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  • Las redes y la política EL CASO FEDERICO GUTIÉRREZ

    Las redes sociales están cobrando una importancia cada vez mayor en la política, desde la imagen que candidatos y gobernantes muestran allí hasta la generación de debate ciudadano y opinión pública. En Medellín, con Federico Gutiérrez, hay un ejemplo de lo que un político puede hacer en redes, como medio para la promoción y divulgación de la información. Un caso que también genera debate.

     

    Con esta imagen, el hoy Alcalde de Medellín presentaba su alianza en campaña con el candidato a la Gobernación de Antioquia, Federico Restrepo. Foto: @FedericoRes

     

    Internet ofrece posibilidades de comunicación como nunca antes había ocurrido. No solo es la cantidad de información que allí circula, sino la rapidez con que esta viaja: se estima que se hacen unos 7 210 tuits y 54 300 búsquedas en Google por segundo. Las manifestaciones sociales, culturales y políticas que se hacen presentes en internet hacen que el ciudadano corriente tenga un bombardeo de información que construye su cosmovisión. Las redes sociales, por su parte, además de proporcionar un espacio de relación para personas, permiten la generación y la propagación de la opinión pública. No solo encontramos en redes la última foto de nuestros amigos o datos curiosos, sino también posiciones políticas y sociales en abundancia.

     

    Para constatar esto tenemos el ejemplo de la Primavera Árabe, en la que un gran número de ciudadanos de países de oriente medio se manifestaron contra sus gobiernos, y generaron incluso la caída de varios de ellos. Gran parte de la información de estas manifestaciones circuló a través de las redes. Otro ejemplo que tenemos es el de Barack Obama, que en 2008 se convirtió en el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos, lográndolo por su imagen en redes, pues allí se perfiló como un candidato en pro del cambio y de ese modo logró recoger fondos para su campaña y movilizar a muchos votantes.

     

    La política está en las redes, no solo produciendo propaganda y generando adeptos, sino conformando una agenda y esparciendo ideas para una campaña o para dar cuenta de una administración. Sandra López, politóloga, afirma que los políticos han descubierto que “el ejercicio de su rol no es tan importante como la imagen de ese ejercicio”, y en las redes la construcción de esta imagen resulta fácil y certera.

     

    #Medellín

     

    Para hablar específicamente de Medellín, hay que mencionar el caso de Federico Gutiérrez, alcalde de la ciudad. Actualmente tiene 270 000 seguidores en Facebook, 275 000 en Twitter y 92 000 en Instagram. Gutiérrez ha usado sus redes sociales desde la época de su campaña para hacerse conocido y exponer sus propuestas. Esto no solo le ha valido la adhesión de muchos votantes jóvenes, sino que lo ha dado a conocer como lo que siempre se propuso: “un alcalde cercano a la gente”. Paula Bustamante, jefe de comunicaciones de Gutiérrez, explicó que esto de las redes sociales “se pudo hacer con él porque va con su personalidad y resulta creíble”.

     

    En su candidatura, el actual alcalde hizo numerosos recorridos por la ciudad, que fueron siempre captados por cámaras y registrados en redes sociales. También, cuando había eventos importantes en los que el candidato iba a participar, se hacían publicaciones en redes antes, durante y después. Otra estrategia de la campaña en redes fue que Gutiérrez respondió meticulosamente cada pregunta que le hacían, interactuando tanto con sus simpatizantes como con sus oponentes. El alcalde, para su manejo de redes, utilizó 22 comunicadores y 5 fotógrafos.

     

    Ahora, durante su mandato, Gutiérrez utiliza las redes para dar cuenta día a día de lo que hace, comunicar noticias y presentar balances. Realiza publicaciones incluso solo halagando a la ciudad o mostrando fotos artísticas de ella. Aunque son muchos los comentarios en las mismas redes que apoyan su gestión, hay personas que piensan lo contrario. Marta Villa, directora de la corporación Región, opina que “en redes sociales solo se ve al alcalde hablando de seguridad y de la imagen de la ciudad, y pare de contar. Tenemos un alcalde centrado mucho en espacios mediáticos, pero que no termina de hacer bien otras cosas”.

     

    Otros, sin embargo, piensan que es bueno que el alcalde tenga tanta presencia en redes, pues así establece una comunicación directa con la ciudadanía: “lo bueno de verlo tanto es que nos podemos enterar de primera mano de las cosas de la ciudad, y mejor un alcalde que informe sus cosas buenas o malas a otro que no informe nada”, dijo Julián Alvarado, estudiante de Ciencias Políticas. “Al menos Federico se mueve de acuerdo a lo que prometió”, afirmó.

     

    Visibilidad en línea

     

    Lo cierto es que el alcalde se ha convertido en una figura pública en internet. En redes tiene, por así decirlo, su propio medio de comunicación, en el que controla la información que entrega y puede elegir qué deja ver y qué no. Carlos Andrés Pérez, director del Centro de Análisis y Estudios Políticos, sostiene que “Gutiérrez en redes sociales es muy hábil porque las sabe manejar muy bien, logrando demasiados ‘likes’ y reproducciones. En eso genera sintonía con un buen porcentaje de favorabilidad en una masa que no es crítica”. No en vano, la popularidad de Federico después de un año de gobierno es de más del 80%.

     

    En sus publicaciones Gutiérrez habla casi siempre de datos positivos y cifras esperanzadoras, y cuando se refiere a un tema negativo, siempre lo presenta como “algo a mejorar” o “estamos cambiando”. Y mientras que el alcalde casi siempre contesta a preguntas o comentarios, rara vez lo hace a críticas o a sugerencias que lo dejen expuesto. Cuando se popularizó la etiqueta “#Medehollín”, refiriéndose a la contaminación ambiental del Valle de Aburrá, Federico Gutiérrez poco caso hizo a los miles de usuarios que lo mencionaron o le pidieron explicaciones o soluciones, pero cuando la revista Semana usó la etiqueta para una publicación, el alcalde inmediatamente tuiteó: “Señores @RevistaSemana con todo respeto. Estamos viviendo una emergencia ambiental. Somos #Medellín NO #Medehollín. De esta también salimos”. Federico demuestra ser hábil para la comunicación política en redes sociales.

     

    Otro caso que vale la pena mencionar es el de enero de este año, en el que el robo de tres motociclistas a un conductor de un carro se conoció por un video que circuló en Facebook. El alcalde asumió el mando de la situación y convirtió sus redes sociales en medios para reportar los avances de la investigación incluso a la prensa, hasta las 4 de la mañana del día después del atraco. Le llovieron críticas, pues se decía que si el video no hubiera sido famoso en redes sociales, tal vez al caso no se le hubiera dado tanta importancia y que, además, este era solo uno de los miles de atracos que se presentan en Medellín.

     

    Sobre esto se popularizó un la etiqueta, “#Ficodejaelshow”, con el que la gente se expresó frente al cubrimiento que Gutiérrez le hizo al caso, la mayoría de veces afirmando que aquello era más propaganda que una acción en concreto por la seguridad de Medellín. Sobre esto el alcalde respondió que “hay gente que dice que es malo porque no se hace y peor porque se hace y yo eso no lo entiendo”, y que si su actuación fue un show entonces era necesario seguirlo haciendo para que estos casos no se siguieran presentando.

     

    Medellín cuenta con una ciudadanía en necesidad de información y rendición de cuentas, y tiene un alcalde que está intentando comunicarse para esto a través de las redes sociales. Aunque su gestión no es una marca, y a veces pareciera que la estuviera presentando como tal, Gutiérrez demuestra que cada día la política está más presente en internet y las redes.

     

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  • El grafiti: está en todos lados… aunque usted no lo quiera

    El grafiti, aunque ha evolucionado, adoptado nuevas técnicas y creado nuevos estilos, sigue guardando la esencia que tuvo desde sus inicios, como un método de expresión utilizado para marcar un territorio, para identificarse entre los demás y para ir en contra de lo ya impuesto. Graffiti se le llamó al movimiento iniciado en los años 60 en Filadelfia con Cornbread y su amigo “The Gasek” los cuales pintaban muros con letras largas con bases sobre el inferior. Estos comenzaron a marcar con su sobrenombre la ciudad e incluso el jet de The Jackson 5.

     

    En Nueva York, en la década de 1970, aumentó la presencia de grafiteros en la ciudad, los cuales la mayoría de veces pintaban su apodo junto con el nombre de su calle ─como los residentes del oeste de Manhattan─ y otros que escribían lemas que implicaban los problemas sociales de ese entonces con la Policía y el rechazo de esta institución del Estado a las minorías puertorriqueñas y negras de los barrios bajos como el Bronx. Con tantas contrariedades, el grafiti llegó a dar sentido a la vida de algunos jóvenes y les dio una voz en la sociedad, que constantemente los callaba.

     

    Aunque el inicio del grafiti contemporáneo se dio en la mancomunidad de Pensilvania, los neoyorquinos se contagiaron de esta “plaga” y superaron a quienes la iniciaron en su ciudad vecina, en mayor parte porque estos tenían el Metro de Nueva York.

     

    Así, las pintadas en los metros del mundo, aumentaron cada vez más desde los inicios de esta rama de la cultura Hip Hop que llegó a trenes de Argentina, Chile, México, Canadá y Francia, entre otros alrededor de todo el mundo.

     

    El tag de Exk, quien considera que los cánones legales o estéticos, desdidbujan la esencia de esta expresión de la cultura Hip-Hop. Foto: Cortesía.

    El tag de Exk, quien considera que los cánones legales o estéticos, desdidbujan la esencia de esta expresión de la cultura Hip-Hop. Foto: Cortesía.

     

    ¿Arte o vandalismo?

     

    En Colombia solo hay una norma local que reglamenta la práctica del grafiti, el decreto 75 de 2013 el cual “promueve la práctica artística y responsable del grafiti en la ciudad”. Implementado por el Alcalde Mayor de Bogotá D.C. en ese periodo, Gustavo Petro.

     

    En el capítulo II de este se exponen cuáles son los lugares no autorizados para hacer grafiti, entre ellos las señalizaciones del Sistema de Transporte Público, los paraderos del Transmilenio, diferentes módulos como los de servicio sanitario, servicio al ciudadano, de ventas, entre otros. Además también se prohíbe hacer estas piezas en elementos que conforman la Estructura Ecológica Principal de Bogotá y los bienes inmuebles en los que las entidades públicas con sede en la ciudad prestan sus servicios.

     

    Así, en el capítulo IV se mencionan las medidas correctivas para las personas que realicen una pieza de grafiti en un lugar no autorizado, unas de estas son:

    • Asistencia a programas pedagógicos de convivencia ciudadana y compromiso de cumplir las reglas de convivencia ciudadana.
    • Trabajo en obra de interés público, de carácter ecológico, de pedagogía ciudadana o de asistencia humanitaria.
    • Restitución del espacio público, de manera inmediata o en un plazo no mayor de 72 horas.
    • Multa, de hasta medio salario mínimo mensual legal vigente, cuando la restitución del inmueble no sea posible o no se lleve a cabo dentro del plazo de 72 horas anteriormente mencionado. Aun así, la imposición de multa no libera al autor de la obligación de restituir posteriormente el espacio público.

    El capítulo III de este decreto se dedica a explicar las estrategias pedagógicas y de fomento para que el grafiti pueda ser realizado en algunos lugares con apoyo de la Alcaldía y de entidades del sector de Cultura, Recreación y Deporte.

     

    En las otras ciudades del territorio nacional, aunque no hayan decretos que reglamenten este tipo de prácticas que son consideradas por unos como artísticas ─en su mayoría ilegales─, estas se sancionan con el artículo 265 del código penal colombiano, tipificado como “Daño en bien ajeno” el cual declara:

    • El que destruya, inutilice, haga desaparecer o de cualquier otro modo dañe bien ajeno, mueble o inmueble incurrirá en prisión de 1 a 5 años y multa de 5 a veinticinco salarios mínimos legales mensuales vigentes, siempre que la conducta no constituya delito sancionado con pena mayor.
    • La pena será de 1 a 2 años de prisión y multa hasta de diez salarios mínimos legales mensuales vigentes, cuando el monto del daño no exceda de diez salarios mínimos legales mensuales vigentes.
    • Si se resarciere el daño ocasionado al ofendido o perjudicado antes de proferirse sentencia de primera o única instancia, habrá lugar al proferimiento de resolución inhibitoria, preclusión de la investigación o cesación de procedimiento.

    La frontera que marcan la ley y los cánones

    Cualquiera con sentido común que lea las anteriores normas y sanciones pensará que sería arriesgado, incluso estúpido faltar a estas, pero así no opera la cabeza de un grafitero. Exk, artista de este movimiento residente en el municipio de Itagüí, comenta:

     

    “El grafiti es por naturaleza ilegal, es una forma de protesta, si llega a ser legal cambia completamente, cambia su sentido y hasta en la práctica porque ya no se sale a buscar propiamente dónde pintar, se pierde la necesidad de estar pendiente de la Policía, los ladrones, del vigilante; comienzan a haber muchas personas haciéndolo. Y aunque este sea ilegal y haya consecuencias, porque uno también piensa en ellas, eso es lo que debe producir el grafiti, adrenalina. Hacer lo que cualquiera no hace y crear tantas opiniones diferentes acerca de una pieza, de un tag, y por parte de gente que no saben quién es uno”.

     

    Spaik, otro grafitero de la ciudad complementa lo que dice su “colega”, afirmando que cuando se habla de una legalización del grafiti se hace referencia a un apoyo de cierto grafiti, el que es aceptado por todo el público como los que pintan pájaros, flores y rostros de indígenas con colores llamativos, lo que para el ojo común es considerado arte, pero no así las piezas que no son entendidas como los nombres de las crews o de los propios artistas.

     

    Un ejemplo de lo que mencionan ambos es el conocido Graffitour de la 13. Este programa en el que se dan visitas guiadas por diferentes piezas de grafiti ubicadas en la comuna 13 de Medellín, que plasman imágenes de fauna, flora y rostros humanos de diferentes etnias y razas, corresponden al grafiti que es aceptado y comprendido por quien lo trate de analizar, sin necesidad de profundizar, que, por ser estéticamente agradable a la vista, es apoyado por la Alcaldía y por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo del país. Y por otro lado, está el “grafiti underground ” como los mismos artistas lo suelen llamar, el que por no entrar en los cánones de belleza no es aceptado.

     

    Adentrándose en esta cultura es común encontrarse con respuestas parecidas a las de Exk y Spaik, quienes además terminan diciendo que los grafiteros no van por ahí pidiendo aceptación ni comprensión, no reclaman legalidad ni premios para ser llamados “artistas”. El grafitero lo único que busca es un buen spot para hacer lo que sabe.

     

    Esta constante búsqueda lo lleva a meterse en donde nadie lo ha llamado, lo que responde a una pregunta muy frecuente desde que empezaron a aparecer grafitis en bienes públicos bastante significativos y es que ¿por qué pintar lugares que representan un bien ajeno y patrimonio del Estado como el metro?

     

    Álvaro, integrante de una de las crews de grafiteros más conocidas en Medellín y Colombia, Graffiti Suicida Crew dice que el metro representa un espacio público que puede ser visualizado por cualquier ciudadano que utilice este medio de transporte y que además en este movimiento es común incluir la pintada de trenes entre sus metas. Esta afirmación la ratifica Camilo Fidel López, gestor cultural y experto en grafitis quien dio su opinión a noticias Caracol tras el suceso en el que fueron pintados ilegalmente varios vagones del metro de Medellín el 6 de marzo de 2016.

     

    “Para los graffiteros el metro es el trofeo más preciado porque lleva su obra por toda la ciudad, aunque las personas no quieran verlo, lo hacen. Además de eso, es una forma de atropellar al Estado y atacar al sistema. Así se sigue con la esencia de los inicios del grafiti”, explicó López.

     

    Álvaro además cuenta por qué tienden a pintar en la noche, en lugares no permitidos y a hacerlo anónimamente:

    “Cuando comienza la noche, la ciudad cambia completamente, mientras unos están durmiendo, otros están trabajando, unos en cosas que muchos no admirarían y otros en trabajos como la vigilancia. Por eso, hacer grafiti en la noche conlleva al factor sorpresa en la mañana. ¿Quién se imagina que van a pintar un metro si se supone que tiene personas y sistemas de vigilancia? Es eso, coger spots que nadie haya pensado en coger, llegar donde otros no llegan, aunque no nos vean, les dejamos el mensaje”, explica.

     

    Y añade: “Aunque sea siempre arriesgado meterse con bienes del Estado que se valoran tanto, eso es lo que los pone en las metas de uno como grafitero, y no es un mal para la ciudadanía porque aunque el metro esté pintado, no está dañado, puede seguir funcionando—lo cual también señaló Camilo Fidel, en su entrevista con Noticias Caracol—. Lo que crea la polémica es el rechazo de las autoridades ante esto, y para uno eso sí que es victoria. Nosotros no utilizamos la violencia para expresar lo que pensamos y en lo que creemos pero aún así, unos nos llaman delincuentes, y eso ya sí no es un problema personal, porque el pensamiento de los otros nunca se podrá controlar”.

     

    Álvaro señala que los que hacen grafiti escogen lugares que sean representativos y transitados de la ciudad para que la pieza, el tag, el throw up—letras con poco diseño, para obtener más cantidad que calidad— se vean y ese el sello propio que se tiene y que otros pueden ver sin imaginarse la cara del que lo hace. “Incluso al montarse al transporte público, uno va mirando dónde puede pintar luego, y si no tiene un spot ya en la mira, sale con los parceros a encontrar uno por ahí”, relató.

     

    “Se hace anónimamente porque además de ser ilegal, el grafiti no se hace por reconocimiento, ni para que la gente lo admire a uno y a su trabajo, se hace porque se ama y porque se está dispuesto a mostrar que se tiene una voz y un mensaje por transmitir, que no todos los ciudadanos se sientan a esperar ser aceptados, unos salen a pintar por ahí lo que piensan”, según Álvaro.

     

    ¿Conducta aprobada?

     

    Aunque Álvaro probablemente no conozca los rostros de Exk y Spaik, apoya lo que estos dicen respecto a una posible legalización de esta rama del Hip-Hop: “Si por ejemplo, el Alcalde dice que se puede pintar en alguna calle, es como decirle a los grafiteros que vayan a hacerlo allá, y que en ningún otro lado, es algo mandado a hacer, no es algo que alguien haga por su propia voluntad, inconscientemente está cumpliendo una orden”.

     

    A los grafiteros los aborda el deseo de estar en todos lados. Por eso, aprobados o no, van rociando aerosoles, trazando tags con marcadores, pintando con brochas y dejando el mensaje de que ahí están, sin que usted los vea, sin que los espere y sin miedo a afrontar las consecuencias del grafiti considerado vandalismo. Lo hacen como lo hicieron los jóvenes en Nueva York en la década de los 70, como lo hacen los argentinos en el tren de la línea Sarmiento y como, quizás, lo harán sus hijos, sobrinos o nietos a donde quiera que vayan.

     

    Para Spaik, pintar en un lugar asignado es como cumplir una orden, un encargo. Foto: cortesía.

     

  • Calidad de vida metro a metro

    Desde que se inició su construcción, el Metro de Medellín se convirtió en un referente de la ciudad. Con el mensaje”Metro, calidad de vida”, como slogan, ha hecho de esta causa un propósito permanente en el que busca vincular a toda la población del Valle de Aburrá.

     

    Este reportaje multimedia comparte los pilares de la propuesta de la empresa Metro a la ciudad y recoge facetas cotidianas de la misma en las estaciones y trenes. Navegue el reportaje AQUÍ.

     

     

     

     

  • La América: un ejemplo para las plazas de Medellín

    Las plazas de mercado en Medellín van de la mano de su cultura y tradiciones. Hace algunas décadas estos espacios eran abiertos y a ellos llegaban comerciantes de todo el país, con todo tipo de bienes para venderlos en sus puestos. Hoy la plaza de La América es uno de lugares cerrados donde la gastronomía y la variedad de productos son los protagonistas.

     

    Así nace La América

    La historia de las plazas en la ciudad se remonta a 1894, cuando a Carlos Coriolano Amador le otorgaron el permiso para construir una plaza de mercado que solucionara los problemas de espacio e infraestructura que tenía la Placita de Flores, que por aquella época albergaba a los campesinos de Santa Elena que bajaban muy temprano, todos los días, con ramos de flores atados a sus espaldas.

     

    El Pedrero fue concebido como un espacio para recoger el comercio organizado, pero los locales no fueron suficientes y los espacios públicos del actual Parque de las Luces, o de la también llamada Plaza Cisneros, fueron ocupados por venteros que ofrecían verduras, carne, pescados y otros alimentos exhibidos sobre carretas de madera o trapos en las aceras.

     

    El 7 de abril de 1986, la plaza sufrió durante la madrugada un incendio. Se quemó más de la cuarta parte de todo Guayaquil y por ende dejó de ser ese referente de comercio; pasó a ser sinónimo de degradación y le dio paso a un plan piloto para la construcción de cinco plazas de mercado populares en los barrios de la ciudad: Castilla, Guayabal, Belén, Campo Valdés y La América.

    Tres de ellas desaparecieron y la Plaza de La América tuvo que transformarse para continuar funcionando, pues los supermercados de cadena, que llegaron a la ciudad, se convirtieron en su gran amenaza.

     

    Sus primeros años

    Vicente Gaviria vive en la vereda Nueva Luna en Santa Elena, rodeado de paisajes adornados de agapantos y azucenas. Vive con su esposa Gabriela, con la que se casó hace 55 años, casi el mismo tiempo que lleva trabajando en la Plaza de Mercado de La América.

     

    Allí llegó por los años en que la Alcaldía de Medellín ordenó construir plazas para que las personas no tuviesen que desplazarse hacia el centro a mercar. En la placita, como ellos le dicen, venden lo que cultivan: papa, moras y fresas. También producen leche y la venden recién ordeñada a sus vecinos.

     

    “Fue poco con lo que llegamos y es poco con lo que nos vamos, decía mi padre” cuenta Gabriela. Hace 47 años alquilaron un local pequeño que incluía congeladores, bandejas y estantes viejos, porque lo que tenían no les alcanzaba para más.

     

    Iniciar en la plaza para ella fue muy duro. Aún estaban estructurándola, terminando de construirla y las personas apenas conocían de su existencia. “Fue solo unos meses después que comenzaron a llegar las personas, cuando ya la veían bonita y como todo buen paisa les asustaba el cambio, pero lo nuevo seguía siendo maravilloso hasta que ya se volviese común”, puntualiza Gabriela.

     

    Pese a que el área de la plaza fue reducida a la mitad dar paso al supermercado que abriría una caja de compensación del departamento, el lugar no perdió su esencia. Se renovó. Se adaptó a los cambios que trajo consigo la era de los alimentos enlatados, el pago con tarjeta y las cajas registradoras.

     

    La América innova con el Aula ambiental

     

    Foto: María Alejandra Buriticá Tamayo.

     

     

    En la terraza de este mercado tradicional se encuentra el Aula Ambiental Colplaza, un programa educativo que se creó hace 16 años, cuando la plaza estaba en su máxima decadencia tras una mala administración.

     

    Hace parte de la responsabilidad social, pues estos lugares impactan el ambiente con la generación de miles de residuos sólidos. Este proyecto está compuesto por unidades pedagógicas, cada una como un espacio de aprendizaje.

     

    Quien visite el mariposario que se incluye en dicha aula ambiental tendrá a su disposición toda la información acerca del crecimiento y desarrollo de las mariposas: su especie y reproducción. Por otra parte, en el vivero se cultivan, empacan y comercializan plantas aromáticas.

     

    “Queremos mostrarle al mundo que las plazas de mercado no son un problema, sino que pueden ser una solución. Inicialmente teníamos muy pocos recursos y una problemática con los residuos. La naturaleza es la solución para todo”, dice Juan Diego Elejalde, Ingeniero Agrónomo que trabaja en Aula Ambiental desde sus inicios.

     

    Allí mismo están los tanques de almacenamiento de aguas lluvias, con las cuales se mantienen en funcionamiento los servicios sanitarios y el lavado de traperas y canecas.

     

    En la Plaza de la América los residuos se transforman en objetos producidos con la técnica del origami: bolsos, pesebres y juguetes, entre otros. A su turno, los residuos orgánicos alimentan el lombrisario y el abono producido se regala a los participantes en las jornadas ambientales que se llevan a cabo varias veces al año. Esa respuesta de la comunidad, ha hecho que la Plaza de Mercado La América sea un referente no solo histórico sino también de cultura ambiental.

     

     

     

     

     

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  • Tu casa es también mi casa

    La siguiente serie fotográfica busca hacer visibles los modos en los que los habitantes de calle amoldan los espacios de la ciudad a la medida de sus necesidades de refugio. Los hogares que existen en rincones impensados de la ciudad tienen historias de seres sin nombre que aún así logran cambiar el imaginario sobre la vida en la calle, donde también existen bienvenidas a casa, invitaciones a pasar a las casas a las vidas. Imágenes de este reportaje gráfico se incluyen en la edición 56 del periódico Contexto, junto a la crónica La rutina de un hombre que dejó las calles, escrita por María Camila Tamayo Tamayo.

     

     

     

  • Una parada para la memoria y la nostalgia eterna

    Hace más de un siglo, para ser precisos en 1874, entre las montañas verdes del departamento de Antioquia, se comenzó a construir toda una obra sobre rieles que, a punta de vapor, pretendió conectar un río, el Magdalena, atravesando el oriente, hasta llegar al centro de una tierra soñada, Medellín. Este hecho no solo fue histórico, fue el símbolo que en esa época le dio vía libre al desarrollo de una tierra pujante, a un mercado del campo lleno de olores exquisitos como el café y a un sin número de historias que en cada estación quedaron guardadas en los carrieles, las locomotoras y los pasillos que tuvieron que cruzar más de un viajero para montar con mucho orgullo en el Ferrocarril de Antioquia.

     

    “Medellín en esa época era una aldea con nombre de ciudad que fue puesto por Juan del Corral, por eso la llegada del tren que le trae materias primas como el carbón, algodón, azúcar, entre otros, le va permitir un desarrollo muy grande de industrialización gracias a las locomotoras”, cuenta Memo Ánjel, comunicador social y doctor en filosofía de la UPB, que esa fue la cura contra la geografía que un hombre como Pedro Justo Berrio, político antioqueño, diagnosticó para la enfermedad de aislamiento que tenía el departamento y Francisco Javier Cisneros, ingeniero cubano, desarrolló para ser de este territorio lo que es hoy en día, pura innovación.

     

    La estación Medellín se conserva como patrimonio arquitectónico de la ciudad. Foto: María Alejandra Querubín

    La estación Medellín se conserva como patrimonio arquitectónico de la ciudad. Foto: María Alejandra Querubín

     

    Las historias que encontraron un punto de encuentro

    Ver la Estación Medellín ahora es ver mitad de un pasado, es inevitable pensar que en los locales y restaurantes que hay hoy en día en su interior, antes lo ocupaban miles de personas que ansiosos esperaban el sonido de un tren sobre rieles, anunciando su llegada y su partida. Entrar y verla por dentro es toparse cara a cara con un diseño al estilo de renacimiento francés que fue traído hasta Colombia por Enrique Olarte, un ingeniero y arquitecto colombiano que se especializó en Inglaterra, que le tomó siete años terminar la construcción de esta edificación la cual inició desde 1907; de un punto de encuentro de culturas y de un rumbeadero en los bares y cafés que la rodearon, siendo el rincón perfecto para cerrar muchos negocios a punta de aguardiente.

     

    Con el paso de los años, fueron llegando cada vez más personas y en la década de los 30 ya se necesitaban nuevas salas de tiquetes de segunda y tercera categoría para atender la demanda y ser, en 1937, la estación que se ve hoy si va y se pasea por el sector de la Alpujarra. Por eso, ese conjunto de paredes que resguardaban todas las bodegas y oficinas en aquella época “se constituyó como el conjunto ferroviario más emblemático y significativo de la empresa Ferrocarril de Antioquia, no solo por su envergadura monumental sino por su condición de estación terminal, base de operaciones ferroviarias en el departamento, y su efecto de implantación como nueva centralidad comercial y de negocios en la ciudad de Medellín”, afirma el arquitecto colombiano con Maestría en Restauración Arquitectónica de la Universidad Politécnica de Madrid, Germán Jaramillo Uribe.

     

    En los andenes de la estación restaurada se conserva una locomotora Baldwin, con el número 25. Foto: Kamilokardona Wikimedia Commons.

    En los andenes de la estación restaurada se conserva una locomotora Baldwin, con el número 25.

    Foto: Kamilokardona Wikimedia Commons.

     

    Edilberto Rúa Herrera, pensionado del Ferrocarril de Antioquia, evoca sus días de trabajo con gran honor como coordinador de salidas de los trenes, comparando la estación con un puerto de marineros, “La que tuviera de esposo o novio un trabajador del Ferrocarril estaba montada, o sea que yo en esa época era un buen partido, pero eso sí, ellos tenían un amor en cada pueblo no puerto y la estación Medellín no era la excepción. Era una estación de mucho movimiento, llegaban las mercancías de todo el país y de aquí ya salían convertidas en productos. La gente esperaba paciente para viajar con sus perros, sus gatos y sus bultos de mercados felices. Era un lugar de encuentro para los novios, los abuelos, lo comerciantes y hasta las familias que los domingos se iban de paseo a bañarse a los ríos de los pueblos y todo esto lo hicieron posible los trenes”, recuerda con nostalgia.

     

    El efecto de esta obra en el sector Guayaquil fue tan grande que apareció la Plaza de Cisneros, pequeños negocios que ofrecían todo tipo de mercancías, y su alrededor se adornó de bares, cafés, y burdeles, siendo la estación un testigo silencioso de las protestas estudiantiles; los encuentros de amores fugaces; las reuniones de políticos y personajes públicos, como el ex presidente Carlos Lleras Restrepo que viajó en tren de lujo diseñado para él; y de las despedidas y bienvenidas que vivió una ciudad como Medellín durante más de 40 años.

     

     

     

    La estación nunca descansaba, sus locomotoras operaban 24/7 para hacer varios tipos de viajes. Uno era el tren mixto, que llevaba tanto carga y mercancía como pasajeros, otro era el ferro una máquina férrea costosa y exclusiva que llevaba a 30 pasajeros en las horas de la tarde, también estaban los trenes comerciales que eran para transportar solo carga o los dos de lujo que iban a Santa Marta y Bogotá, el de Cisneros, que los domingos llevaba pasajeros a tirar río y el tren del borracho que, según cuenta Rúa, viajaba de Medellín hasta la estación Botero y entregaba a las cantinas hombres que después de cuatro horas regresaban en el mismo tren con muchos tragos encima.

     

    Luis Eduardo Ortega, un comerciante de 63 años que montó desde muy joven en el ferrocarril, recuerda que “el tren mixto viajaba de Medellín a Barranca y contaba con dos vagones para llevar la carga y equipaje pesado, cuatro para gente de tercera clase, otro vagón que era un restaurante delicioso, vendían de todo, y ya para atrás había tres vagones especiales de lujo que era donde viajaba la gente de plata”. A esta estación iba gente de todos los estratos, de todas partes de Colombia, comerciantes, trabajadores y turistas que ayudaron a construir la cultura paisa trabajadora y negociante como se conoce hoy en día.

     

    Las industrias que dejó el paso del tren por las montañas

    La Estación permitió que a Medellín llegara todo tipo de mercancía e insumos. “Uno se bajaba, salía de la estación y se encontraba buses de todos los barrios a una cuadra y había un parqueadero para cada bus. Yo buscaba eran los negocios pequeños en la plaza para vender y comprar y luego revender en Cisneros mi pueblo”, recuerda Ortega, por esto Memo dice que “se desarrolla la zona comercial más poderosa que tuvo o tiene la ciudad precisamente por el ferrocarril y donde no hubiera llegado este medio de transporte, eso hubiera sido quién sabe qué barrio”.

     

    Estas vías fueron las que abrieron un camino a las industrias como la del café; la del textil con la gran cantidad de algodón y máquinas de tejer que se traían de otras partes, para que entrara materia prima y salieran telas; otra fue la industria de las gaseosas con el azúcar que venía en los vagones y la panela del nordeste del departamento para crear una empresa como Postobón; y también, los trenes que cargaban piedras sílices para la industria que hoy es llamada Peldar.

     

    La secuela que dejó esta máquina férrea, que a su paso llevaba progreso, fue inundar la ciudad de familias en las que hay muchos abuelos o bisabuelos de otros pueblos y que alimentaron la cultura paisa, ya que de esos pequeños pueblos viajaron trabajadores a las grandes fábricas que se empezaban a crear. Y así, lleno de frutos dejó el ferrocarril a su paso al departamento, desde su creación hasta los años 60 se gozó de la fortuna de un tren que deambulaba de día y de noche por estas tierras.

     

    El fin de los años de gloria

    “Hoy por hoy no queda nada de nuestra hermosa empresa, solo recuerdos”, menciona Rúa. Tras un gran problema financiero, el ferrocarril cede su manejo a la nación en 1961, una situación que poco a poco dejó desaparecer las vías férreas entre los paisajes de las montañas. “El ferrocarril se acabó por malas políticas de administración. La politiquería fue la que daño esto, el ferrocarril tuvo mucho enemigo y los mismos gobiernos de turno nunca se preocuparon por recuperar estas vías”, reafirma Rúa, pues la empresa como tal debía pagar la nómina de trabajadores, sostener la infraestructura, la vía férrea y el mantenimiento de los equipos, mientras que a su lado pasaban por la carretera coches y camiones que pagan peajes y estos se invertían en la ruta.

     

    Memo Ánjel cuenta que después de ser vendido el Ferrocarril de Antioquia a la nación, en la década de los 80 se empezó a caer el tren por corrupción, ya que se aprueban unas ordenanzas de ley de caminos que fueron como veneno para las locomotoras que poco a poco se iban agotando. Por eso, al aparecer los caminos a su lado se asoma el camión y este es el que va a consumir la superproducción de caucho que quedó después del fin de la segunda guerra mundial, siendo las llantas la única solución para invertir todo ese material y desestimular el tren dándole todas las garantías a los camiones.

    Las entradas tapiadas son huellas de todas las épocas de las que este edificio ha sido testigo.

    Las entradas tapiadas son huellas de todas las épocas de las que este edificio ha sido testigo.

    Foto: María Alejandra Querubín.

     

    Patrimonio del progreso antioqueño

    Con su venta se crearon dos empresas el 7 de agosto de 1962, el IDEA, Instituto para el Desarrollo de Antioquia, para tener un banco financiero para el desarrollo del departamento; y las EDA, Empresas Departamentales de Antioquia, que se encuentran en la Estación Medellín y trabajan junto a la gobernación de Luis Pérez, la Fundación de Ferrocarril de Antioquia y la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos para restaurar el ferrocarril que tantas alegrías le dio al departamento y se vuelva a unir el trayecto que recorrieron miles de paisas.

     

    La Estación Medellín es la terminal que, así pase el tiempo, nunca dejará que el Ferrocarril de Antioquia quede en el olvido. Gracias a que esta continúa de pie en la cotidianidad de la ciudad hace que quien visite sus alrededores y vea a la edificación con escala de grises, dos puntas cuadradas, una arquitectura única y sus letras bordeadas alrededor escribiendo un pasado que la cargan de simbolismo, recuerde una época en la que el departamento brillo más fuerte que nunca y que tuvo la oportunidad de volverlo a hacer desde la restauración que hizo la Fundación Ferrocarril de Antioquia de esta edificación, en el año 1985, como su primer proyecto de recuperación integral y material de este tipo de bienes.

     

    “El ferrocarril fue el 100% de la cultura paisa, todas las industrias tenían que ver con el tren y todo lo que tiene Antioquia se lo debe al ferrocarril por el sentido de pertenencia que les dio a todos los antioqueños”, comenta Rúa. Que se haga otra vez el tren es fundamental porque “un tren de 10 vagones son por vagón 70 toneladas, y esto es un equivalente a 20 tractomulas de una vez, eso saca producción por montones y trae materias primas e insumos. Si se llega a poner en marcha el ferrocarril otra vez si tendríamos futuro porque el proceso de industrialización se llama el barco o el tren y el barco no puede entrar a las ciudades, el tren sí”, expresa Memo Ánjel.

     

    Así que solo es dimensionar la carga de valor patrimonial y cultural que trae una locomotora tan pequeña comparada al pasado tan grande que representa, por eso, mientras haya memoria en quienes pagaron lo tiquetes del ferrocarril y esperaron pacientes en la estación para montarse en sus vagones, la nostalgia será eterna porque vivieron una época de oro que rápidamente dejó de brillar.

     

     

  • El vestir en Medellín

     

    Superficial es aquel que no entiende la importancia de lo superficial

    Oscar Wilde

     

    La moda es un consumo colectivo, quizá el más grande del mundo. Nos vestimos para decir quiénes somos, quiénes queremos ser, cómo nos sentimos. Nos vestimos no solo para estar cómodos, sino para que al mundo le quede claro qué queremos día a día.

     

    Según la diseñadora Juanita Saldarriaga, estamos en una sociedad donde nos visten minutos después de nacer. El hecho de vestirnos es estar listos para enfrentarnos al mundo. Por la ciudad van una cantidad de rostros, desconocidos, itinerantes, personas de quienes no sabemos su historia, lugar de destino, ni intenciones. Pero pueden atraparnos solo con la mirada, o ponernos a mil con los gestos; un extraño nos puede intimidar, encantar, alejar porque sus cuerpos nos cuentan una historia sin haberlos escuchado.

     

    Las identidades surgen de la interacción con el otro, de las experiencias colectivas, del contacto directo con otros cuerpos, también del contexto, los valores de la época y la herencia histórica y cultural.

     

    Los jóvenes colombianos están fuertemente influenciados y sectorizados por géneros musicales u otras actividades con las que tienen afinidad. Como afirma Laura Hernández estudiante de Diseño de Modas, “al estar en un país donde los sonidos tropicales y urbanos se han mezclado, la mayoría de ellos se ven inspirados por exponentes de la música que les gusta”.

     

    Asimismo, están los jóvenes que se desligan de cierta forma de los parámetros que la cultura popular propone. Cada día son más. Pues parece que no se rigen por lo que abunda en el país. Observan a otros personajes, géneros y movimientos internacionales para crear sus códigos. Sin embargo, dice Laura que en los últimos años ha venido una tendencia de “mirar hacia los orígenes”, así que este grupo tiene una especie de división, donde encontramos individuos con un estilo ecléctico: combinan aquello que aceptan de lo internacional con lo folclórico.

     

    Con el narcisismo contemporáneo, por un lado, se busca la aprobación general, e integrarse en un grupo, a la vez que busca diferenciarse de su individuación. La moda guarda dos deseos que se encuentran: las ganas de ser socialmente aceptado y las ganas de diferenciarse los demás.

     

    Nuestra ciudad es muestra de ello. Según el profesor de Diseño de Vestuario Carlos Cano, Medellín es una ciudad seguidora, es decir, que fácilmente sigue las modas, está en constante cambio. También se afirma que se encuentran cuatro expresiones del vestir: primero está el joven que conoce y tiene formación en el mundo de la moda, que no necesariamente tiene que ser diseñador, un joven amante de la moda, que conoce y se actualiza, que a como dé lugar consume diseño de autor, que sabe consumir moda. Un segundo joven que consume fast fashion pero con criterio, es el que recorre tiendas como Bershka, Mango, Forever 21, y no diseño de autor porque no tiene el dinero. Estos dos grupos son influenciados por los blogs, revistas y la televisión, que han homogeneizado los patrones del vestir, un estilo de vida a seguir. El tercero es el que es masivo de marca, que compra en Americanino, Tennis, Chevignon. Y el cuarto, es el masivo que no tiene dinero para comprar ropa de marca.

     

    El Hueco empezó a hacerse el sector comercial más rico de Medellín, no sólo por su multiculturalidad, sino porque es donde más dinero se mueve. Los “Informes de tendencias” muestran unos signos estéticos, Cano cuenta que lo que hace la gente del Hueco es copiar el signo sin entender el concepto de tendencia del que sale. Aunque hay ejemplos que contradicen esto: el descaderado y el levanta colas salieron de allí, es un 90%, copia 10% diseño. Esta estrategia les funciona por dos razones: porque copian el signo y porque éste realmente está de moda. Concluye Cano que la mayoría de la gente no tiene criterio de diseño para consumir moda, lo único que entiende es que es barato y está a la mano y por eso lo consumen.

     

    En Colombia no sabemos consumir diseño, no somos formados en el concepto de la moda. Los referentes de los jóvenes son los de la cultura popular.

     

    En Medellín hay gente que diseña como Mon&Velarde, Taller de vestuario y Animalista, lo que pasa es que a esto lo llamamos diseño de autor, pero la diferencia es que ahí si se diseña y no hay copia.

     

    En conclusión, de cuatro perfiles de jóvenes que tienen relación con la moda, los dos primeros son los que se preocupan por los “Informes de tendencia”, y consumen colombiano y europeo. A los otros dos el criterio se los da la marca o el almacén que estén consumiendo, y quienes compran en el Hueco consumen colombiano y chino.

     

    El diseño de modas no diseña ropa, diseña cuerpos. Maneras en las que el cuerpo se manifiesta. Detrás de la moda hay una pregunta por el cuerpo, expresa Carlos. Los colombianos somos alegres, intensos, coloridos, con curvas, rasgos de negros, indígenas y mestizos. Somos amor y gozadera

     

    Todos estamos llamados a expresar individualidad, aspectos que queremos mostrar al mundo. La moda es un medio de comunicación en el que siempre estamos reflejando gustos, actitudes y humores.

     

    Lo maravilloso del vestuario es que tiene un elemento emancipador, nos recuerda que la identidad es un asunto de ponerse y quitarse. Es superficial. Porque es la licencia que tenemos para no ser trascendentales, para estar ligeros existencialmente.

     

    La moda sí le aporta a la sociedad. No todo en la vida tiene que estar justificado, pensamos que la identidad es un asunto rígido y que se debe moldear, pero hay una gran importancia de la banalidad en la vida, de lo contrario seríamos seres muy densos.

  • En Medellín hay espacio para el “corrinche”

    Desde Chocó Chiquito, un barrio en proceso de desaparecer, algunas postales de la vida de los afrodescendientes de Medellín, más del 10% de la población total de la ciudad.

     

    Foto: Manuela Zapata Roldán

     

    Por las calles de Moravia es fácil encontrarse escenas que bien pueden pertenecer a la vida diaria en un rincón de Quibdó o de Tumaco, mujeres que trenzan sus cabellos a la usanza afro, niños que juegan con la lluvia apenas llegan del colegio, música del pacífico que ambienta sin timidez a toda la cuadra desde una sola casa, todos en el barrio se conocen, se saludan, son como una gran familia que se preocupan por lo que le hace falta al otro.

     

    Es Chocó Chiquito y está desapareciendo. No obstante, el punto de encuentro es El Hueco, allí se aprecia mejor el cambio del paisaje un viernes cualquiera, cuando todos se preparan para el fin de semana, tiempo de fiesta y comida, muestra de las enseñanzas de cuna que dictan celebrar, a pesar de las adversidades. El sector fue declarado como zona de alto riesgo de desastre y muchas de las familias que lo habitaban debieron ser trasladas para apartamentos en otros sectores de la ciudad.

     

    Doña Hermencia Ramírez ha vivido por más de 36 años en Chocó Chiquito, un barrio nacido a partir del desalojo del puesto militar que estaba ubicado en lo alto del morro de Moravia. Los chocoanos que llegaban a Medellín sabían que allí podían encontrar dónde hacer su rancho y vivir porque tenían conocidos, gente de su tierra. Doña Hermencia dijo que se trasladó para la ciudad de Medellín “por cambiar de vida. Cuando era niña vivía en Medellín, pero me devolví para Baudó en el Chocó, allá me casé, tuve mis hijos y después me devolví para acá porque hay más oportunidades”.

     

    Pero no solo los recién llegados habitaban a Chocó Chiquito. Cada fin de semana, al barrio no le cabía una persona más. Toda la colonia llegaba a la amplia zona de discotecas y restaurantes que servían de espacio para los usos y costumbres de esta parte de la comunidad afrocolombiana.

     

    Los desalojos a las familias que habitaban Chocó Chiquito comenzaron en 2004 cuando el Ministerio de Medio Ambiente catalogó todo el sector de Moravia como zona de alto riesgo por su pasado como botadero de desechos. A partir de ese hecho, la Alcaldía de Medellín emprendió el proyecto de intervención integral en Moravia y las zonas cercanas, que incluía el reasentamiento de muchos de sus habitantes. A medida que las personas iban abandonando el barrio, con ellos se fue desvaneciendo la cultura. Actualmente solo quedan alrededor de doce familias que se han ido desintegrando y separando, para ellos abandonar su hogar ha afectado su tradición.

     

    Según el informe Afrocolombianos, población con huellas de africanía, del Ministerio de Cultura, el 10,59 % de la población en Antioquia es negra. El mayor motivo del desplazamiento de esta comunidad hacia Medellín es en busca de mejores oportunidades o por problemas de violencia en sus pueblos nativos.

     

    Postales negras

    En la ciudad hay otros puntos de encuentro para los afrodescendientes. El más reconocido, el Parque de San Antonio, lugar de varios eventos como el “San Pachito”. También está la cancha de Enciso, en la que cada ocho días hay chirimías y las mujeres cocinan platos típicos del Pacífico como banano con queso o tortas de arroz.

     

    Para Yulianny Córdoba Castro, cantante de la Chirimía Citará, los afrocolombianos han creado una nueva costumbre en la ciudad para no sentirse tan alejados de sus raíces. Esta consiste en que varias personas se reúnen en una casa cada fin de semana a bailar, cantar y tocar instrumentos pertenecientes a una chirimía, en un espacio en el que se sienten como si estuvieran en su pueblo.

     

    También hay proyección de cine, películas seleccionadas para que los afrodescendientes nacidos en Medellín conozcan su cultura, las costumbres y la gastronomía. En Moravia se han presentado una serie de películas como El vuelco del cangrejo, dirigida por Óscar Ruiz Navia.

     

    Incluso la discusión sobre la diversidad sexual es asumida con un espíritu festivo. Como una forma de promover la tolerancia, cada año se hace también en Moravia el llamado “partido de las locas”, un juego de fútbol protagonizado por hombres vestidos como mujeres, mientras los asistentes disfrutan de grupos musicales y bazares.

     

    Festiafro, Festival Afrourbano y La Noche Afro, hacen parte de la oferta de otros eventos que Medellín organiza para la comunidad negra. El Festival Afrourbano, por ejemplo, se realiza desde el 2009 con el fin de crear un espacio hecho y dirigido solo para la comunidad afro. Allí las personas pueden demostrar los talentos que preservan su cultura.

     

    Marino Rentería, director de la Corporación Malcolm X y organizador del Festival Afrourbano, resaltó la importancia de que se hagan eventos como este en la ciudad: “como la cultura afro está acrecentada en Medellín, a través de todos estos eventos nos encontramos y hacemos esa relación y ese inicio de recordar a nuestros ancestros a través del baile, del canto, entonces esos espacios se dan para eso, para que nos encontremos tradicionalmente”. Este evento se realiza con la ayuda de la comunidad y con el Centro Cultural de Moravia.

     

    Asistentes a la Noche Afro 2016. Foto: Manuela Zapata.

    Asistentes a la Noche Afro 2016. Foto: Manuela Zapata.

     

    El tamaño de la comunidad afro en la ciudad y su dinamismo hacen que siempre resulten pocos los espacios y recursos para la promoción de su cultura. Pero la Feria de las Flores tiene la Noche Afro, un espacio que reconoce los aportes de esta población a las tradiciones de la ciudad. En la versión de 2016, los sonidos del Pacífico y ritmos africanos sedujeron a los extranjeros y a los “paisas”, como todavía son llamados los blancos con quienes los afro de Medellín son coterráneos.

     

    Gabriel Palacios viajó desde el Chocó a Medellín solo para disfrutar aquella noche y sobre él expresó: “creo que es un espacio donde hay precisamente la mixtura, la cultura, hay integración, hay fusión, me parece que espacios y eventos como estos deben de conservarse”.

    Lindy Vera reside en Medellín desde hace ocho años y también asistió a La Noche Afro. “Me siento identificada con este tipo de eventos, me encanta que lo celebren, nos encanta sentirnos parte de Medellín”, afirmó.

     

    Los espacios festivos y para el encuentro de la comunidad Afro, son también una lucha entre ellos mismos, según reconocen algunos líderes. Dos personas que se dicen “nos vemos en San Pachito”, realmente se desafían a pelear. En varias ocasiones, en estas festividades se han presentado percances con personas que llevan machetes para pelear y resolver problemas pendientes, en lo que corresponde al lado menos amable de la tradición.

     

    Feliciano Córdoba Mosquera, vendedor de chuzos y líder comunitario de El Oasis en Moravia, opinó que quienes protagonizan estas peleas no tienen idea del daño que le hacen a sus paisanos. En alguna ocasión estuvieron a punto de cancelarse por problemas de convivencia de este tipo, según contó Yulianny Córdoba Castro, cantante de la chirimía Citará. Afirmó que el reto de los líderes comunitarios está en “buscar los medios efectivos para que los afros nos acojamos y le pongamos sentido de pertenencia a estas actividades”. Puede pensarse que todo hace parte de la adaptación, lo cierto es que ya la huella afro en Medellín es indeleble y tiene historia, a pesar de que Chocó Chiquito se reduzca al punto de desaparecer.

     

    Lindy Vera y sus acompañantes en la Noche Afro 2016. Foto: Manuela Zapata.

    Lindy Vera y sus acompañanates en la Noche Afro 2016. Foto: Manuela Zapata.

     

     

     

  • UNA TRADICIÓN CON MUCHAS VIDAS DE HISTORIA

    La tradición silletera se preserva gracias a la unión en que conviven y trabajan familias campesinas del corregimiento de Santa Elena, al oriente de Medellín, que con curiosidad e ingenio inagotables llevan con orgullo la responsabilidad de ser el centro de la principal expresión cultural en las fiestas tradicionales de la capital de Antioquia. Manuela Gómez Walteros recoge en estas imágenes el testimonio gráfico de una familia que lleva consigo una historia que ha durado muchas vidas.

     

    Video

     

     

  • Son pilos con necesidades

    Después de dos años, a pesar de haber previsto ciertas medidas para el bienestar de los “pilos”, las universidades aún se apuntan a nuevas modificaciones.

     

    El programa “Ser Pilo Paga” (SPP), nació en el 2014 como una política pública que beneficia a jóvenes por su desempeño académico, es una opción que ofrece el Estado colombiano para que jóvenes del país estudien una carrera en universidades acreditadas. Según cifras del Ministerio de Educación Nacional (MEN), el SPP registró en su segunda versión, 1446 beneficiarios en el Departamento de Antioquia, es decir, el 12% del total de los 12.505 pilos del país. Es la entidad territorial con mayor número de beneficiarios después del Distrito capital.

     

    Estos jóvenes que comienzan su formación profesional provienen de diferentes regiones y cuentan con situaciones socioeconómicas particulares que deben ser atendidas por las instituciones de educación superior que los acogen.

     

    A pesar de ser buenos estudiantes, que demuestran un desarrollo especial en aspectos como la memoria1, cuentan con algunas necesidades, no solo académicas sino también sociales, que los obligan a enfrentar nuevos desafíos y a superarse para aprovechar la oportunidad que ofrece el Gobierno Nacional. Estas particularidades llevan a las universidades acreditadas a ofrecer programas de bienestar que ayuden a solventar las carencias que tiene la población del programa y que potencie las fortalezas con las que se destacaron durante la educación media.

     

    Según el MEN las tres universidades que más recibieron beneficiarios del programa Ser Pilo Paga 2 en Medellín fueron: la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) con 687, la Universidad Eafit con 513 y la Universidad de Medellín (UdeM) con 492. En el ranking nacional de estudiantes pilos, estas tres instituciones ocupan el cuatro, el octavo y el onceavo puesto respectivamente.

     

    Cada universidad desarrolló sus propios programas para recibir a los beneficiarios por quienes obtienen un dinero por parte del gobierno nacional. Foto: Comunicaciones y Relaciones Públicas UPB.

     

    En la UPB se hace acompañamiento socioeconómico, académico y familiar mediante talleres de fortalecimiento de hábitos de estudio, tolerancia a la frustración, manejo de estrés y ansiedad, terapias individuales, subsidios, no cobro de derechos de admisión para el programa profesional, becas para cursos de segunda lengua, cursos para el desarrollo de competencias, asesorías en el proceso ante el Icetex, cursos nivelatorios y acompañamiento desde programas del Departamento de Permanencia.

     

    Los talleres de fortalecimiento son programas de bienestar que no son exclusivos para los estudiantes de SPP, toda la comunidad académica puede acceder a ellos de acuerdo a sus necesidades. Ahora bien, se estima que el 60% y 70% de los que asisten son beneficiarios del SPP porque en varios casos los estudiantes no continúan con los resultados que obtenían en su colegio.

     

    En cuanto a la Universidad de Medellín, desde el Departamento de Permanencia con Calidad se les ofrece a los “pilos” asesorías y monitorias académicas; además, del programa llamado Piloto que ayuda a los estudiantes que necesitan explicaciones personalizadas, asegura Carlos Augusto Yepes, Psicólogo de la Universidad. Este apoyo psicopedagógico incluye: mejoramiento del desempeño académico, razonamiento lógico, manejo de ansiedad y habilidades sociales.

     

    Dado que no fue posible conseguir la información de la Universidad EAFIT, aunque se solicitó una entrevista al Departamento de Beneficios y compensación, se consultó su portal web sobre las ayudas para los estudiantes del SPP, allí los “pilos” pueden cursar el idioma inglés y acceder a libros para que adelanten sus estudios en un segundo idioma.

     

    En cuanto a la preparación de las universidades para recibir a los “pilos” Alberto Uribe, ex rector de la Universidad de Antioquia, afirma que “al comienzo había mucha angustia, especialmente de las universidades privadas, respecto a las medidas que se tendrían que tomar para recibir a la población de Ser Pilo Paga, cosa que no sucede en la universidad pública. La preocupación central radicaba en las medidas y programas de bienestar que se debían implementar para esta población”.

     

    Por otra parte, Moisés Wasserman, ex rector de la Universidad Nacional, sostiene que “el hecho de que estén acreditadas y que se de en ellas el fenómeno de las ‘sillas vacías’ ya son condiciones suficientes para responder. Tal vez, tienen que adoptar sistemas de acompañamiento más cuidadosos para asegurar permanencia y éxito”.

     

    Las necesidades de los “pilos”

     

    Según Margarita Gómez, asesora de Icetex en la Universidad de Medellín, hasta el momento cuatro jóvenes desertaron o no acudieron a los beneficios del programa por motivos personales, y once cambiaron de carrera. Sin embargo, de las demás no se pudo obtener cifras, a pesar de que fueron solicitadas.

     

    UPB ha identificado que los pilos toman la elección de su carrera de manera apresurada por los plazos de la beca y, al no tener tiempo para asimilar lo que está pasando, eligen de manera pronta su profesión, lo que los lleva a una “reorientación vocacional”, según comenta personal de Bienestar Universitario. Asimismo, uno de los problemas es la adaptación a la vida universitaria que implica: la lejanía con la familia, la exigencia académica — se tienen identificadas las materias con las que tienen más dificultades, entre ellas, las relacionadas con ciencias básica —, el aumento de los niveles de frustración, porque “son estudiantes que vienen acostumbrados a buen desempeño académico y al llegar a la Universidad, baja”, asegura integrante de Bienestar Universitario.

     

    La profesora Lina María Velásquez, jefe del Centro de Resolución de conflictos de la Universidad de Medellín, enuncia que frente a la orientación vocacional “los pilos tienen muy claro lo que quieren”, sin embargo, como ella misma lo atestigua estos estudiantes tienen necesidades económicas para lograr su objetivo académico, pero no tienen falencias en su rendimiento académico.

     

    Por su parte, la Vicerrectora Académica de la UdeM, Luz Doris Bolívar, explica que las necesidades particulares son en temas de acompañamiento en su proceso académico para mejorar sus técnicas de estudio y adaptación sociocultural debido a que muchos provienen de otras regiones.

     

    El impacto para las universidades

     

    En la UPB, personal de Bienestar Universitario sostiene que es necesario aumentar la capacidad de respuesta debido a la demanda de los servicios con miras a “responder las necesidades de estos jóvenes” que en muchas ocasiones provienen de otras regiones con realidades que exigen una adaptación especial a la vida universitaria.

     

    Para Carlos Augusto Yepes de la UdeM, “la institución no se puede poner a mover toda la maquinaria de la Universidad únicamente a favor de los pilos. Los tiene que incorporar dentro del normal funcionamiento de la misma”.

     

    El impacto social para la institución, de acuerdo a la Vicerrectora Académica, es que les mejora la calidad académica del estudiante que ingresa, mereciendo un acompañamiento integral; además, “un examen que demuestra un nivel académico, no necesariamente nos dice que se tiene todo resuelto para ser un profesional”, afirma la Vicerrectora.

     

    “Estamos procurando dar todo el bienestar, porque a veces rebasa el nivel para dar una asistencia personalizada. Estamos con este tipo de Plan Integral de Acompañamiento tratando que los muchachos se beneficien por los programas que se tienen desde Bienestar Universitario, por Permanencia con Calidad, por los auspicios económicos… estos auspicios no están porque nuestras becas sociales están concebidas para estudiantes, para ingresos y todo el asunto; pero, si ya llegaron becados, miraremos en ese sondeo de necesidades otro tipo de acompañamiento”, enuncia la Vicerrectora Académica.

     

    Juan Luis Mejía, Rector de la Universidad EAFIT, afirma que el impacto social para la institución es que “enriquecen la universidad enormemente”, pues, el hecho de convivir con otras culturas trae más diversidad a la Universidad. En cuanto al impacto económico, él mismo asegura que “por un lado se obtienen recursos por los pilos, y por otro también se les invierte”. Se ha tenido que aumentar los presupuestos en 100 millones de pesos especialmente para la alimentación, transporte, material educativo e inglés.

     

    La magnitud del programa y las condiciones específicas de esta población tomó por sorpresa a los beneficiarios y a las instituciones, algunas no tuvieron tiempo suficiente para prepararse para recibir a la primera cohorte de este programa del Gobierno; no obstante, gracias a las opciones de Bienestar Universitario o Permanencia, los estudiantes del programa encontraron actividades que les sirvieron para su adaptación social y académica.

     

    Las universidades en Colombia no son ajenas a las problemáticas sociales que afronta el país, por ello, a pesar del rendimiento académico con el que son recibidos los pilos, están expuestos a nuevas situaciones complejas que pueden comprometer su rendimiento académico y, por ello, acarrear todas las consecuencias que de allí se derivan.

     

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