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  • La construcción informal en Medellín: entre licencias, reconocimientos y operativos

     

    Por: Estefanía Hernández Ruiz / estefania.hernandezr@upb.edu.co

     

    Al Barrio La Francia, ubicado en la comuna 2 de Medellín, llegó Edwin Goez junto con su padre cuando tenía casi 13 años. Llegó para construir una vivienda de un piso en el terreno que poseían. Cuando Goez creció, su padre le permitió construir un segundo piso y a su hermano le dejó construir el tercero. Ninguno de los tres niveles contaba con una licencia de construcción. Solo fue hasta la década de los 90 que legalizar surgió como un tema de conversación entre ellos porque, como dice él, “en las comunas de la zona nororiental nadie se preocupaba por legalizar una propiedad, simplemente lo que necesitaban es tener un lugar para meterse”. Y aún parece que sigue siendo así. En Medellín, a mediados del año pasado, la alcaldía tuvo 1.200 informes técnicos con reportes de edificaciones ilegales y, en lo corrido de 2025, ha suspendido 255 obras.

     

    La licencia de construcción es un documento que otorga el permiso para edificar y urbanizar. En otras palabras, certifica que un inmueble puede ser construido en cierta zona y con ciertas dimensiones (área en metros cuadrados o número de pisos) que son establecidas en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT). El POT es, como su nombre lo indica, un plan o una ruta de acción realizada por cada municipio para estipular los proyectos ambientales, sociales, económicos, culturales y geográficos que desarrollará a largo plazo en los diferentes sectores.

     

    El “largo plazo” se traduce en tres periodos constitucionales completos que equivalen aproximadamente entre 12 y 16 años y cada cuatro se realiza una revisión que permite repasar avances, estudiar nuevos riesgos, encontrar oportunidades de mejora y luego tomar decisiones a medida que se presentan transformaciones en el territorio. Es por eso que, si las construcciones están registradas y legalizadas, las entidades públicas pueden planear de manera efectiva las acciones que ejecutarán en todos los rincones de la ciudad.

     

    La licencia de construcción es uno de los cinco tipos de licencias urbanísticas que existen en Colombia, de acuerdo con el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio. Las demás tipologías incluyen licencia de urbanización, de parcelación, de subdivisión y de intervención y ocupación del espacio público. Como tal, la licencia de construcción también se subdivide dependiendo del procedimiento requerido. Puede ser solicitada para realizar una obra nueva, una modificación, una ampliación, una adecuación, un reforzamiento estructural, una demolición o, incluso, una reconstrucción del inmueble. Los encargados de conferir dichas licencias son las curadoras y los curadores urbanos de cada municipio, quienes son personas particulares elegidas por concurso de méritos que realizan una función pública, pues procuran mantener ordenado el territorio.

     

    Las Estadísticas de Licencias de Construcción (ELIC) del DANE mostraron que el año pasado se redujo el área aprobada de licencias a nivel nacional en un 24,1% respecto a 2023 y Antioquia restó 3,9 puntos porcentuales a dicha variación. En concordancia con esto, la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), presentó en el informe de la actividad edificadora que, también en el 2024, las construcciones iniciadas (obras nuevas) en el país disminuyeron y se perdieron en promedio 23 mil empleos en el sector construcción.

     

    Sin embargo, según el mismo informe, Antioquia fue el departamento que más metros cuadrados licenció en el mismo año. Pero, a pesar de esto, en algunos municipios del departamento como Medellín, se continúan presentando construcciones ilegales que omiten el requisito esencial: la licencia. De acuerdo con la Alcaldía de Medellín, a mediados del año pasado recibió 1.200 informes técnicos con reportes de edificaciones ilegales, donde identificó 65 puntos críticos en 15 comunas.

     

    Luisa Fernanda Amaya, arquitecta y coordinadora del Taller de Servicio Civil de la Universidad Pontificia Bolivariana, manifiesta que legalizar una vivienda es importante porque sin una licencia no es posible obtener las escrituras de la construcción, lo cual no permitiría venderla o heredarla. Además, mencionó que para acceder a subsidios o a préstamos de los bancos, también es indispensable contar con la respectiva licencia de construcción.

     

    En este contexto, vale decir que la licencia no solo garantiza la legalidad de la vivienda sino también la seguridad de las personas que la habitan. Las prácticas de construcción informal pueden desencadenar en una serie de problemas estructurales y, debido a que algunas construcciones ilegales no tienen en cuenta qué lugares son clasificados como zonas de riesgo en el POT, pueden presentar deslizamientos de tierras, inundaciones, entre otros. Es por eso que la Secretaría de Seguridad y Convivencia y la Secretaría de Gestión y Control Territorial han llevado a cabo operativos para identificar e intervenir este tipo de construcciones al margen de la ley. Solo hasta febrero del 2025, estas secretarías han ejecutado 18 operativos, en los cuales han emitido 23 órdenes de Policía, han suspendido 255 obras y removido 90 construcciones.

     

    Al respecto, declaraciones del secretario de Seguridad y Convivencia, Manuel Villa Mejía, recogidas en un boletín de la Alcaldía, precisan que: “Estas acciones son fundamentales para el ordenamiento territorial y la seguridad ciudadana, ya que las construcciones ilegales no solo afectan el espacio público y la infraestructura de la ciudad, sino que también ponen en riesgo la vida de quienes los habitan”.

     

    Además, las construcciones irregulares se han extendido hasta los cerros tutelares, los cuales son esenciales porque actúan como reguladores climáticos y albergan la fauna y la flora de la ciudad. De acuerdo con la Alcaldía de Medellín, se han realizado 161 recorridos este año en cerros como Pan de Azúcar, El Volador, La Asomadera, El Picacho, Nutibara y Santo Domingo. De esta manera, han recuperado el espacio público y adelantado 41 remociones de este tipo de inmuebles que no cumplen las normas y afectan dichas zonas de protección ambiental.

     

    Los operativos son amparados bajo el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, a partir del artículo 135 donde se empieza a desarrollar el capítulo sobre “Los comportamientos que afectan la integridad urbanística”. Allí se estipula que las sanciones frente a las construcciones ilegales pueden ir desde suspender la obra o cobrar multas hasta ordenar su demolición. No obstante, la facultad que tienen las autoridades para imponer dichas sanciones termina cuando la construcción cumple tres años después de ser finalizada. Nótese que, aunque los curadores urbanos son quienes autorizan las licencias, no son ellos los encargados de ejercer control: las secretarías y las inspecciones de policía son las responsables de vigilar y sancionar a las construcciones informales.

     

    Explorando el siguiente mapa interactivo se puede conocer detalles de algunos operativos realizados contra las construcciones informales en la ciudad de Medellín y en sus alrededores:

     

    Abrir contenido interactivo

     

     

    En algunas ocasiones, las consecuencias de las edificaciones ilegales también pueden afectar a los vecinos. Celeni Gallego residía en su casa propia de tres pisos con mansarda. En esta última se ubicaba el patio, el cual tenía un techo corredizo. Unos días después, sus vecinos construyeron más pisos y una ventana corrediza quedó apuntando al patio de ella. Es decir que era posible que, desde la casa de los vecinos, alguien ingresara por el patio a su vivienda. Al notar esto, Gallego decidió interponer una querella, que es una notificación a las autoridades de un delito, similar a una denuncia pero con posibilidad de conciliar. En medio de las investigaciones, se descubrió que sus vecinos no contaban con una licencia de construcción, pues si hubieran tenido el documento, el curador urbano encargado de expedirla y de hacer las respectivas revisiones a los planos, posiblemente hubiera notado dichas ventanas, ya que afectaban de forma directa a las propiedades aledañas.

     

    Las viviendas que se han construido sin licencia, como la de los vecinos, pueden ser legalizadas bajo la figura de reconocimiento.  La ley 1848 de 2017 establece que las construcciones informales que se realizaron antes del año 2012 tienen la oportunidad de ser reconocidas “siempre y cuando cumplan con el uso previsto por las normas urbanísticas vigentes”.

     

    La curadora cuarta, Janeth Arango, magister en Procesos Urbanos y Ambientales, que a propósito es la primera abogada en ejercer este cargo en Medellín, que generalmente es designado para arquitectos o ingenieros, calcula que alrededor del 70 u 80% de los despachos reciben temas de reconocimiento porque, como dice ella, “estamos habitando una ciudad consolidada”. Con esto se refiere a que Medellín ya es una ciudad construida, que tiene poco suelo para seguir desarrollándose y, por lo tanto, lo que pretenden hoy en día los titulares de viviendas que ya se construyeron sin los requisitos adecuados es buscar un reconocimiento para entrar al tráfico inmobiliario. Ella explica que, para acceder a esta legalización, la vivienda debe ser sometida a un peritaje para evaluar que cumpla con las condiciones de sismo resistencia y demás determinadas por la ley.

     

    Entonces, ¿qué pasa con las viviendas informales construidas después del 2012? Según Arango, a estas viviendas se les exigen los mismos requisitos que a una obra nueva, debido a que no les aplica el reconocimiento porque no cumplen con la norma, no las cubre la ley 1848.

     

    Por su parte, la curadora segunda Ángela Restrepo, arquitecta especializada en gestión y procesos urbanos y en derecho urbano, agrega que solo hay una posibilidad para que una construcción informal realizada después de 2012 pueda aplicar al reconocimiento y es con una orden administrativa de la inspección de policía. A través de la orden, la inspección puede dar un plazo para que se adecúe la construcción a los requisitos urbanísticos. “Lo que pasa es que esa orden tiene que ir acompañada de una multa, porque una cosa es la sanción y otra cosa es lo que se debe hacer para corregir esa situación ilegal que se generó”, dice Restrepo. No obstante, se presentan resistencias para pagar la multa y cumplir la sanción, es por eso que, en ocasiones, las personas prefieren mantener su inmueble ilegal.

     

    “Nos estamos llenando de construcciones ilegales y cada vez son más y más y más […] Si tuviéramos un control efectivo, no tendríamos tantas viviendas y edificaciones irregulares; aquí, a media cuadra, hicieron una edificación irregular a los ojos nuestros, de seis pisos, y no pasó nada”

    -Ángela Restrepo, curadora segunda.

     

    La arquitecta urbanista, consultora en planificación y ordenamiento territorial Lina Beatriz Méndez, le explicó a Contexto los matices de legalizar las casas luego de ser construidas, las posibles causas y riesgos de este fenómeno social y las estrategias que podría impulsar el distrito de Medellín:

     

    Una de las estrategias de reasentamiento que menciona Méndez es la iniciativa de viviendas de interés social (VIS). Según las ELIC del DANE, en diciembre de 2024 se autorizaron 2.024.822 metros cuadrados para edificación de vivienda, de los cuales el 41,3% corresponden a vivienda de interés social (835.414 metros cuadrados). Esta cantidad de metros se traduce en 12.797 viviendas de interés social, que reflejan una disminución del 31,1% respecto al número de unidades aprobadas para este tipo de vivienda en diciembre de 2023.

     

    Engaños con los títulos

     El abuelo de Ana Arango tenía un terreno en lo que se conoce hoy como Guayabal, comuna 15 de Medellín. Allí construyó su casa y otras seis más para su familia. Sin escrituras, sin licencia. Sus hijos se criaron allá y, luego de que nació Ana Arango continuaron residiendo también en aquel lugar. Cuando ella se casó, hizo un segundo piso y fue en ese tiempo cuando trató, por primera vez, de sacar una escritura del terreno.

     

    Ella cuenta que un señor que había conocido en Dabeiba se ofreció a ayudarle y descubrió que su abuelo tenía otro terreno en Belén. Este señor, cuenta Arango, tramitó y se robó la escritura de Belén pero le entregó la de Guayabal. Por lo tanto, ella recurrió a buscar un abogado para que le ayudara a legalizar las viviendas construidas allí y, para empezar a trabajar, él le pidió un millón. “Yo qué iba a saber de eso, lo pedí prestado y se lo di, pero no volvió a aparecer y un día me dijo: Ana ¿sabes qué? Eso está muy difícil, no voy a poder seguir con ese caso”. Lo mismo le pasó con otros dos abogados: ambos le llevaron un recibo que les dan en los despachos de los curadores para demostrarle a ella que entregaron algunos papeles y para que ella les hiciera un pago. Luego, no la volvieron a actualizar de ningún trámite y, dice ella, prácticamente se desaparecieron.  

     

    La curadora cuarta dice que son comunes este tipo de estafas. Explica que hay una etapa inicial llamada insistencia y, en ella, se permite que las personas lleven casi cualquier papel como radicado. Y ahí es cuando la oficina de la curadora les debe entregar el recibo. El mismo recibo que los abogados le presentaron a Ana Arango para que les hiciera un pago pero que, al final, no garantiza que empezaron correctamente un proceso. Para evitar este tipo de situaciones, la curadora cuarta recomienda a las familias que estén al tanto de sus propios trámites y que no es necesario que contraten personas externas para hacer las solicitudes. En esto coincide la curadora segunda, quien ofrece asesoría gratuita y permanente en su despacho. Además, sugiere que, si las personas quieren contratar a alguien para realizar los trámites, es ideal que sea un arquitecto, un ingeniero o un profesional para que pueda comprender lo conversado en la asesoría y que posteriormente pueda realizar los planos requeridos.

     

    Otra opción, si se requiere una licencia o se desea legalizar una vivienda, es el Taller de Servicio Civil ubicado en la oficina 220 del bloque 10 de la Universidad Pontificia Bolivariana. Allí ofrecen asesoría en el reconocimiento de construcciones, sellos de propiedad horizontal y expedición de licencias de construcción para ampliar, adecuar, modificar, demoler o construir una obra nueva. La asistencia de esta unidad va dirigida a residentes del área urbana o del Área Metropolitana del Valle de Aburrá con estratificación socioeconómica de nivel 1, 2 o 3 y a las instituciones sin ánimo de lucro con proyección social.

     

    Para profundizar en las funciones de curadores, licencias urbanísticas, datos técnicos, vigencias o leyes, puede visitar la cartilla proporcionada por el Colegio Nacional de Curadores Urbanos en este enlace.

     

    Las licencias de construcción se convierten no solo en un requisito para edificar y urbanizar, sino también en un rastro de la forma en que se está densificando y ordenando cada municipio. Permiten que las alcaldías ubiquen y tengan conocimiento de cómo se está disponiendo el territorio para que puedan crear leyes acordes a las necesidades de sus habitantes. Además, se pueden comparar con una madre, que sabe dónde están seguros sus hijos y los aconseja para que no pongan en peligro sus vidas ni las de otros. Una construcción irregular e un riesgo potencial para quienes la habitan y para quienes están alrededor, más en tiempo de lluvias como las que han vuelto comunes Medellín.

     

  • Medios populares y comunitarios en Medellín: ¿para qué?

     

    Cristian David Gutiérrez Martínez / Cristian.gutierrez@upb.edu.co  

     

    Medios comunitarios, ¿para qué? La TV

     

    A Colombia, la televisión llegó en 1954, durante el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla. La primera transmisión mostró al presidente inaugurando la televisión en Colombia, después de meses de preparación. Las familias más acaudaladas recibieron el acontecimiento desde sus casas, y se instalaron otros televisores en vitrinas de Bogotá y Medellín, permitiendo que más personas presenciaran el bautismo de un nuevo medio de comunicación en el país.  

    A partir de entonces, la llamada “caja mágica más querida de los colombianos” evolucionó. Con canales públicos y privados, la oferta televisiva se amplió y cada vez más personas hicieron del televisor un electrodoméstico fundamental en su vida cotidiana. Es común escuchar que alrededor de la televisión se encontraban las familias, y que el entretenimiento que ofrecía era tal que, incluso, contribuyó al decrecimiento de la natalidad en la segunda mitad del siglo XX.  

     

    Y en este panorama, cada vez más diverso, emergió en las pantallas de los colombianos y medellinenses un actor raro y disruptivo: junto con otras iniciativas de periodismo alternativo y popular, apareció la televisión comunitaria. MinTIC la define como el servicio de televisión sin ánimo de lucro que tiene por finalidad satisfacer necesidades educativas, recreativas y culturales con énfasis social y comunitario. Canales en donde los ciudadanos se veían a sí mismos y a sus vecinos, en algo alejados de las agendas globalizadas de los grandes medios, pero reconectados con sus problemas y deseos locales.  

     

    Con la irrupción de las tecnologías digitales y las transformaciones en los medios de comunicación, la mayoría de las iniciativas de televisión comunitaria desaparecieron. En Medellín, unas pocas propuestas en vía de extinción se mantienen, y Canal Zona 6 TV es una de ellas. Asentados en la comuna 15, Guayabal, se enfocan en trabajar con niños que se forman y producen audiovisuales. Actualmente cuentan con 35 presentadores infantiles, 18 voluntarios y una parrilla de contenidos que apuntan a apoyar procesos comunitarios y construir memoria barrial. 

     

    Como Canal Zona 6 TV, en Medellín existen decenas de medios comunitarios con enfoques y formatos distintos. Muchos de ellos son medios digitales y multimediales, como Santa Elena Online; algunos aún se difunden impresos, como Universo Centro y El Guayaquil Times; hay incluso propuestas radiales, como La Esquina Radio y La Cuarta Estación. Pero en todos ellos, y a partir de eso comienza mi conversación con Alejandra Osorio, directora de Canal Zona 6 TV, permanece una pregunta fundamental: en un contexto hiperconectado y globalizado como el actual, ¿para qué medios populares y comunitarios en Medellín?  

     

    Descentralizar los procesos de comunicación  

    Para dar respuesta a esta pregunta, es importante regresar sobre los orígenes de los medios populares y comunitarios en Medellín. Mónica Valle es docente del Politécnico Jaime Isaza Cadavid, y una de las investigadoras más destacadas en el ámbito. Mónica explica que el primer medio comunitario que se rastrea en la ciudad fue televisivo: la Corporación Antena Parabólica Barrio El Salvador, en la zona oriental de la ciudad, con el objetivo de “crecer de mano de la comunidad, tratando de llegar con la señal a toda la comuna”.  

     

    Desde entonces, y gracias al impulso de organizaciones como Corporación Región y Comfama, comienzan a aparecer procesos de comunicación comunitaria en los barrios. Surgen como impulsos para la generación de tejido social, herramientas para la difusión de mensajes y construcción de ciudad en perspectiva comunitaria: “digamos, un periódico barrial puede hablar de las personas que murieron en su barrio, puede hablar también de los 15s, de las bodas… Entonces es una forma también de reconocimiento” explica Mónica.  

     

    Aunque en el artículo 20 de la Constitución Política de Colombia ya hay una declaración que ampara por los procesos de comunicación en el país, el apoyo gubernamental en Medellín no se asentó hasta 2013, con el acuerdo municipal 073, que sienta las bases para la creación de una Política Pública de Medios y Procesos de Comunicación Alternativos, Independientes, Comunitarios y Ciudadanos (MAICC). Esta propuesta comenzaría a implementarse con el Decreto 2124 de 2019, convirtiendo a la ciudad en la segunda del país en adelantar una política de este tipo, solo después de Bogotá.  

     

    La Política acoge, además, a otro tipo de medios que no encajan en el concepto de lo popular y lo comunitario. Mónica Valle, que hizo parte de la construcción de la Política, explica por ejemplo que las denominaciones de alternativo e independiente permiten la acogida de medios que no tienen vocación comunitaria e, incluso, que son operados por una sola persona. Aram Aharonian, periodista uruguayo, contribuye al esclarecimiento de estos conceptos: lo comunitario es cuando el medio está cerrado a unas fronteras, a una delimitación de territorio; lo popular, en cambio, excede incluso eso, pues tiene vocación de narrar a la población, al mundo.  

     

    Así, la comunicación popular y comunitaria, explica Aram, se opone a la comunicación corporativa o corporada, en la que caben los llamados medios masivos: comunicación que no busca informar ni liberar, sino servir a intereses privados. Por tanto, este trabajo se centrará en los primeros, descartando otros medios nombrados como alternativos, independientes, masivos y demás.  

     

    A pesar de la Política Pública, en la actualidad los medios populares y comunitarios atraviesan dificultades, principalmente de tipo económico, que ponen en velo su existencia.  

     

    Financiación, juntanza y subsistencia: cuestiones de postura 

    Periferia Prensa es un medio popular impreso. Tienen sede en la Comuna 10 de Medellín, pero sus ediciones tienen cobertura en varias regiones del país. Aunque cuentan con una página web y redes sociales consolidadas, tienen claro que el periódico impreso posee características de lectura que la digitalidad no logra cubrir. Por eso, 20 años después de su fundación, Periferia lleva 179 ediciones imprimiendo un periódico que no es ni corto, ni endeble, y que distribuyen a clientes suscritos al medio y casuales que lo adquieren por 4mil pesos o de forma gratuita.  

    Llaman la atención por un modelo de gestión que se distancia de la perspectiva que posee gran parte del gremio en la ciudad. Domingo Builes, mejor conocido como El Flako, es su administrador, y explica que ellos no hacen juntanza, ni buscan aliados; sencillamente tienen amigos que les acogen y les permiten existir: habitantes que les ofrecen posada en sus territorios, organizaciones que esperan mensualmente cada edición del periódico y vecinos que les recibieron en sus litografías. “Esto es un equipo, un periódico y una corporación que se hizo con amigos, porque creemos que la amistad es fundamental”, explica El Flako.  

     

    Desconfían, además, de las formas de financiación basadas en recursos públicos. Conocen algunos ejemplos de medios que se recostaron en este modelo y eventualmente quebraron. Por eso, miran con escrúpulo a la Política Pública de Medios, y se resisten a habitar de forma directa espacios que intentan cobijarlos desde lo público. Defienden la autogestión a capa y espada, pero sí se presentan a convocatorias de estímulos lanzadas desde la Alcaldía. Así no hay riesgo de censura, ni asistencialismo.  

     

    Alejandra Osorio, en cambio, se ubica, por decirlo de alguna manera, en el otro lado del espectro. Además de dirigir Canal Zona 6 TV, está al frente de la Mesa de Medios Comunitarios de Medellín, una juntanza creada con el fin de fortalecer los medios de comunicación y hacer seguimiento a los apoyos gubernamentales, principalmente a la Política Pública de Medios.  

     

    En opinión de Osorio, el colegaje o juntanza entre medios es fundamental para asegurar la existencia de estos actores:  

     

    Medios comunitarios, ¿para qué? Un análisis

     

    Alejandra explica, además, que la Política Pública de Medios y el Presupuesto Público Participativo ha beneficiado a los medios populares y comunitarios, permitiéndoles expandir su acción en los territorios. El camino no ha sido fácil, pues los cambios de administración y la demora en la implementación de la política retrasa algunos procesos; pero la iniciativa y veeduría constante de la Mesa de Medios ha permitido que el apoyo gubernamental se mantenga.  

     

    Las voces alternativas, las voces de la periferia  

    El 12 de septiembre de 2024, en el marco del Encuentro Nacional de medios alternativos, comunitarios y digitales, el presidente Gustavo Petro causó revuelo al hacer una separación tajante entre la función de los medios tradicionales y alternativos. Según el presidente, unos tratan de “manipular la conciencia popular hacia los intereses exclusivos, y egoístas muchas veces, de los propietarios de esos medios”, y los otros, en cambio, buscan “lograr que cada ciudadano tenga una apreciación más subjetiva de diversas fuentes de la realidad”. Seguido de esto, anunció que el 33% de la pauta oficial del Gobierno Nacional se destinaría a estos últimos, lo cual marca un hito en la financiación de este tipo de medios.  

     

    Apenas unos días más tarde, El Espectador publicó un editorial problematizando esta visión. En él, explican que el panorama es, seguro, más complejo, y recordaron que a menudo la historia de Colombia ha mostrado lo contrario: medios alternativos asentando el poder y la injusticia, y medios tradicionales cuestionando y acogiendo la diversidad de voces. Esta visión, además, pone de frente una problemática que en Periferia Prensa enuncian: a menudo los apoyos gubernamentales conllevan a la censura y autocensura, y con ello se pierde la vocación independiente y disruptiva de los medios populares y comunitarios.  

     

    Al preguntarnos entonces por la función de los medios populares y comunitarios, habría que partir por esa aclaración. Existen medios que, bajo estas y otras denominaciones, continúan reproduciendo lógicas de poder, o como dice El Flako: “hay mucha gente que dice que es popular y alternativa sin el sentir de las comunidades. Y así, terminan destinando dineros públicos en intereses muy privados”. Alejandro Echeverri, editor de Periferia Prensa, piensa algo parecido: “no solo por uno llamarse alternativo, popular o comunitario, ya per se eso lo va a hacer a uno contrahegemónico. Creo que con el enunciado no basta”. 

     

    Pero también los hay que, genuinamente, buscan eso de comunicar las historias y necesidades de las comunidades. “El relato fabricado sobre lo que es Medellín, sobre lo que es Antioquia, es un relato con muchas falsedades, muchas hipocresías, muchas inconsistencias, muchas desigualdades, muchas blanquitudes, de negar la diferencia… Y creo que si los medios comunitarios y populares existen es precisamente para disputar ese relato” explica Alejandro. Por eso, dicen, se llaman Periferia; no porque pretendan “dar voz” a alguien (expresión victimizante y discriminatoria, porque supone la carencia de voz de una comunidad), sino porque buscan un periodismo reposado y enfocado en aquellos que históricamente han sido invisibilizados por los medios de comunicación masiva. 

     

    Ahí está una clave para la existencia de los medios populares y comunitarios. Mónica Valle coincide en ello: “son útiles porque siguen siendo espacios de expresión y difusión (…). Tener medios comunitarios que nos estén hablando de los intereses de las comunidades, de sus problemas, de sus opiniones respecto al gobierno, lo empresarial, lo cultural, lo ambiental… Eso siempre será bien recibido, porque lo que menos favorece a una democracia es la única voz o el único medio”.  

    En los medios populares y comunitarios encontramos, por ejemplo, algo parecido a lo que Jesús Martín Barbero describía como mediaciones: los lugares en donde se producen los sentidos que sostienen las culturas. En ellos, las comunidades se reconocen, encuentran oportunidad de leerse y fortalecen su ciudadanía participando de los debates públicos.  

    Además, alrededor de este tipo de medios se gestan oportunidades de educación y cultura que unen y fortalecen a las comunidades. Ese es el caso de Canal Zona 6 TV, La Esquina Radio y Mi Comuna 2; proyectos que, incluso más que como medios, se perciben como procesos en los que, contando con la comunicación como excusa, agrupan a niños, niñas, adolescentes y adultos interesados en expresarse y construir ciudad a partir de la palabra.  

     

     

    Pero, aunque su valía esté justificada, los medios populares y comunitarios continúan enfrentando un reto esencial: llegar a los públicos e involucrarlos en sus iniciativas. Así lo reconoce Alejandro Echeverri:  

     

    Medios comunitarios, ¿para qué? Un análisis (II)

     

    Mónica Valle, como docente e investigadora, reconoce también que la difusión es una cuestión transversal y fundamental para estos medios. Explica, por ejemplo, que la relación con las universidades es débil, y que a menudo sus estudiantes no conocen los medios asentados en sus barrios y comunidades. Esta sensación se relaciona con los resultados de la investigación que Mónica adelantó en 2012: en general, un medio es tanto más valorado en cuanto se acerca y relaciona con las comunidades a las que intenta impactar. 

    Este debate toma especial importancia en el contexto hiperconectado y globalizado en que actualmente vivimos. Los medios comunitarios deberán pensar e implementar estrategias que atiendan esta problemática. En este sentido, iniciativas divergentes como las propuestas que adelantan en la Mesa de Medios Comunitarios, podrían esbozar caminos a imitar.  

    *** 

    Los medios populares y comunitarios son espacios privilegiados para la construcción de ciudad y la apropiación de la palabra. Por ello nacieron, y por ello siguen existiendo.  

     

    Como otros tipos de organizaciones sociales, son actores frágiles y cuya existencia parece discurrir en un constante estado de emergencia. Por eso, es tan difícil encontrar medios en la ciudad que cuenten con más de 10 años de trayectoria. Iniciativas como la de la Política Pública de Medios y la Mesa de Medios Comunitarios pretenden robustecerlos y prevenirlos de la desaparición; pero también queda trabajo por hacer, de parte de los ciudadanos y de los responsables de los medios.   

     

    Y, sin embargo, como explica Mónica Valle, de alguna forma los medios populares y comunitarios han existido siempre, porque apuntan a la necesidad humana de expresarnos, de comunicar. A través de ellos imaginamos otras formas de vivir, otros modelos de mundo, de ciudad. En ellos, las comunidades, incluso las más periféricas, reconocen que sus voces son valiosas y merecen ser escuchadas. Para eso necesitamos medios populares y comunitarios en Medellín. Por eso hay que defenderlos.  

     

     

  • “¿No era abril, aguas mil?”  Cambio climático en Medellín

     

    Por: María José Restrepo Vanegas y Valeria Uribe Rengifo  / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    En años recientes, hemos observado cómo el cambio climático ha pasado de ser una amenaza lejana para transformarse en una realidad tangible en nuestra vida cotidiana. Las noticias relacionadas con inundaciones repentinas, oleadas de calor agobiantes y tormentas intensas ya no son la excepción, sino la norma en numerosas regiones del mundo. El aumento de eventos climáticos extremos no es una percepción subjetiva, todo lo contrario, es una realidad cada vez más presente. Según La NASA, el año 2023 fue el más caluroso registrado en la historia, con una temperatura media global de 1.18°C por encima del promedio del siglo XX. 

     

     

    Antes de profundizar en el debate acerca del cambio climático, es vital hacer una diferenciación relevante: a pesar de estar vinculados, el cambio climático y el calentamiento global no son sinónimos. Frecuentemente, estos términos se emplean de manera equivocada, lo que puede generar malentendidos. Para esclarecer esta distinción, Carolina Warren, egresada de Ingeniería Ambiental en la EIA (Escuela de Ingenieros de Antioquia), proporciona una explicación de ambos fenómenos. 

     

     

    Por su parte, Ghisliane Echeverry, directora del IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales), en una entrevista con noticias CM&, planteó que el cambio climático es el calentamiento de la temperatura media y sucede por la emisión de los gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, metano, etc.) y lo que hacen es intensificar este efecto que es natural y debe ocurrir. Sin embargo, debido a la acumulación de gases en la atmósfera, la radiación que normalmente sería emitida queda atrapada, lo que provoca un aumento gradual de la temperatura. Echeverry indica que “es como si nos estuviésemos cocinando de a poquitos” y esto ha estado aumentado desde hace algunas décadas.  

     

    “El calentamiento excepcional que estamos experimentando no es algo que hayamos visto en la historia de la humanidad”, dijo Gavin Schmidt, director del GISS (Instituto Goddard de Estudios Espaciales). “Se debe principalmente a nuestras emisiones de combustibles fósiles, y estamos observando sus impactos en las olas de calor, las lluvias intensas y las inundaciones costeras”. 

     

    ¿Qué es temperatura media? ¿Qué pasa si aumenta? 

     La temperatura media se calcula de los promedios estadísticos obtenidos entre las temperaturas máximas y mínimas registradas. Esa temperatura media incluye la superficie de todos los océanos y las regiones cercanas a los polos. En estos momentos, la temperatura de la tierra gira en torno a los, 13.9 grados Celsius. Pero, según Echeverry, el año pasado hubo un aumento de 1.4 grados de temperatura media y lo ideal es que este no supere los 1.5 grados de temperatura media.  

     

    El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia, IDEAM, indica que: “Hablar de la temperatura media del planeta, no es hablar de la sensación térmica que podemos tener en una región, donde nos resultaría muy sencillo mantener nuestra calidad de vida y confort, soportando un cambio de 18ºC a 20 o 22ºC, algo que con sólo quitarse el saco o tomarse una bebida helada podríamos resolver. Un cambio en la temperatura media del planeta implica un cambio profundo y severo en un sistema calibrado con rangos óptimos de funcionamiento.” 

     

    Del mismo modo, un incremento en la temperatura media mundial podría desestabilizar los sistemas climáticos, que están concebidos para funcionar dentro de umbrales ideales. Esta modificación va más allá de la percepción directa del calor e impacta los balances ecológicos y atmosféricos en la tierra. Las repercusiones de este desequilibrio son graves y empeorarían los fenómenos climáticos. 

     

    Un estudio publicado en Nature Climate Change reveló que las olas de calor extremas son ahora 5 veces más probables debido al cambio climático inducido por el ser humano y, por otro lado, El IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) reporta que, por cada 1°C de aumento en la temperatura global, la atmósfera puede retener aproximadamente 7 % más humedad, lo que intensifica las precipitaciones.   

     

    ¿Cómo se evidencian las repercusiones del cambio climático en la ciudad de Medellín? 

    Según un informe del IDEAM y la Universidad Nacional, “al estar localizado en la franja ecuatorial, el territorio colombiano está en el área de influencia de la ZCIT (zona de convergencia intertropical). Esto es un factor determinante en la distribución espacio – temporal de la precipitación, de la nubosidad y de otras variables climatológicas.”  

     

    Según el Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá (SIATA), una precipitación es cualquier forma de agua que cae de la atmósfera y llega a la superficie de la tierra, estas formas de agua son la lluvia, la nieve y el granizo. Asimismo, este fenómeno se puede presentar con una intensidad baja, moderada, entre moderada y alta, alta y fuerte, tal como lo indica el SIATA.  

     

    Las precipitaciones se forman debido al vapor de agua en las nubes que se condensa y se vuelve lo suficientemente pesado para caer. La cantidad y tipo de precipitación varía según la región, la estación y las condiciones climáticas. 

     

    Según el Instituto Panamericano de Geografía e Historia, “El país con mayor precipitación es Colombia con 3.240 mm por año. El lugar más húmedo del planeta es Puerto López, en Colombia, con una precipitación anual de 12.892 mm.” 

     

    ¿Cómo funcionan las dinámicas de las precipitaciones en Medellín? 

     

    En Medellín, es posible evidenciar que las precipitaciones son mayores en algunos meses que en otros. En el siguiente gráfico se puede evidenciar la tendencia en Medellín a precipitaciones, por meses.  

     

    Las olas de calor 

    Las olas de calor es un fenómeno climático que se caracteriza por períodos de temperaturas anormalmente altas y prolongadas. Luego de que se registran temperaturas máximas y mínimas que superan las habituales, debe durar por lo menos tres días consecutivos para poder hablar de una ola de calor. Es necesario tener en cuenta que estos períodos empiezan y culminan de forma abrupta. 

     

    Usualmente este fenómeno se acompaña de humedad y es ocasionado por el cambio climático. “Las olas de calor responden a situaciones meteorológicas dominadas por la invasión de masas de aire muy cálido o bien por la permanencia durante mucho tiempo de una de estas masas de aire, la presencia de una dorsal o de un anticiclón en superficie”, explica Mar Gómez, física y meteoróloga y coordinadora del área de meteorología de la plataforma El Tiempo, en un informe patrocinado por el grupo BBVA.

     

    La cuestión, según explica Gómez, es que el cambio climático las está haciendo cada vez más frecuentes y extremas. Por eso desencadenan riesgos para la salud humana, especialmente en grupos vulnerables como, aumento del consumo de energía, impacto en la producción agricultura, la sostenibilidad de los ecosistemas y el incremento del riesgo de incendios forestales. 

     

     

    Ahora bien, cuando se contrastan ambos fenómenos, es posible percibir que son un proceso cíclico, uno lleva al otro. Las olas de calor desencadenan la evaporación de fuentes hídricas lo que da paso a la acumulación de gotas de agua en las nubes, cargándolas y provocando las precipitaciones. 

     

    Lo anterior se puede explicar con el ciclo del agua, pues cuando las corrientes térmicas elevan la temperatura, esto agudiza la evaporación de fuentes de agua, tales como ríos, lagos y mares. Este vapor hídrico se eleva a la atmósfera y se enfría, ocasionando su condensación en forma de gotas de agua que se congregan formando nubes. Conforme las nubes se saturan de agua, el proceso finaliza con precipitaciones (lluvia o nieve), restituyendo el agua a la superficie del planeta. 

     

    Según el Instituto Panamericano de Geografía e Historia “El país con mayor precipitación es Colombia con 3.240 mm por año. El lugar más húmedo del planeta es Puerto López, en Colombia, con una precipitación anual de 12.892 mm.” En Medellín, el descontrol de estos fenómenos debido al cambio climático que eleva las temperaturas, desencadena impactos en la biodiversidad, la infraestructura y el crecimiento económico. 

     

    Los siguientes gráficos enseñan la temperatura media anual de Medellín entre los años 1979 y 2023, demostrando la manifestación del cambio climático en Medellín, elevando las temperaturas.  

     

    Actualmente, Medellín se enfrenta a un doble desafío climático importante: la expansión de las islas de calor en la ciudad y la potencial amenaza del fenómeno de La Niña, acompañado de las islas de calor, eventos típicos de las urbes grandes, que causan un incremento constante de las temperaturas durante la noche. Este aumento de la temperatura afecta de manera adversa el bienestar y la salud de los habitantes, especialmente en barrios como Castilla y Buenos Aires, donde, según el SIATA, las edificaciones y la poca vegetación impiden que la temperatura se regule.   

     

    Al mismo tiempo, según la WMO (Organización Mundial de Meteorología), la recurrencia de los fenómenos de El Niño y La Niña en el país hace vital que la ciudad implemente estrategias de mitigación para las islas de calor, las precipitaciones y se prepare para los efectos de estos fenómenos, fortaleciendo los sistemas de prevención de desastres y adoptando una planificación urbana que considere tanto los desafíos climáticos actuales como futuros. 

     

    El clima de Medellín y sus cambios plantean las necesidades para construir una planificación urbana completa y flexible; con estrategias definidas para enfrentar esta situación, que deben incluir la enseñanza y la participación de los ciudadanos desde programas de concientización y procesos de adaptación a nivel comunitario. 

     

     

     

  • Hasta aquí nos trajo el río: la tradición cumbiambera de Cereté

    Por: Irina Petro De León / irina.petro@upb.edu.co

    En Cereté, Córdoba, el Festival Nacional de la Cumbiamba ha logrado establecerse como un evento insignia del arte y folclor del municipio. Sin embargo, la comunidad debate si el éxito del evento significa o no una fuerte identidad cumbiambera.

     

     

    Un siseo surge de las corrientes leves del rio, cuando las ondas del agua son apenas perceptibles a la mirada gracias a las bondades de un sol que no descansa y acaricia con destellos los bordes de la superficie. Es un sonido constante, pero no estático. Parece que se renueva, que se reinventa con cada pisada sobre el cemento resquebrajado de las calles de Montería.

    En mi memoria está el mismo siseo, pero a orillas de lo que hace décadas era puerto. Una espesa maleza pro la que en medio pasa un hilo delgado de agua, sin los leves movimientos que le son naturales a los cauces, ocupa hoy el espacio de lo que algún día se llamó Caño Bugre. Aún se ven muchachos lanzándose desde un puente de hierro pintado de amarillo.

     

     

    Cuando tuvieron fuerza, estas aguas llevaron silbidos de gaitas y temblores de tambores para las primeras cumbiambas. Por allí llegaban músicos de otras tierras con afán de hacer real el rumor de que el río le hablaba al que supiera tocarle a las bailarinas una buena secuencia de tambor y que luego, sobre la canoa, el músico elegido podría escuchar también los conjuros de una luna conquistada por la música de gaitas.

    El festival- o “La Cumbiamba”, como le decimos los cereteanos- es el punto culmen de la cultura que se gesta en Cereté, Córdoba. Cada año, en la víspera de Semana Santa, los días pasan lentos y las noches se hacen eternas cuando las brisas se tornan cumbiamberas. Durante 32 años, se ha mantenido y hay quienes dicen que tendría alrededor de 40 versiones, si se tuvieran en cuenta actividades que datan de 1985. 

    El certamen reúne artistas locales y a la comunidad cereteana para preservar la música folclórica regional y promover tradiciones musicales de otras zonas del país. En él, la danza y la canción se vuelven vehículos de historias, valores y tradiciones para conectar generaciones. En los bailes se abrazan secretos, en los movimientos se guardan gesticulaciones de viejos cortejos, en las letras se esconden historias de los pueblos. Cada paso, cada tamboreo, cada guapirreo puede conectar a quien lo vive con su origen, con su camino.

     

    Cuando cae la noche y las calles quedan iluminadas por la luna gaitera de Cereté, el hombre engancha el sombrero vueltia’o mientras se saca el pañuelo y lo entrega a la mujer, quien con la mano derecha lo recibe y sobre él ubica el puñado robusto de velas blancas y largas; y con la izquierda se agacha y agarra la pollera entre las puntas del índice y el corazón. Es el guapirreo, un “jueeeeeeeepaaaaaaaa” de voz rasgada, fuerte y brotada de las entrañas lo que marca el inicio. La vaina ya se formó, la vaina ya se formó. 

     

    Con la falda entre mis dedos, el pelo amarrado y el manojo de velas soportado con fuerza sobre mi palma derecha, me dispuse a entrar a la rueda. Solo hace falta otro guapirreo, porque la rueda se puede bailar con una pareja a quien se le clava la mirada de la invitación, o bien sea, también, en la luz incandescente que provoca una mujer que danza sola.

     

    Cumbiamba es ritmo y manifestación

    La cumbiamba hace parte de un gran conjunto al que se le ha llamado popularmente como “música de gaitas”, que tiene sus orígenes en el siglo XVI, en los primeros encuentros entre negros, indígenas y africanos. La música de gaitas, como la conocemos actualmente, adquiere en el siglo XX algunos de sus elementos distintivos como la inclusión de la tambora, de los textos y la creación de una escena musical alrededor de los festivales[1] para llegar hasta lo que hoy se conoce como Cumbiamba, que en sus inicios fue una fiesta al aire libre de acordeones, tambores y guacharacas. 

     

    Ahora, se comprende únicamente como expresión cultural, sino también como un ritmo que se diversifica en forma y nombre, según la influencia negra e indígena que haya preservado la zona del litoral colombiano en la que se dé. Sin embargo, en el fondo, permanece por su vínculo estrecho a la música de gaitas. A esta idea de un encuentro triétnico de diversidades musicales y dancísticas se adscribe el Festival Nacional de la Cumbiamba.

     

    La Cumbiamba: punto de encuentro

    Esta manifestación del sentir y hacer cumbiambero no sido ajena al reto de mantener a la comunidad vinculada a lo que llaman “identidad cumbiambera”. El Festival de la Cumbiamba, “a la larga es un espacio que hace que uno se encuentre, que uno se identifique con lo que es, con lo que le gusta, con lo que es de acá, de nuestra tierra, de aquí de Cereté”, expresa Álvaro Martínez, músico joven partícipe del evento.

     

     

    El Festival comprende el Desfile Infantil “Semillero cumbiambero de paz y alegría” y el Desfile Cumbiambero de Mayores. Los concursos varían entre parejas de baile infantiles y juveniles, canción inédita de cumbia, mejores intérpretes de tambor alegre y gaita corta y grupos de gaita corta infantiles, juveniles, aficionados y profesionales.

    Además, se hacen tomas culturales bajo figuras como el Día de la Cultura Cumbiambera, que al igual que Cumbiamba a la Escuela, tiene lugar en las instituciones educativas del municipio. Hay también presentaciones especiales con las llamadas “capitanas”, la lectura del bando, la agenda en la tarima artística y el concierto de cierre del festival.

     

    No todos muestran interés por las mismas actividades. Por eso también hay espacios de concurso, espacios de enseñanza y aprendizaje (instituciones educativas y el Centro Cultural Raúl Gómez Jattin) para gestores y líderes socioculturales, profesores, estudiantes, artistas y personas con interés en participar de la divulgación de saberes mediante la puesta en escena y la muestra.

     

    No obstante, el frenesí de cada año con sus respectivas versiones del certamen, divide opiniones sobre qué tan vinculada se siente la comunidad cereteana con la llamada “identidad cumbiambera” que soporta y promueve el festival. Álvaro Martínez lo expresa así:

     

    “El festival está perdiendo credibilidad, está perdiendo como su auge […] Cuando hacen toda la programación, cuando ya llegan como tal los concursos por categorías, ya la plaza está vacía, ya en la plaza solamente quedan unos pocos que les gustan y los que están participando. O sea nos vemos entre nosotros mismos. […] Los escenarios no se llenan, el único día que se llena, y eso lo compruebo todos los años, es el último día. Se llena porque llevan a un artista ajeno al festival entonces apenas se acaba, la gente se va. Una vez hicieron primero los concursos de gaita y después al final dejaron el artista y pues se mantuvo la plaza llena, pero este año primero trajeron al artista, fue Checo Acosta, apenas ese man se bajó de tarima, ahí quedaron los mismos de siempre”.

     

    Tevinson Díaz Carmona- músico, compositor, coreógrafo, docente e investigador alrededor de la Cumbiamba- considera que, además de que los artistas invitados sean un atractivo para las masas, la ausencia de público en las muestras de los artistas locales también tiene que ver con una ruptura entre la comunidad y el hecho cultural cumbiambero. Dice Díaz que la comunidad no ha podido asumirlo como propio por la forma en la que se piensa y planea el evento, que se llena por los invitados, pero no por la música de gaitas. Opina que no se puede pretender mayor asistencia si entre los asistentes falta educación sobre la cumbiamba.

     

    El porqué del sostenimiento del festival en el tiempo se responde bajo distintas percepciones y motivaciones. Una de ellas tiene que ver con los procesos pedagógico-participativos que se dieron de manera previa a la realización de los primeros festivales y que se mantuvo, incluso, cuando este no se pudo realizar por casi una década.

     

    En los 80, Argemiro López Doria, docente y gestor cultural, comenzó a integrar a los jóvenes en los distintos comités del Festival, desde la logística y planeación hasta las decisiones artísticas. Años más tarde, Alberto Saibis Saker, entonces alcalde de Cereté, fomentó las escuelas populares cumbiamberas en cada barrio. Óscar López, escritor, docente y gestor cultural expresa que: “Si la cumbiamba, la música de gaitas y tambores, no tenía pasado registrado, desde ese momento tuvo un futuro asegurado […] Los niños que en esa época asistieron a las escuelas, se convirtieron en instructores y formaron sus escuelas, hoy famosas”.

     

    En efecto, aquellos niños hoy son coreógrafos, músicos-compositores o bailarines del Festival. Con el mismo propósito, el Liceo León de Greiff- conocido como “El León”-, institución educativa de carácter privado, fundó un grupo de pitos y tambores al que nombraron “Los Cumbiamberos”. Álvaro Martínez, hijo de este semillero, cuenta que sus contemporáneos que de alguna forma se vincularon a la tradición cumbiambera, tienen en común el colegio: “Es El León, realmente es eso, ese proceso y esa etapa que todos tuvimos al mismo tiempo”, dice en referencia a figura en la esfera cultural cereteana como Elaine Parra, Tevinson Díaz, Arveys Meléndez y Carlos Negrete, quien afirma: “le debo mucho a el Liceo León de Greiff, por siempre y para siempre, esa parte del colegio que a nivel cultural, a nivel de arte, de cultura y de todo lo que tiene que ver con el mundo de los artistas, ellos siempre los van a inculcar.”

     

     

    Ahora son muchas las instituciones educativas que cuentan con sus propios semilleros. Óscar, actual rector de la Institución Educativa Cañito de los Sábalos, sostiene que desde los colegios se vienen orientando “procesos culturales, no sólo de formación, sino también de una búsqueda de raíces de dónde vienen las expresiones culturales propias del municipio de Cereté”.

     

    El Festival se apoya en el trabajo de la Fundación Sociocultural de la Cumbiamba desde 2011. José Gregorio Gúzman, artista, gestor cultural y miembro dafirma que: “Lo que más lo sostiene es la gente que hace parte de los procesos por medio de fundaciones y organizaciones privadas, el esfuerzo tan bárbaro de gente, que hasta terca a veces, nos ponemos para que esto no decaiga”.

     

    De la Fundación provienen estrategias como Cumbiamba a la Escuela, que entre un mes y dos semanas antes del Festival. Las capitanas elegidas del año recorren todas las instituciones educativas de Cereté con grupos de pitos y tambores para hacer charlas y actividades pedagógicas: la narración oral sobre el origen de la cumbiamba en Cereté; muestra de baile, pitos y tambores; y un espacio para aprender toda la parte instrumental.

     

    José Gregorio sostiene que: “Cumbiamba a la Escuela ha resultado porque las nuevas generaciones de cereteanos, más que las viejas, identifican al festival como propio”. A su turno, María Camila Simpson, bailarina de 22 años y excapitana del festival, considera que la estrategia está bien planteada y cree que sí ha logrado un impacto en las juventudes y su interés por el conocimiento alrededor de la cumbiamba.

     

    Sin embargo, Álvaro Martínez, de 18 años, inscrito en el contexto folclórico desde su primera infancia, no siente que haya una vinculación profunda del festival con la comunidad, y en menor medida con las generaciones recientes: “Acá en Cereté, ya en la juventud pues, es difícil encontrar músicos de este género que tengan un proceso como de muy, muy pequeño y se hayan mantenido. La mayoría, cualquiera, puede decir de una tambora que la toca, toca la base de cumbia machucada, pero porque de pronto una vez en el colegio se lo enseñaron o porque alguna vez lo aprendió y ya, pero no es como que se quede dentro de esto”.

     

    Tevinson Díaz considera que la voluntad de Cumbiamba a la Escuela es buena, pero hay vacíos y la actividad debería profundizar, más allá de la muestra dancística y musical. Por su parte, Carlos Negrete, docente, bailarín y miembro de la Fundación, considera que: “La identidad empieza con la educación. ¿Con qué educación? Con la escuela de formación, con Cumbiamba en la Escuela, con la identidad de tomar a nuestra familia y decirles, mira, es Cumbiamba, estamos en tiempos de Cumbiamba, vamos a que esto siga vigente y vamos a enseñárselo a mi sobrino, a mi hijo, a mi papá, a mi mamá, a mi hermano, y se va expandiendo y el municipio crea una identidad de que si cada año, una semana desde Semana Santa, nuestro municipio de Cereté se cree un ambiente cumbiambero”.

     

    María Raquel Pacheco, gestora cultural y participante del Festival desde sus inicios, afirma que: “No es solamente a las personas mayores que van a disfrutar del festival, (…), sino que estas generaciones que se están formando entiendan que la cultura hace parte de la vida, (…) hay unos saberes, hay unas memorias, hay unos procesos históricos, hay unos procesos de construcción colectiva, que son importantes conocerlos para poder entender en qué contexto estamos”.

     

    A lo largo del año, eventos “satélites” mantienen el calor de la cumbiamba: el Reinado Cultural del Algodón, las Fiestas de la Candelaria, el Día de la Cumbiamba y La Rueda del Cumbión de Cereté. Esta última se celebra cada 8 de diciembre como una rueda de cumbia en la plaza del centro cultural.

     

    Considerando todos los puntos, es posible plantear una mirada que, más allá de pretender responder si los procesos actualmente emprendidos en el municipio tienen o no un impacto profundo, duradero y sostenible culturalmente en los diversos grupos etarios, busque preguntarse por el cómo de estos procesos. El relevo generacional puede ir enfocado más que al hacer coyuntural, a la comprensión de por qué el ritmo de cumbiamba, la manifestación de la misma y la representatividad de ésta en el festival, es relevante para el municipio, para los procesos comunitarios y para la construcción de una memoria colectiva a partir de la elementalidad tradicional de un presente cotidiano. Como también lo plantea María Raquel: “que estos espacios educativos, estos espacios de esa agenda cultural, vaya de la mano con esos procesos que permiten que la gente conozca”.

     

    La identidad cultural de Cereté, como las aguas de lo que un día fue su caudaloso Caño Bugre, está en constante movimiento; y así como solo es posible nadar en calma un río si vas con su corriente, solo es posible cuidar un legado que se comprende y asume desde su esencia. Los cereteanos herederos de esta tradición que ha crecido, se preguntan cómo manejar el legado que reciben para que se saboree con facilidad, pero mantenga su cadencia.

     

    [1] Zamora, 2016, p.30.

  • “Sharenting”: los daños imprevistos de exponer la vida ajena

    Por: María José Arango Agudelo y Carolina Correa Zuluaga / periodico.contexto@upb.edu.co

     

    Como “sharenting” se conoce el fenómeno ocasionado por el ejercicio de los padres que comparten aspectos o procesos completos de la vida y crianza de sus hijos: fotos, videos e información que llegan a las redes sociales y cuyos efectos despiertan preocupaciones desde la psicología y el ámbito legal, según explica la investigadora en Derecho Selena Cebrián Beltrán en un artículo académico que resume los retos de esta situación para el derecho a la imagen y a la protección de datos de la infancia y la adolescencia.

     

    El nombre es una combinación de dos términos del Inglés: share (compartir) y parenting (paternidad), a partir de lo cual se reconoce cuál es la dinámica de esta práctica que, según Cebrián y otros expertos en diferentes áreas, puede tener efectos a largo plazo en los niños y niñas, particularmente en su bienestar emocional y el ejercicio de sus derechos.

     

    Mentes vulnerables

    Según la psicóloga Camila Patiño Arango, los efectos emocionales del sharenting pueden ser profundos y duraderos. Afirma que uno de los principales riesgos es la pérdida de privacidad desde una edad temprana: “Las fotos y videos que los padres publican en Internet permanecen en línea durante años, lo que deja una huella digital difícil de controlar”, comenta Patiño. Esta constante exposición puede hacer que los niños se sientan vulnerables y ansiosos, afectando su autoestima al sentirse presionados por las expectativas de sus padres y de quienes los siguen en redes sociales.

     

    La exposición constante también impacta las habilidades sociales de los pequeños, explica Patiño. Añade que se vuelven personas que pueden ser definidas más por la imagen pública que proyectan sus padres que por sus propias experiencias. “Los niños pueden desarrollar un sentido de identidad distorsionado y sentirse menos autónomos, lo que afecta su capacidad para establecer relaciones sociales sanas y genuinas”, señala la psicóloga. Refiere además, la posibilidad de volverse blanco de ciberacoso, lo que agrava sus inseguridades personales.

     

    Camila Patiño Arango subraya que, a medida que los niños crecen, el consentimiento sobre lo que se comparte en redes debe volverse más explícito. “Es fundamental que los padres pidan permiso a sus hijos antes de publicar contenido sobre ellos, para que se sientan respetados y valorados en su privacidad”, sugiere la psicóloga. Esta comunicación abierta también puede prevenir resentimientos y conflictos en la relación entre padres e hijos, especialmente si los menores sienten que su privacidad ha sido vulnerada. La falta de respeto hacia su intimidad puede deteriorar la confianza y llevar a que los hijos eviten compartir información personal con sus padres.

     

    Un problema al Derecho

    Por su parte, el abogado José Miguel Rodríguez destaca que los menores en Colombia tienen derechos fundamentales, incluidos el derecho a la privacidad y la protección de sus datos personales, según la Constitución en su artículo 15. “Es responsabilidad de los padres velar por la protección de la imagen y datos de sus hijos, pero cuando esta protección no es suficiente, el Estado tiene el deber de intervenir”, señala Rodríguez.

     

    El abogado advierte que, en casos donde un niño sufra acoso o daños por la exposición en línea, los padres podrían enfrentar graves responsabilidades legales. “La ley colombiana prevé sanciones tanto penales como civiles, que incluyen la pérdida de la custodia y posibles indemnizaciones si se comprueba que la publicación de información ha causado perjuicios al menor”, menciona. Además, la Ley 1581 de 2012 sobre protección de datos personales exige que los padres otorguen un consentimiento informado antes de compartir cualquier dato de sus hijos. “Los padres deben ser conscientes de las implicaciones de las plataformas sociales que usan y asegurarse de que la información que publican no ponga en riesgo la seguridad de sus hijos”, añade.

     

    Rodríguez destaca que, si un menor llega a ser víctima de un delito como el grooming (acoso o abuso sexual en línea) debido a la información compartida en redes, los padres pueden iniciar acciones legales, incluso contra el otro progenitor si este ha sido negligente. La Ley 1581 permite a la Superintendencia de Industria y Comercio imponer sanciones si se detectan irregularidades en el manejo de los datos de menores de edad.

     

    En un contexto en el que los padres suelen ser personas jóvenes y en el que las redes sociales adquieren una importancia tal que son la base de actividades que generan el sustento de cada vez más personas a partir de la generación de contenido, surgen situaciones que constituyen nuevos retos. En 2022, un fallo de la Corte Constitucional puso freno a una pareja de creadores de contenido digital que habrían incurrido en conductas abusivas exponiendo a sus hijos en sus publicaciones.

     

    Estas situaciones ponen las mirada no solo sobre el papel de los padres, sino sobre las herramientas con las que cuentan la mayoría de personas que ejercen este rol en la actualidad, motivo por el cual adquieren especial importancia espacios como las escuelas de padres, espacios de formación abiertos por loscolegios para el correcto acompañamiento al prfoceso formativo desde las familias y que fueron instituidas como obligatorias por la Ley 2025 de 2020.

     

    ¿Qué dicen los padres de familia al respecto?

    Escúchelo en el siguiente podcast:

     

     

     

  • Una red que se consolida por La 80

     

     Miguel Ángel Álvarez Mejía & Brandon Adrián Bustos Oliveros / periodico.contexto@upb.edu.co 

     

    En medio de tensiones por la financiación, avanza un nuevo componente del sistema de transporte masivo del Valle de Aburrá. Estos son aspectos clave para entender la importancia del Metro de La 80.

     

     

    Medellín ha sido pionera como la primera ciudad en tener metro en Colombia, con la consolidación de un sistema de transporte masivo de este tipo desde el 30 de noviembre de 1995, cuando se puso en funcionamiento el primer tramo de la línea A, Niquía – Poblado, del Metro de Medellín.  

     

    A lo largo del tiempo, la población creció y la demanda hacia el sistema también lo hizo, es por eso que, desde la inauguración de la primera línea de metro, la ciudad se ha planificado para expandir el sistema e interconectarse de norte a sur y acercar la periferia a la columna vertebral del Sistema Metro de Medellín: la Línea A, que va desde Niquía a La Estrella. Muestra del crecimiento de dicho sistema es que actualmente están en funcionamiento 2 líneas de metro, 6 líneas de metrocable, 1 línea de tranvía, 3 líneas de Metroplús y por lo menos 40 rutas de buses que alimentan el sistema principal. 

     

    Sin duda, esto ha reducido el tiempo de recorrido entre el punto A y el punto B, no solo en la ciudad, sino también en el Área Metropolitana. Así lo manifiesta Dora Ochoa, residente del barrio Granizal, ubicado en la comuna 1, quien, para desplazarse diariamente, utiliza la línea K (Metrocable Parque Arví) y la línea A. Ella afirma que “el sistema brinda la tranquilidad de llegar a tiempo al trabajo; hay excepciones, pero normalmente funciona bien”. Por otro lado, Stiven Atehortúa, estudiante del ITM y usuario diario del sistema, señala que el metro facilita su desplazamiento desde su casa en Santo Domingo hasta la universidad: “Yo utilizo Metrocable, tranvía, metro y un alimentador que me deja casi en la puerta de la universidad, y me demoro 50 minutos. Si el sistema no existiera, el tiempo mínimo sería de 1 hora y 15 minutos”. 

     

    La integración e interconexión no solo ha sido física, sino que también implica una articulación tarifaria que le permite al usuario tener un ahorro significativo en sus finanzas diarias, “yo tomo metrocable y metro, si tuviera que tomar bus para realizar el trayecto al metro, serían 4 pasajes diarios, mientras que con el sistema yo solo pago 2 pasajes diarios”, dice Dora. El sistema en un componente social cuenta con 5 perfiles que permiten una segmentación y clasificación tarifaria: frecuente, adulto mayor, estudiantil, persona con discapacidad y eventual. Stiven Atehortúa resalta la importancia de esta segmentación: “Yo tengo descuento de estudiante así que solo pago más o menos el 50% del pasaje normal, aproximadamente $1.300”. Tanto para Dora Ochoa como para Stiven Atehortúa, usuarios frecuentes del metro, el sistema representa seguridad, confianza y economía.  

     

    La 80, un punto clave

     

    Aunque el panorama muestra un impacto positivo y se ha logrado a grandes rasgos el objetivo de interconexión, el sistema afronta desafíos en materia de oferta y cobertura en la zona occidental de la ciudad, como se expone en el Plan Maestro de Movilidad del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, razón por la cual el corredor la Avenida 80 se considera estratégico para mejorar las condiciones de movilidad en la ciudad y región. 

     

    El corredor de la Avenida 80 y su área de influencia abarca 32 barrios y tiene una localización estratégica y céntrica al occidente de Medellín lo que le permite una conexión ágil y directa con el sur, norte, occidente, centro tradicional, y el corredor multimodal del río. 

     

    A partir de la identificación de este desafío, en los años 2008 y 2009 se hicieron los estudios de prefactibilidad del proyecto Metro Ligero de la 80, se concluyó en la viabilidad de dicho proyecto y se procedió con la ejecución de los diseños de detalle del corredor. Sin embargo, en su momento se priorizaron las inversiones en el Tranvía de Ayacucho y sus cables alimentadores, por lo que el proyecto fue aplazado. En el año 2016, la administración municipal revivió el interés por el proyecto, razón por la cual se retomaron los diseños ejecutados inicialmente y se hizo una optimización del corredor de forma que contempla las nuevas exigencias establecidas en la actualización del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de la ciudad y el estado actual del corredor. En tal sentido, se contrataron los ajustes del diseño del corredor y finalmente se fijó el trazado que será construido que costa de 3 tramos, el primero iniciando en la estación Caribe, Línea A, hasta la estación Floresta, Línea B; el segundo desde Floresta hasta la estación La Palma de Metroplús y el tercer tramo desde La Palma hasta la estación Aguacatala del Metro.  

     

    Cuando se trata de proyectos como este, que por su envergadura y costos sobrepasan la capacidad de los municipios, existe desde 1996, la Ley 310 o Ley de Metros, con el que se sopesan los costos y la Nación aporta hasta un 70% y el municipio el 30% restante. En el caso del Metro Ligero de la 80, se demandan 2,7 billones de pesos según el Consejo Superior de Política Fiscal, CONFIS del proyecto, y la inversión se divide de la siguiente manera: 

     

    El Metro Ligero de la Avenida 80 conectará la zona occidental de la ciudad de Medellín de norte a sur, aportando a un mejoramiento de la calidad de vida a cerca de un millón de habitantes, equivalentes al 38% de la ciudad, según el más reciente censo del DANE. Uno de esos usuarios beneficiados es Carmen Aguirre, quien reside en el barrio Los Colores y dice que tiene muchas expectativas con el proyecto: “Creo que va a descongestionar el tráfico de la 80, esa avenida en horas pico es muy difícil de transitar”, además, resalta los beneficios que dice, le traerá el proyecto a su vida diaria: “Tener una conexión rápida y directa con otros medios de transporte y otras líneas del metro”.            

     

    Lo que lleva sobre rieles

    Ante este panorama, expertos proponen una mirada amplia del contexto y los beneficios económicos que el Metro Ligero de la 80 trae para la ciudad. Andrés Emiro Díez, ingeniero eléctrico y magíster en transmisión y distribución de energía, resalta la importancia de los sistemas de transporte ferroviario al afirmar que “un sistema de transporte ferroviario se caracteriza por funcionar a economía de escala, racionalizando el uso de vehículos y minimizando tiempos de viajes. Esta eficiencia es fundamental en un contexto urbano en crecimiento, donde la demanda por movilidad continúa en aumento. La implementación del Metro Ligero no sólo optimizará el tiempo de desplazamiento, sino que también ofrecerá una alternativa más sostenible al uso de vehículos individuales, contribuyendo así a la reducción de la congestión vehicular y las emisiones de carbono”. 

     

    El experto también destaca que “las mejores ciudades en índice de calidad de vida se caracterizan por contar con sistemas de transporte público de cero emisiones”. Esto subraya la necesidad de que Medellín no solo mejore su infraestructura de transporte, sino que lo haga con un enfoque claro en la sostenibilidad. La construcción del Metro Ligero de la 80 se alinea con esta visión al ofrecer un medio de transporte más limpio y eficiente, que promete transformar la calidad de vida de los habitantes. Este cambio no solo facilitará sus desplazamientos, sino que también contribuirá a la conservación del medio ambiente, generando un entorno urbano más saludable y habitable. 

     

    Díez también menciona la importancia del concepto de red en el transporte: “Las redes tienen matrices que permiten varios desplazamientos”. Este enfoque es crucial para entender cómo el Metro Ligero de la 80 se integrará con los sistemas existentes, creando un tejido de movilidad que facilitará el acceso a diferentes áreas de la ciudad. A medida que el metro se conecta con otras líneas de transporte, se espera que el flujo de usuarios aumente, promoviendo una mayor interconexión entre comunidades y fomentando el desarrollo económico en las áreas circundantes. La creación de esta red no solo responderá a las necesidades actuales, sino que también sentará las bases para el crecimiento futuro de la ciudad. 

     

    En este contexto, la construcción de este proyecto se presenta como un hito en la infraestructura de Medellín, impactando significativamente las dinámicas económicas de la ciudad. Este corredor ferroviario permitirá una conexión eficiente entre el norte y el sur, atravesando el occidente de la ciudad movilizando aproximadamente 179,400 pasajeros diarios. Este incremento en el acceso no solo facilitará el desplazamiento de los habitantes, sino que también estimulará la economía local, mejorando las oportunidades laborales y comerciales en las áreas conectadas.  

     

    Arley Betancur, comerciante de un estanquillo cercano a la estación Miraflores del tranvía de Ayacucho, enfatiza el impacto positivo de este tipo de proyectos, señalando que “este tranvía no solo ha sido de gran impacto para la ciudad, sino que ha sido muy próspero para el sector, especialmente, es una oportunidad para nuestros negocios. Dentro de los beneficios que para todos ha sido claro es el incremento de fluidez de gente, esto hace que seamos mucho más visibles y que para las personas que nos visitan, tengamos mayor probabilidad de ser reconocidos; acá muchos hemos sido beneficiados”. 

     

    Además de mejorar la conectividad, esta nueva línea del sistema contribuirá significativamente a la transformación urbanística del corredor de la Avenida 80. Como indica Alexander Jiménez Laverde, ingeniero encargado del proyecto, “no solo por los grandes impactos positivos en materia ambiental derivados de la transformación que su implementación generará, sino, además, por el desarrollo económico que desencadenará”. La presencia del metro fomentará el desarrollo de proyectos inmobiliarios y comerciales en las cercanías de las estaciones, atrayendo inversiones y promoviendo la creación de empleo, generando así un efecto multiplicador en la economía regional. 

     

    Sin embargo, a pesar de los numerosos beneficios que promete el Metro Ligero de la 80, también enfrenta desafíos significativos, especialmente en términos de inversión inicial. Andrés Emiro Díez señala que “una de las grandes barreras de estos sistemas es que sus costos iniciales son muy altos, pero su ciclo de vida útil sobrepasa los 100 años, así como el metro de Londres o Nueva York, asegurando que los costos de mantenimiento son muy bajos”.

     

    Esta perspectiva es crucial para entender la viabilidad del proyecto a largo plazo. Aunque la inversión inicial puede parecer desalentadora, la durabilidad y eficiencia del sistema podrían resultar en un ahorro sustancial a lo largo del tiempo, beneficiando tanto al municipio como a los usuarios, quienes disfrutarán de un medio de transporte confiable y accesible por generaciones. 

     

     

     

  • Grafiti: un “tour” antes del Siglo XXI

     

    Por: Simón Suárez Gómez / simon.suarez@upb.edu.co

     

    Grafiti, una palabra que en la actualidad suele ser relacionada con el arte, la cultura y nuestra ciudad, Medellín. Esta expresión tiene su historia, con antecedentes remotos y tiene incluso una jerga que le pertenece. Empecemos un breve glosario que ayudará a entender no solo esta historia, sino cuál es el sentido que tiene:

     

    • Crew: grupo de grafiteros que se identifican bajo una misma “chapa”, que suelen salir en conjunto alrededor de la ciudad para “marcar” distintos spots.
    • Chapa: firma que permite identificarse cómo grafitero que suele ser usada cuando se sale a bombardear la ciudad.
    • Bombardear: salir a hacer muchos diseños rápidos y con baja producción que retratan la chapa del grafitero o su crew.
    • Spot: lugares por la ciudad que permiten realizar producciones mucho más complejas, suelen ser lugares muy transitados o de alto valor por su riesgo. Dependiendo de donde se ubique, si es un camión, un bien público cómo el metro o edificios muy protegidos, suele darse mayor respeto a la crew o grafitero que lo rayó.
    • Spot taquilla: se denomina de esta forma a los distintos spots que hay repartidos por la ciudad que tiene una gran cantidad de afluencia de público, suelen ser lugares complicados para rayar y de alto valor, pues muchas personas los verían al transitar por estos lugares.

     

    Tan antiguo como nuestra idea de ciudad

    Desde la Era Antigua, específicamente, en las grandes ciudades del Imperio Romano, se empezaron a formar expresiones artísticas de protesta, garabatos, mensajes de oposición fueron poco a poco llenando distintas paredes de los edificios públicos (de manera ilegal). Por ello, es posible considerar a los autores de estas marcas como los pioneros del grafiti.

     

    Pese a que esta actividad era realizada con finalidades humorísticas y de protesta, estos precursores del grafiti, crearon bases para un estilo de mensaje político que, más de un milenio después, se ha reproducido en cientos de países, incluido Colombia.

     

    Podría pensarse que estos tipos de grafiti eran casos aislados que pasaban desapercibidos, pero no es así. Según el historiador Jerry Torner, en conversación con ABC España, tan solo en la ciudad de Pompeya se han podido rescatar 12.000 ejemplares y aunque en estos tiempos no existían lo que hoy llamamos “chapas” (véase glosario inicial), una gran cantidad de estos estaban firmados.

     

    Estos grafitis solían contener frases de burla como: “Aufidus estuvo aquí, adiós”, dándonos un acercamiento a lo que era la vida del ciudadano romano promedio. También se destacan mensajes referentes al sexo, que era una normalidad en la época: “Teófilo, no les hagas sexo oral a las chicas apoyadas en la muralla como si fueras un perro”.

     

    Pero, ¿Qué es lo que diferencia un muralismo de un grafiti? Hoes GMR, grafitero de Medellín, explica esta distinción:

    Luego de diferenciar los dos conceptos, continuemos con la historia.

     

    Grafiti medieval

    Acercándonos más a la era actual (aunque tampoco tanto), una investigación realizada por la Dra. Laura Hernández Alcaraz, para la Universidad de Alicante, encontró un patrón peculiar en distintas edificaciones religiosas y castillos de la España medieval. Durante las obras de construcción, las personas a cargo solían rayar las paredes e incluso pintarlas dejando mensajes plasmados, algunos en términos de burla con respecto a su señor o simplemente un garabato buscando representar algo de lo que hoy en día desconocemos el contexto. He aquí algunos ejemplos:

     

    Nueva York y el auge del grafiti

    El grafiti moderno, tal cual se ve en las calles de la ciudad en el presente, nació en dos ciudades estadounidenses: Filadelfia y Nueva York. A mediados de los años 60, estudiantes de secundaria de ambas ciudades, empezaron a realizar firmas en sus colegios, siguiendo en sus barrios y expandiéndose, finalmente, por toda la ciudad.

     

    Lo que comenzó como un juego entre amigos, repercutió de una manera muy fuerte, pues cada vez se veían más personas queriendo repartir sus chapas y ser reconocidos alrededor de los principales lugares de la ciudad. A diferencia de cómo los conocimos en la antigua Roma, los grafitis realizados con resaltadores o aerosoles, ahora eran anónimos y no se identificaba fácilmente a los autores.

     

    Algunos nombres que se destacan de esta época son:

     

    • Darryl McCray, un joven afroamericano, que bombardeó la ciudad de Filadelfia con su chapa CornBread. Lo qué el inició como un juego de colegas marcando su escuela con su apodo fue construyendo poco a poco una tendencia replicada por toda la ciudad, siendo el que más chapas tenía, el grafitero más popular de la zona.La chapa de Darryl McCray grafitada sobre un edificio abandonado en Filadelfia.
    • Dimitraki, joven mensajero griego que bombardeo la ciudad y el metro de Nueva York con su chapa Taki 183

    En los inicios del grafiti moderno, se logra observar que las chapas y los garabatos realizados eran realmente sencillos, sin una elaboración muy estructurada y como aún no se había creado una cultura del grafiti, las pinturas apenas generaban alguna conmoción.

     

    No fue hasta 1971 cuando un periódico de Nueva York entrevistó a Dimitraki, pues sus firmas ya eran parte del paisaje urbano de la ciudad, especialmente de los lugares más concurridos cómo el metro, que no solo hacia parte de los lugares donde se encontraba la gente vulnerable, sino que también era frecuentado por la élite privilegiada.

    Durante la década siguiente fueron apareciendo más grafiteros a lo largo de Estados Unidos. Hasta que el movimiento grafitero, en la década de los 80, se incorpora dentro de la cultura Hip-hop como uno de sus tres pilares: baile, pintura y música.

     

    Al adentrarse en la cultura Hip-hop, el grafiti empieza a tomar un rumbo artístico: ya no solo bastaba poner tu chapa. Con diseños más complejos, el uso de distintos colores y formas para sus letras, los grafiteros fueron otorgando una identidad única a sus firmas, generando que los simples garabatos que muchas veces se hacían antes, pasaran a ser diseños más complejos que abarcaban más espacios.

     

    Bogotá, capital del grafiti

    Con la globalización del Hip-hop en los 80 y 90, a Colombia llega todo lo referente a esta cultura y se da un particular encaje, pues de la misma forma que se desarrolló en Nueva York, esa necesidad de hacer ver a las personas de bajo nivel socioeconómico. En Bogotá comenzaron a bombardear la ciudad para dar cuenta de que no solo está habitada por gente adinerada, sino que además de ellos, también existen quienes viven del día a día.

     

    Uno de los mensajes más característicos que se logra identificar cómo el boom del grafiti ochentero, fue cuando estudiantes de la Universidad Nacional atendieron el llamado del presidente Belisario Betancur de empezar a pintar palomas por la paz. Pero, justamente, con ese llamado también salió a destacar Luis Keshava Liévano, un grafitero que bombardeó la ciudad con el mensaje: No más paloMAS” refiriéndose al grupo paramilitar Muerte a Secuestradores. De este modo marcó una tendencia en el grafiti colombiano con la inclusión del mensaje político en este estilo artístico, renovando un rasgo que nació en la antigua Roma.

     

    Fotografía y grafiti por Keshava. Tomado de: cartelurbano.com

     

    Durante la época que llega el grafiti a nuestro país, se estaba viviendo una fuerte oleada de violencia. Lops grupos que la protagonizaban también adoptaron el grafiti. El M-19 y otros grupos guerrilleros marcaban su territorio con escrituras en aerosol en las paredes y otras eestructuras.

     

    Para los años 90, en la ciudad de Bogotá, el grafiti empieza a tomar un rumbo diferente, volviendo a su origen neoyorquino. El Hip-hop destaca como una cultura que se populariza en los lugares más vulnerables de la ciudad, siendo las agrupaciones raperas las que empezarían a poblar las paredes de ladrillo con sus chapas.

     

    Este movimiento de las distintas agrupaciones de rap, se distancia del trabajo realizado anteriormente por grafiteros como Keshava, pues, más que dar un mensaje político con sus chapas (aunque aun continuaban contando las realidades de la calle y la falta de apoyo del Estado en sus canciones), marcaban sus barrios de origen, para dar cuenta a las personas de que ellos hacían parte de su comunidad.

     

    Medellín y el grafiti de resiliencia

    En nuestra ciudad, para los años 90, se introdujo poco a poco lo que se había aprendido de la cultura Hip-hop en Bogotá; cultura que fue apropiada , de igual forma, por muchos jóvenes en situación vulnerable en las zonas periféricas, especialmente, la comuna 13. Todo este movimiento del Hip-hop. acompañado por su escena grafitera fue para muchos una forma de escape de la violencia. Un caso conocido de esto es la historia de fundación de la Casa Kolacho en la Comuna 13, el cual sirvió como proyecto social, brindándole a los jóvenes oportunidades diferentes a través del arte; a las ya conocidas, como la violencia.

     

    Entrando en el nuevo milenio, la ciudad vivió una serie de conflictos armados tras los cuales surgieron proyectos sociales en los que el grafiti legal (que a partir de ahora llamaremos muralismo) cobra un protagonismo como atractivo turístico e identitario de zonas como: La Comuna 13, Provenza y Manrique.

     

    Este muralismo que es percibido por las crew  grafiteras como algo que se distancia cada vez más del grafiti. Pero es innegable que ha permitido que esta subcultura del Hip-hop cambie la connotación negativa que muchos tenían de él, para que ahora se le asocie con iniciativas de resiliencia y memoria colectiva. Universidades, barrios, locales comerciales acogen esta forma de arte como parte de su rasgo distintivo.

     

    Este fenómeno urbano ha evolucionado desde sus orígenes ilegales hasta convertirse en una forma de expresión artística ampliamente aceptada y valorada. Hoy en día, el grafiti en Medellín no solo decora las paredes, sino que también cuenta historias, transmite mensajes sociales y refleja la identidad cultural de la ciudad. Su presencia en el paisaje urbano es un testimonio vivo de la transformación y resiliencia de una comunidad que ha encontrado en el arte una poderosa herramienta de cambio social.

  • Del estoicismo y sus daemons: Pablo Montoya habla sobre “Marco Aurelio y los límites del imperio”

    Por: Valeria Hernández Martínez / valeria.hernandezm@upb.edu.co*

     

    El museo MAJA se ha convertido en un espacio lleno de periodistas, quienes esperan a alguna  de las personalidades del arte y la literatura que constituyen el atractivo del Hay Festival en Jericó. Aunque la agenda comenzaba  a las 10:00 a. m., a las 9:55 entró un hombre con pasos lentos pero seguros, haciendo que todas las miradas se posaran sobre él. 

     

    Se sirve un café. Si bien apenas empieza el día, se le nota  cansado. Gesticula usando sus manos con amplitud, bebe sorbos muy despacio y habla con un tono de voz firme que invita a seguir el hilo de su conversación. Se trata de Pablo Montoya, escritor que no está por primera vez en el Festival e incluso menciona que él “debió haber nacido allí”, por el gran aprecio que le tiene al pueblo y a sus personajes históricos. 

     

    Nacido en Barrancabermeja, Santander en 1963, Montoya ha logrado consolidarse como un autor y docente de literatura reconocido en el país. A lo largo de su trayectoria literaria, ha trabajado bajo géneros como la novela, la crónica cultural, el ensayo, el cuento, los poemas e incluso la crítica literaria. Gran parte de su vida y obra se han visto marcadas por los entornos socioculturales que lo rodeaban en Colombia y Francia —lugares donde ha habitado por prolongados periodos de tiempo—, que lo han llevado a ser un gran amante de la historia y del arte en Europa y Latinoamérica. 

     

    Su más reciente novela es Marco Aurelio y los Límites del Imperio, publicada en mayo de 2024. En esta obra, la convergencia entre lo novelesco y los datos del pasado permiten que el lector conozca más a profundidad al emperador Marco Aurelio, quien como gobernante afrontó gran cantidad de vicisitudes, entre ellas, una de las primeras pandemias jamás registradas de la humanidad.  

     

    En vísperas de su participación como panelista en el Festival, Montoya conversó con Contexto sobre los contenidos, aprendizajes y reflexiones de su último lanzamiento, al tiempo que brindó sus puntos de vista sobre asuntos de interés de la sociedad colombiana actual.  

     

     

     

    Usted viene también a hablar de su libro de Marco Aurelio y los Límites del Imperio. ¿Cómo definiría los imperios en la sociedad moderna? 

    En el mundo actual hay formas imperiales, digámoslo así, que persisten.  Por ejemplo, la norteamericana. Aunque no es un imperio —es una república democrática—, su presencia en diferentes partes del mundo actual nos podría hacer pensar que se trata de uno, como bases militares más allá de sus fronteras, o el control social y militar en ciertas geografías. Esos son típicos comportamientos de los imperios de la antigüedad. 

     

    Otro ejemplo: China, que tampoco como tal es un imperio, es una república comunista. Es extraña la definición, pero así es. Y lo que hacen China y Estados Unidos en este momento, es que promueven sus formas de comprender el mundo, sus sistemas de vida y su relación entre las personas a lo largo de la geografía del planeta. 

     

    E inclusive, son dos imperios, entre comillas, “que se enfrentan cotidianamente”. Entonces creo que sí hay una continuidad imperial en la actualidad. Yo creo que la permanencia del Imperio Romano en nuestros días, es el poderío militar que sostienen las naciones, pues es una herencia de Roma. 

     

    En el libro usted cita: “Incluso jóvenes soldados asesinan defendiendo ideas que no entienden”. ¿Usted cómo interpreta esta cita en un contexto más actual, y considera que se aplica a otros conceptos diferentes a la guerra? 

    Esa frase se la atribuyo a un amigo de Marco Aurelio, quien está criticando un poco la forma en que el Imperio Romano se comporta a partir de la guerra. Evidentemente, cuando se ve el nivel intelectual de los soldados que participan en las guerras, es bastante, bastante bajo, puesto que su comprensión de lo que están defendiendo a través de las armas es limitada. 

     

    Yo creo que sí sigue existiendo ese comportamiento de jóvenes soldados que van a la guerra un poco estimulados por dos cosas: uno, por las hormonas. Los jóvenes sienten que hay que gastarlas de cualquier manera. Y dos, la intoxicación por los discursos guerreros pertenecientes a las naciones actuales. Considero que lo ideal sería tener un ejército de soldados cultos, pero si los soldados fueran letrados, yo creo que no serían soldados y no harían la guerra. 

     

    Es una discusión muy grande, porque también hay soldados o militares cultos, leídos y que creen firmemente en la guerra como una manera de defender un patrimonio determinado. Yo, que soy un pacifista convencido, radical y por momentos, vehemente, pienso que hay que desmontar la guerra como sea posible. Debemos inventarnos otra alternativa para resolver los problemas que tenemos, sean políticos, económicos, o hasta religiosos, pero siempre hemos apoyado nuestra defensa de dichas cosas en la guerra. Esto es lo que hay en la novela, esa conversación que hay entre Marco Aurelio y su amigo es justamente eso.  

     

    ¿Qué espera que los lectores reflexionen al leer esta obra? 

    Escribí este libro preguntándome lo qué puede hacer un hombre de buenas intenciones: ¿Cómo puede gobernar en medio de la debacle general? Ahora, eso es lo que hace Marco Aurelio en un momento muy difícil en que había muchos conflictos en el imperio, como cuando tuvo que enfrentar la primera pandemia de la historia de la humanidad, lo que llevó al imperio a comenzar a desestabilizarse completamente.  

     

    Marco Aurelio intentó gobernar en crisis climáticas, trató de frenar la guerra y no pudo frenar ninguna de las dos cosas. Y trató de hacerlo, pero él no resolvió sus problemas, porque no tenía los medios indispensables. Yo creo que nosotros, ahora, sí tenemos medios para al menos enfrentar una gran cantidad de cosas.  

     

    Tenemos la posibilidad de construir sociedades democráticas que puedan convivir en paz y que no utilicen tanto dinero en armas o que patrocinen continuamente la guerra. Hoy en día, existen pequeños países que han logrado construir sociedades más o menos perfectas. El nuestro no ha sido capaz, y lo ideal sería cambiar eso. 

     

    ¿Cómo considera usted que en un país con una historia violenta, como Colombia, se pueda de alguna manera ir educando a los jóvenes para que no piensen en la guerra como una solución? 

    La educación es una ventaja, lo digo como profesor que soy. Si a un niño se le enseña desde la infancia el valor de la paz, lo peligroso de la guerra y se le ayuda a construir espacios sociales de no agresión, de no brutalidad, sería diferente. Ahora, el problema de Colombia, es que es un país donde hay una gran injusticia y desigualdad social. Si se resuelve ese problema, los jóvenes van a tener trabajo, educación, recreación, y no van a tener que buscar el dinero en acciones delictivas. 

     

    Sí, hay que defender la paz, pero hay que defenderla de una manera cívica. Hay que entender que se puede defender de muchas maneras, no con un cañón en la mano. Yo creo que todos tenemos que colaborar para construir ese país “soñado” que aún no tenemos, porque aún estamos divididos por ideas políticas, religiosas, intereses familiares y económicos, pero no pensamos en la colectividad, algo que Marco Aurelio sí hizo, porque para él, un gobernante debe trabajar por el bien común. 

     

    Pasando al contexto de Colombia, ¿a usted le gustaría escribir más sobre el país, o piensa que sus horizontes están más por fuera, en el extranjero?  

    Aunque puede que ya no tenga muchos libros por escribir, yo creo que yo me muevo en los dos ámbitos: local e internacional. He escrito sobre Colombia, la violencia, la Operación Orión, la escombrera… en muchas ocasiones metí la cabeza en la violencia de Medellín y en la desaparición forzada. Son temas muy interesantes para la literatura y creo que los escritores debemos asumir dichos temas, pero es cierto que también me interesan mucho los temas que tienen que ver con el arte, con Europa. 

     

    Acabo de terminar una novela sobre el Bosco, que es un pintor europeo del siglo XV. La novela es sobre él, y pretende ser un libro dedicado al arte. Incluso, considero que él, un escritor como yo, se mueve en los dos terrenos (pintura y escritura). Quizás después vaya a escribir otro libro sobre Medellín, sobre Colombia, vamos a ver qué pasa. 

     

    ¿Cuáles son los aspectos más destacables de la filosofía y las enseñanzas de Marco Aurelio que le fueron útiles a usted en la escritura del libro para su persona? 

    El estoicismo está de moda hoy en día. Toda la gente está leyendo a Marco Aurelio con su libro Meditaciones y buscando qué tomar de ahí. Yo creo que es un libro que enseña y me atrevo a decir que se escribió para no publicarse, sino, que Marco Aurelio lo escribió para sí mismo. 

     

    Por azares de la historia, Meditaciones terminó convirtiéndose en uno de los libros más exitosos de la filosofía. Tiene grandes enseñanzas, y a mí me parece que una de ellas es la fortaleza interior, porque en medio de las dificultades, la enfermedad y los conflictos que hay en la cotidianidad, todo radica en el trato que se tiene con los demás. Siempre hay que mantener, según Marco Aurelio, una actitud de resistencia, serenidad y tranquilidad.  

     

    Los estoicos creían que el ser humano tiene una especie de partícula divina, a la que ellos llamaban daemon, como si se tratase de un espíritu que te fortalece contra cualquier dificultad que se atraviesa, y yo creo que eso es una buena enseñanza para cualquiera.  

     

    Los estoicos también hablaron mucho sobre lo breve que es la vida y de lo necesario que es vivirla con la mayor intensidad posible para aprovechar el tiempo que tenemos, que es muy breve. Es un suspiro, pues uno nace, crece y muere. Y él (Marco Aurelio) dice que lo importante no es vivir 100 años, o 10 o 20… Los que sean, lo importante es vivir con intensidad, con dignidad y siempre buscando el bien. Un bien que no es el bien tuyo, porque el bien tuyo recae fuertemente en los demás 

     

    Estas enseñanzas ayudan mucho a los hombres de hoy en día. ¿Por qué fascina tanto Meditaciones?, me pregunto yo, y eso es porque meditaciones es un libro escrito por un hombre que no te impone una religión ni un dios. Este texto es de un hombre que dice: “Mira en ti mismo como hombre, como mujer, como ser humano. Mira la fuerza que tú tienes en tu interior y que ella te impulse a vivir el día a día de la mejor manera.”  

     

    *Contexto asistió al Hay Festival en Jericó por invitación de Comfama.

  • Así se abre la brecha que separa a las mujeres del bienestar económico

     

    Por María José González Sánchez / mariaj.gonzalezs@upb.edu.co

    En Medellín persisten desigualdades que afectan especialmente a las mujeres de la ciudad. A pesar de los avances económicos y los esfuerzos de revitalización urbana, ellas siguen enfrentando barreras que limitan su desarrollo y bienestar.

     

    Según Valeria Molina Gómez, secretaria de mujeres del distrito de Medellín, “así ya más de la mitad, del 57% de los hogares en Medellín, sean liderados por mujeres o sea en términos de quienes llevan los recursos en la ciudad de Medellín las mujeres son quienes están ocupadas de eso más que los hombres, pero tenemos más brechas”.

     

    De acuerdo con un estudio de García y Morán acerca de la fuerza de trabajo desde un enfoque de género, que fue publicado en Investigas, revista del Departamento Administrativo Nacional de estad{istica DANE en 2018, “en términos de género, la principal consecuencia de entender el trabajo como sólo el conjunto de actividades que se realizan para el mercado es la visibilización del trabajo no remunerado que realizan principalmente las mujeres para los hogares y la comunidad”.

     

    Aunque el trabajo de las mujeres constituya el principal sustento en la mayoría de los hogares, ellas enfrentan mayores dificultades para acceder a empleos formales y bien remunerados

     

    Uno de los problemas más persistentes en la lucha por la equidad de género es la brecha salarial. A pesar de los avances en la inclusión laboral, las mujeres en Colombia siguen concentradas en los rangos salariales más bajos. Según el artículo de García y Morán, en 2017 la mayor parte de las mujeres se concentró en los dos rangos más bajos de salarios, el 58,5% de las mujeres ganó menos de un salario mínimo mensual legal vigente (SMMLV), y el 30% recibía entre 1 y 2 SMMIV como ingreso laboral.

     

    Esta disparidad no solo produce una desigualdad económica, sino que también perpetúa un ciclo de limitaciones en el acceso a mejores oportunidades y calidad de vida en pleno Siglo XXI para cuando se tenían como referencia los Objetivos de Desarrollo del Milenio, lo que subraya la necesidad de un refuerzo en las normativas como la LEY 1496 DE 2011 acompañados de campañas que aborden el cambio cultural, pues parte del problema todavía radica en la connotación del rol femenino y sus valores asociados. La brecha salarial no es solo una cifra, sino un reflejo de la persistente subvaloración del trabajo de las mujeres en la sociedad colombiana.

     

    Este hecho es algo que la secretaria Molina reconoce como un reto que se debe superar: “Desde la Secretaría de las Mujeres tenemos nuestra política pública de igualdad de género y en esa política […] todavía tenemos las mujeres caminos por recorrer y esto tiene que ver con seis dimensiones una dimensión tiene que ver con todos los temas de autonomía económica de las mujeres y es cómo las mujeres accedemos a recursos a través de empleo y emprendimiento”. Un aspecto crítico es que la autonomía económica de las mujeres no se limita solo al acceso a recursos o a oportunidades de empleo, si no a que las políticas que se enfocan en aumentarlo; pueden pasar por alto la necesidad de garantizar que estos trabajos sean justos y sostenibles.

     

     

    A pesar de los esfuerzos continuos por diseñar e implementar políticas inclusivas para abordar esta problemática, su persistencia en la sociedad puede atribuirse a diversos factores adicionales, como los detallados por el autor del libro Economía, Globalización y Derecho, y profesor de la cátedra de economía, globalización y derecho de la Universidad Autónoma, Manuel González

     

    El de González es un punto de vista adicional sobre la realidad de la situación: no solo es una cuestión de políticas y regulaciones, sino también de la transformación de las prácticas y percepciones cotidianas. La persistencia de esta brecha sugiere que las soluciones actuales a menudo se quedan al nivel de la superficie, abordando síntomas en lugar de causas. Teniendo en cuenta lo que plantea el economista, para lograr una verdadera igualdad es crucial enfocar las políticas no solo en la equidad de salario, sino en la creación de un entorno laboral que desafíe y cambie los prejuicios que perpetúan estas desigualdades. De acuerdo con González, las políticas inclusivas deben acompañarse de una revisión exhaustiva de los procesos de contratación, promoción y compensación, y de un compromiso de las organizaciones para fomentar una cultura de igualdad.

     

    El acceso a la educación y la formación es otro ámbito en el que las mujeres de Medellín enfrentan desafíos significativos. Como explica Valeria Molina Gómez, “otra de las problemáticas es todo lo que tiene que ver con educación y las brechas que existen en las mujeres ya no en básica, primaria y secundaria y en educación superior, sino en términos de las mujeres en doctorado y en las carreras CTIM de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas… las mujeres no están estudiando mucho eso porque creen que no son buenas, o les han dicho que no son buenas para las matemáticas, para las ciencias.”

     

     

    Las estadísticas del Ministerio de Educación sobre la participación de las mujeres en la educación superior refuerzan la afirmación que ha planteado la secretaria Molina y que deja al descubierto una dinámica preocupante: aunque las mujeres han logrado una mayoría en el nivel universitario, su representación en programas de posgrados sigue siendo limitada. Esto sumado al hecho de que las carreras menos elegidas por las mujeres colombianas son las ingenierías o las asociadas comúnmente con roles masculinos en la sociedad, lo cual constituye un llamado a la sembrar una verdadera integración de las mujeres en todos los campos del conocimiento, especialmente en aquellos que tradicionalmente han sido dominados por hombres.

     

    Las barreras que inciden en esta situación también operan desde lo individual y están ligadas a estructuras económicas y sociales más amplias: “En términos de la participación social y política de las mujeres, cómo las mujeres participan en el territorio, pero no están en cargos de representación en las juntas de acción comunal, en las juntas administradas locales y en términos del concejo, pues de 21 concejales solamente cuatro son mujeres. Tenemos mucho todavía por recorrer”, afirma Molina Gómez. Esta declaración pone en evidencia una desconexión entre la participación en sus comunidades y su acceso a posiciones de poder formal. El profesor Manuel González también ofrece una perspectiva interesante sobre esta participación:

     

    González enfatiza en que la distribución desigual de mujeres en puestos de trabajo no es solo un reflejo de la discriminación directa, sino también de un sistema que, de manera sutil pero sistemática, canaliza a las mujeres hacia roles con menos protagonismo. Aunque las mujeres suelen ser las principales impulsoras de iniciativas comunitarias y tienen un rol fundamental en el tejido social de los territorios, sus contribuciones rara vez se traducen en reconocimiento o en oportunidades de liderazgo.

     

    Y a su vez se suma a este árbol de problemas un efecto consecuencia de esta causa ¿cómo será el impacto intergeneracional de esta falta de representación? González y Molina coinciden en que cuando las jóvenes ven pocas mujeres en posiciones de poder, pueden interiorizar la idea de que la política y el liderazgo no son espacios para ellas, lo que perpetúa el ciclo de desigualdad. Fomentar la participación política de las mujeres no solo es una cuestión de bien común, sino también una inversión en el futuro, ya que modelos femeninos de liderazgo pueden inspirar a las próximas generaciones a asumir roles de mayor influencia.

     

    En un contexto donde la violencia de género es una realidad alarmante, como revela Molina Gómez con su cifra de más del 82% de los casos violencia intrafamiliar dirigidos contra las mujeres, el impacto de la falta de modelos femeninos en posiciones de poder se agrava. Por ejemplo, las mujeres, atrapadas en roles de cuidado no remunerado, a menudo carecen de las oportunidades necesarias para salir de la pobreza. Esto es lo que dice experto González referente a la decadencia paulatina del empleo formal:

    Esta tendencia condiciona las oportunidades de las mujeres para acceder a una seguridad social y una protección laboral adecuadas. La expansión del empleo informal no solo implica una reducción en los derechos laborales y beneficios sociales, adicionalmente invita a mejorar el acceso de las mujeres a empleo formal, que se proporcione apoyo a las trabajadoras en el sector informal para que puedan transitar hacia el empleo formal, y se asegure una protección y dignificación adecuada para todos los trabajadores.

     

    Según la investigación Mujeres y hombres: brechas de género en Colombia, “La segregación ocupacional es marcada: las mujeres son el 94,1% del total de personas ocupadas como trabajadoras o trabajadores domésticos. Ellas son el 63,3% de las personas ocupadas sin remuneración, y menos de una tercera parte (27,1%) de las personas empleadoras”. Este estudio del DANE plantea que una perspectiva nueva para abordar esta problemática podría centrarse en la creación de políticas que reconozcan y valoren explícitamente el trabajo doméstico y de cuidado.

     

     

     

     

  • Los desafíos de las mascotas en espacios residenciales

     

    Isabella Giraldo Vélez / isabella.giraldov@upb.edu.co

     

    En los últimos años, la relación entre los habitantes de Medellín y sus mascotas ha crecido, como parte de una tendencia nacional: según una encuesta publicada en marzo de 2024 por Cifras y Conceptos, en colaboración con la Universidad de los Andes y el Instituto Humboldt, “si en 2011 el 38% de los hogares colombianos tenía mascotas, para 2018 la cifra había aumentado al 50%, y en 2024 se estima que el 57% de los hogares en el país tienen al menos una mascota”.

     

    Este crecimiento en la tenencia de mascotas implica dinámicas retadoras de convivencia, principalmente en los entornos residenciales y en ámbitos como la adaptación de espacios públicos y privados para la seguridad de los animales, bajo la responsabilidad de los dueños y con factores como el comportamiento de las mascotas, ruidos, higiene y normas.

     

     

    Por muchas razones, se sigue la misma huella

    La líder de la fundación de rescate animal Dos Almas, María Fernanda Moreno, desde sus 15 años encontró su vocación por los animales. La pérdida de un familiar la llevó a un estado de depresión y encontró respaldo emocional en su perro, cuya compañía no solo mejoró su calidad de vida, sino que también la impulsó a construir su organización sin ánimo de lucro, que actualmente se concibe como “santuario de animales y refugio de humanos”.

     

    “Las mascotas son más que compañeros, son fuentes de amor incondicional que pueden transformar nuestras vidas de maneras profundas. Son miembros de la familia que brindan un apoyo incondicional en su forma más genuina. Son seres que no necesitan de palabras para aportar bienestar”, sostiene Moreno.

     

    Desde esa posición y como resultado de todo este trayecto, María Fernanda Moreno se ha relacionado con los animales en todos los aspectos: conoce sus comportamientos, necesidades, relacionamiento y, sobre todo, las dificultades que representan en la coexistencia con otros dueños y mascotas. La experta en el tema reconoce que Medellín es una ciudad cada vez más petfriendly o amigable con las mascotas, impulsada por el crecimiento en las industrias de alimentos y juguetes. En estos y otos negocios, los colombianos invierten al año 3 billones de pesos, según un informe de Forbes en 2022. Tanto la publicación como la experta, atribuyen como causa de esta transformación a los cambios demográficos, el aumento de población joven con cultura autónoma y empoderada que reconoce la importancia de las mascotas para la salud física y emocional.

     

    Además, un estudio de Fenalco Antioquia reveló en 2021 que los antioqueños aumentaron la adopción y compra de mascotas de manera exponencial durante la pandemia: en 8 de cada 10 hogares habitaban perros o gatos mayormente. Fue un incremento del 15%. No obstante, la soledad y el tiempo en casa que llevaron a este crecimiento, se dio por terminada con el fin de la pandemia y el regreso a la rutina, lo que aumentó el nivel de abandono de los peludos.

     

     

    En un análisis de esta coyuntura, el Ministerio de Salud señaló que: “La tenencia responsable de mascotas es el conjunto de condiciones, obligaciones y compromisos que el dueño de una mascota debe asumir para asegurar el bienestar de esta, no es solo satisfacer las necesidades básicas de la mascota, sino que también como lo indica la frase, se es el responsable de todos los actos que ellos realicen”. Y, como añade Moreno, las personas no están preparadas para las responsabilidades que implica tener una mascota.

     

    Hoy, las mascotas son parte clave de la vida diaria y su presencia es casi que paisaje en zonas comunes y espacios públicos como restaurantes, centros comerciales. En conjuntos residenciales, de una normativa de prohibición, que caracterizaba la convivencia durante los años 70, 80 y 90, se pasó a una la cultura del cuidado de los animales que se ha instaurado en la cotidianidad, debido a la mayor concientización de los beneficios que trae consigo la presencia de los compañeros de cuatro patas. El Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos publicó en 2018 un estudio que: “Se ha demostrado que la interacción con animales disminuye los niveles de cortisol (hormona relacionada con el estrés) y disminuye la presión arterial”.

     

    Adaptación de espacios

    Sin embargo, no todo el panorama es propicio para la tenencia de los peludos. Si bien el avance ha sido significativo, resalta María Fernanda Moreno que aún falta mucho camino por recorrer, especialmente en la adecuación de zonas residenciales, como espacios reducidos, compartidos para otros fines y el conocimiento y difusión de los reglamentos para mascotas en los conjuntos.

     

     Indira Vergara tiene en su vida a Lupita y sugiere que los espacios de su unidad residencial no son aptos para el esparcimiento de su mascota: “No hay delimitación, el mismo parque es para niños y perros, además, queda muy cerca del parqueadero”. Sebastián Aguirre manifiesta la misma dificultad y también comenta que la zona verde destinada para las mascotas en su conjunto fue reducida a la mitad por una reja, para controlar la salida de las mascotas, según argumentó la administración y planteó que las mascotas “no tienen espacio para correr, a fuerzas caben tres perros en la zona”.

     

    Moreno comenta que las urbanizaciones no están listas para albergar la cantidad de mascotas que hay, especialmente en Medellín, a la que describe como una ciudad social y con un clima que permite varios paseos al día. Pero explica que, en contraste, las zonas sin delimitación, espacios estrechos y la falta de difusión de los reglamentos y normativas, crea condiciones hostil para los animales y facilita tensiones entre vecinos y animales.

     

    Factores recurrentes de discordia como los malos olores y el ruido, son particularmente molestos en apartamentos donde las paredes delgadas no logran contener el sonido. Sobre este y otros rasgos de la urbanización actual, María Fernanda Moreno añade la falta de zonas adecuadas para que los perros liberen su energía y eviten así el estrés que incrementa los ladridos y el comportamiento destructivo.

     

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    Clic en los íconos de la imagen para conocer sobre la normas que regulan la tenencia de mascotas.

     

    Conflictos

    Lupita es una perra criolla de 5 años y tamaño mediano, que, según dice Indira Vergara, su responsable, “es parte de la familia, es una alegría y también una gran responsabilidad”.

     

    Vergara lidió con problemas de convivencia en su conjunto residencial, debido, según dice, a la tenencia de más de una mascota por dueño. Relata que, al soltar los perros que viven juntos, estos se comportan como una manada, y tienden a atacar al que está solo. Lo que ocurrió con Lupita en repetidas ocasiones y le impidió paseos tranquilos.

     

    Manuel Salazar tuvo a Rocky, un criollo de dos años, que siempre fue reactivo y conflictivo. En los años que habitó en el conjunto residencial causó repetidos disgustos entre los vecinos. Uno de los episodios más delicados fue cuando empujó a una mujer que padecía de osteoporosis; en otra situación mordió a un niño en el talón y le ocasionó heridas que requirieron sutura. Sucesos que llevaron a que Rocky no pudiera vivir más en dicho vecindario. “El que falló fui yo, era muy nuevo en esto de tener mascotas y no tuve las suficientes precauciones”, reconoce Manuel.

     

    Manuel reconoce su impericia, pero la mayoría de los casos terminan en abandonos. “El tamaño del fenómeno es impresionante. En nuestra fundación, hemos visto un aumento considerable en las adopciones, pero también en los casos de abandono. Muchas veces, las personas no están preparadas para las responsabilidades que implica tener una mascota, lo que puede derivar en conflictos con sus vecinos. Es vital que se trabaje en la educación y concientización sobre lo que significa realmente cuidar de un animal en un entorno urbano,” comenta María Fernanda. El auge de mascotas ha resaltado la necesidad de una mayor sensibilización y mejores regulaciones para evitar problemas de convivencia.

     

    Así lo relata Maribel Vélez, la acompañante de Nena, una perra Sabueso Fino Colombiano, de tamaño grande, con un temperamento activo, de juego, sin embargo, ansioso y temeroso. Ambas residen en un conjunto residencial en Medellín, el cual consta de veinte viviendas, de las cuales, quince tienen mascotas, específicamente caninos. Vélez considera que los perros deben salir sueltos para que tengan un momento pleno de esparcimiento y puedan derrochar su energía. Uno de sus vecinos no comparte dicha propuesta, pues sus tres perros son de conducta agresiva y prefiere evitar posibles riñas.

     

    Sebastián Aguirre, es dueño de Nineta, una perra de raza American Bully y con cuatro años, que reside en una unidad residencial de Medellín. Aunque su temperamento es tranquilo, activo, y pacifico, Sebastián comenzó a tener inconvenientes con un vecino que le reclamaba el uso del bozal para Nineta. El episodio terminó es un proceso judcial del que aguirre terminó absuelto por falta de pruebas. No bostante, él afirma: “Nunca sacamos a Nineta sin correa, por el respeto a las personas que piensan que ella es brava por su raza”.

     

     

    Lo que dice la normativa actual:

     

    Si bien en Medellín, la tenencia de mascotas en zonas residenciales está regulada por varias normativas que buscan garantizar una convivencia pacífica y segura, la bse es el Código Nacional de Policía y Convivencia (Ley 1801 de 2016), que establece algunas de las reglas fundamentales que deben seguir los propietarios de mascotas, tales como: uso de correa y bozal, higiene y limpieza, manejo de ruidos molestos, zonas de esparcimiento, entre otros. El desafío radica en que su cumplimiento no es homogéneo: las formas de educación, rutinas, creencias y perspectivas se modifican en todas las personas, y sus mascotas están a merced de estas variables, por lo tanto, la convivencia de tantas formas en un mismo espacio tiende a ser complicada.

     

    En 2017, el Ministerio de Salud definió la tenencia responsable de mascotas como el “Conjunto de obligaciones que contrae una persona cuando decide aceptar y mantener una mascota o animal de compañía y que consisten, entre otras, en proporcionarle alimento, albergue y buen trato, brindarle los cuidados indispensables para su debido bienestar y no someterlo a sufrimientos evitables”.

     

    En 1997, la Corte Constitucional dictaminó que “la tenencia de mascotas domésticas es parte del derecho al desarrollo de la personalidad y a la intimidad personal y familiar.” Específicamente, en los artículos II y III del Código Nacional de Policía y Convivencia (Ley 1801 de 2016) se establecen medidas enfocadas a la buena convivencia entre propietarios de mascotas y sus vecinos, lo cual incluye definir comportamientos, medidas y medios por parte de las administraciones de los conjuntos para la tenencia de mascotas y propiciar en la comunidad comportamientos que favorezcan la convivencia en áreas comunes.

     

    Desafíos y soluciones

    La apertura de más espacios pet-friendly, la implementación de programas de educación para dueños y vecinos, y la promoción de prácticas responsables son algunas de las soluciones que se recogen entre quienes han dado testimonio aquí.

    Sus experiencias también señalan que el urbanismo de Medellín debe considerar la inclusión de zonas verdes dedicadas específicamente para mascotas, donde los animales puedan moverse libres y socializar sin generar inconvenientes a los demás residentes. No obstante, como lo evidencian los testimonios de Indira, Manuel, Maribel y Sebastián, la tenencia de una mascota supone desafíos de convivencia en los entornos residenciales de Medellín.

    Desde las regulaciones legales y el valor sentimental que han adquirido las mascotas en la actualidad, es posible lograr un equilibrio que permita disfrutar de la compañía de nuestras mascotas sin sacrificar la tranquilidad y el bienestar de los vecinos.

     

    María Fernanda Moreno, de la fundación de rescate animal Dos almas, resume la situación así: “La tenencia de mascotas es un compromiso a largo plazo, que requiere no solo amor, sino una gran responsabilidad. Medellín tiene el potencial para fortalecer los ámbitos de la convivencia con mascotas que aun generan problemas, por la concientización recientemente generada de que son seres sintientes, capaces de llevar bienestar a los hogares y al alma de cada persona”.