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  • “Contra viento y marea”: Luz María Múnera Medina

    A las 8 de la mañana empiezan a llegar los concejales: algunos, sonrientes y con palabras de buenos días para todo aquel con el que se atraviesen; otros, silenciosos y ocupados, con la simple intención de escurrirse hasta su oficina. Hoy Luz María Múnera Medina ha sido de los de esa segunda clase; hace menos de 12 horas se encontraba en un vuelo de regreso de Bogotá y ahora, lejos de sentirse aletargada o distraída, ella sacude su cara redonda con energía mientras organiza su agenda del día.

     

    Luz María Múnera hace política desde los 13 años, cuando ingresó al movimiento estudiantil de izquierda.

    Foto: Twitter de Luz María Múnera.

     

    Con casi 40 años haciendo política —a los 14 decidió participar en el movimiento estudiantil de izquierda—, a la concejal le gusta admitir que tiene la maldición del paraíso: ser de izquierda y ser mujer. Después de dos lanzamientos de campaña, que inició con la intención de hacer las cosas mejor y para dejar de ser encasillada como la secretaria del Polo Democrático Alternativo, Luz María se posicionó como una de las pocas mujeres dentro del Concejo de Medellín y una de las voces actuales más críticas de la administración municipal.

     

    —Hacer política no es fácil, yo creo que ni siquiera la izquierda tiene muy claro el tema de la participación de las mujeres en término de que no saben para qué servimos. Entonces nos tocan hacer mayores esfuerzos, siempre me ha tocado; un hombre da un discurso con tres palabras y nadie le dice nada, mientras que a nosotras se nos exige conocimiento, capacidad y formación si queremos tener un lugar decente.

     

    Los primeros cargos que ocupó Luz María Múnera en su partido se limitaron a temas financieros y de papeleo; siendo secretaria administrativa y gerente de campañas, ella direccionó los fondos para las operaciones electorales de distintos candidatos del Polo y, más tarde, planeó las de Rodrigo Saldarriaga para la Cámara de Representantes. Por esta última experiencia, la concejal confiesa que se consolidó su decisión de iniciar su propia campaña política; una en la que solo sacaría 1700 votos y por la que fue agredida.

     

    —Fue algo muy duro, especialmente por el dinero de campaña; recuerdo mucho que un compañero nos dijo a dos mujeres: “Es que a ustedes no se les puede dar plata porque la gastan en arepas”. Después de eso, empecé a buscar mis propias finanzas y a estudiar Administración Pública. Yo dije: “Contra viento y marea de izquierda y derecha, que si esa vieja es loca, esa hijueputa como jode, ella no es capaz… no importa, yo voy a ser concejal”.

     

    La concejal del Polo Democrático abre los ojos y gestualiza mientras habla; a diferencia de lo que sucede en las sesiones plenarias, su fuerte carácter parece amortiguarse con su voz serena y el paisaje celeste que se entrevé en las ventanas de su oficina. De cuando en cuando, David, uno de los jóvenes que integran su equipo de trabajo, la observa y asiente.

     

    —Pero esto no ha sido un trabajo sola; yo logré conformar un equipo académicamente muy bueno y políticamente muy claro, y lo empoderé. Aquí lo primero es prepararse y aprender a tomar decisiones colectivas; si no, te perdés y, como mujer, con mayor razón.

     

    Durante esos primeros meses en el Concejo, Luz María estuvo a punto de abandonar el cargo; por lo que más tarde denominaría una crisis moral, ella confiesa que terminaba el día con lágrimas en los ojos y con vergüenza por esa sensación que tenía de estar participando en algo repulsivo: ¿yo por qué me tengo que sentar con esta manada de ratas?

     

    —Yo me lo imaginaba y pensaba que al interior esto iba a ser malo, pero me equivoqué: era peor. Por eso, debes decidir si te dejás o no te dejás: uno de los machos te pega un grito y te ponés a llorar o te parás firme con toda la propiedad que te da el conocimiento. Eso se ha ido superando no porque ellos aprendieron, sino porque no me dejo -Ella reposa las manos sobre la mesa y su mirada se suaviza—. Hemos tenido momentos muy duros. Yo este año me separé y eso aquí ha armado un revuelo porque soy mujer… que si tengo o no tengo mozo, que si me acosté con David o con tales, que por qué estoy tan flaca y me puse bonita. Esas cosas me afectan, pero ante lo público siempre sigo firme.

     

    Como parte de la oposición a la alcaldía actual y por la misma naturaleza de su carácter, Luz María Múnera ha tenido numerosos enfrentamientos con sus compañeros concejales; desde el desafío a una pelea a puño limpio con Bernardo Guerra Hoyos —el rey de los machos— hasta la lucha contra la disminución de los presupuestos para las mujeres. Aún con un dejo de contrariedad en su voz, la concejal se queja de que, para este cuatrienio, los fondos para la población femenina bajaron más del 70%.

     

    En la actualidad, la Secretaría de la Mujer en Medellín está contando con 40 mil millones de pesos para esta administración, es decir, 20 mil millones de pesos menos que bajo otros mandos. Respecto al área de participación política de la misma entidad, las cifras se reducen: según Luz Constanza Jiménez, profesional universitaria de la misma Secretaría, en este año solo se disponen de 350 millones de pesos para la realización de actividades promotoras del empoderamiento político de mujeres.

     

    —Hay que mirar nada más los programas de la primera dama, son programas para que cumplas tu función histórica como mujer: criar hijos, casarte, ser juiciosa. No hay una concepción de avanzada frente a nosotras, por eso tenemos que seguir trabajando y no dejarnos; no debemos llorar por esas cosas, sino imponernos por nuestras capacidades, tampoco se trata de ser feministas radicales, sino de caminar con los hombres… y, sobre todo, se trata de amarnos a nosotras mismas.

     

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  • “¿Cómo negar que estamos llenos de hombres y que ellos están llenos de mujeres?”: Luz Imelda Ochoa

    A las seis de la tarde del viernes, el sexto piso de la Gobernación de Antioquia parece la sala de un hospital abandonado. El largo pasillo se abre desde las puertas de vidrio hasta un punto inalcanzable para la vista, las sillas empotradas en la pared de la derecha permanecen vacías y los recepcionistas —una mujer joven y distraída por la Secretaría de las Mujeres y un hombre de chaleco por la de Productividad y Competitividad— lucen como zombies mal remunerados.

     

    —Hasta mañana… hasta la vista… hasta mañana —canta una mujercita gruesa mientras sacude la coleta de cabello rojizo que cuelga de su cabeza y desaparece en los ascensores a la salida de la oficina.

     

    A pesar de todo, el letargo del fin del día aún no se ha extendido por todo el recinto; acompañada por un cuadro de pinturas de colores y unas letras recortadas en la pared que forman la palabra “Triunfo” —con una carita feliz encima de la “i”—, la secretaria de las Mujeres de Antioquia no ha dejado de mover cosas, recibir llamadas y atender citas. Sin importar la jornada, los grandes ojos de Luz Imelda Ochoa Bohórquez, la cirujana que llegó a ser concejal de Bello en el 2008, siguen rebozando energía.

     

    En el 2008, Luz Imelda Ochoa empezó a incursionar en los espacios de poder como presidenta del Concejo de Bello.

    Foto: Gobernación de Antioquia.

     

    —Yo no soy practicante ni religiosa, pero yo creo en el ser humano y en su capacidad de trascender de su biología.

     

    La voz de Luz Imelda hace ecos entre las paredes mientras ella se explica; para la secretaria de las mujeres, cada tipo de división social, cultural y política se sustenta en el concepto de la evolución. Sin creer en juicios de valor, ella argumenta que todo suceso humano tiene una causa natural y un efecto progresivo. Y la participación política de las mujeres, como la brecha más grande en el mundo, no hace la excepción.

     

    —Por la evolución, llegamos hasta donde estamos; en un esquema que se heredó transgeneracionalmente, que está incorporado en los programas neurológicos de comportamiento y que inclusive tiene marcas genéticas en los humanos. Esa es la polaridad, la teoría de que todo tiene su opuesto: hombres y mujeres, blancos y negros, pobres y ricos. Aun así, en comparación con todos los siglos de discriminación y desigualdad, hemos avanzado en los últimos 120 años, y mucho. Empezando con los hombres, estábamos en un concejo de solo hombres, ¿acaso no fueron ellos los que empezaron a votar para que hubiera mujeres?

     

    De esta forma, se pueden rescatar las palabras de Aura López: todo ha sido cuestionado por el feminismo: lo familiar, lo doméstico, lo cultural, lo laboral, lo religioso, lo sexual, lo histórico y, es casualmente a esa tarea de lucidez y de lucha, a lo que se deben los espacios que hemos venido conquistando a través de la historia. Luz Imelda asegura: —Es que estamos construyendo juntos una sociedad más evolucionada; despacio, pero vamos por una sociedad de iguales.

     

    Haciendo un recorrido por la historia de la ciudad, la tardanza se convierte en uno de los aspectos más llamativos en la implementación de acciones por la equidad de género. De acuerdo con un análisis de la Alcaldía de Medellín, las problemáticas femeninas solo adquieren legitimidad pública en 1990 y, pasados diez años, la administración municipal materializa soluciones para ellas con la creación de la Subsecretaría Metromujer (2002) y el ascenso de esta al rango administrativo de Secretaría (2007) —siete años después de haber sido fundada la Secretaría de Mujeres de la Gobernación de Antioquia—.

     

    Luz Imelda exhala con fuerza, hace un gesto hacia sí misma y continúa: —Para estar donde estoy, he recibido ayuda de toneladas de hombres: mi papá, mi abuelo, mi hijo, mi exesposo, mis amantes, mis amigos, mis funcionarios, mis profesores… ¿cómo negar que estamos llenos de hombres y ellos están llenos de mujeres? Todos nos acompañamos en el proceso de evolución. Solo hay que acostumbrarnos a la idea de que somos diferentes, pero iguales. Claro que, en la política, por ser la instancia del poder, es más difícil.

     

    —Hemos podido incursionar en todas las cosas en las que no somos tan amenazantes; derecho en la salud, educación, adquisición de bienes… en todo. Siempre se podrá montar otra empresa de hombres y mujeres y siempre se podrá acceder a una universidad, pero los cargos públicos son más limitados numéricamente y si los hombres pierden esos cupos… ¿quiénes los ganan? Mujeres. Ahí es donde ellos se han negado, entonces nosotras nos encontramos con violencia política, techos de cristal, pisos pegajosos…

     

    En los últimos meses la Gobernación de Antioquia ha formado en participación política y electoral alrededor de 470 mujeres en la denominada Escuela Política Pa’ Mujeres; de estas, 420 se perfilan como candidatas para el 2019. Luz Imelda Ochoa, quien es líder del programa, explica que, más allá de la competencia masculina, el verdadero reto para las mujeres es luchar contra la culpa de salir de sus casas y el miedo de ser señaladas. Pero eso no es todo: estas dificultades son constantes, nunca se superan del todo; una vez que ellas alcanzan un cargo decisorio, el siguiente paso es conservarlo.

     

    —Los hijos solos, el trabajo político, el marido que se siente en una condición de inferioridad; normalmente hay muchas separaciones de matrimonios para las mujeres que avanzan en la política. Todo esto tiene un costo y hay muchas que, frente a lo que están “perdiendo” y lo que están viviendo al interior de sus hogares, se preguntan: “¿Esto sí vale la pena?”. Para nosotras, ese es el momento crucial de soltar todo. Muchas se han ido. Por eso, este año hemos diseñado un mecanismo para estar ahí con ellas y decirles: “Sí, sí vale la pena”.

     

    Luz Imelda Ochoa Bohórquez sonríe, hace una seña para pedir silencio a su hijo, quien acaba de llegar a la oficina, y concluye: —El tema se llama poder y hay que ponerlo en boca de hombres y mujeres, que tengan la posibilidad de decir: “Está bien tener poder para liderar”. Muchos humanos somos líderes, pero hay unos que debemos tomar decisiones. Y así somos los políticos: imprescindibles, necesarios, divinos… pero putiados, mal vistos, corruptos. El poder es una belleza y, por eso, los políticos deberíamos ser lo mejor de lo mejor.

     

     

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  • “Empezar desde un partido siempre va a ser más cómodo”: Sonia Vásquez

    A unos pasos de la Fundación Universitaria de Bellas Artes, cerca de la estación del tranvía Pabellón de las Aguas, se alza un letrero verde de letras amarillas encima de lo que pareciera el enrejado de una casa vieja. En él se lee una de las leyendas femeninas más simbólicas en el siglo XX: Unión de ciudadanas de Colombia. Luchar por el derecho al voto y lograr la conformación de organizaciones y entes del Estado que trabajaran el enfoque del género fueron las consignas de la UCC en 1957, que, para entonces, se constituyó en una de las organizaciones pioneras en promover los derechos humanos de las mujeres en Medellín.

     

    Sonia Vásquez inició en la política sin un partido, con la intención de darle voz a los comerciantes de Barrio Triste.

    Foto: cortesía.

     

    Como sucede con la mayoría de las edificaciones de La Candelaria, los muros de la central no son más que ladrillos pesados que exhalan una fuerte presencia con olor a polvo y madera antigua. Después de una larga pausa del timbre eléctrico, se escuchan los pesados pasos de lo que termina siendo una sombra pequeña y abultada al otro lado del oscuro pasillo. A pesar de la expresión cansada en sus ojos oscuros, la vicepresidenta de la Unión de Ciudadanas de Colombia y actual consejera de Participación Ciudadana por Antioquia y Medellín muestra una amplia sonrisa y se acerca a la reja.

     

    Sonia Vásquez Mejía recuerda su incursión en la política desde sus años en la Fundación de Comerciantes del Corazón de Jesús “CORAJE” en Barrio Triste; entonces ella era la directora ejecutiva de la organización y debía hacerle frente, junto a los habitantes del sector, a la incertidumbre provocada por el entonces vigente acuerdo municipal que permitía el desalojo de los comerciantes para la construcción de zonas de edificios. Tan solo después de un paro cívico en 1993 y el lanzamiento de Sonia a la JAL por la comuna 10 y, posteriormente, al Concejo de Medellín, la problemática encontró una solución temporal.

     

    Así se dio el ascenso político de la comunicadora social; desde gerente del Centro y secretaria de las mujeres hasta concejala por la Alianza Social Independiente y candidata para la Cámara de Representantes por el Partido Verde, Sonia Vásquez ha logrado ser una de las mujeres líderes en los espacios de poder y de conciencia femenina.

     

    —En mis inicios, cuando estaba en la JAL, yo prácticamente hacía lo que me daba la gana. Por mucho tiempo participé en la política sin un partido, sin patrones que me dijeran esto o aquello, a mí lo que me interesaba era que, como JAL, trabajáramos intensamente por ellos. —Incitada por los mismos habitantes de su sector y bajo la creencia de que la política debe ser el arte del bien común, su alma de mujer y de revolucionaria no podía permanecer insensible como la de tantos seres egoístas ante el espectáculo doloroso de una humanidad mil veces subyugada y mil veces sacrificada por un capitalismo absorbente y explotador; palabras dirigidas en otro tiempo a María Cano.

     

    Sonia Vásquez ojea una cartilla informativa de la organización mientras sus gruesas manos reposan sobre una mesa de madera oscura. Ya dentro del edificio y después de haber hecho un corto recorrido por las oscuras instalaciones —entre ellas, la biblioteca más completa en el país de investigaciones sobre equidad de género—, la vicepresidenta de la UCC se ha mostrado un poco dispersa y, a pesar de que la hora indica el fin de un día ajetreado, las llamadas, mensajes y visitas ocasionales no han dejado de interrumpirla.

     

    Con recortes de periódico y fotografías antiguas, la UCC recuerda su historia como una de las organizaciones femeninas pioneras de la región. Foto: Cortesía.

     

    —Empezar desde un partido siempre va a ser más cómodo porque ellos son los que dan el aval en el sistema electoral, pero también trae más problemas; la política siempre la han hecho los hombres, entonces a las mujeres siempre nos va a tocar hacer más fila y demostrar más acciones. —Suspira y sus dedos empiezan a jugar con los bordes de las páginas.

     

    —Eso se llama violencia política y siempre nos la han hecho. Tenemos grandes obstáculos por los estereotipos de género; también por los partidos, en los que no hay recomendación, ni plata ni estímulos; y por las pocas acciones afirmativas para la participación ciudadana de las mujeres. Ahora venimos luchando por la Ley de Paridad; para que, a través de los partidos, haya unos sistemas democráticos más fuertes, como la lista cerrada y de cremallera, y en los que realmente haya capacitación y participación de las mujeres. Si no, solo nos usarían para rellenar.

     

    A pesar del funcionamiento de la Ley de Cuotas en el 2000 y de la posterior Ley 1475 de 2011 con la que se pretendía reforzarla, no se ha experimentado, en los últimos años, una notable variación en las brechas de los cargos de dirección entre hombres y mujeres. De acuerdo con un análisis de la Secretaría de las Mujeres de Antioquia, la brecha de género en los cargos decisorios de la Gobernación de Antioquia fue de 27,7% en el 2018, es decir, 2.5 puntos porcentuales más que en el 2001.

     

    El panorama en el resto de los espacios de poder públicos es similar: solo se cuenta con cinco concejalas en Medellín de un total de 21 integrantes y dos diputadas en una Asamblea Departamental de 26. Cifras que, contradictoriamente, van de la mano con el aumento de participación de la población femenina; según la Encuesta de Percepción Ciudadana de Medellín Cómo Vamos, los porcentajes de participación política en el 2019 fueron de 42% por las mujeres y 37% por los hombres.

     

    Nada de ello desalienta a Sonia Vásquez; con sus mechones de cabello rubio y corto desordenados y su conjunto azul, la mujer sigue afirmando que la política lo es todo. La vicepresidenta de la UCC mueve páginas, se levanta, busca cosas y cita los nombres que conforman su propia lista: los de las mujeres que la inspiran. Josefina Valencia, Betsabé Espinal, Piedad Córdoba, Riane Eisler y muchas otras, para quienes ni siquiera existe una placa en el pueblo que las vio nacer o en el sitio en el que se les vio morir.

     

    —Pero también he visto otras que todavía tienen investidura patriarcal, creen que la mejor forma es imponer sus criterios y no entienden el término de equidad de género. Sobre todo, no entienden que el feminismo exige la igualdad en los derechos y que quien piense así automáticamente es feminista. —Recogiendo el postulado de la escritora Aura López, la lucha feminista es, por lo tanto, además de una lucha de orden cultural, una lucha política.

     

    Sonia Vásquez Mejía cierra la cartilla de la organización a la que representa, sonríe cansinamente y dice: —Ahora también hay un movimiento creativo en la ciudad, Estamos Listas, pero es parcialmente democrático; simplemente por hacer parte de un partido político, no me invitaron y me cerraron las puertas. Así nos pasó a mujeres como Rocío Pineda y Teresa Muñoz. Pero les deseo mucha suerte. A ellas y a todas las que quieran meterse en esto. Mucha firmeza.

     

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  • La política para las mujeres CASA DE ESQUINA: NI LA COMPRES, NI LA VIVAS

    El poder de decisión, todo lo que nos define, la capacidad de acción, un frente del desarrollo… hay quienes les gusta definirla así y, a pesar de todo, las palabras quedan cortas para ella. Relegada, prohibida y culpabilizada; para nosotras, las mujeres, la política siempre ha sido como una casa de esquina.

     

    Ningún hombre retrocede

    Sentada detrás de una mesa blanca en la oficina de maestros de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma Latinoamericana, Dora Cecilia Saldarriaga Grisales, excoordinadora del Observatorio de Género de la institución y candidata al Concejo de Medellín por el movimiento Estamos Listas, dibuja movimientos con las manos para reforzar sus palabras:

     

    —Muchos partidos vinculan a las mujeres para cumplir con la cuota de género, pero ¿dónde las ubican en términos de la lista?

     

    La adscripción de mujeres en los partidos políticos como rellenos es una discusión que lleva años gestándose en la población femenina; si bien la Ley de cuotas garantiza la participación de ambos géneros, no asegura nada respecto a la capacidad de poder de los nuevos cargos asumidos. Por esta razón, se conformó Estamos Listas: una agrupación de 2.039 mujeres que desean llegar al Concejo de Medellín para poner su propia mirada y voz en los asuntos de ciudad.

     

    —Por lo general, nosotras ubicamos a la vida en el centro y eso nos permite poner la lupa en asuntos que no están en la agenda política: el trabajo de cuidado, el desarrollo sostenible y la educación no sexista —Ella hace una pausa reflexiva, mira sus manos y sus jóvenes ojos marrones sonríen—. Es que lo personal es político, eso es lo que nosotras hacemos; llevar lo político a lo cotidiano y, así mismo, intervenir para que, desde lo cotidiano, las mujeres lleguen a la política.

     

    Lo personal es político es una de las más significativas proclamaciones del feminismo radical de la década de los setenta. De esta forma, para personas como Dora Cecilia Saldarriaga, hablar de mujeres es hablar de autonomía, por lo que se deben garantizar condiciones que les permita actuar y desarrollarse de forma equitativa a los hombres. Así mismo, de acuerdo con Aura López, en la medida en que tomemos conciencia de nuestra propia libertad para decidir, las mujeres estaremos cambiando el mundo. Y cuando el mundo cambia, las leyes, naturalmente, cambian también.

     

    —Qué bueno sería que una mujer diga: “Ay, qué bueno votar por ella”, pero no sucede; aún no somos conscientes de que cuando una gana, ganamos todas… y de que, si una mujer avanza, ningún hombre retrocede. (Lea la entrevista completa con Dora Cecilia Saldarriaga)

     

    Escultura de Olga Inés Arango por los 50 años del voto femenino en Colombia (2007). Foto: Santiago López.

     

    Con mucha firmeza

    Como es usual en las edificaciones de La Candelaria, los muros de la central de la Unión de Ciudadanas de Colombia no son más que ladrillos pesados que exhalan una fuerte presencia con olor a polvo. Mientras el timbre eléctrico parece descansar para retomar el aire, se dibuja de la oscuridad el semblante fatigado de la vicepresidenta de la UCC y actual consejera departamental de Participación Ciudadana.

     

    Sonia Vásquez Mejía interviene en la política desde 1990, cuando se lanza a la JAL de la Comuna 10 sin el apoyo de un partido, pero con el respaldo de los comerciantes de la fundación que entonces dirigía. Ella afirma que, al ser este un entorno que siempre ha sido masculino, las mujeres encuentran más obstáculos y desafíos para participar.

     

    —Eso se llama violencia política, siempre nos la han hecho -niega con la cabeza y continúa-: Ahora venimos luchando por la Ley de Paridad; para que, a través de los partidos, haya unos sistemas democráticos más fuertes como la lista cerrada, con la que se votan por partidos y no por candidatos en específico, y de cremallera, que asegura la alternancia de hombres y mujeres. Si no, solo nos usarían para rellenar.

     

    El panorama en los espacios de poder es desalentador: en Medellín, solo se cuenta con cinco mujeres de 21 concejales que son mientras que, en Antioquia, hay dos diputadas en una Asamblea de 26. Contradictoriamente, estas cifras van de la mano con el aumento de participación femenina; según la Encuesta de Percepción Ciudadana de Medellín, la participación política en el 2019 fue de 42% por las mujeres y 37% por los hombres.

     

    Nada de ello desalienta a Sonia Vásquez Mejía; con su cabello rubio y corto desordenado y su conjunto azul, ella cita los nombres que conforman su propia lista: los de las mujeres que la inspiran. Betsabé Espinal, Piedad Córdoba, Riane Eisler y muchas otras, para quienes ni siquiera existe una placa en el pueblo que las vio nacer o en el sitio en el que se les vio morir —palabras tomadas de Mujeres, historias y sociedades: Latinoamérica, siglos XVI al XXI—.

     

    —Ahora tenemos a Estamos Listas, un movimiento creativo, pero parcialmente democrático; por hacer parte de un partido político, no me invitaron y me cerraron las puertas. Así nos pasó a mujeres como Rocío Pineda y Teresa Muñoz. Pero les deseo mucha suerte. A ellas y a todas las que quieran meterse en esto. Mucha firmeza. (Lea la entrevista completa con Sonia Vásquez)

     

    Lentas, pero seguras

    Camuflada entre las casitas de las calles residenciales de Prado Centro, se erige la sede en Medellín de la Corporación para la vida Mujeres que crean; si usted no ha llegado a estos lares con el propósito claro de encontrarla, quizá nunca se percataría de ella. Detrás del portón de madera que guarda la entrada, trabaja una organización que, desde hace 29 años, lucha por el reconocimiento de los derechos de las de su género.

     

    —Las mujeres hemos sido construidas en una cultura patriarcal a la que no le interesa que participemos. —Debido a una fuerte gripe que la azota, la voz de Patricia Uribe Neira, directora general de la Corporación, es lejana y débil.

     

    Según un informe de la Secretaría de las Mujeres de Antioquia, el porcentaje de mujeres electas en el 2017 era del 17,6% en Colombia mientras que en países como Bolivia se alcanzaban los 51,1 puntos porcentuales; el promedio en toda América Latina llegaba al 29,2%. Y eso no es todo, de acuerdo con las proyecciones del Foro Económico Mundial, la brecha de género solo cerrará dentro de 61 años en América Latina; una cifra más alentadora que los 356 pronosticados para el Gran Medio Oriente.

     

    —Trabajamos desde unas escuelas de formación ciudadana con 200 mujeres y desde la creación de agendas con otras 300 de las subregiones de Antioquia. Hasta ahora, hemos estado con mujeres que han llegado a las JAL con un partido político, que es algo indispensable —hace una pausa y explica—: Este es un trabajo muy lento y solo se ven los frutos hasta mucho después. Al menos ya tenemos una mayor conciencia de género.

     

    ¿Vale la pena?

    A las seis de la tarde del viernes, el sexto piso de la Gobernación de Antioquia parece la sala de un hospital abandonado. El pasillo principal es interminable y los recepcionistas —una mujer distraída por la Secretaría de las Mujeres y un hombre de chaleco por la de Productividad y Competitividad— lucen como zombies mal remunerados.

     

    A pesar de todo, el letargo del fin del día no se ha extendido a todo el recinto; sin importar la jornada, los grandes ojos de Luz Imelda Ochoa Bohórquez, secretaria de las Mujeres de Antioquia, rebozan energía.

     

    —Hemos podido incursionar en todas las cosas en las que no somos tan amenazantes: derecho en la salud, educación, adquisición de bienes… Pero es diferente en la política; los cargos públicos son más limitados numéricamente y si los hombres pierden esos cupos… ¿quiénes los ganan? Mujeres. Ahí es donde ellos se han negado, entonces nosotras nos encontramos con violencia política, techos de cristal, pisos pegajosos…

     

    Como líder del programa de participación Escuela Política Pa’ Mujeres, Luz Imelda explica que, además de la competencia masculina, las mujeres deben luchar contra la culpa de salir de sus casas y el miedo a ser señaladas; barreras internas que no se superan del todo. Después de que una de ellas alcanza un cargo, lo siguiente es conservarlo.

     

    —Los hijos solos, el trabajo político, el marido que se siente en una condición de inferioridad… Todo esto tiene un costo y hay muchas que, frente a lo que están “perdiendo” y lo que están viviendo al interior de sus hogares, se preguntan: “¿Esto sí vale la pena?”. Para nosotras, ese es el momento crucial de soltar todo. Por eso, este año hemos diseñado un mecanismo para estar ahí con ellas y decirles: “Sí, sí vale la pena”.

     

    A pesar de que en la actualidad se cuenten con distintas actividades de capacitación política femenina, la realidad es que las administraciones municipales y gubernamentales siempre han estado rezagadas en el tema. De acuerdo con un análisis de la Alcaldía de Medellín, las problemáticas femeninas logran legitimarse públicamente en 1990 —50 años después de constituido el movimiento sufragista— y debe pasar una década para que se establezca la Secretaría de las Mujeres de la Gobernación de Antioquia (2000) y la Secretaría de la Mujer en Medellín (2007).

     

    Para Luz Imelda Ochoa Bohórquez, la igualdad social es un resultado de la evolución de hombre y mujeres. Por eso, ella concluye: —Para estar donde estoy, he recibido ayuda de toneladas de hombres… ¿Cómo negar que estamos llenos de hombres y que ellos están llenos de mujeres? Solo hay que acostumbrarnos a la idea de que somos diferentes, pero iguales.

    (Lea la entrevista completa con Luz Imelda Ochoa)

     

    Contra viento y marea

    Con casi 40 años haciendo política, a Luz María Múnera Medina le gusta admitir que tiene la maldición del paraíso: ser de izquierda y ser mujer. Para posicionarse como una de las pocas mujeres dentro del Concejo de Medellín, ella lanzó una campaña electoral de 4 años con sus propias finanzas porque no quería cometer el mismo error que en su primer intento de llegar al poder: depender económicamente de un partido.

     

    La concejal aún recuerda la justificación de sus compañeros del Polo Democrático Alternativo para no entregarle su dinero de campaña: Es que a ustedes (las mujeres) no se les puede dar plata porque la gastan en arepas.

     

    —Eso ardió, y mucho. Pero entonces yo dije: “Contra viento y marea, de izquierda y derecha, que si esa vieja es loca, que si esa hijueputa jode mucho, que si ella no es capaz… no importa, seré concejal”.

     

    Debido a su condición femenina y a su fuerte carácter, ha tenido numerosos enfrentamientos con sus compañeros concejales: desde el desafío a una pelea a puño limpio que le hizo a Bernardo Guerra Hoyos —el rey de los machos— hasta su lucha en contra de la disminución de los presupuestos para las mujeres.

     

    Actualmente, la Secretaría de la Mujer en Medellín está contando con 40 mil millones de pesos para esta administración, es decir, 20 mil millones de pesos menos que bajo otros mandos. Respecto al área de participación política de la misma entidad, las cifras se reducen: según Luz Constanza Jiménez, profesional universitaria de la misma Secretaría, para este año solo se disponen de 350 millones de pesos.

     

    —Es que no hay una concepción de avanzada frente a nosotras, por eso tenemos que seguir trabajando y no dejarnos, no se trata de ser feministas radicales, sino de caminar junto a los hombres… y, sobre todo, se trata de amarnos a nosotras mismas.

    (Lea la entrevista completa con Luz María Múnera)

     

    Las esculturas de la Esquina de las mujeres, homenaje construido por Acuerdo Municipal de 2004, serán trasladadas a la Avenida La Playa, Foto: Laura Wagner.

     

    La esquina de nadie

    La esquina es el punto de encuentro de dos superficies. La esquina es el ángulo saliente de un objeto. Hasta hace unas semanas, la Esquina de las Mujeres era una plazoleta en el barrio Miranda de Aranjuez, ocasionalmente se veían algunos hombres buscando descanso en las bancas de cemento y, hasta hace poco, seis mujeres de piedra que se recubrieron con plásticos y cintas amarillas para preparar su mudanza.

     

    Ubicado en la parte trasera del Jardín Botánico, el espacio fue construido en el 2006 por la Administración Municipal, en un intento de resaltar la obra de trece mujeres líderes de Antioquia —solo en el 2011 se talló la decimocuarta estatua—. Los monumentos de artistas, indígenas y mujeres coloniales convivieron en una esquina, bajo la vecindad de una gasolinería y de cuantos moteles se quieran contar.

     

    A pesar de la intención del Concejo municipal de establecer un punto de reunión de mujeres artistas de la región, la Esquina de las Mujeres la mayoría del tiempo se vio como una explanada con olor a heces; una plazoleta con pisos y postes deteriorados. El traslado de las esculturas a la avenida La Playa, anunciado en junio de 2019 alimenta una nueva expectativa: que tener un espacio público, un espacio de poder, no sea para las mujeres como comprar y vivir en una casa de esquina.

     

     

  • “Si una mujer avanza, ningún hombre retrocede”: Dora Cecilia Saldarriaga

    Bordeada por montoncitos de personas que se arriman a las sombrillas de puestos de venta ambulante y al techo del centro de atención de Sabia Salud EPS, se abre la fachada de la Élite de la Moda. Sin embargo, esta no es forma de entrar al edificio amarillo; si está usted perdido, uno de los hombres detrás del escaparate de empanadas y pasteles de pollo fritos bien podría indicarle con un movimiento de manos que se dirija a la solitaria rampa en dirección a la Avenida Colombia hasta rodear las vitrinas repletas de maniquíes y arrumes de ropa que decoran los laterales y el frente del centro comercial.

     

    Entre locales de textiles y calzado, que en su mayoría todavía duermen por el letargo matutino de las 10 a. m., se llega a una cafetería vacía guardada por un vigilante despistado con legañas en los ojos y en el fondo, a la derecha, a un corto pasillo que termina en unas escalas y dos ascensores. Más allá de la ropita para el bebé, de los artículos para el hogar o de la cancha sintética de la que se gloria tener el centro comercial, espera silenciosa tres pisos más arriba la oficina de maestros de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma Latinoamericana.

     

    Abogados, sociólogos, licenciados y filósofos se reúnen detrás de una puerta de cristal; la excoordinadora y aún integrante del Observatorio de Género de la universidad es una de esas personas. Antecedida por una mujer de contextura bajita y rechoncha, Dora Cecilia Saldarriaga Grisales atraviesa el portal entre el mundo exterior y tantos saberes normativos y jurídicos acumulados; ambas se despiden entre risas y frases sin terminar como lo harían un par de viejas amigas que no han terminado de ponerse al tanto de sus vidas en los últimos años.

     

    La quinta mujer de derecha a izquierda es Dora Cecilia Saldarriaga, la primera candidata en la lista de Estamos Listas. Foto: Instagram Estamos Listas.

     

    —Estamos hablando, Martica. —Alcanza a decir antes de regresar a la oficina y recibir a cambio una sonrisa de los labios morenos de su compañera.

     

    La mujer de la que se acaba de despedir Dora Cecilia es Marta Restrepo López, una de las cinco voceras del movimiento político Estamos Listas, del que, a propósito, la abogada también hace parte. Dentro de una lista de catorce nombres, la mayoría de ellos femeninos, el de ella es el primero que figura como candidata al Concejo de Medellín.

     

    —Muchos partidos vinculan a las mujeres para cumplir con la cuota de género, pero ¿dónde las ubican en términos de la lista? —ya sentada detrás de una mesa blanca al fondo de la oficina, Dora Cecilia dibuja movimientos con sus manos como queriendo reforzar sus palabras—. En estos momentos tenemos el movimiento Estamos Listas, que es un tema de innovación política y que, de alguna manera, va a incidir en que otras mujeres puedan participar ya que estos son espacios muy masculinizados en términos de tiempo, de disposición y de expresión.

     

    Marta Restrepo López, Gloria Elena Castaño, Piedad Toro, Gloria Amparo Henao y Gloria María Bustamante son las mujeres líderes de esa novedosa iniciativa que ha dado tanto de qué hablar en la prensa local; partiendo de un largo recorrido en organizaciones sociales, en el 2018 ellas concluyeron que, a pesar de estar trabajando en entornos políticos, quienes realmente tomaban las decisiones eran aquellos que participaban en el ámbito electoral.

     

    Así, decidieron llamarse a sí mismas mujeres y agruparse en círculos de confianza que se extendieran en la ciudad; en menos de un año, pasaron de ser cinco para constituir 2.039 búhas —nombre con el que se identifican por el símbolo de la organización— que buscan hacerse con los escaños del Concejo de Medellín. Ese espacio que, según un informe de la Secretaría de Mujeres de Antioquia, solo ha sido ocupado durante los años de 2016 al 2019 por un 14,6% de mujeres en todo el Valle de Aburrá.

     

    La excoordinadora del Observatorio de Género destaca la necesidad de la participación femenina en los cargos de mando político: — Por lo general, nosotras ubicamos a la vida en el centro y eso nos permite poner la lupa en asuntos que no están en la agenda política: el trabajo de cuidado, el desarrollo sostenible y la educación no sexista —Entonces hace una pequeña pausa reflexiva, mira sus manos y se ríe, una expresión gestual que es acompañada graciosamente por sus jóvenes ojos marrones—. Es que lo personal es político, eso es lo que nosotras hacemos; llevar lo político a lo cotidiano y, así mismo, intervenir para que, desde lo cotidiano, las mujeres lleguen a la política.

     

    Para personas como Dora Cecilia Saldarriaga, hablar de mujeres es hablar de autonomía y, por ello, sin importar la decisión que se tome —si quedarse en casa, al cuidado de los niños, o participar en espacios públicos al tiempo que se tiene una familia—, se deben garantizar unas condiciones que le permita a la mujer actuar y desarrollarse de forma equitativa al hombre. De esta forma, de acuerdo con Aura López, en la medida en que tomemos conciencia de nuestra propia libertad para decidir, las mujeres estaremos cambiando el mundo. Y cuando el mundo cambia, las leyes, naturalmente, cambian también.

     

    Desde las figuras de Betsabé Espinal —quien lideró huelgas en 1920 desde los 24 años de edad— y de María Cano hasta la creación de organizaciones como la Unión de Ciudadanas de Colombia (1957) y la Corporación Mujeres que crean (1990), el Movimiento social de mujeres en Medellín impulsó la formulación de políticas públicas para, entre otras cosas, promover la participación, el empoderamiento y la incidencia de las mujeres en los espacios e instancias de toma de decisión y control de los recursos.

     

    De esta forma, aunque la población femenina ha alcanzado garantías legales además de las normas constitucionales (pactos internacionales de derechos, convenciones, leyes y sentencias), aún parece ser largo el camino que tiene por delante.

     

    —Qué bueno sería que una mujer diga: “ay, qué bueno votar por ella”, pero no sucede; aún no somos conscientes de que cuando una gana, ganamos todas. Nosotras somos el 52% de la población y no significa que el machismo solo esté concentrado en los hombres, también hay mujeres que, por efectos del patriarcado, pueden irse en contra de sí mismas.

     

    Estamos Listas comenzó con la iniciativa de cinco mujeres que, después de trabajar mucho tiempo en organizaciones sociales, decidieron tener su propio rostro e imagen en la política electoral. Foto: Instagram de Estamos Listas.

     

    La candidata por Estamos Listas se acomoda el corto cabello rubio hacia el lado derecho de su rostro y observa disimuladamente su reloj de mano antes de continuar: —Por eso nuestro mayor reto es llegar a los espacios de poder y, una vez lleguemos, estoy convencida de que haremos un gran trabajo. No va a ser la voz de una, dos, tres o cuatro mujeres; seremos un gran grupo de trabajo en el Concejo, y eso inclusive rompe con el sistema tradicional de la política. Aquí hay amas de casa, afros, indígenas —Dora Cecilia golpea la mesa al ritmo de cada nueva palabra—, lesbianas, trans, mujeres rurales, académicas; somos las mujeres de la ciudad y cuando miran las mujeres, no se excluyen a los otros.

     

    Los pendientes rojos de Dora Cecilia Saldarriaga Grisales danzan mientras extiende sus brazos para tomar la planilla de firmas que siempre lleva consigo —como es de esperar, al contrario de cualquier partido político, Estamos Listas participará en el certamen electoral por la Ley 130 de 1994— y ella concluye: —Si una mujer avanza, ningún hombre retrocede.

     

     

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  • La caída del Mónaco y las conversaciones pendientes

    La demolición del emblemático edificio del narcotraficante Pablo Escobar ha suscitado discusiones que, para los estudiosos del tema, no deben detenerse con la caída del edificio. Está implicada la memoria como reto para toda la sociedad.

     

    La decisión del gobierno local, liderada por el alcalde Federico Gutiérrez y respaldada por Acuerdo del Concejo de Medellín es la demolición del edificio Mónaco, ubicado en el barrio Santa María de los Ángeles, construido y ocupado por Pablo Escobar Gaviria desde 1986 hasta 1988, año en que los hermanos Rodríguez Orejuela, jefes del cartel rival de Cali, detonaron un carro bomba con 80 kilos de dinamita frente al inmueble.

     

    En tan solo cinco meses se elevaron los ocho pisos de la edificación, incluyendo el penthouse, dos piscinas y canchas de tenis. A pesar del atentado del 88, y siete más que ocurrieron después de ese, el Mónaco siguió en pie. Hasta el viernes 22 de febrero.

     

    Después comenzará la construcción de un parque memorial a las víctimas del terrorismo desatado por el narcotráfico: policías, jueces, periodistas y civiles. Se planea trasladar allí la sala Medellín 70, 80, 90 del Museo Casa de la Memoria.

     

    ¿Qué hacemos con Pablo?

     

    De izquierda a derecha (en el sofá): Alfonso Buitrago, Lina Botero,Gilmer Mesa, Marta Villa, Carlos Mario Gallego.

    Foto: @LunesdeCiudad.

     

    La pregunta la propuso la iniciativa Lunes de Ciudad, un espacio para el debate sobre asuntos de interés público, en tertulias convocadas por organizaciones de la sociedad civil, la academia y el sector privado y que también se ha realizado en otras ciudades del país y del mundo. El conversatorio a propósito de la demolición del Mónaco se hizo la noche del 18 de febrero, en la sede de la caja de compensación familiar Comfama, en el Claustro San Ignacio.

     

    En la conversación participaron Marta Villa Martínez, historiadora de la Universidad Nacional y actual directora de la corporación Región; una organización civil que asumió, entre muchas cosas, de la construcción de paz colectiva y de la movilización ciudadana a favor de la paz.

     

    También intervino Carlos Mario Gallego, periodista y caricaturista ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, cofundador de Tola y Maruja y, en su momento, periodista del periódico Medellín Cívico, dirigido por Hernando Gaviria, tío de Pablo Escobar Gaviria.

     

    Participó también Gilmer Mesa, filósofo de la Universidad Pontificia Bolivariana y escritor de la galardonada novela La Cuadra, en la que hace referencia al asesinato de su hermano, atribuido al narcotráfico, y a su adolescencia con temor en la ciudad más violenta del mundo para el año de 1991.

     

    En representación de la Alcaldía de Medellín estuvo Lina Botero Villa, secretaria de Cultura Ciudadana, dependencia que lidera toda la intervención en relación con el edificio Móncao y los proyectos sucesivos para la consolidación del memorial a las víctimas de la violencia del narcotráfico.

     

    El cronista y profesor universitario Alfonso Buitrago moderó la discusión, que para algunos de los participantes fue tardía y en la que se tocaron puntos como si se debe o no demoler el Mónaco, si es pertinente seguir hablando de Escobar y, si lo es, ¿cómo hacerlo?

     

    “El silencio siempre será un derecho, pero hay hipocresía en él. Hay hipocresía en el silencio por que Pablo Escobar nos interpela como ciudad, sus vínculos con el poder político, con la iglesia, con la sociedad hacen de el un personaje del cual hay que seguir hablando”, aseguró Marta Villa durante el conversatorio en en el que todos los participantes coincidieron en la necesidad de reconocer que Escobar existió, de hablar del tema, pero realizando una deconstrucción de su figura mediante la reflexión constante sobre ella.

     

    Discusiones en torno al edificio y más allá

     

    De las dos horas que duró la reunión, se destaca el debate abierto entre Lina Botero, representante de la administración del alcalde Federico Gutiérrez y Marta Villa, directora de la Corporación Región, quien cuestionó la poca participación ciudadana en la decisión de qué hacer con el edificio, apreciación que relacionó con el aplazamiento de proyectos como la segunda etapa del Museo Casa de la Memoria, que viene planteándose desde la regencia de Aníbal Gaviria. De acuerdo con Villa, la intervención del edificio en el barrio Santa María de Los Ángeles no hacía parte del Plan de Desarrollo de Medellín, motivo por el cual requirió al gobierno de la ciudad para que se abran las cuentas de los costos totales de esta ejecutoria.

     

    Con respecto a demoler o no demoler el edificio Mónaco, en la discusión surgieron diferentes preguntas como ¿por qué demolerlo justo ahora? ¿Cómo se decidió hacerlo hacerlo?

     

    La directora de la Corporación Región señaló que se trata de un proyecto del alcalde, no de un proyecto colectivo. La Secretaria de Cultura Ciudadana refirió en concepto técnico que calculó en 30 mil millones de pesos las inversiones que requeriría la rehabilitación de la estructura del edificio.

     

    Por su parte, Gilmer Mesa mostró su inconformidad con la decisión de realizar un parque memorial. Para él, la mejor muestra de que Medellín sigue después de Escobar sería dejar la estructura, porque asegura, con respecto a los narcotours, que estos recorridos seguirán mostrando el sitio, aunque ya no esté el edificio.

     

    Para Marta Villa, directora de Región, la demolición crea la ilusión de que la historia es cosa del pasado,: por su parte, la secretaria de Cultura Ciudadana, Lina Botero, consideró que tumbarlo es poner a las víctimas en conversación, un homenaje.

     

    Los debatientes abordaron el tema del simbolismo, lo que representa el edificio Mónaco para la ciudad. Resaltaron que este no es el lugar más significativo del narcotraficante que cambió la historia y la imagen de Medellín. Algunos de ellos coincidieron en que había algo de ironía en realizar un memorial a las víctimas justo en el lugar en donde Escobar fue también víctima de sus rivales.

     

    “El cambio de relatos se logra pidiendo la legalización de las drogas”, apuntó Carlos Mario Gallego, añadiendo que si los estupefacientes hubieran estado legalizados en los años ochenta, no habría existido el Escobar que conocemos, porque lo más probable es que el narcotráfico no hubiera sido un negocio rentable.

     

    El conversatorio concluyó que debemos seguir hablando de Escobar, pero para reflexionar e intentar cambiar la forma en que lo percibimos como ciudad. Para los participantes quedan más preguntas que respuestas sobre el porqué de la demolición: ¿Por qué ahora y no hace treinta años? ¿Faltó participación ciudadana o fue una decisión de Alcalde? ¿Cómo darle voz a las víctimas? Estudiantes, profesores, ciudadanos que asistieron al conversatorio aplaudieron el cierre de la sesión en que se anotó que la discusión debe continuar.

     

    Un periodista, una servidora pública, un escritor, una investigadora social, un humorista, fueron los convocados a responder la pregunta ¿Qué hacemos con Pablo? Foto: Salomé Habib.

     

     

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  • El arte que rodea al Museo de Antioquia

    La actual sede del Museo de Antioquia se encuentra sobre la Plaza Botero, entre las carreras Carabobo y Cundinamarca, un espacio que ha acogido pinturas, esculturas y demás piezas artísticas de distintos creadores locales y extranjeros desde el 15 de octubre del 2000, cuando la edificación patrimonial, antiguo Palacio Municipal, pasó a ser baluarte del arte en Antioquia.

     

    Hoy, 18 años después, el museo está quizá en su mejor momento, no solo goza de afluencia, variación en programación y calidad en las colecciones, sino que se ha integrado al entorno; se olvidó de las cerraduras y es ahora una casa de puertas abierta, tal como reza el eslogan de Museo 360, macroproyecto que desde 2016 busca generar acciones de impacto en el centro de Medellín.

     

    En la página web del museo se puede encontrar el mapa: con viñetas de colores y acotaciones revelan cada una de las salas que hay en los tres pisos de la edificación; baños, escaleras, cafés, tienda, centro de atención de primeros auxilios, rutas de evacuación y patios, están demarcados por íconos y figuras que orientan al visitante.

     

    Lo imprimo y saco de mi maleta un marcador rojo, le quito la tapa y amenazo al Bond aún caliente. Con un pulso casi quirúrgico, delineo la planta baja del museo, lo hago dejando un espacio de aproximadamente cinco milímetros entre la ilustración y la línea roja: parto de la entrada principal hacia la derecha, cruzo la esquina que da sobre la avenida León de Greiff hasta el siguiente giro, en línea recta atravieso la parte trasera del edificio hasta voltear en la calle Calibío, donde delineo hasta la esquina próxima que me lleva al lugar en el que partió el marcador; uno los trazos y obtengo un contorneado del Museo de Antioquia. Lo hago como preparación a la visita que haré, una en la que por primera vez no será en las salas de adentro –como lo suelo conocer– sino afuera, en su fachada: una experiencia de 360 grados.

     

    “Somos un museo que está en pleno corazón del centro de la ciudad de Medellín”, comenta Julián Zapata, curador asistente de Museo 360. Y es a partir de esto que el “Museo de Antioquia se empezó a entender como un espacio que no puede ser ajeno a todos los fenómenos sociales que ocurren al rededor del edificio.”

    Cuando por fin hicieron acto de consciencia, empezaron a abrir las puertas y ventanas del museo, todo aquello que estaba antes cerrado al público y que ni siquiera podía ser usado por las personas que trabajan al interior. Teniendo los espacios disponibles, comenzaron a generar propuestas que conectaran al museo “con la calle, el exterior, la gente de afuera”.

     

    Carolina Chacón, curadora jefe del macroproyecto, cuenta que este contenido se comenzó a pensar con distintos tipos de formatos, “a través de prácticas artísticas contemporáneas que no están basadas en objetos, pinturas, esculturas, sino que su materialidad pasan a ser los cuerpos, las acciones, el tiempo, el espacio específico”. De esta premisa nacieron distintos proyectos que se fueron sumando a la gran propuesta del museo que tiene como finalidad agruparlos.

     

    La consentida, por ejemplo, es la selección de una obra expuesta en el museo que se escoge para ser exhibida en la Sala Cundinamarca, un espacio en el que sus amplios ventanales permiten que sea vista desde afuera, desde la carrera que lleva su mismo nombre. Lo que se busca es crear una conexión entre los distintos públicos del mismo, que tanto el transeúnte afanado o tranquilo, como el visitante local o extranjero, puedan apreciar las obras en una sala que cuenta con todos los parámetros de conservación y seguridad necesarias. Obras como Horizontes de Francisco Antonio Cano, Monalisa niña de Fernando Botero, El pueblo y el guayacán de Ethel Gilmour, entre muchas otras, han pasado por esta sala y han podido ser vistas por personas que tal vez nunca hayan entrado al museo.

     

    Otro proyecto que nace sobre la misma carrera, es decir, sobre la parte trasera de la edificación, es Residencias Cundinamarca. En este espacio, artistas o colectivos podrán realizar una residencia en el Museo de Antioquia y crear así una propuesta de integración y visibilización con alguna de las comunidades o grupos sociales que habitan el entorno. Su esencia es tanto artística como educativa.

     

    La esquina también es otro de los espacios que se creó como un lugar de socialización. A través de performances e intervenciones artísticas, el Museo de Antioquia le da vida a su esquina entre Cundinamarca y Calibío cada quince días. Allí se reta y hace frente a los problemas –que luchan entre ser estigmas o realidades– de seguridad en el sector, lo que dificulta el encuentro nocturno de quienes habitan el centro de la ciudad.

     

    A estos proyectos se le suman Vive la Plaza, en el que colectivos podrán hacer una intervención artística en la Plaza Botero; Diálogos con sentido, un espacio pedagógico en el que niños del centro de la ciudad potenciarán sus habilidades y aprenderán a autorreconocerce como sujetos activos dentro de la sociedad; Vitrinas Cundinamarca, exposiciones inspiradas en la célebre Zona Roja de Ámsterdam; y Biblioteca de Saberes vivos, una gran huerta en la que se establece una relación entre comer, leer y escribir: sembrar se convierte en el mejor pretexto para contar historias.

     

    Recorrer caminando la fachada del edificio, o dar un giro de 360 grados en su eje, demora alrededor de tres minutos con treinta segundos; solo si se hace a un ritmo tranquilo, pero no lento, con pasos firmes y sin detallar. Pero si se quiere apreciar toda la oferta cultural y artística que el Museo de Antioquia tiene para ofrecer con su macroproyecto, el tiempo invertido sería de mañanas, tardes o noches enteras, semanas o meses. La finalidad es que quienes habitan y frecuentan este sector del centro de Medellín puedan tener a su disposición eventos, presentaciones o exhibiciones en cualquier momento de su jornada; que puedan ser integrados y que se sientan parte fundamental de uno de los símbolos más importantes de la cultura antioqueña. Una oferta tan variada que los 4.504 m2 de la edificación no alcanza a abarcar, por lo que se extiende a otros escenarios de la ciudad.

     

    El cabaret de ‘las guerreras’

    Son las 7:50 p.m. y el Teatro Pablo Tobón Uribe se va llenando poco a poco. Las personas ingresan y se acomodan en las sillas dispuestas a apreciar la función que está a punto de comenzar. Caen las luces y una mujer, que se encontraba tendida en una esquina del escenario –inmóvil– desde que abrieron las puertas, comienza a arrastrarse, a moverse al ritmo de los sonidos virtuales que se escuchan de fondo. Inicia la primera escena de Nadie sabe quién soy yo, y de ella le siguen siete escenas más: son en total ocho mujeres, es decir, ocho historias.

     

    Este performance en formato de cabaret es uno de los proyectos que nació en Residencias Cundinamarca. El Museo de Antioquia invitó a la artista bogotana Nadia Granados para que realizara una residencia en el nuevo espacio dispuesto por el museo, por lo que integró a varias prostitutas del sector de la Veracruz, vecinas de la zona, a participar en su proyecto artístico que “busca tumbar todos los estereotipos que existen alrededor de las mujeres que ejercen el trabajo sexual”, esos prejuicios que “todos tenemos por más mente abierta” que presumamos, según Carolina Chacón.

     

    Se pasean en el escenario contando sus historias: cómo vender mechones de cabello puede ser la solución para ganar algo de dinero y así apaciguar el hambre, la manera en la que la sociedad establece estereotipos de cuerpos femeninos y excluye los “desmoldados”, la explotación laboral, el abuso doméstico con sus maridos y el impacto que ha tenido sobre ellas la violencia en el país.

     

    “Es muy fácil llegar a la prostitución, pero es difícil salir de allí”, dice Luz Mery Giraldo, líder de Las guerreras del centro, nombre que adoptaron en su proceso de convertirse en una corporación. “El nombre nace de una compañera que yo tuve. Cuando iba a trabajar de madrugada, ella me decía: ‘hoy toca guerreármela’… y así nos toca a nosotras, es la guerra por el peso”.

     

    Días antes de la presentación, Luz Mery, quien ha dedicado más de 17 años a trabajar por la comunidad de mujeres que ejercen el trabajo sexual, anunciaba enérgicamente la realización del performance: “Mi sueño es conquistar al mundo con mis obras, siendo vocera de muchas mujeres que están en situación de vulnerabilidad, porque… Nadie sabe quién soy yo.” El video, publicado por la cuenta oficial de Instagram de la corporación (lasguerreras.del.centro), suma hoy casi cuatrocientas visualizaciones.

     

    En la misma cuenta de la red social, en la tarde de la presentación en el Pablo Tobón, iniciaron una transmisión en vivo de su llegada al Teatro. Mientras ingresaban, me incorporé a las tres personas que veían a través de la pantalla la entrada de ‘las guerreras’ a su campo de batalla o, sin el innecesario lenguaje bélico, a los camerinos. Aunque ya se habían presentado en otros teatros de la ciudad como La Hora 25, El Trueque y El Matacandelas, la emoción por estar en el Pablo Tobón era notoria. “Qué es esto tan bello”, “mirá, mirá esos espejos”, “yo creo que me voy a quedar a vivir acá…”, son algunos de los comentarios que entre risas, gritos y euforia se escucharon en la transmisión de Instagram cuando Melissa Toro, directora de la corporación, creyó necesario grabar el momento.

     

    Luz Mery se me acerca al finalizar la entrevista y al oído me dice que tiene un poema que quiere compartirme. “Yo también escribo”, comenta orgullosa. Lo tituló Prostitución: esclavitud – explotación, y en él plasma lo que para ella significa el ejercicio del trabajo sexual, del cual también cree que ni siquiera debe recibir ese tecnicismo, pues “ni prestaciones sociales se reciben, no hay un salario fijo.”

     

    Mujer pobre, enmudecida y opacada.

    ¿Dónde está tu juventud?

    Brindando estás en copa rota

    por esa piel que ya no es.

     

    Hoy recuerdas esa noche

    en donde fuiste presa frágil

    de aquel lobo feroz,

    y desde entonces tu sonrisa…

    la tornaste en llanto.

     

    Prisionera sigues,

    del vicio idolatrada.

    Doblemente explotada

    y por la sociedad,

    doblemente olvidada.

     

    Y es en el final del poema en donde es más notorio el impacto que el proyecto ha tenido. Desde que iniciaron su proceso con el Museo de Antioquia, la prostitución en el centro de Medellín –un fenómeno social con el que se convivía a diario pero era ignorado– se ha visibilizado. A través de la intervención se le ha mostrado a gran cantidad de personas en teatros con aforo completo, en prensa y redes sociales, lo que de verdad significa ser prostituta.

     

    El año pasado el performance ganó el premio Obra 2017 del periódico de arte y cultura, Arteria, con el 45, 9% de los votos. Distinción que se suma al éxito que han tenido en todos los teatros en los que se han presentado y la buena acogida por parte del público. Este proyecto fue posible gracias a “un proceso de intercambio entre las ideas escénicas, visuales y la estética de la artista, con las historias de las mujeres. Todo se fue dando a medida que fueron encontrando espacios de conversación muy personales e íntimos”, como lo cuenta Chacón antes de la función.

     

    Estas mujeres le han dado un nuevo significado a su vida, se han demostrado a sí mismas que es posible pasar de trabajar en el catre oxidado, a brillar en el escenario. Que los sueños se pueden cumplir, tal como María Flórez lo hizo: “Yo nunca me imaginé que podía montarme en un teatro a hablar y que a la gente le gustara, ahora soy famosa, una artista.”

     

    En la esquina también se llora

    María Natalia Ávila, artista bogotana, convirtió el espacio del museo entre Cundinamarca y Calibío en una cantina, con su proyecto Las divas también lloramos: amor, humor y desamor, en el que a partir de una “banda sonora interpretada por divas de la música de despecho” establece lazos con las historias de amor de quienes participan, como lo dice el pasacalles que anuncia la intervención.

     

    La propuesta que esta vez reunió al público en La esquina, fue la de un proceso de intercambio. No me concede la entrevista hasta que yo me tome un “aguardientico”, me dice la artista; luego de haberlo hecho, me pide que la espere pues hay una larga fila de personas detrás de la mesa principal deseando hablar con ella. Una señora, de edad avanzada, tiene en su mano un perrito desgastado de peluche, lo mira y zarandea. “Este chandosito me lo dio el primer novio”, dice la señora mientras María la escucha atenta; “tome”, culmina y se lo entrega. La artista lo recibe con una sonrisa, lo deposita en una caja que tiene al lado y le enseña distintas piezas gráficas que hay en la mesa: serigrafías, pegatinas, botones y fanzines.

     

    “La gente puede venir y traer cartas, credenciales, fotos… objetos que tienen que ver con el desamor de los que la gente quiere salir”, comenta la artista. Y como “a veces quemarlos o botarlos es una acción violenta a la que uno no se atreve”, ella los recibe y a cambio, el despechado, podrá quedarse con alguna de las piezas gráficas de su creación; objetos que, en este caso, sí “tienen afecto”.

     

    De fondo suena La cuchilla de Las Hermanas Calle y un grupo de mujeres –de pie– corean juntas la canción. En el lugar hay por lo menos más de veinte personas y son las 9:30 p.m., una hora en la que estar en el centro de Medellín puede significar, para muchas personas, un acto arriesgado. El sitio está decorado con afiches de distintas cantantes latinoamericanas que han dedicado su vida a cantarle al amor y desamor. Al lado de la mesa principal hay una Paquita la del Barrio a escala que parece vigilar la fila hacia María, mientras las personas esperan por el encuentro, van a la figura de cartón y se toman una foto con la cantante mexicana.

     

    Estar en el Museo de Antioquia, para la artista, significa “la posibilidad de acceder a más personas, que el proyecto pueda hacerse efectivo, y eso es increíble”, así como también lo es la convocatoria de público en ese horario.

     

    Museo 360 es también un museo de jornada continua en el que el momento del día no es un impedimento para la formación y encuentro entre públicos; es la prueba fehaciente de que con el arte se puede hacer frente a la inseguridad y violencia.

     

    Aunque el intercambio de objetos solo fue por una noche, su propuesta artística se extiende a Vitrinas Cundinamarca, en donde láminas cubren cinco vidrieras de la parte trasera del museo con imágenes de artistas como Chavela Vargas, Liz Freitez, Lolita Flores, entre otras, acompañadas de frases de sus canciones.

     

    Noventa años de historia

    Desde finales de la década de los años veinte del siglo pasado, se hacía notoria la necesidad de tener una sede de gran albergadura para la administración local, pero solo fue hasta el 7 de diciembre de 1931 cuando el Concejo de Medellín propuso la iniciativa de creación de un edificio que acogiera la Alcaldía y Concejo de la ciudad. Al año siguiente se abrió un concurso en el que arquitectos y empresas constructoras podían enviar sus propuestas. La firma H.M Rodríguez e hijos fue la ganadora.

     

    La construcción de la edificación se terminaría en 1937 y serviría como Palacio Municipal hasta 1988, año en que el edificio pasó a manos de Empresas Públicas de Medellín, compañía que se ubicaría allí solo hasta el año 2000 cuando el inmueble pasó a ser la sede principal del Museo de Antioquia.

     

    El edificio patrimonial, declarado Monumento Nacional por medio del Decreto 1802 de 1995, conserva entre sus paredes noventa años de historia, y su vigencia es evidente. Ha sobrevivido a esa “falsa idea de progreso” como el escritor y periodista Darío Ruiz Gómez le llama al construir y reconstruir permanente en el que vive el centro de la ciudad.

     

    Esa vitalidad tan solo es posible si se ejecuta una renovación, y no necesariamente a partir de una obra de desplome. Museo 360 ha significado para el Museo de Antioquia, y su edificación principal, un nuevo aire. Para Luis Felipe Saldarriaga, arquitecto de Patrimonio Cultural de la Gobernación de Antioquia, la mejor manera de otorgarle a estas edificaciones patrimoniales vigencia es articulándolas “con la cultura y la educación, e incrementando programas de formación y difusión de ese patrimonio cultural en todos los ámbitos.”

     

    Premisa que el Museo de Antioquia ha entendido y que gracias a eso hoy es posible no solo conocer los espacios que tiene a su disposición en el interior, sino también en su fachada: vidrieras, columnas, rejas y cercas que cuentan una parte importante de nuestra historia como sociedad, y que sirven –a través del macroproyecto– como el mejor escenario para que la misma se visibilice y resalte: pasar del contorneado en el papel, a caminar por las calles del centro de Medellín.

     

     

  • 40 años del pueblito de nuestras cuitas

     

     

    “Tenemos contemplado hacer una exposición en el marco de los 40 años para que los visitantes entiendan el contexto de un pueblito paisa, que si bien muchos tenemos la posibilidad de ir a otros pueblos de Antioquia, de pronto un turista que solo tiene unas horas o unos momentos para recorrer la ciudad pueda conocer y tener este referente’’, señaló Juliana Cardona Quirós, Subsecretaria de Turismo de Medellín.

     

    En el suroccidente de Medellín, en medio de todo el cemento, hay un pequeño pulmón verde que además de naturaleza tiene cultura e historia paisa, lo que lo hace sitio obligado de visita en la ciudad.

     

    En la cima del Cerro Nutibara se encuentra el Pueblito Paisa, un espacio que por tradición es referente de la ciudad de Medellín y que ha funcionado desde 1978 como un abrebocas de lo que es un pueblo tradicional antioqueño. Lleno de colores, artesanías, comida típica, exposiciones antiguas y una vista panorámica de la ciudad ha impulsado año tras año a que extranjeros y nacionales quieran conocer más de esta región colombiana.

     

    ¿Cómo surgió?

    Todo comenzó en 1976 con un restaurante mirador que tuvo tanta acogida, que se decidió construir un pueblo antioqueño para atraer más turistas. Julián Sierra Mejía, arquitecto, se encargó de todo el diseño y tuvo las obras a su cargo.

     

    Con la ayuda de empresas antioqueñas como Coltejer, Compañía Colombiana de Tabaco, Noel, Compañía Nacional de Chocolates y Suramericana se inició toda la construcción del lugar. Queriendo darle más realismo, Sierra rescató muchos de los restos del viejo Peñol, que estaba siendo demolido para construir la represa, y de la antigua Casa de Ejercicios Espirituales San Vicente para empezar con la obra. Puertas, marcos, ventanas y hasta la que hoy es la puerta de la iglesia del Pueblito Paisa fueron utilizadas para darle más similitud a un pueblo de verdad. Años después Empresas Públicas de Medellín iluminó los senderos y se instaló la señalización del lugar.

     

    Espacios

    Al llegar a lo más alto del Cerro Nutibara, lo primero que se aprecia es una plaza en piedra con una fuente en todo el centro, una característica capilla blanca con sus sillas antiguas de madera, rodeada por casitas de colores naranjas, rojas, azules y amarillas. Algunas de estas casas con dos pisos y desde abajo se pueden ver los restaurantes repletos de turistas disfrutando de la comida típica antioqueña y de la hermosa vista de la ciudad, al igual que las flores que durante todo el año adornan los balcones. Varios puestos y tiendas de artesanías ofrecen la imagen del silletero en llaveros y muñecos. Bancas de madera rodean el parque y son el espacio en el que muchos visitantes se sientan a a conversar o disfrutar de una oblea.

     

    La capilla, la botica, la escuela, la casa cural, la alcaldía y la barbería fueron los sitios que dan fidelidad al pueblito y despiertan comentarios nostálgicos de los visitantes, algunos de los cuales desde 2012 se empezaron a llevar de a poco pedazos del lugar que hoy ya no tiene los pupitres de madera del siglo XIX, sin la silla roja de la barbería, sin muebles antiguos, y sin botica.

     

    El principal objetivo de la Alcaldía de Medellín desde la Subsecretaría de Turismo es que la gente entienda cómo es un pueblo paisa y que conozca nuestra historia y cultura. En contraste, Jenny Sandoval, turista de Bucaramanga, lamentó en medio de su visita lo limitada que es la zona de comidas y la falta de señalización.

     

    Transformaciones

    Dentro del plan de desarrollo ‘’Medellín cuenta con vos’’, la Alcaldía de Medellín tiene un proyecto para convertir a los cerros Nutibara y El Volador en atractivos turísticos. La Empresa de Desarrollo Urbano (EDU) está a cargo del proceso de diseño.

     

    El manejo del Cerro Nutibara está a cargo de la Secretaría de Medio Ambiente, pero también de la Secretaría de Desarrollo Económico, específicamente la Subsecretaría de Turismo y la Secretaría de Cultura.

     

    De acuerdo con Juliana Cardona Quirós, subsecretaria de Turismo de Medellín, se espera que en noviembre de 2018 se puedan comenzar a ver algunas de las intervenciones, principalmente en senderos y caminos para los visitantes, con soluciones para personas con movilidad reducida y coches de niños, ciclo rutas y seguridad. ‘’Queremos que sea un cerro para todos’’, expresó la subsecretaria de Turismo. En concordancia con la función ambiental del cerro, entre los planes está la restricción de vehículos.

     

    Por su parte, la Secretaría de Desarrollo Económico realiza capacitaciones a los comerciantes del Pueblito Paisa, manteniéndolos actualizados en el mejoramiento de sus artesanías y en el servicio al cliente, pensando en la cantidad de visitantes que está recibiendo Medellín y particularmente este lugar.

     

    Promoción del lugar

    En las dos terminales de transporte de Medellín, en los aeropuertos Enrique Olaya Herrera y José María Córdova, Plaza Mayor, Parque Arví, Parque de las Luces y en el Pueblito Paisa hay Puntos de Información Turística (PITS), que orientan a los visitantes dándoles recomendaciones de los principales sitios para visitar. De acuerdo con Juan David Giraldo, encargado del PIT del Pueblito Paisa, los turistas llegan al lugar con gran expectativa por ser un sitio tan recomendado por los recorridos que ofrecen las agencias turísticas de la ciudad.

     

    Los Puntos de Información Turística facilitan mapas, horarios de actividades, rutas de transporte y recomiendan museos, parques y bibliotecas, como parte del reto de mejorar constantemente la calidad de los espacios, entre otros aspectos, la seguridad y el acompañamiento.

     

    Feria de Flores

    Durante la Feria de las Flores, el Pueblito Paisa es uno de los lugares más visitados. Incluso en medio de remodelaciones y otras obras, los visitantes tienen la oportunidad de apreciar la elaboración de silletas y una exposición a propósito de las cuatro décadas de historia de este lugar que protagoniza numerosas postales de Medellín.

     

     

     

     

     

     

     

  • Opinión // Deseos en faldas

     

    Ojalá me hubiese puesto la falda al entrar a la universidad; poner el carné, cruzar el torniquete y subir la falda entre las piernas, luego caminar tranquila y segura, porque hay otras cuantas chicas que visten igual que yo.

     

    De pequeña me enseñaron a colocarme un short bajo el “yomber” del colegio por miedo a que algún –o alguna –bromista decidiera subirlo, tanto así que para el día de mi graduación aún los utilizaba. Nunca fue una elección, fue una costumbre que en algún momento consideré decisión propia con el fin de combatir mi inseguridad.

     

    Soy una mujer caderona, insegura y caderona, ponerme pantalones cortos o minifaldas son batallas contra mi autoestima y el qué dirán. Jamás valorarán mis intentos frente al espejo de sentirme segura antes de salir de casa, o el miedo que me produce andar sola frente a un bar, tal vez por eso convertí mi guardarropa en pantalones y camisas, porque de nada me serviría salir confiada a la calle si mientras espero el bus un hombre me chifla desde la otra acera.

     

    El día que decidí apoyar #UPBenfalda no lo pensé demasiado, tenía una motivación y, por extrañas razones, me sentía bonita con aquella falda frente al espejo. Pero no me sentí tranquila hasta pasar la portería de la universidad: en el camino dos hombres me lanzaron miradas mientras esperaba el bus; en la estación de Metro otro hombre se hizo exactamente detrás de mí al abrirse las puertas; ya sentada, un joven levantó su celular cada vez que ligeramente movía las piernas y lo dejó estático al bajarme en mi estación.

     

    Me aterró el hecho de sentirme culpable de sus miradas, estúpidamente agradecí que no hubiera pasado a mayores, pero estar en el campus rodeada de mujeres vestidas similar a mí me hizo comprender que no es nuestra culpa distraer, y que sentirnos victimarias cuando somos las víctimas no es normal.

     

    Si en la calle no puedo sentirme bien, el campus –por lo menos –debería ser mi lugar seguro, donde sintiera tanta tranquilidad, que mi falda o mi short fueran algo secundario. Ojalá, en vez de recomendarme evitar, les recomendaran respetar, para vestirme pensando en cómo me siento y no en cómo me tratarán. No es mucho lo que exijo ahora, quiero sentirme segura, ponerme una falda y que alguien me diga que luzco bonita, no que tres hombres en la calle me digan que quieren hacerme en la noche; pero qué puedo hacer si mi universidad me sugiere una vestimenta en vez de trabajar por nosotras.

     


    LA FALDA FUE EL MOTIVO

    Un comunicado con el que se pretendía ofrecer recomendaciones sobre la forma de vestir, durante las jornadas de clases, y que fue publicado en uno de los boletines electrónicos para los estudiantes de la Universidad Pontificia Bolivariana, suscitó una controversia, que desde el seno de la comunidad universitaria, alcanzó a la opinión pública de la ciudad y del país, especialmente, por vía de las plataformas digitales.

    Como respuesta a esta situación, a modo de protesta, en el campus se observaron a algunos hombres y a mujeres vestidos con falda; además, los estudiantes se manifestaron con varios letreros y con diferentes publicaciones digitales.

    Las expresiones motivadas por aquel contenido, que después las directivas de la Universidad reconocerían que fue erróneo, eran un nuevo episodio de una discusión de interés público sobre los derechos y la libertad, relacionados con la identidad de las personas, particularmente, con la de las mujeres.

    Desde Contexto abrimos varios espacios para la expresión de la comunidad universitaria sobre el debate en torno al vestuario, y sobre las cuestiones que aquel episodio debía convocarnos. Entre el 12 y el 20 de febrero, se hizo la convocatoria por medios electrónicos, y directamente se invitó a varios estudiantes, cercanos al debate, para que enviaran sus columnas.

    Compartimos con ustedes las opiniones recibidas en nuestra Edición 64. Lea las columnas recibidas aquí:

     

     

    Todo basado en prejuicios / Lady Johana Orozco Ortiz

     

     

     

     

  • Opinión // TODO BASADO EN PREJUICIOS

    Todos somos conscientes del escándalo que se generó en la Universidad Pontificia Bolivariana a raiz de una comunicación electrónica sobre el vestuario adecuado para asistir a clases, pero realmente, ¿qué nos queda de esto? Más allá de criticar, señalar y juzgar el comunicado del cual ya todos tenemos conocimiento debemos preguntarnos ¿qué viene ahora para la imagen de la Universidad?

     

    Pudimos observar que el boom de todo este problema se dio mediante las diferentes redes sociales, pero también logramos ver que desde la prensa hubo fuertes declaraciones señalando el comunicado como retrógrado y machista, y dando a entender que la Universidad le está suministrado a sus estudiantes parámetros sobre cómo se debe asistir a la institución. El mensaje ocasionó que se despertara una protesta al interior del plantel educativo: asistir de falda a las clases, lo cual tuvo una mayor acogida por parte del género femenino, ya que las chicas se sintieron cohibidas para ejercer un derecho que la misma Constitución les otorga y es el del libre desarrollo de la personalidad (Atículo 16), pero también pudimos observar que algunos chicos se unieron a esta campaña para defender a sus compañeras de un machismo que esta inpregnado en la circular dada a conocer el 7 de febrero.

    Así que está en nosotros como comunidad educativa preguntarnos, ¿en qué fallamos?, creo que la falla radica en recurrir a los prejuicios estéticos que se tienen del vestuario sin buscar soportes teóricos que nos argumenten las concepciones establecidas sobre un “buen” manejo de las prendas de vestir.

     

    Debemos conocer cuál es el límite de nuestros saberes previos antes de dar una opinión y más si ésta involucra a la cantidad de personas que alberga una universidad como es la Pontifica Bolivariana, porque esto no solo crea una dispersión al interior, sino que la imagen ante un mundo en pleno Siglo XXI, con un pensamiento tan liberado, nos hace quedar como una institución arcaica que sostiene un pensamiento que se dejó atrás hace más de un siglo. Así que, en vez de avanzar en la imagen que se tiene de nosotros, estamos retrocediendo.

    La invitación es para que revisemos qué comunicados sacamos, qué impresiones estamos dejando, y en qué tipo de saberes estamos formando, si en el de los prejuicios o en el de los argumentos claros y contundentes.

     


    LA FALDA FUE EL MOTIVO

    Un comunicado con el que se pretendía ofrecer recomendaciones sobre la forma de vestir, durante las jornadas de clases, y que fue publicado en uno de los boletines electrónicos para los estudiantes de la Universidad Pontificia Bolivariana, suscitó una controversia, que desde el seno de la comunidad universitaria, alcanzó a la opinión pública de la ciudad y del país, especialmente, por vía de las plataformas digitales.

    Como respuesta a esta situación, a modo de protesta, en el campus se observaron a algunos hombres y a mujeres vestidos con falda; además, los estudiantes se manifestaron con varios letreros y con diferentes publicaciones digitales.

    Las expresiones motivadas por aquel contenido, que después las directivas de la Universidad reconocerían que fue erróneo, eran un nuevo episodio de una discusión de interés público sobre los derechos y la libertad, relacionados con la identidad de las personas, particularmente, con la de las mujeres.

    Desde Contexto abrimos varios espacios para la expresión de la comunidad universitaria sobre el debate en torno al vestuario, y sobre las cuestiones que aquel episodio debía convocarnos. Entre el 12 y el 20 de febrero, se hizo la convocatoria por medios electrónicos, y directamente se invitó a varios estudiantes, cercanos al debate, para que enviaran sus columnas.

    Compartimos con ustedes las opiniones recibidas en nuestra Edición 64. Lea las columnas recibidas aquí:

     

     

    ¿Por qué callar? / Valentina Cardona Ortiz.