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  • Medellín y el futuro de sus vías

    Para nadie es un secreto que vivimos en una ciudad con alto índice vehicular. Cada día las calles están más congestionadas. No es solo por la cantidad de vehículos que en ella circulan, sino también por la infraestructura vial.

     

    Según estadísticas, en el RUNT (Registro Único Nacional de Tránsito) se registraron alrededor de 2.2 millones de vehículos en Antioquia, de los cuales 1.3 millones eran motos (59 %), y 777.673 automóviles (34 %). De allí la pregunta: ¿hay suficiente espacio en las calles de Medellín para que transiten tantos vehículos? La respuesta es NO, al igual que muchos comentarios que he apreciado por parte de personas que laboran en este campo, siendo directamente afectados por la situación.

     

    Pero, ¿a qué se debe esto? Los principales argumentos son dos: el primero, que cada año entran miles de vehículos nuevos a la ciudad, según informa el Ministerio de Transporte por medio del RUNT, pero no salen de circulación los que ya han gastado su vida útil, la cual en Colombia es de aproximadamente 30 años. Estos generan más emisiones de dióxido de carbono y, por ende, más daños al ambiente. Lamentablemente el 19 % de buses supera dicho límite de tiempo, según el RUNT.

     

    El segundo argumento, la reducción de las calles como consecuencia de las ciclorrutas; proyecto que es importante y pertinente, pero no fue pensado lo suficiente, ya que esta idea debió construirse poco a poco, analizando la cantidad de vehículos que circulan por las vías, y del mismo modo, la cantidad de ciclistas que pueden hacer uso de estas. Para así determinar si en realidad este proyecto es apto en la zona.

     

    Si volvemos a las cifras, una de las zonas que posee la mayor infraestructura ciclística, como lo es la comuna 11 de Medellín, tan solo alcanza el 2 % del uso planeado según informes de EL COLOMBIANO. Basados en esto, formulémonos esta pregunta: si hoy sufrimos este caos, ¿qué nos espera en los próximos años? Si sigue aumentando la demanda de vehículos, y la presencia de ciclorrutas en vías que en realidad no las necesiten, siendo estas de tamaño desproporcional, aumentará el encogimiento de las calles, en lugar de una ampliación para darle solución al caos vehicular de la ciudad.

     

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    Columna realizada en el curso Introducción a la Comunicación, orientado por el profesor Luis Fernando Gómez Velásquez.

     

     

     

  • Los límites de la obsesión

    Mediante testimonios que narran experiencias personales, que desde miradas profesionales ilustran las caudas y efectos de los trastornos alimenticios, este trabajo se propone como herramienta para afrontar este fenómeno, que no solo es más cercano de lo que se cree, sino que exige prestar atención al funcionamiento de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras conductas sociales, como fuentes de solución.

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo V, bajo la orientación del profesor Gabriel Jaime Lotero.

     

     

  • Los platos de mamá

    El lunes es parecido al miércoles. El martes al jueves y el viernes a cada uno de los cuatro días anteriores. ¿Sábado y domingo?, sigo pensando que en esos días brilla un poquito más el sol. De resto un poco de lo mismo.

     

    Me levanto a las 7:50 de la mañana, aunque, si me da pereza, apago el despertador y dejo que el azar ponga límite a mi sueño. No todos los días me baño, lo acepto. Voy por un vaso a la cocina, lo lleno de agua y me lo tomo en el balcón. La luz aún me molesta en los ojos y el sonido de unos pocos carros pasando me recuerda que es otro día. Me tomo el agua despacio, como si fuera un vino o un costoso cóctel. En ese rato pienso: ¿qué fue lo que soñé?, ¿por qué soy así?, ¿la tarea es para hoy o es para mañana?, ¿sí le respondí el mensaje a Gabriel?, ¿qué clases tengo hoy? Todo va pasando como un tren de no sé cuántos vagones que no se detiene a saludar. Pero hay una pregunta diferente, hay una que puedo palpar…

     

    Me siento en el escritorio y empiezo a estudiar. Cada tanto mi papá me llama para que lo ayude con “esas cosas tecnológicas”, claro, yo le ayudo. Dos horas, tres horas, cuatro horas, seis, ocho, diez. ¡Carajo! ¿Podrías por favor detenerte por un momento y dejarme ser?, me cuestiono mientras envío ese trabajo que me arrebató todo el día para solo dejarme con algunos fragmentos del día que verdaderamente me pertenecieron. Le envió un mensaje a mi novia diciéndole que estoy bien, que acabé el trabajo, que la extraño -de verdad la extraño-. Me levanto del escritorio, voy a la habitación de mis papás y me tiro en la cama, tratando de dejar el estrés en la mesa del escritorio, pero el muy desgraciado se me pega de la espalda. Luego me siento en el balcón a tomar el aire (ahora que se puede) y pienso, aunque no quiera, pienso… pero no lo que quiero, más bien lo que me toca. Me despido de mis padres y me acuesto en un terremoto de pensamientos que luego se reflejarán en los sueños. Me persigno, pido ayuda y me duermo.

     

    Mi día no se escaparía mucho del dibujo en blanco y negro de un artista que ilustra la portada de un cuento aburrido.

     

    ¿Qué hará hoy mi mamá de almuerzo?

    Esa es la pregunta que faltaba y la que le da color al dibujo, la que permite que el lunes sea lunes y domingo, domingo.

     

    Desde eso de las 10 se empieza a escuchar el ruido de las ollas. ¿Qué hacemos hoy?, a veces me pregunta y con mi silencio, ya sabe que quiero dejarme sorprender porque me gustan sus sorpresas. Hay concentración hasta que el olor llega, ese mismo que anuncia un festín, descanso y reunión.

     

    Un poco pasadas las doce mi mamá empieza desde la cocina a pedir que ponga la mesa y yo corro a hacerlo porque sé que esa es mi humilde ofrenda para hacerme digno de aquello que mis papilas anhelan.

     

    Lunes de frijolitos, martes de lentejas rancheras, miércoles de pasta, jueves de mondongo, viernes de sudado y domingo de… descanso, ese día pedimos domicilio. Cada día hace algo diferente y cada día me gusta.

     

    Nos sentamos los tres en el comedor: papá, mamá e hijo; una copia no tan sagrada de la sagrada familia. Damos gracias por eso que a tantos les falta y me llevo el primer bocado a la boca.

     

    No sé cuál sea la cura del COVID-19, pero al menos la de mi cuarentena me la da mi mamá cuando me sonríe mientras pregunta… ¿Está bueno el almuercito?

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

     

     

     

  • Correspondencia en pandemia

    La libertad desde mi punto de vista no es simplemente el hecho de salir a la calle. La libertad desde el encierro la he experimentado de diferentes maneras, lo que me ha permitido reflexionar y tener el control de mis emociones sin reprimirlas. Ser libre implica vivir y sentir, por eso narraré desde la luz, desde lo positivo y bello que tiene mi día a día en esta cuarentena: dibujar, crear, pintar, meditar, disfrutar de la “soledad”. Esas son formas de libertad.

     

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    Trabajo realizado en el curso Camarografía e iluminación, orientado por el profesora Carlos Sánchez Pizarro.

     

     

     

     

     

     

  • Los ovarios que le faltan a la historia

    Justicia menstrual y educación sexual son dos cuestiones prioritarias en la agenda para una sociedad que tiene la urgencia de garantizar el ejercicio pleno de todos sus derechos a las mujeres. Estos asuntos son visibles gracias a la movilización en torno a ellos que ha cobrado fuerza recientemente y este especial multimedia ahonda en las explicaciones sobre la relación de estos asuntos y de los activismos que reivindican su importancia, con fenómenos estructurales que la sociedad toda debe afrontar.

     

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    Trabajo realizado para el curso Periodismo V, orientado por el profesor Gabriel Jaime Lotero.

     

     

     

     

  • Diario de un encierro a prueba de olvidos

    A la mama patria

     

    Te hemos visto gloriosa, manchada y con la guerra besándote las entrañas. Te hemos querido a pesar de tus balas. Perdonamos verte desangrada y violentada. Los perdonaste tú, nos perdonaste tú.

     

    Recuerdo cuando te limpiaste la sangre de los hijos que no diste a luz, cuando con machetazos te partían el alma, cuando los de corbata te robaban en la cara. También te recuerdo hermosa, dibujada en el cielo, en aquellos tiempos cuando te creían santa y tu gente te respetaba.

     

    Tengo miedo de ver por tu ventana y dormir en tu cama porque desde hace años los ladrones te violan en tu propia casa. Todo lo incendian y se lo llevan y tú te quedaste mama-ndo en el país en que nunca pasa nada.

     

    Ilustración de la autora.

     

     

    Banquete

     

    “… Más allá de cualquier zona prohibida

    hay un espejo para nuestra triste transparencia”

    A. Pizarnik

     

     

    La muerte ha entrado en nuestra casa. Llegó despacito, como un viejo amante que ha venido a dejar promesas y regalos. Ha venido con los ojos vendados, porque en esta velada no le ha de importar si eres joven o poeta, prostituta o anciano. Mucho menos se interesa en si vistes fino o llevas los pies descalzos.

     

    La muerte ha entrado en nuestra casa. No le importa si aún hay unos ojos a los que no le hayas dicho te amo. Pasó de largo y se muestra indiferente frente a si la vida no nos ha bastado. Da zancadas cada vez más largas y llega bailando al compás del arrepentimiento de las caricias que nunca jamás quisimos no haber dado.

     

    La muerte ha entrado en nuestra casa. Esta vez ha llegado hasta la sala, y aunque las ropas le importen poco, esta noche ha venido elegante, solo para recordarte que nunca es demasiado tarde cuando es ella quien aplaude.

    Ilustración de la autora.

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y literatura,

    orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

     

     

     

  • Eduquemos para transformar

    Para nadie es un secreto que vivimos en una sociedad con un déficit en el campo educativo, en la que, de 70.000 personas que se presentan a una universidad como la Nacional, solo pasan 3.080, o un déficit de recursos para cubrir las necesidades totales de las instituciones, o de oportunidades para quienes salen del colegio y van a la universidad, pero no están totalmente preparados para afrontarla y muchas veces terminan desertando.

    Si la educación es un derecho fundamental, ¿por qué hay gente que se queda sin educarse porque el costo de la matrícula es impagable?

     

    Educarnos nos obliga a pensar, pensar nos obliga a cuestionar y cuestionar nos obliga a cambiar. Como sociedad necesitamos un cambio, y si la educación es la base para que ese cambio se dé, ¿por qué no luchamos por ella? ¿Será que nuestra primera falencia educativa es la incapacidad de trabajar en equipo? ¿O la razón es que no somos lo suficientemente educados como para unirnos y dejar de hacer sangrar a nuestra propia tierra?

     

    El alcalde Daniel Quintero dice “si transformamos la educación, habremos transformado todo en Medellín” y presentó proyectos para que la misma no sea “un privilegio de pocos sino un derecho de todos”. Él sabe que la educación da criterio, y que tener criterio y mente propia es lo que nos hace falta a los colombianos para dejar de ser las marionetas de una cantidad de personas y al fin ser una sociedad de iguales.

     

    La posibilidad de cambiar nuestra realidad por medio de la educación y ver un lugar en donde las personas sean tratadas con justicia y amabilidad me hace soñar y querer hacer parte del cambio por el que estamos luchando actualmente. ¿Cómo aportará usted en hacer de este un lugar mejor?

     

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    Columna realizada en el curso Introducción a la Comunicación, orientado por el profesor Luis Fernando Gómez Velásquez. Publicada en el periódico El Colombiano.

     

     

     

  • Un trago con el jefe

     

    Imagen de la película Los viajes del viento, dirigida por Ciro Guerra.

     

    Cuando caiga a la tumba por fin seré libre. Te llamaré para hacer una parranda con vallenatos debajo de un palo de mango. Hablaremos tranquilos, sin afanes y sin preocuparnos por usar el celular. Me contarás de tus andanzas con los otros cuerpos, los últimos cinco segundos de sus agonías. Me dirás en quién pensaron, qué sintieron y cómo trascendieron al otro lado. Reflexionaremos sobre lo que hicimos mal y lo que nos faltó por hacer. Compraremos una botella de ron y negociaremos unos minutos más de tiempo. Ese tiempo que solo tú vendes a un precio muy alto, se paga con gotas de sangre. Debatiremos sobre tu sed por el sufrimiento y la desgracia de aquel mundo. Te haré una entrevista sobre cómo seleccionas los virus que utilizaste para matarnos. Me dirás que esa es tu naturaleza, que tienes que regular el mundo; te entenderé. Ya cuando estemos borrachos me reiré en tu cara y seré recordado como aquel que se tomó un trago con la muerte.

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y literatura,

    orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

     

     

     

  • Un día desperté y todo había cambiado

    La naturaleza está más allá de lo que nosotros creamos. Ella, por si sola, tiene los medios para restaurarse y demostrarnos continuamente que no tenemos el control. Esta pandemia fue una de las tantas demostraciones físicas que nos reitera la necesidad del cambio colectivo de conciencia, de volver a los esencial, a la naturaleza, del poder sentirnos, compartir en familia y no vivir en desigualdad. Esto es un llamado a ser conscientes y coherentes en lo que hacemos en nuestro paso por la tierra.

     

    Click en la imagen para ver el video:

     

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    Trabajo realizado en el curso Camarografía e iluminación, orientado por el profesor Carlos Sánchez Pizarro.

     

     

     

     

     

  • En Medellín, las madres dedicadas al trabajo sexual agotan recursos

    ​En medio de la pandemia por Covid-19, el aislamiento obligatorio ha llevado a las trabajadoras sexuales del centro de Medellín, muchas de las cuales son madres cabeza de familia, a tomar medidas que ponen en riesgo su salud y tranquilidad. ​

     

    << Para las que optan por mantenerse en las calles el reto es doble: subsistir y protegerse.

    Foto: Joaquín Sarmiento.

     

     

    El aislamiento obligatorio que restringe la circulación en las calles ha disminuido casi a cero el número de clientes que buscan servicios sexuales desde el 19 de marzo, cuando se dictaron las primeras medidas de confinamiento. La limitación y las alertas en relación con el contacto físico llenan de incertidumbres las proyecciones de recuperación para las mujeres que ejercen la prostitución.

     

    Falta de registro

     

    Según Mary Luz López, autora del libro Alzo mi voz, a muchas de estas mujeres les ha tocado salir a las calles a exponerse a contagios y multas porque los gastos y las necesidades no dan espera. Otras se encuentran trabajando en negocios abiertos clandestinamente, incluso hay quienes han optado por el microtráfico de estupefacientes. Y es que, aun con las campañas de colectivos como Putamente Poderosas o programas de entidades gubernamentales como la Secretaría de Inclusión Social y Familia, las ayudas humanitarias no han sido suficientes para toda esta comunidad.

     

    “La mayoría de las mujeres están en crisis. Al inicio de la cuarentena se entregaron unos mercados que consistían en una libra de arroz, un kilo de fríjol, azúcar, más o menos con un valor entre $30.000 y $35.000. No es suficiente para calmar el hambre en una familia de dos a tres personas”, indicó Luz Mery Giraldo, representante legal de la corporación Guerreras del Centro. La realidad es que muchas de estas mujeres tienen de tres a cinco hijos y un compañero que también se encuentra sin empleo, pues usualmente son trabajadores con oficios informales igualmente afectado por el encierro. Por tanto, son urgentes para ellas las ayudas que posibiliten el sustento de sus hogares, por lo menos en estos días de inactividad.

     

    El problema no es nuevo

     

    La cotidianidad de estas mujeres siempre se ha visto tocada por la discriminación, las precariedades, los abusos por parte de la fuerza pública, entre otros factores que dificultan la normalización de dicha labor. “Cuando deciden que tienen que salir, porque no hay de otra, como han hecho algunas, lo único que reciben es ser llevadas al CAI, maltrato y abuso por parte de la Policía, comparendos, a lo que ellas responden: ‘que me pongan todos los que quieran, igual no tengo ni para comer’”, indicó Tatiana Cano, integrante del colectivo Putamente Poderosas.

     

    Varias de estas mujeres afirman que lo peor que puede pasar es que se enfermen. Así dijeron entre gritos y algarabía en la segunda entrega de mercados que realizó Putamente Poderosas: “Si no nos mata el COVID, nos mata el hambre”.

     

    Es importante destacar que, para muchas madres trabajadoras sexuales, la angustia por sus hijos, el riesgo de contraer enfermedades, el maltrato por parte de sus familiares y allegados no es algo nuevo. “De uno se aprovecha el de los mandados, el de los tintos, la familia, la iglesia, la sociedad”, contó López. Destacó que, aunque es más difícil conseguir sustento en esta época, las mujeres no cambian el ejercicio de prostitución.

     

    Los matices de un ideal de madre

    Muchas de estas madres se sostienen en el ideal de “sacar adelante a los hijos”, que puedan tener, en pocas palabras, “tener lo que ellas nunca tuvieron”. En efecto, hay quienes tienen hijos profesionales que nunca supieron el oficio de sus madres.

     

    Otras alternativas

     

    Para la mayoría de estas mujeres, la única fuente de ingresos es el trabajo sexual y es por esto que algunas están buscando cambiar de oficio para sostenerse, dado su futuro laboral incierto. Algunas de ellas se están reconectando con actividades como la costura, la venta de productos. Otras están buscando opciones como ser modelos webcam, vender fotos, videos, entre otros productos digitales, pero carecen de recursos tecnológicos o no tienen cuentas bancarias para hacer estos oficios.

     

    Las Guerreras del Centro, por otro lado, están buscando sobrellevar la angustia y la ansiedad de esta situación por medio de trabajos manuales, escritura, poesía, interacción en redes sociales con videos y fotos, entre otras cosas. Buscan donaciones de equipos tecnológicos para su progreso, a la vez que aprenden progresivamente el manejo adecuado de las TIC.

     

    Falta también conciencia. Algunas de estas trabajadoras no están tomando las medidas de prevención necesarias. “De alguna cosa nos tendremos que morir, pero el hambre no nos la aguantamos”, expresaron algunas de ellas. Muchas incluso se incomodan ante la idea de evitar el contacto físico. Están buscando trabajo en otros sitios, huyendo de la Policía, evitando que las aborden, tratando de conseguir clientes.

     

    El trabajo sexual afronta retos derivados de la necesidad de evitar el contacto físico. Probablemente disminuya la oferta, algunas voces hablan de formalización y parte importante de quienes ejercen el oficio están buscando alternativas. Pero, según Acevedo, lo que llaman “la gran oportunidad del coronavirus”, no aplica para esta población, porque sería volver a configurar un sistema de vida que viene de hace muchos años.

     

    ¿Qué sigue ahora?

    “Yo siento que el país está en una situación económica muy complicada, lo cual hace que el panorama sea muy crítico. Sería muy optimista y muy poco realista decir que van a poder vivir de otros oficios en estos momentos”, señaló Cano.

     

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    Informe realizado en el curso Periodismo II, orientado por la profesora Claudia Sánchez Aguiar.