“No deseo que las mujeres tengan más poder sobre los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas”
-Mary Shelley
No es para nadie un secreto que en un mundo patriarcal, dominado por hombres, las mujeres no tenemos una fácil labor a la hora de defender nuestras igualdades y reclamar lo que por derecho nos pertenece. Para muchos (y muchas), la estigmatización contra el genero femenino no es vista como una problemática social pues, desafortunadamente, el machismo es un fenómeno arraigado y persistente al cual nos hemos acostumbrado. No obstante, también somos muchas, incluso me atrevería a decir que la mayoría, las que no estamos de acuerdo con el trato de inferioridad y de degradación que constantemente recibimos.
Es de esta forma, que las movilizaciones en contra de los comportamientos que someten a las mujeres han empezado a tener eco en todos los rincones del mundo. Muchas de las mujeres que por muchos años han hecho parte de un mundo de y para los hombres, han decidido romper el silencio, pronunciarse, denunciar, decir “me too”, yo también. Lamentablemente, aún quedan muchas que por miedo permanecen en la penumbra y en la tortura del silencio, que prefieren someterse antes que asumir el riesgo de salir a un mundo desconocido en donde exponerse puede matarlas. Literalmente.
En Colombia, entre 2010 y 2015, 875.437 mujeres fueron víctimas de acceso carnal violento, no obstante, el 24% de ellas se abstuvieron de denunciar por miedo a las represalias. Lo más lamentable es que las estadísticas aumentan paulatinamente y, aunque el código penal colombiano asegura el castigo penal a aquellos que incurran en violencia sexual, los casos de impunidad son más que los penalizados.
La normalización del machismo genera repercusiones en todos los ámbitos de la vida de las mujeres, desde el desarrollo de su personalidad hasta el desempeño de su profesión. Según el último reporte del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, “por cada ocho mujeres con estudios superiores en Colombia, hay siete hombres que han alcanzado el mismo nivel educativo”. No obstante la tasa de desempleo en las mujeres es de 11,6%, casi el doble que la de los hombres que es del 6,6%, lo que significa que, aunque son más las mujeres que llegan a una educación superior, son los hombres los que de quedan con la mayoría de los empleos y en muchos casos los que reciben hasta un 20% más de salario en cargos en los que ambos desempeñan las mismas funciones. Estas estadísticas ponen a Colombia en el puesto 92 en el ranking de los 155 países que mayor desigualdad de género presentan.
Es verdad que hay quienes dicen que el movimiento feminista no es más que una exageración o una estupidez pero, ¿no es una estupidez tener que anotar las placas del taxi al que nos montamos para mandárselas a algún amigo o pariente por si algo nos sucede, o tener que avisarle a los demás cuando llegamos a nuestra casa después de una salida con amigos? Si es que llegamos. Eso sí que es una estupidez. Me perdonarán ustedes si mis palabras carecen de sutileza pero es que la realidad en la que vivimos no es para nada sutil.
Y para hacer más énfasis en caso de que no esté claro el hecho de que el machismo es una realidad, los invito a que busquen en el Diccionario de la Real Academia Española el significado de la palabra FÁCIL. Una de las definiciones es: “Dicho especialmente de una mujer: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales”. ¿No es indignante? ¿Una mujer es fácil por la forma en que decide o no manejar su sexualidad? ¿No debería ser eso una decisión personal que no tiene por qué ser juzgada por nadie y menos por la institución oficial que regula nuestra forma de expresarnos?
Es por esto que no debemos guardar más silencio, quedarnos calladas ya no es una alternativa, somos nosotras mismas las que debemos luchar por nuestros derechos, por ser escuchadas, por exigir la libertad sobre nuestros ideales y sobre nuestros cuerpos. Los paradigmas sociales arraigados pueden ser extremadamente difíciles de cambiar, pero para dar el primer paso somos nosotras las que debemos cambiar la forma en que nos vemos y nos hacemos ver. En nuestras manos está el demostrar que ser mujer no es una debilidad, que ser mujer es un gran privilegio que no debe ser menospreciado de ninguna forma. Si la única forma de conseguir el cambio es expresar abiertamente lo que pensamos, sentimos y merecemos, entonces, ¿por qué callar?
LA FALDA FUE EL MOTIVO
Un comunicado con el que se pretendía ofrecer recomendaciones sobre la forma de vestir, durante las jornadas de clases, y que fue publicado en uno de los boletines electrónicos para los estudiantes de la Universidad Pontificia Bolivariana, suscitó una controversia, que desde el seno de la comunidad universitaria, alcanzó a la opinión pública de la ciudad y del país, especialmente, por vía de las plataformas digitales.
Como respuesta a esta situación, a modo de protesta, en el campus se observaron a algunos hombres y a mujeres vestidos con falda; además, los estudiantes se manifestaron con varios letreros y con diferentes publicaciones digitales.
Las expresiones motivadas por aquel contenido, que después las directivas de la Universidad reconocerían que fue erróneo, eran un nuevo episodio de una discusión de interés público sobre los derechos y la libertad, relacionados con la identidad de las personas, particularmente, con la de las mujeres.
Desde Contexto abrimos varios espacios para la expresión de la comunidad universitaria sobre el debate en torno al vestuario, y sobre las cuestiones que aquel episodio debía convocarnos. Entre el 12 y el 20 de febrero, se hizo la convocatoria por medios electrónicos, y directamente se invitó a varios estudiantes, cercanos al debate, para que enviaran sus columnas.
Compartimos con ustedes las opiniones recibidas en nuestra Edición 64. Lea las columnas recibidas aquí:
Ana Alicia Arias Tequia vende las manillas, collares y aretes que junto a su esposo Libardo Rivera Murillo, tejen durante la semana. Ana es una indígena emberá katío del resguardo Alto Andágueda del municipio Bagadó, Chocó, que llega a Medellín en el año 2011 buscando mejores condiciones de vida, tras ser desplazada de su resguardo por el conflicto armado interno en Colombia y vivir aproximadamente 3 años en Pereira. Esta multimedia ilustra la historia de vida de esta heredera de artes ancestrales en una ciudad tan indomable como la selva más exuberante que para ella es el hogar.
La receta para que un barrio dure 90 años es: que haya vivido el pintor más reconocido de Colombia, que en épocas secas se adorne de flores amarillas caídas de los guayacanes, que haya sido declarado patrimonio arquitectónico, que su fundador se llame Ricardo Olano y haya venido de Yolombó, que esté en el centro de su ciudad y por último, sazonarlo a 25 grados, la temperatura promedio de Medellín.
Para descubrir estos ingredientes, fue necesario nacer en 1927 y estar repleto de familias gigantes, empresarios adinerados, personas de otras regiones del país o que viajaran al exterior. Que aún viva gente que llegó en los años 30 o 40 y, lo más importante, que haya allí curiosos por descubrir la historia, no solo arquitectónica sino gastronómica de este lugar.
¿A qué sabe prado en 90 años?, se preguntó la Fundación patrimonio para el desarrollo que ganó con su propuesta el estímulo “celebrando el mes del patrimonio” para el arte y la cultura 2017 de la secretaría ciudadana de Medellín. Mónica Pabón, arquitecta y directora de la fundación junto con su esposo Hernán Tobón, cocinero experto en cocina colombiana y coordinador del proyecto se preguntaron con tanta intriga a qué sabe este barrio, que después de dos meses de exploración el 29 de septiembre Medellín se enteró y probó a qué sabe Prado en 90 años.
Talleristas de a qué sabe prado en 90 años, después de finalizar con las actividades propuestas por el proyecto.
Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.
Fueron 20 personas, residentes de este barrio junto con el cocinero experto, quienes se dieron a la tarea de investigar a qué sabe Prado, para esto realizaron 100 encuestas sobre qué se comía, cuatro talleres teóricos y cuatro prácticos, cada uno en una casa diferente, con el fin también de conocer cómo eran las cocinas anteriormente y la relación que tenía la arquitectura con el tiempo y el tipo de familia. “Para decidir el plato, a parte de las encuestas entre nosotros hablábamos de los ingredientes que usábamos en la casa y los que más se repetían esos usamos,” cuenta María Eugenia Ramírez, que lleva 35 años en el barrio.
Los ingredientes para descubrir el sabor fueron aportados los habitantes del barrio, cada uno decía qué comida, sabor u olor le recordaba los tiempos pasados que donde vivió con su madre, abuela, hermanos y primos. Sin embargo para armar su plato y reconocer en realidad cuál era el sabor necesitaban un cocinero, por eso Hernán Tobón experto en cocina colombiana los acompañó en este trabajo para aportar sus saberes y al respecto comenta que “el objetivo de este proyecto es recuperar la memoria gastronómica y estandarizar una receta a partir de la restauración gastronómica y tradicional de las cocinas de Prado”. Y por esto preguntó entre la comunidad por varios meses ¿a qué sabe Prado?
¿A qué sabe Prado en 90 años?, a infancia, dice Inés. A mi abuela cometa Maria Eugenia. A finca dice en voz baja Rocio y a mi mamá grita Socorro, con la espontaneidad que la caracteriza. Todo esto se escuchaba en el salón de la Acción comunal mientras entre talleristas y coordinadores del proyecto a modo de conversación mostraban el resultado del trabajo realizado. Después de escuchar varios puntos de vista se evidencia que para ellos lo más importante de descubrir la receta era poder viajar en el tiempo mientras disfrutaban el plato, tener sensaciones y emociones, que aunque no fueras de este barrio te recordara algo o a alguien.
Rocio Correa y Alba García, talleristas, que vestidas de los años 30´s 40´s celebraron la entrega oficial de la receta que les inspiró su barrio. Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.
Para probar el sabor de Prado el salón estuvo acorde con la época en que nació el barrio, estaba acompañado de mujeres, hombres y niños vestidos de los años 30´s y 40´s para evocar la época en que sus antepasados llegaron al barrio para llenarlo de vida, familias elegantes, historias por contar y patrimonio arquitectónico que cuidar. Mientras servían el plato, habían personas preparándolo y el olor de esta comida acompañó a los asistentes durante toda la recepción, por último y para antojarlos más de probar dicha receta, dijeron sus ingredientes.
Mario Pabón, Luz Marina Carvajal y su nieto, vestidos de fiesta para probar en la entrega de este proyecto a qué sabe este barrio del que solo han conocido historias. Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.
Crema de frijoles con zanahoria, plátano pintón, arroz blanco, chicharrón frito con harina -para que sea más crocante,- hogao y nada de sustancia animal, es a lo que sabe Prado. Pero y qué tomaban, quiénes y cómo lo comían fueron preguntas que surgieron después de descubrir el plato, por eso Hernán empezó a indagar más a fondo con los participantes del taller sobre historias en la mesa. “De sobremesa, el guandolo, o aguapanela fría con limón, era lo que se tomaba en las mesas de 12 o más puestos que a las 7 pm hora de la comida siempre estaba llena, decían mientras cocinaban los talleristas”, añade además que para terminar la cena y de paso las conversaciones con todos los integrantes de la familia, sobre sus trabajos, tareas, novios o problemas, estaba como acompañante la torta de pan viejo, receta hecha también en casa, por la servidumbre en unos casos o por las abuelas.
Después de escuchar las anécdotas y el resumen de la metodología que utilizaron los talleristas para elegir los ingredientes, decidieron retar a dos chefs profesionales, Juan Diego Gómez Mesa y Juan Esteban Herrera para que cocinaran en frente de todos la receta que identifica su barrio, para luego evaluarlos. Durante 40 minutos los cocineros dialogaron con la gente, y explicaron cómo se preparaban los alimentos que componían el plato elegido.
El objetivo del reto no era solo hacer la receta, sino que tuviera la sazón del barrio, que su sabor les recordara las historias y emociones, por eso esto, los dos profesionales de la cocina escucharon durante la toda la noche los relatos del barrio y aportaron a este plato su conocimiento y las técnicas explicadas por los talleristas.
Juan Esteban Herrera y Juan Diego Gómez, chefs retados hacer la receta que identifica el barrio Prado de Medellín.
Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.
Al final todos los invitados a la reunión disfrutaron de la crema de frijoles, con hogao, chicharrón, arroz blanco, tajada de plátano, guandolo y torta de pan viejo. En el cual después de cada cucharada o degustación del plato había que calificar, no solo el sabor si no las sensaciones y recuerdos que había traído ese plato cuando tuvo contacto con sus papilas gustativas.
Para Maria Victoria Echavarría, quien vive hace más de 20 años en el barrio fue invitada por sus amigas, dice que fue espectacular la experiencia, que lo que más le gustó fue la integración debido a que antes todos eran en sus casas y gracias a estas actividades hay más comunicación y conocimiento entre la comunidad.
Socorro Londoño, 30 años viviendo en el barrio, y Alba García, 40 años viviendo en Prado, prueban de nuevo la receta que trajo a sus memorias su historia en este lugar. Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.
Los talleristas, invitados y expertos en concina en esta noche del 29 de septiembre descubrieron el sabor del barrio que vio crecer a Fernando Botero, aquel declarado único sitio de conservación patrimonial en esta ciudad, ese que por darle vida a la avenida oriental perdió la suya, pero que hoy 90 años después de que se fundó quiere renacer para Medellín y demostrar que su importancia no solo está en los muros sino también en sus gentes.
La Comuna 13 se hizo célebre por la operación militar más grande que se haya visto
en un territorio urbano, en la historia del país. Con el tiempo, los líderes, organizaciones comunitarias y grupos culturales de la zona aprovecharon las notables transformaciones urbanísticas del territorio, para proyectar una nueva vocación, en la que el arte y la cultura transmiten al mundo, el espíritu de estos barrios; la verdadera vocación, podría decirse, porque tres lustros después de la peor violencia armada, permanece vigente y activa, a pesar de que hay amenazas y dolores latentes.
Este reportaje gráfico hace parte del cubrimiento especial de los medios universitarios de Medellín, a propósito de los 15 años de la Operación Orión, ofrecemos un recorrido por las facetas de la cultura, que mueve la vida y la memoria de estos barrios.
Lea más del cubrimiento especial
15 años después de la Operación Orión
– “El talento de la gente en la Comuna 13. 15 AÑOS RESISTIENDO A LA VIOLENCIA”.
La lucha jurídica que reta el desarrollo cultural del barrio El Prado.
La Corporación Centro Plazarte se encuentra ubicado en la Carrera 50 59-32; ante la notificación de aplazamiento, Plazarte ha mantenido en pie sus programaciones culturales. Foto: Manuela Rendón Uribe.
Una noche antes del desalojo, y ansiosos por recibir justicia, los defensores de Plazarte decoraron sus paredes con afiches y carteles; la venta de la casa que ocupan los ha acorralado contra la posibilidad de ser desalojados.
La Corporación Centro Plazarte se defiende con lo mejor que tiene: arte y cultura; ante la noticia de que su desalojo se llevaría a cabo, los colectivos dentro de la casa han afrontado la situación con obras de teatro, conciertos y otras actividades como medio de protesta. Sin embargo, nada detuvo la decisión de la Fundación Obra de Jesús Pobre -los demandantes- de convertir la casa en un albergue para personas en situación de calle. Según Daniel Alejandro Miranda, miembro del Colectivo TallerSitio, “cuando la Corporación se creó legalmente, los socios aportaron a su constitución: TallerSitio aportó la labor hecha durante esos cuatro años y los dueños de la casa, aportaron la casa; lo que pasó después es que uno de los socios vendió la casa sin consentimiento del resto de socios de la Corporación, lo que lo hace una venta ilegal. El que la compró (la casa) demandó a la dueña y nunca tuvo en cuenta a Plazarte como persona jurídica”.
Al considerarse a la Corporación Centro Plazarte como habitantes indeterminados y no como poseedores de buena fe, no solo se están vulnerando sus derechos de la persona jurídica, también se atropellan sus derechos colectivos y a continuar en la casa, ubicada en el barrio patrimonial El Prado. Ante la situación, el grupo de artistas ha emitido varios comunicados, uno de los cuales explica: “Actualmente estamos en espera de la respuesta de la Tutela en la que pedimos, como poseedores de buena fe, el derecho a oponernos, que no se nos violen nuestros derechos fundamentales al debido proceso y a la propiedad, puesto que hasta la fecha se nos ha negado el acceso a la justicia y la igualdad de las partes, al no habernos admitido como litisconsorte o como opositores en procesos donde la entidad no ha estado nunca demandada”.
Y aunque ellos se declaren como poseedores de buena fe, para abogados expertos en el tema como Felipe Vélez, es difícil saber si la Corporación es poseedora de buena fe sin algunos documentos y facturas que lo corroboren, “para esto se sigue un método científico que puede arrojar un resultado según algunos documentos que pide la ley para nombrarlos como poseedores de buena fe”.
La obra de la Fundación Obra de Jesús Pobre
A solo unas casas de diferencia, se encuentra la sede de la Fundación Obra de Jesús Pobre, según Hugo Sánchez, defensor de Plazarte, “es una entidad que se dedica a la atención de indigentes de una manera, para nosotros, y creo que para el Gobierno Municipal de Medellín, indebida, porque a ellos no los escuchan sino que los mantienen; les dan una comida, creo que también pueden entrar a bañarse, pero no les dan una pauta de vida como la que hoy, la alcaldía de Federico Gutiérrez está ejecutando”.
Miranda asegura que la llegada de los habitantes en situación de calle cada tarde en busca de su alimento no solo no permite que la zona se desarrolle en seguridad y medio ambiente, también incomoda a los vecinos que se ven directamente afectados por su presencia. Es el caso de César Augusto Valderrama Gómez, residente de la cuadra que afirma que: “la Fundación Jesús Pobre tiene una casa justo en la carrera 50 con 70, en la esquina, y cualquier persona puede ver el descuido que tiene esa casa. Sus actividades sociales son para darle alimento a habitantes de la calle, esto genera que todos los días al mediodía esta calle está llena de habitantes de la calle. Especialmente, la casa donde habito, tengo que limpiarla una vez a la semana de heces y vómito de personas que se hacen ahí esperando el alimento. Ellos no se encargan de realizar la limpieza de todo esta gente que se moviliza a esta casa en particular, y quieren volver Plazarte una extensión de este lugar”.
Como compradora del inmueble, la Fundación Obra de Jesús Pobre considera que los múltiples aplazamientos por parte de Plazarte no permiten que la decisión del juez se lleve a cabo, lo que los pone, en su opinión, en desacato de la orden judicial. La abogada de la parte demandante, Mónica López Arango, comenta que “el objeto social de la Fundación se ha visto perjudicado. No hemos querido demandar por el principio de la buena fe y por darles tiempo”, afirma que la institución se ha mostrado abierta a concederle opciones a la Corporación frente a la movilización de los bienes muebles dentro de la casa, pues han propuesto dejar en secuestre las obras de arte y bienes hasta darse a conocer el fallo del Tribunal Superior.
Un posible final
Son numerosos los episodios de esta historia, en uno de los más recientes, a finales del mes de noviembre de 2017, artistas, amigos y vecinos fueron convocados para que entre las paredes dibujadas, las antiguas puertas y los afiches que decoraban con protesta los muros, expresaran sus inconformidades en la sala donde se planeaba llevar a cabo la diligencia de desalojo. Entonces, la Policía llegó bajo órdenes de la inspectora, mientras un grupo de personas prepara sus instrumentos para un concierto – protesta.
Bernardo Ángel Saldarriaga, actor del grupo de teatro “La barca de los locos” presenta una obra de teatro en medio de la diligencia en Plazarte como medio de protesta. Foto: Manuela Rendón Uribe.
Mientras en una sala se discutía el futuro de la diligencia para Plazarte, Miranda observaba desde lo alto de las escaleras, “lo que nosotros hemos estado alegando todo este tiempo es que nos han vulnerado el derecho al reconocimiento de nuestra persona jurídica, que es un derecho fundamental. En este momento, un juez está diciendo que por una orden tenemos que desalojar la casa porque Obra de Jesús Pobre la compró, pero otro juez dice que nosotros somos poseedores de buena fe. Entre los jueces se están contradiciendo y se tendrá que pasar a una instancia superior”, comenta.
Defensores de la Corporación como Hugo Sánchez afirmaban ante las cámaras de medios presentes que “no pueden vender la casa, una entidad sin ánimo de lucro no puede vender sus bienes y no puede sacar utilidades, no hay accionistas ni dueños, solo se componen por miembros…”, para él, ese hecho demostraría vez más la ilegalidad en la venta del inmueble y la inconformidad del colectivo.
Aquella diligencia se aplazó hasta que se conocieran los resultados del fallo. Según María Clara Fonnegra, Representante Legal de la Corporación, “la diligencia se aplazó gracias a la oposición de la ciudadanía, en defensa del interés colectivo y de los espacios de la ciudad. La Policía se retiró y esto ayudó a que la inspectora se retirara aplazando la diligencia”.
Y aunque existen más entidades culturales en la zona, muchos reconocen la labor que durante nueve años ha hecho Plazarte en pro de Medellín y que miembros de la comunidad como César Valderrama reconocen, para él, “Plazarte es una actividad cultural abierta a todos los ciudadanos, y se va a volver un lugar para un grupo especial de personas, privando a la ciudadanía de estos espacios culturales… si tuviera que poner en balance el aporte social de las dos instituciones, Plazarte está más en armonía con la idea del barrio El Prado como un barrio patrimonial, porque aporta actividades culturales; otro tipo de actividades como las que propone Jesús Pobre, acabarían con el barrio”.
Una nueva diligencia de desalojo programada para el 11 de diciembre también se aplazó. De nuevo, los artistas de Plazarte convocaron colegas y vecinos a oponerse al desalojo con una programación artística que continuará mientras el conflicto judicial se resuelve y se define lo que puede considerarse un precedente para el rumbo del tradicional barrio El Prado.
Hace más de quince años que Carlos Ossa abrió una oficina en el edificio Coltejer. El poeta llega hasta allí todos los días para pensar y escribir.
Entonces, se armó de valor y le preguntó, dejando todo prejuicio a un lado, lo que se había cuestionado desde que se sentó a su lado. No entendía cómo alguien podía vivir de la literatura sin ser un escritor famoso.
—¿Y vos de qué es lo que vivís? —Preguntó el joven periodista sin pudor alguno.
El poeta lo miró y calló por unos segundos, el ruido de los carros que pasaban por la avenida La Playa desapareció. Todo fue silencio, silencio que fue interrumpido por la risa del poeta, que se echó a reír y miró al periodista, que tenía cara de ingenuo, y sostenía firmemente una pequeña libreta azul, que perfectamente podía cargar en su bolsillo, y un lapicero Bic, a la espera de la respuesta para escribir rápidamente, con una letra que solo él entendería.
—¿Que de qué vivo?, pues de milagro —respondió, y los dos comenzaron a reír sin importar nada
de lo que pasaba a su alrededor.
Primera escena
Al periodista le contaron sobre un hombre que era poeta, que tenía una oficina en el edificio Coltejer y abría todos los días de diez de la mañana a cinco de la tarde. Llegó a él, luego de que le mostraran una carta que había escrito sobre el cierre de la librería Nueva, en julio de 2015, que titulaba: “Cerrar librerías, ¡qué vergüenza social!” y estaba firmada por un tal Carlos Ossa. Se la había dado un viejo librero de La Bastilla, don Augusto, quien le dijo que ese hombre se la pasaba
todos los días ahí, pensando, escribiendo, conversando, viendo pasar la ciudad, que esa era su oficina y ahí lo podía encontrar. “El hombre tiene una prosa muy interesante, vale la pena conocerlo y, por supuesto, vale la pena leerlo”, aseguró don Augusto.
Le pareció una historia llamativa, un poco loca, pero que valía la pena conocer al poeta. Además, ¿cómo dudar de la palabra de don Augusto?, si este se la pasaba leyendo todos los días y había recorrido las líneas de las obras más importantes de la literatura universal.
Segunda escena
Pasaron los días y fue a conocer a Carlos Ossa. Era casi mediodía y hacía calor, las calles estaban llenas de transeúntes, que no tenían tiempo de mirar lo que pasaba a su alrededor, todos tenían afán.
Llegó al edificio y comenzó a mirar las caras, pero ninguno tenía cara de poeta. “¿Cómo es una cara de poeta? ¿Acaso todos eran como Gonzalo Arango o León de Greiff?”, se preguntó, pero no tenía ni idea, siguió mirando las escalas del Coltejer, las que dan con Junín, al frente de la difunta Nueva, pero no había ningún hombre con cara de poeta.
Decidió ir a las que dan con la avenida La Playa y tampoco vio alguna cara de poeta. En ese momento dijo, que si Carlos Ossa existía, seguramente debería de estar escribiendo o leyendo, eso quería decir que no estaba.
Caminó hasta La Bastilla, pasando por la calle del Tuvo (le dicen así, porque todo el que está ahí alguna vez tuvo mujer, tuvo casa y tuvo plata), para ir a hablar con don Augusto, solo él le podía dar razón del poeta. Nada pasó, el librero no estaba, quedó en las mismas.
Dio una vuelta por Junín, para matar el tiempo, pero no encontró nada para hacer. Volvió a las escalas, las que dan con La Playa y vio a un hombre que no estaba la primera vez. Estaba sentado de carrizo y miraba atentamente todo lo que pasaba a su alrededor, se notaba que no se le escapaba ningún detalle. “Ese debe ser”, exclamó.
Tenía que estar seguro, no quería hablar con la persona equivocada. Se acercó a un vendedor de lotería y habló con él.
—Buenas señor, le pregunto, estoy buscando a un tal Carlos Ossa, él es poeta y me dicen que se hace aquí todo el día.
—Ese es que está allá sentado —dijo el lotero, mientras señalaba al mismo hombre que el periodista había observado.
Se dirigió lentamente hacia el poeta y mientras subía las escalas, preparó la presentación.
—Buenos días, ¿Carlos?
—Mucho gusto, Carlos Ossa.
—Mucho gusto, soy periodista y don Augusto, de La Bastilla, me habló de usted, me dijo que usted
era poeta.
—Eso dice la gente, dicen que yo soy el poeta de las escalinatas —respondió el poeta mientras se reía.
—Es para ver si me da una entrevista, me contaron sobre usted y quiero escribir su historia.
El poeta volvió a reírse, miró a su alrededor, miró los carros que pasaban, los vendedores ambulantes y exclamó: “Pues bienvenido, sentate”. De inmediato el periodista tomó asiento, se puso cómodo en la oficina y sacó de su bolsillo una libreta y un lapicero.
Una postal que para muchos desaparece en la rutina del Centro: Carlos Ossa en su escenario de trabajo.
Foto: Mateo García Agudelo.
Tercera escena
Era 1960 y seguramente, en Puerto Berrío hacía calor. Carlos Ossa, que nació en Remedios hace 73 años, llevaba algunos años viviendo en este lugar y la relación con la literatura se hacía cada vez más estrecha. Carlos vio la necesidad de escribir inspirado por las lecturas que venía haciendo. El reposo del guerrero, de Christiane Rochefort, fue una de estas. “Cuando uno se integra con la lectura, aparece el deseo de escribir lo propio”, comentó Ossa.
Y así fue, el deseo se convirtió en realidad y comenzó a escribir, sin dejar a un lado la lectura. Por
esa época fue que se conformó el Grupo Puerto, unos amigos medio bohemios y medio intelectuales, que deseaban ser escritores.
Cuarta escena
Puerto Berrío, Antioquia, enero de 1964. Al caluroso Puerto llegó el fundador del Nadaísmo, Gonzalo Arango. Estaba de paso, pero se quedó cuando le contaron que existía un grupo de muchachos afiebrados por la literatura.
Para entonces, el Grupo Puerto, lo único que había hecho era un manifiesto en rechazo a los que comentaban que eran los loquitos del Puerto. Eso llamó la atención de Gonzalo.
Carlos recuerda que era un hombre muy generoso en todo sentido, además, “no hacía alarde
de nada, parecía como uno más de nosotros, nos hacía sentir bien”. Hablaron de poesía y literatura, ellos estuvieron muy emocionados, pues, “nosotros los leíamos mucho a ellos —a los nadaístas—, comprábamos todos los suplementos, para saber qué estaban haciendo”. Gonzalo Arango los leyó y les dijo que iban por buen camino, los animó a escribir.
El poeta nadaísta “fue un azar maravilloso, de esos regalos que da la vida, porque con eso no contaba nadie, ni él ni nosotros. Nos estimuló mucho, que siguiéramos escribiendo, que veía talento en todo el grupo”.
Finalizaba la década del 70 y Carlos Ossa, a sus 35 años, llegó a Medellín. Las posibilidades económicas en el Puerto estaban ahogadas y en la capital paisa podía encontrar algo mejor, además de mejores posibilidades en cuanto sus aspiraciones literarias. Si había vivido por
la literatura, ahora quería vivir de la literatura.
Quinta escena
Encontró trabajo como revistero, pero no aguantó tanta presión. Para lo único que ha servido toda
la vida es para escribir, por eso declamó alguna vez: “Soy un fracaso en los aspectos prácticos de la vida”. Fue heladero, revistero, bibliotecario y otros oficios relacionados con el arte de escribir. Él es un trashumante de los oficios.
Ha publicado más de 23 títulos, siete de poesía, siete de narrativa y otros que no tienen un género definido. Su primera publicación fue Poemas del Grupo Puerto, en 1980, desde ahí no dejó de hacerlo, todos los hace por su cuenta, los vende él mismo y unos amigos libreros le ayudan.
Sexta escena
La llegada a la ciudad le permitió hacerse un espacio como escritor. Comenzó a colaborar con algunos medios, como el suplemento de El Colombiano y la Revista Universidad de Antioquia, pero la cosa no terminó muy bien.
Séptima escena
Conoció una Medellín bohemia, la ciudad de la noche que lo fue arrastrando lentamente, trago tras trago. Tal vez ahí terminaron todas sus posibilidades, porque desapareció del mapa literario de la ciudad. Llegó a raspar hielo, para pagar un cuarto en el que vivía.
Octava escena
Dejó la bohemia, esa vida quedó atrás y volvió al arte de escribir. Tal vez era demasiado tarde. Casualmente por esos mismos años, terminando el siglo, llegó por azar al edificio Coltejer. Y ahí estaba él, más de 15 años después, hablando con un periodista sobre literatura y poesía.
—Entonces, ¿vos cómo definís la poesía? —Preguntó el periodista.
— Siempre he dicho que definir ha sido de dioses y si hay algo difícil de definir es la magia.
Cualquier atrevimiento que uno intente con la definición se quedará corto, y no solamente corto, sino que no da la idea exacta de lo que es esa realidad poética —dijo el poeta de una manera muy romántica.
Novena escena
Una mañana cualquiera, el periodista lo fue a buscar. El poeta no estaba, pero sabía exactamente en qué lugar se encontraba. Fue al viejo Club Unión y lo encontró en la cafetería escribiendo. No lo quiso saludar, no podía interrumpir su trabajo, mejor se fue a andar por ahí, para luego ir a visitarlo a la oficina.
Y es que Carlos escribe en el Centro Comercial Unión, aproximadamente dos horas diarias. A las ocho en punto está ahí, es un lugar tranquilo, silencioso. “Porque todo sueño, el más desatinado, el más fantasioso, el más inverosímil, es siempre una realidad que espera su turno”, escribió alguna vez.
Décima escena
Más de un año había pasado desde su primer encuentro; los dos, por azar de la vida, se siguieron viendo cada vez que el periodista iba al centro, las escalas del Coltejer se volvieron una parada obligada para él.
Era una tarde de noviembre de 2016 y hacía calor. El periodista llegó a buscar al poeta, pero no lo
encontró. No sabía qué hacer, se sentó a esperarlo, la oficina todavía no cerraba sus puertas y había posibilidades de tener un encuentro con el poeta. Al frente de esta se gritaba a todo pulmón: “Siete maduros por dos mil, traídos desde Armenia”. Esos gritos se combinaban con la voz de Rodolfo Aicardi, que sonaba a lo lejos, anunciando que diciembre estaba a punto de llegar.
Pasó media hora, el sol se vio amenazado por una leve llovizna, que obligó a los transeúntes a sacar sus paraguas y justo cuando se iba a marchar, apareció el poeta.
—Mi querido periodista —exclamó alegremente.
—Carlos, ¿cómo va todo?
Hablaron unos momentos de la vida, de la ciudad, del periodismo, de literatura, de Roberto Bolaño.
El periodista debía romper el hielo, para poderle decir cuál era el verdadero motivo de su visita.
—¿Cómo te parece que voy a volver a escribir sobre vos?
—No jodás hombre, ¿otra vez?, ¿qué más vas a decir? —dijo el poeta con una voz burlesca.
—Algo me inventaré.
Epílogo (o continuación de la introducción)
Las risas terminaron, los dos se pusieron serios. Otra vez imperó el silencio, los carros dejaron de pasar. El poeta miró al periodista y exclamó, o declamó: “aunque parezca irreal, vivo de la literatura, gracias a algunas colaboraciones que me generan un salario… pero, un salario de poeta”.
Las risas volvieron y ahí comenzó la historia. El periodista se marchó y el poeta se quedó, porque
apenas era mediodía y la oficina no se cierra hasta las cinco de la tarde.
Tire los dados, arranca “Cacao”. Suena el tiple, trove trove compañero, el tema es: ¿a quién le daría un Premio Nobel de la Paz?
“Yo se lo daría a Hitler
aunque piensen que jamás,
porque gracias a ese tipo
muchos descansaron en paz”
Con esa trova, en una noche del Viernes del Trovador en Astrocol (Asociación de Trovadores Colombianos), Fabio Franco “Cacao”, descrestó al jurado y al público exigente que decidió por tema impuesto El Premio Nobel de Paz, después de cantar el “trove trove compañero”, con unos segundos para entrar al pie del tiple y realizar el primer verso, “Cacao” inició la ronda sin pensar mucho la trova, solo la dijo, simplemente la improvisó.
“Cacao” nació en Támesis Antioquia, es hijo del trovador “Catula”, quién fue su gran impulsador para comenzar a ser un poeta repentista e hizo su primera tanda de trovas con él, ya es trovador por más de 20 años, tiene dos hijas, es humorista del grupo Cark-jada al lado de su amigo y compañero “Carriel”, Rey Nacional de la Trova Ciudad de Medellín 2007 y Rey Nacional de Astrocol 2007, y profesor de grandes trovadores como “Lokillo”, que ahora trabaja como humorista en medios de alcance nacional.
Él es uno de los grandes impulsadores de la trova para los jóvenes, también un trovador que se transforma con el pasar de tiempo y sobretodo, las exigencias que debe tener el repentista actualmente para ser participante de los festivales que se hacen en todo el país. Tiene una carrera muy larga con la trova, vive de hacer humor por medio de las rimas improvisadas, participa activamente de los festivales y realiza programas de televisión para el Oriente antioqueño.
“El cacao representa a mi pueblo”, dice. Su apodo fue muy importante porque fortaleció su carrera artística: “yo me subo a una tarima a trovar y no siento que solamente soy yo, siento que estoy representando a un pueblo”, tanto así que cuando “Cacao” va a Támesis, la gente le agradece y le reitera que en cada trova que hace, deja el nombre del pueblo por lo alto.
“Yo soy de los que sostengo que todos los trovadores somos locos… es que, si usted no es loco, no sirve para trovar”, explica.
“Contéstame Salvo Ruíz,
que te voy a preguntar:
¿cómo pariendo la Virgen
doncella pudo quedar?”
“Óigame doctor Restrepo
Que le voy a contestar:
tire una piedra en el agua,
se abre y se vuele a cerrar…
Así pariendo la Virgen,
doncella pudo quedar”
Las leyendas de la trova nacieron en Concordia, suroeste antioqueño. Antonio José Restrepo “Ñito Restrepo” y Salvador Ruíz “Salvo Ruíz”, en el siglo 19 llevaron la trova a los pueblos de Antioquia, se convirtieron en los primeros trovadores de la trova paisa. “Ñito”, universitario, amante de la poesía y la rima, “Salvo”, un campesino y creador de la trova antioqueña como género musical popular.
La palabra trovar viene del verbo latino tropare, que significa inventar, hablar, encontrar, donde también viene del verbo topar y el sustantivo tope, que es “por salir al encuentro de alguien”, es decir, el trovador sale al encuentro de ideas para poder crear la mejor rima.
Los juglares y trovadores ya existían en la Edad Media, fueron unos de los primeros oficios que promovieron las manifestaciones culturales poéticas y dramatúrgicas, el trovador tenía un estatus de caballeresca, fueron los poetas de la época; a diferencia de los juglares que eran los recitadores populares, contratados por los trovadores para que interpretaran sus creaciones poéticas.
Ellos son algunos de los jóvenes trovadores de hoy. Foto: Sielo Posada.
León Felipe Duque, originario de Marinilla, periodista, investigador sobre las músicas tradicionales y actualmente con estudios en Antropología, hizo su trabajo de grado llamado: Del campo a la ciudad: historia de la trova antioqueña en Medellín.
Su investigación se relaciona con antecedentes como que a principios del Siglo XX, Medellín se estaba trasformando por el desarrollo industrial de la ciudad, por lo tanto, la mano de obra era vital y los campesinos comenzaron a migrar a la ciudad en busca de trabajo y mejoras para su vida. La trova en Medellín se comienza a fortalecer en 1975, cuando se hace el primer festival del género en el Parque Norte. Augusto Vásquez Díaz, admirador del repentismo, decidió organizar un lugar donde la trova tuviera un espacio para ser compartida y poder juntar a los trovadores campesinos con los citadinos, dejando como el primer rey del certamen a un oriundo de Támesis apodado “Becerra”.
Hay diferentes estilos de trova, pero en Colombia, especialmente en Antioquia, se utiliza desde los inicios a la cuarteta, cuatro versos octosílabos, donde riman el segundo y el cuarto de manera consonante; aunque anteriormente la trova no era tan rigurosa como lo es hoy. Los festivales fueron puliendo la manera de trovar, en temas y técnica, la exigencia es mayor.
“Así mismo es una madre
con su rugir tan prolijo
cuando un violento se acerca
hasta el lecho de su hijo”
Eduar Velásquez “Mecato” entonó estas rimas en una de las nuevas modalidades abiertas en el Festival Nacional Ciudad de Medellín del año 2013, inspirado en una| imagen de un león comiéndose a su amo, con la presión de sacar la mejor voz, expresarse bien ante el público y esperar no embarrarla. Considera que esa fue el verso más recordado en su carrera como trovador.
“Mecato” tiene 26 años, vivió y creció en Itagüí, estudió Producción Multimedia, es un apasionado por la música, lanzó su primer disco de salsa hace 8 meses, llamado ¿Y para qué?, también escribe libretos, lleva trovando 8 años y sigue con la meta de ser rey nacional en la Feria de las Flores de Medellín.
Su apodo viene por el gusto a los dulces y la comida chatarra. Cuando iba a las prácticas con otros trovadores, siempre mantenía mecato, dulces, chocolates, papitas y chicles en los bolsillos, y así fue como quedó “Mecato”.
Eduar Velásquez al ser músico y cantante, cree que la voz y la afinación al cantar la trova, la hace más interesante ante el público. Anteriormente, a los trovadores, no les interesaba tener una voz artística o afinada para improvisar. “Todos nacemos con un talento especial, por eso somos tan diferentes”, responde “Mecato” cuando se le pregunta si cree que el trovador nace o se hace, él pone como ejemplo a un trovador de antaño apodado “Ladrillo”, de estilo único y natural: baila, hace chistes dentro de la trova, es uno de los que se ha mantenido intacto en el Festival, aunque añade diciendo que “ahora es difícil encontrar un trovador con esencia a trova”, es decir, uno que cuando se suba a la tarima sepa y se escuche a pueblo, a montañas, a poesía, a más Ñito y Salvo.
“Mecato” caracteriza su trova como una controversia, donde siempre va a la pelea que le proponga el otro, le gusta defender sus ideas por medio de la trova, claro está que según el contexto responde a su compañero, a esto se le suma la voz tan melodiosa que tiene al interpretar una trova.
“El día que yo me muera
dirá el epitafio mío,
aquí yace Cardamomo
y aquí ya-ce mucho frío”
El tema impuesto para esa noche era sobre los epitafios. Orlando Velásquez, un hombre serio, respetable, calmado e inteligente, se ha dedicado toda la vida a investigar sobre la trova y a buscar oportunidades con los nuevos talentos que han aparecido desde que inició con Los Marinillos, grupo humorístico de los años 90, hasta ahora con el apogeo del humor de “Lokillo”.
Actualmente es el presidente de la junta directiva de Astrocol, gran admirador de la trova, recuerda cómo el trovador “Cardamomo”, con picaresca y humor, hace unos versos divertidos sobre el epitafio, algo tan serio y triste para algunos.
Él cuenta que los trovadores actuales “dejan de un lado la profundidad de la trova y se dedican a construir versos supuestamente bonitos”, hay unos que les interesa es complacer y animar al público. Insiste en que la trova tiene ese encanto de la espontaneidad y la comunicación con el público que hace que se converse entre público y trovadores, de eso se trata el ejercicio de trovar. “Ahora el trovador no es crítico, es gobiernista, se apoya según el gobierno que esté mostrando, no analiza, no busca, simplemente repite lo que escucha en la radio y televisión”, critica Velásquez.
La poesía lírica se ha perdido, esa espontaneidad, esa fluidez con la que el campesino habla, el trovador no es franco, es directo y repetitivo, no está diciendo nada nuevo y diferente de lo que se ha dicho, reitera el líder de Astrocol. Tal vez este sea uno de los problemas que afronta el trovador contemporáneo: innovar, decir algo que no se haya dicho, queda como reto principal.
Astrocol es la Asociación de Trovadores Colombianos, lleva 38 años trabajando con los trovadores de la ciudad y del campo. Como evento principal, organizan el Festival Nacional de Astrocol y el Rey de Reyes que es donde los repentistas que han sido reyes de los festivales nacionales, troven y se confronten con otros que también lo hayan sido.
La Asociación ha logrado que el Gobierno Nacional declarara la trova y el verso improvisado como Patrimonio Artístico y Cultural de la nación por medio de la ley 1174 de 2007, que dice en su primer artículo “Declárese el repentismo en sus diferentes formas y estilos literarios, como patrimonio artístico, social y cultural de la Nación.”
El Festival Nacional de la Trova Feria de las Flores es el más importante por la proyección que ofrece a sus participantes. Foto: Sielo Posada.
La Asociación creó la Escuela Nacional de la Trova y el Verso Improvisado, organiza el Festival Nacional Infantil, creó la Escuela Iberoamericana del Verso y la Asociación de Internacional de Formadores en el Verso improvisado. Para Astrocol, los trovadores de antaño son muy importantes, por eso, para el Festival Nacional Astrocol, se separó en categorías a los trovadores para que los que son mayores de 50 años, pasaran a la final, las eliminatorias de realizan en diferentes municipios de Antioquia.
La organización busca que el trovador joven se forme, pero no solo para ser trovador, sino también para ser poeta como los de la vieja escuela. “El vicio que debería coger un trovador es el de la lectura”, y en efecto, muchos de los trovadores de la nueva generación se apasionan por leer y conocer más sobre la historia del país y del mundo, según cuenta Orlando.
“Gabo en su pentagrama
era tan imaginario,
que en vez de notas
ponía letras del abecedario.”
“Es muy difícil escoger una trova porque es son como los hijos de uno, uno a todos los quiere”, dice James Estiven Alzate “Cartucho”, carmelitano de 20 años, estudiante de Comunicación Social – Periodismo, trovador hace 5 años y ex integrante de la Familia Flores, hacía el papel del hijo menor de la familia llamado como su apodo “Cartucho”, en la celebración de La Feria de las Flores de Medellín. Sus primeros acercamientos a la trova fueron como “Cartucho”, que de vez en cuando trovaba como parte de la puesta en escena de su personaje.
Su llegada a la trova fue influenciada por su hermano mayor, quien tomaba en Marinilla unos cursos de trova, así que James decidió aprender allí algunos aspectos que le dieran más bases en la trova, le fue tomando gusto y siguió practicando hasta conseguir ser uno de los trovadores más jóvenes que ha llegado a una final del 12 Festival Nacional de la Trova de la Feria de la Flores.
“Si no es el mejor tiene que ser muy bueno o uno de los mejores.”, dice “Cartucho” al explicar lo importante que es entrenar, leer y conocer el contexto de la ciudad y el país, porque así, es que se hacen los buenos trovadores.
“Cartucho” no se dedica de lleno a la trova, por el contrario, para él la trova es un hobbie que le ha dado la oportunidad de estar en la Universidad, de conocer expresidentes, exministros, de hacer amigos que nunca imaginó.
“Me parece que la trova llega a un momento que limita mucho, porque son 4 versos, o la trova debletiada 8 versos, pero de ahí para allá no hay nada, en el Festival de la Trova de la Feria de las Flores para adelante no hay nada, no hay un viaje, un reconocimiento, un cargo honorario, un lugar donde se dedique a la investigación de la trova porque esa es una de las grandes dificultades del Folklor, los impedimentos que tiene.”, dice James al responder: ¿cómo ve la trova más allá del Festival?
James cree que la trova da pie a otras cosas, como la creación de libretos y humor, ser escritor, ser un buen empresario, como los casos de Carlos Ignacio Gallego, el presidente del grupo Nutresa, Luis Fernando Macías, escritor, Eugenio Prieto que es el director de Área Metropolitana, Álvaro Vásquez, político, Germán Carvajal, director del Teatrico, Pucheros y Juan Pablo, libretistas, LoKillo, humorista, y el trovador – periodista que próximamente será “Cartucho”.
Toca tiple y guitarra, ha estado ensayando el piano y lo ha combinado con la trova, dice que suena bastante bien. El sueño de James es cantar la trova con una sinfónica o con una estudiantina “ya lo hizo Jorge Velosa, ¿por qué nosotros no?”
El recurso literario que más utiliza en la trova son las metáforas, o ponerles puntuación a los versos, comas, puntos, dos puntos. Es difícil creerlo y realizarlo, pero James es de uno de los que cree que la trova tiene puntuación.
En la generación de “Cartucho” hay un respeto de la trova, una mística por la trova, “los trovadores hemos vuelto a ser más importantes por el festival de la feria, hemos ganado ese espacio de reconocimiento, tenemos ideas y discurso para defender y es más una apreciación cultural.”
“La nostalgia del abuelo
que se saboreaba un tinto,
y hoy llega el año noventa
y ve que todo es distinto”
Cesar Augusto Betancourt “Pucheros”. Tema impuesto: la nostalgia.
El Festival Nacional de la Feria de las Flores de Medellín comenzó en el año 2005, con el objetivo de cambiarle la cara a la trova, donde la familia fuera el principal público, que el niño y el adulto mayor puedan estar, que no esté ligado con el licor, algo más cercano a la cultura de la ciudad.
Desde este punto la trova se convierte en un atractivo para las personas de la ciudad en el marco de la Feria de las Flores, por eso el trovador va siendo un personaje cultural con más renombre en la ciudad.
“La trova, le trova al contexto”, dice León Felipe Duque y explica que es inevitable que los contenidos de la trova cambien, ahora se interpretan las rimas desde un escenario que está delante de mil personas, dice Duque que ya no es en una cantina, o en el pueblo; es en una ciudad y eso hay que aceptarlo como investigador, ya no hay vacas, no hay cafetales. Explica que hubo cambios en el contenido y los temas, ahora es del campo a la ciudad.
La preocupación por musicalizar la trova fue creciendo. Antes era tiple y canto, ahora hay bajo, batería y clarinete para cantar los versos de los trovadores, lo que le dio más fuerza a la trova. La expresión corporal de los trovadores está tomando más importancia, el trovador debe ser un artista completo, debe tener una buena corporalidad.
Ahora los jurados que califican el festival tienen experiencia en aspectos como el teatro, el canto, la literatura; anteriormente hacían el juzgamiento los mismos trovadores, pero también se encontraban políticos en campaña, gobernantes ansiosos de popularidad y reinas de belleza elegidas en los pueblos. La trova ya es más intelectual, requiere de una formación diferente a la anterior que apuntaba a la espontaneidad como base del talento.
“Al Che Guevara le hicieron
lo que a Jesús en Belén,
que vino para hacer bien
pero mal lo recibieron”
León Felipe Duque recuerda mucho una trova que escuchó en Cuba, con el tema del Che Guevara, los comandantes, y la política que se estaba viviendo en este lugar. La frase “hasta siempre comandante” era el pie forzado de la trova, se memorizó los primeros cuatro versos de una décima, él dice que es una trova redonda, que no le falta una palabra. “Creo que eso es lo que debe hacer un trovador, al final de todos los esfuerzos que se hacen para que los trovadores se perfeccionen y busquen llegar a una trova mejor elaborada, es a eso, a que uno pueda llegar y tomar lo que dice el trovador, escribirlo, cerrar ese libro y mandarlo a imprimir”, explica.
William Giraldo “El Mosco” un marinillo, ingeniero de sistemas, trovador desde muy pequeño, ahora director del Festival Nacional de la Trova Ciudad de Medellín, cuenta que su pueblo era muy tradicional en cuanto a la trova. Justamente viendo a los Marinillos fue que le comenzó a gustar el repentismo. El día que se descubrió como trovador fue en tercero de primaria aprendiéndose el “Rin Rin Renacuajo”, pero no se lo aprendió del todo, terminó improvisando desde la mitad, tuvo la fortuna de que nadie se enteró de lo que él estaba haciendo.
Si hay problemas en la trova es que es muy efímera, las trovas pasan, pero queda muy poco registro de ellas. Ahora es más citadina, antes se exaltaba más el campo, al orgullo paisa, hoy es más universal, integra al diferente y no se aprovecha de esto, pero al final la trova conserva raíces, lo que ha cambiado son los personajes, ese es el principal cambio que William ha visto, “al principio era muy difícil ver niños de 16 – 17 años en el festival, y si participaban no eran muy exitosos, ahora hay un montón de niños que vienen entrenando desde los 8 o 9 años y que vienen en escuelas”.
15 años estuvo dedicado a la trova William, participó en el Festival Ciudad de Medellín en el 2007, no ha dejado de trovar, ahora no compite por cuestiones de tiempo porque llevar las riendas de un Festival de la Feria de las Flores no es nada fácil.
Ser director del Festival Nacional de la Trova ha sido uno de los trabajos que menos está acorde con su carrera, pero por pasión y tradición sí lo está, todo comenzó siendo asistente en el 2007 de uno de los directores en ese tiempo, Leonardo Jiménez, con el tiempo Leonardo y Germán Carvajal se fueron dedicando a otros proyectos, quedando William al frente del Festival, ahora es quien vela porque el certamen se haga en las mejores condiciones, intercomunica a los trovadores con las entidades patrocinadoras, escribe las presentaciones de los trovadores y el libreto, él visualiza hacia dónde se quiere llevar a la trova en la ciudad.
El festival tiene varias etapas. Primero, las audiciones donde participan los trovadores nuevos o los que se han retirado un tiempo de la trova; la segunda parte es la clasificatoria, donde están los trovadores que participaron en el festival del año anterior y los que pasaron las audiciones, la tercera parte son las semifinales que se realizan el primer fin de semana de la Feria de las Flores, allí participan los que tuvieron el mejor desempeño de las clasificatorias, y la cuarta es la final del Festival Nacional de la Trova de la Feria de las Flores, donde sale el rey nacional.
“Aquí nadie quiere a Ingrid
esa vieja es un horror,
se la mandamos a Francia
de Colombia con amor.”
En el Parque de los Deseos, durante el Festival Nacional de la Trova Feria de las Flores de 2010, se conoció la demanda de Ingrid Betancur al Estado Colombiano por su cautiverio. La tanda se hizo con pie forzado: el jurado pone el último verso de la cuarteta y de ahí el trovador debe hacer una trova que tenga que ver con el tema y la rima, en este caso el pie forzado fue “de Colombia con amor”.
La trova más elemental y sencilla para Mateo Jiménez “Dinamita”, se convirtió en la mayor ovación que ha recibido en un Festival Nacional de la Trova. Tiene 24 años, es estudiante de Ciencias Políticas, profesor de trova en la Corporación Trovemos y Rey Nacional de la Feria de las Flores en el 2013. Sus inicios llegaron gracias al gusto de su padre por el repentismo, además en el colegio Calasanz, donde estudió, tuvo su primer acercamiento a un trovador y como uno primerizo.
Reitera Jiménez que la esencia de la trova no se ha perdido, ha cambiado, ahora es más urbana que rural, no pierde esas características de la esencia, pero ha evolucionado, ahora la trova está llegando a otro tipo de espacios, a otro tipo de gente, “todavía falta más de conquista de espacio, la trova debe hacerse al trono que merece como reina de las artes en Antioquia”.
La metáfora es el recurso que más se le da a “Dinamita” para crear la trova. El ser rey de la trova ha sido muy satisfactorio tanto para él, como para las personas que lo rodean. Ha tenido numerosas victorias dentro de ese festival, el compromiso es mayor porque ser el rey requiere dejar en alto las habilidades en los festivales más importantes del país: “Ser rey es como un plus que uno siente en el interior”, dice Mateo con seguridad que ha demostrado con triunfos sucesivos.
“Dinamita” se refiere a la Corporación que dirige: “Trovemos es un grupo de amigos con un sueño en común en el que convergen las ideas para llegar al camino de devolverle la trova lo que nos ha dado y entregarle un poco de lo que nosotros creemos que debe ser la trova”.
En un año y medio que lleva Trovemos ya tiene una escuela de niños y de adultos, hay un buen posicionamiento en las redes sociales, “hemos realizado muchos eventos que enaltezca la cultura, la trova y que le aporte desde todos los puntos de vista”. Ahora tienen un CD que se llama Que troven los niños, que muestra las diferentes modalidades de trova en Colombia, está realizado por 15 niños y los 3 líderes de Trovemos.
“Yo soy un puente extendido
entre dos generaciones,
al que el tiempo y el olvido
carcomieron sus tablones”
Fernando “El godo” Echeverry, habla de la vejez en una trova poética.
Las temáticas y el contexto de la trova van a seguir cambiando, el mundo está en constante movimiento, y aunque la trova sea netamente campesina, se va trasformando según la aptitud que tengan los trovadores de las generaciones venideras. Las características técnicas son muy rigurosas, los trovadores esperan que los jurados exijan más a ellos, aunque hay otros que proponen mayor libertad en la expresión de las trovas, sin tantas reglas, para que los trovadores de antaño regresen a los escenarios.
Cada vez hay más trovadores, por ende, hay muchas escuelas de trova regadas por todo el departamento y festivales como el de Medellín, que pervive como un referente que además dignifica a los trovadores por la amplia proyección de su talento.
“Debemos apuntar valorar más y hacer más por la trova. Todos los trovadores tienen el nombre de la trova, hay que seguirlo cuidando. ¿Qué más podría ser un arte si no es la suma de aquellos expositores?”, dice Dinamita.
Marta García es una archivista que trabaja y a la vez se devuelve en el tiempo. Ella lo cuenta con entusiasmo: “Uno se encuentra unas cartas y unas comunicaciones que uno dice ¡oh por Dios!, ¿cómo pasaba esto?, y uno imaginariamente se devuelve en el tiempo… Trabajar en el Archivo Histórico es poder transportarse en el tiempo, ¡claro! Poder entender cómo era esta ciudad hace mucho tiempo”.
El Archivo Histórico de Medellín (AHM) es un lugar donde se guardan valiosos documentos del Concejo, la Personería y la Alcaldía. Se creó en 1993 y desde el año 2000 está en una hermosa casa del siglo XIX que perteneció a la adinerada familia Villa Gaviria. La casa está construida en tapia y teja, las maderas de sus puertas y la baldosa de su piso son originales, al igual que las ventanas que dan a la calle Colombia entre las carreras Girardot y el Palo. También, tiene cielorrasos en latón reconstruidos de los originales.
Es un lugar solitario, especialmente los viernes, en un día normal pueden ir de 0 a 5 personas y al año el promedio de visitantes está entre 2000 y 3000 personas. La casa tiene 120 años y su entrada es como las de aquellas tradicionales del campo. Los visitantes, por lo general investigadores o estudiantes que hacen tesis, llegan a una cerca de madera donde los recibe Claudia, una vigilante extrañada de que venga alguien. Ella les dice: “Buenas, qué necesitan”, mientras revisa las cámaras de seguridad que se ven en su computador.
Aparte de las formas de la casa, lo único que queda como una posible huella del campo el ambiente de orden y tranquilidad. Lo único que interrumpe la quietud es el sonido constante del aire acondicionado que suena como una nevera en la noche de cualquier casa silenciosa. A la izquierda de la entrada, al ladito de la silla de la vigilante, hay 40 casilleros para guardar los objetos personales.
Lo primero que se ve al entrar es una gran pila que no tiene agua porque está mala, rodeada de macetas con plantas como: Aloe vera, helecho, palmas, corazón de María y miami. Encima de los casilleros hay 40 ejemplares del periódico Universo Centro que nadie todavía se ha llevado. La casa tiene tres patios, todos ellos al aire libre, no tienen techo y conservan sus pisos en piedra original.
Fotografías: Manuel José Sierra Mejía.
Casual mente
Al lado izquierdo de la pila de agua sin agua está Marta García en su escritorio. Tiene una sonrisa en su rostro y las mejillas coloradas,tiene el pelo rubio casi tinturado de rojo, usa unas gafas de marco azul cielo y una blusa azul oscura sin mangas con flores rojas y azules, un jean azul oscuro y unos zapatos rojo vivo. Todo muy artesanal.
— Yo siempre he dicho que soy archivista por accidente… por la casualidad de la vida me encontré con esto— afirma Marta.
Detrás de ella hay tres fotos panorámicas de Medellín tomadas desde el Cerro Nutibara en los años 1928,1955 y 1968. El AHM tiene una página web donde se encuentran 380 mil registros de documentos. Mientras Marta mueve con agilidad sus manos robustas y busca en la web un archivo sobre religión, dice que los términos han cambiado con el tiempo y que en 1700 no se buscaría religión, sino fiestas religiosas. Cuando abre el documento, la letra del mismo es enredada y poco entendible, pero Marta estudió Paleografía y eso la hace descifrar los círculos y garabatos con destreza.
Marta conoce este lugar como la palma de su mano, se desliza por sus pasillos y llega hasta una gran puerta de madera, detrás de ella están los documentos. Cuando entra, cierra la puerta, se pone los guantes de nitrilo para poder tocar los documentos, y siente ese olor tan particular de este lugar: una combinación de aserrín y vejez; como ella lo define, “olor a archivo”.
Comienza a moverse entre todos los estantes de papel y toma el libro de actas del Concejo de Medellín 368-1936 y comienza a leer con emoción. Señala algunos empastados elegantes de color verdoso, pero también muestra “lo no tan bonito”, como dice ella. Unos dos metros a la derecha hay documentos con letras un poco borrosas, hojas rotas y pastas vinotinto rasgadas.
“La restauración es una tarea dispendiosa. Por ejemplo, a aquellos documentos restaurados, folio por folio se les hizo una historia clínica, es como cuando uno va al doctor”, cuenta Marta con seguridad en sus palabras.
El poder de las historias
— Huy esto pesa, esto pesa— dice Marta mientras coge un guion del radioperiódico Clarín.
— ¿Mucho? —
— Bastante. Es que está muy gordo — replica Marta, mientras forcejea con el libro, va en busca de una escalera para apoyar el guion del noticiero.
Marta ha llegado a una de las partes que más le gusta de ser archivistas, leer historias: “Se avisa en Dabeiba a Enrique Luis que viaje hoy a Turbo…”, lee Marta en voz alta. En ese tiempo no había celulares tocaba así.
Luego, leyó los servicios sociales del Clarín Matinal: “Se avisa en Salgar a Óscar Herrera que se recibió la encomienda. ¿Qué sería la encomienda?, todos nos quedamos con las ganas del chisme, porque no sabemos cuál era”.
Ella vive por las Torres de Bombona 30, su trato con todos es cariñoso, con su voz dulce y amable no dice Jaime, dice Jaimito, y a ella le dicen Martica. Lee a Saramago, en especial el libro Todos los nombres. Trabajar en el AHM la mantiene sensible y consiente del pasado.
“La mayoría de la gente cree que los archivistas somos las personas que estamos como aburridas cuidando estas montañas de papeles. Es el imaginario que tiene la gente, pero a mí me ha resultado muy divertido”, explica Marta.
— ¡Que no me la coja la tarde mi Martica!— expresa cariñosamente Claudia.
—¡Ah no! Porque salgo volada, ¿cuánto falta? — Pregunta Marta.
— 15 minutos, pero ya en 10 cierro la puerta— afirma Claudia.
Esto marcaba el fin de un recorrido por el AHM. Cuando se llega al frente de esa casa es como si se detuviera el tiempo, su acera de piedra sigue siendo la misma, pero la soledad la acompaña. Pero Martica lo explica mejor: “lo realmente importante de un sitio como este es que la gente venga y lo use”.
El 28 de febrero del año 2017 se cumplieron 75 años sin ese hombre que entregó su vida a la tarea de capturar la historia, ese de ascendencia liberal y de descendencia artística; ese de mirada acuciosa y aguda: Melitón Rodríguez. Fotografías que complementan el reportaje publicado en la edición 58 de Contexto que puede leerse AQUÍ.
Los días en que la ciudad siguió por internet la persecución y la captura de los autores de un robo grabado en video, cosa muy diferente a una orden de captura, según la Ley.
El video que se hizo “viral” el 14 de enero de 2017 en las redes sociales y en el que se ve a 3 hombres asaltando a los integrantes de un vehículo, ayudó a la captura de los sospechosos que, por vacíos en el proceso judicial, tuvieron que ser dejados en libertad horas después y luego recapturados.
El video grabado en la tarde de aquel viernes muestra que en medio del lento flujo vehicular de la autopista Norte, un automóvil Renault Clio fue rodeado por tres motociclistas que, hurtaron las pertenencias de los ocupantes de este vehículo para luego darse a la fuga; todo esto en menos de 50 segundos. Igualmente rápido el video llegó a muchas personas, entre ellas al alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, quien esa noche en compañía del comandante de la Policía Metropolitana, Óscar Gómez, desplegó un megaoperativo que contó con la participación de más de 200 policías de la Sijín y la Sipol, divididos en quince grupos, que ejecutaron veinte acciones simultáneas en la ciudad.
La imagen del robo permitió agilizar los operativos de búsqueda de los responsables del robo. el Alcalde de Medellín acompañó personalmente las acciones policiales. Foto: Alcaldía de Medellín.
Después de casi 24 horas de operativos, las autoridades dan con el paradero de los 3 hombres que aparecen en el video y encuentran las motos utilizadas en el hurto. El primer capturado es Kevin Monsalve, alias “Kevin”, quien se encontraba bajo detención preventiva domiciliaria, procesado por el delito de robo de motos, a la espera de condena. Después se presentaron voluntariamente a las autoridades los otros dos; uno de ellos es John Alexis Ospina, alias “Chompiritas”, quien, después de ser detenido. El otro es un menor de edad, conocido con el alias de “Chupín”, con quien se siguió un procedimiento especial con base en el Código de Infancia y Adolescencia.
Las capturas, las entregas y los hallazgos de las motos que habrían sido utilizadas por los tres sospechosos generaron reacciones de satisfacción entre la ciudadanía. Sin embargo, esa satisfacción se vino abajo cuando el lunes 16 de enero, dos días después del robo, los sospechosos fueron llevados, en menos de 36 horas como lo exige la ley, ante el juez de control de garantías, quien, apegándose al Código de Procedimiento Penal, determinó que la capturas eran ilegales y puso en libertad a alias “Chupín” y a John Alexis Ospina.
¿Por qué quedan en libertad?
No había órdenes de captura contra ellos, tampoco se capturaron en flagrancia. Según explica la jueza Diana Tovar Guarnizo, la legalidad de una captura que no se da en el momento en el que se comete el delito, tiene como primer requisito la existencia de una orden escrita dictada por un juez de control de garantías, luego vienen otras formalidades: plazo de 36 horas para ser llevado a audiencia, buen trato al aprehendido y nombramiento de sus derechos; pero el principal requisito es la orden de captura.
Según el artículo 301 del Código Penal, no se considera que haya flagrancia en este caso, aunque exista un video del hecho. Esta grabación solo sirve como elemento material probatorio para el fiscal encargado de llevar las pruebas ante el juez, para estudiar la orden de captura.
Además, el menor de edad debe ser tratado con procedimientos distintos al de los adultos, pues la responsabilidad penal que enfrenta es más con fines reeducativos que sancionatorios.
Kevin Monsalve perdió el beneficio de detención domiciliaria del que gozaba y fue aprehendido el lunes en la mañana mediante una orden de captura emitida en la noche del domingo. Debe responder por incumplimiento a los compromisos que implica una detención en el domicilio y también por los delitos que se les imputarían a todos, que, según el experto en Derecho Penal, Ricardo Molina, podrían ser: hurto calificado por utilizar violencia, agravado por haberse cometido en grupo y porte ilegal de armas.
El video se entregó junto a otras pruebas y, ahora sí, fue emitida la correspondiente orden de captura. El 17 de enero se capturó legalmente al menor de edad y a John Alexis Ospina; a ambos se les imputaron cargos y quedaronn en manos de las autoridades.
Respecto a todo lo sucedido después de la primera captura de los tres sujetos, el Alcalde de Medellín señaló que la articulación con todas las instituciones es fundamental y que el trabajo que se viene haciendo con Fiscalía, Policía y Ejército es clave en estos procesos para que las personas con conductas delictivas paguen con cárcel. “Seguimos sin descansar, liderando día a día operativos y casos en los que vamos detrás de los criminales”, dijo el Alcalde Federico Gutiérrez a los medios de comunicación. Semanas después la invitaci´no sería directa que, usando sus dispositivos móviles, los ciudadanos aportaran evidencias para denunciar y perseguir delincuentes en las calles de Medellín. Una forma novedosa de comunicación, derivaba en un nuevo modelo de gobierno.
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