Blog

  • “Mirando al Poniente” de la literatura extremeña

    Medellín (España) cuenta con más un millón de habitantes, de los cuales, el 34%, ha decidido tomar el camino del arte literario como su vocación, según registros de la Universidad de Extremadura. Cubrimiento especial de la Fiesta del Libro y la Cultura 2016.

     

     

    Miembros de la delegación de Medellín, españa, en la Fiesta del Libro 2016. Foto: Yorley Ruiz.

    De derecha a izquierda: Antonio María Flórez, Manuel Simón Viola y Eduardo Moga. Foto: Yorley Ruiz.

     

     

    Desde el reconocimiento histórico hasta el desarrollo de una potencia literaria en toda una región”, así definieron Eduardo Moga, director Editora Regional de Extremadura, Manuel Simón Viola, profesor español, y Antonio María Flórez, escritor, representantes de la delegación de Medellín de Extremadura, ciudad invitada a la Fiesta del Libro y la Cultura de este año, al papel que cumple hoy la producción de literatura en su región.

     

    En esta décima entrega de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, se recuerda cómo une la historia a dos pueblos totalmente distintos: Medellín, Colombia y Medellín, España. Así parece recordarlo Antonio Flórez, integrante de la delegación ibérica, quien en el conversatorio ‘Mirando al Poniente; literatura extremeña actual’, afirmó que “a estas ciudades les une un legado gastronómico y cultural, además de la huella histórica de un conquistador”.

     

    Breve historia

     

    La Región de Extremadura, ubicada al suroeste de la península Ibérica, fue lugar de atraso socio- histórico hasta 1975 con la caída de la dictadura de Francisco Franco. A partir de este momento, empieza una nueva época de transformaciones estructurales que afectaron, principalmente, el desarrollo creativo de la literatura. “La consolidación de una comunidad autónoma, con antecedentes de pobreza y mal comunicada con los centros de producción cultural, facilitó la aparición de una ola de autores extremeños que reivindicaron el talento de una región conocida como ‘el Desierto Verde’, este nombre debido a sus extensas llanuras verdes casi inhabitadas”, afirmó Manuel Viola en su intervención.

     

    Autores como Félix Grande (poeta), Álvaro Valverde (poeta), Antonio Méndez (escritor), Susana Martín Qijón, entre otros, son los exponentes de medio siglo de literatura extremeña, que se toma gran parte del continente europeo y que se pretende expandir con el proyecto ‘Mirando al Poniente’, que se presenta en esta versión de la Fiesta del Libro.

    Mirando al Poniente, revista de literatura extremeña. Foto:  Yoley Ruiz

    Mirando al Poniente, revista de literatura extremeña. Foto: Yoley Ruiz

     

    Nuevas miradas

     

    El director de la Editora Regional de Extremadura, Eduardo Moga, de origen catalán, y ponente de esa mirada ajena al mundo extremeño y cautivado por el mismo, afirmó que antes de llegar a esta región, tenía una visión “nula e inexistente” ante los procesos literarios que Extremadura emprendía. “Fui ignorante de la realidad extremeña… solo tenía esa concepción de región periférica pobre… al vincularme a esta zona, logré conocer ese tejido literario, que sorprende por esa vitalidad y rompimiento de esquemas, que sus autores presentan… superé mi ignorancia.”, dijo Moga.

     

    Por otro lado, la literatura actual extremeña está buscando esa proliferación de talentos, que le apunten a una nueva forma de creación, una creación más atractiva frente a la forma de insertarle a la obra un poco de la vida del autor. “Un oficio con agilidad, posición, mundos singulares y únicos, son lo que se necesita para reescribir el concepto de literatura que ha distinguido a la Extremadura de este siglo”, concluye Antonio Flórez, tras mostrar la evolución de los géneros literarios negros, ensayos, narrativos, entre otros.

     

    Conjuntamente a esa búsqueda de la que se habla, los expositores resaltan el apoyo estatal frente a la consolidación de la Editora de la región, el desarrollo de un pacto tácito frente a las secuelas de las guerras civiles españolas y esa exaltación del talento extremeño ante la salida al mercado editorial, puesto que estas situaciones han facilitado la explotación y aparición de grandes contenidos que enriquecen, aún más, la memoria escrita de la Extremadura literaria.

    La Fiesta del Libro y la Cultura le ha dado reconocimiento a la Zona Norte de Medellín, Colombia. Foto: Yorley Ruiz

     

    “Escribir bien para leer bien… y arriesgarse a probar lo nuevo” es finalmente, la reflexión que deja esta conversación de la literatura contemporánea de Extremadura, una literatura que invita descubrir nuevos mundos por medio de nuevas historias. Ante esto, la posición de la literatura colombiana y latinoamericana no se queda atrás. Eduardo Moga se refiere a la creación literaria de estas regiones como “una forma conflictiva de producir, pero un conflicto que desafía al mismo lenguaje y eso es lo que la hace interesante y llamativa. La literatura en estas tierras busca explorar nuevos ángulos a partir de sus conflictos, como ejemplo de eso tenemos a García Márquez”, dijo.

  • Del papel al pixel: nuevas lecturas, nuevos retos para el sector del libro

    Ni los libros ni los lectores están desapareciendo, se están transformando, y la Internet es su gran escenario. Los retos son muchos y hay que responder a ellos. Estas fueron unas de las conclusiones que surgieron a partir del pasado seminario de Nuevas Lecturas, organizado por Fiesta del Libro, el 4 de agosto en la SIU de la Universidad de Antioquia, donde se reflexionó sobre el libro y sus lectores a partir de diferentes charlas y experiencias de editoriales digitales, académicos y promotores de lectura.

     

    La lectura desde la no lectura

     

    Germán Rey abrió el seminario proponiendo esta forma de comprender la lectura en Colombia, desde la no lectura, que implica, según él, mirar cómo desde la experiencia digital se ha transformado en múltiples soportes y múltiples ofertas, que rompen el ciclo tradicional de la producción y adquisición de los libros.

     

    Rey destaca, además, que es importante comprender las dinámicas sociales, para poder responder a las necesidades emergentes de forma más acertada, con políticas públicas que vinculen la lectura con los contenidos digitales, por ello advierte que las cifras de los estudios de lectura en el país no son suficientes y hace un llamado a que se vinculen otras profesiones, como la antropología y la etnografía, para responder a las cuestiones sobre cómo leen, qué leen y cuándo leen los colombianos hoy, desde sus contextos.

    Las herramientas y el acceso directo que proporcionan las plataformas digitales han hecho que las dinámicas tradicionales de lectura cambien. Foto por: Yorley Ruiz

     

    ¿Una nueva profesión?

     

    Los avances tecnológicos y las nuevas formas de la comunicación traen consigo nuevas profesiones, como lo define Catalina Holguín, “soy editora digital, es una profesión dudosa, incierta y quienes la hacemos no sabemos aún cómo hacerla”. Experiencias editoriales como Manuvo , donde ella es directora, demuestran cómo muchas de sus creaciones son experimentos, como lo llama ella, en los cuales el libro adquiere otra forma y el producto no es un libro tradicional, ni un videojuego, a pesar de que algunos permitan jugar en él.

     

    Catalina insistió en la importancia de la lectura para los editores “no solo del texto que estamos editando, sino del texto que es Internet. Si uno aprende a editar ese texto seguro no se aburre”. Advierte que el reto desde la academia es mirar la Internet “como un objeto de estudio serio, como un objeto estético, como un objeto literario, que puedes leer, analizar, criticar o lo que sea” y que los futuros profesionales deben saber trabajar en equipo porque, citando el caso de NY Times, donde los equipos son multidisciplinarios, “Si uno no sabe trabajar en equipo, no puede hacer nada en digital”.

     

    Sin editoriales no hay lectura

     

    Es una necesidad casi urgente que los editores y editoriales se transformen, para dar respuesta a nuevas formas de consumo, mediadas por lo digital, donde la suscripción y el desarrollo de plataformas antimonopolio pueden ser una respuesta contundente, según explicó Jaime Iván Hurtado, consultor experto en nuevas tecnologías, destacando la importancia de las editoriales y editores para la lectura y el desarrollo de los libros.

     

    “Es muy afortunado la cantidad de caminos que hoy se pueden tomar y que garanticen que las operaciones funcionen”, dijo Hurtado frente a los recursos y conexiones que ofrecen las plataformas digitales donde siempre habrá la necesidad de “un corrector de estilo, un diseñador, alguien que se ponga a tono con las necesidades”.

     

    Estudiantes de diseño gráfico de la UPB desarrollando un libro digital basado en los cuentos de Edgar Allan Poe, con audios e ilustraciones creados por ellos. Foto por: Yorley Ruiz

     

    Las bibliotecas: más que un café internet

     

    “Tenemos 19 bibliotecas y uno de los problemas más graves es que hay un uso instrumental o cooptado por las redes sociales” dijo José Ignacio, durante el conversatorio con Ruth Helena Vallejo de Bibliored y Claudia Giraldo de Comfenalco, refiriéndose a los retos que se están enfrentando hoy las bibliotecas, donde el 80% de los usuarios están en redes sociales o en YouTube y muy pocos consultando el material que ofrece las bibliotecas.

     

    El derecho a la información y la promoción de la creación de contenidos propios en las bibliotecas, fue un llamado que hizo Ignacio, porque, según él, no deben atenerse solo a los intereses del mercado editorial. Por otro lado, Claudia recordó que la función que tienen es “fundamental y es el acceso a la información. La promoción a la lectura tiene que llevar a algo y es que seamos una sociedad más informada”, porque, según ella, uno de los problemas más graves es que “somos una sociedad que no sabemos para qué sirve la información”, por eso destaca que los procesos de aprendizajes y de alfabetización digital deben comenzar por las comunidades, los barrios y los contextos de los usuarios.

     

    Las bibliotecas tienen el reto de atraer nuevos lectores que aprovechen el material que estas ofrecen a partir de nuevas estrategias de intercambio y apropiación de la información. Foto por: Yorley Ruiz

     

    En tiempos de ciencia ficción

     

    “Estamos tan acostumbrados a la maravilla que se nos olvida que estamos en tiempos de ciencia ficción”, dijo el profesor Pablo Francisco Arrieta, quien desde libros digitales interactivos, que contienen vídeos, audios, hipertextos, traducciones del idioma original con solo tocar las palabra en la pantalla, y otras opciones que ofrecen estos tipos de plataformas, hizo caer en cuenta a los asistentes que más allá del soporte, lo que importa es que la gente lea.

     

    Los audiolibros, la personalización de la visualización de las publicaciones, la experiencia que ofrecen los periódicos hoy es completamente diferente, lo cual da cuenta de que la gente lee diferente y que los hábitos en torno a ella crean posibilidades sorprendentes, explicó Arrienta.

     

    No hay que ir muy lejos para ver lo que traen estas nuevas tecnologías. La Biblioteca Nacional de Colombia hace una entrega mensual de un capítulo del libro escrito e ilustrado por Antonio Caballero: Historia de Colombia y sus oligarquías. Imagen: bibliotecanacional.gov.co

     

    Mirar hacia el futuro

     

    Son muchos los retos a los cuales se enfrentan no solo las editoriales, sino también las bibliotecas, los promotores de lectura, los docentes, padres de familia, los lectores tradicionales y los nuevos lectores, donde las políticas públicas y las encuestas están llamadas a responder y a retratar esta realidad cambiante y renaciente del libro.

     

    Ana Carolina Montoya, promotora de lectura y asistente al seminario, celebra que en la ciudad se abran este tipo de espacios para la reflexión que le permitan a editoriales, bibliotecas, librerías y el lector del común, quitar el miedo y abrirse, a lo que ella llama, todo un universo por ser explorado.

     

    Aún hay preguntas por resolver, fenómenos de lectura por ser estudiados y procesos de promoción y nuevos grupos de trabajo por ser creados, que muestran que el sector del libro tiene un camino largo y esperanzador por construir.

     

    Del 9 al 18 de septiembre se llevará a cabo, en Medellín, la Fiesta del Libro y la Cultura que cumple 10 años. Un espacio para seguir reflexionando alrededor del libro y las lecturas. Foto por: Yorley Ruiz (Fiesta del Libro 2015).

     

     

     

  • UNA TRADICIÓN CON MUCHAS VIDAS DE HISTORIA

    La tradición silletera se preserva gracias a la unión en que conviven y trabajan familias campesinas del corregimiento de Santa Elena, al oriente de Medellín, que con curiosidad e ingenio inagotables llevan con orgullo la responsabilidad de ser el centro de la principal expresión cultural en las fiestas tradicionales de la capital de Antioquia. Manuela Gómez Walteros recoge en estas imágenes el testimonio gráfico de una familia que lleva consigo una historia que ha durado muchas vidas.

     

    Video

     

     

  • SER PILO PAGA. ESPECIAL MULTIMEDIA EN CONTEXTO 54

     

    Foto: Comunicaciones y Relaciones Públicas – UPB.

     

    Ser Pilo Paga es un programa de gobierno que ha dado a miles de estudiantes, la mayoría de escasos recursos, la oportunidad de hacer sus estudios universitarios, incluso, en instituciones privadas de alta calidad. Aunque el verdadero impacto de esta iniciativa podrá verse con los nuevos profesionales en ejercicio, sus alcances tocan profundamente la vida de estos jóvenes enfrentados, en muchos casos, a la adaptación a entornos sociales diversos y, en ocasiones, adversos. En esta edición de Contexto, un especial que pone sobre la mesa preguntas sobre la educación como derecho.

     

    Navegue el especial multimedia AQUÍ

     

    Una serie periodística cuya primera entrega compartimos en esta edición, nos muestra a China como uno de los rumbos que nos hablan de las búsquedas de los jóvenes de hoy, buscamos también qué instrumentos tienen a disposición las víctimas de ataques con ácido en la ciudad, damos miradas detalladas al oficio y a las historias de sastres, barberos y una documentalista de origen emberá, que busca devolverle la voz a su pueblo mediante las imágenes.

     

    HAGA CLICK AQUÍ PARA LEER LA EDICIÓN IMPRESA

     

  • PROYECTOS DE VIDA EN MARCHA

    Conozca en qué consiste el programa Ser Pilo Paga mediante el testimonio de sus beneficiarios y sus historias de vida.

     

    ¿Qué es Ser Pilo Paga?

    Video

    El testimonio de Andy Isaza

    Este estudiante de la Universidad de Medellín habla de cómo recibió su familia su admisión al programa de becas condonables, opina sobre el auxilio económico que reciben los beneficiarios y cuenta qué imagen tienen de él sus compañeros.

     

    Video

    Un estudiante que viene de otra ciudad

    Carlos Andrés Valencia cuenta su proceso de preparación y aspectos de su rutina como beneficiario de Serr Pilo Paga. Relata su proyecto profesional para llegar a ser astronauta.

    Video

     

    Descubriendo otros mundos

    Leidy García vivía en Rionegro, al oriente de Medellín. Ahora que vive en la capital del departamento, tiene nuevas rutinas y está conociendo una ciudad que siempre tuvo cerca, pero que no había conocido a fondo. Habla de los retos y dificultades que los cambios han significado.

    Video

     

    REGRESE AL ESPECIAL SER PILO PAGA, ¿CUÁLES SON LOS RÉDITOS?

     

     

     

     

     

  • VOCES DE LA VIDA UNIVERSITARIA

    Una profesora que construye una red de apoyo para los ‘pilos’, un estudiante de derecho que tuvo en el ajedrez su oportunidad de obtener un crédito – beca condonable, testimonios que hablan de cómo Ser Pilo Paga ha cambiado vidas, proyectos profesionales y visiones del mundo.

     

    Escuche los testimonios con la siguiente galería de sonidos. Haga click en los enlaces para escuchar:

     

    El ajedrecista pilo

    La historia de este estudiante habla de los entornos que favorecen el desarrollo de talentos académicos, un testimonio con altas dosis de análisis sin prevenciones de la vida universitaria desde la óptica de un pilo.

     

    Estudiar Derecho, bien derecho

    No se trata solo de alcanzar un cupo, la matrícula se vuelve un reto pequeño comparado con los que hacen parte de la vida universitaria, según cuenta este estudiante de Derecho, beneficiario del programa Ser Pilo Paga.

     

    La niña “diferente”

    La mayoría de estudiantes sustentan las motivaciones para su trabajo académico en sus proyectos profesionales a futuro. Esta beneficiaria del programa Ser Pilo Paga, cuenta cómo hasta la satisfacción de sus parientes es un motivo para dar lo mejor de sí en las clases.

     

    La profe pila

    Una docente universitaria se ha dedicado a construir redes de apoyo para los estudiantes beneficiarios del programa ser Pilo Paga, su testimonio describe cómo la actividad académica de estos jóvenes ha cambiado la dinámica del centro de estudios en el que trabaja.

     

    Doctora a fin de cuentas

    Una beneficiaria del programa Ser Pilo Paga cuenta cómo su proyecto de estudiar Medicina se cambió por la escuela de Leyes y cuenta los retos de su vida cotidiana como estudiante de Derecho.

     

    REGRESE AL ESPECIAL SER PILO PAGA, ¿CUÁLES SON LOS RÉDITOS?

     

     

     

     

     

     

  • Ser Pilo Paga: del presupuesto nacional al presupuesto personal

    Sara Ceballos vive “al bordito de la montaña, por allá, muy arriba”, en la vereda El Llano del corregimiento de San Cristóbal, del municipio de Medellín. Ella, con una sonrisa que enmarca su rostro ovalado y con su voz aguda, parece no sucumbir ante el cansancio diario que le produce el viaje desde su casa hasta la Universidad de Medellín, donde cursa primer semestre de Derecho.

    Cada mañana, Sara ve despertar a Medellín desde las ventanas del bus, cuando el alumbrado público se va apagando y la luz natural del cielo, a veces brumoso, invade las esquinas.

     

    – Si la clase empieza a las 6 de la mañana y me baja mi papá, salgo de mi casa a las 5:00. Si no, me toca salir de mi casa faltando un cuarto para las 5 y tomar tres buses hasta acá- y tras decir esto sonríe y añade-, a mí me gusta vivir allá, pero siempre es que me queda lejos.

     

    Al lado de Sara, está Steven Posada, su amigo y compañero de clases, quien también sabe de distancias y largos recorridos: en enero de 2016, Steven dejó su casa en el municipio de Venecia, Antioquia, a su mamá, su abuela y sus dos hermanos menores, para vivir con su abuelo paterno, en el barrio Santa Cruz, al nororiente de Medellín.

     

    “Siempre había vivido en Venecia, nunca me había ido a vivir a otra parte y mi mamá ha estado siempre conmigo”, dice, y en su voz hay un dejo de nostalgia, de añoranza por su pueblo pequeño, con árboles en el parque, y por la compañía de su madre y su abuela, “los dos pilares” de su vida.

    Steven y Sara comparten, además de la carrera y del sutil encanto que tiene la tierra del campo después de la lluvia, un título que el Estado les otorgó y que les permitió continuar con sus estudios superiores: ambos son “los más tesos”, hacen parte de los 21.000 “pilos” del programa Ser Pilo Paga (en adelante SPP), que durante sus dos primeros años de implementación (2015 y 2016), lleva una inversión total de $529.000 millones del presupuesto nacional. Si ambos escucharan esa cifra, dirían que es mucho dinero, más del que han visto en su vida y del que les gira el Icetex para su sostenimiento semestral.

     

    Lo mismo diría Alejandra Medina, una estudiante de tercer semestre de Publicidad de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), oriunda de Armenia, Quindío, y quien residió, durante tres años, en Coria del Río, una ciudad de casas blancas y parques arbolados ubicada en Sevilla, España.

     

    En 2013, la crisis económica hizo que ella, su madre y sus hermanos, retornaran a la casa de sus abuelos maternos en Calarcá, Quindío. “Yo tenía ganas de seguir estudiando, por eso validé el bachillerato y presenté las pruebas Icfes, pero no me imaginé que iba a estar dentro del programa”, cuenta, mientras recuerda los abrazos de su madre y de su familia, esa tarde de octubre de 2014, en la que recibió los resultados y la noticia de que era beneficiaria del crédito beca condonable de Ser Pilo Paga.

     

    Hoy, un día cualquiera a las 6:00 p.m, Alejandra estudia a media luz en el Bulevar del estudiante de su universidad, mientras las lámparas se encienden despacio, como sin ganas de robarle la oscuridad a la tarde. Cuando sea hora de volver a casa, ella lo hará a pie pues vive cerca de la UPB, en tanto Sara y Steven, tardarán una hora en llegar, una hora a la que hay que sumarle el dinero de los pasajes, dinero que sale de lo que, semestre a semestre, les consigna el Icetex.

     

    Sara, recibe un salario mínimo legal vigente por vivir dentro de Área Metropolitana, mientras que Steven y Alejandra, cuatro, por venir de afuera. ¿Les alcanzará? Esa es la pregunta que flota en sus cabezas cada semestre, cuando las maromas para hacer rendir la plata se agotan.

     

    Los contrastes presupuestales

     

    En octubre de 2014, el presidente Juan Manuel Santos y la ministra de Educación, Gina Parody, anunciaron que el gobierno otorgaría 10.000 becas, “con el fin de garantizar el acceso a la educación superior”, para el 2015. Los requisitos para ser beneficiarios del programa- bautizado con el nombre de Ser Pilo Paga- serían, según datos del Ministerio de Educación, haber obtenido 310 puntos o más en las pruebas Saber 11, tener un puntaje del Sisbén inferior a 57.21, y presentarse y ser admitido a una de las 33 universidades acreditadas de Alta Calidad.

     

    Para el 2015, el gobierno nacional dispuso de $155.000 millones destinados a cubrir las matrículas de estos estudiantes, así como para entregar los subsidios de sostenimiento, que van desde un salario mínimo a cuatro, dependiendo de si el beneficiario debe desplazarse de su cuidad de origen.

     

    En octubre del 2015, fue anunciada la segunda versión del proyecto, que ampliaría los cupos a 11.000 estudiantes para el 2016. No obstante, esta versión tendría otras dos variaciones importantes: la primera, es que Gina Parody ya no se referiría a SPP como un programa de becas, sino como “un crédito beca condonable, una vez que el estudiante termine satisfactoriamente sus estudios”, lo que significa que el “Pilo” debe hacerse cargo de la deuda que contraiga con el Icetex, en caso de que no termine sus estudios; y la segunda, que el presupuesto se ampliaría a $374.000 millones de pesos.

     

    La cotidianidad de Sara dice que no le alcanzan los $689.454 que le giran al semestre. No le alcanzan por los 3 buses que debe tomar diariamente, por las jornadas largas, que le piden al cuerpo alimentarse bien y por las fotocopias y libros que debe comprar.

     

    -Lo que me giran no alcanza, es que hagamos cuentas- dice, mientras entorna los ojos y cuenta con sus dedos una cantidad invisible-, yo le doy $150.000 a mi mamá, porque de todas formas me gusta ayudar. De ahí me quedan $540.000, más o menos y me gasto en pasajes, que tengo que coger 3 buses ida y vuelta a la casa, $12.000. Si mucho, eso me alcanza para un mes.

     

    Mes a mes, Sara necesita $240.000 para los pasajes, lo que suma, durante los cuatro meses que dura el semestre, $960.000. “Yo guardo pero me quedo corta de fotocopias y libros, no más este semestre me tocó comprar dos libros de segunda, se me fueron $70.000”, comenta.

     

    Por su parte, Steven dice que le alcanza lo justo y que es un presupuesto apretado. “A mí me giran cuatro salarios, más o menos 2’600.000, y me lo dividen en dos pagos al semestre. Eso es lo que hace más difícil el poderse sostener, que los pagos están espaciados y a uno le toca mantenerse de a mitades”, dice, sopesando cada palabra y poniendo las manos sobre la mesa.

     

    Eso quiere decir que, los primeros dos meses del semestre, a Steven le giran $1’300.000, de los que aporta $200.000 en casa de su abuelo: “no me obligan a dar plata, pero si estoy viviendo ahí, es mejor aportar algo”, dice. Del 1’100.000 restante, destina $150.000 pesos para sus pasajes mensuales: dos viajes diarios en Metro. Lo le queda, dice, es para los libros “que a pesar de que son fotocopiados, son muy costosas”.

     

    -Yo empiezo a pensar en si de pronto me va a alcanzar, porque intento ayudar lo que más puedo donde mi abuelo cuando hay problemas económico que puedo suplir- comenta Steven, quien esboza una sonrisa evocadora-. Cuando no quedo cortico, mi mamá hace el esfuerzo de ayudarme con lo que puede, porque ella trabaja por días en un restaurante en Venecia, o sea que no es estable.

     

    En la UPB, mientras se hace de noche y Alejandra sigue trabajando en una campaña publicitaria, dice que, a pesar de vivir cerca de la Universidad, el dinero no es suficiente: “pago $600.000 mensuales en la casa en la que vivo y a mí me giran 2’600.000”. Esto quiere decir que le quedan $200.000 para hacer sus actividades diarias, para estudiar y hacer los trabajos “que a veces salen caros en Publicidad”.

     

    Según el Ministerio de Educación, a estos tres estudiantes, expertos en hacer rendir lo poco y a los demás estudiantes beneficiarios, se les garantiza el acceso a ayuda psicológica, asesoría académica y tutor becario, ayudas que brindadas, en gran medida, por la universidad que los acogen. Pero, ¿cómo impactan las Universidades para garantizar la permanencia de los estudiantes?

     

    Universidades y Estado: un papel decisivo

     

    Lina María Velásquez Restrepo, docente de primer semestre de la Facultad de Derecho de la Universidad de Medellín- la tercera universidad con más estudiantes pertenecientes al programa, estando en primer lugar la UPB y Eafit en segundo,- supo reconocer a los estudiantes de Ser Pilo Paga que llegaron a su curso. Había algo en sus voces, en la forma en la que se disponían en el aula y en la atención que ponían, que los hacía resaltar.

     

    “Ellos se destacan, son más atentos, más estudiosos y no les da pena hablar, representar a sus compañeros”, comenta, diciendo que cuando los vio llegar no pudo quedarse quieta, “indolente ante las necesidades de ellos”. Empezó a gestionar, por su cuenta- puesto que a Universidad de Medellín no tiene, a la fecha un programa oficial de apoyo alimentario o de fotocopias- ayudas para sus estudiantes.

     

    -Empecé a buscar patrocinio, con mis amigos, para que me ayudaran a subsidiar, en alguna medida, las fotocopias y la alimentación de algunos. Yo les digo ‘no me mande plata, consígnesela a la cuenta del restaurante, de la fotocopiadora o de la librería’, para que ellos lleguen con un saldo a favor y vayan haciendo uso del servicio- comenta, con la claridad de los docentes acostumbrados a explicar con paciencia.

     

    “Cada estudiante maneja su tiquetera: si tiene un saldo de $50.000 en la fotocopiadora, él verá cómo va sacando lo que necesita”, y añade que la idea es extender el programa al resto de la Universidad y demostrar que “si se quiere cambiar el mundo, hay que empezar por el entorno”.

    -La profe nos ha ayudado mucho, uno a veces no tienen la capacidad económica para sacar las copias que necesita y ella siempre nos escucha, está atenta de nosotros- comenta Steven, mientras Sara sonríe, en señal de aprobación silenciosa-.

     

    En la Universidad Pontificia Bolivariana, en cambio, es el área de Bienestar Universitario la encargada de los apoyos alimentario, de fotocopias y transporte que acoge, en gran medida, a los estudiantes de SPP. Según Kelly Marín, funcionaria del área de Mercadeo, estos no son las únicas ayudas a los que pueden acceder los 1326 estudiantes del programa: “por ejemplo desde el Centro de Lenguas, donde se les da, de manera gratuita, los niveles de inglés que los estudiantes requieran. Así como Bienestar y el área de Permanencia, ofrecen charlas y recorridos por la ciudad, que buscan que ellos permanezcan en la Universidad”.

     

    -Los programas funcionan, yo estuve en el apoyo alimentario y de transporte. Pero desde que vivo cerca de la Universidad, ¿para qué le voy a quitar la oportunidad a otra persona?- pregunta, y en su rostro hay calma, paciencia, para terminar la tarea que se reúsa a abandonarla-, yo para eso me voy a pie y cocina en mi casa.

     

    La profesora Lina María Velásquez Restrepo, es enfática en señalar en programas como ser Pilo Paga, “no se le puede endosar toda una función social al Estado, sino que hay que involucrar a otros actores como empresarios, las mismas universidades, o inclusive las religiones”, para que funcione e impacte, realmente, en la vida de los jóvenes colombianos.

     

    En el bulevar del estudiante de la UPB, las luces ya están encendidas, brillando plenas. Alejandra estira el cuello y la espalda antes continuar con su labor: “la plata me alcanza justa, pero alcanza. Yo intento ahorrar, por eso casi ni salgo, porque yo no quiero que mis gastos recaigan en mi familia”, comenta recordando a su mamá, que cuando puede le ayuda con dinero. Son las 6:30 p.m. y Alejandra ya no repara más alrededor y se enfoca en diseñar.

     

    Mientras tanto, en la Universidad de Medellín, el viento frío que golpea las ventanas y se cuela en el recinto donde están Sara y Steven. Ambos, sintiendo el frío en sus pieles, se cubren con su saco, se ajustan la chaqueta. “Yo creo que para que me alcance la plata, me va a tocar empezar a vender gomitas al escondido, porque acá no dejan vender”, comenta Sara, entre carcajadas sonoras que contagian al silencioso Steven, que solo atina a sonreír.

     

     

    REGRESE AL ESPECIAL SER PILO PAGA, ¿CUÁLES SON LOS RÉDITOS?

     

  • Son pilos con necesidades

    Después de dos años, a pesar de haber previsto ciertas medidas para el bienestar de los “pilos”, las universidades aún se apuntan a nuevas modificaciones.

     

    El programa “Ser Pilo Paga” (SPP), nació en el 2014 como una política pública que beneficia a jóvenes por su desempeño académico, es una opción que ofrece el Estado colombiano para que jóvenes del país estudien una carrera en universidades acreditadas. Según cifras del Ministerio de Educación Nacional (MEN), el SPP registró en su segunda versión, 1446 beneficiarios en el Departamento de Antioquia, es decir, el 12% del total de los 12.505 pilos del país. Es la entidad territorial con mayor número de beneficiarios después del Distrito capital.

     

    Estos jóvenes que comienzan su formación profesional provienen de diferentes regiones y cuentan con situaciones socioeconómicas particulares que deben ser atendidas por las instituciones de educación superior que los acogen.

     

    A pesar de ser buenos estudiantes, que demuestran un desarrollo especial en aspectos como la memoria1, cuentan con algunas necesidades, no solo académicas sino también sociales, que los obligan a enfrentar nuevos desafíos y a superarse para aprovechar la oportunidad que ofrece el Gobierno Nacional. Estas particularidades llevan a las universidades acreditadas a ofrecer programas de bienestar que ayuden a solventar las carencias que tiene la población del programa y que potencie las fortalezas con las que se destacaron durante la educación media.

     

    Según el MEN las tres universidades que más recibieron beneficiarios del programa Ser Pilo Paga 2 en Medellín fueron: la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) con 687, la Universidad Eafit con 513 y la Universidad de Medellín (UdeM) con 492. En el ranking nacional de estudiantes pilos, estas tres instituciones ocupan el cuatro, el octavo y el onceavo puesto respectivamente.

     

    Cada universidad desarrolló sus propios programas para recibir a los beneficiarios por quienes obtienen un dinero por parte del gobierno nacional. Foto: Comunicaciones y Relaciones Públicas UPB.

     

    En la UPB se hace acompañamiento socioeconómico, académico y familiar mediante talleres de fortalecimiento de hábitos de estudio, tolerancia a la frustración, manejo de estrés y ansiedad, terapias individuales, subsidios, no cobro de derechos de admisión para el programa profesional, becas para cursos de segunda lengua, cursos para el desarrollo de competencias, asesorías en el proceso ante el Icetex, cursos nivelatorios y acompañamiento desde programas del Departamento de Permanencia.

     

    Los talleres de fortalecimiento son programas de bienestar que no son exclusivos para los estudiantes de SPP, toda la comunidad académica puede acceder a ellos de acuerdo a sus necesidades. Ahora bien, se estima que el 60% y 70% de los que asisten son beneficiarios del SPP porque en varios casos los estudiantes no continúan con los resultados que obtenían en su colegio.

     

    En cuanto a la Universidad de Medellín, desde el Departamento de Permanencia con Calidad se les ofrece a los “pilos” asesorías y monitorias académicas; además, del programa llamado Piloto que ayuda a los estudiantes que necesitan explicaciones personalizadas, asegura Carlos Augusto Yepes, Psicólogo de la Universidad. Este apoyo psicopedagógico incluye: mejoramiento del desempeño académico, razonamiento lógico, manejo de ansiedad y habilidades sociales.

     

    Dado que no fue posible conseguir la información de la Universidad EAFIT, aunque se solicitó una entrevista al Departamento de Beneficios y compensación, se consultó su portal web sobre las ayudas para los estudiantes del SPP, allí los “pilos” pueden cursar el idioma inglés y acceder a libros para que adelanten sus estudios en un segundo idioma.

     

    En cuanto a la preparación de las universidades para recibir a los “pilos” Alberto Uribe, ex rector de la Universidad de Antioquia, afirma que “al comienzo había mucha angustia, especialmente de las universidades privadas, respecto a las medidas que se tendrían que tomar para recibir a la población de Ser Pilo Paga, cosa que no sucede en la universidad pública. La preocupación central radicaba en las medidas y programas de bienestar que se debían implementar para esta población”.

     

    Por otra parte, Moisés Wasserman, ex rector de la Universidad Nacional, sostiene que “el hecho de que estén acreditadas y que se de en ellas el fenómeno de las ‘sillas vacías’ ya son condiciones suficientes para responder. Tal vez, tienen que adoptar sistemas de acompañamiento más cuidadosos para asegurar permanencia y éxito”.

     

    Las necesidades de los “pilos”

     

    Según Margarita Gómez, asesora de Icetex en la Universidad de Medellín, hasta el momento cuatro jóvenes desertaron o no acudieron a los beneficios del programa por motivos personales, y once cambiaron de carrera. Sin embargo, de las demás no se pudo obtener cifras, a pesar de que fueron solicitadas.

     

    UPB ha identificado que los pilos toman la elección de su carrera de manera apresurada por los plazos de la beca y, al no tener tiempo para asimilar lo que está pasando, eligen de manera pronta su profesión, lo que los lleva a una “reorientación vocacional”, según comenta personal de Bienestar Universitario. Asimismo, uno de los problemas es la adaptación a la vida universitaria que implica: la lejanía con la familia, la exigencia académica — se tienen identificadas las materias con las que tienen más dificultades, entre ellas, las relacionadas con ciencias básica —, el aumento de los niveles de frustración, porque “son estudiantes que vienen acostumbrados a buen desempeño académico y al llegar a la Universidad, baja”, asegura integrante de Bienestar Universitario.

     

    La profesora Lina María Velásquez, jefe del Centro de Resolución de conflictos de la Universidad de Medellín, enuncia que frente a la orientación vocacional “los pilos tienen muy claro lo que quieren”, sin embargo, como ella misma lo atestigua estos estudiantes tienen necesidades económicas para lograr su objetivo académico, pero no tienen falencias en su rendimiento académico.

     

    Por su parte, la Vicerrectora Académica de la UdeM, Luz Doris Bolívar, explica que las necesidades particulares son en temas de acompañamiento en su proceso académico para mejorar sus técnicas de estudio y adaptación sociocultural debido a que muchos provienen de otras regiones.

     

    El impacto para las universidades

     

    En la UPB, personal de Bienestar Universitario sostiene que es necesario aumentar la capacidad de respuesta debido a la demanda de los servicios con miras a “responder las necesidades de estos jóvenes” que en muchas ocasiones provienen de otras regiones con realidades que exigen una adaptación especial a la vida universitaria.

     

    Para Carlos Augusto Yepes de la UdeM, “la institución no se puede poner a mover toda la maquinaria de la Universidad únicamente a favor de los pilos. Los tiene que incorporar dentro del normal funcionamiento de la misma”.

     

    El impacto social para la institución, de acuerdo a la Vicerrectora Académica, es que les mejora la calidad académica del estudiante que ingresa, mereciendo un acompañamiento integral; además, “un examen que demuestra un nivel académico, no necesariamente nos dice que se tiene todo resuelto para ser un profesional”, afirma la Vicerrectora.

     

    “Estamos procurando dar todo el bienestar, porque a veces rebasa el nivel para dar una asistencia personalizada. Estamos con este tipo de Plan Integral de Acompañamiento tratando que los muchachos se beneficien por los programas que se tienen desde Bienestar Universitario, por Permanencia con Calidad, por los auspicios económicos… estos auspicios no están porque nuestras becas sociales están concebidas para estudiantes, para ingresos y todo el asunto; pero, si ya llegaron becados, miraremos en ese sondeo de necesidades otro tipo de acompañamiento”, enuncia la Vicerrectora Académica.

     

    Juan Luis Mejía, Rector de la Universidad EAFIT, afirma que el impacto social para la institución es que “enriquecen la universidad enormemente”, pues, el hecho de convivir con otras culturas trae más diversidad a la Universidad. En cuanto al impacto económico, él mismo asegura que “por un lado se obtienen recursos por los pilos, y por otro también se les invierte”. Se ha tenido que aumentar los presupuestos en 100 millones de pesos especialmente para la alimentación, transporte, material educativo e inglés.

     

    La magnitud del programa y las condiciones específicas de esta población tomó por sorpresa a los beneficiarios y a las instituciones, algunas no tuvieron tiempo suficiente para prepararse para recibir a la primera cohorte de este programa del Gobierno; no obstante, gracias a las opciones de Bienestar Universitario o Permanencia, los estudiantes del programa encontraron actividades que les sirvieron para su adaptación social y académica.

     

    Las universidades en Colombia no son ajenas a las problemáticas sociales que afronta el país, por ello, a pesar del rendimiento académico con el que son recibidos los pilos, están expuestos a nuevas situaciones complejas que pueden comprometer su rendimiento académico y, por ello, acarrear todas las consecuencias que de allí se derivan.

     

    REGRESE AL ESPECIAL SER PILO PAGA, ¿CUÁLES SON LOS RÉDITOS?

     

     

  • AQUÍ ESTÁN LOS PILOS

    Una mirada al programa gubernamental desde dos historias de vida, que

    hablan de migraciones, expectativas, frustraciones y alegrías. Cuando la vida

    misma es una experiencia que educa. Texto publicado en la edición 54 de Contexto.

     

    Hace tres años, Alejandra Medina vivía en una ciudad de casas blancas y parques arbolados, sus pasos estaban acostumbrados a las calles estrechas de Coria del Río, un municipio de aproximadamente 30.000 habitantes, ubicado en Sevilla, España. Hace tres años que dejó el país ibérico y el tiempo le ha dejado algo más que recuerdos, también le ha traído cambios.

     

    Hoy, un día cualquiera a las 6:00 p.m., en la Universidad Pontificia Bolivariana, Alejandra estudia a media luz en el Bulevar del Estudiante. “Esperemos que prendan las luces”, les dice a sus dos compañeras de tercer semestre de Publicidad, porque los ojos ya no alcanzan a ver lo que las manos plasman en el Adobe Ilustrator.

     

    Nadie adivina por qué esta muchacha de 21 años, de rostro y manos pequeñas, terminaría en Medellín. “Yo nací en Armenia, Quindío, pero en el 2010 me fui a vivir con mis papás y mis hermanos a Sevilla”, cuenta, añadiendo que en 2013, la crisis económica hizo que ella, su madre y sus hermanos, retornaran a la casa de sus abuelos maternos en Calarcá, Quindío. Llegaron sin mucho dinero y buscando las oportunidades que, otrora, buscaran en España.

     

    “Yo validé décimo y once en un colegio público de Armenia y presenté los Icfes. Mientras tanto, me dediqué a estudiar una técnica en Publicidad, porque no tenía plata para estudiar la carrera profesional, recuerda, con los ojos fijos en la ilustración e ignorando el ruido de la gente que pasa. Pero en octubre de 2014, sin esperarlo, salieron los resultados delas pruebas y con ellos, la noticia de que había sido seleccionada para el programa de créditos condonables Ser Pilo Paga. “Ese día, todos lloraron en mi casa”, dice sonriendo, al recordar lo que la hizo estar sentada ahí, en una banca de la UPB, como uno de los 21 000 estudiantes beneficiarios del programa en el país.

     

    Ser Pilo Paga: un crédito condonable, no una beca

     

    Foto: Comunicaciones y Relaciones Públicas, UPB.

    Ser Pilo Paga es un programa de gobierno que goza de alto reconocimiento en la opinión pública.

    Presentación de la segunda fase del programa en la UPB. Foto: Comunicaciones y Relaciones Públicas, UPB.

     

    En octubre de 2014, el presidente Juan Manuel Santos y la ministra de Educación, Gina Parody, anunciaron que el Gobierno otorgaría 10 000 becas, “con el fin de garantizar el acceso a la educación superior” para el 2015. El proyecto que fue bautizado con el nombre de Ser Pilo Paga (SPP, en adelante) buscaba beneficiar, especialmente, a estudiantes de estratos 1, 2 y 3, que desde el 2012 estaban presentando los mejores puntajes en las pruebas Saber Once (conocidas comúnmente como Pruebas Icfes).

     

    Los requisitos para ser beneficiarios de tales becas serían, según datos del Ministerio de Educación, haber obtenido 310 puntos o más en las pruebas Saber 11, tener un puntaje del Sisbén inferior a 57.21, presentarse y ser admitido a una de las 33 universidades acreditadas de Alta Calidad.

     

    Para el 2015, fue anunciada la segunda versión del proyecto, que ampliaría los cupos a 11 000 estudiantes para el 2016. No obstante, Gina Parody ya no se referiría a SPP como un programa de becas, sino como “un crédito beca condonable, una vez que el estudiante termine satisfactoriamente sus estudios”.

     

    Esta diferencia no es mínima, significa, en palabras simples, que el ICETEX le gira el dinero a cada alumno en calidad de préstamo, que le será perdonado solo si termina la carrera. Por el contrario, si no lo logra, debe pagar el monto que le fue girado, hasta la fecha en la que perdió sus estudios.

    Juan Esteban Lotero Vargas, estudiante de primer semestre de Ingeniería Aeronáutica y beneficiario del programa, de la Universidad Pontificia Bolivariana, fue uno de los estudiantes, que no tuvo clara la diferencia desde el principio. “Yo estudié desde preescolar hasta once en la UPB. Cuando estábamos en el último año, nos llevaron a un conversatorio de becas y mis compañeros y yo nos dimos cuenta de que existía Ser Pilo Paga. Nuestro objetivo, desde ese momento, era ganarnos la beca”, comenta, mientras espera el cambio de clase, sentado en una silla bajo el sol de la mañana, que empieza a tornase imposible. Juan Esteban ríe y añade: “Yo me di cuenta después de que es un crédito condonable”.

     

    Entonces, ¿adónde acuden los pilos en busca de respuestas acerca del programa? Alejandra y Esteban dicen que, al principio tuvieron el mismo problema: la información era confusa y no sabían dónde buscarla. “Yo llamé al teléfono nacional, para preguntar sobre qué pasaba si perdía una materia”, comenta Alejandra. En cambio, Esteban prefiere hallar respuestas en la página web, “aunque eso no significa que uno esté informado del todo”, puntualiza.

     

    Por ejemplo, cuando Juan Esteban fue seleccionado para SPP, él quería estudiar Ingeniería de Sonido, para así combinar sus pasiones: la música, las matemáticas y la física.

     

    “Yo toco piano desde hace cuatro años, comenta, estirando sus manos sobre la mesa”, pero esa ingeniería solo está en la Universidad San Buenaventura, que no está dentro de las 33 universidades acreditadas dentro del programa. Esa fue la primera decepción.

     

    De esas 33 universidades, en Medellín hay solo hay ocho que ostentan el título de acreditadas dentro del programa, que son la Universidad Nacional, UPB, EAFIT, Universidad de Medellín, Universidad de Antioquia, Universidad CES, ITM y la Escuela de Ingeniería de Antioquia. “Al final opté por la Ingeniería Aeronáutica en la UPB, porque ya sabía cómo era estudiar aquí y porque mi hermano también es egresado”, comenta, añadiendo que esa no sería la única sorpresa del programa.

     

    “Lo otro fue el dinero del sostenimiento, a mí me giran un salario mínimo legal vigente cada semestre (lo que equivale a $689 454)”, y juntando las manos y guardando silencio, como quien quiere producir suspenso, continúa diciendo: “El problema es que yo pensé que ese salario mínimo me lo giraban mes a mes, pero de eso me enteré sobre la marcha”.

     

    Alejandra y Juan Esteban tienen, aparte de los problemas de información de SPP, otro aspecto en común. No son los números ni las ilustraciones, no son las campañas publicitarias o las ecuaciones integrales: ambos estudian en la Universidad Pontificia Bolivariana, la institución que más recibe estudiantes del programa en el departamento y la tercera en el país.

     

    UPB, la universidad con más pilos

     

    La acogida de los estudiantes beneficiarios es un reto que pone a prueba las capacidades de las instituciones de educación superior. Foto: Comunicaciones y Relaciones Públicas, UPB.

     

    Según Kelly Marín, integrante del área de Mercadeo de la UPB, en el primer semestre de 2016, la Universidad recibió a 684 estudiantes de SPP, cuyos estratos socioeconómicos estaban, mayoritariamente, entre el 1, 2 y 3. “Estas cifras nos ponen por encima de la Universidad EAFIT y la Universidad de Medellín, que son, en ese orden, las que nos siguen a la hora de recibir pilos”, puntualiza Marín.

     

    Como Juan Esteban, la mayoría de estudiantes que ingresan a la UPB cobijados por el programa, deciden estudiar una ingeniería. “Eso es lo más curioso, de mi grupo habitual de compañeros, 20 de 25 estudiantes hacen parte de Ser Pilo. Eso es bueno, porque nos ayudamos mucho, pues ya sabemos cómo son las cosas”, comenta, Esteban.

     

    “La mayoría son costeños. Ellos sí tienen que estar bien informados, porque como no son de aquí, tienen más dudas. Pero eso no es garantía, vea que uno le pregunta algo a un compañero sobre Ser Pilo y le dice una cosa, y le pregunta lo mismo a otro y le responde algo distinto”, comenta Juan, para quien se acerca la hora de clase, o eso intuye, al ver salir del bloque 7 a una oleada de jóvenes con cara de sueño.

     

    Kelly Marín afirma que de los estudiantes de Ser Pilo Paga, 265 son de afuera de Antioquia, siendo estos, en gran medida, de las ciudades de Montería, Cúcuta y Valledupar, lo que implica un reto adicional para estos estudiantes: deben acoplarse a la ciudad que los acoge.

     

    “No es fácil vivir en una ciudad y después en otra, uno tarda en acomodarse. Por ejemplo a mí, que siempre viví en ciudades pequeñas, me daba miedo perderme en Medellín cuando recién llegué”, dice Alejandra, soltando una risita tan delgada como su cuerpo, “uno se acostumbra, pero es un proceso largo”.

     

    Si les preguntan a Alejandra y Juan Esteban por qué escogieron una universidad privada, dirían que fue porque la UPB era la única que ofrecía la carrera que querían estudiar. Pero, ¿qué implicaciones tiene que los estudiantes de SPP no escojan universidades públicas?

     

    “Es como lanzar una gota de agua al océano”

     

    Foto: Comunicaciones y Relaciones Públicas , UPB.

    Ser Pilo Paga ofrece a los estudiantes beneficiarios una experiencia que pone a prueba, más que sus competencias académicas, sus habilidades sociales. Foto: Comunicaciones y Relaciones Públicas , UPB.

     

     

    Con estas palabras, el senador Jorge Robledo Castillo se refiere al programa Ser Pilo Paga, criticando que los 10 000 créditos que ofreció el Gobierno en un principio, son insuficientes para cobijar los 650 000 estudiantes que se gradúan al año. Crítica que va en sintonía con las realizadas por la senadora Claudia López, para quien SPP beneficia tan solo al 1 % de jóvenes del país.

     

    Pero hay otra crítica flotando entre varios senadores y haciendo eco en los análisis mediáticos: Ser Pilo Paga invierte con mayor fuerza en las universidades privadas. Según el senador Robledo, el 85 % de los recursos del programa se invierten en las universidades privadas, desatendiendo a las universidades públicas pertenecientes al Sistema Universitario Estatal, que agrupa 32 de las principales universidades públicas del país, de las cuales solo 9 están dentro de la lista de las acreditadas de alta calidad, para el programa de SPP.

     

    Dentro del abanico de críticas al proyecto, Robledo esgrime, también, el carácter “segregacionista” de la palabra pilo, porque “no se puede lanzar la idea de que el estudiante que no sea pilo, es una especie de ser indeseable, que no merece tener las garantías que tiene cualquier ciudadano”.

     

    Pero de esa marea de voces, Alejandra y Esteban, poco o nada saben. Ellos, más que pilos, se sienten estudiantes normales, avocados al esfuerzo natural que implica una carrera profesional. “Yo siempre he sido bueno y me exijo por cumplir y estudiar mucho”, dice él. “Mi mamá me enseñó a esforzarme y esa costumbre se me quedó desde niña”, agrega ella. Ambos viven una rutina marcada por el esfuerzo y, en mayor o menor medida, por el bolsillo.

     

    Las rutinas de un pilo en Medellín

     

    Entre Alejandra y Esteban hay una diferencia sutil, pero importante: ella, una mujer criada en ciudades pequeñas, hace parte de los 426 estudiantes foráneos que la UPB tiene entre los programas Ser Pilo Paga 1 y 2; mientras que él, criado en la capital antioqueña, engrosa la cifra de los 880 estudiantes, cifra total de ambas cohortes, pertenecientes al departamento de Antioquia.

     

    “Por venir de afuera, a mí me giran $2.600.000 semestrales, con lo que pago el arriendo de una pieza por la avenida Nutibara, con todos los servicios, que me cuesta $600 000”, dice Alejandra, estirando el cuello y la espalda, antes continuar con su labor de diseñar las ilustraciones, “la plata sí alcanza, pero muy justa, por eso casi ni salgo, porque yo no quiero que mis gastos recaigan en mi familia”.

     

    Por su parte, Juan Esteban, “tras el desengaño de los múltiples salarios, consignados cada mes”, ha logrado, con su precisión de matemático, dividir los a $689 454 semestrales en pasajes, la membresía a un gimnasio “porque tenía un pésimo estado físico”, comenta, y la mensualidad en una academia que tiene un convenio con la UPB y se llama Escala Musical.

     

    “Yo antes quería hacer dos carreras, pero prefiero concentrarme en la que ya estoy estudiando. De todas formas, tengo la Academia, que me entretiene y no me deja perder la pasión por la música”, comenta Esteban, agarrando su bolso, porque sabe que ya es hora de entrar a clase.

     

    En cuanto a los apoyos de transporte, alimentación y fotocopias que Bienestar Universitario ofrece, para garantizar la permanencia de los estudiantes, Esteban y Alejandra prefieren no utilizarlos. “¿Para qué si vivo cerca y me puedo hacer el almuerzo?”, dice ella. “Mis papás me ayudan y tengo la plata que me giran, no le quiero quitar la oportunidad a otro”, afirma él. Y ambos, vuelven a tener una conciencia común, vuelven a parecerse, más allá de ser jóvenes y pilos.

     

    Dos días distintos transcurren: para Alejandra, son las 6:40 p. m. y sigue ilustrando con mano ágil y el rostro fijo en el Ilustrator; para Esteban, son las 10:00 a. m. y con el bolso a su espalda y pasos largos, abarca la distancia entre el bulevar y el bloque 11. Pero bien podría ser el rompecabezas de un solo día: uno que empieza temprano y termina tarde, como siempre, entre el estudio y los amigos.

     

    REGRESE AL ESPECIAL SER PILO PAGA, ¿CUÁLES SON LOS RÉDITOS?

     

     

     

  • LA PASCASIA: UN NUEVO ESPACIO, UN VIEJO AIRE

    Causa nostalgia ver una retroexcavadora sepultando casas antiguas, esas de paredes con bahareque, que dieron calor a numerosas familias antioqueñas, aquellas que hoy son reducidas a edificios con pequeños apartamentos que lucran a pocos y hacen de la memoria de muchos el olvido. Entonces caminas por los barrios más antiguos de Medellín, por las calles tradicionales de los pueblos antioqueños, especialmente los más cercanos a la ciudad, y encuentras, sino es el edificio con letreros “SE VENDE” o “SE ARREINDA”, el olor a tierra que dejan los escombros de la casa ya derruida.

     

    Pero La Pascasia se resiste, sigue en lo que fue el barrio “Guanteros, leyenda de arrabal” –como Alejandra Montes titula la historia de esta zona en la edición número 74 de Universo Centro-, en la carrera 42, también llamada Pascasio Uribe, entre Bomboná y Maturín. Caminando hacia el sur, a mano izquierda encuentras cuatro casas de estilo colonial, la segunda de ellas, la de dos ventanas y una puerta de dos alas color madera, la de zócalo y garaje azul aguamarina, es La Pascasia.

     

    Como en toda casa debes tocar el timbre, luego piensas que no hay nadie casa por sus ventanas abiertas carentes de movimiento y la ausencia de sonidos al interior. En poco tiempo, un par de ojos se asoman por una ventanita de la puerta -te sientes en otra época-, en esta ocasión es David Robledo, quien con sus manos da vida a la percusión de diferentes grupos musicales.

     

    Música Corriente, que al igual que Grupo Hangar y Universo Centro, se unieron a este proyecto. Es por eso que durante el tiempo que permaneces en la casa te encuentras con personajes brillantes, que seguro escogieron una casa de techos altos para que pudiesen caber sus ideas.

     

    Al fondo, la cocina, una cocina más reciente que el resto de la casa. Dice María Cecilia Mantilla, la Mona, productora ejecutiva de Música Corriente, que este espacio les quedó pequeño, pero no deja de ser especial, en Facebook se lee que allí se “podrá ver una cortina de chorizos variados, picantes los unos, curados los otros, recién embutidos los demás”. Es real. Además, por casualidad puedes ser atendido por José Villa, integrante de bandas locales como Parlantes, Gordos Project, Metropolizón y Goli, o por el músico Camilo Orozco, que camina de aquí para allá con hielos, calienta arepitas redondas para los chorizos, destapa cervezas… Bueno, en realidad todos actúan al unísono, como una familia, eso es lo que se siente en La Pascasia, como dice José Villa “es que estamos es en la casa”.

     

    Y aunque abrió sus puertas al público desde el jueves 14 de abril, a la fecha, ha sido visitada por más personas que durante sus 150 años de existencia. ¿Quiénes llegan? Las dos ventanas siempre están abiertas, dejan entrever una parte de la exposición de turno, la primera fue “El Camellón de Guanteros”, una exposición que carga de significado histórico a la casa y al barrio, revindica al artista y rememora personajes importantes de la ciudad que vivieron en los alrededores e hicieron parte del primer barrio popular de Medellín. Curiosos entran y dan una miradita, quedando antojados, horas o días después llegan con el resto de su familia.

     

    Para niños y jóvenes es un espacio agradable; para madres y abuelas es un lugar nostálgico, para amantes de las letras, la música, el teatro y las artes es todo un manjar con un espectro amplio de posibilidades para recordar, estar, dejar de estar, ser con el otro, escuchar, encontrarse con una mirada amiga, crear y habitar.

     

    En La Pascasia has de recorrer la galería como en un museo. Has de comer un choripán o tomar una cerveza como en casa de un amigo. Has de ir a un concierto como en un bar. Has de ir a conversar como en una tertulia en casa de abuela, junto al árbol de totumo que con luces de navidad, brilla en la noche en medio del patio central. Escuchar un tango, un son, un bambuco, un bolero…Al volumen familiar, que anima pero no aturde. Habrás de encontrarte con socios, colegas y amigos si te mueves en el mundo cultural. Te sentirás donde quieres estar. La Pascasia es un suspiro. Es un respiro en la ciudad.