En congregaciones religiosas, en universidades, en edificios patrimoniales de la ciudad o del país, en calles alejadas de las avenidas principales y hasta en internet se pueden encontrar museos dedicados a diferentes temas. El recorrido que propone la siguiente infografía es otra manera de conocer Medellín.
Santiago Cardona es un joven músico y estudiante de Mercadeo que cumplió el sueño de muchos jóvenes: parar sus estudios y viajar por toda Europa, parte de América, Asia y Medio oriente. Esta entrevista recoge algunas experiencias y las lecciones que se derivan de ellas. Esta es la primera entrega de una serie que hemos denominado Rumbos de esta generación, periodismo sobre viajes que habla de los jóvenes de este mundo y esta época.
A pesar del cielo nuboso y grisáceo, me encontré un sábado en la mañana montando en bicicleta con Santiago Cardona en la Universidad Eafit, donde él cursa su sexto semestre de mercadeo. Lo primero que me sugiere entre risas: “monte tranquilo que aquí es como en Dinamarca, no dicen nada”. La seguridad de su comentario nace de su confianza natural, su extraordinaria habilidad empática y el año que pasó viajando.
Su historia fue famosa entre sus amigos y conocidos que se fascinaban y envidiaban con las fotografías que subía a sus redes sociales y los relatos que llegó contando. Además, el resto de la ciudad también conoció su historia, pero por otro motivo.
El viaje lo habían iniciado juntos tres amigos, teniendo en cuenta que estando en Europa cada uno tomaría su propio rumbo. Uno de estos, Daniel Uribe, se extravió mientras pasaba por Israel. La noticia transitó tanto por los medios de comunicación locales y nacionales que no hubo joven en Medellín que no se enterara de la noticia. Las teorías conspirativas, los chismes y las suposiciones erróneas no se hicieron esperar y finalmente todo logró resolverse.
Sin embargo, nada de eso hace parte de la conversación que tuve con Santiago durante las dos horas que me resumió entre sonrisas sus anécdotas, las herramientas que usó, los desafíos y los aprendizajes que él mismo tuvo en su envidiable experiencia personal.
Antes del viaje
La idea de irse por Europa empezó seis meses antes, cuando Santiago representó a su universidad en un congreso internacional efectuado en Argentina. El desafío de superar las cuatro etapas, conseguir el apoyo e imponerse a contrincantes de todo el mundo le dio una satisfacción que hasta el momento no había encontrado en Medellín. Desde allí viajó a Uruguay y durante toda esa experiencia se dio cuenta que la juventud conllevaba una energía, unas ganas de conocer y una capacidad de asombro que nunca se repetirían. Se dio cuenta que debía viajar y debía hacerlo en el menor tiempo posible.
Su primera idea fue viajar a México, luego pensó en conseguir un intercambio pasajero en Egipto. Finalmente, por facilidad y economía se decidió por Europa con todo lo que implicaba.
Junto con sus amigos María del Mar y Daniel Uribe se dio a la tarea de planear un viaje de mochileros por toda Europa con la intención final de que cada uno fuera por su propia cuenta. Era más fácil que cada quien utilizara sus habilidades para su beneficio además, las dormidas, los empleos, así como los intereses podían crear discusiones y discordias que prefirieron ahorrarse.
Algunas de las páginas que utilizaron para planear su viaje y que Santiago recomienda para cualquier viajero novato son las que ofrecen voluntariados Workaway, o la propia plataforma de AIESEC que es conocida por ser una de las organizaciones juveniles internacionales más grandes del mundo. También recomienda plaftaformas como las de couchsurfing, pero advierte que la fama de esta página a veces es un poco exagerada y que se debe tener en cuenta más en las ciudades pequeñas, o en los pueblos, pues en ciudades como París o Roma es casi imposible encontrar quien te reciba.
Mientras Santiago y sus amigos estaban planeando, cada uno hizo tuvo la conversación con los padres para informarles del viaje y pedir recursos. En el caso de Santiago fue muy fácil pues sus padres siempre le han dicho que haga lo que le haga feliz, aunque no le dieron el dinero del semestre para su viaje y él tuvo que “partirse el lomo trabajando” para ahorrar en seis meses los quince millones que necesitaba. Dobló voces, hizo locución, consultoría en mercadeo, vendió dulces, su propia moto y el pedal de su guitarra; dio clases de lo que fuera, trabajó en logística y naturalmente evitó salir los fines de semana. Según Santiago, esto último fue lo que más lo ayudó.
Su primera inversión, además de los pasajes, fueron un Macbook, un celular y una cámara Nikon, ropa especial, un buen morral que lo dejaron con once millones. Sin embargo, Santiago se puso como meta con volver con dos millones de pesos como mínimo para poder recuperar la moto que necesitaría para moverse por la ciudad a su regreso.
Primera parada España
— En los primeros quince días se me fueron millón y medio y empezó el juego—dice Santiago riendo. —Llegamos a Madrid y me gustó muchísimo. Fuimos a Toledo, Barcelona…
Lo interrumpo para hacerle una pregunta crucial que ha causado tantos debates como el fútbol, la religión, o los diálogos de paz en la Habana:
— ¿Madrid o Barcelona?
— Madrid, Madrid, Madrid siempre.
— Yo también prefiero Madrid —le digo entre risas de victoria— pero la gente siempre dice Barcelona.
— No, ¿qué es eso?, nada que ver. Es como en Rusia. A mí Moscú me pareció la tapa y todo el mundo dice San Petersburgo. No sé, usted sabe que a todo el mundo le gusta mucho el relajo o el turismo de lujo y a mí me interesa más una ciudad con más contenido. Eso es algo que aprendí en el viaje, las ciudades tienen mucho más que el disfrute.
Durante la estancia en España Santiago, María del Mar y Daniel seguían juntos, no trabajaban y eran muy desorganizados, “muy primíparos”: pasaban días enteros durmiendo, o días sin dormir, gastaban mucho. Pero también fueron dos semanas que aprovecharon para visitar amigos de Medellín que estaban estudiando allá.
Hungría
Después de España, cada uno tomó su propio rumbo y Santiago se fue en avión hasta Budapest, donde permaneció nueve semanas. Allí empezó a trabajar dando clases de inglés en el colegio Szént István Gimnazium mientras recibía aprendía húngaro. En este punto empieza a explicar que el húngaro es una lengua muy difícil, “las letras de pronto las aprende, pero la fonética es muy difícil. Llevo estudiando música toda mi vida y me demoré quince días en coger el alfabeto, o sea quince días cogiendo un sonido. Eso es muy difícil”.
El contacto con el colegio lo hizo por medio de AIESEC y ya ellos le consiguieron la estadía. Se quedaba con alumnos y pudo recorrer la ciudad con ellos usando el que para él es el mejor sistema de transportes del mundo: bus, metro, tranvía, funicular, bote, trolebús, todo, todo.
Aunque Santiago quedó completamente enamorado de Budapest y viviría allí sin pensarlo, hay varias cosas que no le gustaron como la esperanza de vida que es muy bajita: setenta y cinco años, o la alimentación que es muy mala: a base de agua, pan y grasas exageradas en carnes y quesos. Pero también me aclara que esa dieta la conoció por la familia que lo adoptó al principio; porque después en el colegio conoció una novia, hija de alguien al quien Santiago describió como el “Rafael Novoa húngaro”, y se dio cuenta que no todas las dietas eran tan precarias.
En Hungría, Santiago hizo lo que en su opinión es el mejor método para viajar: establecerse en un lugar, trabajar y de ahí ir saliendo cada fin de semana a conocer, teniendo siempre un sitio a dónde volver y pudiendo planear bien las cosas y evitarse así el encarte de las maletas, solo llevar lo indispensable.
De esa forma conoció Republica Checa, Alemania, Eslovaquia, Eslovenia, Austria y todos los países que quedaban por ese sector. De esos, solo en Polonia se sintió inseguro: “mucho turismo sexual, drogas, plazas de vicio y peligro. No es tanto como Medellín, pero igual me dio miedo”.
Se iba en bus, en avión o utilizando páginas donde los usuarios utilizan sus vehículos como colectivos para viajar de un sitio a otro tipo: “voy para tal ciudad, tengo tanto espacio en mi coche y cobro tanto”. Así pudo practicar muchos idiomas hablando con la gente del carro por largas jornadas, esta forma de viajar sobretodo le sirvió para entender el italiano.
Las relaciones
— ¿Por qué no te fuiste para Suiza?
— Ya lo tenía todo, tenía quién me recibiera: una caleña hermosa que estaba de embajadora de la ONU allá con 23 años y que me daba todas las garantías, pero cuando ella me dijo yo iba para Florencia y después para Roma, Venecia y entonces no hubo forma. Después ella me dijo que la recibiera en Budapest, pero yo allá estaba con Fruzsi Scherer (nombre inentendible con acento húngaro). No la podía recibir.
— ¿Cómo era la relación con las europeas?, ¿es verdad el mito de que son más relajadas?
— Uf, qué diferencia: cada quien paga lo suyo, no hay que llevarla, a mí me encantó eso.
— ¿Y para estar con ellas?
— Más difíciles.
— ¿Sí?
— Más difíciles y más fáciles. Ser novios es muy difícil. O sea, si te presentan a los papás, estás hecho. A ellas les impresiona mucho la inteligencia; en cambio la plata no hace la diferencia.
San Petersburgo, “ la ventana de Rusia hacia el mundo occidental”
De Hungría, Santiago voló a San Petersburgo donde se estableció casi doce semanas. Dice que ama la ciudad, aunque prefiere a Moscú. Para él, la capital rusa es la meca económica, el colmo de la excentricidad, según dice haciendo la salvedad de que no conoce a Nueva York. Dice que los rusos petroleros son el colmo: “todos los carros del mundo, todas las tiendas, el lujo, el billete, en Moscú hay mucho billete”. Santiago no logró conocer tanto en Rusia, se concentró más que nada en las dos ciudades principales porque es un país y las distancias son enormes.
El ruso es el idioma que más le gustó. Mientras lo aprendía, daba clases de inglés e introducción al mercadeo. Logró machacar el idioma, pues no hablaba tanto en inglés como uno pudiera pensar. Según Santiago, la clave para aprender una lengua es desarrollar el oído y la gramática, lo otro se puede conocer por Internet.
Después de Rusia se dedicó a viajar por el norte de Europa: Finlandia, Lituania, Estonia y los exsoviéticos. No visitó Ucrania, aunque tenía dónde llegar y es un país barato, porque estaba en furor la guerra. A respecto de eso le pregunté sobre la imagen de Putin y me dijo que se parecía a la de Uribe, había quienes lo querían y quienes lo odiaban, pero que se diferenciaban en que todos sin excepción admitían que el tipo es un teso.
Israel y los judíos
— Fui a Israel y me quedé en un hotel cocinando. Llegué en avión desde Polonia y me quedé veintitrés días.
— ¿No fuiste a un kibutz?
— No, no, Israel no me gustó.
— ¿No?, ¿por qué?
— No me la llevé con los judíos. No sé si sea por la religión, pero ellos son muy avaros y yo no me la llevo con la gente que se va a pelear por un peso. Eso ya es peye. Ni los rusos que son los más fríos del mundo.
Para Santiago Israel es muy caro. No visitó los países fronterizos por las situaciones de conflicto en que estaban, o porque eran muy costosos. E incluso así, Jerusalén le pareció igual de caro que París.
Sin embargo, reconoce que los judíos no ortodoxos, que eran minoría, le cayeron muy bien y que esos eran los que mejor acogían a los extranjeros. Había mucho latino en Israel, dice. Ese fue el punto del viaje donde vio más colombianos. Su teoría es que se parecía más a Colombia: basuras en las calles, ruido, codicia con el dinero…, explicó.
Abandonó Israel para hacer un eurotrip por la parte central del continente: Francia, Bélgica, Holanda, entre otros. Se lo pudo costear con unos ahorros que le quedaron de Rusia y Hungría, porque en los dos países no gastó casi nada. Su peor experiencia en Europa occidental fue en Ámsterdam, donde le robaron la maleta con la cámara, le quedaron mal con el hotel y por ello estuvo tres días sin poder dormir. Pero con ayuda de Maria del Mar y Daniel pudo organizarse y seguir con su viaje, aun sin su maleta.
Turquía
Finalmente se despidió de Europa y llegó a Turquía, se quedó tres meses: un mes en Estambul y otros dos en una granja en Hendek, cuidando a unos niños y enseñándoles inglés por seiscientos dólares al mes. Encontró el trabajo por Internet, fue y aplicó. No tuvo que hablar casi inglés y aprendió a defenderse en turco y conoció de primera mano a los musulmanes.
“Turquía es la tapa del frasco. Espectacular, la estructura, la gente, las mezquitas, la comida, los bazares, todo tan único… Estambul es la única ciudad, en turismo, que yo repetiría toda la vida”. Las mezquitas fue lo que más le impresionó, sintió que era una religión más personal con Dios. Le gustó mucho y al momento de la entrevista llevaba el rosario musulmán, se sintió muy identificado y de momento se considera más inmerso en esa religión que en la cristiana.Durante los dos meses en la granja pudo pasar una experiencia muy familiar, de mucha tranquilidad y reflexión espiritual. Hacía trabajos en el campo lo que le ayudó a tonificar su cuerpo. Pero, a pesar de sentir eso, para ese momento Santiago ya estaba extenuado física y mentalmente. La capacidad de asombro se estaba perdiendo igual que la energía y el gusto a lo que estaba haciendo.
Suramérica
En un vuelo de veinte horas llegó a Brasil. No le gustó mucho por la comida. Trabajó dos meses en un asilo y terminó de perfeccionar su portugués, al que ya considera su tercer idioma. Le pareció que era un país con muchas culturas, muy fuertes todas “es un continente allí dentro”.
Después voló a Bolivia donde estuvo cuatro días y quedó fascinado por la belleza, por la gente, por lo económico y por la buena logística turística. Lo mismo Perú, que fue su siguiente destino. Allí conoció Arequipa e hizo algunos tures, pero no conoció Machupichu. Llegó hasta Lima y de ahí tomó un vuelo a Colombia.
— ¿Y al llegar cómo lo sentiste todo?
— Una mierda. Todo lo de la familia, la comida y eso me gustaba mucho. Pero con la gente fue muy duro. Los paisas tienen una mentalidad muy ventajosa y la gente dice cosas como “qué miedo los musulmanes con las bombas” y yo a ellos los defiendo ante el que sea, porque viví con ellos y sé cómo son y me parece que son mejores que todas las culturas. El corazón más limpio es el de ellos. Además, muchos de los que me preguntaban por el viaje solo piensan en rumba y en viejas y eso me la volaba. Conocí 10 000 culturas y religiones y lo único que me preguntaban era por las mujeres.
¿Qué se aprendió?
De todo su viaje, Santiago dice que sacó tres grandes enseñanzas:
“Hacer siempre lo que te hace feliz. Si uno hace lo que lo hace feliz lo va a hacer mucho y de hacerlo tanto se va a volver indispensable. Por perseguir tus sueños no vas a ser pobre, esa es una percepción colombiana”.
“Dios existe. Definitivamente, y te lo dice la persona que era más atea del mundo. Es que me tocaron unas coincidencias o unas cosas que de lo raras o imposibles no podían pasar. Con todo me pasaba así y lo espiritual me fue saliendo solito. No soy de ninguna religión, pero estoy más seguro que nunca, más seguro que mi mamá, que Dios existe”.
“Querer es poder. La plata está hecha y cuando uno quiere con todas sus fuerzas el universo conspira a tu favor”.
Santiago concluye que imposible escoger un país como favorito pero que, siguiendo las etapas de la vida como turista, estudiante y residente, diría que en el primer tipo están Turquía y Rusia, en el segundo Francia, Italia y Holanda y en el tercero Dinamarca y Hungría.
Después de esto, me confesó que tenía pensado volver a Hungría este año, conocer los países balcánicos. También más adelante regresar a Rusia y también conocer China. De repente, se despidió apurado y salió a toda velocidad en su bicicleta porque corría el riesgo de llegar tarde a una reunión.
En esta edición, ofrecemos un análisis a propósito del aire en Medellín, un informe que busca comprender el fenómeno de las autodenominadas autodefensas gaitanistas, gracias a la colaboración de nuestros colegas de De la Urbe en la Red de Medios Universitarios de Medellín.
Lea también una conversación con Alberto Donadio, uno de los principales periodistas investigativos de Colombia. Conozca también la historia de los pequeños floricultores de La Ceja y Santa Elena, quienes enseñan perseverancia y convicción con los modos tradicionales en el cultivo de flores tipo exportación. Entérese de las alternativas de los productores agrícolas apegados al trabajo orgánico para tener quién compre su producción, defender su modo de subsistencia, nuestro acceso a alimentos saludables y la preservación de nuestra tradición culinaria. Descubra los sabores del Perú en el rincón de una plaza de mercado y el oficio de los batallones desminado humanitario.
Encuentre la edición impresa de Contexto en bibliotecas públicas, universitarias de Medellín y las principales ciudades de Colombia, así como en centros culturales de la capital de Antioquia. También puede leerla en nuestro espacio en ISSUU.
En su más reciente libro sobre el asesinato del ministro Rodrigo Lara Bonilla, uno de los pioneros del periodismo investigativo en Colombia vuelve a cuestionar la versión oficial de los hechos, señala vacíos significativos en la investigación tras los cuales se esconde la posibilidad de un crimen de oficial. En conversación con los estudiantes de periodismo de la UPB, se refirió a los detalles de su investigación.
El 30 de abril de 1984, un sicario contratado por Pablo Escobar disparó contra el vehículo en que viajaba el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla. Los tiros se hicieron contra el lado derecho del vehículo, en el que viajaba el funcionario, intensamente amenazado por sus denuncias sobre el crecimiento del narcotráfico y la actividad criminal del jefe del cartel de Medellín. El vehículo y la moto del sicario se movían a 80 kilómetros por hora, esa fue la versión que quedó en la investigación penal.
Pero nunca se supo que cadáver de Lara tenía un orificio de entrada en su lado izquierdo, en el pecho y que el chofer del vehículo no sufrió ni un rasguño. El escolta sentado delante del ministro apenas sufrió una herida leve, a pesar de las ráfagas de ametralladora del sicario. A pesar del fuerte tiroteo descrito por los agentes del DAS, la ventanilla de la puerta del chofer no se rompió. Estos detalles, consignados en un dictamen del doctor Máximo Duque Piedrahita, ex director del Instituto de Medicina Legal y revelados en la investigación de Donadio, plantean un giro grueso de la historia.
En su libro explica que Domingo, el conductor de Lara Bonilla no fue llamado oportunamente a indagatoria.
Porque apenas ahora se va a reabrir la investigación y muy previsiblemente van a ser llamados él y todos los escoltas; el caso va a cambiar de rumbo a raíz del dictamen de Máximo Duque. Pero eso todavía no se refleja en las acusaciones de la Fiscalía, se espera que eso se refleje próximamente. El paso más importante es que ese escolta y los otros sean llamados y se les confronte con las dudas que hay y con las hipótesis que un experto señala que indican que ellos tuvieron que haber facilitado el crimen. Si no fue así, que den una explicación satisfactoria para el proceso y para todo el país.
Mire le explico cómo la contradicción no es contradicción: no creo que lo puedan hacer. ¿Cómo ellos van a explicar que solo hubo ataque por el lado derecho y no hubo sicario por el lado izquierdo? En este momento no veo cómo puedan explicarlo. ¿O por qué seis de ellos dicen que el carro continuó su marcha y uno dice que está detenido? Entre ellos mismos, a los dos días del crimen, se están contradiciendo. ¿Por qué se contradicen? ¡Porque no se prepararon bien para contar la historia que iban a contar!
Luego otro misterio: había tres, dos escoltas, atrás, que no estaban en el lugar del atentado. Ellos también declaran que el carro siguió su marcha. Entonces, ¿por qué todas esas cosas no se aclararon en su momento?
Según cuenta en su libro, esos detalles se supieron al día siguiente, pero cuando se les preguntó en el hospital, los escoltas no hablaron ¿preestablecieron un orden para decir las cosas al siguiente día?
Correcto. Pasa algo muy sospechoso y es que la primera declaración de ellos es colectiva. Mandan una carta en la cual la firman todos, y a su jefe en el DAS, que es el director de orden público, no es cada uno, aunque cada uno estaba en un punto y en un momento distinto, tenían una visión distinta, eran testigos de hechos distintos.
Teniendo en cuenta que eran los mejor preparados del momento, ¿Por qué no reaccionaron los escoltas y ninguno le alcanza a disparar o a herir a los atacantes?
Con un agravante: no se investigó cuanta munición tenían ellos. Ellos dicen que dispararon ahí y luego que dispararon en la persecución. ¿Cuánta munición gastaron en eso? Habría que averiguar si era cierto el testimonio. En el revolver o en el arma, ellos tenían munición para estar disparando pasando la Avenida Niza con Avenida Boyacá, que son bastantes cuadras. Además, la versión de ellos es la verdad revelada y nadie analizó detalladamente qué armas tenían, eso no se sabe.
¿El Mercedes Benz Blanco en que viajaba el ministro tenía algún blindaje?
No, el automóvil no tenía blindaje.
¿Cree que las investigaciones que se han realizado o que se están realizando han ayudado a esclarecer los casos represados en los juzgados? En episodios como el de Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro Leongómez o Luis Carlos Galán, las investigaciones periodísticas han ayudado a esclarecer alguno de estos casos.
Sí, pero ayudan más cuando la investigación periodística se hace a partir del expediente. Yo no sé si en el caso de Bernardo Jaramillo o en los otros casos los periodistas están trabajando con el expediente que ellos tienen o con fuentes que lo conocen. Cosa muy distinta es recibir información de oídas sobre lo que dice el expediente a tener uno y saber qué dicen los testimonios, que muestran las fotos. Yo no sé si en esos casos las familias tienen el expediente.
En el caso de Rodrigo Lara, no tenían el expediente, tenían el interés de llegar al expediente pero no lo han leído completamente; no tienen el dominio absoluto de la investigación, lo tienen la fiscal y el auxiliar de la fiscal. Todo depende del nivel de información que cada cual este manejando.
Con lo que se sabe de otros magnicidios de la época de Lara Bonilla, hay patrones y actores implicados que son coincidentes. En muchos de estos casos se acusa a Pablo Escobar como autor, pero hay también personajes de la política y funcionarios del Estado a quienes no se ha investigado: Santofimio, Maza Márquez…
Bueno, en el caso de Santofimio sí se ha investigado, condenado y llegado a una caución y a una condena. La condena de él por la muerte de Galán, del concejal y el escolta está basada en la declaración de Popeye, pero yo no podría decir que es un testimonio pues no hay las pruebas, pero sí hay una cantidad de otras pruebas secundarias que muestran que él estaba al servicio de Pablo Escobar, eso es un hecho. Además hay que tener en cuenta una cosa fundamental: cuál es la trayectoria, cuáles son los antecedentes del personaje, porque acusar a una persona que tiene una trayectoria limpia toda su vida porque un sicario de Escobar dice que participo en un crimen, es gravísimo; pero acusar a alguien como Santofimio que tiene prontuario criminal, que ha hecho cosas en otros ámbitos, no de sangre, pero sí de otros delitos y se sabe todo lo que hizo, es cosa distinta.
Al testimonio de Popeye se le da más credibilidad cuando dice que es Santofimio el que le dice a Escobar que hay que matar a Galán, porque si no lo mata, cuando llegue a la presidencia va a extraditar a Escobar para cobrar el crimen de Lara Bonilla. Con todo lo que se sabe públicamente desde los años 70 de las falsificaciones de Santofimio, esta condena de la Corte Suprema tiene muchísima credibilidad.
Pero hay personas como el narcotraficante Carlos Lehder, que ha testificado varias veces en contra de personas de la política que afirma haber conocido, pero pareciera que tal vez por los acuerdos que él tiene con los Estados Unidos se hicieran inválidas sus colaboraciones ante el Gobierno colombiano.
No. Si eso es cierto, pueden ser veraces unas versiones de otros asesinos narcos que no han sido atendidos.
Planteo esto porque Lehder ha sido uno de los procesados por narcotráfico a quienes el gobierno colombiano no ha ayudado para nada…
Eso requeriría una voluntad de análisis frio de todas las cosas, independientemente de otras consideraciones, y eso no es así. Ningún Gobierno quiere abrir más frentes de los que ya están.
“La Kika”, que está condenado en Estados Unidos a tres cadenas perpetuas en New York, seguramente algo de lo que él dice, pues se la pasa mandando cartas, puede ser cierto y merecería ser investigado y ser tenido en cuenta, pero a un tipo que se bajó de un avión, la justicia también pierde interés en escucharlo. Pero es muy difícil tener toda la información. Además, muchas de esas cosas no son comprobables ¿por qué? No sé; y se decían de palabra. Entonces quienes participaban en Tranquilandia (N del E: complejo cocalero del cartel de Medellín, ubicado entre Caquetá y Meta), aparte de los que cogieron: los Ochoa, el Mexicano y Escobar, mucha otra gente de Antioquia seguramente tendría negocios allá pero de eso no hay documentos, pasan de agache.
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¿Qué reflexiones hace Alberto Donadio sobre el periodismo investigativo de hoy?
¿Cómo ha cambiado el periodismo investigativo en los últimos años?
Pasó de un periodismo en que se denunciaban cosas, por decirlo así, de cuello blanco, a cosas que son de sangre o sea masacres, asesinatos. Todo lo que hace María Teresa Ronderos con Verdad Abierta es eso, pero es concentrándose ya en un tipo de violaciones a la ley que implica derramamiento de sangre, o sea armas.
Eso no era así en Colombia. En el año setenta, Colombia era un país muy pacífico y la guerrilla hacía golpes pero muy lejos. Los ochenta empiezan de una manera muy distinta por el narcotráfico, entonces eso cambia y luego toda la corrupción de antes tiene el fuego de la plata que se consigue con el narcotráfico, todo el paramilitarismo tiene el auxilio económico de la plata del narcotráfico, la guerrilla también, entonces cambió totalmente la estructura de lo que está pasando.
En estos momentos las investigaciones periodísticas más notables se hacen de manera individual y no desde ninguna gran empresa periodística.
O por ONG… La verdad ya no hay mucho interés. El interés se limita a reproducir lo que otros dicen, pero no a asumir internamente la investigación para hacer una revisión porque eso implica riesgos e implica inversión de plata, tiempo y es más fácil no hacerla.
¿Cree usted que existe entre la prensa y el Gobierno un acuerdo para presentar o no presentar la información?
Sí, pero no porque haya una conspiración, sino porque es la vía fácil para el Gobierno, para los medios. (…) Casi todas las tragedias de todo tipo tienen una cara humana que normalmente no se muestra. Ahora que hizo este trabajo en Semana Silvia Camargo, sobre el impacto de la violencia en la salud mental de la gente, gracias a una beca del Carter Center de Atlanta, uno se pregunta: ‘a ver, esta señora de Córdoba con una cantidad de niños… llegan los paramilitares y les toca irse de la finca con la ropa que tienen puesta y llegan a Montería.’ Ella (Silvia) está contando todas esas historias ahora años después porque la televisión, en ese momento no fue a Montería, que no era peligroso. No estamos hablando de ir a denunciar a Mancuso, comprobar si esa masacre es de Mancuso o de Castaño, no, se trata de hablar con esas víctimas. ¿Por qué tenemos que esperar tantos años para que la gente cuente eso? Había muchísimas familias en cada masacre que se iban a la capital y que allá se podían entrevistar, no había que ir hasta la vereda donde era peligroso, ¿por qué no lo hicieron? (…)
Lo mismo está pasando ahora con Reficar: usted no puede decir que la prensa le está tapando el escándalo al Gobierno., pero está presentándolo con una cantidad de información técnica que es muy difícil de penetrar. El primer comunicado de la Contraloría dijo que ellos tenían información de que a una secretaria bilingüe de Reficar le pagaban treinta millones en el mes y ningún medio en Colombia ha ido a buscar a esa señora, que es la cara del escándalo. De contratos y la modalidad que se pagaba sobre el trabajo ejecutado, eso no lo entiende nadie (…). Entonces le dan todo el despliegue: Uribe ataca a Santos y le dice ‘fue usted el que lo ejecutó. Yo lo firmé pero usted lo ejecutó’. Eso se va lejos, pero aterrice la noticia como ahí está…
O sea que como consecuencia de eso, ¿cree usted que la inmediatez hace que en estos momentos no se confronten las fuentes?
No, la inmediatez no. Es más bien el hecho de uno periodista y como medio, naufragar en el mar de noticias y en la confusión que cada escándalo tiene, en lugar de concentrarse en lo que es, en lo que le dice al lector todo: una foto, una historia, algo que el lector entienda, porque de lo contrario la gente dice: ‘ah, ya. Yo ya ví lo de Reficar’… Pero uno se cansa de seguir eso, a menos que uno sea periodista y esté pendiente de cada detalle. La gente lo lee una vez o dos veces y ya, a otro robo.
Podríamos decir que se trabaja con más con pasión que razón…
Y terminan los medios de plataforma y se la prestan a todo el mundo para que opinen del tema. Entonces el Contralor que hace la denuncia tal vez habrá hecho una investigación buena, pero también quiere sacar dividendos políticos y entonces no sabemos si está contando todo, si hay cosas que él sabe y no las quiere contar porque no le conviene… Luego el Gobierno que se defiende, se atacan entre dos presidentes, después sale Semana diciendo: ‘la Contralora Sandra Moreli le puso el visto bueno a todas esas cuentas’, entonces le prestan la plataforma, pero el medio no es el que decide, eso exige más trabajo.
En cambio, muy fácil, los involucrados en estos asuntos dicen: ‘yo tengo El Colombiano, tengo Semana, tengo El Tiempo, y entonces mis periodistas ¿qué van a hacer?’. ‘Ah, que este dijo tal cosa sobre Reficar, sáqueselo; ‘que el otro le reviró, sáqueselo’. El periódico se vuelve pasivo, el piloto de la información no es el director, ni el editor, ni el redactor, sino otros. Es como si vos ponés una cartelera y todos los estudiantes de la Bolivariana publican: ‘busco perro’, ‘vendo perro’… Entonces la cartelera todo el mundo la usa. A eso se han reducido los medios.
Con Daniel Samper, con quien usted trabajó en El Tuiempo, uno ve el juego de la información con el humor, la sátira para poder sacar así la información.
Es que la calidad de los medios ha bajado muchísimo. Ha subido mucho la capacidad tecnológica, las fotos y todas esas cosas, pero el contenido se ha deteriorado en los últimos cuarenta años.
Vladdo fue el que denunció lo de Interbolsa de primero, un tipo que es un caricaturista. ¿Por qué él? ¿Y no hay dizque un periódico económico que es Portafolio? ¿Y Dinero? Ellos nada, es que el periodismo de escritorio no sirve.
En esa investigación, por ejemplo, también juegan los diferentes saberes. Es necesario tener abogados, economistas…
Y si los hay, hablan con una terminología muy técnica que la gente no sigue (…). El periodismo debe ser una cosa ágil, amena, rápida, que la gente lo vea ya, no que le toque pensar, trabajar, porque no tiene tiempo. A lo que están hablando de Reficar yo le puedo dedicar dos minutos al día, pero estoy trabajando, estoy recogiendo a mi señora, debo recoger a los niños, pagar la mensualidad de los colegios, yo no puedo seguir ese escándalo, pero sí quiero estar informado.
Además, se usan en todos los medios las mismas fuentes, la gente que habla siempre es la misma y no se están buscando otros puntos de vista.
Exacto, repiten y repiten. Además, hay otra falla: hombre, cualquier organización sea un periódico, sea una universidad, sea una empresa de aviación, es obvio que debe tener una pirámide, en la base hay una gente y, a medida que se va achicando, hay menos gente aquí arriba (dibuja una pirámide imaginaria en el aire y señala la parte más alta). (…)
Aquí, los periódicos y los medios los hacen solamente los de aquí (señala la base de la pirámide) y no tienen ningún estímulo para quedarse, saben que se van y que vienen otros muchachos a reemplazarlos, entonces esto no puede funcionar. Hay arriba un director, pero él no busca las noticias. Si no hay un estímulo económico además laboral y estabilidad, uno no puede contratar muchachos jóvenes recién egresados con la idea de dejarlos ir, uno los va a contratar porque son los mejores y los va a tener. (…) Aquí es: gente trabajando por un millón de pesos, por dos millones de pesos, tratando temas muy delicados, y, tan pronto ven la oportunidad de un mejor trabajo en cualquier parte, vuelan.
Muchos estudiantes tampoco se inclinan por el periodismo porque les parece que no es rentable…
No hay estímulos, no hay un reto y tampoco hay sueldos. O sea, la gente aspira legítimamente, en cualquier profesión, a comprar un apartamento, un carro y a vivir más o menos con un sueldo. Si eso lo puede conseguir en cualquier otra actividad, se va para allá. En cambio, aquí (en el periodismo) no pueden conseguir algo porque es uno quedarse diez años en un periódico en donde siempre le van a pagar lo mismo y ni siquiera puede pagar la cuota de un apartamento.
En la columna de María Jimena Duzán sobre el caso de Vicky Dávila, comenta que cada vez es más mala la percepción que hay sobre el papel de los periodistas y los medios, señala que se nos acusa de promover odios ¿qué labor como periodistas estamos cumpliendo si ya no nos quieren leer?
El periodismo es de cabeza fría. Usted puede ser lo más político, radical, lo que sea, pero ya cuando usted va a presentar su trabajo, es con términos neutrales, que convenzan aún a sus enemigos, no con política ni con frases apasionadas, esas usted se las guarda para otra ocasión. Esto requiere más trabajo. El problema es también del trabajo.
¿Entonces ya no se quiere pensar?
No solamente pensar. Trabajar y hacer el trabajo de reportería, verificar los datos… eso es muy verraco, eso exige tiempo, paciencia, dedicación. Los medios deben entender eso para tener gente que pueda trabajar, no viviendo en ese ambiente, a la carrera, entregando cosas. A la carrera usted puede cubrir un choque aquí en la Avenida Nutibara, pero no una noticia.
¿Qué consejo usted les daría a aquellos jóvenes que desean hacer periodismo investigativo?
Que se cambien de profesión (sonríe).
La primera parte de esta entrevista fue publicada en la edición número 53 de Contexto. Encuéntrela AQUÍ.
La democracia es la ilusión que nos regalaron los países industrializados y de economías poderosas. Nadie nos dijo que escuchar y aprender cómo funcionaba esta forma de gobierno no garantizaba la efectividad de esta. Como siempre, se espera más de lo que realmente llega, tal como abrir un regalo y encontrar unos teni-tacón en vez de los anhelados tenis de correr.
Nos enseñaron que la democracia, ya fuera participativa, representativa o deliberativa era la respuesta universal a los problemas de un país.
-¡Gobierno de la multitud!, dijeron los griegos.
-¡Si nos libró de la monarquía nos puede salvar de todo!, afirmaron los franceses.
– ¡Todos los países americanos deben tener gobiernos democráticos, nada de dictaduras!, dijeron los estadounidenses y ahora conocemos el suceso histórico llamado Operación Cóndor.
La democracia se expandió por el mundo cual potencia imperial, siendo el pensamiento occidental una especie de auditor que, sin observar realmente el contexto, intervino en lo político, económico, militar y social.
La teoría suena muy bonito hasta que choca con la práctica. Pretender que el andar de la democracia vaya al mismo paso del de todos los países es como creer que un pantalón talla 4 le entra a una mujer caderona de 60 kilos. Simplemente no es posible.
Un ejemplo común y silvestre es el contexto propio. En un país como Colombia, gobernado por la élite de siempre, con medios de comunicación bajo la mano opulenta de los gobernantes, con ciudadanos desinteresados por las cuestiones públicas, despreocupados por su país y ocupando el puesto 94 de los 175 países corruptos en el informe de Transparency International de 2015, es bien difícil que la democracia sea su heroína.
Sin embargo, en los colegios y escuelas a lo largo del territorio colombiano aún se sigue enseñando, ya sea por ignorancia o ingenuidad, que este es el modelo que merece Colombia. A mí me lo enseñaron, y hablar en contra de la maravillosa democracia puede ser a veces pecado capital.
No malinterpreten. El participar y escoger quién nos gobierna es ya de por sí un paso gigantesco para que las igualdades y equidades se planten en un Estado. Sin embargo, considero que para que funcione realmente es necesario hacer ajustes.
Primero, es fundamental que los fenómenos colombianos se traten antes de intentar ceñir unas dinámicas que no fueron hechas a las medidas de nuestro país. Si bien este vocablo propone una forma de vida, un vivir en armonía con la opinión del otro, está ha demostrado que el gobierno de la mayoría no siempre es palabra de Dios.
Los discursos de la contaminación, la sequía y El Niño se están volviendo paisaje. De tantos hechos lamentables que se muestran en los medios alrededor de la escasez de agua y las muertes asociadas a la sed de algunos, los otros, en su mayoría citadinos —quienes aún tenemos la dicha de abrir la llave y ver fluir el líquido sin mayor misterio— quedamos en una etérea frontera entre sentir pesar y ser un sujeto pasivo o actuar y ser activos ante la sed del mundo. Sin embargo, actuar desde el hogar se queda corto.
El problema del agua trasciende los usos domésticos y estos, al tiempo, lo empeoran. Discursos tradicionales como cerrar la llave al cepillarse los dientes, tomar duchas rápidas, reutilizar el agua de la lavadora y evitar consumos innecesarios son aptos, pero insuficientes. No se trata solo de ahorrar el líquido en casa, a pequeña escala, sino de optimizar su uso y cuidar el recurso en otros usos como el pecuario, agrícola, industrial, recreativo y minero: a gran escala.
Entre estos, quizá los más preocupantes son los asociados a la contaminación. A principios de febrero, un grupo de organizaciones del Chocó denunciaron que en los últimos dos años 37 niños fallecieron por consumir agua contaminada con mercurio (usado para la minería). ¿De qué sirve cerrar la llave y guardar el recurso para el uso humano cuando otros se encargan de contaminarlo y, literalmente, asesinar a las personas para quienes se pretende conservarlo?
Por otro lado, empresas del Estado como Ecopetrol también son responsables de que este recurso natural pierda su calidad. El 4 de febrero de este año, por ponencia del magistrado Alberto Rojas, la Corte Constitucional ordenó la suspensión temporal de la explotación de pozos petroleros en Orito (Putumayo) por, entre otras razones, la alteración de las fuentes de agua y el manejo indebido de residuos tóxicos durante su labor. La suspensión tiene vigencia hasta que la organización llegue a acuerdos con la comunidad indígena Awá, quienes están en la zona desde 1960 y han defendido su territorio y los recursos que hay en él.
Son mayores las afectaciones hechas a gran escala que los daños a pequeña escala. Entonces, ¿debemos ser sujetos pasivos o activos ante los problemas asociados al agua? Pues bien, actuar es muestra de responsabilidad social y sentido de lo humano, pero es el momento de hacerlo desde contextos “pequeños” para que en los grandes se haga justicia con un recurso natural que es de todos.
Ya conocemos las responsabilidades, llegó el momento de tomar responsabilidades: respetar el agua y movilizarse en la esfera pública en busca de justicia y regulaciones en su uso.
A los colombianos nos mueven las pasiones. Preferimos saber que un delincuente sufrió su castigo, mientras por dentro algo en el corazón arde, en vez de hacerlo reparar los daños a las víctimas para que el daño no se repita. Por eso nos cuesta tanto entender la justicia transicional que se propone en La Habana. ¿No sería mejor que los guerrilleros estuvieran reconstruyendo los pueblos que destrozaron en vez de estar encerrados haciendo “nada” en una celda?
La justicia penal convencional (retributiva) plantea que el delito es una lesión de una norma jurídica en donde la víctima principal es el Estado y con la privación de libertad es suficiente para atender el problema. Pero debemos entender que en el Proceso de Paz se les está dando prioridad a las víctimas del conflicto y para construir paz es mucho más lógico utilizar justicia restaurativa, donde los guerrilleros deben cumplir sus penas haciendo trabajos que beneficien a la persona o a la comunidad que damnificaron.
Este tipo de justicia tiene una tasa de reincidencia del 30 %, muy inferior al 70 % de la justicia convencional, según la experiencia de varios países que la han aplicado, ya que permite el reingreso de los guerrilleros a la sociedad como personas cooperadoras y productivas, sabiendo hacer algo más que solo llevar un fusil. Esto no significa reemplazar por medidas más ligeras y beneficiosas para los criminales, sino implantar una justicia que mire al futuro y no al pasado.
Para construir un nuevo país donde la paz sea duradera, la justicia transicional debe atender las demandas de verdad, reparación, justicia y garantías de no repetición, pero sobre todo lograr que los ciudadanos acepten la reconciliación con los actores armados y que estos estén dispuestos a reparar, aunque sea simbólicamente, las heridas de miles de víctimas. Ya hemos visto cómo las FARC ha comenzado su tarea con el histórico encuentro en Bojayá, Chocó, donde se reunieron con los sobrevivientes de la masacre que tuvo lugar en mayo de 2002 para pedir que algún día fueran perdonados.
Pronto los colombianos tendrán la voz para decidir si aceptan las condiciones que propone el acuerdo, y aunque todavía no se tiene claro el mecanismo con el que se va a refrendar la paz, la sociedad entera debe empezar a reflexionar si quiere construir una paz duradera en el tiempo o continuar con la perpetuación de las venganzas que han hecho desangrar al país por décadas.
Los tres primeros meses de 2016 han transcurrido con numerosos debates en torno al trabajo de los medios de comunicación, en relación con varios acontecimientos de la realidad nacional. Son
tantos los puntos de vista, tan diversos los tonos de las reacciones y tan vertiginoso el desarrollo de los acontecimientos, que se hace difícil abordar una discusión de fondo.
Cuando parece que la prioridad es dejar por cualquier medio una constancia de nuestra postura frente a los hechos y no tanto asumir que con ello, la misma puede ser discutida, resultan indispensables los espacios que abran el intercambio de ideas en un clima de moderación,
que ayude a encontrar propuestas, salidas y alternativas de construcción.
Desde este espacio ya hemos planteado lo dañino que resulta la generalización, cuando se plantean críticas a “los medios” o a “la prensa”, sin especificar, porque lo que se busca es señalar, no interpelar para proponer una discusión.
Precisamente el tono y el desarrollo que se ha generado frente a los acontecimientos de la realidad nacional, que involucran el trabajo de los medios de comunicación, no ha contribuido mucho a que se desmonte dicha generalización como base de las posturas, sobre todo, las críticas.
Y es ahí donde la universidad está llamada a abrir esos espacios de discusión, asistida por la razón que caracteriza la búsqueda incesante desde el trabajo académico, el constante cuestionarse, con el deber ser como faro y no como pedestal.
El hecho de que la ciudadanía y la audiencia de los medios de comunicación hablen con propiedad y suficiencia sobre el trabajo de los medios y la prensa, es reciente, pero también es real, y, por momentos, abruma. Ante esa circunstancia, antes que juzgar esas posturas (que sí merecen un análisis), nos corresponde plantear otra discusión, en otro tono, y, por supuesto, con los fundamentos de la formación profesional en periodismo. La formación de periodistas profesionales en Colombia, particularmente en nuestra región, ha tenido facetas diversas, algunas
de ellas han sido lugares comunes nocivos, que nos han condicionado, anquilosado y han dejado el contacto con el medio profesional en un letargo del que es necesario sacudirse.
Tan dañinas son las posturas, que a ultranza desde las aulas descalifican a “los medios manipuladores”,que reclutan a profesionales para condenarlos a una carrera en la banalidad y la degradación de sus capacidades;como dañinas son las actitudes delos editores y directores que se jactan de“aterrizar” a los jóvenes periodistas, porque en los afanes de la redacción, “ahora sí van a saber en qué se metieron”.
Precisamente son los hechos los que hablan de una periodista de uno de los diarios más reconocidos del país acusada de plagio, de los efectos de la publicación de un video, que fue interpretado como prueba de corrupción en la Policía, de periodistas sometidos a acoso judicial sin el respaldo de sus medios; los que hacen necesario y urgente ese debate. A estos motivos se suman otras realidades consuetudinarias, como las condiciones laborales de los periodistas: la remuneración de su trabajo, las cargas laborales propias de sus puestos, la cada vez más evidente cercanía de los avatares de la política local al devenir de los medios en nuestra región, y, en general, todas las condiciones que intervienen en la calidad del ejercicio profesional.
¿Qué situaciones condicionan el ejercicio libre, responsable y equilibrado del periodismo en nuestra región? Aún más importante: ¿Qué alternativas se pueden construir para promoverlo en las condiciones actuales?
El diálogo debe ser abierto, franco, diverso, respetuoso para que sea constructivo. Cada edición de Contexto es una señal de la disposición de esta casa de estudios a propiciar esa discusión, no es menor el gesto de proponer una alternativa para informar a la ciudadanía y lo sabemos, como sabemos lo importante que es ser una entre muchas voces que, como se ha dicho antes y como lo diría en sus reflexiones, el recientemente fallecido sacerdote jesuita Horacio Arango Arango, es necesario que escuchemos hasta poderlas entender.
Según una encuesta reciente del Observatorio Laboral para la Educación, el 40% de los recién graduados afirma no ser contratado por falta de experiencia laboral. Al mismo tiempo, se compensan con mejores salarios los títulos obtenidos en la academia.
Cada año, según datos oficiales del Ministerio de Educación, en Colombia se gradúan alrededor de 198 839 egresados de las principales instituciones de educación superior. Los informes oficiales también señalan que muchos de los egresados no se sienten lo suficientemente preparados para entrar al mercado laboral y cumplir con el rol de profesional.
En efecto, luego de terminar la universidad, para muchos la búsqueda laboral se torna muy complicada y lo vinculan a distintos motivos. Algunos egresados consideran que la falta de experiencia juega un papel importante a la hora de hacer una práctica en una empresa, pues para la misma vacante se presentan entre 10 y 15 personas con el mismo perfil.
Camilo Gómez, Director de Extensión de la Fundación Autónoma de las Américas, señala que “los profesionales tienen un enorme reto en términos de inserción al mundo laboral, pero este gran desafío no lo deben resolver solos los graduados. Existe una corresponsabilidad absoluta también con empleadores, instituciones de educación superior, agremiaciones y el Estado mismo. Al egresado lo estamos lanzando al mercado laboral para que trabaje donde mejor se acomode y esa responsabilidad la asumen hoy por hoy las universidades con alternativas tan importantes como las escalas de mínimos salariales”.
Una realidad que de alguna manera contrata con esta iniciativas es la que describe Ana Saldarriaga, coordinadora de la Oficina de egresados e inserción laboral de la Institución Universitaria Salazar y Herrera: “hay un gran porcentaje de recién egresados que consideran que lo importante es adquirir una experiencia laboral y aceptan condiciones salariales mínimas, siempre proyectándose a que, al obtener la experiencia requerida por el sector empresarial, podrán postularse a un mejor empleo e igual o mejor salario y, como consecuencia de ello, vemos profesionales recién egresados ofrecer su servicio por un salario de $800 o $900 mil”, afirma.
La academia y diversas entidades como Innova y Ruta N, han buscado soluciones para que los nuevos profesionales se integren al mercado laboral, promoviendo ferias de trabajo, capacitaciones para la creación de empresa y otras actividades que permiten a los jóvenes conocer las nuevas dinámicas del mercado. Carlos Mario Patiño, presidente de Solyner, empresa del sector farmacéutico, considera que “los jóvenes universitarios deben entender que la academia es tan solo uno de los pasos de su formación personal; pero la práctica es donde pueden saber cómo están frente al mercado laboral”.
En contraste, Isabel Gómez, jefa del Centro de Egresados de la Universidad Eafit analiza: “haciendo un análisis de la situación económica del país, podría decirse que los temas de inflación y los fenómenos económicos impactan directamente los salarios ofrecidos en las bolsas de empleo. Es claro que los salarios ofrecidos vienen bajando un poco, esto sumado a que las empresas, cada vez más, exigen profesionales muy destacados y calificados, con mayores niveles de estudio, además del bilingüismo”.
Una de las personas que cree que los títulos universitarios ya no son tan significativos como en otros años es Laszlo Bock, responsable del departamento de Recursos Humanos del gigante Google; quien afirma que en su compañía la gran mayoría de sus ejecutivos y practicantes son personas con altas demandas en la resolución de problemas y con la rapidez de analizar los diferentes entornos y cambios que surgen en el mercado a diario.
El mundo cambia a un ritmo frenético: lo que antes era útil, hoy es cuestionable y puede que después sea un producto en desuso. Las dinámicas del mundo laboral llegan a cuestionar la pertinencia de la formación profesional. Martín Rodríguez, profesor de historia moderna, en la Universidad de Antioquia, opina que “las actuales reformas universitarias reflejan un materialismo que está afectando la génesis de la universidad, que se remonta a más de 900 años”.
Rodríguez se refirió a la manera como las presiones externas de la economía y el sector empresarial han ido creando un “Homo economicus” cuya preparación ha afectado la esencia de la universidad. Señaló que desde la fundación de la Universidad de Bolonia en 1088, uno de los propósitos de estas instituciones ha sido la de brindar un beneficio a la comunidad en general, mediante la educación a los estudiantes.
Al tiempo que las universidades se esfuerzan en elevar y sofisticar el nivel de sus programas de formación, para las empresas ya no es suficiente contar con un recién egresado teóricamente bien preparado porque exigen personas con herramientas para desenvolverse en la realidad laboral. El debate sigue abierto.
Daniela Maturana llegó al Concejo de Medellín como parte del hito que significó el triunfo del movimiento Creemos en las elecciones locales de 2015. Ser hija del reconocido técnico de fútbol es la faceta más desconocida de esta mujer que debutó como concejal siendo elegida presidenta de esa corporación. Rasgos de este rostro de la nueva política de Medellín.
Una tarea escolar pedía mostrar mediante la práctica lo aprendido. Cuando la profesora Vicky Jaramillo propuso una actividad que permitiera conocer los mecanismos de participación y la Constitución colombiana mediante el desarrollo de una campaña política, la estudiante Daniela Maturana asumió a fondo el ejercicio político cuando representó al candidato a la Alcaldía de Medellín que le tocó en suerte: Sergio Naranjo. En la clase Daniela triunfó, pero en las urnas el postulante no ganó.
Esta no sería la primera vez que la estudiante participara en su colegio de demostraciones democráticas. Ya había sido representante de los estudiantes en octavo grado y en su último año desarrolló Independent Project, una iniciativa que consistía en practicar lo que se quería estudiar. Daniela, amante de la moda, creía que su camino era una escuela de diseño en Italia o París, pero un libro, Los niños de la guerra, recomendado por la profesora Jaramillo, giró su proyecto hacia el área del Derecho y las Ciencias Políticas. Fue así como desarrolló una propuesta que consistía en crear ciclos de capacitaciones para que la empresa privada fuera un actor principal en la reintegración de los desmovilizados para convertirlos en agentes de cambio.
De este modo, Daniela consolidó su gusto por la política, a la que define como el arte de servir, el estudio de toma de decisiones, el estudio del poder y la capacidad de analizar las decisiones que toman los ciudadanos para proponer acciones que ayuden a desarrollarlas.
Daniela, se describe como una mujer apasionada, sociable, conversadora, familiar, amiguera, para la que el ser humano y las personas son todo. Amante de la moda, le gusta viajar, leer, estudiar y siempre se muestra sonriente. Para sus amigos, ella es una persona pausada, tranquila, paciente, que siempre tiene la mejor cara para las personas, participativa, que entiende el valor de lo público y el valor del politólogo en la sociedad.
De la gran admiración y respeto que siente por su padre, heredó el gusto por el fútbol y siempre muestra su decidida afición por el Atlético Nacional. Los consejos de Francisco Maturana son algo que ella llama “sabiduría pura”. Siempre ha estado orgullosa de él, aunque tengan personalidades diferentes: el silencio característico del técnico contrasta con la espontaneidad de su hija. Ella le agradece que la hubiera orientado hasta entender que la educación y el balón son elementos que ayudan al cambio social, y que el reconocimiento que él se ganó por dirigir equipos de futbol nacionales e internacionales no podría ser usado en su beneficio: le enseñó a emprender su camino por sus propios medios.
Francisco recuerda el momento en que Daniela le expresó sus ganas de estudiar Ciencias Políticas. Él, intrigado, indagó sobre su gusto, y de ella obtuvo la respuesta que le afirmó que estaba bien encaminada: “papá, política es todo”. Sin pensarlo dos veces, se convenció de que ella nació para eso y que con cada experiencia y práctica se fue encaminado para llegar hasta donde está hoy.
Durante la campaña política para el Concejo de Medellín, el profesor Francisco Maturana se mantuvo alejado porque no quería quitarle protagonismo a Daniela. Ella estaba en su momento y si el intervenía podía desviar los intereses del público, así que opto por estar al margen y solo acompañarla cuando fuera necesario. Para él, su hija es una persona que va construyendo su camino en coherencia con su sensibilidad, y que fortalece a todos a su alrededor.
El trabajo de grado que Daniela hizo como estudiante de EAFIT se enfocó en cómo comunicar lo político rescatando el contacto con la gente cara a cara y cómo las redes sociales estaban sirviendo de plataforma para ello. De ese modo echaba las bases de su carrera. Posteriormente, en la misma universidad se especializó en Comunicación Política, enfocada en su gusto por el mercadeo político.
Después de graduarse, intentó crear una empresa de asesoría en marketing político, promocionó a Medellín durante tres años en diferentes eventos internacionales y en 2014, faltando un año para las elecciones, decidió presentarse como candidata para el Concejo de Medellín, respaldada por su padre y Federico Gutiérrez, a quien había conocido hace algunos años y apoyado en su trayectoria política.
Daniela se unió al movimiento Creemos, caminó y conoció la ciudad, sus problemáticas, sus potencialidades y sus adversidades; necesitaba entenderlas para poder proponer un plan de desarrollo acorde. Disfrutó cada contacto con la gente, cada experiencia, y adsorbió las enseñanzas que le dejaba cada camino. Después de la muerte de su madre, su preocupación no era ganar o perder sino aprender, porque lo que más añoraba era entrar al ejercicio de lo público para mostrar que juventud no es sinónimo de inexperiencia, que las personas deben darse permiso a cometer errores y rodearse incluso de personas “mejores que uno” para formar un equipo de trabajo.
La candidata obtuvo su curul en el Concejo y debutó como la presidenta: toda una experiencia para alguien menor de 30 años que nunca había tenido un cargo público. Cuando habla de ello, Daniela afirma que defiende y cuida los recursos públicos porque son sagrados, cree ciegamente en el proceso de paz y tiene cuatro pilares que le ayudan a llevar su paso por el Concejo: primero el ser humano, no tomarse nada personal, darse el permiso a equivocarse y Medellín por encima de todo.
Esa inspiración en lo que hace es el legado que Daniela espera dejar para la ciudad. “Ubunto. Yo soy porque nosotros somos”. Es la explicación que Daniela tiene para un tatuaje hecho en tinta negra y puesto en uno de sus brazos. Inicialmente era por su familia, pero ahora ella suma a Medellín. Según ella, allí solo están representados sus votantes sino cada persona de la ciudad a la que ella propone el deporte y la educación como plataforma para crear y desarrollar su proyecto de vida.