivir en El Poblado.

     

     

     

     

     

  • Medellín, la gran fábrica de hits decembrinos

    Simmon David Ayala Mosquera y Valentina Giraldo Restrepo

     

    No es ninguna mentira cuando en Olímpica Stereo dicen que desde septiembre se siente que viene diciembre, pues parece que en los últimos tres meses del año, al menos en esta ciudad, no suena nada diferente a los grandes hits de Discos Fuentes.

     

    Por estos días bailamos Limoncito con ron de Rodolfo y Los Hispanos, mientras sacamos del polvo las lucecitas

    navideñas. Recorremos El Hueco en búsqueda del aguinaldo, mientras en todas las esquinas suena Pastor López y El Ausente. Pedimos el raspao’ de la olla natillera, mientras al fondo el bafle retumba al ritmo de La Yerbita de Los Corraleros.

     

    Y lo que, tal vez, usted y yo no imaginamos es que Medellín fue la responsable de ponernos a bailar en diciembre. Para mediados del siglo pasado, esta ciudad ya estaba montada como el centro industrial de Colombia; las textileras marcaban la parada y, junto con ellas, abrieron su camino las grandes disqueras. De Sonolux a Codiscos, pasando por Discos Victoria, la capital antioqueña y su auge económico empezaron a alojar a la industria musical y sus grandes intérpretes.

     

    Medellín fue un imán de grandes personalidades, pero también recibió década tras década, a la gente del campo que huía de la violencia o que empezaba a buscar una vida más allá de las cosechas. Ese tránsito cultural de la montaña a la ciudad, encontró en la industria fonográfica un espacio para transformar exitosamente la música y la parranda.

     

    Toño y sus Discos Fuentes

    Antonio Fuentes dejó su natal Cartagena para traerse su estudio a Medellín, casi que por amor, pues fue en esta tierra que conoció a Margarita Estrada, la mujer antioqueña con que se casó y que después de 20 años de matrimonio se lo trajo a él y su Discos Fuentes en la maleta, bajo el argumento de que el clima y la electricidad de acá funcionaban mejor.

     

    Dicen que a Toño le gustaba más fumar que comer, que su debilidad eran las mujeres y que podía pasar horas y horas encerrado en una cabina, en la cual podía faltar todo, menos el whisky. El barrio Colón, en el centro de Medellín, fue el destino elegido por Margarita y su esposo para abrir la disquera en 1954. En los sesenta se instalaron en Guayabal y por las puertas de esa gran edificación, vendida a Leonisa hace seis años, desfilaron las grandes estrellas de la música tropical de este país.

     

    Entonces, uno no se esperaría que Los Sabanales, La Burrita o Hace un mes de los Corraleros de Majagual, canciones de un sonido así, tal cual, muy sabanero, fueron grabadas en un valle rodeado de montañas. Y ese solo fue un caso entre decenas, pues desde la Costa Caribe llegaban Álvaro José Arroyo y Anibal Velásquez con su acordeón, de Venezuela aterrizaba Pastor López y de Cali venía a grabar Wilson Saoko con Fruko y sus Tesos.

     

    Artistas y agrupaciones de todos los rincones de Colombia encontraron en Medellín una fábrica de puros éxitos.

    En 1961 Toño y sus hijos sacaron un acetato que revolucionó las navidades para siempre. Los 14 Cañonazos Bailables no fueron más que el fruto del ingenio del cartagenero para acomodar en un elepé 14 canciones: siete por un lado, siete por el otro. Cuando, normalmente, solo cabían seis y seis. Pero la novedad no llegó hasta ahí, ese disco no contenía música de un solo artista o agrupación, sino de varias. Fue a partir de ese momento que la colección de los 14 grandes éxitos tropicales se situó en la lista de los elementos imprescindibles de cada diciembre junto a la natilla, el arbolito, el olor a leña y el traído.

    Video

    Recorrido por la planta de Discos Fuentes en Medellín, 1966. Archivo Señal Memoria – RTVC, sistema de medios públicos.

     

    Los Éxitos de Pedro

    A Pedro Muriel hay que llamarlo después de las diez de la mañana porque no le gusta madrugar. Con las 34 navidades que trasnochó y se levantó con la cobija pegada a la espalda a grabar la nómina de artistas de Discos Fuentes, fue más que suficiente.

     

    Si usted vive en Colombia, es más que seguro que alguna vez ha escuchado ese nombre, que lo recuerde o sepa quién es, ya es otra cosa. El sujeto que Los Chiches Vallenatos tanto mencionaban en sus canciones de la mano de un inconfundible efecto de eco es nada más y nada menos que el hombre que estuvo en una cabina cocinando hits como Rebelión, El santo cachón, Cariñito sin mí y Tabaco y ron, la lista sigue y sigue, al punto de que si usted sintoniza una emisora tropical como Olímpica o Estrella Estéreo, bajita la mano, programan diez temas con el sello del ingeniero de sonido, Pedro Muriel.

     

    La carrera en la música de Pedro empezó con una orquesta llamada Los Éxitos, tal vez, como un augurio de lo que le esperaría años después. Era el percusionista y el tema más recordado de la agrupación es Navidad de los pobres. Mientras frecuentaba los estudios de Fuentes como corista, se hizo amigo de Mario “Pachanga” Rincón el grabador de esa época y, debido a su interés por la ingeniería electrónica, termino reemplazándolo cuando este renunció.

    “En esos años se dormía poquito”, recuerda Pedro entre risas, pues el agite de los diciembres y el anhelo de los artistas por sacar sus producciones en temporada caliente, los obligaba a trasnochar hasta que el sonido fuera perfecto, porque eso sí, Muriel se tomaba su tiempo para cumplir con las exigencias de su prodigioso oído y, no en vano, los músicos lo esperaban hasta que tuviera agenda libre, porque todos querían grabar con él.

    El trabajo siempre era agotador, pero algo tiene la música tropical que, por más cansado que estuviera, uno ahí mismo se levantaba.

    Y si bien un gran porcentaje del reconocimiento es para los cantantes y sus orquestas, nada sería posible sin esos personajes que solo aparecen en los créditos de los álbumes o en uno que otro saludo, pero que siempre están a la sombra de las grandes obras musicales.

     

    Probablemente, ese fue el escenario perfecto para que hace unos años David Cuadros y su acordeonero, dos tipos del norte del país, se aprovecharan de que pocos sabían quién era Pedro Muriel y que bastante sonaba su nombre en las canciones vallenatas y, así pues, se fueron de gira al sur del continente con el cuento de que el vocalista era el mismísimo Pedro Muriel y forjaron una exitosa carrera en Paraguay donde al día de hoy siguen interpretando, exclusivamente, las canciones donde es saludado el ingeniero de sonido: el antioqueño, el que ni por error ha sido cantante, ni ha dado su primer concierto.

     

    Si lo anterior es sorprendente, aun más increíble es que Muriel responda ante la pregunta de cómo tomó la noticia de este par de estafadores que lo suplantan hasta en entrevistas:

    Ah, ellos son muy amigos míos, hasta les he grabado. Yo qué me iba a poner a pelear ahí, al menos hicieron famoso mi nombre en Paraguay.

    El revolucionario Mono Buitrago

     

    Desde allá en Ciénaga, Magdalena, bien lejos del interior del país, Guillermo Buitrago, un tumbalocas rubio, flaco y de ojos azules, que vendía pólvora, tocaba guitarra y vivió unos escasos veintinueve años, sin saberlo, determinó la forma en que paisas y boyacenses comenzarían a hacer, respectivamente, música de parranda y carranga.

     

    Las letras de Escalona, Emilianito Zuleta y otros grandes compositores del Magdalena Grande, fueron sacadas del anonimato gracias a Buitrago. Él y el samario Julio Bovea, fundador de Bovea y sus vallenatos, cambiaron los acordeones por las cuerdas y popularizaron en el resto del país la historia de cuando Lorenzo Morales no quiso parar en Urumita o cuando Rafael Escalona se fue a estudiar al Liceo Celedón.

     

    Guillermo Buitrago. Una colorzación de una imagen original de diebo Montoya. Lic. Creative Commons. >>

     

     

    Jaime Monsalve, jefe musical de la Radio Nacional de Colombia, cuenta que el sonido parrandero paisa existe en gran parte a las aportaciones de Bovea y Buitrago. En el interior adaptamos los sonidos de la guitarra a nuestro estilo, le pusimos un sello picante y así como en el Caribe, también decidimos contar historias, de temáticas bastante diferentes, pero historias al fin y al cabo.

     

    No fue Diomedes Diaz nuestro primer gran rockstar colombiano, fue Guillermo Buitrago. El tipo era en sí un verdadero mito, sus días estuvieron marcados por cuentos fantásticos, tan propios del realismo mágico característico de su tierra. Unos dicen que lo envenenaron, otros que “murió de amor” — producto de una sífilis — y desde tuberculosis hasta cirrosis, le fueron achacadas al joven Buitrago, que así como cinco de sus siete hermanos, murió antes de los treinta años.

     

    Hay quienes aseguran que si el Mono hubiese vivido unos años más, la música vallenata, se llamaría música cienaguera, pues en los cuarenta le dio vida al género, fue su gran difusor y quien la bautizó, ya que para esos días era conocida como música del Magdalena Grande.

     

    Muchas de sus interpretaciones, trascendieron al repertorio parrandero antioqueño de la mano de agrupaciones como Los 50 de Joselito. Guillermo también fue compositor, pero la historia ha sido confusa respecto a qué compuso en realidad. El caso más particular es, tal vez, El Grito vagabundo. Son dos las versiones conocidas del origen de esta canción; la primera y más difundida, es que él mismo la compuso como una expresión de rebeldía y manifestación de su afinidad política hacia el liberalismo. Historiadores y periodistas aseguran que el grito que Buitrago quería pegar era: ¡Qué viva el Partido Liberal!

     

    En contraposición está la versión reconocida por Discos Fuentes que indica que el tema es de autoría de Buenaventura Díaz y es el clamor de una penosa enfermedad que terminó por desfigurar gran parte de su rostro, generando en él una profunda pena por no poder encontrar el amor debido a su terrorífico aspecto. Todo apunta a que ese fue el verdadero grito vagabundo.

     

    No es lo mismo una pelota negra, que una negra empelota

    Gildardo Montoya. Radio Nacional de Colombia. Señal Memoria – RTVC. Sistema de Medios Públicos.

     

    Desde los cafetales de Támesis hasta Medellín llegó Gildardo Montoya, pregonando en la antigua Plaza de Guayaquil y alcanzando el éxito con sus atrevidas letras musicales. Muerto a sus 37 años en un accidente mientras iba en una motocicleta, su corta vida dejó un legado de letras que hasta hoy sonrojan y sacan risas traviesas.

     

    Él, como muchos de los cantantes y compositores parranderos, se dedicó a escribir letras que no dejaban nada a la imaginación o, por el contrario, lo dejaban todo. La parrandera para los años 60 y 70 ya era parte del ambiente cultural de Medellín, se escuchaba en la radio de cada esquina, se bailaba en cada salón de eventos y se exportaba a cada tienda de discos de la región.

     

    No es de extrañarse que, así como se hablaba de amor, desamor, fiesta y tradición, la música de los campesinos que llegaban a la ciudad tuviera la picardía propia de su cultura. El humor, el absurdo y la exageración eran propios del paisa y de sus letras, que buscaban hablar de lo cercano y lo cotidiano, pues los ritmos eran ante todo un punto de encuentro.

     

    El contenido sexual explícito estaba fuera de los límites, no porque no se grabara, sino que se hacía de forma extraoficial: no se escuchaba en la radio y se vendía sin información del sello, pero se vendía. León Felipe Duque, periodista e investigador musical, cuenta que los músicos estaban frente a una sociedad conservadora y altamente religiosa, que prohibía cualquier vicio fuera de los lineamientos de la Iglesia (como el sexo y la promiscuidad). Entonces, ante la hipocresía de quienes querían bailar pegadito los sábados pero rezar ante el sagrario los domingos, los artistas — algo rebeldes — aprovecharon su ingenio para añadirle el picante necesario a sus canciones sin pasar los límites de lo que a la luz del día se consideraba bueno; con frases sin terminar, rimas y chistes, el doble sentido se volvió poco a poco insignia de la música parrandera.

     

    Claro, la persecución no se hizo esperar. La Curia empezó a vetar canciones a diestra y siniestra, con fuerza censuraba a los oídos de todo fiel creyente con valores las letras de Se me paró el Reloj, La Gota o El ratón. Aún así, Duque en su trabajo El mes de la parranda cuenta que artistas como Joaquín Bedoya, hablaban de que ese intento por censurarlos terminaba siendo un beneficio porque “…los discos prohibidos se vendían más”. Entre otras cosas, la defensa de estos artistas contaba con más picardía todavía, pues Agustín o Joaquín Bedoya le hacían frente a los comentarios diciendo con propiedad y malicia paisa que la canción no era lo fuerte, lo que pasa es que los demás somos muy malpensados. Un argumento, entre otras cosas, irrefutable.

     

    Los parranderos olvidados

    Entre tantas curiosidades, queda entonces una pregunta. Si hasta el día de hoy la parranda se arma con los mismos éxitos grabados hace décadas y, todavía mejor, si todos tarareamos cada una de las melodías tropicales como si del himno nacional se trataran, ¿por qué desconocemos a los artistas detrás de ellas? ¿Por qué muchos mueren en el olvido?

     

    Para la muestra, un botón. Canciones como El Jardinero, Maria Teresa o La Negra Josefina, todas reflejo del ingenio y la malicia paisa, tienen como intérprete y compositor a Leonel Ospina, hijo de un matrimonio campesino de Amagá, que sin ningún lazo con la música, decidió irse de su pueblo y buscar suerte en la Medellín de los años 50.

    El golpe de suerte le llegó, como a muchos otros campesinos, cuando se encontró con unas disqueras que, por el éxito del momento, recibían a todos los intérpretes y compositores, listos para ponerlos a sonar en la radio y presentarlos en el salón de bailes del Hotel Nutibara.

     

    En pleno boom de la industria fonográfica, Leonel sonó junto a Guillermo Buitrago en la Costa y conquistó otros países hasta radicarse en México. Entre presentaciones, trago y parranda, alcanzó la cima de su carrera antes de caer en la locura, literalmente, pues un golpe en la cabeza, en medio de una borrachera, le hizo perder la cordura y acabó con su vida musical.

    Hoy algunos pocos lo recuerdan como el gran exponente que fue, otros más lo reconocen andando por el centro de la ciudad — mendigando y sobreviviendo de los escasos 250.000 pesos mensuales que le dan por regalías en Sayco Acinpro — pero la mayoría canta sus canciones sin recordar siquiera su nombre. Cómo él, muchos otros campesinos que alcanzaron el éxito, ahora mueren en el olvido.

     

    Sin querer dejar la duda al aire, hice la pregunta hasta encontrar una respuesta y León Felipe Duque, esbozó lo que sería la razón para el olvido de aquellos compositores de rumba parrandera.

     

    Los campesinos encontraron una ciudad industrial con una economía prometedora, con disqueras de renombre que grababan con artistas de la talla del Joe Arroyo y que les abrían sus puertas; pero, así mismo, se encontraron con una ciudad arribista, de familias elitistas y fiestas que querían bailar al ritmo de sus canciones, pero no querían tener nada que ver con esas “guascas” campesinas.

     

    Duque habla incluso de que las grandes disqueras tenían subsellos para meter ahí esa música, que miraban por encima del hombro pero igual producían porque daba plata. Así, ponían a sonar la apuesta musical de los paisas sin importarles que fueran conocidos o siquiera darles un nombre.

     

    Algo de esto se ve en el libro La música parrandera paisa de Alberto Burgos, que cuenta el desprecio que se le tenía a esta música por ser montañera, pero como bien sabemos hacer en Medellín, aplicamos la doble moral porque se compraba y escuchaba sin parar.

     

    Precisamente ahí, en ese ir y venir, en el provecho que se le sacaba a los artistas campesinos, fue que sonaron las canciones pero no los músicos. Desde los cincuenta hasta ahora, se prende la fiesta con cualquier tema de Luis Carlos Jaramillo o Alejandro Sarrazola, que dieron vida a la parranda y murieron en el anonimato y la necesidad.

     

    Haga clic en la imagen para ver el documental Leonel Ospina, de la fama al olvido.

    De la serie Infrarrojo, de Teleantioquia.

     

    Parranda, siempre

    Aquí en Antioquia es casi que un pecado escuchar a un Pastor López a mitad de año, “Eso es pura música de diciembre”, es lo mínimo que a uno le dirían si tiene el atrevimiento de poner Golpe con Golpe en pleno agosto.

    Pasa que no hay fiesta sin música, ni navidad sin parrandera. “Así como volvemos a la fiesta, volvemos a la música” dice León Duque, hablando de la manera en que la dinámica del género se construyó en un imaginario en el que la fiesta decembrina, tan importante para los colombianos, es inconcebible sin la música de la época.

     

    Todavía más importante, Duque dice que esa música no solo llegó para acompañar la fiesta, sino que tuvo un componente transformador y creador, que esas parrandas tradicionales de buñuelos y guaro hasta al amanecer, se crearon a partir de la llegada de ese auge musical.

     

    Con el olor a chicharrón y la melodía de Los Graduados, naturalmente entran las ganas de bailar, así sea con la tía y el abuelo borrachos. Y es que tan inherente como el Niño Dios al pesebre, es el baile y el ambiente tropical a las celebraciones de fin de año. Juan Sebastián Ochoa, investigador musical, dice que hay una mística en estos géneros, que animan cualquier velorio, pero que a su vez se reservan inmaculadamente para los diciembres.

     

    Por más que Rodolfo Aicardi le haya cantado a una colegiala, al amor de Daniela y al de Mariana; o así Buitrago se quejara de ser un pobre huerfanito, sus letras aun alejadas de las temáticas navideñas, como las de muchos de sus pares, quedaron condenadas a despertar junto con las primeras luces del fin de año.

     

    La tradición, para Duque y Ochoa, es clave para entender esta condena. Las festividades decembrinas se han ligado al género parrandero de tal manera, que parecieran más importantes que la misma novena navideña. La música nos ha marcado tanto, que para Jaime Monsalve se trata de algo más que la fiesta, pues en ella está el encuentro con los nuestros y el recuerdo de otras épocas. En diciembre la nostalgia llega de la mano de Sabor Navideño de Afrosound y nosotros la abrazamos.

     

    Es en esta larga historia y por eso que, indudablemente, en cada radio, el próximo septiembre estaremos sintiendo que viene diciembre. En diez o veinte años, al menos mientras estemos vivos, no habrá navidad sin música decembrina, no habiendo otra forma de llamarla porque diciembre es y será la voz de aquella Medellín del pasado tan prolifera en disqueras, títulos y artistas.

  • Los circos se resisten a ser fantasmas

    Dicen los artistas que en Antioquia hay por lo menos 30 circos tradicionales que no están en el radar del Instituto de Patrimonio y Cultura. La pandemia aceleró su desaparición. Además, entre artistas y Estado parece haber teléfono roto.

     

    Manuela Suárez Giraldo / manuela.suarezg@upb.edu.co

     

    Colombia es un país que ha visto crecer dentro de muchas carpas a generaciones de artistas que, desde que nacen, tienen el oficio circense tatuado en el corazón. Ahora, ese mismo país es testigo silencioso de cómo dejan apagar una de las tradiciones artísticas más entrañables.

     

    Antioquia, a su turno, es uno de los departamentos donde más se han fundado circos tradicionales y donde se ha peleado contra viento y marea para mantener este legado. Sin embargo, desde que llegó la inesperada pandemia, el panorama se fue haciendo cada vez más desalentador, pues, aunque nadie pudo librarse de la crisis, este sector artístico en Antioquia sigue a la espera de recibir a su audiencia a plena capacidad.

     

    En los periódicos, las noticias cada vez son más esperanzadoras, hay respuestas del Gobierno, reuniones para apaciguar la crisis económica, decisiones sobre teatros, conciertos, estadios; pero sobre los circos no se dice nada.

     

    En Marinilla, Antioquia, el circo de los hermanos Daza se aferra con pasión e ilusión a su legado familiar que lleva tres generaciones y al mismo tiempo -gracias a su mediana carpa ubicada en una de las principales entradas al Municipio- llena de color y de alegría a muchas personas que encuentran dentro un lugar seguro para escapar de la rutina. Además, es hasta ahora el primer circo tradicional del departamento que ha podido volver a escena, aunque la historia ya no es la misma.

     

    Las exigencias para el artista de circo no cambiaron en el marco de la pandemia, por el contrario, incrementaron significativamente, lo que implica que, además de la inversión mínima que debe haber dentro de las carpas, que oscila entre 70 y 80 millones de pesos, Ricardo y Daniel Daza, tuvieron que cubrir otros gastos, como, por ejemplo, una póliza que cuesta alrededor de un millón de pesos, un lavamanos que costó 700 mil, comprar una bomba desinfectante, antibacteriales, mascarillas y otras cosas que sumaban más de 3 millones de pesos. Todo esto a cambio de un aporte voluntario para quienes anhelen entrar a ver el espectáculo.

     

    “Cuando dimos este paso no lo hicimos por nosotros, sabemos que las personas apenas se están levantando de la crisis, y que fijar una boleta era exigir demasiado. Pero también sabíamos que la salud mental de muchos podía estar peor que la parte financiera, y eso nos motivó a invertir los ahorros que teníamos con el fin de reabrir la carpa y traer un poquito de paz dentro del caos”, señaló Ricardo Daza.

     

    Carpa actual del Circo de los hermanos Daza a la entrada del municipio de Marinilla. Foto: Manuela Suárez.

     

    El espectáculo trata de continuar

    Las funciones se hacen los sábados y domingos a las 7:30 de la noche y, sin importar cuánto se recoge a la entrada, los espectáculos duran una hora y diez minutos, se hacen con el mismo amor y profesionalismo de siempre.

    Aunque esto “trabajar con las uñas” por el amor al arte y a la cultura, no basta el corazón cuando no hay un apoyo desde las entidades encargadas, pues los hermanos Daza aseguran que, después de ocho meses de apertura, no han tenido ninguna visita por parte de la Secretaría de Cultura, ni mucho menos por el Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, que ni siquiera estaban al tanto de que ya un circo estaba abierto al público.

     

    “No, no sabemos cuantos se han podido reactivar, eso es una cosa supremamente difícil”, explicó Hugo Valencia, profesional especializado para el sector del teatro, del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia en diálogo con Contexto y aclaró: “Nosotros no sabemos cuántos circos tradicionales hay en Antioquia porque como ellos no se comunican con nosotros, la base de datos que tenemos es limitada”.

     

    La carencia de un registro representa la imposibilidad de tener una base sólida sobre la cual construir una solución. Los hermanos Daza sostienen que en Antioquia hay por lo menos 30 circos tradicionales que no están en el radar de la institucionalidad, por lo que, consecuentemente, no han recibido ningún tipo de ayuda en medio de la contingencia.

     

    Según Valencia, los fondos derivados del impuesto de IVA, destinados para el mantenimiento de inmuebles patrimoniales fueron redireccionados por el Ministerio de Cultura para auxiliar a los artistas en medio de la pandemia. El listado lo integraban danzantes, músicos, teatreros, cirqueros, escritores, artistas plásticos visuales y de otras áreas, reportados por los municipios. El monto que inicialmente ascendía a 3 910 millones de pesos para Antioquia tuvo recortes, luego de que se cruzaran cuentas para establecer quiénes temrinarían recibiendo más de un subsidio. “Eran casi 7.000 personas las que cumplían con los requisitos para darles plata, la cual sí se invirtió. Ahora, qué tan bien haya sido invertido ese dinero por las personas, no lo sabemos”, explicó Valencia.

     

    Los hermanos Daza aseguran que a los circos tradicionales no les tocó nada de ese dinero, lo cual concuerda con el ya mencionado problema de identificación de los artistas.

     

    Las sucesivas prórrogas de las medidas de emergencia por la Covid-19 obligaron a recoger las carpas de muchos circos, algunas de las cuales fueron incluso vendidas porque sus dueños no tenían como pagar un alquiler. Otras familias se vieron obligadas a recibir cualquier peso por todos sus materiales de trabajo, con tal de conseguir algo para poder comer.

    Tercera generación: los hermanos Daza siguiendo la tradición en una función empresarial. Foto: Instagram de Ricardo Daza

     

    ¿Qué dicen?

    “Aquí nunca ha venido un líder de circo tradicional a querer dialogar o proponer cosas, la percepción que ellos tienen de las instituciones es que las reuniones son para cobrarles impuestos, u obligarlos a pagar cosas que normalmente evaden, por eso es difícil identificarlos. La última vez sacamos nueve vacantes para la convocatoria (del Portafolio Departamental de Estímulos a la Cultura), cuatro quedaron vacías y ningún circo se postuló, y son estímulos de casi 18 millones. No hay comunicación”, expresó Hugo Valencia.

     

    Sobre el portafolio de estímulos referido, Ricardo Daza afirma que: “Sacan tres o cuatro convocatorias para más de cuarenta circos, pero en realidad los requisitos que uno debe cumplir para participar son ilógicos, sin contar que por ley les toca sí o sí abrir esos proyectos. Además, no se interesan por nosotros, ni siquiera acá en Marinilla han venido de la misma alcaldía a apoyarnos en algo. No les importa hablar”. Los problemas de comunicación entre los artistas y la institucionalidad son evidentes.

     

    Hasta las carpas están en riesgo, pues el crecimiento urbano deja sin espacio este ícono del circo y la magia un espectáculo que funciona perfectamente bajo estas estructuras. Cuenta Daniel Daza que: “A veces nos toca acomodarnos en lugares indignos con tal de que nos dejen presentar en esos Municipios, sabiendo que uno ve predios grandes y en buen estado desocupados. Creen que la profesión del circo es algo lamentable, cuando es pura magia”. Hugo Valencia reconoce esa problemática de espacio y asegura que el crecimiento de las ciudades y la expansión del territorio urbano ha desplazado más las oportunidades de establecer circos en algunas partes.

     

     

    La de los Daza es una de muchas tradiciones familiares que sostienen el arte circense. Fotos: Cortesía.

     

    Los hermanos Daza no conciben la idea de bajar el telón de una tradición familiar que les ha regalado la verdadera felicidad. Y así como ellos, hay muchos circos tradicionales en Antioquia esperando ser reconocidos y asistidos por el Estado. Según el vocero del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, las puertas están abiertas para los líderes de cada circo. El problema es que esa ruptura de comunicación, esa falta de acercamiento, tiene en riesgo una parte de la historia artística del departamento que ha tocado las infancias de millones.

  • Mi otro yo: la cultura Drag en Medellín

    “Somos seres humanos y hacemos arte para sobrevivir en una ciudad como Medellín y en un país como Colombia”.

    Juan Camilo Hoyos, activista de los derechos LGTBIQ+

     

    Sara López (sara.lopezs@upb.edu.co), Isabella García (isabella.garciap@upb.edu.co) y Estefanía Restrepo (estefania.restrepoa@upb.edu.co)

     

    Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, rosado, son las luces que se alzan sobre la Vía Primavera cerca al Parque Lleras de Medellín, iluminando la entrada a un lugar que promete fantasía y en donde las personas pueden expresarse libremente sin sentirse juzgadas.

     

    Tras subir las coloridas escaleras, da la bienvenida una pintura en la que, sobre un fondo de animal print rosado con morado, se dibuja un arcoíris saliendo de unas piernas con tacones rojos y medias de malla, sobre estas el nombre “Chiquita” un café bar inigualable, icono de la cultura Drag en Medellín.

    Terraza Bar Chiquita, 27 de enero de 2021, foto tomada de: https://www.instagram.com/p/CKkS3ycDmWN/

     

    Llama la atención desde la entrada, el techo en mirella dorada, las paredes cubiertas en estampados de leopardo y decoradas con estatuas poco convencionales de perras, cebras, zorras y cisnes en ropa interior dentro de corazones gigantes y brillantes. Peluche, más brillo y animal print recubriendo cada centímetro del bar. Al fondo, la tarima dispuesta para las mágicas drag queens, encargadas de hacer realidad la fantasía con sus shows, talentos, vestuarios y maquillajes.

     

    Siendo las seis de la tarde de un jueves se comienzan a preparar para darle inicio al show en Bar Chiquita; empezando por cubrirse las cejas para dibujar unas nuevas, seguir con el maquillaje del rostro y luego volver a los ojos para agregarles color y drama. Escoger el vestuario, que muchas veces es diseñado y confeccionado por ellas mismas, añadir accesorios y ponerse los tacones, unos stilettos de entre unos 10 y 12 centímetros, es parte de su proceso en el que todo cambia: el rostro, la voz y la expresión corporal. El resultado: más poder y confianza en sí mismas.

     

    El presentador de la noche sube al escenario y comienza el show.

     

    —Buenas noches para todos, todas y todes, bienvenidos a una noche más de fantasía en Bar Chiquita, el día de hoy contaremos con la presencia de tres maravillosas Drag Queens. Para empezar, con ustedes Gretha White interpretando “Welcome to Burlesque”, de Cher.

     

    Baja Gretha por la escalera en espiral, los reflectores la siguen, comienza a dramatizar la canción. Sus movimientos reflejan poder, drama, seguridad. Sus labios, al son perfecto de la letra, crean la ilusión de que Gretha es ahora Cher.

     

    Show a little more

    Show a little less

    Add a little smoke

    Welcome to Burlesque…

     

    Para Walter, comenzar a ser Gretha surgió como un accidente hace tres años y cuatro meses atrás, pues iba a una fiesta de Halloween en Chiquita, para la que se quería hacer drag, pero la forma en que la gente la recibió fue tan exitosa que no pudo dejar de hacerlo y así este pequeño accidente le permitió descubrir su esencia, se convirtió en el marica que siempre quiso ser, rompió esos estereotipos que tenía en la cabeza y logró ver el mundo mucho más grande de lo que es.

     

    En este punto de su carrera, ver a Gretha es una gran inversión, su tarifa está entre 350 mil a un millón de pesos. Ser drag se ha convertido en su principal fuente de ingreso, pero no todo es fantasía de colores y diversión. Para ser reconocida como lo es hoy ha tenido que destinar esfuerzo, tiempo y dinero. Sobre todo, este último. Ser drag es algo costoso: una peluca vale cerca de cien mil pesos o unos zapatos valen como mínimo cincuenta mil. En la vestimenta se puede gastar más de ciento cincuenta mil pesos en los materiales, aunque como es diseñador de modas, él mismo los crea por completo, y en maquillaje ha gastado cerca de seiscientos mil pesos. Además, estar trepada no solo cuesta en plata, sino también esfuerzo físico.

     

    ***

     

    La palabra DRAG viene del acrónimo Dressed  As  Girl y  Queen  viene de reina, en inglés. Es un acto artístico performático, donde los personajes son creados y  representados de manera exagerada.

     

    Históricamente, ha existido  el drag queen, el origen de este arte está vinculado con espectáculos satíricos de la época victoriana,  burlesque, en la que drag  (arrastrar en inglés) hacía referencia a las faldas y vestidos largos que usaban los actores masculinos, en épocas en que las mujeres no podían desarrollar diversos roles en la sociedad debido a la cultura patriarcal, por lo que hombres hacían los papeles masculinos y femeninos en las obras de teatro.

     

    Juan Camilo Hoyos Muñoz ha sido activista de los derechos LGTBIQ+ por más de nueve años, es artista drag queen, locutor, estudiante de comunicación social y periodismo en la Universidad Uniminuto y trabajador del proyecto de salud en atención para pacientes con VIH, tuberculosis y COVID para la ciudad de Medellín y el Área Metropolitana. Él cuenta y aclara no solo términos, sino también la transición histórica de la cultura drag.

     

    “Los drag queen son una movilización social y política en una expresión un poco más extravagantes, existe desde 1850, cuando los hombres personificaban a las mujeres, ya que las mujeres no podían entrar al teatro, ni pisar las tablas del teatro, por ello entre los hombres las personificaban. El drag permite no hacer una burla por la mujer, si no permite que se llegue al lado social de cualquier comunidad, a cualquier territorio y sobre todo, siempre que se respete esa lucha por toda nuestra sigla poblacional (sic)”.

    Juan Camilo Hoyos en el paro contra la reforma tributaria de Colombia 2021, foto tomada de https://www.instagram.com/p/CO4TLwOF8ND/

     

    Poco o nada tiene que ver con la identidad de género o sexualidad  de una persona, puede ser un hombre heterosexual, homosexual, bisexual. Su objetivo va más allá, busca generar un impacto social, cultural, educativo y enviar un mensaje de diversidad.

     

    En la personificación femenina, el maquillaje no lo es todo, la actitud y los gestos faciales y corporales no se logran de la noche a la mañana, nadie más que ellos saben lo que significa subirse a un escenario, dar un espectáculo transformados completamente y la gloria momentánea de ser visto o admirado. Pero al final de estas transformaciones ¿un drag se siente hombre o mujer? La psicóloga Diana María Osorio, experta en psicología de género asegura: “La sexualidad de un drag queen sobre el escenario es icónica, casi igual que un travesti puede presentarse una expresión de transexualidad que se manifiesta a través del disfraz. Un drag queen puede ser un hombre homosexual, bisexual o heterosexual, que simplemente crea y se expresa a través de un personaje que presenta ante la sociedad.”

     

    Además, Hoyos Muñoz hace un preciso énfasis en que “Un drag se trasviste, sí, porque se transforma para llegar a ese personaje, más no quiere decir que soy gay, lesbiana o travesti…Desde el lado propositivo, es superimportante porque los niños, las niñas, se sorprenden; los jóvenes, los adolescentes, los papás, las mamás, el adulto mayor, gente y personas que reconocen que realmente nosotros estamos haciendo un sinfín de cambios sociales a la transformación desde la educación, esa misma pedagogía del amor y esa misma pedagogía con la empatía social (sic)”.

    La respuesta comunitaria lo positivo del VIH, Juan Camilo Hoyos, foto tomada de https://www.instagram.com/p/CIRoF2dlNRg/

     

    La preparación para  treparse a  su personaje es todo un ritual basado en un proceso creativo  que implica inspiración.  Myth  la encuentra en la comida, en un buen tinto, en un espacio agradable rodeado por sus brochas, música y buena iluminación. Una vez consagra su tiempo a sentirse cómodo,  descarga su imaginación en un papel y crea su próximo  look de drag.  Myth  empezó siendo un personaj e que exageraba sus facetas y sus atributos corporales, pero con el tiempo y la experiencia ha empezado a pulirse. Sus trajes son mandados a hacer para cada ocasión, comprados o intervenidos por él mismo; e  indica que todo su mundo drag  queen  está basado en la recursividad y creatividad.

     

    El 5 de abril del 2018, Mitchael Steven Velásquez despertó en la madrugada  queriendo convertirse en una persona diferente   y transformar su aspecto en alguien totalmente nuevo. Sacó sus brochas de maquillaje y algunos productos para empezar a hacer de su piel un lienzo que lo llevarían a dejar huella en muchos escenarios; y guardó la fecha en lo más profundo de su corazón. Noches después de treparse  por primera vez, decidió crear su personaje  Myth, que es  la simplificación de su nombre, y que en inglés significa mito; encantado con esa definición entendió que estaba en este mundo para impactar vidas. 

     

    —Empecé a hacer parte de la cultura Drag una noche del 2018, le tengo mucho aprecio porque fue una fecha en la que decidí personificar a Myth en mi habitación y poco a poco me fui adentrando en eventualidades de ciudad de las mesas diversas. La primera que me abrió las puertas fue la mesa diversa de la Comuna 4 que me invitó a hacer parte de un show/certamen; lo que me dio ánimo para participar de proyectos hasta ahorita que me he estado manteniendo vigente.

     

    Como él existen muchos otros que transformaron sus vidas al empezar a hacer parte de este mundo. Agattha, burda, exagerada y extravagante, como ella se describe, se caracteriza por desorbitar con su belleza, sus uñas largas, sus voluptuosas partes que sobre salen, enmarcadas por los brillantes y largos trajes que usa al momento de treparse.   Desde muy pequeña vio la luz de la felicidad, gracias al programa RuPaul’s Drag Race, un programa con un formato dinámico en el que sus participantes Drags se enfrentan una serie de desafíos, guiados y aconsejados por RuPaul. Agattha  encontró en este programa un escape para sus momentos de ansiedad y depresión, y cuenta que cambió los antidepresivos por pelucas, tacones y maquillaje. Valora mucho su proceso que  inició  hace más de dos años y que cade vez a nivel estético y artístico perfecciona su personaje.

     

    “Pelucas, tacones, maquillaje, escarcha, colores, es un mundo fantástico, pero también es un mundo en el que se necesita el apoyo de los y las mamás y papás, hermanos, hermanas, familias, colegios, el mundo, para que realmente reconozca el arte en el que existen. Que seamos valorados y valoradas, es importante que se reconozca el arte y aquellos artistas que están detrás de todo este sin fin de cosas importantes porque tenemos una vida, somos seres humanos y hacemos arte para sobrevivir en una ciudad como Medellín y en un país como Colombia”, añadió Juan Camilo.

     

    Cada uno de estos personajes creados ha tenido que pasar por un proceso de aceptación familiar, social e incluso personal. Como lo describe  Myth, nacer como drag en la habitación es fácil, lo difícil es salir y crecer en el mundo real. Para él fue un proceso lleno de amor y aceptación por parte de su familia, porque sus padres ya conocían su orientación sexual y su trabajo artístico en el mundo del teatro.

     

    Sin embargo, no todos cuentan con la fortuna de surgir de manera tan sencilla . Daniel Múnera, quien encarna a  Kholette Sky drag, tuvo que manejar el  shock de su  familia,  e l de su círculo social y el propio,  al verse tan maquillado  frente a l espejo . Daniel hizo un trabajo cauteloso que constó de explicarles a sus papás que no iba a empezar a hacer una transición para convertirse en una chica trans, sino que iba a incursionar en grupos de performances  creadores de  personajes, y afortunadamente, los padres de Daniel adoptaron a  Kholette como otro miembro de su familia, y según explica, se llena de alegría al saber que se puede trepar y destrepar  cómodamente en su casa. 

     

    Ahora, Myth no solo se ha tomado escenarios y ha destacado con sus espectáculos, sino que gracias a la transformación a sus personajes drag que les permite la liberación y el empoderamiento de sus capacidades, lograron que varios performances drags se tomaran las protestas en apoyo al paro nacional.

     

    —En esta fotografía, quise representar una pureza… la marcha pacífica por medio del trepe. Mi performance este día fue caminar y hacer parte de la marcha con todo el respeto del caso, y ver lo bonito del acompañamiento de los demás… Ni siquiera tuvimos que gritar porque para todas las personas que estaban marchando como nosotras, nuestra presencia decía más que mil palabras.

    Myth Drag y sus hermanas drags en el paro contra la reforma tirbutaria de Colombia 2021, foto tomada de https://www.facebook.com/photo?fbid=287437936222151&set=a.127362552229691

     

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    La necesidad de crear un espacio para Drag Queens hizo que, en 2016, Juan Jiménez y su grupo de fundadores crearan Oh My drag, un lugar para que la gente pueda ir a expresarse libremente, disfrutar de este entretenimiento y romper los paradigmas que se tienen de los drags. Estos eventos han tenido una gran acogida por parte del público local, estos buscan reunir a los amantes del Drag y mostrar un espectáculo con artistas locales e internacionales. Sus inicios se remontan al año 2016 en pequeños eventos realizados en Bogotá, que permitieron ganar terreno a nivel local y trasladar el espectáculo a diferentes partes del país. Sus promotores preparan con anticipación los eventos mediante un proceso organizado y priorizan la difusión del evento por medio de las redes sociales.

     

    Antes era extraño ver a un Drag queen de fiesta, las calles de Medellín estaban llenas de susurros sobre los transformistas, quienes individualmente eran más vulnerables a las miradas reprobatorias, de asco, homofobia y confusión.

     

    El 18 de febrero del 2017, la discoteca Alta Gama, ubicada junto al Parque Lleras, estuvo con su aforo al máximo, unas 400 personas permanecieron en la fiesta hasta las cuatro de la mañana. Esa noche hubo una docena de performances que buscaban una cultura drag en la ciudad, fue allí cuando afloró el primer colectivo de cultura drag queen en la capital antioqueña. Una imagen positiva para la ciudad, en donde se vivificaba el ambiente drag.

    Dalphi D’Bones, Bárbara Queen, Jano Von Skorpio, Juli Santa Putricia, Megan Way, Dalila Velvet, Ciara Queen, foto tomada de https://www.instagram.com/culturadragmed/?hl=es-la

     

    “Somos doce discípulos, pero maricas y trepados, brincando de pronombre y género”, así lo define Jano Von Skorpio o Juan Esteban Velásquez, el líder de este colectivo.

     

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    Cada drag tiene un discurso diferente y lo expresa a través de su personaje con un toque de humor y sarcasmo, pero ante la sociedad todos los discursos son los mismos: la libre expresión y ser fuente de inspiración.

     

    Este  movimiento  tiene muchos aspectos desde los cuales se promueven  unos  valores  en específico, en el caso de Juan Camilo  por una situación en particular:

     

    —Yo promuevo la cultura drag desde el respeto, desde la pedagogía del amor, desde el impacto de la resiliencia, y hago esto es porque cuando tenía catorce años me dieron un disparo por ser homosexual y por hoy llevar el color o los colores de mi bandera. El orgullo del arte por mi población permite que se genere un movimiento de conciencia social y política en revolución, pero una revolución pacífica.

     

    Y a lo anterior se suma que palabra empoderamiento es el lazo que une esta cultura diversa  y llena de  conocimiento, incluso se asocia la palabra puta como una de las más significativas valiosas e importantes,  tanto como para saber que para ser drag  queen no se necesita más que un por qué y un para qué que te catapulte a la cima. 

     

    —La palabra empoderamiento es tener la valentía, como digo yo en muchas de mis presentaciones, que vivo en las putas porque es que puta no es una palabra que tendría que ser peyorativa, la palabra puta es valiente que se enfrenta, que se empodera a ese mismo rechazo. Nadie tiene que tener unas características como tal para ser drag, todos y todas pueden ser drag queen desde el arte de la expresión social, sólo que para llegar a ser un drag queen tenemos que tener ese por qué y el para qué de estar en el mundo desde esa misma extravagancia, de esa misma personificación para poder impactar al mundo y dar sí o sí una lucha de más de cincuenta años por el movimiento histórico mundial de lo que somos como lesbianas, gays, bisexuales, trans, inter y queen.

     

    Las personas pertenecientes al arte drag queen han roto estereotipos impuestos por las sociedades alrededor del mundo. Este nuevo lenguaje empleado por ellos busca lograr el reconocimiento artístico de las personas que los observan e impulsar a todas, incluso las que no pertenecen a su comunidad, a no temer del qué dirán y tener libertad de pensamiento.

     

    Diana María Osorio ha trabajado con hombres que practican el arte drag queen desde hace cinco años y asegura que no solo ella los ha ayudado a sanar, mejorar su autoestima y personalidad, sino que ellos también se han convertido para ella en un apoyo, han llenado su vida de aprendizajes y de nuevas maneras de ver el mundo.

     

    “Estos personajes no solo luchan en contra de su vida cotidiana, los pensamientos conservadores de las personas, la falta de libertad de expresión, etc., sino que luchan también por los de las demás personas, inspiran y ayudan a amarse y amar los pensamientos propios. El drag te da resistencia y empoderamiento para afrontar las situaciones, son un apoyo, hasta para mí. He aprendido mucho de mis pacientes y es triste saber que este movimiento surge por situaciones de marginalidad social, discriminación.”, añadió la psicóloga Diana María Osorio.

     

    En pleno siglo XXI, con evoluciones tecnológicas, sociales y humanas es óptimo generar mayor inclusión a aquellos géneros que han sido rechazados y poco escuchados, humanos talentosos y temerarios a perseguir su esencia, por ello se debe visibilizar un mundo que todos deberíamos conocer antes que negar.

     

    Y así, siendo las dos de la mañana, el bar Chiquita comienza a bajar su intensidad, el arcoíris disminuye y la gente comienza a salir de la fantasía que les atrapó la noche, se apaga la música y el hogar de muchos drags cierra sus puertas, para volver con más al día siguiente. Estos drags forman parte de una familia que tiene su hogar en Bar Chiquita, en cada rincón mágico de Medellín y como ellos, muchos drags que quieren luchar por un mundo más colorido y con menos barreras, así, sin dejar de soñar y sin tener que aparentar para encajar.

     

    Trabajo realizado para el curso Periodismo IV, orientado por la profesora Jazmin Santa Álvarez.

     

     

     

     

  • El cantor que echa su alma a volar

    John Jairo Torres de la Pava necesita a su guitarra como el cielo a las estrellas y el invierno al frío.

     

    Federico Hoyos Gutiérrez / federico.hoyos@upb.edu.co

     

    Fueron precisamente los sonidos armónicos de sus cuerdas, combinados con el de su melodiosa voz, los protagonistas de aquella noche del miércoles 15 de julio de 1998, fecha del concierto de lanzamiento de su álbum Lo que amo, en el Teatro Metropolitano José Gutiérrez Gómez, de Medellín.

     

    Entre los espectadores estaba Lina María González, una joven simpática, esbelta y sonriente. Lo que ni ella ni John sabían era que el destino quería unirlos desde esa noche para siempre. “Mi mamá fue literalmente obligada. Una amiga le dijo: ‘Tenés que ir. Si querés, comprá la boleta más barata’”, cuenta Gabriela Torres, hija de John Jairo y Lina. “Eso hizo mi mamá, compró la más barata y se hizo bien atrás, en el ‘gallinero’. Al principio estaba muy aburrida”. Pese a que el recinto estaba a reventar, había algunos puestos libres más adelante y, en el intermedio del concierto, su amiga le dijo: ‘Váyase pa’delante, allá en esos puestos que sobraron’.

     

    << La tradición como elemento de contrastes está en las bases de la obra de John Jairo Torres. Foto: Cortesía.

     

    De repente, el aburrimiento de Lina se transformó en un mar de lágrimas al escuchar Tu llegada, una canción que John Jairo compuso cuando nació Catalina, su primera hija. “Mi mamá se puso a llorar, le llegó muchísimo la música de mi papá. Al final, la amiga de mi mamá le dijo: ‘¿Quieres conocer a John Jairo?’”. Lina accedió y se fue con ella y otra amiga a saludarlo… “La amiga de mi mamá quería presentarle a mi papá la otra amiga, no a mi mamá”. Sin embargo, John se enamoró perdidamente de Lina desde el primer instante que la vio, “tanto así, que ni siquiera se acuerda de la otra amiga.”, dice Gabriela. “Al mes de conocidos, mi papá le hizo la primera canción a mi mamá (Mi alma gemela)”.

     

     

    Para entonces, John Jairo ya se había divorciado de Maria Eugenia Bayona, la fuente de inspiración de obras como No es tan fácil y Fantasmas. “Las canciones tristes de John Jairo vienen de esa época, y las alegres vienen de su segundo matrimonio con Lina”, recuerda Jaime Betancur, amigo de John desde hace más de dos décadas. “Él ha pasado por muchas etapas de la vida, por eso es tan buen compositor. El noventa porciento de lo que produce es muy bueno y, lo demás, muy aproximadamente bueno”, agrega.

     

    De aspecto bonachón, tez blanca, cabello negro entremezclado con canas, nariz gruesa y redondeada. Sus ojos cafés reflejan una mirada sincera y penetrante. Sus 188 centímetros de estatura le permitieron ser un habilidoso basquetbolista en la adolescencia.

     

    Nacido un Día de Brujas de 1958 en el Seguro Social de Itagüí, es tecnólogo en Sistemas de Cedesistemas y gestor cultural de la Universidad EAN. No obstante, “la música es la que ensancha su espíritu y la que purifica las aguas cristalinas de su inspiración”, como escribió alguna vez Rubén Darío Barrientos. Desde la cuna, su corazón palpita al ritmo de bambucos, pasillos, guabinas, danzas y valses.

     

    Es hijo de doña Gabriela de la Pava, mujer sabia y serena; y de don Heroel Torres, hombre de carácter fuerte, con quien mantuvo una relación difícil durante algún tiempo. Paradójicamente era don Heroel quien le regalaba instrumentos, pero no quería que fuese músico. Las diferencias entre ambos se subsanaron con una composición conciliatoria: una danza titulada Para decirte te quiero. Dice Betancur que “llegó el momento de la vida en que él (Heroel) estaba enfermo y John Jairo le quiso escribir una canción diciéndole que no quisiera perderte sin decirte te quiero’.

     

    Su abuelo tiplista, Antonio ‘el Negro’ Torres, fue quien le legó la vena artística. A los ocho años incursionó en la guitarra. En ese entonces le decía a su profe, Rodolfo Marín, que había escuchado por radio los que en verdad eran sus primeros poemas musicalizados.

    Aquí, Joh Jairo Torres celebra su reconocimiento a Canción Inédita. Foto: Cortesía. >>

     

    Prolífico compositor, su repertorio supera las 200 obras escritas, muchas de ellas interpretadas y grabadas por reconocidos artistas. Ha triunfado en diversos eventos tales como el Festival Mono Núñez, el Festival Nacional del Pasillo Colombiano, el Concurso Nacional de Duetos de Ibagué y el Concurso Nacional del Bambuco Luis Carlos González, por tan solo nombrar algunos. “No me quiero perder ningún festival, ni concierto”, afirma John Jairo.

     

    “Es un defensor incansable de nuestra música”, dice Carlos Andrés Mesa, licenciado en Dirección Musical. En marzo de 1998, la Cámara de Representantes le condecoró con la Orden de la Democracia en grado de Caballero “por su labor en la creación y difusión de la música colombiana”. El municipio antioqueño de San Pedro de los Milagros “instituyó el Concurso Nacional del Bambuco John Jairo Torres de la Pava”.

     

    Jairo Moreno, excuñado de John, resalta que él “tuvo muy claro siempre que si queríamos rescatar y manejar una música colombiana folclórica que perdurara, teníamos que hacer que los jóvenes se involucraran con esas músicas”. Una de las condiciones que puso Torres cuando asumió la dirección ejecutiva de Antioquia le Canta a Colombia en 2007, era que los niños también pudieran participar en el festival. Cuando fue director artístico y presentador del programa televisivo Serenata, les exigía a los artistas que la mitad de su repertorio fuera de músicas andinas colombianas.

     

    Pese a que su rostro ya no aparece en las pantallas, todavía hay muchos que le demuestran simpatía en la calle y le piden que les cante un pedacito de alguna de sus canciones. “Mis fans son, en este momento, mayores de setenta”, bromea John Jairo.

     

    Está en contra de los estereotipos, de que haya que ponerse sombrero, salir de ruana, de carriel y alpargatas para pararse a cantar en un escenario. Esa fue la idea que lo sedujo a escribir Quién dijo, el icónico bambuco que despertó amores y odios, pero que, al fin y al cabo, lo catapultó como cantautor. John Jairo es un convencido de lo que hace. En la fiesta de premiación del Mono Núñez de 1987, “aposté 30 mil pesos con el que ganó ese año la obra inédita a que yo ganaba el año siguiente”; y así ocurrió: fue precisamente Quién dijo la canción que le dio el triunfo en ese festival.

    Video

    John Jairo Torres de la Pava interpreta “Quién dijo”. Video: Teatro Metropolitano.

     

    Dice la verdad sin tapujos. Un reconocido artista de antaño le dijo alguna vez: ‘Tus canciones son muy bonitas, pero eso no es comercial. Eso no le gusta al pueblo’. Y John Jairo le contestó: ‘Mis canciones no las van a olvidar los que las han oído. En cambio, de las tuyas, mañana no se va a acordar nadie’.

     

    Torres de la Pava tiene muchos conocidos, pero pocos amigos. Eso sí, los que tiene son entrañables. “A mí me han tocado muchas tertulias que casi siempre son en la casa de Lina y John. Ellos tienen un grupito de amigos que son Jaime Betancur, Gustavo Díez y Alfonso Grosso (acompañados de sus esposas Esperanza, Davinia y María Elena, respectivamente). John es el líder del equipo. Es el que pone el tema de conversación.”, cuenta Pedro Pablo Zuluaga, novio de Gabriela. Se reúnen a reírse y a contar historias, al sabor de unas copas de aguardiente. “En cualquier momento llega alguno y dice: ‘¡Vamos a tocar!’. Y John saca su guitarra”, una Yamaha traída desde Japón. “La cuida como un tesoro… solamente la saca cuando ellos van y, de vez en cuando, me la presta por ahí a mí”, dice Zuluaga. “A él le han ofrecido plata por ella, la que quiera… le han ofrecido cambiarle la guitarra, pero él no la cambia por nada del mundo”, agrega.

     

    Gustavo Díez, hombre carismático y locuaz, es el guitarrista de cabecera de John Jairo. Dice que las anécdotas con él dan para escribir un libro. ‘Tavo’ describe a su amigo como “una teta auténtica”. Mamagallista y dicharachero, “siempre está echándole vainas a todo el mundo… Es insoportable en el estudio de grabación (risas)” y “Termina por imponer su criterio frente a lo que él quiere que se haga”. Díez destaca que las diferencias de pensamiento nunca han sido un obstáculo para ser amigos. “Yo le digo a John: ‘Una de las razones por las que más te quiero a ti es que cuando esté verraco contigo te lo puedo decir en la cara y no me da miedo’. No nos guardamos nada”.

     

    Como auténtico perfeccionista, le sacan de quicio las cosas mal hechas. “No admite el fracaso”, recalca Díez. “Él es muy nerd. No descansa hasta hacer las cosas bien. Me acuerdo muchísimo cuando hizo la segunda carrera (Gestión Cultural), que se despertaba como a las tres de la mañana a estudiar… Se acostaba muy tarde por hacer trabajos”, recuerda Gabriela.

     

    No está satisfecho con lo que ha logrado; aún tiene varios pendientes. “Me falta componer mi mejor canción, me falta escribir mi mejor libro, me falta conocer a mis nietos…” Está finalizando su tercer libro y planea montar un podcast y un canal de YouTube. “Me apasiona mucho la comunicación”, enfatiza John Jairo.

     

    No tiene peros ni reparos a la hora de darle gusto al paladar. “Come mucho, como yo”, dice Gaby, jocosamente. “Le encanta la carne. Intentó ser vegetariano, pero no le dio”. No puede vivir sin Coca-Cola y sin comer leche en polvo.

     

    Dicen que es reticente a dar consejos, pues considera que la vida la vive cada uno. Que lo entristece la injusticia y la indiferencia… y, según Díez, que “le da mucho terror el escenario antes de tocar”. Pero cuando está parado en él, echa su alma a volar.

     

    Trabajo realizado en el curso Periodismo III, orientado por l profesora Claudia Patricia Sánchez Aguiar.

     

     

     

     

     

     

     

  • Los ojos que registran el Paro Nacional

    Cristian David Gutiérrez Martínez / cristian.gutierrez@upb.edu.co

     

    Desde el 28 de abril, decenas de fotógrafos han salido a las calles para registrar los hechos que se desarrollan en el marco del Paro Nacional, sus registros fotográficos son elementos fundamentales para entender el ambiente caótico que vivimos. ¿Cuál es el papel del fotoperiodismo en las protestas? ¿Qué anima a los fotógrafos a realizar su labor? ¿Qué problemáticas enfrentan los fotoperiodistas por estos días?

     

    Cuando el ambiente en las calles es tenso y las noticias falsas abundan en las redes, los registros fotográficos se hacen claves para entender lo que ocurre. Desde el 28 de abril, las protestas contra decisiones gubernamentales han generado choques con fuerzas del Estado y otros grupos, que derivaron en caos y desinformación. Con el ánimo de mostrar en detalle lo que ocurre, decenas de personas se vuelcan a las calles con cámaras, la mayoría de las cuales cabe en los bolsillo de quienes asumen el papel de periodistas.

     

    El fotoperiodismo surgió en 1880, cuando el Daily Graphic de Nueva York comenzó a utilizar fotografías en el periódico. Desde entonces, la imagen se ha convertido en un elemento fundamental para entender los hechos que se presentan, al punto que hoy se pueden encontrar reportajes conformados enteramente por imágenes, casi sin necesidad de palabras para ilustrar la realidad.

     

    En la necesidad de relatar los hechos con la contundencia y elocuencia de una imagen, han surgido propuestas como la de la Agencia Colectiva Amalias, un grupo de mujeres de distintas ciudades que a través de la fotografía, pretende reclamar espacios comúnmente masculinos y a su vez contar la realidad social del país a través de sus registros. “Tres Ojos”, como se hace llamar para proteger su identidad, es una de las mujeres pertenecientes a este colectivo. “El tercer ojo es el ojo de la conciencia”, dice ella, “lo cual en mis fotos trato de reflejar”; a través de su labor, esta fotógrafa busca mostrar la realidad de lo que sucede en las noches de Bogotá.

     

    << Manifestantes bogotanos sosteniendo un par de escudos. Foto: @tresojos666

     

     

    Tres Ojos cuenta que fotografiar lo que acontece en las protestas no es una labor fácil. En sus sesiones se ha tenido que enfrentar a imágenes y situaciones difíciles, e incluso ataques directos en contra de la prensa: “Una vez nos cayó un gas a toda la prensa y lo único que hizo el ESMAD fue atravesarse en nuestro camino mientras decían ‘eso ahóguense’”, cuenta la reportera gráfica. A pesar de todo lo anterior, Tres Ojos dice que ver a jóvenes luchando sin importar si pueden salir heridos, le da ánimos para continuar informando desde las calles aquello que sucede en la Capital.

     

    Muchos de estos fotorreporteros deciden hacer una labor independiente de algún medio; este es el caso de Mateo Builes, conocido como Teo Builes Itg, oriundo de la ciudad de Bello, quien ha registrado desde actos culturales, hasta crudos enfrentamientos desarrollados las últimas semanas en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Aunque en tiempos anteriores Teo no se había dedicado a la fotografía periodística, él se sintió en la responsabilidad de utilizar sus herramientas para concientizar a su entorno más cercano acerca de lo que sucedía en las protestas; así, se vio motivado para salir a las calles y servir como prensa alternativa.

     

    Mateo cuenta que hacer fotografía en el contexto del paro es una tarea difícil: “Son muchas horas caminando, el cansancio, la fatiga, la sed… de hecho he tenido quemaduras en mi piel, no solo por el sol, sino también por los gases”, dice. La labor se hace más difícil cuando no hay el respaldo de algún medio, pero por fortuna entre fotógrafos independientes se crean grupos con el fin de protegerse mutuamente y capturar sin manipulaciones los hechos que se desarrollan.

    Manifestantes reunidos en la estación Estadio del Metro de Medellín. Foto: @teoitg

     

    “Me anima saber que he logrado transmitir emociones, he logrado transmitir sensaciones; he mostrado la furia, la ira, la rabia del momento. He podido llegar a personas a las que jamás creí que iba a llegar”, dice Teo. “Mi trabajo es informar, pero desde el arte”. Así, como el de Mateo, son varios los casos de personas comunes que, impulsadas por su necesidad de informar, deciden salir a la calle y poner sus equipos al servicio de quienes creen que necesitan saber lo que ocurren en las calles.

    Martín Ángel, conocido en redes como Neoyuzek, ha participado también en las manifestaciones, informando a través de fotografías tomadas en Popayán y otros sectores del departamento del Cauca. Aunque Martín trabaja como fotoperiodista, él expresa que salir a las calles es también una muestra de que los fotógrafos no pueden ser indiferentes a la situación del país. “Tenemos esta generación de prensa y periodistas independientes que se viene forjando hace pocos años, personas que salen a hacer trabajo de campo y con su celular registran toda esta situación. Es algo que antes era impensable, ahora tienes horas y horas de registro en vivo que dan otra visión de la situación actual”, expresa Martín Ángel, al describir la ola de fotoperiodismo que el Paro Nacional impulsó.

    Hombre sosteniendo la bandera de Colombia en medio de una protesta en el departamento del Cauca.

    Foto: @neoyuzek

     

    Pese a que Martín pretende capturar escenas que informen a la ciudadanía de forma imparcial, afirma que en muchas oportunidades no hay garantías para desarrollar la labor de prensa: “Me han amenazado, insultado y agredido”, cuenta el fotógrafo. Por lo anterior, Martín dice que en Colombia es necesario concientizar más acerca de la labor de la prensa, pues además de ser infravalorados económicamente, los fotoperiodistas sienten que tener un distintivo de prensa representa muchas veces un riesgo que los hace objeto de agresiones.

     

    Según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), para el 25 de mayo eran 165 los casos de agresión en contra de periodistas en el marco del paro nacional, 89 agresiones más que las ocurridas en las protestas del 2019 en sus primeros 40 días. De estas 165 agresiones, 87 fueron cometidas por miembros de la fuerza pública, presentándose incluso 16 casos de disparos directos en contra de la prensa. Esta violencia puede afectar especialmente a los fotoperiodistas, pues su labor exige un gran acercamiento al lugar de la noticia, y es posible que se agudice más cuando quien hay detrás de la cámara es un fotógrafo independiente sin ningún distintivo de un medio reconocido, a pesar de estar amparados por leyes y tratados, algunos de alcance internacional.

     

    Jonathan Bock, director de la FLIP, piensa que la situación en el país para la prensa es preocupante: “Las jornadas de protestas sociales que se han llevado a cabo desde el 28 de abril han expuesto la vulnerabilidad y desprotección de los periodistas en el país. La libertad de expresión y prensa se ha visto gravemente afectadas por el alto nivel de violencia que se ha vivido en Colombia en los últimos días. Es urgente que se implementen acciones diferenciadas para garantizar su seguridad. El trabajo de una prensa libre es un imperativo para salvaguardar el Estado democrático” señaló en un informe de la organización que lidera.

     

    Los repetidos actos de violencia han causado que un grupo de fotoperiodistas y reporteros lanzaran el 1 de junio un comunicado en el cual exigen garantías por parte del Estado y de los grupos en choque durante las protestas para ejercer libremente la labor fotoperiodística, además hicieron un llamado a la Comunidad internacional para que se creen condiciones que permitan el libre ejercicio de la prensa. El comunicado cuenta con 104 firmas, muchas de ellas provenientes de fotógrafos independientes.

    Fotógrafos reunidos en una protesta cerca al Parque de los Deseos. Los registros fotográficos han jugado un papel fundamental en las protestas llevadas a cabo desde el 28 de abril. Foto: @teoitg

     

    El fotoperiodismo siempre ha estado ahí para contar lo que las palabras no alcanzan relatar. Las protestas del último mes dejan un balance que señala además un largo recorrido para reivindicar su labor, liberarla de estigmatizaciones que los han convertido en objetivo agresiones y que el contenido que publican sea valorado de manera acorde a lo que implica buscarlo.

     

  • Querer y poder, el dilema de la música en Medellín

    Sebastián López Ortiz / sebastian.lopezo@upb.edu.co

     

    Medellín, una ciudad con herencias musicales que vienen desde la colonización española, además de los sonidos entrantes por los Andes, huellas de figuras como la de Carlos Gardel, fue incluso núcleo de la industria musical de Colombia, como sede de la mayoría de casas disqueras a mediados del Siglo XX. Tango, ranchera, salsa y el tan popularizado reguetón, entre otros ritmos, son muestras de la diversidad musical de esta urbe.

     

    Medellín es melómana, pero ¿es verdadero refugio para los músicos? ¿Qué pasa con esa persona que invierte años formándose no solo para que su instrumento suene perfecto, sino también para crear su visión de la música, para entender sus posibilidades y sus alcances, ese gran fenómeno que después de largos procesos, finalmente todos podemos escuchar transformada en una canción?

     

    Medellín y la música, una relación de amor y odio

    Es un sábado en la noche, la ciudad suena, la gente canta. En el barrio Manrique se escuchan de fondo algunos de los más famosos tangos gardelianos. En El Poblado, en el renombrado Parque Lleras, las juventudes bailan al ritmo de los bajos de una canción de reguetón. También se escuchan los sonidos provenientes de las improvisaciones de un conjunto de Jazz, mientras que al vaivén de las botellas de cerveza se canta a todo pulmón una canción de protesta al ritmo del punk en bares de las Torres de Bomboná. Entre tanto, la armonía de la Orquesta Filarmónica de Medellín toca sus conciertos de temporada en el Teatro Metropolitano.

     

    A lo largo del año, en la ciudad se celebran muchos festivales musicales como: Medejazz, Festitango, Festival Altavoz, FestiAfro, Festival La Solar, entre otros. También es muy importante mencionar que con recursos públicos se financia la Red de Escuelas de Música de Medellín, en la cual actualmente hay cerca de 5 mil estudiantes y 27 escuelas aliadas, según el sitio web de la organización. A su vez, en Medellín hay siete centros educativos para hacer estudios superiores de música, bajo diferentes nombres y enfoques. Hay también centros privados como Iberacademy, Pianissimo y El Cubo Parque Cultural, que se proponen además como plataforma para hacer visibles a los músicos, junto a los festivales y medios especializados como la Revista Música, que busca darle voz a todos estos músicos y bandas de tendencias no dominantes o fuera de lo que se denomina el Mainstream. La publicación, nacida en 2003, tiene ya 61 ediciones.

    La Revista Música es además animadora de la Unión del Sector de la Música, que tiene fines gremiales. Foto: Cortesía. >>

     

    Entre los espacios más destacados para la actividad musical en la ciudad está el Teatro Metropolitano y el Pablo Tobón Uribe. A ellos se les unen los teatros universitarios y algunos espacios privados, además de un circuito de bares con música en vivo. Pero como cuenta Fernando Gallego, “en Medellín el circuito de música en vivo, la llamada chisga, normalmente funciona en los bares y los bares no tienen infraestructura real para los conciertos en vivo, pero modifican su estructura para poder ofrecerlo. Algunos bares tienen escenarios pequeños y no están acústicamente pensados para eso”.

     

    Por su lado, Sebastian Almánzar también tiene su postura frente a este tema: “hace mucha falta un teatro en Medellín, uno acústicamente construido para eventos musicales. Me parece que el problema en Colombia es que los teatros se hacen pensando en dos cosas, es decir, cumplir dobles tareas: teatros toderos”. Pero el problema no solo está en los teatros que hay, sino en los que ya no hay, el maestro Posada cuenta: “en Medellín cometimos grandes pecados con la idea del modernismo y progreso: y fue tumbar el teatro Junín, ¡era una joya!, fue una tremenda equivocación de la sociedad en su momento y eso dio pie a muchos de los problemas que acoge hoy el centro”.

     

     

    <<Nepentes es una de las bandas con más dinámica en festivales dentro y fuera del país. Foto: Cortesía.

     

     

    ¿Y cuál es el apoyo que la música tiene realmente en la ciudad? “Medellín es una ciudad que ha venido de menos a más. Hace unos 20 años se ha venido fortaleciendo todo ese tejido cultural a través de muchas más oportunidades, equipamientos, procesos, recursos y se ha venido trabajando. Los artistas han sido cogestores, además de la ayuda de empresa privada. También se ha venido generado un portafolio importante de oportunidades para mucha gente en términos de presupuesto participativo, becas de creación, los eventos de ciudad y todos los procesos de desarrollo económico para el fortalecimiento de las industrias creativas. Cuando yo empecé no había nada”, cuenta Juan Carlos Sánchez. El contraste lo explica Fernando Gallego, al referirse a festivales gratuitos que han contribuido a la divulgación, pero han desincentivado entre las audiencias la cultura de pago por ver en vivo los artistas de su preferencia: “Y eso para los músicos es un problema, porque pagar un cover que valga lo que realmente justifica el concierto, les duele pagarlo. [Para] Un concierto bueno, por 30 o 40 mil pesos, la gente se ofende, que es lo más complicado. En la época del streaming, cuando uno está acostumbrado que todo esté en línea y las cosas en línea son gratis ya de entrada hay un problema grande y ¿cómo le haces entender a una persona de 13 años que tiene que pagar por la música?, es un problema de esta generación”.

     

    El análisis de Gallego pone en discusión el papel de la educación para el arte. Andrés Escobar cuenta que “hay una falta de educación. Es una cuestión que va desde más abajo. Si los niños desde los 3 a los 10 años tienen una formación musical que por lo menos les dé una noción, van a lograr cogerle un cariño y un gusto a la música y, aunque no se dediquen a ella, van a aprender y entender de música y eso les va a ayudar en cualquier otro proceso de aprendizaje”. Y Almánzar añade: “Es necesario crear un hábito de querer escuchar música. Que realmente la gente tenga muchas ganas de oír su orquesta tocar y esto es algo que debe impulsarse desde los niños”.

    El director Sebastián Almánzar durante una de sus presentaciones en Europa. Foto: Cortesía.

     

    Son muchos factores entre no querer ir al concierto y no tener con qué ir. Sebastián Almánzar también es consciente de esto: “El salario mínimo está en poco más de un millón de pesos y de ese dinero se te van 800 mil pesos en el día a día, lo que tienes que pagar y sí mucho lo que te queda. Imagínate uno estar pagando 30 o 40 mil pesos en una boleta cada fin de semana; es muy complicado”. Al resultado de ese balance financiero se le denomina capital de consumo. Según el profesor Luis Fernando Aguado, hay tres formas de fortalecer capital de consumo cultural: la crianza en una familia que valore las expresiones como la música, educación artística en nivel de primaria y efecto rebaño; que el voz a voz o el gusto de quienes son cercanos lleve la música a cada persona. Según esto, que la música tenga espacio además de la idiosincrasia, depende de la economía del país.

     

    ¿Vale la pena estudiar?

    Para muchas de las personas que quieren dedicar su vida a la música es difícil la decisión de si hacer estudios profesionales o comenzar una carrera empírica basada en el mejoramiento de la técnica con el instrumento. ¿Qué aporta profesionalizarse en la música? Para Andrés Escobar es importante porque: “De acuerdo con el amor, pasión u obsesión que tenga uno por la música, el estudiar la carrera te permite entender un montón de cosas históricas que han sucedido con la música. Además, te da herramientas útiles. No sólo es perfeccionarse uno con un instrumento, sino un entendimiento de la música desde un punto de vista teórico, histórico y estilístico”.

     

    Para Fernando Gallego, la decisión de hacer la carrera va ligada a la intención que tenga el músico: “Si lo que uno quiere es proyectarse desde el ámbito académico y seguir haciendo carrera académica, hacer su maestría y luego aspirar a otro posgrado, pues tienes que hacer una profesionalización”. Y agrega: “Ahí hay un problema grande porque una persona de 17 años que recién pasa a su pregrado todavía no tiene claro esto, porque luego uno puede cambiar de opinión. Lo que yo le digo a los estudiantes jóvenes que me plantean el asunto de estudiar es: trate de hacer la técnica pensando después en profesionalizarse, porque se puede hacer la técnica y mientras estás trabajando puedes hacer la profesionalización, que es algo completamente normal en una ciudad que tiene una gran población en estratos bajos”.

    Entre el rock y el jazz, el profesor y músico Fernando Gallego recorre los bares de la ciudad con proyectos como Green Monkey y Slow Hands. Foto: Cortesía.

     

    ¿Y si me voy del país?

    Se dice que, si los artistas quieren alcanzar una mejor calidad de vida, obtener mayores logros profesionales y personales, se deben ir del país. Pero León Giraldo no está de acuerdo: “no creo que mi realización esté ligada a una posición geográfica. Se debe más a la labor que se realiza de acuerdo con las necesidades de la sociedad que habitas. Los proyectos de vida se construyen uno a uno. Además, puede que en otros países haya más orquestas filarmónicas, pero también más profesionales, más músicos que ya ocupan esas plazas. Después de vivir tres años en Europa me doy cuenta de que las realidades son muy parecidas, pero en diferente dimensión”.

     

    Todos los entrevistados coinciden en la ganancia que ofrece un acercamiento y una mirada internacional en la música, porque, como lo plantea el maestro Alejandro Posada, “el mundo es la casa de los músicos”. Juan Carlos Sánchez agrega al respecto: “Celebro cuando pueden estudiar afuera y celebro más cuando regresan a compartir sus conocimientos”.

     

    Pero hay también una tercera mirada que ve en el “salir del país” una necesidad. La maestra Ana Orduz dice que: “Lo de irse depende del género que quieras tocar y del perfil profesional y artístico que quieras tener”, opinión que sintoniza con la de Gallego:“Cuando uno va muy en contra de la corriente es muy difícil vivir de la música. Por ejemplo, si tienes una banda de punk en Medellín probablemente no vivas de la banda”.

     

    Soy músico y soy una empresa

    “El artista hoy en día debe buscar su espacio en la sociedad (…). El músico debe saber venderse, crear la necesidad de lo él hace”, comenta Alejandro Posada. Pero esto no es un mero discurso de emprendimiento y de gestión cultural. Sara Melguizo, directora de la Revista Música cuenta que: “Los músicos pertenecemos a un sector en el que no somos asalariados. Somos supuestamente emprendedores, pero a veces no alcanzamos ni siquiera a auto emplearnos de manera digna porque nuestras empresas son estacionales, entonces nos toca ser multi perfil. Es cierto que tenemos una capacidad adaptativa maravillosa, pero ¡eso no es saludable!”. Desde su experiencia, Juan José Trejos añade: “Es un poco peligroso eso de ser toderos porque uno no se ve obligado a no solo desenvolverse profesionalmente en algo y hacerlo muy bien, sino que le toca hacer muchas cosas, entonces pierde calidad el arte y finalmente el producto”.

    Juan José Trejos tiene como instrumento principal el trombón, pero también toca la guitarra. Foto: cortesía.

     

    Talento migrante

    En los últimos años, según cuenta Alejandro Posada, dentro de la Filarmónica de Medellín más del 50% de los integrantes vienen de municipios cercanos a la ciudad. Una tendencia similar a la que se observa entre los aspirantes a programas académicos cono el de la Universidad EAFIT. León Giraldo es oriundo de El Retiro; Fernando Gallego, de La Unión; Juan Carlos Sánchez de Támesis y de Riosucio en Caldas es Juan José Trejos.

     

    En el exterior cada vez es más común escuchar que compatriotas son reconocidos o incluso ganan becas por su labor musical. Un ejemplo es Sebastián Almánzar, quien alcanzó el segundo puesto en la edición 2020 de la Competencia de la Unión Europea para Directores de Orquesta, realizada en Sofía y en Pazardzhik, Bulgaria; esto sin referirnos al reconocimiento de artistas de la música en facetas más comerciales.

     

    Hay otro factor fundamental. Un factor más discreto pero potente: “Algo muy importante es que se tiene la música como la oportunidad salir de situaciones difíciles”, cuenta el maestro Alejandro Posada, para quien esta expresión muestra a los jóvenes otro estilo de vida, otra posibilidad de salir adelante ,sobre la base de valores como la disciplina. “Los músicos en Latinoamérica en general son buenos o podemos llegar a ser buenos primero por la disciplina que uno pueda tener, pero, el más importante aún, me parece que es porque nos toca lucharla tan difícil”, afirma Almánzar, a lo que la maestra Ana Orduz le agrega una gran capacidad para soñar.

    La Fundación Pianíssimo abre espacios para que los estudiantes de este instrumento tengan contacto con el público y perfilen su talento y su vocación. Foto: Cortesía.

     

    ¿Y de dónde saco los pesos?

    El soporte económico es una constante en la preocupación de los músicos para desarrollar sus proyectos. La financiación pública es una carta cada vez más visible y, por ejemplo, la Alcaldía de Medellín cuenta con varios mecanismos como estímulos que vienen desde el programa de Presupuesto Participativo, hasta los conciertos gratuitos como el Festival Altavoz . Pero puede ser complicado acceder a estas ayudas. Andrés Escobar cuenta que: “La Alcaldía da subsidios, pero uno debe hacer un papeleo extenso y ser muy cuidadoso para lograr acceder a ellos, debe presentar una propuesta sólida”. Y ahí está la cuestión, mientras más solida sea la propuesta, más posibilidad hay de contar con esas ayudas.

     

    Organizaciones y centros culturales particulares hacen lo propio. El Teatro Pablo Tobón Uribe tiene varias actividades de apoyo a los músicos y a los artistas en general, de eso habla su Director: “tenemos varios proyectos. El primero, Matraca: donde asisten bandas más consolidadas que venden boletas y son sostenibles. También tenemos un programa alrededor del Café Teatro donde permitimos que bandas emergentes toquen. Les ponemos un sonido, iluminación, backline, tarima y desarrollamos ejercicio de coproducción o de producción”. Se busca que lo que se recoja en boleterías vaya en mayor porcentaje para estas bandas. Y con la reactivación económica el Teatro busca generar más espacios y, con ello, más ganancias para todos estos músicos.

    << El modelo de la escuela Iberacademy se basa en la búsqueda de los mejores profesores alrededor del mundo para sus estudiantes. Foto: Cortesía.

     

     

    Y, ¿cuánto cobro?

    Una queja generalizada en el gremio de la música es que algunos colegas porque “regalan su trabajo”, lo que genera un desbalance en el mercado laboral. Una clase de piano por hora y media a la semana, oscila entre los 40 y los 300 mil pesos.

     

    Sara Melguizo, quien también está a la cabeza de la Corporación Unión del Sector de la Música (USM) ha venido generando proyectos que impulsen a un pago digno por la labor musical e invita a que se respeten ciertas tarifas para que no se presenten esos quiebres entre lo que se paga por la labor artística. Para eso, dentro de la Corporación realizaron una tabla dinámica de tarifas para que un músico pueda tener una idea de lo que debe cobrar por su trabajo. Un estudio de la USM encontró que los ingresos que provenían del ámbito digital sólo correspondían al 8% de los ingresos de los proyectos musicales, lo que desmitifica la idea de que lo digital es la panacea para los músicos.

     

    A lo anterior es importante agregar que los impuestos de importación de los instrumentos son muy altos, Ana Orduz cuenta que traer un piano de cola cuesta desde 35 millones de pesos, en gran medida por los llamados aranceles de importación sobre los instrumentos musicales, que están considerados por las normas aduaneras como artículos de lujo y ocio, no como parte de las herramientas de la llamada industria creativa. “Son unas políticas contradictorias”, afirma Orduz.

     

    La payola

    Pagar para sonar es, más que una queja, otro de los fenómenos que preocupa a los músicos que en ella ven el fin de los méritos. “La payola son las prácticas restrictivas de la competencia. Eso hace que suene siempre la misma música tanto en la radio como en las listas de reproducción. Incluso existe la contra-payola, que es pagar para que los otros no suenen. O la hiper-payola, pagar para ser parte de las listas de las sociedades de gestión colectiva por parte de las emisoras. Es decir que llenan las listas con música que no sonó y las sociedades de gestión colectiva reciben esas listas y les pagan a los asociados. Son situaciones muy complejas que no se cuentan”. Lo que se busca es que haya un impuesto sobre la payola y que se sepa con completa claridad cuándo una reproducción es publicidad musical pagada.

     

    ¿Para qué la música?

    El arte es necesario para el desarrollo de sociedades sanas y maduras, en eso coinciden los músicos entrevistados. Para Ana Orduz, el arte genera bienestar, que finalmente, derivará en paz. Pero el maestro Alejandro Posada lo explica desde las tres dimensiones de lo humano: “La parte de la mente, el cuerpo y el espíritu. El arte nos ayuda a desarrollar esos tres constantemente. Cuando el niño está estudiando música, está desarrollando constantemente cuerpo mente y espíritu y, cuando una sociedad la mayoría de sus habitantes ha podido nivelar esos tres aspectos fundamentales se logra una sociedad más madura, empática, incluyente y comprensiva. Eso hace posible que avancemos como sociedad”.

     

    Por su parte, Juan José Tejos, opina que todo depende del enfoque que se le quiera dar a la expresión artística. “Todo nace de una necesidad de expresar algo. Si estoy enfocado en llevar un mensaje social, un cambio o simplemente un producto”, explica.

    << Juan José Trejos combina su trabajo entre agrupaciones como Jetsemaní, El Tropicombo o presentaciones en El Balcón de los Artistas.

    Foto: Cortesía.

     

     

    Mijo, la bendición y hágale

    Como si de un coro se tratara, ante la pregunta de si se puede vivir de la música en Medellín, todos los entrevistados dijeron que sí. Un sí rotundo. Rotundo como los aplausos del público al terminar la última nota de su canción favorita en una presentación en vivo. Ninguno desconoce los grandes retos que representa escoger la música no solo como profesión sino como estilo de vida.

     

    “Hay algo que se está dando finalmente en Medellín y es entender que la música es una profesión, es un oficio serio en el que se trabaja como cualquier otro y hay muchas oportunidades como en cualquier otro. La cuestión está en si definitivamente quiere ser músico meterse de lleno. Ser muy bueno en su instrumento y, haga lo que haga, perfeccionarlo”, argumenta Fernando Gallego.

     

    Para Andrés Escobar también es fundamental dejar de buscar esa falsa ilusión de que se es músico para ser famoso y que la fama es el éxito. “El éxito, para mí, está en hacer un trabajo reconocido y respetado por mis colegas y también por mis seguidores”.

     

     

  • En Medellín, la cultura no se deja marchitar por la pandemia

     

    · Las actividades culturales diseñadas en formatos cortos atrajeron al público a la virtualidad.

    · Para los centros culturales, formar alianzas fue fundamental para seguir a flote.

     

    Por: Miguel Arango Rúa / miguel.arangor@upb.edu.co

     

    De entre todos los sectores económicos que se vieron paralizados debido a la pandemia, el cultural fue uno de los más afectados. En 2020, la Industria de producción de eventos y espectáculos, calculó que en Colombia la coyuntura sanitaria le provocaría pérdidas al sector de la llamada economía naranja por más de 253 billones de pesos (haga clic aquí para ver más cifras). Actores, productores, gestores culturales, cantantes y productores de eventos, entre otros, se vieron muy afectados a pesar de que la cuarentena elevó la demanda por los servicios de entretenimiento en casa.

     

    El gremio le ha solicitado ayudas al gobierno y se ha visto obligado a trasladar sus propuestas artísticas a la virtualidad. A pesar de que este panorama pudiera parecer desolador, el sector cultural en Medellín ha hecho gala de su creatividad, explorando propuestas exitosas para introducirse en las casas y corazones de la capital antioqueña. Aquí le explicamos algunos de los proyectos que más frutos han cosechado.

     

    Almas al desnudo es una creación artística hechas durante el confinamiento de 2020. Fue ganadora de los estímulos a la creación del Centro de Desarrollo Cultural de Moravia. Puede verse AQUÍ. Foto: captura de pantalla Youtube Centro de Desarrollo Cultural de Moravia.

     

    Iniciativas públicas siguieron floreciendo en la pantalla

     

    El Centro Cultural de Moravia, corazón artístico de la Comuna 4, se repensó en la virtualidad como un canal de televisión, transmitiendo sus contenidos en franjas a través de Instagram y Facebook, como lo explicó María Juliana Yepes, una de las gestoras del lugar. Programas como Palo de lluvia, Palabras interesantes, además de obras teatrales y conversatorios sobre diversos temas, se pudieron vivir desde la comodidad del hogar. También, las alianzas con otras instituciones y los grupos de WhatsApp formaron parte de la estrategia para la generación y difusión del contenido.

     

    En total, unas 500 actividades fueron realizadas en 2020 por el Centro Cultural de Moravia, de acuerdo con Yepes. Entre estas, se destaca la colaboración con institución con el University College of London, con el que se realizó un encuentro virtual sobre transformación urbana, donde participaron expertos de 13 países y cuyo resultado fue el Atlas de Patrimonio Vivo, un catálogo de estrategias para apoyar el cambio cultural. Adicionalmente, se realizó una alianza con la Cinemateca Municipal de Medellín para la transmisión de películas.

     

    Ayudar a cerrar la brecha digital también fue uno de los retos que asumió el Centro Cultural durante la pandemia. Viendo que varias personas de la Comuna 4 tenían dificultades en el acceso a internet, se creó un grupo en WhatsApp, aprovechando que esta es uno de las plataformas más utilizadas por el público. Sin embargo, la gestora María Juliana Yepes destacó que no sirvió solo para la difusión, pues también hubo espacios de interacción en el chat, donde los participantes podían, por ejemplo, enviar fotografías de sus proyectos. En ese propósito de aumentar la cobertura también fueron esenciales los enlaces comunitarios, personas líderes en la población que se encargaban de replicar la información por todo el territorio. El equipo promotor de la estrategia recalcó el reto de no saturar al público y diseñar los contenidos de acuerdo con las necesidades específicas de cada lugar.

     

    Otra parte importante del traslado de la agenda cultural de Medellín a la virtualidad fue incentivar a la gente a crear, cosa que se hizo mediante el programa de Estímulos al Arte y la Cultura. Aquí, la institución invitó a pensar la pandemia con proyectos musicales, de danza, literarios, audiovisuales y teatrales que contaran cómo se vivió el distanciamiento social.

     

    Las estrategias de la Secretaría de Cultura de Medellín también estuvieron muy alineadas con las convocatorias para otorgar estímulos, para los que se destinaron cerca de 13.343 millones de pesos en 2020, según cifras oficiales. Gracias a esa inversión, se pusieron en marcha 891 proyectos creativos en toda la ciudad. Pese a que estos concursos ya se venían haciendo desde años anteriores, durante el aislamiento tomaron más relevancia por el incentivo monetario que ofrecen.

     

    A pesar de las inversiones desde el sector oficial, el secretario de cultura, Álvaro Narváez, destacó que “no es solamente responsabilidad del Estado sacar adelante la cultura, sino también de la ciudadanía. Una ciudad sensible es una ciudad más culta”. Y es que para reactivar la industria creativa, la Alcaldía decidió apostarle a una nueva carta: el presupuesto participativo, donde los medellinenses deciden en conjunto con las autoridades cómo asignar parte de los recursos públicos destinados a sus comunas. Históricamente, la capital antioqueña le ha dado más peso a los rubros de educación y deportes, pero en este 2021 la ciudadanía votó para otorgarle 16.000 millones de pesos a proyectos creativos, todo un récord, según el propio Narváez.

     

    Adicionalmente, la Secretaría de Cultura actualmente busca fomentar la formación artística por medio de procesos para acompañar el aprendizaje de músicos. También la Alcaldía busca apoyar la conectividad, abriendo centros especiales donde artistas que no tengan un computador o dispositivo para grabar, puedan acercarse para realizar sus contenidos audiovisuales y en línea.

     

    Vea aquí: reflexiones desde el teatro

    Video

    Entrevista de Valentina Muñoz a Alberto Sierra, director del grupo de Teatro Azul Crisálida.

     

    Organizaciones privadas hacen todo y más

    Sin importar si un centro cultural fuese público o privado, todos tuvieron que encontrar una forma de adaptarse a la virtualidad, algunos con mayor facilidad que otros. El Café Rojo, espacio cultural del centro de Medellín, demostró que es posible encontrar nuevas maneras de llegarle a los espectadores a pesar de las dificultades.

    Adriana Hernández, su directora, puso sobre la mesa una apuesta interesante: las píldoras culturales. A través de Instagram, el centro transmite Íntimamente, un programa de tres minutos y medio donde se canta, se declama un poema o se lee un fragmento literario. Aquí se aplica el dicho, “lo breve, si bueno, dos veces bueno”, pues la idea detrás de esta estrategia, al igual que un buen amante, es dejar al espectador con ganas de más.

     

    La financiación, sin embargo, sigue siendo un tema preocupante para los privados. A diferencia de las entidades públicas, que se sostienen gracias a la inversión estatal, centros como el Café Rojo tienen que valerse por sus propios medios. La directora Hernández contó que, a comienzos del aislamiento, la Alcaldía llamó a su fundación para hacer una encuesta y ofrecer apoyo, pero este último no se materializó.

     

    Para solventar el problema económico, Hernández resaltó lo importante que es formar alianzas y buscar patrocinios. Las convocatorias de la Secretaría de Cultura son una buena alternativa, pero desde el Café Rojo se está ideando un proyecto de poetizas y declamadoras colombianas que espera obtener el padrinazgo de la Secretaría de la Mujer de Medellín.

     

    Estos convenios con la administración municipal también le han sido de gran ayuda al Teatro La Hora 25, quienes durante el aislamiento aplicaron a las convocatorias de la Alcaldía. Para continuar llevando la cultura a las Comunas 12 y 13, esta institución se unió a la Red de Creación Escénica. Gustavo Estrada, miembro del equipo directivo, contó que implementaron una metodología basada en laboratorios de creación en casa. Con ella, animaron a los estudiantes a que exploraran su hogar como nueva forma de hacer teatro.

     

    La cuarentena brindó la oportunidad perfecta para repensar lo cotidiano. Además, la participación en eventos de ciudad como el FestivalHito virtual de 2020 le permitió al Teatro La Hora 25 tener una puesta en común con otros centros culturales de la ciudad. La circulación de experiencias fue fundamental para la dinamización del arte en pandemia.

     

    El grupo de teatro Azul Crisálida retomando ensayos en la Universidad Pontificia Bolivariana con todas las medidas de bioseguridad. Foto: cortesía de Azul Crisálida.

     

    Los aprendizajes comunes

    Escuche aquí las experiencias de Música Corriente, La Pascasia

    y el centro cultural del Banco de la República en Medellín:

     

    En definitiva, la cuarentena en Medellín, más que una crisis, fue un periodo de enseñanza para los centros culturales de la capital antioqueña. Sin importar si son públicas o privadas, las entidades aprendieron que los contenidos virtuales, la nuevas formas de narrar en diversas plataformas, entre otras posibilidades para explorar, son importantes para captar la atención de los espectadores, además de una buena producción que ayude a garantizar la calidad.

     

    En una exploración no hay un solo camino al éxito. En el corazón de las iniciativas aquí reseñadas y cientos más que hacen parte de esa búsqueda, están el amor por el arte y deseo de transformar la vida de las personas. Esa búsqueda sin tregua será objeto de discusión pública en el concejo de la ciudad en los próximos días, mientras gestores culturales, artistas y el públicos desde sus casas, esperan que se respalde con más decisión la tarea del artes de transformar vidas, más allá de la llegada del ya no tan nuevo coronavirus.