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  • El cuidador de la Corona de Córdova

     

    En una bolsa de manila llegó al custodio de Álvaro Arteaga una guirnalda elaborada en 18 quilates de oro. Era la corona de José María Córdova. Empoderado por el alcalde Hugo Castaño, Arteaga depositó la pieza en la caja fuerte del Museo de Arte Religioso, donde la exhibió durante más de veinte años.

     

    Juan José Ríos Arbeláez / juan.riosa@upb.edu.co

     

    Se dice que la suntuosidad de la corona movió a que Bolívar a regalarla a Sucre, quien a su vez declinó recibirla y la entregó a Córdova como verdadero merecedor del reconocimiento. Foto: Wikimedia Commons.

     

    En la nave central de la Concatedral de San Nicolás el Magno de Rionegro se siente fresco, casi frío cuando penetran unas ráfagas de viento desde la plazoleta. Las ventanas son altas y dejan que se cuele una diáfana luz teñida de azul gaseoso. Afuera, el parque arde, lo delata Córdova requemado sobre su caballo de lanceros, inmortalizado por Rodrigo Arenas Betancourt desde mediados de los sesenta.

     

    Por la nave derecha del recinto reverbera el eco de las pisadas, aminoradas por las contadas plegarías de nueve o diez creyentes que se tomaron las bancas. Bajo los nichos de santos, cerca de la tumba del dictador Juan del Corral, se abre una puerta que adivina a un hombre menudo, de escasos cabellos plateados recogidos en coleta. Es Álvaro Arteaga, historiador del municipio desde hace más de cincuenta años, encargado del Museo de Arte Religioso de Rionegro.

     

    Tras el arco del retablo espera otro aire, de historia condensada en el olvido, polvoriento a la luz, olor a guardado. Al costado derecho, en el primer rincón de la sala, contra la pared y sobre una mesa coja de madera las primeras alhajas de metal, dispuestas en oxidación. En esta sala, el suelo abandonó el semblante de baldosa curtida de gris para convertirse en baldosín granate, casi impecable si se compara con el de la catedral.

     

    -¿Espera más personas?, le pregunté, pensando en posibles interrupciones.

    -Casi nadie viene – respondió, negando con la cabeza, como restándole importancia a la cosa. – Si mucho, tres o cuatro personas por día, la semana pasada vinieron tres.

     

    El Museo de Arte Religioso de Rionegro es uno de los más ricos en su género en Colombia. La colección comprende pinturas y esculturas, en mayor cantidad de la escuela Quiteña; orfebrería, ornamentos, retratos, libros, instrumentos, un solideo usado por un papa, los báculos de los cinco obispos nacidos en Rionegro, ofrendas del siglo XVIII, capas tejidas con hilos de oro y cuantas coronas de vírgenes pudo comprar la opulencia cristiana hace más de dos siglos.

     

    Entran tres mujeres. Álvaro sale a atenderlas al instante. Las invita a la primera sala, les indica el recorrido por el segundo piso y vuelve sonrojado y con una risa de lado a lado. “Ya se libró la semana”, dice con una carcajada. Al principio parecía que se le ahogaba la voz, pero luego entonaba fuerte, con un seseo inconfundible de paisa de pueblo. Luego lanzaba una sarta de palabras y se emocionaba hablando de historia, condenando bandidos y bajando a Bolívar de su “pedestal”.

     

    Llegan cinco jóvenes con el uniforme del Colegio Las Cuchillas de San José, lo saludan eufóricos, se ríen y charlan, luego se sientan en el piso mientras él los instruye. Cuando Álvaro regresa le pregunto:

    -¿Quiénes son los muchachos?

    -Los estudiantes de Las Cuchillas que vienen a prestar el servicio social. La alfabetización que llamaban.

    -¿Y qué los pones a hacer?, le pregunté.

    Me hizo una mueca en el aire, de desconcierto.

    -Pues ahí los ponemos a limpiar, a que organicen, a que cuiden mientras entran las personas porque uno nunca sabe. A que escuchen también, a ver si de pronto se les queda algo de tanto escuchar lo mismo.

    -También aprenden, ¿no?, le dije. Afirmando más que preguntando y se burló con una carcajada sorda.

    -Eso no aprenden nada, a los jóvenes como ustedes no les interesa eso.

     

    Antes que nada, Álvaro no se considera historiador porque como tal no lo es, nunca estuvo en la academia ni se acogió a metodologías ni generó constantes productos académicos o dirigió investigaciones. En Colombia, la profesionalización de la disciplina histórica se dio en la década del sesenta y los limitados programas académicos hasta 1990 hicieron que la mayoría de aspirantes a la profesión migraran a diferentes países donde se establecieron.

     

    Arteaga se acercó a la historia por un motivo muy simple: “En los sesentas un niño no tenía nada que hacer en Rionegro, terminé de acólito”, cuenta Álvaro, con las manos en los bolsillos de una chaqueta caqui, luego va a resolver dudas a las tres visitantes, que se contoneaban viendo las joyas artesanas y la explicación bañada de sátira que les daba el guía.

     

    “En esa época el cura era Samuel Álvarez y era el putas. Se metía al consejo, mandaba todo lo que usted quiera, la máxima autoridad. Entonces metido acá, de acólito, atrás me fueron gustando todos esos monumentos, esos muñecos, todo lo que había, aunque esto era muy diferente pues… Yo me mantenía aquí y un día, cuando comenzó Coltejer, unos sacristanes que acá se ganaba una miseria se fueron para allá. Entonces, no había quien trabajara aquí en el museo y como a mí me gustaba todo lo religioso yo quería quedarme”, cuenta Álvaro, y sigue: “Entonces acá arriba, en una de las que hoy son salas de exhibición, dormía uno de esos sacristanes y yo le dije que yo me quedaba acá y que dormía ahí, pero él me dijo: es que su papá es muy bravo, su papá no lo deja. Mi papá era liberal de esos de extremo, anticlericales… pero me dejó venir al fin y al cabo, y ahí cogí el museo. Hace cincuenta y tres años”.

     

    Casi todos estudiantes de Las Cuchillas de San José siguen tirados en el piso con los bolsos puestos. Están vestidos de sudadera impermeable color verde y una camiseta blanca. Dos de ellos pasan los trapos con acidia sobre los marcos de exhibición, como si estuvieran sacudiendo mugre. El custodio Arteaga se dispone a mostrarnos las únicas dos piezas del museo que se podrían considerar obras de arte, en palabras del guía. Un cuadro del pintor ecuatoriano Víctor Mideros, elaborado utilizando únicamente las yemas de sus dedos. Y un cristo tallado en marfil, hecho por un autor anónimo.

     

    Imagen de los actos de traslado de las joyas a su actual sitio de exhibición.

    Foto: Pa’ que vea Oriente. Vea la galería completa AQUÍ.

     

    La Corona de Córdova

    El nueve de septiembre de 1799 nació en una vereda de Rionegro José María Córdova; en el mismo lugar donde está establecido el municipio de Concepción en la actualidad. Está transformación ha generado diferentes disputas a lo largo de los años entre los historiadores de los municipios por el lugar natal del libertador. A los siete años, la familia de Córdova migra a San Vicente y posteriormente se asientan en Santiago de Arma Rionegro, donde El héroe de Ayacucho pasa el resto de su niñez y juventud antes de partir a la campaña libertadora.

     

    Desde los dieciséis años Córdova participó en las batallas más decisivas de la independencia: la de rio Palo en 1815, la de Cuchilla de Tambo en 1816, la de Apure en 1819, la de Chorros Blancos en 1820 (vital para imponerse en Boyacá). Posteriormente, el 9 de diciembre de 1924 se proclama como el héroe de Ayacucho en una de las más grandes batallas de la historia, acorralando al Virreinato español en Perú.

     

    Arteaga se emociona hablando de Córdova, la explicación es casi dramatúrgica, “el verdadero libertador de Antioquia”, enorgullecido, levantando los brazos. Se presume que la de Ayacucho, era una batalla perdida desde el planteamiento: los españoles estaban en la parte alta de la cordillera y los independentistas miraban desde abajo, en la planicie. Pero Córdova se anuncia diciendo: “armas a discreción, paso de vencedores”, el Custodio afirma con toda certeza que se trata de la primera vez que se dice esta frase en una batalla y espera que le crea, y embiste con éxito a las tropas del Virrey obligando a los realistas a capitular.

     

    Sucre confesó como consecuencia de la batalla 370 muertos y 609 heridos. Mientras que el Ejército Realista estimó 1800 muertes y 700 heridos. Dice Arteaga que al finalizar la batalla, el Comandante Sucre se quita las charreteras (que son los bordados que llevan los militares en los hombros de sus chaquetas), se las pone a Córdova y lo nombra General de División.

     

    Un año más tarde, cuando Bolívar entra a La Paz, es proclamado como libertador y lo coronan con una guirnalda elaborada en 18 quilates de oro y más de doscientos diamantes. Está compuesta por dos hojas entrelazadas, una de laurel y la otra de palma. Símbolos de la cultura griega y de la cultura judía, debido al fanatismo religioso que abundaba en Bolivia.

     

    La coronación concluyó con largas fiestas. En medio de la noche, Bolívar quiso reconocer la labor de Sucre y le otorgó la corona. Este la rechazó y respondió diciendo que quien la merecía realmente era Córdova, pues había sido el héroe de la batalla clave. Cuenta la leyenda, porque ninguno se anima a asegurar, que entre Sucre y Bolívar coronaron a Córdova en medio de esa noche de fiesta. Un mes después, en Septiembre de 1825, José María le regala la corona a la Ciudad de Santiago de Arma Rionegro, por medio de una carta en la que nombra al municipio como su tierra natal.

     

    Durante 58 años la diadema se pasó entre las manos de las familias prestantes y celebres del municipio, hasta la fundación del Banco Oriente en 1883. El banco se comprometió al cuidado y exposición del tesoro histórico dedicado a la ciudad. A partir de 1964, el Banco de Oriente pasó a tener numerosas transformaciones que terminaron derivando en su compra por parte del Banco Santander, quien seguía cuidando la corona en 1999.

     

    Un día, Arteaga entraba y salía de la catedral del parque cuando se encontró con una fila de camiones que estaban siendo cargados de cajas por trabajadores del banco. Cuando fue a preguntar si habían cerrado el banco, le respondieron que iban a terminar con el museo. En ese entonces, Álvaro ya llevaba más de veinticinco años metido en el museo, no había muchas más personas interesadas por la historia en el pueblo. Se metió a lo oficina del gerente del banco.

     

    -Señor, disculpe, ¿por qué se acabó del museo?

    -¿Y quién es usted?

    -Yo soy Álvaro Arteaga, el que maneja allí el Museo de Arte Religioso.

    -Vea, muy fácil. Yo tengo orden desde gerencia nacional de enviar todas estas cosas a Bogotá. No sé qué harán con eso. Tenga la bondad y retírese.

     

    Álvaro, que toda la vida había sido gomoso con la historia, salió corriendo para la Alcaldía donde Hugo Castaño. Entró rápido, sin cita, como a la oficina de un amigo. Porque era un amigo.

     

    -Hugo, se están llevando el museo del Banco de Oriente.

    -¿CÓMO ASÍ?, saltó el ex alcalde y se paró de la silla.

     

    Después, Arteaga pasó a notificar en la Personería y luego en Procuraduría – Explica dónde quedaban las dos en esa época. – Hicieron un reclamo para identificar cuáles de las piezas eran propiedad del pueblo de Rionegro, entre las que figuraba la corona, un retrato de José María pintado sobre marfil, un relicario que tenía Fanny Henderson; novia de Córdova, y otras piezas. Se realizó un acta de entrega, firmada por los funcionarios públicos. Desde ese momento, Álvaro Arteaga pasó a ser el custodio de la corona, pensando el Museo de Arte Religioso como lugar propicio para su cuidado.

     

    Los estudiantes de Las Cuchillas de San José siguen impertérritos, aunque a veces sueltan lentas carcajadas. “Ya, vea la hora, acabamos”, dice uno, señalando la muñeca sin reloj. Álvaro se ríe, los ignora. Las tres visitantes terminan el recorrido y se despiden. El guía les ofrece cartoncitos con fotos de la Corona de Córdova y las invita a ir al MAR, donde ahora se exhibe la corona, bajo la plazoleta principal. Les explica que tenía tantos cartoncitos desde que la tenía como custodio que todavía no se le han terminado, entonces que no ve de otra que seguir entregándolos.

     

    En noviembre de 2017, la alcaldía de Andrés Julián Rendón presentó al nuevo parque de Rionegro, bautizado como la Plaza de la Libertad. Tras dos años de remodelación, se entregó un espacio público con zona verde, comercial y de descanso; rodeado por más de 60 árboles. La inversión fue cercana a los 22.000 millones de pesos y en el 2018 se estrenó el Museo de Arte de Rionegro (MAR), donde la administración pretendía exhibir los objetos históricos del municipio.

     

    La última carta que envió la alcaldía, en ese entonces, era una amenaza al Obispo y al encargado del Museo de Arte Religioso con demandarlos penalmente si no entregaban la corona junto con otras 32 piezas. “El obispo llamó, hubo reunión del sanedrín a nivel diocesano y finalmente me dijeron que tenía que entregar la corona, porque ellos no se planteaban entrar en una disputa legal”, explica calmado Arteaga, y luego se altera como si estuviera en la sala donde discutió hace tres años: “¿Pero es que quién de ustedes recibió algo?, ¿cuál de ustedes firmó algún acta?, fui yo quien recibió todo eso”.

     

    A finales de diciembre de 2019, el destino de la corona fue devuelto al municipio, mismo al que Córdova había regalado siglos atrás. Arteaga batalló hasta el final, reunió 6 300 firmas para evitar que trasladaran el tesoro histórico, pero la carta escrita por José María era irrefutable, la corona era del pueblo (más bien del alcalde de turno). El custodio argumentaba que el Museo de Arte Religioso había hecho de buena manera la tarea de exhibir y cuidar las piezas, además del evidente abandono que tuvo el municipio con la corona durante más de veinte años.

     

    -¿Por qué les dio el despertar por la corona después de tanto tiempo?

    -El ego de ese tipo, ¿qué más va a ser?, responde moviendo las manos, mostrándome la obviedad de la pregunta y luego complementa:

    -Pero él quería… él quería llevar a Álvaro Uribe allá, para que visitara su museo y ahí lo tiene. ¿Ya lo vio?

    -Sí, ya estuve. Está la corona. ¿Y las otras 32 piezas?

    -Ahí tiene papito, -responde con ironía.- Están guardadas. Que para la casa de la convención, que le están escribiendo el guion desde hace cuatro años y vea que nada.

     

    Los estudiantes de Las Cuchillas de San José comienzan a marcharse lentamente, Álvaro les dice que salgan de a dos y que no interrumpan la eucaristía que acaba de comenzar. Antes les había dicho que mañana les firmaba las horas de trabajo de hoy. No hicieron nada en toda la tarde. Tal vez, el cuidador tenía razón cuando dijo que a los jóvenes no nos interesaba nada de eso. Aunque no podría culparlos, la cátedra de Historia dejó de ser una materia autónoma en 1984 y en 1994 desapareció del plan de estudios de formación básica educativa en el estado social de Colombia.

     

    No fue sino hasta el 20 de enero de 2020 que se implementó la ley 1874 de 2017, en la que se establece que Historia de Colombia debe ser obligatoria en todos los colegios del país. ¡La historia de la nación!, veinticinco años fuera del aula de clases. Me volteo y le pregunto a Álvaro por el pasado. Cierra los ojos y responde, sereno, pero con pasión: “Si no sabemos la historia perdemos nuestra identidad, y si perdemos la identidad… es tierra de nadie”.

     

     

  • Un aniversario al murmullo del río

     

    Por Camilo Pérez Montoya / camilo.perezm@upb.edu.co

     

    En el marco de la celebración de sus 40 años, la Filarmónica de Medellín inició una serie de Serenatas por los lugares más emblemáticos de la ciudad en búsqueda de compartir con la ciudadanía la alegría por su trayectoria. La segunda de sus serenatas fue una carta de amor al río.

     

    El día empezó con los trompetazos de la 20th Century Fox. El quinteto de metales y la batería de la Filarmónica de Medellín anunciaba a la ciudad su cuadragésimo aniversario y se disponía a cantarle a su villa y a la espina dorsal que le dio vida a esta: era una Serenata al Río porque “al río también hay que agradecerle”, diría más tarde Gonzalo Ospina, concertino de la agrupación. Desde el puente peatonal de la estación Ayurá, inició la serie de tres conciertos con las bandas sonoras más reconocidas del cine con las que la Filarmónica quiso celebrar su cumpleaños.

     

    Frente a la planta de tratamiento de aguas de Ayurá, la Filarmónica inició su recorrido por el río. Foto: Camilo Pérez.

     

    Mientras la trompeta de Frank Londoño marcaba las primeras notas del tema de La pantera rosa, la gente se empezaba a reunir curiosa y con sonrisas entre la nostalgia y el asombro alrededor de los seis músicos que tocaban bajo la imagen de La niña María, del artista Humberto Pérez, que se pintó en los años 90 buscando proteger al metro de los atentados con bombas que acechaban la ciudad.

     

    En esa sonata para balas y esquirlas que fue Medellín desde principios de los 80, en un garaje del barrio Belén, nació la Filarmónica con 42 músicos bajo la batuta de Alberto Correa, médico de la Universidad de Antioquia y fundador de la orquesta. Desde entonces, entre Beethoven y Wagner, John Williams y Ennio Morricone; los metales, maderas y cuerdas han resonado entre los recovecos de las montañas de la ciudad. “Es muy importante mantener estas orquestas y estos eventos culturales porque son los que le dan conciencia a la sociedad. Lo vivimos en los confinamientos cuando estuvimos encerrados y la gente se aferró al arte. Son espacios vitales para las sociedades”, diría Londoño luego de que las dos trompetas, el corno, el trombón, la tuba y la batería terminaran el primer concierto con las notas de la Star Wars de George Lucas.

     

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    Serenatas es un espacio que la Filarmónica pensó para celebrar en puntos específicos de la ciudad el acontecer de sus 40 años en los que los ha acompañado la ciudadanía. Sacar los conciertos de los teatros y acercarlos a la gente es uno de los propósitos principales de la orquesta con estos espacios. “Uno de los espacios esenciales para ser transformación en nuestra ciudad, es llegar al Centro, a las iglesias, al Museo de Antioquia, a cada una de las calles que son puntos de partida de Medellín, este año cumplimos 40 años y le llevaremos serenatas a los lugares que nos han abrazado y han sido hogar”, reza su página web.

     

    El puente de Guayaquil fue el segundo en ser construido en la ciudad, fue uno de los espacios de celebración de la Sinfónica. Foto Camilo Pérez.

     

    El puente de Guayaquil fue el segundo en ser construido en la ciudad. Siguiendo la búsqueda del río hacia el Norte, la siguiente parada fue el puente de Guayaquil. En 1876, cuando solo había dos puentes en la ciudad, Guayaquil se erigió símbolo del esfuerzo de la población por llegar al oriente del Valle, la Otrabanda, y hacer prosperar la que sería la capital industrial del país. Sobre esas mismas piedras, el ensamble de cuerdas de la Filarmónica preparaba otras tres piezas para convocar a los deportistas que pasaban por la ciclorruta, fanáticos de la música clásica y curiosos que se acercaban al lugar.

     

    Rodolfo Ríos, guía turístico profesional y miembro de Asoguían, fue el encargado del preámbulo del concierto. En su discurso como en el de Ospina, el concertino que interpretaría el solo de la primera pieza, se denota la nostalgia por lo que fue el río, por la vida que le robaron las dos avenidas que lo flanquean y la contaminación que le imprime el brillo café sobre el que se reflejaba el sol del Valle de Aburrá. La lista de Schindler de Williams, Il Postino de Bacalov y Cinema Paradiso de Morricone fueron las bandas sonoras escogidas que sonaban por encima del suave murmullo del río, la fluidez eléctrica del metro y el estruendo metálico de los carros en la avenida Regional.

     

    “Qué más importante en Medellín que el río. Es la conexión y la desconexión de la ciudad”, decía Vania Abello, subdirectora de Programación de la Filarmónica. Resalta que, en estos 40 años, la Filarmónica le ha dejado a la ciudad “mucha cultura, música y transformación. La orquesta no solo toca música, sino que tiene otros proyectos que le apuntan a lo social y eso ha ayudado a construir una ciudad donde podamos todos ser un poquito mejores desde nuestro compartir en el arte”. Y en sentido contrario, Abello afirma que la Filarmónica le debe todo a la ciudad, y concluye que: “Es increíble que, en una ciudad como Medellín, con las problemáticas que tuvo en el momento en que la orquesta se fundó, haya permitido que esta siga viva y construyendo a través de la cultura”.

     

    Como el pequeño teatro de la película Cinema Paradiso, que sobrevivió a los vaivenes de la Segunda Guerra Mundial en Italia, la orquesta se siente a sí misma como un obelisco vivo a la resistencia de la ciudad y a los procesos artísticos transformadores que hicieron de esta una Medellín más en paz.

     

    Escucha una experiencia inmersiva de la Serenata al Río de la Filarmónica de Medellín

     

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    En Parques del Río se reunió toda la orquesta para el acto final de su conmemoración al río Medellín. Todos los instrumentos afinaron al son de las primeras notas de El preso de Fruko y sus Tesos y Ospina se plantó en el atrio a dirigir. El ensamble, que desde 2022 es dirigido por el israelí David Greilsammer, rápidamente se rodeó de gente de todas las edades. Entre el público, la gente exclamaba la emoción por escuchar la música de las películas de su infancia y el entusiasmo porque la ciudad siguiera proponiendo espacios de ese tipo. “Tenemos la ventaja de la fortuna de ser una orquesta que puede adaptarse a muchos y diferentes tipos de repertorios”, anotaba Ospina mientras preparaba al público para el concierto. La versatilidad de la orquesta, que en su último concierto de temporada interpretó obras de Tchaikovsky y Wagner, quedaría demostrada en la amplitud de las piezas que empezaron con la apertura de 2001: Odisea en el espacio, pasando por los instrumentales de Tom y Jerry, Bugs Bunny, Jurassic Park y King Kong hasta Avengers y James Bond.

     

    Ospina levanta las manos mientras dirige un medley de bandas sonoras de caricaturas. Foto: Camilo Pérez.

     

    Sebastián Gutiérrez, quien seguía los conciertos fielmente desde Ayurá, filmaba con emoción los movimientos finales de la orquesta. “Son espacios para conectarse con lo espiritual, porque la música para mí viene del alma”, dijo al final del concierto cuando entre aplausos ovacionaban a los músicos de la Filarmónica. El 15 de abril, durante su concierto oficial de aniversario, el maestro Alberto Correa dirigió el conjunto como lo hizo por primera vez hace 40 años. La Filarmónica se siente viva y se siente de la gente. Desde los arcos que hacen sonar las cuerdas y los pulmones detrás de los metales le dice a la ciudad que aún quedan nuevas melodías por escuchar.

  • Una tarde con la muerte

    Federico Hoyos Gutiérrez / federico.hoyos@upb.edu.co

     

     

    En el laboratorio de Mateo están estrictamente prohibidas las fotografías, uno de los detalles con los que se expresa respeto a la memoria del difunto. Esta es una imagen de referencia del tipo de procedimientos que se hacen. Fuente aquí.

     

    Mateo Posada lleva hora y media preparando con esmero el cadáver en la mesa de disección del laboratorio. Ya es la una de la tarde. Una vez más, la muerte retrasa su almuerzo. Diógenes Cano, compañero de turno, se asoma por la puerta de vidrio opalizada.

     

    –¡Este hijueputa es muy lento!

     

    –Mijo, las cosas bien hechecitas, responde Mateo.

     

    El segundo cadáver de la jornada pertenece a un hombre de unos 45 años, piel mestiza, nariz aguileña y cabello castaño. Encontró la muerte en un accidente de tránsito. Su rostro es sereno. Tiene los ojos y la boca cerrados, como si durmiera plácidamente. Su alma reposa en el más allá, mientras que en el más acá su cuerpo desnudo yace abierto, con las vísceras a la vista. Está tendido en una mesa hidráulica de acero inoxidable.

     

    El olor no es tan penetrante gracias a que el líquido preservante empieza a cobrar efecto y los cuatro infatigables extractores cumplen su tarea. No hace calor pese a que los tres ventiladores del laboratorio están apagados.

     

    Por tratarse de una muerte violenta, el cadáver fue sometido a una necropsia en Medicina Legal. Los médicos forenses destrozaron el sistema circulatorio, lo que hace más dispendiosa la preparación del cuerpo sin vida.

     

    Después de bañar el cadáver con una manguera, Posada extrae las vísceras. Lo que antes era un hígado, un intestino, unos riñones, un corazón y unos pulmones, ahora es un conjunto de masas amorfas y flácidas que se lava en otra mesa de disección, aparte del cuerpo. Las vísceras (o, más bien, lo que queda de ellas) son introducidas en una bolsa roja con químicos preservantes que Mateo deposita en una caneca para que la sustancia actúe.

     

    Mientras las vísceras se desinfectan, el muchacho introduce en las arterias del cadáver una cánula unida a una manguera conectada con una bomba electro inyectora. Aquel aparato introduce a presión un líquido rojizo, que se llama Tanatil. Sirve para retrasar la descomposición del cuerpo. Es un compuesto de alcohol, glicerina, ácido fénico y colorantes. El formol ya es cuento del pasado. Muchas funerarias desistieron de su uso debido a su potencial carcinogénico para los seres humanos.

     

    Para que el Tanatil fluya con normalidad, debe inyectarse a una presión de cinco libras por pulgada cuadrada, dice Mateo. Si se aumenta la presión, el cuerpo se hincha y se corre el riesgo de romper las pocas arterias que quedan.

     

    Como el sistema circulatorio del fallecido está dañado, Mateo debe hacer una inyección sectorizada, es decir, introducir el líquido preservante en cada una de las extremidades y reparar las arterias averiadas. Comienza desde arriba en las axilares, después en la carótida (en la parte lateral del cuello), y finaliza en las femorales. La idea de este proceso es intercambiar la sangre por el químico conservante.

     

    Después de inyectar el Tanatil, Mateo introduce las vísceras en el cuerpo. Están envueltas en la bolsa roja. Es el momento del “apanado”. Así se le llama en el argot funerario al procedimiento que consiste en esparcir aserrín por la cavidad torácica para secar del cuerpo y evitar el derrame de fluidos durante la velación y el entierro. El olor que emana el aserrín penetra el tapabocas.

     

    El cadáver, “apanado”, ya está listo para la sutura. Mateo, armado con nailon y una aguja en forma de S, cose lentamente la cavidad torácica. Desde el ombligo hasta el esternón. Su concentración se asemeja a la de una abuelita que borda manteles.

     

    El procedimiento es amenizado con rock ochentero. Desde el celular de Mateo suenan las canciones que tiene guardadas en una lista de reproducción: Hotel California, Hold the Line, Sweet Home Alabama, Beds are Burning… “Escucho musiquita pa’ no aburrirme”, dice.

     

    Mateo tiene el cabello engominado al estilo de Elvis Presley. Es flaco, alto, de tez blanca y raudo caminar. Viste una pijama quirúrgica azul oscuro, botas pantaneras, tapabocas y guantes de látex. De sus 22 años ha dedicado cinco y medio a ganarse la vida con la muerte.

     

    Recuerda el 24 de diciembre de 2016 como si fuera ayer. Ese día acompañó a un amigo a recoger un cuerpo. Era una señora de mediana edad. “Me dio mucha impresión”, rememora. Durante aquella Nochebuena también ingresó por vez primera al tanatorio de la Funeraria San Juan Bautista, de Medellín. “Solo he trabajado acá. Esta, literalmente, se vuelve la segunda casa de uno”, cuenta.

     

    Ha preparado unos mil cuerpos. Pese a su corta edad, le ha tocado de todo: niños, personas de talla baja, quemados, decapitados, ahogados y hasta una familia entera asesinada a machetazos. Ya se enfrenta a la muerte sin temor. “Todos nos vamos a ir”, afirma con serenidad de estoico. Eso sí, reconoce con franqueza que prefiere ser cremado. Por su trabajo recibe un millón doscientos mil pesos al mes, más veinte mil adicionales por cada cadáver que prepara. En promedio arregla entre dos y tres al día.

     

    Comenzó empíricamente y después se certificó en el SENA como técnico en Tanatopraxia, nombre que tiene la disciplina de conservar y embellecer los cadáveres con el objetivo de presentar a los parientes y amigos del difunto una imagen lo más natural posible de este. Los tanatólogos, como Mateo, preparan al cadáver tal cual como la familia quiere recordarlo para que los seres queridos puedan afrontar el duelo de una forma más llevadera. “Todos estos cuerpos tienen una biografía”, afirma el joven con aire meditabundo.

     

    Un poco de historia

     

    La tanatopraxia se realiza desde épocas ancestrales, cuando los sacerdotes de Anubis en el antiguo Egipto embalsamaban a los fallecidos y celebraban ceremonias fúnebres en su honor. Siglos más tarde (de acuerdo con el libro Manual de tanatopraxia) Jean-Nicolas Gannal (1791-1852), un oficial del ejército francés que participó en la invasión napoleónica de Rusia en 1812 empezó a experimentar métodos para preservar los cadáveres de soldados galos caídos en el campo de batalla, con el fin de facilitar su repatriación. Gannal se convirtió en el padre de la tanatopraxia moderna.

     

    “El proceso inventado por Gannal consistía en hacer una pequeña incisión en el lado del cuello donde se encuentra la arteria carótida en la que, con la ayuda de una bomba, se inyectaba el líquido conservador (una solución de acetato y de sulfato de aluminio); en dos horas, la operación había terminado y el cuerpo yacía encerrado en un ataúd de plomo. Una operación rápida, limpia y segura”, dice el libro.

     

    La Tanatopraxia en Colombia apenas comenzó a profesionalizarse en los albores del siglo XXI. Anteriormente se realizaba de manera empírica y muchos tanatólogos hacían los procedimientos en los hogares de los difuntos. En 2001 el Tecnológico de Antioquia se convirtió en la primera institución del país en crear el programa de técnico profesional en Tanatopraxia y Disección.

     

    Seis años más tarde (en 2007) el SENA instituyó el programa de técnico en Tanatopraxia, el cual tiene una duración de cuatro semestres. Los aspirantes a este programa deben tener título de bachiller académico, 16 años cumplidos (como mínimo) y pasar un examen “de aptitud y conocimiento”. No se necesita experiencia laboral previa.

     

     

    Jean-Nicolas Gannal, padre de la tanatopraxia moderna. Fuente de la imagen aquí.

     

    Ana María Chavarría Álvarez, en su texto titulado Términos básicos de tanatología, expone algunos elementos que caracterizan el perfil de los profesionales de la muerte: “El Tanatólogo debe tener, entre otras cualidades, sensibilidad, competencia profesional, paciencia, honestidad, flexibilidad y madurez, pero sobre todo el Tanatólogo tiene que haber explorado su propia espiritualidad”.

     

    Carlos Arturo Murillo, jefe de servicios de la Funeraria San Juan Bautista, dice que en Medellín puede haber entre 80 y 100 tanatólogos en ejercicio, aproximadamente. Según Fenalco, el sector funerario emplea cerca de 13 000 personas en 2 260 establecimientos dedicados a esa actividad en el país. La Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia estima que en la ciudad existen 49 establecimientos que se dedican a los servicios funerarios. “Sin embargo, teniendo en cuenta las subregiones antioqueñas, son 177 empresas en total, la mayoría de ellas microempresas”, dice la entidad.

     

    De vuelta en el laboratorio

     

    Mateo termina de coser el tórax del difunto. Ahora se dispone a suturar el cuero cabelludo. Pero antes hay que botar el cerebro. El chico advierte que, si se deja la masa encefálica en el cráneo, el cuerpo se descompone más rápido y se echaría a perder todo el procedimiento. Entonces utiliza su creatividad para construir una figura similar al cerebro, mezclando algodón con el aserrín sobrante.

     

    El embellecedor de muertos debe bañar nuevamente el cadáver para quitar los restos de aserrín que quedan en la piel. Después de la segunda ducha, procede a limpiar el cuerpo con jabón de cocina. Pues dice que se les acabó el shampoo especial para desinfectar el cadáver. Luego, se dedica a taponar las fosas nasales y la boca del fallecido con algodón. Acto seguido, lo afeita y lo viste. La familia eligió ver al difunto por última vez con bluyín y una camiseta playera con estampado de palmeras y flores. “Está bonita la camiseta”, dice el tanatólogo.

     

    El hombre se dirige hacia uno de los gabinetes del laboratorio y saca una cajita de plástico que contiene labiales, delineadores de ojos, brochas para el rubor, pinceles, cremas hidratantes y paletas de colores. “Aquí llega la vanidad de las personas”, dice. Hora del maquillaje: hora de disimular los vestigios de la muerte. Poco a poco, Mateo hace desaparecer los moretones del rostro. “Esto es de mucha creatividad. Todo va en los detalles”, reflexiona mientras une los labios del difunto con pegamento.

     

     

    La tanatoestética es uno de los procedimientos que hacen parte de la tanatopraxia. Imagen de referencia. Fuente aquí.

     

    Son las 2:23 de la tarde. Mateo se retira del laboratorio para traer el cofre. El cadáver y la música acompañan al cronista. Los dos minutos que tarda en volver parecen dos horas. Regresa acompañado por cuatro colegas de la funeraria, quienes lo ayudan a introducir el rígido cuerpo en un ataúd marrón. A las 2:30 se llevan el cadáver en la pijama de madera, listo para el sueño eterno.

     

    Sin embargo, al escuchar el motor del carro fúnebre al encenderse, Mateo sale corriendo desesperado y grita:

     

    – ¡Ey, no lo monten todavía!

     

    Se acordó a tiempo de que no le había colocado el escapulario al difunto. En aquel momento se me viene a la mente la frase que me había dicho minutos antes: “Todo va en los detalles”. Ahora sí, el fallecido puede partir tranquilo.

     

    Son las 2:45. La muerte, por fin, le permite almorzar a Mateo. Los tanatólogos de la funeraria San Juan Bautista suelen matar el tiempo en Delicias El Corral, una panadería donde este chico se devora en cinco minutos un pastel ranchero de queso y salchicha. “Yo como mucho, güevón”. Habla con la satisfacción de un niño con juguetes nuevos. En cambio, a mí, el recuerdo del difunto a duras penas me permite tomar una Coca-Cola.

     

    “Todos saben lo que van a hacer el día de su cumpleaños, pero nadie sabe lo que va a hacer el último día de su vida”, reflexiona Guillermo Jaramillo, un hombre calvo y bonachón que lleva más de 15 años en el oficio de la tanatopraxia. Mateo y sus colegas quizá ya no se acuerden del difunto. Yo, por más que intente, jamás lo podré olvidar.

     

    Nota: una primera versión de este texto se publicó en el weblog del autor.

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    Reseña

    Esta crónica es el relato vivo y espontáneo de una inmersión en un laboratorio de tanatopraxia en una reconocida funeraria del barrio Prado, de Medellín. Es el enfrentamiento directo y sin escrúpulos del cronista con la muerte: el acto de poner en palabras el proceso al que es sometido un cuerpo sin vida antes de ser sepultado.  La Tanatopraxia es mucho más que preparar cadáveres: es el oficio encargado de embellecer y dignificar la muerte humana.  

     

  • El cambio de mirada que necesita la presencia indígena en Medellín

    Por: Nicolás Tamayo / nicolas.tamayo@upb.edu.co.

     

    En septiembre de 2022 la Personería de Medellín reveló que 582 personas de comunidades indígenas se encuentran en situación de mendicidad en las calles de la ciudad. Este es un compendio de las razones, los detalles y los agravantes de este fenómeno que llama también a un cambio de mirada.

     

    Algunos de los sectores más concurridos de la ciudad en los últimos años se han visto habitados por indígenas, particularmente mujeres. Unas venden artesanías que hacen durante sus jornadas en los andenes, otras piden limosna en puntos estratégicamente visibles de El Poblado, Belén, Laureles y el Centro, casi en grupos con otras mujeres y niños incluso de pocos meses de nacidos, cuya presencia ya se ha convertido en paisaje para los transeúntes locales.

     

    Medellín y los indígenas

     

    En Medellín hacen presencia cerca de 34 pueblos: Pastos, Embera Chamí, Embera Dobida, Senú, Inga, Embera Katío, Nasa-Paez, Kichua, Misak-Guambiano, Nutabe, Kamétsa, Wayúu, Yanacona, Cubeo, Curripaco, Gunadule, Macuna, Puinave, Quillasingas, Siona, Wounann, Yamesies, Kokonuco, Wiwa, Arhuaco, Awa, Cherokee, Pijao, Uwa, Yariguies, Maya, Chibcha, Guanal y Muisca. Sin embargo, según un diagnóstico realizado por el Grupo Especial de Asuntos Étnicos y Migrantes de la Personería de Medellín en 2021, este número podría ascender a 60 pueblos, contando 26 que se encuentran en condición de informalidad.

     

    Estos pueblos están organizados en nueve cabildos en contexto de ciudad que surgieron para legitimar los procesos indígenas en Medellín como una nueva forma organizativa para estas comunidades. Siete de los nueve cabildos reconocidos están adelantando procesos de formalización para adquirir una estructura que le permita tener avales por parte del Estado. Actualmente hay dos que ya consiguieron el aval del Ministerio del Interior: Zenú y Quichuas.

     

    El cabildo más representativo que existe en Medellín es el Chibcariwak, que está vigente hace 47 años y es un referente a nivel nacional en materia de organización indígena en contextos de ciudad. Desde su concepción, se ha estructurado como un cabildo multicultural y multiétnico que recoge y atiende asuntos relativos a población Kichua, Embera y Zenú. Solo de este cabildo se han desprendido otros cinco que vienen desarrollando sus procesos de organización desde el 2017.

     

    A raíz de la numerosa presencia de la comunidad indígena en la ciudad, hace dos años la actual administración municipal creó la Gerencia Étnica de Medellín, una dependencia de la Secretaría de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos que se encarga de la coordinación de planes, programas, proyectos y políticas públicas alrededor de la población indígena que habita la capital antioqueña.

     

    Los indígenas en las calles

     

    La presencia de indígenas en situación de mendicidad en Medellín tiene antecedentes de más de dos décadas. Sin embargo, desde hace algunos años comenzó a tornarse más y más evidente en lugares como la Avenida El Poblado, la Avenida 70, la Calle 10, el Parque de Belén e inmediaciones de las estaciones San Antonio y Parque Berrío, con el factor adicional del alto flujo de turistas. Este es un indicio de que el problema es sistemático y va más allá de la mendicidad.

     

    La instrumentalización de los indígenas en Medellín se ha convertido es un secreto a voces entre quienes habitan cotidianamente los sectores de permanencia de estas personas que viene siendo intervenido por las dependencias municipales correspondientes en función de mitigar progresivamente el fenómeno.

     

    Según la Gerente Étnica Yaisa Palacios Navia, el aumento en la presencia de indígenas en Medellín y, derivado de ello, el aumento de casos de situación de mendicidad e instrumentalización es reflejo directo de las problemáticas sociales que se viven en el país. “A raíz del desplazamiento forzado, el narcotráfico, las bacrim, entre otros problemas, muchos indígenas, sobre todo de los pueblos Embera, han tenido que desplazarse de sus regiones de origen hacia Medellín, que se ha convertido en una ciudad receptora de la problemática”, explica Palacios Navia.

     

    Según la Línea de base sobre el estado de los derechos étnicos de la población indígena en el municipio de Medellín realizada en 2019, en la ciudad hay un aproximado de 6 128 indígenas. De estos, se calcula que hay unos 238 niños, niñas y adolescentes, sin embargo, se prevé que el subregistro sea alto, como en efecto lo dan a entender las cifras de septiembre de la Personería que hablan de 245 niños, niñas y adolescentes, en situación de mendicidad.

     

    La Gerente explicó que la situación se hace aún más compleja para los indígenas tras su llegada a la ciudad, que suele ser repentina. “Cuando llegan a la ciudad no cuentan con una red de apoyo que les permita asentarse y encontrar un lugar seguro donde hospedarse; llegan a Niquitao huyendo de problemáticas muy complejas y llegando a otras incluso más complejas. Bandas, Instrumentalización, consumo de psicoactivos, vulneración de los Derechos Humanos de niños, niñas y adolescentes, mendicidad, y como si fuera poco, no hablan español”, explica la Gerente Étnica.

     

    Estas personas provienen de diferentes regiones en cerca de 20 departamentos del país, entre los cuales destacan 9: Antioquia, Nariño, Caldas, Chocó, Córdoba, Putumayo, Cauca, Valle del Cauca y Risaralda de donde proviene el 91,6% del total de migraciones a la capital de Antioquia.

    Infografía: Nicolás Tamayo Escalante.

     

    Un problema sistemático

     

    Durante los últimos meses la Gerencia Étnica ha hecho acompañamiento presencial a las comunidades indígenas, haciendo visitas a los lugares en los que se ubican estos grupos de mujeres y niños a vender o pedir limosnas. Las jornadas de trabajo hasta las 3 de la mañana, según los horarios de las zonas de fiesta y vida nocturna en Medellín, les han permitido identificar la sistematicidad de la problemática.

     

    La Gerente Étnica Yaisa Palacios Navia explicó que en sectores clave se identifican, por ejemplo, 4 grupos en una sola cuadra, esto alrededor de las diez de la noche”, lo que supone muchos riesgos para los niños que hacen parte de ellos.

     

    “Nosotros pasamos a hacerles una serie de preguntas con las que buscamos acercarnos a ellos y comprender su situación. Ante preguntas simples como su nombre o su lugar de residencia estas personas suelen responder, de memoria, monosilábicos —no sé—. Sus respuestas en general están muy limitadas y planificadas, tienen un libreto que les dan las personas que las instrumentalizan. Incluso tenemos conocimiento de que varias de las niñas que están inmersas en esta red ya cuenta con horarios, dicen —Mañana tengo que trabajar a las 8— muchas de ellas ya lo ven como un trabajo”, explica Palacios.

     

    Cuando una persona trata de entablar algún tipo de conversación, de hacerles preguntas o incluso cuando permanecen por mucho tiempo junto a estas personas, la reacción es de un nerviosismo evidente, que da la impresión inmediata de que quieren que las personas se alejen de ahí cuanto antes. No se ha logrado identificar con pruebas contundentes la supuesta instrumentalización.

     

    El aumento de visitantes extranjeros agrava la situación. Según datos de Migración Colombia, a principios de septiembre Medellín superó a Cartagena como la segunda ciudad con mayor ingreso de turistas. La capital antioqueña reportó la llegada de 340 000 viajeros entre enero y julio de 2022. Con el auge del turismo en la ciudad, un elemento muy particular ha hecho más rentable la mendicidad e instrumentalización de indígenas, las limosnas que reciben han pasado de ser pesos colombianos a dólares, por lo cual el recaudo neto de los indígenas durante su permanencia en las calles de las zonas turísticas ha aumentado exponencialmente.

     

    La directora de Barrio Provenza, Juanita Cobollo, ha denunciado ante la Gerencia Étnica que las niñas indígenas en El Poblado se han convertido en objeto de abuso sexual y suministro de sustancias. Por otro lado, comerciantes del sector de Manila han presenciado casos en los que indígenas en situación de mendicidad de la zona son recogidos por vehículos. En este punto, la Gerente advirtió que ante la llegada de la temporada decembrina y con ello, el aumento de turistas en Medellín, aumentan las posibilidades para que se presenten estos problemas.

     

    El concepto de población flotante hace referencia a que los individuos o comunidades están en constante movimiento, por lo cual no es posible caracterizarlos dentro de las categorías que se tienen establecidas en la ciudad y, mucho menos, ligarlos a lugares o zonas de residencia para hacer un acompañamiento continuo y efectivo.

     

    Medellín es particularmente atractiva puesto que es uno de los pocos distritos del país que cuenta con recursos destinados para la atención especializada y el acompañamiento de las personas que migran a la ciudad. Las soluciones oficiales han contemplado planes de arriendo, mercado y planes de retorno. Según cifras de la Gerencia Étnica, recientemente se acompañó el retorno de 78 indígenas a sus lugares de origen. En estos planes participan la Secretaria de No Violencia con la Unidad de Derechos Humanos y la Unidad para la Atención a Víctimas del Conflicto, en articulación con el Grupo Especial de Asuntos Étnicos y Migrantes de la Personería de Medellín para la recepción de declaraciones y la caracterización de la población. Es más de lo que existe en muchas otras ciudades, pero evidentemente no es un solución definitiva.

     

    Según la Gerencia Étnica, desde el distrito se han generado campañas de sensibilización y procesos de acompañamiento psicosocial a esta población, sin embargo, los esfuerzos han sido insuficientes puesto que se realiza la caracterización de 200 personas y al día siguiente pueden llegar 5 o 6 familias integradas por 10 personas más, según fuentes de la Gerencia Étnica. La institucionalidad de la ciudad se ha ido transformando para atender las demandas de la realidad social, sin embargo, falta mucho para la atención óptima de esta problemática.

     

    ¿Qué hay detrás de todo esto?

    La migración de indígenas a Medellín y las sub problemáticas asociadas son fenómenos con varias aristas por considerar a la hora de explicar qué hay detrás de todo.

     

    La desatención en los territorios es causal de la migración hacia las ciudades. La violencia sistemática y el conflicto armado deja en medio del fuego cruzado a los indígenas, por lo cual poder permanecer en las regiones resulta especialmente difícil, en medio de condiciones de pobreza, violencia y abandono del Estado.

     

    En muchos otros casos, los indígenas se movilizan, no porque existan amenazas de grupos armados, sino por la simple presencia de los mismos en zonas aledañas a sus resguardos, pues usualmente les impiden, por ejemplo, cultivar, lo cual a largo plazo les obliga a movilizarse. El encuentro con personas ajenas al contexto de las comunidades deriva también en problemas de alcoholismo, drogadicción y violencia intrafamiliar; otro motivo que impulsa a las mujeres indígenas y sus hijos a tener que huir de sus territorios escapando de maridos maltratadores.

    Al interior de las comunidades también hay problemáticas que inciden en el desplazamiento la ciudad, principalmente de mujeres y niños. Foto: Nicolás Tamayo.

     

    Del territorio a la ciudad: contrastes

     

    La calidad de vida, sus condiciones como habitantes y las oportunidades de los indígenas en contexto de ciudad son extremadamente diferentes a las características con las que viven en sus territorios de origen. Olga Lucía Arbeláez, coordinadora del área de etnoeducación de la Facultad de Educación y Pedagogía de la Universidad Pontificia Bolivariana, afirmó que las condiciones de ciudad son sumamente desfavorables para los indígenas.

     

    Según explicó Arbeláez, las comunidades indígenas tienen estructuras muy delimitadas y establecidas históricamente, concretamente, tienen legislaciones propias que difieren de las establecidas en la ciudad: “Las condiciones del contexto de ciudad no son favorables, mucho menos para una población flotante teniendo en cuenta que el contexto de ciudad dificulta los procesos de integración y acompañamiento. Así haya cabildos de ciudad, los contextos más reales de la vida propia de un indígena están en los resguardos afuera de las ciudades, en el campo, en la tierra propia, donde puedan tener sus chagras y el cuidado de sus animales. Una de las características del indigenismo es poder tener contacto con la tierra y con el entorno natural y de animales que hacen parte de su cosmovisión”, explica.

     

    Y añade que: “Al analizar la situación de la población flotante, nadie sale de su tierra, espacio vital o contexto natural por voluntad, si se tienen las condiciones y recursos, y se puede desarrollar la vida a plenitud, nadie recurre a desplazarse a un contexto que le es desconocido”.

     

    La licenciada en Etnoeducación aportó además una simplificación del panorama al que se enfrentan los indígenas en su llegada a Medellín: “La cosmovisión de los indígenas no gira de acuerdo a la cosmovisión de la ciudad, les ha tocado adaptarse a ella. No hablan español, no trabajan y no estudian, ¿Qué opciones les quedan en Medellín para suplir sus necesidades?”.

     

    ¿Qué se está haciendo para intervenir los problemas?

     

    Lo primero que hay que tener claro es que las problemáticas relativas a las condiciones de vida de los indígenas son un asunto de país. A partir de la creación de la Ley 55 de 1905, en la cual se reconocieron los resguardos indígenas en Colombia, se han creado 17 leyes, 20 decretos, 2 resoluciones y 11 sentencias que están enfocados en el acompañamiento, reconocimiento o favorecimiento legislativo de las comunidades indígenas.

     

    En Medellín existe el acuerdo 130 de 2019, que fundamenta todas las labores de intervención y acompañamiento que se efectúan. A partir de ese documento desde la administración municipal se han estado tomando diferentes medidas para tratar de cubrir la mayor cantidad de ángulos posibles de esta problemática.

     

    En toda la ciudad se hacen jornadas de atención, acompañamiento y salud en las que además se hace registro de los menores de edad. De estas jornadas participan funcionarios del ICBF, quienes se encargan de darle prioridad a la restitución de derechos de los niños, niñas y jóvenes indígenas, según lo establece la Ley 1098 de infancia y adolescencia. La policía de infancia y adolescencia quien culmina el proceso y conduce a los niños a los hogares de restablecimiento de derechos.

     

    Adicionalmente, la Unidad de Niñez de la Secretaría de Inclusión Social tiene un equipo desplegado en todo el municipio para la atención a los menores. Actualmente se han caracterizado 230 niños que residen en Niquitao, uno de los principales sitios de habitación de los indígenas en Medellín, según la caracterización de la Gerencia Étnica, gracias a la cual se articulan esfuerzos con programas como Buen Comienzo para definir alternativas de acompañamiento educativo a los niños, niñas y jóvenes con materiales e intérpretes en lenguas nativas. Todo para garantizar condiciones diferenciales que permitan la permanencia de los niños en la educación y ayudar así desmontar la circunstancia de no tener con quién dejar a los niños que terminan en las calles.

     

    Desde la perspectiva de los cabildos en contexto de ciudad, el Gobernador del Cabildo Embera, Haverman Peña Caizamo, comentó que la organización colabora con la población indígena con certificados para acceder a servicios educativos pues estas personas no tienen la obligación de presentar fichas de Sisbén puesto que son población de especial protección. El cabildo también les ayuda en los procesos de gestión de certificados para el registro civil de los menores y certificados para atención de salud. Pero todavía cunde el desconocimiento sobre estos beneficios y eso muestra a vulnerabilidad que persistes sobre estas personas.

    Urge un cambio de mirada

     

    A través de los sistemas de vigilancia las autoridades tratan de identificar a las personas que instrumentalizan a los indígenas y atacar el problema desde sus orígenes, justamente otro de ellos son las percepciones de la mayoría sobre el asunto. Así lo explica la Gerente Palacios:

     

    “En la ciudad las personas han confundido las cosas. Todo indígena que ven está afeando la ciudad o es una persona vulnerable, o está en ejercicio de mendicidad y no es así en todos los casos. Los habitantes de la ciudad han maximizado y generalizado las problemáticas reflejándolas en todo indígena que habita la ciudad. Sí hay vulneración de derechos. Sí hay ejercicio de mendicidad e instrumentalización, pero no todos los indígenas en la ciudad se encuentran en esta situación”, explica.

     

    En relación con ello, llama a una actitud más responsable en las acciones cotidianas: “Las personas sienten lástima por ellos cuando no debería ser así, es fundamental que los habitantes de la ciudad adopten una postura integradora con la comunidad indígena y dejen de discriminarlos solo por usar sus atuendos tradicionales o por sus rasgos físicos”, indica.

     

    ¿Cómo se debería abordar este tema?

     

    La profesora Olga Arbeláez explicó que es incorrecto aceptar que los indígenas están en Medellín en conocimiento de las condiciones de vida que tienen en su habitar la ciudad. Según la etnoeducadora, “es prioritario recuperar la familia, analizar las condiciones en las que están viviendo y procurar por facilitarles el retorno a sus territorios. La problemática de la mendicidad y la instrumentalización no debe enfocarse únicamente a los indígenas, la problemática debe abordarse holísticamente desde esas dos aristas y posteriormente abordarla con los enfoques particulares de cada comunidad”.

     

    El consenso en torno a cómo debería abordarse la situación de los indígenas en el contexto de ciudad es optar por abordajes pedagógicos, para esto es preciso acercarse a la comunidad para entender por qué son población flotante en las ciudades: conocer la estructura, conocer la comunidad, hacer un análisis retrospectivo de por qué migran.

     

    Señala la etnoeducadora que, a nivel pedagógico es preciso crear un sistema que permita entender quién es el otro y qué necesidades tiene, además, cuáles son las formas de acercarse a suplir dichas necesidades. Los pueblos indígenas tienen legislación propia, así que es necesario averiguar cuáles son las políticas propias de los resguardos para adecuar las políticas públicas de la ciudad y así darles una oferta de acompañamiento amplia y acorde a las necesidades de estas comunidades. En concreto, los proyectos de ciudad se deben aproximar en sus formas y metodologías a los implicados principales de estas políticas, que en este caso son los indígenas.

     

    La Secretaria de Inclusión Social adelanta la campaña No Limosna, con la que se busca hacer pedagogía para que los locales y extranjeros no den limosna y así prevenir la instrumentalización, la iniciativa incluye una oferta de oportunidades académicas y laborales. Según la dependencia, hasta ahora más de 1 300 personas salieron de la situación de mendicidad.

     

    Según la Gerente Étnica Yaisa Palacios, las acciones como estas deben continuar mostrando cómo son las costumbres de los cabildos más allá de la mendicidad que ve la gente ve en la cotidianidad. A su turno, la docente Arbeláez señaló que es posible que la existencia de políticas públicas no sea suficiente para darle solución a estas problemáticas: “En un Estado Social de Derecho se podría esperar que todo se regule a través de políticas públicas, pero la realidad de los grupos sociales rebasa estas políticas. El asunto es de la presencia del Estado en todas las regiones, ofreciéndole a todos los ciudadanos, sin importar su etnia, los derechos básicos, cumpliendo las obligatoriedades de proteger a la población, ofreciéndole una calidad de vida y unas condiciones de vida dignas”. Y añade: “Me parece mejor que el punto de partida sea pensar ¿Cómo se dignifica la vida en los territorios?”.

     

    Hace dos años se creó en Medellín la Mesa Permanente de Concertación Indígena, un espacio mixto de participación y concertación de estrategias, planes, programas y proyectos para la población indígena, cuyas metodologías, según la Personería de Medellín, se basan en pedagogías ancestrales e interculturales promovidas por las autoridades de los pueblos indígenas residentes en Medellín y ejecutadas por un equipo conformado principalmente por integrantes de esta comunidad. Al parecer, existen las estructuras para sacar adelante las soluciones, la cuestión es qué tanto funcionan ante un problema que rebasa los límites de la ciudad y los ritmos de su administración pública.

     

     

  • Narrativas de la memoria, ¡un festival de teatro!

     

    La memoria como punto de partida para reflexionar sobre el esclarecimiento de la verdad en Colombia, es el eje del encuentro artístico que proponen los estudiantes de Comunicación Social – Periodismo de la UPB en Medellín, con el teatro como escenario narrativo para el diálogo y la transformación.

     

    En desarrollo del Núcleo II de Narrativas, los estudiantes de segundo semestre de Comunicación Social – Periodismo presentarán el Festival de Teatro Narrativas de la Memoria, evento que tendrá lugar en noviembre próximo y que integra tres obras inspiradas en igual número de libros de la colección Futuro en tránsito, editada por la Comisión de la Verdad.

     

    Los títulos elegidos fueron Perdón, Incertidumbre y Resiliencia. Ejes temáticos de cada montaje, realizado por tres grupos de estudiantes, quienes adelantaron todo el proceso creativo: desde la escritura del guion de cada obra hasta su montaje, actuación y divulgación, bajo la orientación del equipo docente de los cursos del Núcleo II y los laboratorios de Texto largo y Creación audiovisual.

     

    Ya se adelantan los ensayos, con mira a los estrenos, previstos para la semana del 8 al 11 de noviembre, en funciones con entradas que ya están disponibles. Todos los detalles de las obras y la programación del festival pueden conocerse mediante la plataforma Instagranm, en el perfil @festivaldeteatro_upb

     

    Los ensayos comenzaron desde septiembre, como una aplicación de lo aprendido durante el semestre sobre narrativas. Fotos: cortesía.

     

    Segundo encuentro en torno al teatro

    Las obras en curso corresponden a proyectos académicos que se adelantan durante todo el semestre y en torno a las cuales se articula el trabajo de varios cursos. Esta iniciativa considera el potencial del teatro como experiencia de unión, arte y crecimiento humano. Los temas puestos en escena responden a la propuesta metodológica del nuevo plan curricular de la carrera de Comunicación Social – Periodismo, que cada semestre invita a la articulación del trabajo académico bajo un tema de interés público y actual, que en este caso surgió en el contexto de la publicación del Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad en Colombia.

     

    Cautivada por las posibilidades de este género como laboratorio creativo, la comunidad de estudiantes presentó en 2021 la obra Día Cero: voces de la zona prohibida, inspirada en el libro Voces de Chernóbil de Svetlana Aléxievich, con una acogida favorable por parte de la comunidad académica. Por eso, según el equipo promotor del encuentro, este año se repite y multiplica la experiencia.

  • La cerámica: el eje de la vida de los carmelitanos

     

    El municipio de Carmen de Viboral es reconocido por su cerámica, las vajillas y la pintas a mano en esmalte; creaciones reconocidas como un patrimonio cultural inmaterial, pero ¿Qué es lo que lo hace tan especial? Y ¿por qué es un patrimonio cultural?

     

    Manuela Betancur Arenas / manuela.betancurare@upb.edu.co

     

     

    No se trata solo de una artesanía, la cerámica de el Carmen de Viboral es motor del crecimiento local.

    Foto: alcaldía de El Carmen de Viboral.

     

    Hay mucha cerámica en el Carmen de Viboral. Las variedades son muchas: está la cerámica roja y sobre esmalte; sin embargo, la cerámica decorada a mano bajo esmalte es la más representativa. Es una tradición que lleva más de 123 años, ha pasado por altos y bajos, momentos de transformación y puntos de inflexión. No obstante, más allá de lo económico, esta ha transformado al Carmen en temas de educación, urbanismo, servicios públicos, tecnologías, conformación o composición familiar. Es gran parte de la identidad local y tiene un lugar dentro del imaginario social carmelitano, para que se le dé el valor que se merece.

     

    En su procedimiento reluce lo valioso y llamativo de este patrimonio cuyo esplendor no es repentino. Desde un principio y más o menos hasta la mitad del siglo XX, la cerámica era vista como algo industrial, más que artesanal. Las personas encargadas de hacerlo no eran artistas, sino obreros que tenían unos conceptos como moldear y el barro líquido. Es ahí donde en 1987 llega un personaje muy importante para la sociedad carmelitana: José Ignacio Vélez, un diseñador de la Universidad Pontificia Bolivariana, que siempre tuvo una inclinación por lo rural, el campo, las artes y la alfarería.

     

    En este año lo llamaron a trabajar en las artesanías de Carmen de Viboral, pero cuando llega se encuentra con la realidad, como lo menciona él: “Cuando llegué, me di cuenta de que los artesanos no eran muy artesanos, sino que eran más obreros, no sabían el torno alfarero, no dibujaban bien, no eran ni artistas ni artesanos, pero habían aprendido unos procesos industriales”.

     

    Es ahí donde empieza a trabajar en educar a los obreros en temas artísticos y nuevas técnicas. En 1994, lo llaman de Continental, la empresa de cerámica más reconocida y grande del momento, con 350 trabajadores y más de 2000 personas involucradas en el proceso de la empresa. Tres años después, la empresa cerró y se desencadenó una crisis social y cultural.

     

    Según Yeison Castro, director del Instituto de Cultura de Carmen de Viboral, hay muchas causas por las que se dio la crisis, algunas son hipótesis y otras son realidades conocidas. Entre las principales está, la inconformidad con los ejercicios industriales que eran rudimentarios y la necesidad de condiciones laborales más dignas para un grupo de obreros, lo cual género protestas por injusticias como que los niños trabajaran y que las mujeres, que eran las encargadas de decorar, fueran vistas como unos recursos y ganaran menos que los hombres.

     

    Además, hubo muchas empresas que no fueron capaces de adecuarse a las demandas del mercado y el territorio, como el cambio de hornos de leña a carbón, la consecución de los materiales, puesto que con la tecnología se transformó todo el ejercicio, entre otras. También está la hipótesis de que la cerámica del Carmen no era homogénea, ya que las personas que salían de los grandes talleres montaban sus propios espacios, cada uno con sus métodos, que muchas veces no eran los mejores, puesto que algunos eran craquelados, otros amarillos y tenían unas inconsistencias que cuestionaban la procedencia del Carmen de Viboral.

     

    Así mismo, se empezó a hablar de que sus piezas tenían residuos de mercurio en su creación, lo cual era nocivo para el consumidor. Finalmente, la llegada del plástico y la porcelana china transformaron el tema del consumo alrededor de quién compra la loza carmelitana.

     

    Algunos exempleados de la empresa Continental como José Ignacio Vélez y Olga Ligia Betancur, se pusieron en la función de reinventar y replantear no solo la cerámica en cuanto a las vajillas y la producción, sino también la estética urbana del municipio. Querían que este elemento tan emblemático resurgiera desde todos los aspectos posibles y se cambiara la visión con la que se venía.

     

    Empezaron una búsqueda de soluciones para sacar adelante al Carmen de Viboral y lo encontraron en la estética urbana, con proyectos como la Calle de la Cerámica en el 2006, 2007 y 2008, la Calle de las Arcillas en 2013-2014 y el Parque Principal Simón Bolívar, con la Torre Bicentenaria en el 2015-2016, que hace alusión a las chimeneas y los 200 años del municipio.

     

    En cuanto a los talleres de cerámica, se empezaron a replantear nuevos diseños a partir de unos códigos establecidos, siempre respetando la tradición y así como en 1999 llega el taller Cerámicas Renacer, gracias a José Ignacio y Nelson, un compañero que había trabajado con él en Continental. En un principio, arrancan con un equipo de siete personas a hacer un taller de decoración, en el que se desarrollaron todos los diseños tradicionales y otros que expandieron la manera de generar la pincelada en lo visual.

     

    En la actualidad, Renacer tiene más de 100 personas trabajando y su nombre le recuerda a los carmelitanos la posibilidad de volver a empezar y cambiar. Este taller y Viboral Cerámicas son los talleres más grandes del momento, este último con estilos más innovadores y modernos, pero ambos trabajan de la mano.

     

    El cierre de una gran fábrica de cerámica condujo a los carmelitanos a a abrir camino con su propio talento, que superó la calidad de la vieja factoría. foto: Alcaldía de El Carmen de Viboral.

     

    Lo valioso del proceso

    Actualmente, hay entre 30 y 35 talleres, en su mayoría artesanales, laborales y domésticos. La empresa Corona provee la pasta cerámica y las materias primas, ya no se hace como antes que la materia prima se sacaba en el lugar como parte del proceso productivo, ahora lo que se hace es el proceso artesanal para decorar, esmaltar y vender.

     

    Una vez se tienen los materiales, se hace lo que los carmelitanos llaman como “colado”, el cual tiene dos técnicas, una para pasta sólida y otra para pasta liquida con las que se hacen piezas diferentes y se utilizan herramientas distintas.

     

    En cuanto a la pasta sólida, esta se utiliza para formas más regulares y su proceso comienza con un molde de yeso para darle forma a las piezas. Este proceso puede durar minutos y ya después se dejan secando una hora y media, aunque muchas veces puede variar la duración según el clima.

     

    Una vez las piezas se secan, pasan a ser pulidas y lavadas. Para este procedimiento, según la pasta, se varían las herramientas con las que se hace. Las orejitas que acompañan las tazas son hechas y moldeadas aparte, pero cuando una pieza termina de ser pulida y secada, se le añaden las orejas.

     

    Cuando hablamos de pasta líquida, esta se utiliza para piezas y formas más irregulares, sus moldes son diferentes, tienen dos lados y varían según lo que se vaya a hacer, pero primero se rellena con la pasta líquida, una vez esté más firme y seca, se hace la profundidad o el hueco que tenga la parte de la vajilla por uno de los lados del molde y después se saca de este una vez esté seco. Luego se pulen y se limpian para darles un acabado diferente. Una vez las piezas estén pulidas, pasan a su primera parada dentro del horno. Este se pone a 1200 grados por 10 horas, una vez salen listos para pintar se les llama bizcochos.

     

    Por solo una pieza pueden pasar entre seis a ocho manos y es que tanto el detalle, como el acabado son muy importantes y emblemáticos para los carmelitanos. Finalmente, se llega a la etapa donde sucede la magia y es cuando se hace la decoración a mano bajo esmalte. Todas las decoraciones del Carmen de Viboral están inspiradas en flores, sin embargo, cada taller utiliza estilos diferentes para representarlas, no solo con figuras, sino también con colores; algunos son más tradicionales como las que se encuentran en Renacer que utilizan el color azul y el blanco y otros talleres más diversos con colores pasteles y diferentes tipos de flora.

     

    Las pinturas que utilizan son pigmentos minerales en polvo que resisten al calor y sus colores varían según la colección. Dependiendo de las figuras que toque hacer y la pieza de la vajilla, varia el tiempo. En un solo piso, sobre 14 mesas largas, hombres y mujeres se dedican a darle vida a la cerámica y formar lo que hoy en día es reconocido como patrimonio cultural inmaterial.

     

    Después de ser pintadas, las piezas pasan a ser esmaltadas y la pinta queda completamente blanca, lista para volver al horno otras 10 a 15 horas y salir con los pigmentos de color mucho más potentes, listos para ser empacados y expuestos al público.

     

    Entonces, vuelve la pregunta de por qué es valioso este proceso y es que la cerámica y su pinta han hecho que la sociedad carmelitana se identifique y crezca alrededor de estas. Es una tradición que ha pasado por generaciones, cambió las dinámicas de las familias, puesto que permitió que las mujeres fueran incluidas en los trabajos, muchos caminos, edificios públicos, escuelas, la llegada de la energía y temas de acueducto se dieron gracias a la cerámica que terminó siendo un motor de desarrollo, un actor principal de la transformación.

     

    El ejercicio de habilitar un patrimonio cultural abrió paso para generar espacios alrededor de la cerámica como procesos de investigación, creación, formación, promoción, circulación y apropiación no solo con los artesanos, sino también con la ciudadanía para que se entienda el proceso y su valor.

     

    Así mismo, como lo dijo Yeison Castro: “Carmen de Viboral siempre ha sido un lugar de llegada, no de paso. Abrió la posibilidad de que muchos pobladores no tuvieran que migrar hacia otros territorios para encontrar condiciones laborales”.

     

    La pinta como patrimonio cultural inmaterial

    La técnica y el uso de pigmentos minerales hacen único el color de la cerámica carmelitana. Foto: Alcaldía de el Carmen de Viboral.

     

    Para llegar a ser un patrimonio cultural hay que hacer un proceso para sustentarle a la nación la razón de serlo. Primero, hay que hacer una solicitud con el Consejo Nacional de la Cultura y Patrimonio, estos autorizan, sobre una argumentación valida, la posibilidad de formular un plan especial de salvaguarda. Cuando ese plan esté aprobado y tenga todas las condiciones para ser reconocida a nivel nacional, ya puede estar en el Ministerio de Cultura de Colombia.

     

    Sin embargo, los carmelitanos ya reconocen que la cerámica hace parte de su identidad dentro del territorio y más allá de una declaratoria, en términos sociales ya lo reconocen, son capaces y están de acuerdo que es una herencia en común que todos comparten.

     

    En el 2019, se logró el reconocimiento como patrimonio cultural inmaterial por iniciativa de Aproloza, investigadores independientes y el apoyo de la Universidad Católica de Oriente. Sin embargo, se está buscando con el Plan Especial de Salvaguardia (PES) para que quede en la Lista Representativa de la Nación para ser reconocido tanto nacional como internacionalmente y ser llevado finalmente a la UNESCO.

     

    Según Olimpia Pabón Cardona, representante legal de Aproloza, la asociación se fundó en el 2013, en un principio eran un grupo de artesanos que no tenían un enfoque como tal, sino que estaban mezclados ente diferentes artesanías de madera, loza, bisutería, yeso, dulces y tejidos en donde cada uno buscaba su objetivo y no lograban algo en concreto. Por lo que en el 2013 se separan y se funda Aproloza, enfocada, como lo dice su nombre, en la loza.

     

    Con el mismo detalle de sus creaciones, los ceramistas carmelitanos se empeñan en planes de salvaguardia para este patrimonio.

    Foto: Alcaldía de El Carmen de Viboral.

     

    Dentro de las actividades que se tiene en la asociación está impulsar la producción de loza, participar en la integración de comunidades en el respeto y cuidado del patrimonio cultural, desarrollar actividades culturales y de promoción social que permitan elevar el nivel cultural de los asociados.

     

    La cerámica carmelitana no solo demuestra, sino que cuenta la historia del municipio, sus tradiciones, la familia, la gente y su cultura. Gracias a ella, el Carmen de Viboral ha podido progresar, aprender, caer y volver a empezar para posicionar con fuerza el valor de de la pinta a mano bajo esmalte. Como menciona Olimpia Pabón, esta ha llegado a exposiciones mundiales como la de Dubái y es una inspiración en la película Encanto de Disney. Representa nuestra cultura, es única en el país y es un referente mundial, en unas piezas se pueden encontrar la historia del municipio y sus carmelitanos.

     

  • El plan de leer en Medellín

     

     

    Paola Cañas Tamayo / Daniela Uribe Naranjo

     

    En la oferta cultural de Medellín numerosos proyectos promocionan la lectura y la escritura en la población joven. Se destacan el Sistema de Bibliotecas Públicas, los Eventos del Libro y, por supuesto, su respectiva política pública: el Plan Ciudadano de Lectura, Escritura y Oralidad (Plan LEO).

     

    Las palabras fueron el tema de la Fiesta del Libro en 2021. Fotografía: Paola Cañas.

     

    Los colores de los libros resaltan entre los tonos neutros de la madera de las repisas, las luces cálidas acompañan el ambiente sugiriendo una lectura creativa y experiencial con todos los sentidos. Entre la diversidad de propuestas por vivir aventuras lectoras se asoman las invitaciones para relatar lo que se siente pues, usualmente, después de leer se busca escribir desde una perspectiva propia del mundo, ejercitando la capacidad para transmitir ideas en el papel y en voz alta.

     

    La aventura más visible suele ser la Fiesta del Libro, que este año realiza su edición número 16. La fiesta, un concepto dado para enfatizar en la promoción de la lectura más que en la venta de libros, se ve reflejado en el ambiente que ya es famoso entre los visitantes al Jardín Botánico y a los demás Eventos del libro, reconocidos por incluir talleres, carpas (una de ellas el bibliocirco de Comfenalco), el cuentódromo y lecturas en voz alta; así como una gran variedad de conferencias, charlas, conversatorios y lanzamientos de libros.

     

    Desde 2019 el principal de los Eventos del libro ocupa 184 000 m², que incluyen los espacios de Carabobo, Parque Explora, Parque de los Deseos o de la Resistencia y el Centro Cultural de Moravia, así lo explicó Sebastián Trujillo, subsecretario de Bibliotecas, Lectura y Patrimonio, quien comenta que en ese mismo año asistieron 500 mil personas. En 2020, el evento se realizó de forma virtual, debido a la pandemia del Covid-19, y aún así alrededor de 303 mil personas se conectaron e interactuaron en las transmisiones. En 2021, las actividades se limitaron solo al Jardín Botánico por la crisis económica que todavía golpea al país y a las finanzas de los eventos públicos.

     

    Según Trujillo, la apuesta de Medellín por convertirse en una ciudad lectora empezó con el establecimiento del proyecto Parques Biblioteca hace más de 15 años. Los Eventos del Libro también hicieron parte de este interés, pues desde el 2007 la Alcaldía decidió realizar un espacio similar a una feria del libro.

     

    Los otros dos eventos son la Feria Popular Días del Libro en el barrio Carlos E. Restrepo y la Parada Juvenil de la Lectura. Los Eventos del Libro son liderados actualmente por Ana Piedad Jaramillo, con un equipo de trabajo que durante todo el año estructura estrategias para acercar a la ciudadanía con la lectura y la escritura.

     

    Otra de las grandes apuestas, que es constante durante todo el año, es el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín. A pesar de que el sistema como tal fue constituido hace relativamente poco, con el Acuerdo 048 del 2006, desde el siglo XIX, exactamente en el año 1870 se creó la Biblioteca Pública del Estado, según la cronología presentada por la página web de LEO.

     

    Salón La Piloto durante la Fiesta del Libro y la Cultura en 2021. Fotografía: Paola Cañas.

     

    En total, el Sistema de Bibliotecas Públicas cuenta con 36 unidades de información, de las cuales 22 son consideradas bibliotecas y, con la consolidación del Acuerdo 048, son administradas por la Biblioteca Pública Piloto, una entidad descentralizada del orden municipal, fundada en el año 1952 por la Unesco y el Gobierno colombiano. La Piloto cuenta con otras cuatro filiales en San Javier – La Loma, Campo Valdés, San Antonio de Prado y Castilla.

     

    Todas cuentan con diferentes servicios, incluso actividades itinerantes, la más reconocida en este sentido ha sido la Biblioteca España, pues al no contar con una infraestructura, su equipo de trabajo se ha puesto en la tarea de llevar la lectura a diferentes lugares.

     

    Por su parte, el Plan Ciudadano de Lectura, Escritura y Oralidad (Plan LEO), es una política pública que acompaña los proyectos que pretenden relacionar a la ciudadanía con actividades lectoras. Así mismo, de este ecosistema LEO hacen parte todas las organizaciones orientadas al tema, todo emprendimiento, fundación, biblioteca, editorial y evento.

     

    También desarrolla proyectos como el Fondo Editorial, que publica libros ganadores de becas, el Seminario Abierto del Observatorio de Lectura y los estímulos de literatura que se otorgan para novelas, cuentos, poesías, textos periodísticos, ensayos y novelas gráficas, y hasta para las bibliotecas comunitarias. Según el subsecretario, este año los estímulos para las organizaciones son de 480 millones de pesos.

     

    El órgano que asesora a esta política pública es el Comité Interinstitucional del Plan Ciudadano de Lectura, Escritura y Oralidad, compuesto por 24 aliados, algunos de ellos son: la Escuela Interamericana de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia, la Biblioteca Pública Piloto, la Universidad Pontificia Bolivariana, las cajas de compensación Comfama y Comfenalco, Fundación Ratón de Biblioteca, Prensa Escuela, el Sistema de Bibliotecas Públicas y los Eventos del Libro.

     

    Natalia Duque, profesora de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia y miembro del Comité Interinstitucional del Plan LEO, resalta que el interés de la ciudad por la promoción de la lectura y escritura no es reciente. Duque explica que el fomento de la lectura viene desde los años 70 e incluso menciona a las lecturas en voz alta que realizaba María Cano (1887-1967) a quienes no sabían leer, un ejercicio que cuenta como promoción de lectura.

     

    Carpa de la Escuela Interamericana de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia, unidad académica que desde 1956 se encarga de fortalecer el desarrollo de las bibliotecas, la lectura, los archivos y la cultura de la información en la ciudad. Foto: Daniela Uribe Naranjo.

     

    Por otro lado, Didier Álvarez, profesor asociado de la Universidad de Antioquia y exmiembro del Comité Interinstitucional del Plan LEO, quien evidenció el desarrollo de las bibliotecas por 40 años, afirma que el ámbito bibliotecario ha tenido un papel importante en el impulso de iniciativas de lectura, escritura y, de forma reciente, la oralidad. El profesor ha sido bibliotecario desde 1979 y comentó un poco del desarrollo que ha visto en la ciudad.

     

    Para la década del 70 se crearon las bibliotecas de las cajas de compensación, primero Comfama y luego Comfenalco, quienes iniciaron el movimiento bibliotecario público. Sobre todo Comfenalco, que instaló un modelo moderno y exitoso que puso a la ciudad en una sintonía cosmopolita respecto a lo que se estaba haciendo internacionalmente. Después, a mediados de los 80, se desarrollaron las bibliotecas escolares y se creó la primera red de bibliotecas público – escolares del municipio, que después pasaron a formar parte del sistema actual.

     

    Resalta que el Comité es una instancia política de discusión, no un espacio en el que se deben evidenciar los juegos de poderes y en ese argumento se apoya para sostener que una de sus falencias es centrar todo el apoyo a los Eventos del Libro, pues sostiene que las organizaciones que establecen acuerdos de cooperación con la municipalidad deberían ser las encargadas, mientras el Comité se centra en su tarea política de asesoramiento.

     

    Así mismo, comenta que el Plan LEO necesita discutirse constantemente, desde perspectivas políticas, pedagógicas, estéticas y éticas. Destacó que la pandemia supuso numerosos retos como el de continuar con los proyectos que se han establecido para acercar a los jóvenes con el lenguaje. «Las bibliotecas públicas y escolares deben renovar las relaciones con los jóvenes. Es hora de poner en discusión lo que hacen las bibliotecas con este público», sostuvo.

     

    Talleristas de Prensa Escuela liderando actividades de conversación con jóvenes en la Fiesta del Libro y la Cultura. Foto: Paola Cañas.

     

    Técnicas de seducción

    Prensa Escuela, un proyecto que hace parte del Comité Interinstitucional, es liderado por El Colombiano como uno de sus programas de responsabilidad social, cuyo objetivo es formar a la ciudadanía de forma responsable, por medio del uso adecuado de la información de actualidad; así lo expone Clara Tamayo, una de las coordinadoras, quien resalta que es fundamental que un maestro pueda contextualizar los procesos de aprendizaje de sus estudiantes por medio de contenidos periodísticos.

     

    Este programa surgió en Colombia en el año 1993 como una iniciativa de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación y la Cultura (OEI) apoyado por el Ministerio de Educación y de lo que en ese momento era la Asociación Nacional de Diarios de Colombia, que hoy es la Asociación de Medios Informativos.

     

    Actualmente, la realización de talleres con la comunidad estudiantil, es una de las principales estrategias desarrolladas gracias al apoyo de la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad de San Buenaventura.

     

    Tamayo también comenta que el reto más grande que tienen es brindar elementos a los jóvenes para que construyan sus propios criterios, resaltando la importancia de hacerse responsable de lo que se opina. «La información juega un papel fundamental en el proceso de formación política de una persona, el reto es cómo hacerlos conscientes de eso».

     

    La empatía también juega un papel fundamental en este proceso de formación, debido a que por medio del conocimiento de historias diferentes, que se comparten en los medios de comunicación, se pueden comprender las situaciones diversas a las que se enfrenta una persona, lo que genera una mayor conciencia de las dificultades y problemáticas evidenciadas en la ciudad.

     

    Complementando con la lectura crítica que propone Prensa Escuela, Tatiana Sierra, promotora de lectura de Comfama, expresó con entusiasmo la necesidad de no solo leer libros, sino leer el entorno y el mundo en general. Desde Comfama y, de hecho, desde las bibliotecas del sistema proponen una lectura del cine, de las personas, del ambiente e, incluso, de parar un momento para mirar las formas de las nubes, también como una forma de leer.

     

    Así mismo, comentó sobre su experiencia dando talleres en los colegios: «A mucha gente no le gusta leer y les da pena confesarlo (…), les pregunto a los chicos y chicas a quién le gusta leer y el 80 % levanta la mano, yo les digo: “No, relajados, de verdad”, y quedan tres con la mano levantada. Se debe desestigmatizar eso, porque yo siento que leer es como una cosa que se ve muy alta para los intelectuales», planteó Sierra.

     

    Una de las tácticas es acompañar a las personas, si a la gente no le gusta leer, le preguntan las razones y piensan en qué hacer para que lea y no solo libros, sino desde otras maneras, comprendiendo que cada quien tiene su ritmo y sus propios gustos.

     

    Por ello, cuentan con diferentes actividades que pretenden aproximar a los jóvenes con el mundo de la lectura, como los clubes de cine, tertulias, clubes de poesías, costureros, la Biblioteca Móvil que se desplaza por varios municipios, las bibliotecas humanas, que permiten el espacio de conversación con personas conocedoras de los libros y clubes de lectura crítica de la prensa.

     

    Por otro lado, explicó que una de las estrategias que más les ha funcionado han sido los bonos de lectura, los cuales permiten a los beneficiarios de la caja de compensación comprar libros con descuentos, el valor que se brinda es de acuerdo con la categoría a la que se pertenezca y pueden reclamarlo en Eventos del Libro, donde Comfama hace presencia.

     

    Una mirada similar ofrecen Ana Carolina Montoya y Elizabeth Matallana, promotoras de lectura de la Biblioteca Pública Piloto. Elizabeth, quien ha trabajado con niños y adolescentes, comentó: «Hemos pensado que la lectura no puede ser un asunto reservado para unos pocos de una manera quieta, inmóvil, aburrida, sino que siempre hemos pensado que la lectura debe ser un asunto de experiencia».

     

    A su vez, Ana Carolina Montoya narra una de las dinámicas que hasta ahora les ha funcionado mejor: «Lo que hacemos en los clubes de lectura es que cuando vamos a abordar, por ejemplo, una crónica, hacemos que esa crónica que los chicos leen trascienda a experiencias de exploraciones vitales. Si leímos algo sobre los mercados que hay debajo la estación Prado del metro, además de leerla, ir a visitar ese lugar, para que este atraviese los órganos de nuestros sentidos, lo visual, lo olfativo, el tacto, lo auditivo y conversar sobre lo que les llamó la atención».

     

    Explica que también invitan al escritor de la crónica, que es algo que impacta mucho a los jóvenes, pues el texto deja de ser algo abstracto y hace que piensen: «Yo viví un montón de cosas con este texto y me proporcionó un montón de cosas, de exploraciones que no se me van a olvidar y que pude conocer más de mi ciudad, de su idiosincrasia a partir de esa crónica».

     

    Por supuesto, cada público tiene sus características y retos. En cuanto a las dificultades de trabajar con el público joven, Tatiana Sierra manifiesta que es complejo captar su atención, pero argumenta que se debe a la transición de edad. Elizabeth Matallana resalta el aspecto de la constancia, pues un club de lectura puede comenzar con quince adolescentes, pero a las sesiones solo asisten de a cuatro, cinco o seis y no siempre son los mismos.

     

    Sobre el tema, la psicóloga Lina Medina, quien trabaja con adolescentes en la Institución Educativa Presbítero Juan J. Escobar, explica esta transición que se vive en la juventud. En un primer momento, hace alusión a los cambios hormonales y físicos, además de que en la adolescencia se crean nuevas estructuras neuronales, por lo que psicológicamente comienzan a tener un pensamiento más crítico, porque captan más información de su entorno y la procesan mejor.

     

    Es una etapa compleja porque están aprendiendo todo el tiempo y sus cambios los lleva a tener emociones muy variadas en un solo día. Adicionalmente, se debe mencionar que la adolescencia no es igual para todos, para algunos puede ser temprana o tardía, así que ni los mismos chicos crecen al mismo tiempo.

     

    Igualmente, Medina identifica a las actividades de lectura y escritura como componentes importantes a la hora de realizar terapia psicológica. Por un lado, la lectura desarrolla la inteligencia, ayuda a adquirir vocabulario y, por lo tanto, será más fácil para la persona expresar una emoción o un deseo. Con la escritura se tiene un esfuerzo mayor, pues es más complejo y refuerza el desarrollo neuropsicológico. Así mismo, Lina le recomienda a sus pacientes lecturas que pueden ir de acuerdo con su situación para que reflexionen sobre su propia vida y, a veces, cuando es difícil expresar en voz alta lo que quieren decir, acudan a la escritura.

     

    Si bien alentar a los jóvenes a participar de las actividades puede ser complejo, no significa que no se interesen por las mismas. De hecho, Ana Carolina Montoya y Elizabeth Matallana mencionaron algunas de las estrategias que les han funcionado para que los adolescentes se sientan más atraídos.

     

    En primer lugar, es importante conversar sobre sus intereses para identificar qué temáticas les gustaría explorar o profundizar. «Hemos encontrado que les gusta mucho el manga y establecen así su estilo de vida, desde su estética, su apariencia y algunas formas de comunicarse», describe.

     

    Además del manga se sienten atraídos por el terror, la ciencia ficción y la novela policíaca, aunque no son los únicos temas y cada quien tiene sus particularidades. En concordancia con lo anterior, en la Piloto abrieron el Club de Lectura Medianoche, precisamente para tratar las temáticas. El club se reúne los jueves a las 7:00 p. m. con sesiones virtuales y presenciales.

    La virtualidad se volvió un nuevo escenario de los Eventos del Libro. Captura de pantalla durante una conversación sobre la literatura de Carolina Andújar, el 16 de septiembre de 2021. Foto: captura por Daniela Uribe.

     

    Durante la sesión del Club de Lectura Medianoche, liderada por Cristian Jaramillo de Fantasmagoría, se discutió sobre bandas de rock, metal y punk, hasta teorías de conspiración, como por ejemplo, que Kubrick grabó el aterrizaje falso a la Luna. Esto último animó a los jóvenes a participar de la conversación. Una de las reflexiones que realizó Jaramillo es que el terror es más que saltar en el asiento, sino también hacer sentir incomodidad, así como también existen diferentes experiencias con el horror: «¿Cómo nos va a dar terror lo anglosajón, un Michael Myers, cuando se escucha que aquí en el Éxito estaban picando gente?», planteó.

     

    Como se ha podido evidenciar, existe una gran diversidad de metodologías y propuestas para promocionar la lectura y la escritura en todas las edades, desde la sala infantil hasta proyectos como los Abuelos Cuenta Cuentos del Sistema de Bibliotecas. En la misma medida funciona para los jóvenes, que, de acuerdo con varios de los entrevistados, son actividades de mucho valor para estos, aunque ninguno tenga una herramienta de medición o cifras en las cuales sustentarse. Incluso, el subsecretario comenta que especialmente en los Eventos del Libro es imposible desagregar el público de tal forma, pero que sí perciben un gran interés por parte de los adolescentes.

     

    La Fiesta del Libro y la Cultura también promueve espacios de relacionamiento entre los actores del sector de editorial. Foto: Paola Cañas.

     

    Finalmente, Ana Carolina Montoya habla de uno de sus más grandes objetivos: buscan que los jóvenes tengan otra fuente de información y comiencen a construir su propia conciencia crítica. Señala que: «Un joven que lee sabe cómo están manejando sus comunidades, entonces empieza a conocer su historia, causas y efectos. Lo más bonito es que empieza a verse en un espejo muy particular, como a conocerse a sí mismo en unas proporciones que no le ofrecerían otros medios».

     

    ¿Cuál es el movimiento independiente

    que hay en Medellín en torno a los libros?

     

     

     

     

  • El francés, un idioma que deja huella en Medellín

    El francés es un idioma que ha tocado la vida de muchos colombianos que alguna vez lo estudiaron en el colegio o para viajar al exterior, también de algunos que nacieron con él. En Medellín, sus promotores lo han hecho una herramienta que contribuye a la construcción de ciudadanía a través del arte, el cine y la música en diferentes barrios, pero también con la inclusión de la comunidad francesa. Es la tarea que ha emprendido la Alianza Francesa en la capital de Antioquia.

     

    Thomas Arango López / thomas.arango@upb.edu.co

     

    “Bonjour, comment ça va ?, Qu’est que vous avez faitez le weekend?”, es lo que se oye cuando empieza la clase al entrar a uno de los salones que tienen el mapa de Francia y fotografías de alguna de sus ciudades. Se enciende el monitor que proyecta en la pared el libro de texto con el cual se trabaja y, luego de haber escuchado la canción algún artista francófono, visualizado el tráiler de una película que tuvo eco en el cine francés o leído el fragmento de un texto que puede ser icono en la voz de Víctor Hugo, se empiezan a socializar los ejercicios pendientes y se abre con la nueva temática que bien puede ser una base gramatical o un sujeto que nos puede hablar de la gastronomía en Lyon.

    Fachada exterior de la alianza francesa sede San Antonio. Por: Alianza Francesa

     

    El francés no solo es uno de los idiomas más populares globalmente, de los más hablados, de los oficiales de la ONU o el que necesitas para trabajar, estudiar o vivir en un país francófono. Es también aquel que tiene. un particular un impacto cultural, desde la literatura, la música, la pintura, la gastronomía y más. Bajo estos principios se orienta la Alianza Francesa, un instituto que impulsa la lengua y la cultura de ese país en el extranjero desde su fundación en París en 1883. En la actualidad tiene más de 1072 sedes, en al menos 135 países, las cuales funcionan bajo un enfoque cultural y lingüístico para los interesados en el idioma francés, involucrando un contexto histórico y académico. En Colombia está presente en al menos 13 ciudades diferentes: Armenia, Bogotá, Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Cartagena, Cúcuta, Santa Marta, Manizales, Pereira, Popayán y Medellín. En la capital antioqueña hace vínculo con centros culturales y realiza proyectos en conjunto con otras organizaciones e instituciones para llevar dicho idioma a muchos más curiosos.

     

    La Institución propone continuamente múltiples eventos de interés social ligados al ámbito cultural y aunque no son la única red extranjera en la ciudad, su objetivo es el trabajo en equipo con las otras alianzas francesas del país, la Embajada de Francia en Colombia, institutos de lengua francesa, colegios y universidades que ofrecen el francés o empresas de origen francés cuyos empleados requieren conocimiento de este idioma.

     

    El toque francés

    Invitaciones de la programación cultural. Por: Alianza Francesa

     

    La pandemia que llegó a Colombia en 2020 fue un evento que afectó gravemente los planes de trabajo a nivel cultural y educativo de la Alianza, pero desde los últimos meses de 2021 y el inicio de 2022, los eventos y actividades al interior y exterior de la institución han vuelto para abrir el pensamiento a una nueva cultura.

     

    En Medellín han trabajado con la participación de las personas locales desde el arte y sus diferentes expresiones como muestras de danza y teatro, la proyección de películas de cine francés, mercados gastronómicos para experimentar desde el gusto y otras actividades para promover el idioma como conferencias y clubes de conversación. En especial, dos actividades anuales hacen reconocida a la institución, La Fête de la musique, como celebración internacional que la Alianza acoge con enfoque en la lengua francesa y promueve con diferentes concursos y presentaciones. Y el festival de cine francés, como un evento que promueve las producciones que han tenido eco en escenarios como Cannes o expresan la cultura europea o de la ciudad canadiense de Quebec.

     

    La gestión cultural y artística impacta de manera positiva las zonas y barrios donde la Alianza tiene sus sedes. Un caso puntual, es la de San Antonio, al centro de la ciudad, un entorno marcado por la inseguridad, la violencia, la soledad y demás situaciones negativas. Allí han intervenido con la belleza y los colores de murales artísticos. La institución realiza una programación que estimula la sensibilidad al arte y la cultura, con presencia en eventos como la Fiesta del Libro y la Cultura, festivales escolares y universitarios, en colaboración con espacios como la Cámara de Comercio de Medellín, diferentes sedes de Comfama, el Teatro Metropolitano y parque cultural Otraparte,.

     

    Además, la Alianza cuenta con dos galerías, una de ellas es Oliver Debre, dedicada al arte contemporáneo que existe hace más de 20 años; la segunda es La Otra, con exposiciones más alternativas que desde 2022 han estado dirigidas por Diego Cano, pintor colombiano, y Duván Valderrama, encargado de la parte de difusión. Las fachadas externas del edificio sede de la Alianza han sido intervenidas por artistas extranjeros, francófonos y colombianos, como otra manera de permear el espacio con nuevas ideas. En su última propuesta, tres mujeres son las autoras de la obra sobre las fachadas de la sede en San Antonio.

     

    El francés como lengua deja un impacto, pero la cultura de Francia, su historia y hábitos lo hacen de forma más visible. Entre los estudiantes, un interés importante es la emigración a Francia y Canadá con motivos académicos, laborales o de vivienda. Los libros de texto para enseñanza suelen abrir el espectro a la cultura francófona con sus roles en Europa y el mundo, del mismo modo que su participación en el campo de la investigación y la innovación. Pero es la experiencia de los docentes lo que suma al aprendizaje; los testimonios de profesores locales que vivieron, estudiaron o viajaron a Francia, en compañía de la realidad autentica de los franceses nativos y su vida en los países francófonos, son puntos que animan a perseverar en la lengua.

     

    “Je pense que savoir parler français est un atout dans le monde professionnel. Il y a des millions de personnes francophones dans le monde dans des dizaines de pays. Si votre profession vous amène à voyager ou travailler à l’international, vous serez probablement amené à discuter avec des personnes francophones”.

    “Yo creo que saber hablar francés es una ventaja en el mundo profesional. Hay millones de francófonos en el mundo, en decenas de países. Si su profesión lo lleva a viajar o trabajar internacionalmente, probablemente tendrá que hablar con personas de habla francesa”.

     

    Así lo destaca uno de los docentes, nativo de la ciudad de Toulouse. El aprendizaje de una nueva lengua, sea el francés o alguna otra, permite conocer una nueva cultura, una nueva manera de pensar y promover el sentido crítico.

     

    La comunidad francesa

    Para sorpresa de muchos, la francesa es una comunidad que poco a poco ha crecido y aunque no se ubica en un barrio específico, ni se conocen entre todos ellos, tras la salida de muchos por la pandemia del 2020, han vuelto a ser numerosos y su presencia en entornos turísticos, recreativos y culturales es evidente. Muchos de los nativos franceses han creado sus propios emprendimientos, otros se han empleado en empresas locales y los demás hacen parte de industrias internacionales o trabajan de manera remota. Los franceses se consideran a sí mismos fuertes trabajadores y complementan las dinámicas de trabajo en la ciudad y en el país en general. Ellos mismos destacan cómo cuando un extranjero llega a un nuevo territorio, aporta desde su cultura, su lengua, sus costumbres económicas y tradiciones habituales, mejorando el movimiento local; después de todo, como afirma Margaux Cannamela, gestora cultural de la Alianza Francesa y nativa de la ciudad de París, “No debo imponer algo en el país que no es el mío, el objetivo es trabajar juntos y cooperar para aportar a los valores locales”.

     

    El orgullo de la Alianza Francesa

    Sesión de lectura sinfónica. Por: Alianza francesa

     

    A criterio de los docentes, la Alianza Francesa en Medellín es una de las sedes con mejor calidad académica en el país. La motivación de los aspirantes por el aprendizaje de la lengua francesa es un gran apoyo y la relación previa entre el español y francés al ser ambas lenguas romances, da una mayor facilidad que ayuda a que el instituto no deje de crecer.

     

    Estos testimonios muestran cómo el francés sigue en pie, pero evidentemente hay un cuadro comparativo con la lengua inglesa. El inglés tiene un mayor número de hablantes y, desde una mirada pedagógica, presenta más facilidad en el aprendizaje, hablando de sus condiciones sintácticas y gramaticales, los francoparlantes no lo ven como un verdadero reto. Desde que el francés dejó de ser una lengua enseñada en el sistema educativo colombiano de manera obligatoria, bajó su cantidad de hablantes y adicionalmente, en el contexto global, al inglés ser prioridad, el francés se volvió menos útil. En la actualidad, el inglés tiene un público más general y vale como conocimiento necesario a nivel laboral y académico. Pero, para sorpresa de muchos y orgullo de la Alianza Francesa, en Colombia y Medellín ya se ha convertido en una lengua para un público específico, que no la aprende por obligación; se trata de personas con motivaciones de emigrar, trabajar o hacer estudios superiores en el exterior, ser asistentes de lengua o ser del grupo de apasionados por la cultura francesa a quienes esta les parece interesante, cuentan con tiempo libre para divertirse aprendiéndola y son quienes mantienen vivo el idioma.

     

    “Cette anné l’Alliance Française c’est une alliance vivant”. / “Este año la Alianza Francesa es una alianza viva”, así lo define Margaux Cannamela, al decir que la institución trabajará en temas científicos, culturales e históricos, abriendo puertas en el exterior. Adicionalmente, se ha vinculado al distrito San Ignacio, una alianza de espacios culturales en el Centro de la ciudad y desde febrero de 2022 abrió a más personas la mirada intelectual del francés.

    Se cierran los libros de texto, pregunta el profe de nuevo si hay dudas, se dejan los deberes para las siguientes clases y se muestra la programación cultural de la Alianza y otros eventos próximos. Algunos se paran a hablar con el profe, otros toman sus bolsos y se van. El monitor se apaga. Las luces se hacen tenues. Todo lo que se habla dentro de los cuartos es en francés y al salir de los edificios, los estudiantes no saben si seguir aparentando que son francófonos o volver al español. “A demain” o “Bonne soirée”, terminan diciendo al partir.

  • Leyendo a La Bastilla

     

    A lo largo de su historia, el Pasaje La Bastilla se ha configurado como un importante espacio dentro de la vida comercial y cultural del Área Metropolitana. Muchas cosas se han leído en La Bastilla, empezando por los libros que allí habitan; sin embargo, como si de un texto se tratase, aún no se ha intentado leer a la misma. A través de un recorrido por alguno de sus personajes y escenarios más icónicos, intentamos encontrar lo que La Bastilla es.

    Cristian David Gutiérrez Martínez e Iván Enrique Vega Díaz / Cristian.gutierrez@upb.edu.co , ivan.vegad@upb.edu.co

     

    El Metro, el tranvía, La Oriental

    Para llegar a La Bastilla, son dos los medios de transporte más convencionales. Por un lado, algún colectivo tomado desde cualquiera de los rincones de la ciudad o del Área Metropolitana; en este caso, los buses suelen detenerse en algún lugar de la larga Avenida Oriental, lugar por excelencia de vendedores ambulantes, habitantes de calle y borrachos. Así, caminar por la Oriental, pedir un buñuelo de quinientos pesos, tomarse un perico o dejarse tentar por los calentados mañaneros que ofrecen las panaderías cercanas, es parte fundamental de la experiencia de La Bastilla.

     

    La otra forma es bajarse en el Metro y caminar hasta la calle en cuestión. El tranvía y el metro son, específicamente, los medios que se pueden utilizar en este caso. La estación San Antonio, lugar donde es necesario bajarse, es la más concurrida de todo el sistema Metro; por ello, bajarse o subirse allí significa dar empujones, codazos y palmadas para lograr escabullirse entre los demás pasajeros aprisionados. Una vez fuera del vehículo, el aire del Centro es totalmente perceptible: señoras con bolsas de confites, carritos de frutas y vendedores de ropa de dudosa calidad dominan el paisaje. La estación San Antonio posee algo de belleza por sí sola; la arquitectura es imponente, las personas filan (a veces) como hormiguitas atemorizadas. Una vez fuera del Metro, La Bastilla está a un par de cuadras. Es solo necesario seguir la línea del tranvía que antes habíamos montado para llegar a ella. En este caso, el trayecto es un poco más de lo mismo; calor, bullicio y el gentío caminando hombro a hombro. En este sentido, vivir La Bastilla es también caminar por el centro, sentir el sofoco del Metro, percibir el aroma de los mangos con sal expuestos al sol. Sí, para leer La Bastilla hay que, primero, leer un poco de la ciudad que esta habita.

     

    Adentrarse

    Al ser una calle sin fin, como los libros que acá albergan, La Bastilla tiene dos entradas: por la calle 50, y la avenida Ayacucho. Por la 50, y así la llamaremos, sólo hay un teléfono público. Por Ayacucho es un pasaje entre dos tiempos: las mencionadas baldosas lisas, y el suelo cementado y rugoso. Una calle y otra; la que ha aceptado nacer, y la que se niega a morir.

     

    Transeúntes

    Por su ubicación y su cercanía con otros importantes lugares de la ciudad, en ella los transeúntes son sobre todo personas de paso; señores del común que se adentran en la calle, reciben un par de invitaciones, echan un vistazo al entorno poblado de libros y terminan saliendo por el otro extremo. En eso se resume la experiencia de La Bastilla para muchos: una calle bonita que, una vez atravesada, te deja frente al tranvía.

     

    También están, claro, los visitantes casuales. Esos que vienen por primera vez, o los que ya se conocen todo el centro y se arriman con una cara disgustada a buscar el librito para sus hijos, el texto que tal profesor exigió o el diccionario que dejaran tirado en un rincón de su cuarto. Porque sí, La Bastilla hace parte del imaginario colectivo del Valle de Aburrá y quizás de todo Antioquia. ¿Busca libritos baratos? Vaya al centro y pregunte por La Bastilla. ¿Tiene que comprar una Constitución? En el Centro Comercial del Libro lo consigue fino. ¿El niño se graduó y dejo algunas guías para vender? Vaya a ese rinconcito, allá le dan un buen botín. Todos han estado en La Bastilla, han oído hablar de ella o lo harán, más pronto que tarde.

     

    Entre cafetines

    El paisaje en La Bastilla es, en su mayoría, de cafeterías y quioscos; algunos hay echados a su suerte, restaurantes como El sazón de la bastilla luchan consigo mismos, pues en La Bastilla poco se llena el estómago. El cerebro, y en algunos su corazón, son frascos que se colman con letras, cafés y cigarrillo.

     

    Primero, el olor a libro

    La Bastilla es un escenario de ensueño para cualquier escritor latinoamericano. El realismo mágico y el aroma a libro brotan en sus paredes. Aquí, el libro no es un objeto sagrado, por mucho que sea protagonista y desde el comienzo se perciba: libros regados por todo el camino dominan el paisaje. Rotos, descosidos, manchados, salpicados de barro. Los vendedores toman los libros sin ninguna delicadeza y los descargan en cualquier lado, generando sonidos fortísimos, conmoviendo a todo aquel que ve en este objeto más que hojas con rayones. Es, en definitiva, como caminar por un mar de letras.

     

    Entre esta marea destacan un grupo de robustos libros apenas contenidos en cajas desfondadas. A simple vista, se observan algunos libros académicos, didácticos, literatura clásica, algo de filosofía; algunos, buenos títulos.

     

    Libros tirados a lo largo de la calle del Pasaje La Bastilla. Foto: Iván Vega.

     

    Por allá llama un joven. Con los brazos cruzados y la mirada relajada, invita a mirar sin compromiso. A este improbable vendedor se le entabla charla fácilmente. Cuenta que todos esos libritos aparentemente abandonados los vende él. No tiene una librería, ni siquiera un espacio en el andén para tirar sus libros sobre una alfombra. Cuando puede, riega su material a lo largo de la calle; cuando no, hace lo mismo, pero en uno de los lugares aledaños. Todos esos títulos los recolecta en los barrios, muchas veces regalados; dice que, a veces, hay libros en muy buen estado y la gente piensa en botarlos, pero él los rescata. Debe haber algo de poético en eso, una calle llena de libros que impiden el paso, libros que pudieron ser basura, pero, ahora, siguen siendo libros a la espera de un próximo dueño. Un libro, más que decoración, debe ser conocimiento vivo y rotativo.

     

    Qué representativa situación. En La Bastilla no se le rinde culto al libro, pero, literalmente, está invadida por la presencia de él. Se respira, se siente, se huele. De esta calle mana olor a libro.

     

    La librería París

    La librería Paris es la principal fuente de publicaciones literarias, económicas, pornográficas y matemáticas. Entrar es dificultoso. Dos mesas repletas; una con ochenta (80) ediciones de Malpensante y cientos de revistas de diversos intereses; otra con libros, en su mayoría de crecimiento personal, ciencias exactas y alguna que otra novela de calidad cuestionable. Al pasar por dichos impedimentos, el espectador se sitúa ante lo que se presenta: cuatro pasillos formados por largos anaqueles, donde se encuentra una sucesión cuasi infinita de libros perdidos de casi todos los autores posibles. Su orden es azaroso. No tiene la minuciosidad de un bibliotecario, pero es cercano, claro, porque tienen algo parecido.

     

    El olvido y la memoria han sido tema de grandes obras literarias. El infortunio del primero, y la grandeza del segundo, se ven reflejados en la librería. La capacidad, acaso un don, de recordar todos los títulos solo la tiene una señora, cuyo nombre prefiere no dar. Dicha mujer se ha acoplado en el espacio con la perfección todas las cosas matemáticas. Conoce los libros, casi como si le pertenecieran, o incluso como si ella fuese uno.

     

    El Centro Comercial del Libro y la Cultura

    Del otro lado de la calle, un cartel de la alcaldía de Medellín anuncia el Centro Comercial del Libro y la Cultura. Las puertas metálicas, verdes y semi recogidas, hacen saber que ese lugar no es para todo el mundo. Los libros son los protagonistas, cuya grandeza puede ser meritoria de una etnografía: la condición humana, su grandeza individual y en sociedad, todo ello se encuentras en ese objeto. Pero ese es tema para otro día. El ambiente dentro del comercio es especial. Las personas allá actúan diferentes, y piensan que quienes entran a La Bastilla son iguales: queremos libros, y ellos los tienen. Dicha razón, fundamentada en una realidad inalterable, es motivo suficiente para preguntar a todo quien entra: “¿qué libro necesita y yo se lo consigo?”.

     

    El tema de los comerciantes ya tendrá su respectivo espacio, por el momento hablemos del espacio en dónde se dan a ser. Y claro, es fundamental. La filosofía, por ejemplo, se dice que empezó en una plaza de mercado. Los comerciantes de todas partes traían sus productos e intercambiaban sus saberes. Esto, en La Bastilla, se nota. Hay libros que no son pensados e impresos en Medellín, y otros que solo pueden ser de acá. La variedad de títulos; a veces en cubículos organizados, o en bodegas desamparadas, nos plantea una infinitud de saberes.

     

    Una serie de pasillos largos y poco anchos nos hacen pensar que el primer piso es un laberinto, donde dejados a nuestra suerte, tendremos que salir de alguna manera. Leopoldo Marechal dijo alguna vez que “De todo laberinto se sale por arriba”, por lo que nos plantea una solución que nos conduce a un segundo piso más vacío, obra de un Dios que olvidó su cielo. Los barandales verdes nos retienen de una posible caída, sin embargo, el verdadero problema es el armazón de madera. Los comejenes, ya cansados de los libros, se devoran, a la vista de todos, la estructura del piso.

     

    Comerciantes de libros y libreros

    Hay una librería en este piso que destaca del resto y es la de Don Dario. Los libros, colgados en la pared cual guirnalda navideña; otros, acomodados dentro de un espacio matemáticamente destinado a contenerlos, pero natural en la estructura del edificio. Don Dario, conversador y siempre escuchando la radio, está siempre dispuesto a atender las necesidades de los esperanzados muchachos que buscan un libro, y también, de los periodistas. Es una costumbre, dice. Por lo general habla de una cultura del mal, donde el vicio se ha apoderado de la gente. Se proyecta en un futuro incierto, donde el único remedio es vivir el diario, pero con la esperanza que cambie. Claro, sin saberlo él ayuda a que sea así.

    Una de las librerías ubicadas en el segundo piso del Centro Comercial del Libro y la Cultura. Foto: Cristian Gutiérrez.

     

    Don Dario es un librero. Dicho grupo reducido se caracteriza por prometer una lectura. Tanto así, que él puede vender el mismo libro cincuenta veces, pero lo vende porque su contenido es el que proyecta a sus lectores. A diferencia del comerciante, el cual se encuentra en todas partes, consciente de la dificultad de un buen libro, el librero acerca al lector a su posibilidad.

     

    A la misma casta pertenece Barbara Lins. En su librería, La Hojarasca, bautizada así porque un libro no es más que eso (un montón de hojas), cada cosita está puesta en su lugar, tanto que no parece dedicada a la venta de libros, sino a la colección de ellos. Para ella, ser librera no es una obligación, pero agradece la presencia de personas que, además de vender libros, puedan recomendar y mantener ávidas charlas acerca de literatura con sus visitantes. La Bastilla es en ella una posibilidad de abrir la imaginación, de soñar con poesía y devolver a los libros la magia que esconden. Una conversación con ella, o con cualquier librero de La Bastilla, es salir con una nutrida colección de títulos cuya existencia antes no alcanzabas a sopesar.

     

    Un poco de historia: bastión de poetas y borrachos

    El encanto de La Bastilla radica en su esencia: la tertulia en torno al libro. Este reconocido lugar es la combinación de los libreros de la plaza Rafael Uribe Uribe y el Café La Bastilla. Don Alberto Aguirre fue el creador de las tertulias. En un pasillo largo del Café, al fondo, una mesa grande con seis sillas era el sitio de culto. María, la del tinto, era la que les recordaba que estaban en un café y les traía dicho combustible. La lista de personalidades es amplia. Don Darío, por ejemplo, nos cuenta que el profesor Memo Ánjel llegaba allá; imita su postura encorvada, paso lento y cara arrugada, decía que salía con dos bolsas llenas de libros y su cigarrillo. Se ríe a carcajadas, casi con la añoranza de esos viejos tiempos.

     

    Y la cultura, ¿dónde queda?

    La Bastilla es un lugar emblemático, de eso no cabe duda, pero es posible que a lo largo de su historia no se le haya dado el carácter que merece; eso es al menos lo que sucede en opinión de Barbara Lins. Es cierto que la cultura no se construye conscientemente, aun así, para que la misma sobreviva, es necesario la creación de espacios que permitan su existencia. El comercio y el encuentro casual, aunque en cierto modo son también creadores de esta, se han tomado esta calle hasta impedir el desarrollo de las actividades culturales que son tan necesarias para la perpetuación de estos lugares.

     

    La remodelación permitió en cierta forma la posibilidad de abrir este tipo de espacios. Que lectores, escritores y artistas puedan caminar con relativa tranquilidad por La Bastilla, es ya una posibilidad de que estos acontecimientos florezcan. Así como los andenes fueron remodelados, qué bueno sería hacer del Centro Comercial del Libro y la Cultura un espacio más abierto, permitir que la literatura se escurra por los pasillos, que la música se escuche fuerte, que los poetas puedan recitar sus poemas y los libreros presten atención. Las lecturas silenciosas, los equipos de sonido despidiendo tímida música clásica y la estrecha anchura de los pasillos son muestras de que la cultura en este lugar está amainada.

     

    Si La Bastilla va año tras año a la Fiesta del Libro, ¿por qué no habría de ir la Fiesta del Libro a La Bastilla? ¿Por qué no permitirse espacios en que escritores y libreros conversen? ¿Por qué no otorgarle algo de majestuosidad al libro? Son algunas de las preguntas que Barbara Lins, de forma elocuente, se hace. Una importante lucha espera a estos libreros de La Bastilla, que esperan hacer de su lugar de trabajo un rincón para el disfrute del arte y la cultura. Así como la calle se ganó su espacio, que se lo gane el primer piso del Centro Comercial, que se lo gane el segundo. Que los libros no se queden escondidos, empolvados, tras los hombros de un viejo librero. “Dime qué lees y te diré quién eres” decía García Lorca. Pues bien, leyendo a La Bastilla, sé que ella es un lugar que guarda esperanza.

     

     

  • En la Villa, el freestyle proclama su rey cada semana

    Sara Rodríguez Lopera / sara.rodriguezlo@upb.edu.co

     

    Al occidente de Medellín, los raperos se reúnen para probar su habilidad y miden su fuerza verso a verso.

     

    El hip hop nació el 11 de agosto de 1973, durante una fiesta ubicada en el Bronx de Nueva York. Una crónica de Alberto López en el diario El País relata que a partir de la creación del sonido break (romper, en español) iniciado por el DJ jamaiquino Kool Herc y las rimas de su amigo y maestro de ceremonia Coke La Rock, fue que el rap comenzó a nacer. La llegada del freestyle sería tiempo después. El hip hop es una cultura urbana, una parte de la cual es el rap, el arte de rimar mientras se improvisa.

     

    El freestyle es un tipo de rap de modo libre, en el que no hay una composición previa y las letras son improvisadas. Para Elepz, creador del evento El Rey de la Villa, el freestyle “es liberarse, es soltar lo que sientes sin filtros”, es la puerta que le dio vida, su lugar favorito.

     

    Las batallas de freestyle son “un debate de ideas, una guerra de argumentos”, afirma Elepz, en las que dos o más MC´s (maestros de ceremonia) se enfrentan a base de rimas con un tiempo estipulado, atacando a su contrincante hasta que su tiempo termina. Cabe aclarar que los MC´s hacen rap e improvisan, mientras que los freestylers solo improvisan. La Redbull Batalla de los Gallos, fue el primer evento en hacer una batalla con formato profesional y tuvo lugar en el 2005, en Puerto Rico. El año pasado este evento se celebró el 11 de diciembre en Viña del Mar, Chile.

     

    Medellín tiene un encuentro similar, aunque pocos son los freestylers que realmente saben cómo fue que comenzó el evento conocido como El Rey de la Villa. Algunas suposiciones hablan de “una iniciativa de fomentar el freestyle en la comuna 16” o que “Elepz fue alguien que impulsó a que creciera más el parche de rapear hasta que se volviera una plaza”. Sin embargo, y aunque la segunda hipótesis se acerca a la realidad, la verdad es que fue Bryan Alexander Córdoba López, aka (also known as, que en español significa: mejor conocido como) Elepz, quien le dio vida a la mejor liga callejera de

    Medellín.

     

    Elepz, el gestor de este enuentro de hip – hopers. Foto: Sara Rodríguez

     

    Córdoba tiene 25 años y nació en Medellín, en el sector de Alta Vista. Se dedica a ser freestyler, a componer y a organizar eventos. Actualmente quiere hacer profesionales sus trabajos musicales, intentar avanzar el freestyle en el ámbito regional y continuar estudiando actuación y dirección para cine. Su logro más reciente es haber sido el papel protagónico de la película La ciudad de las Fieras; filme dirigido por Henry Rincón, coproducido por RTVC y premiado en el Miami Film Festival, que se dará a conocer en marzo de este año.

    Elepz comenzó a competir en batallas de freestyle en agosto de 2018 y a finales de 2019 dio comienzo a lo que hoy es El Rey de la Villa. Todo comenzó con La Villa freestyler, un pequeño evento donde varios participantes improvisaban y rapeaban, entre ellos, el mismo Elepz. Sin embargo, este evento se terminó porque “dejaron morir todo, pues, se fueron y ya no había nada ahí”, narra Córdoba, quien a partir de entonces comenzó su propia liga.

     

    El grupo de entusiastas hace todo por sus medios y las redes sociales son claves en ello. Foto Sara Rodríguez.

     

    Freestylers como Emmanuel David Doncel Narro, aka Duhbai, y Luis Miguel Osorio, Aka Osorio, llegaron a El Rey de la Villa gracias a Cuatro Barras, la mejor liga de eventos nacionales en Medellín. En su momento, Cuatro Barras quedaba en el Parque del Amor, al lado de la estación Floresta y un día, cuenta Duhbai, “todos empezaron como ‘ve, que el Rey de la Villa, que el Rey de la Villa’ y me dio mucha curiosidad” y al notar que le quedaba a 20 minutos de su casa, no dejó de ir cada viernes. Osorio, por su parte, asistió a Cuatro Barras en el 2019 y “mucha gente se animó a venir y me dieron moral para venir también y vine”, cuenta.

     

    Las batallas

    Cada viernes, antes de ir al Rey de la Villa, los freestylers se reúnen en torno a un bafle a practicar y entrenar para las batallas ya sea en la Nueva Villa de Aburrá, en el caso de Duhbai, o en Barbosa, en el caso de Osorio.

     

    El encuentro comienza entre las 8:00 y 8:30 de la noche en predios de la Nueva Villa de Aburrá, cerca de la escultura “Los Obreros”, en la cima de una colina llena de árboles. Más o menos una hora antes, los participantes se acercan al Fosfa para inscribirse y pagar 5 mil pesos que cuesta la inscripción, salvo cuando se acerca una fecha importante, como una competencia regional, que el derecho cuesta 6 mil pesos o para una batalla en duplas, en la que el valor es de 14 mil. Muchos freestylers van a las batallas con el dinero justo para los pasajes y mientras van llegando más participantes y el público, piden colaboraciones para recolectar el dinero justo de la inscripción.

     

    “El Fosfa” en sus tareas de registro de participantes y documentación de los encuentros, animados por un “host”. Fotos: Sara Rodríguez.

     

    Con el dinero que se recauda se pagan los premios que, generalmente, son de 100 mil pesos al primer lugar y 50 mil pesos al segundo; además, se paga a los jueces, al host o presentador de las batallas, a los de logística y a los de cámaras. La que recoge el dinero o contadora, se llama Daniela; ni ella ni Elepz se quedan con el dinero de la inscripción. Elepz, por su parte, vende “Merch” con el logo del Rey de la Villa: gorras, hoodies, camisetas, stickers.

     

    Los freestylers se inscriben al evento con su aka, no con su nombre real. El significado de este apodo varía mucho. Por ejemplo, en el caso de Córdoba, su akaElepz, lo creó a partir de las letras L, P y Z que viene del apellido de su madre: López y le colocó las dos “e” para que se viera bonito y sonara mejor. Por su parte, Doncel cree en la ley de la atracción y desea irse a vivir a Dubái en la vejez, por eso su aka es Duhbai. Finalmente, Luis Miguel Osorio, decidió que su sobrenombre sería Osorio porque desde pequeño lo conocen así por

    su padre, en Barbosa.

     

    Hay tres jurados que califican a los participantes para luego elegir al ganador, estos se encuentran sentados en la única banca de cemento que hay en el lugar. Mr. Monkey es el único juez fijo, y se encarga de que los otros dos jurados sigan el cronograma y respeten el método en que se califica. Los otros dos jueces los elige Elepz, con el criterio de que tengan antecedentes de buenos resultados y si se desenvuelven en otras ligas.

     

    Para la calificación hay un sistema de puntaje que va del 1 al 4: 1 punto es una rima estándar, 2 puntos es una rima buena, 3 puntos es una rima demasiado buena y 4 puntos es una rima “brutal”, como lo describe Duhbai. Los puntos, además, tienen en cuenta si se habla de la temática, por cómo se ataque y la respuesta que se dé.

     

    Elepz vs Ney en octavos. Batalla 4×4 con cuatro entradas (temática: libre)

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    Las batallas inician mínimo con 8 personas. Algunas veces, en fases de octavos y cuartos de final el tema es libre, mientras que en semifinales y finales puede que pongan alguna temática como personajes contrapuestos, objetos o elementos. Para rapear, generalmente se usa el formato 4×4, es decir, cada freestyler tiene 4 líneas para atacar o defender (10 segundos por las 4 líneas) y, algunas veces, se usa el formato 2×2, que además de que es más rápido, cada freestyler tiene dos líneas para atacar o defender (5 segundos por las 2 líneas). Otros formatos que existen son:

    8X8: cada freestyler tiene 8 líneas para atacar o defender.

    Kick Back: es cuando el oponente tiene una línea para preguntar y el otro tiene tres líneas para responder.

    Boom Bap: configurado a 90 rpm (revoluciones por minuto) en cada uno de los 10 segundos.

    Double Tempo: configurado a 120 rpm (revoluciones por minuto) en cada uno de los 10 segundos, parecido al trap.

    A capela: rapean sin música.

    Duplas: rapean en pareja.

    Easy Mode: rapean sobre una palabra por 10 segundos.

    Hard Mode: rapean sobre una palabra por 5 segundos.

    Los beats, el instrumental o la pista son sinónimos de lo mismo: un ritmo sobre el cual un freestyler se adapta para improvisar. En el freestyle se trabaja la musicalidad, es decir que no solo se trata de atacar y rapear, sino de que auditivamente sea agradable escucharlo.

     

    Batalla 8×8 con tres entradas. Temática: personajes contrapuestos, luz y oscuridad). Chang mc vs Gafas en octavos

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    Las reglas dentro de las batallas de freestyle son rapear en el tiempo estipulado y no tener contacto físico. “Si se tocan o hablan de manera violenta al punto de que se van a pelear, ambos quedan descalificados”, cuenta Duhbai. Una manera de demostrar que las cosas están bien entre ambos competidores después de una batalla es darse la mano o abrazarse. A pesar de que se toquen temas sensibles durante las batallas, el ambiente de estas es respetuoso y acogedor, pues es abierto tanto a los freestylers novatos, como a los que ya tienen un reconocimiento amplio; además, el respeto a la diferencia y admiración por la misma es algo que se evidencia con Aka Urko, un chico reconocido por su silla de ruedas y por su constante participación en El Rey de la Villa.

     

    El año pasado, el evento fue tan masivo que la Policía lo canceló por no tener los debidos permisos, así que Elepz hizo los trámites ante la Alcaldía para evitar que esto volviera a suceder y además pidió permiso para el uso de micrófonos, pues los freestylers debían forzar bastante su voz para que el público de los alrededores lograra escucharlos.

    El consumo de sustancias psicoactivas ha hecho que la Policía cancele el evento, pues el olor de la marihuana se percibe a metros de distancia y es común que tanto el público como los freestylers tengan un bareto en una mano y una lata de cerveza en la otra; y, aunque el bullicio que emana el evento ha generado malestar en los vecinos, esto nunca ha sido un impedimento para que continúen reuniéndose de nuevo cada viernes.

     

    Entre batalla y batalla, el host grita varias veces: “Este es el rey de la…” y el público responde “¡Villa!”. Cada viernes se proclama un nuevo Rey. Para los novatos hay un evento llamado Herederos al Trono y cada quince días, en el mismo lugar, pero más temprano, se proclama un nuevo heredero.

     

    Pocas son las mujeres que participan rapeando, pues por alguna razón prefieren ser espectadoras. Sin embargo, mujeres freestylers como Pandora, Enigma y Melissa mc han llegado a participar en El Rey de la Villa. Cuenta Elepz que cuando esto ocurre se les agradece mucho y es por ello que le gustaría que el “freestyle se haga más masivo, y así, más gente pueda conocer esto, [ya que] esto lo hacemos con mucho amor, y por el amor que le tenemos, esperamos compartirlo”.

    Los detalles de logísticos, la camaradería, el simple hecho de encontrarse en un gusto común hacen que El Rey de la Villa sea, especialmente, una comunidad. Fotos: Sara Rodríguez.

     

    – *** populismo ya deja de gritar

    Que porque grites el voto no va a cambiar igual

    Yo te vengo a enseñar lo que es rap de verdad

    Pa´que la gente así lo pueda escuchar

     

    -Esto se trata de un buen sonido

    Se trata de dar a la gente un buen contenido

    Sacar a los pollos del nido

    Y mostrar que este medicamento hace rato se pasó y está vencido

     

    – ¡Tieeempo!

     

    Batalla 8×8. Temática: dar o recibir. Melissa mc vs Crackize en octavos

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