Etiqueta: Juventud

  • Mía, la drag que trepa Medellín

    Son las diez y media de la noche y Stiven Ortiz sale por la puerta de Oráculo para que podamos entrar a acompañarlo en su proceso de transformación, de cómo se ve y cómo se siente. Esta noche el chico flaco de veinte años será de nuevo Mía Moon, se vestirá con su mejor ropa, bailará en el escenario en frente de un público que asistirá para verla y hará lipsync (fonomímica) creando un espectáculo en el que incluso tiene bailarines a su disposición para acompañarla.

     

    Entre dos y tres horas toma todo el proceso de transformación para convertirse en Mía. Foto: Julián Sierra.

     

    Cuando se viste con prendas femeninas y se maquilla, algunos podrían creer que es un travesti, es decir, una persona que, no conforme con el sexo con el que nació, tomó la decisión de asumir su vida construyendo una identidad femenina: otros pueden pensar que solo es un transformista que intenta imitar la apariencia femenina, pero no. Stiven se convierte en Mía, una drag queen perteneciente a un grupo que realiza una especie de sátira o parodia de los planteamientos de la sociedad tradicional mediante la exageración de características asignadas al género femenino, según como lo define Collins.

     

    Según Shane Vogel, profesor estadounidense, esta práctica surgió en el siglo XIX en el Reino Unido como una proyección cómica de las nociones sociales sobre los roles de género, el comportamiento social y la organización política. En Colombia, el fenómeno drag queen comenzó en Bogotá alrededor de 1997 y apareció en Medellín en 1998, datos que no son fácilmente contrastados porque no hay una mención específica a esta manifestación sino que hay historias como la que cuenta Fernando Vallejo en El fuego secreto, con cantinas de las afueras de Medellín durante los años sesenta, en las que había hombres que se vestían de mujeres para bailar y cantar.

     

    El camerino, que está ubicado en el segundo piso, y se encuentra cuando se abandonan las luces rosadas que te cobijan en el primer piso, tiene un espejo grandísimo que va de pared a pared y es perfecto para que, cuando hay varias personas arreglándose, todas se puedan ver. Debajo de este hay un tocador lleno de artículos para maquillarse que parecen componer una multitud de brochas, sombras, polvos, iluminadores y delineadores. Stiven se sienta en una de las sillas que está al lado del tocador y comienza a hablar sobre su nacimiento como drag queen mientras su amigo Andrés o Sylvanna le echa una crema hidratante para empezar su transformación..

     

    La primera vez que Stiven vio una drag fue hace aproximadamente ocho años, cuando estaba pasando los canales de la televisión y vio un lipsync de Shangela contra Sahara y quedó ‘’matado’’. Y aunque no siempre fue fanático del célebre programa de televisión RuPaul’s Drag Race, con el tiempo le fue cogiendo cariño a lo que veía, cariño que se consolidó cuando conoció a un amigo que hacía drag y lo que le dio fuerzas para comenzar a hacerlo él. En este grupo, como en cualquier pequeña población, es importante la unión para poder reclamar un lugar en una sociedad que tiende a apartarlos, así mismo, afirma que sin ayuda quizás seguiría ocurriendo lo que le pasó la primera vez que se trepó — como se le llama al acto de ponerse unos tacones, vestirse, maquillarse y actuar como drag— el 4 de agosto de 2018, ocasión en la que quedó ‘’muy fea, muy macabra’’, porque no tenía a nadie que le enseñara a hacerlo.

     

    Esta unión permite que se hagan más que shows y que se trabaje para algo más que los números mostrados, como es el caso del primer colectivo al que perteneció Mía, New Queers on the Block, en el que hizo activismo por un tiempo, hasta que se salió por sentir que ya ese no era su lugar. Pero esto no significa que rechace los grupos, actualmente pertenece a La casa de los cielos, un conjunto de amigos que, en sus palabras: ‘’hacemos drag y nos lo tomamos por diversión, no por trabajo ni nada. Cuando queremos nos montamos y hacemos eventos y entre nosotros nos apoyamos’’.

     

    La cara, después de capas de crema hidratante, base de maquillaje, polvos y sombras que además de hacer resaltar los ojos dibujan unas cejas en la mitad de la frente, empieza a combinar con su voz tímida con la que hace énfasis en sus palabras cuando dice un “pues”, pero que no cambia de tono cuando dice que estudia Licenciatura en Lenguas Extranjeras en la ‘’Amigay’’, refiriéndose al nombre de su universidad, o cuando suelta risas al explicar que siempre quiso llamarse Mía pero que el apellido surgió una vez que estaba con un amigo y este le dijo que su apellido tenía que ser algo con el cielo, así que tomó a la luna de ese día como la manera en la que la identificarían de allí en adelante.

     

    La conversación en el camerino, entre la búsqueda de un labial o peinar la peluca rubia para la función, se va haciendo más y más precisa porque el reloj ya indica que se hace tarde para salir caracterizada como una versión de la cantante Lana del Rey, con un traje verde que tiene una onda de los años sesenta, década que parece complementarse con las canciones, cabello, pestañas y rostro melancólico de la cantante. Al tener la peluca pegada correctamente, el maquillaje impecable, los tacones bien puestos y el vestuario debidamente acomodado, Stiven deja de ser ese chico de labios pronunciados, sonrisa amplia y cejas pobladas para volver a meterse en el cuerpo de Mía, una drag queen que, mientras se mira al espejo para asegurarse de que todo está perfecto, deslumbra en medio de trajes, sombreros, fotos y gafas del camerino.

     

     

    << Stiven Ortiz lleva poco más de un año en el mundo drag y hoy también responde al nombre de Mía. Foto: Julián Sierra

     

    Al bajar nos sentamos en una de las mesas del bar, ubicada en el balcón que brinda una posición estratégica para ver la tarima en la que se realizan los shows. El pop nos comienza a hacer compañía y cada vez entra más gente que se ubica en la pista de baile para estar más a gusto cuando suene Póker Face de Lady Gaga y así poder hacer los movimientos de mano que van con ella. Y cuando ya todos están ansiosos, llega la hora. A la una y media de la madrugada Mía no se hace esperar más.

     

    El ambiente se impregna del sonido de la canción National Anthem con una base de música electrónica, mientras los tacones de punta de ella tocan firmemente el suelo de las escalas que baja, y los gritos de la gente diciendo su nombre se combinan con su expresión corporal que muestra la elegancia que ella dice que siempre desea alcanzar y su cuerpo mismo empieza a ser parte de la alta costura que tanto le gusta.

     

    Mía, tiene referentes claros como Ms. Fame y Aquaria, reconocidas drag queens que participaron en RuPaul’s Drag Race, sin embargo está consciente de que estas son diferentes a Mía, por lo que, más que querer imitar el estilo de otra artista, se inspira a través de las prendas de vestir, el maquillaje o la peluca, elementos que crean el personaje que ella quiere ser dependiendo del concepto que desea mostrar en cada show.

     

    Una semana y media es el tiempo que se toma Mía para ensayar cada uno de sus shows. Foto: Julián Sierra >>

     

     

    Al verla en su hábitat natural y bajo la aceptación de la gente, es más fácil comprender por qué Stiven horas atrás hablaba de un boom del Drag en Medellín, que, según dijo pasará y pondrá a prueba esta práctica cuando “ya no haya muchos lugares donde te contraten”. Al respecto, Mía dice que es muy llevada de su parecer y que si para ella fuera una moda, ya se hubiera retirado. Su respiración agitada, su boca abierta pidiendo oxígeno y sus ojos que brillan al final de la canción confirman que sí, que ella está para quedarse.

     

    Paso a paso, la transformación de Stiven en Mía:

    Fotos de Julián Sierra Gutiérrez

     

    LEA TAMBIÉN:

    ¿La cultura Drag se está convirtiendo en una industria?

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • De viva voz. Una revista sonora de Medellín

    Sonidos de diferentes historias marcan un recorrido lleno de matices y contrastes. Música, personas y lugares son los protagonistas. Esta revista sonora incluye una historia de El Guanábano, un bar situado en el Parque del Periodista, en el centro de la ciudad. También conocerás a un taxista que debe seguir trabajando pese a su edad y a la pandemia. Además de tres entrevistas, una de ellas con Manuela Estevez, presentadora de Telemedellín, que habla de su recorrido profesional y cómo ha afrontado su enfermedad; la segunda es con Paola Castro, emprendedora, estudiante y modelo. Una tercera entrevista se refiere al género coreano K-pop y sus fans en Medellín. También está la historia del Ritmo Exótico, un ritmo reciente que nació en el pacífico colombiano y una mirada al Twerk y las distintas opiniones que suscita.

     

    Click en la imagen para reproducir la lista:

     

     

    Vidas, lugares, historias De viva voz, un recorrido sonoro por Medellín:

     

    -El Taxista (María Durango y Samara García S.)

    -El Ritmo Exótico (Valentina Giraldo, Susana Vélez, Juliana Ríos, Salomé Habib)

    -Y si hago TWERK, ¿qué? (Camila Rúa, Valentina Yepes, Camila Perez, María Alejandra Espitia)

    -Entrevista a Paola Castro (M Alejandra Espitia, Camila Pérez)

    -Voces del K-pop) (Cristian Lora Y Ana Salgado)

    -Manuela Estévez en sus palabras (Susana Velez, Juliana Ríos).

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    Trabajos realizados en el curso Radio II, bajo la orientación de los profesores Henry Estrada y Diego Escobar.

     

     

  • ¿Defendiendo una causa perdida?

    Para cualquier joven, si es lo suficientemente privilegiado, escoger una carrera universitaria es una gran decisión. Y como si aquella no fuera lo suficientemente intimidante, nunca faltan la críticas desatadas por parte de su círculo social y familiar. Lamentablemente, las críticas se escuchan con mayor frecuencia al decidir estudiar una carrera del ámbito de las humanidades, en especial si se quiere estudiar Periodismo o Comunicación Social, en Colombia.

     

    ¿Será que esos cuestionamientos por la elección de esta profesión, están bien fundamentados? Para responder lo anterior, solo basta con analizar el tacto y responsabilidad con el que actúan las actuales figuras que representan tan temidas profesiones, tomando como ejemplo el rol que desempeñó este mes una reconocida periodista colombiana a la hora de asumir una actitud poco profesional en medio de una entrevista de carácter público. Acciones como la anterior, fijan un ejemplo de lo que no es en realidad el periodismo pero, es lamentable, sí fijan una idea errónea ante la sociedad espectadora.

     

    Por razones como las mencionadas, menos adolescentes somos incentivados a estudiar estas carreras, debido a que se cree que en este campo de acción solo se esperan pocas oportunidades de empleo y mucho riesgo laboral, teniendo en cuenta la clase de censura que se maneja en el país y la poca fe que se tiene en sus figuras actuales. Sin embargo, y de manera sorprendente, somos más los que decidimos embarcarnos en una aventura tan poco predecible, ya que por algo somos una generación creyente en el poder del cambio.

     

    Nosotros, las nuevas generaciones, estamos dispuestos a dar el salto al vacío, para poder trabajar en favor de devolverle a la comunicación y el periodismo esos valores que le otorgaban tanto prestigio como lo son la empatía, el tacto y el reconocimiento del otro; añadiéndole nuevos valores que actúan en favor de eliminar la censura, el elitismo y la falta de respeto y crítica. Sí, todavía falta mucho camino incierto por recorrer, pero somos más los inspirados en defender lo que es visto como una “causa perdida”, porque creemos en su verdadero valor, el que sin duda va más allá de lo visto en la pantalla.

     

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    Columna realizada en el curso Introducción a la Comunicación, bajo la orientación del profesor Luis Fernando Gómez Velásquez. Publicada en el periódico El Colombiano.

     

     

     

     

     

  • Nuevas formas de negocio

    La evolución de las nuevas tecnologías nos ha brindado una herramienta multifuncional a la cual es preciso darle un buen uso. Las redes sociales nos dan la oportunidad de compartir nuestras vidas, pero algo que ha tomado gran importancia en la actualidad son los emprendimientos y negocios que han tenido la fortuna de potenciarse gracias a las redes sociales.

    Anteriormente una marca buscaba hacerle publicidad a su negocio en el periódico, colgaba carteles en las calles, o utilizaba la recomendación de sus conocidos, pero ahora cualquiera que tenga una idea de negocio, y su celular a la mano, tiene la posibilidad de llevar a cabo su almacén virtual.

     

    El 84% de los consumidores en línea utilizan las redes sociales para alimentar su vista y buscar un producto que pueda satisfacer sus necesidades o sus gustos a la hora de comprar. De esta manera, muchas marcas empezaron publicando los pocos productos que tenían en ese momento, y posteriormente, viendo la gran acogida que tuvo su marca por parte del público, comenzaron a crecer en ideas y en productos para conformar la gran empresa que tienen ahora.

     

    Dos elementos primordiales en este tema de los negocios a través de las redes sociales son la disciplina y la constancia al momento de iniciar. Para lograr la estructuración de un negocio sólido, es importante estar en la búsqueda continua de progreso para alcanzar la meta propuesta.

     

    Tener un almacén virtual facilita el contacto con los consumidores y crea un vínculo con los mismos dándoles lugar a sus sugerencias para mejorar la empresa.

     

    Si bien todos queremos trabajar para nosotros mismos y no para alguien más, su idea puede ser una gran oportunidad para emprender el negocio y construir una marca propia o empresa, si usted tiene en mente una idea que pueda resultar fructífera, atrévase a emprenderla por medio de su celular y la red social que usted considere que pueda facilitarle la realización de la misma, para comenzar con el proyecto que tal vez pueda cambiarle la vida.

     

    No espere más para iniciar con ese proyecto que tanto ha idealizado, ¿por qué no ahora?.

     

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    Trabajo realizado en el curso Introducción a la comunicación, orientado por el profesor Luis Fernando Gómez Velásquez. Publicado en El Colombiano.

     

     

     

     

     

     

  • Acercamiento al haiku

     

    El siguiente es un ejercicio colectivo de exploración y acercamiento al estilo de escritura del haiku, un género poético japonés en el que se busca con precisión en la captura de una imagen.

     

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    Tropieza la pala

    con una lombriz.

    Ahora son dos.

     

     

    Se arrastra un lucero,

    el cucuyo tiene

    un ala rota.

     

    Juan Esteban Gil Castaño

     

     

     

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    Cada día

    el cielo a lo lejos:

    el encierro.

     

    Agua fresca

    por mi rostro:

    caen los pensamientos.

     

    Alejandra Márquez Quintero

     

    Imagen: freepik.es – angelinabambina.

     

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    Luna llena.

    Un perro ladra,

    su dueño también la mira.

     

    Tarde de marzo.

    El mango del patio

    baila con el viento.

     

    Suena un acordeón.

    El ron se acaba;

    es la historia de mi abuelo.

     

    Héctor Andrés Mendoza Lara

     

     

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    Las manos tiemblan,

    el hilo entra

    por el ojal.

     

    Muere la fogata.

    Se eleva el humo

    hasta el cielo.

     

    Natalia González Franco

     

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    La flor cae del guayacán:

    un sol que se apaga

    en una galaxia lejana

     

    Una lágrima se escapa.

    El río de los recuerdos

    es invisible.

     

    Miguel Arango Rúa

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    En el borde de mi ventana

    caen gotas del cielo.

    Son más libres que yo.

     

    Valeria Echeverri Pérez

     

     

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    El sol pega en mi cara,

    ya no me molesta.

    Extraño vivir.

     

    Sebastián López Ortiz

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    El ocaso llegó

    buscando tu compañía.

    No te encontré.

     

    Hundí mi amor

    lo sumergí en odio…

    Echó tinieblas.

     

    Raúl Andrés Sosa Gómez

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    La tarde oscurece.

    Las aves se guardan;

    los grillos cantan.

     

    Los besos no lo entienden,

    los abrazos se entristecen

    El virus espera.

     

    Melisa Gómez Vanegas

     

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    Ejercicio realizado en el curso Periodismo y Literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

  • Historias sin límites – Visor, revista audiovisual-

    No hay límites para contar historias. Este es un recorrido audiovisual por varias temáticas como la explotación sexual, la depresión, la condición de mujer y la importancia del cuidado con el autoexamen.

     

    Tres perfiles también se incluyen en esta selección: Patricia Vélez, artista y publicista; Maria Antonia Flores, modelo; y Misael Belt, fotógrafo de moda. Esta pluralidad de asuntos tiene un elemento común: todos fueron contados antes del aislamiento.

     

    Con el confinamiento cambia la propuesta audiovisual, la forma, pero se mantiene la intención narrativa y expresiva, permanece la posibilidad de abordar los temas profundos como la amistad, soledad, monotonía, el cuidado y la autoestima. Un contexto adverso no ha sido impedimento para contar buenas historias.

     

    Haga click en la imagen para ver la lista de videos:

     

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    Realizaciones de: Tatiana Martínez, David Mesa, Camila Restrepo, Lorena Villa, Natalia Gonzáles, Susana Patiño, Emilia Peláez, Juanita Robledo, Manuela Suárez, Alejandro Estrada, Manuela Betancur, Sebastián Martínez, Karol Pastrana, Manuela Sossa, Andrés Buitrago, Valentina García, Maria Antonia Villa, Isabela Flórez, Jaime Hernández, Paulina López, Sofía Vanegas, Johanna Osorio, Isabel Cristina Trujillo, Maria Camila Aguirre, María Alejandra Álvarez, Andrea Patiño, Daniela Castro, Mariana Arcila, Mariana González, Valentina Penagos y Valentina Yepes.

     

    Trabajos producidos en el curso Imagen IV, orientado por el profesor Luis Jorge Orcasitas.

     

     

     

     

     

  • Aumenta el suicidio de los jóvenes en Medellín

    El suicidio en personas jóvenes es un fenómeno que aumenta significativamente en Medellín desde 2014 y la tendencia se mantiene. Más allá del llamado que hacen las cifras, este trabajo ilustra cómo cada caso no se trata solo de las vicisitudes de alguien en particular. Detrás se encuentran, además, las familias y la sociedad que rodea a cada persona.

     

    Click en la imagen para navegar el especial multimedia:

     

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo V, bajo la orientación del profesor Gabriel Jaime Lotero.

     

     

     

  • La libertad se abraza sobre ruedas

     

     

    A Witotto le tomó una corazonada y un impulso tirarse de la esquina del bowl. Solo podía confiar en sus habilidades y en que su tabla, la que lo acompaña en el último año, no fallara en ese momento en que las miradas inquietas de los espectadores seguían cada movimiento. De su frente chorreaba sudor hasta su nuca, hacía que su pelo se adhiriera a esta y el viento le ondeaba la ancha camiseta que usaba. Para él, esto significa “abrazar la libertad”. Así empieza su jornada en el Parque de Ruedas de la 4 Sur.

     

    Cuando se hacen las cuatro de la tarde, este adolescente de 17 años, con rostro de quien la infancia no lo abandona, recoge su chaza surtida con golosinas y cigarrillos para venderlos en todo el complejo deportivo de mil 800 metros cuadrados para la recreación y práctica de skate, BMX y roller.

     

    Fue desde los 12 años que Witotto conoció la vida sobre ruedas, después de salir de la Fundación Hogares Claret, la misma que lo ayudó a enfrentar la soledad de las noches en la calle. Hoy afirma con sinceridad que el skate le “salvó la vida”. Pues luego de estar internado 11 meses en esa fundación, terminó viviendo a su suerte en skateparks durante tres años y el de la 4 Sur se convirtió en su hogar principal.

     

    En este parque encontró la manera de vivir, en una carpa guardaba su ropa, juguetes y su tabla. El gran techo de concreto de 560 metros de longitud fue su gran refugio de la lluvia o los incandescentes rayos de sol fue, el puente Gilberto Echeverri Mejía que conecta a Guayabal con el Poblado.

     

    La relación de los skaters, adolescentes que practican este deporte urbano, se ha configurado en su totalidad como una tribu urbana. Esto es el resultado de la lucha que han emprendido para abrirse espacio frente a los deportes tradicionales. “Algunos jóvenes toman la decisión de practicar el skate como estilo de vida y otros como evasión de su entorno familiar y social. Entonces, el acto heroico de la tabla, de la pirueta y su celebración es una forma de sublimar ese sentimiento que tienen hacia la sociedad”, explicó Gregorio Enrique Gómez, antropólogo y escritor.

     

    Con la chaza al frente y el entusiasmo recargado, el chacero sigue su recorrido, pero una voz blanca lo detiene: “Witotto, detálleme unas papas”, el pedido sale de un niño de 12 años apodado Pepito, que frecuenta el lugar con su hermano, mayor por un año. Cada uno tenía su respectiva tabla y en los bolsillos nada más que el ánimo de alejarse de San Javier, el barrio que los ha tratado como “gamines”. Por eso, es que desde los ocho años para este niño el skate se convirtió en “la oportunidad de olvidar las “Convivir” y los que manejan el barrio”.

     

    El dueño de la chaza le da a escoger entre sus comestibles, conmovido por la mirada cándida que Pepito y porque conoce muy bien la situación de su amigo. El niño, que hasta ahora había logrado evadir el hambre, escoge una Nucita y no le importa que sus manos estén sucias; al contrario, se relame hasta los nudillos recién tatuados de su mano derecha.

     

    Witotto, quien se había ido por unos instantes, regresa con una sonrisa y en la pretina de su pantalón tres bolsas de cierre hermético, cada una con por lo menos cinco baretos. Se trataba de un pedido que un par de hombres extranjeros le habían hecho al muchacho que conoce bastante bien el parque y sus plazas de vicio.

     

    Por ese favor recibió uno de los cigarrillos de marihuana y un par de pesos como recompensa. Los “conspiros” son otra manera de sobrevivir y llevar dinero a su casa en Campo Amor, donde vive con su madre que también es vendedora informal.

     

    Raspando lo último que queda de su chocolate y para no desperdiciar ni un poco del dulce, como si se tratara de pintar un dibujo, Pepito decide embadurnar la superficie del bareto que su amigo le acaba de pasar porque “así va a coger sabor el plon”. Da una, dos, tres caladas y luego expulsa una bocanada de humo que estuvo conteniendo. El sonido de su tos seca lo lleva al recuerdo del día en que, a los ocho años, probó la marihuana por primera vez.

     

    Al cabo de un rato se pone en pie y toma su tabla para deslizarse por todas las rampas. Su flacucho cuerpo sale disparado en cada una de las pendientes y en su rostro se instala una sonrisa cuando consigue hacer un truco, uno de esos que parecen que van a terminar en una caída estrepitosa. Sin embargo, logra mantener sus pies firmes junto con la estabilidad y sigue rodando hasta llegar a un grupo de adolescentes envueltos en una nube de humo. Se queda allí.

     

    Pepito conoció el skate de la mano de la marihuana. Los skateparks se convirtieron en su lugar favorito y el miedo a vivir en la calle se evaporó con el humo de cada bareto. Cuando su madre se enteró del consumo de esta droga, le dijo que “no quería tener gamines en la casa y que se fuera”, así recuerda las dos semanas que vivió en el Skatepark Estadio, cuando tenía 10 años.

     

    Mientras tanto, Chinga, el hermano de Pepito, llega en una bicicleta y tuerce la boca, en gesto de desagrado, cuando percibe el olor a marihuana. La probó por primera vez junto con Pepito, pero la sensación de que la vida se le iba y el no poder controlar su cuerpo lo llevaron a decidir que solo lo haría ocasionalmente o en las noches, cuando los pensamientos le robaran el sueño. Por eso, aunque siempre está pendiente de su hermano, prefiere no mantenerse con él. Ese ambiente no es lo que le gusta.

     

    Con la frente chorreando sudor, esta vez por haber recorrido todo el parque, y con la chaza vacía poco más de la mitad, Witotto se sienta en un muro mientras queda embelesado por los movimientos en el bowl. Esta vez él es el espectador y no quiere perderse ni un traspié.

     

    Con la mirada desbordada por la ilusión, comenta que su sueño es poder graduarse del colegio para ser profesor de skate. Pero ese sueño se ve frustrado porque hace tiempo, tras una seguidilla de infortunios, sus papeles escolares se perdieron. Aun así, su mamá lo apoya y lo anima para que no desista del sueño que lo salvó y mantuvo con vida.

     

    La noche cae sobre sus hombros y los días le traen la mayoría de edad, Witotto no puede esperar para cumplir su sueño. “No soy el mejor con la tabla, pero tengo algo para dar y toda la humildad para hacerlo”, dice mientras saca una chupeta de su chaza y mira, sin espabilar, los muchachos que siguen sobre las ruedas.

     

    En un espacio pensado para el deporte confluyen también numerosas historias de vida. La imagen corresponde al evento Barbeque Contest en 2018. Foto: Telemedellín

     

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    Trabajo realizado para el curso Periodismo IV, orientado por el profesor Juan Carlos Ceballos Sepúlveda.

     

     

     

  • Decisiones

    En la actualidad a un gran número de jóvenes les emociona la idea de alcanzar la mayoría de edad. En Colombia, según la ley de 1977 en su artículo 1, se establece que para todos los efectos legales una persona es considerada mayor de edad a los 18 años y es cuando se supone que ella a lo largo de su formación adquirió una mayor madurez intelectual y física. Es por eso que aumenta la cantidad de responsabilidades que debe asumir como persona y en sociedad, centrándonos más en el sufragio, mediante el cual la persona tiene la posibilidad de acceder libremente al voto en su país y así adquiere un papel más importante en la sociedad.

     

    Según el Dane (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), el porcentaje de la población entre los 18 y 26 años es de un 16 %, aunque al momento de elegir solo 4 de 10 colombianos ubicados en ese rango de edad decide ejercer su derecho al voto. De allí la pregunta: ¿cuántas personas de ese 16 % están dispuestas al cambio al momento de votar? Muchos jóvenes en su mayoría tienen una forma de actuar y pensar muy madura: al momento de elegir se enfocan más en las propuestas de educación, oferta laboral o en las que les favorecen y que pueden ser factibles en su proceso de elaboración. Impresiona lo paradójico que es el hecho de que en la actualidad los jóvenes tienen la posibilidad de informarse y hacerse escuchar como antes no se podía, y que gran parte de esta juventud no decida tomar conscientemente las riendas de su destino y determinar quién trazará su futuro. En algunos casos es porque los jóvenes no confían en las instituciones democráticas o incluso tienen la percepción de que a los gobernantes no les interesan sus opiniones.

     

    No se puede eludir esta problemática. Los jóvenes, desde su primera participación en una elección política, deben tener sus pensamientos claros al depositar la confianza en una persona, aunque gran parte tenga dudas al momento de votar y es por cómo las decisiones políticas afectan a la sociedad y eso interfiera en sus decisiones. Pero esto debe acabar por medio de un cambio colectivo en el cual el futuro de cada colombiano no dependa solo de una persona. Los jóvenes no deben esperar a su mayoría de edad para estar dispuestos al cambio. ¿Por qué esperar para empezar a crear nuestro futuro?.

     

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  • Diario de una cuarentena

    Una serie de relatos cortos sobre preguntas, dilemas y sensaciones de juventud. Transformaciones y reflexiones que suscita el encierro.

     

     

     

    «Escribir es defender la soledad en que se está; es una acción que sólo brota desde un aislamiento efectivo, pero desde un aislamiento comunicable, en que, precisamente, por la lejanía de toda cosa concreta se hace posible un descubrimiento de relaciones entre ellas ». MARÍA ZAMBRANO.


     

     

    Me preocupa no poder caminar en la calle mientras escucho música. Me preocupa perderme los estrenos cinematográficos. Me preocupa no estar en mi clase favorita. Me preocupan los niños que no pueden salir a jugar. Me preocupa no poder con la universidad virtual. Me preocupa que la ansiedad se apodere de mí nuevamente. Me preocupa la pesadez de los días en casa. Me preocupa tener que hablar todos los días con mis padres. Me preocupa estar sola con mis pensamientos. Me preocupa la incapacidad de escribir. Me preocupan las mujeres encerradas con sus agresores. Me preocupa el color rojo en las fachadas de las casas de mi barrio y de mi país. Me preocupan los políticos que no se preocupan por su gente. Me preocupa que los besos y abrazos sean peligrosos. Me preocupa olvidarme de la forma de sus labios. Me preocupa que ya no te preocupes por mí. Me preocupa la posibilidad de morir, pero me preocupa más vivir. Me preocupa que todo me deje de preocupar.


     

    Me da miedo despertar y tener que adivinar cuál será el ánimo que gobernará mis labios, mi ropa, mis respuestas, mi apetito. Por más optimista que soy, nunca acierto, el azar se mofa de mí con cada desdicha del desatino que es este mal vivir.

     

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    Amanece y no quiero convivir conmigo en las mañanas agónicas de otro día más y obligarme a dejar la cama para enfrentarme a la virtualidad que impuso en mi vida una rutina que me sumergió en un bucle de agotamiento y desesperanza. Atardece y tampoco quiero soportar las tardes de perpetua nostalgia en las que recuerdo cuando vos y yo escuchábamos la música que tanto te gustaba y ahora la escucho en las noches hasta quedarme dormida, en la amargura de mi habitación, porque solo así te siento más cerca.

     

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    Te dediqué ese hermoso fragmento del cuento de Elena Poniatowska que leí como una tiranía de la academia, pero que releí con ahínco porque contenía todo lo que quise decirte, sin saberlo, la primera vez que te vi: Quisiera tener la certeza de que te voy a ver mañana y pasado mañana, y que siempre, en una cadena ininterrumpida de días, podré mirarte, lentamente, aunque ya me sé cada rinconcito de tu rostro; que nada entre nosotros ha sido provisional o un accidente. No dijiste más que lo suficiente. Tampoco esperaba una respuesta. La respuesta la obtuve en el mismo cuento: “A veces quisiera ser más vieja porque la juventud lleva en sí, la imperiosa, la implacable necesidad de relacionarlo todo con el amor”.

     

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    Vivo en las carcajadas de mis amigas cuando no podíamos parar de reír. Vivo en los nervios que me crispaban los manos cuando tocaba a tu puerta. Vivo en la desesperación que me causaba el embotellamiento de la ciudad y los semáforos inacabables. Vivo en la mirada acusadora de mi madre cuando llegaba a casa dando tumbos por el alcohol. Vivo en la reportería que me hacía sentir que tenía una doble vida. Vivo en el sexo de media noche y los abrazos de buenos días. Vivo en las lágrimas consoladas por mi mejor amiga y las tardes de caminatas. En fin, vivo en pasado.

     

     

    Sublimación

     

    La primera calada es, a mi modo de ver, un indulto para el cuerpo; por eso es la que más me gusta. No sé exactamente cuánto tiempo pasó desde el último cigarrillo hasta hoy, que obtuve la calada, pero no el indulto que suele liberarme del estrés.

     

    No recuerdo bien la hora, pero recuerdo la lluvia que se esforzaba por apagar el cigarrillo y el frío lo combatía con una calada tras otra. Mientras el fuego consumía el tabaco, pensé que son esos pequeños placeres no permitidos por los que el encierro se hace más estridente. También pensé que, ese en específico, debo hacerlo cobijada por la penumbra de la madrugada; porque lo que para mí es un placer, para mi madre es un vicio que esclaviza.

     

     

    Alambique

     

    Hoy me siento llena de recuerdos, son tantos, tontos y tan vastos que no me caben y me duelen en el cuerpo. Hallaron la manera de brotar en sal marina y escaparon de mi garganta en quejidos lastimeros que despertaron compasión en las miradas furtivas de mi madre. No los odio, por el contrario, me aferro a ellos porque son lo único que me queda de vos y es allí donde quiero hallarte: en las memorias de los días felices de la absurda tranquilidad que me ofreció tu muda voz y la bondad de tu sencillez. Pero son tantos, tontos y tan vastos los recuerdos que no sé dónde ponerlos para que no duelan más.

     

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    “No estoy para esto”, me dijiste… Yo ya no puedo seguir escribiendo.

     

    Diario de una cuarentena, es una creación elaborada en el curso Periodismo y literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez.