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  • Medellín, la gran fábrica de hits decembrinos

    Simmon David Ayala Mosquera y Valentina Giraldo Restrepo

     

    No es ninguna mentira cuando en Olímpica Stereo dicen que desde septiembre se siente que viene diciembre, pues parece que en los últimos tres meses del año, al menos en esta ciudad, no suena nada diferente a los grandes hits de Discos Fuentes.

     

    Por estos días bailamos Limoncito con ron de Rodolfo y Los Hispanos, mientras sacamos del polvo las lucecitas

    navideñas. Recorremos El Hueco en búsqueda del aguinaldo, mientras en todas las esquinas suena Pastor López y El Ausente. Pedimos el raspao’ de la olla natillera, mientras al fondo el bafle retumba al ritmo de La Yerbita de Los Corraleros.

     

    Y lo que, tal vez, usted y yo no imaginamos es que Medellín fue la responsable de ponernos a bailar en diciembre. Para mediados del siglo pasado, esta ciudad ya estaba montada como el centro industrial de Colombia; las textileras marcaban la parada y, junto con ellas, abrieron su camino las grandes disqueras. De Sonolux a Codiscos, pasando por Discos Victoria, la capital antioqueña y su auge económico empezaron a alojar a la industria musical y sus grandes intérpretes.

     

    Medellín fue un imán de grandes personalidades, pero también recibió década tras década, a la gente del campo que huía de la violencia o que empezaba a buscar una vida más allá de las cosechas. Ese tránsito cultural de la montaña a la ciudad, encontró en la industria fonográfica un espacio para transformar exitosamente la música y la parranda.

     

    Toño y sus Discos Fuentes

    Antonio Fuentes dejó su natal Cartagena para traerse su estudio a Medellín, casi que por amor, pues fue en esta tierra que conoció a Margarita Estrada, la mujer antioqueña con que se casó y que después de 20 años de matrimonio se lo trajo a él y su Discos Fuentes en la maleta, bajo el argumento de que el clima y la electricidad de acá funcionaban mejor.

     

    Dicen que a Toño le gustaba más fumar que comer, que su debilidad eran las mujeres y que podía pasar horas y horas encerrado en una cabina, en la cual podía faltar todo, menos el whisky. El barrio Colón, en el centro de Medellín, fue el destino elegido por Margarita y su esposo para abrir la disquera en 1954. En los sesenta se instalaron en Guayabal y por las puertas de esa gran edificación, vendida a Leonisa hace seis años, desfilaron las grandes estrellas de la música tropical de este país.

     

    Entonces, uno no se esperaría que Los Sabanales, La Burrita o Hace un mes de los Corraleros de Majagual, canciones de un sonido así, tal cual, muy sabanero, fueron grabadas en un valle rodeado de montañas. Y ese solo fue un caso entre decenas, pues desde la Costa Caribe llegaban Álvaro José Arroyo y Anibal Velásquez con su acordeón, de Venezuela aterrizaba Pastor López y de Cali venía a grabar Wilson Saoko con Fruko y sus Tesos.

     

    Artistas y agrupaciones de todos los rincones de Colombia encontraron en Medellín una fábrica de puros éxitos.

    En 1961 Toño y sus hijos sacaron un acetato que revolucionó las navidades para siempre. Los 14 Cañonazos Bailables no fueron más que el fruto del ingenio del cartagenero para acomodar en un elepé 14 canciones: siete por un lado, siete por el otro. Cuando, normalmente, solo cabían seis y seis. Pero la novedad no llegó hasta ahí, ese disco no contenía música de un solo artista o agrupación, sino de varias. Fue a partir de ese momento que la colección de los 14 grandes éxitos tropicales se situó en la lista de los elementos imprescindibles de cada diciembre junto a la natilla, el arbolito, el olor a leña y el traído.

    Video

    Recorrido por la planta de Discos Fuentes en Medellín, 1966. Archivo Señal Memoria – RTVC, sistema de medios públicos.

     

    Los Éxitos de Pedro

    A Pedro Muriel hay que llamarlo después de las diez de la mañana porque no le gusta madrugar. Con las 34 navidades que trasnochó y se levantó con la cobija pegada a la espalda a grabar la nómina de artistas de Discos Fuentes, fue más que suficiente.

     

    Si usted vive en Colombia, es más que seguro que alguna vez ha escuchado ese nombre, que lo recuerde o sepa quién es, ya es otra cosa. El sujeto que Los Chiches Vallenatos tanto mencionaban en sus canciones de la mano de un inconfundible efecto de eco es nada más y nada menos que el hombre que estuvo en una cabina cocinando hits como Rebelión, El santo cachón, Cariñito sin mí y Tabaco y ron, la lista sigue y sigue, al punto de que si usted sintoniza una emisora tropical como Olímpica o Estrella Estéreo, bajita la mano, programan diez temas con el sello del ingeniero de sonido, Pedro Muriel.

     

    La carrera en la música de Pedro empezó con una orquesta llamada Los Éxitos, tal vez, como un augurio de lo que le esperaría años después. Era el percusionista y el tema más recordado de la agrupación es Navidad de los pobres. Mientras frecuentaba los estudios de Fuentes como corista, se hizo amigo de Mario “Pachanga” Rincón el grabador de esa época y, debido a su interés por la ingeniería electrónica, termino reemplazándolo cuando este renunció.

    “En esos años se dormía poquito”, recuerda Pedro entre risas, pues el agite de los diciembres y el anhelo de los artistas por sacar sus producciones en temporada caliente, los obligaba a trasnochar hasta que el sonido fuera perfecto, porque eso sí, Muriel se tomaba su tiempo para cumplir con las exigencias de su prodigioso oído y, no en vano, los músicos lo esperaban hasta que tuviera agenda libre, porque todos querían grabar con él.

    El trabajo siempre era agotador, pero algo tiene la música tropical que, por más cansado que estuviera, uno ahí mismo se levantaba.

    Y si bien un gran porcentaje del reconocimiento es para los cantantes y sus orquestas, nada sería posible sin esos personajes que solo aparecen en los créditos de los álbumes o en uno que otro saludo, pero que siempre están a la sombra de las grandes obras musicales.

     

    Probablemente, ese fue el escenario perfecto para que hace unos años David Cuadros y su acordeonero, dos tipos del norte del país, se aprovecharan de que pocos sabían quién era Pedro Muriel y que bastante sonaba su nombre en las canciones vallenatas y, así pues, se fueron de gira al sur del continente con el cuento de que el vocalista era el mismísimo Pedro Muriel y forjaron una exitosa carrera en Paraguay donde al día de hoy siguen interpretando, exclusivamente, las canciones donde es saludado el ingeniero de sonido: el antioqueño, el que ni por error ha sido cantante, ni ha dado su primer concierto.

     

    Si lo anterior es sorprendente, aun más increíble es que Muriel responda ante la pregunta de cómo tomó la noticia de este par de estafadores que lo suplantan hasta en entrevistas:

    Ah, ellos son muy amigos míos, hasta les he grabado. Yo qué me iba a poner a pelear ahí, al menos hicieron famoso mi nombre en Paraguay.

    El revolucionario Mono Buitrago

     

    Desde allá en Ciénaga, Magdalena, bien lejos del interior del país, Guillermo Buitrago, un tumbalocas rubio, flaco y de ojos azules, que vendía pólvora, tocaba guitarra y vivió unos escasos veintinueve años, sin saberlo, determinó la forma en que paisas y boyacenses comenzarían a hacer, respectivamente, música de parranda y carranga.

     

    Las letras de Escalona, Emilianito Zuleta y otros grandes compositores del Magdalena Grande, fueron sacadas del anonimato gracias a Buitrago. Él y el samario Julio Bovea, fundador de Bovea y sus vallenatos, cambiaron los acordeones por las cuerdas y popularizaron en el resto del país la historia de cuando Lorenzo Morales no quiso parar en Urumita o cuando Rafael Escalona se fue a estudiar al Liceo Celedón.

     

    Guillermo Buitrago. Una colorzación de una imagen original de diebo Montoya. Lic. Creative Commons. >>

     

     

    Jaime Monsalve, jefe musical de la Radio Nacional de Colombia, cuenta que el sonido parrandero paisa existe en gran parte a las aportaciones de Bovea y Buitrago. En el interior adaptamos los sonidos de la guitarra a nuestro estilo, le pusimos un sello picante y así como en el Caribe, también decidimos contar historias, de temáticas bastante diferentes, pero historias al fin y al cabo.

     

    No fue Diomedes Diaz nuestro primer gran rockstar colombiano, fue Guillermo Buitrago. El tipo era en sí un verdadero mito, sus días estuvieron marcados por cuentos fantásticos, tan propios del realismo mágico característico de su tierra. Unos dicen que lo envenenaron, otros que “murió de amor” — producto de una sífilis — y desde tuberculosis hasta cirrosis, le fueron achacadas al joven Buitrago, que así como cinco de sus siete hermanos, murió antes de los treinta años.

     

    Hay quienes aseguran que si el Mono hubiese vivido unos años más, la música vallenata, se llamaría música cienaguera, pues en los cuarenta le dio vida al género, fue su gran difusor y quien la bautizó, ya que para esos días era conocida como música del Magdalena Grande.

     

    Muchas de sus interpretaciones, trascendieron al repertorio parrandero antioqueño de la mano de agrupaciones como Los 50 de Joselito. Guillermo también fue compositor, pero la historia ha sido confusa respecto a qué compuso en realidad. El caso más particular es, tal vez, El Grito vagabundo. Son dos las versiones conocidas del origen de esta canción; la primera y más difundida, es que él mismo la compuso como una expresión de rebeldía y manifestación de su afinidad política hacia el liberalismo. Historiadores y periodistas aseguran que el grito que Buitrago quería pegar era: ¡Qué viva el Partido Liberal!

     

    En contraposición está la versión reconocida por Discos Fuentes que indica que el tema es de autoría de Buenaventura Díaz y es el clamor de una penosa enfermedad que terminó por desfigurar gran parte de su rostro, generando en él una profunda pena por no poder encontrar el amor debido a su terrorífico aspecto. Todo apunta a que ese fue el verdadero grito vagabundo.

     

    No es lo mismo una pelota negra, que una negra empelota

    Gildardo Montoya. Radio Nacional de Colombia. Señal Memoria – RTVC. Sistema de Medios Públicos.

     

    Desde los cafetales de Támesis hasta Medellín llegó Gildardo Montoya, pregonando en la antigua Plaza de Guayaquil y alcanzando el éxito con sus atrevidas letras musicales. Muerto a sus 37 años en un accidente mientras iba en una motocicleta, su corta vida dejó un legado de letras que hasta hoy sonrojan y sacan risas traviesas.

     

    Él, como muchos de los cantantes y compositores parranderos, se dedicó a escribir letras que no dejaban nada a la imaginación o, por el contrario, lo dejaban todo. La parrandera para los años 60 y 70 ya era parte del ambiente cultural de Medellín, se escuchaba en la radio de cada esquina, se bailaba en cada salón de eventos y se exportaba a cada tienda de discos de la región.

     

    No es de extrañarse que, así como se hablaba de amor, desamor, fiesta y tradición, la música de los campesinos que llegaban a la ciudad tuviera la picardía propia de su cultura. El humor, el absurdo y la exageración eran propios del paisa y de sus letras, que buscaban hablar de lo cercano y lo cotidiano, pues los ritmos eran ante todo un punto de encuentro.

     

    El contenido sexual explícito estaba fuera de los límites, no porque no se grabara, sino que se hacía de forma extraoficial: no se escuchaba en la radio y se vendía sin información del sello, pero se vendía. León Felipe Duque, periodista e investigador musical, cuenta que los músicos estaban frente a una sociedad conservadora y altamente religiosa, que prohibía cualquier vicio fuera de los lineamientos de la Iglesia (como el sexo y la promiscuidad). Entonces, ante la hipocresía de quienes querían bailar pegadito los sábados pero rezar ante el sagrario los domingos, los artistas — algo rebeldes — aprovecharon su ingenio para añadirle el picante necesario a sus canciones sin pasar los límites de lo que a la luz del día se consideraba bueno; con frases sin terminar, rimas y chistes, el doble sentido se volvió poco a poco insignia de la música parrandera.

     

    Claro, la persecución no se hizo esperar. La Curia empezó a vetar canciones a diestra y siniestra, con fuerza censuraba a los oídos de todo fiel creyente con valores las letras de Se me paró el Reloj, La Gota o El ratón. Aún así, Duque en su trabajo El mes de la parranda cuenta que artistas como Joaquín Bedoya, hablaban de que ese intento por censurarlos terminaba siendo un beneficio porque “…los discos prohibidos se vendían más”. Entre otras cosas, la defensa de estos artistas contaba con más picardía todavía, pues Agustín o Joaquín Bedoya le hacían frente a los comentarios diciendo con propiedad y malicia paisa que la canción no era lo fuerte, lo que pasa es que los demás somos muy malpensados. Un argumento, entre otras cosas, irrefutable.

     

    Los parranderos olvidados

    Entre tantas curiosidades, queda entonces una pregunta. Si hasta el día de hoy la parranda se arma con los mismos éxitos grabados hace décadas y, todavía mejor, si todos tarareamos cada una de las melodías tropicales como si del himno nacional se trataran, ¿por qué desconocemos a los artistas detrás de ellas? ¿Por qué muchos mueren en el olvido?

     

    Para la muestra, un botón. Canciones como El Jardinero, Maria Teresa o La Negra Josefina, todas reflejo del ingenio y la malicia paisa, tienen como intérprete y compositor a Leonel Ospina, hijo de un matrimonio campesino de Amagá, que sin ningún lazo con la música, decidió irse de su pueblo y buscar suerte en la Medellín de los años 50.

    El golpe de suerte le llegó, como a muchos otros campesinos, cuando se encontró con unas disqueras que, por el éxito del momento, recibían a todos los intérpretes y compositores, listos para ponerlos a sonar en la radio y presentarlos en el salón de bailes del Hotel Nutibara.

     

    En pleno boom de la industria fonográfica, Leonel sonó junto a Guillermo Buitrago en la Costa y conquistó otros países hasta radicarse en México. Entre presentaciones, trago y parranda, alcanzó la cima de su carrera antes de caer en la locura, literalmente, pues un golpe en la cabeza, en medio de una borrachera, le hizo perder la cordura y acabó con su vida musical.

    Hoy algunos pocos lo recuerdan como el gran exponente que fue, otros más lo reconocen andando por el centro de la ciudad — mendigando y sobreviviendo de los escasos 250.000 pesos mensuales que le dan por regalías en Sayco Acinpro — pero la mayoría canta sus canciones sin recordar siquiera su nombre. Cómo él, muchos otros campesinos que alcanzaron el éxito, ahora mueren en el olvido.

     

    Sin querer dejar la duda al aire, hice la pregunta hasta encontrar una respuesta y León Felipe Duque, esbozó lo que sería la razón para el olvido de aquellos compositores de rumba parrandera.

     

    Los campesinos encontraron una ciudad industrial con una economía prometedora, con disqueras de renombre que grababan con artistas de la talla del Joe Arroyo y que les abrían sus puertas; pero, así mismo, se encontraron con una ciudad arribista, de familias elitistas y fiestas que querían bailar al ritmo de sus canciones, pero no querían tener nada que ver con esas “guascas” campesinas.

     

    Duque habla incluso de que las grandes disqueras tenían subsellos para meter ahí esa música, que miraban por encima del hombro pero igual producían porque daba plata. Así, ponían a sonar la apuesta musical de los paisas sin importarles que fueran conocidos o siquiera darles un nombre.

     

    Algo de esto se ve en el libro La música parrandera paisa de Alberto Burgos, que cuenta el desprecio que se le tenía a esta música por ser montañera, pero como bien sabemos hacer en Medellín, aplicamos la doble moral porque se compraba y escuchaba sin parar.

     

    Precisamente ahí, en ese ir y venir, en el provecho que se le sacaba a los artistas campesinos, fue que sonaron las canciones pero no los músicos. Desde los cincuenta hasta ahora, se prende la fiesta con cualquier tema de Luis Carlos Jaramillo o Alejandro Sarrazola, que dieron vida a la parranda y murieron en el anonimato y la necesidad.

     

    Haga clic en la imagen para ver el documental Leonel Ospina, de la fama al olvido.

    De la serie Infrarrojo, de Teleantioquia.

     

    Parranda, siempre

    Aquí en Antioquia es casi que un pecado escuchar a un Pastor López a mitad de año, “Eso es pura música de diciembre”, es lo mínimo que a uno le dirían si tiene el atrevimiento de poner Golpe con Golpe en pleno agosto.

    Pasa que no hay fiesta sin música, ni navidad sin parrandera. “Así como volvemos a la fiesta, volvemos a la música” dice León Duque, hablando de la manera en que la dinámica del género se construyó en un imaginario en el que la fiesta decembrina, tan importante para los colombianos, es inconcebible sin la música de la época.

     

    Todavía más importante, Duque dice que esa música no solo llegó para acompañar la fiesta, sino que tuvo un componente transformador y creador, que esas parrandas tradicionales de buñuelos y guaro hasta al amanecer, se crearon a partir de la llegada de ese auge musical.

     

    Con el olor a chicharrón y la melodía de Los Graduados, naturalmente entran las ganas de bailar, así sea con la tía y el abuelo borrachos. Y es que tan inherente como el Niño Dios al pesebre, es el baile y el ambiente tropical a las celebraciones de fin de año. Juan Sebastián Ochoa, investigador musical, dice que hay una mística en estos géneros, que animan cualquier velorio, pero que a su vez se reservan inmaculadamente para los diciembres.

     

    Por más que Rodolfo Aicardi le haya cantado a una colegiala, al amor de Daniela y al de Mariana; o así Buitrago se quejara de ser un pobre huerfanito, sus letras aun alejadas de las temáticas navideñas, como las de muchos de sus pares, quedaron condenadas a despertar junto con las primeras luces del fin de año.

     

    La tradición, para Duque y Ochoa, es clave para entender esta condena. Las festividades decembrinas se han ligado al género parrandero de tal manera, que parecieran más importantes que la misma novena navideña. La música nos ha marcado tanto, que para Jaime Monsalve se trata de algo más que la fiesta, pues en ella está el encuentro con los nuestros y el recuerdo de otras épocas. En diciembre la nostalgia llega de la mano de Sabor Navideño de Afrosound y nosotros la abrazamos.

     

    Es en esta larga historia y por eso que, indudablemente, en cada radio, el próximo septiembre estaremos sintiendo que viene diciembre. En diez o veinte años, al menos mientras estemos vivos, no habrá navidad sin música decembrina, no habiendo otra forma de llamarla porque diciembre es y será la voz de aquella Medellín del pasado tan prolifera en disqueras, títulos y artistas.

  • Los circos se resisten a ser fantasmas

    Dicen los artistas que en Antioquia hay por lo menos 30 circos tradicionales que no están en el radar del Instituto de Patrimonio y Cultura. La pandemia aceleró su desaparición. Además, entre artistas y Estado parece haber teléfono roto.

     

    Manuela Suárez Giraldo / manuela.suarezg@upb.edu.co

     

    Colombia es un país que ha visto crecer dentro de muchas carpas a generaciones de artistas que, desde que nacen, tienen el oficio circense tatuado en el corazón. Ahora, ese mismo país es testigo silencioso de cómo dejan apagar una de las tradiciones artísticas más entrañables.

     

    Antioquia, a su turno, es uno de los departamentos donde más se han fundado circos tradicionales y donde se ha peleado contra viento y marea para mantener este legado. Sin embargo, desde que llegó la inesperada pandemia, el panorama se fue haciendo cada vez más desalentador, pues, aunque nadie pudo librarse de la crisis, este sector artístico en Antioquia sigue a la espera de recibir a su audiencia a plena capacidad.

     

    En los periódicos, las noticias cada vez son más esperanzadoras, hay respuestas del Gobierno, reuniones para apaciguar la crisis económica, decisiones sobre teatros, conciertos, estadios; pero sobre los circos no se dice nada.

     

    En Marinilla, Antioquia, el circo de los hermanos Daza se aferra con pasión e ilusión a su legado familiar que lleva tres generaciones y al mismo tiempo -gracias a su mediana carpa ubicada en una de las principales entradas al Municipio- llena de color y de alegría a muchas personas que encuentran dentro un lugar seguro para escapar de la rutina. Además, es hasta ahora el primer circo tradicional del departamento que ha podido volver a escena, aunque la historia ya no es la misma.

     

    Las exigencias para el artista de circo no cambiaron en el marco de la pandemia, por el contrario, incrementaron significativamente, lo que implica que, además de la inversión mínima que debe haber dentro de las carpas, que oscila entre 70 y 80 millones de pesos, Ricardo y Daniel Daza, tuvieron que cubrir otros gastos, como, por ejemplo, una póliza que cuesta alrededor de un millón de pesos, un lavamanos que costó 700 mil, comprar una bomba desinfectante, antibacteriales, mascarillas y otras cosas que sumaban más de 3 millones de pesos. Todo esto a cambio de un aporte voluntario para quienes anhelen entrar a ver el espectáculo.

     

    “Cuando dimos este paso no lo hicimos por nosotros, sabemos que las personas apenas se están levantando de la crisis, y que fijar una boleta era exigir demasiado. Pero también sabíamos que la salud mental de muchos podía estar peor que la parte financiera, y eso nos motivó a invertir los ahorros que teníamos con el fin de reabrir la carpa y traer un poquito de paz dentro del caos”, señaló Ricardo Daza.

     

    Carpa actual del Circo de los hermanos Daza a la entrada del municipio de Marinilla. Foto: Manuela Suárez.

     

    El espectáculo trata de continuar

    Las funciones se hacen los sábados y domingos a las 7:30 de la noche y, sin importar cuánto se recoge a la entrada, los espectáculos duran una hora y diez minutos, se hacen con el mismo amor y profesionalismo de siempre.

    Aunque esto “trabajar con las uñas” por el amor al arte y a la cultura, no basta el corazón cuando no hay un apoyo desde las entidades encargadas, pues los hermanos Daza aseguran que, después de ocho meses de apertura, no han tenido ninguna visita por parte de la Secretaría de Cultura, ni mucho menos por el Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, que ni siquiera estaban al tanto de que ya un circo estaba abierto al público.

     

    “No, no sabemos cuantos se han podido reactivar, eso es una cosa supremamente difícil”, explicó Hugo Valencia, profesional especializado para el sector del teatro, del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia en diálogo con Contexto y aclaró: “Nosotros no sabemos cuántos circos tradicionales hay en Antioquia porque como ellos no se comunican con nosotros, la base de datos que tenemos es limitada”.

     

    La carencia de un registro representa la imposibilidad de tener una base sólida sobre la cual construir una solución. Los hermanos Daza sostienen que en Antioquia hay por lo menos 30 circos tradicionales que no están en el radar de la institucionalidad, por lo que, consecuentemente, no han recibido ningún tipo de ayuda en medio de la contingencia.

     

    Según Valencia, los fondos derivados del impuesto de IVA, destinados para el mantenimiento de inmuebles patrimoniales fueron redireccionados por el Ministerio de Cultura para auxiliar a los artistas en medio de la pandemia. El listado lo integraban danzantes, músicos, teatreros, cirqueros, escritores, artistas plásticos visuales y de otras áreas, reportados por los municipios. El monto que inicialmente ascendía a 3 910 millones de pesos para Antioquia tuvo recortes, luego de que se cruzaran cuentas para establecer quiénes temrinarían recibiendo más de un subsidio. “Eran casi 7.000 personas las que cumplían con los requisitos para darles plata, la cual sí se invirtió. Ahora, qué tan bien haya sido invertido ese dinero por las personas, no lo sabemos”, explicó Valencia.

     

    Los hermanos Daza aseguran que a los circos tradicionales no les tocó nada de ese dinero, lo cual concuerda con el ya mencionado problema de identificación de los artistas.

     

    Las sucesivas prórrogas de las medidas de emergencia por la Covid-19 obligaron a recoger las carpas de muchos circos, algunas de las cuales fueron incluso vendidas porque sus dueños no tenían como pagar un alquiler. Otras familias se vieron obligadas a recibir cualquier peso por todos sus materiales de trabajo, con tal de conseguir algo para poder comer.

    Tercera generación: los hermanos Daza siguiendo la tradición en una función empresarial. Foto: Instagram de Ricardo Daza

     

    ¿Qué dicen?

    “Aquí nunca ha venido un líder de circo tradicional a querer dialogar o proponer cosas, la percepción que ellos tienen de las instituciones es que las reuniones son para cobrarles impuestos, u obligarlos a pagar cosas que normalmente evaden, por eso es difícil identificarlos. La última vez sacamos nueve vacantes para la convocatoria (del Portafolio Departamental de Estímulos a la Cultura), cuatro quedaron vacías y ningún circo se postuló, y son estímulos de casi 18 millones. No hay comunicación”, expresó Hugo Valencia.

     

    Sobre el portafolio de estímulos referido, Ricardo Daza afirma que: “Sacan tres o cuatro convocatorias para más de cuarenta circos, pero en realidad los requisitos que uno debe cumplir para participar son ilógicos, sin contar que por ley les toca sí o sí abrir esos proyectos. Además, no se interesan por nosotros, ni siquiera acá en Marinilla han venido de la misma alcaldía a apoyarnos en algo. No les importa hablar”. Los problemas de comunicación entre los artistas y la institucionalidad son evidentes.

     

    Hasta las carpas están en riesgo, pues el crecimiento urbano deja sin espacio este ícono del circo y la magia un espectáculo que funciona perfectamente bajo estas estructuras. Cuenta Daniel Daza que: “A veces nos toca acomodarnos en lugares indignos con tal de que nos dejen presentar en esos Municipios, sabiendo que uno ve predios grandes y en buen estado desocupados. Creen que la profesión del circo es algo lamentable, cuando es pura magia”. Hugo Valencia reconoce esa problemática de espacio y asegura que el crecimiento de las ciudades y la expansión del territorio urbano ha desplazado más las oportunidades de establecer circos en algunas partes.

     

     

    La de los Daza es una de muchas tradiciones familiares que sostienen el arte circense. Fotos: Cortesía.

     

    Los hermanos Daza no conciben la idea de bajar el telón de una tradición familiar que les ha regalado la verdadera felicidad. Y así como ellos, hay muchos circos tradicionales en Antioquia esperando ser reconocidos y asistidos por el Estado. Según el vocero del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, las puertas están abiertas para los líderes de cada circo. El problema es que esa ruptura de comunicación, esa falta de acercamiento, tiene en riesgo una parte de la historia artística del departamento que ha tocado las infancias de millones.

  • Antecedentes y huellas del libro y la lectura en el Valle de Aburrá

     

    Desde su creación, la Fiesta del Libro y la Cultura es un acontecimiento de suma importancia para los habitantes del área metropolitana. ¿Cómo evoluciónó? ¿Cómo creció? ¿Qué otras actividades similares se realizan en la región a partir del esperado certamen septembrino?

     

    Cristian David Gutiérrez Martínez/ cristian.gutierrez@upb.edu.co

     

    Los años 80 y 90 fueron una época difícil para la historia de Medellín. Impulsada por promotores independientes y organizaciones como la Biblioteca Publica Piloto, la lectura parecía verse opacada por la violencia y la criminalidad. Medellín tocó fondo, sí, pero incluso entonces había quienes se resistían a esa suerte: escritores, poetas, filósofos, profesores, libreros, gestores culturales, líderes comunitarios y personas comunes y corrientes que tuvieron la capacidad de pensar una nueva ciudad, mediante la construcción de un nuevo plan de desarrollo. Producto de este cambio en la visión de la ciudad, surgió la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

     

    Primeras páginas

    Medellín fue siempre una ciudad relacionada a la lectura. Como cuenta Reinaldo Spitaletta, “es una ciudad con tradición de lectura, de publicaciones desde el siglo XIX. Una ciudad con periódicos, con revistas de carácter cultural y de otra indolente. Además, recordemos que tuvo grandes empresas productoras de libros, como editorial Bedout que duró muchísimos años en la divulgación de textos de todas las literaturas del mundo”. Estos hechos facilitaron la aparición de ferias del libro en distintos espacios públicos de la ciudad.

     

    Antes de la Fiesta del Libro, se presentaron algunos antecedentes notables en el afán por impulsar la industria y fomentar la lectura. En 1971, el entonces alcalde de Medellín, Óscar Uribe Londoño, inauguró 40 casetas para la venta de libros usados en la plazuela Uribe Uribe. En el Parque Berrío, se realizó durante varios días una feria del libro con un fin más que todo comercial, así lo cuenta Spitaletta: “Se llenaba de quioscos, puesticos con libros (…). Había una gran diversidad, el Parque Berrio se llenaba de estos puestos y la gente se paseaba todo el día por allí. Era un momento también de encuentro”. Otros lugares en los que se desarrollaron ferias del libro en la ciudad fueron el Parque de Bolívar y El Pasaje La Bastilla, que sigue convocando a lectores y escritores.

     

    El primer evento del libro organizado de manera masiva en la ciudad fue la Feria del Libro de Medellín, realizada en el Palacio de Exposiciones desde 1993 hasta 2005. Aunque su enfoque continuaba siendo mayormente comercial, esta feria significó un importante cambio, pues ahora había un espacio organizado para el evento y además había presencia de reconocidos escritores, conferencias y lanzamientos de libros. En 1996, apenas en su cuarta versión, el techo de uno de los pabellones se desplomó durante un aguacero y las pérdidas golpearon con fuerza el bolsillo de los promotores y expositores. Esta y otras circunstancias, entre ellas el declive en los niveles de asistencia, plantearon la necesidad de revaluar el certamen. Jorge Melguizo, Secretario de Cultura Ciudadana en 2006 llamó a una pausa en la actividad para pensar, en compañía de más de cuarenta entidades y gestores independientes del sector cultural, una fiesta en torno al libro y la cultura que lo rodea.

     

    La Fiesta del Libro y la Cultura es, además, un motivo que lleva a miles a conocer el sector de Carabobo Norte, cerca al barrio Moravia. Foto: Diego Aristizábal.

     

    Nuevo capítulo

    La primera Fiesta del Libro se hizo en 2007. Fuertes lluvias que cayeron sobre el entonces recién intervenido Jardín Botánico, no impidieron la visita de más de 90 mil asistentes que recorrieron puestos de venta, pero también presentaciones artísticas, conversatorios con personajes del sector editorial y actividades de promoción de lectura, con un claro mensaje: la entrada ya la había pagado la ciudadanía con sus impuestos. La nueva propuesta y su mensaje tuvieron tal acogida, que la Fiesta del Libro y la Cultura se convirtió en un importante evento para la vida cultural del Valle de Aburrá, con cientos de editoriales y librerías, invitados de talla internacional y por lo menos tres millones de asistentes al 2017, personas que año tras año deciden reunirse alrededor de las letras, en lo que se ha perfilado como uno de los acontecimientos más esperados para los habitantes de la región.

     

    “La Fiesta del Libro es un acontecimiento muy importante para todos. Impulsa las ventas y construye mercado alrededor de los libros, sí, pero también crea un espacio adecuado para que las personas se encuentren con la cultura, para que disfruten de actividades que normalmente uno no se encuentra en la calle. La Fiesta nos permite salir de la monotonía y por eso creo que todos la admiramos tanto”, analiza Marta, una vendedora de libros del Pasaje La Bastilla, asistente de la Fiesta del Libro desde hace varios años.

     

    Secuelas de esta historia

    Más eventos surgieron para afianzar los logros y llevar la cultura del libro y la lectura más allá del Jardín Botánico, reconocida ya como sede para el encuentro con las letras en Medellín: La Feria Popular Días del Libro, realizada habitualmente en mayo en el barrio Carlos E. Restrepo y que cada año inaugura los Eventos del Libro de Medellín, y la Parada Juvenil de la Lectura, celebrada en el mes de julio como preámbulo a la Fiesta del Libro y que este año recibió a su público en la Casa de la Literatura San Germán.

     

    Además de estos Eventos del Libro de Medellín, algunos otros municipios del Área Metropolitana tienen eventos homólogos, que son impulsos locales a la imaginación, la creatividad, el amor por la lectura y las letras. A continuación, interactúe con un recorrido histórico y geográfico por la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín y otros eventos del libro realizados en el Valle de Aburrá.

     

    Click en la imagen para realizar un recorrido histórico por la Fiesta del Libro y la Cultura:

     

    Click en la imagen para realizar un recorrido geográfico por la Fiesta del Libro y la Cultura:

    Click en la imagen para realizar un recorrido geográfico por algunos otros eventos del libro realizados en la región:

     

  • Detrás de una lágrima

    Llorar tiene su ciencia y ese no sé qué, que salva en momentos cuando, por ejemplo, descubres que el amor de tu vida te engañó.

     

    Valentina Marín / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Sobre una mesa pequeña en la sala, Lucía tenía una Virgen, la Biblia y el teléfono. Cada vez que esta persona llamaba a intimidarla, ella leía el primer salmo que sus ojos vidriosos lograban encontrar. Un día, luego de escuchar ese choque cuando del otro lado cuelgan y sintiendo ese vacío desgarrador que ya reconocía, su hija mayor llegó a sentarse en sus piernas y le dijo:

     

    —¿Por qué estás llorando, mami?

    Lucía la miró y no le respondió.

    —No llores, no llores ¿Acaso no crees que la Virgen nos está acompañando? —continuó mientras Lucía rompía en llanto y la abrazaba.

     

    Nadie podría explicar con facilidad qué es llorar. Más bien darían instrucciones de cómo hacerlo, como Cortázar, o seguramente les sería más fácil decir la razón. As Vingerhoets, uno de los principales expertos en llanto, estableció que el sentimiento de pérdida o ruptura es el principal motivo. Pero, uno de los diccionarios más completos de la lengua española lo define como sentir vivamente algo, derramar lágrimas por los ojos o, de manera más fría, “manar de los ojos un líquido”.

     

    Llorar es algo que los seres humanos han aprendido a lo largo de los siglos para comunicar con más fuerza los sentimientos y Elena Jarrín, oftalmóloga española, dice que “se trata de una manifestación de lo bien hecho que está el ser humano y lo evolucionado que es”. Sin embargo, Charles Darwin, mayor exponente de las teorías evolutivas, sostuvo que las lágrimas emocionales no tenían ningún propósito, solo servían para proteger el ojo.

    Lucía nunca notó que al llorar su cuerpo estaba haciendo una de las actividades motoras más complejas y cotidianas, porque lo complejo era la situación que ella estaba viviendo.

     

    ***

    Lucía y Luis Fernando se enamoraron en la universidad. Sostuvieron un noviazgo de cinco años y un 9 de julio de 1994 juraron ante el altar amarse y respetarse hasta que la muerte los separara. Al año llegó el embarazo de su primera hija, Laura, y para darle la noticia, como en típica escena de película romántica, le dejó en el espejo donde él se afeitaba unos escarpines junto a una nota que decía “vamos a tener un bebé”. Después de abrir su espuma afeitadora y antes de terminar de leer la frase ya tenía lágrimas en los ojos que resumían la inmensa felicidad que ambos estaban viviendo.

     

    Era contradictorio que en un momento de alegría el llanto apareciera. Es por esa razón que se considera uno de los más grandes misterios, porque con solo pensar que cuando gana el equipo de fútbol favorito, en una pedida de matrimonio, en el abrazo eterno de una pareja en un aeropuerto, en un orgasmo o, como en este caso, enterándose de la noticia de un embarazo la gente también llora, definitivamente no se trata de una simple actividad.

     

    Los psicólogos afirman que llorar de alegría es una forma de equilibrarse o liberarse en medio de emociones que no se pueden controlar. Incluso, la Universidad de Yale definió en una investigación que esta actividad paradójica tiene una función vital. Entonces, el cerebro de Luis Fernando se encontraba en un momento tan complejo e incontrolable que buscó la mejor manera de regularse: llorar.

     

    Fueron momentos especiales, pero tal “cuento de hadas”, como lo describe Lucía, empezó a tener altibajos. Cada que salía hacia su trabajo, comenzaba a sentir una opresión en el pecho. Era como una voz que le hablaba y que no lograba escuchar. Era algo que le decía que se devolviera, como si se le hubiera olvidado apagar un fogón o echarle una llave más a la puerta. Cuando lo hacía, encontraba a Luis conversando por teléfono. Ese mismo de la mesita de la sala, con la Virgen y la Biblia al lado. Inmediatamente colgaba asustado y sorprendido, así que las sospechas comenzaron a aflorar en la cabeza de Lucía.

     

    Transcurrió un mes, un tiempo en el que pueden suceder muchas cosas para unos y pocas para otros. Por ejemplo, con los 10 ml de producción lagrimal diarios, una persona adulta podría llenar un poco más de la mitad de un vaso. Un bebé humano normal lloraría 60 horas en total, según los psicólogos, y cualquier persona podría escuchar una canción diaria de la “Lista definitiva de las 40 canciones tristes que no deberías escuchar si estás deprimido” que escribió La Vanguardia y le sobrarían para el siguiente mes. Ese fue el tiempo que ella esperó para reunir las pruebas y confrontarlo.

     

    Dicen que llorar trae beneficios. Stephen Sideroff, autor de The Path: mastering the nine pillars of resilience and success, dijo que los sentimientos guardados contienen mucha energía y retenerlos podría interferir en procesos naturales e instintivos. Tanto así, que lo compara con la necesidad de tener hambre: “si alguien busca comida para calmarla, alguien que esté triste debe encontrar algo para equilibrarse y resolverlo”.

     

    El bioquímico William H. Frey propuso que la gente se siente mejor después de llorar y, aunque poco lo tengamos en cuenta, la liberación de mocos que también resulta, en conjunto con el llanto, es un mecanismo para deshacerse de las hormonas que producen estrés, pero Lucía venía guardando esas emociones día tras día.

     

    Ella grabó las conversaciones, notó los comportamientos extraños de su esposo, lo esperó despierta una noche que tuvo que salir de “urgencia” y comenzó a preguntarle qué le pasaba. Se inventaba canciones, escritos, versos y cartas para comunicarse con él que resultaban siendo intentos fallidos. Buscó psicólogos, asesores de familia y hasta sacerdotes. No estaba dispuesta a rendirse. Pero un encuentro y un café la hicieron cambiar de decisión.

     

    —Lucía, yo tengo que contarte algo que está pasando y me está haciendo sentir muy mal —le advirtió Carlos, un amigo cercano de la pareja, en esa cafetería a dos cuadras de la oficina de Luis.

    —Decime, Carlos ¿qué es lo que pasa? —le respondió exaltada soltando de inmediato el café que estaba a punto de tomar.

    —Luis está teniendo últimamente comportamientos muy extraños, se ha alejado de los amigos y tiene una relación más que cercana con la auxiliar de arquitectura, Claudia.

    —Carlos, confírmame si esta es la voz de ella —le dijo mientras buscaba con rapidez la grabadora de periodista en su bolso.

    —Sí, es ella.

     

    Esta era la prueba final. La que cerraba el caso, la cereza del pastel y la que desataba el caos. Luis se había enamorado de una compañera de su trabajo y a Lucía se le había atravesado un nudo en su garganta y en su camino. Ella no sabía qué sentir, pero era el momento perfecto para enfrentarlos.

     

    Las emociones estaban a flor de piel. Ese lugar del cerebro llamado sistema límbico estaba llegando al máximo de su función y en conexión con el sistema nervioso vegetativo estaban provocando reacciones que luego activarían la producción del llanto. Sin embargo, ese todavía no era el caso de Lucía. No había soltado ni una lágrima, más bien su cabeza estaba llena de rabia, confusión y necesidad de una respuesta.

     

    Los expertos dicen que cada persona tiene su forma de llorar. Unos pueden sollozar, tener espasmos cortos y otros lo pueden hacer de forma silenciosa y tranquila. Cada uno con expresiones y motivos diferentes. Charles Darwin descubrió y clasificó más de cien gestos característicos, y afirma que es una de las “expresiones específicas del hombre”, porque ninguna otra especie ha dado pruebas de poseer este mecanismo. Entonces, quizá Lucía sí lo estaba haciendo, pero a su manera.

    Ilustración: Valentina Marín.

     

    ***

    Tomó un taxi y se demoró más en montarse al carro que en llegar. Preguntó dónde estaba la oficina de Claudia. La auxiliar de arquitectura. La de las llamadas. Se dirigió por el pasillo cruzando los demás cubículos en medio de miradas aterradas y expectantes.

     

    —¿Claudia Helena? —preguntó para confirmar que fuera la oficina correcta.

    Ella estaba de espaldas, sacando unas copias y cuando volteó Lucía confirmó que era ella.

    —Vengo para que conversemos —le dijo mirándola a los ojos.

    —No, hablemos afuera, aquí adentro no —le suplicó temblando y con un papel en sus manos.

    —Adentro sí — interrumpió Lucía corriendo una silla Rimax y ubicándola en la entrada—. Yo no tengo nada que esconder. Te pido que sigas con tu camino y no te cruces en el mío.

    —Nosotros ya llevamos un año de relación. Vamos a formar una familia porque él es mío.

     

    Lucía no estaba dispuesta a pelear por sentimientos y mucho menos por un hombre. Su papá siempre le había dicho que su dignidad era lo más importante y ese era el momento de poner en práctica el consejo. Por eso, se retiró y se dirigió a la oficina de él a quien sin pensarlo dos veces le dijo mirándolo fijamente: “los cimientos que alguna vez construí con usted desde que me casé acaban de ser demolidos porque hasta aquí llegamos”. Guardó en su bolso la grabadora y antes de irse él le respondió: “yo necesito organizar mi vida, dame un tiempo para irme de la casa”.

     

    Lucía aceptó la decisión y en el momento preciso que salió de esa oficina sintió que, literalmente, su corazón se había partido en mil pedazos. Según ella, es verdad cuando en las poesías afirman que el alma duele porque recuerda, con la voz entrecortada, que eso fue lo que sintió al ver que el amor de su vida y los sueños juntos se habían desvanecido. Esta vez, las lágrimas de Lucía sí empezaron a correr por sus mejillas sin contenerse.

     

    En su trabajo Topography of tears, Rose Lynn Fisherhat tomó fotos de lágrimas bajo un microscopio de luz y pudo comprobar que todas son diferentes. Si lloramos de risa, de angustia, de dolor, de tristeza o por amor, absolutamente ninguna es igual. Entonces, ¿cómo serían las lágrimas de Lucía bajo el lente de Rose?

     

    Su composición parece simple: 9% sal, proteínas, enzimas y sustancias que contienen nitrógeno. Pero el neurólogo Michael Trimble explica que las lágrimas emocionales tienen mayor contenido proteínico y también detectó que poseen sustancias que ayudan a regular el ánimo y el estrés, como la prolactina, serotonina y adrenalina.

     

    Además, los investigadores definen que existen tres tipos de lágrimas: las basales, que mantienen nuestros ojos limpios; las reflejas, que surgen como reacción a algún componente externo; y las emocionales, que son aquellas vinculadas a los sentimientos, como lo que produce darse cuenta de un engaño.

     

    Las lágrimas son como una película que se extiende sobre el ojo. Si contiene demasiado líquido, se desborda y puede llegar hasta la barbilla. Pero, a veces la vida es tan extraña que existen personas que no pueden hacerlo por más que se rebosen de emoción.

     

    Normalmente, dependiendo del ambiente, se puede evaporar más de un 25% de la lágrima, pero todo vuelve a la normalidad cuando se parpadea de forma continua y completa. En cambio, alguien con síndrome de Sjögren le costaría mucho más producir lágrimas, incluso saliva, y su principal solución es usar lágrimas artificiales de por vida. Ni siquiera con las playlist de Spotify “Rolitas para llorar a las 3 a. m.” o “Música para llorar porque Henry Cavil tiene novia” alguien con esta enfermedad autoinmune podría lograrlo.

     

    Llorar es un acto de bienestar. Diomedes Díaz dijo en una de sus canciones “a mí el llanto no me hace daño”, la diferencia con Lucía es que él sí le rogó a una mujer. Aunque también está Fanny Lu quien dice que “llorar es una locura”, a pesar de que un verso de su canción confiese que se levanta a las seis de la mañana, que un largo día de trabajo la espera y que no tiene ni cinco en la cartera.

     

    ***

    Casi una semana después, Luis llegó de su trabajo. Laura estaba tomando una siesta y Lucía estaba en la habitación. Entró, saludó, descargó sus papeles encima de la mesa y empezó a buscar en el closet una maleta de viaje. No, esto no era el inicio de unas vacaciones familiares. Lucía comenzó a pasarle camisetas, pantalones, corbatas, medias, sueños y decepciones. Él, mientras tanto, organizaba de forma minuciosa el equipaje de un nuevo camino que ya habían decidido.

     

    —¿Qué pasó? —preguntó Laura entredormida, con una muñeca en sus brazos y viendo todo lo que estaba pasando.

    Ambos se miraron y Lucía estaba esperando que él le diera una explicación.

    —Mami, es que yo me voy porque yo no sirvo para estar casado. Yo aquí vivo aburrido.

     

    No necesitó decir ni una palabra más para que Lucía sintiera que le habían dado una punzada en el corazón a su hija de cinco años y también a ella. Ese momento lo describe como el segundo dolor más grande que ella pudo sentir en medio de todo. Lo que aún no sabía es que dentro de ella estaba dándole vida a su segunda hija.

     

    La niña se hizo a un lado de la puerta para evitar detenerlo. Él la abrió, cogió su maleta y le susurró algo al oído. Lucía tragaba en seco para que su hija no la viera llorar. Laura se dejó caer en la puerta luego de que él cerró y sus ojos estaban más brillantes de lo que eran. Su mamá la cogió cargada y ninguna de las dos pudo contenerse.

    Algunas personas lloran “abriendo un paquete de papitas”, como dice Lucía, mientras que a otros les cuesta tanto que deben recurrir a manuales de instrucciones, como el de Julio Cortázar quien deja de lado los motivos, pero recomienda no ingresar en escándalo y hacerlo en tres minutos.

     

    Quizás Julio era uno de esos y tuvo que escribir su propia checklist que incluye pensar en un pato cubierto de hormigas, tener contracciones del rostro y emitir un sonido enérgico para cuando fuera necesario estar en modo llanto. La psicología y él coinciden en que se debe dirigir la imaginación hacia uno mismo, dejar sentir esa opresión en el pecho y fluir. También, S Moda de El País dice que ayuda “ver una película que sabemos nos va a llevar al llanto o escribir sobre nuestras emociones”, aunque Lucía podía sentarse con palomitas a ver su propia historia.

     

    Si existiera un kit del llanto, incluiría lágrimas, mocos y muchos pañuelos de diferentes texturas y patrones. Por ejemplo, uno de ellos tendría grabado el dibujo que hizo Leonardo da Vinci mostrando cómo los ojos se conectaban supuestamente con el cerebro, cuando se creía en la época de los hipocráticos que las lágrimas eran segregadas allí cuando esta parte del cuerpo de entristecía. Otros podrían tener lágrimas negras, que para los presidiarios simbolizan cada uno de los asesinatos cometidos y algunos cuantos un gato de colores en honor a los niños que producen al llorar un sonido parecido al animal solo por la falta de una parte del cromosoma cinco.

     

    Incluso, cualquier emprendedor podría convertir el llanto en una idea más de negocio vendiendo párpados para peces, quienes no hicieron parte del grupo de animales convocado hace 360 millones de años para migrar, convertirse en anfibios y desarrollar un aparato productor de lágrimas basales que les permitiera humedecer sus ojos; o construir un imperio de venta de lágrimas para crear humanos, como creían en el antiguo Egipto y Grecia quienes asociaban el líquido con vida, fertilidad y sinceridad.

     

    Cortázar dijo que un rincón era un buen lugar para llorar. La Basílica de Guadalupe y las escaleras del Metro Auditorio también son unos de los mejores lugares para llorar en México, según sus habitantes. Así como también lo es el Parque de El Retiro y el Huerto de las Monjas en Madrid. Entonces, Waze podría aprovechar e incluir en sus mapas los mejores lugares para llorar en todos los países y facilitarles un poco la vida a las personas, porque llorar no es tarea fácil. Ni siquiera escuchando en la madrugada la música de Sin Bandera.

     

    ***

    Lucía confiesa que nunca ha sido de llorar, prefiere hacerse la fuerte. Ella se crío con una mamá que decía que “los hombres no lloran”, un papá que la consideró la luz de sus ojos por ser la única mujer en la familia y en medio de seis hermanos hombres, que nunca le preguntaron qué le pasaba cuando ella “se quebraba” en esa mesa de la cocina.

     

    Luis también era reservado con sus sentimientos. Él se crío junto a su hermano menor, una mamá muy sensible y un papá amoroso, pero serio. Alguna vez, en esos días cuando apenas se estaban conquistando, le contó a Lucía que muchas veces prefería quedarse en su casa escuchando con audífonos los partidos, en vez de salir a hacer vueltas con sus papás, lo cual lo llevó a ser introvertido y poco comunicativo. Sin embargo, cuando don Enrique, el papá de Lucía, lo aconsejaba sí dejaba caer con facilidad alguna que otra lágrima.

     

    La madre de Boabdil, un sultán de Granada, le dijo “llora como mujer lo que no supiste defender como hombre” porque, según los historiadores, el llanto de los niños varones ha sido más castigado que el de las niñas. Los hombres se han criado para aceptar un rol de cazadores y defensores de la tribu, y los que lloran son estigmatizados y muchas veces se vuelven objeto de burlas y regaños. Tanto así que, un proverbio indio dice “no se debe confiar ni en una mujer que ríe, ni en un hombre que llora”.

     

    Las investigaciones de diferentes oftalmólogos coinciden en que las mujeres lloran 5,3 veces en promedio por mes y los hombres 1,3 veces. De igual manera, Elena Jarrín afirma que la duración del llanto es cuatro veces más corta en los hombres. Lo curioso es que la sociedad y su idea de que llorar es sinónimo de “debilidad” se está negando posibilidades inimaginables, como perder un par de calorías. Así lo confirmó un estudio del St. Paul Ramsey Medical Center que dice que “las hormonas que liberan las lágrimas al llorar por una emoción intensa, como es la ruptura amorosa, reducen los niveles de cortisol, sustancia que favorece la retención de grasa en el cuerpo”.

     

    ***

    El mismo Jesús dijo alguna vez “bendito tú que lloras, porque reirás” y casi como una promesa, así se le cumplió a Lucía. En su cita con el ginecólogo se dio cuenta de que iba a tener otra niña. “Vas a tener que guardar los chulitos de tu otra hija para que se los des a la que viene”, le dijo el doctor para confirmarle la noticia.

     

    Dicen que el llanto de los bebés es crucial para su supervivencia. En un artículo de La Vanguardia dicen que es casi como un “cordón umbilical acústico” y lo que en ese momento se creía en la familia de Lucía era que Valentina sería muy “llorona” por todo lo que tuvo que pasar estando en la barriga de su mamá, pero sucedió todo lo contrario.

     

    Hidemi Yoshida, el hombre que “le enseña a llorar a Japón”, dice que las lágrimas tienen un “increíble poder curativo porque reducen el estrés y hasta alivian el dolor”. Sin embargo, las personas todavía no se creen dueños del as bajo la manga que tienen. De hecho, hasta ahora la ciencia no ha confirmado que un animal pueda hacerlo de la forma en que las personas pueden lograrlo, aunque a veces se hable de las “lágrimas de cocodrilo”.

     

    Por eso, llorar es un arte, tanto así que las verduras, como la cebolla, quieren provocarlo con su mecanismo de defensa llamado factor lacrimógeno. Llorar es resistir, tanto que los gobiernos despliegan armas químicas, como los gases lacrimógenos, y los pueblos siguen al pie de la lucha a pesar del dolor.

     

    Llorar también es celebrar, tanto que en Japón se inventaron el “Ruikatsu”, una “fiesta de sollozos catárticos” que les ayuda a liberarse de estigmas culturales y emociones. Llorar es poder, tanto que las lágrimas de las mujeres que eran contratadas para derramarlas en los velorios de desconocidos, llamadas plañideras, preparaban el paso del difunto al otro mundo, según las creencias romanas y egipcias. Llorar es un don que, aunque la religión cristiana diga que se les concede a unos pocos, todos tenemos la capacidad de “renovar el corazón sin cesar”.

     

    Llorar fue lo que poco a poco le unió de nuevo el corazón a Lucía. Fueron meses de hacerlo en silencio yendo en bus hacia su trabajo, tomando jugo de guayaba del que le hacia su mamá en la comida y antes de dormirse en la noche. Dice que para ella todo lo que pasó no fue nada fácil y con esa idea de que “tenía que ser fuerte” o que “ella era una berraca” mucho menos, porque sentía que no podía dejarse caer. Pero recuerda entre risas cómo hoy es la que hace reír a sus amigas y reconoce que en nuestros ojos se alberga una gran medicina.

     

    Trabajo realizado para el curso Periodismo VI, orientado por la profesora Carolina Calle.

     

     

  • Batalla rosa

    Ahí estaba ella. Impaciente y nerviosa. A punto de romper en llanto. Incapaz de atravesar la puerta del consultorio. Veía a las mujeres de su alrededor desfilar por los pasillos, sin un solo pelo en sus cuerpos, con caras largas y cabizbajas. Todas ellas, seguidas por una enfermera que caminaba con afán, quien indicaba la sala asignada donde pasarían cuatro horas de su día, tumbadas en una silla, mientras un líquido espeso de color naranja neón pasaba por sus venas, arrasando con todo. No quería ser una de ellas. Creía que después de su cirugía todo estaría resuelto.

     

    Verónica Peñaranda Isaza / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Lucía*, de 51 años, es esposa de Francisco* y madre de Natalia*. Se dedica a la arquitectura, más específicamente a las reformas. Es de corta estatura y tez clara. Lleva su cabello liso y negro en un estilo corto y a capas. Sus labios siempre están pintados con colores vibrantes, en su mayoría, los rojos y magentas. Es muy conversadora y extrovertida.

     

    Fue diagnosticada con senos fibroquísticos en su juventud y su madre es sobreviviente del cáncer mamario, por lo que, de manera periódica, se realizaba chequeos.

     

    Comenzó con un dolor en el seno derecho durante dos meses, por lo que decidió ir a realizarse una ecografía para descartar alguna anomalía. Fue sola, pues no esperaba nada nuevo en su diagnóstico. El especialista no tuvo que tardar mucho en decirle que había encontrado un carcinoma mamario ductal infiltrante en su seno izquierdo, irónicamente, el seno contrario al de su dolor.

     

    Según la American Cancer Society, este tipo de cáncer es diagnosticado al 80% de las mujeres que padecen esta patología. “Comienza en las células que revisten un conducto de leche en el seno. A partir de ahí, el cáncer invade la pared del conducto, y crece en los tejidos mamarios cercanos. En este punto puede tener la capacidad de propagarse (hacer metástasis) hacia otras partes del cuerpo a través del sistema linfático y el torrente sanguíneo”.

     

    “Al escuchar esas palabras, a mí se me derrumbó el mundo. En ese momento yo estaba en la etapa más importante de mi profesión. Tenía muchos proyectos, entre ellos, montar una oficina gigante de publicidad. El doctor me dijo que llamara a mi esposo, y habló con él. Salí de la cita y no entendía nada. Francisco me decía que hablara con mi jefe, porque tendría que parar mi trabajo para hacerme todos esos exámenes. Eso fue horrible”.

    Cayó en una grave depresión, hasta llegar al punto de recibir medicación. Su hija, Natalia, tenía 13 años, y lo que más la atormentaba era el pensamiento de no verla crecer.

     

    La psicóloga Estefanía Arango, resalta que, al diagnosticar un cáncer, de cualquier tipo, se disminuye la esperanza de vida, debido que se genera un componente derrotista, lo que acarrea una decadencia física y emocional. “A través de la historia hemos sabido que esta patología disminuye mucho la expectativa de vida y no en vano conocemos la rigurosidad del tratamiento y las consecuencias que pueden traer estos procedimientos, los cuales asustan mucho. Sin duda alguna siempre van a presentarse altibajos emocionales, y tanto la ansiedad como la depresión estarán ahí presentes constantemente”.

     

    ***

    Mientras Lucía vio su mundo caer al ser diagnosticada con un cáncer mamario, Cristina*, lo tomó como un reto más en su vida.

     

    Cristina, de 61 años, es soltera. De mediana estatura y contextura delgada. Su pelo es teñido de un color rojizo con iluminaciones, que contrastan con su piel blanca. Le apasiona la cocina, por lo que, después de ser despedida de su trabajo anterior, decidió empezar su propio negocio de comida internacional desde su casa. Vive sola y entrega toda su fe a la religión católica.

     

    A sus 59 años, se realizó una mamografía de control, donde se halló una calcificación extraña, que posteriormente sería un cáncer. “Cuando me entregaron los exámenes y leí que tenía un cáncer mamario, pensé ¿quién soy yo para que no me dé cáncer? Además, yo miraba a las personas de alrededor que iban recibiendo sus resultados y me cuestionaba, ¿qué tendrán los otros? Pues si tengo cáncer lo tendré muy incipiente, así que no me preocupé mucho”.

    Había sido diagnosticada con un carcinoma mamario ductal infiltrante en el seno izquierdo. “Yo en ningún momento tuve miedo. Siempre estuve tranquila. Yo pensaba que si esa era la manera en la que me iba a morir, pues me iba a morir, y si no era mi momento, pues iba a salir de esa. A mí el cáncer no me generó nada. Lo que sí me tumbó fue cuando me dijeron que debía ser tratada con quimioterapia”.

     

    El tamaño del carcinoma había comenzado en pocos milímetros, pero al cabo de un mes ya había incrementado a 2.5 cm. Era imprescindible que le practicaran una cirugía. La mastectomía radical. “El doctor me dijo que me iba a quitar todo el seno izquierdo, pero yo le dije que me quitara los dos de una vez. No quería volver a entrar a un quirófano en quince días o un mes para que me dijeran que ya se había esparcido a la otra mama, entonces me hice quitar las dos”.

     

    ***

    El artículo escrito por Ruiz de Aguirre y Villanueva Edo, titulado Evolución del Cáncer de Mama a Través de la Historia, expone que la mención de esta patología se remonta a los años 1600, citada por primera vez en el papiro de Edwin Smith, quien describe el tratamiento de los primeros tumores mamarios mediante cauterización (quemaduras) o exéresis (extirpación).

     

    En cuanto a las primeras cirugías de mama, se menciona a Heródoto, historiador griego y escritor, quién relata el mito de las amazonas, mujeres guerreras que se hacían amputar el seno derecho para agudizar su puntería en el manejo de las flechas y el arco. Además, se describe el martirio de la siciliana Santa Agueda, la cual recibió la orden del gobernador romano de Siracusa, de amputar sus senos salvajemente.

     

    Este documento también describe a la medicina grecolatina en relación a la cirugía de mama, desde los Tratados Hipocráticos (escritos médicos atribuidos al padre la medicina contemporánea, Hipócrates, en los siglos V y IV a.c), hasta el siglo I d.c., cuando el filósofo Celso lo menciona en su obra y Leónidas explica la mastectomía relacionada con la cauterización. Posteriormente, surgieron diferentes opiniones acerca del tratamiento para el carcinoma mamario ya que, en primera instancia, Galeano, aseguraba que la amputación del seno era inútil, debido a que el rápido incremento del tumor hacía de la intervención operatoria un método poco efectivo.

     

    La medicina medieval mejora después de los estudios de disección anatómica, plasmados en las pinturas de Leonardo Da Vinci y Jon Stephan de Calcar. Los cirujanos de los siglos XVI y XVII, tales como Vesalio, Ambrose Paré, Cabral, y Miguel de Servet, amplían los conocimientos sobre los tumores en los senos femeninos e identifican que esta enfermedad conlleva una mayor dificultad quirúrgica.

     

    Se conciben nuevos instrumentos como los descritos por Van Hilden y Gerard Taber, a modo de guillotinas que seccionan las mamas tumorales, con el objetivo de reducir el dolor y el tiempo de la operación. Más adelante se identifica que la extirpación del tumor debe ser total, además de la extracción del pectoral o tejidos de alrededor. Petit, es el primer cirujano en plantear la mastectomía radical y la conservación del pezón.

     

    En el último tercio del siglo VXIII se descubre el microscopio por Anton Leeuwenhoek, el cual despliega un mayor conocimiento sobre los tumores cancerígenos en los senos femeninos reconociendo que el diagnóstico temprano garantiza un mejor progreso.

     

    Charles Moore, fue uno de los cirujanos más destacados en tumores mamarios, quien concluyó que el cáncer de seno requería una extirpación completa del órgano, además de la limpieza de los bordes y los tejidos cercanos afectados.

     

    Además, Ruiz de Aguirre y Villanueva Edo, explican que, Joseph Lister, apoyado en los descubrimientos de Pasteur, sobre las infecciones quirúrgicas, ayudarán a nuevas prácticas antisépticas y asépticas, lo que dará como resultado una disminución de las muertes postoperatorias inmediatas y la implementación de nuevas maneras de exéresis.

    Los nuevos cirujanos comienzan a experimentan nuevas técnicas y variaciones relacionados con sus experiencias personales, técnicas que se resumen en: “Mastectomía radical de Halsted, Mastectomía modificada de Patey, Mastectomía suprarradical de Dahl-Ivern, Mastectomía simple y Mastectomía subcutánea”.

     

    A finales del siglo XIX, con el hallazgo de las hormonas, se pensó que el cáncer de mama podría ser causado por un desequilibrio hormonal, por lo cual, se podría evitar con una adecuada terapia. Algunos de los tratamientos que se implementaron fueron la testosterona, la ooforectomía (remoción de los ovarios) o la cortisona, los cuales dieron resultados poco alentadores.

     

    En 1895 con el descubrimiento de los rayos X realizado por Wihelm Röntgen, Marie y Pierre Curie, se inicia la terapia radioactiva contra los tumores mamarios cancerosos. “Así se usaron la introducción de agujas radioactivas en el tejido canceroso, la irradiación intersticial, las técnicas de alto voltaje y otras, que han llegado hasta nuestros días”.

     

    Por último, se menciona a los compuestos de arsénico que se usaron como quimioterapia a finales del siglo XIX, y en la actualidad, tratamientos con mostazas nitrogenadas.

     

    Los autores finalizan exponiendo que “en el inicio del siglo XXI el tratamiento del cáncer del seno femenino, conocido mediante un diagnóstico precoz y fruto de un estudio preventivo, se basa en un trípode equilibrado: Cirugía, radioterapia y quimioterapia, que un equipo de cirujanos, radioterapeutas y oncólogos deberá determinar, según el estudio protocolizado de cada paciente”.

    Cortesía: Mariarosa Velásquez.

     

    ***

    Quince días después del diagnóstico de Lucía, le practicarían una cirugía para la extirpación del cáncer. Su médico le sugirió realizarse una cuadrantectomía, es decir, únicamente someterse a la extracción del tumor mamario, pero Lucía insistía en que quería una mastectomía radical, lo que significa, la extracción completa de sus senos.

     

    “El especialista me decía que no me quitara todo el seno, que perdería toda la sensibilidad y que podría ver afectada mi relación de pareja. Sin embargo, yo estaba muy convencida de que me quitaran los senos completamente. Él insistía. Finalmente, Francisco me dijo que él prefería una mamá para Natalia que un seno en la cama. Esta enfermedad o une a las parejas o las separa definitivamente, pero en mi caso, mejoró mi matrimonio. Es que este cáncer no solo me dio a mí, sino que nos dio a los tres. Francisco sacrificó una parte muy importante de mí, y a mi hija la molestaban en el colegio porque le decían que la enfermedad de su mamá era contagiosa”.

     

    ***

    El Dr. Jaime Alberto Restrepo Pérez, egresado de la Universidad Nacional de Colombia, es un reconocido especialista en cirugía plástica, estética y reconstructiva en la ciudad de Medellín, que labora en la Clínica Medellín de El Poblado. Así como lo expone, es fundamental el acompañamiento a las pacientes por parte de sus parejas.

    “La mayoría de las veces, las parejas acompañan en este proceso a las pacientes lo cual es muy importante, ya que los procedimientos reconstructivos son grandes y algunas veces dolorosos. Por eso es importante la participación de ellos. Y aunque no son en últimas los que definen el tipo de cirugía o el tamaño del implante, cuando la paciente intervenida sabe que cuenta con ellos, es un paso significativo que ayuda en su proceso de recuperación”.

     

    Además, el Dr. Jaime Alberto Restrepo opina que las perspectivas de las pacientes que van a ser intervenidas con una mastectomía, en su mayoría, son positivas. Sin embargo, puede generar ansiedad por el resultado final.

     

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    A diferencia de Lucía, el testimonio de Georgina Argüelles, presentado por la W Radio en el 2020, titulado El testimonio de Georgina: ella superó el cáncer de mama y un divorcio, demuestra lo que viven muchas mujeres al ser diagnosticadas con un cáncer de seno y someterse a una mastectomía radical.

     

    “Joven, alta, delgada, ojos color miel. Su paso por los pasillos del hospital no es indiferente. Georgina Argüelles es sin duda, una mujer atractiva. Pero le falta un seno”.

     

    La primera reacción que tuvo al saber que tenía cáncer de seno fue pensar en la muerte, puesto que había tenido dos familiares que habían fallecido por la misma causa. Ella decía “yo no me quiero morir, no me quiero morir”.

    Llevaba casada con su pareja sentimental 18 años. “Cuando él supo, me decía, ´yo voy a estar contigo, no te preocupes´… pero se fueron dando situaciones y sentí que más que apoyo de él, era un estorbo, porque me decía: ‘así como estás nadie te va a querer’”.

     

    Los primeros tres meses continuó a su lado, pero Georgina notaba fastidio por parte de él. Para su tercera quimioterapia, le pidió que no la acompañara más, porque en lugar de subirle sus ánimos, la hacía sentir mal.

    Georgina explica que su esposo pensaba que ella se iba a morir, pues no pudo superar la impresión del diagnóstico.

     

    Ella misma decidió separar los caminos, pues sentía que, si se quedaba con ese hombre, ella moriría. Además, puntualiza que se sentía herida, abandonada y lastimada. “Cómo es posible que cualquier pretexto fue fácil para decir ahí nos vemos, en lugar de que luchara conmigo”.

     

    Las cosas que él le dijo en esos momentos la afectaron mucho, “aunque él me diga que no lo decía con esa intención, para mí, en el momento en que yo estaba más vulnerable en mi vida, hasta el día de hoy, las sigue trayendo en mi cabeza”. Finalmente concluye diciendo que su separación ha sido complicada, pero no ha dejado que esta situación la domine.

     

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    Si bien Lucía no vio sacrificado su matrimonio, ella describe que sus amistades han tenido un cambio radical después de su cáncer en cuanto a la ausencia y el poco apoyo. “Las relaciones amistosas se afectaron totalmente. Los amigos se cuentan dos veces: en las buenas se saben cuántos son, y en las malas se saben cuántos quedan. Yo era la más amiguera, y después de todo esto, mis amigos se cuentan con los dedos de una sola mano”.

     

    Bibiana Vergara, asistente administrativa de la fundación Fundayama, ubicada en Medellín, puntualiza que la ayuda psicológica relacionada en temas de familia, relaciones sociales y de pareja son indispensables, por lo cual, son programas importantes en la fundación. “Uno de los factores más relevantes de la baja autoestima en las mujeres, y por la que buscan ayuda, es la caída del cabello y la mastectomía radical. Los esposos las rechazan porque se ven calvas, además de que la mama, después de la reconstrucción, no queda estética, pues queda con una apariencia diferente, por lo que afecta las relaciones de pareja”.

     

    Para la psicóloga Estefanía Arango, el acompañamiento psicológico asertivo es indispensable para las parejas, pues es el cáncer un gran detonante para la separación de compañeros sentimentales. “Si no se contribuye a generar esas buenas expectativas con su pareja, puede acarrear esa inconsistencia, pues la mujer que padece el cáncer se sentirá insegura, vacía y ausente, y creerá que no le podrá suplir al otro con lo que a ella le falta”.

     

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    La cirugía de Lucía fue exitosa. Estaba totalmente convencida de que su intervención quirúrgica sería suficiente para extirpar el cáncer, pues ya le habían quitado su seno completo.

     

    “Después de recuperarme de la operación, me dijeron que fuera donde el oncólogo. Uy no, ese día sí tuve un choque. A mí me dio una cosa, lo más horrible. Yo no era capaz de pasar esa puerta del consultorio. No era capaz de entrar. Yo lloraba y empecé a ver toda la gente sin pelo, y yo decía, ¡pero yo qué estoy haciendo acá dónde un oncólogo que me va a hacer una quimioterapia! Me dio un ataque de pánico tenaz. Y uno siempre conserva la esperanza de que no se le va a caer el pelo”.

     

    Le formularon la quimioterapia adyuvante, -más conocida como la quimioterapia roja, que se destaca por su agresividad en el cuerpo-, durante 6 meses, con dosis cada 28 días.

     

    “¿Lo más duro de la quimioterapia? Uy no, lo síntomas. Fueron mortales. Me derrumbaban. La pastilla que me daban me mataba. Yo prácticamente duraba 21 días muerta, tirada en un sofá. El día 21 me aliviaba, esos siete días comía bien, hasta el día 28, y volvía y me moría. Yo me perdí a Natalia seis meses. Enflaquecí mucho, porque solo me tomaba tres cucharadas de sopa en todo el día. Siempre tenía náuseas y esa sensación era muy maluca”.

     

    Para Lucía, lo más difícil de tener cáncer de seno es el miedo a morir. “Yo le decía a mi mamá que no quería otra quimio más. Que no iba a aguantar. Ella me decía, Lucía, piense en algo, para que puedas resistir”. Ella solo quería ver a su hija cumplir 15 años y lo describe como su mayor motivación, que la ayudó a sobrellevar el tratamiento.

     

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    La Organización Panamericana de la Salud (OPS) expone que el descubrimiento de la quimioterapia fue una casualidad, puesto que fue un hallazgo del gas mostaza utilizado durante la primera guerra mundial. Antes de este descubrimiento los tratamientos para el cáncer de mama no habían tenido buenos resultados.

     

    “El gas mostaza, también conocido como mostaza azufrada, es un agente de guerra química con efecto vesicante, sintetizado por Frederick Guthrie en 1860”. Fue muy usada durante la época, teniendo efectos mortales. “Fue responsable de 1.205.655 víctimas no fatales y 91.198 muertes. La toxicidad de este agente varía en función de la dosis”.

     

    Los efectos pueden variar, desde irritación en la piel y conjuntivitis, hasta síntomas graves pulmonares. Las secuelas que puede generar este gas pueden ser alopecia, vómitos y vulnerabilidad a infecciones.

     

    “Estas manifestaciones resultan del efecto alquilante del veneno que daña el ADN (un componente vital de las células en el cuerpo), se reduce la formación de los glóbulos sanguíneos (aplasia medular) y se presenta disminución anormal de los eritrocitos, leucocitos y trombocitos (pancitopenia). La médula ósea y el tubo digestivo eran las partes más afectadas por la exposición crónica a este gas. No obstante, el aterrador uso del gas mostaza durante la Primera Guerra Mundial tuvo un aspecto positivo: el descubrimiento del primer agente quimioterapéutico moderno que se fundamentó en el seguimiento de los sobrevivientes expuestos al gas mostaza”.

     

    En 1919, el doctor Edward Krumbhaar, describió los efectos del gas mostaza en la médula ósea y los glóbulos sanguíneos, posterior a haber tratado pacientes expuestos a este químico en Francia. “Se dio cuenta de que incluso si el curso clínico inicial de estos pacientes estaba acompañado por un aumento en el número total de leucocitos, aquellos individuos que sobrevivían durante varios días desarrollaban una disminución profunda de los glóbulos sanguíneos”.

     

    La oficina de investigación científica y desarrollo en los Estados Unidos (OSRD) pagó una investigación secreta acerca de los químicos utilizados durante la Segunda Guerra mundial que se realizó en la Universidad de Yale.

    Lo que realmente inició la era de la quimioterapia anticancerígena fue un accidente que sucedió en la Segunda Guerra mundial debido a que “cientos de habitantes fueron expuestos accidentalmente al gas mostaza durante el bombardeo de la ciudad italiana de Bari el 2 de diciembre de 1943. El primer estudio clínico con uso de gas mostaza fue llevado a cabo por Louis Goodman y Alfred Gilman en 1942”.

     

    Los resultados se publicaron en 1946 y se comenzaron nuevos estudios sobre las mostazas nitrogenadas, que dieron paso a los primeros agentes alquilantes como la mecloretamina.

     

    “Esto motivó otras investigaciones relativas al cáncer, como el estudio sobre el ácido fólico que dio origen al metotrexato. Estos acontecimientos cambiaron la percepción del tratamiento contra el cáncer. A finales de la década de 1960, con la introducción de la quimioterapia combinada como el protocolo MOMP (mecloretamina, vincristina, metotrexato y prednisona) más y más pacientes con cáncer lograron la remisión, lo que permitió concebir esta enfermedad como una enfermedad curable, en particular para los linfomas y las leucemias”.

     

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    La autoestima y la feminidad se ven afectadas con el tratamiento del cáncer de mama. En el caso de Lucía, con la quimioterapia se le cayeron las cejas, las pestañas y todo el pelo. “A mí lo que más me dolió no fue la caída del cabello sino perder las cejas, porque yo tenía una peluca hermosa que me regalaron mi esposo y mi mamá. Cuando uno se ve sin cejas no se reconoce porque pierde toda la fisionomía. Al no tener cejas, ni pestañas, ni pelo, me daba mucho trabajo mirarme al espejo”.

     

    Cuenta que cuando ella era joven lo que más le gustaba era su escote “porque yo era pecosita y mis senos eran hermosos, me fascinaban. Ya con el cáncer quedé sin escote”. Dice que se hizo la reconstrucción de sus senos asegurando de que es una parte fundamental de ser mujer. “Las prótesis lo hacen olvidar a uno de que está mutilado”.

     

    El Dr. Jaime Alberto Restrepo describe que la primera impresión de una mujer cuando se le diagnostica que tiene cáncer de mama, además de su condición de salud, es que va a quedar mutilada. “Por eso, en cuanto se entera de que existen posibilidades de reconstrucción, se logra amortiguar el impacto, además de que la ayuda en su proceso de recuperación, pues facilita a recobrar su feminidad y su autoconfianza. Es por eso que los procedimientos reconstructivos se hacen en el momento de la mastectomía: para que la sensación de pérdida anatómica no sea tan impactante”.

     

    Además, la psicóloga Estefanía Restrepo recalca que la relación de las mujeres con su feminidad es bastante importante “porque cuando hablamos de mutilación, estamos hablando de una ausencia de algo, de lo que los senos representan para una mujer”. Expone que las mujeres relacionan sus mamas con la seguridad en sí mismas, las relaciones con su pareja y la maternidad, y al sentir esa ausencia, se sienten incompletas, que no sirven para concebir y no son lo suficientemente buenas para una relación de pareja, lo cual causa disminuciones en la autoestima y la concepción de feminidad propia.

     

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    Si bien la quimioterapia disminuye la autoestima en gran medida por la pérdida del cabello y demás efectos secundarios, está claro que el simple hecho de ser diagnosticada con cáncer de seno y ser intervenida quirúrgicamente también puede afectar, como es el caso de Patricia, quien no fue tratada con quimioterapia, pero que también sufrió con su amor propio.

     

    Patricia*, de 57 años, es bacterióloga y docente de la Universidad de Antioquia. Está casada con Rodrigo*, salubrista y también docente de la misma universidad y es madre de Tomás* y Sara*. Es de contextura delgada y mediana estatura. Su pelo liso llega hasta sus hombros, de un color café oscuro. Es una mujer bastante natural, por lo que utiliza muy poco maquillaje. Es bastante conversadora y amigable.

     

    En el 2014 optó por cambiar de ginecóloga, quien decidió hacerle un chequeo general, entre ellos una mamografía. Ante la sospecha de una lesión maligna, le prescribió una biopsia que reportó un carcinoma intraductal in situ retroareolar en el seno derecho.

     

    “Al enterarme quedé en shock, no sabía qué me podía pasar. La doctora fue muy dura conmigo al contarme que tenía cáncer, entonces lloré todo el camino del consultorio a la casa”. Debían practicarle una mastectomía radical para la extirpación total del su seno. “Estaba muy preocupada porque como mi cáncer era en la areola, era demasiado probable que quedara sin pezón”.

     

    Después de su cirugía, comenzó a experimentar inseguridades debido a que se sentía asimétrica, pues un seno era un implante y el otro era natural. Además, sufrió una desviación del mismo, por lo que tuvieron que practicarle una segunda operación para su reacomodación. “En ese momento que tenía el implante desviado, yo solo me ponía camisas anchas y nunca me ponía un escote porque eso se veía muy raro”.

     

    Después de su segunda operación, y con el miedo de un segundo desviamiento, decidió dejar de mover su brazo derecho durante su recuperación, lo que causó una adhesión del manguito rotador.

     

    Esto también le preocupaba, pues le era imposible alzar su brazo derecho, lo cual le imposibilitaba la realización de múltiples acciones, incluso ponerse un brasier. Con la ayuda de fisioterapia tres veces al día logró ir recuperando su brazo derecho. “Cuando me recuperé, tardé mucho en comenzar a utilizar escotes otra vez, porque sí sentía que era bastante notorio la diferencia de las mamas”.

     

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    Así como lo expresa Bibiana Vergara, la fundación Fundayama tiene un enfoque en problemas de autoestima, para lo cual se realizan tanto talleres como consultas personalizadas con profesionales. Además, hacen diversas campañas para la donación del cabello, con el fin de confeccionar pelucas que puedan brindarles a las mujeres de la fundación con dificultades económicas para comprarlas.

     

    “La pérdida del cabello es un tema demasiado complejo para las pacientes, pues al perderlo de un momento a otro, mediante un proceso que ellas no eligieron, sino que les toca aceptar, es bastante complejo. Estas mujeres tienen que afrontar su vida en su círculo social, familiar y laboral, y su autoestima se baja demasiado, por lo que buscamos que recuperen la confianza y cambien el chip que tienen sobre el cáncer”.

     

    Bibiana expresa que cuando las mujeres recién llegan a la fundación, tienen en la cabeza que se van a morir. Es por esto que realizan terapias ocupacionales con las pacientes de cáncer de mama, para que entre ellas se ayuden a recuperar su esperanza de vida y su amor propio. Además, se hacen diversos tipos de talleres como cursos de automaquillaje, arteterapia, yoga, costura, entre otros, con el fin de distraer a las mujeres de su enfermedad y que poco a poco recuperen su autoestima.

     

    Estefanía Arango puntualiza que las consecuencias psicológicas del cáncer de seno comienzan desde la afectación de lo físico y lo social. Todo lo que concierne a impedir mostrarse y sentir que le falta feminidad, acarrea problemas de autoestima, lo cual puede causar problemas psicológicos como depresión severa, ansiedad generalizada, incertidumbre y trastornos de pánico. Todo esto, debido a que se desdibuja esa percepción de la feminidad socialmente aceptada.

     

    Además, explica que es muy importante la apariencia externa porque “nos hemos criado en un contexto muy patriarcal y ese ideal de la mujer femenina debe tener ciertas características físicas para que sea totalmente aceptada”.

     

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    La medicación después del cáncer de seno con inhibidores hormonales como el Tamoxifeno, es un procedimiento bastante fuerte para las mujeres debido a que tiene diversos efectos secundarios como la menopausia temprana, fatigas, entre otros.

     

    “Me dan unas cosas tan horribles. Calambres, mialgias y perdí mucho la visión. Además, me da mucha resequedad, no lubrico bien y perdí toda la sensibilidad en los senos”, expone Lucía.

     

    Asimismo, los hábitos posteriores al tratamiento del cáncer de seno también cambian, pues como explica Lucía, su alimentación es totalmente diferente, enfocándose en alimentos limpios y naturales. También, dice que el aspecto mental es fundamental, por lo que empezó a meditar, “y también hablo con mi cuerpo y mis células para no atraer la enfermedad”.

     

    En la actualidad describe su cuerpo como “después de la guerra”. Dice que tiene cicatrices que le recuerdan todos los días lo que vivió, por ejemplo, su cicatriz al lado de la clavícula del catéter de la quimioterapia y sus cicatrices en los senos.

     

    Del mismo modo, recalca que después de superar el cáncer su autoestima mejoró. “Uno ya se valora más, y trato de enseñarle eso a las personas de mi alrededor. Les enseño a que se cuiden y se hagan el autoexamen y la mamografía.

     

    “En definitiva, esta enfermedad o te vuelve una familia unida, o te la acaba por completo”, concluye Lucía.

     

    *Los nombres de las personas participantes en este reportaje fueron cambiados para proteger su privacidad.

     

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    Trabajo realizado para el curso Periodismo IV, orientado por el profesor Ramón Pineda.

     

     

  • Medellín con sazón extranjera

    Cinco personas, cinco restaurantes, cinco historias de migración diferentes reunidas en Medellín para narrar a través de sus platos y pasión por la cocina el testimonio de una experiencia de tradición de un país.

     

    Medellín es una ciudad de migraciones y, cada vez más, de migrantes. Este especial multimedia recoge historias, lugares y sabores que hablan de esos viajes, del intercambio de culturas que se puede saborear en muchos lugares Del Valle de Aburrá.

     

    Manuela Echeverri Jaramillo, Catalina Tello Guarín y Juanita Zapata Zuluaga / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Clic en la imagen para navegar el especial multimedia:

    Trabajo realizado en el curso Núcleo II (Narrativas) y sus laboratorios, orientados por los profesores Ana María López, Daniel Santiago Cortés y Joaquín Gómez Meneses.

     

     

  • Mi otro yo: la cultura Drag en Medellín

    “Somos seres humanos y hacemos arte para sobrevivir en una ciudad como Medellín y en un país como Colombia”.

    Juan Camilo Hoyos, activista de los derechos LGTBIQ+

     

    Sara López (sara.lopezs@upb.edu.co), Isabella García (isabella.garciap@upb.edu.co) y Estefanía Restrepo (estefania.restrepoa@upb.edu.co)

     

    Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, rosado, son las luces que se alzan sobre la Vía Primavera cerca al Parque Lleras de Medellín, iluminando la entrada a un lugar que promete fantasía y en donde las personas pueden expresarse libremente sin sentirse juzgadas.

     

    Tras subir las coloridas escaleras, da la bienvenida una pintura en la que, sobre un fondo de animal print rosado con morado, se dibuja un arcoíris saliendo de unas piernas con tacones rojos y medias de malla, sobre estas el nombre “Chiquita” un café bar inigualable, icono de la cultura Drag en Medellín.

    Terraza Bar Chiquita, 27 de enero de 2021, foto tomada de: https://www.instagram.com/p/CKkS3ycDmWN/

     

    Llama la atención desde la entrada, el techo en mirella dorada, las paredes cubiertas en estampados de leopardo y decoradas con estatuas poco convencionales de perras, cebras, zorras y cisnes en ropa interior dentro de corazones gigantes y brillantes. Peluche, más brillo y animal print recubriendo cada centímetro del bar. Al fondo, la tarima dispuesta para las mágicas drag queens, encargadas de hacer realidad la fantasía con sus shows, talentos, vestuarios y maquillajes.

     

    Siendo las seis de la tarde de un jueves se comienzan a preparar para darle inicio al show en Bar Chiquita; empezando por cubrirse las cejas para dibujar unas nuevas, seguir con el maquillaje del rostro y luego volver a los ojos para agregarles color y drama. Escoger el vestuario, que muchas veces es diseñado y confeccionado por ellas mismas, añadir accesorios y ponerse los tacones, unos stilettos de entre unos 10 y 12 centímetros, es parte de su proceso en el que todo cambia: el rostro, la voz y la expresión corporal. El resultado: más poder y confianza en sí mismas.

     

    El presentador de la noche sube al escenario y comienza el show.

     

    —Buenas noches para todos, todas y todes, bienvenidos a una noche más de fantasía en Bar Chiquita, el día de hoy contaremos con la presencia de tres maravillosas Drag Queens. Para empezar, con ustedes Gretha White interpretando “Welcome to Burlesque”, de Cher.

     

    Baja Gretha por la escalera en espiral, los reflectores la siguen, comienza a dramatizar la canción. Sus movimientos reflejan poder, drama, seguridad. Sus labios, al son perfecto de la letra, crean la ilusión de que Gretha es ahora Cher.

     

    Show a little more

    Show a little less

    Add a little smoke

    Welcome to Burlesque…

     

    Para Walter, comenzar a ser Gretha surgió como un accidente hace tres años y cuatro meses atrás, pues iba a una fiesta de Halloween en Chiquita, para la que se quería hacer drag, pero la forma en que la gente la recibió fue tan exitosa que no pudo dejar de hacerlo y así este pequeño accidente le permitió descubrir su esencia, se convirtió en el marica que siempre quiso ser, rompió esos estereotipos que tenía en la cabeza y logró ver el mundo mucho más grande de lo que es.

     

    En este punto de su carrera, ver a Gretha es una gran inversión, su tarifa está entre 350 mil a un millón de pesos. Ser drag se ha convertido en su principal fuente de ingreso, pero no todo es fantasía de colores y diversión. Para ser reconocida como lo es hoy ha tenido que destinar esfuerzo, tiempo y dinero. Sobre todo, este último. Ser drag es algo costoso: una peluca vale cerca de cien mil pesos o unos zapatos valen como mínimo cincuenta mil. En la vestimenta se puede gastar más de ciento cincuenta mil pesos en los materiales, aunque como es diseñador de modas, él mismo los crea por completo, y en maquillaje ha gastado cerca de seiscientos mil pesos. Además, estar trepada no solo cuesta en plata, sino también esfuerzo físico.

     

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    La palabra DRAG viene del acrónimo Dressed  As  Girl y  Queen  viene de reina, en inglés. Es un acto artístico performático, donde los personajes son creados y  representados de manera exagerada.

     

    Históricamente, ha existido  el drag queen, el origen de este arte está vinculado con espectáculos satíricos de la época victoriana,  burlesque, en la que drag  (arrastrar en inglés) hacía referencia a las faldas y vestidos largos que usaban los actores masculinos, en épocas en que las mujeres no podían desarrollar diversos roles en la sociedad debido a la cultura patriarcal, por lo que hombres hacían los papeles masculinos y femeninos en las obras de teatro.

     

    Juan Camilo Hoyos Muñoz ha sido activista de los derechos LGTBIQ+ por más de nueve años, es artista drag queen, locutor, estudiante de comunicación social y periodismo en la Universidad Uniminuto y trabajador del proyecto de salud en atención para pacientes con VIH, tuberculosis y COVID para la ciudad de Medellín y el Área Metropolitana. Él cuenta y aclara no solo términos, sino también la transición histórica de la cultura drag.

     

    “Los drag queen son una movilización social y política en una expresión un poco más extravagantes, existe desde 1850, cuando los hombres personificaban a las mujeres, ya que las mujeres no podían entrar al teatro, ni pisar las tablas del teatro, por ello entre los hombres las personificaban. El drag permite no hacer una burla por la mujer, si no permite que se llegue al lado social de cualquier comunidad, a cualquier territorio y sobre todo, siempre que se respete esa lucha por toda nuestra sigla poblacional (sic)”.

    Juan Camilo Hoyos en el paro contra la reforma tributaria de Colombia 2021, foto tomada de https://www.instagram.com/p/CO4TLwOF8ND/

     

    Poco o nada tiene que ver con la identidad de género o sexualidad  de una persona, puede ser un hombre heterosexual, homosexual, bisexual. Su objetivo va más allá, busca generar un impacto social, cultural, educativo y enviar un mensaje de diversidad.

     

    En la personificación femenina, el maquillaje no lo es todo, la actitud y los gestos faciales y corporales no se logran de la noche a la mañana, nadie más que ellos saben lo que significa subirse a un escenario, dar un espectáculo transformados completamente y la gloria momentánea de ser visto o admirado. Pero al final de estas transformaciones ¿un drag se siente hombre o mujer? La psicóloga Diana María Osorio, experta en psicología de género asegura: “La sexualidad de un drag queen sobre el escenario es icónica, casi igual que un travesti puede presentarse una expresión de transexualidad que se manifiesta a través del disfraz. Un drag queen puede ser un hombre homosexual, bisexual o heterosexual, que simplemente crea y se expresa a través de un personaje que presenta ante la sociedad.”

     

    Además, Hoyos Muñoz hace un preciso énfasis en que “Un drag se trasviste, sí, porque se transforma para llegar a ese personaje, más no quiere decir que soy gay, lesbiana o travesti…Desde el lado propositivo, es superimportante porque los niños, las niñas, se sorprenden; los jóvenes, los adolescentes, los papás, las mamás, el adulto mayor, gente y personas que reconocen que realmente nosotros estamos haciendo un sinfín de cambios sociales a la transformación desde la educación, esa misma pedagogía del amor y esa misma pedagogía con la empatía social (sic)”.

    La respuesta comunitaria lo positivo del VIH, Juan Camilo Hoyos, foto tomada de https://www.instagram.com/p/CIRoF2dlNRg/

     

    La preparación para  treparse a  su personaje es todo un ritual basado en un proceso creativo  que implica inspiración.  Myth  la encuentra en la comida, en un buen tinto, en un espacio agradable rodeado por sus brochas, música y buena iluminación. Una vez consagra su tiempo a sentirse cómodo,  descarga su imaginación en un papel y crea su próximo  look de drag.  Myth  empezó siendo un personaj e que exageraba sus facetas y sus atributos corporales, pero con el tiempo y la experiencia ha empezado a pulirse. Sus trajes son mandados a hacer para cada ocasión, comprados o intervenidos por él mismo; e  indica que todo su mundo drag  queen  está basado en la recursividad y creatividad.

     

    El 5 de abril del 2018, Mitchael Steven Velásquez despertó en la madrugada  queriendo convertirse en una persona diferente   y transformar su aspecto en alguien totalmente nuevo. Sacó sus brochas de maquillaje y algunos productos para empezar a hacer de su piel un lienzo que lo llevarían a dejar huella en muchos escenarios; y guardó la fecha en lo más profundo de su corazón. Noches después de treparse  por primera vez, decidió crear su personaje  Myth, que es  la simplificación de su nombre, y que en inglés significa mito; encantado con esa definición entendió que estaba en este mundo para impactar vidas. 

     

    —Empecé a hacer parte de la cultura Drag una noche del 2018, le tengo mucho aprecio porque fue una fecha en la que decidí personificar a Myth en mi habitación y poco a poco me fui adentrando en eventualidades de ciudad de las mesas diversas. La primera que me abrió las puertas fue la mesa diversa de la Comuna 4 que me invitó a hacer parte de un show/certamen; lo que me dio ánimo para participar de proyectos hasta ahorita que me he estado manteniendo vigente.

     

    Como él existen muchos otros que transformaron sus vidas al empezar a hacer parte de este mundo. Agattha, burda, exagerada y extravagante, como ella se describe, se caracteriza por desorbitar con su belleza, sus uñas largas, sus voluptuosas partes que sobre salen, enmarcadas por los brillantes y largos trajes que usa al momento de treparse.   Desde muy pequeña vio la luz de la felicidad, gracias al programa RuPaul’s Drag Race, un programa con un formato dinámico en el que sus participantes Drags se enfrentan una serie de desafíos, guiados y aconsejados por RuPaul. Agattha  encontró en este programa un escape para sus momentos de ansiedad y depresión, y cuenta que cambió los antidepresivos por pelucas, tacones y maquillaje. Valora mucho su proceso que  inició  hace más de dos años y que cade vez a nivel estético y artístico perfecciona su personaje.

     

    “Pelucas, tacones, maquillaje, escarcha, colores, es un mundo fantástico, pero también es un mundo en el que se necesita el apoyo de los y las mamás y papás, hermanos, hermanas, familias, colegios, el mundo, para que realmente reconozca el arte en el que existen. Que seamos valorados y valoradas, es importante que se reconozca el arte y aquellos artistas que están detrás de todo este sin fin de cosas importantes porque tenemos una vida, somos seres humanos y hacemos arte para sobrevivir en una ciudad como Medellín y en un país como Colombia”, añadió Juan Camilo.

     

    Cada uno de estos personajes creados ha tenido que pasar por un proceso de aceptación familiar, social e incluso personal. Como lo describe  Myth, nacer como drag en la habitación es fácil, lo difícil es salir y crecer en el mundo real. Para él fue un proceso lleno de amor y aceptación por parte de su familia, porque sus padres ya conocían su orientación sexual y su trabajo artístico en el mundo del teatro.

     

    Sin embargo, no todos cuentan con la fortuna de surgir de manera tan sencilla . Daniel Múnera, quien encarna a  Kholette Sky drag, tuvo que manejar el  shock de su  familia,  e l de su círculo social y el propio,  al verse tan maquillado  frente a l espejo . Daniel hizo un trabajo cauteloso que constó de explicarles a sus papás que no iba a empezar a hacer una transición para convertirse en una chica trans, sino que iba a incursionar en grupos de performances  creadores de  personajes, y afortunadamente, los padres de Daniel adoptaron a  Kholette como otro miembro de su familia, y según explica, se llena de alegría al saber que se puede trepar y destrepar  cómodamente en su casa. 

     

    Ahora, Myth no solo se ha tomado escenarios y ha destacado con sus espectáculos, sino que gracias a la transformación a sus personajes drag que les permite la liberación y el empoderamiento de sus capacidades, lograron que varios performances drags se tomaran las protestas en apoyo al paro nacional.

     

    —En esta fotografía, quise representar una pureza… la marcha pacífica por medio del trepe. Mi performance este día fue caminar y hacer parte de la marcha con todo el respeto del caso, y ver lo bonito del acompañamiento de los demás… Ni siquiera tuvimos que gritar porque para todas las personas que estaban marchando como nosotras, nuestra presencia decía más que mil palabras.

    Myth Drag y sus hermanas drags en el paro contra la reforma tirbutaria de Colombia 2021, foto tomada de https://www.facebook.com/photo?fbid=287437936222151&set=a.127362552229691

     

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    La necesidad de crear un espacio para Drag Queens hizo que, en 2016, Juan Jiménez y su grupo de fundadores crearan Oh My drag, un lugar para que la gente pueda ir a expresarse libremente, disfrutar de este entretenimiento y romper los paradigmas que se tienen de los drags. Estos eventos han tenido una gran acogida por parte del público local, estos buscan reunir a los amantes del Drag y mostrar un espectáculo con artistas locales e internacionales. Sus inicios se remontan al año 2016 en pequeños eventos realizados en Bogotá, que permitieron ganar terreno a nivel local y trasladar el espectáculo a diferentes partes del país. Sus promotores preparan con anticipación los eventos mediante un proceso organizado y priorizan la difusión del evento por medio de las redes sociales.

     

    Antes era extraño ver a un Drag queen de fiesta, las calles de Medellín estaban llenas de susurros sobre los transformistas, quienes individualmente eran más vulnerables a las miradas reprobatorias, de asco, homofobia y confusión.

     

    El 18 de febrero del 2017, la discoteca Alta Gama, ubicada junto al Parque Lleras, estuvo con su aforo al máximo, unas 400 personas permanecieron en la fiesta hasta las cuatro de la mañana. Esa noche hubo una docena de performances que buscaban una cultura drag en la ciudad, fue allí cuando afloró el primer colectivo de cultura drag queen en la capital antioqueña. Una imagen positiva para la ciudad, en donde se vivificaba el ambiente drag.

    Dalphi D’Bones, Bárbara Queen, Jano Von Skorpio, Juli Santa Putricia, Megan Way, Dalila Velvet, Ciara Queen, foto tomada de https://www.instagram.com/culturadragmed/?hl=es-la

     

    “Somos doce discípulos, pero maricas y trepados, brincando de pronombre y género”, así lo define Jano Von Skorpio o Juan Esteban Velásquez, el líder de este colectivo.

     

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    Cada drag tiene un discurso diferente y lo expresa a través de su personaje con un toque de humor y sarcasmo, pero ante la sociedad todos los discursos son los mismos: la libre expresión y ser fuente de inspiración.

     

    Este  movimiento  tiene muchos aspectos desde los cuales se promueven  unos  valores  en específico, en el caso de Juan Camilo  por una situación en particular:

     

    —Yo promuevo la cultura drag desde el respeto, desde la pedagogía del amor, desde el impacto de la resiliencia, y hago esto es porque cuando tenía catorce años me dieron un disparo por ser homosexual y por hoy llevar el color o los colores de mi bandera. El orgullo del arte por mi población permite que se genere un movimiento de conciencia social y política en revolución, pero una revolución pacífica.

     

    Y a lo anterior se suma que palabra empoderamiento es el lazo que une esta cultura diversa  y llena de  conocimiento, incluso se asocia la palabra puta como una de las más significativas valiosas e importantes,  tanto como para saber que para ser drag  queen no se necesita más que un por qué y un para qué que te catapulte a la cima. 

     

    —La palabra empoderamiento es tener la valentía, como digo yo en muchas de mis presentaciones, que vivo en las putas porque es que puta no es una palabra que tendría que ser peyorativa, la palabra puta es valiente que se enfrenta, que se empodera a ese mismo rechazo. Nadie tiene que tener unas características como tal para ser drag, todos y todas pueden ser drag queen desde el arte de la expresión social, sólo que para llegar a ser un drag queen tenemos que tener ese por qué y el para qué de estar en el mundo desde esa misma extravagancia, de esa misma personificación para poder impactar al mundo y dar sí o sí una lucha de más de cincuenta años por el movimiento histórico mundial de lo que somos como lesbianas, gays, bisexuales, trans, inter y queen.

     

    Las personas pertenecientes al arte drag queen han roto estereotipos impuestos por las sociedades alrededor del mundo. Este nuevo lenguaje empleado por ellos busca lograr el reconocimiento artístico de las personas que los observan e impulsar a todas, incluso las que no pertenecen a su comunidad, a no temer del qué dirán y tener libertad de pensamiento.

     

    Diana María Osorio ha trabajado con hombres que practican el arte drag queen desde hace cinco años y asegura que no solo ella los ha ayudado a sanar, mejorar su autoestima y personalidad, sino que ellos también se han convertido para ella en un apoyo, han llenado su vida de aprendizajes y de nuevas maneras de ver el mundo.

     

    “Estos personajes no solo luchan en contra de su vida cotidiana, los pensamientos conservadores de las personas, la falta de libertad de expresión, etc., sino que luchan también por los de las demás personas, inspiran y ayudan a amarse y amar los pensamientos propios. El drag te da resistencia y empoderamiento para afrontar las situaciones, son un apoyo, hasta para mí. He aprendido mucho de mis pacientes y es triste saber que este movimiento surge por situaciones de marginalidad social, discriminación.”, añadió la psicóloga Diana María Osorio.

     

    En pleno siglo XXI, con evoluciones tecnológicas, sociales y humanas es óptimo generar mayor inclusión a aquellos géneros que han sido rechazados y poco escuchados, humanos talentosos y temerarios a perseguir su esencia, por ello se debe visibilizar un mundo que todos deberíamos conocer antes que negar.

     

    Y así, siendo las dos de la mañana, el bar Chiquita comienza a bajar su intensidad, el arcoíris disminuye y la gente comienza a salir de la fantasía que les atrapó la noche, se apaga la música y el hogar de muchos drags cierra sus puertas, para volver con más al día siguiente. Estos drags forman parte de una familia que tiene su hogar en Bar Chiquita, en cada rincón mágico de Medellín y como ellos, muchos drags que quieren luchar por un mundo más colorido y con menos barreras, así, sin dejar de soñar y sin tener que aparentar para encajar.

     

    Trabajo realizado para el curso Periodismo IV, orientado por la profesora Jazmin Santa Álvarez.

     

     

     

     

  • Los protocolos de la muerte

    Antes de atender esa llamada, sabía que la muerte de mi papá me esperaba al otro lado de la línea. Habían pasado 29 días desde el accidente en carretera y 26 desde que se le indujo al coma del que creíamos que iba a salir, que eran los mismos que yo llevaba viviendo en Montería bajo la incertidumbre de si sobreviviese o no.

     

    Helena Botero / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    La tarde anterior el doctor nos comunicó el desesperanzador resultado de los exámenes que anunciaban a una peligrosa infección adquirida en esa camilla de cuidados intensivos debido a la debilidad de su sistema; que sobreviviera habría sido un milagro en muchos sentidos. Después de varias batallas conectado a varios aparatos e intervenciones en distintas zonas de su cuerpo, mi papá “abrazó la muerte”, en palabras que él hubiese usado.

     

    No podía desmoronarme, tenía que darle la noticia a mi hermana menor, quien vive en Boston (Estados Unidos) hace más de un año. Se lo dije yo, por teléfono, mientras ella tomaba un tren a Nueva York. La esperarían aproximadamente 5 horas de asimilar la noticia sola, pero hubiera sido peor que la sorprendiera un pésame de otra persona. Mi mamá, quien llevaba una buena relación con mi papá a pesar de haberse divorciado hacía 20 años, estaba deshecha y me pasó el teléfono cuando la llamó con esa intención.

     

    Cuando digo que mi papá era mi mejor amigo no lo digo porque sea bonito hablar bien de los muertos, sino porque cuando estábamos juntos podíamos ser nosotros mismos, había una complicidad especial que quien nos haya visto juntos, notaría. Siempre se mostró genuino conmigo: me habló de su debilidad por el alcohol, a veces por las mujeres y en el pasado por el juego. Hablábamos del peso de la culpa y del miedo. Me enseñó a respetar el mar y el fuego. Fue honesto conmigo sobre su pavor a los payasos, y no dudó en derramarme sus recuerdos tristes bajo los efectos del aguardiente en más de una ocasión.

     

    Era comerciante y comediante por naturaleza, lo reflejaba cuando en el pago de las matrículas pedía “rebaja” y cuando negociábamos mesadas o citas con mi psicólogo. También era soñador y arriesgado; la mejor prueba de ello son los asuntos pendientes que sus decisiones nos dejaron a mi hermana y a mí.

     

    Vivía su vida al límite. De hecho, tiene sentido que me hubiera recomendado con insistencia el documental Mi maestro el pulpo, de Netflix, curiosamente ganador al Oscar tres días antes de su deceso y al que solo le di una oportunidad cuando su muerte me hizo buscar respuestas.

     

    En este filme, Craig Foster, realizador audiovisual y conservacionista sudafricano, establece una relación muy peculiar con un pulpo al que visita a diario y que le devela sus misterios a través de su comportamiento. Camuflaje, adaptabilidad, peligro y estrategia hubiesen descrito a ese animal y a Alejandro Botero, mi papá, en la misma medida.

     

    El pulpo es un animal solitario, vive en la mira de varios depredadores peligrosos. Es instintivo y sobrevive porque se ve obligado a desarrollar una inteligencia superior a la de sus depredadores y sus víctimas. Su capacidad de camuflaje también lo hace una especie inquietante, y todo lo anterior me lo transmitía, en su medida, la vida llena de experiencias de mi papá. Y su partida repentina.

     

    Sobre todo, la frase: “vive rápido, muere joven”, que aparece casi al final del filme.

     

    ***

     

    Cuando llegué a la sala, para despedirme de su cuerpo, recordé que poco más de un mes antes del accidente hablábamos del suicidio de su hermano mayor, del cual escribí una crónica que nos permitió una última conversación acerca de la muerte, de tantas que tuvimos. Le pregunté cómo sintió la pierna de mi tío cuando la agarró, y la describió “sin vida, como una masa inerte sin vibración, como un pedazo de carne del mercado”, y así sentí yo su brazo cuando lo toqué por encima de la sábana, y su pecho cuando descansé mi cabeza en él por última vez.

     

    Mirando su expresión recordé la serenidad con la que describió la muerte de mi tío, y la comprendí. Le pasé la mano por la cabeza con ternura para aminorar el dolor y supe que así fuera la última vez que tocara su cuerpo, lo iba percibir a él en cada árbol del que me enseñó el nombre y no aprendí, y en cada chiste interno que la cotidianidad me recordaría y que tendría que guardarme.

     

    En la puerta de la habitación nos vigilaba a mi mamá y a mí la psicóloga de la clínica, encargada de darle ánimo a los pacientes de la UCI y, en los casos desafortunados, a los parientes de los fallecidos. Nos repetía que él era un luchador, que había aguantado mucho hasta el final, que ella venía todos los días a darle ánimo.

     

    Después de pedirle a ambas que me dejaran a solas un momento, le recordé a mi papá que estaría bien, porque creo que a las almas hay que soltarlas y porque así se lo prometí en un viaje que hicimos con mi hermanita, curiosamente a la costa y en carretera, dos años antes.

     

    ***

    Aunque él quería que sus cenizas fueran “echadas al aire”, si una muerte lleva algún tipo de responsabilidad penal, el cuerpo no puede incinerarse sin autorización del fiscal. Esto se debe a la posibilidad de que dentro del proceso de investigación sea requerido para aclarar dudas. Y es, por lo general, una autorización muy compleja cuando hay una investigación de por medio. “Debe ser muy clara la causa de la muerte”, indica Gloria Ledy Arboleda, fiscal 108 de Medellín.

     

    “…siempre encontrábamos de qué reírnos, de qué conversar, con qué entretenernos. Tomábamos tinto recalentado y fumábamos juntos mientras conversábamos con algún extraño…”.

    Foto: Cortesía >>

     

    Cuando un accidente de tránsito deja heridos, el proceso fiscal que se abre es el de lesiones personales culposas. Luego, deben ser evaluadas las circunstancias, pues si bien se responsabiliza al conductor, es importante tener en cuenta que hay agravantes cuando, por ejemplo, este conduce bajo los efectos de bebidas alcohólicas, cuando no respeta los límites de velocidad. O si, por el contrario, existiese un agente externo (como un animal que se atravesó en el camino, aceite regado en el suelo, entre otras) el nivel de responsabilidad podría reducirse, como lo explica la fiscal.

     

    El accidente ocurrió en carretera, llegando al municipio de Necoclí, un poco antes de las 5 de la mañana. De allí fueron trasladados a la Clínica de Traumas y Fracturas en Montería, mi papá en un carro particular y el conductor, quien era incapaz de moverse, en ambulancia.

     

    Al principio no parecía ser más que un brazo roto y un dolor en el pecho, luego encontraron las cuatro costillas fracturadas y el pulmón colapsado; a los tres días descubrieron que las anteriores eran todas nimiedades en comparación con el verdadero impacto, que fue el que recibieron sus vísceras que por el trauma mostrarían indicios de necrosis y que demandaría una serie de cirugías delicadas.

     

    El conductor, amigo de mi papá hace muchos años y con quien prestó servicio militar en el pasado, sobrevivió al siniestro y a la cirugía de más de 12 horas que tuvo que soportar debido a múltiples fracturas y una reconstrucción de párpado. Su recuperación viene cargada de duras terapias y mucha paciencia.

     

    ***

    Un día antes del deceso, el socio más cercano de mi papá viajó a Montería. Fue entonces de gran ayuda a la hora de firmar papeles, pedir permisos y llamar a distintas funerarias para averiguar cuáles serían los trámites, pues de repente un cadáver se convierte en una responsabilidad que no da espera. Recordé la muerte de mi tío nuevamente, y como mi papá me decía “Ese era mi muerto. No de la esposa, los hijos o la mamá”, porque así se sentía haciendo lo que a mí me tocaba esta vez.

     

    En Colombia, el SOAT asegura la muerte y gastos funerarios por 750 salarios mínimos diarios legales vigentes (S.M.D.L.V), que hoy serían 22.713.150 pesos. Puede haber variaciones en los documentos para hacer esta reclamación, pero, por lo general, los requeridos son: Formulario específico de reclamación (FURPEN); epicrisis o historia clínica; Registro Civil de Defunción; certificación de inspección de cadáver de parte de la Fiscalía; Registro Civil de Matrimonio (si estaba casado); registros de nacimiento que demuestren el parentesco de quien reclama y una manifestación de que estas personas son las únicas beneficiarias.

     

    Es un proceso largo y tedioso, sobre todo por los documentos que deben ser solicitados a entidades oficiales y que en ocasiones pueden tomar mucho tiempo. En especial cuando es un proceso que está en la fiscalía de otro municipio y requiere de solicitudes y documentos, me explicó Luis Eduardo Barón, de Medicina Legal de Montería, quien hizo la necropsia y se puso a mi disposición para los trámites con los que pudiera ayudarme.

     

    Decidimos no hacer el pago de los gastos funerarios mediante el SOAT porque este requería documentos que solo podían ser solicitados en Necoclí y que toman varios días. Visitamos dos funerarias antes de tomar como opción a otra distinta que tenía convenio con una en Medellín y en la que haríamos uso de una póliza de mi tía que cubría todos los servicios menos el traslado terrestre. El alma descansa en paz, pero al cuerpo, después de la muerte, le esperan una serie de procesos que para los vivos es exhaustiva.

     

    Luego seguiría “reclamar” el cuerpo en Medicina Legal de Montería con una orden de la Fiscalía para que pudiera llevárselo la funeraria que lo prepararía para el viaje a Medellín. Todo lo anterior con el afán de que volaríamos en la noche y que debíamos salir antes de las cinco para el aeropuerto.

     

    También había que registrar la defunción en notaría, que se hace en la ciudad del deceso; de repente, de alguna manera, le pertenecía esa muerte a una ciudad ajena, para nosotros conocida como un lugar de paso para ir al mar. Parecía irreal estar firmando y solicitando papeles que llevaban el nombre y cédula de mi papá en todas partes, reafirmándome una muerte que yo no había tenido tiempo de sentir y de llorar.

     

    Morir lejos de casa significó acelerar una serie de trámites y diligencias para los que las personas suelen esperar varios días, por el dolor y por el luto. Nosotros, que no queríamos permanecer más tiempo en esa ciudad extraña en la que no teníamos recuerdos felices, corríamos de un lado a otro con una firmeza inexplicable que nos daba el afán, y que nos ayudaba a omitir el verdadero peso de las circunstancias.

     

    Solo en el avión, en el que iba sola, pude llorar con tranquilidad mientras veía por la ventana las luces de una ciudad que había esperado abandonar junto a mi papá, en otras condiciones.

     

    El cadáver llegó a Medellín en coche fúnebre en la madrugada del día siguiente, vestido con una bata blanca que “escogí”, aunque realmente no había opción, pues la ropa con la que viajaba ya había sido enviada a Medellín. Luego supimos que sus fluidos estropearían la prenda en el camino y sería reemplazada por ropa informal puesto que no era un hombre de trajes elegantes y costosos.

     

    Cuando se murió mi tío me habló de los guantes que le pusieron y que nunca hubiera usado en vida, pensé en que quizá él no hubiese querido ser enterrado con ese “vestido”, casi oí su risa cuando me enteré de que le llevarían su ropa informal.

     

    ***

    Los rituales de las funerarias, a raíz del COVID-19 han cambiado notoriamente, también para aquellos que no mueren por esta causa, pues es un peligro real que se manifiesta en el tiempo y la asistencia de estos eventos. Así lo sostiene Isabel Cristina Arango, directora general de la Unidad de Duelo de la Funeraria San Vicente en un video en la página web de la institución.

     

    La situación es aún más compleja para los familiares de quienes mueren debido al coronavirus o de quienes se tenga sospecha que lo padecieron en vida, pues por asuntos de salubridad no es permitido ningún tipo de ritual, que es tan necesario para cerrar ese ciclo adecuadamente.

     

    El toque de queda, como consecuencia del pico del virus, aplazaría la velación de mi papá al lunes y ese día en la mañana se cancelaría porque el cuerpo “no aguantó a tanto” a pesar de hacer todo lo posible, como informó la funeraria Plenitud, que fue la contratada.

     

    En una misa con aforo limitado, en Campos de Paz, poco menos de las 50 personas permitidas honraron su vida y presenciaron el entierro bajo las medidas de bioseguridad entorpecidas por los abrazos y las lágrimas. Otros tantos, desde sus casas, pudieron asistir al evento de forma virtual, en la emisión continua de la página web de Campos de Paz.

     

    Se acompaña con mensajes y llamadas, se abraza con emoticones y se asiste únicamente con invitación y dependiendo de la cercanía con el fallecido.

     

    En medio del duelo hay quien se resiste al consuelo físico por precaución, además, los espacios deben abandonarse con el tiempo medido porque el templo atiende muchas misas seguidas. En la página web hay una trasmisión fija de la iglesia, con un horario y un nombre distinto cada media hora. En especial en ese mes, abril del 2021, que fue el más letal en Antioquia por COVID-19 (2.697 muertes).

     

    También se recortan las conversaciones del final, las que prometen encuentros que no llegan y un apoyo cortés al que nunca se acude. Luego vienen las llamadas de “Disculpa que te moleste”, pero lo hacen; “Sé por lo que estás pasando”, pero lo ignoran y “Es que tu papá me debía…” o “Es que se había comprometido conmigo…”. Y a las responsabilidades de uno se le suman las del difunto y de nuevo hay que dejar lo de estar triste para después.

     

    También aparecen en buena cantidad un montón de promesas, y responsabilidades que quedaron a medio hacer y el “Es que él me prometió”, “Es que él decía que si un día se iba…”. Y de repente la palabra del muerto va por encima de la paz de los vivos. Y aparecen firmas, cartas, mensajes de WhatsApp y deudas con intereses que no dan espera.

     

    ***

    A los bancos a los que se les debe hay que avisarles rápido, algunos solo piden el registro de defunción y la fotocopia de la cédula; otros requieren también el historial clínico y el registro de nacimiento de quien notifica (o un documento que demuestre algún parentesco). La mayoría de las deudas obligan al deudor a adquirir un seguro de vida que cubra el monto en caso de muerte, algunas cuentan con un saldo un poco mayor a favor y unas pocas se valen de los seguros adquiridos.

     

    La sucesión es el proceso por el cual los herederos pueden adquirir lo que por ley les corresponde. Si se hace pronto y sin inconvenientes podría estar lista antes de los seis meses. Pero entre los factores comunes que podrían complicarla está, por ejemplo, el desacuerdo entre las partes herederas. Otro es que los documentos legalmente idóneos (como el registro civil de nacimiento o partidas de bautismo) presenten inconsistencias en los nombres, documentos de identidad, fechas, entre otros. Y, en algunos casos, la aparición de herederos que no se hubieran reconocido. Explica Adriana Jiménez abogada que nos solucionó algunas dudas del proceso de sucesión.

     

    Si el fallecido tenía deudas con el Estado, como por ejemplo multas o impuestos, estas deben estar al día para iniciar los trámites.

     

    Las demás deudas se enlistan y se incluyen en el proceso de la sucesión, así como los muebles e inmuebles. “Es importante que estén debidamente acreditados y las obligaciones deben estar claras, expresas y exigibles”, sostiene la abogada.

     

    Mi papá, en el 2019, decidió tomar un seguro que cubriera todas sus deudas; sin embargo, con la pandemia, dejó de pagar la póliza y este fue cancelado por la compañía. Pienso en él diciéndome “Los hubiera no existen en la historia de la humanidad”, frase que repetía frecuentemente y que aún sirve para darme aliento, en especial en estos momentos.

     

    Hacer vueltas con él nunca era aburrido o tedioso, siempre encontrábamos de qué reírnos, de qué conversar, con qué entretenernos. Tomábamos tinto recalentado y fumábamos juntos mientras conversábamos con algún extraño, almorzábamos frijoles con chicharrón en un taller mecánico al que le gustaba ir. No había monotonía en su cotidianidad, tenía una buena actitud casi todo el tiempo y era una tarea difícil la de hacerlo enojar.

     

    Me recordaba que nunca tendremos la certeza de lo que pasa por la cabeza de los otros cuando en un mal día, quizá, desquiten su rabia con nosotros, por eso escasamente se dejaba provocar. Quizá también porque en su infancia y adolescencia se metió en muchos problemas por hacerlo.

     

    Recuerdo sus enseñanzas cuando debo tratar con todas las personas con las que nos dejó asuntos por resolver, con todos los funcionarios que me han atendido y con mi familia, pues todos tienen opiniones y una forma distinta de sugerir cómo hacerlo todo.

    “De alguna manera, le pertenecía esa muerte a una ciudad ajena,

    para nosotros conocida como un lugar de paso para ir al mar”. Foto: Cortesía.

     

    ***

    Hoy, todavía tenemos asuntos pendientes. Mi hermana hizo un poder en el Consulado de Colombia en Nueva York y mi mamá me ayuda a seguir dándole la noticia a los bancos, a los acreedores, a buscar seguros para pagar la universidad. El socio de mi papá que hizo vueltas con nosotras, mi tía y mi primo también están ahí con nosotras, ayudándonos a llegar a acuerdos, a cumplir lo que mi papá prometió, a cerrar las historias que dejó inconclusas, a buscar la mejor manera de cerrar sus negocios y que podamos volver a dormir con tranquilidad.

     

    “Fui al otro lado y volví”, me dijo la última vez que hablamos por teléfono, un día después del accidente y un día antes de la primera operación que lo induciría al coma del que no saldría, que lo llevaría, efectivamente, al otro lado, y para no volver. Recuerdo que me angustiaba el saber que algo le dolía, no dimensionaba la magnitud real de la situación y aún así me preocupaba. Esa fue la última vez que hablé con él, la última vez que le dije que lo amaba y la última que escuché su voz.

     

    Después de su muerte encontré una carta que me hizo desde Necoclí meses antes, con la atemporalidad de su voz me dio la despedida que necesitaba, y me recordó que iba a estar siempre en mí, y conmigo:

     

    “He” picaresca

    Desde el litoral atlántico te pienso, te escribo, te siento,

    Vuelo contigo con cada pelícano que cruza el cielo,

    Lleno el espacio de la remembranza

    Con tu risa, tu humor, tu amor.

    El mar me trae tu presencia irrevocablemente y es como si nunca nos separamos y como una danza de dos almas que danzan fantasmagóricamente, como si fuésemos padre e hija

    Me alegra evocarte, pensarte como te pienso y saberte tan cerca de mi corazón, es mañé, pero lindo, alguna vez lo vi o escuché en una película: El lado oscuro del corazón › que la muerte decía que el amor es cursi…

    Desde aquí y desde siempre tuyo.

    Trabajo realizado en el curso Periodismo IV, orientado por el profesor Ramón Pineda.

     

  • Cruz y piedad, mirada de otra vida en la ciudad

    A propósito de la conmemoración católica en torno a la Santa Cruz, una serie notas y postales de la religiosidad en el Centro de Medellín, duranta la pasada Semana Santa y en medio de la pandemia.

     

    Por Alejandro Zapata Peña y Karen Bueno Estrada

     

    Las muestras de religiosidad popular en la capital antioqueña se destacan por toda suerte de ritos y representaciones en diferentes celebraciones del calendario católico.

     

    La pasada Semana Santa que se vivió en un Centro más deshabitado de lo usual, las iglesias y parroquias se guardaron las ganas de hacer lo tradicional. Adoptaron prácticas inéditas en lugares para la reconciliación y el encuentro espiritual. Tapabocas iban y venían, geles en cada atrio y carteles de bioseguridad como si fueran las imágenes de un nuevo Jesucristo.

     

    El día de la adoración a la Santa Cruz se une a aquellas jornadas de reflexión católica; está, con la cruz como signo redentor de Cristo sobre la muerte y el pecado. El siguiente es un recorrido gráfico que registra para la posteridad las conmemoraciones de la pasión de Jesús, la religiosidad medellinense en medio de las restricciones por una pandemia sin parangón.

     

    Entre ramos y tapabocas

     

    Dieron las once de la mañana y a la entrada principal de la Catedral Basílica Metropolitana se acercaban varios adultos mayores, algunas mujeres y pocos niños que iban tomando algún que otro ramo que al principio les daban en la entrada. Era un Domingo de Ramos solitario, lejos de alcanzar el aforo que la Arquidiócesis permitió del 35%. Por toda la catedral rodaban cables, cámaras y luces esperando la palabra del arzobispo. En el templo no solo estaban los de carne y hueso, también estaban los que miraban desde lejos, probablemente desde muy lejos.

     

    A la catedral se le sumó una Iglesia San José más poblada, sin un lugar en el cual poder caminar. Un bazar de velones, figuras de Jesús y geles antibacterial con estampillas de la Virgen recibían a la entrada. En medio de lágrimas y penas, la gente alzaba sus manos, su rostro y su máxima expresión de fe se delataba en su cara. El olor a incienso se apoderaba de cada rincón del recinto que data del siglo XIX. Los tapabocas parecían eran como las cruces, estaban por todas partes.

     

    De izquierda a derecha en la galería:

    -A las puertas de la Catedral Basílica Metropolitana varias mujeres entregan el ramo minutos antes de la ceremonia de del Domingo de Ramos.

    -Los feligreses se arrodillan junto a los monumentos en los pasillos de la Iglesia San José, durante el evangelio de Domingo de Ramos a las 12:05 del mediodía.

    -Creyentes escuchando el evangelio del Domingo de Ramos, en medio del distanciamiento físico y la cercanía espiritual.

    -Venta de velones y piezas religiosas en San José al mediodía del Domingo de Ramos.

     

    Cuaresma, tiempo de cambio

     

    Faltaba menos de una hora para las 3 de una tarde nublada que sacaba del letargo a los comerciantes esperanzados en vender algo a los fieles que tomaban un poco de aire y lejitos de la entrada se asentaron antes de la ceremonia que seguía; eran familias recogidas en la oración, ancianos solitarios y usuarios pasajeros de las bancas para descansar de todo.

     

    La espera cesó y la asamblea se levantó al observar al sacerdote recorrer los pasillos del templo mientras los fieles se disponían a recibirlo. Unas cuantas personas se acercaron a él para rozar el manto blanco que llevaba puesto y recibir bendiciones rápidamente. Se dirigió al centro donde unos jóvenes lo esperaban y estando de pie frente al público compartió unas cortas palabras llenas de serenidad, dando la señal para empezar una simple pero solemne procesión.

     

    De izquierda a derecha en la galería:

    -A la 1:56 de la tarde del jueves 1 de abril de 2020 empezó la representación tradicional de la Última Cena en la Iglesia San José. Como discípulos a la mesa, los feligreses ponen el contraste con los celulares y tapabocas, tan propios de estos tiempos.

    -Bendición del Jueves Santo en la Iglesia San José. Las miradas de los fieles siguen la procesión que abrió puntual el inicio del Triduo Pascual

    Estampa de Jesús en el monumento de la Iglesia San José, que ambientaba la espera de los feligreses para recordar la Última Cena.

    -Ya pasadas las 3 de la tarde, fieles y vendedores se esparcían en el atrio de la Iglesia de San José, escuchando a la distancia la ceremonia del Jueves Santo que avanzaba puertas adentro.

     

    Carga con tu cruz y ponte el tapabocas

     

    La Veracruz luce como siempre, como si estuviera detenida en el tiempo, pero ahora recibe a sus creyentes con 3 carteles sobre bioseguridad, un gel antibacterial desapercibido y un sacristán con una botella de alcohol como si fuera el celador contra el virus. A la par, se escucha la oratoria del sacerdote que va en la décimotercera estación del Viacrucis. La pequeña iglesia recibe unas veinte personas, sin contar a los menesterosos a los que tanto les niegan la entrada.

     

    El ambiente era diferente en la Metropolitana. El arzobispo pasaba por cada una de las estaciones alrededor de la catedral. Al paso del clérigo le seguían las cámaras tanto de teléfonos celulares como de televisión, cada lente se esmeraba por conseguir el mejor ángulo para encapsular una de las Semanas Santas más solitarias.

     

    De izquierda a derecha en la galería:

     

    -Bienvenida en La Veracruz en la mañana del Viernes Santo, con carteles de bioseguridad que se ven por todo el recinto, con el mismo mensaje en sillas, en paredes y en algunos monumentos.

    -Pasillo de La Veracruz alrededor de las 10:30 de la mañana del Viernes Santo. Algo de distancia, algunos tapabocas mal puestos, pero con los ojos pegados al altar.

    -El aire de la Basílica Metropolitana durante la ceremonia del Viacrucis del Viernes Santo, encabezada por el Arzobispo de Medellín.

    -Recorrido liderado por el arzobispo de Medellín Ricardo Tobón, junto a diáconos y seminaristas que lo acompañan en la quinta estación del Viacrucis. Un equipo de producción de televisión transmite el momento.

     

    La pascua no se contagió

     

    En la mañana fría del Sábado Santo, al exterior de la Iglesia la Candelaria se encontraban unos pocos vendedores, quienes ofrecían a los transeúntes sus productos de segunda mano. El templo se encontraba abierto y recibía a todo fiel que quisiera entrar para celebrar la esperada Vigilia Pascual que iniciaba a las 10 de la mañana. La mayoría eran adultos mayores que contemplaban los monumentos o esperaban su turno en el confesionario.

     

    La campana sonó y por la puerta de la sacristía salió el clérigo con unos cuantos servidores del altar, para con celebrar la resurrección de Jesús. Se dio el saludo inicial, el acto penitencial, la gloria, la oración colecta, las lecturas, los salmos y el centro del rito que enmarca el evangelio y la homilía, el mensaje sobre un resucitado que quita todo sufrimiento humano.

     

    De izquierda a derecha en la galería

    -Pasillo central con algunas personas en las bancas de la Candelaria mientras escuchan la predicación del sacerdote en la Vigilia Pascual del 3 de abril.

    -Un feligrés escucha desde su lugar seguro en la iglesia de San José, la homilía del sacerdote en torno al Domingo de Pascua.

    -Fieles recibiendo la comunión. La mayoría recibía en sus manos el trozo del pan ázimo.

    -La feligresía al cierre de la ceremonia del Domingo de Resurrección en la Iglesia de San José.

     

  • En Medellín, la cultura no se deja marchitar por la pandemia

     

    · Las actividades culturales diseñadas en formatos cortos atrajeron al público a la virtualidad.

    · Para los centros culturales, formar alianzas fue fundamental para seguir a flote.

     

    Por: Miguel Arango Rúa / miguel.arangor@upb.edu.co

     

    De entre todos los sectores económicos que se vieron paralizados debido a la pandemia, el cultural fue uno de los más afectados. En 2020, la Industria de producción de eventos y espectáculos, calculó que en Colombia la coyuntura sanitaria le provocaría pérdidas al sector de la llamada economía naranja por más de 253 billones de pesos (haga clic aquí para ver más cifras). Actores, productores, gestores culturales, cantantes y productores de eventos, entre otros, se vieron muy afectados a pesar de que la cuarentena elevó la demanda por los servicios de entretenimiento en casa.

     

    El gremio le ha solicitado ayudas al gobierno y se ha visto obligado a trasladar sus propuestas artísticas a la virtualidad. A pesar de que este panorama pudiera parecer desolador, el sector cultural en Medellín ha hecho gala de su creatividad, explorando propuestas exitosas para introducirse en las casas y corazones de la capital antioqueña. Aquí le explicamos algunos de los proyectos que más frutos han cosechado.

     

    Almas al desnudo es una creación artística hechas durante el confinamiento de 2020. Fue ganadora de los estímulos a la creación del Centro de Desarrollo Cultural de Moravia. Puede verse AQUÍ. Foto: captura de pantalla Youtube Centro de Desarrollo Cultural de Moravia.

     

    Iniciativas públicas siguieron floreciendo en la pantalla

     

    El Centro Cultural de Moravia, corazón artístico de la Comuna 4, se repensó en la virtualidad como un canal de televisión, transmitiendo sus contenidos en franjas a través de Instagram y Facebook, como lo explicó María Juliana Yepes, una de las gestoras del lugar. Programas como Palo de lluvia, Palabras interesantes, además de obras teatrales y conversatorios sobre diversos temas, se pudieron vivir desde la comodidad del hogar. También, las alianzas con otras instituciones y los grupos de WhatsApp formaron parte de la estrategia para la generación y difusión del contenido.

     

    En total, unas 500 actividades fueron realizadas en 2020 por el Centro Cultural de Moravia, de acuerdo con Yepes. Entre estas, se destaca la colaboración con institución con el University College of London, con el que se realizó un encuentro virtual sobre transformación urbana, donde participaron expertos de 13 países y cuyo resultado fue el Atlas de Patrimonio Vivo, un catálogo de estrategias para apoyar el cambio cultural. Adicionalmente, se realizó una alianza con la Cinemateca Municipal de Medellín para la transmisión de películas.

     

    Ayudar a cerrar la brecha digital también fue uno de los retos que asumió el Centro Cultural durante la pandemia. Viendo que varias personas de la Comuna 4 tenían dificultades en el acceso a internet, se creó un grupo en WhatsApp, aprovechando que esta es uno de las plataformas más utilizadas por el público. Sin embargo, la gestora María Juliana Yepes destacó que no sirvió solo para la difusión, pues también hubo espacios de interacción en el chat, donde los participantes podían, por ejemplo, enviar fotografías de sus proyectos. En ese propósito de aumentar la cobertura también fueron esenciales los enlaces comunitarios, personas líderes en la población que se encargaban de replicar la información por todo el territorio. El equipo promotor de la estrategia recalcó el reto de no saturar al público y diseñar los contenidos de acuerdo con las necesidades específicas de cada lugar.

     

    Otra parte importante del traslado de la agenda cultural de Medellín a la virtualidad fue incentivar a la gente a crear, cosa que se hizo mediante el programa de Estímulos al Arte y la Cultura. Aquí, la institución invitó a pensar la pandemia con proyectos musicales, de danza, literarios, audiovisuales y teatrales que contaran cómo se vivió el distanciamiento social.

     

    Las estrategias de la Secretaría de Cultura de Medellín también estuvieron muy alineadas con las convocatorias para otorgar estímulos, para los que se destinaron cerca de 13.343 millones de pesos en 2020, según cifras oficiales. Gracias a esa inversión, se pusieron en marcha 891 proyectos creativos en toda la ciudad. Pese a que estos concursos ya se venían haciendo desde años anteriores, durante el aislamiento tomaron más relevancia por el incentivo monetario que ofrecen.

     

    A pesar de las inversiones desde el sector oficial, el secretario de cultura, Álvaro Narváez, destacó que “no es solamente responsabilidad del Estado sacar adelante la cultura, sino también de la ciudadanía. Una ciudad sensible es una ciudad más culta”. Y es que para reactivar la industria creativa, la Alcaldía decidió apostarle a una nueva carta: el presupuesto participativo, donde los medellinenses deciden en conjunto con las autoridades cómo asignar parte de los recursos públicos destinados a sus comunas. Históricamente, la capital antioqueña le ha dado más peso a los rubros de educación y deportes, pero en este 2021 la ciudadanía votó para otorgarle 16.000 millones de pesos a proyectos creativos, todo un récord, según el propio Narváez.

     

    Adicionalmente, la Secretaría de Cultura actualmente busca fomentar la formación artística por medio de procesos para acompañar el aprendizaje de músicos. También la Alcaldía busca apoyar la conectividad, abriendo centros especiales donde artistas que no tengan un computador o dispositivo para grabar, puedan acercarse para realizar sus contenidos audiovisuales y en línea.

     

    Vea aquí: reflexiones desde el teatro

    Video

    Entrevista de Valentina Muñoz a Alberto Sierra, director del grupo de Teatro Azul Crisálida.

     

    Organizaciones privadas hacen todo y más

    Sin importar si un centro cultural fuese público o privado, todos tuvieron que encontrar una forma de adaptarse a la virtualidad, algunos con mayor facilidad que otros. El Café Rojo, espacio cultural del centro de Medellín, demostró que es posible encontrar nuevas maneras de llegarle a los espectadores a pesar de las dificultades.

    Adriana Hernández, su directora, puso sobre la mesa una apuesta interesante: las píldoras culturales. A través de Instagram, el centro transmite Íntimamente, un programa de tres minutos y medio donde se canta, se declama un poema o se lee un fragmento literario. Aquí se aplica el dicho, “lo breve, si bueno, dos veces bueno”, pues la idea detrás de esta estrategia, al igual que un buen amante, es dejar al espectador con ganas de más.

     

    La financiación, sin embargo, sigue siendo un tema preocupante para los privados. A diferencia de las entidades públicas, que se sostienen gracias a la inversión estatal, centros como el Café Rojo tienen que valerse por sus propios medios. La directora Hernández contó que, a comienzos del aislamiento, la Alcaldía llamó a su fundación para hacer una encuesta y ofrecer apoyo, pero este último no se materializó.

     

    Para solventar el problema económico, Hernández resaltó lo importante que es formar alianzas y buscar patrocinios. Las convocatorias de la Secretaría de Cultura son una buena alternativa, pero desde el Café Rojo se está ideando un proyecto de poetizas y declamadoras colombianas que espera obtener el padrinazgo de la Secretaría de la Mujer de Medellín.

     

    Estos convenios con la administración municipal también le han sido de gran ayuda al Teatro La Hora 25, quienes durante el aislamiento aplicaron a las convocatorias de la Alcaldía. Para continuar llevando la cultura a las Comunas 12 y 13, esta institución se unió a la Red de Creación Escénica. Gustavo Estrada, miembro del equipo directivo, contó que implementaron una metodología basada en laboratorios de creación en casa. Con ella, animaron a los estudiantes a que exploraran su hogar como nueva forma de hacer teatro.

     

    La cuarentena brindó la oportunidad perfecta para repensar lo cotidiano. Además, la participación en eventos de ciudad como el FestivalHito virtual de 2020 le permitió al Teatro La Hora 25 tener una puesta en común con otros centros culturales de la ciudad. La circulación de experiencias fue fundamental para la dinamización del arte en pandemia.

     

    El grupo de teatro Azul Crisálida retomando ensayos en la Universidad Pontificia Bolivariana con todas las medidas de bioseguridad. Foto: cortesía de Azul Crisálida.

     

    Los aprendizajes comunes

    Escuche aquí las experiencias de Música Corriente, La Pascasia

    y el centro cultural del Banco de la República en Medellín:

     

    En definitiva, la cuarentena en Medellín, más que una crisis, fue un periodo de enseñanza para los centros culturales de la capital antioqueña. Sin importar si son públicas o privadas, las entidades aprendieron que los contenidos virtuales, la nuevas formas de narrar en diversas plataformas, entre otras posibilidades para explorar, son importantes para captar la atención de los espectadores, además de una buena producción que ayude a garantizar la calidad.

     

    En una exploración no hay un solo camino al éxito. En el corazón de las iniciativas aquí reseñadas y cientos más que hacen parte de esa búsqueda, están el amor por el arte y deseo de transformar la vida de las personas. Esa búsqueda sin tregua será objeto de discusión pública en el concejo de la ciudad en los próximos días, mientras gestores culturales, artistas y el públicos desde sus casas, esperan que se respalde con más decisión la tarea del artes de transformar vidas, más allá de la llegada del ya no tan nuevo coronavirus.