Aldo Villegas (12 de julio de 1978), conocido artísticamente como bocafloja, es un poeta, artista de la palabra hablada (Spoken Word), Hip Hop y comunicador social mexicano. Es reconocido como el precursor en la utilización de la cultura Hip Hop en Latinoamérica como una herramienta de concientización social y política, especialmente en comunidades marginadas.
Inició su carrera en los años 90 con los grupos Lifestyle y Microphonk, y como solista ha lanzado álbumes como Pienso, luego existo (2003), Jazzyturno (2004) y Existo; dirigió el documental Nana Dijo (2016), un análisis visual sobre la diáspora africana en América Latina y el racismo estructural en la región.
En el Hay Festival 2025 en Jericó, estuvo en conversación con Daniel Rivera Marín, periodista y autor del libro de crónicas “Volver para qué”, sobre su evolución artística y su libro más reciente, Del mondongo al ojalá (2024), en el que reúne microrrelatos, poesía y fotografías. Además, realizó un concierto en el parque principal de Jericó, donde fusionó la palabra hablada (Spoken Word) y el Hip Hop.
En esta entrevista para la audiencia de Contexto tuvimos la oportunidad conversar sobre la importancia del arte urbano en la memoria histórica, los desafíos de ser un artista crítico del sistema y su conexión con América Latina, valorando experiencias descentralizadas como la del Hay Festival Jericó.
¿Qué es para usted ser un bocafloja?
Bueno, más que otra cosa es la posibilidad de utilizar el lenguaje y el discurso como una plataforma de comunicación efectiva. Sin restricción o sin límite en el ejercicio expresivo como tal. Bocafloja surgió hace muchos años en una canción cuando, muy al inicio de mi carrera, formaba parte de otros grupos. Después cuando salí como proyecto solista fue que lo utilicé como mi nombre.
¿Cómo es ser un bocafloja hoy en día, le ha traído problemas?
Siempre todo lo que nosotros hablamos tiene un impacto y una implicación. Uno responde, al final del día, a una agenda y uno tiene que asumir ese nivel de responsabilidad y conciencia sobre lo que está diciendo, siempre tiene un peso. Además, que, cuando algo sale de nosotros, una vez que la gente lo escucha, eso que decimos tiene la posibilidad de tener vida propia y ellos pueden hacer una relectura, y no necesariamente corresponde a lo que uno está tratando de comunicar. He tenido experiencias muy positivas, otras no tan positivas, pero ese es el riesgo calculado de hacer el tipo de música que estoy comprometido a hacer.
¿Cómo llegó a estas otras maneras de expresión artística: la poesía, la literatura y la fotografía?
Bueno, con la cuestión de la poesía y la literatura creo que hay un vínculo innegable respecto rap, porque como tal tiene en sí mismo una vena literaria y una vena poética. Obviamente, rompe con los estándares clásicos de hacer poesía. Es como un tipo de poesía que está vinculada con otro tipo de experiencias y con otro tipo de ejecución. Rompe un poco con lo, a veces, demasiado soberbio y soso que pudiera ser la poesía clásica.
Pero el explorar otros formatos como la fotografía, el cine documental o los proyectos literarios tiene que ver con la necesidad de igual comunicar a públicos más amplios y hacer notar que nosotros también podemos producir en ese tipo de espacios. O sea, que la poesía no es una práctica limitada a los grandes eruditos de la poesía clásica y toda esa historia. También hay poesía en todos lados.
¿Cuáles han sido como para usted esas influencias o esos exponentes que lo llevaron a converger como tantos formatos en lo que usted expresa?
Yo leí grandes influencias, que son autores del Caribe, como Frantz Fanon y Walter Rodney enfocados en la producción artística y cultural del sur global como una experiencia epistémica; también James Baldwin de los Estados Unidos. Mucha de la literatura negra del mundo ha sido superimportante en mi formación intelectual y poética, incluso, la misma música, el mismo rap también me introdujo a un montón de experiencias discursivas y literarias que me obligó a investigar este tipo de cosas.
En Medellín, Colombia, el mural titulado “Las Cuchas Tienen Razón” fue creado por colectivos artísticos para rendir homenaje a las madres buscadoras, mujeres que han dedicado sus vidas a encontrar a sus seres queridos desaparecidos durante el conflicto armado. Este evento reabrió el debate sobre el papel del arte urbano en la construcción de memoria histórica y su capacidad para desafiar las narrativas oficiales. ¿Cómo ve usted el papel del arte urbano, como el grafiti y el muralismo, en el contexto latinoamericano para desafiar narrativas hegemónicas y preservar la memoria histórica?
Tiene que ver con la necesidad de ocupar el espacio público como un derecho social humano básico. Es la posibilidad de comunicar y utilizar el espacio público para plasmar una idea que impacte de forma colectiva el tejido social. Entonces creo que un muralista requiere de ese tipo de ejercicios que pueden implicar transgresiones a nivel sistémico.
El hecho de que haya una reacción por parte de la comunidad para volverlo a pintar habla ya de un proceso de organización política. Ahí ya hay un montón de valor, porque políticamente se están organizando para utilizar el arte como un vehículo para llevar un mensaje.
Y lo más interesante que a mí me parece de todas esas experiencias es no solo los artistas o la comunidad directamente relacionada con los muralistas que vean en esa pieza, sino personas que van caminando que no tienen quizás conocimiento de lo que está sucediendo y que gracias a ese impacto visual empiezan a hacer un ejercicio crítico de cuestionamiento sobre qué es lo que está pasando. Ahí ya hay un proceso de politización, creo que eso a mí es lo que más me gusta y le encuentro el valor.
¿Cuáles son los desafíos de ser un artista que incomoda al sistema?
El desafío es a veces sentirte periferizado: la exclusión, la falta de acceso, la falta de visibilidad, la distribución desigual de poder, de acceso de todo en todos sentidos. No es algo fácil, no es algo sencillo.
Por eso yo soy un firme creyente que es importante no solamente buscar la ruta de la hegemonía para ocupar ciertos espacios, sino crear nuevos modelos de acceso al poder. Una lógica distinta que busque otras rutas, que no busca ocupar, necesariamente, esos espacios hegemónicos o como se dice popularmente, no obsesionarnos en querernos sentar en la mesa de ellos, sino en crear nuestra propia mesa y dialogar a partir de esos otros espacios.
A pesar de que radicas en E.E.U.U, ¿por qué América Latina es tu fuente de inspiración?
Yo creo que eso es parte de mi identidad, de alguna manera. Creo que América Latina como región está hermanada también con un montón de otras experiencias del sur global. A veces cuando he tenido la oportunidad de estar, por ejemplo, como en el norte de África, Egipto, en Marruecos, veo que al final del día somos como la misma gente. Por ejemplo, cuando viví en Nueva York, mi forma de navegar el espacio era, prácticamente, con todas las comunidades migrantes. Es como una manera de sentirte en casa fuera de casa, creo que es parte del del compromiso histórico que vamos cargando hacia donde nos movamos.
¿Qué se lleva de Jericó?
Me gustaron muchas cosas, sobre todo, me pareció superinteresante el hecho de que las actividades se dieran en el contexto del centro de la ciudad, un espacio público donde las familias están caminando, es como una experiencia intergeneracional, eso es superlindo.
Es un lugar superbello, la comunidad parece ser muy receptiva, muy abierta. Y sobre todo creo que lo que más me llevo es la posibilidad de haber experimentado este ejercicio de descentralizar el arte y la cultura, el hecho de que solo se quede restringido al a los grandes enclaves citadinos. O sea, como pensar que el arte colombiano es Bogotá, Medellín y Cartagena, sino que hay un montón de otras cosas pasando en otros espacios que traen otras narrativas, otro ímpetu, otra energía y eso para mí es mucho más valioso, mucho más este atractivo y más inspirador.
*Contexto estuvo en el Hay Festival Jericó 2025 por invitación de Comfama a medios universitarios de Medellín.
En el Hay Festival Jericó, conversamos con Gioconda Belli sobre el contexto actual de la región y las resistencias latinoamericanas, su obra, y cómo esta va de la mano con su labor activista en Centroamérica.
Esta entrevista es un trabajo en conjunto entre Contexto (UPB), Bitácora (EAFIT) y De la Urbe (UdeA) como parte del cubrimiento de medios universitarios al Hay Festival Jericó 2025, con el apoyo de Comfama.
Valeria Hernández Martínez (Contexto), Natalia Penagos Mesa (Bitácora) y Santiago Bernal Largo (De la Urbe).
El calor en Jericó golpea con fuerza a los más de 13.000 asistentes del Hay Festival 2025, el cual se realiza hace siete años en este municipio del Suroeste antioqueño. El sol se filtra por el pozo de luz del museo MAJA, donde se reúnen periodistas de un sinnúmero de medios de comunicación que esperan su turno para entrevistar a los invitados de la jornada: escritores, artistas y periodistas que se sientan a conversar y cuestionar.
Es inevitable notar la presencia de una imponente mujer en el recinto. Su larga y frondosa cabellera clara resalta en su vestimenta oscura, y un par de lentes de sol adornan su rostro mientras cruza las piernas y bebe un poco de café. Habla en un tono bajo, casi como si sus respuestas fueran un secreto entre ella y el entrevistador. Hace señas para invitarnos a pasar junto a ella en una pequeña mesa y agradece nuestra presencia conjunta. Así empezó nuestra conversación con Gioconda Belli.
Poeta y novelista nicaragüense que, durante la dictadura de Anastasio Somoza, en los años setenta, hizo parte de las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional, lo que la llevó a ser perseguida. Tras el triunfo de la revolución Sandinista hizo parte del Frente de Liberación Nacional de Nicaragua, pero se separó de este en 1993 y tomó una postura crítica frente a las políticas del gobierno. En 2021 se exilió en España y en 2023 la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo le quitó su nacionalidad, por lo que adoptó la chilena en ese momento, y posteriormente, en 2024 la española.
Su obra, influenciada por sus experiencias como activista y marcada por el ambiente político tan complejo de Centroamérica, abarca el feminismo y las luchas por la justicia social. Estas son algunas de las reflexiones que deja Gioconda frente al panorama actual de América Latina al que se enfrentan jóvenes escritores.
Partiendo de la realidad latinoamericana y más específicamente de lo que pasa en Centroamérica, ¿cómo ha influido eso en su obra como escritora?
Yo siempre les recomiendo a los que quieren escribir que lo primero que tienen que hacer es vivir. Entonces, mi trabajo está inspirado en lo que yo he vivido. ¿Y qué es lo que yo he vivido como latinoamericana? Viví una época muy tormentosa, una época de muchos cambios que fueron los 70, los 80, los 90… y entonces esa vivencia me ha dado la clara idea de que en América Latina todavía estamos en cambios geológicos, que todavía estamos en erupción, hay magma.
Todavía estamos en desarrollo y tenemos procesos bien complicados, pero también tenemos pueblos que son maravillosamente ingeniosos, inteligentes y que saben lo que quieren. Entonces pienso que es un reto para la estructura que hay en la mentalidad política de América Latina y que todavía le falta evolucionar mucho.
De la mano de toda esa influencia, ¿qué implican para usted, como mujer, todas esas realidades y todas esas vivencias al momento de escribir?
Bueno, es que me inspiran. Porque la poesía para mí es mágica, es como un algo que se va alimentando de mi propia experiencia y de repente quiere salir en forma de palabras. Entonces, en ese momento lo escribo. Pero, claro, ¿qué implica para mí? Implica tener un corazón, tener la capacidad de sentir y de tener empatía de lo que está pasando. Y eso es una cosa que no se las puedo explicar. La razón que es el detonante para mi literatura creo que ha sido la lectura en gran parte. Todo lo he tenido que experimentar, y creo mucho en la capacidad de la palabra para cambiar el mundo.
Precisamente, ya que hablamos un poco de ese papel, del contexto social y político de Latinoamérica, desde su perspectiva como mujer y como activista, ¿qué papel juega la literatura en la construcción de identidades femeninas y en la lucha contra los estereotipos de género?
Juega un papel sumamente importante, porque, además, las mujeres jóvenes la tienen que seguir haciendo. Y para que persista, también tienen que seguir esa revolución personal, porque ahorita la mujer está sujeta a un montón de demandas consumistas de la sociedad que no nos quiere dejar avanzar, nos tiene miedo.
Entonces, las mujeres tienen la responsabilidad, para mí fundamental, de lo que va a pasar en el futuro en América Latina. Porque si cambia la relación hombre-mujer, va a cambiar la cultura. Y eso es lo que tenemos que hacer que cambie, porque todavía existe esa dominación, esa subordinación de la gente tiene que ver con esa primera subordinación y explotación que es la de la mujer.
¿Cómo cree que su obra ha contribuido a visibilizar esas experiencias de mujeres tanto de Nicaragua como de toda América Latina?
Yo no soy quién para decir cómo ha contribuido, pero sí siento que mis lectoras y mis lectores me han apreciado. Me lo dicen con mucha frecuencia, que lo que yo he hecho les ha hecho sentirse de otra manera, que les ha hecho percibirse a sí mismos de otras maneras. Por ejemplo, los hombres ven a las mujeres de otra manera porque mi posición feminista no es contra los hombres, sino es más bien invitarlos a cambiar el mundo con la mujer. Porque parte de todo lo que nos pasa tiene que ver con esa lucha.
¿Cómo ha sido para usted esa combinación que tiene el activismo feminista y político junto con sus creaciones literarias y de qué manera usted piensa que eso puede impactar a sus lectores?
A mí me parece que el activismo y mi actividad política tiene que ver con quién soy. Yo soy un animal político. Todos somos y todos estamos vinculados a la política, porque es lo que pasa alrededor nuestro y no podemos vivir ignorantes a lo que nos pasa y de la responsabilidad que tenemos de lo que pasa en cercanía nuestra.
Yo creo que muchos nos refugiamos en la indiferencia, en la apatía, en pensar que no podemos cambiar el mundo… y les voy a decir un dicho que es fantástico: “si crees que sos muy pequeño para cambiar el mundo, nunca has estado en la cama con un mosquito.” Y es verdad, si uno pica, pica y pica… Lo que pasa es que queremos resultados demasiado rápido.
Hay que tener la paciencia para darse cuenta de que la historia es muy larga, que los procesos históricos son muy largos y que nuestros sueños a lo mejor no se van a cumplir en nuestra vida, pero que, si se van a cumplir, tiene que ser porque nosotros vamos a trabajar por ellos desde ahora.
La televisión colombiana acaba de cumplir 70 años. En 2025 es el momento de celebrar 40 años de televisión regional en el país, con Teleantioquia, más precisamente, señal pionera que hoy busca alternativas de expansión.
La televisión colombiana ha sido un hito en el desarrollo socio-cultural, político, económico y tecnológico del país, marcando un antes y un después en la forma en que se comunican e informan las comunidades. Desde sus inicios, ha reflejado y moldeado la identidad nacional, sirviendo como un espejo de las realidades sociales y como motor de cambio en los procesos educativos, culturales y de participación ciudadana.
El domingo 13 de junio de 1954 a las 7de la noche, se realiza la primera transmisión televisiva, en la que se usaron equipos de transmisión alemanes y cámaras estadounidenses, en una producción a blanco y negro en la que el teniente general Gustavo Rojas Pinilla se dirigió al pueblo colombiano en honor a uno de los eventos de la “Fiesta Cívica Nacional”, que se preparaba en homenaje a su primer año en el poder. La transmisión no sólo representó un avance técnico, sino que también significó un paso simbólico hacia la modernización del país. Colombia, al unirse al selecto grupo de países latinoamericanos que ya contaban con esta tecnología, empezaría a recorrer un camino que transformaría para siempre la manera en que se informaba, educaba y entretenía a su población.
A medida que la televisión se expandía por el territorio colombiano, su impacto se hizo notar en distintos aspectos de la vida diaria. Luis Fernando Gutiérrez Cano, docente investigador de la Universidad Pontificia Bolivariana, enfatiza en el impacto inicial de la televisión en Colombia desde su llegada en 1954, destacando, desde otra perspectiva, cómo “transformó el consumo de información y entretenimiento al centralizar estos medios en el hogar, además de ofrecer programación educativa y cultural, aunque limitada en su capacidad pedagógica”. En este contexto, se reconoce que la primera transmisión posicionó a Colombia como un pionero precursor en la región de Antioquia, introduciendo una herramienta poderosa para la modernización y el acceso a la información.
Esa capacidad de transmitir imágenes en tiempo real, produjo que las noticias llegarán a los hogares a una velocidad sin precedentes, cambiando la forma en que la ciudadanía se relaciona con la actualidad nacional e internacional. Programas de entretenimiento, telenovelas y contenidos educativos se convirtieron en parte integral de la cultura popular, a lo largo y ancho del país. De otra parte las noticias llegaban al público a través de noticieros cinematográficos, lo que implicaba largos tiempos de espera, dado que las filmaciones debían ser procesadas y distribuidas físicamente. La llegada de la televisión revolucionó este modelo al acortar significativamente los tiempos de difusión.
Los noticieros televisivos de la época combinaban imágenes pregrabadas con narradores en vivo que relataban los hechos desde los estudios. Este avance técnico no solo aceleró la difusión de noticias, sino que también transformó el formato y la narrativa, adaptándose a la inmediatez y el lenguaje visual de la televisión. En Colombia, la aparición de programas como El Reportero Esso consolidó esta nueva forma de informar, conectando al público con los acontecimientos de una manera más directa y transformando la televisión en una herramienta clave para la comunicación masiva.
Teleantioquia: ventana regional hacia el mundo
La creación de Teleantioquia, el primer canal regional de Colombia, fue el resultado de un esfuerzo conjunto liderado por personalidades influyentes de Antioquia, tanto del ámbito político como cultural. Gobernantes locales, como los integrantes de la Asamblea Departamental de Antioquia, jugaron un papel crucial en gestionar los recursos y las autorizaciones necesarias para este proyecto. La iniciativa también recibió apoyo del Ministerio de Comunicaciones y de figuras clave en el gobierno nacional, quienes vieron en este canal una oportunidad para descentralizar la televisión colombiana, hasta entonces dominada por emisoras de Bogotá, puesto que antes de la creación de este canal regional, compañías como Producciones PUNCH y RTI Colombia operaban en franjas horarias asignadas por el Estado, pero la programación y el control de contenidos seguían siendo dominados por los canales nacionales.
Dicho proceso implicó debates en la Asamblea Departamental, donde se promovió la idea de un canal que reflejara las necesidades y la identidad cultural de Antioquia. Finalmente se formalizó la constitución del canal, Teleantioquia, como el primer medio regional de televisión en Colombia. Este avance requirió una inversión inicial de 100 millones de pesos y dos pasos fundamentales: la firma de las escrituras y la creación de la sociedad de Televisión de Antioquia.
El proyecto contó con el respaldo crucial de la ministra de Comunicaciones, Noemí Sanín, y del ex-presidente Belisario Betancur; ambos antioqueños y comprometidos con la descentralización de los medios en el país. Tras meses de preparación y organización, el canal inició transmisiones el 11 de agosto de 1985, una fecha elegida simbólicamente por coincidir con el aniversario de la independencia de Antioquia, consolidando así su identidad regional desde su lanzamiento.
El Asesor Urquijo Morales afirma que esa primera transmisión por Teleantioquia “fue y es un hito importante en la región, en la cultura, en la identidad, en la representación de los grupos sociales de las regiones; es un impacto muy grande que tenemos que ver no a la luz de ahora sino a la luz de lo que había en ese momento, que eran dos canales centrales, estatales que, aunque Teleantioquia es estatal; eso generó la primera vitrina que tienen las regiones para mostrar sus propias identidades y de aquí en adelante se formaron los otros siete canales regionales”.
Este canal permitió la producción de contenidos locales que abordaban temas específicos de la región, como su historia, costumbres y realidades. Además, su creación inspiró la formación de otros canales regionales en Colombia, lo que trajo una mayor diversidad en la oferta televisiva y reflejó las particularidades de cada zona del país. Las producciones locales , que han contribuido a reflejar la identidad cultural de Antioquia, incluyen dramatizados como Cosiaca, una serie que a la fecha se encuentra en producción y que busca recrear la vida y obra de un personaje emblemático antioqueño de finales del siglo XIX. Este proyecto, respaldado por una inversión significativa del Ministerio TIC, es un ejemplo del compromiso del canal con la calidad narrativa y visual, al tiempo que resalta aspectos históricos de la región. Igualmente, programas como Serenata, Venga a mi pueblo, De fiesta por Antioquia y El Taller han destacado por su enfoque en las tradiciones y eventos locales, fortaleciendo el sentido de pertenencia y el reconocimiento de las raíces culturales entre los antioqueños.
Este impulso en las comunicaciones también estimuló el desarrollo de la industria audiovisual en Colombia. Los avances tecnológicos se complementaron con la creación de talentos locales, que con el tiempo no solo influirían en el contenido nacional, sino que también tendrían un impacto en las producciones internacionales. El asesor de la comisión de regulación de comunicaciones (CRC) en el área de contenidos audiovisuales, Sergio Andrés Urquijo Morales, menciona que: “Los canales regionales están haciendo un esfuerzo muy grande por proyectarse y Teleantioquia también es un pionero en esto, junto con otros canales como Telepacífico y Canal Capital, por proyectarse a las nuevas plataformas, a los nuevos servicios audiovisuales, a las redes sociales, a las nuevas audiencias y eso es muy difícil, es un gran desafío, porque la televisión abierta y la regional específicamente la tenemos muy identificada con poblaciones mayores o adultas, entonces digamos que el desafío es vencer esa idea que se tiene de lo regional como algo para personas más tradicionales y encontrar un nicho importante en la juventud y en las nuevas generaciones, y eso pasa por las nuevas plataformas y los servicios”.
Alternativas a futuro
Actualmente, Teleantioquia continúa en evolución para convertirse no solo en un referente de la televisión regional, sino en un pionero de la convergencia entre los medios tradicionales y digitales. Hoy en día, el canal ha logrado expandir su alcance más allá de la televisión convencional, gracias a la incorporación de plataformas digitales comoTeleantioquia Go, que permite a los antioqueños acceder a contenidos locales desde cualquier lugar, en cualquier momento. Esta evolución también se ve reflejada en el impulso de producciones locales que no solo mantienen la esencia de la región, sino que amplían las posibilidades de consumo de contenido en línea.
A través de sus redes sociales como Facebook, Instagram, X y YouTube, Teleantioquia facilita la interacción directa con su audiencia, lo que le ha permitido fortalecer su vínculo con el público, atraer nuevas audiencias y diversificar su oferta.
El docente Luis Fernando Gutiérrez Cano destaca que la televisión en Antioquia “debería enfocarse más en representar a diversos sectores sociales y minorías de la región, incluyendo campesinos, afrodescendientes e indígenas, para ofrecer una imagen más completa de la realidad antioqueña actual”. Aunque reconoce el rol de Teleantioquia en fortalecer la identidad regional, señala la falta de representaciones amplias y contenidos que resuenen con todas las comunidades y generaciones. Para asegurar la sostenibilidad del canal, Gutiérrez propone invertir en contenidos innovadores que capten el interés de las nuevas generaciones y reflejen sus realidades, además de incorporar espacios de co-creación juvenil que revitalicen la programación frente a la competencia global.
En la misma línea, Sergio Andrés Urquijo Morales resalta la importancia de incluir a las nuevas audiencias en los procesos creativos, afirmando que “no se trata solo de decidir qué hacer para los jóvenes, sino de traerlos al proceso, junto con representantes de redes sociales y plataformas, para entender qué quieren ver y cómo lo quieren consumir”. Además, subraya la necesidad de abarcar a toda la población, involucrando a grupos étnicos, rurales, y especialmente a niños y adolescentes, quienes frecuentemente no encuentran contenido que les interese en televisión. “Esta audiencia, aunque más digital, no rechaza la televisión; simplemente no ve propuestas pensadas para ellos”, afirma. Urquijo también enfatiza el potencial de formatos como concursos, desafíos y retos, así como la integración de contenidos educativos y de interés general adaptados a redes sociales y transmedia. Así mismo, resalta que, la atención a una audiencia adulta no debe descuidarse, pues representa una fortaleza de los canales regionales. “Esa audiencia merece ser entendida y atendida. No es una debilidad, es una gran fortaleza”, afirma.
El periodismo y las noticias son pilares fundamentales para informar a las audiencias, independientemente de su contexto. Noticieros como Teleantioquia Noticias siguen siendo una fuente confiable de información para los antioqueños, con un enfoque regional que abarca temas locales, nacionales e internacionales. Por su parte, una propuesta local como el programa Nos Cogió la Noche, emitido por el canal privado Coosmovisión, demuestra la importancia de espacios para el análisis y debate de temas de interés público, política y sociedad, fomentando la diversidad de voces y perspectivas. Además, la programación cultural y deportiva mantiene un fuerte vínculo con la identidad regional, destacándose eventos como la Feria de las Flores, que continúan siendo ampliamente populares.
Pero la televisión regional enfrenta retos económicos y tecnológicos significativos. Según el docente Luis Fernando Gutiérrez Cano, no es un secreto que Teleantioquia depende, en gran medida, del presupuesto estatal y “necesita innovar para atraer nuevas audiencias en un panorama dominado por la cibercultura y las plataformas de streaming”. Así mismo, el asesor de la CRC Urquijo Morales señala que: “La regulación actual no tiene competencia sobre lo digital” y explica que esto limita el aprovechamiento de servicios como plataformas OTT y medios digitales. Urquijo señala que la ley TIC de 1978 no consideró adecuadamente estas nuevas herramientas, dificultando el desarrollo de estrategias digitales para maximizar el impacto de Teleantioquia.
A pesar de estas limitaciones, Urquijo también destaca que los avances como la resolución 74-23 de 2024, “buscan reducir la carga regulatoria del canal, permitiendo mayor autonomía en la comercialización de sus contenidos y flexibilizando las repeticiones de programas. Esto no solo genera más ingresos, sino que también brinda a Teleantioquia oportunidades para reestructurar su programación y adaptarse mejor a las demandas de sus audiencias”.
El reto de la financiación
Gabriel Levy, asesor del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, subraya que en cuanto al financiamiento, Teleantioquia enfrenta desafíos para mantener una sostenibilidad estable. Para 2024, el canal tenía un presupuesto proyectado de 113,560 millones de pesos, con una asignación del Fondo Único de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (FUTIC) que representa un 13.5% de los recursos asignados a los operadores públicos. A pesar de este apoyo, Levy explica que el fondo es “medianamente concursable”, con un mínimo garantizado para cada canal y el resto distribuido según el desempeño. De los 250 mil millones de pesos disponibles anualmente, la mayor parte se destina al Sistema de Medios Públicos Nacional, mientras que los canales regionales reciben entre 9 y 15 millones de pesos para la producción de contenidos.
Sobre la expansión de contenidos digitales el asesor Levy también destaca que las estrategias deben implementarse de manera adecuada para que los medios, incluido Teleantioquia, funcionen de manera más expansiva y eficaz. No obstante, también asegura que “la esencia de Teleantioquia, su ADN, no debe perderse. Para lograrlo, es necesario innovar en los formatos y narrativas, adaptándolos a cada plataforma”. Según Levy, “la Transmedialidad sería la solución más adecuada, porque permite que las piezas se expandan conforme a la lógica de cada plataforma, sin que la pantalla principal de televisión pierda la esencia de lo que es”.
Teleantioquia sigue siendo una fuerza vital en la cultura y la información de la región y con su enfoque en la innovación digital, la producción de contenido local y la cobertura de eventos regionales, el canal se adapta continuamente a las demandas del mercado mediático actual. Como lo destaca Gabriel Levy, asesor del MinTic: “Uno observa que Teleantioquia es el canal que más aceptación tiene. Por supuesto, esto varía entre administraciones, pero en general, se ha mantenido como el canal regional que más se ve en su propia región. Y eso responde también a un sentido de regionalismo fuerte que tienen los ciudadanos”. Esa fortaleza a través de los años demuestra que los antioqueños se sienten orgullosos de su canal.
Un nombre célebre hoy, en tiempos de la “capital mundial del reguetón”, lo fue también en los primeros años de la “bella villa”, en tiempos del viajo Perro Negro. Las plazas de mercado, el licor, las balas y los bailes convivían en un mismo sitio al ritmo de Carlos Gardel y Daniel Santos. Un recorrido histórico de la mano del testimonio del periodista y escritor Reinaldo Spitaletta.
En la primera mitad del siglo XX, Medellín y Colombia vivieron grandes cambios en su infraestructura y en su crecimiento a nivel territorial y económico. El surgimiento de las diferentes comunas en la ciudad de Medellín, la llegada del Ferrocarril y la consolidación de muchas de las grandes empresas del país como Postobón, Fábrica de Licores de Antioquia, Coltabaco, etc. El auge de industrias como la minería influyó en los espacios y en las características de la ciudad, por ejemplo, la Plaza de Cisneros, que recibió a muchas personas que migraban de otros lugares del país. Hubo un lugar que presenció todos estos cambios, desde el abastecimiento de los comerciantes y obreros, hasta la diversión de los ciudadanos; a continuación, su historia.
Abierto en 1917, Perro Negro era, en un principio, una tienda de abarrotes donde se vendía dinamita, escopetas, revólveres, y quienes venían de paso, podían tomarse unos aguardientes y seguir su camino; es más, en un inicio el lugar no tenía ese nombre. Surgió en la Plaza de Cisneros, ubicada en la zona de Guayaquil, en donde queda actualmente el Edificio Vázquez. Aquí durante estas épocas, los comerciantes iban y venían, bajaban mercaderes de los pueblos, salían los ciudadanos a abastecerse y, en general, era una zona con una gran afluencia de personas, esto gracias al ferrocarril que contribuía a que se viera este movimiento.
Esto dijo el escritor y periodista Reinaldo Spitaletta: “Arturo Velázquez, el dueño de Perro Negro, antes de crear el bar tenía una tienda donde vendía un montón de mercancías, pero una particularidad es que también vendía municiones. Medellín era una tierra de cazadores y se vendía todo tipo de armamento como escopetas, dinamita y balas.”
Con la llegada de empresas mineras extranjeras al país, principalmente desde Europa; hizo que varios sitios de la ciudad comenzaran a vender productos con alta demanda como la dinamita, y Perro Negro no fue la excepción. Los mineros y demás personas compraban lo necesario y, como en aquel entonces las distancias se hacían más largas, Medellín y la zona de Guayaquil era un lugar de paso para los forasteros que iban a trabajar a las minas y solamente se abastecían y buscaban divertirse un rato con un par de copas.
La minería en Antioquia fue tomando fuerza desde el siglo XIX, principalmente por la fundación de la Sociedad Minera “El Zancudo”, que permitió la explotación de diversos recursos minerales como lo es el oro, ya que gracias a “El Zancudo” se crearon empresas como la Frontino Gold Mines en el municipio de Segovia, que se financiaba de capital inglés y francés. La magnitud de esta sociedad minera era tanta que, incluso, tuvo su propio banco en el año 1887, en su época de mayor bonanza; según un capítulo del programa Nuestra tierra, memorias pendientes. Del canal Teleantioquia.
Por otro lado, en el siglo XX y de la mano de la construcción del Ferrocarril de Antioquia, la minería en Antioquia se expande a extraer materiales diferentes al oro, como el cemento, con la creación de la Compañía Cementos Argos en el año 1934, que contribuyó a la expansión y explotación económica de este producto. Todos estos cambios y los auges de estas industrias protagonizaron que, no solo los más importantes comerciantes, sino que, de mismo modo, los obreros de las empresas emergentes pasaran por el sector de Guayaquil, siendo así una zona de dominio popular. Todo esto según un artículo de La red cultural del Banco de la República
¿Por qué se llamó Perro Negro?
“A mí me contaron la historia que Arturo Velázquez, de cuando en vez se quedaba bebiendo hasta las altas horas de la noche en su local. Un día, mientras iba para su casa, cuentan que se encontró con un perro negro que le mostró los dientes y le gruñó pegándole una asustada muy verraca. Llegó a su casa y le contó a su esposa lo que pasó con el perro a lo que ella le dijo “Es que vos sos muy malo vendiendo esas municiones pa’ que se mate la gente. Eso fue el diablo que se te apareció”. Entonces él se quedó pensando y le puso de nombre al local Perro Negro convirtiéndolo en un bar”, comentó Reinaldo Spitaletta.
Evolución urbana
La ciudad con el tiempo cambió su infraestructura, se empezaron a construir barrios al oriente y al occidente, en los cuales empezaron a migrar las personas que vivían en el centro. Barrios como Castilla, Manrique, Robledo y San Javier durante los años 40 empezaron a poblarse; así, creció Medellín en todos sus extremos, ubicándose la zona céntrica como un lugar de comercio, turismo y, obviamente, ocio. Perro Negro comenzó a ser reconocido como una cantina, más que como una tienda de abarrotes. Pero no fue hasta el año 1955 que éste se convirtió oficialmente en bar, según una nota que realizó el periodista Mauricio López Rueda.
El lugar continuó vendiendo dinamita y algunas armas bajo cuerda, pero el negocio de cantina funcionaba, mucho más con la construcción de lugares como el Hotel Nutibara y el aeropuerto Olaya Herrera, que aumentaron la llegada de turistas a la zona y atraían a la clientela al sitio.
“El bar fue cogiendo fama por muchas cosas, buenas y malas. Ahí se armaban peleas y el bar era muy peligroso, entonces fue teniendo una imagen medio prohibida y de lugar maldito. Entonces ese era una especie de “prueba de hombría y de valentía” para muchos malevos, porque en el imaginario de la gente se creía que allá solo entraba el que fuera capaz de tener riñas con el que fuera”, declaró Spitaletta.
Periodo de decadencia
Perro Negro mantuvo sus puertas abiertas durante un buen tiempo, fue testigo de la llegada del narcotráfico a Medellín, ésta no vino sola, durante la década de los sesenta y setenta, la zona de Guayaquil y Medellín en general se llenaron de inseguridad, espantando a los clientes y a los pocos que aún vivían en el sector. El bar presenció también el ascenso y caída del Cartel de Medellín, incluso se llega a comentar que Pablo Escobar llegó a frecuentar el sitio.
Y así fue como Perro Negro vivió gran parte de las épocas de la ciudad, desde sus inicios, sus momentos más violentos y los más prósperos. El bar cerró en 1997 por situaciones económicas y por el deterioro del propio Edificio Vázquez.
Según Reinaldo Spitaletta: “En esa época el edificio se estaba cayendo. Era una mezcla de muchas cosas, había inquilinatos, prostíbulos de mala muerte y oficinas de sicariato gracias a esos tiempos que vivió Medellín.”
Por medio de la ley 397 de 1997 se dio el proceso de declaratoria de bienes de interés cultural de carácter nacional a los edificios Vázquez y Carré, lo cual inició una restauración de los lugares de la mano de Comfama y otras entidades, llevándose así por delante al bar Perro Negro. Comfama manejó el lugar durante un tiempo, realizando varias actividades para los beneficiarios de la caja de compensación. Sin embargo, en el año 2021 el lugar pasó a dominio de la Alcaldía de Medellín, pero se siguen realizando actividades a nivel cultural de mano de la Secretaría de Cultura y otras entidades que tienen actividad en el sitio.
La importancia de Perro Negro es vigente hasta la actualidad, ya que existe una discoteca en el sector de Provenza, en El Poblado, que tiene el mismo nombre y ha tomado fama últimamente. No obstante, siempre será importante recordar los orígenes de los lugares representativos que ha tenido Medellín a lo largo de la historia, lugares como Perro Negro, que vio crecer a una ciudad en todas sus facetas, desde la prosperidad, la pobreza y la violencia, vio pasar a gente de toda categoría y almacenará historias que quedarán guardadas en la memoria de los ciudadanos.
Los incendios forestales en el Valle de Aburrá y en el resto del país son un fenómeno cuya alerta puede variar por factores como el clima, pero su amenaza ambiental se mantiene. Una quema no se limita a dañar un puñado de árboles, sino que sus efectos pueden perdurar por mucho tiempo, afectando la salud del entorno y de las personas.
En los años ochenta y noventa, un cuerpo de bomberos voluntarios en la comuna 1 de Medellín respondía el llamado de algún fuego sin control en los bosques. Con pocos recursos, la agrupación sirvió a la comunidad por muchos años hasta su disolución en el nuevo milenio. Sin embargo las alertas se mantienen, como un incendio forestal ocurrido en agosto de 2023 dentro de la misma comuna.
La problemática de las quemas en el bosque no solo afecta a un municipio, sino a todo el país. Según la organización Global Forest Watch , Colombia ha perdido 370 mil hectáreas de cobertura arbórea por incendios forestales entre 2001 y 2023. La situación fue tal que, en el caso del Valle de Aburrá, la corporación Área Metropolitana publicó el día 23 de septiembre de 2023 un comunicado que explicaba la situación de emergencia del problema. 150 hectáreas de bosques fueron arrasadas por el fuego. Dicha organización registró este año varias quemas en sitios como el Cerro Quitasol (Bello), la Vereda Chorrera (Barbosa) o por la Autopista Norte.
El regreso de las lluvias en el mes de noviembre rebajó el peligro, pero ya a nivel nacional el IDEAM reportó en su informe técnico diario que el 18 de enero de 2025 los departamentos que estaban en alerta roja por riesgo de incendios eran: Amazonas, Antioquia, Arauca, Bogotá D.C., Boyacá, Caquetá, Casanare, Cesar, Cundinamarca, Guainía, Guaviare, Huila, La Guajira, Magdalena, Meta, Norte De Santander, Putumayo, Santander, Vaupés y Vichada. La persistencia de este riesgo se demuestra en varias zonas del país con cicatrices de suelo quemado, por lo que vale preguntarse ¿qué es lo que rodea estos eventos ambientales? ¿Qué viene luego de que ocurren?
¿Cómo se forma y qué conlleva un incendio forestal?
Un ecosistema húmedo tropical no suele encenderse por sí mismo por su alta humedad y vegetación densa, pero es muy sensible a los incendios por cualquier chispa o señal de temperatura intensa. Alexander Ariza, ingeniero forestal, explica que la vegetación puede ser combustible para un incendio. Por ejemplo, las hojas y ramas caídas, al contacto con el fuego, arden fácilmente y expanden las llamas a más organismos en un efecto dominó que termina por dejar una gran herida en el ambiente.
Los incendios forestales en sí no tienen por qué ser sinónimos de tragedia, ya que es un proceso natural en muchos entornos. De hecho, hay casos en que un fuego promueve la renovación de plantas o disminuye el material combustible, evitando futuras quemas de gran magnitud, explica Ariza. Sin embargo, el ser humano ha alterado estos ciclos al aumentar la frecuencia y el nivel de daño de estos fenómenos. Un fuego descontrolado y violento puede traer consecuencias más allá del desanimo por ver un paisaje carbonizado. En el siguiente interactivo se muestran algunas de los efectos de los incendios forestales (Dale clic a los círculos brillantes para ampliar la información):
Interactivo hecho con información del Ingeniero forestal Alexander Ariza, la FAO y la OCDE
¿Cómo se recupera una zona afectada por incendios?
Cuando el fuego se termina, el mismo ecosistema se puede recuperar por sí mismo, dependiendo de qué tan severo fue el incendio, lo que se conoce como resiliencia. Si la quema fue intensa y alcanzó temperaturas altísimas, es necesaria la intervención del ser humano en un proceso llamado restauración ecológica, como explica el ingeniero forestal Alexander Ariza. La idea con esta iniciativa es asegurarse de que el ecosistema afectado regrese a su estado anterior al incendio. No se trata solo de sembrar plantas para llenar de verde el suelo, sino de comprender el cuerpo de flora y fauna que compone el ambiente para saber cómo tomar acciones.
“Los procesos de restauración ecológica tienen en cuenta el tipo de vegetación presente, es decir, no podemos restaurar un suelo que ha sido quemado en una zona con cualquier especie, tienen que ser especies propias del sitio, a eso se le conoce como especies endémicas”, explica Ariza a Contexto y añade que cada organismo cumple un rol en el balance de su ecosistema. Si se incluye alguna planta que no haga parte de esta estructura, el entorno se podría deteriorar aún más, sin tener las mismas condiciones de antes.
Fotos de una zona afectada por un incendio forestal en el barrio Batallón Girardot en Medellin. Fotos tomadas durante la evaluación del terreno. Area Metropolitana del Valle de Aburrá.
La restauración ecológica es un proceso muy largo y requiere de constante monitoreo de las zonas afectadas para recopilar datos e información sobre cómo avanza el proceso y si se llega a las metas esperadas. Estos procedimientos, son explicados más a fondo en el libro “Monitoreo a Procesos de Restauración Ecológica Aplicado a Ecosistemas Terrestres”, desarrollado por el Instituto Humbolt y en el que participó el Dr. Ariza. El texto habla de muchos aspectos a tener en cuenta para la restauración del suelo luego de sufrir distintos fenómenos como incendios forestales. Algunas recomendaciones son establecer desde el principio un plan de monitoreo con objetivos definidos. Además, aconseja incluir a comunidades que viven cerca de los sitios afectados en la restauración para que participen en la iniciativa y aprendan de los procesos.
Por otro lado, el mismo libro reconoce que Colombia no suele realizar restauraciones completas a pesar de la cantidad de casos de incendios que ocurren cada año. Los autores Carolina Murcia, Manuel R. Guariguata y Elena Montes comentaron la falta de recursos y de planeación de los procesos en 2018 (cuando se publicó el texto). Ariza confirmó lo mismo en 2024. Esta clase de campañas se reservan a zonas de gran importancia para la biodiversidad del país. “Realmente los procesos de restauración solo se hacen en donde los ecosistemas son, por sus características naturales, críticos, como un Parque Nacional Natural, o una reserva de la biosfera”, Comenta Ariza.
Por el lado del Valle de Aburrá, Área Metropolitana aplicó el Protocolo de Evaluación de Impacto Ambiental 9 veces desde el período de 2023 hasta fines de mayo de 2024. Este derrotero busca informar sobre el impacto que tuvo el fuego y así definir los pasos a seguir para una futura restauración. Esta medida aplica a “todos aquellos incendios de gran magnitud, que comprometen ecosistemas estratégicos o que ocurren en la interfaz con las áreas pobladas”, como explica la entidad en respuesta a un derecho de petición. Un ejemplo fueron los procesos realizados luego de una quema en el Cerro Quitasol en 2017, que incluyó un plan de monitoreo del área para analizar poco a poco cómo iba avanzando la recuperación.
¿Cuáles son los posibles efectos a largo plazo de los incendios forestales?
Cuando un ecosistema que necesita restauración no la recibe, existe el riesgo de que no se recupere correctamente. El suelo puede terminar con una especie de capa que no le permite absorber los nutrientes y el agua de la lluvia, esto hace que poco a poco baje su calidad y erosione. Cuando este se degrada, las especies nativas no son capaces de crecer de nuevo, por lo que todo el ecosistema se desmorona, lo que lleva a la pérdida de bosque.
En Colombia, muchas zonas que solían ser extensiones de diversos arboles terminaron como pastizales porque no hubo una recuperación completa del suelo. Un informe del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas SINCHI mostró, por ejemplo, que el bosque pasó de representar el 81,65 de la Región Amazónica en 2020 al 81,06 para 2022 (284.286 hectáreas menos). Mientras que el pastizal, en ese mismo período, aumentó su área del 8,87 al 9,28, lo mismo que las tierras degradadas, del 0,16 al 0,40.
Por otro lado, el fuego descontrolado está relacionado al aumento de temperatura y al cambio climático debido a que el humo de los incendios contiene gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono. “Un mayor aumento de la temperatura o periodos climatológicos más severos como son los fenómenos del niño y la niña provocan o tienen una relación directa con el aumento de la severidad y de la frecuencia de los incendios, sobre todo en zonas donde estos no eran frecuentes”, Menciona Ariza.
Medellín ha visto poco a poco un cambio en el clima que podría influir en el riesgo de incendios. El servicio meteorológico Meteoblue reportó aumentos en la temperatura anual de la ciudad desde 1979 hasta 2023. Según la gráfica, la escala era mayor o menor entre un año y otro. Sin embargo, mientras que en el sigo XX se registraron en ciertas épocas menos 18 grados centígrados, el nuevo milenio mostró casos en que la temperatura rebasaba los 20 grados.
Los incendios también liberan material particulado. Estos contaminantes se concentran sitios como Medellín, los cuales quedan a veces atrapados en una formación tan estrecha como es el Valle de Aburrá, lo que pone en riesgo el bienestar de la población. La corporación Área Metropolitana explica que, en meses como marzo y noviembre, las nubes están a baja altura. Por lo que el calor de la radiación solar no logra elevar tan fácilmente las partículas por arriba de las montañas para que se vayan con las corrientes del aire.
¿Qué medidas existen para controlar el problema de incendios forestales?
Las posibles amenazas que provoca el fenómeno del fuego son de las razones por las que existen sistemas de recopilación de datos sobre zonas afectadas por quemas, como comenta Jesús Adolfo Anaya, doctor en teledetección: “Nosotros lo que hacemos es observar la ocurrencia de los incendios y hacer, digamos, un registro en dónde ocurrió el incendio, qué área tiene, qué intensidad tuvo”.
El doctor Anaya explica que es difícil conocer el por qué se provoca cada uno de los incendios forestales. Sin embargo, destacan razones como expandir la zona de pastizal para ganadería, o para limpiar de árboles un terreno potencial para construir casas. Es así, por ejemplo, que el Boletín del IDEAM sobre la detección temprana de deforestación señala que los incendios son parte de las causas en algunos focos de perdida de bosques, especialmente en zonas del Meta. Los datos de la publicación son del primer trimestre del 2024 y hacen evidente el papel de la ganadería y del acaparamiento de tierras en estos fenómenos. El fuego es a veces la solución fácil para arrebatarle espacio a los ecosistemas naturales. Por lo que es necesario que las ciudades tengan un constante sistema que detecte aumentos de temperatura o zonas de quema, como una señal de incendio.
La cuestión con las quemas no solo depende del municipio, sino también del sector que se trate. Adolfo Taborda fue parte del Cuerpo de Bomberos Voluntario del barrio Santo Domingo Savio en la comuna 1 de Medellín, mencionado al inicio del texto. Ejerció desde 1985 hasta principios de los noventa. Luego trabajó como socorrista de 1993 y se desvinculó luego del terremoto de Armenia en 1999. Participó en la atención de diferentes catástrofes, incluyendo incendios, los cuales ocurrían cada quince días durante el período en que ejerció su labor, fuesen forestales o en zonas urbanas. En ambos trabajos hizo parte de organizaciones que no recibían fondos del gobierno, así que él y su equipo se financiaban por sí solos. Aún sin tener las mejores herramientas, se encargaban de mitigar el fuego antes que nadie, como explica a Contexto: “cuando el Cuerpo Oficial de Bomberos llegaba, nosotros ya habíamos acabado casi toda la quema”.
Taborda socorría más que todo los fuegos ocurridos alrededor de Popular, pero también en otras partes del Valle de Aburrá. Hizo parte del equipo que combatió un incendio en el Salado, Envigado, en los noventa, que tomó casi veinte días extinguir, así como en una ladera cerca de Santa Elena en los años 2000. Una de sus más agradables experiencias al enfrentar quemas era el salvar vidas, pero no solo de personas o de árboles: “lo más hermoso eran los animales silvestres que salvábamos”.
Las causas más comunes de las quemas en Popular, según Taborda, eran para arrasar terrenos en laderas que luego serían ocupados como viviendas. Además, también ocurrían casos de descontrol del fuego en sitios donde se encendían llantas de vehículos, que muchas veces eran usados para construir edificaciones.
En la actualidad, la comuna 1 casi no sufre incendios forestales porque es un territorio que ha sido en gran medida acaparado por el casco urbano, en parte por los sitios arrasados para construir viviendas. Son pocas las zonas verdes que se encuentran. Ahora, las quemas más frecuentes son de tipo estructural, las que ocurren en edificios y casas. Popular pasó de recibir incidentes por fogatas descontroladas y bosque carbonizados, a más casos de fuego por pipetas de gas en las casas o chispas que escapan de basura ardiendo.
Taborda hace parte de la corporación de Con-vivamos, donde se encarga de coordinar labores que beneficien la paz con el territorio en la zona nororiental de Medellín, que incluye la comuna 1. Una de sus iniciativas es enseñar sobre la prevención de fuegos incontrolados. Que los incendios forestales ya no sean una gran preocupación en Popular evidencia el retroceso de sus zonas naturales, justo como ocurre en otros territorios del país luego de quemas provocadas por manos humanas.
Los incendios son una problemática que afecta tanto la biodiversidad del país, como la población en corto y largo plazo. Las soluciones tienen que ser un esfuerzo conjunto entre el Estado y la ciudadanía. El primero se debe encargar de aminorar los aportes al cambio climático y de la intervención sobre quienes suelen provocar los incendios forestales, además de reforzar los planes de restauración para evitar el deterioro de los ecosistemas. Por su parte, las personas de a pie les queda más que todo seguir las indicaciones para evitar el riesgo de quemas. Urge saber lo que puede ocurrir por una simple colilla de cigarro o fogata mal apagada en medio de la hojarasca.
Las lanchas llenas de turistas desembarcan en un pequeño muelle de tablas de madera levemente separadas que permiten ver hacia abajo un mar cristalino y lleno de diminutos peces. Los clavos carcomidos por la humedad y el salitre adornan y mantienen en pie los pocos metros de la plataforma, en cuyo final hay una persona entregando recortes de fomi rosado que cumplen el rol de boleta de entrada a Santa Cruz del Islote, la isla artificial más densamente poblada del mundo.
Se trata de una isla perteneciente al departamento de Bolívar –a pesar de situarse más cerca de Sucre–, cuyo nombre real es Isla de San Bernardo. Mide 10.000 metros cuadrados y, a junio de 2024, cuenta con 816 habitantes: 99 familias, 146 viviendas, una institución educativa, un puesto de salud, cuatro tiendas, diez calles y una iglesia conforman la pequeña, pero unida comunidad del islote.
Cindy Morelos es una de las 28 guías turísticas de la isla y es quien acompañará el recorrido de mi grupo el día de hoy. Nos saluda jovialmente, mientras dejamos atrás en el muelle a aquellos turistas quienes no tuvieron interés en descender de sus lanchas. Cindy comienza el recorrido hablando sobre la información básica del islote, añadiendo que es importante consultar con las personas y niños antes de tomar fotografías con sus rostros.
Dirige al grupo a una pequeña plaza, de, aproximadamente, no más de dos metros cuadrados, situada en frente del Centro Educativo Santa Cruz del Islote, en el cual cursan 225 estudiantes. Un par de niños corretean, cuchichean y ríen por lo bajo entre sí al acercarse juguetonamente al que seguramente era uno de los muchos grupos de turistas que ven a diario usando sombreros ostentosos, gafas oscuras y trajes de baño. El chancleteo proveniente de su juego de fútbol se hace cada vez menos audible mientras se quedan quietos para escuchar a Cindy contar aquella historia que ya saben de memoria.
“Contábamos con un conjunto de paneles solares, pero en estos momentos se encuentran dañados, así que en horas de la tarde, usamos motores. Se prenden desde las 6 de la tarde hasta las 6 de la mañana al día siguiente”, comenta Cindy. No puedo evitar notar que de su cuello cuelga un delicado collar dorado con su inicial. Se acomoda un poco el cabello antes de proseguir: “En el tema del agua, cuando estamos en escasez, nosotros mismos nos encargamos de recoger el agua directamente desde Cartagena. Una empresa (Veolia) tiene unos chicos trabajando acá. Se encargan de recoger toda la basura tres veces a la semana, luego, ellos mandan una embarcación más grande cada 15 o 20 días”.
Algunas fachadas son una declaración de principios de los isleños. Fotos: Valeria Hernández Martínez
El cariño por su comunidad es notorio en la voz de Cindy al explicar que no es necesaria la presencia de agentes de policía ni de inspectores, puesto que para ello siempre han tenido en mente la sabiduría y opinión de los adultos mayores, quienes obran como mediadores de conflictos en la mayoría de problemas presentados en el islote. “Acá todo el mundo se conoce y todos nos consideramos familia”, añade, para reafirmar su idea de la buena convivencia de la comunidad.
Levanto la vista para ver un par de niños sacar sus cabezas curiosas por las rendijas y ventanas de los pisos superiores de la escuela del islote. Su fachada se tiñe de colores vívidos y murales con mensajes que no logro descifrar si se dirigen a la comunidad isleña o a aquellos turistas que arribamos a diario: “La basura no vuelve sola. Es parte de tu equipaje, ¡llévatela!”, y un pequeño mapa pintado a mano del archipiélago de San Bernardo ilustra las 10 islas que pertenecen al mismo. Se trata de Múcura, Maravilla, Tintipán, Mangles, Panda, Ceycen, Palma, Cabruna, Boquerón, y por supuesto, el Islote. Debajo del improvisado mapa, cuyo alrededor lo adornan ilustraciones de fauna marina, se lee el mensaje “Sin manglar no hay ecosistema, sin ecosistema no hay vida”.
Toda la isla es el laboratorio en el que aprenden los niños de la institución educativa local. Fotos: Valeria Hernández Martínez
“Esta callecita por la que acaban de ingresar tiene por nombre ‘la calle del adiós’. Lleva ese nombre porque cuando se nos muere algún ser querido, le damos el recorrido a la isla, le rezamos en la Santísima Cruz que tenemos de aquel lado”, prosigue Cindy, provocando que giremos en todas direcciones en busca de dicha cruz. No hace falta examinarla por un prolongado periodo de tiempo. “Luego, por aquí lo sacamos, por el muelle. Se lleva hacia la isla de Tintipán donde está el cementerio”.
Los lugares en el islote son reducidos, pero eso no impide que encuentren alternativas para compartir en comunidad. La religión es un pilar importante, por ende, las plazas más grandes, como aquel espacio frente a la institución educativa, son el epicentro de festividades como el 3 de mayo, día de la Santísima Cruz, el 16 de julio, día de la Vírgen del Carmen, el 11 de noviembre, donde comienzan las celebraciones de los carnavales de Cartagena, y por supuesto, las festividades más grande: las decembrinas, como el día de las velitas, las novenas y navidad.
Los callejones son angostos y las casas de adobe se adornan por letreros que anuncian ventas de comida, jaulas con loros y pájaros inquietos cuyas plumas están constantemente erizadas, y murales elaborados con gran nivel de detalle por artistas locales en pro de avivar los espacios, tanto para los locales como los más de 500 turistas que visitan el islote a diario.
Un santuario en el escaso espacio público y un grupo de pericos que vive en la misma estrechez de sus tenedores. Fotos: Valeria Hernández Martínez
No puedo evitar detallar un mural en particular mientras nos desplazamos. Se trata de una pared cuya pintura se cae a cascarones en la parte inferior. Aparenta ser una ventana modificada para ser sellada con ladrillos pintados de tonalidades coloridas. A su alrededor, la pared blanca se adorna con los nombres de las islas pertenecientes al archipiélago y las huellas de las manos, de acuerdo a Cindy, de los estudiantes de la institución educativa del islote. Lo más destacable son las frases pintadas sobre los ladrillos de la ventana: “yerda”, “espeluque”, “ve a ver esa vaina”, “ajá” y demás llaman mi atención.
Cindy nota mi interés y pide al grupo detenerse frente al mural. Explica que se trata de frases típicas pertenecientes a la jerga del islote. Asumo el significado de algunas, sin embargo, desconozco la mayoría. Cindy explica que alguien “hueso” es aquel que es aburrido o que trae mala suerte, “vololó” se usa para denominar a un problema difícil y “¿estás socroso?” cuestiona la pulcritud o la higiene de una persona. Las contagiosas carcajadas no tardan en surgir progresivamente en el grupo y un par de personas se acercan a tomarse fotos señalando la frase que hallaron más graciosa o aquella con la que se sienten más identificados.
Hace más de 200 años, los primeros habitantes llegaron a poblar el islote. De acuerdo con Cindy, eran comunidades de pescadores afrodescendientes de langostas y cangrejos —bastante abundantes en la zona—, apellidados “los Julios y los César”. Estos pescadores llegaron en primera instancia a habitar la isla de Tintipán, pero descansaban en la formación rocosa de a ratos durante el día. Con el tiempo, comenzaron a percatarse de la ausencia de mosquitos en la formación rocosa lo que los llevó a construir poco a poco pequeñas estructuras rellenas con piedras, caracoles y escombros para reubicar a sus familias. Actualmente, la comunidad se sustenta a base del turismo, la pesca, sus comercios y su atracción principal: un acuario improvisado que permite a sus visitantes nadar con tiburones gato.
Extrañamente, Cindy nos dirige al último punto del recorrido, donde tendremos unos minutos libres antes de volver a abordar las embarcaciones para el regreso. Atónita, miré mi reloj: ¡sólo habían pasado 15 minutos desde nuestro desembarque!, en realidad sí que era rápido recorrer el diminuto islote.
El grupo se escabulle entre angostos callejones, donde los locales nos miran pasar desde las ventanas de sus aposentos, y esquivamos uno que otro perro cuyo sueño parece no ser perturbado por el bullicio. El marco de una puerta, bastante recóndita, anuncia la entrada al acuario del islote. Se trata de una especie de sótano adaptado para ser un espacio amplio, manteniendo su esencia rústica. Un par de hamacas cuelgan del techo, y la entrada a lo que parece ser una vivienda en los pisos superiores es visible. Un muro se tiñe de azul por completo, mostrando el mensaje “I love Santa Cruz del Islote” pintado junto a un par de elementos alusivos a la vida marina, y un par de turistas me piden tomarles una fotografía frente a este al notarme detallándolo con la mirada.
El acuario de Santa Cruze Islote. Fotos: Valeria Hernández Martínez
Me acerco a la pequeña —y única— mesa de souvenirs del acuario, y probablemente, de las únicas en el islote. Conchas de caracoles, imanes con los nombres de las islas del archipiélago, bisutería y algunas otras manualidades elaboradas por los locales son expuestas en un pequeño par de mesas. En un inicio, no hay nadie a la vista atendiendo, o al menos hasta que tomo un imán en mis manos. Un hombre se acerca a recitarme los precios de cada cosa como si de un poema se tratara y veo que trae la ropa algo húmeda: huele a sal de mar. Termino por comprar un imán que sé lucirá muy bien en la nevera de mi hogar de regreso en Medellín.
Cindy nos indica que el acuario es un espacio colmado de tortugas marinas, tiburones, peces de distintas especies y rayas. Son unos pequeños espacios cercados por tablas de madera en el agua de mar que bordea la isla. Unas escaleras improvisadas dan ingreso a los turistas intrigados quienes se animan a nadar con los animales, quienes son resguardados por varios trabajadores de turno. Hoy, el encargado es García: un hombre de tez morena y un poco alto, cubre su cuerpo con una licra negra que lo protege del sol y usa gafas para poder ver el entorno submarino a su alrededor.
Tiburón gato y peces de varias especies en el acuario del islote. Foto: Valeria Hernández Martínez
Hay una barca sobre la orilla, estacionada junto a la entrada de una casa, como si de un garaje se tratara. En ella, unos pares de zapatos puestos, probablemente para secarse al sol. Otras barcas se apilan sobre ellas alrededor, y me produce curiosidad ver una cubeta con vísceras de pescado fresco depositada tan despreocupadamente cerca del borde del agua.
Entro en el agua y García se hunde para levantar uno de los tiburones que nadan arrastrándose sobre la arena del fondo para que quede casi hasta el nivel de la superficie del agua, siendo visible para que los turistas lo vean y lo acaricien. García se hunde de a ratos debajo del tiburón, para no interferir en las fotografías. Me comenta que los tres tiburones llevan un par de años viviendo en el acuario y que no representan una amenaza para los turistas debido al “adiestramiento” que les brindan para no tener un comportamiento hostil. Responde un poco distante y evade tener mayor conversación conmigo: lo comprendo, puesto que puede tratarse de un tema un poco controversial.
Facetas de tierra de pescadores. Fotos: Valeria Hernández Martínez
La lancha en la que arribamos hace menos de una hora se asoma para detenerse en un pequeño muelle improvisado junto al acuario, y los guías turísticos nos llaman pidiéndonos embarcar de nuevo. Adentro, un par de compañeros del grupo que no se animaron a bajarse se asoman para buscar caras conocidas y pedirles que se sienten junto a ellos. Doy un último vistazo antes de abordar: Cindy charla y se ríe junto a quienes parecen ser la familia que vive en los pisos superiores al acuario, un pescador se sienta junto a la cubeta con pescado para seguir escarbando la carne tierna con ayuda de un cuchillo (y a veces, sus propias manos) y García sale del agua con lentitud.
Quiero tener la imagen más vívida posible del panorama tan único y con una esencia magnífica del islote mientras la lancha enciende sus motores. Veo más barcos acercándose al muelle por donde ingresamos y personas adentrándose a conocer una de las antípodas más mágicas que esconde el país, sintiéndome satisfecha. Cierro los ojos, y me digo a mí misma que me quedaré con lo último que vea del islote una vez los abra: un marco de puerta sale directo al mar —sin tierra, sin arena, nada. Sólo agua un par de metros más abajo—. Tiene una tabla de madera en la parte baja, que impide salir a un perro erguido en dos patas que ladra a las lanchas que pasan. Me río para mis adentros, y pienso “ojalá los ojos tomaran fotos”.
Así comienza el dilema de comprar un libro hoy en Colombia. Video: Cristian Gutiérrrez.
Casa Tomada es una librería bogotana que abrió en el 2008. Se definen a sí mismos como un espacio para el encuentro y la conversación en torno a la cultura del libro, y con razón: sus pasillos han sido recorridos por los más reconocidos escritores del país. Mi conversación con Ana María Aragón, directora de la librería, es interrumpida cada tantos minutos por la llegada de un lector/consumidor; aunque apenas son las diez de la mañana, y hay un librero para apoyar a Ana María mientras se desarrolla la entrevista, el flujo de compradores empieza a activarse y ella se mantiene atenta para asesorar a los visitantes en su experiencia de compra.
El escenario que observo respalda las cifras de la Cámara Colombiana del Libro que, en su último informe de 2023, reporta que las librerías físicas son, aún, con buena diferencia, los lugares predilectos a los que ingresan los libros producidos por las editoriales. No obstante, y a pesar de las buenas ventas, Ana María Aragón, que además es presidente de la Asociación Colombiana de Libreros Independientes (ACLI), percibe como una amenaza para las librerías físicas, y especialmente independientes, la irrupción en el mercado del libro colombiano de plataformas de venta en línea.
Estas plataformas ofrecen precios considerablemente más bajos, un catálogo más amplio de libros incluyendo títulos importados que no se consiguen en librerías colombianas, y envíos rápidos y baratos con cobertura en zonas apartadas del país. En resumen: una accesibilidad y facilidad que las librerías locales, por sus condiciones y naturaleza, difícilmente pueden ofrecer.
Varios de sus colegas en el gremio librero comparten la misma sensación, y se ancla en un debate que lleva varios años en remojo: la supuesta competencia desleal con que se posicionan estas plataformas de comercio electrónico de libros, y el paulatino hundimiento que estarían provocando a las librerías físicas e independientes.
Aunque la discusión es compleja, mientras escucho a Ana María no puedo olvidar mi posición como lector/consumidor de libros; como un joven universitario de clase media baja que acaba un libro por semana, que mensualmente separa una parte sus ingresos para abastecerse con nuevas lecturas y, aun así, a menudo pasa semanas releyendo títulos empolvados de la biblioteca, o prestando libros con amigos porque el presupuesto mensual se fue todo en una sola edición de Nadar de noche, de Juan Forn. Varias veces me he sumido en un dilema de ese orden: apoyar la librería local, aunque me quede sin plata para el tinto, o comprar más barato en internet, aún con los dilemas éticos que ello representa para mí.
Al parecer, en este panorama, los lectores/consumidores se sumen en una encrucijada. ¿En qué posición quedan los lectores en el contexto actual del mercado del libro en Colombia?
Lo bueno y lo feo de las plataformas digitales
Luis Miguel Mesa, conocido en redes como @ElEstanteLiterario, es booktuber, promotor de lectura y consumidor de libros. Es cliente ocasional de plataformas de comercio electrónico de libros y, por invitación de uno de sus empleados, conoce la bodega en Bogotá desde la cual Buscalibre.com despacha libros a todo el país. Aunque reconoce a las librerías como espacios únicos, se posiciona en el debate partiendo de una premisa: las librerías son un negocio y, como tales, deben promover espacios que inviten a los clientes a quedarse: “Si tú tuvieras solo libros sería muy complicado, por ejemplo nadie se sienta en la Librería Nacional, aunque sirve, para otras cosas. Son diferentes modelos, y creo que todos pueden convivir desde que sepan comunicarle al cliente qué son”.
En este sentido, piensa que plataformas de comercio electrónico son una opción aceptable para un sector de los consumidores:
Además, Luis Miguel explica que las plataformas digitales no solo ofrecen ventajas para los compradores, sino también para los promotores de lectura y creadores de contenido, lo cual los posiciona también como opciones favorables para recomendar a sus públicos: “Tú creas una cuenta en su programa de afiliados y a través de unos enlaces que compartes, ganas un porcentaje de las ventas que se hagan a través de ese enlace (…) si la Librería Nacional o Ex Libris hicieran algo así, yo las promovería, pero no lo tienen”.
Este fenómeno lo describe Sandra Cara, directora de Corda Ediciones, ex directora de la Universidad de las Ciencias y las Artes del Libro y profesional con más de treinta años en la industria del libro mexicana. Como parte de su profesión ha estudiado las plataformas de comercio electrónico de libros: “Surgen como una evolución natural de los hábitos de consumo (…) un cambio en la forma de ofertar por un lado, las posibilidades de acceder a los mercados o a estos puntos de distribución, pero también en los hábitos de consumo”.
Así, nuevos factores empiezan a entrar en juego al decidir una compra: “No solamente era la venta de ir habitualmente en esta zona de confort en la que cayeron las librerías, que ibas, comprabas y te salías con tu libro. Entonces surge esta opción en línea virtual en donde va acompañada de muchas cosas: va acompañada de la comodidad, va acompañada de los tiempos, la oportunidad de no tenerte que desplazar, que te lleguen en un tiempo récord, que puedas acceder a libros que están en distintos rincones del mundo y te llegan al día siguiente a tu puerta”.
Sin embargo, ventajas de las plataformas de comercio electrónico son, para algunos, competencia desleal que afecta a las librerías locales. Paula Andrea Marín es docente de la Universidad de Antioquia, ex investigadora del Instituto Caro y Cuervo y una de las mayores conocedoras de la historia e industria del libro en Colombia. Paula Andrea explica que el problema de estas plataformas en el contexto colombiano se resume, sobre todo, en un asunto de precios: “Si Buscalibre vende sus libros con un cierto porcentaje de descuento y, además, si yo supero cierto monto, ya me mandan el libro gratis a la casa. Eso deja en desventaja a las librerías independientes y a las editoriales independientes”.
Como explica Sandra Cara, es un círculo vicioso que excluye una y otra vez a los actores más pequeños de la cadena del libro, incluyendo también a las editoriales:
A menudo los lectores escogerán la opción que mejor se ajuste a su bolsillo, aun siendo conscientes de las implicaciones detrás, como explica Luis Miguel Mesa: “Al final, al consumidor siempre le interesa la conveniencia, sobre todo en situaciones donde el libro no es un objeto de primera necesidad”.
En este contexto, ¿cómo asegurar una competencia justa y equitativa entre todos los actores de la cadena del libro? Ana María Aragón y Paula Andrea Marín coinciden: una Ley de Precio Único del libro. Paula Andrea, que como investigadora del Instituto Caro y Cuervo trató el tema, explica de qué se trata:
En su opinión, la Ley de Precio Único, que se ha propuesto fallidamente en Colombia y ya existe en países como España, Argentina y México, favorecería a todos los actores porque implica que las editoriales deben fijar un solo precio para todos sus clientes, de modo que la librería pequeña que compra 10 ejemplares pueda ser igualmente competente que la plataforma grande que adquiere un lote de 1.000. A partir de ese escenario, cada librería o plataforma decidiría cuál es su agregado para ser competente: cómo promocionar el libro, cuál es el margen de ganancia o cómo gestionar sus envíos.
De esta manera, la discusión sobre las librerías físicas y las plataformas de comercio electrónico ya no estaría alrededor de la supuesta competencia desleal sobre los precios, sino que cada actor elegiría dónde y cómo comprar de acuerdo con sus gustos y necesidades particulares. Pero, entonces, en un contexto hiperconectado, y en el que la pandemia aceleró la digitalización de los comercios de todo tipo, ¿qué función cumplen las librerías físicas?
Librerías, animales raros, mutables, valiosos
Sobre su novela, El último Día de Terranova, que cubre la historia de una librería con más de sesenta años que está a punto de cerrar, decía el escritor Manuel Rivas que “Hay mucha gente que vive sin libros y no les pasa nada, pero la ciudad no existiría sin librerías. Las librerías son una metáfora del lugar humano, en el que se da la relación presencial”.
Al enunciarlo, Rivas pone sobre la mesa la naturaleza histórica de las librerías, que producen y guardan, en sus libros y conversaciones, buena parte de la cultura literaria que se desarrolla en una ciudad. Estas palabras decoran a Ítaca Librería, un espacio que es y a la vez no, que se sale de la convencionalidad de la industria librera en Colombia y del que Rodnei Casares, su creador, hizo un espacio que conserva la razón primigenia de las librerías, sin hacer oídos sordos a las tendencias del mercado y deseos del consumidor actual.
Con Rodnei converso en Laureles, en una de las salas de la Casa Cultural Tinto de Verano, en la que coexisten varias iniciativas culturales, incluyendo la sede física de Ítaca. Por lo demás, el encuentro podría darse en el Centro, en el Pasaje La Bastilla; o en San Ignacio, en la Librería de la UdeA; incluso vía Internet, donde nació su librería. Su lema es “Somos la nueva forma de recorrer una librería”, y la razón está en que Ítaca no existe en un solo lugar, sino allí donde estén los lectores: por eso, en su nacimiento, era una librería exclusivamente virtual; por eso su servicio insignia no es la venta de libros, sino tours por librerías del Centro de Medellín y el Oriente Antioqueño.
Detrás de esa idea, a la que periódicamente asisten decenas de curiosos, está la innovadora convicción de que actualmente, para una librería física, el libro no se comercializa solo por ser libro, sino por la magia que los espacios pueden impregnar en ellos.
“No sé, han sido más de treinta, ya no sé cuántos he hecho, lo que sí sé es cuántas personas han venido, y hasta el día de hoy se han sumado más de mil personas a esos tours (…). Eso habla de una comunidad a la que le interesa ir a librerías, no solamente les interesa ir a mirar, a conocerlas, sino a comprar, porque la mayoría de esa gente consume no en una sino en varias de las librerías que visitamos”, comenta Rodnei. Ello, dice, comprueba que no todos los lectores/consumidores actuales están interesados en comprar a través de plataformas digitales, sino que hay un sector del mercado que aún se interesa en vivir la experiencia de la librería física.
Es en este sentido que aparece aquello que podría nombrarse como “valor agregado” y que propicia que las librerías físicas, especialmente las independientes, ya no sean solo puntos de venta, sino, en palabras de Sandra Cora, “centros culturales”, en los que se presenta programación de todo tipo, manteniéndose competentes y atrayendo a nuevos públicos. Rodnei Casares lo explica:
Además de la oferta cultural, la adecuación de los espacios y la ampliación de los productos que ofrecen, uno de los grandes retos que enfrentan las librerías físicas es promocionar y expandir su oferta a través de canales digitales. Rodnei Casares cita a Buzk.co como el mejor ejemplo de una librería colombiana que logró expandirse a través del marketing digital y el posicionamiento de marca. Las librerías, como cualquier otro negocio, dice Rodnei, deben conectar con el lector/consumidor desde sus elementos identitarios.
Además, el diseño de plataformas para comercializar libros online y enviarlos a distintas zonas del país es primordial. Aunque la mayoría de las librerías implementaron canales digitales a partir de la pandemia, muchas aún poseen catálogos deficientes, desactualizados y con poca usabilidad. Un sistema unificado de información sobre librerías, titulado “Colombia Lee”, pretende contribuir a la solución de este problema, pero aún está en desarrollo.
Una buena parte del gremio librero está dispuesto a hacer las actualizaciones necesarias para que las librerías físicas continúen siendo competentes, aunque aún existen resistencias por parte de algunos actores. Por ejemplo, una investigación publicada por Paula Andrea Marín y Ana María Agudelo en 2022, arrojó que aún algunas librerías no programan eventos culturales, ni ofrecen talleres o clubes de lectura, ni poseen un café que invite al cliente a permanecer en el espacio.
Reflexiones como estas son especialmente relevantes en un contexto como el colombiano, en que hay apenas una librería por cada 78.910 habitantes, estando la mayoría concentradas en corredores comerciales-educativos-culturales que a veces no son accesibles para algunos sectores de la población. Esta realidad contrasta con ciudades libreras como Madrid, en donde, según investigaciones realizadas por Paula Marín, hay una librería en cada barrio. Paula, Rodnei y Sandra coinciden en que esfuerzos comunes entre colegas serían fundamentales para promocionar e incentivar las librerías físicas. Espacios como el Encuentro Nacional de Librerías, en el marco de la 18.ª Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, pueden contribuir en este objetivo.
Las librerías, como lo propuso Manuel Rivas, son y seguirán siendo lugares importantes y concurridos, en donde discurre buena parte de la vida cultural de la ciudad. Pero las dinámicas que proponen las tecnologías digitales, y que se impulsaron con la pandemia, exigen transformaciones para las librerías tradicionales. Casos como el de Ítaca Librería son ejemplos de una innovación en la oferta que se traduce en mayor competitividad. Ahí hay una clave para los lectores/consumidores: escoger la librería/marca que mejor se ajuste a los deseos y necesidades propios. Sin embargo, quedan aún preguntas en remojo, ¿qué posición tomar frente a la competencia desleal? ¿Cómo conjugar todos estos factores para tomar una única decisión de compra?
Comprar un libro: un dilema personal y subjetivo, siempre
Hace un par de años encontré, en el catálogo virtual de una librería local, un libro ilustrado que me interesaba. La edición original del libro es japonesa, y fue traducido al español por una editorial mexicana sin filiales en Colombia. Pensé: aquel libro recorrió miles de kilómetros para llegar a esa librería en particular y, así, posiblemente terminar en mis manos.
Cuando me contacté con la librería, supe que los títulos que incluían en su catálogo digital no necesariamente estaban en stock, sino disponibles bajo pedido. La librera me explicó que habían encargado un lote de libros importados que incluían aquel que yo buscaba, y prometieron avisarme cuando llegara. Los libros ilustrados, aunque pequeños, suelen ser más caros que los demás; además, por ser una librería independiente, suelen hacen pedidos pequeños que les impiden ofrecer descuentos. Ambos factores provocaban que el libro se encareciera, pero permanecí a la espera, con la intención de comprarlo particularmente en ese lugar.
Las semanas pasaron y el mensaje no llegó. Por pura curiosidad busqué el nombre del libro en Internet: El-gato-que-buscaba-un-nombre. Encontré un par de librerías bogotanas que también vendían el libro: entre el precio base, los costos de importación y el envío a Medellín, el precio se elevaba a un punto que yo no podía costear. Entonces, encontré un sitio que, en todo, simulaba la estética de plataformas como Amazon y Mercado Libre, pero exclusivamente dedicado a libros. El precio era el mismo que en la librería independiente que consulté al comienzo, pero el libro estaba en stock y llegaría a mi casa en menos de veinte días. Antes de eso, me había encontrado un par de veces con publicidades de Buscalibre, pero nunca les presté suficiente atención. Únicamente cuando mis necesidades de compra lo requirieron, me dirigí hacia ese servicio hasta entonces desconocido.
Esta historia resume la posición con que, como lectores/consumidores, asumimos la variedad de ofertas que existen en la industria del libro colombiana: elegimos la opción que mejor se ajuste a nuestros deseos e ideales, pero también aquella que resuelva nuestra necesidad puntual. Paula Andrea Marín que, además de investigadora, es lectora/consumidora, lo explica así: “A veces tenemos mucho miedo de Buscalibre o de Amazon, pero nos olvidamos de que tanto las plataformas como los lugares físicos cumplen con funciones diferentes, y cada persona, me incluyo, tiene libros que puede comprar por Buscalibre y libros que puede encontrar en la librería física (…). Diversificamos nuestro consumo de libros dependiendo de nuestra economía, de nuestra facilidad, de en qué momento de la vida estamos…”.
En el fondo, un problema que continúa latente es el de la competencia desleal. Si un factor tan importante como el precio está en permanente desigualdad, aunque las demás librerías implementen estrategias de otro tipo, difícilmente habrá competencia justa. En Colombia se ha intentado impulsar una Ley de Precio Único en varios momentos, pero nunca ha llegado a buen puerto, en parte por la oposición de algunos actores en la cadena del libro. Paula Andrea Marín piensa que esa resistencia tiene que ver, en parte, con una confusión por parte de algunos agentes de la red editorial, que malinterpretan esta ley como una imposición en que las editoriales no podrían cambiar el precio de un libro en ningún momento.
Aunque esa puede ser una de las razones, lo cierto es que un taller de discusión adelantado por el Instituto Caro y Cuervo muestra que existen también argumentos de otro tipo: algunos encuentran imprecisiones y fallos en la formulación de las leyes y, sobre todo, piensan que una Ley de Precio Único no solucionaría ninguno de los problemas de promoción de lectura que sufre el país. No apunta a un problema cultural ni educativo, sino exclusivamente comercial.
Sandra Cara, que es editora y académica en México, donde ya se implementa una Ley de Precio Único del libro, ofrece una perspectiva interesante: no basta con una ley, debe haber también veeduría gubernamental, ciudadana y gremial: “El precio único es algo que existe, que se da, pero que coexiste con las prácticas desleales.
Desgraciadamente existen, aunque son vistas, aunque son visibilizadas, no son reguladas de la forma en que se tendrían que regular”. Así, Sandra concluye con que no solo debe haber leyes, sino iniciativas políticas de varios tipos que permitan subsistir a los actores más pequeños de la cadena.
Si el problema, como lo testimonia Sandra Cara, no se soluciona únicamente legislando, sino también asumiendo una postura desde la praxis, entonces nos adentramos de lleno a un último factor que como lectores/consumidores deberíamos tener en cuenta: asumir una posición ética al comprar libros. Ana María Aragón, como librera, sentencia con sobriedad que el lector/consumidor debe elegir siempre la opción que favorezca la la diversidad y la competencia leal. Luis Miguel Mesa en cambio, como booktuber, asume una posición distinta: cada uno elige sus propias luchas, y como lectores/consumidores no estamos en la obligación de asumir la lucha de la competencia justa, especialmente en un contexto en el que el libro es un producto poco asequible.
Lo cierto (y en eso, en general, coinciden casi todos los entrevistados) es que cada lector/consumidor es libre de elegir de acuerdo con su propio razonamiento. El reto para las librerías de cualquier tipo es implementar estrategias para atraer públicos teniendo en cuenta los criterios mencionados. ¿Y los lectores? Es sencillo: al final, cada uno decide dónde y de qué forma comprar.
Así como sucede con las personas, los espacios también evolucionan, crecen y se transforman. Se transforman para ser testigos de las ocurrencias humanas y de sus nuevos objetivos. Aunque los cambios traen nostalgia, cuando se observan los resultados de un sueño materializado, el nuevo entorno cobra un sentido de pertenencia y La Pascasia, la casa cultural de la corporación Común y Corriente, es un ejemplo de ello.
La historia de La Pascasia
Antes de que existiera la casa, primero estaba una empresa sin ánimo de lucro llamada Común y Corriente que fue la que buscó construir un espacio como centro cultural. La idea nació de unos amigos músicos que querían tener un espacio para hacer conciertos y porque en su momento se identificó que sería bueno tener un espacio independiente para ellos y otros artistas. A su vez, se buscaba un espacio que juntara diferentes disciplinas artísticas como la música, la literatura o las artes plásticas; y se generara un diálogo entre ellas. Jaime Suárez, uno de los corporados explicó que “Común y Corriente es una corporación de artistas que desarrolla proyectos artísticos y culturales que intentan derivarse en un beneficio para la sociedad; ya sea que los artistas tengan unas mejores posibilidades de compartir su trabajo de creación o que los proyectos lleguen al público adecuado en el que se dé un espacio de reflexión”.
Así pues, el nacimiento del centro cultural, en el 2016, tomó fuerza cuando se instalaron en una casa del centro de Medellín. La adecuaron de acuerdo con sus necesidades y el grupo de amigos, que se conocieron estudiando música, se amplía y se convierten en los 10 corporados de Común y Corriente. El lugar, entonces, recibió el nombre de La Pascasia y pasó de ser el hogar tradicional y antioqueño de una familia que vivió durante varias generaciones allí, a convertirse en una casa cultural; pues, además de los conciertos, se incorporó una galería, un teatro, un café y oficinas para sus creadores.
Juan Felipe Restrepo Cano, un estudiante de periodismo que fue testigo de la magia de La Pascasia desde sus inicios, contó que era una casa patrimonial del centro que con el tiempo fue mutando. “Cuando entrabas, lo primero que te encontrabas era un patio central donde transcurría todo. Un patio que tenía un árbol en la mitad donde había unas especies de muros simulando el corredor de una casa campesina… entrar a esa casa era como olvidarse un poco de que estabas en una ciudad”.
Patio central de la sede antigua de La Pascasia. Foto: Juan Felipe Restrepo.
La Pascasia recibió su nombre debido a que se encontraba ubicada en la carrera Pascasio Uribe en la comuna 10, La Candelaria; y durante siete años los corporados y el público se encontraron allí nutriendo la casa de lecturas, conversaciones, bailes y exposiciones. Jaime Suárez expresó que el tener este proyecto en el centro era muy importante porque permitía tener conexión a todo su ecosistema cultural y aportar más a eso. Incluso Restrepo confirmó lo dicho por el corporado al haber mencionado que: “Cuando eran los días de orquesta, uno llegaba a allá y a veces no se podía entrar; la fila llegaba hasta las torres de Bomboná de gente esperando a que a alguien le diera por salir. Eso hablaba mucho de lo que se convertía La Pascasia en Medellín”.
Un día de orquesta en la sede antigua. Foto: Juan Felipe Restrepo.
¡Hora de mudarse!
Para 2022, la Corporación consideraba pertinente tener un espacio más grande, que les permitiera incorporar más elementos a su centro cultural, así que ese mismo año empieza la compra de un lugar mucho más amplio a solo dos cuadras de la sede original, diagonal al teatro Matacandelas. Se trata de un edificio de cuatro pisos que antes era un club-sauna gay llamado El Club de Tobi y que, por las circunstancias de la pandemia, cerró en el 2020.
El anuncio oficial de su traslado fue el 22 de julio del 2023, que también contenía la noticia sobre la ayuda económica necesaria para iniciar la remodelación del edificio. Para eso, todos los que quisieran ayudar a que La Pascasia cumpliera un sueño más, podían hacerlo con $20.000. En su página web, para explicar su situación al público, mencionaron que “para hacer tantas ociosidades se necesitan muchos holgazanes. Sí, no fue fácil, pero logramos conseguirlos, y ahora somos muchos. Más aún, cuando consideramos que usted también es uno de nosotros”. El pedido fue bien recibido y para el 10 de octubre de 2023, comenzaron la remodelación y anunciaron que el nuevo edificio de La Pascasia, además de contar con galería, restaurante y una nueva librería, da cabida a proyectos de artistas visuales, músicos, colectivos audiovisuales y periodísticos. Con esfuerzo y manos a la obra, el 17 de febrero de 2024 hicieron oficialmente su apertura.
Al respecto del traslado, el corporado Jaime Suárez dijo de manera segura y con orgullo que: “El tránsito hasta acá no fue inmediato, pero ahora lo más importante es que en este nuevo lugar no solamente nos están visitando las personas que están desde la casa anterior, sino que también veo muchas caras nuevas…lo que hace el proyecto es la gente, entonces yo creo que aquí estamos bien”.
Adentro de la nueva Pascasia
Durante el día, cuando se llega a la calle 47, es inevitable observar el edificio, pues logra distinguirse de los demás. Su color verde esmeralda con toques de rosado que bordean sus ventanas hace que quienes pasen por allí, incluso inmersos en sus propios mundos, alcen la cabeza y contemplen la vida del edificio en su calle.
<< Edificio La Pascasia. Foto: Ana Sofía Araque Panesso
Al acercarse a la puerta, por sus rejas se deja entrever un pasillo largo. Al principio es oscuro, pero, a la mitad del recorrido la luz del sol lo deja ver con claridad. Al llegar en la mañana, cuando el público no está mirando, cuando el espectáculo aún no empieza, se siente una atmósfera tranquila y agradable. Al avanzar por el pasillo, lo primero que se ve es un jardín y, al mirar al techo, se puede ver todos los pisos junto con unas pinturas que complementan la decoración. El lugar huele a nuevo por todas partes, la pintura fresca, la madera, la luces; todo se observa en perfectas condiciones. Al lado del jardín esta la librería, un espacio silencioso y propicio para la concentración y desconexión con el ruido de la ciudad.
Librería de La Pascasia. Foto: Ana Sofía Araque Panesso.
Siguiendo el recorrido natural que propone el lugar, la luces se tornan rojas; inmediatamente el ambiente cambia: así sea de día, una energía nocturna empieza a emerger. Se encuentran los comedores estilo vintage con más pinturas que hacen parte no solo de la decoración, sino que son piezas exposición y se ofrecen al mejor postor; al lado hay un bar. Los trabajadores están, cada uno, inmersos en sus deberes; preparando todo para la hora del almuerzo y el evento en la noche.
El comedor y la barra están concebidos como puntos de encuentro para los visitantes y no solo como dotaciones del lugar.
Fotos: Ana Sofía Araque.
Una vez terminado el pasillo, la visión panorámica se amplía. Se trata del lugar donde se desarrollan los eventos, así que es un salón que cuenta con un espacio en forma de rectángulo destinado para el público y al fondo una tarima. Una vez ahí, se pueden ver los detalles: el telón, el jardín que hay detrás y los instrumentos puestos en su lugar a la espera de los intérpretes que les saquen las mejores notas.
El escenario de La Pascasia acoge una amplia gama de géneros musicales. Foto tomada por: Ana Sofía Araque Panesso.
Un espacio para compartir el arte
En la red de trabajo de La Pascasia está Mateo López, el Community Manager. Él explicó que el tener un edificio permitía que los enfoques de la Corporación se vieran más en cuanto al espacio que tiene cada uno; no solo La Pascasia como centro cultural, sino toda la organización: el sello de Música Corriente, el sello editorial Verso Libre y la galería de arte Un Ojo Común. También, aclaró que el lugar no sólo sirve para los proyectos propios de la corporación, sino que cuenta con espacios para alquilar, ya sea para eventos, actividades académicas o reuniones empresariales. Incluso, existen entidades que se encuentran allí; como la tienda de discos Surco Récords, la oficina del portal El Armadillo, dos productoras audiovisuales llamadas Mamut y Rara, un estudio de música y dos artistas plásticos independientes. Mateo, también aclaró que para conseguir el edificio fue necesario la ayuda del público, pero no fue la única fuente de apoyo. Ayudaron empresas como Confiar, Comfama, SURA, el teatro Matacandelas, entre otras más.
Dentro de los planes a futuro, el corporado Jaime Suárez reconoce que falta mucho, pero tiene claros los objetivos a mediano plazo. “Estamos en el proceso de tener un auditorio multipropósito, es decir que se pueda tener desde conciertos hasta conversaciones o proyecciones de cine; y tener la galería de arte. Ahora hay una muestra pequeña, pero no es la manera en la que nosotros hacemos exposiciones. También se está buscando crear los medios para que todas las personas, incluyendo a las que tienen movilidad reducida, sean bienvenidas a recorrer todo el lugar”.
El objetivo es que La Pascasia sea considerado un espacio para el arte y que el centro de Medellín cuente con un lugar dispuesto a compartirla. Como lo dice la misma corporación: “Casa que, aunque actúa como sede de los artistas de la corporación Común y Corriente, obra en trance de la generosidad de todo aquel que crea un mundo propio con el deseo de compartirlo”.
En 2023, las denuncias por acoso contra un docente desencadenaron el levantamiento de numerosas voces contra hechos de violencias basadas en género, ocurridos en la Universidad Pontificia Bolivariana, como parte de una movilización que se extendía a otras comunidades universitarias en las que se daba cuenta de hechos semejantes, mediante numerosos testimonios.
El hecho sin duda marcó la vida de la comunidad académica de la UPB. Particularmente mostró nuevas formas de reivindicar los derechos de las y los estudiantes, que entonces plantearon con claridad las situaciones por las cuales sus voces necesitaban ser escuchadas y lograron abrir canales institucionales adecuados, que no solo legitimaran sus planteamientos, sino que les dieran la trascendencia correspondiente.
Las mesas de diálogo sobre violencias basadas en género fueron uno de estos canales abiertos por la comunidad estudiantil en diálogo directo con las directivas de la Universidad y el acompañamiento de la Secretaría de las Mujeres de la Gobernación de Antioquia, para establecer estrategias orientadas a prevenir y atender estas situaciones. Cuatro mesas se abrieron para generar estrategias desde la formación, investigación, protocolo de atención y de campus seguro.
María Alejandra Sierra, estudiante de Comunicación Social – Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana, hizo parte de la creación de estas mesas para el diálogo, con las que se buscó crear un espacio donde las denuncias pudieran escucharse, garantizando un acompañamiento respetuoso a las personas denunciantes. Para esta joven comunicadora, el poner en marcha estos mecanismos y estrategias por y para los mismos estudiantes es de vital importancia en un ambiente moderno y diverso, pero muchas veces atrapado en antiguos prejuicios pues, como ella misma menciona, “muchas veces cometemos actos de acoso por desconocimiento y porque son legitimados por la cultura, porque hacen parte de nuestros códigos sociales… (…) esto puede modificarse a través de la educación”.
Sierra cuenta que estas mesas de diálogo estuvieron acompañada por la Secretaría de las Mujeres y profesionales en el área de la salud mental. Entre septiembre del 2023 y enero del 2024 se concretaron los últimos detalles para su óptimo funcionamiento en el campus y, actualmente, estas mesas y sus protocolos tienen el acompañamiento del área Jurídica y la Rectoría de la Universidad.
Las denuncias y movilizaciones contra el acoso y otras violencias basadas en género, ocurridas en marzo de 2023, generaron en la UPB una nueva conciencia y un nuevo estilo en el debate sobre estas cuestiones. Fotos: Alejandro Zapata Peña.
Lecciones por igual
El trabajo con las mesas se unió a las medidas dispuestas con anterioridad por el área de Bienestar Universitario para la concientización frente a las violencias basadas en género y la creación de estrategias para prevenir, específicamente, todo tipo de acoso. El grupo de estudiantes partícipes de las mesas se propuso llevar sus propuestas, peticiones y denuncias en relación con las problemáticas percibidas en el campus a un espacio de diálogo para darles el tratamiento requerido y llevarlas, de ser necesario, a instancias legales de la mano de las directivas de la Universidad, todo con un lineamiento: velar por el respeto al debido proceso con énfasis en las personas afectadas, según explicaron voceras del área de Bienestar Universitario.
Las denuncias de marzo de 2023 pusieron en evidencia que, en muchas ocasiones, las personas afectadas recurren a medios masivos para compartir sus testimonios, antes que hacerlo mediante establecidos por las normas institucionales. En la UPB el primer reto era renovar la confianza y en ello se involcuraron desde Bienestar Universitario hasta la Vicerrectoría de Investigación, el área Jurídica y Gestión humana, en el liderazgo de las cuatro mesas de diálogo dispuestas.
La mesa de Espacios seguros se encarga de hacer análisis basado en testimonios de estudiantes para hacer cambios dentro del Campus que brinden mayor seguridad a la comunidad universitaria: iluminación, señalización, rutas alternas, entre otros aspectos. Irina Petro de León, participante de este espacio señaló que el acompañamiento de la Dirección administrativa, la Vicerrectoría de asuntos económicos, estudiantes y docentes de diversas facultades y pregrados, entre otros actores, fueron cruciales a la hora concretar el desarrollo de estrategias y planes planteados en su mesa respectiva.
María Alejandra Sierra hace parte de la mesa investigativa, la cual está encargada —como lo dice su nombre— de investigar los hechos de violencia de género en el campus. Señala por su parte que: “El proceso ha sido muy lento. Producir cosas alusivas al tema es demorado y la cabeza de la mesa es la vicerrectora de investigación, quien ha estado muy ocupada desde entonces. Las mesas más activas son las de bienestar y prevención”. Como ella, son muchos los estudiantes que desean tomar la iniciativa y ser partícipes en situaciones que afectan a toda la comunidad estudiantil, sin embargo, cree que hay poco conocimiento por parte de la comunidad estudiantil sobre los canales o espacios a los que pueden acudir o en los que pueden participar y no solo acudir a denunciar.
Se necesitan voces
El equipo encargado para las mesas de diálogo sobre violencias basadas en género por parte de Bienestar Universitario ha elaborado diversas propuestas asociadas a las mesas de diálogo sobre violencias de género que puedan involucrar más a los estudiantes: hace un año, dicha mesa realizó una convocatoria para que grupos de estudio y semilleros de investigación, sin importar el pregrado, aportaran en el desarrollo de las mesas de diálogo y aportaran sus propias producciones y alternativas frente a las problemáticas de violencias dentro del campus, ofreciendo incluso incentivos económicos. Desafortunadamente, sólo un grupo acudió a dicha convocatoria. Asimismo, la mesa de Formación desarrolló una propuesta de diplomatura relacionada con violencias de género, derechos y acciones socioeducativas, propuesta que formulada por una de las profesionales que acompaña el proceso psicólogo-jurídico por el cual pasan las diversas mesas: dicha propuesta aún se mantiene en pie.
De acuerdo con Bienestar Universitario, la UPB ha realizado campañas de concientización y formación al personal administrativo teniendo en cuenta sugerencias estudiantiles, entre ellas, la implementación de nuevas estrategias en el ciclo de formación humanista de la Universidad —para tratar mejor estos temas—, campañas de carnetización en las que se utilizan fotos e información del área de los usuarios de las plataformas institucionales y el cambio de luces en áreas oscuras donde los estudiantes han manifestado incomodidad por el poco campo visual en horas de la noche. Estos cambios en infraestructura se han comenzado a realizar a nivel multicampus, no sólo en la sede de Medellín.
Los cambios en el campus suelen sorprender a los egresados que regresan al campus de la UPB. Uno de ellos fue el traslado de las oficinas de Bienestar Universitario a uno de los bloques centrales, en el primer piso, donde la oferta de servicios esté al alcance de la mayor cantidad de personas posible.Valentina David, psicóloga en Bienestar Universitario, explica: “Con la llegada de este nuevo lugar para bienestar institucional y la nueva línea de violencias basadas en género, se han tenido asuntos importantes también para muchas cosas. Hemos tenido jornadas jurídicas para asesorías a las víctimas. (…) Y la invitación no es sólo de nosotros (Bienestar), sino también desde la Universidad. Queremos que los estudiantes también nos toquen la puerta y nos digan ‘esto hay que hacerlo’.”
El correo electrónico suele ser el canal principal para la difusión de las actividades. De estas y muchas otras más, realmente. Entre la comunidad estudiantil esa es una de las razones por las que a las convocatorias no responden muchas personas, pues los estudiantes no tienden a revisar la agenda por este medio. En contraste, el equipo perteneciente a las mesas se ha percatado de la importancia del bulevar como corazón de la Universidad: la vía peatonal que cruza el campus de norte a sur, entre puestos de estudio y comidas, donde la gente se percata de lo que sucede. Allí han llegado las actividades para hacer conciencia sobre las violencias basadas en género. Clarisa Arango, psicóloga quien ha acompañado las mesas de diálogo por parte de Bienestar Institucional, comenta: “Es responsabilidad de los estudiantes vincularse al habitar el campus (…) Yo creo igual que es un asunto muy institucional, pues se entiende que a veces la prioridad no es mirar el correo de la programación de la U, ¿cierto?”.
Las actividades institucionales para reconocer los derechos de las mujeres se extendieron por todo el mes de marzo de 2024 en la UPB.
Fotos: Clarissa Arango, Alejandro Zapata.
Punto de giro
Las actividades conmemorativas y que rinden reconocimiento a los derechos de las mujeres ya no son cosa del 8 de marzo. La dinámica se extiende a lo largo de todo el mes en ámbitos académico, comunitarios, ente otros. Así ocurrió en marzo pasado entre la comunidad de la UPB, cuando se realizaron charlas, publicaciones digitales, encuentros con egresadas de la Universidad y profesionales en diversas áreas sobre historias y temas que reivindican los derechos de las mujeres.
Las actividades estuvieron abiertas al público e incluyeron espacios como “Hackea tu macho”, para discutir la deuda histórica con las mujeres o publicaciones en redes sociales con diversas definiciones de palabras importantes en la inclusión, interculturalidad y convivencia, en una serie denominada “Moradario”.
Los espacios están…
La sicóloga Valentina David plantea: “Muchas personas dicen que ‘es que no existe el espacio’, pero sí los hay y simplemente la gente no los conoce o no sabe cómo llegar a ellos”. Desde la creación de estos espacios, se ha dado mayor visibilidad a las asesorías psicológicas y al acompañamiento desde Bienestar Institucional a todos aquellos que lo necesiten.
Las violencias basadas en género indudablemente se originan en factores que superan el ámbito de la academia. Pero no por eso las personas dejan de confiar en su papel como agente de solución. Por eso resulta tan importante el trabajo de la UPB y cualquier otra universidad, de la mano de sus estudiantes.
La llegada de la pandemia del COVID-19 trajo cambios fundamentales en las rutinas de producción. El trabajo remoto, que alguna vez fue una opción para algunos, se convirtió en la norma para millones de empleados en todo el mundo; si bien este modelo ha permitido que muchas actividades económicas continúen, también ha expuesto importantes desafíos, particularmente en lo que respecta a la salud mental de los trabajadores. En este reportaje se destaca cómo Bancolombia y Comfama, dos organizaciones colombianas reconocidas, abordan el impacto del trabajo remoto en la salud mental de sus empleados.
Uno de los impactos más significativos del trabajo remoto es el aislamiento social, ya que la falta de interacción cara a cara puede provocar sentimientos de soledad y alienación. Según estudios realizados por múltiples organizaciones, los trabajadores remotos experimentan mayores niveles de ansiedad y depresión. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), realizó entregas entre abril y junio de 2023 la encuesta Pulso Social del DANE, en la que evaluó la calidad de vida y la percepción sobre el mercado laboral colombiano. En ella participaron más de 30,000 personas en 23 ciudades capitales, y sus resultados revelaron que muchos empleados sienten que la falta de contacto humano está afectando su bienestar emocional.
La infraestructura pública cada vez más tiene espacios para el trabajo remoto. Este en el Aeropuerto Internacional Matecaña, en Pereira.
Foto: Aerocivil.
Límites y contrastes
Si bien el trabajo remoto ofrece flexibilidad, también difumina la línea entre el trabajo y la vida personal, situaciones que resultan en más horas de trabajo y niveles elevados de estrés. Los informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), destacan la importancia de establecer límites claros y rutinas diarias para mitigar estos efectos, más este contexto que agrava en hogares sin un espacio de trabajo adecuado, lo que puede aumentar el malestar y el estrés.
El estilo de vida sedentario es otro desafío que conlleva el trabajo remoto, debido a que a falta de ejercicio y actividad física pueden provocar problemas de salud física y mental. Los expertos recomiendan descanso regular y actividad física para mitigar estos efectos. La poca actividad puede generar un círculo vicioso que afecta la salud física y mental de los empleados.
La comunicación virtual llega a ser menos eficiente y más laboriosa que las interacciones cara a cara. Demasiados correos electrónicos y reuniones virtuales pueden provocar fatiga digital, que ya es común en el trabajo remoto. Mantener una comunicación clara y frecuente con los colegas es fundamental para reducir el estrés y mejorar la colaboración.
Según Laura Franco Arango, empleada de Bancolombia, la organización ha tomado medidas para abordar los desafíos de la salud mental en el contexto del trabajo remoto, destacando varias iniciativas. La compañía enfatiza la necesidad de crear entornos de trabajo seguros que promuevan el bienestar de los empleados, lo que incluye proporcionar herramientas y recursos adecuados para facilitar el trabajo desde casa. Además, invierte en mejorar su infraestructura tecnológica para garantizar que los empleados tengan conectividad y equipos informáticos adecuados.
Asimismo, Bancolombia promueve la flexibilidad laboral, permitiendo a los empleados equilibrar mejor su vida personal y profesional, lo cual es crucial para reducir el estrés y mejorar la salud emocional. La capacidad de ajustar los horarios de trabajo a las necesidades personales ha sido bien recibida por los empleados, quienes reportan una mayor satisfacción laboral.
El trabajo remoto extiende los compromisos de las empresas para garantizar los medios técnicos requeridos para el normal desarrollo de las actividades por parte de sus trabajadores. Foto: Carolina Correa.
Las oficinas remotas
En cuanto al acceso a plataformas de apoyo, la empresa ha explorado el uso de herramientas digitales para brindar apoyo en salud mental a los empleados, diseñadas específicamente para ayudar a gestionar el estrés y otros problemas asociados con el trabajo remoto. Además, Bancolombia ha implementado programas de capacitación que proporcionan a los empleados las habilidades necesarias para enfrentar estos desafíos.
La promoción de actividades físicas, permite ayudar a mejorar la salud mental y reducir la incidencia de problemas como la presión arterial alta y la depresión. La empresa organiza desafíos de bienestar, que incluyen ejercicio y pausas activas, para animar a los empleados a mantenerse activos durante la jornada laboral. Por último, Bancolombia ha tomado medidas para cuidar el bienestar emocional de sus empleados, reconociendo que un entorno laboral cómodo y de apoyo es clave para mantener la productividad y la satisfacción laboral mediante programas de bienestar que abordan la salud mental de manera integral.
Por su parte, según Laura Suescún Ramírez, empleada de Comfama, esta organización también ha desarrollado diversas iniciativas para promover la salud mental de sus empleados en el contexto del trabajo remoto. Comfama permite negociar horarios entre empleadores y empleados, lo que facilita adaptarse a las necesidades individuales y familiares, ayudando así a mantener un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal, crucial para el bienestar emocional.
Para facilitar la colaboración, Comfama brinda a sus trabajadores computadoras portátiles, acceso a internet seguro y herramientas de comunicación, ya que para prevenir problemas de salud mental como la irritabilidad y el estrés, es fundamental contar con el equipo adecuado. Además, han implementado programas de bienestar y apoyo psicológico que garantizan acceso a recursos que fomenten el bienestar emocional, como relajaciones guiadas y asesoría psicológica.
La empresa proporciona información y capacitación sobre cómo manejar los desafíos del teletrabajo, equipando a los empleados para enfrentar situaciones difíciles y mantener una buena salud mental. La formación incluye talleres sobre gestión del estrés y la promoción de la salud mental en el trabajo. Finalmente, su programa “Red de Amor, Cuidado y Salud Mental” busca acompañar a las empresas y sus líderes en el fortalecimiento de la salud mental de los empleados mediante estrategias de apoyo psicológico y bienestar emocional, promoviendo así un ambiente laboral saludable que prioriza esta importante dimensión.
La promoción de la salud mental es una parte esencial de los programas completos que ambas organizaciones han creado. Al brindar herramientas y recursos que permiten a los trabajadores administrar su bienestar psicológico y emocional, estos programas se relacionan con la administración del trabajo.
La capacitación es un componente clave en la integración de la salud mental en la gestión laboral. Bancolombia y Comfama ofrecen talleres y recursos educativos que ayudan a crear conciencia sobre el bienestar emocional y proporcionan herramientas prácticas para su manejo en el día a día.
El trabajo remoto ha puesto de relieve la importancia de la salud mental en el ambiente laboral y ha cambiado la forma en que las empresas funcionan. Las organizaciones pueden enfrentar los desafíos que presenta esta modalidad de trabajo de manera proactiva, como se puede ver en Bancolombia y Comfama. Dichas compañías están estableciendo un precedente en la promoción del bienestar emocional de su personal mediante programas que fomentan la flexibilidad, la capacitación y el apoyo psicológico.
Es fundamental que más organizaciones aborden dinámicamente los problemas de salud mental y creen ambientes laborales seguros y saludables para sus trabajadores, ya que el trabajo remoto se está consolidando como una realidad a largo plazo. En un ambiente laboral en constante cambio, la salud mental es una parte crucial del bienestar individual; además, es esencial para la productividad y el éxito organizacional.