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  • Hacer cine en Medellín

    Desde los últimos años se ha podido evidenciar cómo desde la academia se ha fortalecido la producción cinematográfica en Colombia con la creación de programas, que antes eran escasos, especializados en esta área. Son más diversas y numerosas las acciones que estimulan a quienes quieren abrirse camino en la producción cinematográfica. A pesar de estos progresos, es otro el panorama cuando se quiere materializar todo el conocimiento y comenzar a crear y/o producir, por lo costoso que resulta y la falta de apoyo a la producción audiovisual.

     

    Click en la imagen para navegar el especial:

     

     

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    Trabajo realizado en el curso periodismo V, orientado por el profesor Gabriel Jaime Lotero.

     

     

  • Un trago con el jefe

     

    Imagen de la película Los viajes del viento, dirigida por Ciro Guerra.

     

    Cuando caiga a la tumba por fin seré libre. Te llamaré para hacer una parranda con vallenatos debajo de un palo de mango. Hablaremos tranquilos, sin afanes y sin preocuparnos por usar el celular. Me contarás de tus andanzas con los otros cuerpos, los últimos cinco segundos de sus agonías. Me dirás en quién pensaron, qué sintieron y cómo trascendieron al otro lado. Reflexionaremos sobre lo que hicimos mal y lo que nos faltó por hacer. Compraremos una botella de ron y negociaremos unos minutos más de tiempo. Ese tiempo que solo tú vendes a un precio muy alto, se paga con gotas de sangre. Debatiremos sobre tu sed por el sufrimiento y la desgracia de aquel mundo. Te haré una entrevista sobre cómo seleccionas los virus que utilizaste para matarnos. Me dirás que esa es tu naturaleza, que tienes que regular el mundo; te entenderé. Ya cuando estemos borrachos me reiré en tu cara y seré recordado como aquel que se tomó un trago con la muerte.

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo y literatura,

    orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

     

     

     

  • Profes de frente. Al tablero y en el escenario

    ¿Alguna vez ha pensado qué hace su profesor cuando no está en el salón de clases, cuando no está preparando la cátedra o cuando no está revisando exámenes? Conozca 10 perfiles de profesores, exprofesores o aspirantes a docentes que también han decidido seguir sus pasiones y sueños representados en bandas de todos estilos del rock de Medellín.

     

    Economista a contracorriente

     

    Desde uno de los balcones de la Universidad Autónoma Latinoamericana me llama por mi nombre y pregunta dónde deberíamos sentarnos para hablar más tranquilos. Realmente no importa, cualquier lugar de su espacio de trabajo podría ser apto para hablar sobre la vida de una persona que, teniendo más de 12 años de experiencia como docente en el área de Economía, tiene una banda de punk en sus tiempos no tan libres.

     

    Efraín Arango tiene 40 años y en el momento dicta la clase de Microeconomía. Es catedrático de la Universidad de Medellín, Especialista en Ingeniería Financiera de la Universidad Nacional, Magíster en Matemáticas Aplicadas de la Universidad Eafit y estudiante de doctorado de Modelación y Computación Científica en la Universidad de Medellín. Estudios acumulados que de alguna forma le han servido para ser aceptado como docente blanco y bajo de gafas, con rastros de una cresta que tuvo hace años y tatuajes en los brazos que harían que otros piensen que, si da clases, es sobre temas relacionados con el arte o el diseño.

     

    Él, economista de tiempo completo, se mete de lleno en todo lo que hace, comiéndose las cosas como los gorgojos, en el salón de clases o en una tarima pisando fuerte y cogiendo el micrófono con tanta firmeza que pareciera que es parte de él.

     

    La banda es Los Gorgojos, que toca géneros como el punk, punk rock y algo de hardcore. Surgió por casualidad hace 3 años cuando un alumno, que es baterista, y un amigo suyo que también fue su estudiante, lo invitaron a una sala de ensayo y le dijeron que fuera a gritar, es decir, cantar algo. Desde ello la ha utilizado como una válvula de escape a sus otras responsabilidades, tratando de hacer letras con sentido hablando de temas sociales como la política y la violencia.

     

    La juventud que desembocó en el deseo de tener una banda transitó también por caminos de influencia radical como los del movimiento skinhead, en un peregrinaje por extremos buscando lo que realmente debía hacer.

     

    A la docencia llegó por casualidad cuando trabajaba en San Fernando Plaza, en el sector financiero. Desde que comenzó con la banda, su vida ha tenido diferentes cambios; trata de mantener su vida como profesor y como músico, y ha tenido que lidiar con algunos que no están muy de acuerdo con lo que hace aparte de su profesión.

     

    Por ahora, no ha sido difícil que sus estudiantes respalden el hábito de vida que lleva aparte de lo académico, incluso algunos de estos han pasado de ser alumnos a relacionarse con su música.

     

    Los Gorgojos desean grabar un disco y, personalmente, Efraín desea seguir en la escena del punk de Medellín que describe como una fraternidad en la, desde los más viejos hasta los más jóvenes se apoyan y dan todo porque nunca han tenido, ni van a tener, no tienen nada que perder.

     

     

    Trabajar con Control por más de medio tiempo

     

     

    A casi tres pasos de distancia se lo ve sonriendo. Saluda y se disculpa por haber llegado unos minutos tarde. Al trabajar en su casa el tiempo se le va volando y hasta lo hace distraer, dice él. Al caminar mira de lado a lado y no mantiene la vista en un punto fijo. Posteriormente advirtió que era una persona muy inquieta, su forma de moverse y empezar a hablar aceleradamente para luego disminuir el ritmo de sus frases y aumentar la velocidad en las últimas, lo confirma.

     

    Al encontrar un lugar ideal, se sienta y se acomoda para mirar a los ojos y decir que está listo. Lo primero: se llama Andrés Mauricio Montoya tiene 35 años, algunos lo conocen por ser psicólogo de profesión gracias a la Universidad Católica Luis Amigó y magíster en Psicología Clínica de la Universidad del Norte, otros pueden reconocerlo porque fue docente de 3 cursos de la carrera de Psicología en el Tecnológico de Antioquia y algunos podrán identificarlo como el vocalista de Control, una banda de Hardcore que fue creada hace casi dos décadas.

     

    Lo demás y el resumen: Aunque Andrés tenga diferentes características y actúe de maneras específicas en cada ámbito de su vida, todos esos elementos se ven unificados en una persona que en semana puede estar capacitando a tus empleados, que puede brindarte ayuda psicológica, que quizás le dio clase a uno de tus hijos y que, al mismo tiempo, es el que se para en una tarima gritando tan fuerte como para que sobresalga la vena de su cuello, para que los ojos se achinen y que al combinarse con el sonido del rasgueo de una guitarra la voz se levante para decir que esos que están en el pogo están presentes, son fuertes, libres, y luchan por no morir silenciados y por defender sus convicciones.

     

    Al hardcore llegó en 1999 cuando, teniendo afinidad por el rock, fue a un concierto de New York Hardcore, que era el segundo de este estilo que se daba en Medellín, y ese día cambió todo. Poco tiempo después, gracias a esto, surgió el deseo de formar una banda, que se creó junto con otras 4 personas, de las que aún permanecen 3. Esta se unió en el 2000 y trabajó hasta el 2008 para suspenderse hasta el 2015 y regresar para hacer todas las tareas que quedaron pendientes.

     

    La banda, adquirió el nombre de Control no solo fundamentándose en un género musical sino en toda una filosofía, incluyendo el Straight Edge, un estilo de vida derivado del hardcore en el que los individuos se abstienen de beber alcohol, fumar tabaco y consumir drogas.

     

    Tras estar más de 6 años separados, los miembros de la agrupación regresaron por la nostalgia, por el extrañar, por no estar preparados para dejar lo que realmente nunca se dejó.

     

    En ambos periodos consiguieron diferentes cosas que, de acuerdo con sus palabras, han sido autogestionadas, y se han logrado cuando todos ‘’se ponen la 10’’. Proyectos a los que han accedido aunque individuos de la escena rechacen estos estímulos.

     

    Al contrario de como fueron las cosas con la banda, su profesión y la docencia llegaron casi por azar, como respuesta a la inconformidad de estudiar algo que no le apetecía y como relación a lo que siempre había querido y le había gustado.

     

    A la docencia la dejó porque las condiciones laborales no estaban al mismo nivel de su gusto por enseñar, pero teniendo título de psicólogo, un trabajo y aspiraciones con la banda, no tiene realmente tiempos libres y su vida se ha vuelto un 50/50 ahora con capacitaciones empresariales y lo que para él es todo.

     

    Para algunas personas ajenas a la escena del hardcore, este género está relacionado con la fuerza, los movimientos violentos y el consumo de drogas. Sin embargo, para él, estas conductas no están directamente relacionadas con la música que se escucha. Y ellos no son un producto que puedan desechar ni aplastar.

     

     

    Su proyecto principal ahora es que Control no se quede solo en Medellín y que ellos no sean los únicos que puedan expandirse al estilo del hardcore, adelante con las uñas y los puños.

     

     

    El punk en manos de un administrador de negocios

     

    Al estar esperando afuera de Hard Rock Taller se me aproxima un hombre que se baja despacio de una bicicleta y me mira sin decirme nada mientras se acerca a la puerta y toca el timbre. Luego, me pregunta mi nombre y al saber que efectivamente soy yo, dice el suyo y estira la mano para apretar la mía. Se llama Andrés Urrego, tiene 52 años y es conocido, tanto por sus estudiantes como por personas que conocen su banda de punk, como El Profe.

     

    Su ropa y gorra negra quedan alineadas con sus manillas y el piercing de su ceja —de la misma forma de la que se presenta en su trabajo— poco habitual para un administrador de negocios, especialista en Finanzas y Mercadeo y magíster en Gerencia de Proyectos, mucho menos para un profesor que está desde el 2000 trabajando en Eafit dando clases de Pensamiento Administrativo, Finanzas, Mercadeo y Teoría Administrativa, tampoco para alguien que asesora a emprendedores y creó un modelo de negocio para industrias culturales y sociales.

     

    Él, que acomoda su bicicleta atrás del local a donde llegamos, está en el lugar para hablar sobre cómo mutar el concepto de su banda, Estridentes, y consolidarla como un modelo de negocio aplicando sus conocimientos sobre mercadeo y emprendimiento en un género que muchos describen como anárquico.

     

    Que lo identifiquen como El Profe podría ser irónico si se considera que esta profesión no entraba en sus sueños cuando era joven, pero el apodo se valida cuando habla y cuenta que a esta llegó por casualidad , lo sacó de apuros y lo enredó con su consentimiento.

     

    Quebrarse, para él, más que representar un fracaso, constituyó varias oportunidades para darse cuenta de qué es lo que sabía y qué podía hacer con eso. Aunque aún no supiera que eso no era lo que más quería.

     

    Cuando empezó a ejecutar su deseo de ser escritor otras cosas se alinearon y contribuyeron a que otros gustos que tenía desde adolescente se fueran fortaleciendo. Como el punk, que llegó a él cuando se vio envuelto en un ambiente en el que sus compañeros adoptaban este estilo de vida al mezclarse con otras culturas en sus viajes.

     

    La fantasía de ser vocalista de una banda de punk, aunque esto significara también ser estigmatizado, fue haciéndose realidad y con ella volvió de algún modo el adolescente que se encerraba en su habitación para escuchar punk y sentirse en un concierto. Adicionándose esto a ser escritor de novelas de negocios en las que, además de haber historias de amor se desarrollan modelos empresariales.

     

     

    Pero dedicarse enteramente a una banda no era una opción viable. Lo que lo obligó a repensar la idea desde su propio formato – modelo de negocio, enfocado a las industrias culturales y sociales, el Star Model; aunque hubiera la posibilidad de que algunos individuos de la escena rechazaran que este modificara el punk para convertirlo en algo diferente.

     

    Sin importar las críticas El Profe ve la música no solo como un proceso de creación sino también como una fuente de supervivencia en el que el creador debe saber qué es lo que la gente quiere para dárselo. Por lo que, según él, el punk de Medellín se está quedando en el pasado.

     

     

    Para Andrés, ser profesor no es solo una ocupación alejada del punk, sino una forma nueva de ‘’socavar el sistema’’ sembrando semillas de cambio desde adentro, sin necesidad de gritarle al mundo que está en contra de este porque, de acuerdo con sus palabras, el sistema es más poderoso que él.

     

     

    Si es punkero, es parrandero

    La bicicleta la estaciona cerca a la mesa donde se sentará y muestra todo el conjunto de dientes mientras pronuncia cada palabra, o mientras se prepara para soltarla. Se llama Daniel Felipe Gómez y dice tener 26 años, pero su cara infantil podría hacer pensar que no tiene más de 20, incluso alumnos suyos, de Escolaria, donde da clases de Español, Sociales y Formación ciudadana, pueden lucir mayores que él, un licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad de Antioquia que próximamente empezaría a estudiar Antropología.

     

    Él, que siendo profesor pertenece a 3 bandas —2 de punk y una de música parrandera— ha sabido aprovechar su tiempo para ejercer su profesión, para seguir sus aspiraciones musicales y para hacer parte del proyecto Querajú de la Corporación Colombia Noviolenta en el que, toca el bajo como en sus demás bandas, en espacios de formación e interacción con niños, jóvenes y adultos para desarrollar la filosofía de no violencia.

     

    Él, que aprendió a tocar guitarra porque lo invitaron a una clase y luego se puso a tocar el bajo, —de acuerdo con sus palabras, como todo bajista—, te habla bien de Antioquia en una banda de punk y luego te toca el grillo de Darío Gómez con La berrionda haciendo que se te caiga la postura de punkero radical para brindar con hermanos y la tapetusa que siempre estará.

     

    Al punk llegó por el barrio donde ha vivido toda la vida, Aranjuez. Esta comuna, con tantas caras y personalidades, tenía al género tan naturalizado que hacía parte de su propia identidad. Uno de los motivos por los que decidió formar una banda.

     

    1910, la banda de punk, tiene como precedente otra que hizo que este se planteara mejor cómo hacer las cosas en una agrupación que llevaría el nombre para honorar a Cosiaca, personaje del folclor paisa.

     

    La relación con el campo y las experiencias vividas en Antioquia, los impulsaron a él y sus amigos en la idea de formar una agrupación de música parrandera: La berrionda, proyecto que, según dice, surgió muy natural y llegó a revolucionar el género tocando letras más punkeras y haciendo que, incluso skinheads dejen su posición y canten y bailen como si fueran niños y estuvieran en una fiesta familiar.

     

    Al igual que la música, el ser profesor estuvo en los deseos de Daniel desde que era pequeño y solo en una tarima o en un salón de clases se siente pleno, por lo que mezclar las responsabilidades de ambas dimensiones no ha sido realmente un sacrificio aunque sea difícil.

     

    Sin embargo, para este profesor joven el futuro de la música es oscuro, como todo en el país. Cuando se escoge la docencia y la música parece que se está entre la espada y la pared, pero para él, sin importar las dificultades, todo se hace por amor.

     

    El profe de la guitarra

     

    Está sentado en una droguería de Aranjuez, no está atendiendo porque está frente al computador escribiendo un ensayo acerca del papel de un profesor, es para la universidad, para su carrera como licenciado en Inglés de la Universidad Católica Luis Amigó. Con sus 23 años y apariencia juvenil, cuenta con el poco tiempo de adulto con más de 30 años. Está allí porque está encargado de la farmacia mientras su mamá no está, así que aprovecha para escribir ya que ese día, jueves, tampoco está trabajando en el colegio donde da clases de inglés desde que comenzó el año.

     

    Juan Pablo Rodríguez, de ojos verdes, cabello un poco largo y negro, brazo tatuado y expresiones suaves toca la guitarra y utiliza sus espacios libres, que no son tantos, para coordinar con sus amigos y ensayar para perfeccionar el acto de Inmemorial, su banda de hardcore. Las habilidades que tiene con su instrumento no solo han sido utilizadas para tocar en una tarima sino también para enseñar inglés a varios niños, incluyendo a unos que lo identifican como ‘’el profe tatuado’’.

     

    Aún no se ha graduado, está en séptimo semestre —de nueve por los que se pasan en la carrera— y, aunque pasó antes por Ingeniería de Sistemas, empezó a estudiar una Licenciatura por su gusto por los idiomas, sin pensar inicialmente que se tendría que enfrentar a un salón de clases.

     

    Actualmente trabaja con niños, los cuales para él han sido un elemento importante para crecer tanto profesional como personalmente, y para tenerle más amor a la profesión que hasta ahora empieza, por lo que quiere tener más experiencia antes de enseñar a otros grupos, porque para él el inglés es otra forma de aprender y enseñar culturas.

     

    A Inmemorial Juan Pablo la que describe como un matrimonio y señala que sus conicimientos de músico empírico de más de una década los ha utilizado para mantenerla y fortalecer la metodología para enseñar y llegar a otros.

     

    Juan Pablo, que desde ya está enfrentando cómo sería la vida si se dedica a ser profesor y músico a la vez, no piensa en si será difícil o no, solo se plantea que si se mantienen, permanecen.

     

     

    Luizz Gui y Luis López, como dos personajes opuestos

     

     

    Con su cabello largo, un poco más abajo de los hombros, unas gafas oscuras y una camiseta de Kiss, saluda hablamente y afirma que tiene un poco de prisa por cuestiones laborales. Con su apariencia física se podría pensar que es profesor de música o se dedica a algo relacionado con el arte, pero no, Luis López Evans, dicta clases de Inglés en la Universidad Católica Luis Amigó.

     

    Él, afirma que su profesión no fue algo que escogió, fue algo más que llegó a su vida de forma espontánea, al igual que ser integrante de una banda. Luis estudió Traducción Inglés –Español en la Universidad de Antioquia, por cuestiones de oportunidades laborales y consejos familiares, decidió dedicarse a la educación y realizó una especialización en Enseñanza de Inglés en la Universidad Pontificia Bolivariana.

     

    Con 15 años de experiencia en lo educativo y con sus estudios, ha logrado abrirse camino en un campo que para él está lleno de incertidumbres y del que cada día aprende algo diferente.

     

    Paralelamente hace parte de una banda de punk llamada Alkoholemia, creada en 2005 y de la que hace parte desde 2012, cuando su mejor amigo lo invitó a participar. Es cuando nace el personaje de Luizz Gui, que se encarga de tocar la guitarra electrica y realizar las voces junto a los otros tres integrantes, ya que no hay una voz principal.

     

    Para Luis López ha sido un gran reto creativo hacer parte de Alkoholemia, ya que el punk nunca fue un estilo de música que le gustara o escuchara. Ahora dice sin dudar que, en los últimos años, desde lo conceptual y lírico, la banda ha intentado tener variedad y evitar la repetición, para darle un toque diferenciador a las canciones.

     

    Luis siente que dentro de él hay dos personajes: el músico punkero y el profesor profesional y que estos no son compatibles, ya que afirma que sus intereses musicales y laborales son completamente distintos y que nunca buscaría unirlos porque es consciente de que en muchas ocasiones sus mensajes resultan no educativos.

     

    Ha tenido la oportunidad de abrirse un camino importante en lo laboral y por eso no se ha sentido discriminado por su faceta complementaria. Sin embargo, sabe que, de alguna forma, su actitud distinta llega a incomodar a una sociedad “goda, ultraderechista, católicamente dogmática y cerrada con tranca y doble llave”, como lo afirma.

     

     

    Todo en su vida es un rol a asumir: por un lado, su vida profesional y luego el hecho de subirse a un escenario. Para él, el plan educativo es un rol, ya que se debe ajustar a una agenda y unos parametros, para “no morirse de hambre”, y por otro, está el hacer parte de una banda de la cual se siente muy orgulloso.

     

    Desde sus dos personajes opuestos, Luis acogida y respeto, que le aportan a su vida de forma positiva y que lo llenan de ánimos para seguir dos caminos que, aunque se separen, terminan uniéndose en esa misma persona que sigue su pasión, sin dejar de lago el hecho de realizarse como profesional.

     

     

    Emo con un profesional

     

    Con una sonrisa tímida y una baja se dirige a mí, tiene aspecto de una persona muy joven, no se pensaría que Juan Felipe Velásquez tiene 24 años y actualmente es docente de psicología en las sedes regionales de la Universidad de Antioquia. Por eso el encuentro debe ser rápido, el profesor está constantemente viajando.

     

    Además, tiene una banda de Screamo, Emo y Post – Rock, llamada La Falsa Sensación de Avanzar. Aparte de ser el fundador, el guitarrista, compositor y vocalista, se encarga de los asuntos de arte como la fotografía, las ilustraciones y la estética en redes sociales.

     

    Juan Felipe afirma que la banda es relativamente nueva, pero que la idea le rondó desde su adolescencia. La Falsa Sensación de Avanzar nació en 2017, cuando decidió mostrarle a sus mejores amigos las estructuras de las canciones y estos apoyaron el proyecto que ya tiene el sello de cada integrante.

     

    Al igual que la gran mayoría, Juan Felipe afirma que nunca se imaginó como profesor, ya que solo entró a estudiar Psicología por curiosidad y por preguntas que tenía sobre la vida. Mientras se ríe con una voz apenada, confiesa que no le gustan las personas. Sin embargo, aspectos como la educación y el trabajo social que realiza con pacientes psiquiátricos, le ha ayudado en gran medida a cambiar esa perspectiva.

     

    Cuando hablamos de su banda, se le puede notar la pasión que siente. Afirma que las letras cantan a muchas cosas y nada al mismo tiempo, porque reflejan las preguntas existenciales del ser humano y las líricas despiertan la parte individual de cada persona, lo que hace que cada uno vea las letras y las tome de forma diferente.

     

    Cuando se le hace la pregunta de si su trabajo y banda se complementan, suelta una pequeña sonrisa y resalta que eso mismo se lo ha cuestionado muchas veces y que no ha encontrado respuesta, pero que sin duda, se acerca más al no, porque él es una persona llena de contradicciones e incoherencias, pero es algo que le gusta.

     

    Desde su experiencia, Juan Felipe ha podido notar que ambos mundos en los que vive le han aportado de forma positiva a su vida. La banda le ha permitido sanar heridas y expresar cosas que no ha podido en palabras, la docencia le abrió un camino social, para entender al otro, madurar y reflexionar sus pensamientos.

     

     

    El Hardcore y las ciencias sociales, se pueden complementar

     

    La profe al frente de Mil Maquinas Jamás Harán una Flor. Foto: cortesía.

     

    El color rojo de su cabello y los tatuajes en su brazo la hacen resaltar. De inmediato, sin haberla visto antes, uno sabe que es ella, “La Keka”, como la conocen en la escena musical. Sin embargo, en su otra vida no tan artística y divertida es conocida como Erika Rengifo, licenciada en Ciencias Sociales de la Universidad de Antioquia que con sus 28 años ha trabajado en varias Instituciones Educativas como Javiera Londoño, Concejo de Medellín y Presbitero Carlos Alberto Calderón. Incluso empezó a ejercer la docencia mucho antes de graduarse.

     

    “La Keka” es parte fundamental de su banda de Hardcore llamada Mil Maquinas Jamás Harán una Flor, nombre que de entrada muestra una protesta y que, según ella, marca la temática de un proyecto que, con solo 6 meses ya cuenta con algunas grabaciones y una inmensidad de proyectos por realizar.

     

    Con una voz entrecortada y ansiosa, Erika afirma que no solo es pieza importante en la escena musical por ser una excelente vocalista, como se lo han recalcado, si no también por la anterior experiencia con su antigua banda Causa y Efecto que se separó en 2014.

     

    A pesar de su poco tiempo en escena, Mil Maquinas Jamás Harán una Flor ya tiene un nexo a lo social. A Erika le hace mucha ilusión el hecho de hacer ser integrante principal, hacer lo que le gusta y admirar la música y el arte que están logrando.

     

    Nunca se imaginó haciendo otra cosa que no fuera educar, esto desde muy joven para ella significó una pasión que ha podido explotar de forma satisfactoria, al igual que la música.

     

    Erika ve un complemento en todo lo que hace y piensa incluso que que no podría ser Licenciada en Ciencias Sociales si no tuviera a Mil Maquinas Jamás Harán una Flor, y no podría tener la banda si no se dedicara a la educación.

     

    Aunque ha vivido ciertos estigmas por sus tatuajes, ello le da a su banda y sus protestas sociales, un mayor sentido, incluso con esa doble vida que ella goza y recibe con la misma alegría.

     

    La docencia, la trompeta y el punk

     

     

    << Jonathan Durango cantando con La Sinfoniska en El Festival Eje de Rock de Pereira. Foto: cortesía.

     

     

    En un taller de música semi-cerrado cerca del Parque de Belén, me encuentro con Jonathan Durango o “Paya”, como algunos de cariño le dicen, al igual que “gordito”. Con su cabello oscuro y con reflejos de que lo tuvo pintando de color rosado, me saluda con euforia y me presenta a los demás integrandes de la banda La Sinfoniska que se encuentra ensayando en aquel lugar.

     

    Deiby Arboleda en el trombón, People Ortiz en el saxo, Samey Berlades en el bajo, Jonathan Carmona en la guitarra y Mateo Franco en la bateria. Todos con aspectos un poco parecidos y con la misma sonrisa y vibra que transmite Paya, quien se encarga de la voz y la trompeta, además de ser el fundador, compositor, gestor y pilar fundamental en esta.

     

    Me aparta de aquel lugar un poco caótico y afirma que aunque se siente cansado estará en aquel lugar unas dos horas más y luego se irá a casa con la satisfacción de hacer lo que le gusta.

     

    Jonathan Durango, con 35 años, además de tener una banda, es docente de inglés en la Universidad Salazar y Herrera y en el colegio Sagrada Familia Aldea Pablo VI. Estudió Licenciatura en Lenguas Extranjeras en la Universidad de Antioquia, lo que le permitió ser auxiliar administrativo en la escuela de idiomas de esta misma. También, estudió Musica en Bellas Artes.

     

    Me empieza a contar la historia de La Sinfoniska, lo que afirma que le trae recuerdos nostálgicos porque esta nace en el 2012 luego de que su antigua banda Ron Daymon se separara. Esta se origina como una banda de Ska-Punk, con influencias norteamericanas de la tercera ola del Ska. Uno de sus logros importantes ha sido ganar el segundo puesto en la batalla de bandas Yamaha.

     

    Como se nota en el aspecto de los integrantes de la banda, lo que principalmente quieren transmitir es alegría y ganas de salir adelante, lo dicen sus letras, sus líricas y su puesta en escena.

     

    Jonathan afirma que la educación ha estado desde hace mucho tiempo en su vida, pero la enfocaba más a la música porque daba clases de trompeta. Sin embargo, a medida de que pasó el tiempo, se dedicó a ser docente de Inglés y así encontró un contraste a su pasión musical.

     

    Tener una banda y ser docente le ha dado numerosas muestras de apoyo. En ambas áreas tiene personas que lo admiran y en el campo de la docencia le reiteran el gusto por La Sinfoniska y por su trabajo en esta.

     

    La alegría une las dos facetas de la vida de Jonathan. Tiene la sensación de que ambos proyectos de vida le aportan esa felicidad que necesita para demostrar el mensaje que predica en sus canciones y en el aula de clase.

     

     

    Metal no tan vil

     

     

    Elkin Quirós, con sus 45 años, formación académica en contaduría pública y experiencia como músico, actualmente hace parte de tres bandas de Heavy Metal, dos de las cuales es el fundador y co creador, por un lado Mácrata y por el otro, Night Raven.

     

    En ambas es compositor, se encarga de la guitarra y es vocalista. En Mácrata es la voz lider y en Night Raven canta con otro integrante. Lo que hace que él sea uno de los pilares fundamentales en ambos proyectos.

     

    A Mácrata la fundó en 2003 con Carlos Andrés Restrepo y Night Raven la creó hace 5 años en compañía de su amigo Andrés Felipe Vélez. El proceso de creación surgió como un deseo por expresar y cantar esas ideas que tiene todo ser humano, junto con un gusto “inmenso”, como él lo afirma, por este género que desde hace mucho tiempo escucha.

     

    Ambas bandas tienen temáticas parecidas. Por un lado Mácrata trata problemas sociales, políticos, ambientales que afectan el mundo. En esta se comparte una visión reflexiva y de formación ciudadana, al igual que en Night Raven. Sin embargo, en esta última se trata de llevar esa reflexión a un ámbito más personal. Mientras Mácrata se basa en generalidades, Night Raven se enfoca en las particularidades, en la introspección.

     

    Posterior a su estudio en contaduría pública, tuvo la oportunidad de acercarse a actividades de tipo gremial, lo que lo llevo a reflexionar acerca de que las profesiones como la suya también pueden tener un sentido social y, después de un proceso que el describe como “consciente”, decidió quedarse en el campo de la docencia, en el que afirma que ha aprendido mucho más de lo que ha enseñado.

     

    En un principio no vio la articulación de su vida profesional y artística. Sin embargo, con el tiempo entendió que ambas están en el campo del desarrollo del humano, en la construcción de humanidad y finalmente logró complementarlas de esa manera.

     

    Es consciente de los estigmas que pesan sobre el metal, pero señala que a él le ha tocado la época en que “ya las personas han reconocido ese tipo de expresiones artísticas”, según dice.

     

    Sin embargo, nota la sorpresa que muchos todavía expresan con aquel profesor que se ve tan serio y “normal”, metido en una banda de “música diabólica”, como muchos la han llamado por desconocimiento, entre otras cosas, de lo que Elkin considera que el metal ha hecho con su carrera y su vida.

     

     

     

     

  • Cosas de viejos

     

    Una anécdota familiar se transformó en un viaje por los años que llega hasta las sensaciones de una abuela en tiempos de cuarentena.

     

    Rubia como la cerveza

     

    ​​Son las 6:30 de la mañana y desde el tercer piso en una casa cerca de La Mota, se alcanza a oler el aroma de unos buñuelos recién hechos. Casi como si fuera la mejor panadera de la ciudad, doña ​​Pola Betancur (No paula, ni Paola) se sirve su delicioso menú. Antes de sentarse en el comedor, se ​​asegura de tantear su hombro izquierdo para poder llevar el platillo a la mesa. No toma café, dice que le hace mal para el sueño, pero esta mañana rompió la rutina porque se siente algo ansiosa. Ve su comedor desolado y piensa que le vendría bien invitar a su hijo y a su nieto a almorzar. ¿Qué les haría? ¿Los frijoles que a su nieto tanto le gustan? ¿O quizás una de las sopas que ama su hijo?

     

    <<Se dirigió hacia su teléfono, se sentía un poco más tranquila, llamó a su hijo. Foto: PxFuel.

     

    Sintió un breve calambre en el hombro. Era normal. Hacía ya dos días que la habían operado y recordó la medicación, pues le habían advertido que eso podía pasar. Tenía los remedios en un cajón alto; no sabía por qué no los había movido antes si siempre se quejaba por lo mismo. Se esforzó para poder llegar y, mientras lo hacía, sintió que el hombro se le entumecía: aquello era como mil agujas yendo y viniendo por todo su brazo. Rápidamente sacó la pastilla y con un amargo trago de café, la pasó. Se dirigió hacia su teléfono, se sentía un poco más tranquila, llamó a su hijo y volvió a recordar la emoción que le causaba poderlos tener un rato. Sergio, su hijo, contestó. Su madre le comentó la maravillosa idea de preparar unos de sus maravillosos frijoles; en tono un poco entristecido, Sergio le recordó que no era seguro salir, pues llevaban dos semanas de cuarentena y era peligroso para todos.

     

    Pola sintió un bajón, su pastilla estaba haciendo efecto. Soltó el teléfono, triste y muy desalentada fue a tomar asiento en su sofá, olvidando todo, apoyó el brazo para sentarse, haciendo fuerza en su hombro. Un dolor agudo y punzante le invadió todo su brazo derecho, recordó que no tenía más medicina, pero que al menos esta que había tomado le haría efecto.

     

    Necesitaba pensar. Se acostó en el sofá, cerró los ojos y se remitió a su pasado. Hacía ya 18 años que su esposo murió por un desastroso cáncer estomacal. Recordó el momento en que se conocieron, fue un amor como de novela de Shakespeare. Ella, rubia como la cerveza, ha tenido una sonrisa que de cuando en cuando sacaba a pasear para cautivar al barrio. Su familia era multitud; su padre, un hombre sobreprotector y desconfiado; y el amor de su vida, un hombre que la cautivaba entre poemas y flores.

     

    Odisea por la tranquilidad

     

    Nadie sabe cómo reaccionaría si un ser querido llama y de súbito se va, dejando a la persona al otro lado de la línea con dudas y preocupada. Ese fue el caso de Sergio. Su madre había dejado la línea, en ese momento se preguntaba acerca del estado de ella. ¿Estaba bien? En la mente de Sergio, nadie podía salir, el barrio que estaba repleto de policías y el WhatsApp con mensajes de sus amigos que solo le infundían más terror.

     

    Al cabo de una hora, decidió hacer algo. La seguridad de su madre era la mejor excusa ante cualquier retén policial. Iba a salir. Luego de que su esposa le diera la bendición y su hijo casi lo rebautizara con alcohol, alistó un morral y se aventuró. Su madre vivía cerca, pero esta vez el camino se le hacía eterno. Faltando dos cuadras para llegar, un agente lo paró, preguntándole por su estado ansioso y su rostro de preocupación, Sergio le dijo lo angustiado que estaba por su madre y que debía seguir, a lo que el policía le deseó suerte y lo dejó ir.

     

    Llevaba una hora tocando la puerta, tenía el timbre desgastado y hasta gritando. La desesperación llegó al tope y en el momento en que se disponía a pedir ayuda, su madre abrió la puerta. Tenía la cara roja y con facciones de dolor, su brazo izquierdo agarraba al brazo derecho, no se veía muy bien.

     

    Un día agobiante

     

    Pola, abrió los ojos y se escuchaba el noticiero del medio día. Había dormido toda la mañana. De fondo, unos golpes y unos chirridos le perturbaban. Su visión se nublaba, sus oídos se saturaban y su cabeza estaba a punto de explotar. Se puso de pie, no sentía su hombro, estaba casi dormido. Los golpes y los chirridos seguían, hasta que en un momento de lucidez logró escuchar la voz de su hijo y se dirigió a la puerta. Alegre pero confundida por verlo, Pola le preguntó qué hacía allí.

     

    La respuesta fue una cantaleta que la hizo sentirse culpable de sus propios sermones de madre. Ya al tanto de las preocupaciones que su silencio había causado, Pola le comentó a Sergio que el hombro le estaba molestando mucho, que sentía un dolor intenso y agudo y que estaba preocupada.

     

    Quería salir e ir al médico de nuevo, pero la idea la aterraba porque le habían repetido muchas veces que “el virus solo afecta a los viejos”. Tenía miedo de ir al hospital, temía contagiarse allí, su hombro podía dolerle un poco más y ella iba a aguantar.

     

    Sergio la ayudó a tomar una ducha, pero ella entre su dolor solo quería dormir. En el momento en que sus ojos se estaban cerrando, su hijo le dijo saliendo por la puerta, “la ayuda viene en camino. Ya regreso”.

     

    Hogar no tan dulce hogar

     

    Una vez hubo abierto los ojos, sintió punzadas de nuevo. Su hombro le avisaba que el efecto de la medicina estaba caducando. Pola decidió ponerse de pie y tratar de hacer la menor fuerza posible a su brazo derecho. Su hijo no estaba, de hecho nadie había estado (salvo ella) en casi un mes. Desde hace mucho tiempo que estaba acostumbrada a vivir sola; su rutina empezaba cuando salía a caminar o iba a la iglesia, sus caminatas eran tan esporádicas que podía terminar recorriendo parte de Laureles en una mañana. No amaba el sol de la mañana, pero detestaba el de medio día, así que siempre llevaba una sombrilla por si el sol de la una la cogía en la calle.

     

    Desde que su esposo murió, su vida dio un giro drástico, pasó de vivir con el amor de su vida a vivir sola y a ser visitada cada fin de semana. Se consolaba saliendo, tenía una vida social más abierta que las personas de su edad, participaba en grupos de croché, hacía gimnasia con sus amigas y, de cuando en cuando, salía a nadar.

     

    A sus 74 años entiende que el hecho de salir la hace sentir mejor. De vez en cuando su hogar se torna agobiante, el ambiente en es como el de un domingo a las 4 de la tarde, sus luces se vuelven tenues y la música de “La Voz de Colombia” que tanto ama, termina por ser una canción de cuna.

    Para hacerle trampa a la cuarentena, Pola solía madrugar más, salía a trotar o a sentarse en una banquita. Luego fue advertida de que el virus podía permanecer en objetos por días y en el aire hasta por tres horas. Prefirió volver a su claustro y no salir más hasta que fuese completamente necesario. La soledad después de algunos años pasa a ser abrumadora para personas que son tan sociables. Pola se sentía sola, la melancolía invadía su cuerpo, inexplicablemente su tristeza le hacía parecer que el dolor en su hombro era insignificante.

     

    Una historia de los tiempos en que los recuerdos y las sensaciones se mezclan y confunden. Foto: Martín Villaneda.

     

     

     

     

     

  • Una ruta de la música electrónica

     

    Fiesta rave en la Terraza Club. Tomada por: Julián Fernando Caro Orozco

     

    En medio de luces neón, ubicadas en el tapiz negro que cubre la discoteca, el ambiente se vuelve sicodélico para la vista. Las luces y las ondas sonoras emitidas por los bafles sugieren a todos en el sitio a moverse al compás de esta música pegajosa. Mientras más oscura sea la canción, el ambiente es más pesado y hay más tensión; mientras más clara sea la pieza sonora el ambiente es más fresco y relajado. Eso sentí con la música electrónica.

     

    Las personas que comparten este gusto musical bailan acorde al subgénero que suena. Cada golpe de sonido (beat) en la producción sonora, junto con las puestas en escena, conforman estos espectáculos que mueven fibras al escuchar.

     

    Con el sintetizador de sonidos, los discos preseleccionados, la consola y algunos programas de ordenadores, los Dj (del inglés disc jockey, es decir, el que pone los discos) se encargan de aumentar la euforia, incrementar el ritmo cardiaco y poner a bailar al público.

     

    Lo que para algunos es una música pesada y hasta profana, para otros “es un movimiento que va más allá de la fiesta”, como lo afirma Verraco, Dj paisa de techno, un estilo de electrónica creado en Detroit.

     

    Auge de la electrónica

    Desde hace dos décadas, el alcance masivo de los medios de comunicación, logrado en su mayoría por la internet, la televisión o la radio, permitió que muchos guardaran en su recuerdo canciones clásicas electrónicas (escuche esta lista) como: ‘In My Mind’, del italiano Gigi D’Agostino o el hit ‘Satisfaction’ de Benny Benassi, canciones del subgénero euro dance; como también el exitoso house ‘Love Generation’ del francés Bob Sinclar.

     

    Gracias a los seguidores y a los activistas de la electrónica (artistas, productores, organizadores, sellos) se creó una gran conexión entre Europa y América para el apogeo de un género musical que defiende la tolerancia y protege las libertades. Aunque es muy precoz decir que en Colombia existe cultura electrónica, sí hay colectivos en pro de ella y con el paso de los años se ha ido moldeando hasta lo que es hoy: una moda musical que atrae masas.

     

    Marcas colombianas en el género

    Existen diferentes variaciones de la electrónica y todas con gran acogida alrededor del mundo. El house, creado en Chicago, surge como subgénero principal de la electrónica hacia los 80, actualmente cuenta con el talento ofrecido de Erick Morillo, quien creció en Cartagena y ha pegado fuerte en los Estados Unidos. Asimismo el joven caleño Dj Moska 6, quien, apadrinado por el veterano Tiësto logró ser el primer colombiano en actuar en el festival más grande de la electrónica Tomorrowland.

     

    El tribal house, creado en Norteamérica hacia los 90 y característico por al usar sonidos tribales africanos y sudamericanos sería reinventado por Dani Masi en su llegada a Colombia. Seguido a esto, el subgénero ganó mucha fama en nuestro territorio donde coloquialmente se le bautizó guaracha y se internacionalizó debido al crecimiento del Dj paisa Daniel Quintero Posada, más conocido como Fumaratto Ferroso.

     

    No solo el tribal house se ganó un lugar en la música local, otros subgéneros electrónicos que se caracterizan por tener una intención más profunda en cuanto a su composición sonora como son el techno, industrial, minimal y trance también llegarían para quedarse a la escena musical nacional con representantes icónicos como Adriana López, Magdalena, Julio Victoria o Khomha.

     

    Así llegó la electrónica

    Antes que se pudiera disfrutar de esta música y de la imagen precisa o distorsionada en torno a esta, hay un punto de origen. La primera sesión en la que se pudieron escuchar melodías hechas con artefactos electrónicos en Colombia fue el “Ensayo Electrónico” y se realizó en 1965 en el Conservatorio de Música de la Universidad Nacional. El portal Señal Memoria recogió el testimonio de Guillermo Díaz, quien fuera el técnico de sonido de la sesión que, según contó, fue posible tras grabar siete mil pies de cinta en carrete abierta.

     

    Con el tiempo, hacia el resto del país se empezaron a proponer nuevas melodías a partir de sintetizadores, guitarras eléctricas, teclados, y nuevos instrumentos que al fusionarse empezaban a ser parte del montaje de muchas producciones locales.

     

    La electrónica se juntó con el rock

    Para la época de violencia que se vivió en Colombia, los jóvenes encontraron en la música un ejercicio catártico. El rock y el metal, cantado en inglés y en español, era la herramienta usada por multitudes optando por un camino diferente al de las armas.

     

    A partir de los 80 y 90 grupos como Kraken, Ekhymosis o Bajo Tierra innovaron y produjeron sonidos que no se habían realizado en nuestro territorio incluyendo instrumentos electrónicos. La banda Estados Alterados fue también pionera en materia electrónica cuando en 1991 al producir el videoclip de El Velo en Miami dieron un primer paso en la propagación del rock electrónico hecho en Latinoamérica, logrando la transmisión de la pieza en la reconocida cadena norteamericana de televisión MTV.

     

    De las cumbias y el porro al techno y el tribal

    La llegada de programas de sonido como Ableton Live (uno de muchos), que permite mezclar, componer sonidos y producir canciones, se prestó para poner el toque moderno a músicas tradicionales que nos han identificado a través del tiempo.

     

    Algunas de las primeras fusiones entre géneros dieron paso a una mutación del folclor que se dio a conocer con canciones populares como ‘Che Cumbia’ de Checo Acosta en 1995 o incluso ‘Diomedes Díaz Dance Mix’ en 1996.

     

     

    En el Valle de Aburrá también surgieron fusiones que hasta hoy tienen gran acogida. “Escuchar la electrónica con saxofones y trompetas ya no es raro, es algo gustoso y la gente lo relaciona con algo latino, esas fusiones son las que le han hecho que la música evolucione”, señala Ivan Soul, artista y profesor de la Escuela de Audio y Sonido de Envigado (EAS), para referirse a la evolución del tribal house, que hoy tiene un alcance masivo en plataformas como YouTube con videoclips como: Baila Conmigo (141 Millones de reproducciones) o Me Provocas (84 millones de reproducciones) y en SoundCloud con incontables ‘sets’(mezcla musical de una hora o más) promocionales de sus exponentes.

     

    El techno y house nacional también tuvieron un proceso de recreación con su llegada. Artistas como Dani Boom con canciones como ‘Champeta La Voladora’16 o ‘Los Sabanales Refix’ innovarían en la escena electrónica local. Además, el alcance de las producciones locales de estos géneros ha tenido una gran acogida a nivel internacional, artistas como Julianna Set J., Julio Garcés Set J. G., Memek Set M. o Merino Set M., han dejado en alto el nombre de nuestro país en innumerables festivales locales y globales como los registrados por la plataforma de transmisión de música Boiler Room.

     

    Dos subgéneros que se mueven entre el amor y el odio

    Si uno va a una fiesta de tribal house no suena techno y viceversa, ambos son hijos de un mismo género musical, pero no se admiten mezclas entre ellos a la hora de la fiesta; sí en las experiencias de las personas que eligen moverse de un género al otro para lograr admirar la amplia gama de sonidos. Para esta dualidad musical que en momentos se convierte en rivalidad hay una explicación sonora que aclara el choque entre ambos subgéneros.

     

    La crítica más común al tribal por parte de sus detractores se relaciona con una imagen de libertinaje y abusos en las fiestas , que, para los detractores, banaliza el trabajo creativo detrás de la música electrónica, al punto de que una célebre pista surgió de nota de voz viralizada donde se habla de las sustancias alucinógenas más comunes en este tipo de fiestas.

     

    Por su parte el profesor Ivan Soul aclara que: “…no es que el techno sea más selecto para los oídos que el tribal, sino que a nivel musical el tribal es básico de hacer, asimismo como se critica al reguetón por parte de géneros musicales como el vallenato o la salsa que deben tener armonías bacanas y estar bien elaboradas elementalmente”.

     

    Pese a la complejidad a la hora de la realización del techno respecto al tribal, la gente en Colombia favorece al segundo por el toque latino y sus vocales que hacen más digerible esta música para el oído que desconoce la demás electrónica. Para el artista empírico de tribal house formado en Castilla, Tata Dj, es claro que “en Medellín preferimos la guaracha porque es un movimiento muy activo, esa música pone alegre y a bailar a cualquiera”. Acorde con lo anterior, David Ruiz, organizador de eventos de tribal, más conocido como Dr. Sin Límites, asegura que en su discoteca se reunían cada sábado entre 250 y 300 personas alrededor de este subgénero.

     

    Del otro lado está la escena techno, reconocida por su estilo fundamentalmente instrumental que usa sonidos más elaborados y tiene escasa presencia de sonidos vocales. Esta música concentra eventualmente a bastantes personas en festivales como el Baum Fest, el más grande en Colombia, realizado en Bogotá, y el Freedom realizado desde el año 2008, donde anualmente los paisas y fanáticos de todo el mundo se citan entorno al techno en la capital antioqueña.

     

    Sin embargo, para el artista local Verraco, explorador de varios subgéneros como techno, drum and bass, down tempo, break o dubstep, “todavía falta entender que el movimiento y la cultura van más allá de la fiesta y pasarla bien, que también es muy válido, pero hay un trasfondo mucho más grande”. Afirma que a la audiencia aún carece de conocimiento para poder disfrutar al máximo de la electrónica.

     

    A su turno, Ivan Soul afirma que: “depende del gusto personal individual y del gusto personal influenciado por la sociedad, que las personas elijan a un escenario sobre el otro”, dando a entender que lo que más se escucha es lo que más suena y hasta termina agradando. De ahí que exista mayor profusión a lo popular y sencillo para dejar de lado el contenido intrínseco de la cultura electrónica plasmado en piezas mejor logradas debido a un arduo proceso creativo.

     

    El producto local

    Este género musical cada vez tiene más aceptación y en efecto más público, eso ha significado el surgimiento de muchos nuevos artistas con ganas de exponer su talento. Para Ivan Soul, “hay muchos Dj en la ciudad y uno esperaría que eso mejorara la calidad pero hay muchos que no avanzan, se estancan y cagan el mercado”, esto se debe a la resistencia a la formación académica.

     

    El profesor de la EAS asegura que la mitad de los Dj que trabajan en el país son empíricos. Para cualquiera con pasión por la música y sed de fama es prácticamente sencillo surgir en este medio. El costo de una consola para principiante oscila entre los 400.000 y 600.000 pesos, los audífonos pueden costar entre 200.000 y 300.000 pesos, la música se puede conseguir gratis en la web gracias a la piratería online y solo necesitará memorias de almacenamiento que pueden costar 150.000 pesos, donde guardará pistas ajenas que usará en su producto. Con un millón de pesos se puede empezar a ser DJ empírico, con poco conocimiento pero con las ganas de hacerlo también se puede escalar al éxito.

     

    Pero allí radica el problema que se plantea el profesor Iván: lo que para él hace a un verdadero artista es su formación académica completa y continuada durante su carrera para así lograr que haya un mejor producto y una mejor industria, lo que da calidad de exportación a nuestros sonidos. Al no recibir la formación adecuada ni profesionalizar el servicio, el empírico tiende a subvalorar las presentaciones en el mercado, desmeritando el trabajo de los que dedican mucho más para ser artistas de electrónica.

     

    Según Dr. Sin Límites, “en el mercado actual de Colombia las presentaciones de un DJ pueden costar entre los 100 mil y los 7 millones de pesos”, todo depende de la acogida que tenga el artista y, por supuesto, del proceso ascendente que lleve su carrera.

     

    La brecha de valoración es grande, sin embargo el progreso de la electrónica en general es notable: cada vez más DJs colombianos hacen giras por distintas partes del mundo como el Ultra (en Estados Unidos) o Tomorrowland (en Bélgica).

     

    Dos pasos para adelante y uno para atrás

    El pasar de los años ha sido fundamental en la creación, la difusión y la aceptación de la electrónica en Colombia. “A medida que avanza la tecnología se van encontrando recursos digitales que hacen todo más fácil y potente, haciendo que la música evolucione”, afirma Ivan Soul.

     

    Ese auge se fue dando principalmente en ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Pereira o Barranquilla; paralelamente al apogeo del género se creó el estigma que asocia a los sonidos electrónicos con fiestas de mafiosos, prostíbulos y lugares donde el consumo de drogas es más que habitual. Para el profesor de la EAS, en un 80% de los escenarios electrónicos están presentes las sustancias alucinógenas.

     

     

    Los espacios de la electrónica paisa

     

    <<Primer escenario 360° en el Freedom Medellín 2020.

    Fotografía por: Juan José Mosquera.

     

    A pesar de la preferencia por la guaracha, son pocos los eventos masivos de este subgénero en Medellín, entre esos resalta el Summer Bestival, organizado por Dr. Sin Límites, quien asegura que en 2019 más de cinco mil personas asistieron al Orquideorama del Jardín Botánico de Medellín para danzar tribal por doce horas.

     

    Las principales discotecas para este subgénero en el Área Metropolitana son Zenith, Ícono, Fahrenheit, Eleven o La KSA, además, esta música también se ha hecho popular gracias a la creación de eventos privados en fincas de municipios aledaños a Medellín como Copacabana, Santa Fe de Antioquia o Guatapé, dónde los seguidores del tribal eligen pagar un ‘cover’ entre 20 mil y 150 mil pesos para disfrutar de un concierto exclusivo. Estos privados son el lugar ideal para rematar o seguir las fiestas, tras largas horas de rumba en la ciudad.

     

    Con el techno y house la fiesta es diferente. Los clubes donde se reúnen los seguidores son lugares de menor aforo y para públicos más cerrados como es el caso de Terraza Club, Salón Amador, Baren, Eccentric o Top Secret, donde los artistas locales e internacionales preparan a las audiencias para los grandes festivales que se celebran en la ciudad y que han sido reconocidos mundialmente como el ya mencionado Freedom, Orígenes o Rituales Festival, donde se viven experiencias que hacen que “uno no vuelva a ser el mismo cuando sale de ahí”, según relata Juan José Mosquera, fiel seguidor del techno.

     

     

  • La moda, reflejos de la mujer

    La moda no es tan arbitraria y caprichosa como se la juzgan con frecuencia y, paradójicamente, con frivolidad. La idea es de Tomás Carrasquilla, un hombre de letras de la antigua Medellín, que comprendía el papel de un concepto, muchas veces menospreciado entonces e incluso ahora, que se habla de una industria local en torno a él.

     

    Doña Graciela Giraldo nunca fue escritora como el gran Carrasquilla, pero de letras sí sabe al menos un poco. Nació en Anserma, Caldas; lugar que la vio crecer por la década de 1940 y donde años más tarde conocería la modistería que la sedujo y que pasaría a ser parte de su esencia como mujer.

     

    Cuando llegué a su casa, ubicada en el tradicional barrio de San Marcos en Envigado, esta modista de 80 años me recibió con cuatro volúmenes que describían grandes páginas diferentes aspectos de la moda; un par de ellos eran resúmenes anuales, otros revisaban el tema en el último siglo y uno, más grande, proponía una historia de la moda en los últimos dos milenios.

     

    En uno de estos libros se mencionaba la legendaria diseñadora, Coco Chanel. Ella, que a principios de los noventa afirmó en una conversación con Paul Morand que la moda no se encuentra solo en los vestidos, sino en las ideas, costumbres y acontecimientos de un momento en especial.

     

    Ana María Restrepo no estuvo presente en medio de la conversación anterior. Pero sus palabras resonaron en un café de moda del barrio El Poblado, repasando las mismas ideas que Chanel dijo décadas atrás. Nació en Medellín, en la última década del siglo pasado, aunque vivió parte de su infancia en el exterior y recuerda cómo la cercanía con su abuela la llevo a apasionarse por el mundo del arte. Para ella, diseñadora de vestuario de 23 años, la moda no se basa solo en el vestir, “es más bien – se explica- como una bola de nieve que en su camino va incorporando diferentes situaciones o estilos de vida”.

     

    Hace ya varios días me surgió la curiosidad acerca de qué pensaría una feminista de la moda y me encontré con Virginia Woolf, ella se refirió a la moda como algo capaz de cambiar nuestra visión del mundo y con esto, cambiar la visión que tiene el mundo de nosotros mismos. Y con esta afirmación me surgió una duda ¿Cómo estas dos mujeres se ven reflejadas desde su propia idea de la moda?

     

    Medellín, entre tules, plumas y brillantes. Collage: María Antonia González Vallejo.

     

    Luego de hablar con ambas, mujeres que han dedicado su vida por completo a la moda, pero que al mismo tiempo tienen historias tan diferentes y distantes, me di cuenta que, así como une generaciones, épocas y espacios, la moda también puede ser objeto de estudio en los paralelismos en la vida de mujer.

     

    En el pueblo donde vivía doña Graciela había tres o cuatro modistas para ese tiempo. Una de ellas era su prima mayor, quien después de verla creando los vestidos de sus muñecas le propuso enseñarle a usar una máquina de coser y allí comenzó a comprender la importancia de saber vestir y tendría sus primeras ideas para afirmar años más tarde: “la ropa es la segunda piel de la persona”.

     

    Por su parte, Ana María, al interesarse en un inicio por el arte, creó dentro de sí un sentido amplio de la estética que, con el paso del tiempo, la llevaría a su vocación por el diseño de vestuario, para lo cual finalmente usaría el cuerpo de la mujer como inspiración: “la mujer en la moda ha sido mi musa, alrededor de ella suceden acontecimientos, polémicas e historias”.

     

    Ambas mujeres, separadas por la abismal diferencia de sus estilos de vida, tienen claro que la mujer y la moda se envuelven entre sí de tal manera que dan un soporte no solo a la sociedad en la que vivió doña Graciela, sino también en la que hoy Ana María sigue creando. La moda como la segunda piel de la mujer o la mujer como la infinita musa de la moda. Ambas respuestas nos llevan a reflexionar sobre la relación íntima de los dos conceptos.

     

    El siglo XX jugó un papel fundamental en la importación y creación de la moda en Medellín. No solo por el hecho de que existía más facilidad para importar telas y moldes, sino porque, como lo afirma doña Graciela, en “toda casa donde hubiera mujer tenía que haber una máquina de coser”.

     

    Esta situación claramente ha cambiado, las mujeres ya no van a la universidad a estudiar como ella lo hizo “Economía del Hogar”, una carrera traída por los norteamericanos que pretendía enseñar a las mujeres a cocinar, coser y atender los niños de la manera más eficaz. Por el contrario, las mujeres ahora buscan sus horizontes mucho más lejos de ese lugar clásico y es desde aquí que se aprecia más el contraste en cómo las dos mujeres en cuestión hacen de la moda un arte.

     

    Algodón, lana y nylon eran las telas más pedidas en el almacén donde doña Graciela era vendedora cuando tenía quince años, en su natal Anserma. Las personas iban a comprar los “cortes” para luego ir donde la matrona de la casa a que ella, con algunos moldes que se prestaban entre las mujeres del pueblo, hiciera la ropa que la familia debía usar diariamente. El vestuario prêt-à-porter o listo para usar, se quedaba en algunas pocas tiendas de mucho renombre en aquella época y solo podían ser comprado (o en su mayoría alquilado) para situaciones de suma importancia.

     

    De lana y algodón se ve muy poco en el vestuario que Ana María hace para sus clientas; en su gran mayoría, prendas totalmente personalizadas. Para ella, antes de empezar a crear, es importante recorrer toda la variedad de telas que se puedan encontrar en la ciudad. Ahora aquella que se vea diferente es la que más resalta durante la fiesta. Entre tules, transparencias y brillos, la joven diseñadora crea un estilo, como ella lo define, “para una mujer femenina y libre”.

     

    Es así como las últimas dos décadas comenzaron de la mano del vestuario prêt-à-porter, la gran producción en masa de la moda se ha tomado el mercado del vestir diario. Pero las horas de trabajo en una máquina de coser, los detalles realizados a mano y la compra de telas específicas, se han guardado especialmente para las ocasiones importantes.

     

    En medio de nuestra conversación, doña Graciela recordó que, a pesar de que para ella la máquina de coser había brindado “autonomía y poder de decisión”. A la mujer de su tiempo muchas veces no se le permitía elegir la tela o los diseños que iba a usar. Al almacén de telas de Anserma entraban ensombrerados los hombres dispuestos a elegir cómo debían vestir sus familias, lo que incluía claramente a su esposa e hijas. El ejercicio de la creación del vestir propio de la mujer quedaba relegado al hombre, ellas solo se disponían para hacer la producción.

     

    En la actualidad ello resulta impensable, como lo constata la reacción de Ana María a esta referencia durante una conversación en la que ella resaltó la gran diferencia con el estilo de vida que llevan las mujeres que viste. En un mercado donde la gran mayoría de personas se ven igual, estas mujeres se apropian de su irreverencia para resaltar por medio de su vestuario, siendo el mismo un retrato de las dinámicas feministas que se dan en la actualidad: buscan los detalles, buscan aquello que represente una conexión con sus creencias más arriesgadas. La opinión del hombre queda, en la mayoría de los casos, olvidada en este ámbito de sus vidas.

     

    Pero no todo entre ambas mujeres es tan diferente, tal vez porque simplemente su género y su pasión las unió. Ana María procura en cada creación resaltar el cuerpo de la mujer, la sensualidad y la feminidad son parte de su sello. Aunque doña Graciela no tuvo estos aspectos como eje en sus creaciones, sí tenía claro que a la mujer siempre le ha gustado vestirse bien y, como ella lo dijo, “verse limpia y ponerse al menos algún detallito”.

     

    Doña Graciela recordó que, a pesar de que para ella la máquina de coser había brindado “autonomía y poder de decisión”. A la mujer de su tiempo muchas veces no se le permitía elegir la tela o los diseños que iba a usar.

     

    Es entre estos paralelismos, coincidencias y curiosidades, que recuerdo y encuentro particularmente fascinante la afirmación de Lipovetsky al comentar que, aunque las ideas de belleza cambien y las mujeres hoy tengan grandes cargos en sus manos, mantienen con gran prioridad la dimensión estética. Tal vez porque, sin importar qué tan diferentes seamos unas de otras, en la moda hay algo que nos atrae, el arte que nos une en nuestras fibras más sensibles y femeninas, que nos permite con sutilidad crear la imagen que deseamos con todas nuestras pasiones que vean de nosotras.

     

     

     

  • Sociedad Amigos del Arte: el legado de una ciudad moderna

    Han pasado 84 años desde que se habló por primera vez en el Instituto de Bellas Artes sobre crear una sociedad promotora de conciertos que cambió significativamente la historia de la capital antioqueña, pues fue la puerta de entrada a la modernidad.

     

    El Teatro Junín (en el lugar que hoy ocupa el edificio Coltejer) fue uno de los escenarios principales de la oferta artística y cultural promovida por la Sociedad Amigos del Arte. Foto: Gabriel Carvajal (s.f.). Archivo BPP.

     

    La Sociedad Amigos del Arte de Medellín fue homóloga a la Sociedad Amigos de la Música de Bogotá, la base de un proyecto modernizador de ciudad, en momentos en que la Dirección Nacional de Bellas Artes promovía reformas en la práctica y la educación musical en Colombia. Su titular, Gustavo Santos, propuso al docente Carlos Posada Amador y a Antonio Cano, Director del Instituto de Bellas Artes, una sociedad para apoyar el II Congreso de Música celebrado en Medellín en 1937, idea que impulsó la realización de conciertos mensuales en los teatros de la ciudad.

     

    Tres de los más icónicos fueron el Circo Teatro España, ubicado entre las carreras Girardot y Córdoba y en medio de las calles Perú y Caracas; tenía capacidad para 6.000 espectadores de obras de teatro, circo, ballet, conciertos, cine mudo y carreras; además de corridas de toros para 4.000 personas. El Teatro Bolívar, construido en 1909 en tapias de caña brava, acogió en 1943 al maestro y violinista checoslovaco Joseph Matza, el primer director de la Banda Sinfónica de la Universidad de Antioquia. Asimismo, el Teatro Junín, diseñado por Agustín Goovaerts en 1922 y promovido por Gonzalo Mejía, empresario y productor de la película, “Bajo el cielo antioqueño”, tenía capacidad para 40.000 espectadores y recibió a la cantante Marian Anderson en 1955 y al bailarín Lew Christensen en 1958. Medellín era unos de los corredores de arte más importantes del continente.

     

    A comienzos de la década de los 20, Medellín tenía entre 120.000 y 150.000 habitantes y aunque el aforo de estos recintos era proporcionalmente mayor al que hoy existe, estos se llenaban gracias a la oferta de boletas a precios asequibles para todo público.

     

    Para amantes del cine mexicano, español y argentino, el Teatro Junín y Alameda eran siempre una buen opción; para el Cine continuo estaban los teatros Cinelandia y Aladino. Los amantes del cine erótico tenían al Sinfonía y Guadalupe; para el cine francés y europeo estaba el Teatro Opera, y para las superproducciones, el teatro Metro Avenida era un especialista.

     

    La Sociedad Amigos del Arte también motivó a cantantes, bailarines, músicos y pintores colombianos. Por ejemplo, Débora Arango recibió el primer premio en la Exposición Artistas Profesionales de Medellín, en 1939.

     

    Los artistas más destacados del momento estaban en la nómina de invitados a los espectáculos promovidos por la Sociedad Amigos del Arte. Foto: Colección Patrimonial Universidad EAFIT.

     

    La Sociedad Amigos del Arte difundió la música instrumental centroeuropea de los siglos XVIII y XIX, ayudó a potenciar la enseñanza de la música en los centros educativos del país como el Conservatorio Nacional en Bogotá, dirigido por Guillermo Uribe Holguín. Medellín tuvo nuevos espacios para escuchar música, nuevas orquestas, grupos musicales y congresos de música, docentes extranjeros que transformaron la educación musical, hasta grabaciones de discos extranjeros, con la radiodifusión en pleno auge; todos fueron elementos que cambiaron el modo de vivir en la ciudad.

     

    Toda esta cultura artística nos regaló la mejor idea de ciudad. Aunque la SAA desapareció en 1962 ante la falta de miembros fieles y público para los conciertos, su legado permitió que las clases sociales pasaran a un segundo plano, pues gente acomodada, campesinos y obreros, disfrutaron sin distingo del gusto por el arte. Así lo confirma uno de sus asiduos visitantes, German Jiménez Gil, hoy Jefe Comercial de Cotrafa en la Zona Centro, quien recuerda cómo una tarde de películas con amigos era parte de su vida.

     

    La mayoría de las personas que construyeron este legado no viven hoy en día, pero es nuestra labor como ciudadanos rememorarlo para contarlo.

     

  • La fe no se contagió del virus

     

    Relato de rutinas parroquiales y oficios religiosos “a lo que da la conexión”. Así se vivió una Semana Santa inédita al oriente de Medellín.

     

    Soledad y silencio de domingo, vientos fríos provenientes de Santa Elena se perciben en el ambiente y la diversidad sonora de aves deleitando con su singular silbido el oído de todo un barrio. Rayos de luz de un sol dominguero tropiezan con las campanas de una de las parroquias del sector en la iglesia San Joaquín y Santa Ana ubicada, al oriente de Medellín, en el barrio Quinta Linda.

     

    << Con este parlante se hace el rezo del Angelus por el personal de salud en el mundo. Foto: Alejandro Zapata.

     

    Construida en julio del año 2000, nunca antes se vio obligada a cerrar en plena Semana Mayor sus metálicas rejas que hacen de puertas. El innombrable virus no solo ha atacado al sector económico y político sino también la vida cultural y religiosa de la comunidad, obstaculizando, descomponiendo y haciendo imposible cualquier integración eucarística y sacramental en las parroquias. La restricción la ratificó la Arquidiócesis de Medellín, de acuerdo con lineamientos del Gobierno Nacional.

     

    Ornamentos parroquiales en pandemia

     

    Organizando el altar con dos cirios blancos rodeados por varias ramas, adecuando algunos telones de tintes rojos, disponiendo todos los ornamentos en escena, se encuentra el presbítero Silvio Peña, encargado de celebrar la misa. Más atrás lo acompaña un Jesús simpático que cabalga un burro con un rostro extraño y dos tiras amarradas a su hocico, no muy grande, con rasgos poco definidos y piel grisácea. Aquel Jesús —de los tantos que hay—, particularmente sostiene en su brazo izquierdo un ramo, aludiendo al Domingo de Ramos que en épocas de Semana Santa evoca cientos de rostros alrededor del templo, pero esta vez dejó las bancas de la iglesia como un completo desierto.

     

    Simultáneamente, cerca al altar, se sitúan dos objetos para nada acordes con la ornamentación eclesiástica y bastante extraños para el clérigo: un par de teléfonos celulares listos para filmarlo mientras ofrece la palabra a los devotos.

     

    Al cura el virus le ha llegado como un baldado de agua fría. La Semana Santa y el significado de la gente en las bancas es muy valioso para él. Se dispone a iniciar la “Eucaristía virtual” y junto a él, Diego Mejía, sacristán de la parroquia, se encuentra organizando los últimos detalles técnicos para la transmisión vía Facebook Live e Instagram. Una vez adecuado todo para la emisión Diego camina con paso acelerado, falta poco para las 12:00 del día, se dirige hacia la parte trasera del convento donde se encuentran las campanas, con contundencia agita la cuerda que sostiene el badajo de la campana para hacerla sonar, haciéndole saber a los vecinos el comienzo de la misa.

     

    Ese toqueteo de campanas desde el 11 de marzo se viene presentando de acuerdo con las invitaciones desde la Santa Sede en la Ciudad del Vaticano a rezar el Ángelus por los afectados del COVID-19.

     

    Los cristales de las cámaras de los teléfonos parecieran ser un par de ojos que apuntan directamente a la mirada inquieta del presbítero al retumbar en su mente que una Semana Santa totalmente inusual está por comenzar. Para él, un Domingo de Ramos —en sus más de 45 años como padre ordenado— nunca había sido tan extraordinario a tal caso de presentar la misa a través de dispositivos electrónicos.

     

    El reto tecnológico puso a prueba la vocación de los religiosos. Foto: Alejandro Zapata.

     

    La angustia de los párrocos

     

    Al padre Silvio le inquieta no ver a la gente en las bancas:

    “Es difícil, el alma del sacerdote es la gente, yo no soy padre si no tengo gente, ¿a quién le iré a celebrar la misa?, ¿A quién voy a confesar? Es complicado.

     

    “Sabía que hoy mi iglesia no abriría, mi mente y corazón cayeron en una notable percatación (SIC) de que mi parroquia estaría vacía, nadie a quien aconsejar, sin ningún niño para bendecir, ningún penitente para absolver, pocas manos que apretar, ¡nada! Estos días he celebrado la misa solo, sabiendo que hay almas hambrientas de la Eucaristía, entonces me pregunté, ¿cómo es posible ser sacerdote sin pueblo? ¿cómo es posible ser iglesia sin la comunidad alrededor?

     

    “Todo esto es complejo, hace días vengo viendo la televisión y veo muchas noticas de cómo cuidar la salud física, pero… ¿dónde queda la salud espiritual? Veremos qué podemos hacer desde aquí”.

     

    Algunas de las estrategias

    El párroco no se queda lamentándose. En su mirada aún se perciben destellos de fe y esperanza. Está en constante búsqueda de alternativas. Desde hace un par de días junto con la ayuda de Diego sitúan un altavoz, no muy grande, con dos antenas que permiten desde un micrófono transmitir la aguda voz del clérigo a la hora de predicar la palabra.

     

    El parlante está en el atrio del convento, un lugar que después de varias baldosas se avista un terreno colmado de pasto y árboles que armonizan con el sector. El sonido alcanza máximo hasta una cuadra del barrio. Algunos de los transeúntes, todos con tapabocas, poco a poco observan el parlante y se acercan a persignarse, echarse una bendición o simbólicamente hacer un gesto que demuestre su absoluta devoción.

     

    A lo largo de las calles se siente el pálpito de un sector bastante devoto: balcones adornados con figuras de Jesucristo que sujeta ramos trayendo a la memoria junto con algunos telones de color borgoña y rojo el aroma al inicio de Semana Santa. Ese rojo, según los colores litúrgicos, es el del Espíritu Santo que en la mayoría de miradores no falta.

     

    Transcurren los días lunes, martes, miércoles y se repite el toque de campanas, el color morado es omnipresente al interior de la capilla, en estos encuentros no más de cuatro personas completamente distanciadas se disponen con sus respectivos tapabocas a recibir las palabras del evangelio. Diego, después de tocar las campanas, minuciosamente se asegura que los dos móviles que apuntan directamente al sacerdote, el altar y la Biblia, estén transmitiendo en vivo.

     

    Nuevos caminos hacia la fe

    Aquellos días, entre Facebook Live e Instagram, las predicaciones del padre Silvio llegaron a captar la atención de 140 espectadores que, desde ordenadores, teléfonos celulares, tabletas y demás dispositivos se conectaron. Las habitaciones, las salas e incluso las cocinas se convierten en pequeñas parroquias a donde llegaron las ondas de sonido y las transmisiones que propagan las oraciones del párroco. Diego Díaz Uribe, delegado arzobispal para Comunicaciones de la Arquidiócesis de Medellín asegura que en el municipio existieron alrededor de 340 parroquias que celebraron las Eucaristías sin la presencia de los fieles y solo fueron transmitidas por los distintos medios digitales.

     

    Lucía Hincapié es una de las creyentes más fervorosas del barrio, para ella el triduo (Jueves, Viernes y Sábado Santo) es de los momentos más especiales del año y no puede perder las palabras del padre Silvio. Es por eso que su hija Martha no dejó de configurarle el teléfono celular para escuchar la misa como si estuviera junto al padre. Las arrugas de Luci hacen notar sus 91 años, de los cuales en ninguno de estos había vivido un episodio tan trágico para la Iglesia católica, para el mundo, para ella.

     

    El mismo Viernes Santo, la Vigilia Pascual de la noche del sábado y el Domingo de Resurrección, fueron para doña Lucía y millones de feligreses una nueva experiencia de fe, con métodos, medios e ideas inéditos en la historia del clero y en la Semana Mayor, todo para que un virus no arrebatara la fe.

     

     

     

  • Una Semana Santa en el exilio

     

    Un testimonio vía wi-fi de una Semana Santa inédita en la historia de la Iglesia Católica: reflexión y oración a 3,25 mega bytes por segundo, en el término de la distancia impuesta por la pandemia de coronavirus.

     

    El rey David, segundo rey de Israel, recibió directamente de Dios los planos para construir el Templo de Jerusalén. No fue él, sino su hijo Salomón quien en el cuarto año de su reinado llevaría a cabo la construcción de un nuevo Tabernáculo donde la nación hebrea podría confluir a adorar la presencia del Dios de los judíos. Este, imponente, se levantó sobre el Monte Moriá con todo el esplendor que Salomón le agregó: madera de cipreses, cedros y olivos silvestres talladas con decorados y puertas, pisos y paredes cubiertas de oro macizo.

     

    La opulencia del Templo fue siglos después opacada por la invasión babilónica a Israel y, a manos de Nabucodonosor, el Templo con la ciudad fueron destruidos y el pueblo expulsado a una tierra que no correspondía a la que su Dios había prometido. Esa fue una de las tantas veces en que el pueblo judeocristiano no pudo congregarse en el lugar que habían erigido para la invocación de su dios.

     

    La Semana Santa de 2020 se une a los momentos históricos donde la iglesia, considerada como el cuerpo y no el edificio, ha tenido que disgregarse. Esta vez, la primera luna llena de primavera, que tradicionalmente da el inicio a la mayor festividad del cristianismo, marcó el comienzo de una semana que transcurriría entre más pena que gloria y de forma diferente a lo habitual. La Semana Mayor vendría a un mundo convulsionado por una pandemia que obligó a la población mundial a confinarse. Para el día donde los ramos conmemoraban la entrada triunfal del Mesías, ya el mundo sumaba más de un millón cien mil casos confirmados y alrededor de sesenta y dos mil setecientas muertes, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.

     

    A puertas cerradas

     

    Al mundo llegaron imágenes de la basílica de San Pedro como nunca antes de había visto en la Semana Mayor para los católicos. Foto: Vatican.va.

     

    Rodeado de una Italia herida y agrietada por un verdugo microscópico que le pasaba un saldo de 15362 fallecidos, el papa Francisco ofició su misa de Domingo de Ramos encerrado en la Basílica de San Pedro. Esto, observando las indicaciones de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en el decreto En tiempos de Covid-19 que ordenó que los ritos de esta semana fueran oficiados sin el pueblo, “evitando la concelebración y omitiendo el saludo de paz”. Asimismo, el lavatorio de los pies, la misa crismal y las demás procesiones debían ser omitidos y/o pospuestos para fechas más indicadas.

     

    El esplendor y la monumentalidad de la Basílica de San Pedro hacían resaltar la soledad con la que Francisco y un séquito de religiosos desfilaban para iniciar la eucaristía. El octogenario obispo de Roma vestía de rojo, como es lo usual para las celebraciones de Semana Santa y Pentecostés, y lo adornaba el palio arzobispal, distintivo de los obispos y que predica el cuidado de un pastor que carga sus ovejas al hombro. En su mano, un báculo que termina en un crucifijo, que también evoca el cayado del pastor que da aliento al salmista en el bien conocido Salmo 23 y sobre su cabeza, la mitra simple que imita la indumentaria de los primeros sacerdotes hebreos.

     

    El papa bendijo los ramos con el hisopo empapado de agua bendita y balanceó el incensario sobre el altar y la Escritura. El texto que abrió la celebración fue aquel donde el apóstol Mateo narraba la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén sobre un burro y entre una multitud que tendía una alfombra de ramas para él y clamaba a las alturas ¡hosanna!, porque su salvación había llegado de los cielos. A la voz de Mateo, se unieron en la liturgia de la Palabra la del profeta Isaías desde las montañas de Israel, la del salmista y rey David desde su trono en Jerusalén y la del apóstol Pablo desde las celdas de Roma para la tierra de Filipos.

     

    Una voz que clama en el caos

     

    << Presidiarios, capellanes, voluntarios, víctimas de convictos, médicos, guardianes de las cárceles italianas prepararon las reflexiones para el Via Crucis celebrado en una Plaza de San Pedro solitaria. Foto: Vatican.va.

     

     

    El mundo ansiaba un mensaje de esperanza, una palabra de aliento que podía venir de la boca del líder de la religión más confesada en el mundo. Ese día, la lectura del Evangelio según San Mateo retrataba la última cena de Jesús con sus discípulos: un momento de suma tensión donde Jesús lava los pies de sus amigos, comparten el pan y Jesús revela quién lo va a traicionar. Los momentos en el Getsemaní antes de que fuera capturado enseñan a un Jesús humano, más parecido a nosotros: está angustiado por la muerte y clama vehemente a su padre que lo libre si así es su voluntad. Era un Jesús en crisis, como lo estaba el mundo en ese momento. El relato avanzó hasta que Jesús da su último respiro en la cruz y ahí, guardando respeto por el sacrificio expiatorio del Hijo del Hombre, todas las aproximadamente treinta personas en el recinto se arrodillaron y guardaron silencio.

     

    De ese relato, el papa da un parte de esperanza para la familia humana alrededor del mundo: “Hoy, en el drama de la pandemia, ante tantas certezas que se desmoronan, frente a tantas expectativas traicionadas, con el sentimiento de abandono que nos oprime el corazón, Jesús nos dice a cada uno: ¡Ánimo, abre el corazón! ¡Ánimo, sentirás el consuelo de Dios que te sostiene!”. Era un llamado a ver al Jesús que humillado sirvió a la humanidad, uno que sufrió la traición, el abandono y la deslealtad y que entiende el sufrimiento humano.

     

    Inspirados en ese Jesús, Francisco animó a vivir una vida de servicio, asegurando que “la vida no sirve sino se sirve, porque la vida se vive desde el amor”. Un servicio y una conmiseración necesarias en tiempos de pandemia y un servicio que para el papa resalta a los verdaderos héroes, a los que no han temido entregarse por los demás porque son valientes para amar. Ese Domingo de Ramos, Francisco le recordó a un mundo despojado de su cotidianidad, que la alegría más grande radica en el amar.

     

    Una semana para la historia

     

    Para cuando terminó esa Semana Santa, en la que nadie se dio la paz ni recibió la comunión, la cifra de infectados según la OMS estaba por alcanzar el millón setecientos mil. Francisco ofició la misa de Domingo de Resurrección tal como lo hizo el primer día de la semana; en las lecturas se conmemoraba dos sermones del apóstol Pablo avivando a la incipiente iglesia con la esperanza del Cristo resucitado y lo mismo hizo el papa.

     

    La homilía no la compartió durante la misa, sino durante la bendición Urbi et Orbi que generalmente se reserva para Navidad y Domingo de Pascua, pero que ya días antes, por las situaciones excepcionales que pasaba el planeta, la había proferido. La de ese día proclamaba con alegría que Jesús había resucitado: “Esta buena noticia se ha encendido como una llama nueva en la noche, en la noche de un mundo que enfrentaba ya desafíos cruciales y que ahora se encuentra abrumado por la pandemia que somete a nuestra gran familia humana a una dura prueba”.

     

    Invitó al mundo a contagiarse de esa esperanza que el cristianismo proclamaba en su conmemoración más importante, contagiarse de corazón a corazón y dejar que el sufrimiento de Cristo sane las heridas de una humanidad desolada. Además, recordó que no es tiempo para ser indiferentes a la realidad del mundo: hizo llamados al alto al fuego mundial, al fin de la guerra en Siria, Yemen, Irak y el Líbano; a la paz entre Israel y Palestina y al fin del sufrimiento en Venezuela.

     

    En la segunda bendición Urbi et Orbi en menos de un mes, el Sumo Pontífice no solo envió un mensaje para reconfortar los espíritus en medio de la pandemia, sino que volvió a poner en la agenda conflictos y problemas cuya gravedad no se atenúa ante la emergencia sanitaria mundial. Foto: Vatican.va.

     

    Francisco cerró la Semana Santa de 2020 sin multitudes en la Plaza de San Pedro, con un pueblo silente detrás de las cámaras que transmitían para el mundo entero, un pueblo en el exilio como Israel en Babilonia, pero reafirmando el mensaje de Jesús como uno que puede seguir arrojando luz sobre un mundo que constantemente se enfrenta a las tinieblas, y esta vez las de una pandemia que vino a socavar nuestra frágil realidad.

     

     

     

     

  • Un adulto distinto, con el teatro o sin él

     

    La vida de John Fredy Bedoya Castaño, director y profesor de teatro por más de 25 años, es un viaje por el cosmos de las artes escénicas y la experiencia de vida de muchos jóvenes en los barrios populares de Medellín.

     

     

     

    Desde sus 13 años Fredy Bedoya se ha encontrado con la destreza de hacer teatro en los diferentes barrios populares de la ciudad. No le importa si es en las afueras de un colegio, una cancha de fútbol o una manga, con tal de hallar un grupo de jóvenes entusiasmados, no dudará de estar ahí para transmitirles el encanto de articular gestos, emociones y sensaciones ante un público.

     

    Criado en el barrio Loreto —comuna 9 de Medellín—, Bedoya aprendió a distinguir que otro tipo de actividades, distintas a estar en las esquinas delinquiendo, le llamaban más la atención. Junto con él, muchos amigos empezaron a apostarle al arte que nace y se configura en los jóvenes; que son aquellos chicos y chicas fervorosos de estudiar y compaginar a sus hábitos cotidianos la producción escénica. Corporación Nuestra Gente, ubicada en la comuna 2 ­—Santa Cruz— es uno de esos lugares en el cual Fredy expresa y comparte con todo su hervor la magia de proponer espacios distintos; rebosantes de aprendizaje y emociones.

     

    Teatro, comunidad y juventud. Elementos que se conjugan en la apuesta de Nuestra Gente y que han dejado huella en la Comuna 2 y en la ciudad. Foto: Nuestra Gente.

     

    ¿Qué siente al estar dirigiendo adolescentes en el ámbito teatral?

     

    Yo me emociono. Para mí, hacer teatro es de emoción. Tengo dificultades con el tema de ser profesor, porque realmente no quiero asumir esa responsabilidad de serlo, pero cuando estoy con los grupos, lo que trato es que entiendan que esto lo tiene que atravesar a uno por el corazón, entonces si yo quiero que ellos entiendan que esto es emoción, que esto es deseo, que esto es ganas, eso me tiene que pasar a mí. Si yo les digo con un libro, vean: “el teatro es el deseo… según fulanito de tal es una emoción…” No, no, no, según fulanito no; según como lo vivamos, y lo tenemos que vivir desde la experiencia emotiva y apasionada, para mí el teatro es eso y estar con los jóvenes es eso. Yo me siento Drácula porque yo no los pongo a hacer nada que no sepa hacer, en unos años voy a estar sentado. Pero ahora que tengo el ánimo y que el cuerpo todavía me responde, hago con ellos todos los ejercicios.

     

    Si no me emociono haciendo teatro, enseñando teatro, explicando teatro, investigando cómo hacer una escena, si no me emociono en esa acción, ¿cómo le voy a pedir a ellos que se emocionen? Disfruto, me río, gozo y paso muy bueno. Disfruto mucho porque me siento Drácula. Drácula necesitaba beber sangre para estar siempre inmortal y joven, siento que compartir con ellos —no me hace inmortal—, pero sí me hace sentir joven, joven en cuanto al ánimo, joven en cuanto al deseo, a las ganas, una cosa será el cuerpo en unos años, pero otra cosa va a ser ese espíritu que ellos me regalan en cada ensayo, trabajar con jóvenes es eso; es que a veces nos puteamos, pero nos abrazamos también. La energía de ellos es poderosa.

     

    Teniendo en cuenta estos sentimientos, ¿qué opina de que los jóvenes practiquen teatro?

     

    Para mí ha sido muy natural que los jóvenes lo practiquen. Cuando yo empiezo a hacer teatro lo hago con jóvenes de barrio en una apuesta muy social­ —digamos que era para nosotros en el barrio­—. Nos presentábamos en una esquina, en una cancha, no teníamos un teatro, ni nos presentábamos dentro de los colegios. El teatro que hacíamos era callejero, era presentar en cualquier parte. Siempre con ese sentido de lo social. Es una posibilidad de que un niño juegue de otra manera, no siempre a la guerra y con carritos, sino que haga unos juegos donde él a partir del juego se reconozca a él y reconozca a otros, eso empieza a ser muy importante. A los jóvenes les empieza a pasar lo mismo, solo cuando estás ahí y ves los cambios de un joven que está en un grupo en el cual se manejan valores distintos, intereses distintos a los del dinero, el vicio, la corrupción, hace jóvenes distintos, el teatro te propone otros mundos posibles.

     

    Siendo los jóvenes protagonistas, ¿cuáles son los principales retos con los chicos y chicas que empiezan en este arte?

     

    Ser joven hoy en día es más difícil porque tienes muchas cosas que te distraen, el mundo ha inventado un montón de cosas que te distraen, y recuerdo cuando era joven. Me distraje jugando fútbol; no tenía Play, Xbox, no tenía internet. El mundo va cambiando y los retos también. Cuando llegué a esta casa ­ [Corporación Nuestra Gente] los jóvenes tenían una carencia económica enorme, teníamos a niños que se iban a la escuela sin desayunar, muchas veces venían y aquí almorzábamos, lo cual era su primer alimento del día, había esa carencia.

     

    Por otra parte, hacíamos ejercicios en los cuales les preguntaba qué se veían haciendo en 5 años, y decían que querían trabajar, pero ¿quién dictaba eso?, La necesidad. El 90% de ellos no veía la posibilidad de seguir estudiando, se proyectaban terminando el colegio y saliendo a trabajar. El teatro sirvió para ir cambiando el chip. De pronto, pasado ese tiempo, todos se fueron a estudiar, esa fue de las alegrías más grandes que he sentido en mi vida a partir de un proceso.

     

    Para mí es un logro, una maravilla, siempre lo he recalcado cuando vienen a visitarme, el logro más grande que hemos tenido desde el 2008 es que hoy los jóvenes que vienen a Nuestra Gente, todos desean estudiar, todos ven la universidad como una opción, eso ha cambiado las condiciones de vida de muchos de ellos.

     

    A su vez hablamos de dificultades, ¿cuáles cree que acechan a los chicos en esta ciudad?

     

    La violencia. Te pongo el ejemplo de cinco compañeros. Ellos eran de la calle, de la esquina, sardinitos, como si no tuvieran papá y mamá, hacían lo que les daba la gana, les encantaba el fútbol, mantenían esta casa azotada a piedra, quebraban los vidrios, porque no eran parte de la casa. Un día una compañera los vio arrojando piedras y en ese instante los convenció de unirse a un grupo que estaba yo empezando a desarrollar. Desde eso empezaron a asistir, eso sí, todo el día jugaban fútbol, estaban en las calles y yo decía: “Están tan cerca del espacio de la violencia”, tan cerca al espacio de la banda, del crimen, del bandido, ellos van a terminar allá. Pero los empezamos a “robar” de esos espacios, —de esos cinco tres muy encarretados—, de ellos, solo uno cayó en las redes de la violencia.

     

    Siendo tan evidente la violencia como un problema, ¿cómo afrontar este inconveniente?

     

    El teatro no salva, lo que te posibilita es encontrarte con otra gente. Es el encuentro con los otros. Esos pelaos que no veían la posibilidad de estudiar, terminaron estudiando, ellos que estuvieron tan cerquita de ese otro mundo, lograron aquí encontrar otra posibilidad gracias al encuentro con el otro. Vos venís aquí y encuentras un grupo, empiezas a encontrar por ejemplo identidad con Sara, a Sara le gusta leer, Sara te presta el libro y empiezas a leer, ella te invita a eventos culturales, te dice: “¿Vamos a la universidad que hay un concierto?”. Es decir, empieza a ver un contagio bacano, que hace que entre ella y vos se transformen, solo que el teatro te da, te empuja, te invita.

     

     

     

     

     

     

    << La casa amarilla, sede de Nuestra Gente, es punto de referencia barrial y de toda la ciudad. Foto: Nuestra Gente.

     

     

     

     

     

     

    Hablando de la parte económica, según el subsecretario de Cultura y Ciudadanía, Álvaro Narváez Díaz, hay 2 200 millones para el programa de Salas Abiertas este año, ¿es suficiente este presupuesto entre 20 a 30 espacios teatrales de la ciudad?

     

    Cada vez es más poquito, mermó el presupuesto. Pero hay cada vez más salas. Eso está bien que haya salas. Hace un rato decías que las salas están cerradas, pareciera que a nadie le importara que las salas de teatro estén cerradas, pero ¡qué miseria el pueblo que no tenga una sala de teatro abierta! Sería muy triste. Uno celebra que cada vez haya más salas de teatro, sabe lo duro que se le viene al que arma una sala de teatro, es muy duro mantener una sala abierta, una cosa muy compleja, pero necesaria. Juntar al menos 10 personas es muy duro.

     

    Cuando hablamos del tema del dinero uno piensa que todos tenemos derechos a tener el sueño de una sala, pero el sueño de una sala tiene que ser el sueño de una ciudad. Un niño de aquí de Nuestra Gente decía hace días: “si Medellín tuviera en todos los barrios una casa amarilla o una casa como Nuestra Gente, de verdad que Medellín sería una ciudad de progreso, una ciudad diferente”. Yo le creo a él, pero eso tendría que tener una voluntad política de parte de los gobiernos, diferente a la que tienen, porque ahora lo que tienen es un presupuesto que funciona como una gran bolsa de la que todos tienen que comer de ahí, lo peor es que no todos alcanzan a comer. No se puede negar, Salas Abiertas es una ayuda muy tremenda, si nosotros nos quedamos sin Salas Abiertas un año sería un golpe muy bajo.

     

    ¿Cómo incentivar a los jóvenes a estudiar este arte?

     

    Aquí llegó un chico. Lo aprendí a querer mucho, él llegó y no se hacía querer, llegó porque su novia estaba aquí, entonces él quería hacer teatro con su novia, fue buen estudiante, empezó a encarretarse con el teatro, el teatro lo empezó a absorber, empezó a sentir responsabilidad con el grupo, a veces peleaba con el grupo, comentaba: “Solo quiero estudiar para mandar, para que me hagan caso”.

     

    El chico se gradúa y se regresa para su pueblo, tiempo después me llama y me dice que le ayude, y yo: “¿Con qué?” y él dice que quiere desde el arte hacer un proyecto para contrarrestar el tema de los suicidios en el pueblo. Él, que solo estaba preocupado por trabajar y mandar, pasó por un espacio que lo sensibilizó de una manera, se le abrió el mundo. Es un adulto distinto, como él hay muchos.

     

    Yo fui joven y siempre entendí que ser joven es un pasito, que hay un momento en el que voy a dejar de ser joven, siento que, si un joven se acerca al arte y logra construir desde ahí identidades, símbolos, amigos, si logra hacer eso —ese paso de la juventud— es de una firmeza enorme. Eso te va a ser un adulto distinto, te dediques o no al teatro.