En el Congreso se aprobó una reforma pensional, que el Ejecutivo sancionó para que entrara en vigencia en julio de 2025, pero el poder judicial ordenó devolver la iniciativa al legislativo por errores de trámite. Además por la falta de varias herramientas jurídicas que permiten que la reforma funcione. Por ejemplo: el decreto que faculta al Banco de la República para manejar dineros para las pensiones. Es como irse de vacaciones en carro pero sin saber si todos pueden irse a descansar y con un conductor sin licencia.
Mientras tanto, la realidad se impone: pensionarse en Colombia es un trecho largo y muchas veces difícil. ese trecho no es un camino solo, hay muchos y cada uno depende de la realidad de cada persona, de su oficio, de sus condiciones de trabajo.
En esta multimedia interactiva te mostramos varios de esos caminos y te invitamos a jugar para que conozcas cuáles son las rutas más frecuentes hacia la pensión, que para muchos colombianos es como un sueño. También tienes el espacio para compartir tu historia y que así conozcamos cómo es en Colombia el camino pensional.
Pasar por la autopista. Comer en un restaurante. Caminar para la universidad. En general, salir de la casa: de la puerta hacia afuera se ha vuelto difícil no toparse con un habitante en situación de calle en Medellín. El aumento de esta población ya apuntada en las cifras del 2023 que brindó el Concejo de Medellín, es cada vez más evidente en la cotidianidad. A diario, recorrer la ciudad es sinónimo de confirmar y verificar con los propios ojos que esto se salió de las manos ¿culpa de quién?
La Alcaldía de Medellín ha señalado 16 puntos críticos de esta población, entre los cuales están presentes Laureles, Guayabal, La Aguacatala y el Centro. Diversas ubicaciones y diferentes estratos, todos testigos de que en Medellín también la calle está siendo un hogar. Por diferentes motivos, condiciones, vivencias o abusos, algunas personas no han visto otra opción que residir en ella. En “Habitar la calle: voces del pavimento” se exploró la perspectiva de quienes lo viven, los habitantes en situación de calle. Ahora, es el turno de quienes lo atestiguan día a día: los residentes y comerciantes de Medellín. ¿Qué implicaciones tiene este fenómeno para ellos?
Se entiende por residente a quien normalmente habita en una vivienda específica, sea una casa, un apartamento o, en general, una residencia. Por comerciante, quien ofrece bienes o servicios.
Es común pasar por la Avenida Regional y notar la presencia de habitantes en situación de calle a las orillas del río. Foto: Estefanía Hernández
Una de las principales afectaciones para los transeúntes, es el tema de la sanidad. Las necesidades fisiológicas aquejan a todas las personas, sin excepción. Los habitantes en situación de calle, tienen pocas alternativas para atenderlas: algunos baños públicos ubicados en la ciudad, la calle o las zonas verdes. Los desechos fecales y urinarios esparcidos a lo largo de la ciudad por la falta de acceso a servicios básicos, representan una serie de olores desagradables que impregnan a la ya sulfurada tacita de plata.
Adicionalmente, dichos desechos pueden ser transmisores de enfermedades. Por ejemplo, la comida callejera presenta riesgo de adquirir restos de materia sólida que haya en la calle (las heces, luego de un tiempo se deshidratan y se hacen polvo), por ende, los alimentos expuestos se pueden contaminar. Con el ánimo de fortalecer la salud y el espacio público brindando manejo a los residuos fisiológicos, la alcaldía instaló baños públicos dirigidos, sobre todo, a esta población. En diciembre de 2024, ubicó 13 baños públicos nuevos en los puntos de la ciudad donde hay alto tráfico de personas, como la avenida de Greiff, el parque de San Antonio y el Parque de las Luces. No obstante, solo están disponibles de 9 am a 6 pm.
La secretaria de Inclusión Social, Familia y DDHH, Sandra Sánchez expuso durante una intervención en el Concejo de Medellín que un 53,9% de la población en condición de calle se dedica al reciclaje y el 16,4% a la mendicidad. Esta última actividad aqueja a algunos comerciantes de la ciudad, quienes notan que sus clientes, mayormente de restaurantes o locales de alimentos, se incomodan cuando se acerca una persona buscando recolectar monedas o comida.
Es que, en ocasiones, no es solo una persona. Pueden ser hasta tres o cuatro habitantes en situación de calle que, en un periodo de aproximadamente una hora (desde que el cliente se sienta en la mesa hasta que paga su comida y se marcha) se acercan vendiendo dulces. A veces se acercan con niños o bebés. Las opciones para sobrevivir son reducidas. Este es uno de los panoramas en el que se hace más notorio el aumento de personas en condición de calle y en el que, una vez más, se hace más urgente que las entidades públicas tomen acciones de manera integral.
Otra de las necesidades básicas del ser humano es el descanso. Algunos habitantes en situación de calle buscan lugares fijos para dormir, donde puedan instalar un cambuche. Otros, prefieren los corredores de los locales comerciales o alguna calle que tenga techo para no mojarse en caso de lluvia, pues el clima de la ciudad es impredecible.
Para poder abrir el local al público, los comerciantes deben despertar a las personas que estén dormidas afuera y no siempre es un trabajo fácil: cuando se logran dormir después de una noche fría y una acera dura, es entendible el mal humor. Sin embargo, varios habitantes en situación de calle son conscientes que se deben ir temprano y están acostumbrados a que su alarma sea espacio público, quien hace presencia desde el amanecer en los sectores comerciales. A veces, los trabajadores de cada local deben asearlo antes de abrir debido al olor. Esto puede representar un esfuerzo adicional para ellos, quienes ya se cansan lo suficiente con sus labores.
Dentro de estas implicaciones diarias que afrontan los comerciantes y residentes de Medellín, también hay otra situación visible: la falta de pedagogía ciudadana sobre los habitantes de y en calle. Desde palabras inadecuadas y despectivas para referirse a la población hasta actos violentos se han presentado en la ciudad. Una de las causas de este rechazo es la necesidad de mostrar a Medellín como un destino perfecto para turistas, por lo cual se recurre a cerrar los ojos e ignorar este tipo de problemas de salud pública. El aumento y la presencia de personas en condición de calle exige una pedagogía aún más responsable y amplia porque ellos, como usted, son humanos.
Como se mencionó, la falta de concientización y pedagogía puede desencadenar actos violentos. Este año, se han registrado casos de intolerancia frente a esta población. La intolerancia, que es sinónimo de odio, ha causado homicidio. Frente a estas situaciones, el secretario de seguridad Manuel Mejía reconoció en el diario Q´hubo que, efectivamente, “este año (2025) se han presentado casos de intolerancia que rechazamos de plano y es injustificable”. Lo cierto es que se deben tomar medidas urgentes, por un lado, de este tipo de hechos violentos y la falta de pedagogía frente a esta población y, por otro lado, de la situación de habitantes de calle que sigue en aumento.
Tomar acciones por su cuenta no es justificable bajo ningún motivo. A pesar de que este artículo está centrado en Medellín, cabe apuntar que también que en otras ciudades, como Bogotá y Cúcuta se han presentado hasta marzo, 15 asesinatos en 60 días según el Observatorio de Poblaciones Vulnerables del Movimiento Visibles citado en Temblores. Esto indica que, no solo en Medellín es necesario establecer acciones pedagógicas en la comunidad sino a nivel Colombia.
Los comerciantes y los residentes tienen puntos de vista diversos. El periódico Contexto conversó con algunos de ellos en las comunas 10 (La Candelaria) y 15 (Guayabal), dos de los puntos críticos de habitantes en situación de calle según la Alcaldía de Medellín. Hubo opiniones divididas. Unos, recordaban una anécdota, otros hacían evidente su cansancio por la situación y para otros, acostumbrados a habitar con ellos, ya se volvió paisaje. Pero, en definitiva, todos tenían algo por decir porque la situación está ahí, entre las palabras, la ciudad y la calle. Está ante los ojos. Escuche por usted mismo, lector, lo que nos dijeron:
Reconocer que hay más de 7 mil personas en condición de calle en la ciudad y que esto conlleva implicaciones para los residentes y comerciantes es el primer paso para buscar soluciones integrales e incluyentes, porque es una situación que requiere de todos. También, para emprender acciones de pedagogía, que fortalezcan la concientización y la sensibilidad frente a esta población que se encuentra en condiciones de vulnerabilidad, porque todos son seres humanos. Y, por último, para afirmar que la calle es un derecho. Porque los comerciantes y los residentes, todos, también habitan la calle: la viven, la trabajan y la gozan.
Cuando en internet (o en IA, que es la herramienta de moda) se busca la definición de la palabra “calle”, los resultados son diversos. Se describe su material “es de cemento”; su forma “es lineal, curveada”; su función “espacio público para caminantes o vehículos”; sus sinónimos “vía, pasaje, avenida, callejón”; y hasta aparecen otros usos “es un apellido”. Pero nunca, en ningún diccionario o lugar de la web, la calle es descrita como un hogar. Entonces ¿por qué hay más de siete mil personas viviendo en condiciones de calle en Medellín?
Es esencial, en primer lugar, hacer una distinción, porque de acuerdo con el Ministerio de Salud y Protección Social, hay una connotación distinta entre habitante EN calle y habitante DE calle. Las personas que pasan la mayor parte del tiempo en la calle y ejercen en ella algunas labores para sustentarse, pero cuentan con un espacio privado como la casa o una habitación arrendada, son habitantes EN calle. En cambio, las personas que viven permanentemente en ella o de forma transitoria, es decir, que “desarrollan todas las dimensiones de su vida en el espacio público”, son habitantes DE calle. Para referirse a ambos grupos poblacionales se usa el término habitante en situación de calle.
Esta población se considera vulnerable y en riesgo, por lo que se formuló la Política Pública Social para Habitantes de la Calle (PPSHC), establecida en la ley 1641 de 2013, con el fin de promover y garantizar sus derechos y poder llevar a cabo su inclusión social de manera integral. Los departamentos, distritos o municipios que registren la presencia de habitantes en situación de calle deben implementar la PPSHC y ofrecer servicios de atención integral para ellos y ellas.
Por su parte, la Alcaldía de Medellín cuenta con el Programa de Atención e Inclusión Social para el Habitante de Calle, que atiende a las personas de 18 a 59 años. La estrategia más destacada o, al menos la más conocida entre la población, es Centro Día, un espacio donde la alcaldía brinda atención básica, psicosocial y en salud. Allí, los habitantes en situación de calle pueden ir cada día para comer, asearse y, en algunas sedes, también se pueden quedar a dormir. Para esto deben llegar a hacer fila desde temprano, pues los cupos son limitados.
Dado el aumento de esta población en los últimos años, el cual se ha propiciado por diferentes condiciones como desempleo, crisis económicas, pandemia y consumo de sustancias psicoactivas, Medellín necesita más estrategias frente a la situación, no solo para mitigarla sino también prevenirla. Sin duda, para encontrar una posible alternativa, resulta indispensable considerar la perspectiva de quienes viven, en carne y hueso, esta situación. Por esto, el periódico Contexto UPB quiso conversar y, sobre todo, escuchar a los habitantes en situación de calle ubicados en dos de los puntos críticos expuestos por la Alcaldía de Medellín: La Comuna 15 (Guayabal) y la Comuna 10 (El Centro).
En Guayabal se realizó un recorrido el 3 de abril de 2025, dirigido por la Fundación La Nave de los Sueños, que sale el primer jueves de cada mes a repartir pan con aguapanela a los habitantes en situación de calle de la zona. La fundación argumenta que las “aguapaneladas” son un acto de encuentro con los habitantes en situación de calle, que se puede convertir en el primer paso para que ellos tomen la iniciativa de iniciar un proceso de rehabilitación. Es decir que, mediante estas visitas, ellos se pueden sentir acompañados por la sociedad.
Siete días después, el jueves 10 de abril de 2025, la Fundación Visibles lideró el recorrido por El Centro de Medellín, desde la estación Cisneros hasta la estación San Antonio del Metro. Como su nombre lo indica, el mayor propósito de la fundación es visibilizar a la población de habitantes en situación de calle para que, al contrario de ser ignorados, sean reconocidos y valorados por la sociedad como seres humanos. Es por eso que, cada jueves, salen a repartir chocolate con pan para hacerles saber que son incluidos en la sociedad y, así, construir un mundo “donde nadie pase desapercibido”.
En ambos recorridos, un número significativo de habitantes en situación de calle, la mayoría de género masculino (según el Concejo de Medellín, el 86% de habitantes en situación de calle son hombres y el 14% son mujeres), se acercaron y recibieron con gratitud el alimento y la bebida. Algunos accedieron a responder un par de preguntas y permitieron que su punto de vista frente al asunto fuera escuchado.
A modo de abrebocas, se destaca que la mayoría de ellos reciclan (de acuerdo con una intervención en el Consejo de Medellín de la secretaria de Inclusión Social, Familia y DDHH, Sandra Sánchez, un 53,9% de esta población se dedica al reciclaje y el 16,4% a la mendicidad) y coinciden, sobre todo los que habitan la comuna 15, en que sienten desprecio por parte de las demás personas hacia ellos. Además, allí se está presentando una situación especial con espacio público y acciones que ha emprendido la alcaldía junto al Metro de Medellín debido a las recientes obras del futuro Metro de la 80, pues en la glorieta donde la Avenida 80 y la Avenida Guayabal se cruzan, se han ubicado los cambuches de algunas personas durante unos años. Por lo tanto, para iniciar dichas obras los han desplazado y, según los habitantes en situación de calle entrevistados, también les han brindado la opción de iniciar un proceso de rehabilitación.
En el Centro, la noche estaba fría y la lluvia, aunque débil, constante. Por eso, al preguntar sobre el principal desafío que se enfrenta en la calle, la respuesta fue repetitiva: el clima. De ahí la sugerencia de Gabriel Flórez, habitante en situación de calle, de que en Centro Día deberían poner más camas, para poder alcanzar un cupo. A propósito, llama la atención que Centro Día sea la única estrategia de la Alcaldía con la que han tenido contacto, y eso que no todos han hecho uso de ella.
Los que sigue es una invitación para que se tome el tiempo de escuchar las voces que surgen del frío y la dureza del pavimento. Tal vez son ellos los únicos que pueden tener las respuestas a algunas preguntas en este debate:
De manera que, en esta ciudad, no solo es imposible ignorar la situación, sino que es más que necesario hacerla visible. Reconocer a los habitantes que se encuentran en situación de calle es indispensable para que, desde las comunidades, las fundaciones y la institucionalidad, se les comience a dar un lugar en la sociedad y sean tratados con respeto y dignidad: porque existen, están y habitan con usted.
Por años, Medellín ha cultivado una imagen de ciudad innovadora, resiliente y comprometida con la transformación social. Sin embargo, en los márgenes de esa imagen avanza un fenómeno que incomoda, interpela y evidencia las brechas sociales que persisten: el crecimiento de la población habitante de calle.
Más que una consecuencia visible de la desigualdad, el aumento de personas que viven en las calles se ha convertido en un reto cotidiano para miles de ciudadanos que perciben cambios significativos en la seguridad, el uso del espacio público y la convivencia barrial. Estos impactos son el cabo que se puede seguir para entender esa tensión no resuelta y cómo ese asunto “pendiente” afecta a toda la ciudadanía incluso a la que, a pesar de las estrategias oficiales, sigue habitando en cada vez mayor número las calles de la ciudad.
Según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en 2019 se registraron 3.214 personas en situación de calle en la capital de Antioquia. Sin embargo, para 2023, el Concejo de Medellín informó un aumento drástico: cerca de 7.075 personas vivían en condiciones de calle. Esta duplicación en tan solo cuatro años pone en evidencia un fenómeno en expansión, alimentado por factores como el desempleo, la crisis económica, las secuelas de la pandemia y el consumo de sustancias psicoactivas.
Esta cifra puede ser explicada por una situación reportada un año antes por la Personería Distrital de Medellín cuando más de 500 personas de origen indígena ejercían la mendicidad en la ciudad, específicamente en cuatro comunas, entre ellas La Candelaria y Guayabal. De estos, 245 eran niños, niñas y adolescentes. Y es importante subrayar que aquellas cifras eran, puesto que entre omentos “pico” como el de 2022, estas personas van y vienen de sus resguardos y su número en las calles cambia, lo que pone de manifiesto que el rostro del habitante de calle ya no es únicamente el del adulto marginado por la pobreza, sino también el de distintas personas atrapadas en circuitos de exclusión, vulnerabilidad y explotación.
Frente a esta realidad, el gobierno local de Medellín ha implementado estrategias que combinan asistencia básica, procesos de rehabilitación y programas de resocialización. La Política Pública Social para los Habitantes de la Calle del Municipio de Medellín (2017-2025) establece un marco integral de atención. De igual forma, el Plan Integral de Seguridad y Convivencia Ciudadana (PISCC) 2020-2023 contempla intervenciones en puntos críticos del espacio público, reconociendo que las acciones deben ser integrales y sostenibles para evitar que problemáticas como la construcción de “cambuches” o refugios improvisados se trasladen a otros sectores de la ciudad, sin resolver de fondo la situación.
A mediados del 2024, por ejemplo, el Concejo de Medellín reportó la atención de 5.709 personas habitantes de la calle. Sin embargo, los esfuerzos parecen insuficientes frente al crecimiento constante de la población en la calle y su concentración en zonas estratégicas de la ciudad. Datos actualizados de la Alcaldía de Medellín, en marzo de 2025, mencionan que existen al menos 16 puntos críticos en la ciudad, entre ellos sectores de Laureles, Guayabal, La Aguacatala y el Centro. Durante un operativo de 72 horas liderado por el “Sistema Habitante de Calle”, se desmontaron 187 cambuches, se incautaron 28 armas blancas y se compactaron 10 toneladas de residuos. Aunque la intervención permitió la atención básica a unas 500 personas, solo 140 continuaron en proceso de resocialización.
En 2025, 383 personas en situación de calle accedieron a una oferta de 20 cursos del SENA en áreas como panadería, jardinería, confección, pintura e informática. De estos procesos surgieron oportunidades concretas: 34 de los 45 graduados en febrero de 2025 ya contaban con vacantes laborales gracias al apoyo de entidades como el Grupo Éxito, el Jardín Botánico y la Oficina Pública de Empleo del Distrito.
Pese a estos avances, las cifras evidencian que las acciones estatales siguen siendo más reactivas que preventivas. Mientras los operativos de limpieza urbana y los programas de formación representan respuestas importantes, la percepción entre muchos residentes y comerciantes es que las intervenciones carecen de continuidad, profundidad y un enfoque estructural que ataque las causas de raíz.
En medio de esta realidad, el malestar de los vecinos crece. En barrios como El Centro y Guayabal, algunos habitantes señalan el aumento de la inseguridad, el deterioro del espacio público y la falta de acompañamiento estatal como detonantes de una tensión urbana creciente. La presencia de habitantes de la calle no solo plantea desafíos sociales, sino también preguntas incómodas sobre el derecho a la ciudad, la convivencia y el fracaso de los modelos de inclusión.
A través de un recorrido por algunos barrios más afectados y el testimonio tanto de quienes habitan la calle como de quienes la transitan a diario, se intentará comprender cómo se vive y se resiste este fenómeno desde los distintos lados de la ciudad. Porque más allá del número de cambuches desmontados o de personas resocializadas, está la pregunta que Medellín tiene pendiente: ¿qué tan preparada está la ciudad para integrar, y no solo controlar, a su población más excluida?
Voces y rostros del debate sobre la vida en las calles de Medellín
Medellín, ciudad de eterna conexión con el tango desde tiempos de Gardel, está viviendo un renacimiento cultural de este género. Nuevas generaciones lo mezclan con jazz e instrumentos electrónicos, mientras festivales y espacios emblemáticos se revitalizan para un público diverso.
Desde la muerte de Carlos Gardel en un accidente aéreo en 1935 en el aeropuerto Olaya Herrera, Medellín se convirtió en una especie de ‘capital alterna’ del tango fuera de Argentina, adoptando esta música como parte de su identidad cultural.
De hecho, ha sido esta nostalgia cultural la que hoy, a ritmo de vals y milongas, ha permitido el resurgimiento de este legado que otrora fuera la primera carta de presentación de la ciudad. En décadas pasadas el tango parecía relegado a círculos más pequeños y tradicionales, pero en los últimos años ha cobrado fuerza gracias a varias iniciativas y eventos internacionales.
Dice Sebastián Bolívar, que se dio a conocer al país en el reality Yo Me Llamo con su interpretación de Carlos Gardel, que la cultura del tango ha venido evolucionando incluso desde sus agrupaciones, quienes han empezado a desarrollar nuevos sonidos, historias y letras: “Antes éramos muy de replicar eso grande que se hizo en Argentina, pero de unos años para acá nos hemos atrevido a componer y a experimentar”.
Estas agrupaciones, conformadas en su mayoría por personas entre 20 a 30 años de edad, están siendo la puerta de entrada para el proceso de renovación de la cultura tanguera, que continuará acogiendo la nostalgia y ahora buscará también imprimirle más del alma y la esencia de la Capital de la montaña.
Este proceso, que cuenta ya con alrededor de diez agrupaciones consolidadas de tango, aunado con los esfuerzos de los lugares emblemáticos de la ciudad y eventos como el Festival Internacional de Tango, tiene hoy una porción de la ciudad entre tradiciones y nuevas generaciones.
“El mayor desafío es romper con la idea de que el tango es solo para señores mayores. Cualquier persona y de cualquier edad puede disfrutarlo”, expresa Augusto Giraldo, bailarín y maestro por más de una década en A Puro Tango, uno de los sitios referenciales para el compartir de estas tradiciones.
La apuesta es clara: que el tango se adapte al cambio y perdure en Medellín, que para los conocedores, aún sigue siendo la segunda capital de tango del mundo. Así lo expresa Orlando Loaiza, administrador de Homero Manzi, bar referente de la tradición tanguera en el centro de la ciudad: “Nunca he dejado caer este sitio. He pasado tiempos duros, pero seguimos aquí con las puertas abiertas”.
Este proyecto, que toca el nervio bohemio y melancólico de los medellinenses, se construye en el entramado de la ciudad, ya que en su génesis es un género para todos. “El tango es para todos. Se canta al hermano, al amigo, al enemigo, a la mujer, a la amante… Tiene letras para cada sentimiento”, explica Loaiza.
Ritmo y cultura desde antes de Gardel
El tango llegó a Medellín a principios del siglo XX, gracias a la radio, los discos de vinilo y la mezcla de la migración de comerciantes y viajeros. La ciudad, en pleno crecimiento industrial, encontró en el tango una música que reflejaba las emociones de sus habitantes: la nostalgia por lo perdido, la melancolía de la vida urbana y la intensidad del amor y la traición. Durante las décadas de 1930 y 1940, el tango se convirtió en la banda sonora de bares, fondas y cantinas, especialmente en sectores como Manrique y Guayaquil.
“Medellín ya era tanguera antes de Gardel. De hecho, por eso Gardel escogió esta ciudad para presentarse, porque había un público que le gustaba el tango y que estaba dispuesto al tango”,manifiesta Bolívar. Sin embargo, esta tragedia marcó a la ciudad, que desde entonces consolidó con más fuerza este género como parte de su identidad. Gardel pasó de ser un ídolo internacional a convertirse en una leyenda en Medellín, con homenajes que perduran hasta la actualidad. “Medellín está marcada por la tragedia de Gardel, pero más allá de su muerte, aquí el tango encontró un hogar permanente”, complementa Bolívar.
Las emisoras locales de la época impulsaron la difusión de esta música y la ciudad se fue convirtiendo en un punto de referencia para coleccionistas y melómanos. En las décadas siguientes, surgieron espacios emblemáticos como el Café Alaska, el Salón Málaga y la Casa Gardeliana.
Posteriormente se desarrollaron eventos como el Festival Internacional del Tango, que posicionó la ciudad como un epicentro del género tanguero. “En Medellín el tango no es solo música y baile, es pintura, fotografía, cine y poesía. Es un universo cultural completo”, manifiesta Jazmín Valencia, coordinadora de Casa Gardeliana y bailarina.
Hoy, Medellín sigue siendo una ciudad profundamente tanguera. Su festival de tango es el segundo más importante a nivel mundial, seguido del Festival Tango BA, de Argentina, y sus espacios culturales mantienen viva la esencia del género. El tango, que nació en los arrabales del Río de la Plata, encontró en Medellín una casa donde la pasión, la música y la danza siguen vibrando con fuerza. “Hoy podemos decir con orgullo que exportamos tango al mundo. Hace 15 años era impensable que un maestro de Medellín dictara clases de tango en otros países. El festival ha permitido que se generen intercambios culturales con artistas internacionales y que nuestros músicos y bailarines se formen con los mejores”, asevera Viviana Jaramillo, directora del Festival Internacional del Tango.
Intérpretes y recintos como la esquina Homero Manzi, El Salón málaga, El Patio de Tango, La Tanguería y la estatua de Carlos Gardel en Manrique son algunos de los espacios en los que el tango demuestra que es una expresión viva de la cultura local, que sobra nueva vigencia a 90 años de la muerte del Zorzal criollo. Fotos: María Camila Giraldo.
El tango sonando en Medellín
La transformación del tango en la cultura de la ciudad se ha ido gestando desde su nacimiento mismo. Para 1910, el Circo Teatro España (que estaba ubicado entre las carreras Girardot y Córdoba con las calles Perú y Caracas) llegó para acompañar la escena artística de Medellín, y aunque no fuese creado exclusivamente para el tango, sí tuvo un papel fundamental en las memorias de la ciudad.
Allí fue donde Carlos Gardel se presentó por última vez ante el público paisa. Fueron 3 recitales el 11, 12 y 13 de junio de 1935, con lleno total y todo el alboroto que conjugaba una estrella de su talla.
Muchos de los bares que engalanaron con sus acordes a los barrios de Medellín en los años siguientes surgieron como homenaje a este ídolo. Según cuenta Gustavo Alonso Rojas, administrador de Café Alaska, sitio que abrió en 1938, la ciudad siempre ha experimentado el amanecer y el ocaso de lugares dedicados al tango. “En la década de los 60 y 70 había alrededor de 30 negocios dedicados a lo mismo: difundir la cultura tanguera a todos los vecinos y a la gente de Medellín”.
De hecho, hoy uno de los mayores referentes es el Salón Málaga, que desde 1957 compite con su música con el bullicio de la ciudad, en plena Carrera Bolívar, y que se niega a correr la misma suerte que otros lugares, aunque para lograr ese reto, la mezcla cultural debe estar presente.
Aunque para Augusto Giraldo, el tango le ha dado más a otros géneros que lo que ha recibido de ellos. Como ocurre en el Salón Málaga o en Café Alaska, influencias del bolero o el jazz han entrado en su programación, pues le brinda un toque más moderno junto con la inclusión de instrumentos electrónicos. “Aunque en Medellín el tango electrónico no ha tenido mucha acogida, la fusión con el jazz y la música clásica sí ha sido bien recibida”, añade Sebastián Bolívar.
Y es que en medio de estos cambios, la oferta cultural se acomoda para resonar en la ciudad, con un agenda llamativa para todos los públicos hoy en día, según confirma Giraldo: “Los espacios para el tango en Medellín son muchos: hay milongas semanales, orquestas en vivo, shows de danza y escuelas dedicadas exclusivamente a su enseñanza”.
Nuevas fusiones, espacios y movimientos
El tango no solo vive en la memoria de sus ídolos y en los bares tradicionales, sino que se reinventa con cada nueva generación. Más allá de los espacios icónicos, en los últimos años han surgido nuevas propuestas que buscan atraer a un público diverso y rejuvenecer la escena tanguera.
Según Viviana Jaramillo, la ciudad está viviendo una transformación en la forma en que se concibe y se vive el tango: “Hoy Medellín encuentra dentro de la ciudad propuestas nuevas y diferentes que cuentan los jóvenes de la ciudad y que quieren narrar sus historias también desde ahí”.
Entre estas propuestas se destacan agrupaciones que experimentan con nuevos sonidos, como la combinación del tango con jazz, música clásica y hasta ritmos electrónicos. “El tango tiene una historia riquísima, pero eso no significa que no pueda evolucionar. En Medellín hay músicos que están creando su propio sonido, con letras y estilos que representan nuestra ciudad”, afirma Orlando Loaiza.
El auge de nuevos espacios de formación y socialización también ha sido clave en esta transformación. Medellín ha fortalecido su oferta académica para que más personas se acerquen al género desde la enseñanza estructurada. Un hito en este proceso es la creación de la Escuela Pública del Tango en 2024, la primera institución de su tipo en el país, la cual ha permitido que más jóvenes pueda formarse en tango sin la barrera del costo.
Además, cada vez son más las milongas itinerantes y eventos culturales que llevan el tango a plazas, bibliotecas, parques y teatros. “Antes no teníamos milongas. Hoy Medellín cuenta con tres milongas fijas cada semana y varias más de periodicidad mensual”, explica Jaramillo.
El tango también ha comenzado a ser visto como una herramienta de inclusión. En Medellín han surgido iniciativas como el tango queer, que rompe con los roles de género tradicionales en el baile. Augusto Giraldo, que también es promotor de este movimiento, señala que “El tango no tiene edad ni género. Se trata de la conexión y la emoción, y cada vez más personas se atreven a vivirlo sin prejuicios”.
Bares y centros culturales como La Pascasia, Matacandelas y el Teatro Metropolitano han incorporado noches de tango en su programación, atrayendo a públicos que quizás nunca antes habían considerado este género. “Antes, cuando alguien me decía que le gustaba el tango, yo imaginaba a una persona mayor. Ahora veo jóvenes y niños que se apasionan por el género, y eso es maravilloso”, menciona Daniela Henao, joven asistente a eventos de tango en la ciudad, quien también reconoce que la presencia del género en espacios públicos ha crecido: “He visto cómo el tango ha llegado a parques, a escenarios de teatro e incluso a festivales que no son exclusivamente tangueros. Eso ha permitido que más gente lo descubra”.
Otros escenarios públicos como el Parque de los Deseos y el Museo de Antioquia han albergado también encuentros de tango, desde clases abiertas hasta exposiciones sobre su impacto cultural en Medellín. La Universidad de Antioquia también ha contribuido con eventos académicos y artísticos que profundizan en su historia y evolución. Para Jazmín Valencia, esta diversificación es fundamental: “Espacios como estos han sido clave para que el tango se mantenga vivo en la ciudad y llegue a nuevas generaciones. No solo se trata de conservar la tradición, sino de adaptarla y compartirla con públicos que quizás nunca antes se habían acercado a este género. Esto es fundamental para comprender que el tango también puede compartirse en ambientes alternativos y modernos”.
La transformación del tango en Medellín es innegable. Con nuevas fusiones, espacios y propuestas inclusivas, la ciudad no solo honra su legado tanguero y reafirma su papel como una de las grandes capitales del tango, sino que lo reinventa día a día. En cada rincón donde resuena un bandoneón, Medellín confirma que el tango sigue vibrando con la misma fuerza de siempre, adaptándose, pero sin perder su esencia.
“El tango es eso que te va a pasar, te pasó o seguramente te está pasando”.
Escucha aquí el testimonio de Sebastián Bolívar (Yo me llamo Carlos Gardel)
La paz en Colombia ha sido un tema central en el actual Gobierno, que ha impulsado la estrategia de “Paz Total”, la propuesta de negociación y pacificación más ambiciosa en la historia del país y parte fundamental del paquete de reformas propuestas por esta administración. Esta política busca sentar a todos los actores armados ilegales en la mesa de diálogo con el fin de que abandonen las armas, se reduzca la confrontación y disminuya el impacto de la violencia en las comunidades.
Para ello, el Gobierno ha establecido dos rutas: las negociaciones políticas de paz y la sujeción a la justicia. La primera está dirigida a los grupos armados que el Estado reconoce con carácter político, mientras que la segunda se enfoca en estructuras criminales sin estatus político, pero que continúan ejerciendo violencia y afectando a la población civil.
El Ejecutivo ha planteado ocho frentes de negociación, conocidos como “tableros de juego”, con los cuales se busca dar respuesta a los problemas de seguridad más críticos en zonas urbanas y rurales.
¿Cuáles son sus objetivos y fundamentos?
La Paz Total se concibe como un proceso integral que busca transformar los territorios a través de cinco ejes fundamentales:
· Apostar por el diálogo como vía para poner fin al conflicto y fortalecer el Estado Social de Derecho.
· Desescalar la violencia y generar alivios humanitarios.
· Impulsar la transformación territorial cerrando brechas sociales y atendiendo las necesidades económicas, culturales y ambientales de comunidades urbanas y rurales, con el fin de evitar la repetición del conflicto.
· Cumplir con la implementación del Acuerdo de Paz con las FARC, considerado la base de la Paz Total.
· Fomentar una cultura de paz en los territorios que garantice la no repetición de la violencia.
En este marco, la Paz Total ha centrado sus esfuerzos en la negociación con los grupos armados y la reducción de la violencia. No obstante, otros aspectos como la implementación del Acuerdo de Paz han quedado en segundo plano, y hasta el momento, los avances han sido pocos a pesar de los pronunciamientos del Gobierno.
Los inicios de este proyecto
El 7 de agosto de 2022, Gustavo Petro asumió la presidencia de Colombia con una ambiciosa propuesta: la Paz Total. Este proyecto buscaba entablar negociaciones con la mayoría de los grupos armados a lo largo de su mandato, con el objetivo de reducir la violencia y avanzar hacia un proceso de reconciliación nacional.
Así lo expresó en su programa de gobierno:
“La paz es un nuevo contrato social para garantizar los derechos fundamentales de la gente, en particular de las víctimas. El Pacto Histórico es la paz, un gran tratado de paz para Colombia. Nuestro objetivo es superar la violencia y generar una cultura de paz para alcanzar la paz completa y el buen vivir de la población. Por ello, cumpliremos a cabalidad los acuerdos de paz con las FARC y retomaremos las negociaciones con el ELN para finiquitar la existencia de la insurgencia armada en Colombia a partir del diálogo político. Implementaremos un proceso pacífico de desmantelamiento del crimen organizado mediante la vía del diálogo y sometimiento a la justicia de los diversos grupos multicrimen y organizaciones ligadas al narcotráfico. Cambiaremos el paradigma de la guerra contra las drogas por el de la regulación y garantizaremos la reparación integral de las víctimas” (P. 49).
Antes de su posesión, se realizaron acercamientos preliminares y confidenciales entre representantes del Gobierno y distintos grupos armados y estructuras criminales. Estos primeros contactos sirvieron como base para la apertura de diálogos formales y públicos.
En agosto de 2022, el Clan del Golfo anunció un cese unilateral al fuego. Poco después, el Gobierno sostuvo reuniones con el Estado Mayor Central, lo que llevó a otro cese unilateral en septiembre. En este contexto, se firmó el pacto de Buenaventura y en noviembre se instaló la mesa de negociación con el ELN.
Las leyes que respaldan el proyecto
Para dar respaldo legal a la estrategia de Paz Total, el 4 de noviembre de 2022, Petro sancionó la Ley 2272 de 2022, que modificó, amplió y prorrogó la Ley de Orden Público (Ley 418 de 1997). Esta norma permitió al Gobierno iniciar diálogos con el ELN, las disidencias de las FARC, la Segunda Marquetalia y con el Clan del Golfo, tal como se menciona en la Revista Pesquisa de la Universidad Javeriana.
Dentro de este marco, se contemplaron beneficios como rebajas de penas y la no extradición, a cambio de la entrega de armas, información sobre rutas del narcotráfico y la devolución de bienes y dinero obtenidos de manera ilícita.
Esta ley otorga facultades al presidente, al Alto Comisionado para la Paz y al Gobierno para avanzar en procesos de diálogo con organizaciones con estatus político, así como en acercamientos exploratorios con estructuras armadas de alto impacto vinculadas al crimen organizado.
Además, define los mecanismos, lineamientos y estrategias para la negociación y el diálogo con actores armados y estructuras criminales. Establece la posibilidad de adelantar negociaciones de paz con los grupos que tengan estatus político y procesos de sometimiento a la justicia para estructuras armadas de alto impacto.
Uno de los puntos clave de esta normativa es clasificar y caracterizar a los grupos armados para orientar los procesos de negociación. Para ello, se creó la Instancia de Alto Nivel (Decreto 2655 de 2022), un organismo encargado de estudiar, analizar y determinar qué estructuras armadas organizadas del crimen de alto impacto podrían acogerse a los beneficios de la política de paz. Esta instancia está integrada por el Ministerio de Defensa, la Dirección Nacional de Inteligencia y el Alto Comisionado para la Paz, según explican la Fundación Ideas para la Paz (FIP) y la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional (GITOC).
Según el análisis de estas organizaciones, hasta el momento, el funcionamiento de la entidad no ha sido del todo claro y aún no se conocen los criterios específicos para definir el estatus político de un grupo armado, ni cómo estos criterios se articulan o reemplazan metodologías anteriores. Habitualmente, los gobiernos han establecido parámetros como el nivel de organización, la capacidad de afectación, el grado de violencia y el control territorial para diferenciar unas estructuras de otras.
En complemento a la Ley 2272, otro pilar fundamental de la Paz Total es la ley de sujeción, sometimiento o acogimiento a la justicia. Un primer borrador se presentó en febrero de 2023 y se radicó formalmente en mayo, pero el proyecto terminó archivado en el Congreso sin superar debates; por problemas de tiempo y agenda legislativa y por la falta de consenso en aspectos clave del esquema de sometimiento.
La falta de una ley de acogimiento o sujeción a la justicia afecta directamente a los procesos que el Gobierno adelanta con estructuras criminales de alto impacto, ya que deja sin un marco legal o piso jurídico definido los acercamientos y diálogos iniciados en Medellín y Buenaventura. Lo anterior, genera incertidumbre entre los miembros de estos grupos criminales, quienes podrían percibir que no existen garantías claras dentro del proceso.
Las negociaciones con los “tableros de juego”
Otro eje de la Paz Total ha estado marcado por la implementación de acuerdos, el avance en negociaciones con grupos armados y la instauración de ceses al fuego.
En este proceso, el Gobierno ha entablado diálogos con las principales estructuras armadas del país. Entre ellas, las disidencias de las FARC, representadas por el Estado Mayor Central y la Segunda Marquetalia; el Clan del Golfo (Autodefensas Gaitanistas de Colombia); y Los Pachenca (Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada). A nivel urbano, se han instalado mesas de negociación en Medellín con 12 organizaciones criminales y en Buenaventura con los grupos Shottas y Espartanos. En Quibdó, las conversaciones avanzan con otras tres estructuras del crimen organizado.
Cada negociación ha tomado un rumbo distinto, influenciado por la naturaleza de los grupos armados, las dinámicas territoriales y las decisiones gubernamentales. Sin embargo, una de las estrategias más controversiales ha sido la implementación de ceses al fuego, un componente clave de la Paz Total.
El 31 de diciembre de 2022, el Gobierno expidió cinco decretos que establecieron el cese bilateral de hostilidades con el ELN, la Segunda Marquetalia, el Estado Mayor Central, el Clan del Golfo y Los Pachenca. Estas disposiciones ordenaron la suspensión de operativos militares y policiales contra dichos grupos, algunos ya anunciaron ceses unilaterales como gesto de acercamiento.
No obstante, la falta de protocolos claros y mecanismos efectivos de monitoreo generó cuestionamientos sobre la viabilidad de la medida. Las tensiones dentro de algunos grupos llevaron a la suspensión total del cese en el caso del Clan del Golfo y a una interrupción parcial en el del Estado Mayor Central.
El proceso con el ELN se encuentra en crisis. El 3 de agosto de 2024, el cese al fuego con esta guerrilla no fue renovado y, el 17 de enero, el presidente anunció la suspensión de los diálogos, tras los enfrentamientos entre el ELN y disidencias de las FARC en la región del Catatumbo. Las confrontaciones dejaron decenas de muertos y provocaron el desplazamiento de más de 50.000 personas, profundizando la crisis humanitaria en la zona. Más recientemente, ese grupo guerrillero responsabilizó al Gobierno pro la ruptura del proceso y deploró el desempeño del Comisionado Otty Patiño.
El panorama de la Paz Total sigue siendo incierto, con avances en algunas mesas de diálogo, pero también con desafíos que ponen en duda la viabilidad de la estrategia gubernamental.
¿Cómo avanzan los procesos de diálogo con cada uno?
En el siguiente mapa se puede conocer cómo están las mesas de diálogo con cada grupo de la Paz Total. Para su funcionamiento debe abrir el enlace y darle en la opción “presentar”, de esta manera, podrá profundizar la información completamente.
Para ampliar las perspectivas con respecto a la paz total, Martin Vanegas, economista, docente de Eafit e investigador sobre este proyecto, presenta en este producto sonoro posiciones y análisis con respecto al estado actual del mismo, las debilidades y lo qué se puede esperar para estos 17 meses restantes del Gobierno del presidente Gustavo Petro.
¿Tambalea la Paz Total o necesitará el presidente un acelerador para cumplir la propuesta con la que llegó a la Casa de Nariño? El siguiente podcast detalla la información:
En el cerro Nutibara es posible encontrar un espacio donde el aire que se respira es fresco gracias a las corrientes de aire que bajan por sus faldas. Lo invade el ruido de la avenida Guayabal, al igual que el revolotear de mosquitos, mariposas y aves que dan cuenta de la biodiversidad de aquel espacio.
Bajo la que antes fue una agujereada carpa roja y azul, viven cinco perros rescatados y trabajan más de 10 personas optimistas y amantes del arte y la cultura. En el extenso lote también se encuentran una biblioteca con archivos relacionados con las artes circenses y teatrales, el único museo en la ciudad sobre la historia del circo. Hay también casetas de comidas y una sala de espera que puede alojar a cientos de visitantes.
En este espacio la música retumba por todas partes, elemento acompañado de unas características luces de colores vibrantes que ambientan el lugar y le otorgan unos característicos aires de espectáculo. A pesar de que la pequeña tarima circular no se eleva más de un par de centímetros sobre el suelo, en ella suceden actuaciones dramáticas de pantomima, payasos irreverentes que involucran al público en sus presentaciones, magos capaces de desafiar los límites de la mente de jóvenes y adultos, malabaristas con precisión y habilidades sorprendentes y acróbatas y aerealistas cuya elegancia y gracia dejan a más de uno con la boca abierta.
En dos horas de show, desde este lugar se transporta a cualquier espectador a una sensación de nostalgia y asombro que fascina a quien lo visite, puesto que allí es posible compartir espacios de familia, celebrar una ocasión especial de manera diferente, e incluso recordar aquellos instantes de la niñez para muchos.
Los cimientos del circo
Se trata del primer circo no itinerante de toda la ciudad: el Circo Medellín. Su director y fundador, Carlos Álvarez, instaló por primera vez su carpa hace más de 15 años. Desde los nueve años, Carlos Álvarez se enamoró del circo al punto de no desprenderse de la idea de fundar uno, por más descabellada que fuera. Basándose en referentes de circos mexicanos, rusos e italianos que visitaban Medellín, por años el joven Carlos montaba carpas con sábanas en la sala de su casa, cuando se caracterizaba por ser el “bromista” de su salón de clases.
En los 2000, Álvarez conoció al padre Rubén Sánchez, quien administraba un hogar caritativo para adultos mayores en el barrio Villa Hermosa, Medellín. Todos los días, Sánchez buscaba alimentos y auspicios económicos para su proyecto cerca al centro de la ciudad. Sin embargo, en su trayecto lograba avistar muchos niños y adolescentes en condiciones de calle y solos. No importaba cuantas veces pasara por allí en un día, siempre estaban en el mismo sitio.
Había niñas embarazadas, jóvenes desplazados por la violencia, niños que nunca habían pisado un aula de clases en su vida… Con el corazón movido, el padre decide expandir su proyecto como samaritano para ayudar a quienes más lo necesitaban. Se propuso crear un grupo que permitiera no sólo alimentar y dar techo a estos adolescentes, sino también generar espacios que giraran en torno a la expresión artística, ofreciendo la posibilidad de adquirir nuevos oficios y pasiones. Esta idea partía de su admiración por las artes escénicas como una herramienta de bienestar social.
El sacerdote conoció a Álvarez en una de sus diversas presentaciones como mimo representativo de la ciudad y acordaron realizar talleres y funciones para los jóvenes, puesto que ambos consideraban el arte como una alternativa para la formación en habilidades sensibles para que los contextos violentos de Villa Hermosa y otros barrios marginados de la ciudad no se apoderaran de sus vidas. Gracias a esto, surgen los inicios de la Fundación Circo Medellín, junto al colectivo circense Titiritrastos.
Un mimo con voz propia
Carlos Álvarez, reconocido mimo y clown oriundo de del barrio Belén, recordado por sus apariciones en la televisión local, se caracteriza por su trabajo en el que combina diversas disciplinas artísticas y teatrales; trabajo con el que ha representado al país en el ámbito internacional. Es el fundador y director del Circo Medellín, en el cual también participa con números de pantomima.
Para él, el circo y la educación van estrechamente de la mano. Si bien ambos términos pueden no parecer relacionados, Álvarez considera que el circo puede ayudar a enriquecer a toda la población interesada en el arte teatral, dice que el aprendizaje va más allá de los títulos otorgados por instituciones educativas. Considera que su carpa es un espacio para todos, catalogado incluso como un lugar de inclusión social, en el que tanto espectadores como personas interesadas en aprender son bienvenidas.
Carlos Álvarez comprende la importancia de reivindicar la historia y reputación de la ciudad, la cual tiende a estar manchada por fenómenos como el narcoturismo entre otros. Es por esto que proyecta espacios que puedan ser atractivos turísticos mediante nuevas dinámicas sociales que fomenten el arte por sobre la violencia. Para Álvarez el circo cambia vidas, proyecta los seres humanos como ciudadanos íntegros y sensibiliza a las personas que aprenden en este espacio.
En una cuerda floja
El Circo Medellín, igual que otros establecimientos dedicados al arte, ha atravesado diversas dificultades desde su consolidación. Un escenario, cuyas luces parpadeantes y sus dos pequeños parlantes pueden acompañar hasta a 200 personas, pasaba semanas y meses con una asistencia de entre cinco y 10 espectadores. Si bien, una parte del financiamiento del circo radica en proyectos y auxilios brindados por la Alcaldía de Medellín, la mayoría se espera de los asistentes: la boletería de funciones, la contratación de los servicios circenses para eventos privados, la venta de alimentos y mercancía dentro de sus instalaciones, entre otras fuentes. A pesar de estos y otros esfuerzos, parece no ser suficiente para que el espectáculo continúe.
Debido a la falta de público, y por ende, de recursos financieros, a Carlos Álvarez se le dificultó un reto clave para todo circo: tener una buena carpa. Los siete años de vida útil de la anterior pasaron de largo y el principal rasgo que tenía eran los agujeros que filtraban el agua de las lluvias, dejaban pasar el caluroso sol cuando no era el granizo de las temporadas frías del año. Por eso a inicios de 2025 se lanzó la iniciativa Circotón, una jornada de espectáculos, servicios y alianzas que buscan permitir a los ciudadanos dejar su grano de arena y aportar monetariamente para la permanencia del circo de la ciudad.
Más allá de recuperar y embellecer el espacio que alberga al circo, se trata de mantener viva la tradición como forma de entretenimiento para todo público, especialmente para las nuevas generaciones que tienden a empaparse de placeres que, en su mayoría, están en las pantallas digitales. Esta iniciativa nace de la importancia de tener espacios de cultura en la ciudad, de permitir que sus artistas sigan soñando y viviendo a costa de lo que disfrutan y de que el arte resista y se reinvente conforme pasen los años.
Para Álvarez, mantener vivo el circo se ha tornado en una especie de círculo vicioso: al no haber suficientes recursos, se realizan funciones, al no haber público, se decide contratar a un publicista para generar contenido que dé a conocer las actividades del circo. Sin embargo, para ello, no se tiene el dinero suficiente y la sinsalida se repite constantemente.
La preparación constante de los artistas es de los ingredientes que mantiene la magia del espectáculo, más allá de las dificultades.
Diversas asociaciones y empresas relacionadas con las artes teatrales y circenses se sumaron ofreciendo espectáculos con sus propios artistas como invitados en el circo, sin necesidad de recibir parte de las ganancias generadas. Asimismo, la recepción del público ha sido sumamente positiva, con el número de audiencia ascendiendo en gran medida desde el anuncio de la campaña, empresas que aportaron monetariamente y un seguimiento que supervisa e incentiva a visitar el circo.
Así se cumplió su meta principal de recaudar $50 millones para el primer paso: conseguir una nueva lona. Se han comprado insumos, se han contratado profesionales para la instalación y, gracias al apoyo de empresas de plásticos y talleres de elaboración de carpas para camiones, se ha podido saldar los gastos necesarios tanto para la confección, como para la desinstalación e instalación de la antigua y nueva cubierta. A la fecha, el en Circo Medellín reluce la nueva carpa, resultado del empeño de Carlos Álvarez, sus colaboradores y aliados.
Sin embargo, la Circotón no finaliza aquí. El circo aún precisa de dinero para su personal, la mejora de su escenario, el pago de servicios y arriendo y demás gastos. Si usted desea realizar un aporte, puede asistir a sus funciones todos los domingos y festivos a las 4:00 p. m.
El sol apenas se asomaba entre los edificios de Medellín, pero la ciclovía ya estaba despierta. El olor único de la mezcla de las rocas diminutas del pavimento con la lluvia de la noche anterior creó una atmósfera fría y aparentemente solitaria. La hora en mi celular registraba las 7:30 a. m. cuando un corredor pasó a mi lado, con audífonos puestos, mientras una familia avanzaba a paso lento con dos perros que marcaban el ritmo. Aquí, en este asfalto cerrado a los carros, se teje una ciudad distinta, una que se mueve al ritmo de los pedales y los pasos.
¿Qué hace que cientos de personas salgan cada domingo o los festivos a llenar la ciudad de bicicletas y trotes?, ¿es solo deporte o hay algo más?
El reconocimiento de un nuevo entorno
Mi recorrido comenzó desde el Centro Comercial Premium Plaza. Mientras calentaba y empezaba a dar los primeros pasos recordé la primera vez que vine a la ciclovía de la avenida El Poblado. No había entendido el ritual. Con un llamado de atención comprendí que los caminantes y corredores van al lado derecho y los ciclistas al izquierdo. Después de caminar la primera media hora, el sudor empezaba a hacerse notar, así como el aumento significativo de personas. Solo unos segundos después bastaron para enfocar a lo lejos una cantidad considerable de toldos y puestos de venta que enmarcaban la ruta y que adornaban a los deportistas con algo de comer, beber o, si ellos estaban en su momento de descanso, podían tener el tiempo suficiente para convencerlos de comprar ropa y accesorios. En lo que me detuve para observar, un vendedor levantó una botella de agua en mi dirección. “¡Agüita bien fría, mujer!”, me dijo con una sonrisa. Aquí no solo se corre; también se negocia, se conversa y se vende.
Un ciclista que pasó velozmente a mi lado y los gritos de una madre a su niño me obligaron a enfocarme de nuevo en el presente. El sol ya no estaba escondido tras los edificios; ahora brillaba con más fuerza, reflejándose en las gafas de algunos corredores. La ciclovía, al igual que pasó con mi primer recorrido, se había transformado en cuestión de minutos: donde antes había espacios vacíos, ahora había familias, grupos de amigos y vendedores que acomodan su mercancía.
No soy la única que se adapta a este espacio. Según lo asegura INDER Medellín, alrededor de 25.000 mil personas utilizan semanalmente los 46 kilómetros de las ciclovías en la ciudad. Ellos, además, resaltan el impulso que se le da a los emprendimientos locales. Yo misma, mientras seguía avanzando, me convertía en testigo de ello.
Un vacío al que hay que prestarle atención
Mi primera parada de descanso fue en el Parque del Poblado. Al rededor de las 8:30 de la mañana, busqué la sombra de un árbol y me senté en una de las bancas. Observaba el ir y venir de las personas y esperaba a que el sudor se enfriara con la brisa ligera que corría entre los árboles. Mientras bebía agua, mi atención se desvió hacia un hombre que acomodaba su puesto de frutas. Desde que inicié el recorrido, noté varios vendedores improvisados. Antes de salir de casa, ya tenía una inquietud en mente: ¿cómo funcionaba, realmente, el uso del espacio público para los comerciantes? Sabía que, según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, vender en estos lugares requiere una autorización de la Aalcaldía, con permisos que pueden durar entre 30 días y un año y que son renovables tras una evaluación. Después de una conversación con el hombre del puesto de frutas, confirmé que, en la práctica, la realidad es otra: no todos cuentan con el permiso porque existe un vacío de información al respecto.
Aquel encuentro me dejó pensando mientras retomaba el camino, pero no olvidaba el impacto real que generan los emprendimientos y su relación con la cultura deportiva. Por eso, decidí seguir mi camino. El paso cada vez se sentía más pesado, pero la música que había en el ambiente ayudaba a continuar con una actitud que me hacía olvidar del dolor físico bajo mis pies.
El ecosistema emprendedor
Sin parar el paso, me encontraba diagonal al edificio Milla de Oro y una escena llamó mi atención: varios perritos emocionados se reunían en torno a una carpa azul. Sus dueños miraban con curiosidad el espacio y al acercarme descubrí el motivo de su entusiasmo: un emprendimiento dedicado a vender paletas para perros, llamado Can Cream.
Juliana Jaramillo, la dueña del negocio, con una personalidad tranquila y alegre atendía a todos los perros y al mismo tiempo garantizaba que las personas se sintiesen cómodas con el producto. Ella empezó en el 2022 a vender en la ciclovía. Desde entonces, considera que a través de sus productos, que son saludables y aportan proteína, los perros también pueden ser parte del disfrute que ofrece la cultura deportiva. “La ciclovía ha permitido que se consolide más mi empresa. Ya cuento con una planta de producción…ya tengo una trayectoria”, cuenta Juliana.
Acariciaba uno de los perros cuando el aroma a café recién hecho me hizo desviar mi mirada. Se trataba de un puesto al borde del camino: Café Sevilla. Me acerqué con curiosidad. Hasta el momento veía emprendimientos ligados directamente al esfuerzo físico, pero este parecía ofrecer algo más que una simple bebida. A diferencia de los toldos de colores vibrantes y las mesas improvisadas de otros vendedores, este tenía una estructura de madera clara. Parecía un rincón aparte en medio del movimiento: más que un punto de venta apresurado transmitía la sensación de un lugar donde uno podía detenerse sin prisa.
Juan Guillermo Velázquez, el propietario de la marca, lleva cinco años aproximadamente con ella, pero fue a inicios del 2025 que abrió este puesto de café en la ciclovía de la avenida El Poblado. Con un tono neutro, pero seguro, mencionó que la ciclovía tiene gran impacto en su marca porque le ayuda a impulsar sus ventas, sobre todo los domingos que solía ser un día quieto para ellos. Los ayuda a posicionar marca porque personas que no los conocían, ahora lo están haciendo. Como me dijo Juan Guillermo, la ciclovía ha sido un gran potencializador. Él, mientras su compañera atendía algunos clientes, también aclaró que el espacio en el que están no es un tema de azar. La sombra del lugar da la posibilidad de entregar un producto fresco.
El puesto de café representa algo distinto: no responde a una necesidad inmediata del deporte, sino que introduce otro tipo de consumo, más asociado con la pausa y la conversación, lo que amplía la manera en que los emprendimientos se insertan en la ciclovía.
Para este momento, ya son las 11:00 en punto de la mañana. El flujo de personas seguía aumentando y la ciclovía se sentía más viva que nunca. A medida que avanzaba hacia el Centro Comercial Santa Fe, el paisaje comercial también cambiaba: menos improvisación, más estructuras consolidadas y negocios que parecían haber ganado su lugar con el tiempo.
Un poco más adelante, no tardé en reconocer a uno de estos negocios: Tradiciones Colombianas. Lleva desde el 2021 instalado en el mismo punto, convirtiéndose en parte de la rutina dominical de quienes transitan por allí. Jacob Duque me presentó con orgullo su emprendimiento familiar y me aseguró que el guarapo, la bebida que se ganó el reconocimiento de los caminantes, es el match perfecto porque con el sol y ejercicio que realiza la gente, se necesita de algo para hidratarse. Es una bebida de un fruto natural que es la caña de azúcar y se adiciona el limón, que va con cualquier bebida refrescante.
La ciclovía le permitió a Tradiciones Colombianas tener un crecimiento constante con el tiempo. Actualmente asisten a entre 20 a 30 eventos de ciudad anuales. Su estadía en la vía significa un balance favorable en cuanto a las finanzas para la familia.
El final de mi recorrido no solo me dejó el cansancio en las piernas, sino también la certeza de que la ciclovía es mucho más que un espacio para ejercitarse. Es un ecosistema dinámico donde el deporte, el comercio y la apropiación del espacio público se entrelazan en una rutina dominical que ya es parte del tejido social de Medellín. Cada puesto de venta, cada corredor y cada ciclista aportan a una red de interacciones que, sin planearlo, han convertido a esta franja de asfalto en un punto de encuentro.
El bullicio nunca paró. La ciclovía, lejos de agotarse, seguía transformándose con cada paso, con cada historia que se sumaba al recorrido. En esta ciudad en constante movimiento, el verdadero latido de las calles no lo marcan los autos, sino las personas que las hacen suyas cada domingo.
Freelance es el nombre que hoy tienen los trabajadores por encargo, personas que ofrecen servicios basadas en habilidades y conocimientos específicos. Las cifras demuestran que son parte importante del panorama laboral en Colombia y los efectos del mismo en la economía del país.
La mayoría de estos trabajadores son personas jóvenes. ¿Cómo se garantiza su seguridad social? El siguiente es un reportaje interactivo que recoge cifras, testimonios y datos que detallan los contrastes de esta situación.
El papel de los celulares en el aula de clase genera debates y acciones de todo tipo. El Ministerio de Educación y asociaciones de colegios y padres de familia han planteado que el uso de pantallas debe ser regulado, pero que, siendo una realidad ineludible, debe aportar al desarrollo cognitivo de los estudiantes.
En mayo del 2024, el Ministerio de Educación Nacional, se pronunció acerca de este tema, y declaró que las instituciones de carácter privado tienen la autonomía de decidir si prohibir o no el uso de celulares dentro de sus instalaciones, y que respeta dicha decisión, comprendiendo que el uso permanente de pantallas puede generar efectos negativos en el aprendizaje de los alumnos.
El viceministro de educación Preescolar, básica y media, Óscar Sánchez, mencionó que el uso de la tecnología en las instituciones puede traer efectos positivos o negativos, dependiendo de la forma en que se haga uso de ella, por ello el país opta por regular el uso de pantallas en los colegios.
Señaló también que, a través de juegos matemáticos, pedagogías innovadoras, el celular es más que un obstáculo, se convierte en una oportunidad. Por esta razón, se debe evaluar la particularidad en cada colegio y desarrollar las medidas necesarias para que se atiendan las necesidades de los estudiantes en el país.
El viceministro comentó que la comparación de Colombia y los países extranjeros que han decidido suspender los celulares en las aulas de clase, no es válida, ya que Colombia no tiene la misma capacidad para poder tener en cada colegio equipos que suplan el uso de los celulares.
Escuche a continuación análisis y experiencias sobre el tema:
¿Es cuestión de simple prohibición?
Claudia Patricia Sánchez es docente investigadora que hizo parte del proyecto EduApps, que tuvo como objetivo diseñar un modelo didáctico para la formación virtual mediante aprendizaje móvil en el Urabá Antioqueño.
Experiencias exitosas
Las siguientes son conversaciones con docentes que comparten experiencias exitosas en el uso de celulares como herramientas pedagógicas:
“Estamos en la época de las inteligencias artificiales, en unos años, quien no las utilice en la educación, va a estar muy encartado.”
“Utilizar la tecnología y el celular, es hablarles a ellos un lenguaje que ellos puedan entender.”
“Es vital que los chicos tengan acceso a la información, que puedan constatar de una vez si lo que el profesor dice es verdad o no. Es un recurso muy rápido…”
“No es un enemigo el celular, de hecho, para mí es un amigo, un aliado. Me facilita el acceso a la información…”