Con los años crece el valor ambiental que tiene para la ciudad el Eco Campus de la UPB en Medellín. Foto: Ana Sofía Araque.
Desde su fundación en el año 1936, la Universidad Pontificia Bolivariana ha pasado por una serie de transformaciones físicas y espaciales en su infraestructura, que no solo han influido en la urbanización del campus universitario, sino que se han combinado con el cuidado de la flora y fauna del lugar, acercando estas últimas a quienes visitan y conviven en el que es considerado un pulmón del occidente de Medellín. El espacio físico ha evolucionado desde sus edificaciones hasta sus alrededores y zonas verdes que contribuirían en el uso sostenible del territorio.
Las primeras décadas de la Universidad estuvieron inmersas dentro de la planeación y construcción de nuevos bloques y espacios de estudio, así como la búsqueda de características que diferenciaran a la institución desde la configuración de su espacio. Más tarde, durante los años 2001 y 2009, el campus buscó formas de estructurarse de manera integral: ya no solo se trataba de la ocupación, edificación y movilidad, sino, de tener presente el cuidado del medio ambiente.
La sostenibilidad del territorio se ha vuelto parte de la relación humana y urbana de la Universidad. Así es como el término “Eco Campus” surge, como señal de que este espacio cumple funciones ecológicas gracias a sus árboles y zonas verdes y los aportes de los mismos a la diversidad en fauna y flora que habitan esta zona de la ciudad.
Esa condiciones permiten la acogida de 77 especies de aves: 59 habitan el campus y 18 migran desde distintos lugares del continente americano. Quienes convivimos en el Eco Campus de la UPB en Laureles hemos sentido la fortuna de apreciar de cerca especies que en otros espacios de la ciudad paenas podemos divisar a lo lejos. Cada avistamiento trae esa sensación de estar en un lugar propicio para estos encuentros, de vivir un privilegio.
El recorrido a través del campus
En una mañana de abril, la Universidad Pontifcia Bolivariana le abrió las puertas a Carlos Iván Restrepo, uno de sus egresados y director ejecutivo de la Sociedad Antioqueña de Ornitología, quien con 40 años de experiencia en el estudio de las aves, lideraría un recorrido para observar las especies que habitan el Eco Campus.
Eran las 8:00 a. m. y todos los que seríamos testigos de la experiencia estábamos en disposición de recibir lo que sería para la mayoría el primer curso sobre aves. Era fundamental tener en cuenta características propias de las especies para saberlas identificar en el recorrido que se haría más tarde.
El grupo, a pesar de ser pequeño, mostraba gran interés por el tema, tan pronto se comenzó a hablar sobre detalles como el pico, el color, el tamaño, el sonido y la forma, para distinguir los individos que iban apareciendo mientras el guía hacía su exposición.
Carlos Iván Restrepo explicaba que al ser Colombia el país con mayor diversidad de aves en el mundo, no es para nada extraño avistar diversas especies en lugares con amplios espacios verdes, como lo es el campus bolivariano. Si bien, muchas veces estas suelen pasar desapercibidas al incorporarse al entorno natural de la universidad y en las rutinas de los seres humanos, es importante detenerse a pensar en los roles que cumplen en los ecosistemas como los que puede haber en cada zona verde de la ciudad.
Tras una hora de charla introductoria, comenzó su recorrido por las zonas verdes ubicadas entre el bloque 10 y el bloque 11, con el objetivo de identificar las aves utilizando, no solo la vista, sino también la escucha, puesto que también se enseñó al grupo sobre los tipos de sonidos emitidos por las aves: vocales, aquellos que son emitidos por la tráquea y mecánicos, producidos cuando el animal hace contacto con un elemento externo, como golpear troncos con el pico o sacudirse en el agua. Estos ruidos ayudarían a localizar dónde se encontraban las distintas especies.
El célebre Petirrojo, ave insignia de la UPB, resalta por su colorido entre las zonas verdes del Eco Campus Laureles y es tan vistoso como esquivo para las instantáneas. Fotos: Ana Sofía Araque.
El día, totalmente despejado, iluminó el paisaje y todos los expedicionarios estaban atentos, en total silencio y calma, tratando de que la emoción no jugara en su contra. Un minuto después, un primer sonido atrapó la atención del grupo.
Las miradas se posaron completamente en un color rojo intenso que volaba de una rama a otra con gran velocidad. Así es como la primera especie del recorrido se dejaba ver: el individuo, conocido como Petirrojo, era un macho, pues su color vivo es aquel que le sirve para atraer a las hembras. Su plumaje carmesí llamó inmediatamente la atención de los presentes, quienes no contruvieron exclamaciones de asombro, mientras el pajarito iba de un sitio a otro en cortos periodos de tiempo, saltaba entre las ramas, pero cantaba poco, lo que sorprendió a los observadores, quienes esperaban oír al ave emblemática de la Universidad; pero se dieron cuenta de que era tarde, pues el guía explicó que suelen cantar en horas tempranas del alba y es considerada como un ave mañanera.
Mientras aves como canarios, tórtolas y sirirís se posaban en las zonas verdes del campus, el ornitólogo Restrepo comentaba acerca de sus características: los patrones en su plumaje, el tamaño de sus picos y los diversos sonidos que emitían. Al mismo tiempo, el grupo se quedaba observando de arriba hacia abajo y esperaba que cualquier ave se posara para capturar una imagen de la misma.
Después de alrededor de diez minutos, el grupo siguió su recorrido hacia el bulevar de comidas; lugar que, por su ubicación y tamaño, se encontraba lleno de personas. Ese detalle complicó en cierto grado el captar los sonidos de las aves; aun así, se podían escuchar a aquellas cuyos cantos eran más fuertes, como los sirirís, al igual que el movimiento de las ramas donde algunas especies se posaban.
Mientras caminaban, Carlos Iván Restrepo explicó que el mes de abril representa el final de la época de anidación para las aves, al igual que uno de los meses en los que se puede ver la mayor cantidad de aves migratorias en el año. Termina el invierno y llega la primavera, sin duda, un clima favorable para que las aves migren hacia los cálidos países del sur para procrear y encontrar mayor cantidad de recursos. Por esta razón, se concentra un mayor número de especies en el país.
Al pasar por la biblioteca y las zonas verdes del bloque 12, la siguiente parada fue al frente del bloque rectoral y el Aula Magna. Allí se escucharon distintos sonidos vocales como cantos y llamados, pero también sonidos mecánicos como el picoteo de los pájaros carpinteros, difíciles de registrar en imágenes por la altura a la que permanecen y su habilidad para esconderse entre los árboles grandes del campus, pero su rastro sí pudo verse en el que había construido usando un tronco en mal estado, que es más fácil de perforar y en el que se alojancon más frecuencia los insectos que sirven de alimento.
En este punto, el sol y el calor cada vez se sentían más entre los caminantes que, al acercarse a los parqueaderos cerca de la entrada al colegio UPB, pudo tener una vista más general de los lugares recorridos y reconocer cómo la diversidad de árboles distribuidos por todo el campus permitía ver aves diferentes en los distintos momentos del recorrido y otras que habitan varios puntos del campus, el célebre petirrojo, por ejemplo, se vio tanto en el bloque 10 como en la parte trasera del bloque 7.
Esta especie, conocida como Canarios costeños, también es otro ingrediente vistoso en el paisaje del Eco Campus de la UPB.
Foto: Ana Sofía Araque.
Al terminar el recorrido y regresar al bloque 10, casi tres hors después de haber comenzado el encuentro, ya era claro el papel de las aves en el ecosistema del campus de la UPB, entre otros, que dispersan semillas y regulan las poblaciones de insectos, así como también polinizan y fertilizan gran parte de la vegetación. Más allá de plumajes llamativos y coloridos o melodiosos cantos, las aves son increíblemente diferentes entre sí y fundamentales para la vida en la ciudad y la cotidianidad en el Eco Campus UPB.
Los visitantes al Eco Campus también están familiarizados con los territoriales Alcaravanes, conocidos como Teros en el sur de América, En la parte superior de untrocno podado se observa el orificio abierto por un caprinetaro, al que se escucha trabajar en las tardes apacibles del Eco Campus UPB. Fotos: Ana Sofía Araque Panesso.
La historia de la ciudad ha estado condensada en las necrópolis, lugares que eran reflejo de la estratificación social y hoy se han convertido en espacios de inclusión.
Los cementerios de Medellín le han dado un nuevo significado a la muerte, un elemento que ha ido transformando su sentido paralelamente con la sociedad. Ellos son los responsables de albergar a las personas que ya pasaron por el mundo, que contribuyeron a la ciudad y hospedan a aquellos que dejaron huella en los que aún viven. Estos lugares han sobrevivido a cargar con el peso de la muerte, a ser el mayor miedo de algunas personas, los protagonistas de relatos terroríficos, pero, esencialmente, han sido los testigos de la historia paisa. Ahora, los estigmas están desapareciendo. Por esto, hoy día las necrópolis impulsan diferentes proyectos para hacer ver a la sociedad que, al contrario de lo que se ha pensado, son espacios culturales, patrimoniales y de vida.
Alguna persona que camine por las calles del barrio La América puede pasar por el lado de un cementerio sin darse cuenta, pues su colorida fachada con murales es algo inusual en estos espacios. Tampoco es de extrañar que alguien se encuentre en internet con una invitación del Parque Cementerio Campos de Paz para realizar un recorrido guiado, donde se reconoce el legado de quienes descansan allí. Mucho menos se espera que un camposanto, como el San Pedro, sea un museo y dé a conocer los grandes mausoleos de figuras públicas que propulsaron el desarrollo urbano de Medellín. Así mismo se encuentra el Jardín Cementerio Universal, que surgió como un espacio de inclusión y que trabaja constantemente por reivindicar la memoria, reparar víctimas y no repetir la violencia que ha vivido la capital de Antioquia. Incluso, estas zonas de descanso eterno han dirigido charlas para discutir sobre la muerte y el duelo, ¿cuándo habían surgido conversaciones abiertas acerca de estos temas? La concepción del fin de la vida ha cambiado.
“Los cementerios, esencialmente, han sido los testigos de la historia paisa”. Foto: Estefanía Hernández.
La religión católica estaba profundamente arraigada en diferentes esferas y ámbitos de la vida pública de la ciudad. Medellín heredó de la colonia europea su devoción hacia el credo y sus costumbres funerarias. Así mismo, las clases sociales se diferenciaban entre alta, media y baja, la brecha entre políticos y artesanos era notoria y permanecía en el descanso eterno. La estratificación social en vez de desaparecer, prevalecía.
Antes de que el rey español Carlos III ordenara por razones de salubridad, en 1787, construir los cementerios extramuros, es decir, a las afueras de la ciudad, los enterramientos tenían lugar dentro de las iglesias. Eran cementerios intramuros. Allí, las personas trataban de sentarse más cerca al altar durante las eucaristías porque luego, a quienes pudieran pagar “el derecho de asiento y sepultura”, los enterraban debajo del puesto que ocuparon en vida. Casi siempre las personas adineradas eran quienes tenían la capacidad de pagarlo y creían que les llegaba la bendición primero que al resto de asistentes. Según esa idea, rápidamente, recibirían la salvación y el perdón de sus pecados. Diego Bernal Botero es profesor de Historia en la Universidad Pontificia Bolivariana y secretario permanente de la Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales. Él explica que cuando ya no cabían más los difuntos en el templo, se realizaba “la monda”, que consistía en quitar las baldosas, cavar una fosa común más profunda y arrastrar todos los cuerpos allí.
Medellín atiende a esa orden de construir cementerios extramuros 22 años después, cuando en 1809 se bendice la primera necrópolis ubicada por fuera de un templo, llamada San Benito. Así lo registra Gloria Mercedes Arango, socióloga y magister en Historia de Colombia, en su texto “Los cementerios en Medellín 1786- 1940”. Las personas tardaron en comprender que la descomposición de los cuerpos en el templo se volvía nociva para la salud y Bernal comenta que mostraron un poco de resistencia a ser inhumados fuera del lugar. La renuencia a abandonar la costumbre se evidenció en las capillas de San Juan de Dios, el Carmen y San Benito, que en 1824 continuaban enterrando difuntos. Así pues, en 1826 el congreso formuló una ley para prohibir entierros en las iglesias, pero Santander la vetó y en 1846 fue aprobada otra que ordenaba que todos los fallecidos fueran sepultados en camposantos.
Un mito popular cuenta que estas tres imágenes del artista Vieco, ubicadas en el Cementerio Museo San Pedro salen a caminar todas las noches para dar la bienvenida a los nuevos difuntos. Foto: Estefanía Hernández.
El primer cementerio privado de Medellín fue fundado en 1842 por el médico Pedro Uribe Restrepo y miembros de la élite, porque el San Lorenzo, un camposanto abierto desde 1828, no cumplía con normas sanitarias. El panteón nació bajo el nombre de San Vicente de Paúl. En 1871, fue bautizado nuevamente como San Pedro porque así se llamaba la única galería que existía en ese momento y así era distinguido por los habitantes. La guía cultural Daniela Córdoba cuenta que los fundadores lo construyeron “ornamentado, bonito y simétrico”. Aunque no era su intención inicial, el lugar pronto se posicionó entre la sociedad como “el cementerio de los ricos”. La cercanía, ya no al altar, sino a la capilla, seguía siendo esencial para los devotos. En este punto, liberales y conservadores discutían sobre quién debía llevar el mando de los sitios sagrados públicos. Los primeros, un poco más laicos, preferían a las autoridades locales y los segundos, a la iglesia. La ley de separación de relaciones iglesia-Estado de 1853 confirió a las autoridades la administración de las necrópolis. Según Arango, la iglesia recuperó el control en 1855, bajo el gobierno de Manuel María Mallarino.
Extracción del acta de fundación donde se menciona la importancia de la salubridad para el bien general de la población.
Foto: Estefanía Hernández.
¿Y los no católicos?
La presencia de extranjeros que no profesaban el culto católico comenzó a ser recurrente en la ciudad. Como lo plasma el acta de fundación del San Pedro, se debía determinar un área para su sepultura pues, al morir, no tenían dónde ser inhumados con igual honra que los fieles religiosos, afirma Bernal.
Arango registra que, desde 1835, el gobierno republicano autorizó la entrega de un terreno para la construcción de una necrópolis y una capilla para que los extranjeros no católicos celebraran sus propias ceremonias. Por el contrario, la diócesis determinó en 1871 que las personas de cultos distintos fueran enterradas en un espacio cercano pero diferente al camposanto, en el muladar. Era un sitio anexo al cementerio católico, ni bendito ni sagrado, destinado a los pecadores, los suicidas, los no bautizados, los herejes y todo aquel que era indigno de ser inhumado en el lugar santo. La figura del muladar era tan fuerte que, en el San Pedro, las puertas de ingreso eran separadas, una para el católico y otra para el laico, al igual que las estaciones del tranvía.
En 1891, el general estadounidense Edward A. Wild muere en Medellín por una enfermedad, luego de ser convencido por su compañero de guerra, Anthony Jones, de viajar a Colombia para construir el ferrocarril de Antioquia. Como no era católico, pero sí célebre, la iglesia no lo podía enterrar en el muladar ni le podía hacer misa, entonces el San Pedro empezó a promover un sector laico para inhumar dignamente, manifiesta Bernal. El cementerio respondió a una necesidad, configuró un asunto que se venía discutiendo hacía décadas y les brindó acogida a los extranjeros que, aunque no practicaban el catolicismo, tenían derecho a ser sepultados decentemente al morir.
Mausoleo ubicado en el Cementerio Museo San Pedro, perteneciente a la Familia Saldarriaga Duque, dueños de Pintuco.
Foto: Estefanía Hernández.
En este sentido, las clases altas podían construir un mausoleo en el San Pedro para que reposara toda su familia. De esta manera, sus apellidos relucían en la entrada del recinto y eran reconocidos por la comunidad. Al contrario, las clases bajas esperaban ser enterradas, a duras penas, en el “cementerio de los pobres”. El San Lorenzo fue apodado así por estar en “El Camellón de la Asomadera”, donde habitaban los artesanos. Por otro lado, las personas “indignas” no podían ser despedidas en ningún camposanto porque no cumplían con la doctrina religiosa. Para ellos estaban destinados los muladares, y así quedaban discriminados incluso luego de su muerte.
De esta forma, los cementerios separaban ricos, pobres e indignos: después de morirse no se libraban de las clases sociales. Estas se hacían más fuertes puesto que determinaban dónde y cómo pasarían la eternidad. Por lo tanto, la muerte era concebida como un asunto de riquezas, que distinguía si las acciones en vida del difunto lo hacían digno o no y la manera de percibirla era influenciada por la religión católica.
Un destello de unificación
La construcción del cementerio parroquial de La América fue aprobada en 1898, después de que Rafael Velásquez, uno de los primeros pobladores de La Granja, como se conocía la zona en ese entonces, realizara la petición. De hecho, La Granja no era un barrio sino un corregimiento de Medellín, con fincas y jardines. Lo mismo sucedía con los terrenos donde se encuentra hoy ubicado el cementerio Universal, eran campestres y solían llamarse Rancho Largo. La finca Rancho Largo fue adquirida en 1927 por la municipalidad, cuando decidió que debía crear una necrópolis en la que todos los ciudadanos tuvieran lugar, independientemente de sus creencias o clase social.
Han pasado 125 años desde que fue aprobada la construcción del cementerio parroquial de La América. Foto: Estefanía Hernández.
Para estos años se empezaba a notar un cambio en el concepto de muerte. Bernal dice que, en 1930, Enrique Olaya Herrera, presidente de Colombia que perteneció al Partido Liberal, propuso dos opciones para garantizar digna sepultura a todos los ciudadanos. La primera era que los municipios construyeran su propio panteón y, la segunda, que cada municipio se pusiera de acuerdo con la iglesia para admitir a personas no católicas y eliminar el concepto de muladar. Es así como el 20 de julio de 1933, el municipio puso la primera piedra del cementerio Universal de Medellín y su diseño quedó a cargo de Pedro Nel Gómez por medio de un concurso público. Andrés Arredondo, antropólogo y encargado del tema de la memoria en el Universal, expone que este lugar se constituyó como un punto de inclusión, que recibió a todo el mundo sin distinción.
Agroarte Colombia, un colectivo integrado por vecinos del barrio San Javier, registra que aún en 1939 el cementerio parroquial de La América estaba llevando a cabo sus inhumaciones en la tierra. Más tarde, en 1953, el arquitecto Gustavo Moreno Llano fue el encargado de reformar totalmente el sitio debido a que no contaba con el edificio que vemos actualmente. Así, en 1955 el camposanto fortaleció el alquiler de lotes en la comunidad.
Murales del cementerio parroquial de La América. Foto:Estefanía Hernández.
Hasta entonces, la iglesia católica no permitía la cremación puesto que concebía el fuego como un componente del infierno y el purgatorio, pero en el concilio vaticano II de 1962 a 1965, se flexibilizó. A propósito de la estratificación, Bernal señala que la cremación comprende, de alguna manera, un mismo ritual para ricos y pobres, por lo que es un factor unificador. Lo que difiere es lo que se hace con las cenizas. Posteriormente, el cementerio Campos de Paz fue fundado en 1969 y la Arquidiócesis lo bendijo el 31 de agosto de 1970.
“Capilla La Asunción” y “El Hombre en Busca de Paz”, obras artísticas del Parque Cementerio Campos de Paz.
Foto propia.
En 1979, el cementerio Universal cayó en crisis tras un profundo deterioro debido al mal manejo administrativo y conforme estaba siendo distinguido como “el cementerio de los pobres”, el Concejo municipal decide llamarlo “Jardín Cementerio”. El Concejo tenía la finalidad de volverlo más “competitivo” y de este modo comienza a cambiar la imagen del recinto, incursionó en servicios exequiales y ratificó su posición incluyente para la ciudadanía. Pese a la nueva narrativa que adquirió el Universal, Arredondo expresa que Medellín mantuvo la concepción de que es la necrópolis de los pobres. La verdadera intención del Universal ha sido reivindicar la inclusión.
“Mausoleo Ausencias que se Nombran” construido en honor a las víctimas de desaparición forzada. Foto: Estefanía Hernández.
Luego, la violencia procedente del narcotráfico que invadió Medellín impuso, de alguna manera, distintas prácticas rituales que produjeron un nuevo estigma para los cementerios, que se volvían lugares peligrosos en medio del crimen. A partir de esta época, fue más necesario que antes replantear cómo se estaba concibiendo la muerte, teniendo en cuenta los procesos habituales de duelo que pasaban los habitantes de la ciudad. Por dicha criminalidad, numerosos paisas tuvieron que enterrar a sus familiares en el Universal, que registró una ola de inhumaciones en 1985 según Memorias y Patrimonio de Medellín, un programa de la Alcaldía. Pronto, el Instituto de Medicina Legal determinó que el panteón alojaría a Personas no Identificadas (PNI), por lo que se invierte en 1995 para reparar su infraestructura y se convierte en un espacio crucial en medio de la violencia.
Dice Arredondo que durante esta época se crearon prejuicios y mitos acerca de prácticas clandestinas o satánicas dentro del Universal. Por lo tanto, el estigma sobre este recinto laico posiblemente aumentó y la perspectiva cambió.
Entre tanto, las películas también han abierto las puertas a historias de fantasmas que espantan a medianoche, animas que cuidan el lugar y zombis que vuelven a la vida. Ellas introdujeron una tendencia hacia lo tenebroso, haciendo a los cementerios focos de terror y, posteriormente, han sido apoyadas por el turismo dark o turismo oscuro que se enfoca en sucesos de tragedia y dolor.
El Jardín Cementerio Universal aloja tumbas esperando a ser nombradas, almas por ser reconocidas. Foto: Estefanía Hernández.
Diferentes proyectos, mismo objetivo
En 1998 el San Pedro se estableció como museo de sitio, un espacio para conservar el patrimonio cultural. El lugar no solo transformó su nombre a Cementerio Museo San Pedro, sino también su modo de acercarse a la gente, dándoles valor a las historias de los difuntos que aloja. Catalina Velásquez, fundadora y presidenta de la Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales, fue la gestora de la declaración del camposanto. Ella señala que empezó a construir narrativas desde diferentes saberes, para dar a conocer los múltiples relatos que tiene el recinto por contar y no ser reconocido solamente como un espacio de llanto y dolor.
Asimismo, cuenta que el camposanto estaba localizado en una comuna protagonista de la guerra urbana y que sería difícil cambiarle la mirada a una ciudad en la que hubo tantas víctimas de dicha guerra. Velásquez necesitaba buscar alternativas para interpretar nuevamente los espacios de muerte. Ella se encontró con que, aparte de protegerlo, les aportó a los habitantes otras miradas sobre el dolor y la tragedia en una de las ciudades más violentas del mundo, como estaba catalogada Medellín. Desde ahí empieza el proyecto del Cementerio Museo San Pedro, que se ha destacado por las visitas guiadas, la Noche de Luna Llena y Floristeros del más allá. Estas actividades buscan transmitir a los visitantes sentido de pertenencia y el legado de antiguos habitantes. En 1999 es declarado por el Ministerio de Cultura como bien de interés cultural, y se ha constituido en un lugar que trabaja tanto para los muertos como para los vivos, al ser patrimonial, ritual y artístico.
Cada mausoleo va conformando la historia del cementerio y de Medellín. Foto: Estefanía Hernández.
El Centro Nacional de Memoria Histórica documenta bque la Operación Orión se llevó a cabo en el 2002, cuando fuerzas gubernamentales entraron a la Comuna 13 para capturar a supuestos colaboradores de la guerrilla. Sin embargo, hubo irregularidades y víctimas habitantes del sector. Este suceso, cercano al cementerio parroquial de La América, dejó profundas heridas en la comunidad, al igual que otras operaciones que tuvieron lugar allí. Por un aumento en la cantidad de fallecidos, el panteón requirió una ampliación en el 2005. De esta manera, Agroarte Colombia vio la necesidad de transformarlo en un sitio de memoria y esclarecimiento para las víctimas por medio de actividades que formen sentido de pertenencia, dando paso a Galería Viva.
Esta iniciativa “ha logrado cambiar el paradigma del terror, el rencor, y el miedo como principal factor de desarticulación comunitaria”. Así lo exponen las placas ubicadas en el cementerio que resumen el propósito de Galería Viva. La Red Territorial de Memorias de la Comuna 13 también ha participado junto a Agroarte en esta labor de reconocer vivencias pasadas para empoderar a la comunidad y buscar la verdad para curar las heridas. Luis Fernando Álvarez, “AKA”, líder en el proceso de Galería Viva, apunta que no quieren que el lugar sea revictimizante, sino que junte a la gente del territorio y refleje lo que pasa en la ciudad. El colectivo ha llevado a cabo actividades en el recinto centradas en la gestión del dolor por medio de las plantas y el arte, por lo que el camposanto está rodeado de naturaleza y murales. El “AKA” explica que todo fue un proceso, empezaron sembrando 200 botellas en la fachada con algunos rostros de víctimas y cada actividad la han relacionado con lo religioso debido a que el cementerio es parroquial. En una ocasión, los vecinos les pidieron pintar a un sepulturero que se accidentó y falleció, lo cual les permitió empezar a realizar representaciones artísticas dentro del sitio y ganarse el cariño de la comunidad. A partir de eso, la organización ha usado el arte y la agricultura para contribuir, desde el camposanto, al acompañamiento del duelo, la memoria y la reconstrucción de la verdad.
“Esta es una pintura frente al tema de los duelos compartidos, sobre una colcha de retazos” -AKA. Colectivo AgroArte. Foto:Estefanía Hernández.
Por su lado, el Jardín Cementerio Universal cumplió 90 años en julio de 2023. Desde que nació, empezó a transformar el significado de la muerte, tratando de erradicar las discriminaciones por raza, credo o clase social. Tal como lo afirma Andrés Arredondo, el Universal se ha convertido en un lugar significativo para la lucha contra la desaparición forzada y el olvido. En este sentido, la Unidad Municipal de Atención y Reparación a Víctimas del Conflicto Armado planteó en 2010, la construcción de un espacio de reparación simbólica para las víctimas sin identificar y desaparecidas. En el 2016, la Fiscalía General de la Nación y el Instituto de Medicina Legal empezaron a buscar personas no identificadas (PNI) que podrían estar inhumadas allí y en el 2017 fue fundado el mausoleo “Ausencias que se nombran”. El panteón fue concebido gracias a la lucha de las víctimas y, según Arredondo, fue destinado para inhumar las personas víctimas de desaparición forzada que fueron plenamente identificadas, reivindicando su nombre, su memoria y su identidad. El Jardín Cementerio Universal, ideal para avistar aves, ha acogido a difuntos que no les permitieron el ingreso a otras necrópolis por alguna condición y ha sido un colaborador clave en la reconstrucción de la memoria paisa.
Cartel en pro de la verdad ubicado en el Jardín Cementerio Universal. Foto: Estefanía Hernández.
El Parque Cementerio Campos de Paz no se quedó atrás, pues desde el 2022 está llevando a cabo el proyecto In Memoriam, liderado por Diego Bernal y el grupo de investigación “Ni ángeles, ni perros”. Dicho proyecto consiste en una constante investigación histórica donde revisan la colección funeraria, hacen perfiles históricos de las personas inhumadas allí y realizan recorridos abiertos y gratuitos. La idea es que los ciudadanos se acerquen al camposanto y se quiten los estigmas de la muerte. Los coordinadores de esta iniciativa realizan cada mes un trayecto con diferentes temáticas. Por ejemplo, en marzo tuvo lugar “Entre sueños y pasiones: mujeres, un recorrido por sus vidas y legados”. En abril, el recorrido fue sobre “Glorias del deporte: disciplina, sacrificios y logros que nos inspiran”. De esta forma, han empezado a activar el patrimonio y a darle espacio a las historias que han pasado por la ciudad, que yacen en el Parque Cementerio y que dejaron legado en sus seres queridos. Además, realizan talleres, grupos de apoyo, conversatorios, e incluso, cine foros, centrados en acompañamiento al duelo, donde cada actividad es guiada por psicólogos y especialistas que orientan a la comunidad.
“Entre sueños y pasiones: mujeres, un recorrido por sus vidas y legados” en el Parque Cementerio Campos de Paz. Foto: cortesía.
Así tuvo paso el renacimiento de la muerte en los cementerios, que empezaron a trabajar por reactivar el patrimonio, construir la memoria, acompañar el duelo, y mostrar la vida que puede dejar la muerte. Dichos sitios han ido más allá de lo que se ha entendido como el fin de la vida y aunque empezaron siendo la ciudad de los difuntos, hoy en día son un espacio también para los vivos. Son un recinto para quienes quedan afrontando el duelo, los que quieren aprender más de su territorio y honrar a los que han sido víctimas de la violencia que ha vivido Medellín. Además, son lugares que cada día esperan a ser visitados para mostrar la historia de la ciudad, sus errores y el pasado que no se debe repetir. También evocan el presente, dan cuenta de qué está sucediendo en la ciudad, cómo se están reparando actualmente a los habitantes y qué se está haciendo para sanar las heridas que han estado abiertas por algunos años. El futuro está instaurado en el trabajo que realizan estos sitios persistentemente para no olvidar la historia y para que cada generación se proyecte con base en las que reposan en los panteones de la ciudad. Son el pasado, el presente y el futuro. Hoy en día, los cementerios de Medellín son lugares llenos de vida.
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Investigación periodística realizada desde el Semillero de Periodismo Urbano, bajo la orientación del profesor Juan Esteban Mejía Upegui.
La gentrificación ha cobrado relevancia en los últimos meses en Medellín y muchos apuntan a ella como una explicación del aumento en el costo de vida. Estas y otras discusiones en torno a los cambios que ocurren en muchos sectores de Medellín muestran todo lo que falta por entender de este fenómeno, relativamente nuevo en la agenda pública de la ciudad.
Por Camilo Pérez Montoya / camilo.perezm@upb.edu.co
Como un monstruo que se dibuja impreciso sobre la sombra, la gentrificación apareció en la conversación pública de Medellín recientemente. De repente, un término antes poco conocido parecía ser el ideal para nombrar el imprevisto aumento en el costo de la vivienda y de la vida en general. Más aún, los índices del debate en redes apuntaban a nuevos actores en la ecuación: los migrantes.
Así, en los humos de un acalorado debate, el concepto apareció una y otra vez y del mismo modo parece diluirse en la conversación cotidiana, sin saber muy bien a qué se refiere. Porque, a todas estas, ¿Qué es eso de la gentrificación? Escuche algunas respuestas en el siguiente podcast:
Un concepto, cuando menos, complejo
El término viene del inglés. El vocablo gentry, que se empieza a usar en el mundo anglosajón desde el siglo 14, se retoma del francés para referirse a la nobleza, a los de buena familia, los de la alta cuna. Desde la década de 1960, la sociología empieza a hablar del concepto de gentrificación para referirse a los procesos de transformación y renovación en los barrios londinenses que traían consigo el desplazamiento de las clases obreras.
Clemencia Escallón, arquitecta de la Universidad de los Andes y miembro del Observatorio de Vivienda de la misma universidad, asegura que la discusión alrededor de la gentrificación es una cuestión de derechos, el derecho de los habitantes de determinado sector “a una buena localización, derecho a tener acceso a servicios y facilidades urbanas, derecho a estar en un lugar que han construido y en el que tienen un entorno de confianza y de soporte”, precisa Escallón.
El fenómeno del que se habla en Medellín, sin embargo, ha tomado una cara distinta a las acepciones más tradicionales de gentrificación, puesto que la raíz del problema en la ciudad no radica en las renovaciones urbanas que desplazan a los habitantes del sector, sino en un cambio en el uso del suelo o, en palabras más concretas, el aumento del uso de la vivienda turística, fenómeno para el que muchos otros usan el término “turistificación”.
Escallón señala que en el escenario global existen casos parecidos al que, como se alega, se presenta en Medellín. Ciudades como Ámsterdam, Barcelona o París han atravesado procesos similares. En Porto, por ejemplo, “el turismo es violento y estaba pasando que en sectores urbanos en el borde del centro histórico estaban teniendo unas dinámicas terribles. Las personas que estaban en alquiler durante toda su vida en zonas centrales que eran cómodas para el empleo, la movilidad y la empleabilidad se empezaron a ver empujadas y no sabían para dónde irse”, cuenta Escallón y termina señalando que, en casos como este, es la ciudad y la institucionalidad la que debe tomar cartas en el asunto. ¿En qué van los debates sobre vivienda turística y gentrificación en la legislación colombiana?
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La gentrificación no existe como concepto jurídico en Colombia. Sin embargo, para los fenómenos sociales en los que se refleja la gentrificación sí existen leyes que le apuntan a la regulación. Por ejemplo, Maria Alejandra Pérez, abogada de la Universidad de Antioquia con diplomado en Derecho Inmobiliario y Urbanístico, afirma que “hay diferentes situaciones que han llevado a lo que hoy estamos presentando como la disminución de la oferta del mercado de inmuebles para el mercado de arrendamientos”, entre ellas, el uso de la vivienda turística. “No es porque todos los inmuebles ya estén en Airbnb, pero ese sí es parte de si es uno de los factores”, precisa la abogada.
La vivienda urbana en Colombia está regulada por la Ley 820 de 2003, la cual solo rige para arrendamientos mayores a 30 días. Un arrendamiento menor a este tiempo empieza a considerarse como vivienda turística, cuya regulación está estipulada en el Decreto Único Reglamentario del Sector Comercio, Industria y Turismo. La legislación de vivienda turística exige que el arrendatario tenga un registro como operador de turismo expedido por la Cámara de Comercio. Además, si el inmueble es propiedad horizontal, el reglamento de dicha propiedad debe permitir expresamente el arriendo para renta corta.
Respecto a este último requisito, Pérez explica que “hoy en día esa es la parte que difícilmente se cumple ya que es raro que la vivienda turística esté permitida en la propiedad horizontal. Entonces los propietarios lo hacen por debajo y le dicen al administrador que son arriendos de meses, cuando en realidad son de días, y esa es la manera en que se empiezan a saltar la ley”.
El precio de la vivienda urbana, a diferencia del de la turística, solo puede tener un incremento máximo correspondiente al IPC. La vivienda turística, al no tener este tipo de topes, resulta mucho más rentable para los arrendatarios. Incluso, las rentas permanentes se empiezan a ver influenciadas por estas dinámicas del mercado y presentan incrementos por encima de lo permitido. “No creo que estemos ante un fenómeno de gentrificación ya, pero si estamos empezando a ver dinámicas como esta que, de no controlarse, van a llegar a allá”, anota Pérez.
Así, la complejidad legal de la gentrificación radica en que no surge de comportamientos ilegales sino de una tergiversación y aprovechamiento de los vacíos normativos respecto al uso de la vivienda urbana. En busca de evitar dichos comportamientos, el Decreto 1836 de 2021 les exige a los operadores de plataformas electrónicas de servicios turísticos que deberán solicitar a los prestadores, como mínimo, varios datos sobre su actividad económica y entre ellos el número del Registro Nacional de Turismo y, de no tenerlo, los operadores deberán negar o retirar los anuncios de los prestadores.
En sitios como la Comuna 13 se habla de gentrificación. Las famosas escaleras eléctricas son un ejemplo de otro matiz: el de la turistificación, el cambio de las dinámicas territoriales e infraestructuras de uso público hacia usos más orientados al turismo. Foto: Juan José Rios.
Entre el anticolonialismo y la xenofobia
A finales del mes de abril, en redes sociales se popularizó una campaña en contra de la gentrificación. Con carteles pegados en distintos puntos de la ciudad que rezaban “gentrifyer, go home” (vete a casa, gentrificador) o “gentrificación es el nuevo colonialismo”, el video original de la campaña alcanzó las 18 mil reacciones en TikTok y canalizó el sentir que desde semanas anteriores se identificaba en redes sociales. El pico de búsquedas del término gentrificación en Google en Colombia coincide con los días de auge de la campaña.
Detrás de esta manifestación, estuvo Ana María Valle y su equipo. Valle es politóloga de la Universidad Nacional de Colombia y fue secretaria de las Mujeres de la administración de Daniel Quintero. Desde el primer momento, el gesto de Valle y su equipo generó debates en torno a sus verdaderos objetivos en un ambiente preelectoral. Ella sostuvo que la intención era “aprovechar los discursos que se están en redes sociales para crear una conversación alrededor del turismo y las consecuencias de la llegada de nómadas digitales a la ciudad”. El representante a la Cámara por Antioquia Daniel Carvalho, replicó que los discursos políticos que culpaban a los extranjeros de todos los males impiden la proposición de soluciones integrales.
Meses después, los hechos muestran que Valle terminó aspirando al Concejo de Medellín y que la gentrificación y sus signos evidentes son asunto de casi todos los debates y diálogos protagonizados por los candidatos a la Alcaldía de Medellín. Más allá de las agendas electorales, el tema está en discusión.
¿Hay o no hay gentrificación?
La Lonja, gremio del sector inmobiliario en Medellín, asegura que el aumento de los precios de la vivienda en la ciudad responde únicamente a fenómenos de oferta y demanda. “En general, no hemos encontrado crecimientos importantes en la demanda efectiva de vivienda en Medellín o el Valle de Aburrá, por parte de ciudadanos colombianos o extranjeros que impulse los precios de los inmuebles”, respondió el gremio. Por el contrario, señalan que el incremento de los precios está más relacionado con fenómenos como el aumento de la población en la ciudad y la demanda que esto genera.
Por su parte, la Universidad Eafit publicó un análisis académico donde se precisa que la gentrificación ya representa un obstáculo para el acceso a vivienda en el Valle de Aburrá. Para enfrentarlo, se propone que el primer paso para contrarrestar las consecuencias de este proceso es “la creación de un observatorio y [la recolección de] datos rigurosos” que permitan un entendimiento más integral de la problemática y permita tomar acciones sobre ello.
Al respecto, en un debateque tomó lugar en el Concejo de Medellín en el mes de abril, la directora de Planeación Distrital, Jasblleidy Pirazán, aceptó que la falta de acciones por parte de la administración distrital para enfrentar la gentrificación se debe a la falta de datos actualizados que permitan comprender su dimensión. En el mismo debate, los citantes Jaime Cuartas y Aura Arcila reconocieron los beneficios del auge turístico en la ciudad al mismo tiempo que relacionaron el mismo con la turistificación y el desplazamiento de los habitantes locales que esta conlleva.
Aun así, en los anteriores puntos de vista parece haber un lugar común: la gentrificación es una situación de vieja data y hace parte de las dinámicas naturales de cualquier ciudad. Clemencia Escallón aconseja que “la ciudad hay que mirarla con mucho cuidado. No hay que no hay que estigmatizar ningún proceso sino reconocerlo y, en la medida de lo posible, entenderlo para ver qué es lo que hay que hacer”.
El debate alrededor de este fenómeno, entonces, parece indicar que está alejado de los extremos. Según los expertos, comprender la gentrificación es el primer paso para afrontarla y evitar posibles consecuencias mayores como el desplazamiento masivo de habitantes de determinado sector o una crisis en la oferta de vivienda en la ciudad.
Por información de la Alcaldía de Medellín, Contexto conoció en detalle cómo se invirtieron dineros que fueron aprobados desde 2017 para ejecutar en las plantas físicas de instituciones que, en algunos casos, apenas están en obra.
Se trata de 8 mil seiscientos millones que la Secretaría de Educación de Medellín tenía destinados para infraestructura educativa los cuales fueron trasladados al Programa de Alimentación Escolar (PAE), contratoque está siendo investigado por presunta corrupción, según informó ese despacho en respuesta a un derecho de petición.
Entre 2019 y 2022 la Alcaldía proyectó 45 mil millones de pesos para invertir en colegios públicos. Sin embargo, estos dineros no se pudieron ejecutar por la terminación de un convenio interadministrativo entre el Gobierno Nacional y la Alcaldía de Medellín.
Según el documento de la entidad territorial, parte del dinero para las vigencias 2019 y 2021, fue destinado para la construcción de jardines y centros infantiles como el de Loreto y San Antonio de Prado, adjudicados al programa Buen Comienzo.
Otra parte se destinó para la Secretaría de Infraestructura Física en el mejoramiento y mantenimiento de espacios públicos, además de construcción, adecuación y mantenimiento de puentes peatonales, ciclorutas, entre otros.
Mientras que el dinero proyectado para la alianza público privada que correspondía al año 2022 con un total de 17.754 millones de pesos, fue agregado a los nuevos dineros para la inversión que se está ejecutando este año y en 2024 para el Plan Maestro de Infraestructura Educativa.
Plan de Intervención de la Infraestructura Educativa
Ante el llamado insistente de la ciudadanía y las constantes evidencias del deterioro en muchas instituciones educativas de la ciudad, el Concejo de Medellín aprobó el 18 de agosto del año pasado 319 mil 047 millones de pesos en vigencias futuras para invertir en 2023 y 2024. A este proyecto lo denominó el Plan Maestro de Infraestructura Educativa con el cual se pretende intervenir en 411 plantas físicas de la ciudad.
El Plan establece lo que se puede entender como distintos niveles de intervención en los colegios, según se explica en las consideraciones técnicas de la Secretaría de Educación.
Restitución parcial: En este caso se reconstruyen espacios que ya existen y se hace mantenimiento a lugares que son riesgosos para la comunidad educativa.
Mantenimiento integral: En este nivel se atiende a la mayoría de la planta física realizando mantenimientos preventivos y correctivos. Para restituciones parciales e integrales se cuenta con 99 mil 987 millones de pesos que serán invertidos en 34 escuelas
Mantenimiento general: Esta modalidad se enfoca en la conservación de las áreas educativas en torno a preservar y alargar la vida útil de aquellos espacios. 219 mil 060 millones de pesos estarán destinados para 364 establecimientos educativos que requieren de esta modalidad.
Captura de pantalla de presentación del Plan de Intervención de Infraestructura Educativa.
Dentro de los mantenimientos integrales se visualizan las instituciones educativas que hicieron parte de la alianza público privada, entre las 13 instituciones suman casi 57 mil millones de pesos.
Resaltan las instituciones educativas Marco Fidel Suárez (comuna 11) y el Gilberto Alzate Avendaño (comuna 4) con 13 mil y 12 mil millones respectivamente. Sin embargo, no todo este dinero que aparece en la tabla será invertido en su totalidad, “El Estado tiene que sacar mucho, para todo lo que es la parte de diseños y tributación. Realmente quedan 8 mil 500 millones para la intervención real”, según confirmó, Humberto Bermúdez, rector de la Institución Educativa Gilberto Alzate Avendaño.
¿Y las obras?
El estado de avance en cada institución es diferente. Son 411 intervenciones contempladas y cada una es una realidad diferente. Por ejemplo, la Institución Educativa Javiera Londoño Sevilla tenía en abril tres salones cerrados por su mal estado. El centro educativo es una de las sedes incluidas en restitución parcial y mantenimiento. Los salones sellados esperaban una demolición. En esta institución, que cuenta con 279 millones de pesos para inversión en 2023, ocho meses de plazo para los diseños y licencias y cuatro meses para la construcción, parte de la planta física es patrimonio de la Universidad de Antioquia, es decir está bajo tutela de la Universidad, por lo que varios lugares de la institución deben contar con el permiso de cualquier tipo de intervención por parte de la Universidad por lo que según, Antonio Londoño, coordinador, se necesitan permisos especiales y eso retarda el proceso.
En el caso de la Institución Educativa Ciro Mendía, ubicada en la comuna 2, Santa Cruz, hay 1.173 millones para ejecución este año. “Se nos habló en diciembre, vino una representante de Infraestructura, que este muro [uno que en abril estaba a punto de caer sobre la cancha del colegio) iba a ser prioridad en enero”, indicó un docente de la institución, quien pidió no revelar su identidad. Esta situación da una idea de los tiempos y procesos de estas obras.
Maratón de construcciones
Hoy la actual administración se apura por entregar 411 establecimientos educativos con mejoras y reparaciones. Después de 3 años de mandato no agilizó el proceso de intervención a la infraestructura de colegios que venían cada vez más mal.
Por el cierre de un contrato que no surtió efecto, se retrasó el proceso de inversión pública en los colegios que más lo necesitaban.
“Es un aspecto que viene dándose hace unos años, que además para esto se pidieron unas vigencias futuras y estamos viniendo a los colegios y no han empezado las obras”, estableció Mónica Ospina, directora de Medellín Cómo Vamos.
De acuerdo con la misma entidad, la mala infraestructura educativa es un problema que tiene raíces muy profundas en la ciudad ya que a lo largo de los últimos 10 años la inversión en infraestructura en colegios públicos ha disminuido. No obstante, la lupa tendrá que estar en la actual administración y en el cómo se va a entregar el Plan Maestro de Infraestructura Educativa a la Alcaldía entrante.
Más detalles de esta historia en la serie de videos en nuestro canal de YouTube.
Este es un trabajo realizado desde el semillero de Periodismo urbano de la Facultad de Comunicación Social - Periodismo, orientado por el profesor Juan Esteban Mejía Upegui.
Paradójicamente, la contaminación acústica es un problema del que poco se habla. sus efectos son múltiples y a quienes más los padecen, poco se les escucha.
En el Área Metropolitana del Valle de Aburrá los ciudadanos son testigos de los relatos que día a día gritan en los callejones paisas. La música del vecino, la nueva discoteca o el trabajo de los constructores en las calles cercanas al barrio; suelen ser el pan de cada día en cada esquina de la región, que, sin más, habita con una sobreestimulación sensorial normalizada.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se entiende por ruido cualquier sonido o vibración molesta que no permite el desarrollo de las actividades rutinarias. Sus múltiples fuentes comienzan desde el tráfico automovilístico y aéreo, las obras en construcción, el ocio nocturno y el sonido excesivo de los animales que, hoy por hoy, sobrepasan los 65dB (decibelio) establecidos como parámetros saludables.
Daniel Carvalho,congresista y magíster en gobierno y políticas públicas de EAFIT y en urbanismo del IFU de París; menciona que “estamos sometidos a unos ruidos muy altos, hay una especie de cultura del ruido que viene de establecimientos o de personas que hacen para el ciudadano un tema casi que imposible de solucionar”. Prueba de esto es elAnálisis de ruido ambiental para los barrios de los municipios del Valle de Aburrá (2020), un informe que buscó comparar los niveles de ruido de los diferentes espacios y cuyo resultado fue negativo por sus altas emisiones acústicas en sectores como Medellín, Sabaneta e Itagüí.
Mapa de contaminacIón acústica del Valle de Aburrá. Con información del Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Véalo también AQUÍ. Diseño: Karen Bueno, Susana Katich.
¿Y quién se preocupa por el ruido?
El brrrum, brrrum de las motos por Manrique la 45, la intensidad del taladro en la Avenida Oriental, el pitidode los buses en la Avenida 33 y la lista de reproducciones de salsa, reggaeton y bachata de El Lleras y la 70, son muchos de los sonidos que retumban en los oídos de los antioqueños.
Sin embargo, pese a esta problemática latente, las estrategias del control de ruido y contaminación auditiva han sido casi nulas e ignoradas por las instituciones gubernamentales. El representante a la Cámara Carvalho, habla sobre la importancia de una ley que promueva a nivel nacional un control permanente en una tragedia que tiene voz propia desde hace mucho tiempo.
Temas como la intolerancia y violencia, factores de salud a corto y largo plazo y el desplazamiento por saturación de sonido, son las principales alarmas que tienen en el ojo del huracán a la política pública, cuya falencia siempre ha radicado en reglamentos inexistentes, confusos y pocos acertados.
Los residuos que deja el ruido son un efecto que no se siente inmediatamente y solo se percibe cuando es acumulativo en los espacios que habitamos, los cuales tienen movimiento a través de las diferentes actividades económicas. Camilo Quintero, abogado y líder de temas ambientales menciona que, “es necesario fortalecer y aumentar los temas presupuestales, los programas técnicos y reconocer las múltiples causas del ruido en temas laborales, residenciales, de ocio, etc”.
Alternativas como la protección de determinadas zonas, reglas que contemplen medidas preventivas y correctivas y la distancia obligatoria de zonas con altos focos de ruido son acciones que todavía en Colombia no se han aplicado lo suficiente. “Lo que se busca es que haya una actuación integral para lograr prevenir, logrando un ruido moderado y soportable que no sobrepasen los niveles permitidos por la norma de la OMS”, enuncia Quintero.
Avenida Oriental, uno del os sitios donde se manifiestan las fuentes y hábitos de ruido más frecuentes en Medellín. Foto realizada por: Susana Katich Restrepo
Seguridades ausentes y vacíos pedagógicos
El ruido se puede calcular de dos formas, la primera se hace por medio de un sonómetro, un instrumento que sirve para medir y comparar sonidos del ambiente. En la segunda se utiliza la misma herramienta, pero enfocada en cómo es el ruido que percibe la persona. Hasta la misma voz pueden interferir en el ruido, sumado a la música, las conversaciones, en lugar, el televisor, entre otros elementos que todos juntos conllevan a la contaminación acústica.
De acuerdo con la aplicación Decibel X, una app de medición de ruido y sonidos, se establecen los siguientes niveles de pérdida auditiva:
Ilustración: Karen Bueno, Susana Katich.
Cuando el ruido pasa de los 80 decibeles ya está haciendo daño. Cuando después de los 80 decibeles con 15 minutos que lo tengamos en el oído, ya está mal. Entonces se debe tener presente los niveles de ruido que pueden producir los aeropuertos, los conciertos, las discotecas, los centros comerciales, hasta donde nos ubicamos y cómo empezamos a hablar con las demás personas casi a gritos. Por ejemplo, un avión llega más o menos a los 120 decibeles, al igual que un celular puede alcanzar altas unidades si el volumen es muy alto. Se recomienda graduar el volumen y no estar expuesto al ruido por más de 15 minutos.
Como resultado de esa falta de control, existe la posibilidad de trabajar e intervenir la fuente para disminuir o atenuar el ruido que produce, por medio de barreras u otros mecanismos. Desde la infraestructura se pueden lograr acciones posibles de intevención sobre los corredores de alta mixtura, haciendo referencia a los lugares donde suele haber más ruido. Hay soluciones que son de alta dificultad para la infraestructura, Carvalho concluyó que,“la única que yo creo letalmente es hacer obligatoria la insonorización de los lugares que producen ruido”.
Además, el abogado Quintero menciona que en su mayoría de veces el Estado sólo tiene como herramienta de acción a la Policía, la cual todavía no tiene la capacidad de tratar integralmente las temáticas de contaminación por ruido como asunto público. “Digamos en mi experiencia, ellos no sienten que se les dé una instrucción; entonces pasa la moto ruidosa y no la para, el vecino ruidoso o la discoteca ruidosa y tampoco hacen caso porque están acostumbrados al delincuente, al ladrón y a otros tipos de delitos, pero no tiene como tal esa interiorización sobre ruido”, comparte el abogado.
En este caso, las autoridades se han acercado a algunos establecimientos para medir el ruido con un sonómetro y regular la bulla del lugar. Pero, cuando suena una canción buena, ahí mismo suben el volumen y el control se pierde totalmente, afectando no solo a las personas presentes sino que también a los vecinos del sector. En definitiva, se puede concluir que los mismos ciudadanos son los desordenados, la ley existe pero por este tipo de escenarios ahí mismo se quebranta.
Por salud: es quererse y ser consciente
Cada día llega un paciente al consultorio de Lina Isabel Osorio y Clara Mónica García, fonoaudiólogas y especialistas en audiología de Envigado. Desde un inicio y con la historia clínica, ya se logra identificar una pérdida auditiva por exposición al ruido. Fábricas, maquinarias, hasta claves morse, son algunos de los antecedentes que encajan, especialmente en los adultos mayores, en los pacientes de Medellín. Empresas de textiles y metalmecánica que otrora hicieron grande la economía de la región, fueron el lugar de trabajo por varios años de muchos pacientes que buscan una revisión por el deterioro en su audición.
Osorio resalta que, todos los días llegan consultas asociadas a la contaminación acústica: “Yo trabajo con ruido, en una fábrica o en un taller, con un taladro, […], me dicen”. Esto se comprende en un abanico extenso de posibilidades sobre pacientes expuestos a constantes sonidos, que en su momento no tuvieron la posibilidad ni el conocimiento de cuidar sus oídos.
“La pérdida auditiva es una enfermedad silenciosa”, afirmó la fonoaudióloga García, mientras seguía contando que las personas llegan al consultorio con la queja de, “yo escucho pero no entiendo”. Esto se debe a la pérdida en las frecuencias agudas (más cercano al oído externo), traducidas en las primeras frecuencias que se deterioran por el ruido. Esto quiere decir, que en las personas, de un día para otro pueden presentar indicios de esa pérdida, porque cuando les hablan no entienden algunas palabras y es algo que los ciudadanos no le prestan la atención adecuada a su cuidado auditivo.
Los principales efectos a corto y largo plazo de la pérdida auditiva por la contaminación acústica son la disminución de la audición, el estrés, los dolores de cabeza, la irritación y el mal genio, los problemas gástricos, la pérdidas de memoria y el tinnitus (pitido o zumbido en el oído). Además de los síntomas, las fonoaudiólogas también se soportan en un examen llamado, audiometría, el cual evalúa la audición y arroja unos datos que determinan si hay un bajón en una frecuencia y cual tipo de pérdida está presentando el paciente.
Asimismo, el deterioro de los procesos cognitivos también hace parte de estos efectos. Los procesos de atención y concentración se ven afectados porque la persona ya no logra entender muchas cosas, hasta el punto de aislarse y perjudicar su desarrollo mental. Por esta razón, la pérdida auditiva es reconocida como una enfermedad silenciosa. Esto se da porque la persona de un día a otro no se da cuenta de la pérdida hasta que no le digan, “oiga, usted no está oyendo”. Esto significa que el estado de su audición logró reservarse hasta el punto de no prestarle la atención adecuada y el cuidado auditivo a los oídos.
Adicionalmente, las profesionales en audiología, enfatizaron que para la pérdida auditiva por ruido, ya no existe ningún tratamiento. Es quererse y ser consciente, es por su salud que la sociedad debe cuidarse personalmente de esta problemática que afecta día a día a los medellinenses. El cuidado personal se resume en la limpieza de los oídos, su aseo y la implementación de protectores auditivos que atenúan el ruido cuando se está expuesto a este o hay un gran riesgo de pérdida auditiva por el trabajo o alguna actividad extracurricular.
Por otra parte, se debe mencionar que el ruido es una sensación subjetiva. García explicó que, “la sensibilidad auditiva en todas las personas es diferente”, por la forma en que cada uno percibe los sonidos de una manera diferente. Es complicado determinar que mientras más exposición, más años y más tiempo haya estado expuesto al ruido, es más propenso a que tenga pérdidas auditivas. Todo está en las individualidades de los casos, su afectación y sus mismas habilidades que se pueden ver diferenciadas en una persona mayor y un jóven que tiene nuevas capacidades o adaptaciones.
La educación es un factor crucial en el cuidado y la prevención de esta enfermdad. Falta enfatizar sobre este problema de salud pública desde la casa, la cultura, el colegio, las universidades y las mismas empresas que deben velar por la calidad de vida de sus trabajadores. Actualmente, la sociedad está expuesta a seguir con más ruido de máquinas, tráfico, ocio,vendedores ambulantes, entre otros factores.
Finalmente,la pérdida auditiva también afecta generalmente el círculo familiar y social, el volumen del televisor está muy alto o no logran entender las conversaciones en una reunión hasta aislarse y llegar hasta un estado de depresión o ansiedad, especialmente en los adultos mayores. Además, hay que empezar a inculcar la educación y prevención en cada profesión, desde los músicos, los deportistas, a los pilotos o los odontólogos.
Iniciativas para medir el ruido
La descontaminación ambiental por ruido ha sido para el municipio de Envigado uno de los principales asuntos considerados como problemáticas directas para los habitantes. Iniciativas como La Vida y el Ruido con el apoyo del programa Ciudad Sana y Segura, han permitido abrir espacios para la creación de propuestas que ayuden a aliviar la carga auditiva en entornos urbanos.
Maria Clara Rivera, estudiante de Historia y habitante del sector, expresa que el mayor objetivo es concientizar a las personas sobre la contaminación auditiva. “La solución la vemos en la calle, en las basuras, pero nos cuesta mucho entender como ciudadanos la contaminación auditiva como un fenómeno que nos impacta”.
Recientemente desde este proyecto se realizó una encuesta sobre la percepción del ruido con el propósito de recopilar información sobre la afectación de la calidad de vida entre habitantes de 18 y 80 años. El resultado arrojó que el 82% desconoce las políticas municipales para mitigar la contaminación acústica, mientras que, el 92% manifestó que se sentía afectado por el fenómeno.
Talleres, espacios de reunión y realización de encuestas han sido las principales herramientas que les ha permitido ser un tema de interés público en el municipio. “Nosotros esperamos seguir en la segunda fase del proyecto. Estamos atentos a oficializar un evento que sea el Día de la Escucha con la cual se busca crear una metodología de intervención poblacional para trabajar el impacto”, culmina Rivera, con el ánimo de seguir avanzando en este camino que ha construido, junto a toda las redes de apoyo que le han dicho sí.
Muchas zonas de Medellín enfrentan el reto de controlar el flujo de roedores. Los riesgos van, desde encontrarlos por el camino, hasta una enfermedad de la cual hubo varios casos en los últimos años. Este es un alcance de los problemas con la basura en la que era llamada “Tacita de plata”.
Juan José Yath Granados / juan.granadosg@upb.edu.co*
El problema está hecho de ciclos que se repiten en cada rincón de Medellín, mala disposición de residuos genera presencia de vectores, como las ratas, que agravan la presencia de residuos, los cuales siguen llegando porque se considera que, por la presencia de los animales, estos sitios están en abandono. Dibujo: Juan José Yath
Encontrarse una rata al caminar por algún anden de Medellín se ha vuelto tan usual como las historias de personas afectadas por esta situación. Aparecen así casos como el de Lina Rodríguez, quien atiende en un pequeño quiosco de surtidos al lado de la estación Exposiciones. Ella contó que una vez un grupo de estos animales llegó hasta su negocio: “No más en estos días que fue festivo me dañaron todo el surtido. Yo no sé por dónde se metió una rata y se dio la gran vida en mi chuzo”, dijo la mujer. Cerca de donde estaba parada hay un hueco en medio de las baldosas y ahí se pueden ver estos roedores por la noche.
Otro ejemplo es en el Parque de El Poblado, donde los roedores también esperan a que oscurezca para salir de sus madrigueras. No hace falta tener una vista aguda para notar sus cuerpos pasar de una jardinera a otra. Cualquier persona sentada en un banquillo estaría tranquila sin saber que una rata pudo estar a solo centímetros de su lugar.
Tener el disgusto de ver una rata mientras uno disfruta del paisaje o come algo acaba siendo el menor de los problemas. Estos animalitos son potenciales propagadores de un mal llamado leptospirosis, que causa infecciones letales en el hígado, los riñones o el corazón, según la organización Centros para el Control y la Prevención de enfermedades (CDC). Lo que provoca esta enfermedad es una bacteria que se llama Leptospira, que no es muy conocida por la gente en general, en parte, porque los síntomas son parecidos a los del dengue y ciertos tipos de fiebres. En Medellín se han reportado varios casos en los últimos años. Durante la pandemia tuvo una disminución en afectados para luego repuntar en 2021, y llegó al pico en 2022. Si bien los datos de enero y febrero de 2023 parecen prometer una disminución de registros, como se puede ver en la siguiente tabla, el riesgo continúa.
Las cifras preliminares de la Alcaldía de Medellín muestran un incremento en los casos de leptospirosis en la ciudad.
Es inevitable hablar de la denominación de “Tacita de plata” que todavía permanece en las añoranzas de muchas personas en Medellín. Sin embargo, ¿hubo realmente una época en que le quedara bien esa denominación? Iván López, profesor de Historia en la Universidad Pontificia Bolivariana, considera que se trata más de un mito debido a que la ciudad siempre ha lidiado con problemas de salubridad más allá de los roedores.
Los textos que cuentan el pasado de esta región destacan los aportes del movimiento higienista al abogar por un territorio con buenas condiciones de aseo para sus habitantes. Además, la Sociedad de Mejoras Públicas impulsó la cultura del civismo desde inicios del siglo pasado. Este aspecto se volvió característico de Medellín y ayudó a inculcarle a la población el cuidado de las zonas públicas, pero las contribuciones no fueron iguales en cada barrio. Los libros también registran lo que pasó en Moravia, que fue un basurero hasta la creación del relleno sanitario en los 80. Algunos lugares donde todavía se acumula basura recuerdan los antecedentes de este barrio.
Así se ven las madrigueras en las que viven las ratas. En uno de los sitios visitados pos Contexto, se estimó 47 de estas en solo 35 metros cuadrados de área. Foto: Juan José Yath.
Tras la cola de la rata
En la actualidad la Secretaría de Salud implementa una campaña para controlar la cantidad de roedores en las calles. Cualquier persona que use una zona pública con presencia de ratas puede solicitar que una brigada revise el lugar. En una de estas jornadas, uno de estos grupos se dirigió a Manrique para atender una llamada. El sitio era un pequeño punto verde en medio de un cruce de carriles. El personal llegó y revisó las posibles partes donde estos animales podían hacer su refugio. Jorge Alberto Vélez, un veterinario que trabaja para la Alcaldía, echó un vistazo a la zona y concluyó que en los 35 metros cuadrados que más o menos conformaban el espacio había 47 madrigueras.
En las jornadas de inspección, las brigadas ubican veneno en los agujeros que pueden servir de resguardo para las ratas. Para ello, usan una sustancia llamada Ratunet. Un solo gramo de este químico podría matar a un roedor grande que lo consuma, según Vélez. Los cadáveres de animales que quedan a la intemperie son recogidos luego por trabajadores de Emvarias y los que permanecen en las madrigueras se deben dejar descomponiéndose ahí mismo por el riesgo de infección que puede haber en quien los retire, explicó Cindy Castañeda, otra integrante de la brigada.
Los operativos para examinar y poner veneno en las zonas afectadas buscan exterminar la mayor parte de roedores para mantener a raya la población. En casos como los del Parque Belén, la gente que pasa mucho tiempo ahí reconoce las mejoras en el control de la plaga. Ovidio Cano tiene un pequeño puesto de dulces cerca del parque y resalta el logro: “Aquí pasaban las ratas como un verraco. Ya no, ya las ratas no se volvieron a ver aquí. Ya en la quebrada, es otro negocio muy distinto”.
En efecto, uno puede llegar al parque de noche y a duras penas ver una rata por las jardineras, pero el panorama cambia al avanzar. La razón se debe de hecho a uno de los más importantes factores ligados al problema de los roedores en Medellín: la basura. Castañeda afirma que esta relación se da porque los desechos, sobre todo orgánicos, significan una buena fuente de alimentos para que las ratas prosperen y se proliferen. Es por eso que, llegando hasta una canalización cercana al parque, la plaga emerge de la oscuridad cuando algún vecino tira una bolsa de residuos. El cúmulo de desperdicios está justo al lado de la matera de madera donde hicieron sus hoyos de refugio junto a las matas. Es cuestión de solo desplazarse unos pasos para observar el grupo de al menos cuatro que revisa las cosas nuevas que alguien arrojó.
Este ciclo se repite en miles de rincones en Medellín, incluso en zonas donde se pensaría que el concreto hace más difícil que se construyan madrigueras, como se pudo ver en una zona de Prado Centro, donde a simple vista se pudo reconocer seis madrigueras, en un pequeño espacio. Cerca de los sitios revisados siempre se hallaban además bolsas de residuos acumuladas. La situación empeora cuando pasan personas que abren y hurgan los bultos de basura para luego dejar los desechos tirados en el suelo.
La acumulación de desperdicios se debe en parte a quienes los sacan a horas en que no pasan los carros recolectores, explicó el contralor auxiliar ambiental de Medellín, Carlos Enrique Henao. Esto hace que las sobras pasen más tiempo expuestas a que los roedores las rebusquen. En un recorrido por La 70 y Suramericana se puede ver que algunos establecimientos de comida los que más incurren en la mala disposición de residuos, paradójicamente los más vulnerables a los efectos de la proliferación de ratas y otros vectores. Es por eso que las brigadas también hacen charlas de educación sobre el manejo adecuado de los residuos en los barrios.
Cindy Castañeda reveló que en aquellos lugares donde tiene éxito la pedagogía, el número de solicitudes para poner veneno disminuye, comentó Castañeda. Así las cosas, la solución al problema de las ratas está primero en el comportamiento de los humanos.
Desafortunadamente, paisajes como estos son comunes en las calles de la ciudad. Especialmente en ellos se ven las intervenciones de las brigadas que con venenos como el de los cubos azules de la imagen, intervienen para diezmar la población de ratas. Fotos: Juan José Yath.
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*Estudiante del programa de Estudios Literarios. Este trabajo es resultado del Semillero de Periodismo Urbano, orientado por el profesor Juan Esteban Mejía Upegui.
En el marco de la celebración de sus 40 años, la Filarmónica de Medellín inició una serie de Serenatas por los lugares más emblemáticos de la ciudad en búsqueda de compartir con la ciudadanía la alegría por su trayectoria. La segunda de sus serenatas fue una carta de amor al río.
El día empezó con los trompetazos de la 20th Century Fox. El quinteto de metales y la batería de la Filarmónica de Medellín anunciaba a la ciudad su cuadragésimo aniversario y se disponía a cantarle a su villa y a la espina dorsal que le dio vida a esta: era una Serenata al Río porque “al río también hay que agradecerle”, diría más tarde Gonzalo Ospina, concertino de la agrupación. Desde el puente peatonal de la estación Ayurá, inició la serie de tres conciertos con las bandas sonoras más reconocidas del cine con las que la Filarmónica quiso celebrar su cumpleaños.
Frente a la planta de tratamiento de aguas de Ayurá, la Filarmónica inició su recorrido por el río. Foto: Camilo Pérez.
Mientras la trompeta de Frank Londoño marcaba las primeras notas del tema de La pantera rosa, la gente se empezaba a reunir curiosa y con sonrisas entre la nostalgia y el asombro alrededor de los seis músicos que tocaban bajo la imagen de La niña María, del artista Humberto Pérez, que se pintó en los años 90 buscando proteger al metro de los atentados con bombas que acechaban la ciudad.
En esa sonata para balas y esquirlas que fue Medellín desde principios de los 80, en un garaje del barrio Belén, nació la Filarmónica con 42 músicos bajo la batuta de Alberto Correa, médico de la Universidad de Antioquia y fundador de la orquesta. Desde entonces, entre Beethoven y Wagner, John Williams y Ennio Morricone; los metales, maderas y cuerdas han resonado entre los recovecos de las montañas de la ciudad. “Es muy importante mantener estas orquestas y estos eventos culturales porque son los que le dan conciencia a la sociedad. Lo vivimos en los confinamientos cuando estuvimos encerrados y la gente se aferró al arte. Son espacios vitales para las sociedades”, diría Londoño luego de que las dos trompetas, el corno, el trombón, la tuba y la batería terminaran el primer concierto con las notas de la Star Wars de George Lucas.
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Serenatas es un espacio que la Filarmónica pensó para celebrar en puntos específicos de la ciudad el acontecer de sus 40 años en los que los ha acompañado la ciudadanía. Sacar los conciertos de los teatros y acercarlos a la gente es uno de los propósitos principales de la orquesta con estos espacios. “Uno de los espacios esenciales para ser transformación en nuestra ciudad, es llegar al Centro, a las iglesias, al Museo de Antioquia, a cada una de las calles que son puntos de partida de Medellín, este año cumplimos 40 años y le llevaremos serenatas a los lugares que nos han abrazado y han sido hogar”, reza su página web.
El puente de Guayaquil fue el segundo en ser construido en la ciudad, fue uno de los espacios de celebración de la Sinfónica. Foto Camilo Pérez.
El puente de Guayaquil fue el segundo en ser construido en la ciudad. Siguiendo la búsqueda del río hacia el Norte, la siguiente parada fue el puente de Guayaquil. En 1876, cuando solo había dos puentes en la ciudad, Guayaquil se erigió símbolo del esfuerzo de la población por llegar al oriente del Valle, la Otrabanda, y hacer prosperar la que sería la capital industrial del país. Sobre esas mismas piedras, el ensamble de cuerdas de la Filarmónica preparaba otras tres piezas para convocar a los deportistas que pasaban por la ciclorruta, fanáticos de la música clásica y curiosos que se acercaban al lugar.
Rodolfo Ríos, guía turístico profesional y miembro de Asoguían, fue el encargado del preámbulo del concierto. En su discurso como en el de Ospina, el concertino que interpretaría el solo de la primera pieza, se denota la nostalgia por lo que fue el río, por la vida que le robaron las dos avenidas que lo flanquean y la contaminación que le imprime el brillo café sobre el que se reflejaba el sol del Valle de Aburrá. La lista de Schindler de Williams, Il Postino de Bacalov y Cinema Paradiso de Morricone fueron las bandas sonoras escogidas que sonaban por encima del suave murmullo del río, la fluidez eléctrica del metro y el estruendo metálico de los carros en la avenida Regional.
“Qué más importante en Medellín que el río. Es la conexión y la desconexión de la ciudad”, decía Vania Abello, subdirectora de Programación de la Filarmónica. Resalta que, en estos 40 años, la Filarmónica le ha dejado a la ciudad “mucha cultura, música y transformación. La orquesta no solo toca música, sino que tiene otros proyectos que le apuntan a lo social y eso ha ayudado a construir una ciudad donde podamos todos ser un poquito mejores desde nuestro compartir en el arte”. Y en sentido contrario, Abello afirma que la Filarmónica le debe todo a la ciudad, y concluye que: “Es increíble que, en una ciudad como Medellín, con las problemáticas que tuvo en el momento en que la orquesta se fundó, haya permitido que esta siga viva y construyendo a través de la cultura”.
Como el pequeño teatro de la película Cinema Paradiso, que sobrevivió a los vaivenes de la Segunda Guerra Mundial en Italia, la orquesta se siente a sí misma como un obelisco vivo a la resistencia de la ciudad y a los procesos artísticos transformadores que hicieron de esta una Medellín más en paz.
Escucha una experiencia inmersiva de la Serenata al Río de la Filarmónica de Medellín
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En Parques del Río se reunió toda la orquesta para el acto final de su conmemoración al río Medellín. Todos los instrumentos afinaron al son de las primeras notas de El preso de Fruko y sus Tesos y Ospina se plantó en el atrio a dirigir. El ensamble, que desde 2022 es dirigido por el israelí David Greilsammer, rápidamente se rodeó de gente de todas las edades. Entre el público, la gente exclamaba la emoción por escuchar la música de las películas de su infancia y el entusiasmo porque la ciudad siguiera proponiendo espacios de ese tipo. “Tenemos la ventaja de la fortuna de ser una orquesta que puede adaptarse a muchos y diferentes tipos de repertorios”, anotaba Ospina mientras preparaba al público para el concierto. La versatilidad de la orquesta, que en su último concierto de temporada interpretó obras de Tchaikovsky y Wagner, quedaría demostrada en la amplitud de las piezas que empezaron con la apertura de 2001: Odisea en el espacio, pasando por los instrumentales de Tom y Jerry, Bugs Bunny, Jurassic Park y King Kong hasta Avengers y James Bond.
Ospina levanta las manos mientras dirige un medley de bandas sonoras de caricaturas. Foto: Camilo Pérez.
Sebastián Gutiérrez, quien seguía los conciertos fielmente desde Ayurá, filmaba con emoción los movimientos finales de la orquesta. “Son espacios para conectarse con lo espiritual, porque la música para mí viene del alma”, dijo al final del concierto cuando entre aplausos ovacionaban a los músicos de la Filarmónica. El 15 de abril, durante su concierto oficial de aniversario, el maestro Alberto Correa dirigió el conjunto como lo hizo por primera vez hace 40 años. La Filarmónica se siente viva y se siente de la gente. Desde los arcos que hacen sonar las cuerdas y los pulmones detrás de los metales le dice a la ciudad que aún quedan nuevas melodías por escuchar.
Miradas cercanas a las voces y las perspectivas que tiene el cierre de la llamada Plaza Botero, célebre espacio del Centro de Medellín que es objeto de una intervención gubernamental basada en un vallado perimetral, ante las quejas por problemas de seguridad, aseo y convivencia, entre otros.
Mientras transcurrían los primeros años de este siglo, tres edificios de oficinas y unas cuantas construcciones pequeñas, fueron demolidos en el centro de Medellín para dar paso a lo que sería uno de los proyectos más ambiciosos que ha tenido la ciudad. La idea de crear un nuevo museo departamental y la cuantiosa donación del artista colombiano vivo más importante de todos los tiempos, derivaron en el que es, quizás, el lugar más icónico de la capital antioqueña.
20 años después, iniciando febrero de 2023, la Alcaldía de Medellín –erigiendo de nuevo los muros destruidos– cercó la icónica Plaza Botero y enmarcó, con el metal de vallas policiales, las veintitrés esculturas donadas por el artista. Para Mariana Oliver, escritora mexicana, “un muro es una venda colectiva que nos protege de la vergüenza, la confección de una fantasía humana recurrente: existir donde nadie pueda vernos”. En su libro Aves migratorias (2016) escribe sobre las barreras, que son los muros, cuya única función es “crear una frontera visual, coartar la mirada”. El verde oliva de la Policía sirve entonces para demarcar el horizonte y vislumbrar aquellos espacios que, con el permiso de la autoridad, pueden ser habitados y aquellos cuyo acceso no es permitido.
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Los criterios según los cuales la Policía determina quién ingresa a la plaza no son muy claros y el tránsito de peatones locales se ha disminuido en las últimas semanas. Las vallas, que actúan como la venda colectiva de la que habla Oliver, intenta contener las realidades sociales que circundan el espacio y han permitido que miles de turistas nacionales y extranjeros se fotografíen con uno de los cuerpos voluminosos del maestro Botero. Trabajadoras sexuales, comerciantes, venteros, habitantes de calle, líderes religiosos, transeúntes del centro: la comunidad que interactúa en el territorio hoy se debate entre la percepción de seguridad o el encuentro de la diversidad. Una encrucijada que pone en peligro la posibilidad de que la ciudadanía continúe reunida (y no cohibida) en el espacio público.
*Pareja de turistas admira el Palacio de la Cultura. *Vendedores informales exponen sus productos.
El perímetro marca una clara línea divisora que reconfigura el uso de la plaza. Por un lado se encuentra el turismo apacible, por el otro, el rebusque y la aglomeración de transeúntes.
*Horizonte
El sector del centro en el cual se realizó el cierre reúne varios fenómenos sociales como delincuencia común, riñas, tráfico de drogas, prostitución, migración e informalidad laboral.
* Mujer transita por la plaza (2018). *Turistas extranjeros transitan por la plaza (2023).
A pesar de que se desconocen los criterios que tiene la Policía para permitir el ingreso a la plaza, las personas consultadas coinciden en que el aspecto físico y el tiempo de permanencia en la misma son los principales factores que tienen en cuenta para negar el acceso.
*Hombre mira a través de las vallas
“Quiero expresar que desde siempre mi voluntad fue que este espacio fuera para toda la ciudadanía”, escribió Fernando Botero en una carta que rechazaba la medida. “Que la ciudad transite libremente, así debe estar”, culmina la misiva.
* Trabajadoras sexuales esperan. *Mujer de pie, escultura de Fernando Botero.
“El trabajo se ha mermado, no nos dejan cruzan por cómo nos vemos. Además, nada ha cambiado en cuanto a la seguridad para nosotras. Ayer nos robaron y a la Policía no le importó”, dice Alejandra, trabajadora sexual del sector.
*Ocasionales
En el cruce de la calle Boyacá y la carrera Carabobo se aprecia la vocación del sector. Un templo católico y otro hinduista, moteles, tiendas y farmacias, lugares que colindan y comparten fachadas.
*La mano, escultura de Fernando Botero. *Las manos de ellas.
Prisionera sigues, del vicio idolatrada. Doblemente explotada y por la sociedad, doblemente olvidada.
Fragmento del poema Prostitución: esclavitud – explotación de Luz Mery Giraldo, líder de Las Guerreras del Centro, colectivo de trabajadoras sexuales.
*ACAB.
La movilización del 8M dejó varios grafitis en la plaza. La sigla ACAB –que significa “All Cops Are Bastards” o, en español, “todos los policías son bastardos”– puede leerse mientras se realiza el patrullaje.
*Cundinamarca y Calibío separadas. *Carpa de ingreso.
En total son tres los puntos de ingreso: por la carrera Carabobo con Boyacá, por Bolívar debajo del soterrado del metro y por Carabobo con la avenida León de Greiff. Los transeúntes deben pasar por un espacio menor a dos metros dispuesto por los agentes y las vallas metálicas.
*Big Brother.
La estrategia de seguridad, además del perímetro y la presencia policial, incluye un sistema con 57 cámaras de vigilancia que fueron instaladas días antes del cierre de la plaza.
*Alberto Ávila, fotógrafo y líder de la “zona segura”. * Venteros carnetizados.
“Fue lo mejor que nos pasó, por fin se acordaron de nosotros”, dicen Hector Moreno y Reinaldo Zambrano, venteros que cuentan con permiso. “El cierre en sí le da mucha más seguridad a la comunidad y a los turistas”. Ávila, por su parte, afirma que “la plaza no está cerrada, todos pueden pasar, solo se revisa la presentación de algunos que no permitían la convivencia”.
*En liquidación.
“Pasamos de vender tres millones de pesos diarios a vender solo trescientos mil. De veinte empleados que teníamos, ahora solo hay siete. El cierre nos ha impactado”, afirma Jaime Alberto Taborda, administrador de un negocio en el sector.
*Se arrienda. *Nos quebramos.
Aunque las dificultades de los comerciantes habían surgido desde hace varios meses, el cierre se convirtió en el detonante para que muchos de ellos tuvieran que liquidar sus negocios. “Al parecer eran las putas y los ladrones los que nos compraban, pues a los turistas no les interesan nuestros productos”, apuntó uno de los vendedores.
*Esos son pañitos de agua tibia.
“¿A la Alcaldía de Medellín qué le importa la opinión de los líderes del sector?”, se pregunta el párroco de la iglesia La Veracruz, Rafael Gómez. “Lo digo porque el cierre lo hicieron sin avisarle a nadie. Ahora, los problemas no se los llevaron, los problemas siguen después de la valla”.
*Olla comunitaria (2018). *Bus policial (2023).
“La ciudad supone la construcción del ágora, para que todos los ciudadanos tengan derecho a la palabra. El ágora es la legitimación implícita de la diversidad y por eso es sinónimo de tolerancia. Ser ciudadano es contar con el derecho de la palabra y en caso de no contar con este derecho ni hay ciudadanos ni puede hablarse de espacio público”, escribe Darío Ruiz Gómez, uno de los artífices de la Plaza Botero.
*Testigos del ostracismo.
Para Juli Zapata, a cargo de la curaduría del Museo de Antioquia, el lugar “debe ser un espacio abierto. Hoy no podemos hablar de una plaza pública”. Considera que “ese tipo de valla y ese tipo de cierre es muy paternalista y funciona desde la exclusión, el racismo, la segregación y el clasismo. Solo después un proceso de concertación, han flexibilizado el ingreso”.
*Vista desde el interior del perímetro (2018). *Vista desde el exterior del perímetro (2023).
“A Botero lo maravilló el edificio y la intención de resignificar el Centro con una serie de obras complementarias. Pero todos los involucrados en el proyecto se hacían las mismas preguntas y encontraban diferentes respuestas: cómo llevar la gente hasta el nuevo museo y cómo hacerlo visible”, recuerda Álvaro Morales sobre la planificación de la plaza.
*El muro.
“Como el miedo, el tamaño del muro es cuestión de distancia”. -Mariana Oliver.
Por Alejandro Zapata Peña* / periodico.contexto@upb.edu.co
Contexto le puso la lupa a la problemática con los colegios cuyas sedes hoy presentan daños y deterioro, cuáles son los colegios más antiguos, la deuda histórica con las instituciones educativas y las dificultades de la administración pública por medio de la figura de alianzas público privadas .
La caída de un techo de un aula de la Institución Educativa Doce de Octubre, al noroccidente de la ciudad, dejó el pasado 8 de marzo a 15 estudiantes heridos de los cuales 6 fueron remitidos a un centro asistencial. Este episodio hace parte de un problema de varios años en Medellín: el estado de la infraestructura educativa de los colegios públicos de la ciudad. En los últimos meses, las redes sociales, algunas marchas por parte de las comunidades educativas y sesiones plenarias del Concejo han sido los espacios en que estudiantes, profesores, directivos y asociaciones sindicales han alzado su voz para exigir mejores condiciones en los espacios educativos de la capital antioqueña.
¿Por qué tarda tanto la inversión en los colegios públicos? ¿Cuáles son las principales falencias en la administración pública que tienen hoy a muchos colegios de la ciudad en estado crítico de su infraestructura? ¿Por qué a penas estas semanas se están destinando los recursos para un problema de varios años? ¿Cuál es la situación que han vivido los colegios más afectados?
En este especial de Contexto, en 2 entregas presentamos una radiografía para que entienda el por qué hoy cientos de estudiantes de la ciudad no gozan de condiciones dignas y temen que en cualquier momento una pared, un techo o quizá vidrios, se les caigan encima.
¿Por qué tan dañados los colegios?
Para poder entender el vericueto por el que pasan las instituciones educativas de la ciudad, hay que considerar tres aspectos que han resaltado tanto los sindicatos y las comunidades académicas.
El primero se refiere a la antigüedad de las instalaciones. Algunos colegios de la ciudad alcanzan los 50 años de funcionamiento, e incluso algunos rebasan los 100 años, como lo indica Fabio Humberto Rivera, concejal de la ciudad y presidente del Concejo de Medellín, que ha estado al frente de los debates sobre el tema y explica: “El Municipio de Medellín tiene 410 plantas físicas de escuelas y colegios, no sé si esa herencia tiene 70, 80, 90, 100 años. Aquí hay escuelas como la de Parque de Belén que tiene más de 100 años”.
A muchas de estas plantas físicas hoy el tiempo les pesa. La no intervención por años les ha generado problemas de distinta índole que hacen parte del paisaje para cientos de estudiantes de instituciones como la Institución Educativa Normal Superior de Medellín (Comuna 8), I.E. Gilberto Alzate Avendaño (Comuna 4), I.E. Marco Fidel Suárez (Comuna 11), entre muchas otras.
El segundo aspecto se enfoca en varias de las instituciones construidas por la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU), encargada de ejecutar proyectos de infraestructura en el ámbito educativo y municipal. Muchos de estos colegios presentan graves fallas y problemas de diseño en la infraestructura: “Son, entre comillas, ‘nuevas’ y todas son construidas por la EDU y tuvieron problemas, porque después de la entrega faltó más cuidado en diseño y otras cosas, en el caso de la Normal que es patrimonio arquitectónico, ¿cómo se puede tratar?”, cuestionó Jesús Alejandro Villa, vicepresidente de la Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA).
Asimismo, la Institución Educativa Doce de Octubre, en donde ocurrió el episodio que puso en discusión el problema de la infraestructura educativa de Medellín, fue uno de los 182 colegios “relativamente nuevos”, es decir ejecutados desde el 2005 por la Empresa de Desarrollo Urbano en la alcaldía de Sergio Fajardo.
Y el tercer punto hace alusión a la no ejecución y retraso de recursos en el tiempo de pandemia, cuando no había presencia de la comunidad educativa en las escuelas. A todos estos factores se le suma la fuerte temporada de lluvias que en los últimos años ha atravesado la ciudad y que, evidentemente, contribuyeron al mal estado de la infraestructura.
Infografía: Alejandro Zapata Peña.
El meollo con las Alianzas Público Privas (APP)
Para poder entender el porqué varios colegios emblemáticos y de recorrido en la ciudad están cayéndose, hay que remitirse al 2017, año en el que el Concejo de Medellín, mediante el Acuerdo Municipal 053 de 2017 aprobó vigencias futuras con una viabilidad presupuestal desde 2019 al 2037. Dichas vigencias futuras pretendían aunar esfuerzos entre la Secretaría de Educación de Medellín y el Ministerio de Educación Nacional por medio del convenio interadministrativo 1366 de 2017, que se contemplaba ejecutar por medio de alianzas público privadas (APP).
Infografía: Alejandro Zapata Peña.
Para esos años el expresidente, Juan Manuel Santos, y la exministra, Yaneth Giha Tovar, junto con el exalcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, y el exsecretario de Educación, Luis Guillermo Patiño, implementaron la jornada única, un proyecto que busca que muchos de los centros educativos del país tengan jornadas más extensas para que los estudiantes puedan fortalecer, por medio de actividades extracurriculares, habilidades sociales y educativas como clases de música, danza, idiomas, robótica y otras múltiples disciplinas para que no tuvieran que pasar demasiado tiempo por fuera de las aulas. Pero todo esto implicaba un despliegue y una inversión considerable para la infraestructura de distintos colegios para poder presentar el proyecto a nivel nacional.
Ese fue el principal motivo para que 385 mil millones —en pesos equivalentes corrientes— fueran comprometidos dentro de un periodo de 18 años, es decir desde 2019 al 2037. Estas vigencias futuras proyectas dentro de la figura de alianzas público privadas tenían como objetivo la ejecución del proyecto: “Habilitación de sedes educativas para la implementación de la jornada única en Medellín” con el código 170045, a cargo de la Secretaría de Educación, por el cual intervendrían, inicialmente, en diferentes modalidades a 8 colegios públicos de la ciudad por medio de “el diseño, financiación, construcción (parcial o total), mejoramiento, ampliación, financiación, operación y mantenimiento de infraestructura educativa y la prestación de los servicios no pedagógicos”.
Los colegios públicos proyectados fueron:
Nuevo Equipamiento Finca El Tirol, Nuevo Equipamiento La Aurora, I.E. Alfonso López, I.E. Luis Carlos Galán – Sede Educativa Niño Jesús de Praga, I.E. Maestro Arenas B. – Sede Educativa Imperio de Japón y Municipio de Castilla, I.E. Rodrigo Correa Palacio, I.E. El Diamante y la I.E. Rodrigo Lara Bonilla los cuales sumaban, aproximadamente 152 aulas con una capacidad de alumnos de casi 6 mil.
Sin embargo, los procesos y adiciones al proyecto surgieron por lo que se tuvieron que agregar otras instituciones educativas, de las cuales varias venían presentando serias complicaciones a nivel de sus plantas físicas como la I.E. Gilberto Álzate Avendaño, I.E. Marco Fidel Suárez, I.E. Presbítero Juan J. Escobar, I.E. López de Mesa y la I.E. Jose Horacio Betancur.
El 70 % de las 13 instituciones incluidas en la alianza público privada pertenecían a las dos categorías de instituciones antiguas o construidas por la EDU. En el caso de la I.E. Gilberto Alzate Avendaño y la I.E. Marco Fidel Suárez cada una acumula más de 50 o 70 años. Mientras que centros educativos como la I.E. Alfonso López, I.E. Luis Carlos Galán - Sede Educativa Niño Jesús de Praga, I.E. Maestro Arenas B., I.E. El Diamante, I.E. Rodrigo Lara Bonilla, I.E. Presbítero Juan J. Escobar y la I.E. López de Mesa entran en el paquete de las ejecutadas por la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU).
Primeras tensiones con las alianzas público privadas
Después de los debates en el Concejo por medio de los que se autorizaron las vigencias futuras de los 18 años de dineros comprometidos, la Secretaría de Educación, junto con el equipo del Ministerio de Educación Nacional, empezaron a diagnosticar y evaluar qué tipo de reconstrucciones, mejoras o adecuaciones se iban a implementar en las diferentes instituciones.
Contexto conoció la historia de la Institución Educativa Marco Fidel Suárez, ubicada a un costado del Estadio de Atletismo Alfonso Galvis, entre la calle 49b con la carrera 70. Allí, las diferentes visitas por parte de los técnicos y planeadores de la Secretaría de Educación, junto con algunos privados compartieron ideas acerca de los arreglos en la institución, pero no se llevaron de la mejor manera.
Así lo recordó Álvaro Lopera, docente de ciencias sociales de la institución y delegado sindical de la Asociación de Institutores de Antioquia (ADIDA): “En el año 2018 vino una representación de la Secretaría de Educación junto con los privados que iban a participar en la APP y nos presentaron un plan de trabajo. Estaba el rector, el coordinador, profesores abogados e ingenieros, representantes de los estudiantes, pero fue una experiencia bastante negativa porque a nosotros nos pareció que estos señores de las APP se iban a beneficiar de unos recursos públicos, realmente lo que querían era tumbar el colegio, demolerlo y de lo que había o lo que tenemos ellos iban a hacer lo mínimo”.
Hizo referencia a que ciertos espacios como los deportivos y el auditorio iban a ser reducidos: “Nosotros tenemos dos canchas múltiples, una con cubierta, estos señores en sus planos solo presentaron una cancha. Nosotros tenemos un auditorio para 600 o 700 personas y ellos nos propusieron un aula múltiple para 200 personas”.
En términos generales, después de discusiones técnicas y legales entre las partes, a muchas personas de la comunidad académica les pareció que “nos iban a desmejorar la institución en la planta física”.
Los llamados de atención desde el Concejo
Y es que incluso antes de las aprobaciones en el mismo Concejo de la ciudad hubo advertencias por las alianzas público privadas, en ese entonces el mismo concejal Fabio Humberto Rivera, alertó en el recinto de la corporación administrativa, en la sesión plenaria del 15 de octubre de 2016, “Me preocupa, porque quedó en el plan de desarrollo, que vamos a hacer colegios por APP. Sigo pensando que una tienda escolar, con dos vigilantes que tiene un colegio, con un operador de la sala de sistemas, no se estructura financieramente la posibilidad de que se construya un colegio por APP. Es mi percepción, por lo tanto, vamos a tener que buscar una fuente de financiación diferente y estoy alertando desde hoy, para que en cuatro años no estemos diciendo que no fuimos capaces de hacer un colegio nuevo”.
Asimismo, el entonces concejal, Carlos Alberto Zuluaga Díaz, anotó: “Quiero decirle al doctor Luis Guillermo que ese tema de colegios con APP a mí particularmente tampoco me gusta. APP podrá funcionar para muchos temas, pero para colegios no”. Es decir, ya se las “olían” en el Concejo, porque, al ser una alianza que se proyecta con el Ministerio y distintos privados tiende a ser “incierta”, como lo afirmó el mismo exsecretario de educación: “Los proyectos de APP (...) todavía hoy precisamente por Hacienda Nacional y el MEN no se han estructurado porque no nos han presentado el modelo financiero y técnico de lo que se va a realizar, entonces con eso nosotros no contamos y no los quisimos presentar hoy porque son totalmente inciertos”.
Sin embargo, los dineros se aprobaron y la alianza se consolidó, pero los años pasaron y no se vio ninguna de las intervenciones proyectadas en las 13 instituciones, el proceso de licitación no surtió efecto, por lo que nada de los millones proyectados se pudieron ejecutar.
En respuesta a un derecho de petición enviado a la Contraloría de Medellín se tiene constancia de que dicho proyecto cumplió con el 0 % de efectividad. Asimismo, la entidad agregó que fueron, inclusive, más sedes educativas proyectadas:
La figura del detrimento patrimonial
Pasaron los años y estas trece instituciones quedaron prácticamente ‘amarradas’ para no poder ejecutar ningún recurso en sus instalaciones, ya fuera directamente con la Alcaldía o con los mismos rectores y los recursos de su institución, ¿Por qué?
En ese momento en que estaban vigentes las APP, no era posible, desde el punto de vista legal, que los rectores invirtieran en el mantenimiento de las plantas física de sus instituciones educativas: “En el momento en el que algún rector destinara un galón de pintura para cualquier tipo de estas infraestructuras se podría venir una investigación por estar invirtiendo en una planta física que se iba a demoler. En todo el tiempo que estuvieron vigentes las APP, los colegios que supuestamente se iban a beneficiar de ello no se les hicieron ningún trabajo”, afirmó el docente del Marco Fidel, Álvaro Lopera.
Pasó la pandemia y el deterioro de la I.E. Marco Fidel Suárez fue inminente, al iniciar las alianzas publico privadas a la institución le dieron una llave conmemorativa de inicio de obras, pero con esa misma llave, la Secretaría de Salud cerró la institución el 10 de septiembre de 2021, en el regreso paulatino de los estudiantes a las aulas de clase, lo que no duró diez o quince días, ya que las exigencias de la comunidad educativa hicieron volver a abrir algunos espacios del establecimiento educativo y en algunos casos se dieron clases en la zona de la cafetería.
Los padres de familia de la I.E. Marco Fidel Suárez, en el céntrico sector del Estadio han llegado a intervenir los espacios, preocupados por las condiciones en que sus hijos deben estudiar. Estos son aspectos de los mismos en marzo de 2023. Fotos: Alejandro Zapata Peña - Cortesía.
Un giro de 360 grados para las APP
En debates de 2021 ya se dimensionaban las consecuencias de la APP, muchos concejales y la exsecretaria de Educación, Alexandra Agudelo, pensaban en bajarse del paseo de la APP: “La deuda histórica, por las promesas con respecto a los colegios con las Alianzas Público Privadas (APP), que desafortunadamente no se han visto y la comunidad académica quedó engañada con esas promesas en años y periodos anteriores; así mismo, lo que tiene que ver con restaurantes escolares, con dotación, mobiliario e infraestructura”, comentó Nataly Vélez Lopera en la sesión plenaria del 22 de octubre de 2021.
“Estábamos en una situación en los que todos estábamos amarrados, entonces la Alcaldía de Medellín decía'esa plata no servía para ninguna intervención completa', el colegio decía, 'yo necesito esa plata porque esto cada día se cae más y el gobierno, según la Alcaldía nunca quiso desembolsar los recursos'. Todo estaba mal, teníamos una plata quieta, un colegio cayéndose y un gobierno nacional que no respondía”, sentenció Daniel Duque, concejal de Medellín.
Finalmente, la Alianza Público Privada se disolvió el 9 de junio de 2022, por lo que la Secretaría de Educación solicitó la terminación anticipada del convenio interadministrativo y el acta de terminación anticipada en la que se indica en el sexto punto que las vigencias futuras de la nación no fueron aprobadas para suplir el 70 % de la financiación del proyecto, mientras que a la Alcaldía le correspondía el 30 % restante.
En el acta de terminación del convenio, solicitado por Contexto en un derecho de petición a la Alcaldía de Medellín, se argumentó en el numeral 6 que: “No se logró la aprobación de las vigencias futuras de la nación al requerir una nueva estructuración con el cambio de modelo, además del escenario financiero territorial y nacional planteado en la presente justificación, además de no haber logrado la adjudicación del CONTRATO DE CONCESIÓN, que era el insumo primario para la ejecución y cumplimiento de obligaciones del convenio 1366 de 2017 y sin los cuales no es posible su ejecución”.
Contexto habló con el exsecretario de Educación, Luis Guillermo Patiño, quien expuso que el asunto de las asociaciones público privadas llegó más allá: “Al final los contratistas, que iban a desarrollar las obras y que habían hecho los contratos con el Gobierno, entre ellos algunos portugueses, no cumplieron, entonces muchas de esas obras en Colombia están en problemas y en veremos porque los contratistas no las desarrollaron, entonces el Ministerio aplicó sanciones y están en un proceso legal”.
Un horizonte que puede ser alentador
Es claro que el periodo de las alianzas público privadas lo único que hizo fue retrasar la inversión pública en los colegios de la ciudad por más de 5 años y dilatar aún más la deuda histórica en Medellín con los establecimientos educativos. Sin embargo, el 18 de agosto de 2022 el Concejo Municipal aprobó otro monto de vigencias futuras, esta vez para desembolsar un total de 319 mil millones de pesos para invertir entre 2023 y 2024, las trece instituciones de APP fueron priorizadas y a inicios del mes de marzo de 2023 iniciaron algunas obras en varios establecimientos educativos.
Con dichas vigencias futuras se espera aminorar la brecha histórica que ha tenido la administración con varios colegios de la ciudad. ¿Será suficiente? ¿Volverán a pasar las promesas de inversión para los colegios? ¿Se solucionarán las grandes e innumerables falencias a nivel de infraestructura en la ciudad?
En la próxima entrega conozca el plan de inversión de la actual administración y qué pasó con los recursos.
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*Investigación realizada desde el Semillero de Periodismo Urbano de la Facultad de Comunicación Social - Periodismo de la UPB. Asesoría editorial: Juan Esteban Mejía Upegui.
Un recuento que supera el silencio y el tiempo, por recuerdos que revelan con qué trata una familia cuando una persona se debate en medio de las adicciones.
Laura Restrepo Rodríguez / laura.restreporo@upb.edu.co
Oriente
Oriente
Oriente
Oriente
Oriente
Yo me voy a morir (Oriente)
Caramba
Me voy a matar (Oriente).
En los pocos momentos en que Jorge se encontraba en su casa, escuchaba salsa, en especial Oriente, de Henry Fiol. No perdía oportunidad de poner a sonar la canción en su grabadora.
Fruco, así lo llamaban sus amigos, no por el grupo de salsa sino por su gran parecido al mono de las salsas Fruco que salía en los comerciales de televisión de la época. Era 1980 cuando Jorge comenzó su adicción, tenía 16 años y estudiaba en el colegio Salazar y Herrera. “Era muy extrovertido, muy ágil e inteligente para que va a hablar uno. Era muy hábil para decir mentiras, para coger las cositas ajenas”, cuenta Mauricio, uno de los 13 hermanos Rodríguez Agudelo, quienes llegaron a Medellín en 1964 desde el Nordeste antioqueño, en busca de mejores oportunidades.
Luz María Agudelo y Dagoberto Rodríguez se casaron el 12 de abril de 1953 en el municipio de Segovia. Ese mismo año nació la primera de los 14 hijos que tuvieron. De los ocho mujeres y seis hombres, diez nacieron en el municipio minero de Antioquia y los cuatro restantes en Medellín. Jorge fue el último en nacer en aquel contexto rural, quien luego tendría que adaptarse a la transición de una vida en la urbe y a ello agregarle una madre que tuvo que encargarse de las actividades de crianza y cuidado sin ningún apoyo.
Llegaron a la calle 82, luego a la calle El Palo y finalmente se instalaron en el barrio Cristóbal, ubicado en la zona centro occidente de la ciudad. Los hijos mayores se encontraban trabajando para ese momento, era 1980 y Jorge comenzó a relacionarse con gente vinculada al expendido y consumo de drogas. “Empezó con los amigos allá en La América, una galladita de amigos muy viciosos y él se empezó a amañar ahí y en el colegio”, cuenta su hermano, con quien por edad compartía amigos, en especial los Córdoba, a quienes muchos conocían como los jíbaros del lugar y con quienes Fruco comenzó a estrechar sus vínculos.
A sus 16 años comenzó a consumir marihuana, sus hermanos comenzaron a notarlo porque llegaba con los ojos rojos. Se dejó crecer el pelo por un tiempo y empezó a usar camisas leñadoras, “ya uno sabia cuando estaba trabado”, dice Mauricio. Luego vino el vicio del bazuco que combinaba con marihuana y, a partir de ahí, Jorge empezó a amanecer en la calle y su familia el sufrimiento de convivir con un adicto. Su hermano cuenta que “después le empezó a gustar la cocaína y en las facciones de la cara se notaba, la bazuca adelgaza, empezó a coger físico de drogadicto”. Ya no era uno sino tres tipos de sustancias las que consumía.
Transformaciones profundas
Según el psiquiatra Álvaro Cárdenas, “los pacientes que utilizan estimulantes como la cocaína tienen mucho riesgo compulsivo, de arritmias cardiacas, hay un empobrecimiento tisular generalizado, se enflaquecen, la piel pierde brillo, lozanía. El aspecto del cocainómano con el tiempo se va notando, una persona deteriorada físicamente”, lo anterior habla de los daños aparentes, en la parte mental hay un deterioro más profundo. Al consumir este tipo de sustancias el área tegmental ventral del hipocampo se ve alterada, esta zona es donde el cerebro regula la recompensa y el placer. “Cuando un muchacho empieza a usar sustancias que generan placer, se corre el riesgo de que en la estimulación de ese placer se genere aprendizaje, eso es un complique, esos muchachos cuando quieren dejar de consumir les resulta muy difícil porque hay un área muy primitiva que está sobre estimulada, que está pidiendo el estímulo y donde la voluntad está muy nueva”, explica Cárdenas.
La capacidad de decisión para esas personas se queda corta, el cerebro relaciona el consumo con mayor producción de dopamina, lo que genera un efecto placentero y, al no recibir esas dosis, la ansiedad con la que responde el cuerpo es muy fuerte. Así lo menciona el doctor Cárdenas “Estos muchachos se vuelven muy ansiosos entonces acuden a benzodiacepinas, alcohol. Ellos descubren que la ansiedad se baja con depresores, entonces acaban con poli adicciones”.
Cuando el consumo de sustancias como el bazuco se hizo más habitual, Jorge ya no era tan bienvenido en su casa, las normas cambiaron y los horarios para ingresar se volvieron más restrictivos. Debian ir a buscarlo a un sitio llamado El Avión, una tienda en la calle 40 del barrio Cristóbal. “Ahí empezó a relacionarse con todos los amigos que en esa época eran de marihuana y de bazuca, esa era la droga de moda en ese tiempo”, dice Mauricio sobre lo que pasaba entre los años 80 y 90.
Según el proyecto sobre sustancias psicoactivas Échele cabeza, el bazuco está compuesto de alcaloides de la hoja de coca, procesados en la pasta base de la cocaína y es adulterado con sustancias como la cafeína, anfetaminas, la acetona, la gasolina roja, insecticidas o el Levamisol, que es usado en el mercado como desparasitante de animales. Julián Quintero, codirector de la Corporación Acción Técnica Social, dedicada a la investigación y regulación de mercados de sustancias ilegales habla en el podcast Dosis de los tipos de consumo que pueden clasificarse en problemático, recreativo o adictivo y hace énfasis en el tipo de cocaína que se consume en Colombia, la cual en un 90% es pura y en un 10% es contaminada. Esto, aparte de ser una problemática social que parece lejana, se convirtió en la realidad cercana de los Rodríguez Agudelo.
Fruco para los amigos y Jorge para la familia, nunca pudo tener una larga temporada sin consumo, pero cuando llegaban esos momentos de lucidez era trabajador y de muy buen gusto, disfrutaba de la buena comida y siempre quería verse bien. Su hermana Marina lo recuerda en los pocos momentos que interactuaban: “Hay veces que hacía de comer, hacía lo que le provocaba, el a mí me pedía mucho que le hiciera la torta casera y yo le decía: ‘Jorge ya venden la torta casera’ y él me decía: ‘No, no, no eso no es lo mismo, yo le traigo los ingredientes’. Llegaba a veces y me decía: ‘Mona, aquí le traje o hice esto y le traje’. Él era de muy buen comer y le gustaban las comidas buenas, de muy buen paladar.”
A veces Jorge también llegaba apurado. Cuenta Marina que decía: “ ‘Bueno mamá, despáchame rápido que me están esperando’, pero era pura manipulación, era para que le sirvieran de primero y apenas veía uno, estaba haciendo la siesta para después irse a trabajar.” Dice la hermana que siempre había sido hábil y evasivo, en las ocasiones que se le preguntaba por qué consumía la respuesta era un “porque se me da la gana” cada vez más violento.
Los cambios en el semblante de Jorge ya se aprecian en esta imagen de una celebración con la familia que persistía en su intento de mantenerlo cerca y sobrio. Foto: Cortesía.
Complicaciones
Los primeros cinco años de los veinte que duró la adicción de Jorge no habían sido muy problemáticos, cuando cumplió los 21 ya había una poli adicción, el bazuco y la cocaína se agregaron a las sustancias que consumía diariamente, sin dejar de lado la marihuana que funcionaba como un depresor. Los 15 años restantes se vieron rodeados de violencia, no se podían dejar cosas en la casa porque su destino final sería una prendería.
“El sufrimiento de mi mamá de estar pendiente de él, de que llegaba tarde o no llegaba o se subía por los techos, eso es lo que dañó el ambiente familiar”, Marina lo cuenta mientras le cuesta recordar. Como una de las mayores, cuidaba de los más pequeños y debía trabajar para sustentar sus propias necesidades. “Él se perdía hasta sus ocho días, no ha llegado, era esa zozobra en la casa. Cuando aparecía, tocaba el timbre y uno se asomaba al balcón, yo le decía: ‘Ay, Jorge no te puedo dejar entrar’ y él me decía: ‘Ay, déjeme que yo me manejo bien’y uno se entraba destrozado sabiendo que no lo podía recibir, porque ya había orden, mi mamá decía no hay que abrirle la puerta a ver si de pronto cambia o alguna cosa”.
Muchas de las otras medidas que la madre tuvo que tomar consistieron en sacarle la comida a la puerta, lo que también representó muchas discusiones. Algunos en la familia apoyaban que entrara para que no pasara la noche en la calle o siguiera consumiendo, otros decían que había que ponerle mano dura y no era justo que entrara en esas condiciones; la comida no rendía con el apetito que a Jorge le abrían las drogas y había que esconderla para hacerla rendir. Las discusiones llegaron hasta las agresiones físicas entre los hermanos.
Según la psicóloga de familia Gloria Pérez, “tener un miembro adicto generalmente genera resquebrajamiento de las familias, decisiones, inculpaciones y evasión de esa problemática por la frustración que genera, aunque en muchos casos es una realidad dura que une a los miembros”. En este caso fue todo lo contrario, se empezaron a hacer más evidentes las divisiones, no había respeto por la autoridad y Jorge había desarrollado una adicción severa. La doctora Pérez añade que incluso las familias pueden convertirse en codependientes, pues los adictos muchas veces son chivos expiatorios de patologías relacionales del grupo.
Marta, otra de las hermanas, coincide: “Yo creo que es más que todo la intolerancia familiar, lo más enfermo son las mismas familias. Él a veces quería quedarse aquí. Yo una vez le regalé un televisor para que se quedara más en la casa y la mamá decía que no, que él no se iba a quedar todo el día ahí, que se fuera y se lo quitaron” y explica: “Creo que como fuimos una familia numerosa, era más difícil que todos estuvieran de acuerdo. Incluso muchos le atribuyen su mayor recaída a una ruptura amorosa con una novia, que al ver que estaba metido en ese mundo decidió alejarlo de su vida y el final de esa relación representó posiblemente una necesidad de huir por parte de él.
Para Margarita Moreno, trabajadora social y docente del grupo investigativo de Familia en la Universidad Pontificia Bolivariana, ese tipo de dinámicas familiares representan el modelo tradicional de crianza donde hay una desvinculación del hombre en las tareas de cuidado: “Uno encuentra distintos tipos de crianza que varían de acuerdo con esa participación del hombre. En las familias tradicionales sí hay un ejercicio del poder del hombre hacia la mujer. Muchas veces ella es ama de casa, ejerce ese trabajo de cuidado, pero no lo nombran cuidado. Eso es un trabajo y económicamente aporta mucho.”
Los Rodríguez Agudelo, hacen parte las familias numerosas de las décadas del 60 o 70, época en la que la transición demográfica estaba en un 5.6%, es decir que en promedio se tenían cinco hijos por familia, a pesar de que para su caso hubo un excedente de nueve personas. Los 14 hijos estaban a cargo de una sola persona, su madre, lo que implicaba una sobrecarga en las tareas domésticas y del cuidado. Luz María asumía esto además del rol de autoridad mientras su esposo trabajaba distribuyendo refrescos por las carreteras del nordeste de Antioquia.
Según la profesora Margarita Moreno, también está la sacralización de la maternidad, que tiene que ver con el mito mariano o el de la Sagrada Familia, en el que se entroniza el papel de la madre, pero en la práctica hay subordinación. En este contexto, sumar la variable demográfica de una familia extensa genera más condicionamientos, por las circunstancias económicas, la accesibilidad a la educación, la necesidad de conseguir un trabajo para mejorar las oportunidades y los factores que establecieron la decisión de migrar de un pueblo a una ciudad, con las complicaciones del contexto urbano que fue el que tocó a Jorge.
Margarita Moreno menciona que “la adicción lleva a un punto límite donde detrás va la persona y detrás va la familia, entonces se deteriora la salud mental, con la paz, con el ambiente”. El éxito en las dinámicas de una familia depende más de la manera en que se afrontan retos como las ausencias.
Tocar fondo y luego…
Hubo varias ocasiones en las que Jorge tocó fondo, aunque para él realmente nunca hubo un límite, pues parecía llegar más lejos. Marta cuenta que: “Una vez robó un arma y lo metieron a la cárcel. Llegó todo juicioso pero ya había un prejuicio, él llegó con ganas de mejorar, pero no encontró ese apoyo”. Durante la adicción hubo muchos periodos donde permaneció internado, estuvo en tres centros de rehabilitación y más veces de las que pueden contarse con los dedos de una mano, estuvo recluido.
Lina, otra de las hermanas, trata de recordar la ocasión en que tuvo que ayudarlo a salir de la cárcel Bellavista por el robo del arma. Para la época se encontraba cursando el cuarto año de derecho: “Era la primera vez que iba a una cárcel de esa magnitud, ya después llegar al patio de él y verlo tras las rejas con todas esas personas para mí no fue fácil, darle la mano, saludarlo. Sin embargo, yo a él lo vi relativamente tranquilo. Él me dijo que quería salir ligero, entonces hablamos de la audiencia que íbamos a tener en la Fiscalía”.
El prontuario criminal no reuslta la huella más difícil de borrar, según cuenta Lina: “Yo hice parte y me siento víctima de esa adicción, en el sentido de la violencia que se vivió, de esos miedos que se despertaron en mi tan tenaces y con los cuales todavía batallo”. Para Lina, su hermano marcó un antes y un después en la historia de su familia, algunas medidas que se implementaron hace 35 años siguen vigentes: las puertas de la casa se mantienen cerradas porque la familia no olvida la angustia que les producía la llegada de Jorge a tocar la puerta y el timbre en la madrugada, luego de sus noches de excesos. Se cansaron y la confianza se acabó.
“Mi mamá le sacaba la comida tipo seis de la tarde porque no se dejaba entrar por días”, recuerda Lina y explica: “Para una mujer que viene de un pueblo, adaptarse a la ciudad le quedó muy difícil con todas esas necesidades que teníamos los hijos a nivel afectivo y emocional, porque era una carga demasiado alta para ella”. En 2001 murió Dagoberto Rodríguez, el padre. Le dijo a Jorge en su última conversación que, si no cambiaba y se comportaba bien con la mamá, él se lo llevaba. 18 meses después esa última palabra tuvo efectos.
El último contacto con Jorge solo lo tuvieron algunos de sus hermanos, cerca a un almacén de cadena en la plaza de La América. Envió un angelito de regalo para una de sus sobrinas y por eso para sus hermanos Jorge fue un ser noble que no encontró un mejor reemplazo para la ausencia que las drogas.
Ese dos de agosto Jorge estuvo en un concierto de salsa en Envigado y luego se encontró en La América con Mauricio: “Yo hasta estuve con él por ahí hasta las cuatro o tres de la mañana, ya en un tiro yo le dije: ‘Vámonos’ y él me dijo: ‘No, yo quiero ver amanecer’”.
Al levantarse al mediodía siguiente, Mauricio supo por su mamá que Jorge no había ido a la casa. “Cuando me dio por subir a La América y me dicen: ‘¿Cómo siguió Fruco?’ Y yo: ‘¿De qué?’ Y me dijeron: ‘A Fruco lo apuñalaron anoche’ ”. La búsqueda llegó hasta la Unidad Intermedia de San Javier donde le dijeron que ese muchacho ya había fallecido y de ahí fue remitido al anfiteatro. “Cuando llegué me mostraron la foto y lo reconocí, también me mostraron el cuerpo”, cuenta Mauricio que tuvo que acompañar la reacción de dolor de su madre.
Paradójicamente, fue con la madre de unos jóvenes del mundo de las drogas que Fruco había tenido un altercado durante su última mañana. El asesinato con el que se quiso ajustar cuentas fue el inicio de una nueva etapa para que la familia procesara todo lo vivido al hacer un voto que bien retrata Rubén Blades en Amor y control: “y por más drogas que uses, y por más que nos abuses, la familia y yo tenemos que atenderte”.
Que por error fuera otro el cuerpo que llegó a la sala de velación cuando toda la familia esperaba los restos de Jorge, fue para algunos de sus hermanos el retrato póstumo de un ser que nunca se sintió identificado. Dicen que por eso amaba escuchar Oriente, porque se sentía como un pájaro perdido en el mundo.