Blog

  • La delgada línea que se tensa con las identidades sexuales en público

     

    Por Rune Osorio / laura.osoriov@upb.edu.co

     

    En Colombia, la falta de claridad en las normas legales que se relacionan con expresiones de la identidad sexual en espacios públicos ha generado controversia, especialmente en casos referidos a expresiones de afecto entre parejas del mismo sexo. Mientras activistas denuncian un posible uso discriminatorio de estas disposiciones, las autoridades defienden su aplicación para garantizar el orden público. ¿Qué mínimos y qué limites tiene la libre expresión?

     

     

    El exhibicionismo se define como la exposición deliberada del cuerpo o la realización de actos de connotación sexual en espacios públicos. Desde la psicología, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) lo clasifica como una parafilia cuando implica una necesidad compulsiva de exhibirse ante personas desprevenidas. Pero de exhibicionismo se habló, por ejemplo, cuando en 2019 el personal de seguridad de un centro comercial en Bogotá le pidió a una pareja homosexual que e retirara del lugar por las manifestaciones de afecto que hacían mientras departían en una de las zonas comunes de la copropiedad.

     

    En Colombia, la legislación en torno a lo que desprevenidamente muchos llaman exhibicionismo ha pasado por distintas interpretaciones y reformas a lo largo del tiempo. Aunque existen normas que regulan los comportamientos en el espacio público, su alcance ha sido objeto de debate, especialmente cuando su aplicación parece responder más a criterios morales que jurídicos. Desde los primeros códigos penales hasta las regulaciones más recientes en el Código Nacional de Policía, la definición y sanción de comportamientos asociados a la expresión de la identidad sexual o el afecto han evolucionado, adaptándose a cambios sociales y legales. Para comprender cómo estas disposiciones han impactado a la ciudadanía y qué tensiones han surgido en su aplicación, es necesario hacer un recorrido por su evolución normativa.

     

    Abrir contenido interactivo

     

     

    ¿Cuáles son exactamente las conductas restringidas? ¿Cómo es que la norma se usa para controlar las actitudes? Teniendo en cuenta el marco legal actual, vale recordar que en septiembre de 2024 a dos jóvenes se le restringió la entrada al barrio Provenza por miembros de la seguridad privada contratados por comerciantes del lugar que señalaban que su vestimenta era muy reveladora y que estaban infringiendo el código que en lugar había para ello.

     

    En otro episodio, varias mujeres reconocidas como modelos de contenidos eróticos se desnudaron mientras hacían un recorrido en una de las conocidas “chivas rumberas”. La Personería de Medellín reportó varias denuncias ciudadanas sobre ruido excesivo y comportamientos inapropiados en la vía pública, que referían bailes con las modelos semidesnudas y exposición de los senos ante los carros que circulaban. En el debate en redes sociales que ya es habitual en estos casos se discutía que, aunque no hubo exposición de genitales ni coito, lo ocurrido era exhibicionismo punible, agravado por la intención de hacer contenido para publicar, sin el consentimiento de los transeúntes.

     

    En parejas del mismo sexo

     

    Antes de lo ocurrido en 2019, en 2011 otra pareja homosexual fue expulsada de un centro comercial tras darse un beso. La administración del lugar justificó la decisión argumentando que estaban incurriendo en actos “inapropiados”. La pareja interpuso una acción de tutela y la Corte Constitucional falló a su favor con la Sentencia T-909/11. El fallo dejó claro que besar o abrazar a una pareja del mismo sexo no constituye exhibicionismo y que sancionar estas expresiones vulnera el derecho a la igualdad, declarando que “…  besarse de modo romántico con la pareja, sea o no homosexual, hace parte de los espacios de libertad individual que toda persona natural posee a la luz de su dignidad para vivir como se quiere, para su libre desarrollo personal y para el derecho a no ser molestado en esa elección específica que sólo a él o ella interesa”.

     

    Otro caso emblemático ocurrió en Barranquilla en 2013, cuando un hombre denunció que desde el 2010 oficiales de la policía lo increpaban en el parque afirmando que, por órdenes de su comandante, no podía haber personas homosexuales en el parque. El denunciante afirma que la situación se dio en repetidas ocasiones, llegando incluso a ser amenazado de muerte si denunciaba lo ocurrido. La Corte Constitucional entonces reiteró que las autoridades no pueden usar argumentos subjetivos para censurar muestras de afecto y que las normas de orden público no pueden ser utilizadas de manera selectiva para discriminar a la comunidad LGBTIQ+. Sin embargo, este caso resalta nuevamente el acoso selectivo que puede existir.

     

    Es el caso de David Cuadra, un ciudadano usuario del metro que considera que se le señaló injustamente de comportamientos inapropiados al despedirse de su pareja en una estación del metro. Aquí cuenta su historia:

     

     

     

    Aunque este acontecimiento no pasó a mayores, puede ser síntoma de cómo la homofobia se sirve de los vacíos normativos para imponerse y que, curiosamente, puede terminar por generar un efecto rebote en cuanto a lo público de las demostraciones de afecto se refiere.

     

    Sexo en público en la comunidad LGBTQ+

     

    Como cruising se conoce la práctica de tener sexo en lugares públicos pero poco visibles. Juan Pablo Osorio, activista LGBT, reflexiona sobre el fenómeno y su origen al explicar que el fenómeno nace porque “no había lugares donde se permitiera la homosexualidad, lugares en los que se permitiera conocer gente y vivir la sexualidad libremente, entonces la solución era buscar lo clandestino. Si no puedo ir a un motel, si no vivo solo, voy al espacio público”.

     

    Frente a la pregunta sobre si esta práctica desaparecería si desaparece la homofobia, Osorio reponde que probablemente no del todo, al tratarse finalmente del criterio de cada individuo. Mas aclara que “mientras a uno lo miren feo en el motel va a haber cruising, mientras haya prejuicio se van a buscar alternativas así”.

     

    La legislación colombiana sobre exhibicionismo tiene un propósito claro: proteger la convivencia y otros adicionales como prevenir situaciones de violencia sexual. Sin embargo, a pesar de que las normas tiene parámetros cada vez más explícitos o específicos, su aplicación ha demostrado ser inconsistente y, en muchos casos, discriminatoria. Los fallos de la Corte Constitucional han sido fundamentales para reconocer los derechos de quienes han vivido la censura de la expresión de su identidad sexual y hasta sus sentimientos de afecto, principalmente la comunidad LGBTIQ+, pero la diferencia con que se sigue percibiendo a parejas heterosexuales y homosexuales deja en evidencia un doble rasero que contradice los principios de igualdad y no discriminación, hecho que a la larga tiene efectos que no distinguen, pues abre la puerta a otras discriminaciones y arbitrariedades.  

     

     

     

     

     

     

  • La educación, una tarea nueva y clave en la primera infancia

    Por: Antonia Londoño  Hincapié / maria.londonoh@upb.edu.co

     

    En el arte de la Edad Media no había representaciones de la niñez. Hasta el siglo XIII, los niños solo eran representados como adultos en miniatura; no tenían un rasgo propio que los diferenciara propiamente de un adulto. En el siglo XIV cobrarían más protagonismo en las formas de ángeles y del niño Jesús, representados en escenas pictóricas dentro del arte religioso medieval, haciendo referencia a la infancia de Jesús, la Virgen y otros santos. Esto significó un cambio dentro de la mentalidad colectiva de la época, surgiendo con ello el sentimiento hacia la infancia y su apreciación. Existían los niños, pero no la infancia. 

     

    El arte es la representación más fiel del pensamiento de la época. La imagen del niño Jesús en las obras de arte de la Edad Media solía representarlo como un hombre en miniatura: un cuerpo pequeño, pero con las facciones de un adulto. Al ser hijo de Dios, ya vendría al mundo plenamente formado, sin haber pasado por las diferentes etapas de su crecimiento hasta llegar a la edad adulta, con el propósito de mostrar su perfección y madurez desde su nacimiento. 

     

    Es importante reconocer que esta construcción arquetípica estaba influenciada por la Iglesia y todo el contexto de la sociedad feudal, para entender que se trataba del reflejo de una época, de toda una cultura. Ya en el Renacimiento, donde la humanidad es la protagonista, la religión pasa a un segundo plano y la búsqueda estaba ya en mostrar las proporciones del cuerpo humano de la manera más fiel a la realidad que fuese posible, para lo cual los artistas se sirvieron de efectos de luz, sombra, colores vivos y detalles hiperrealistas. En esa búsqueda, el niño Jesús deja de ser retratado como un adulto en miniatura y se representa como un bebé tradicional. El concepto de la infancia empieza a ser ligado con la inocencia, asociada a formas particulares y esta nueva concepción tocaría también el pensamiento humano.

     

     

    La Ilustración: resignificación de la niñez

     

    En el siglo XVIII la Ilustración pone la razón como base del pensamiento en Europa, para entender cómo funcionaba el mundo y su entorno, cuestionando las ideas impuestas por la religión y otras élites; una época marcada por los cambios en las estructuras sociales y políticas, con mayor importancia para las relaciones humanas. 

     

    Jean-Jacques Rousseau fue un filósofo político del período de la Ilustración, conocido por ser el padre de la educación moderna por las ideas que expone en su libro “Emilio”, donde examina la naturaleza del hombre y su relación con la sociedad. Esto se refleja en su célebre frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Sus ideas marcaron un antes y un después en la educación y en la crianza de los niños, planteó que el entorno en el que crece el niño juega un papel fundamental en el desarrollo de su persona. 

     

    La evolución del concepto de infancia ha sido constante y empezó a tomar protagonismo desde finales del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII. Según Philippe Ariès, historiador francés y uno de los primeros en estudiar la construcción de la infancia, el foco estuvo en la evolución de cómo consideraban los adultos a los niños. A pesar de que se habla de los Derechos del Hombre y del Ciudadano desde el siglo XVIII, fue apenas en 1959 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos del Niño. 

     

    En Colombia, el estandarte es la educación inicial

    Los giros de la discusión en torno a la infancia y la forma en que se le concibe en la sociedad colombiana están plasmados en la Constitución de 1991, que reafirmó la importancia de la educación inicial, al hacerla obligatoria desde los cinco años, como base fundamental para el desarrollo infantil.

     

     

    La educación infantil se divide en dos etapas: la educación de la primera infancia, que va desde los 0 hasta los 7 años, y la educación de la segunda infancia, que abarca desde los 8 hasta los 14 años. 

     

    La educación de la primera infancia se caracteriza por ser el proceso inicial en la formación de los niños, donde se les presta especial atención a su comportamiento y desarrollo. En esta etapa, requieren mayor cuidado y atención, y son más supervisados por sus profesores, lo cual resulta crucial en el desarrollo cognitivo y social. En esta etapa, los niños adquieren habilidades que través del juego y métodos didácticos.

     

    La dinámica es distinta del colegio, donde deben permanecer sentados en un pupitre.  Es por esto mismo que los espacios donde estudian los niños sean coloridos y didácticos, que cuenten con un espacio verde para poder jugar bien y que los invite a despertar su curiosidad por aprender sobre el mundo. En el juego se aprende y se desarrollan sus capacidades psicomotoras. 

     

    Es importante que, desde que el niño tiene la capacidad de desenvolverse en otro ambiente, pueda relacionarse con sus pares. La primera relación que establece es con sus padres; esta es su primera proyección de socialización. Es necesario ampliarla para que aprenda a integrarse y a resolver problemas durante los primeros dos años, desarrollan habilidades socioafectivas y corporales, aprenden a caminar, a reconocer su cuerpo y a expandir su círculo social. De los dos a tres años, fortalecen sus habilidades lingüísticas y comienzan el control de esfínteres. 

    Todo es un proceso paulatino. 

     

    La educación en la primera infancia no es obligatoria, excepto el grado de transición. El nivel preescolar está conformado por prejardín, jardín y transición, siendo este último el único obligatorio. Otros grados, como párvulos y caminadores, son más bien etapas maternales que facilitan la formación desde el primer año de edad. 

     

    Abrir contenido interactivo

     

     

     

  • Corredores verdes… con matices

    Por María Isabel Cardona López / maria.cardonal@upb.edu.co 

     

    Siguiendo la referencia de transformaciones urbanísticas como las de Nueva York o Barcelona, Medellín aprendió que el verde no era incompatible con su crecimiento como ciudad. Los corredores verdes aparecieron como una apuesta audaz para contener el concreto, darle un respiro a la ciudad y demostrar que la sostenibilidad podía ser algo más que una palabra de moda. Árboles recién plantados, senderos peatonales y ciclorrutas comenzaron a bordear las estaciones de la Línea B del metro, como si la naturaleza estuviera recuperando, centímetro a centímetro, un territorio perdido. La prensa internacional celebraba la transformación, pero el día a día en las calles mostraba exactamente cómo se producía.

     

     

    Los corredores verdes son una propuesta urbanística que evoluciona de acuerdo con el contexto de espacios que tienen una historia natural y una apropiación social particulares. Este es el corredor verde en los bajos de la Línea B del Metro de Medellín, entre las estaciones Estadio y Floresta, punto de encuentro del desarrollo urbano y el paisaje natural y social. Fotos: María Isabel Cardona.

     

    Otra forma de la metrópoli

    Los corredores verdes nacieron con la intención de transformar el paisaje urbano y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. En más de 30 espacios distribuidos por la ciudad, su implementación buscaba conectar los parques y quebradas con un sistema de arborización y jardines que, según la propuesta, reducirían la temperatura, mejorarían la calidad del aire y ofrecerían espacios más habitables para los peatones y ciclistas. 

     

    Según la Alcaldía de Medellín, la Avenida Oriental, una de las vías más congestionadas de la ciudad, experimentó una reducción de temperatura de hasta 2°C tras la siembra de más de 90.000 plantas. Los estudios también mostraban una mejora en la captación de CO₂ y una reducción del material particulado en el aire, lo que representaba un alivio en una ciudad que aún lucha contra altos niveles de contaminación. 

     

    Sin embargo, detrás de los datos y los discursos de sostenibilidad, en la vida cotidiana de quienes habitan y transitan estos espacios, la percepción era mucho más compleja. 

     

    La nueva zona verde: espacio de trabajo y también hogar

     

    En la estación Estadio, donde los días transcurren entre el bullicio de vendedores y el eco metálico de los vagones del metro, María Clarivel Hurtado Palacio ha visto cómo los corredores verdes crecían a la par de otras presencias. “Lo que más veo por aquí son indigentes y muchos travestis, sobre todo en la noche”, dice con la certeza de quien ha aprendido a leer la calle mejor que cualquier planificador urbano. La maleza, que en teoría debía traer frescura y calma, también ocultaba secretos incómodos. “Ese monte lo deberían limpiar porque ahí pasan muchas cosas que uno no sabe”, agrega. 

     

    Desde su punto de vista, el corredor verde no ha logrado mejorar significativamente su entorno laboral. Aunque disfruta del fresco que brindan los árboles y reconoce que más personas caminan por la zona, señala que la seguridad sigue siendo un problema sin resolver. En su caso, la presencia de trabajadores sexuales y habitantes de calle no representa un problema personal, pero advierte que puede generar incomodidad en quienes no están acostumbrados a la dinámica del sector. 

     

    En el Velódromo, Santiago López, residente del sector, observa el corredor verde con escepticismo. “La estética mejoró, pero el manejo de basuras sigue siendo un problema. Además, la iluminación en la noche no es suficiente y eso hace que caminar por la zona no siempre se sienta seguro.” López señala que, aunque los corredores verdes han embellecido la ciudad, su funcionalidad está comprometida si no se implementan estrategias de mantenimiento más rigurosas y se refuerza la presencia de seguridad en horarios críticos. 

    Una propuesta con fondo social

    Corredores verdes… con matices

    Para entender los corredores verdes, es necesario comprender el proceso de transformación de Medellín en las últimas décadas. A finales del siglo XX, la ciudad era conocida por su alta criminalidad y la falta de espacios públicos adecuados. Con el paso de los años y la implementación de proyectos como el Metrocable y el Parque Biblioteca, Medellín fue construyendo un modelo de desarrollo urbano enfocado en la recuperación del espacio público. 

     

    La apuesta por los corredores verdes es parte de esa misma visión: convertir a Medellín en una ciudad más sostenible y habitable. La meta inicial era crear una red de infraestructura verde que integrara el transporte público con áreas recreativas, ofreciendo a los ciudadanos una alternativa para desplazarse y disfrutar del espacio urbano sin depender de los vehículos motorizados. 

     

    Sin embargo, la implementación no ha sido uniforme. Algunos corredores han logrado consolidarse como espacios seguros y funcionales, mientras que otros han quedado atrapados en problemas de mantenimiento, inseguridad y falta de apropiación por parte de la comunidad. 

     

    Otras Ciudades 

    Bogotá, Buenos Aires y Barcelona han implementado corredores verdes similares con distintos niveles de éxito. En Buenos Aires, por ejemplo, la Avenida 9 de Julio incorporó vegetación y ciclorrutas como parte de su plan de movilidad sostenible, pero la falta de mantenimiento y el incremento de la inseguridad generaron críticas.

     

    Barcelona, en cambio, ha logrado consolidar sus supermanzanas como modelos de urbanismo sostenible, donde la reducción del tráfico ha permitido que los corredores verdes sean espacios funcionales y seguros. La gran diferencia radica en la gestión y en la apropiación ciudadana, dos elementos que Medellín aún necesita fortalecer para garantizar el éxito a largo plazo de su proyecto verde. 

     

    Medellín, ciudad de contrastes, sigue debatiéndose entre el sueño y la realidad. Los corredores verdes, con su promesa de frescura y vida, aún tienen un largo camino por recorrer antes de convertirse en ese Edén urbano que alguna vez imaginaron sus creadores. Las decisiones que se tomen en los próximos años definirán si estos espacios serán recordados como un triunfo del urbanismo o como un espejismo más en la historia de una ciudad que siempre ha vivido entre la esperanza y la incertidumbre. 

     

    El reto no es solo de la Alcaldía o de los urbanistas, sino de todos los ciudadanos. La pregunta sigue abierta: ¿qué hace falta para que Medellín transforme estos corredores verdes en verdaderos espacios de convivencia y seguridad? El tiempo, y la participación de todos, tendrá la última palabra.  Expertos en urbanismo sostenible destacan la importancia de implementar estrategias que fomenten la apropiación ciudadana de los espacios públicos. Según Juan Camilo Restrepo, el desafío no radica únicamente en el diseño físico de estos espacios, sino en la creación de actividades culturales, deportivas y comunitarias que incentiven a las personas a utilizarlos y cuidarlos. 

     

     

  • Entrenadores de ley, el nuevo requerimiento

    Juanita Pava Muñoz / juanita.pava@upb.edu.co

     

    El 23 de mayo de 2025 entró en vigor en Colombia la Ley del Entrenador, una normativa que busca regular el ejercicio de esta profesión en el país. La Ley 2210 de 2022, establece que todos los entrenadores que no cuenten con la tarjeta profesional deberán suspender sus labores, con el fin de garantizar la calidad en la formación deportiva. Ante esta situación, la Alcaldía de Medellín, en alianza con el Instituto de Deportes y Recreación (INDER) y la Universidad de Antioquia, han lanzado un programa de capacitación dirigido a entrenadores deportivos, habilitando inicialmente 400 cupos. El objetivo es prepararlos para el examen de idoneidad que deben presentar ante el Colegio Colombiano de Entrenamiento Deportivo (COCED).

     

    La Ley busca dignificar y acreditar a los entrenadores deportivos en Colombia, según han expresado voceros del Ministerio del Deporte. La norma aprobada señala que todos los entrenadores en Colombia deberán tener su tarjeta profesional para ejercer a nivel técnico, tecnológico o profesional. Este proceso de acreditación exige la profesionalización de los educadores deportivos. “Importante ir a las aulas”, dice Luis Enrique Vásquez, asesor jurídico deportivo. 

     

    Después de 13 años en los que la Ley fue devuelta en repetidas ocasiones en el trámite legislativo, en 2022 se convirtió en una realidad que reconoce el propósito y la naturaleza del entrenador deportivo, resalta la importancia de este dentro de la comunidad a la que sirve y los efectos de las actividades asociadas a las ciencias del deporte y la actividad física. En esta Ley el Estado reconoce la labor de los entrenadores y la necesidad de garantizar una cualificación en los conocimientos para su ejercicio.  

     

    La Ley incluye un régimen de transición de tres años, es decir: 2025 es el plazo para su obligatoriedad. La certificación se puede obtener de 2 maneras: ser profesional en el campo del deporte, la educación física y la recreación y hacer un registro ante el COCED. Para aquellos entrenadores que no tienen formación profesional en el campo, existe la opción de presentar un examen de idoneidad ante el Colegio Colombiano de Educadores Físicos y Profesiones Afines (COLEF), cuya aprobación otorga un certificado válido por cinco años durante los cuales se deberá acceder a la formación profesional. Si después de ese tiempo no se ha completado la formación, se podrá solicitar una prórroga de cinco años adicionales para obtener la tarjeta profesional, de acuerdo con el Coordinador Diego Montoya, de la Universidad de Manizales.  

     

    Edwin Flórez Carvallo, Coordinador de la estrategia Clubes de Deportes del Inder de Medellín considera que esta estrategia brinda oportunidades de cualificación a los entrenadores no titulados, que, además, pertenecen a alguno de los clubes con reconocimiento vigente otorgado por el Inder. Además, menciona que la cualificación es una iniciativa del Distrito y no es una obligación para cumplir con lo exigido por la Ley que se expidió en 2022, para lo cual están habilitados organismos como el COLEF y el COSED.  

     

    De acuerdo con los plazos de la Ley, desde el año 2022 los entrenadores que no tienen titulación en deporte o en áreas afines debían estar en el proceso de preparación para la prueba de idoneidad, con un periodo de gracia de tres años, anota el Coordinador Flórez, qien subraya que esa responsabilidad de acreditarse concuerda justamente con la intención de elevar el nivel técnico de los entrenadores deportivos. Explicó además que desde el INDER se implementan estrategias internas en cumplimiento de la Ley del entrenador.  

     

     

    El vocero del INDER Medelli´n explica que la capacitación ofrecida es una refuerzo voluntario para el cumplinmiento de la norma, que la entuidad ofreció cono apoyo a los entrenadores que hacen parte de los 353 clubes reconocidos por esa entidad en la ciudad, a través de la categorización realizada por la entidad en el año 2024.  

     

    Cambios en el trabajo

    La Ley establece criterios específicos para que los entrenadores puedan ejercer legalmente en el país. Entre estos requisitos se encuentra la obligatoriedad de la tarjeta profesional, si bien esta exigencia no es nueva en otros ámbitos laborales, su aplicación en el sector deportivo ha causado polémica, pues muchos entrenadores han trabajado durante años sin esta documentación y podrían quedar inhabilitados para seguir ejerciendo. Por su parte, la Ley contempla la implementación de un examen de idoneidad, el cual busca certificar las competencias técnicas y pedagógicas de los entrenadores, sirviendo como filtro para garantizar que quienes ejerzan la profesión cuenten con los conocimientos adecuados para la formación de atletas y deportistas.

     

    La Constitución Política de Colombia reconoce al deporte como derecho. Además, la Carta internacional de la educación física y del deporte de la Unesco del año 2015 en el artículo 7 señala: “Las actividades de enseñanza, entrenamiento y administración relacionadas con la educación física, la actividad física y el deporte deben encomendarse a un personal cualificado”, a lo que el Comité Olímpico Colombiano (COC) ha manifestado que  el ejercicio torpe de una actividad puede producir efectos nocivos a la salud y, por ende, a la seguridad e integridad del ser humano. Lo que indica que un ejercicio mal formulado u orientado conlleva un riesgo que puede ser mitigado si se tienen entrenadores idóneos.

     

    Algunas implicaciones de la norma se enuncian a continuación:

     

    Algunas voces críticas de la nueva norma acusan una posible discriminación a partir de la titulación profesional. Sin embargo, el texto de la Ley cita jurisprudencia de la Corte Constitucional: “El objetivo de la reglamentación de profesiones no es consagrar privilegios en favor de determinados grupos sociales, sino controlar los riesgos sociales derivados de determinadas prácticas profesionales” y se apoya en la manera en que se especifican los procesos de acreditación y la forma de acceder a ellos.

     

     

  • Visa Colombia. Una faceta poco vista de la migración

     

    Ana Favila Salgado Osuna / ana.salgado@upb.edu.co

     

    En los últimos años, Colombia se ha convertido en un destino atractivo para extranjeros, con busca de nuevas experiencias, ya sean laborales, culturales, académicas o que simplemente desean disfrutar de la diversidad cultural, gastronomía y paisajes del país como turistas o como residentes temporales, en la mayoría de los casos.

     

    El aumento de viajeros ingresando a Colombia se ha superado cada año. Incluso, para el año 2024, se recibieron, alrededor de 6.7 millones de visitantes, según el último informe entregado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. 

     

    Estas son buenas noticias para el país, que implican, de otra parte, el reto de mejorar las condiciones de seguridad con que se recibe y convive con un un número mayor de visitantes y migrantes, comenzando por los procedimientos para la entrada y salida del país. La opinión pública colombiana conoce este fenómeno a partir de las cifras y otras transformaciones que poco a poco se van dando en distintos aspectos económicos y sociales, no así se conocen las normativas y dispositivos que permiten controlar el ingreso y permanencia de personas foráneas. Existe, por ejemplo, un sistema de clasificación de visas, teniendo en cuenta que este documento es requerido en casos específicos, algunas veces para entrar al país, y otras para una estancia más larga a la establecida de 3 meses. 

     

     

    Particularmente los colombianos estamos acostumbrados a informarnos sobre visados y otros procesos migratorios para llegar a otros países, a menudo como objeto de algunas de las más restrictivas políticas. Sin embargo, también es importante que sepamos sobre los tipos de visas que hay en Colombia, el proceso y requisitos generales de prórrogas y  finalmente los aspectos fiscales clave que se deben tener en cuenta al visitar o  establecerse en el país, según la Cancillería.

     

    Tipos de visas en Colombia 

    Se han establecido diferentes tipos de visas, pero las principales son tres: 

     

    Visa de visitante (V)

    Esta visa está diseñada para extranjeros que ingresan a Colombia de forma temporal y que no tienen planeado quedarse a vivir dentro del país. Con esta visa se les permite realizar turismo, negocios e inversiones, tratamientos médicos, pasantía, voluntariado, prestador de servicios temporales, entre otros. 

     

    Por lo general, la visa de visitante se concede por un período máximo de 180 días al año y no otorga permiso de trabajo formal. 

     

    Visa de Migrante (M)

    Está destinada a los extranjeros que desean residir en Colombia, pero aún no cumplen con los requisitos para obtener una visa de residencia. A esta podrán aplicar las personas que se encuentren casadas o en unión libre con colombianos, trabajadores con contrato, estudiantes de programas académicos de larga duración, padreo o hijo de ciudadano y migrantes bajo el Acuerdo Mercosur. 

     

    Este tipo de visa, por lo general tiene vigencia de hasta tres años y le permite al extranjero aplicar a una visa de Residente. 

     

    Visa de Residente (R) 

    Está visa es otorgada las personas que quieren establecerse de manera permanente en el país y se entrega a extranjeros con visa de Migrante por más de cinco años, colombianos que perdieron su ciudadanía y desean recuperarla, padres de niños colombianos por nacimiento y por inversión extranjera directa.  

     

    Con esta visa pueden obtener la cédula de extranjería y acceder a los mismos derechos que un ciudadano colombiano, excepto el derecho al voto en elecciones presidenciales 

     

    Estos son requisitos necesarios para poder establecerse en el país por periodos largos. Sin embargo, las visas no son la única documentación a la que un extranjero puede acceder para permanecer por más tiempo en el país, al ingresar a Colombia, se le concede al extranjero el Permiso de Ingreso y Permanencia (PIP), que es otorgado por Migración Colombia durante un periodo de 90 días. 

     

    Pero si la persona desea extender ese plazo, debe solicitar una Prórroga de Permanencia ante Migración Colombia antes del vencimiento del PIP. Este trámite se realiza de manera virtual, llenando el formulario en la página de la Cancillería. De hecho, si un visitante excede el tiempo de 3 meses y no realiza este trámite, estará sujeto a sanciones económicas y legales. 

     

     

     

    Ahora bien, Colombia también exige visa de manera obligatoria a ciertos visitantes de países específicos: Argelia, Armenia, Bahréin, Bielorrusia, Egipto, India, Kenia, Marruecos, Nigeria, Pakistán y Vietnam, entre otros. El país brinda diversas opciones para los extranjeros que desean establecerse en el país, pero es importante comprender las normativas tributarias vigentes para evitar penalizaciones y cumplir con los requisitos establecidos por la DIAN durante su estancia en la nación sudamericana.  

     

    ¿Cuándo un ciudadano extranjero está obligado a pagar impuestos en Colombia? 

    Según lo establecido por la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), una persona  de origen extranjero adquiere la condición de residente fiscal en Colombia al cumplir alguno de los siguientes requisitos:  

     

    Si una persona permanece en el país durante más de 183 días calendario dentro de un período de 365 días, ya sea de forma continua o discontinua, entonces a partir del día 184 tendrá la responsabilidad de pagar impuestos sobre sus ingresos y activos a nivel mundial.  

     

    El segundo requisito es que, aunque la estancia sea inferior a 183 días en Colombia y se demuestre que el extranjero tiene su residencia principal o actividades económicas en el país, puede ser considerado residente fiscal de todas maneras. 

     

    Una vez que un extranjero adquiere la residencia fiscal en Colombia, debe cumplir las mismas obligaciones fiscales que un ciudadano colombiano. Algunos de los impuestos que podrían ser aplicables son:  

     

    • El impuesto sobre la renta se aplica a los ingresos generados tanto en Colombia como en el extranjero y se determina según las tasas de impuestos progresivas del país que van desde el 0 al 39%. 

    • El Impuesto sobre el Patrimonio se aplica a individuos cuyo valor neto supera los $ 7,53 millones de pesos colombianos ($780,000 USD aproximadamente en 2024). 

    • IVA e impuestos locales: Si el extranjero desarrolla una actividad económica en Colombia, como la venta de bienes o servicios, puede estar sujeto al Impuesto al Valor Agregado (IVA) y otros tributos locales. 

     

    En el caso de quienes no cumplan los requisitos de residencia fiscal, la DIAN establece que solo tributarán sobre los ingresos obtenidos en Colombia. En estos casos, las empresas o entidades colombianas que paguen a extranjeros deben hacer las respectivas retenciones en la fuente. 

     

    Los trámites migratorios y los requisitos tributarios son de los primeros ámbitos en que se manifiestan los efectos del posicionamiento de Colombia como destino internacional de toda índole. A partir de allí, las consecuencias se trasladan a diversos ámbitos: desde lo económico hasta lo cultural.

     

  • Estado soberano, república independiente… una discusión que va y vuelve en Antioquia

    Por: Alejandro Jaramillo Vergara / alejandro.jaramillove@upb.edu.co

     

    La idea de la existencia de un estado antioqueño con mayor autonomía, o incluso una total independencia del gobierno colombiano, no es solo una vieja discusión que recientemente desempolvó el actual gobernador de Antioquia Andrés Julián Rendón con su propuesta de un referendo de autonomía fiscal regional con el que se propone la redistribución de los impuestos recaudados desde cada departamento y no desde el Gobierno nacional; incluso propone la creación de un fondo de compensación regional, para favorecer a los departamentos con menos recaudación tributaria.

     

    Esta propuesta no es la primera de este estilo en lo que refiere a esta política del departamento antioqueño.  Antioquia nación como un estado soberano y desde el mismo siglo XIX se han abierto discusiones que plantean que Antioquia sea algo más que un departamento, desde su nacimiento como federación en 1856, reconocido por la Constitución colombiana como tal dos años después y más cuando pasó a ser un departamento en 1886.

     

    Una región clave

    Antioquia cuenta con una superficie total de 63.612 kilómetros cuadrados y es el sexto departamento con más territorio en Colombia, con una extensión parecida a la de países independientes como Letonia, Sri Lanka o Lituania. Según las proyecciones del DANE en 2024, el departamento cuenta con la segunda mayor población del país: cerca de 6,90 millones de personas, que representan el 13.1% de la población total del país.

     

    Las cifras del DANE de 2023 también revelaron que estas condiciones llevaron a Antioquia a aportar 231.052 de millones de pesos al Producto Interno Bruto (PIB) de la nación, equivalentes al 15.1% de lo producido en todo el país, un aporte inferior solo al de Bogotá. Según datos del IDEA, Antioquia en 2023 aportó poco más de 14 billones de pesos de los casi 97 billones recaudados en impuestos en todo el país. Además, Antioquia, a través de las Empresas Públicas de Medellín (EPM), es también la encargada de generar el 27.7% de la energía de toda Colombia, según datos de la Alcaldía de Medellín en 2023 y también según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, la región representó el 12,75% de las exportaciones nacionales entre 2013 y 2022.

     

    La región no solo ha ocupado un lugar similar de liderazgo a lo largo de la historia del país, sino que han sido varios los procesos políticos que apuntan a su independencia: durante los primeros años del siglo XIX, la entonces Nueva Granada experimentó el proceso de guerras entre centralistas y federalistas para decidir cómo iba a ser administrado el país, en un periodo conocido como la Patria Boba, lleno de incertidumbre y luchas que terminaron decidiendo el futuro del país pues además de los dos bandos en contienda el clima de tensión lo aumentaban quienes le rendían lealtad a la corona española del rey Fernando VII, que aún tenía gran poder en la zona.

     

    Inicialmente, en 1811, Antioquia se declaró un estado soberano luego del grito de independencia de España.

    Según la Academia Antioqueña de Historia, bajo este contexto, en 1812, se unió a las Provincias Unidas de la Nueva Granada, junto con Tunja, Valle del Cauca, Cartagena, entre otros; juntos hacen parte de la primera república independiente en el país, pero aún sometida al régimen común de la Nueva Granada. Esta realidad contrastaba también con la idea del entonces autoproclamado estado soberano de Cundinamarca, que solo contaba con las provincias de Cundinamarca, Mariquita y Chocó. Esto solo duró hasta 1813 como una república federal de provincias que antes habían estado bajo el dominio español.

     

     

    Más adelante, el 11 de agosto de 1813, Antioquia se declara absolutamente libre de España y designa a Juan del Corral como su primer presidente-dictador, que, con acto administrativo, buscaba proteger a Antioquia de una reconquista española y decretaba a la entonces provincia como un estado independiente.

     

     

    Pero este primer intento de independencia antioqueña no duró mucho, ya que, en 1816, los españoles reconquistaron la región y el sueño de un estado antioqueño libre se apagó. Ya en 1819, luego de la Batalla de Boyacá y la proclamación de Colombia como república unitaria independiente, Antioquia fue nuevamente anexada a Colombia luego que el coronel José María Córdova recuperó la provincia de los españoles.

     

    Desde su independencia Colombia actuó como un régimen centralizado, hasta que en 1858, en tiempos de la Confederación Granadina, Mariano Ospina Rodríguez promovió una reforma constitucional para declarar un régimen federal. Esta reforma no fue aplicada en su momento debido al levantamiento revolucionario y posterior toma del poder de Tomás Cipriano de Mosquera, que luego, en 1863, convocó a una Asamblea Nacional Constituyente en Rionegro y declaró los Estados Unidos de Colombia como un país federal. 

    Durante este régimen de casi 23 años, las provincias fueron totalmente autónomas, hasta el punto de que el gobierno central en Bogotá era de tendencia liberal, mientras que los gobernantes antioqueños tendían a ser conservadores.

     

    En este periodo, Antioquia, a pesar de ser una provincia con dificultades económicas y sociales relacionadas con la incomunicación agudizada por la geografía, logró grandes avances en educación, en salud y obras públicas; como también la construcción del ferrocarril de Antioquia, la creación de la Universidad de Antioquia y la Escuela de Artes y Oficios (Actualmente Instituto Pascual Bravo), o también la atracción a varios grupos religiosos, que crearon los primeros colegios privados de la región. Todo esto de la mano de algunos gobernantes, entre los que se destacan Pascual Bravo, Pedro Justo Berrio o Marceliano Vélez.

     

    El federalismo en el país duró hasta la toma de poder de Rafael Núñez en 1886, que luego de otra Asamblea Nacional Constituyente, proclamó el régimen centralista que rige hasta el día de hoy. Esto se debió a que, a pesar de lograr avances en ciertos sectores de la economía en las provincias, el régimen federal no tuvo el éxito esperado, pues se desarrolló muy poca infraestructura nacional y las provincias con menos recursos se quedaban ampliamente atrás.

    Luego de estos procesos con los que Antioquia conoció qué era ser algo más que un departamento, la región no volvió a experimentar, al menos de manera formal, otra situación que no sea como un departamento de un gobierno centralizado de Colombia.

     

    En agosto de 2024, Luis Fernando Múnera López, presidente de la Academia Antioqueña de Historia fallecido en 2025, repasó para Contexto algunos momentos históricos en los que Antioquia ha visto la posibilidad de ser estado soberano o autónomo.

     

    Video

     

    Los múltiples debates sobre descentralización, soberanía o federalismo han llevado a los antioqueños a preguntarse por su lugar en el país. Según los expertos, debates como el de la autonomía fiscal (que hace fila para debatirse en el Congreso) y las ideas que lo respaldan no han sido, ni serán novedad, aún más cuando provienen del descontento o rivalidad con gobiernos centrales de paso.

     

    Este tema, por supuesto, genera una gran polémica. La importancia de Antioquia para el país lo ratifica y la idea de una descentralización fiscal, como la liderada por el gobernador Rendón, abriría muchas puertas de debate que implican a todos los departamentos en un cambio de esta magnitud, más allá del disenso con un gobierno central.

     

  • En la Feria también ruedan tradiciones de familia

    Por Valeria Uribe Rengifo / valeria.uriber@upb.edu.co

     

    Medellín, la ciudad de la gente, de sus sonrisas, de su calidez contagiosa. Medellín, la ciudad de colores rebosantes, de saludos entre desconocidos y momentos únicos. Medellín, la Medellín de las ferias y fiestas, la del orgullo paisa. La Medellín de tradiciones, la Medellín montañosa que florece. 

     

    Sábado 10 de agosto, Feria de las Flores, desfile de autos clásicos y antiguos. 7:50 a.m. el evento tiene novedades en su desarrollo, parte de un nuevo recinto, la Universidad Pontificia Bolivariana, existe expectativa, esta es la vigésimo séptima edición del desfile, autos convertibles.  

     

    Mañana fría, silenciosa a la hora, el cielo clarito, poco movimiento, los parqueaderos empedrados entre el bloque 11 y el bloque 9 de la universidad son el lugar en el que aguardo, estoy identificando la dinámica del espacio, observo, y cómo si de un suceso de aquellos inexplicables se tratara, giro la mirada, sin haber aguardado mucho, y veo cómo se aproxima una de esas camionetas que son imposibles de no voltear a ver, de esas que encuentras por ahí muy pocas veces, de aquellas que les revuelven los recuerdos a los padres y abuelos de muchos, una Mercury M-100 modelo 59.  

     

     

     

    Una camioneta quizás azul, quizás verde clarito, depende de a quién le preguntes; pero si le consultas a su dueño, es color verde marfil. La camioneta de don William Pérez, el señor de mirada tranquila, ese que a simple vista se sabe que tiene las más bellas cualidades, que preguntarle algo es fácil por la sonrisa con la que te recibe. 

     

    Parquea el vehículo en el lugar indicado. Me presento. Le pido un ratico de su tiempo, me sonríe, no es bueno para hablarle a una cámara o a una grabadora, pero le encanta el desfile, le encanta la gente, le encanta compartir su pasión; no se niega, pero me invita a hablar con ella

     

    Me dice que ella, su nieta Laura, me responderá todo lo que necesite, que ella sabe todo lo necesario. No mintió, Laura, una joven de 23 años, me saludó, apretó mi mano, y comenzó a contarme como si se tratara de un guion, la historia detrás del vínculo de su familia y el evento y la razón por la cual esa mañana, habían tres personas allí, don William, doña Emperatriz y Laura, la nieta que va a mantener viva esta tradición en la familia Pérez, porque ama los carros tanto como su abuelo lo hace, eso dice doña Emperatriz, quien sonríe mientras la mira y agradece el amor que le tiene a esta tradición que tanto la hace vibrar a ella, a su esposo y claro, a Laura. 

     

     

    Laura puede decir que toda la vida ha hecho parte del desfile porque según su abuelo desde los dos años asiste y según ella es desde los seis. Hay un tema que resolver ahí, pero en medio de las risas a ambos les encanta hacer suyo ese espacio, porque siempre ha sido así. 

     

    Ella, como la determinó don William cuando me estrechó la mano, la contadora, la joven de ojos brillantes, presencia segura, cabello rubio y sonrisa risueña, me explicó que hace 20 años la camioneta participa en el evento y que cada año preparan con meses de antelación la vestimenta y la temática con la que adornarán la camioneta y siempre, asegura, procuran que el nuevo desfile supere al anterior. Este año lo que buscaron fue honrar la cultura cafetera, mandaron a hacer unos chalecos en colores ocre y crema para estar a juego y fueron a Fredonia días antes a fin de comprar unos palitos de café para adornar el volco de la camioneta junto con unas hortensias azules y blancas que combinaban a la perfección con las canastas, el verde de los palos de café y sus trajes. 

     

     

     

    Laura Pérez, la que le dice pa a su abuelo, a la que a leguas se le siente el amor por esto, el amor por el hombre y la mujer que están a su lado, el amor por lo que dice, por lo que cuenta y por la historia de su familia, te conquista inmediatamente y te hace sentir esas chispas en el estómago por la pasión que detalla.  

     

    Cuenta que ha crecido tanto el gusto por estos vehículos, que su carro del diario es un Willys modelo 54 que tiene hace 4 años. Ella siempre recalca que esto es una pasión, un amor pa’ toda la vida, que espera pase de generación en generación y cree que esto sucederá cuidando al carro y amándolo mucho. 

     

    Emperatriz Medina, la mujer de altura media, de esas que frunce el ceño cuando estas lejos y cuando te le acercas tiene una sonrisa dulce, la mujer que lleva veintidós años asistiendo al desfile y compartiendo esta pasión con su esposo. La que se siente exclusiva y muy contenta al asistir cada año a este evento. La que se siente muy orgullosa de que Laura se haya enamorado de este cuento, porque como lo dice su abuelo, ella se pegó sola.  Doña Emperatriz está segura de que si algún día su esposo falta, su nieta continuará con la tradición, porque a pesar de que a su hijo esto no le suena mucho, Laura es una apasionada y eso a ella le encanta. 

     

    William Pérez, el señor de 68 años, un hombre cercano a la vez cauteloso. Servicial como ningún otro, el de gafas cuadradas y sonrisa tímida. Al que desde siempre, desde pelao’, le han gustado los carros viejos, al que no le falta la bendición por la mañana cuando hay desfile, ese, don William, el que antes de la camioneta Mercury M-100 modelo 59 que tiene actualmente, había tenido seis antiguos, como el Simca, Ford 54, Ford 56, Willys, Comando, Renegade 77 y la Wagner.  

     

    Don William, el que dice que vio esta camioneta en el año 2004 y se enamoró, porque era un carro distinto a todos, un carro de lujo en la época, exclusivo; el mismo señor que dice que con los años este gusto no se le acaba, me contó qué el vendedor tardó casi un año en entregársela, pero eso no le impidió visitarla todos los días para sobarla en el parqueadero en el que estaba. Apenas le fue entregada, comenzó el proceso de restauración, quitó cada pieza no original del vehículo y se dedicó a recobrar la esencia de la camioneta, remplazando hasta los frenos de aire por los frenos de fábrica. Actualmente, luego de muchos ires y venires, de muchas horas de don William dedicadas a la Mercury en taller, se encuentra en proceso de búsqueda de las placas de antigüedad, ahora que está jubilado y se dedica a organizar carros y a consentir su camioneta. 

     

    “Todo, todo, todo está como vino el carro: fresnos, dirección mecánica, todo.” William Pérez hablando de la camioneta.

     

    Dentro de los preparativos para el evento, la familia debe enviar fotografías del vehículo, posteriormente se verifica la originalidad y el estado de este, para luego hacer el pago de la inscripción. Días antes del evento don William prepara con gran detalle la camioneta, la mima, la ama, y eso se siente, la adora y la sonrisa en su rostro lo delata.   

     

     

    Inicia el desfile, 10:30 a.m. sonidos por doquier, grandes motores resuenan, bocinas de todo tipo suenan al unísono, el sol llegando a su punto más alto y a pesar de lo que esto podría significar, las personas bordean la vía de salida de los autos, nada les impide presenciar el comienzo del desfile. Vehículo 231, allí van don William, doña Emperatriz y Laura, sonriendo, llenándose de la alegría con la que también se colman los presentes. 

     

    Apenas salieron de la universidad sintieron el cambio en la ruta. Fue toda una nueva experiencia vivirlo desde la UPB. Muchas personas, se sentía lo magno del evento de apertura, Laura compara esta edición con la tradicional en la sede de El Colombiano, en dónde, a pesar de ser abierto al público, el aforo era más reducido, con menos movimiento. Sintieron algunos problemas en la logística, claro, hubo bastantes cambios, pero se lo disfrutaron a cada kilómetro bajo el abrazador calor que cubría a la ciudad en ese momento.  

     

    Laura dice que el valor del desfile reside, en gran medida, en enseñarles a los más pequeños de la historia de la ciudad tras estos vehículos, a la par que se les transmite el amor por esta pasión que tantos corazones moviliza. Y no miente, porque los niños lo adoran, preguntan, se suben, piden fotos, van de aquí para allá, los ojos les brillan cuando ven un carro de estos pasar.   

     

    El desfile partió de la UPB, continuó por Bulerías y la 33, posteriormente tomó la autopista Sur y luego la avenida Regional, pasando después por la avenida Ferrocarril y Las Vegas, hasta llegar a la universidad Eafit, donde culminó en horas de la tarde.  

     

    Viajaron en el tiempo, sentían que el desfile, este año, semejaba a los desfiles de antes que circulaban por las vías que hoy conocemos como secundarias. En algún momento el desfile tuvo mucho protagonismo recorriendo las calles del barrio Laureles y Floresta; esa ruta era más cercana, más con la gente, tal como lo sintieron en esta ocasión.  

     

    Igual que en cada desfile, no hubo novedad alguna con el vehículo, como dice Laura, se portó súper bien, como siempre lo hace. Desafortunadamente, no tuvieron la misma suerte una Ford, similar a la Mercury y un Willys azul clarito, autos que ayudó a desvarar don William, tal como siempre lo hace, eso le gusta, disfruta ayudar, sabe demasiado de carros, y procura que el otro esté bien.  

     

    “De las mayores cosas que yo quiero aprender de mi abuelo es la virtud del servicio; siempre el servicio a los demás, siempre está para los demás. Entonces ese es como un objetivo de vida”. Laura Pérez hablando sobre su abuelo.

     

    Este desfile abrió las puertas para que muchos de los espectadores ingresaran al lugar de apertura y de cierre del evento. Fue bastante diferente, dice Laura, pero le parece bonito que las personas puedan disfrutar como lo hicieron aquel día de los autos.  

     

    Los Pérez no suelen ingresar al lugar en dónde culmina el desfile, pues para la tarde ya se encuentran bastante cansados y lo único que desean es llegar a casa y descansar un poco. Pero este año decidieron entrar, lo hicieron a las 4 p.m. y se lo disfrutaron con el tradicional salpicón, del que cuenta Laura; ese que cada año reparten a los participantes. Este postre también hace parte de la costumbre del evento; todo este suceso es una tradición. 

     

    “Todos los años dan un salpicón, entonces es como ya una tradición”. Laura revela una de las tradiciones del desfile.

     

    A las 5 p.m. salieron, fueron a comer algo para comentar sobre el evento, estar juntos y hablar de cómo les fue. Y así esperar al próximo, para perpetuar en el tiempo esta bonita tradición de la familia Pérez, del amor que se tienen y que le tienen a esta pasión. 

     

    Luego de haber hablado con los tres, a pesar de aquellos imprevistos que pudo tener el evento en la presente entrega, siempre coinciden que este desfile es y será el momento del año más esperado, debido al legado tras esta tradición, al empeño que disponen en el cuidado, decoración y preservación del vehículo. Pues, a pesar de que salen en la camioneta en cada ocasión posible, es innegable que esta siempre se sentirá como la vivida muestra de la unión que han construido entre los tres; este evento es el símbolo cúspide del vínculo que se consolida con cada año que pasa y esperan que eso nunca cambie. 

     

    “Mi abuelo es el amor de mi vida, así sea un viejito cantaletoso” dice Laura entre risas, mientras lo mira de lejos consentir la camioneta.  

  • Así son las normas que preservan la tradición silletera

     

    Por Juliana Buitrago Osorio  / juliana.buitrago@upb.edu.co 

     

    El Decreto 0667 de 2021 regula el Desfile de Silleteros en Medellín, establece normas para proteger, preservar y actualizar la tradición de cada año. 

     

     

    Cada agosto, cuando Medellín vive su tradicional desfile de silleteros, no solo se vive la fiesta más emblemática de la ciudad, sino que se pone a prueba el valor de esta expresión como patrimonio cultural inmaterial, reconocido a nivel internacional por la tradición que tiene como respaldo y de la que el público en general conoce sus aspectos más importantes. Lo que poco se conoce es cómo se preserva esa tradición, cómo se logra mantener inalterados esos detalles que son emblemas de dicha tradición. Con ese propósito se promulgó el Decreto 0667 de 2021, que regula el desfile y el oficio silletero.

     

     

    El Acuerdo Municipal 035 de 2017 establecía parámetros de calificación para los silleteros y sus silletas y definía, por ejemplo, que el vestuario sería considerado como parte de la calificación. El Decreto 0667 de 2021 se encargó de especificar ese marco regulatorio que establece exigencias tanto a los silleteros como a las organizaciones que los representan, junto con las entidades públicas y privadas involucradas en la organización del evento. La Secretaría de Cultura Ciudadana ahora lidera la coordinación del desfile, trabajando en estrecha colaboración con la Cooperativa de Silleteros de Santa Elena (Co S.E.).

     

     El propósito es mantener viva la tradición mientras se adapta a las exigencias de un contexto en el que, por ejemplo, el público del desfile se extiende a un gran número de turistas extranjeros que buscan entender el contexto y la historia del espectáculo que se ve cada año en las calles de Medellín, mientras al tiempo ese interés atrae otros actores que son parte de esa dinámica turística, pero cuyos intereses pueden implicar distorsiones sobre la historia, el sentido, la originalidad y hasta la calidad de la expresión silletera.

     

    ¿Cuáles son las técnicas, las flores tradicionales? ¿Cuáles son las fincas originales, las técnicas de cultivo autóctonas? Para mantenerlos vigentes entre las nuevas generaciones de silleteros se han implementado programas de formación y capacitación, con el objetivo de fortalecer sus habilidades en la preservación de las técnicas tradicionales y asegurar la participación activa de las nuevas generaciones.

     

     

     Luego de la capacitación, la norma mantiene la exigencia de ese conocimiento que se enseña entre los silleteros. El marco regulatorio incluye normas minuciosas que abarcan desde la cantidad y variedad de flores permitidas, el peso y las dimensiones de las silletas, hasta el vestuario de los participantes. Además, se establecen sanciones para quienes no cumplan con estas normas, con la intención de garantizar un desfile organizado y de alta calidad.

     

    Para conocer con más detalle las normativas silleteras se pueden interactuar con la siguiente imagen:

     

    Abrir contenido interactivo

     

     

    Voces más allá de las flores y las silletas   

    Don Antonio Grajales, un silletero con una larga trayectoria en el desfile, expresa su opinión sobre estas normas diciendo que: “Estos reglamentos hacen que el desfile se convierta en algo para mostrar y no en un evento del pueblo”. Sin embargo, también reconoce la necesidad de mantener el orden en un evento que ha crecido exponencialmente y atrae la atención internacional.

     

     El público del desfile reconoce cada vez más los detalles de una buena presentación silletera. Foto: Juliana buitrago Osorio.

     

    Por otro lado, voces más jóvenes como la de la silletera Daniela Londoño, que hace parte de el desfile ya que heredó el contrato su padre hace 18 años, expresa que: “En este caso, ese contrato abarca las obligaciones del silletero para conservar la tradición, pero al mismo tiempo exige a la administración actual los deberes para nosotros como silleteros, como es el caso del reconocimiento económico que nos otorgan, transporte, alimentación, etc. Y el incremento anual de ese reconocimiento.” Destaca que estas regulaciones no solo aseguran la continuidad del legado silletero, sino que también establecen derechos y garantías para quienes participan, como el reconocimiento económico y logístico. 

     

    Jonathan Londoño, un silletero de la categoría emblemática, comenta que estas regulaciones no están alejadas de la realidad silletera, pues están creadas por y para los silleteros, en función del mantenimiento de la tradición en el futuro. Pero también expresa su descontento, ya que considera impotente, integrar la innovación en el desfile o en la forma de la elaboración de las silletas, pero estas normas no han permitido la novedad que él espera integrar; como el uso de inteligencia artificial o realidades virtuales a la silleta. Encontrando una tensión entre la preservación de lo tradicional y la adaptación a un mundo en constante evolución.

     

    Abrir audio

     

    Añadiendo una perspectiva histórica de la tradición, Ana Abeiba Londoño, pionera y participante del primer desfile de silleteros, recuerda lo diferente que era el desfile en sus inicios, relata que el desfile era corto, no era bien pagado, se llevaba las silletas que se quería, con la vestimenta que fuera y resalta que ahora “hay que estar bien pegado a las normas porque hay mucha mucha gente lo va a ver a uno”.

     

    Entrevista a Anabeiba Londoño de Rendón, pionera en el desfile de silleteros

     

    La implementación de toda norma siempre se enfrenta a la necesidad de equilibrios. Por ejemplo: que las exigencias no hagan el oficio inviable, pero que sí se garanticen unos mínimos que mantengan la tradición,el valor cultural, el sentido social del desfile y su calidad como espectáculo tradicional. Lo positivo es que lo que se ha logrado es producto del trabajo mancomunado entre los silleteros y la administración. De se modo se entiende que la responsabilidad de los gobiernos es también con las manifestaciones culturales y los factores sociales y hasta económicos que conllevan.

     

  • En Bellavista hay una buena señal

    Por Valeria Hernández Martínez / valeria.hernandezm@upb.edu.co

     

    Nos alejamos de Medellín y el paisaje se tiñe de un naranja rojizo, característico de los ladrillos en las fachadas de las viviendas aledañas a la carretera que conduce al sector de Machado, que deja de ser la carrera 44 y se vuelve la diagonal 45 de la creciente ciudad de Bello, metros después de un frustrado autódromo que lucha contra la maleza. A la orilla contraria, imponente, se levanta una edificación azul y blanca cuya cornisa está repleta de metros y metros de alambre de púas. No puedo evitar tragar un poco de saliva al ver como una inmensa puerta vehicular nos da ingreso al hermético primer filtro de acceso.

     

    El frío gélido de las 7:00 a. m. se infiltra por entre las ventanas a medio abrir. Estamos a la espera del dragoneante Sepúlveda, quien cuenta con nuestras autorizaciones de ingreso. Conforme la espera se intensifica, un bus se estaciona detrás de nosotros, del cual bajan personas en fila y esposadas entre sí. Algunos tiemblan y chasquean sus dientes y es difícil saber si se trata de una reacción al clima o a otro tipo de elementos externos. Reconozco que no es un panorama sencillo, sabiendo bien que nunca me he enfrentado a este tipo de entornos.

     

    El docente de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) y director de su Centro de Producción Audiovisual, Álvaro Hoyos, estaciona su vehículo para proseguir con el registro necesario para ingresar al Centro Penitenciario Bellavista, el cual, contrario a cualquier prejuicio, recibe a sus visitantes de brazos abiertos —claro está, siguiendo todos los lineamientos necesarios—.

     

    Cuando le comenté a mi familia sobre mi visita a, quizás, uno de los lugares más inusuales a los que me ha llevado mi trayectoria como periodista amateur, me advirtieron de tener cuidado a la hora de ser requisada al ingresar, sin embargo, los rigurosos filtros no se sintieron invasivos más allá de todo lo protocolario. Trato de concentrarme cuanto más puedo y aguzar todos mis sentidos, puesto que a partir de este punto, todas mis pertenencias se quedan atrás.

     

    Guiada por Hoyos, atravesamos un pasillo con decoraciones alusivas al buen comportamiento y a los valores institucionales del recinto. El docente me pregunta cómo me siento y con gran naturalidad, respondo que no tengo tantos nervios como pensaba. Atravesamos un espacio con poca iluminación, donde se realizan las visitas conyugales. El policía de turno en aquel espacio saluda efusivamente y nos permite pasar a un pasillo en las zonas abiertas y verdes del lugar. La mayoría de hombres porta pantalones caqui con naranja, escucha música en radios y se desplaza en grupos por doquier.

     

    Una enorme pared de ladrillos blanca permite ver a través de su cima alambrada las imponentes montañas de la ciudad, los edificios y el verde característico de nuestra “eterna primavera”. Abajo, un mural que lee “los sueños son libres”. Hay figuras religiosas, uno que otro gato que se pavonea entre las personas y para mi gran sorpresa, un estanque de peces. Sin tener mi reloj a la mano, calculo que deben ser un poco más de las 8:00 a. m., aún así, hay un gran movimiento de funcionarios y privados de la libertad que hacían tareas de cuidado de los espacios.

     

    Bajando un par de escaleras, en una esquina en la que jamás me hubiese fijado, un letrero anuncia el ingreso al Centro de Producción Audiovisual de Bellavista, con un estudio televisivo dotado con cámaras y equipos gracias a la UPB. Es posible encontrar la Radio Penitenciaria de Colombia (RPC), la primera del país en emitirse desde una cárcel y ser escuchada por más de 50.000 personas, patios de diversos recintos carcelarios, familiares de reclusos y señales reportadas de oyentes desde el extranjero.

     

     

     

    Luces, cámara y antes de la acción

    Los orígenes del canal Bellavista Televisión se remontan mucho más atrás de la intervención de la UPB. En 1990 se comenzó a evolucionar gradualmente el sistema penitenciario del país, con el fin de resocializar a los reclusos en pro de generar espacios para la comunicación y la adquisición de conocimientos en habilidades afines a la producción y edición de material audiovisual. Posteriormente, el surgimiento de Bellavista Stereo, la emisora del establecimiento carcelario se incorporó a esta iniciativa que incluye también a personal del Inpec (Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario) y ha servido de ejemplo para otros centros penitenciarios nacionales que han desarrollado sus propios proyectos radiales o televisivos que abordan temas de interés general tanto para reclusos como para la sociedad en general.

     

    En 2017, Durán, un dragoneante activo en aquel entonces en Bellavista, se pone en contacto con el docente Hoyos, solicitando ayuda para el Centro de Producción de Audio y Video (Cepav). Despertando el interés del docente, acuerdan verse en el campus universitario, donde Durán comenta que los inicios del Cepav se remontan años atrás, cuando se instalaron más de 200 televisores dentro del centro penitenciario que posteriormente fueron removidos por el director de entonces. Sin embargo, la estructura de los televisores seguía intacta, lo que llevó a un acuerdo con Cable Bello para la realización de productos audiovisuales en una frecuencia del canal que pudiera ser visto en las celdas.

     

    Ese mismo año, la Arquidiócesis de Medellín encargó a la UPB el cubrimiento de la visita del Papa Francisco al Centro de Eventos La Macarena. Para esto, se utilizó una unidad móvil, la cual fue adaptada de lo análogo a lo digital y a bordo de la cual se hizo el cubrimiento del evento por parte de un equipo conjunto de la UPB y el Cepav. Es así como Bellavista recibe su primera gran donación de equipos por parte de la institución educativa.

     

    El proyecto recibió un golpe sorpresivo cuando el Dragoneante Durán falleció. El proyecto quedó pausado indefinidamente. Aquello, hasta que, a inicios de 2025, el nuevo encargado, el dragoneante Sepúlveda, buscó ponerse en contacto con Hoyos para reactivar el Cepav. Previamente, se habían donado micrófonos, consolas, cámaras, trípodes y demás elementos para el desarrollo de actividades en la radio y en el canal televisivo, sin embargo, algunos de estos ya no se encontraban en el mejor estado. De la mano de proveedores aliados a la UPB, se dotaron nuevos equipos para el uso de los reclusos y se comenzaron a impartir clases de lenguaje audiovisual y de imagen, que recopilan una gran variedad de temas de interés para el desarrollo y producción de videos y otros productos.

     

    Hoyos espera escalar este convenio en algo más allá de los cursos y las dotaciones. Espera convertir esto en algo interinstitucional que pueda ligarse al área de formación continua universitaria, debido a las oportunidades que brinda a futuro para el desempeño laboral de los privados de la libertad. De la mano del rector de la UPB y del director de Bellavista, busca generar espacios de intercambio entre ambas instituciones, puesto que tienen infinidad de conocimientos que compartir, construidos por la experiencia profesional y el estudio que estas personas tienen de la materia, incluyendo cátedras universitarias con miembros del programa. Esta formalización ha madurado progresivamente y ahora es cuestión de tiempo que la secretaría general dé su aval para finalizar el vínculo. “Las rejas están en la cárcel. Si ellos (los reclusos) aprenden y trabajan, van a poder generar maneras de sentirse libres en su espíritu”, recalca Hoyos, añadiendo también que “incluso hay gente en la calle que se siente presa por muchos motivos. (…) Está en nuestro ADN como comunidad Pontificia ayudar a los otros”.

     

    Un latido común audible entre micrófonos

    Al entrar al Cepav, Hoyos me muestra el lugar donde se desarrollará el curso del día de hoy. No es un espacio particularmente grande, cuenta con un muro lleno de repisas con los implementos donados por la UPB, unos dos o tres computadores en perfectas condiciones, anaqueles que, asumo, serán para mayor almacenamiento y una particular lámpara con forma de luna que se enciende y apaga intermitentemente, dándole una sensación fresca al lugar.

     

    Hoyos saluda jovialmente a quienes ingresan por la puerta, listos para la que sería la segunda clase dictada por el docente en estas instalaciones. Me dispongo a encontrar un buen asiento en la medialuna formada por las sillas para los asistentes y no es hasta luego de haber recibido un vaso de agua que arriban el dragoneante Sepúlveda y otro par de privados de la libertad a la sala, a quienes el docente me introduce: “Es periodista del medio universitario Contexto UPB. Viene a acompañarnos hoy para escribir sobre estas iniciativas audiovisuales dentro de Bellavista”.

     

    Comparto un saludo cordial y breves apretones de manos mientras me indican sus nombres y me explican que trabajan en la cabina de la RPC. Escucho atentamente, hasta que me solicitan una entrevista en vivo desde la cabina radial. “¿Yo? ¿Una entrevista?”, pienso. A pesar de haberlas realizado tantas a otras personas a lo largo de mis estudios, nunca se me ocurrió que alguien podría tener interés de realizarme una a mí. Accedo sin pensarlo mucho.

     

    En la pared al fondo del reducido espacio, las enormes letras RPC anuncian con gran orgullo a que se destina este lugar. Frente a dicho letrero, es posible hallar una consola equipada y un par de monitores de gran tamaño, útiles para la dirección de la radio. El techo se adorna con luces led que cambian de color cada cierto tiempo. Un par de mesas juntas albergan ordenadores, micrófonos Rode, sillas de escritorio y para mi gran sorpresa, fuentes y camas para una gata inmutable de cuya presencia casi no me percato.

     

    En esta radio participan comunicadores sociales y periodistas, tanto de profesión, como empíricos. Es un espacio de constante aprendizaje y crecimiento, donde cada invitado que arriba, pasa a ser parte de la extensa historia, aún en desarrollo de la RPC. La cabina, modernizada y dotada gracias a la iniciativa de los reclusos y de la UPB, me recibe calurosamente con música sonando por lo bajo para poder hacer audibles las voces de quienes me hacen un espacio en la mesa principal.

     

    Los reclusos me explican que estos espacios son comunes para sus oyentes, donde invitados han pasado por la cabina a contar sus historias o su relación con las iniciativas del Cepav. “El docente Hoyos ya ha venido muchas veces. Nos encantaría que nos brindaras un punto de vista diferente”, dicen. Aún con los nervios de saber que mi voz retumbaría en los parlantes de muchos centros penitenciarios del país en pocos minutos, me dispuse a tranquilizarme para responder todas las preguntas que me realizaban, las cuales variaron desde el propósito de mi visita como estudiante, la relación de la UPB con Bellavista, mis motivaciones tras la elección de estudiar mi pregrado y demás temas afines.

     

    En las pantallas de los ordenadores, puedo ver los mensajes en directo que llegan a la radio de seguidores solicitando canciones. “Es mi primera vez en la radio”, digo, una vez me indican que estamos fuera de aire. Los presentes se sorprenden, aludiendo a mi manera de responder. El dragoneante Sepúlveda incluso cuestiona mi acento, preguntándome si vengo de otra región del país por mi vocalización y neutralización. Entre risas, recibo cálidas bienvenidas en caso de un futuro regreso y menciones de que es bueno dar visibilidad a estudiantes universitarios sobre iniciativas y temáticas como lo es el Cepav de Bellavista.

    Sesión de capacitación orientada por el director del CPA de la UPB. Foto: Agencia de Noticias UPB.

     

    Dentro del aula de la medialuna

    Con manos temblorosas, salgo de la cabina hacia el salón donde Hoyos dicta clase a los privados de la libertad. Es una locura, ¡acabo de salir al aire en la radio! Me hubiese encantado avisar a todos mis familiares y allegados en el momento para que pudieran haberlo oído. Al ingresar al espacio, el docente se encuentra explicando las fases de la producción audiovisual.

     

    Hay más de 10 personas sentadas escuchando activamente. Algunos escriben en libretas, mientras que otros participan con gran entusiasmo: Es inspirador ver cómo cada uno tiene una manera diferente de aprender. Hoyos habla con apropiación y recurre a una gran variedad de términos, ejemplos y recursos audiovisuales que pueden interesar a su público: la importancia del trabajo en equipo en la televisión, géneros y formatos de la grabación de contenidos, uso de planos y ángulos, riesgos en un set, entre otros. Me sorprendo al ver cómo los privados de la libertad hacen alusión a conocimientos previamente adquiridos en el curso, mencionando interfaces de edición con las que ya se encuentran familiarizados, comentando sobre fotogramas y demás temas que a mí misma me costaron semestres enteros en memorizar.

     

    El tiempo destinado para estos cursos va desde las 8:00 a. m. hasta las 12:00 m., aproximadamente, puesto que después de dicha hora es difícil el ingreso y la salida del centro penitenciario. Es por esto que Hoyos busca optimizar el tiempo al máximo, pasando a una especie de segunda clase del día: gramática del lenguaje audiovisual. Al tomar en cuenta lo previamente explicado, procede a enseñar sobre el uso de planos, ángulos e iluminación, a sacar provecho del movimiento en la cámara, a relacionar de forma sensata el sonido y la imagen y a resaltar el sentido de pertenencia de sus aprendices enfatizando en que cada persona tiene un área de interés en la que puede ahondar a la hora de realizar proyectos.

     

    La clase llega a su fin cerca del mediodía. Entre agradecimientos y elogios, los privados de la libertad se despiden de Hoyos, quien pide a todos repasar atentamente sus notas y los conceptos estudiados en las clases realizadas hasta aquel entonces, puesto que realizará un examen evaluativo al finalizar el curso. Me enternece ver cómo le preguntan al docente si es posible que comience a regresar dos veces a la semana, en lugar de una sola, quizás en ansias de exprimir al máximo los aprendizajes y espacios fuera de la rutina que mantienen a todos los reclusos entretenidos y motivados al adquirir nuevas habilidades que podrán poner en práctica en un futuro.

     

    Un mundo de posibilidades, a pesar de los sesgos

    Los centros penitenciarios como Bellavista son espacios de cambio, inflexión, reconstrucción y autodescubrimiento. No sólo para sus reclusos, sino también para quienes entramos de manera expectante y con una guardia más alta de lo que se requiere. Esto me lo demuestra la amabilidad con que fui recibida y con la que me despiden mientras hago el mismo recorrido que hice al ingresar para salir junto a Hoyos. Un par de personas lo intercepta en el corto camino, disculpándose por no poder estar en la clase del día y pidiendo que envíen los archivos utilizados por el docente de forma impresa al dragoneante Sepúlveda –encargado de coordinar los ingresos y horarios de los cursos con el docente–, para así poderlos estudiar al no haber estado en la explicación.

     

    No es extraño en este tipo de establecimiento el generar sesgos y cierto temor a ojos de una sociedad discriminatoria, sin embargo, las iniciativas de aquellos quienes están motivados a crecer y salir renovados, demuestra ser más grande que cualquier prejuicio dentro del Cepav. Hoyos me pregunta cómo me sentí. Asiento levemente antes de responder positivamente, “Donde no tengas (contenido suficiente) para sacar un texto… imposible”, me dice, entre risas y evidentemente debo darle la razón.

     

    En fechas más recientes, posteriores a mi visita, Hoyos ha continuado con los cursos afines a producciones audiovisuales en el Cepav, y la RCP ha desarrollado diversos productos, como un podcast en el cual acogieron al jugador de fútbol Juan Guillermo Cuadrado como invitado e incluso una radionovela titulada “Estratos de amor” que busca retratar una perspectiva distinta del romance y los estratos socioeconómicos con relación a los centros penitenciarios.

     

    La mayoría de privados de la libertad con quienes pude interactuar de primera mano mantienen una actitud de optimismo frente a su estatus, recordándose que nada nunca será para siempre y que cada persona es una construcción de fragmentos de instantes y momentos. Suspiro mientras el auto que conduce Hoyos nos vuelve a acercar a esa conocida jungla de concreto en que vivo. Debo contar esta experiencia al mundo, porque a diferencia de los momentos, los recuerdos que me llevo sí serán para siempre.

  • La salud mental de Medellín: desafío en transformación

    Mariángel Gómez Jiménez / mariangel.gomezj@upb.edu.co 

    En Medellín, la salud mental se ha convertido en un tema de interés general y natural con el paso del tiempo. Después de la pandemia aumentaron los niveles de ansiedad, depresión y consumo de sustancias psicoactivas, especialmente entre los jóvenes. La crisis económica y los conflictos familiares han sido factores determinantes en esta problemática. 

     

    Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud mental es un estado de bienestar en el que las personas pueden afrontar el estrés cotidiano, trabajar de manera productiva y contribuir positivamente a la comunidad. No se trata solo de la ausencia de trastornos, sino de un equilibrio emocional que influye en la calidad de vida y las relaciones interpersonales. 

     

    Diagnóstico Medellín 

     Para hacer frente a esta situación, la Secretaría de Salud de Medellín ha implementado programas como “Medellín te quiere saludable”, que integra diferentes acciones de acompañamiento psicológico. Esta estrategia incluye la presencia de psicólogos en colegios, escuchaderos en puntos estratégicos de la ciudad y la Línea Amiga Saludable, disponible las 24 horas para quienes necesiten ayuda u orientación. 

     

    Además, existe el Código Dorado, que permite una respuesta inmediata en casos de crisis en salud mental, y los centros de escucha comunitarios (diferentes a los escuchaderos), enfocados en la atención de personas que consumen sustancias psicoactivas. Anteriormente, existía el programa “Dame Razones”, enfocado en la prevención del suicidio, pero actualmente sus acciones han sido incorporadas dentro de “Medellín te quiere saludable”, según explica Ibón Hernández, Líder de Proyecto de la Secretaría de Salud de Medellín. 

     

    Escucha más sobre estas estrategias en el siguiente audio: 

     

    Abrir audio

     

    Salud mental postpandemia

    El docente investigador de la Universidad Católica Luis Amigó Marcos Fidel Vega Seña, señala que la pandemia trajo consigo desafíos que antes no se comprendían del todo. Asegura que el encierro prolongado generó cambios significativos en el bienestar emocional de las personas, dando lugar a la aparición de diversas patologías. La convivencia forzada en los hogares sacó a la luz conflictos latentes, lo que aumentó los niveles de estrés, violencia intrafamiliar y, en algunos casos, pensamientos de desesperanza e intentos de suicidio. Para Seña entre los síntomas más frecuentes tras la pandemia se encuentran la ansiedad, la angustia, la incertidumbre y, en casos más graves, la esquizofrenia, lo cual refleja el impacto que tuvo esta crisis en la salud mental de la población. 

     

    Ivania Gómez, psicóloga especialista en adicciones aborda el tema del consumo de sustancias psicoactivas postpandemia y su impacto en la salud mental:

     

    Video

     

    ¿Cómo ayudar a una persona con problemas de salud mental y cuál es el impacto del suicidio en la comunidad? 

    Cada vez más personas se ven llamadas a intervenir en situaciones de este tipo. Algunos estudiantes de la Universidad Pontificia Bolivariana le ayudarían a las personas con problemas de salud mental, a través de la escucha activa, la búsqueda de información sobre el tema y la recomendación de acudir a un profesional en psicología. Además, motivan a las personas a realizar actividades que disfruten y en las que se destaquen, como una estrategia para reducir el estrés. Así mismo Danna Rosero nos cuenta sobre el impacto que generan los problemas de salud mental o suicidio en la comunidad. 

     

    Sus opiniones se comparten en el siguiente video:

    Video

     

    La responsabilidad de los medios en el tema

    Según Marcos Fidel Vega Seña y Eliza Kratc Gil, autores de “Cómo se informa suicidio. Una guía para periodistas y comunicadores”, la comunicación responsable es fundamental en la construcción de una sociedad informada y consciente. En temas sensibles como la salud mental, el suicidio y el consumo de sustancias psicoactivas, la manera en que se transmiten los mensajes puede tener un impacto significativo en la percepción y el comportamiento de las personas. Seña asegura que ello ocurre aún más cuando la comunidad se siente identificada con algún aspecto de la información y por ello recomienda tener uso adecuado del lenguaje, ya que evita la estigmatización y promueve la búsqueda de ayuda profesional.  

     

    Además, Marcos Seña, indica que la comunicación responsable fomenta la prevención y sensibilización, proporcionando información veraz, empática y basada en evidencia y que, en el ámbito periodístico, es clave evitar el sensacionalismo y priorizar enfoques educativos, como el efecto Papageno, que resalta historias de superación y apoyo en lugar de dramatizar casos de crisis. Este contribuye a la reducción del miedo, la discriminación y el aislamiento de quienes enfrentan problemas de salud mental. 

     

    Conozca la guía sobre información en medios en torno a la salud mental y el suicidio AQUÍ.

     

    En las siguientes imágenes se encuentran recomendaciones para informar sobre el tema de la salud mental y el suicidio. También la diferencia entre el efecto Werther (evitarlo) y el efecto Papageno (promoverlo). 

     

    Fuente: Marcos Vega Seña 

     

    En la siguiente entrevista conozca en voz del investigador Marcos Vega Seña sobre el efecto Papageno y Wherter. 

    Abrir audio

     

    El contexto de los últimos años se caracteriza por los impactos de la dinámica económica y la vida familiar y social de las personas han agravado la situación, junto a problemas vinculados como el consumo abusivo de sicoactivos y alcohol. La Alcaldía de Medellín implementa estrategias para hacer frente a la situación. El hecho de que estas acciones lleguen a los espacios cotidianos es la prueba de que todos podemos ser parte de soluciones.