Una notable actividad cafetera, las vidas y obras de sus hijos ilustres, tan diversos como la Madre Laura Montoya o el escritor Manuel Mejía Vallejo, han hecho célebre a Jericó, la llamada Atenas del Suroeste, Reino del Carriel, Mesa de Dios, Tierra Prometida y Ciudad Culta de Antioquia.
Un recorrido por sus calles nos muestra facetas de sus tradiciones, su actividad cultural y su riqueza ambiental, vea los testimonios y las postales recogidas durante el más reciente Hay Festival, que por segunda vez se realizó en esa localidad encumbrada en los Andes antioqueños.
Han pasado 40 años desde aquel domingo 20 de enero de 1980, cuando la historia de “la fiesta brava” de Sincelejo se partió en dos. Las cifras de lo que pasó solo pudieron ser claras días después: 500 muertos y más de 2.000 heridos en una tarde trágica. Queda el recuerdo que, al menos fugazmente, se evoca en cada corraleja. Este es el relato del que era entonces un joven espectador: Ubaldo José Ramos Tuirán.
Principalmente en enero, numerosos pueblos de la Costa y las sabanas del Caribe, incluso en el Bajo Cauca antioqueño, celebran tardes de corralejas. Aquí las de Ciénaga de Oro 2020. Foto: María Alejandra Durango.
Por aquellos días se escuchaba cantar a todo pulmón por las calles sucreñas aquel porro sabanero del compositor Rubén Darío Salcedo que dice: “Ya viene el 20 de enero, la fiesta de Sincelejo”. Lo que nunca esperábamos aquellos que con alegría cantamos ese porro del alma, era que la vida de cientos de personas se apagaría en aquella fecha.
El único muerto de la casa iba a ser yo. De todos los hermanos, fui el único al que llevaron a la tarde de toros más trágica en la historia de las fiestas patronales. Yo era un muchacho de 10 años, corroncho y entusiasmado por ir a las fiestas de Sincelejo. Ya se pondrán imaginar la emoción que me dio cuando Jorge, el hermano de mi padrastro Hugo, me invitó a una tarde de toros.
Cuando llegamos, a eso de las dos y media, ya estaba prendida la fiesta. En la parte baja había un picó y mucha gente esperando para subir a los palcos. Las personas se notaban felices: todos tomando ron o bailando; los niños correteaban de un lado a otro y los más grandes estábamos a la expectativa de que los toros fueran buenos.
Las nubes de ese domingo eran aviso del aguacero que vendría más tarde; sin contar con el que había pegado en la mañana. El frío de una lluvia en verano es un atisbo de lo que será el invierno y, en la sabana, el invierno siempre pega fuerte.
En ese momento, todos intentábamos encontrar un lugar donde refugiarnos. Jorge y yo fuimos a uno de los palcos más cercanos, pero lo que nos dijeron fue: “Váyanse para el otro lado que aquí ya no se va a dejar subir a más nadie”. En medio de la molestia por tenerme que mojar no imaginaba que esa respuesta fue mi oportunidad de salvar la vida unas horas más tarde.
Las corralejas se realizan en ruedos con palcos de construcción artesanal y suelen ser muy concurridas.
Foto: María Alejandra Durango.
Ya estando arriba, pudimos ubicarnos en un buen sector: justo al lado del lugar donde nos negaron la entrada. Los palcos eran de tres pisos, quizá los de arriba eran más costosos porque a nosotros solo nos dio para quedarnos en el primero. Como un muchachito de pueblo, yo estaba más asombrado por la multitud de gente que por los mismos toros. Veía cómo las mujeres bailaban al son de la banda y los señores guapirreaban a garganta viva cada que una banderilla traspasaba el cuero áspero y rudo del animal que estaba en ruedo.
Como siempre, la gente va a las corralejas a gozar, a pasarla bueno; nunca nadie pudo haber imaginado que un par de horas después de las risas y el baile, estarían llorando a sus amigos y familiares o estarían ayudando a sacar los muertos de una catástrofe sin precedentes.
A eso de las cuatro de la tarde, las nubes negras que estuvieron todo el día rondando la ciudad descargaron las primeras gotas de lluvia; pero la fiesta no paró por el agua. Fue el sonido sordo de los palcos al venirse abajo lo que enmudeció por un momento todo el lugar.
Aquella imagen de la gente feliz que bailaba, tomaba ron y guapirreaba se congeló en el tiempo; los toros que estaban en la plaza quedaron pasmados; nadie se movió durante un segundo; las trompetas, bombos y platillos dejaron de sonar; la lluvia se hizo más fuerte; todos miramos el espacio vacío entre un palco y otro; ahí lo supe, supe que aquel palco en el que no me dejaron entrar, ya no estaba. Y entonces empezó mi odisea.
La multitud que estaba en los puestos superiores empezó a bajar envuelta en pánico, lágrimas y gritos. Nunca olvidaré lo que sentí cuando miré a mi lado y Jorge ya no estaba. Es como aquel dicho que dice: “Sálvese quien pueda”. La persona que me llevó se perdió, buscando salvarse. Todo el mundo corre es a salvarse la vida y los demás quedan ahí, yo quedé solito.
En aquellos minutos sentí que moría. La gente grande me estripaba en su lucha por salir y yo ya estaba asfixiado. No sé por qué, sería el mismo Dios, pero se me dio por irme al ladito de las primeras tablas y allí me guindé hasta caer a la plaza de toros. Pasé por debajo de las tablas y no miré nunca atrás. Decidido encontrar a Hugo, mi padrastro, comencé a caminar alrededor de toda la corraleja; yo no estaba pendiente de lo que pasó sino de encontrarlo a él: no tenía más salvación.
Mientras caminaba, vi la gente bajando aturdida y llena de pánico; unos metros más y me encontraría con una de las escenas más duras que un niño puede ver: del montón de escombros vi cómo sacaban a un señor gordo, de pantalones de tirantes. Un hombre sostenía con esfuerzo sus piernas y otro sostenía sus brazos. Su cara se convirtió en la cara de la muerte para mí, los ojos cerrados y las proporciones tan grandes quedaron en mi cabeza, es el único muerto que recuerdo.
Entre escombros, llantos, gritos, personas mutiladas, muertas, heridas, hijos, padres, madres y amigos; me encontraba yo solo, me encontraba perdido. No miré nada de la desgracia, yo tenía una misión: encontrar a Hugo, así que me di media vuelta y seguí mi camino alrededor de la corraleja.
Cuando me alejaba de la escena, recuerdo que entre todos los llantos hubo uno en especial que nunca olvidé; era el de una muchacha que lloraba como si no hubiera mañana porque no encontraba a su papá. Ella gritaba desgarradoramente porque su papá no se podía mojar: “Él tiene una inyección, no se puede serenar. Mi papá no se puede serenar”. Estaba perdida, como yo.
Seguí caminando unos minutos más y en una calle, de esas que te llevan fuera de la plaza, vi a Hugo; pensé estar a salvo y me acerqué. Cuando él me vio creí que iba a estar tan contento como yo, pero no. Hugo me miro y me dijo: “Espérame aquí”, entonces se fue y ahí sentí, por primera vez en toda la tarde, que iba a llorar.
Para mí los 30 minutos en los que Hugo no estuvo fueron segundos de reflexión, aún no creo que fue capaz de dejarme solo. Esperé mientras veía a las personas correr y llorar. Toda esa escena se pintó como un recuerdo lejano y doloroso; pero yo estaba ahí, solito, en la orilla de una calle, viviendo mi tragedia. “Vamos”, fue lo único que dijo cuando volvió.
GLOSARIO:
Corroncho: Palabra propia del argot de la costa caribe colombiana usada para referirse de manera despectiva a todas las personas ordinarias, que no tienen cultura, costumbres, modales, educación o estudios.
Picó: Del inglés pick-up. Se refiere a un equipo de sonido de proporciones descomunales con el cual se amenizan las fiestas en los pueblos de la región caribe.
Guapirreo: Grito de alegría y emoción. Usado en las canciones de porro y para la comunicación entre personas del campo que se hallan a largas distancias.
El paisaje, las costumbres y los oficios del campo Caribe se resumen en las tardes de corralejas. Foto: María Alejandra Durango Mercado.
Un ritmo con sus orígenes en la región Caribe adquirió un aire particular en Medellín, sede de las disqueras y emisoras que le dieron impulso, puerto de llegada y plaza de presentación para sus figuras representativas. La capital antioqueña dejó una huella en el porro, placer de la juventud de ayer, que sigue poniendo a bailar a la juventud de hoy. Conozca la historia y las manifestaciones del porro, ritmo muy decembrino, en la ciudad de hoy.
“Para que los temas importantes no se queden en clase, y tus mejores trabajos tampoco, acompáñanos en Visión, el evento de nuestra Facultad”. A la invitación del equipo de estudiantes organizadores hubo una nutrida respuesta en la segunda jornada de Visión 2019, evento realizado por la Facultad de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana.
La segunda jornada cerró con la exaltación de los mejores trabajos de clase y, de acuerdo con los integrantes del equipo organizador, por más de 30 años los estudiantes de Comunicación Social-Periodismo de la UPB han buscado afrontar los desafíos de la profesión y entender las realidades del mundo y por esta razón, se decidió construir este espacio en donde se pueden integrar las cuatro áreas de la comunicación y analizar las temáticas actuales con mayor relevancia social y repercusión mediática.
Distritos creativos, una apuesta cultural que se toma la ciudad
Paola Trujillo, directora de la Bodega Comfama en el Perpetuo Socorro; Erika Jaramillo, directora de la corporación Perpetuo Socorro; Daniela Maturana, concejala de Medellín; y Daniel Carvalho, concejal de Medellín, conformaron la nómina de invitado al primer panel de la segunda jornada.
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Según Erika Jaramillo “el principal insumo de la industria es la conservación de las ideas y la creatividad”.
La moderadora Claudia Vélez empezó preguntando sobre las industrias creativas en Medellín a lo que respondió Paula Trujillo que hoy se habla de economías creativas, pero se puede mirar desde los años 70 que en la ciudad estas prácticas culturales han tomado fuerza y un papel importante para afrontar los desafíos como sociedad de la época. Trujillo indicó que las economías creativas en Medellín representan el 3% del PIB y en Colombia el 3.4%
Erika Jaramillo afirmó que la creatividad es el insumo principal para estos modelos de negocios. Por otro lado, decidió llamar a la creatividad como la industria de las ideas y expuso que las áreas afines son el diseño, la arquitectura, la cocina y la gastronomía, la música, la moda y los videojuegos. Así mismo, apuntó acerca de la importancia de tener en cuenta el medio ambiente y reutilizar todo aquello que se pueda transformar.
Daniel Carvalho, concejal de Medellín, consideró que la creatividad en Medellín está asociada al ingenio paisa en contraste con el resto del país, la cual ha sido una herramienta de combate ante la violencia extrema para un “nuevo relato de ciudad”. Para Carvalho, estas deberían llamarse industrias creativas y culturales.
Daniela Maturana, también concejala de la ciudad, añadió que hay unos sectores que también son industrias creativas y que no se toman en cuenta tan seguido como el deporte y el turismo. Resalta que no solo se piensa en generar dinero sino en generar identidad y crear ciudad.
Respecto a los distritos creativos en Medellín, los panelistas expusieron ejemplos como el barrio Perpetuo Socorro, la vía Primavera, la plazuela San Ignacio, el barrio Colombia y San Javier. Declararon que han sido resaltados por su comercio referente a la cultura y su educación, ligado a la música, moda, gastronomía, eventos y demás.
Paula Trujillo rememoró que antes el Perpetuo Socorro era una zona industrial que fue quedando abandonada hasta ser abrazada por la ciudad y que son entornos para aprovechar la transformación social.
A Daniel Carvalho por su parte, no le gusta el nombre “distritos” porque este tiene implicaciones jurídicas, prefiere llamarlos barrios o territorios creativos. Destacó que estos son “nuevos pilares económicos” y que se necesitan políticas públicas para los mismos.
Carvalho criticó el orden urbanístico de Medellín, apelando a que el modelo de desarrollo está equivocado. De acuerdo con el concejal, las mejores zonas deberían ser las planas “y aquí es al revés, los espacios planos son desaprovechados y se prefiere vivir y construir en la ladera.”
Maturana señaló que los barrios creativos son un beneficio para “tejer ciudad”, en la búsqueda de tener movilidad y salir de nuestro entorno, ser turistas dentro de la ciudad.
Paula Trujillo y Erika Jaramillo coincideiron entre tres conceptos clave, agrupados en lo que llamaron las tres T: tolerancia, talento y tecnología.
“Una puerta al presente y al futuro de Medellín” -Paula Trujillo
Erika Jaramillo explicó que el Perpetuo Socorro quiere ser un territorio con Industrias Creativas pero más importante, un territorio personal con espíritu creativo. Tener co-livings, inversionistas en hoteles y viviendas, innovar desde la arquitectura y tener una mirada sostenible ambientalmente frente a la movilidad.
Los medios importantes para atraer a las personas a estos territorios creativos, según Daniela Maturana, son eventos como Visión UPB, los blogs, las redes sociales, el voz a voz, los periódicos y los documentales.
“El barrio de ustedes, el barrio de los creadores” -Erika Jaramillo
Una cuestión planteada a Daniela Maturana frente a la posibilidad de perder la cultura en estos espacios, ella respondió que allí no hay riesgo, porque, al contrario, aquí se resalta y respetan los saberes tradicionales, el conocimiento y se hace consumo responsable de ellos.
Daniel Carvalho aclaró que “no se va a volver el arte industria”, sino que se exploran estas actividades económicas, se apoyan y al ser buenas para la ciudad son impulsadas.
Todos concluyeron que los distritos creativos no van a solucionar todos los problemas de la ciudad; son una oferta cultural y espacios de apertura económica en pequeños territorios que apuestan para la transformación positiva de Medellín.
“Las oportunidades son vitales para la disolución de la brecha de desigualdad en Medellín”, señaló Daniela Maturana.
Festivales de música, ¿un mundo distinto en comunicación?
Paula afirma que la realidad del Festival Estéreo Picnic es de ir a vivir un mundo distinto conectándose con los otros mediante la música, la comida y la experiencia. Créditos: @vivevision2019
Paula Guerra, directora de Marketing y Comunicaciones de Páramo S.A.S. terminó reconicida por los asistentes por el tono cercano de su intervención, en cuya primera parte aexpuso el panorama de las comunicaciones y su desarrollo en el Festival Estereo Picnic a lo largo de los años; en una segunda parte abrió espacio a las preguntas de los estudiantes.
El Festival Estereo Picnic nació en 2010 con el propósito de dar a conocer música que nunca se había escuchado. En relación con ello, uno de los aspectos más característicos para tener en cuenta desde el área de las comunicaciones son los carteles que anuncian los artistas invitados, pues su diseño es clave. Sin embargo, con el paso de los años, el Festival ha fidelizado algunos de sus seguidores, tanto así que estos compran sus boletas, incluso antes de que se den a conocer los invitados, estos clientes impulsan a que las creaciones sean mucho más impactantes para nunca decepcionar a sus fieles, llamados creyentes.
Guerra contó un poco de los diferentes retos o crisis que han tenido como área de comunicaciones, así como señaló que su mayor apuesta es lograr un afiche impactante e indicó que en algunas ocasiones esta idea no sale como se espera y el producto final se puede convertir en un desastre, incluso el cambio de la localidad para el desarrollo del festival en mejores condiciones puede resultar un reto, como también lo es la producción y sus costos, las comunicaciones antes, durante y después del evento. sobre las piezas gráficas anotó que es importante crear piezas de diseño pensando en la particularidad de la red social en la que se exponen, espacios en los que hay que responder a todo comentario e inquietud de sus seguidores en las redes. Quienes asisten hacen parte de un grupo que comparte el gusto y el amor por la música y por eso el festival de este año (FEPX) fue el que más asistentes ha tenido, por la participación de Arctic Monkeys.
Una de las notables ideas para generar expectativa en los seguidores que esperan conocer los invitados del Festival se realizó en el 2017, cuando la emisora La X apagó sus emisiones durante 12 horas y después de ese tiempo volvió a sonar con el cartel completo de los invitados de ese año.
El videojuego en Colombia, avanzar de nivel en industria creativas
“La comunicación con los usuarios es sumamente importante y difícil porque hay que establecer una relación con una audiencia mundial” Carlos Roche Silva. Créditos: @vivevisión2019
Carlos Rocha Silva, creador de la empresa Below The Game (BTG), es desarrollador de videojuegos para XBOX, PlayStation, Android, iOS, entre otras empresas. BTG es un estudio de juegos santandereano creado en el 2009, desarrolla conceptos únicos e ideas innovadoras, por las cuales ha sido internacionalmente reconocido. En su conferencia, Carlos Rocha acercó a los asistentes a su historia desarrollando su empresa y haciendo videojuegos, explicando los obstáculos que se pueden encontrar y la importancia de perseverar.
Rocha enseñó algunos de los videojuegos que ha desarrollado y les permitió a los asistentes probarlos frente a todos, lo que hizo más dinámica su ponencia. Resaltó la tarea de los comunicadores y el lenguaje para los videojuegos y esta industria. Rocha presentó cifras monetarias de los videojuegos existentes en otros países y los suyos, que sustenta su tesis de que esta una industria importante para Colombia, que puede generar ingresos, empleo, educación, transformación social y de la que se puede vivir.
Premios Visión 2019
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Este año fue una sorpresa para el público presente, darse cuenta del factor innovador de los premios, pues intentaron copiar el modelo de los Oscar. Los presentadores vestidos de gala, el resultado entregado en un sobre por un tercero y un show musical, fueron toques de emoción notables en esta versión de la entrega de los premios Visión.
20 lupas fueron entregadas en diferentes categorías: audiovisual, investigación, periodismo, gestión y multimedia, adicional a esto se entregó un premio por el trabajo a elección del público y al docente destacado.
El gran ganador de la tarde fue Zeti Keops Escobar, quien se llevó a casa 3 premios por mejor producto radial, reportaje y crónica. Uno de los momentos más emotivos de la ceremonia fue cuando se entregó el premio a la docente Margarita Llano, quien recibió mensajes emotivos por parte de sus colegas y estudiantes.
Entre los trabajos participantes se pueden encontrar temas relacionados con la tecnología, actualidad social, textos personales y temas de inclusión que enriquecen la temática para todos, los cuales están disponibles en la página oficial de Visión. (www.visionupb.wixsite.com/home).
Visión 2019: Una experiencia por y para la creatividad
El ganador de las categorías mejor crónica, mejor producto radial y mejor reportaje, Zeti Keops Escobar junto a su padre, Ramsés Escobar Henao y el docente de Periodismo, crónica y reportaje, Juan Carlos Ceballos Sepúlveda.
Créditos: Isabel Uribe Ochoa
Estos dos días de Visión 2019 demostraron nuevamente que la comunicación y el periodismo cada vez tienen mayor valor y eficacia en los temas más importantes de la actualidad según expresaron varios participantes.
En esta edición Industrias creativas: la media naranja de la comunicación, se pudo observar cómo las industrias creativas o, como prefiere llamarlas Daniel Carvalho, territorios y barrios creativos se están tomando las dinámicas comunicativas y experimentales de la nueva era digital. Mediante las ponencias del especialista económico de Inexmoda, Juan Fernando Loaiza, el director de La X, Alejandro Marín y la directora de Comunicaciones de Páramo S.A.S, Paula Guerra, se resaltó la flexibilidad y transmedialidad del entorno digital y físico gracias a diversos modelos de mercadeo y de gestión de comunicaciones como lo es la omnicanalidad, la cual le permite al usuario interactuar y experimentar con la marca por encima de los formatos y las plataformas virtuales.
No obstante, también se pudo apreciar la importancia de comunicar mediante los espacios y las estructuras de los lugares, con los discursos de Daniela Maturana, Daniel Carvalho, Erika Jaramillo y Paula Trujillo en el panel de Distritos creativos, apuesta cultural que se toma la ciudad. El evento dejó muchas claridades acerca del alcance discursivo, económico, político y cultural de la economía naranja en los procesos sociales y gubernamentales con la conferencia de la investigadora social Estefanía González.
Visión dejó a sus asistentes una puerta abierta para la consideración, estudio y vivencia de las industrias creativas, que, tal como lo plantearon los invitados, cobrarán vital importancia para las dinámicas sociales, políticas y culturales del futuro en Medellín.
Visión, el certamen académico liderado por loes estudiantes de la Facultad de comunicación social – Periodismo de la UPB en Medellín, tiene como eje central las industrias creativas y la denominada “economía naranja”. Este es un resumen momento a momento, de lo más destacado de la primera de dos jornadas con invitados y expertos que aportan respuestas y puntos de debate sobre el tema.
Alejandro Marín, uno de los invitados a la primera jornada de Visión 2019.
Foto: Silvia Natalia rojas y Salomé Habib.
La primera jornada de este martes empezó con un saludo por parte del rector de la Universidad Pontificia Bolivariana, presbítero Julio Jairo Ceballos, quien realizó una reflexión sobre la cultura ciudadana tanto en la ciudad como en la Universidad. A su vez, explicó la importancia de Medellín como centro de la Cuarta Revolución Industrial y la participación de la institución en la acogida a las industrias creativas, hizo referencia al modelo educativo de la UPB en temas de emprendimiento e invitó a la comunidad a asumir estos procesos de innovación de manera responsable y ética.
Intervino el decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Ramón Maya Gualdrón, mencionando la importancia de la historia en los relatos y afirmando que “mostrar no es informar y ver nos es comprender”, a la hora incursionar en la industria creativa.
Sobre naranjas e industrias, ¿de qué hablamos?
Estefanía González habló de igual manera del impuesto a los libros, según ella, no es que más colombianos vayan a leer, sino que aquellos que leen consumirán más. Foto: Silvia Natalia rojas y Salomé Habib.
La primera ponencia estuvo a cargo de Estefanía González, historiadora y artista plástica de la Universidad Nacional de Colombia, con maestría en Ciencia Política y doctorado en Ciencias Sociales. Ha enfocado su trabajo en la investigación social, políticas y prácticas culturales.
González define a las Industrias Culturales como sectores que conjugan la creación, producción y comercialización de bienes y servicios basados en contenidos intangibles, cuyo papel en la economía mundial representaba hasta el año 2010 el 3.4%. Estas industrias impulsan el diálogo y la construcción social, según expuso.
Además, contrario a lo que muchos opinan, para la historiadora el desarrollo de estas industrias no es un fenómeno puesto en la mesa por el gobierno actual, desde 2008 se ha venido trabajando con la creación del grupo de emprendimiento cultural en el Ministerio de Cultura.
Según González, llamar a la economía creativa “economía naranja” es entender la cultura desde un solo punto de vista, además explicó, que el gobierno trata de implementar este nuevo modelo basándose en cifras internacionales, pues considera que todo lo cultural es susceptible de convertirse en industria y su producción debe ser la oportunidad para generar desarrollo en Colombia.
Durante gran parte de la ponencia realizó un acercamiento y una crítica al problema de la economía naranja en Colombia, debido a que no hay un ecosistema dispuesto a pagar por bienes y servicios culturales. Ya que en el país son muy pocos los sectores que se han desarrollado como industria. Entre estos se encuentra la música el cine y las editoriales. “No podemos convertir todo el patrimonio y la producción cultural en producto de exportación”, señaló.
Finalmente, propuso cambiar el enfoque económico por un enfoque de desarrollo social, sin que el Gobierno prometa acciones imposibles de cumplir a las personas que conforman el patrimonio cultural del país.
Políticas públicas, industrias culturales desde el Estado
El primer panel de Visión 2019 fue moderado por el docente universitario Hugo Andrei Buitrago, con la participación de la antropóloga Catalina Ceballos, el actual viceministro de Creatividad y Economía naranja, David Melo, y el programador y curador artístico de Rock al Parque, Chucky García.
La conversación se desarrolló alrededor de las preguntas realizadas por el moderador, relacionadas con las políticas públicas, las expresiones culturales y la diversidad en estas.
Como aspectos destacados de la discusión, se mencionó que, más que hablar de diversidad, hay que reconocerla. Los panelistas coincidieron en que se debe tratar de fortalecer las institucionalidad cultural en las regiones para reconocer las expresiones culturales como algo que está presente más allá de la economía.
Al finalizar el panel, se les preguntó a los invitados cuál es la labor de un gestor cultural, a lo cual respondieron que su trabajo debe ser el de observar y tomar el trabajo con la misma seriedad como si se tratara del puesto de gerente en un banco.
La industria de la moda: cultura, tendencias y negocio
En la segunda parte del primer día de Visión abrió con una charla que relacionó la moda y la comunicación, guiada por Juan Fernando Loaiza, administrador de empresas con experiencia en análisis y estructuración de modelos de negocios, además de ser líder en proyectos de consultoría a compañías de la industria de la moda.
Loaiza realizó una presentación explicativa de la innovación y la forma en que esta se organiza y se vislumbra en una industria como la de la moda, al partir de la idea de que el sistema moda no hace referencia únicamente al vestuario o a el factor textil, sino a industrias de: calzado, belleza, artículos del hogar, artesanías, joyerías, entre otros.
Basado en su labor desde Inexmoda, donde Loaiza se desempeña como gestor de asesorías y analista de proyecciones financieras, destacó varias tendencias de moda en Latinoamérica, algunas claves para la participación en la economía creativa como la exploración de talentos, la co-creación y la cooperación. De igual manera, compartió dos fórmulas para innovar y crear valor desde una perspectiva económica enfatizando en la importancia de no caer en la guerra de precios cuando solo se reducen costos de oferta.
Terminó mencionando que las empresas creativas triunfantes en la industria son las que maximizan el valor del producto, dando una mejor solución a una necesidad existente y optimizando la forma de entrega de la solución.
Visión 2019 se abrió a la participación de todas las facultades de la UPB en Medellín.
Foto: Silvia Natalia Rojas y Salomé Habib.
¿Cómo se cuenta la cultura en la era de internet?
Como último expositor del día, estuvo el periodista Alejandro Marín, creador de Bilingual Podcast, ha trabajado en el programa “la hora del regreso” con la W y actualmente, es el director de La X en Todelar Radio. Su charla se desarrolló alrededor de la historia, el origen y la importancia del podcast en la época contemporánea.
Comenzó narrando un breve recorrido en la configuración de esa transmisión de audio digital creada por la compañía Apple en el año 2003, teniendo como pionero a Adam Curry, quien abrió el mercado de la comedia radial a comienzos de siglo.
Marín hizo énfasis en“This American Life”, un programa que se dedicó a contar las historias de diferente manera, ya que recobró el misticismo de la radio que se había perdido por la velocidad de la información y añadió a su lista de ejemplos el que es en su concepto el podcast más importante de la historia, el programa “SERIAL”, que narra la crónica de un muchacho paquistaní que termina en la cárcel por el asesinato de su novia; narración que, a la fecha, cuenta con aproximadamente 340 millones de reproducciones.
En la sección de preguntas pudo comentar más a fondo su caso personal trabajando en la realización de podcasts. Marín, señaló que nunca ha recibido financiamiento para producir este contenido, afirmó que: “producir el contenido es más importante que tener la plata para producirlo”.
Finalizó la charla con una metáfora para dar a entender que, a pesar de que todo el mundo puede hacer podcasts, es necesaria la profesionalización de estos, pues realizar este tipo de contenidos “es una tarea que va más allá de lo que en siglo XX estuvimos muy acostumbrados a hacer: llegar, prender un micrófono y hablar”.
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Medellín celebró la versión número 12 de la Fiesta del Libro y la Cultura que tuvo a México como país invitado. Personas con edades, oficios e intereses diversos se congregaron nuevamente en el sector de Carabobo Norte en torno a la lectura, los libros y la memoria, tema central del certamen para 2018. Organizadores y asistentes comparten su testimonio de esta celebración de las letras, la memoria y la cultura literaria mejicana.
“Dedicada a la memoria de John Galvis, Jackson Gallego, Leonardo Sánchez y Francisco Marín, actores que sucumbieron sin cumplir los 20 años, a la absurda violencia de Medellín, para que sus imágenes vivan por lo menos el término normal de una persona”.
Estos son los créditos finales de la primera película colombiana escogida para la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine, Cannes – Francia para 1990: Rodrigo D. No futuro. Es un largometraje filmado en 1986 y estrenado en 1991 que, dirigido por el cineasta antioqueño Víctor Gaviria y realizado con actores naturales, es una de las representaciones más importantes de las situaciones que vivían los jóvenes en la ciudad de Medellín en la década de los 90, en la que cualquiera podía ser Rodrigo, un muchacho que padeció el dolor que se propagaba en las calles de la ciudad, pero que decidió buscar en el arte una salida.
Esta película narra el contexto de la ciudad a partir del color frío de la violencia, de los gritos del punk, del paisaje de los adobes y de la jerga paisa; una Medellín que excluye, pero que así mismo integra. Es por ello que esta película, reconocida nacional e internacionalmente, es una ficha clave para la reconstrucción de memoria histórica. Una memoria, la nuestra, que es fundamental para entender y afrontar los problemas internos que se han vivido por décadas; y que permite ver la realidad de los jóvenes con otros ojos… los de ellos.
Después de 31 años de filmación y 28 años de su estreno, Rodrigo D. No futuro fue coloreada y remasterizada para realizar una itinerancia y proyectarse en 9 universidades de la ciudad de Medellín, con el objetivo de, como dijo su director, Víctor Gaviria, “preservar y restaurar para volver a resignificar” la cultura antioqueña.
Entre las anfitrionas de la proyección se encuentra la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), posterior a la misma hubo un diálogo entre el director Gaviria con el exalcalde, escritor y periodista, Alonso Salazar, junto al coordinador del doctorado en Ciencias Sociales de la UPB, José Roberto Álvarez. Como tema central de la charla estuvo la realidad social y política, todavía presente en diferentes entornos de la ciudad y alrededor de la película, una obra que nace bajo el interrogante de ¿qué está ocurriendo en Medellín que la mayoría de los asesinos o sicarios son jóvenes?, según contó Víctor Gaviria.
Esta es una pregunta que dialoga con el público desde las diferentes maneras de narrar la realidad. En este caso, el cine y la literatur, cuestionan a espectadores y lectores por las peripecias históricas que han marcado, principalmente, a la juventud.
Víctor Gaviria y Alonso Salazar, autor de No nacimos pa’ semilla, concuerdan en que la geografía y la arquitectura de la ciudad son elementos que han trastocado esferas sociales, que, por esa misma distribución de una ciudad montañosa, han quedado excluidos algunos sectores y con ellos su población. El deseo de evitar la propagación de la exclusión como mal social, es el motor de sus creaciones, buscando así, con cada plano o cada conjugación de palabras, la descripción de una realidad social que debe ser conocida para no ser repetida.
Los personajes de las dos obras, separadas por tan solo un año de diferencia en salir a la luz pública -primero Rodrigo D. No futuro y luego No nacimos pa’ semilla– cuentan con elementos en común. El parlache es el más notorio y, a la vez, el lugar que ocupan en la sociedad los jóvenes protagonistas tanto de la película como del libro; están desterritorializados, en un limbo cultural, “los NN culturales”, como Gaviria los nombra. Juegan a describir quienes son, haciendo una implosión, bajo el dilema de no tener un lugar en la ciudad, y como el mismo director lo manifiesta, la sociedad antioqueña, en su momento, les había dado únicamente un presente, sin discursos sobre el pasado, por vacíos históricos de sus antecedentes y con un futuro no muy prometedor para ciudadanos que no seguían los paradigmas convencionales.
Ellos con su espontaneidad al actuar, siendo los protagonistas de la producción ficcionada que está reescrita con sus historias personales, brindan lecciones de vida y de humanidad, una humanidad que es cruel, pero también sensible ante la crueldad. Se encargan de contar cuál es el papel que les ha designado la sociedad de manera arbitraria, en la que tienen tres posibilidades, la ilegalidad, la informalidad y el arte, esta última se convierte en la posibilidad para tomar distancia de los fenómenos violentos, escapar, pero también conversar con esa realidad.
Para José Roberto Álvarez, coordinador del doctorado, Rodrigo D. No futuro es un documento histórico que da cuenta de una realidad social que quiso ser ocultada en su época y que ahora sirve para conocer cómo la misma sociedad se encargó de hacerle frente al conflicto desde la cultura, en este caso, desde la música. Ramiro Meneses, actor que da vida a Rodrigo, ayudó a construir el personaje, él junto con un amigo formaron la agrupación Mutantex, una respuesta musical para la agresividad de las autoridades y la ausencia del Estado.
Más que hablar de la pobreza y delincuencia, Rodrigo D. No futuro se encarga de hablar de una realidad existencial, un deseo de soberanía y libertad a través de la estética popular de los 90. Y una vez más pone en evidencia que el problema no es la violencia descrita en No nacimos pa’ semilla, ni las muertes de la película de Gaviria; este radica en ver las producciones que sirven como espejo de lo que está pasando y no hacer nada para cambiar esa realidad y el futuro. Es un problema profundamente cultural, que se ha convertido en paisaje y que permea cada espacio de la ciudad y de la sociedad. Es por esto que los tres invitados al conversatorio finalizaron con el llamado a que la juventud utilice el arte para describir esa ciudad que nos atrapa por sus hermosos, y al mismo tiempo, salvajes paisajes.
– Puedo conseguir grandes extensiones de tristeza.
Las muertes ajenas, Manuel Mejía Vallejo
Las abejas y avispas rondan las casetas como guardianas de las flores y esos aromas se mezclan con el olor de la fruta de carreta, el sudor de quienes pasan y los locales que emanan el aroma del pollo y el pan. Ante el fuerte sol algunas flores que empezaron la mañana no sobreviven la jornada. En la tarde huele a flores muertas.
Ni la Alicia de Lewis Carroll vio en el jardín de las maravillas las bellezas de Junín: Astromelias, Rosas, Girasoles, Margaritas, Lirios, Claveles, Aves del paraíso, follaje, Heliconias, Pinochos, Cartuchos y Agapantos. Este pasaje recibió su nombre en honor a la batalla del 6 de agosto de 1824 donde Perú consiguió su libertad ante los españoles. La carrera 49 reviste de flores su centro, desde La Playa hasta Caracas se ubican pequeños locales dedicados a la venta de ramilletes y ramos.
Los floristas parecen suspendidos en el tiempo; sus movimientos son lentos y discretos, así debe ser el trato para las delicadas damas que reposan en grandes contenedores de agua. Cuatro de los hombres que consagran sus días a esperar compradores llevan en el oficio varias décadas y otros heredaron la labor de unos padres dedicados a la fugaz belleza de las flores. Estos personajes son quienes han forjado la imagen de la ciudad florecida de otros tiempos, de una Medellín ahora lejana.
Alrededor de los años 60 la Secretaría de Comercio y Turismo trajo a campesinos de los corregimientos de Santa Elena y San Cristóbal para ubicarlos en pequeños quioscos situados en Junín; al inicio estaban desde La Playa a Maracaibo y luego se extendió hasta Caracas. Como el caso de los esposos Maria Clementina Grajales, florista, y Juan Francisco Osorio, transportador de flores; tenían su finca en Santa Elena y decidieron tomar la oportunidad para mejorar sus ingresos.
Ambos criaron a cinco hijos a punta de flores; enseñaron el cuidado y la delicadeza de estas plantas. Ahora es su hijo, Gabriel Jaime Osorio Grajales, un hombre de voz resonante y rostro pulido, quien releva a su madre. Tras algunos quebrantos de salud Maria Clementina falleció en el año 2000 y en 2016 Juan Francisco, ahora con 91 años, dejó de conducir el camión.
De esa migración también participó Jesús Alberto Monsalve Ortiz proveniente de San Cristóbal, un hombre de voz grave, ojos pequeños y piel morena. Hace 46 años está ahí, en el mismo sitio. Su local es el primero en sentido sur-norte, está a un costado del edificio Coltejer. Su día comienza muy temprano: a las 4 a.m. está en la Placita de Flores para surtir. Ese centro de acopio lo vio crecer, pues desde niño iba a ver cómo las cortaban, qué le echaban al agua para conservarlas… así, entre ensayo y error comprendió la técnica que le daría el sustento de su familia por 46 años y contando.
Durante la segunda mitad del siglo XX los sitios más exclusivos de la zona eran el Teatro Junín, el Hotel Europa y el Club Unión, así que la clase alta de Medellín se paseaba entre las tiendas, tomaban café o se sentaban para encontrarse con los amigos, en fin, venían a juniniar. Los jóvenes obsequiaban flores a la joven pretendida, el hombre halagaba a la esposa amada o a la dulce hermana y todos hacían el gasto por la madre adorada; era un presente de gran valor sentimental.
En 1967 se demolió del Teatro Junín para dar paso al edificio Coltejer. Ese fue el inicio de un cataclismo cultural para el centro de la ciudad. Gabriel Jaime rodeado de bullicio, de apariencia impecable y con el más puro indignamiento dice: “el teatro Junín lo cambiaron por un mamotreto, era un emblema cultural, artístico y arquitectónico, ¿cómo cambian una joya por un mamotreto?”. Con nostalgia recuerda lo distinto que fue Junín, sus ojos revelan los recuerdos de un joven que veía el mundo cambiar de manera estrepitosa. Él culpa a los grandes poderes de la época y la corrupción de las administraciones pasadas.
A pesar de las peripecias los floristas han seguido de pie. Rodrigo de Jesús Hernández, de 77 años, también ha hecho un relevo generacional ya que trabaja con su hija, se rotan los turnos para que la jornada no le quede muy pesada a Rodrigo; él insiste en trabajar: “toda mi vida ha sido con flores y no me cambio por nada; con esto crie mi familia, los trece hijos, y no solo cuando las cultivaba en Santa Elena sino vendiéndolas aquí”, dice con orgullo.
Tras la construcción de San Diego, el primer centro comercial de Medellín, en 1972, algunas de las tiendas del pasaje se trasladaron y, desde luego, muchos clientes fueron tras ellas. Ese mismo auge del comercio aumentó la ambición de los mandatarios y de los intereses privados, ante ello Junín y el centro no volvieron a ser los mismos; el dinero avasalló la cultura.
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A las 10:00 a.m. el sol es tibio y generoso, se aspira un bouquet exquisito, parece transcurrir con la ligereza del inicio de la semana, además, va al ritmo del tango, Gardel suena en el equipo de un vendedor de CDS (…) Por una cabeza, todas las locuras, su boca que besa, borra la tristeza, calma la amargura…
Heriberto de Jesús Grajales Grisales lleva 27 años en su puesto, estuvo rodeado de flores desde su nacimiento debido a que sus padres las cultivaban en Santa Elena y las vendían en la antigua Plaza Cisneros, luego de cerrar llegaron a la Placita de Flores. El hombre cree que la peatonalización de Junín no ha sido muy efectiva: “se pasan carros, motos, bicicletas y por eso se dañan las losas del piso, por eso lo van a volver a intervenir y eso sí lo afecta a uno, afecta las ventas”, afirma.
Este era un sitio de acogida y encuentro, ahora solo es un lugar de paso. Las voces de estos hombres coinciden; el dinero ya no alcanza para los gastos y día tras día es más complicado llegar al mínimo de ventas. Gabriel Jaime, con el sol en su blanca cabellera dice con resignación y esperanza: “es lo que sabemos hacer y tenemos que persistir a pesar de las circunstancias”.
El calor de la tarde sofoca y cambia el ánimo de los transeúntes, se pisan los talones en buscan de sombra congestionándose a los costados y así, en esa rutina, va terminado un día más en Junín. La ciudad, aquella Medellín innovadora no creció al ritmo paciente y natural de las flores.
Ana Alicia Arias Tequia vende las manillas, collares y aretes que junto a su esposo Libardo Rivera Murillo, tejen durante la semana. Ana es una indígena emberá katío del resguardo Alto Andágueda del municipio Bagadó, Chocó, que llega a Medellín en el año 2011 buscando mejores condiciones de vida, tras ser desplazada de su resguardo por el conflicto armado interno en Colombia y vivir aproximadamente 3 años en Pereira. Esta multimedia ilustra la historia de vida de esta heredera de artes ancestrales en una ciudad tan indomable como la selva más exuberante que para ella es el hogar.
La receta para que un barrio dure 90 años es: que haya vivido el pintor más reconocido de Colombia, que en épocas secas se adorne de flores amarillas caídas de los guayacanes, que haya sido declarado patrimonio arquitectónico, que su fundador se llame Ricardo Olano y haya venido de Yolombó, que esté en el centro de su ciudad y por último, sazonarlo a 25 grados, la temperatura promedio de Medellín.
Para descubrir estos ingredientes, fue necesario nacer en 1927 y estar repleto de familias gigantes, empresarios adinerados, personas de otras regiones del país o que viajaran al exterior. Que aún viva gente que llegó en los años 30 o 40 y, lo más importante, que haya allí curiosos por descubrir la historia, no solo arquitectónica sino gastronómica de este lugar.
¿A qué sabe prado en 90 años?, se preguntó la Fundación patrimonio para el desarrollo que ganó con su propuesta el estímulo “celebrando el mes del patrimonio” para el arte y la cultura 2017 de la secretaría ciudadana de Medellín. Mónica Pabón, arquitecta y directora de la fundación junto con su esposo Hernán Tobón, cocinero experto en cocina colombiana y coordinador del proyecto se preguntaron con tanta intriga a qué sabe este barrio, que después de dos meses de exploración el 29 de septiembre Medellín se enteró y probó a qué sabe Prado en 90 años.
Talleristas de a qué sabe prado en 90 años, después de finalizar con las actividades propuestas por el proyecto.
Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.
Fueron 20 personas, residentes de este barrio junto con el cocinero experto, quienes se dieron a la tarea de investigar a qué sabe Prado, para esto realizaron 100 encuestas sobre qué se comía, cuatro talleres teóricos y cuatro prácticos, cada uno en una casa diferente, con el fin también de conocer cómo eran las cocinas anteriormente y la relación que tenía la arquitectura con el tiempo y el tipo de familia. “Para decidir el plato, a parte de las encuestas entre nosotros hablábamos de los ingredientes que usábamos en la casa y los que más se repetían esos usamos,” cuenta María Eugenia Ramírez, que lleva 35 años en el barrio.
Los ingredientes para descubrir el sabor fueron aportados los habitantes del barrio, cada uno decía qué comida, sabor u olor le recordaba los tiempos pasados que donde vivió con su madre, abuela, hermanos y primos. Sin embargo para armar su plato y reconocer en realidad cuál era el sabor necesitaban un cocinero, por eso Hernán Tobón experto en cocina colombiana los acompañó en este trabajo para aportar sus saberes y al respecto comenta que “el objetivo de este proyecto es recuperar la memoria gastronómica y estandarizar una receta a partir de la restauración gastronómica y tradicional de las cocinas de Prado”. Y por esto preguntó entre la comunidad por varios meses ¿a qué sabe Prado?
¿A qué sabe Prado en 90 años?, a infancia, dice Inés. A mi abuela cometa Maria Eugenia. A finca dice en voz baja Rocio y a mi mamá grita Socorro, con la espontaneidad que la caracteriza. Todo esto se escuchaba en el salón de la Acción comunal mientras entre talleristas y coordinadores del proyecto a modo de conversación mostraban el resultado del trabajo realizado. Después de escuchar varios puntos de vista se evidencia que para ellos lo más importante de descubrir la receta era poder viajar en el tiempo mientras disfrutaban el plato, tener sensaciones y emociones, que aunque no fueras de este barrio te recordara algo o a alguien.
Rocio Correa y Alba García, talleristas, que vestidas de los años 30´s 40´s celebraron la entrega oficial de la receta que les inspiró su barrio. Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.
Para probar el sabor de Prado el salón estuvo acorde con la época en que nació el barrio, estaba acompañado de mujeres, hombres y niños vestidos de los años 30´s y 40´s para evocar la época en que sus antepasados llegaron al barrio para llenarlo de vida, familias elegantes, historias por contar y patrimonio arquitectónico que cuidar. Mientras servían el plato, habían personas preparándolo y el olor de esta comida acompañó a los asistentes durante toda la recepción, por último y para antojarlos más de probar dicha receta, dijeron sus ingredientes.
Mario Pabón, Luz Marina Carvajal y su nieto, vestidos de fiesta para probar en la entrega de este proyecto a qué sabe este barrio del que solo han conocido historias. Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.
Crema de frijoles con zanahoria, plátano pintón, arroz blanco, chicharrón frito con harina -para que sea más crocante,- hogao y nada de sustancia animal, es a lo que sabe Prado. Pero y qué tomaban, quiénes y cómo lo comían fueron preguntas que surgieron después de descubrir el plato, por eso Hernán empezó a indagar más a fondo con los participantes del taller sobre historias en la mesa. “De sobremesa, el guandolo, o aguapanela fría con limón, era lo que se tomaba en las mesas de 12 o más puestos que a las 7 pm hora de la comida siempre estaba llena, decían mientras cocinaban los talleristas”, añade además que para terminar la cena y de paso las conversaciones con todos los integrantes de la familia, sobre sus trabajos, tareas, novios o problemas, estaba como acompañante la torta de pan viejo, receta hecha también en casa, por la servidumbre en unos casos o por las abuelas.
Después de escuchar las anécdotas y el resumen de la metodología que utilizaron los talleristas para elegir los ingredientes, decidieron retar a dos chefs profesionales, Juan Diego Gómez Mesa y Juan Esteban Herrera para que cocinaran en frente de todos la receta que identifica su barrio, para luego evaluarlos. Durante 40 minutos los cocineros dialogaron con la gente, y explicaron cómo se preparaban los alimentos que componían el plato elegido.
El objetivo del reto no era solo hacer la receta, sino que tuviera la sazón del barrio, que su sabor les recordara las historias y emociones, por eso esto, los dos profesionales de la cocina escucharon durante la toda la noche los relatos del barrio y aportaron a este plato su conocimiento y las técnicas explicadas por los talleristas.
Juan Esteban Herrera y Juan Diego Gómez, chefs retados hacer la receta que identifica el barrio Prado de Medellín.
Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.
Al final todos los invitados a la reunión disfrutaron de la crema de frijoles, con hogao, chicharrón, arroz blanco, tajada de plátano, guandolo y torta de pan viejo. En el cual después de cada cucharada o degustación del plato había que calificar, no solo el sabor si no las sensaciones y recuerdos que había traído ese plato cuando tuvo contacto con sus papilas gustativas.
Para Maria Victoria Echavarría, quien vive hace más de 20 años en el barrio fue invitada por sus amigas, dice que fue espectacular la experiencia, que lo que más le gustó fue la integración debido a que antes todos eran en sus casas y gracias a estas actividades hay más comunicación y conocimiento entre la comunidad.
Socorro Londoño, 30 años viviendo en el barrio, y Alba García, 40 años viviendo en Prado, prueban de nuevo la receta que trajo a sus memorias su historia en este lugar. Foto: Fundación Patrimonio y Desarrollo.
Los talleristas, invitados y expertos en concina en esta noche del 29 de septiembre descubrieron el sabor del barrio que vio crecer a Fernando Botero, aquel declarado único sitio de conservación patrimonial en esta ciudad, ese que por darle vida a la avenida oriental perdió la suya, pero que hoy 90 años después de que se fundó quiere renacer para Medellín y demostrar que su importancia no solo está en los muros sino también en sus gentes.