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  • De universidad a parque

    A lo largo de los últimos años la inclusión se ha vuelto un aspecto que toma cada vez más fuerza dentro de la sociedad. La capacidad de aceptar al otro tal y como es, sin discriminarlo, permite abrir la visión de la ciudadanía para la mejor construcción de una sana convivencia y así mismo enlazar todo este relacionamiento público, pero la pregunta es: ¿cómo es posible unificar los eslabones sociales? Buscando una respuesta no estaría mal pensar en los espacios públicos, que por su misma naturaleza son lugares donde cualquier persona está habilitada para socializar allí.

     

    Hace unos días, el gobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria, lanzó una sorpresiva e inesperada propuesta de retirar las mallas que rodean las universidades públicas de Medellín (Universidad de Antioquia y Universidad Nacional), propuesta que el alcalde de Medellín, Daniel Quintero Calle, apoyó y que además extendió a otros espacios representativos de la ciudad como el Jardín Botánico y el Parque Norte. Sin embargo, es una propuesta compleja y difícil de llevar a cabo. Sin desmeritar el hecho de que puede ser una forma de avance a nivel social, es un tanto precipitada, ya que a Medellín, y en general a Colombia, les falta mucha conciencia ciudadana para adoptar estas alternativas de primer mundo. Cabe mencionar que esto podría traer consecuencias negativas para estos espacios educativos: el fácil acceso de cualquier persona perjudica el ambiente académico y lo convierte en un escenario propenso a la inseguridad en forma de irrupciones, invasiones y atentados que son provenientes de los mismos alrededores de estas universidades públicas. Esta insólita propuesta les arrebata la autonomía a estas alma mater porque al haber una invasión no se va a respetar la dignidad de un lugar enfocado al aprendizaje de los futuros profesionales del país ni la integridad de cada estudiante que hace parte de esa comunidad educativa, ya que va a sentir su seguridad en riesgo en un espacio que debe suponer una atmósfera educativa.

     

    El gobierno de la ciudad ha invertido lo suficiente (o más) para crear espacios de articulación social y aun así no toda la población lo ha recibido de buena manera o ni siquiera se hace responsable, dándole así un mal cuidado. Así que si quieren dejar sin seguro las instalaciones académicas, el hogar de los estudiantes con el fin de atraer público, asimismo es bienvenida la propuesta de que nuestros mandatarios dejen las puertas de sus oficinas abiertas si quieren hacerse tan cercanos a la sociedad.

     

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    Trabajo realizado en el curso Introducción a la Comunicación, bajo la orientación del profesor Luis Fernando Gómez Velásquez. Publicado en El Colombiano.

     

     

  • De viva voz. Una revista sonora de Medellín

    Sonidos de diferentes historias marcan un recorrido lleno de matices y contrastes. Música, personas y lugares son los protagonistas. Esta revista sonora incluye una historia de El Guanábano, un bar situado en el Parque del Periodista, en el centro de la ciudad. También conocerás a un taxista que debe seguir trabajando pese a su edad y a la pandemia. Además de tres entrevistas, una de ellas con Manuela Estevez, presentadora de Telemedellín, que habla de su recorrido profesional y cómo ha afrontado su enfermedad; la segunda es con Paola Castro, emprendedora, estudiante y modelo. Una tercera entrevista se refiere al género coreano K-pop y sus fans en Medellín. También está la historia del Ritmo Exótico, un ritmo reciente que nació en el pacífico colombiano y una mirada al Twerk y las distintas opiniones que suscita.

     

    Click en la imagen para reproducir la lista:

     

     

    Vidas, lugares, historias De viva voz, un recorrido sonoro por Medellín:

     

    -El Taxista (María Durango y Samara García S.)

    -El Ritmo Exótico (Valentina Giraldo, Susana Vélez, Juliana Ríos, Salomé Habib)

    -Y si hago TWERK, ¿qué? (Camila Rúa, Valentina Yepes, Camila Perez, María Alejandra Espitia)

    -Entrevista a Paola Castro (M Alejandra Espitia, Camila Pérez)

    -Voces del K-pop) (Cristian Lora Y Ana Salgado)

    -Manuela Estévez en sus palabras (Susana Velez, Juliana Ríos).

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    Trabajos realizados en el curso Radio II, bajo la orientación de los profesores Henry Estrada y Diego Escobar.

     

     

  • ¿Defendiendo una causa perdida?

    Para cualquier joven, si es lo suficientemente privilegiado, escoger una carrera universitaria es una gran decisión. Y como si aquella no fuera lo suficientemente intimidante, nunca faltan la críticas desatadas por parte de su círculo social y familiar. Lamentablemente, las críticas se escuchan con mayor frecuencia al decidir estudiar una carrera del ámbito de las humanidades, en especial si se quiere estudiar Periodismo o Comunicación Social, en Colombia.

     

    ¿Será que esos cuestionamientos por la elección de esta profesión, están bien fundamentados? Para responder lo anterior, solo basta con analizar el tacto y responsabilidad con el que actúan las actuales figuras que representan tan temidas profesiones, tomando como ejemplo el rol que desempeñó este mes una reconocida periodista colombiana a la hora de asumir una actitud poco profesional en medio de una entrevista de carácter público. Acciones como la anterior, fijan un ejemplo de lo que no es en realidad el periodismo pero, es lamentable, sí fijan una idea errónea ante la sociedad espectadora.

     

    Por razones como las mencionadas, menos adolescentes somos incentivados a estudiar estas carreras, debido a que se cree que en este campo de acción solo se esperan pocas oportunidades de empleo y mucho riesgo laboral, teniendo en cuenta la clase de censura que se maneja en el país y la poca fe que se tiene en sus figuras actuales. Sin embargo, y de manera sorprendente, somos más los que decidimos embarcarnos en una aventura tan poco predecible, ya que por algo somos una generación creyente en el poder del cambio.

     

    Nosotros, las nuevas generaciones, estamos dispuestos a dar el salto al vacío, para poder trabajar en favor de devolverle a la comunicación y el periodismo esos valores que le otorgaban tanto prestigio como lo son la empatía, el tacto y el reconocimiento del otro; añadiéndole nuevos valores que actúan en favor de eliminar la censura, el elitismo y la falta de respeto y crítica. Sí, todavía falta mucho camino incierto por recorrer, pero somos más los inspirados en defender lo que es visto como una “causa perdida”, porque creemos en su verdadero valor, el que sin duda va más allá de lo visto en la pantalla.

     

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    Columna realizada en el curso Introducción a la Comunicación, bajo la orientación del profesor Luis Fernando Gómez Velásquez. Publicada en el periódico El Colombiano.

     

     

     

     

     

  • Los caminos de la coca

     

    Cientos de familias en Medellín guardan en silencio las heridas que les dejó el narcotráfico años atrás. Sus vidas cambiaron para siempre por el dinero sucio, la adicción, la cárcel y la muerte. Tiempos y circunstancias vigentes hasta hoy, desde cuando la vida y la familia se canjeaban por un instante de euforia o paz.

     

     

    En el hogar de los doce hermanos Montoya Sánchez, cerca del Parque de Envigado, en el Barrio Obrero, tres de ellos se dedicaron a la cocaína. Guillermo, Óscar y John Jairo tomaron caminos diferentes, pero relacionados con un negocio de riesgo “fríamente calculado” que “no dañaría a nadie”.

     

    Amanda Montoya Sánchez, la onceava hermana y la más pequeña de las mujeres, a sus 68 años guarda un amor profundo hacia cada uno de sus hermanos. Vive en la casa de su difunta madre con su hermano de 83 años, Guillermo, un hombre mayor con algunos problemas de salud y muy solo.

     

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    Con cuatro hijos, un cuñado alcohólico y su esposa, los gastos eran demasiados en su casa en Queens, Nueva York. Lo que Guillermo Montoya ganaba trabajando en fábricas textiles, a finales de los años 80, le permitía vivir relativamente bien. Aun así, estaba agotado al trabajar entre 12 y 16 horas diarias. Pero una llamada le cambiaría la vida.

     

    “Jorge Vargas fue un amigo que hice hace un tiempo, le di posada en el sótano de mi casa por seis meses. Luego regresó a Cali y no supe más de él hasta que lo visité con mi familia en Colombia. A principios de enero de 1991, me llamó”, mencionó con las manos apretadas y el cejo fruncido.

     

    “Me pidió un favor… Él afirmaba no conocer a nadie más en Nueva York, solo a mí. Dijo que sería algo rápido y que me pagaría 5.000 dólares. Debía recibirle 150 kilogramos de cocaína pura en mi casa y llevárselos a un cubano en Manhattan”, añadió. Guillermo aceptó con temor. No lo volvería a hacer. Se arriesgó. El día 8 de enero de 1991, en un restaurante de la Quinta Avenida, él se encontró con dos hombres grandes y bien vestidos, Roberto y Manuel. Ambos eran los transportadores de la mercancía y, posteriormente, quienes lo condenarían.

     

    Unos meses antes, un primo y aliado de los fundadores del Cartel de Cali, Gilberto y Miguel Rodríguez, fue capturado por la DEA en los EE. UU. Para negociar su libertad, aquel primo se comprometió con entregar rutas, personas, cargamentos y propiedades. Para lograrlo y no condenar al Cartel en sí, de la mano de sus primos organizó un plan. Los hermanos Rodríguez les dieron la “oportunidad” a 15 personas de enviar cargamentos de droga a tierras norteamericanas por sus rutas.

     

    Todos, desde Jorge, Guillermo y las demás personas, eran señuelos de un plan, un intercambio por la libertad del condenado.

     

    La DEA estuvo infiltrada, sin saber de los señuelos, en el plan. Ricardo y Manuel, los mensajeros, eran agentes especiales listos para atrapar a quien recibiera el cargamento más grande, que según tenían entendido, era el distribuidor principal de droga en Nueva York. Cuando Guillermo los recibió, fue capturado. Lo condenaron por narcotráfico.

     

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    Guillermo fue deportado de los Estados Unidos en 2006, después de cumplir con una condena de 12 años en una cárcel federal. Regresó a su tierra natal, Medellín, para empezar de nuevo con una hoja de vida manchada por narcotráfico y su soledad. Pocos meses tras su llegada, se separó de su mujer. Sus hijos siguen viviendo en Nueva York, ya tienen sus propias familias, y su padre es un recuerdo que visitan por medio de llamadas semanales o incluso mensuales. Sus hermanos perdonaron su ingenuidad, pero sus hijos no.

     

    Según la DEA, el 92% de la cocaína incautada en los Estados Unidos proviene de Colombia, asimismo, la página de Datos Abiertos de Colombia señala que, para abril de 2020, se encuentran aproximadamente 4087 ciudadanos colombianos que están esperando juicio o ya fueron condenados en los Estados Unidos.

     

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    “Esa universidad, como le dice Memito, le ayudó mucho a aprender de la vida, incluso de viejo”, dijo Amanda Montoya Sánchez. “A mi Osquítar también le tocó pasar por mucho. Ese hombre fue como un papá para mi hijo. Le dio muy duro cuando lo metieron preso”, añadió.

     

    Cuando Óscar Montoya finalmente se casó con el amor de su vida, Patricia Muñoz, el futuro era algo que esperaba con ansias. Recién graduado como Licenciado en Ed. Física, y a la espera de su primer hijo, la economía de su hogar no demandaba más de lo necesario. Esto cambió con la llegada de su hija Isabel.

     

    Él y su cuñado, Panelo, compartían la desesperación por una mejor situación financiera, por eso a mediados de los 90 entraron en un mundo riesgoso y prometedor. La Oficina de Envigado les había propuesto transportar cocaína a donde ellos se los ordenaran, a cambio de protección y dinero “fácil”. Estados Unidos era cúspide del mercado de drogas, pero también era donde quería asentarse con su familia y la de su cuñado. Ya vivían allí.

     

    Antes de poder sacar la residencia americana, tras un operativo de la policía local de Miami, Panelo, otros dos compañeros y Óscar fueron capturados bajo los cargos de narcotráfico. A todos los condenaron a casi diez años de prisión en Florida. La condena de todos fue reducida, menos la de Montoya, ya que era quien estaba al mando de las operaciones.

     

    Patricia y los niños regresaron a Medellín buscando ayuda de sus familiares. Amanda, en compañía de su hijo Juan Carlos de 17 años, que vio en su tío Óscar casi un padre, cuidaron de ellos por algunos años. Óscar fue deportado de los Estados Unidos en 2009.

     

    Para reorganizar su vida, junto a su mujer y sus hijos, Óscar abrió un restaurante de comida rápida en el Barrio la Paz, en Envigado. Todo parecía volver a tomar su rumbo y la familia se había unido más que nunca. Pero el dinero volvió a escasear. Óscar se sentía cada vez más impotente por no brindarle a su familia lo que “merecían”. Trató de ser fuerte y seguir trabajando los siguientes dos años.

     

    Con la excusa de que viajaría a España con el fin de buscar un trabajo mejor, Óscar Montoya, volvió al negocio de antes. Fue capturado en el aeropuerto de Madrid con un cargamento de droga. La condena fue de casi cuatro años en una prisión de aquel país.

     

    Decepcionados, su esposa y sus hijos se fueron a los Estados Unidos a empezar de cero. Con el pasar de los años, ellos crecieron y se volvieron independientes. En 2014 Óscar fue deportado de España a su tierra natal, donde solo lo esperaban sus hermanos y una madre que agonizaba. La mujer que había sido el amor de su vida, y lo es hasta el día de hoy, le pidió el divorcio y se casó tiempo después con otro hombre. Ahora Montoya tiene una nieta a la que no ha podido conocer sino en fotos porque no tiene entrada a los Estados Unidos. Trabaja como guardia y vive al lado de sus hermanos Amanda y Guillermo.

     

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    “Yo soy consciente de que ellos se equivocaron, y ellos lo saben muy bien”, aseguró Amanda. Añadió que la vida no ha sido fácil para ninguno y que han pagado por sus errores. Por eso vive con ellos.

     

    “Ellos merecen otra oportunidad de no estar solos, Óscar ya tiene casi 60 años y Guillermo 83. Nadie merece envejecer y morir solo”, reflexionó.

     

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    John Jairo Montoya Sánchez tenía un futuro prometedor en las letras y la literatura, según sus familiares. No solo por sus capacidades intelectuales, sino por su corazón noble y sensible. Como estudiante de Filosofía y Letras de la Universidad de Antioquia, en 1985, buscaba relacionarse con la mayor cantidad de intelectuales y aprender de ellos. Su vida giraba en torno a las charlas, la lectura, el cigarrillo y el café.

     

    Con el pasar del tiempo, el contexto social comenzó a volverse violento, pero sobre todo opresor del libre pensamiento y opinión. El miedo y la angustia era mayor cada día y no había café o cigarrillo que ayudara a pasar el mal trago de realidad. Sus amigos intelectuales le brindaron la cura y la inspiración eterna, patrocinados por los grandes de la Oficina de Envigado: marihuana y cocaína. En Colombia hasta el año 2019, aproximadamente el 84% de los habitantes ha probado alguna droga ilícita, mientras que el 69% de quienes han consumido cocaína son adictos a ella.

     

    A partir de aquella invitación, John Jairo se volvió dependiente de la droga, no era persona sin ella. Su familia angustiada, buscó hacerlo entender de la gravedad de la situación, era un adicto. Pero no funcionó. A finales de los años 90, la situación solo empeoraba. Su hermano Luis Carlos Montoya, quien residía en Miami, lo invitó a pasar una temporada con él, para que se alejara de las malas amistades, el ambiente de drogas y poder fortalecer su abstinencia.

     

    Poco tiempo después de haber llegado a los Estados Unidos, John Jairo logró contactarse con los proveedores de la Oficina de Envigado y comenzó a recibir su dosis de marihuana y cocaína en Miami. Para su desgracia, la policía local lo encontró un poco drogado y con más “mercancía” en sus bolsillos. Tras esto, fue privado unos meses de su libertad. Después lo deportaron a Medellín.

     

    “Cuando llegó no tenía cordones en los zapatos, la camiseta blanca estaba sucia, la camisa de encima no tenía botones. Su tez había perdido color, estaba más delgado de lo que se fue. Solo su pasaporte en mano. Así llegó John Jairo”, describió Amanda.

     

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    John Jairo regresó a Medellín después de su hermano Guillermo y antes que Óscar. Desesperado por querer salir de la drogadicción y recuperarse, se fue a una casa de reposo, en Guarne. Allí, a sus casi 50 años y aparentando más de 60, empezó a recuperarse lentamente con el pasar de los años. Su proceso iba tan bien, que los directores de la casa querían volverlo un líder y ejemplo para los demás. Pero no alcanzó.

     

    A Jhon Jairo lo mató un aneurisma, en 2013, dos años antes de que su madre falleciera. Murió solo en su alcoba en la casa de reposo. No vieron su cuerpo hasta la mañana siguiente. No tuvo la oportunidad de reivindicarse por completo con su familia. Sin hijos, novias o amores pasados y sin posesiones.

     

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    La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha implementado programas de apoyo a los países con los índices más altos de drogadicción, esperando que en algún punto estos se reduzcan. Asimismo, el Secretario General de las Naciones Unidas (ONU), el portugués Antonio Gutiérrez, en 2018 afirmó que aproximadamente 450.000 personas en el mundo mueren por sobredosis u otros efectos de la drogadicción.

     

    “La droga no los condenó solo a ellos (refiriéndose a sus hermanos). Nos condenó, de alguna forma, a todos”, concluyó Amanda.

     

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo IV, orientado por la profesora Adriana López Vela.

     

     

     

     

  • Nuevas formas de negocio

    La evolución de las nuevas tecnologías nos ha brindado una herramienta multifuncional a la cual es preciso darle un buen uso. Las redes sociales nos dan la oportunidad de compartir nuestras vidas, pero algo que ha tomado gran importancia en la actualidad son los emprendimientos y negocios que han tenido la fortuna de potenciarse gracias a las redes sociales.

    Anteriormente una marca buscaba hacerle publicidad a su negocio en el periódico, colgaba carteles en las calles, o utilizaba la recomendación de sus conocidos, pero ahora cualquiera que tenga una idea de negocio, y su celular a la mano, tiene la posibilidad de llevar a cabo su almacén virtual.

     

    El 84% de los consumidores en línea utilizan las redes sociales para alimentar su vista y buscar un producto que pueda satisfacer sus necesidades o sus gustos a la hora de comprar. De esta manera, muchas marcas empezaron publicando los pocos productos que tenían en ese momento, y posteriormente, viendo la gran acogida que tuvo su marca por parte del público, comenzaron a crecer en ideas y en productos para conformar la gran empresa que tienen ahora.

     

    Dos elementos primordiales en este tema de los negocios a través de las redes sociales son la disciplina y la constancia al momento de iniciar. Para lograr la estructuración de un negocio sólido, es importante estar en la búsqueda continua de progreso para alcanzar la meta propuesta.

     

    Tener un almacén virtual facilita el contacto con los consumidores y crea un vínculo con los mismos dándoles lugar a sus sugerencias para mejorar la empresa.

     

    Si bien todos queremos trabajar para nosotros mismos y no para alguien más, su idea puede ser una gran oportunidad para emprender el negocio y construir una marca propia o empresa, si usted tiene en mente una idea que pueda resultar fructífera, atrévase a emprenderla por medio de su celular y la red social que usted considere que pueda facilitarle la realización de la misma, para comenzar con el proyecto que tal vez pueda cambiarle la vida.

     

    No espere más para iniciar con ese proyecto que tanto ha idealizado, ¿por qué no ahora?.

     

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    Trabajo realizado en el curso Introducción a la comunicación, orientado por el profesor Luis Fernando Gómez Velásquez. Publicado en El Colombiano.

     

     

     

     

     

     

  • Hablemos de cine (Visor – Revista audiovisual)

    Hablemos de cine, de Pulp Fiction y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Son películas icónicas de su directores Quentin Tarantino y Michel Gondry, respectivamente. Además, ambas tienen un puntaje superior a 8/10 en IMDB y en Rotten Tomatoes de más del 90%. El análisis de la obra de Gondry permite entender muchas decisiones del director, el trasfondo y significado de algunos elementos. Por su parte, de Pulp Fiction se presentan varios datos curiosos respecto a la producción, musicalización y recursos audiovisuales.

     

    Análisis de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos: Juan José Villegas.

    Datos curiosos de Pulp Fiction: Valentina Calderón.

     

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    Trabajos realizados en el curso Imagen VI, orientado por el profesor Carlos Mario Pineda.

     

     

     

     

  • La cuarentena, un lugar común. Tres rutas de salida

    Un contexto común, la vida en medio de la cuarentena, marca el desarrollo de tres historias. Cada una tiene una mirada particular, la primera es un monólogo sobre el encierro, la soledad y los libros. Otra es reflexiva respecto al significado de la habitación y el estar adentro. Y la última narra la historia de madre e hijo, separados por un intercambio y por la pandemia. Aunque la realidad adversa limite las posibilidades técnicas de los realizadores, ellos supieron convertirlo en una oportunidad y contaron sus historias desde casa.

     

    Click en la imagen para ver la lista de videos:

     

     

    El extraño: María Fernanda Saldarriaga, Maria José Saavedra, Carolina Posada y Manuela Gómez.

     

    Adentro: José Daniel Palacios, Verónica Duque, Juan Manuel Cano, Angie Acosta.

     

    Pérdidas del encierro: Andrés Felipe Cuervo, David Ospina, Lucas Quintero y Emmanuel Acevedo.

     

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  • Acercamiento al haiku

     

    El siguiente es un ejercicio colectivo de exploración y acercamiento al estilo de escritura del haiku, un género poético japonés en el que se busca con precisión en la captura de una imagen.

     

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    Tropieza la pala

    con una lombriz.

    Ahora son dos.

     

     

    Se arrastra un lucero,

    el cucuyo tiene

    un ala rota.

     

    Juan Esteban Gil Castaño

     

     

     

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    Cada día

    el cielo a lo lejos:

    el encierro.

     

    Agua fresca

    por mi rostro:

    caen los pensamientos.

     

    Alejandra Márquez Quintero

     

    Imagen: freepik.es – angelinabambina.

     

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    Luna llena.

    Un perro ladra,

    su dueño también la mira.

     

    Tarde de marzo.

    El mango del patio

    baila con el viento.

     

    Suena un acordeón.

    El ron se acaba;

    es la historia de mi abuelo.

     

    Héctor Andrés Mendoza Lara

     

     

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    Las manos tiemblan,

    el hilo entra

    por el ojal.

     

    Muere la fogata.

    Se eleva el humo

    hasta el cielo.

     

    Natalia González Franco

     

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    La flor cae del guayacán:

    un sol que se apaga

    en una galaxia lejana

     

    Una lágrima se escapa.

    El río de los recuerdos

    es invisible.

     

    Miguel Arango Rúa

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    En el borde de mi ventana

    caen gotas del cielo.

    Son más libres que yo.

     

    Valeria Echeverri Pérez

     

     

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    El sol pega en mi cara,

    ya no me molesta.

    Extraño vivir.

     

    Sebastián López Ortiz

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    El ocaso llegó

    buscando tu compañía.

    No te encontré.

     

    Hundí mi amor

    lo sumergí en odio…

    Echó tinieblas.

     

    Raúl Andrés Sosa Gómez

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    La tarde oscurece.

    Las aves se guardan;

    los grillos cantan.

     

    Los besos no lo entienden,

    los abrazos se entristecen

    El virus espera.

     

    Melisa Gómez Vanegas

     

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    Ejercicio realizado en el curso Periodismo y Literatura, orientado por la profesora Marcela Gómez Toro.

     

     

  • Las tortas que dejó el tren

    El “chachachá” de las locomotoras, las despedidas, las bienvenidas, los venteros ambulantes, el olor a humo, la avena fría de Viviano, las mandarinas de Herminia, los quesitos de María, las hojaldras de Rosa Tirado, los chorizos de Ana Felisa y demás facetas del paso de los trenes del Ferrocarril de Antioquia por Cisneros, se pueden evocar hoy, en pleno siglo XXI, con solo un bocado de una rica y suave torta de pescado, con un toque salado y acompañada por media arepa.

     

    Cisneros está a 83 kilómetros de Medellín, en el Nordeste antioqueño, es un pueblo panelero por tradición, rodeado de ríos y enclavado entre montañas que cultivan caña de azúcar. El río Nus y la quebrada Santa Gertrudis son los principales afluentes que componen el paisaje del lugar y forman charcos que son atractivos para los turistas y en los que viven peces nativos como sabaletas, mulas, barbudos y corronchos.

     

    A 95 kilómetros de Cisneros se encuentra Puerto Berrío, un municipio que tiene como una de sus principales fuentes de ingresos a la pesca. Allí desemboca el río Nus en el caudaloso río Magdalena y hay innumerables restaurantes y ventas de pescados como bagres, bocachicos, blanquillos, cachamas y comelones, unos peces que se dejan secando con capas de sal durante días al sol y al aire. Esta es la base de las mejores tortas de pescado del municipio y de la que vive una familia cisnereña desde hace 90 años.

     

    En la avenida principal de Cisneros ya es habitual ver a una mujer, con vestidos floreados y un delantal tipo mandil sentada, en una silla Rimax azul y desgastada. Ella sostiene una canasta roja en su antebrazo, su piel arrugada permite inferir su edad.

     

    Berta Serna, de 84 años y oriunda de Cisneros, inicia todos sus días a las 5:45 de la mañana. El despertador se encuentra incorporado en su cuerpo. A esa hora se levanta a preparar sus tortas de pescado desde que tenía 20 años y era aprendiz de su madre.

     

    Estas ventas tuvieron su inicio en las estaciones del Ferrocarril de Antioquia, un proyecto que potenció la economía del departamento y el país desde 1929, que fue su inauguración, hasta 1960 que inició su declive debido a que el gobierno se centró en las vías terrestres. Esto dio fin al funcionamiento de este sistema férreo. Para ese entonces, el tren ya había transportado durante 10 años a Berta, su madre y las tortas de pescado desde Cisneros hasta Caracolí. Allí se embarcaban en el tren que subía y finalizaban su trayecto en la estación Barbosa.

     

    Del Ferrocarril en Cisneros solo queda el vagón 39 de la máquina 45, que adorna la avenida principal. La estación actualmente es un museo cultural. También hay tramos de las carrileras, unos ya escondidos entre pasto y cemento y otros aún visibles, pero desgastados.

     

    << Doña Berta y su presencia habitual en las calles de Cisneros. Foto: Sofía Vanegas.

     

     

    La sonrisa de Berta, compuesta por dos dientes con bordes de oro, no se borró ni siquiera cuando el tren se detuvo. Al contrario, esto le dio las fuerzas suficientes para superarse y sacar adelante a los 15 hijos que la vida le dio y que, poco a poco, esta misma le ha ido quitando. Uno se fue para Guatemala y nunca regresó. A Julio lo mataron de una puñalada. A Darío una moto lo atropelló y lo mató. “Rayo”, como le decían a otro, murió de una cirrosis. Y así Berta dejó de ver a muchos de sus hijos. Ahora solo quedan cinco mujeres, tres de ellas tienen su propio negocio de tortas de pescado gracias al aprendizaje heredado de su madre y a la popularidad que su peculiar receta ha construido.

     

    De lunes a sábado Berta hace 20 libras de pescado y el domingo aumenta un poco la cantidad. “Es fácil, prendo seis fogones y pongo seis pailas, luego solo es coger el pescado, harina, aceite y saque”, afirmó mientras agarraba un cigarrillo entre sus dedos, uno de ellos está rodeado por un anillo plateado y el resto tienen las uñas maquilladas con una ligera capa de color negro.

     

    Los años pasan, pero la lucidez de Berta no los siente, con seguridad dice que no se enferma de nada, no toma vitaminas ni pastillas y no recuerda la última vez que fue al hospital. Como los años, también pasan carros particulares, motos, buses y transeúntes buscando, a cualquier hora del día, una rica torta de pescado a 2500. Estos productos se envuelven en un pedazo de papel cuadernillo que compra a 300 pesos. “Las servilletas no me gustan, son muy pequeñas y delgadas”, comentó mientras entregaba tres tortas a un cliente.

     

    La sazón, la suavidad en cada bocado y el buen tamaño por un bajo precio, hicieron que Berta, sin darse cuenta, se volviera referente cultural del pueblo. Ella y sus tortas ya son una tradición allí y en los municipios aledaños, además para los viajeros, turistas, campesinos e incluso desde Medellín le encargan cada tres días 50 unidades que envía en un bus.

     

    Desde que era una jovencita las calles de la avenida principal de Cisneros la acogen. Ahora, su cabello es totalmente blanco y tiene casi tantos años como la máquina 45 del Ferrocarril de Antioquia que se encuentra estacionada allí. Aquella ha sido testigo de la rutina invariable de una mujer que no conoce la palabra descanso y tampoco ve una obligación en su trabajo. Tener satisfecha a la gente es el motor que la mueve día a día: “En la casa me aburro, mi vida es esto y es lo que me gusta hacer”, aseguró con cierto tono nostálgico.

     

    A sus 85 años nunca habla de un hombre. A pesar de tener 15 hijos, no amó al papá de ninguno porque el amor jamás estuvo de su lado. Estas figuras varoniles pasaron por su vida de una manera fugaz y sin dejar huella. El cuerpo bonito y agraciado de una vendedora de tortas de pescado, que recorría las calles del pueblo y los vagones del tren, captaba sus miradas. Por la necesidad de “buscarse la comidita y sacar a los hijos adelante”, Berta les dio el gusto de adueñarse y disfrutar su cuerpo por apenas un par de pesos.

     

    En medio de unos cuantos cigarros, tintos, saludos y ventas transcurren todos los días de Berta. Vende tantas que tiene que ocupar dos canastas y son contadas las veces que le sobran. Su corazón es tan noble que se le acercan personas vulnerables y ella con un gesto de generosidad coge una, la envuelve y la regala. Tampoco le molesta dejarlas más baratas, “deme 2000 mil”, les dice sin preferencias a algunos de sus clientes.

     

    Cuando los buses de las flotas Coonorte y Expreso Cisneros paran a recoger o a dejar a sus pasajeros, Berta toma impulso, coge su canasta y emprende camino hasta allí. Sube reluciente, sin ayuda y con la misma sonrisa que la caracteriza. Camina hasta la última fila de sillas observando de lado a lado. “Tortas, tortas, tortas de pescado”, dice en el tono más alto que sus cuerdas vocales lo permiten. Siempre espera bajarse de allí con unas cuantas porciones menos.

     

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo IV, orientado por el profesor Juan Carlos Ceballos Sepúlveda.

     

     

     

  • La vida de las mujeres transexuales en Medellín

    Cada vez son más las mujeres transexuales que cada día luchan por un futuro en el que su voz sea escuchada, sus acciones reconocidas y su valor admirado; y aunque han logrado grandes cosas gracias a su lucha y valentía, todavía falta mucho por conseguir en ámbitos sociales como la educación, el trabajo, la educación y la salud.

    Este especial multimedia permite conocer historias, varias perspectivas e información sobre esta población en Medellín.

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    Trabajo realizado en el curso Periodismo V, bajo la orientación del profesor Gabriel Jaime Lotero.