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  • Medellín y el futuro de sus vías

    Para nadie es un secreto que vivimos en una ciudad con alto índice vehicular. Cada día las calles están más congestionadas. No es solo por la cantidad de vehículos que en ella circulan, sino también por la infraestructura vial.

     

    Según estadísticas, en el RUNT (Registro Único Nacional de Tránsito) se registraron alrededor de 2.2 millones de vehículos en Antioquia, de los cuales 1.3 millones eran motos (59 %), y 777.673 automóviles (34 %). De allí la pregunta: ¿hay suficiente espacio en las calles de Medellín para que transiten tantos vehículos? La respuesta es NO, al igual que muchos comentarios que he apreciado por parte de personas que laboran en este campo, siendo directamente afectados por la situación.

     

    Pero, ¿a qué se debe esto? Los principales argumentos son dos: el primero, que cada año entran miles de vehículos nuevos a la ciudad, según informa el Ministerio de Transporte por medio del RUNT, pero no salen de circulación los que ya han gastado su vida útil, la cual en Colombia es de aproximadamente 30 años. Estos generan más emisiones de dióxido de carbono y, por ende, más daños al ambiente. Lamentablemente el 19 % de buses supera dicho límite de tiempo, según el RUNT.

     

    El segundo argumento, la reducción de las calles como consecuencia de las ciclorrutas; proyecto que es importante y pertinente, pero no fue pensado lo suficiente, ya que esta idea debió construirse poco a poco, analizando la cantidad de vehículos que circulan por las vías, y del mismo modo, la cantidad de ciclistas que pueden hacer uso de estas. Para así determinar si en realidad este proyecto es apto en la zona.

     

    Si volvemos a las cifras, una de las zonas que posee la mayor infraestructura ciclística, como lo es la comuna 11 de Medellín, tan solo alcanza el 2 % del uso planeado según informes de EL COLOMBIANO. Basados en esto, formulémonos esta pregunta: si hoy sufrimos este caos, ¿qué nos espera en los próximos años? Si sigue aumentando la demanda de vehículos, y la presencia de ciclorrutas en vías que en realidad no las necesiten, siendo estas de tamaño desproporcional, aumentará el encogimiento de las calles, en lugar de una ampliación para darle solución al caos vehicular de la ciudad.

     

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    Columna realizada en el curso Introducción a la Comunicación, orientado por el profesor Luis Fernando Gómez Velásquez.

     

     

     

  • Postales desde el recogimiento

    Hechos cotidianos y pensamientos que se cruzan en la rutina del encierro de una joven periodista. Huellas de la pandemia en la vida de las personas a su alrededor.

    En una tarde veraniega como esta se conoció en Medellín la noticia del primer caso de Covid-19 en Colombia.

    Foto: Melissa Gómez.

     

    El comienzo del fin

    Ya estábamos informados y advertidos sobre su existencia, pero como todo en nuestro país, fue tomado como una broma. Risas iban y venían, memes, charlas constantes e incredulidad sobre el verdadero impacto que podría generar este minúsculo pero poderoso virus en los colombianos. Solo íbamos a entenderlo cuando tuviéramos que lidiar con él frente a frente.

    El 7 de marzo de 2020 todo transcurría común y corriente: las personas corrían a sus trabajos, no dormían lo suficiente, trabajaban de más, no quedaba tiempo para mirar el paisaje, ni hablar con el vecino; mirarse a los ojos había pasado de moda, también disfrutar de un atardecer, el tiempo no era suficiente; hasta que algo detuvo el reloj: todos los afanes y ocupaciones tomaron un segundo lugar. Las redes sociales, televisores, periódicos y radios anunciaban la tan esperada, pero aterradora noticia: “Se reportó el primer caso de COVID-19 en Colombia”. Desde ese día, todo empezó a ser diferente, las risas y burlas frente al virus comenzaron a convertirse en caras de preocupación a medida que pasaban los días, aquel pequeñín se apoderaba poco a poco de todos los rincones de Colombia y el mundo.

    Según la página web oficial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) esta infección suele venir acompañada con fiebre y síntomas respiratorios (tos y disnea o dificultad para respirar). En los casos más graves, pueden causar neumonía, síndrome respiratorio agudo severo, insuficiencia renal, e incluso, la muerte. El virus resultó ser mucho más fuerte de lo que estaban esperando, la impaciencia y el miedo se apoderaron de las personas.

    Algunas de las recomendaciones comenzaron a circular desde la OMS y otras entidades como el Ministerio de Salud y Protección Social para no propagar la infección: la buena higiene de manos y respiratoria (cubrirse la boca y la nariz al toser y estornudar). Asimismo, evitar el contacto estrecho con cualquier persona que presente signos de afección respiratoria, como tos o estornudos. Admito que pensé más de una vez que estaba contagiada, pues no sabía si los estornudos se debían a mis constantes alergias por el polvo y las lanas o si el COVID-19 estaba haciendo estragos en mi sistema inmunológico. Mi familia comenzaba a mirarme como un bicho raro.

    Pasaban las horas y fueron aumentando rápidamente los contagiados y muertos a causa del COVID-19 y con esto las restricciones del Gobierno Colombiano frente a su población: cierre de fronteras marítimas, fluviales, áreas, terrestres y cualquier tipo de conexión física con el exterior, aislamiento obligatorio, cierre de universidades, colegios y entidades importantes, pico y cédula para evitar aglomeración de personas y aún más contagios. Todo tipo de medidas fueron tomadas por parte de las figuras de poder del país y comenzó a reinar el caos en las cabezas, los miedos a los que muchos temían enfrentarse un día tomaron forma y salieron de sus escondites, soledad, incertidumbre, ansiedad, depresión, quietud, hambre, desigualdad y la madre de todos los miedos, la muerte.

    Las calles comenzaron a verse más solas al pasar de los días, el silencio que siempre había anhelado escuchar al fin ocurrió, pero en unas circunstancias que jamás hubiera deseado. No había carros, ni motos, no había gritos en las calles, solo el sonido del balanceo de los árboles con el viento y los pájaros revoloteando por todos lados, demostrándonos que son ellos los verdaderos dueños de este espacio. La naturaleza por fin fue liberada de nosotros y nuestro bullicio constante. La vida, el destino, el karma o tal vez Dios nos pusieron un pare a todos los seres humanos, un pare para enseñarnos que no somos tan poderosos e invencibles como creemos.

     

    Día número “no sé qué” de cuarentena

     

    ​“¿Ya se lavó las manos?”, esos fueron los buenos días, buenas tardes y buenas noches de mi madre durante todos los días de cuarentena que llevábamos. Graciosamente fueron más duros los primeros días en cuanto a la relación con mi familia y el encierro. Con el pasar de los días ya no había peleas ni gritos, mi mamá seguía regañando, pero en una intensidad mucho menor; y mi hermano, de tan solo 15 años, con los andrógenos en pleno despertar y pasando por la etapa de la “aborrescencia”, empezaba a adaptarse a esta nueva realidad. Todos estábamos más tranquilos, en calma, respetuosos, aprendiendo a conocernos y a convivir, un privilegio que no muchas familias tienen.

     

    << La ventana y el balcón han sido el único espacio de contacto con la realidad. Foto: Melissa Gómez Vanegas.

     

    Daniela, una de mis mejores amigas, vive sola aquí en Medellín con su hermana mayor, hace más de 2 años. Su madre, Adriana Zapata, se fue en busca de mejores oportunidades a Estados Unidos. Adriana reside en la ciudad de Orlando, en el estado de Florida, no es indocumentada, entró al país con una visa adjudicada por la embajada de Estados Unidos solicitada en Bogotá. Esto le permite identificarse cuando le piden algún documento y tener muchos más beneficios que aquellos que no tienen pasaporte, como por ejemplo acceder a salud, abrir cuentas en bancos o rentar cuartos. Eso sí: no puede recibir ningún servicio del país, pues su único pecado es que entró al mismo con la excusa de ser turista, pero se quedó a cumplir el sueño americano.

     

    Me tomé el atrevimiento de preguntarle cómo estaba, que tal la estaba pasando con esta situación catastrófica que pintaban los medios de comunicación con el coronavirus. Me respondió con toda la tranquilidad del caso a través de una nota de voz por WhatsApp: “Mija, no es cierto todo lo que andan diciendo los medios de comunicación y algunas personas por ahí, aquí no dejan morir a nadie. De hecho, hay servicios de hospitales que atienden a personas indocumentadas y en mi condición y no tienen que pagar de inmediato, después de ser atendido, medicado y enviado a su casa la cuenta llega a su dirección con facilidades de pago. Acá no dejan morir a nadie, independiente de que no tenga seguro o dinero”. Me dio muchísimo alivio escuchar eso, pero me llené de muchas más dudas.

     

    Ella, como si me leyera la mente comenzó a responder una por una mis inquietudes, me comentó que seguía trabajando común y corriente, pero teniendo los cuidados necesarios, cubriéndose con tapabocas y guantes a donde saliera. Y como no tiene carro propio, tiene que tomar el transporte público, pero todo allí es muy organizado: un asiento ocupado y el siguiente no, uno ocupado y el otro no, al igual que la cabina del conductor, que está completamente aislada y sellada para evitar contagios. Además de todo esto, el gobierno decretó transporte público gratuito hasta el mes de junio. Este testimonio me abrió un panorama completamente diferente al que me habían creado.

     

    Al parecer, la vida de Adriana no marcha tan mal hasta el momento, pues en reiteradas ocasiones me aclaró: “No le tengo miedo al coronavirus, pero lo respeto. Solo espero poder seguir con salud para aportarles a mis hijas económicamente y volver a verlas en un futuro no muy lejano”.

     

    La vida y la muerte en una misma realidad

    Hace poco, el compartir con nuestros seres queridos era algo usual o por lo menos lo era para mí. En mi familia somos muy unidos y vivimos todos en el mismo conjunto residencial, lo que hace usual compartir un algo, una visita o reunirnos para cantar los cumpleaños. Hace poco cumplió años la esposa de uno de mis tíos, todos nos conectamos por videollamada a la hora usual en la que solíamos cantar todos los cumpleaños, siete de la noche. Cantamos con la misma alegría de siempre el “cumpleaños feliz”, pero esta vez sin torta y sin abrazos; fue nostálgico ver cómo simulaban abrazos a través de la pantalla y saber que estábamos tan cerca pero tan lejos, separados por apenas algunos muros y pisos de distancia. Por fortuna, nosotros estábamos celebrando la vida, así fuera de esa manera tan distante, a diferencia de otros a quienes les ha tocado enfrentar la muerte de un ser querido en este aislamiento obligatorio.

     

    Este, por desgracia, fue el caso de una de mis compañeras de grupo de la Universidad. María Alejandra Espitia, quien en una de las clases virtuales expresó lo triste que se estaba sintiendo por la pérdida de su tío abuelo, el que más quería. Después de clase, sentí la necesidad de preguntarle qué había pasado y si estaba bien, pues hablar con alguien en un momento de tristeza puede ser útil. Me comentó que le decía por amor Juancho y sus amigos más cercanos lo llamaban El mago Fedor, pero su nombre real era Federico Martínez. Tenía aproximadamente 70 años y, por desgracia, había comenzado a sufrir de alzhéimer, pero fue mucho más astuto que la enfermedad, pues cargaba siempre con él una libreta donde tenía anotadas todas y cada una de las cosas verdaderamente importantes para él, entre ellas los nombres de sus familiares y sus características físicas.

     

    Don Federico se encontraba viviendo con una de sus hijas en Bogotá cuando el confinamiento comenzó, de un momento a otro empezó a bajarle la presión, por lo que tuvieron que llevarlo al hospital y allí de inmediato lo dejaron en la Unidad de Cuidados Intensivos. Estuvo dos días con la presión muy baja, “parecía como si una vela se estuviera apagando de a pocos. Al final, murió tranquililito”, me contó María Alejandra.

     

    Para su desgracia, todos sus familiares viven en diferentes lugares del país y debido a las circunstancias, ninguno pudo tomar un avión y dirigirse a despedirse como lo deseaban. “Una de las cosas que más me rompió el corazón, fue que su hija logró grabar un video de su ataúd solito. La iglesia estaba completamente sola, solo estaba ella, fueron imágenes muy fuertes para toda la familia”, esas palabras me hicieron sentir temor.

     

    Al parecer, el calvario no acababa allí puesto que además no había cupos en los cementerios hasta junio o julio, lo que los obligó a cremar el cuerpo de Juancho. Él nunca quiso ser cremado y lo expresó reiteradamente a su familia, pero las circunstancias no le permitieron cumplir su último deseo.

     

    Los rituales fúnebres han cambiado drásticamente. Nada de salas de velación, nada del último adiós, nada de despedir al ser querido. Afrontar una pérdida en tiempos de aislamiento debe ser algo completamente diferente y aún más doloroso, porque lo primordial en el momento es prevalecer la salud de los que están vivos y evitar contagiar a más personas. María mencionó por último: “como familia no hemos podido tener ese espacio para llorar, reír y hacer memoria de él, todavía es difícil entender que murió”.

     

    Aislamiento = Recogimiento

    ​Todos estos cambios en nuestros hábitos, rutinas y costumbres han causado cuestionamientos y reflexión sobre lo que hemos estado haciendo bien y mal al pasar de los años, sobre lo poco que hemos valorado a quienes nos rodean y lo que nos rodea. Lo mucho que hemos dejado de lado el sorprendernos con la sencillez y lo que todos los días nos brinda la vida: una flor, un atardecer, la sonrisa de un niño, el canto de los pájaros, las caricias del viento, un instante con nuestras familias. Intercambiamos lo que nos hacía sentir vivos por una esclavitud constante con el consumismo y materialismo, una competencia infinita con el otro por el que más tiene o pretende vivir mejor.

     

    “ (…) No las cosas excepcionales, sino lo infinitamente pequeño y sutil: no el movimiento, sino el descanso que hay en el movimiento, porque cuando las observamos calmadamente, todas las cosas obtienen plenitud (…) ” , Luis Racionero.

    Opté por llamar este encierro recogimiento. La perspectiva del mundo cambia al poder tener acceso a lo que realmente necesitamos, nos encontramos con nosotros mismos, muchas cosas vanas dejan de importar y al tener tanto tiempo de sobra ,comenzamos a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Aquella ropa cara, carros lujosos, cadenas, lociones, zapatos y demás objetos, dejaron de ser una catapulta imaginaria para todos aquellos que se creían mejores que los demás solo por poseerlos, porque encerrados en casa no tienen a quien presumírselos. Es allí cuando la pregunta ganadora invade las mentes: “¿Qué más tengo para aportar que mis bienes materiales?”. Ahí también empiezan a cobrar valor las verdaderas amistades, la familia, la solidaridad, el buen trato y sobre todo, la labor de todas aquellas personas que fueron mucho tiempo insignificantes para la sociedad y ahora son los héroes del país por arriesgar sus vidas ejecutado su oficio: personal de limpieza, domiciliarios, campesinos, vigilantes, conductores de transporte público, policías, militares, medios de comunicación y muchos más.

    Lastimosamente no todo es reflexión y aprendizaje para las personas de nuestro país, pues en realidad no todos tienen la misma rentabilidad económica para subsistir en cuarentena. De hecho más del 46% de la población colombiana vive del empleo informal, según el Dane. Es decir, aproximadamente 23 millones 632 mil personas no tienen certeza sobre cómo subsistir durante esta cuarentena, algo realmente preocupante. Durante una entrevista realizada vía Instagram el 4 de abril, Angélica Lozano, Senadora del partido Alianza Verde, dijo: “esta cuarentena nos muestra la desigualdad absoluta en nuestro país y la importancia de reinventar nuestras formas desde lo social, lo económico, lo ambiental y lo humano”.

    Se siente alivio pero al tiempo impotencia saber que nuestras familias son privilegiadas al continuar trabajando en casa, virtualmente, pero puede haber vecinos que tal vez estén pasando una mala situación ya que no contaron con la misma suerte y que existen millones de personas en Colombia que están aguantando hambre en este momento. Nos encontramos en una encrucijada.

     

    Imagino que la pregunta común es: ¿Salgo a trabajar para comer y corro el riesgo de infectarme o me quedo en casa sin ingresos y muero de hambre? Con dolor en el alma, la verdad es que, al fin y al cabo, cualquiera de las dos opciones llevarían al mismo fin.

     

    “El mundo como lo conocemos después de esta tragedia no será igual”, repite constantemente mi madre en tono de aviso. “Hay que comenzar a adaptarse a lo que viene”, reitera. Solo espero que así sea, que todo haya que volver a reinventarlo y por fin hacer las cosas correctamente. Con humildad, amor, solidaridad, perdón y sobre todo respeto por la madre naturaleza.

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo IV, orientado por la profesora Adriana López. Este y otros textos se encuentran en el blog de la autora.

     

     

     

     

     

  • La casa común

     

    Es cierto que cada uno de nosotros, o la mayoría, está confinado en su casa, y todo esto es una oportunidad magnífica para conocer el hogar, para valorar el techo que nos cubre, las paredes que nos dan intimidad. Para valorar el suelo que nos da soporte y la ventana o el balcón que nos permiten saber que existe un otro. Estamos descubriendo rincones de la casa que no conocíamos, sintiendo las baldosas frías bajo los pies descalzos y permitiéndonos pactar todos los días una cita con nosotros mismos (unos días mejores que otros). Estamos cuidando y valorando la casa, quizás, más que nunca, ¿y por qué? Porque ahora, en medio de una situación preocupante y amenazante, nuestro hogar es nuestro refugio, el lugar seguro, la posible salvación, lo que nos guarda. ¡Está perfecto!

     

    Esta pareja de los que se conocen como zorros-perro llegó al jardín de una vivienda en El Poblado en los primeros días de mayo. Un usuario envió el reporte electrónico al Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Foto: César Echeverri.

     

    Ahora bien, ¿qué es lo que está pasando en este momento con la casa común? La casa común es el mundo, la Tierra, la que siempre nos ha salvado, guardado y cuidado. ¿Cómo ha sido y cómo es nuestra relación con ella?, ¿la estamos escuchando ahora así tal como nos ha estado murmurando nuestra casa en estos días?

     

    En plena pandemia conmemoramos el Día de la Tierra, como ella se lo merece: en paz. De hecho, en ciertos lugares del mundo se puede notar la diferencia: ríos limpios, los canales de Venecia descontaminados, la aparición de distintos animales en calles de ciudades como ciervos en Nara, Japón; pavos reales en Madrid, España; zarigüeyas en Neiva; delfines en la bahía de Cartagena; y hasta un zorro en Bogotá… Las nubes de esmog se disolvieron en varias ciudades capitales del mundo y, si salimos a mirar el cielo, cada vez más podemos vislumbrar las estrellas. Tampoco es tiempo de decir que nosotros somos el verdadero virus, porque de alguna manera hacemos parte de la naturaleza y somos animales que la habitamos, pero ¿qué viene después de la pandemia? ¿Volveremos a invadir sus territorios como si nada hubiera pasado? Es tiempo de configurar ese tipo de reflexiones.

     

    Ya que estamos aprendiendo tanto de cómo valorar y convivir con nuestro propio hogar, ¿seremos capaces de volver a vivir en la Tierra de una manera distinta, menos acaparadora, más responsable y equitativa? ¿Seremos capaces de cuidarla como se cuida un hogar?

     

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    Columna elaborada en el curso Periodismo VI, orientado por el profesor Darío Echeverri.

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Nuestra ignorancia en tiempos de COVID

    Se le llama Zoonosis a aquellas enfermedades que provienen de los animales, estas pueden ser víricas (las conocemos como zoovirus), bacterianas, fúngicas y parasitarias. La humanidad solo conoce entre 10 y 20 enfermedades víricas provenientes de estos seres. Sin embargo, según Peter Daszak, existen alrededor de 1,7 millones de virus a nivel mundial que pueden ser mucho más letales y el hombre aún no los conoce.

     

    A nivel global se conocen el COVID-19, la Encefalitis japonesa, la Fiebre Amarilla, la Fiebre del Nilo, la Fiebre de Lassa, la Gripa Aviar o SARS, el Hantavirus, Mal de los Rastrojos, la Rabia, Ébola, Zika y el Monkeypox virus. A pesar de que el mundo ha podido combatir estos virus, la ignorancia de los países recae en los comportamientos de sus habitantes y de sus líderes. Y para ser honestos, Colombia no se queda atrás respecto a esta afirmación.

     

     

    << La Alcaldía de Medellín interviene en la Comuna 2, Santa Cruz, luego de presentarse un foco de infección por Covid-19, asociado a casos que habrían resultado de no respetar restricciones durante el Día de la Madre.

    Foto: Alcaldía de Medellín -junio 6.

     

     

    Mientras el presidente Iván Duque hace un gran esfuerzo para que se tomen las medidas preventivas y poder salvar a los habitantes, ellos no obedecen. Salen a la calle, se quejan de su mandatario y fomentan el temor colectivo. Hay que anotar que las medidas del primer mandatario surgieron después de ayudar a entrar el COVID-19 a Colombia, porque según algunos, Duque estaba esperando con la alfombra roja a que el virus llegara en un vuelo chárter de una conocida aerolínea comercial. Pero bueno, en este país no se llora sobre la leche derramada, en cuestión de días todo se olvida.

     

    En este momento, los habitantes solo demostramos un reflejo de la triste historia de la nación. Cuando tenemos que ser colaborativos, cuidadosos e inteligentes, lo único que hacemos es dispararles críticas fuertes a los dirigentes, que se lo merecen. Pero tenemos que pensar en esta crisis. Por cuenta de ella, miles de familias con empleos y buenos sustentos tendrán que dejar de comer. El colombiano debe hacer solo lo que los dirigentes digan, pues se está buscando realmente el bien común. Como decía Kant, la ilustración individual se consigue cuando la persona piensa por sí misma y obedecía a sus autoridades para buscar el bienestar general.

     

    Quizá nuestras autoridades o líderes no hayan sido buenos ejemplos a seguir, pero es el momento de obedecerles, de aguantar y de ayudar a quienes lo necesitan, pues la tasa de mortalidad del COVID-19 es el resultado de cómo se haya manejado. Por parte de nosotros esta dura crisis no solo juega con la economía, sino con la salud mental física y de cada uno. En este momento enfrentamos a uno de los virus menos letales y nos mostramos como un adversario fácil, puesto que la ignorancia ahora no recae en los conceptos, sino en los comportamientos y si seguimos actuando de manera negligente, contaremos esta historia en el otro mundo.

     

    Columna elaborada por Sergio Alejandro Gualdrón Toscano en el curso Periodismo VI, orientado por el profesor Darío Echeverri.

     

     

     

     

  • El medioambiente en Medellín en tiempos de cuarentena

     

    Video

     

    Antecedentes y cifras que no solo ponen en evidencia los efectos del encierro sobre el medioambiente en la ciudad, sino que plantean preguntas muy serias sobre nuestra relación con él a futuro. Son datos y hay que darlos.

     

    Videocolumna elaborada por Ana María Restrepo, Juan Ricardo Duque, Yuri Morelos y Alejandro Rodríguez, para el curso Periodismo VI, orientado por la profesora Ana Cristina Aristizábal Uribe.

     

     

     

     

     

  • Los vericuetos de una nueva educación

     

    A las contrariedades que hasta ahora ha ocasionado el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, que produce la tan mencionada enfermedad COVID-19, se suman, según la UNESCO, aproximadamente 13 millones de estudiantes matriculados a lo largo del territorio nacional en educación básica y media. Desde las primeras semanas del mes de marzo, docentes, directores, coordinadores y alumnos de todas las escuelas públicas y privadas se ocuparon en resolver uno de los retos más significativos en la historia de la educación de nuestro país: dictar y recibir clases completamente virtuales.

     

     

    << Los profesores han tratado de mantener el equilibrio entre el rigor, el método y la comodidad de los nuevos espacios de trabajo. Foto: Alejandro Zapata.

     

    Se necesitaron alrededor de 4 semanas para que el Ministerio de Educación Nacional, —con la orden de Iván Duque de suspender las clases desde el 15 de marzo—, decidiera reanudar el pasado lunes 20 de abril las clases desde los hogares con un paquete amplio para solventar la necesidad y el derecho fundamental a la educación de los jóvenes colombianos, sin desconocer la expectativa de revivir el día a día de profesores y estudiantes, tanto de zonas urbanas como de espacios rurales.

     

    De acuerdo con la Secretaría de Educación de Medellín, cerca de 424.373 estudiantes de instituciones oficiales, de cobertura y privadas retomaron clases desde sus viviendas, a través de medios como celulares, tabletas, computadoras e incluso televisores y radios.

     

    Las cifras no favorecen

     

    No todos los trece millones de niños y jóvenes tienen acceso a las variadas formas de aprendizaje por medio del internet. Wilson Andrés Grajales hace parte de la junta docente de la Institución Educativa Rural Porfirio Barba Jacob, de la vereda El Caney en Santa Rosa de Osos, al norte de Antioquia. Relata que menos del 30% de los estudiantes tienen la posibilidad de conectarse a internet. El fenómeno de desconexión se extiende al municipio de Medellín. De acuerdo con la secretaria de Educación local, Alexandra Agudelo, solo el 30% de los alumnos cuenta con conectividad en sus hogares.

     

    El Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Pontificia Universidad Javeriana, acota que el 96% de los municipios del país no podrán implementar lecciones virtuales en colegios oficiales. Asimismo, el 63% de los estudiantes de educación media de colegios públicos no poseen conexiones a computadores o dispositivos electrónicos, esto teniendo en cuenta que alrededor del 75% de los estudiantes matriculados pertenecen a instituciones públicas.

     

    Luz Karime Abadía, codirectora del Laboratorio de Economía de la Educación, narra que, en el caso de Bogotá, el 68% de los estudiantes tienen una conexión satisfactoria, mientras que en otras regiones sería un reto casi que imposible: “En todo el suroriente del país menos del 5% de estudiantes tiene acceso a internet”. Abadía afirmó que, si el Ministerio de Educación y Tecnologías no establece estrategias rápidas y eficaces para contrarrestar estas cifras, se comprometería el rendimiento de estudiantes en las próximas pruebas PISA y Saber Pro.

     

    Una mirada desde los educadores

     

    La profesora Nidia Peña, durante una de sus sesiones de clase. Foto: Alejandro Zapata.

     

    Nidia Peña hace parte de los casi 437.219 docentes a nivel nacional que venían desempeñando actividades pedagógicas en el aula, 91,4% del total de los docentes censados en el boletín de Educación formal del Departamento Nacional de Estadística (DANE) para el 2018. Según la misma entidad, cada docente en promedio cuenta con 22 alumnos al interior del aula de clase, pero en la Institución Educativa La Pastora de Buenos Aires, comuna 9 de Medellín, en la cual labora Nidia, más de 30 estudiantes conformaban su grupo.

     

    “En mi trayectoria por más de 30 años como profesora, trabajando formalmente nunca me he ocupado de menos de 22 estudiantes en un mismo curso, es difícil encontrar instituciones públicas aquí en Medellín que en los salones tengan menos de 20 estudiantes, en varias escuelas en las que he estado sobrepasan los 40 muchachitos en un mismo salón. Muchas veces a principio de los periodos académicos llegan a pasar de 45 hasta 50 estudiantes en una misma sala”, explica la docente.

     

    Desde su casa, utilizando su pequeño y versátil computador portátil, la profesora prepara los primeros seguimientos y talleres de Emprendimiento para 11 grupos que van desde primero de bachillerato (sexto) hasta media básica (undécimo). A su vez, aún duda cómo podrá dictar clases a sus estudiantes a través de plataformas con las cuales no cuenta su colegio, cómo organizar y enviar talleres a cada estudiante sin saber el correo de muchos de ellos.

     

    “Varios de mis estudiantes no tienen conexiones buenas a un computador, puede llegar a ser para muchas familias un objeto supremamente difícil de conseguir. Eso sí, la mayoría tienen celulares y otros aparatos más accesibles, que en los últimos tiempos se han estandarizado más. Ellos hasta usan mejor los celulares que uno, pero el problema es que no hay métodos tan buenos como lo es el computador”.

     

    Para Nidia y los 63 millones de pedagogos en primaria y secundaria a nivel mundial, es un enorme desafío trasladar todos sus métodos didácticos a las pantallas, no solo los problemas de conectividad afectan, sino también los niveles de capacitación e instrucción en manejo de herramientas electrónicas, aspectos claves que hacen de la interconexión un asunto más abstracto para algunos de ellos.

     

    Volver a los medios tradicionales

     

    Jairo Zapata también desempeña la labor de docente en la Institución Educativa Alfonso López Pumarejo, situada al oriente de la ciudad, comuna 8 (Villa Hermosa). Reconoce que su capacitación en las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) no es la mejor: “Hay generaciones que vienen con el chip, soy de otra generación que no posee la habilidad y la destreza para manejar las nuevas tecnologías; digamos que hay un 20 % de colegas en el colegio sin tanta soltura, pero eso no quiere decir que nos varemos”.

     

     

    << “En casa aprendemos” es el espacio con el que Telemdellín busca apoyar el trabajo con los escolares y sus familias en la ciudad. Foto: captura de pantalla.

     

    Al mismo tiempo, resalta que los medios de comunicación desde las primeras semanas de abril vienen transmitiendo contenidos educativos. En Medellín, el programa televisivo En Casa Aprendemos, es transmitido por el canal municipal Telemedellín, con apoyo de la Secretaría de Educación de la ciudad. La presentadora Paola Sánchez conduce el espacio los martes entre las 10:00 y las 11:00 de la mañana, mientras que los jueves la clase televisada es entre las 2:30 p.m. a 3:30 de la tarde.

     

    Las emisiones incluyen temas como orientación psicológica, contenidos para la pedagogía, entornos protectores, rutinas escolares y aprendizajes. Además, actividades lúdicas e interactivas para niños entre los 0-5 años, vinculados al programa Buen Comienzo.

     

    Educación virtual para estudiantes con discapacidad visual fue el tema del programa del 5 de mayo en el cual invitados como el tiflólogo Juan Bernardo Hoyos narraron las prácticas que apoyan y acompañan a personas con discapacidades visuales. El programa conecta a diferentes estudiantes y padres de familia. Es el caso de Camila Gómez Rivera, estudiante con discapacidad visual junto con su madre Cecilia Rivera que comparten su experiencia en torno al aprendizaje que les ha dejado el confinamiento.

     

    La radio también hace su apuesta en varias universidades, la Universidad de Antioquia con su Sistema de Radio Educativa estimula sesiones de interés cultural a lo largo de su programación. La misma Universidad, con una red de apoyo de voluntarios, articulada por 80 docentes universitarios de inglés, buscan apoyar cerca de 800 profesores de 229 escuelas oficiales incluyendo programas de bilingüismo que se explican por vía telefónica.

     

    Profe en tu casa, es otro de los proyectos radiales y televisivos a nivel nacional que se incorpora a la educación a distancia. Hace parte de la franja educativa Mi Señal, que el pasado 4 de mayo lanzó el Ministerio de Educación Nacional junto con el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

     

     

    El sistema nacional de medios públicos también desarrolló una franja educativa que recuerda los primeros tiempos de este tipo de contenidos. >>

     

    Descubramos STEM y las habilidades 4.0 es el vigésimo octavo programa que se sintonizó en la emisora Radio Nacional de Colombia que entre 9:30 de la mañana hasta la 1:00 de la tarde presenta las voces de invitados como Jennifers Romero, socióloga con maestría en Ciencias Sociales y certificada en Maketing Digital y Nuevas Tendencias, que comentó temas como los principales cambios tecnológicos en los últimos 20 años, las redes sociales y el acceso a la información. Medios análogos para trabajar temas de vanguardia.

     

     

    Nuevos compromisos

     

    Cerca de 20 sedes educativas del corregimiento de Santa Elena, al oriente de Medellín, adoptaron guías físicas de apoyo al trabajo pedagógico. Estrategia que también fue adoptada en los 117 municipios no certificados del departamento de Antioquia. Según Alexandra Peláez, secretaria de Educación, estos materiales ayudarán con las dificultades que en muchos niños y jóvenes aún persisten en cuanto a conectividad. Son 172.000 guías que abarcan los niveles esenciales de escolaridad: lectoescritura y razonamiento crítico a lo largo del territorio rural de forma especial.

     

    Los análisis de Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, señalan que los retos y desafíos de más de 1.500 millones de estudiantes y 63 millones de docentes en más de 190 países, van más allá de la conectividad: “Para reducir las desigualdades existentes, también debemos respaldar otras opciones, como el uso de programas de emisoras de radio y televisión comunitarias, y la creatividad en todas las formas de aprendizaje. Estas son soluciones que estamos estudiando con nuestros asociados de la Coalición Mundial para la Educación”.

     

     

     

  • Animales: víctimas del miedo

    “Tenemos miedo de que se nos acabe la comida”. En medio de la incertidumbre de hoy, cuando la mayoría de los colombianos no saben qué qué depara el futuro, este clamor no es exclusivo de personas que se han quedado sin cómo obtener su sustento. Es también la preocupación de personas dedicadas a la protección de animales. Una de ellas es Andrea Ordoñez, parte del equipo de Organización Salvar, que tiene a su cargo 32 animales (entre perros y gatos), afectados colaterales del encierro y las consecuencias económicas de la cuarentena, luego de sufrir abandono y otros maltratos.

     

     

    << Algunas organizaciones desarrollaron y sostienen comederos para los animales callejeros, afectados por las calles vacías. Foto: cortesía.

     

    Suben los números del miedo y abandono

     

    El aislamiento preventivo obligatorio ha suscitado un nuevo miedo irracional hacia las mascotas. Si bien la OMS y la OIE (Organización Mundial de Bienestar Animal) han reiterado insistentemente en que “la propagación actual del COVID-19 es el resultado de una transmisión de humano a humano (…), no existe evidencia de que los animales de compañía tengan un rol significativo en la propagación de la enfermedad. Por consiguiente, no existe justificación alguna para tomar medidas relacionadas con los animales de compañía que puedan afectar a su bienestar”, la desinformación ha generado una ola de pánico que deja como consecuencia un notorio aumento en el maltrato y abandono de estos seres de compañía.

     

    El crecimiento fue confirmado por voceros de la Fundación Hablemos por Ellos, al afirmar que “debido a la situación y el límite en los recursos no hemos realizado más rescates, pero los reportes de abandono han aumentado, al menos, un 40%”. También representantes de la Fundación ORCA revelaron que: “Crecieron gradualmente los abandonos de animales, muchas personas, a pesar de que ya tenían sus animales de compañía en casa, disfrazan las excusas y, posiblemente, son abandonos porque les da miedo que los animales les transmitan el COVID-19”.

     

    ¿Cómo nace el miedo?

     

    El temor a que los animales sean transmisores del COVID-19 nace a raíz de casos aislados en Hong Kong y Bélgica, donde un pastor alemán y un gato (respectivamente) dieron positivo a la prueba del virus. Sin embargo, según la OIE, estos resultados fueron a causa de “una estrecha exposición a sus dueños que estaban enfermos por la COVID-19” y que “los perros no mostraron ningún signo clínico de la enfermedad. De hecho, el pastor alemán vivía con un perro de raza mixta que nunca se enfermó y tampoco presentó virus en el examen”. En cuanto a los gatos, no hay pruebas suficientes para decir que son transmisores, según las mismas organizaciones.

     

    Incluso la Organización Panamericana de la Salud, dijo que: “Nuestra recomendación es que los dueños de mascotas las sigan cuidando y mantengan la calma. El abandono de perros y gatos es inadmisible, y no es, bajo ningún concepto, la solución a la pandemia del COVID-19. Tampoco lo es el sacrificio de animales. Esta pandemia no es, ni puede llegar a usarse, bajo ningún concepto, como una justificación para practicar la matanza despiadada”.

     

    Las organizaciones sin ánimo de lucro dedicadas al cuidad de animales maltratados y abandonados están sin los ingresos de las actividades de promoción y prevención que hacen y que permiten su sostenimiento. Foto: Can can callejero.

     

    Números rojos

     

    Lo albergues, fundaciones y santuarios de animales se han tenido que enfrentar a diversos problemas durante la pandemia que acosa al mundo en estos momentos. Entre ellos se encuentran el detrimento de la situación financiera que tanto preocupa al mundo y el miedo que desencadena en casos de abandono, aumentando la necesidad de rescates.

     

    “Hemos tenido que cambiar y racionar los alimentos para poder alcanzar el día a día: las donaciones son mucho menores al igual que las ventas”, expresó la representación de Fundación Hablemos por Ellos, mientras que Lizzeth Sánchez y Johanna Gutiérrez, del Albergue Huellitas Felices, afirmaron que: “Son muchos gastos. No es solamente la comida, tenemos que pagarle a la persona que está en la finca cuidándolos, el arriendo, los servicios, emergencias veterinarias…”, sumado a lo que dijo Andrea Ordóñez, de Organización Salvar: “No tenemos actividades para hacer, por lo que la dificultad más grande de este momento son las donaciones, tanto como el alimento pues, realmente, es en lo que tenemos más gastos”, hace evidente que, como a muchos colombianos actualmente, la incertidumbre y la falta de recursos acosan a estas organizaciones, problemática que se agrava de la mano de un creciente nivel en las tazas de abandono.

     

    Adaptarse para sobrevivir

     

    Para solventar esta crisis, las organizaciones animalistas, se han sumado a la virtualidad para hacer frente la situación, se han valido de ventas, bazares virtuales y todo tipo de ideas que permitan recoger donaciones para sostener sus operaciones sin arriesgar la vida de sus donantes, colaboradores y la propia. Tal es el caso de la Fundación Kronos que ha vendido tapabocas, empanadas y guantes, todo de forma virtual en sus redes sociales.

     

    “Como en todo, hay que adaptarse a la situación: comenzamos a vender artículos como guantes, gel antibacterial, alcohol…”, afirmó Andrea Acosta, de Fundación Kronos, al responder sobre sus estrategias para recoger fondos de cara a la cuarentena y es que, así como lo ha hecho esta fundación, lo han hecho muchas otras como ORCA o Hablemos por Ellos, que han llevado de lo presencial a lo virtual algunos de sus eventos con los que se recaudan fondos.

     

    Antioquia sí es solidaria

     

    Iniciativas gubernamentales han recibido y entregado donaciones en alimentos para animales. Foto: cortesía. >>

     

    A pesar de lo complicado del panorama, iniciativas gubernamentales han salido a flote para ayudar a estos “angelitos con patas”, como los llama el equipo de Kronos. Antioquia Solidaria, la iniciativa del gobierno departamental para ofrecer ayudas de todo tipo durante la emergencia sanitaria, también ha repartido alimento tanto a animales en situación de calle como a las orgaizaciones dedicadas a su cuidado.

     

    Así lo confirmaron Andrea Ordoñez y Salvar. A algunos de sus hogares de paso “les ha llegado comida” por parte de la iniciativa. También desde el Centro de Bienestar Animal La Perla, que ha donado alimento a Kronos.

     

    Otros retos

     

    Además de la alimentación de los animales, otro reto de las organizaciones dedicadas a su cuidado es mantener la credibilidad: “Yo no puedo ir recogiendo fondos para un evento que no sé si se va a realizar”, explica Carolina Múnera, de Can Can Callejero. Este santuario de animales tenía planeado realizar una jornada de esterilización en La Guajira en el mes junio, por lo que deberían estar recogiendo fondos, pro han tenido que suspender la jornada y todos los eventos relacionados con ello para proteger su salud y la de todos.

     

    “Lo que vaya a pasar con el país tiene que ver con la razón social de nosotros”, dijo Carolina Múnera, puesto a que una parte de su accionar, como el de muchas organizaciones, depende de los eventos y la presencia de las personas: “no se puede hacer una jornada de esterilización sin gente”.

     

    Víctimas del miedo ajeno

     

    “El hombre piensa primero en sí mismo y luego piensa en las demás especies”, critica Carolina Múnera, de Can Can Callejero, ante una realidad donde innumerables iniciativas han surgido para ayudar al hombre. Sin embargo, el medio ambiente y los animales se han dejado de lado, pensando en que nuestra ausencia en los ecosistemas han enmendado los daños ya ocasionados, critica la animalista.

     

    “La dificultad más grande es el ser humano”, decía Andrea Ordoñez, de la Fundación Kronos al indicar en su concepto qué es lo más difícil de la situación que afrontan los animales de compañía con el abandono fundamentado en miedos falsos sobre la transmisión del coronavirus,. Definitivamente “nos matan el miedo y la falta de corazón”, señaló.

     

     

     

     

     

     

  • Sociedad Amigos del Arte: el legado de una ciudad moderna

    Han pasado 84 años desde que se habló por primera vez en el Instituto de Bellas Artes sobre crear una sociedad promotora de conciertos que cambió significativamente la historia de la capital antioqueña, pues fue la puerta de entrada a la modernidad.

     

    El Teatro Junín (en el lugar que hoy ocupa el edificio Coltejer) fue uno de los escenarios principales de la oferta artística y cultural promovida por la Sociedad Amigos del Arte. Foto: Gabriel Carvajal (s.f.). Archivo BPP.

     

    La Sociedad Amigos del Arte de Medellín fue homóloga a la Sociedad Amigos de la Música de Bogotá, la base de un proyecto modernizador de ciudad, en momentos en que la Dirección Nacional de Bellas Artes promovía reformas en la práctica y la educación musical en Colombia. Su titular, Gustavo Santos, propuso al docente Carlos Posada Amador y a Antonio Cano, Director del Instituto de Bellas Artes, una sociedad para apoyar el II Congreso de Música celebrado en Medellín en 1937, idea que impulsó la realización de conciertos mensuales en los teatros de la ciudad.

     

    Tres de los más icónicos fueron el Circo Teatro España, ubicado entre las carreras Girardot y Córdoba y en medio de las calles Perú y Caracas; tenía capacidad para 6.000 espectadores de obras de teatro, circo, ballet, conciertos, cine mudo y carreras; además de corridas de toros para 4.000 personas. El Teatro Bolívar, construido en 1909 en tapias de caña brava, acogió en 1943 al maestro y violinista checoslovaco Joseph Matza, el primer director de la Banda Sinfónica de la Universidad de Antioquia. Asimismo, el Teatro Junín, diseñado por Agustín Goovaerts en 1922 y promovido por Gonzalo Mejía, empresario y productor de la película, “Bajo el cielo antioqueño”, tenía capacidad para 40.000 espectadores y recibió a la cantante Marian Anderson en 1955 y al bailarín Lew Christensen en 1958. Medellín era unos de los corredores de arte más importantes del continente.

     

    A comienzos de la década de los 20, Medellín tenía entre 120.000 y 150.000 habitantes y aunque el aforo de estos recintos era proporcionalmente mayor al que hoy existe, estos se llenaban gracias a la oferta de boletas a precios asequibles para todo público.

     

    Para amantes del cine mexicano, español y argentino, el Teatro Junín y Alameda eran siempre una buen opción; para el Cine continuo estaban los teatros Cinelandia y Aladino. Los amantes del cine erótico tenían al Sinfonía y Guadalupe; para el cine francés y europeo estaba el Teatro Opera, y para las superproducciones, el teatro Metro Avenida era un especialista.

     

    La Sociedad Amigos del Arte también motivó a cantantes, bailarines, músicos y pintores colombianos. Por ejemplo, Débora Arango recibió el primer premio en la Exposición Artistas Profesionales de Medellín, en 1939.

     

    Los artistas más destacados del momento estaban en la nómina de invitados a los espectáculos promovidos por la Sociedad Amigos del Arte. Foto: Colección Patrimonial Universidad EAFIT.

     

    La Sociedad Amigos del Arte difundió la música instrumental centroeuropea de los siglos XVIII y XIX, ayudó a potenciar la enseñanza de la música en los centros educativos del país como el Conservatorio Nacional en Bogotá, dirigido por Guillermo Uribe Holguín. Medellín tuvo nuevos espacios para escuchar música, nuevas orquestas, grupos musicales y congresos de música, docentes extranjeros que transformaron la educación musical, hasta grabaciones de discos extranjeros, con la radiodifusión en pleno auge; todos fueron elementos que cambiaron el modo de vivir en la ciudad.

     

    Toda esta cultura artística nos regaló la mejor idea de ciudad. Aunque la SAA desapareció en 1962 ante la falta de miembros fieles y público para los conciertos, su legado permitió que las clases sociales pasaran a un segundo plano, pues gente acomodada, campesinos y obreros, disfrutaron sin distingo del gusto por el arte. Así lo confirma uno de sus asiduos visitantes, German Jiménez Gil, hoy Jefe Comercial de Cotrafa en la Zona Centro, quien recuerda cómo una tarde de películas con amigos era parte de su vida.

     

    La mayoría de las personas que construyeron este legado no viven hoy en día, pero es nuestra labor como ciudadanos rememorarlo para contarlo.

     

  • ¿CUÁL ES EL FRENO DE ENCICLA?

     

    El sistema de bicicletas públicas EnCicla completó ocho años de operación y 12.564.093 préstamos a enero de 2020. Sin embargo, en los últimos meses, los usuarios se han quejado por los constantes fallos en el sistema y su plan de expansión lleva cinco prórrogas y un año y medio de retraso.

     

    Por: Sebastián Carvajal Bolívar / sebastian.carvajalb@upb.edu.co

     

    Hernán Arbeláez está afiliado a EnCicla desde hace seis años. Para él, el sistema es “excelente” porque le permite ahorrar pasajes, no contamina el medio ambiente y hace ejercicio mientras se moviliza por la ciudad.

     

    Él es uno de los 9.000 usuarios que en promedio utilizan las bicicletas diariamente. En total, el sistema suma 96.695 personas inscritas a enero de 2020, de los cuales 51.796 están activos. Esto muestra el éxito que ha tenido EnCicla entre los habitantes del Valle de Aburrá, como una opción para movilizarse a lo largo de la ciudad.

     

    Ante la demanda en el uso de EnCicla y siguiendo el Plan Maestro de la Bicicleta, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, entidad encargada de su funcionamiento, firmó en diciembre de 2017 el contrato 988 con Labici América S.A.S. Su objeto era ampliar la red y poner en funcionamiento 79 estaciones automáticas, por un valor de $6.993.894.059 y un plazo de ejecución de 12 meses.

     

    Las nuevas estaciones y la renovación del software debían estar listas para diciembre de 2018. Sin embargo, hoy el contrato tiene cinco prórrogas y una modificación. A febrero de este año tenía una ejecución física del 46 % y financiera del 47 %. La nueva fecha de terminación era el 28 de mayo , pero debido a la crisis ocasionada por el coronavirus, el contrato fue suspendido el 24 de marzo “por término que dure el aislamiento preventivo obligatorio ordenado por el Gobierno Nacional” .

     

    EnCicla ha fortalecido el uso de la bicicleta en la rutina diaria de los medellinenses y resulta un modelo clave a futuro, por su compatibilidad con las prevenciones propias en tiempos de pandemia. Foto: Sebastián Carvajal Bolívar.

     

    ¿Qué fue lo que pasó?

    “El problema más importante que está viviendo EnCicla es el incumplimiento del contratista, un contratista español”, afirmó el concejal por la Alianza Verde Daniel Duque, quien le ha hecho seguimiento a la situación.

     

    Duque explicó que el contratista es el dueño del software y hardware del sistema y, por tanto, el Área Metropolitana no puede contratar a otra empresa distinta para culminar las obras. Incluso esta opción fue analizada antes de firmar la tercera prórroga, pero la entidad concluyó que no tendría los mecanismos ni estaría en la capacidad de buscar a otro contratista capaz de suplir las necesidades de la ampliación.

     

    Además, para ese momento, el Área Metropolitana ya había celebrado dos contratos, uno para la adecuación de obras civiles por $1.925.866.192 y otro para la adquisición de dos mil bicicletas nuevas por $3.662.444.090. De no dar cumplimiento al contrato con Labici América S.A.S se habría causado un detrimento cercano a los 7 mil 500 millones de pesos.

     

    Entre las razones que se evidencian en las prórrogas del contrato para argumentar las demoras por parte de la empresa están las dificultades en la elaboración de los componentes tecnológicos y los retrasos en los procesos de nacionalización con la DIAN para la posterior instalación de las estaciones.

     

    Para evitar que el contrato sufra más ampliaciones, las autoridades están buscando medidas jurídicas para que Labici América S.A.S cumpla con sus obligaciones.

     

    “Lo que estamos tratando de hacer es buscar una acción de cumplimiento para que por las buenas podamos solucionar los problemas, si no tocará buscar otras medidas jurídicas que vengan al caso para que estos señores cumplan de manera rigurosa (con el contrato)”, concluyó Duque.

     

    Fallas en el software

    Desde hace varios meses, los usuarios del sistema se están quejando por los inconvenientes que tienen al momento de prestar las bicicletas.

     

    Natalia Velásquez, una joven que usa frecuentemente EnCicla, dice que “las plataformas virtuales muchas veces se encuentran malas, cuando uno viene (el sensor) no lee la tarjeta o cuando uno la va a prestar no ingresa (al sistema) o también cuando uno va a pedirla en las estaciones manuales no hay bicicletas”.

     

    El activista y promotor del uso de la bicicleta en Medellín, Daniel Suárez, ha sido uno de los principales críticos de los fallos en el sistema y desde sus redes sociales y otros espacios de encuentro ciudadano ha manifestado sus inconformidades con EnCicla.

     

    Suárez explica que el problema que tiene el sistema es que, “desde su software, la capacidad que tiene el sistema ya no permite recibir cierta cantidad de bicicletas en sus estaciones, (…) si hay un mínimo de ‘bicis’ no permite desanclarlas y si hay un máximo, a veces no permite anclarlas, lo que genera que el usuario tenga que moverse a otras estaciones cercanas y algunas van presentado las mismas fallas, lo que termina por afectar la operación del sistema”.

     

    El contrato 988 de 2017, además de contemplar la expansión del sistema, también incluyó la actualización de las estaciones existentes para ese momento y con ello la adaptación de 1.300 puntos de anclaje. Este proceso se realizó en noviembre de 2018 pero, según la primera prórroga del contrato, presentó fallas y, por tanto, requirió de un proceso de estabilización y ajuste de las estaciones y bicicletas del sistema.

     

    Los ajustes se ejecutaron en los meses posteriores, pero los problemas continuaron. A pesar de reprogramar sistema y ajustar los mecanismos de lectura, la inestabilidad persistió e incluso aparecieron bicicletas fantasmas y préstamos infinitos.

     

    Esta actualización del software es otra de las razones que explica el retraso del plan de expansión y expone los fallos actuales en el sistema de préstamos.

     

    Luisa Fernanda Vargas, vocera del sistema de bicicletas públicas EnCicla, aclara que el Área Metropolitana ha tomado algunas medidas para mitigar los fallos de conexión. “Hemos redistribuido nuestro personal de forma tal que en las estaciones automáticas en las que sabemos que hay préstamos en la mañana o en la tarde hay receptores, tratamos de que el personal haga prestamos manuales en estos lugares donde sabemos que la oferta y la demanda es mucha”.

    Las principales cifras de EnCicla. Infografía: Sebastián Carvajal Bolívar.

     

    Lo que se ha alcanzado y lo que falta

    Hasta el momento EnCicla ha puesto en operación 47 estaciones nuevas, para un total de 99 en Medellín, Envigado y Sabaneta. Se esperaba que las restantes fueran entregadas antes del 10 de mayo, según el compromiso que asumió el contratista con el Área Metropolitana. Por la crisis actual, eso está en veremos.

     

    Además, la entidad tiene almacenas 824 bicicletas nuevas en el Parque de las Aguas, que se espera entren a operar a medida que se entreguen las nuevas estaciones, “porque si las ponemos a operar en este momento habría sobreoferta de bicicletas y poca oferta de sitios de anclaje”, argumentó Vargas ante los cuestionamientos sobre la inoperatividad de estas.

     

    Según la funcionaria, estas no están en mal estado, puesto que están diseñadas para estar al sol y al agua. “Cada 15 días tratamos de llevar a nuestro personal para que le haga un mantenimiento básico”, finalizó.

     

    Ventajas del sistema

    Entre el 27 de enero y el 25 de febrero de este año, 30.364 usuarios hicieron préstamos de bicicletas en la ciudad. De ellos el 38,3 % fueron estudiantes y el 60 % corresponden a personas de estratos dos y tres, según datos de EnCicla.

     

    “Es muy útil, a mí me ha ahorrado mucho tiempo en los desplazamientos entre le bus, la universidad, del trabajo a la universidad y, en muchas ocasiones, se demora menos que un bus”, opina la estudiante Estébana Orozco sobre el sistema. Como ella, son muchos los usuarios que destacan las bondades de utilizar EnCicla diariamente.

     

    Alejandro Restrepo, doctor en urbanismo y profesor titular de la Universidad Pontificia Bolivariana resalta que el sistema ha permitido tres aspectos importantes en la ciudad.

     

    El primero es la equidad en el uso de transporte público al entregar este medio de forma gratuita, segundo la complementariedad de las estaciones de EnCicla con el Metro y demás medios de transporte público y, por último, la articulación de los espacios culturales, educativos, residenciales y públicos a través de las bicicletas.

     

    Para Restrepo, hacen falta dos cosas fundamentales para que el sistema mejore. El primero es un cambio cultural en la concepción del sistema y que involucra a todos los usuarios. “Es muy importante que la ciudadanía entienda que es un servicio público, que se le está prestando de forma gratuita y que cada uno debe de cuidar esos elementos como un patrimonio colectivo, que nos pertenecen a todos”.

     

    Lo segundo tiene que ver con la infraestructura y la posibilidad de seguir ampliando la red. “Creo firmemente que la ciudad puede recibir muchas más estaciones sobre todo por los territorios ligeramente más planos. Cada una de esas estaciones de la línea A y B del Metro debería tener EnCicla y el centro de la ciudad puede perfectamente tener más estaciones, así como también en puntos estratégicos para ir complementando este sistema de movilidad sostenible”.

     

    Según el Plan Maestro Metropolitano de la Bicicleta del Valle de Aburrá 2030, se espera que para ese año el 10 % de los viajes que se realizan diariamente en la metrópoli se hagan en bicicleta. Para esto, el Área Metropolitana contempla una serie de medidas en las que se incluye la mejora en la infraestructura física, la articulación del trasporte público y la continua expansión de EnCicla.

     

    Para que esto sea una realidad y que el sistema siga beneficiando a los habitantes de Medellín y su Área Metropolitana, es necesario que se superen los fallos de conexión en el sistema y que el plan de expansión finalice en los plazos acordados con contratista.

     

     

     

     

     

     

     

  • Medellín: “UNA OBSESIÓN GENERALIZADA POR ESTAR SIEMPRE EN OBRA”, GREGORIO HENRÍQUEZ

    Medellín es una ciudad sin centro histórico, que se ha encargado de sistemáticamente erradicar los espacios patrimoniales para continuar con una expansión urbana enfocada hacia la modernidad y la innovación. Se ha transformado a costo de la eliminación de la historia arquitectónica. El antropólogo, escritor y asesor cultural Gregorio Henríquez ha dedicado sus investigaciones a la reconstrucción histórica y a incentivar la conservación patrimonial de eso que nos dejaron.

     

    Numerosos espacios del Centro de Medellín han desaparecido sin que se conozca su verdadero valor histórico.

    Foto: Matín Villaneda

     

    ¿Qué se entiende por centro de Medellín?, ¿cómo han influido las élites de la ciudad en esa conformación de centro?

     

    Va desde la Avenida de Greiff hasta el Centro Administrativo La Alpujarra. Y del Río, detrás del SENA, hasta el Museo Casa de la Memoria. Es la comuna 10, La Candelaria. En las élites estaba ese centro. Lo que es hoy Parque Berrio, era su plaza principal. También eran importantes la Calle Real (actual Boyacá) y el antiguo barrio San Benito, actual La Candelaria, también arrasado.

     

    Existía una triada de iglesias que marcaba la pertenencia a una élite establecida. La Veracruz, La Candelaria (antigua catedral) y la del barrio San Benito. Después se van moviendo a la Villa Nueva, que es la Catedral Metropolitana, Parque de Bolívar. Y hacia la época de 1920, con don Ricardo Olano, se establecen en el barrio Prado. Cerca, pero no metidos en el centro. Fueron de Prado a Laureles y de ahí a El Poblado. Hoy se siguen alejando.

     

    ¿Ese alejamiento de las élites corresponde a los movimientos migratorios que llegaron a ocupar también el centro de la ciudad?

     

    Claro, porque una de las características de la élite es no revolverse. Antes se relacionaban, pero empezaron a tomar distancia en la primera parte del siglo XX.

     

    Es claro que el centro se ha transformado de manera constante. ¿Cómo es esa transformación y con qué frecuencia se realiza? Partiendo de la premisa de que -a excepción de la última- con cada administración se hace una intervención.

     

    Los periodos de transformación son cada vez más cortos. Antes pasaban varias administraciones sin que se hiciera una gran intervención. En la década de los 70’ se construye la Avenida Oriental, que modifica el patrimonio. Es a partir de los 90’ que se interviene periódicamente. El Metro es un referente para ello, porque el trayecto centro implicó tumbar gran parte de la ciudad. Desde ahí, cada administración tiene una idea de qué debe ser la ciudad para ser moderna y cosmopolita. Existe una arquitectura del descreste o monumental. Se crea un mercadeo de ciudad: entre más condecoraciones tenga, es mejor y más exitosa.

     

    También influye que el alcalde ya no gobierna para la ciudad, sino para su propia carrera política en camino hacia la presidencia. Están en campaña todo el tiempo, y para estar en campaña hay que mostrar obras. La última administración fue un punto culminante. Siempre es el nuevo alcalde el que tumba lo que hizo el anterior. Él tumbó lo que había hecho. Sobre las pirámides hizo las jardineras, y sobre las jardineras, las estaciones de Metroplús. Es la primera vez que un alcalde se hace eso a sí mismo.

     

    La Alcaldía de Luis Pérez es un punto de inicio de ese modelo. Es la responsable del Parque de Las Luces, para construirlo se demolió el Pasaje Sucre, que estaba en el inventario de patrimonio y era lo que quedaba del antiguo mercado de Guayaquil. Fue derribado irregularmente un puente festivo, a espaldas de la ciudad. A partir de ahí empieza una especie de piñata con las licencias. Caen casas de bahareque y edificios antiguos. Medellín dice haber sido fundada en 1616, ¿dónde está la ciudad de 400 años?

     

    ¿Cómo convergen esos métodos para destruir la ciudad con la ley de patrimonio actual?

     

    En Medellín, epicentro de la industria constructora, ese tema es muy flexible y laxo. Las licencias se otorgan, los permisos se dan abiertamente. También se enferman edificios, se cierran casas y se dejan caer. Aquí no hay sanción ni accionar de las curadurías, no se está legislando para defender el patrimonio.

     

    Medellín es una ciudad sin referentes más allá de la moda de la época. ¿A qué se le puede atribuir esa mentalidad constantemente modernista?

     

    Es siempre estar en el panorama, llevando la delantera. Lo que representa esa mentalidad modernista es el Edificio Coltejer. Tumbar el teatro Junín para construirlo justo ahí y no en cualquier otro punto, es un símbolo de ciudad. Medellín no tiene una identidad.

     

    Todo inicia con la visita de Mon y Velarde. Él llega a estas tierras, enviado por la corona, para ver qué estaba pasando. Encuentra que en Medellín las únicas construcciones dignas de relevancia son la Veracruz y la Candelaria. Por ello, prohíbe que se construyan casas con techos pajizos. Por decreto, las casas debían construirse con materiales y tener una determinada configuración. A partir de ahí se perpetúa esa percepción de estar siempre en desarrollo. ¿Cómo quedará de bonita Medellín cuando la terminen? porque no hemos podido. Es como una obsesión generalizada de estar siempre en obra, siempre en una serie de proyectos.

     

    ¿Cuáles son los factores específicos que hacen que Medellín no tenga centro histórico?

     

    Nuestra falta de sentido de pertenencia hacia lo patrimonial. Nosotros en lo histórico, sino en lo viejo, y lo viejo hay que tumbarlo: “aquí se hace un edificio, esto es un lote”. Pesa más ese rédito del lote, que lo colonial de la casa. No sabemos lo trascendental que puede ser conservar un casco histórico. No tenemos esa idea de preservar para las generaciones futuras. Uno de nuestros líderes dio la visión que tenemos todos nosotros cuando le preguntaron por las pirámides de la avenida Oriental y su opinión porque las iban a tumbar. Él dijo: “ah, es que ya cumplieron su ciclo”. Si todas las sociedades tuvieran esa visión, hoy muchos monumentos no existirían porque cumplieron su ciclo. Tenemos un problema para construir identidades, no lo hemos logrado hacer como sociedad.

     

    ¿Cómo logra Medellín aún contar una historia?, ¿Cómo se logra escudriñarla a partir de lo que queda?

    Son retazos, somos un relato fragmentado. Estamos apenas descubriendo qué nos dejaron. Podemos narrar el subsuelo, porque alguien se preocupó por restaurar el acueducto y el alcantarillado. Hoy aprovechamos para contarnos a partir de lo que nos queda.

     

    ¿Cómo puede haber equilibrio entre desarrollo y conservación de la memoria histórica?

     

    Es un diálogo, un equilibrio a la hora de decir: esta es una ciudad y esta es su historia. Ese es el gran reto para las administraciones futuras, continuar con ese avance que se necesita, pero no con la demolición. En Ayacucho volvieron a abrir la casa del maestro Efe. Gómez. La convirtieron en una pizzería, pero está conservada. Converge la preservación con los nuevos usos y almas de los espacios.

     

    Por último, ¿cuál sería la ruta para combatir la indolencia de los ciudadanos respecto a su patrimonio, y que se cree un sentido de pertenencia hacia la historia?

     

    Cátedras ciudadanas. Hay que apropiarse del espacio y el entorno. Recorrer la ciudad y descubrir lo maravilloso que hay en ella. Volver a contar su historia. Por los vacíos históricos ha pesado más la cultura Narco que la historia antigua de la ciudad, porque es lo que se tiene más a la mano. Hay que promover la ciudad y su patrimonio. Se debe empezar con los propios habitantes. Muchos medellinenses no conocen Medellín, y yo no defiendo lo que no conozco, porque no lo he apropiado. Por eso es un trabajo ciudadano.