La lucha jurídica que reta el desarrollo cultural del barrio El Prado.
La Corporación Centro Plazarte se encuentra ubicado en la Carrera 50 59-32; ante la notificación de aplazamiento, Plazarte ha mantenido en pie sus programaciones culturales. Foto: Manuela Rendón Uribe.
Una noche antes del desalojo, y ansiosos por recibir justicia, los defensores de Plazarte decoraron sus paredes con afiches y carteles; la venta de la casa que ocupan los ha acorralado contra la posibilidad de ser desalojados.
La Corporación Centro Plazarte se defiende con lo mejor que tiene: arte y cultura; ante la noticia de que su desalojo se llevaría a cabo, los colectivos dentro de la casa han afrontado la situación con obras de teatro, conciertos y otras actividades como medio de protesta. Sin embargo, nada detuvo la decisión de la Fundación Obra de Jesús Pobre -los demandantes- de convertir la casa en un albergue para personas en situación de calle. Según Daniel Alejandro Miranda, miembro del Colectivo TallerSitio, “cuando la Corporación se creó legalmente, los socios aportaron a su constitución: TallerSitio aportó la labor hecha durante esos cuatro años y los dueños de la casa, aportaron la casa; lo que pasó después es que uno de los socios vendió la casa sin consentimiento del resto de socios de la Corporación, lo que lo hace una venta ilegal. El que la compró (la casa) demandó a la dueña y nunca tuvo en cuenta a Plazarte como persona jurídica”.
Al considerarse a la Corporación Centro Plazarte como habitantes indeterminados y no como poseedores de buena fe, no solo se están vulnerando sus derechos de la persona jurídica, también se atropellan sus derechos colectivos y a continuar en la casa, ubicada en el barrio patrimonial El Prado. Ante la situación, el grupo de artistas ha emitido varios comunicados, uno de los cuales explica: “Actualmente estamos en espera de la respuesta de la Tutela en la que pedimos, como poseedores de buena fe, el derecho a oponernos, que no se nos violen nuestros derechos fundamentales al debido proceso y a la propiedad, puesto que hasta la fecha se nos ha negado el acceso a la justicia y la igualdad de las partes, al no habernos admitido como litisconsorte o como opositores en procesos donde la entidad no ha estado nunca demandada”.
Y aunque ellos se declaren como poseedores de buena fe, para abogados expertos en el tema como Felipe Vélez, es difícil saber si la Corporación es poseedora de buena fe sin algunos documentos y facturas que lo corroboren, “para esto se sigue un método científico que puede arrojar un resultado según algunos documentos que pide la ley para nombrarlos como poseedores de buena fe”.
La obra de la Fundación Obra de Jesús Pobre
A solo unas casas de diferencia, se encuentra la sede de la Fundación Obra de Jesús Pobre, según Hugo Sánchez, defensor de Plazarte, “es una entidad que se dedica a la atención de indigentes de una manera, para nosotros, y creo que para el Gobierno Municipal de Medellín, indebida, porque a ellos no los escuchan sino que los mantienen; les dan una comida, creo que también pueden entrar a bañarse, pero no les dan una pauta de vida como la que hoy, la alcaldía de Federico Gutiérrez está ejecutando”.
Miranda asegura que la llegada de los habitantes en situación de calle cada tarde en busca de su alimento no solo no permite que la zona se desarrolle en seguridad y medio ambiente, también incomoda a los vecinos que se ven directamente afectados por su presencia. Es el caso de César Augusto Valderrama Gómez, residente de la cuadra que afirma que: “la Fundación Jesús Pobre tiene una casa justo en la carrera 50 con 70, en la esquina, y cualquier persona puede ver el descuido que tiene esa casa. Sus actividades sociales son para darle alimento a habitantes de la calle, esto genera que todos los días al mediodía esta calle está llena de habitantes de la calle. Especialmente, la casa donde habito, tengo que limpiarla una vez a la semana de heces y vómito de personas que se hacen ahí esperando el alimento. Ellos no se encargan de realizar la limpieza de todo esta gente que se moviliza a esta casa en particular, y quieren volver Plazarte una extensión de este lugar”.
Como compradora del inmueble, la Fundación Obra de Jesús Pobre considera que los múltiples aplazamientos por parte de Plazarte no permiten que la decisión del juez se lleve a cabo, lo que los pone, en su opinión, en desacato de la orden judicial. La abogada de la parte demandante, Mónica López Arango, comenta que “el objeto social de la Fundación se ha visto perjudicado. No hemos querido demandar por el principio de la buena fe y por darles tiempo”, afirma que la institución se ha mostrado abierta a concederle opciones a la Corporación frente a la movilización de los bienes muebles dentro de la casa, pues han propuesto dejar en secuestre las obras de arte y bienes hasta darse a conocer el fallo del Tribunal Superior.
Un posible final
Son numerosos los episodios de esta historia, en uno de los más recientes, a finales del mes de noviembre de 2017, artistas, amigos y vecinos fueron convocados para que entre las paredes dibujadas, las antiguas puertas y los afiches que decoraban con protesta los muros, expresaran sus inconformidades en la sala donde se planeaba llevar a cabo la diligencia de desalojo. Entonces, la Policía llegó bajo órdenes de la inspectora, mientras un grupo de personas prepara sus instrumentos para un concierto – protesta.
Bernardo Ángel Saldarriaga, actor del grupo de teatro “La barca de los locos” presenta una obra de teatro en medio de la diligencia en Plazarte como medio de protesta. Foto: Manuela Rendón Uribe.
Mientras en una sala se discutía el futuro de la diligencia para Plazarte, Miranda observaba desde lo alto de las escaleras, “lo que nosotros hemos estado alegando todo este tiempo es que nos han vulnerado el derecho al reconocimiento de nuestra persona jurídica, que es un derecho fundamental. En este momento, un juez está diciendo que por una orden tenemos que desalojar la casa porque Obra de Jesús Pobre la compró, pero otro juez dice que nosotros somos poseedores de buena fe. Entre los jueces se están contradiciendo y se tendrá que pasar a una instancia superior”, comenta.
Defensores de la Corporación como Hugo Sánchez afirmaban ante las cámaras de medios presentes que “no pueden vender la casa, una entidad sin ánimo de lucro no puede vender sus bienes y no puede sacar utilidades, no hay accionistas ni dueños, solo se componen por miembros…”, para él, ese hecho demostraría vez más la ilegalidad en la venta del inmueble y la inconformidad del colectivo.
Aquella diligencia se aplazó hasta que se conocieran los resultados del fallo. Según María Clara Fonnegra, Representante Legal de la Corporación, “la diligencia se aplazó gracias a la oposición de la ciudadanía, en defensa del interés colectivo y de los espacios de la ciudad. La Policía se retiró y esto ayudó a que la inspectora se retirara aplazando la diligencia”.
Y aunque existen más entidades culturales en la zona, muchos reconocen la labor que durante nueve años ha hecho Plazarte en pro de Medellín y que miembros de la comunidad como César Valderrama reconocen, para él, “Plazarte es una actividad cultural abierta a todos los ciudadanos, y se va a volver un lugar para un grupo especial de personas, privando a la ciudadanía de estos espacios culturales… si tuviera que poner en balance el aporte social de las dos instituciones, Plazarte está más en armonía con la idea del barrio El Prado como un barrio patrimonial, porque aporta actividades culturales; otro tipo de actividades como las que propone Jesús Pobre, acabarían con el barrio”.
Una nueva diligencia de desalojo programada para el 11 de diciembre también se aplazó. De nuevo, los artistas de Plazarte convocaron colegas y vecinos a oponerse al desalojo con una programación artística que continuará mientras el conflicto judicial se resuelve y se define lo que puede considerarse un precedente para el rumbo del tradicional barrio El Prado.
Hace más de quince años que Carlos Ossa abrió una oficina en el edificio Coltejer. El poeta llega hasta allí todos los días para pensar y escribir.
Entonces, se armó de valor y le preguntó, dejando todo prejuicio a un lado, lo que se había cuestionado desde que se sentó a su lado. No entendía cómo alguien podía vivir de la literatura sin ser un escritor famoso.
—¿Y vos de qué es lo que vivís? —Preguntó el joven periodista sin pudor alguno.
El poeta lo miró y calló por unos segundos, el ruido de los carros que pasaban por la avenida La Playa desapareció. Todo fue silencio, silencio que fue interrumpido por la risa del poeta, que se echó a reír y miró al periodista, que tenía cara de ingenuo, y sostenía firmemente una pequeña libreta azul, que perfectamente podía cargar en su bolsillo, y un lapicero Bic, a la espera de la respuesta para escribir rápidamente, con una letra que solo él entendería.
—¿Que de qué vivo?, pues de milagro —respondió, y los dos comenzaron a reír sin importar nada
de lo que pasaba a su alrededor.
Primera escena
Al periodista le contaron sobre un hombre que era poeta, que tenía una oficina en el edificio Coltejer y abría todos los días de diez de la mañana a cinco de la tarde. Llegó a él, luego de que le mostraran una carta que había escrito sobre el cierre de la librería Nueva, en julio de 2015, que titulaba: “Cerrar librerías, ¡qué vergüenza social!” y estaba firmada por un tal Carlos Ossa. Se la había dado un viejo librero de La Bastilla, don Augusto, quien le dijo que ese hombre se la pasaba
todos los días ahí, pensando, escribiendo, conversando, viendo pasar la ciudad, que esa era su oficina y ahí lo podía encontrar. “El hombre tiene una prosa muy interesante, vale la pena conocerlo y, por supuesto, vale la pena leerlo”, aseguró don Augusto.
Le pareció una historia llamativa, un poco loca, pero que valía la pena conocer al poeta. Además, ¿cómo dudar de la palabra de don Augusto?, si este se la pasaba leyendo todos los días y había recorrido las líneas de las obras más importantes de la literatura universal.
Segunda escena
Pasaron los días y fue a conocer a Carlos Ossa. Era casi mediodía y hacía calor, las calles estaban llenas de transeúntes, que no tenían tiempo de mirar lo que pasaba a su alrededor, todos tenían afán.
Llegó al edificio y comenzó a mirar las caras, pero ninguno tenía cara de poeta. “¿Cómo es una cara de poeta? ¿Acaso todos eran como Gonzalo Arango o León de Greiff?”, se preguntó, pero no tenía ni idea, siguió mirando las escalas del Coltejer, las que dan con Junín, al frente de la difunta Nueva, pero no había ningún hombre con cara de poeta.
Decidió ir a las que dan con la avenida La Playa y tampoco vio alguna cara de poeta. En ese momento dijo, que si Carlos Ossa existía, seguramente debería de estar escribiendo o leyendo, eso quería decir que no estaba.
Caminó hasta La Bastilla, pasando por la calle del Tuvo (le dicen así, porque todo el que está ahí alguna vez tuvo mujer, tuvo casa y tuvo plata), para ir a hablar con don Augusto, solo él le podía dar razón del poeta. Nada pasó, el librero no estaba, quedó en las mismas.
Dio una vuelta por Junín, para matar el tiempo, pero no encontró nada para hacer. Volvió a las escalas, las que dan con La Playa y vio a un hombre que no estaba la primera vez. Estaba sentado de carrizo y miraba atentamente todo lo que pasaba a su alrededor, se notaba que no se le escapaba ningún detalle. “Ese debe ser”, exclamó.
Tenía que estar seguro, no quería hablar con la persona equivocada. Se acercó a un vendedor de lotería y habló con él.
—Buenas señor, le pregunto, estoy buscando a un tal Carlos Ossa, él es poeta y me dicen que se hace aquí todo el día.
—Ese es que está allá sentado —dijo el lotero, mientras señalaba al mismo hombre que el periodista había observado.
Se dirigió lentamente hacia el poeta y mientras subía las escalas, preparó la presentación.
—Buenos días, ¿Carlos?
—Mucho gusto, Carlos Ossa.
—Mucho gusto, soy periodista y don Augusto, de La Bastilla, me habló de usted, me dijo que usted
era poeta.
—Eso dice la gente, dicen que yo soy el poeta de las escalinatas —respondió el poeta mientras se reía.
—Es para ver si me da una entrevista, me contaron sobre usted y quiero escribir su historia.
El poeta volvió a reírse, miró a su alrededor, miró los carros que pasaban, los vendedores ambulantes y exclamó: “Pues bienvenido, sentate”. De inmediato el periodista tomó asiento, se puso cómodo en la oficina y sacó de su bolsillo una libreta y un lapicero.
Una postal que para muchos desaparece en la rutina del Centro: Carlos Ossa en su escenario de trabajo.
Foto: Mateo García Agudelo.
Tercera escena
Era 1960 y seguramente, en Puerto Berrío hacía calor. Carlos Ossa, que nació en Remedios hace 73 años, llevaba algunos años viviendo en este lugar y la relación con la literatura se hacía cada vez más estrecha. Carlos vio la necesidad de escribir inspirado por las lecturas que venía haciendo. El reposo del guerrero, de Christiane Rochefort, fue una de estas. “Cuando uno se integra con la lectura, aparece el deseo de escribir lo propio”, comentó Ossa.
Y así fue, el deseo se convirtió en realidad y comenzó a escribir, sin dejar a un lado la lectura. Por
esa época fue que se conformó el Grupo Puerto, unos amigos medio bohemios y medio intelectuales, que deseaban ser escritores.
Cuarta escena
Puerto Berrío, Antioquia, enero de 1964. Al caluroso Puerto llegó el fundador del Nadaísmo, Gonzalo Arango. Estaba de paso, pero se quedó cuando le contaron que existía un grupo de muchachos afiebrados por la literatura.
Para entonces, el Grupo Puerto, lo único que había hecho era un manifiesto en rechazo a los que comentaban que eran los loquitos del Puerto. Eso llamó la atención de Gonzalo.
Carlos recuerda que era un hombre muy generoso en todo sentido, además, “no hacía alarde
de nada, parecía como uno más de nosotros, nos hacía sentir bien”. Hablaron de poesía y literatura, ellos estuvieron muy emocionados, pues, “nosotros los leíamos mucho a ellos —a los nadaístas—, comprábamos todos los suplementos, para saber qué estaban haciendo”. Gonzalo Arango los leyó y les dijo que iban por buen camino, los animó a escribir.
El poeta nadaísta “fue un azar maravilloso, de esos regalos que da la vida, porque con eso no contaba nadie, ni él ni nosotros. Nos estimuló mucho, que siguiéramos escribiendo, que veía talento en todo el grupo”.
Finalizaba la década del 70 y Carlos Ossa, a sus 35 años, llegó a Medellín. Las posibilidades económicas en el Puerto estaban ahogadas y en la capital paisa podía encontrar algo mejor, además de mejores posibilidades en cuanto sus aspiraciones literarias. Si había vivido por
la literatura, ahora quería vivir de la literatura.
Quinta escena
Encontró trabajo como revistero, pero no aguantó tanta presión. Para lo único que ha servido toda
la vida es para escribir, por eso declamó alguna vez: “Soy un fracaso en los aspectos prácticos de la vida”. Fue heladero, revistero, bibliotecario y otros oficios relacionados con el arte de escribir. Él es un trashumante de los oficios.
Ha publicado más de 23 títulos, siete de poesía, siete de narrativa y otros que no tienen un género definido. Su primera publicación fue Poemas del Grupo Puerto, en 1980, desde ahí no dejó de hacerlo, todos los hace por su cuenta, los vende él mismo y unos amigos libreros le ayudan.
Sexta escena
La llegada a la ciudad le permitió hacerse un espacio como escritor. Comenzó a colaborar con algunos medios, como el suplemento de El Colombiano y la Revista Universidad de Antioquia, pero la cosa no terminó muy bien.
Séptima escena
Conoció una Medellín bohemia, la ciudad de la noche que lo fue arrastrando lentamente, trago tras trago. Tal vez ahí terminaron todas sus posibilidades, porque desapareció del mapa literario de la ciudad. Llegó a raspar hielo, para pagar un cuarto en el que vivía.
Octava escena
Dejó la bohemia, esa vida quedó atrás y volvió al arte de escribir. Tal vez era demasiado tarde. Casualmente por esos mismos años, terminando el siglo, llegó por azar al edificio Coltejer. Y ahí estaba él, más de 15 años después, hablando con un periodista sobre literatura y poesía.
—Entonces, ¿vos cómo definís la poesía? —Preguntó el periodista.
— Siempre he dicho que definir ha sido de dioses y si hay algo difícil de definir es la magia.
Cualquier atrevimiento que uno intente con la definición se quedará corto, y no solamente corto, sino que no da la idea exacta de lo que es esa realidad poética —dijo el poeta de una manera muy romántica.
Novena escena
Una mañana cualquiera, el periodista lo fue a buscar. El poeta no estaba, pero sabía exactamente en qué lugar se encontraba. Fue al viejo Club Unión y lo encontró en la cafetería escribiendo. No lo quiso saludar, no podía interrumpir su trabajo, mejor se fue a andar por ahí, para luego ir a visitarlo a la oficina.
Y es que Carlos escribe en el Centro Comercial Unión, aproximadamente dos horas diarias. A las ocho en punto está ahí, es un lugar tranquilo, silencioso. “Porque todo sueño, el más desatinado, el más fantasioso, el más inverosímil, es siempre una realidad que espera su turno”, escribió alguna vez.
Décima escena
Más de un año había pasado desde su primer encuentro; los dos, por azar de la vida, se siguieron viendo cada vez que el periodista iba al centro, las escalas del Coltejer se volvieron una parada obligada para él.
Era una tarde de noviembre de 2016 y hacía calor. El periodista llegó a buscar al poeta, pero no lo
encontró. No sabía qué hacer, se sentó a esperarlo, la oficina todavía no cerraba sus puertas y había posibilidades de tener un encuentro con el poeta. Al frente de esta se gritaba a todo pulmón: “Siete maduros por dos mil, traídos desde Armenia”. Esos gritos se combinaban con la voz de Rodolfo Aicardi, que sonaba a lo lejos, anunciando que diciembre estaba a punto de llegar.
Pasó media hora, el sol se vio amenazado por una leve llovizna, que obligó a los transeúntes a sacar sus paraguas y justo cuando se iba a marchar, apareció el poeta.
—Mi querido periodista —exclamó alegremente.
—Carlos, ¿cómo va todo?
Hablaron unos momentos de la vida, de la ciudad, del periodismo, de literatura, de Roberto Bolaño.
El periodista debía romper el hielo, para poderle decir cuál era el verdadero motivo de su visita.
—¿Cómo te parece que voy a volver a escribir sobre vos?
—No jodás hombre, ¿otra vez?, ¿qué más vas a decir? —dijo el poeta con una voz burlesca.
—Algo me inventaré.
Epílogo (o continuación de la introducción)
Las risas terminaron, los dos se pusieron serios. Otra vez imperó el silencio, los carros dejaron de pasar. El poeta miró al periodista y exclamó, o declamó: “aunque parezca irreal, vivo de la literatura, gracias a algunas colaboraciones que me generan un salario… pero, un salario de poeta”.
Las risas volvieron y ahí comenzó la historia. El periodista se marchó y el poeta se quedó, porque
apenas era mediodía y la oficina no se cierra hasta las cinco de la tarde.
Tire los dados, arranca “Cacao”. Suena el tiple, trove trove compañero, el tema es: ¿a quién le daría un Premio Nobel de la Paz?
“Yo se lo daría a Hitler
aunque piensen que jamás,
porque gracias a ese tipo
muchos descansaron en paz”
Con esa trova, en una noche del Viernes del Trovador en Astrocol (Asociación de Trovadores Colombianos), Fabio Franco “Cacao”, descrestó al jurado y al público exigente que decidió por tema impuesto El Premio Nobel de Paz, después de cantar el “trove trove compañero”, con unos segundos para entrar al pie del tiple y realizar el primer verso, “Cacao” inició la ronda sin pensar mucho la trova, solo la dijo, simplemente la improvisó.
“Cacao” nació en Támesis Antioquia, es hijo del trovador “Catula”, quién fue su gran impulsador para comenzar a ser un poeta repentista e hizo su primera tanda de trovas con él, ya es trovador por más de 20 años, tiene dos hijas, es humorista del grupo Cark-jada al lado de su amigo y compañero “Carriel”, Rey Nacional de la Trova Ciudad de Medellín 2007 y Rey Nacional de Astrocol 2007, y profesor de grandes trovadores como “Lokillo”, que ahora trabaja como humorista en medios de alcance nacional.
Él es uno de los grandes impulsadores de la trova para los jóvenes, también un trovador que se transforma con el pasar de tiempo y sobretodo, las exigencias que debe tener el repentista actualmente para ser participante de los festivales que se hacen en todo el país. Tiene una carrera muy larga con la trova, vive de hacer humor por medio de las rimas improvisadas, participa activamente de los festivales y realiza programas de televisión para el Oriente antioqueño.
“El cacao representa a mi pueblo”, dice. Su apodo fue muy importante porque fortaleció su carrera artística: “yo me subo a una tarima a trovar y no siento que solamente soy yo, siento que estoy representando a un pueblo”, tanto así que cuando “Cacao” va a Támesis, la gente le agradece y le reitera que en cada trova que hace, deja el nombre del pueblo por lo alto.
“Yo soy de los que sostengo que todos los trovadores somos locos… es que, si usted no es loco, no sirve para trovar”, explica.
“Contéstame Salvo Ruíz,
que te voy a preguntar:
¿cómo pariendo la Virgen
doncella pudo quedar?”
“Óigame doctor Restrepo
Que le voy a contestar:
tire una piedra en el agua,
se abre y se vuele a cerrar…
Así pariendo la Virgen,
doncella pudo quedar”
Las leyendas de la trova nacieron en Concordia, suroeste antioqueño. Antonio José Restrepo “Ñito Restrepo” y Salvador Ruíz “Salvo Ruíz”, en el siglo 19 llevaron la trova a los pueblos de Antioquia, se convirtieron en los primeros trovadores de la trova paisa. “Ñito”, universitario, amante de la poesía y la rima, “Salvo”, un campesino y creador de la trova antioqueña como género musical popular.
La palabra trovar viene del verbo latino tropare, que significa inventar, hablar, encontrar, donde también viene del verbo topar y el sustantivo tope, que es “por salir al encuentro de alguien”, es decir, el trovador sale al encuentro de ideas para poder crear la mejor rima.
Los juglares y trovadores ya existían en la Edad Media, fueron unos de los primeros oficios que promovieron las manifestaciones culturales poéticas y dramatúrgicas, el trovador tenía un estatus de caballeresca, fueron los poetas de la época; a diferencia de los juglares que eran los recitadores populares, contratados por los trovadores para que interpretaran sus creaciones poéticas.
Ellos son algunos de los jóvenes trovadores de hoy. Foto: Sielo Posada.
León Felipe Duque, originario de Marinilla, periodista, investigador sobre las músicas tradicionales y actualmente con estudios en Antropología, hizo su trabajo de grado llamado: Del campo a la ciudad: historia de la trova antioqueña en Medellín.
Su investigación se relaciona con antecedentes como que a principios del Siglo XX, Medellín se estaba trasformando por el desarrollo industrial de la ciudad, por lo tanto, la mano de obra era vital y los campesinos comenzaron a migrar a la ciudad en busca de trabajo y mejoras para su vida. La trova en Medellín se comienza a fortalecer en 1975, cuando se hace el primer festival del género en el Parque Norte. Augusto Vásquez Díaz, admirador del repentismo, decidió organizar un lugar donde la trova tuviera un espacio para ser compartida y poder juntar a los trovadores campesinos con los citadinos, dejando como el primer rey del certamen a un oriundo de Támesis apodado “Becerra”.
Hay diferentes estilos de trova, pero en Colombia, especialmente en Antioquia, se utiliza desde los inicios a la cuarteta, cuatro versos octosílabos, donde riman el segundo y el cuarto de manera consonante; aunque anteriormente la trova no era tan rigurosa como lo es hoy. Los festivales fueron puliendo la manera de trovar, en temas y técnica, la exigencia es mayor.
“Así mismo es una madre
con su rugir tan prolijo
cuando un violento se acerca
hasta el lecho de su hijo”
Eduar Velásquez “Mecato” entonó estas rimas en una de las nuevas modalidades abiertas en el Festival Nacional Ciudad de Medellín del año 2013, inspirado en una| imagen de un león comiéndose a su amo, con la presión de sacar la mejor voz, expresarse bien ante el público y esperar no embarrarla. Considera que esa fue el verso más recordado en su carrera como trovador.
“Mecato” tiene 26 años, vivió y creció en Itagüí, estudió Producción Multimedia, es un apasionado por la música, lanzó su primer disco de salsa hace 8 meses, llamado ¿Y para qué?, también escribe libretos, lleva trovando 8 años y sigue con la meta de ser rey nacional en la Feria de las Flores de Medellín.
Su apodo viene por el gusto a los dulces y la comida chatarra. Cuando iba a las prácticas con otros trovadores, siempre mantenía mecato, dulces, chocolates, papitas y chicles en los bolsillos, y así fue como quedó “Mecato”.
Eduar Velásquez al ser músico y cantante, cree que la voz y la afinación al cantar la trova, la hace más interesante ante el público. Anteriormente, a los trovadores, no les interesaba tener una voz artística o afinada para improvisar. “Todos nacemos con un talento especial, por eso somos tan diferentes”, responde “Mecato” cuando se le pregunta si cree que el trovador nace o se hace, él pone como ejemplo a un trovador de antaño apodado “Ladrillo”, de estilo único y natural: baila, hace chistes dentro de la trova, es uno de los que se ha mantenido intacto en el Festival, aunque añade diciendo que “ahora es difícil encontrar un trovador con esencia a trova”, es decir, uno que cuando se suba a la tarima sepa y se escuche a pueblo, a montañas, a poesía, a más Ñito y Salvo.
“Mecato” caracteriza su trova como una controversia, donde siempre va a la pelea que le proponga el otro, le gusta defender sus ideas por medio de la trova, claro está que según el contexto responde a su compañero, a esto se le suma la voz tan melodiosa que tiene al interpretar una trova.
“El día que yo me muera
dirá el epitafio mío,
aquí yace Cardamomo
y aquí ya-ce mucho frío”
El tema impuesto para esa noche era sobre los epitafios. Orlando Velásquez, un hombre serio, respetable, calmado e inteligente, se ha dedicado toda la vida a investigar sobre la trova y a buscar oportunidades con los nuevos talentos que han aparecido desde que inició con Los Marinillos, grupo humorístico de los años 90, hasta ahora con el apogeo del humor de “Lokillo”.
Actualmente es el presidente de la junta directiva de Astrocol, gran admirador de la trova, recuerda cómo el trovador “Cardamomo”, con picaresca y humor, hace unos versos divertidos sobre el epitafio, algo tan serio y triste para algunos.
Él cuenta que los trovadores actuales “dejan de un lado la profundidad de la trova y se dedican a construir versos supuestamente bonitos”, hay unos que les interesa es complacer y animar al público. Insiste en que la trova tiene ese encanto de la espontaneidad y la comunicación con el público que hace que se converse entre público y trovadores, de eso se trata el ejercicio de trovar. “Ahora el trovador no es crítico, es gobiernista, se apoya según el gobierno que esté mostrando, no analiza, no busca, simplemente repite lo que escucha en la radio y televisión”, critica Velásquez.
La poesía lírica se ha perdido, esa espontaneidad, esa fluidez con la que el campesino habla, el trovador no es franco, es directo y repetitivo, no está diciendo nada nuevo y diferente de lo que se ha dicho, reitera el líder de Astrocol. Tal vez este sea uno de los problemas que afronta el trovador contemporáneo: innovar, decir algo que no se haya dicho, queda como reto principal.
Astrocol es la Asociación de Trovadores Colombianos, lleva 38 años trabajando con los trovadores de la ciudad y del campo. Como evento principal, organizan el Festival Nacional de Astrocol y el Rey de Reyes que es donde los repentistas que han sido reyes de los festivales nacionales, troven y se confronten con otros que también lo hayan sido.
La Asociación ha logrado que el Gobierno Nacional declarara la trova y el verso improvisado como Patrimonio Artístico y Cultural de la nación por medio de la ley 1174 de 2007, que dice en su primer artículo “Declárese el repentismo en sus diferentes formas y estilos literarios, como patrimonio artístico, social y cultural de la Nación.”
El Festival Nacional de la Trova Feria de las Flores es el más importante por la proyección que ofrece a sus participantes. Foto: Sielo Posada.
La Asociación creó la Escuela Nacional de la Trova y el Verso Improvisado, organiza el Festival Nacional Infantil, creó la Escuela Iberoamericana del Verso y la Asociación de Internacional de Formadores en el Verso improvisado. Para Astrocol, los trovadores de antaño son muy importantes, por eso, para el Festival Nacional Astrocol, se separó en categorías a los trovadores para que los que son mayores de 50 años, pasaran a la final, las eliminatorias de realizan en diferentes municipios de Antioquia.
La organización busca que el trovador joven se forme, pero no solo para ser trovador, sino también para ser poeta como los de la vieja escuela. “El vicio que debería coger un trovador es el de la lectura”, y en efecto, muchos de los trovadores de la nueva generación se apasionan por leer y conocer más sobre la historia del país y del mundo, según cuenta Orlando.
“Gabo en su pentagrama
era tan imaginario,
que en vez de notas
ponía letras del abecedario.”
“Es muy difícil escoger una trova porque es son como los hijos de uno, uno a todos los quiere”, dice James Estiven Alzate “Cartucho”, carmelitano de 20 años, estudiante de Comunicación Social – Periodismo, trovador hace 5 años y ex integrante de la Familia Flores, hacía el papel del hijo menor de la familia llamado como su apodo “Cartucho”, en la celebración de La Feria de las Flores de Medellín. Sus primeros acercamientos a la trova fueron como “Cartucho”, que de vez en cuando trovaba como parte de la puesta en escena de su personaje.
Su llegada a la trova fue influenciada por su hermano mayor, quien tomaba en Marinilla unos cursos de trova, así que James decidió aprender allí algunos aspectos que le dieran más bases en la trova, le fue tomando gusto y siguió practicando hasta conseguir ser uno de los trovadores más jóvenes que ha llegado a una final del 12 Festival Nacional de la Trova de la Feria de la Flores.
“Si no es el mejor tiene que ser muy bueno o uno de los mejores.”, dice “Cartucho” al explicar lo importante que es entrenar, leer y conocer el contexto de la ciudad y el país, porque así, es que se hacen los buenos trovadores.
“Cartucho” no se dedica de lleno a la trova, por el contrario, para él la trova es un hobbie que le ha dado la oportunidad de estar en la Universidad, de conocer expresidentes, exministros, de hacer amigos que nunca imaginó.
“Me parece que la trova llega a un momento que limita mucho, porque son 4 versos, o la trova debletiada 8 versos, pero de ahí para allá no hay nada, en el Festival de la Trova de la Feria de las Flores para adelante no hay nada, no hay un viaje, un reconocimiento, un cargo honorario, un lugar donde se dedique a la investigación de la trova porque esa es una de las grandes dificultades del Folklor, los impedimentos que tiene.”, dice James al responder: ¿cómo ve la trova más allá del Festival?
James cree que la trova da pie a otras cosas, como la creación de libretos y humor, ser escritor, ser un buen empresario, como los casos de Carlos Ignacio Gallego, el presidente del grupo Nutresa, Luis Fernando Macías, escritor, Eugenio Prieto que es el director de Área Metropolitana, Álvaro Vásquez, político, Germán Carvajal, director del Teatrico, Pucheros y Juan Pablo, libretistas, LoKillo, humorista, y el trovador – periodista que próximamente será “Cartucho”.
Toca tiple y guitarra, ha estado ensayando el piano y lo ha combinado con la trova, dice que suena bastante bien. El sueño de James es cantar la trova con una sinfónica o con una estudiantina “ya lo hizo Jorge Velosa, ¿por qué nosotros no?”
El recurso literario que más utiliza en la trova son las metáforas, o ponerles puntuación a los versos, comas, puntos, dos puntos. Es difícil creerlo y realizarlo, pero James es de uno de los que cree que la trova tiene puntuación.
En la generación de “Cartucho” hay un respeto de la trova, una mística por la trova, “los trovadores hemos vuelto a ser más importantes por el festival de la feria, hemos ganado ese espacio de reconocimiento, tenemos ideas y discurso para defender y es más una apreciación cultural.”
“La nostalgia del abuelo
que se saboreaba un tinto,
y hoy llega el año noventa
y ve que todo es distinto”
Cesar Augusto Betancourt “Pucheros”. Tema impuesto: la nostalgia.
El Festival Nacional de la Feria de las Flores de Medellín comenzó en el año 2005, con el objetivo de cambiarle la cara a la trova, donde la familia fuera el principal público, que el niño y el adulto mayor puedan estar, que no esté ligado con el licor, algo más cercano a la cultura de la ciudad.
Desde este punto la trova se convierte en un atractivo para las personas de la ciudad en el marco de la Feria de las Flores, por eso el trovador va siendo un personaje cultural con más renombre en la ciudad.
“La trova, le trova al contexto”, dice León Felipe Duque y explica que es inevitable que los contenidos de la trova cambien, ahora se interpretan las rimas desde un escenario que está delante de mil personas, dice Duque que ya no es en una cantina, o en el pueblo; es en una ciudad y eso hay que aceptarlo como investigador, ya no hay vacas, no hay cafetales. Explica que hubo cambios en el contenido y los temas, ahora es del campo a la ciudad.
La preocupación por musicalizar la trova fue creciendo. Antes era tiple y canto, ahora hay bajo, batería y clarinete para cantar los versos de los trovadores, lo que le dio más fuerza a la trova. La expresión corporal de los trovadores está tomando más importancia, el trovador debe ser un artista completo, debe tener una buena corporalidad.
Ahora los jurados que califican el festival tienen experiencia en aspectos como el teatro, el canto, la literatura; anteriormente hacían el juzgamiento los mismos trovadores, pero también se encontraban políticos en campaña, gobernantes ansiosos de popularidad y reinas de belleza elegidas en los pueblos. La trova ya es más intelectual, requiere de una formación diferente a la anterior que apuntaba a la espontaneidad como base del talento.
“Al Che Guevara le hicieron
lo que a Jesús en Belén,
que vino para hacer bien
pero mal lo recibieron”
León Felipe Duque recuerda mucho una trova que escuchó en Cuba, con el tema del Che Guevara, los comandantes, y la política que se estaba viviendo en este lugar. La frase “hasta siempre comandante” era el pie forzado de la trova, se memorizó los primeros cuatro versos de una décima, él dice que es una trova redonda, que no le falta una palabra. “Creo que eso es lo que debe hacer un trovador, al final de todos los esfuerzos que se hacen para que los trovadores se perfeccionen y busquen llegar a una trova mejor elaborada, es a eso, a que uno pueda llegar y tomar lo que dice el trovador, escribirlo, cerrar ese libro y mandarlo a imprimir”, explica.
William Giraldo “El Mosco” un marinillo, ingeniero de sistemas, trovador desde muy pequeño, ahora director del Festival Nacional de la Trova Ciudad de Medellín, cuenta que su pueblo era muy tradicional en cuanto a la trova. Justamente viendo a los Marinillos fue que le comenzó a gustar el repentismo. El día que se descubrió como trovador fue en tercero de primaria aprendiéndose el “Rin Rin Renacuajo”, pero no se lo aprendió del todo, terminó improvisando desde la mitad, tuvo la fortuna de que nadie se enteró de lo que él estaba haciendo.
Si hay problemas en la trova es que es muy efímera, las trovas pasan, pero queda muy poco registro de ellas. Ahora es más citadina, antes se exaltaba más el campo, al orgullo paisa, hoy es más universal, integra al diferente y no se aprovecha de esto, pero al final la trova conserva raíces, lo que ha cambiado son los personajes, ese es el principal cambio que William ha visto, “al principio era muy difícil ver niños de 16 – 17 años en el festival, y si participaban no eran muy exitosos, ahora hay un montón de niños que vienen entrenando desde los 8 o 9 años y que vienen en escuelas”.
15 años estuvo dedicado a la trova William, participó en el Festival Ciudad de Medellín en el 2007, no ha dejado de trovar, ahora no compite por cuestiones de tiempo porque llevar las riendas de un Festival de la Feria de las Flores no es nada fácil.
Ser director del Festival Nacional de la Trova ha sido uno de los trabajos que menos está acorde con su carrera, pero por pasión y tradición sí lo está, todo comenzó siendo asistente en el 2007 de uno de los directores en ese tiempo, Leonardo Jiménez, con el tiempo Leonardo y Germán Carvajal se fueron dedicando a otros proyectos, quedando William al frente del Festival, ahora es quien vela porque el certamen se haga en las mejores condiciones, intercomunica a los trovadores con las entidades patrocinadoras, escribe las presentaciones de los trovadores y el libreto, él visualiza hacia dónde se quiere llevar a la trova en la ciudad.
El festival tiene varias etapas. Primero, las audiciones donde participan los trovadores nuevos o los que se han retirado un tiempo de la trova; la segunda parte es la clasificatoria, donde están los trovadores que participaron en el festival del año anterior y los que pasaron las audiciones, la tercera parte son las semifinales que se realizan el primer fin de semana de la Feria de las Flores, allí participan los que tuvieron el mejor desempeño de las clasificatorias, y la cuarta es la final del Festival Nacional de la Trova de la Feria de las Flores, donde sale el rey nacional.
“Aquí nadie quiere a Ingrid
esa vieja es un horror,
se la mandamos a Francia
de Colombia con amor.”
En el Parque de los Deseos, durante el Festival Nacional de la Trova Feria de las Flores de 2010, se conoció la demanda de Ingrid Betancur al Estado Colombiano por su cautiverio. La tanda se hizo con pie forzado: el jurado pone el último verso de la cuarteta y de ahí el trovador debe hacer una trova que tenga que ver con el tema y la rima, en este caso el pie forzado fue “de Colombia con amor”.
La trova más elemental y sencilla para Mateo Jiménez “Dinamita”, se convirtió en la mayor ovación que ha recibido en un Festival Nacional de la Trova. Tiene 24 años, es estudiante de Ciencias Políticas, profesor de trova en la Corporación Trovemos y Rey Nacional de la Feria de las Flores en el 2013. Sus inicios llegaron gracias al gusto de su padre por el repentismo, además en el colegio Calasanz, donde estudió, tuvo su primer acercamiento a un trovador y como uno primerizo.
Reitera Jiménez que la esencia de la trova no se ha perdido, ha cambiado, ahora es más urbana que rural, no pierde esas características de la esencia, pero ha evolucionado, ahora la trova está llegando a otro tipo de espacios, a otro tipo de gente, “todavía falta más de conquista de espacio, la trova debe hacerse al trono que merece como reina de las artes en Antioquia”.
La metáfora es el recurso que más se le da a “Dinamita” para crear la trova. El ser rey de la trova ha sido muy satisfactorio tanto para él, como para las personas que lo rodean. Ha tenido numerosas victorias dentro de ese festival, el compromiso es mayor porque ser el rey requiere dejar en alto las habilidades en los festivales más importantes del país: “Ser rey es como un plus que uno siente en el interior”, dice Mateo con seguridad que ha demostrado con triunfos sucesivos.
“Dinamita” se refiere a la Corporación que dirige: “Trovemos es un grupo de amigos con un sueño en común en el que convergen las ideas para llegar al camino de devolverle la trova lo que nos ha dado y entregarle un poco de lo que nosotros creemos que debe ser la trova”.
En un año y medio que lleva Trovemos ya tiene una escuela de niños y de adultos, hay un buen posicionamiento en las redes sociales, “hemos realizado muchos eventos que enaltezca la cultura, la trova y que le aporte desde todos los puntos de vista”. Ahora tienen un CD que se llama Que troven los niños, que muestra las diferentes modalidades de trova en Colombia, está realizado por 15 niños y los 3 líderes de Trovemos.
“Yo soy un puente extendido
entre dos generaciones,
al que el tiempo y el olvido
carcomieron sus tablones”
Fernando “El godo” Echeverry, habla de la vejez en una trova poética.
Las temáticas y el contexto de la trova van a seguir cambiando, el mundo está en constante movimiento, y aunque la trova sea netamente campesina, se va trasformando según la aptitud que tengan los trovadores de las generaciones venideras. Las características técnicas son muy rigurosas, los trovadores esperan que los jurados exijan más a ellos, aunque hay otros que proponen mayor libertad en la expresión de las trovas, sin tantas reglas, para que los trovadores de antaño regresen a los escenarios.
Cada vez hay más trovadores, por ende, hay muchas escuelas de trova regadas por todo el departamento y festivales como el de Medellín, que pervive como un referente que además dignifica a los trovadores por la amplia proyección de su talento.
“Debemos apuntar valorar más y hacer más por la trova. Todos los trovadores tienen el nombre de la trova, hay que seguirlo cuidando. ¿Qué más podría ser un arte si no es la suma de aquellos expositores?”, dice Dinamita.
El 28 de febrero del año 2017 se cumplieron 75 años sin ese hombre que entregó su vida a la tarea de capturar la historia, ese de ascendencia liberal y de descendencia artística; ese de mirada acuciosa y aguda: Melitón Rodríguez. Fotografías que complementan el reportaje publicado en la edición 58 de Contexto que puede leerse AQUÍ.
El grafiti, aunque ha evolucionado, adoptado nuevas técnicas y creado nuevos estilos, sigue guardando la esencia que tuvo desde sus inicios, como un método de expresión utilizado para marcar un territorio, para identificarse entre los demás y para ir en contra de lo ya impuesto. Graffiti se le llamó al movimiento iniciado en los años 60 en Filadelfia con Cornbread y su amigo “The Gasek” los cuales pintaban muros con letras largas con bases sobre el inferior. Estos comenzaron a marcar con su sobrenombre la ciudad e incluso el jet de The Jackson 5.
En Nueva York, en la década de 1970, aumentó la presencia de grafiteros en la ciudad, los cuales la mayoría de veces pintaban su apodo junto con el nombre de su calle ─como los residentes del oeste de Manhattan─ y otros que escribían lemas que implicaban los problemas sociales de ese entonces con la Policía y el rechazo de esta institución del Estado a las minorías puertorriqueñas y negras de los barrios bajos como el Bronx. Con tantas contrariedades, el grafiti llegó a dar sentido a la vida de algunos jóvenes y les dio una voz en la sociedad, que constantemente los callaba.
Aunque el inicio del grafiti contemporáneo se dio en la mancomunidad de Pensilvania, los neoyorquinos se contagiaron de esta “plaga” y superaron a quienes la iniciaron en su ciudad vecina, en mayor parte porque estos tenían el Metro de Nueva York.
Así, las pintadas en los metros del mundo, aumentaron cada vez más desde los inicios de esta rama de la cultura Hip Hop que llegó a trenes de Argentina, Chile, México, Canadá y Francia, entre otros alrededor de todo el mundo.
El tag de Exk, quien considera que los cánones legales o estéticos, desdidbujan la esencia de esta expresión de la cultura Hip-Hop. Foto: Cortesía.
¿Arte o vandalismo?
En Colombia solo hay una norma local que reglamenta la práctica del grafiti, el decreto 75 de 2013 el cual “promueve la práctica artística y responsable del grafiti en la ciudad”. Implementado por el Alcalde Mayor de Bogotá D.C. en ese periodo, Gustavo Petro.
En el capítulo II de este se exponen cuáles son los lugares no autorizados para hacer grafiti, entre ellos las señalizaciones del Sistema de Transporte Público, los paraderos del Transmilenio, diferentes módulos como los de servicio sanitario, servicio al ciudadano, de ventas, entre otros. Además también se prohíbe hacer estas piezas en elementos que conforman la Estructura Ecológica Principal de Bogotá y los bienes inmuebles en los que las entidades públicas con sede en la ciudad prestan sus servicios.
Así, en el capítulo IV se mencionan las medidas correctivas para las personas que realicen una pieza de grafiti en un lugar no autorizado, unas de estas son:
Asistencia a programas pedagógicos de convivencia ciudadana y compromiso de cumplir las reglas de convivencia ciudadana.
Trabajo en obra de interés público, de carácter ecológico, de pedagogía ciudadana o de asistencia humanitaria.
Restitución del espacio público, de manera inmediata o en un plazo no mayor de 72 horas.
Multa, de hasta medio salario mínimo mensual legal vigente, cuando la restitución del inmueble no sea posible o no se lleve a cabo dentro del plazo de 72 horas anteriormente mencionado. Aun así, la imposición de multa no libera al autor de la obligación de restituir posteriormente el espacio público.
El capítulo III de este decreto se dedica a explicar las estrategias pedagógicas y de fomento para que el grafiti pueda ser realizado en algunos lugares con apoyo de la Alcaldía y de entidades del sector de Cultura, Recreación y Deporte.
En las otras ciudades del territorio nacional, aunque no hayan decretos que reglamenten este tipo de prácticas que son consideradas por unos como artísticas ─en su mayoría ilegales─, estas se sancionan con el artículo 265 del código penal colombiano, tipificado como “Daño en bien ajeno” el cual declara:
El que destruya, inutilice, haga desaparecer o de cualquier otro modo dañe bien ajeno, mueble o inmueble incurrirá en prisión de 1 a 5 años y multa de 5 a veinticinco salarios mínimos legales mensuales vigentes, siempre que la conducta no constituya delito sancionado con pena mayor.
La pena será de 1 a 2 años de prisión y multa hasta de diez salarios mínimos legales mensuales vigentes, cuando el monto del daño no exceda de diez salarios mínimos legales mensuales vigentes.
Si se resarciere el daño ocasionado al ofendido o perjudicado antes de proferirse sentencia de primera o única instancia, habrá lugar al proferimiento de resolución inhibitoria, preclusión de la investigación o cesación de procedimiento.
La frontera que marcan la ley y los cánones
Cualquiera con sentido común que lea las anteriores normas y sanciones pensará que sería arriesgado, incluso estúpido faltar a estas, pero así no opera la cabeza de un grafitero. Exk, artista de este movimiento residente en el municipio de Itagüí, comenta:
“El grafiti es por naturaleza ilegal, es una forma de protesta, si llega a ser legal cambia completamente, cambia su sentido y hasta en la práctica porque ya no se sale a buscar propiamente dónde pintar, se pierde la necesidad de estar pendiente de la Policía, los ladrones, del vigilante; comienzan a haber muchas personas haciéndolo. Y aunque este sea ilegal y haya consecuencias, porque uno también piensa en ellas, eso es lo que debe producir el grafiti, adrenalina. Hacer lo que cualquiera no hace y crear tantas opiniones diferentes acerca de una pieza, de un tag, y por parte de gente que no saben quién es uno”.
Spaik, otro grafitero de la ciudad complementa lo que dice su “colega”, afirmando que cuando se habla de una legalización del grafiti se hace referencia a un apoyo de cierto grafiti, el que es aceptado por todo el público como los que pintan pájaros, flores y rostros de indígenas con colores llamativos, lo que para el ojo común es considerado arte, pero no así las piezas que no son entendidas como los nombres de las crews o de los propios artistas.
Un ejemplo de lo que mencionan ambos es el conocido Graffitour de la 13. Este programa en el que se dan visitas guiadas por diferentes piezas de grafiti ubicadas en la comuna 13 de Medellín, que plasman imágenes de fauna, flora y rostros humanos de diferentes etnias y razas, corresponden al grafiti que es aceptado y comprendido por quien lo trate de analizar, sin necesidad de profundizar, que, por ser estéticamente agradable a la vista, es apoyado por la Alcaldía y por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo del país. Y por otro lado, está el “grafiti underground ” como los mismos artistas lo suelen llamar, el que por no entrar en los cánones de belleza no es aceptado.
Adentrándose en esta cultura es común encontrarse con respuestas parecidas a las de Exk y Spaik, quienes además terminan diciendo que los grafiteros no van por ahí pidiendo aceptación ni comprensión, no reclaman legalidad ni premios para ser llamados “artistas”. El grafitero lo único que busca es un buen spot para hacer lo que sabe.
Esta constante búsqueda lo lleva a meterse en donde nadie lo ha llamado, lo que responde a una pregunta muy frecuente desde que empezaron a aparecer grafitis en bienes públicos bastante significativos y es que ¿por qué pintar lugares que representan un bien ajeno y patrimonio del Estado como el metro?
Álvaro, integrante de una de las crews de grafiteros más conocidas en Medellín y Colombia, Graffiti Suicida Crew dice que el metro representa un espacio público que puede ser visualizado por cualquier ciudadano que utilice este medio de transporte y que además en este movimiento es común incluir la pintada de trenes entre sus metas. Esta afirmación la ratifica Camilo Fidel López, gestor cultural y experto en grafitis quien dio su opinión a noticias Caracol tras el suceso en el que fueron pintados ilegalmente varios vagones del metro de Medellín el 6 de marzo de 2016.
“Para los graffiteros el metro es el trofeo más preciado porque lleva su obra por toda la ciudad, aunque las personas no quieran verlo, lo hacen. Además de eso, es una forma de atropellar al Estado y atacar al sistema. Así se sigue con la esencia de los inicios del grafiti”, explicó López.
Álvaro además cuenta por qué tienden a pintar en la noche, en lugares no permitidos y a hacerlo anónimamente:
“Cuando comienza la noche, la ciudad cambia completamente, mientras unos están durmiendo, otros están trabajando, unos en cosas que muchos no admirarían y otros en trabajos como la vigilancia. Por eso, hacer grafiti en la noche conlleva al factor sorpresa en la mañana. ¿Quién se imagina que van a pintar un metro si se supone que tiene personas y sistemas de vigilancia? Es eso, coger spots que nadie haya pensado en coger, llegar donde otros no llegan, aunque no nos vean, les dejamos el mensaje”, explica.
Y añade: “Aunque sea siempre arriesgado meterse con bienes del Estado que se valoran tanto, eso es lo que los pone en las metas de uno como grafitero, y no es un mal para la ciudadanía porque aunque el metro esté pintado, no está dañado, puede seguir funcionando—lo cual también señaló Camilo Fidel, en su entrevista con Noticias Caracol—. Lo que crea la polémica es el rechazo de las autoridades ante esto, y para uno eso sí que es victoria. Nosotros no utilizamos la violencia para expresar lo que pensamos y en lo que creemos pero aún así, unos nos llaman delincuentes, y eso ya sí no es un problema personal, porque el pensamiento de los otros nunca se podrá controlar”.
Álvaro señala que los que hacen grafiti escogen lugares que sean representativos y transitados de la ciudad para que la pieza, el tag, el throw up—letras con poco diseño, para obtener más cantidad que calidad— se vean y ese el sello propio que se tiene y que otros pueden ver sin imaginarse la cara del que lo hace. “Incluso al montarse al transporte público, uno va mirando dónde puede pintar luego, y si no tiene un spot ya en la mira, sale con los parceros a encontrar uno por ahí”, relató.
“Se hace anónimamente porque además de ser ilegal, el grafiti no se hace por reconocimiento, ni para que la gente lo admire a uno y a su trabajo, se hace porque se ama y porque se está dispuesto a mostrar que se tiene una voz y un mensaje por transmitir, que no todos los ciudadanos se sientan a esperar ser aceptados, unos salen a pintar por ahí lo que piensan”, según Álvaro.
¿Conducta aprobada?
Aunque Álvaro probablemente no conozca los rostros de Exk y Spaik, apoya lo que estos dicen respecto a una posible legalización de esta rama del Hip-Hop: “Si por ejemplo, el Alcalde dice que se puede pintar en alguna calle, es como decirle a los grafiteros que vayan a hacerlo allá, y que en ningún otro lado, es algo mandado a hacer, no es algo que alguien haga por su propia voluntad, inconscientemente está cumpliendo una orden”.
A los grafiteros los aborda el deseo de estar en todos lados. Por eso, aprobados o no, van rociando aerosoles, trazando tags con marcadores, pintando con brochas y dejando el mensaje de que ahí están, sin que usted los vea, sin que los espere y sin miedo a afrontar las consecuencias del grafiti considerado vandalismo. Lo hacen como lo hicieron los jóvenes en Nueva York en la década de los 70, como lo hacen los argentinos en el tren de la línea Sarmiento y como, quizás, lo harán sus hijos, sobrinos o nietos a donde quiera que vayan.
Para Spaik, pintar en un lugar asignado es como cumplir una orden, un encargo. Foto: cortesía.
Medellín (España) cuenta con más un millón de habitantes, de los cuales, el 34%, ha decidido tomar el camino del arte literario como su vocación, según registros de la Universidad de Extremadura. Cubrimiento especial de la Fiesta del Libro y la Cultura 2016.
De derecha a izquierda: Antonio María Flórez, Manuel Simón Viola y Eduardo Moga. Foto: Yorley Ruiz.
“Desde el reconocimiento histórico hasta el desarrollo de una potencia literaria en toda una región”, así definieron Eduardo Moga, director Editora Regional de Extremadura, Manuel Simón Viola, profesor español, y Antonio María Flórez, escritor, representantes de la delegación de Medellín de Extremadura, ciudad invitada a la Fiesta del Libro y la Cultura de este año, al papel que cumple hoy la producción de literatura en su región.
En esta décima entrega de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, se recuerda cómo une la historia a dos pueblos totalmente distintos: Medellín, Colombia y Medellín, España. Así parece recordarlo Antonio Flórez, integrante de la delegación ibérica, quien en el conversatorio ‘Mirando al Poniente; literatura extremeña actual’, afirmó que “a estas ciudades les une un legado gastronómico y cultural, además de la huella histórica de un conquistador”.
Breve historia
La Región de Extremadura, ubicada al suroeste de la península Ibérica, fue lugar de atraso socio- histórico hasta 1975 con la caída de la dictadura de Francisco Franco. A partir de este momento, empieza una nueva época de transformaciones estructurales que afectaron, principalmente, el desarrollo creativo de la literatura. “La consolidación de una comunidad autónoma, con antecedentes de pobreza y mal comunicada con los centros de producción cultural, facilitó la aparición de una ola de autores extremeños que reivindicaron el talento de una región conocida como ‘el Desierto Verde’, este nombre debido a sus extensas llanuras verdes casi inhabitadas”, afirmó Manuel Viola en su intervención.
Autores como Félix Grande (poeta), Álvaro Valverde (poeta), Antonio Méndez (escritor), Susana Martín Qijón, entre otros, son los exponentes de medio siglo de literatura extremeña, que se toma gran parte del continente europeo y que se pretende expandir con el proyecto ‘Mirando al Poniente’, que se presenta en esta versión de la Fiesta del Libro.
Mirando al Poniente, revista de literatura extremeña. Foto: Yoley Ruiz
Nuevas miradas
El director de la Editora Regional de Extremadura, Eduardo Moga, de origen catalán, y ponente de esa mirada ajena al mundo extremeño y cautivado por el mismo, afirmó que antes de llegar a esta región, tenía una visión “nula e inexistente” ante los procesos literarios que Extremadura emprendía. “Fui ignorante de la realidad extremeña… solo tenía esa concepción de región periférica pobre… al vincularme a esta zona, logré conocer ese tejido literario, que sorprende por esa vitalidad y rompimiento de esquemas, que sus autores presentan… superé mi ignorancia.”, dijo Moga.
Por otro lado, la literatura actual extremeña está buscando esa proliferación de talentos, que le apunten a una nueva forma de creación, una creación más atractiva frente a la forma de insertarle a la obra un poco de la vida del autor. “Un oficio con agilidad, posición, mundos singulares y únicos, son lo que se necesita para reescribir el concepto de literatura que ha distinguido a la Extremadura de este siglo”, concluye Antonio Flórez, tras mostrar la evolución de los géneros literarios negros, ensayos, narrativos, entre otros.
Conjuntamente a esa búsqueda de la que se habla, los expositores resaltan el apoyo estatal frente a la consolidación de la Editora de la región, el desarrollo de un pacto tácito frente a las secuelas de las guerras civiles españolas y esa exaltación del talento extremeño ante la salida al mercado editorial, puesto que estas situaciones han facilitado la explotación y aparición de grandes contenidos que enriquecen, aún más, la memoria escrita de la Extremadura literaria.
“Escribir bien para leer bien… y arriesgarse a probar lo nuevo” es finalmente, la reflexión que deja esta conversación de la literatura contemporánea de Extremadura, una literatura que invita descubrir nuevos mundos por medio de nuevas historias. Ante esto, la posición de la literatura colombiana y latinoamericana no se queda atrás. Eduardo Moga se refiere a la creación literaria de estas regiones como “una forma conflictiva de producir, pero un conflicto que desafía al mismo lenguaje y eso es lo que la hace interesante y llamativa. La literatura en estas tierras busca explorar nuevos ángulos a partir de sus conflictos, como ejemplo de eso tenemos a García Márquez”, dijo.
Ni los libros ni los lectores están desapareciendo, se están transformando, y la Internet es su gran escenario. Los retos son muchos y hay que responder a ellos. Estas fueron unas de las conclusiones que surgieron a partir del pasado seminario de Nuevas Lecturas, organizado por Fiesta del Libro, el 4 de agosto en la SIU de la Universidad de Antioquia, donde se reflexionó sobre el libro y sus lectores a partir de diferentes charlas y experiencias de editoriales digitales, académicos y promotores de lectura.
La lectura desde la no lectura
Germán Rey abrió el seminario proponiendo esta forma de comprender la lectura en Colombia, desde la no lectura, que implica, según él, mirar cómo desde la experiencia digital se ha transformado en múltiples soportes y múltiples ofertas, que rompen el ciclo tradicional de la producción y adquisición de los libros.
Rey destaca, además, que es importante comprender las dinámicas sociales, para poder responder a las necesidades emergentes de forma más acertada, con políticas públicas que vinculen la lectura con los contenidos digitales, por ello advierte que las cifras de los estudios de lectura en el país no son suficientes y hace un llamado a que se vinculen otras profesiones, como la antropología y la etnografía, para responder a las cuestiones sobre cómo leen, qué leen y cuándo leen los colombianos hoy, desde sus contextos.
Las herramientas y el acceso directo que proporcionan las plataformas digitales han hecho que las dinámicas tradicionales de lectura cambien. Foto por: Yorley Ruiz
¿Una nueva profesión?
Los avances tecnológicos y las nuevas formas de la comunicación traen consigo nuevas profesiones, como lo define Catalina Holguín, “soy editora digital, es una profesión dudosa, incierta y quienes la hacemos no sabemos aún cómo hacerla”. Experiencias editoriales como Manuvo , donde ella es directora, demuestran cómo muchas de sus creaciones son experimentos, como lo llama ella, en los cuales el libro adquiere otra forma y el producto no es un libro tradicional, ni un videojuego, a pesar de que algunos permitan jugar en él.
Catalina insistió en la importancia de la lectura para los editores “no solo del texto que estamos editando, sino del texto que es Internet. Si uno aprende a editar ese texto seguro no se aburre”. Advierte que el reto desde la academia es mirar la Internet “como un objeto de estudio serio, como un objeto estético, como un objeto literario, que puedes leer, analizar, criticar o lo que sea” y que los futuros profesionales deben saber trabajar en equipo porque, citando el caso de NY Times, donde los equipos son multidisciplinarios, “Si uno no sabe trabajar en equipo, no puede hacer nada en digital”.
Sin editoriales no hay lectura
Es una necesidad casi urgente que los editores y editoriales se transformen, para dar respuesta a nuevas formas de consumo, mediadas por lo digital, donde la suscripción y el desarrollo de plataformas antimonopolio pueden ser una respuesta contundente, según explicó Jaime Iván Hurtado, consultor experto en nuevas tecnologías, destacando la importancia de las editoriales y editores para la lectura y el desarrollo de los libros.
“Es muy afortunado la cantidad de caminos que hoy se pueden tomar y que garanticen que las operaciones funcionen”, dijo Hurtado frente a los recursos y conexiones que ofrecen las plataformas digitales donde siempre habrá la necesidad de “un corrector de estilo, un diseñador, alguien que se ponga a tono con las necesidades”.
Estudiantes de diseño gráfico de la UPB desarrollando un libro digital basado en los cuentos de Edgar Allan Poe, con audios e ilustraciones creados por ellos. Foto por: Yorley Ruiz
Las bibliotecas: más que un café internet
“Tenemos 19 bibliotecas y uno de los problemas más graves es que hay un uso instrumental o cooptado por las redes sociales” dijo José Ignacio, durante el conversatorio con Ruth Helena Vallejo de Bibliored y Claudia Giraldo de Comfenalco, refiriéndose a los retos que se están enfrentando hoy las bibliotecas, donde el 80% de los usuarios están en redes sociales o en YouTube y muy pocos consultando el material que ofrece las bibliotecas.
El derecho a la información y la promoción de la creación de contenidos propios en las bibliotecas, fue un llamado que hizo Ignacio, porque, según él, no deben atenerse solo a los intereses del mercado editorial. Por otro lado, Claudia recordó que la función que tienen es “fundamental y es el acceso a la información. La promoción a la lectura tiene que llevar a algo y es que seamos una sociedad más informada”, porque, según ella, uno de los problemas más graves es que “somos una sociedad que no sabemos para qué sirve la información”, por eso destaca que los procesos de aprendizajes y de alfabetización digital deben comenzar por las comunidades, los barrios y los contextos de los usuarios.
Las bibliotecas tienen el reto de atraer nuevos lectores que aprovechen el material que estas ofrecen a partir de nuevas estrategias de intercambio y apropiación de la información. Foto por: Yorley Ruiz
En tiempos de ciencia ficción
“Estamos tan acostumbrados a la maravilla que se nos olvida que estamos en tiempos de ciencia ficción”, dijo el profesor Pablo Francisco Arrieta, quien desde libros digitales interactivos, que contienen vídeos, audios, hipertextos, traducciones del idioma original con solo tocar las palabra en la pantalla, y otras opciones que ofrecen estos tipos de plataformas, hizo caer en cuenta a los asistentes que más allá del soporte, lo que importa es que la gente lea.
Los audiolibros, la personalización de la visualización de las publicaciones, la experiencia que ofrecen los periódicos hoy es completamente diferente, lo cual da cuenta de que la gente lee diferente y que los hábitos en torno a ella crean posibilidades sorprendentes, explicó Arrienta.
Son muchos los retos a los cuales se enfrentan no solo las editoriales, sino también las bibliotecas, los promotores de lectura, los docentes, padres de familia, los lectores tradicionales y los nuevos lectores, donde las políticas públicas y las encuestas están llamadas a responder y a retratar esta realidad cambiante y renaciente del libro.
Ana Carolina Montoya, promotora de lectura y asistente al seminario, celebra que en la ciudad se abran este tipo de espacios para la reflexión que le permitan a editoriales, bibliotecas, librerías y el lector del común, quitar el miedo y abrirse, a lo que ella llama, todo un universo por ser explorado.
Aún hay preguntas por resolver, fenómenos de lectura por ser estudiados y procesos de promoción y nuevos grupos de trabajo por ser creados, que muestran que el sector del libro tiene un camino largo y esperanzador por construir.
Del 9 al 18 de septiembre se llevará a cabo, en Medellín, la Fiesta del Libro y la Cultura que cumple 10 años. Un espacio para seguir reflexionando alrededor del libro y las lecturas. Foto por: Yorley Ruiz (Fiesta del Libro 2015).
Causa nostalgia ver una retroexcavadora sepultando casas antiguas, esas de paredes con bahareque, que dieron calor a numerosas familias antioqueñas, aquellas que hoy son reducidas a edificios con pequeños apartamentos que lucran a pocos y hacen de la memoria de muchos el olvido. Entonces caminas por los barrios más antiguos de Medellín, por las calles tradicionales de los pueblos antioqueños, especialmente los más cercanos a la ciudad, y encuentras, sino es el edificio con letreros “SE VENDE” o “SE ARREINDA”, el olor a tierra que dejan los escombros de la casa ya derruida.
Pero La Pascasia se resiste, sigue en lo que fue el barrio “Guanteros, leyenda de arrabal” –como Alejandra Montes titula la historia de esta zona en la edición número 74 de Universo Centro-, en la carrera 42, también llamada Pascasio Uribe, entre Bomboná y Maturín. Caminando hacia el sur, a mano izquierda encuentras cuatro casas de estilo colonial, la segunda de ellas, la de dos ventanas y una puerta de dos alas color madera, la de zócalo y garaje azul aguamarina, es La Pascasia.
Como en toda casa debes tocar el timbre, luego piensas que no hay nadie casa por sus ventanas abiertas carentes de movimiento y la ausencia de sonidos al interior. En poco tiempo, un par de ojos se asoman por una ventanita de la puerta -te sientes en otra época-, en esta ocasión es David Robledo, quien con sus manos da vida a la percusión de diferentes grupos musicales.
Música Corriente, que al igual que Grupo Hangar y Universo Centro, se unieron a este proyecto. Es por eso que durante el tiempo que permaneces en la casa te encuentras con personajes brillantes, que seguro escogieron una casa de techos altos para que pudiesen caber sus ideas.
Al fondo, la cocina, una cocina más reciente que el resto de la casa. Dice María Cecilia Mantilla, la Mona, productora ejecutiva de Música Corriente, que este espacio les quedó pequeño, pero no deja de ser especial, en Facebook se lee que allí se “podrá ver una cortina de chorizos variados, picantes los unos, curados los otros, recién embutidos los demás”. Es real. Además, por casualidad puedes ser atendido por José Villa, integrante de bandas locales como Parlantes, Gordos Project, Metropolizón y Goli, o por el músico Camilo Orozco, que camina de aquí para allá con hielos, calienta arepitas redondas para los chorizos, destapa cervezas… Bueno, en realidad todos actúan al unísono, como una familia, eso es lo que se siente en La Pascasia, como dice José Villa “es que estamos es en la casa”.
Y aunque abrió sus puertas al público desde el jueves 14 de abril, a la fecha, ha sido visitada por más personas que durante sus 150 años de existencia. ¿Quiénes llegan? Las dos ventanas siempre están abiertas, dejan entrever una parte de la exposición de turno, la primera fue “El Camellón de Guanteros”, una exposición que carga de significado histórico a la casa y al barrio, revindica al artista y rememora personajes importantes de la ciudad que vivieron en los alrededores e hicieron parte del primer barrio popular de Medellín. Curiosos entran y dan una miradita, quedando antojados, horas o días después llegan con el resto de su familia.
Para niños y jóvenes es un espacio agradable; para madres y abuelas es un lugar nostálgico, para amantes de las letras, la música, el teatro y las artes es todo un manjar con un espectro amplio de posibilidades para recordar, estar, dejar de estar, ser con el otro, escuchar, encontrarse con una mirada amiga, crear y habitar.
En La Pascasia has de recorrer la galería como en un museo. Has de comer un choripán o tomar una cerveza como en casa de un amigo. Has de ir a un concierto como en un bar. Has de ir a conversar como en una tertulia en casa de abuela, junto al árbol de totumo que con luces de navidad, brilla en la noche en medio del patio central. Escuchar un tango, un son, un bambuco, un bolero…Al volumen familiar, que anima pero no aturde. Habrás de encontrarte con socios, colegas y amigos si te mueves en el mundo cultural. Te sentirás donde quieres estar. La Pascasia es un suspiro. Es un respiro en la ciudad.
En congregaciones religiosas, en universidades, en edificios patrimoniales de la ciudad o del país, en calles alejadas de las avenidas principales y hasta en internet se pueden encontrar museos dedicados a diferentes temas. El recorrido que propone la siguiente infografía es otra manera de conocer Medellín.